Películas de estreno, películas antiguas, películas clásicas, películas bodriosas, películas de todo tipo, comentadas por el arte inefable del General Gato.
El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
-- "Get Carter" (título original en inglés), "Asesino implacable" (título en España). Inglaterra. Año 1971.
-- Dirección: Mike Hodges.
-- Actuación: Michael Caine, Ian Hendry, Britt Ekland, John Osborne, Tony Beckley, George Sewell, Geraldine Moffat, Dorothy White, Rosemarie Dunham, Petra Markham, Alun Armstrong, Bryan Mosley, Glynn Edwards, Bernard Hepton, Terence Rigby.
-- Guión: Mike Hodges, basado en una novela de Ted Lewis.
-- Banda Sonora: Roy Budd.
Estamos en una sala donde un grupo de mafiosos está disfrutando de los placeres de la pornografía. Er... ¿mafiosos-pornografía? ¿Acaso los mafiosos no son gente impertérrita y aplomada, estilo Vito Corleone, que jamás se consentirían ver tetas en pantalla...? Bueno, sí, porque éstos son mafiosos cutres, ingleses de baja estofa, no ítaloamericanos glamorosos Hollywood-style. Uno de los mafis es Michael Caine, cuyo nombre como personaje es Jack Carter, pero como siempre que interpreta a tipos duros hace más o menos los mismos gestos y actitudes, podemos decir que es Michael Caine y no hay pérdida. Resulta que a Michael Caine le han bajao el hermano, y quiere ir a los funerales. Sus jefes le dicen que tenga cuidado, que no quieren líos, lo de siempre. La muerte del hermano de Michael Caine ha sido un poco complicada, de ésas muertes que la policía caratula como accidente, pero que en realidad sabemos no son accidentes, si es que la policía en estas pelis es tonta como un tallo de apio. El caso es que nuestro prota viaja, y a poco de andar y meter las narices por aquí y por allá, descubre que la mafia local podría tener algo que ver con la muerte de su hermano, y que quizás no fuera tan casual. Y bueno, nuestro prota Michael Caine es putero y macarra, pero a la hora de que le busquen las cosquillas, es el que ríe más fuerte y al último. Porque no habrá nadie más que ría con él. El cementerio está a punto de vivir su hora punta, cortesía de Michael Caine, quien no va a parar hasta que los asesinos de su hermano (vamos, no es un gran spoiler, si ya suponían que el supuesto accidente no era tal, ¿verdad?) terminen todos también cruzando la ribera Estigia (que académico me quedó, ¿eh, eh?).
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Había una época en que los buenos eran bueeeeeenoooooos, pero bueeeeeenoooooos, pero muy bueeeeeenoooooos. Buenísimos. Como el pan. Resulta que en el cine no se podían pronunciar palabrotas (los héroes no decían cosas como "cabrón hijo de perra" o "bastardo salido de puta madre", sino ñoñerías como "bellaco", "malandrín", etcétera), el prota debía ser casto y puro (¡si besaba a la chica al final de la peli, ya era como para lanzarse el 4 de Julio en petardos!), y si el villano casi moribundo y al borde del precipicio le pedía ayuda al jovencito para salvar la vida, el jovencito debía extender la mano para ayudarle (a renglón seguido el malo, que para eso era el malo, lo traicionaba, intentaba matarlo una última vez, tropezaba, y caía al precipicio ahora sin remisión). Pero en los '70s, como que eso ya no colaba. O sea, el mundo había vivido la Revolución Hippie, y de pronto todo lo que era natural era bueno, y todas las convenciones sociales eran malas porque sí, porque eran malas y hacían al hombre no ser auténtico ni estar en contacto con la tierra ni todas esas zarajandas de toda la vida. El único pequeño problema es que esa década de los '60s en que los espíritus humanos llegaron tan altos como para ser realistas y pedir lo imposible, dieron paso a unos '70s en donde se revelaron los aspectos más sombríos de la naturaleza humana. Y el héroe dio paso al antihéroe. En los '60s un asesino despiadado y macarra como James Bond todavía era "aceptable" con su puntillo de aristócrata inglés, y uno hasta le perdonaba que fuera putero y todo, pero en los '70s, hasta ese último velo se cayó en definitiva. Y hubo cuatro nombres claves para ello, coincidentemente todos en 1971. Clint Eastwood como Harry el Sucio ("Harry el Sucio"). Gene Hackman como Popeye Doyle ("Contacto en Francia"). Richard Roundtree como John Shaft ("Shaft"). Y Michael Caine como Jack Carter, la que nos ocupa ("Implacable"). De ese cuarteto, la menos conocida y rescatada de las cuatro es probablemente ésta. Y con razón. Porque los otros eran buenos para desenfundar la pistola a destajo (con los malosos y con las mujeres, interprétese en el sentido más natural y obvio). Pero éste era demasiado bueno. El p*** amo. Y por pasarse de roscas, fue el menos popular. Además, su campo de operaciones no era allí donde pasan las cosas que importan (o sea, Estados Unidos), sino la proletaria y desimperializada Inglaterra. Quizás ayudó también que no desarrolló secuelas, a diferencia de "Contacto en Francia" (de la que salió "Contacto en Francia II") o las cuatro secuelas de Harry Pott... perdón, de Harry el Sucio, ehm, que uno ya se pone senil con los años. ¿En qué estaba? Ah, sí, en pasar directamente al análisis del más sórdido representante del "justice in my hands" de 1971, uno de los peores de la década de 1970, y uno de los peores a secas. Bueno, no está mal. Después de todo, todos aman a los chicos malos.
¿POR QUÉ VERLA?
-- No diré que esta peli te mantiene en vilo porque la primera hora es lisérgica a más no poder, pareciera que la trama no va a arrancar nunca, y servidor quien esto escribe pensaba que se había equivocado de peli y estaba viendo el prototipo de todos esos dramones sociales tatcherianos con las que el cine de los '80s, '90s y 2000s tanto se prodigó, para desgracia de tantas y tantas retinas cinéfilas en el mundo (el subgénero de proletas ingleses puteados en sí no es malo, pero el abuso, como en todo, le hizo mucho daño, y es que hay mucha caída libre entre las primeras pelis de Stephen Frears y "El secreto de Vera Drake"). Pero en la segunda mitad es que vemos a Jack Carter hacer lo suyo. Porque esa segunda parte es lisa y llanamente brutal. De bruto. De cavernícola. Nada de violencia estilizada a lo Hollywood, ¡oh, no! Estas no son, digámoslo ya, las bellamente coreografiadas secuencias de asesinato de "El padrino", que ya te dan ganas de que te acribillen las balas de tan lindo que se retuercen los cuerpos con la música de Nino Rota. Por el contrario, tenemos peleas sucias y rudas, muy viriles, en las que Jack Carter no se ahorra alguna salvajada por aquí y por allá, a santo de nada, porque aunque es el prota, él no es "el buenito". De hecho, la expresión "maldito cabrón joputa chingao 'e su perra madre" calza un poquito mejor con la personalidad de Jack Carter. El resultado: diversión garantizada. Necesario aquí es decir que el director, Mike Hodges, que se estrenaba aquí en la dirección, nunca más pudo estar tan en la gloria como aquí (General Gato quien esto escribe aprecia mucho otra peli suya, pero es que ustedes no se van a creer cuál es... ¡"Flash Gordon"!).
-- Michael Caine. Y es que esta peli fue rodada en los tiempos en que todavía Michael Caine era MICHAEL CAINE. En esos años estaba rodando cosas como "Zulu", "Alfie", "Ladrona por amor", "Golpe a la italiana", "El último valle"... Y aquí la borda como el maloso Jack Carter. Es cuestión de verle la cara cuando hace alguna de sus putadas (las de disparo o las de cama, tanto más da), y ya nos creemos que los malos le tengan tanto cuco. Un guión un tanto complicadillo hace que el resto de los personajes se nos pierdan, pero he aquí una carta de referencia para entender la situación: los personajes masculinos son carnaza que en algún minuto u otro acabarán pagando el haberse cruzado en el camino de Michael Caine, y los personajes femeninos son carnaza que en algún minuto u otro acabarán gimiendo sumisamente bajo los ímpetus gonadales de Michael Caine (salvo la siempre buenorra Britt Ekland, la de "El culto siniestro" y "El hombre de la pistola de oro"), a la que Michael Caine debe contentarse con estimular vía telefónica, en una de las más salidas escenas de la peli).
-- El sexo. ¡Oh, sí! Si el prota es putero, entonces el sexo debe estar de putifas. Y lo está. Hay una escena de sexo telefónico que es sucia a más no poder, y otra en la que muy acertadamente mezclan escenas de Michael Caine introduciendo la pija en un cuerpo femenino, con Michael Caine mismo manejando su automóvil y dándole a la palanca de cambios. Poco sutil, cierto, pero muy bien logrado.
-- La estética. La peli aprovecha muy bien esos ambientes brutalistas (Brutalismo: escuela arquitectónica que se sentía orgullosa de construir horrorosos edificios de cemento repletos de cañerías a plena vista para que los proletas pudieran malvivir y rodar algún día las pelis tatcherianas de toda la vida) que son tan característicos de la arquitectura proletaria inglesa. Es decir, ver esas casas cochambrosas de cemento desnudo hace que la peli sea más sucia y sórdida aún.
IDEAL PARA: Ver una de acción sucia. Realmente sucia.
VIDEOS.
-- Créditos iniciales de la peli [en inglés, sin subtítulos].
-- "Yo no lo maté"... [en inglés, sin subtítulos].
-- "The Social Network". Estados Unidos. Año 2010. -- Dirección: David Fincher. -- Actuación: Jesse Eisenberg, Andrew Garfield, Brenda Song, Justin Timberlake, Rooney Mara, Armie Hammer, Josh Pence, Max Minghella, Rashida Jones, Joseph Mazzello, Dustin Fitzsimons, Patrick Mapel, Douglas Urbanski, Wallace Langham, Dakota Johnson, Malese Jow, Denise Grayson, Trevor Wright, John Getz, Shelby Young. -- Guión: Aaron Sorkin, basado en el libro de Ben Mezrich. -- Banda Sonora: Trent Reznor y Atticus Ross.
En el remoto y paleolítico pasado: el año 2003 (en estos tiempos de Internet, casi una década es casi una eternidad). Dos adolescentes conversan a ritmo de metralleta, para dejar marcado que el diálogo es INTELIGENTE (según David Fincher es porque quería comprimir la mayor cantidad de guión posible en un corte de dos horas a rajatabla, pero a ver si esa excusa no es una tapadera para el culturetismo puro y duro). Resulta que él es un snob obsesionado con trepar, ser aceptado en los clubes de la alta, etcétera, y como la mayor parte de los pringados que tienen lección-que-aprender en estas pelis, la chica buena de alma y buenorra de cuerpo que le tiene santa paciencia, acaba por mandarlo todo a huevos (metafóricamente hablando, claro, aunque con Rooney Mara, no me habría ofendido si fuera literal), y se para de la mesa para nunca más volver. El, en contravención al Principio #1 del Manual del Buen Follador, que dice mantenga la calma y tranquilidad, va y suelta en su blog (¡sí, mis pequeños, ya existían blogs en 2003! Aunque esos tiempos primitivos aún no estaban preparados para Cine 9009, que empezó en 2006, o sea, tres eras históricas después) que la chica es una esto-y-aquello, después de lo cual, no hace falta un genio experto en programar líneas de software para verlo, sus posibilidades de volver a haerle apertura de piernas a la chica acaban para siempre. ¿Y qué hace él? Si fuera una peli sobre un adolescente cualquiera iría a emborracharse y buscar ersatz para follar, pero no es un adolescente cualquiera, es un inadaptado que vive en su mundo de computadoras y etcétera, de manera que sublima la tensión sexual no resuelta escribiendo líneas de programa con sus amigotes también hombres. Y colapsando el sistema computacional de Harvard de paso, que como buena universidad, se cree que se las puede todas y no cree que un delincuente cibernético sea una amenaza hasta que la amenaza se vuelva realidad. Pero nuestro prota es salvado in extremis por un par de gemelos (sí, gemelos, leñe, interpretados por dos actores a uno de los cuales le fotochopearon la cara para hacerla desaparecer y copy-and-paste la otra encima), que le ofrecen entrar a la fraternidad más chupi de Harvard si les diseña un programa para ellos. Pero este pringao, como que no le entusiasma eso de trabajar para las élites y recibir una puta palmadita en la espalda mientras los otros se embolsican dinero a sus costillas sin hacer nada, estúpidos patanes de mierda de aristócratas, así es que va y se roba el proyecto. Con un par. El proyecto es una red social parecida a MySpace, y termina llamándose Facebook. Y nuestro prota es Mark Zuckerberg. O mejor dicho, un actor impersonando a Mark Zuckerberg, porque el verdadero Mark Zuckerberg, que créanlo o no tratándose de un biopic, aún está vivo (pero tiene 26 años, o sea, casi con un pie en la tumba en esto de los jóvenes estrellas de Internet). Aunque la peli dice que es el Mark Zuckerberg de verdad. Bueno, aunque el personaje de la peli no se pareciera mucho a la persona de verdad, aún tienen algo en común: tanto Mark Zuckerberg como Jesse Eisenberg, el actor que lo interpreta, son judíos (aunque como buenos supervivientes, reniegan de su condición judía). Por si usted no lo había adivinado por esos apellidos con tanta prosapia.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
En conjunto con Google/Gmail, Blogger, YouTube y Wikipedia, Facebook conforma el Quinteto de la Muerte en materia de Internet, por lo menos tratándose del 2010 (cómo evoluciona esto, en los tempranos 2000s los espectaculares eran Yahoo, AOL, Napster y GeoCities, y del Quinteto, sólo Google comenzaba a levantar cabeza robándole punto a punto el mercado de buscadores a Yahoo). ¿Las razones del éxito? Los 15 minutos de fama: en un mundo en que todos se aproximan peligrosamente a la masificación y por lo tanto a la anodinia, en que incluso en una actividad tan fácil como hablar de cine puedes ser superado por 100 blogueros mejores que tú, por no hablar del General Gato que esto escribe, ¿cómo puedes diferenciarte del resto para hacer lucir tu lugar? ¿Y cómo hacerlo escurriéndote hacia la parte de la derecha de la campana de Gauss, luciéndote como potencial follable, en vez de a la pringada parte izquierda de los que son patéticos tratando de lucirse y luciendo, bueno, patéticos...? Una posibilidad es participando en una red social. Una que sea cool, no una que dé lástima como MySpace (que iba de red social y acabó como sumidero de bandas musicales wannabies). Y luego, adquiriendo amigos y luciendo tus mamarrachos, er... tus fotos y cuitas personales frente a ellos. Claro, la gente es tan imbécil que postea en Facebook segura de que otros les contestan, cuando en realidad al apretar I Like o al comentar, se están escuchando a sí mismos. O sea, la cosa no es que se diga "eres cool", sino "eres casi tan cool como yo, que soy muy cool". Facebook consiguió ser así de cool. Bueno, casi. Después de todo, General Gato quien esto escribe no tiene perfil de Facebook, y no tiene prisa en agenciarse uno, gracias (sí, te lo digo a tí, anónimo bloguero que me has enviado como 75 invitaciones JOIN TO THE FACEBOOK ARMY). Supongo que era cuestión de tiempo antes de que alguien discurriera hacer una peli sobre Facebook. O sea, si se habla de una peli sobre Combate Naval, el jueguito ése del tocado y hundido, pues entonces... Acá en Chile, algunos iluminados se inspiraron y terminaron sacando una peli llamada "Qué pena tu vida", acerca de relaciones humanas en la era de Facebook, que no hemos visto, ni tenemos prisa en ello, porque en Cine 9009 odiamos a los que quieren ser cool hablando sobre lo cool que es Facebook. Bueh, quizás algún día la vea, pero ese día no será hoy. El caso es que cuando se supo que David Fincher estaba detrás del asunto, todo el mundo esperaba una frikada. ¿Sería algo así como "TRON", con los protas atrapados en su propio perfil de Facebook o algo así...? Andando el tiempo se supo que era sobre la fundación de Facebook, una apasionante historia épica sobre llene usted la forma 31J frente al funcionario gangoso y gris de turno para obtener el préstamo del banco agrario de Loserville (como "Los piratas de Silicon Valley", pero con un prota incluso más opaco como personaje que Bill Gates, que al menos es paralítico y habla a trav... er... ah, no, ése es Stephen Hawking, perdón). Y ahora que llegó, ya sabemos sobre qué era el asunto: sobre Facebook mismo. Así, como suena. Y sólo tardaron menos de una década. Después de cien años de cine y dos mil de ajedrez, nadie consigue una peli que explique bien el espíritu mismo de lo que significa jugar ajedrez. Y así nos va...
¿POR QUÉ VERLA?
-- Y al final, ¿de qué diablos se trata esta peli? ¿Es tan entretenida o apasionante como debería ser? Bueeeeeeno, eso depende. Es una peli sobre Facebook. ¡Pero, bueno, mi General, en qué quedamos! ¿Es sobre Facebook o sobre la fundación de Facebook? Er... más lo primero que lo segundo. Déjenme explicarlo de esta manera. ¿Conocen ustedes la teoría del macguffin? Si han seguido hercúleamente posteo tras posteo el derrotero de Cine 9009, ya deberían estar familiarizados. Pero para instruir al ignorant... er... para refrescar la memoria, quise decir, repasemos. Un macguffin es un elemento que es esencial a la trama porque los protas están dispuestos a despellejarse mutuamente por él, pero cuya naturaleza misma no le aporta nada a la peli. Es típicamente el tesoro de las pelis de exploradores, piratas o Indiana Jones: da lo mismo si es un galeón con monedas de oro, el Santo Grial o el manuscrito de esto-o-aquello, lo importante es que es tan valioso como para matar y/o follar por él. ¿Y cuál es el macguffin de esta peli? ¿Facebook? ¿Acaso nos está diciendo que Facebook es el objeto que está puesto ahí para que los protas tengan excusa para traicionarse y desmembrarse entre sí? Hasta cierto punto sí, pero yo diría que es más exacto al revés: en realidad es la historia del surgimiento y desarrollo de Facebook, y los personajes a su alrededor, los que son la excusa para lo que verdaderamente interesa en esta peli: Facebook mismo. A través de diversas etapas o jalones, vamos apreciando lo que en realidad existe en la trastienda de Facebook: la voluntad de aprovecharse del deseo casi enfermizo de la gente por obtener fama y reconocimiento, por ser ALGUIEN en una sociedad que los condena al follow the leader. En esto, la peli es brutalmente sincera: se dice o se insinúa en más de una ocasión que Facebook tiene que ver con ser cool, y vale la pena ser cool para tener... ¿dinero, reconocimiento, poder...? Sí, también, pero para qué tener dinero, reconocimiento, poder... Bueno, para conseguir hembras, ¿por qué no? (esta peli no se anda con rodeos: los machos son depredadores sexuales y las chicas son trofeos, así de simple... lo dijo la peli y no yo, por si acaso, ¿eh?). El jodido prota (Mark Zuckerberg, a quien nunca le vino mejor el chiste friki de llamarlo Mark Sucker-berg) trata de pertenecer a un club de élite para ser ALGUIEN, y como no lo dejan (o mejor dicho, le prometen que lo dejarán si es lamebotas, hace su trabajo tranquilo, y aún así lo será con condescendencia), se inventa Facebook, su propio club de amigos. Y a través de él, trata de regresar a la chica que trapeó con él en primer lugar (merecidamente: es un pringao). Mientras avanza la peli, las peripecias de los personajes importan cada vez menos, se transforman cada vez más en una excusa, para mostrar la siniestra realidad de Facebook: no estás más acompañado por tener millones de amigos, no eres más querido porque aceptas a cualquier infeliz en tu nómina, y definitivamente Facebook es pura ortopedia pero sin una buena materia prima por tu parte (inteligencia, simpatía, carisma... ya sabes, esas pequeñas ventajitas darwinianas que te permiten abrirte paso por la jungla de la vida), seguirás siendo matado y poco cool el resto de tu vida. ¿Triste? Welcome to your life, kid... "Red social" consigue así el casi imposible de ser una peli de abstracción casi pura, dentro de los parámetros más canónicos del subgénero del biopic, en donde la trama misma es una mera excusa al servicio del retrato de un mundo cada vez más deshumanizado y robotizado, en donde la gente prefiere poner a Facebook como biombo entre ellos y otras personas, y en donde en definitiva los afectos humanos han desaparecido casi por completo. Facebook es hijo de esta civilización alienada e individualista, y al mismo tiempo potencia estos aspectos hasta el paroxismo. El final es enormemente revelador: (((SPOILER DEL FINAL, LEÑE, SI NO QUIERES SABER CÓMO TERMINA SÁLTATE AL SIGUIENTE PÁRRAFO... Y NO, EL PROTA NO MUERE, QUE MARK ZUCKERBERG TODAVÍA ESTÁ VIVO, HOMBRE))) Después de que sus abogados llegan a un arreglo para evitar un juicio con su ex-mejor amigo, a Mark Zuckerberg le escupen a la cara que "no eres un cabrón... sólo tratas demasiado duro de serlo", por lo que volvemos al punto de partida de que uno de los hombres más poderosos de Internet no es más que el mismo pringao del inicio, y lo demuestra enviándole en plan mamón una invitación de Facebook a su antiguo amolcito que lo ha dejado justamente por eso, por pringao. Porque las relaciones humanas verdaderas no tienen precio. Para todo lo demás, existe... Facebook. Y luego, un cartelito informándonos que parte del acabo de los juicios fueron acuerdos de confidencialidad, lo que hace preguntarse de dónde demonios salió la información que nutre esta peli si se supone que ninguno de los involucrados habló... ¡O sea, quizás al final toda la peli sea ficción, y lo único real que hemos visto sea justamente Facebook! Simple y brillante, la receta segura para la calidad (((FIN DEL SPOILER - FIN DEL SPOILER - FIN DEL SPOILER - FIN DEL SP...))).
-- La peli también pone sobre el tapete (aunque de manera un tanto oblicua) un tema importante de nuestro tiempo. En los viejos tiempos de la invención, en que la ciencia no estaba desarrollada, en que no se necesitaban medios exhorbitantes (financieros y tecnológicos) para producir nueva tecnología, y en que los científicos trabajaban de manera casi aislada debido a la lentitud e ineficiencia de las comunicaciones, podían perfectamente surgir genios e iluminados que con una idea genial, cambiaran al mundo. Claro, hay mucho de mitología en eso (nos educan para considerar héroes a Watts, Newton o Darwin, pero a poco escarbar descubres que eran los tipos justos en el momento justo porque ya había predecesores marcando el camino), pero seguía siendo una verdad. El concepto de patente industrial se basa un poco en eso: eres un genio que inventa algo nuevo, te damos tu patente para ti en exclusiva. Pero hoy en día no es tan simple. Las ideas están allá afuera, es difícil ir un paso adelante, las inspiraciones vienen de todos lados y las nuevas ideas que serán revolucionarias a menudo son constructos de conceptos que vienen desde las fuentes más dispares. Si hemos de creer a la peli de Facebook, eso fue lo que pasó, por más que la peli nos trate de vender la moto de que en realidad fue Mark Zuckerberg el genio y todos los demás se chupaban el dedo (algo obligado, porque después de todo, el público está acostumbrado a que le cuenten así el cuento del héroe inventor en contra de un mundo de tarados, y así se identifica mejor con el prota), cuando si se rasca un poco en la propia peli, se ve que cada gramo de inspiración para Facebook fue construido desde diferentes puntos, y Mark Zuckerberg habrá escrito el código, pero fue más bien el catalizador de algo que ya existía allá afuera en pleno desarrollo como una locomotora a toda máquina. Y esto es clave: la peli misma se estructura como gigantescos flashbacks desde "el presente" que son los juicios en que la cuestión clave debatida es, en último término, quién fue el inventor de Facebook. Y al terminar, la cosa sigue un poco en el aire, no porque la peli no tenga un final, sino porque el espectador puede calibrar con libertad hasta qué punto, a partir de los antecedentes ofrecidos, Zuckerberg era un genio (o ES, ya lo estoy matando prematuramente), y hasta qué punto no.
-- David Fincher y Aaron Sorkin. El director de "Los siete pecados capitales", "El Club de la Pelea", "Zodíaco" y "El curioso caso de Benjamin Button" une fuerzas por primera vez con el guionista de "Cuestión de honor", "Mi querido Presidente" y "The West Wing", y el resultado sólo puede ser calificado como algo parecido a una colisión de trenes. El guión de Aaron Sorkin es sólido como una roca, a pesar de hiperventilarse un poco a ratos, y consigue el milagro que señalábamos anteriormente, de convertirse en un despiadado retrato de Facebook a través del macguffin de sus fundadores. David Fincher, por su parte, contrariando su tendencia a la fotografía provocadora y ultraesteticista que lo instaló como ícono del cine postmoderno rompedor post-MTV, ahora se decanta por un estilo de dirección mucho más sobrio, diríase incluso "clásico", aunque sin perder el gusto por la obsesión ni los detalles. Una elección conscientemente desmitificadora: mientras que pelis como "Los siete pecados capitales" y "El Club de la Pelea" jugaban con la estética videoclipera para referir una historia del "mundo venidero" (un capitalismo cada vez más deshumanizado, un Occidente cada vez más individualista, un mundo cada vez más nihilista), en "Red social" pareciera haberse dado cuenta de que ese mundo por venir en realidad ya vino y se llama Facebook, y por lo tanto, para seguir manteniendo distancias, no puede rodar al estilo MTV (algo que otro director menos enterado o consciente hubiera hecho, si después de todo... ¡es Facebook! ¡Interné!), sino que, siempre a contracorriente, siempre rebelándose, vuelve al pasado, al cine hollywoodense con regusto a '70s (¿herencia de "Zodíaco", quizás?), muy mesurado y que lo sacrifica todo en estética a mayor gloria del guión, consiguiendo así el efecto de distanciamiento que es una marca de fábrica del cine de Fincher. Resulta irónico que la renovación del cine postmoderno venga precisamente desde las aguas del cine moderno, anterior a la postmodernidad, casi como renegando de ese mundo al que por fin llegamos a inicios del XXI. Con "Red social", David Fincher completa una trilogía (iniciada con "Zodíaco" y con "El curioso caso de Benjamin Button"... a menos que decida seguir con otra peli en la misma tendencia) en que baja un poco los pies a la tierra, se mide a sí mismo, y cambia el retrato de personajes llevados al límite por el de tipos más comunes y corrientes tratando de hacer las paces con un mundo que se les antoja extraño y casi alienígena, todo ello con toques mucho más clásicos y retrosetenteros que sus más "provocadoras" primeras pelis.
-- El soundtrack. Aunque es inevitable el uso de canciones rockeras de todo tipo por aquí y por allá, para la música incidental Fincher tomó una opción inusual: contrató a dos cabezas pensantes de la electrónica como son Trent Reznor (sí, joer, el tipo de Nine Inch Nails) y Atticus Ross. El soundtrack resultante es calmado, melancólico, inquietante, y sobre todo muy atmosférico. El uso de sonidos más o menos saturados, de electrónica ambient, de manera soterrada en algunas escenas, integrándose de manera casi orgánica con las mismas, le da a la peli una textura muy extraña, alienada, muy ad-hoc a lo que se supone es Facebook mismo cuando uno se distancia de esa puñetera interfaz azul.
IDEAL PARA: Entender un poco la cacofonía infernal de la feisbuquización y la internetización del mundo.
-- "The Shop Around the Corner". Estados Unidos. Año 1940.
-- Dirección: Ernst Lubitsch.
-- Actuación: Margaret Sullavan, James Stewart, Frank Morgan, Joseph Schildkraut, Sara Haden, Felix Bressart, William Tracy, Inez Courtney, Sarah Edwards, Edwin Maxwell, Charles Halton, Charles Smith.
-- Guión: Samson Raphaelson, con contribuciones sin acreditar de Ben Hecht, basados en la obra teatral de Miklós László.
-- Banda Sonora: Werner R. Heymann.
Budapest, en el tiempo anterior a la caída de la Cortina de Hierro (o sea, cuando todavía eran una nación civilizada y no un puñado de tovarich esto y tovarich aquello). En una de esas tienditas antiguas de las que ya no se ven (o sea, muchos empleados que hacen carrera de toda una vida en su puesto, con sueldos decentes, que son una gran familia, y que trabajan en una tienda espaciosa pero no una multitienda por pisos), hay un empleado estrella que es regalón del jefe y too, en una época en que ser "regalón del jefe" implica que te llevan a la casa a cenar inclusive. Pero de pronto, las cosas comienzan a embrollarse. En primer lugar, por esas cosas que uno nunca sabe con los jefes, si para eso son jefes, que si supieran trabajar serían empleados, de pronto le sopla el viento desde otro babor y ya no quiere saber nada de su empleado maravilla. En segunda, pasa que nuestro prohombre comienza a cartearse en secreto con una chica tierna-linda-adorable, etcétera (sí, antes del chat y del E-Mail existió... ¡la correspondencia! ¡Misivas! ¡Cartas!). En tercera, aparece en la tienda una chica pizpireta y muy malas pulgas, que de entrada empieza a hacerle la vida imposible a nuestro héroe. Y en cuarta, aunque de eso ninguno de los dos se enteran... los dos tórtolos que se sirven la correspondencia mutuamente en secreto, en realidad son... adivinaron. Y no, gracias a Bastet el que dirige es Ernst Lubitsch, y no Nora Ephron.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
¿Les suena conocido el argumento que acabamos de reseñar? ¿Como a "Tienes un E-Mail", pero en versión correspondencia pluma-de-ganso, quizás? Bueno, entérate. Ese esperpento de merengue chorreón que rodó la Ephron es en realidad el remake de esta antigüísima peli (la Ephron tenía ya antecedentes de saqueo vándalo cuando disfrazó su medio plagio de "Algo para recordar" en "Sintonía de amor", y después hará un remake en forma, y lo de "en forma" es un decir, con "La hechizada"). Pero bueno, olvidémosnos de la Ephron y volvamos a aquellos atribulados años '30s-'40s, en que Estados Unidos era como una especie de Gran Madre de la Humanidad que recibía a sus gansitos desparramados por todo el mundo para que crecieran en la tierra de la libertad, las oportunidades, etcétera. Uno de estos fue un tal Miklós László, quien se las arregla para meter tres acentos en un nombre de cuatro sílabas, como buen húngaro de pro. El señor László escribió una obra teatral contando las vicisitudes de una pareja que se odia en la vida real, pero que se aman por correspondencia, y aunque no se hizo conocido por nada más, con esto le bastó para tener legumbres en la mesa durante el resto de su vida (bueno, suponemos). Desde luego que ese gran omnívoro que es el cine de Hollywood, agarró la obra de teatro y la montó en peli. Con ese pequeño clásico del cine que es Ernst Lubitsch, con su mejor músculo después de... bueno, después de rodar "Ninotchka" (y digámoslo, esta peli ha envejecido mejor que ésa en donde "la Garbo se ríe").
¿POR QUÉ VERLA?
-- A diferencia de otros dramones antiguos o comedias demasiado ingenuotas para el gusto actual, ésta ha envejecido de manera simpática. Bueno, una advertencia preliminar: si ustedes no tienen tolerancia hacia el cine antiguo porque lo consideran demasiado lento, ingenuo, teatral o blanquinegro, esta peli les va a repatear el hígado porque tiene todos esos (inevitables por la época, admitámoslo) defectos. Las pelis se hacían así, y poco más hay que hacerle. Pero si eres capaz de soportar esa clase de pelis, entonces ésta es para ti. Porque la trama se apoya en la siempre socorrida comedia de enredos de toda la vida, y la lleva hasta su lógico desenlace. Bueno, está basada en una obra teatral, y esa teatralidad se nota (casi toda la peli se ambienta en un solo escenario, que es la tienda de maletas y cueros, los diálogos son engolados a la manera en que ningún ser humano decente habla jamás para que no lo tomen por cursi... lo de siempre). La trama poco a poco nos va develando sus personajes y sus situaciones, y de pronto, casi sin que lo notemos (salvo que hayamos leído una reseña previa de la peli, lo que tratándose de estas cosas antiguas no es una mala precaución), estamos envueltos en la trama. Hay una subtrama respecto del jefecito querido que no develaré mayormente, y que no aporta demasiado tampoco, pero no estorba en exceso, así es que, estamos bien.
-- Buenos personajes, bien servidos. James Stewart, fresco aún su exitazo en la brillante "Caballero sin espada", es un convincente jovencito de la peli, nunca galán de sonrisa Pepsodent y siempre dotado de la enorme humanidad que lo caracterizó. Margaret Sullavan, por su parte, hace el complemento femenino perfecto, atractiva y encantadora a la vez (y bueno, admitámoslo, exasperante también), y a pesar de lo cabezota que resulta a veces, es en realidad una chica vaporosa y frágil que acaba por hacerse querer. El resto del elenco está conformado por ilustres secundarios de los cuales en realidad no hay demasiados nombres que digan algo hoy en día, y es una pena, porque ésa era la época en que hasta el último de los secundarios debía mojar la camiseta, y acá la mojan. Destaca entre ellos particularmente el repelente (personaje, no el actor) Joseph Schildkraut, como un empleado sinuoso y viperino, que al final, cuando por fin se lleva su merecido, uno se queda con gusto a poco porque... ¡por Bastet que es un c*****!
-- Uno de los tópicos que trata esta peli, y que por desgracia sigue siendo muy de actualidad, es el bovarismo. Si no les suena el palabrejo, sí deben conocer a ciertas féminas aquejadas de esa condición, aquellas que consideran su vida como algo estrecho y aburrido, y se dedican a ensoñaciones románticas tan fuertemente, que terminan estropeándose la vida presente en pos de esa otra vida de sueños que, etcétera. Sí, todos conocemos ejemplares así, no han desaparecido, y no tienen visos de desaparecer tampoco. En esta peli tenemos un ejemplo perfecto. Porque cuando comienza la correspondencia, él se lo toma como algo importante en su vida, pero lo equilibra junto con el resto de la misma (bueno, más o menos), mientras que ella, por el contrario, enloquece tanto con las cartas que se cierra a todo lo que es el mundo alrededor suyo, lo que la llevará de cabeza al previsible bochorno final. A más de alguna chica le convendría ver esta peli para que aprendiera un par de cosas. Bueno, sé que no lo van a hacer, y si lo hicieran, no aprenderían demasiado tampoco, o no serían discípulas de Madame Bovary desde el principio, claro está.
IDEAL PARA: Ver una peli romántica que no cae en los topicazos de las pelis románticas, y que aún se deja ver.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].
-- "Meet Dave" (título original en inglés), "Atrapado en un pirado" (título en España). Estados Unidos. Año 2008. -- Dirección: Brian Robbins. -- Actuación: Eddie Murphy, Elizabeth Banks, Gabrielle Union, Scott Caan, Ed Helms, Kevin Hart, Mike O'Malley, Pat Kilbane, Judah Friedlander, Marc Blucas, Jim Turner, Austyn Myers, Adam Tomei, Brian Huskey, Shawn Christian. -- Guión: Rob Greenberg y Bill Corbett. -- Banda Sonora: John Debney.
Una esfera de esto o aquello cae a la Tierra, y la muy desgraciada, lo primero que hace en el planeta es chuparse el agua de un acuario. Tres meses después cae otra cosa del cielo... Parece que es una persona, y la peli trata de mantenernos en suspenso sobre eso, pero sabemos que no es en realidad una persona sino una nave espacial con forma de ser humano poblada de innumerables humanitos que se suponen son alienígenas, porque lo vimos en el trailer y además el tagline de la peli es "EDDIE MURPHY EN EDDIE MURPHY EN TRIPULACIÓN DAVE", vaya mierda de cagarnos la sorpresa. En fin, ¿en qué estaba? Ah, sí, en la nave con forma de ser humano. Con unos primeros diálogos, aprendemos que están de misión: deben recuperar la esfera y lanzarla al mar para chupar todos los océanos y salvar a su planeta nativo. ¿Y los terrícolas? Bueno, váyanse al demonio, gigantones barbáricos. Por esos accidentes del guión, el tipejo que en realidad es una nave espacial con otros tipejos adentro (Eddie Murphy tripulando a Eddie Murphy, en la vuelta de tuerca definitiva en materia de pelis presentando a Eddie Murphy multiplicado por sí mismo ad nauseam) acaba conociendo a la madre del chico que tiene la dichosa esfera. Y la madre ésta, que es viuda y está para mojar pan y además está calentorra, lo único que quiere es agarrarse al negro, sin saber que no es un negro sino una nave espacial (¿en serio escribí eso acá en Cine 9009? Quizás ha llegado el día de proclamar al cine como un arte oficialmente muerto). Los alienígenas la tienen así fácil para agarrarse la esfera y secar la Tierra, pero hay un problema: en nuestro mundo, en contacto con la civilización humana, aprenden eso que son las emociones, los sentimientos... ¡juerga, pasarlo bien! ¿Conseguirán estos esforzados alienígenas recuperar la esfera? (Er... no). ¿Se quedarán juntos Eddie Murphy y la chica mojapán? (Er... tampoco). ¿Conseguirá Eddie Murphy esta vez sí que sí hacer una peli decente con la que reventar la taquilla? (Er... una vez más... tampoco no).
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Se dice que un par de tipos que ya habían trabajado en eso de la Ciencia Ficción, llegaron a los estudios esto o aquello con un guión en el cual unos bichos alienígenas tripulaban una nave espacial con forma de ser humano. La cosa se suponía que la iba a hacer la Paramount (bien), pero después a la Fox (¡¡¡MAAAAAAL!!!), lo que algo debe haber tenido que ver con el cagazo siguiente. Para colmo, algún tarado decidió que el actor ideal para interpretar esta historia de comedia/acción de Ciencia Ficción era... ¡¡¡EDDIE MURPHY!!! Sí, el mismo tipo cuya gran incursión en la CF que se llama "Las aventuras de Pluto Nash" acabaron en otro cagazo de esos épicos. El mismo que el poco crédito que le quedaba, se le fue por el drenaje luego de que Jack Black lo parodiara inmisericordemente en la secuencia de falsos trailers de "Una guerra de película". Dicen que uno de los guionistas prefirió quedarse con su familia en vez de ir al estreno de la peli. La cosa recaudó 50 millones, pero había costado 55. Y servidor quien esto escribe, la vio gratis en el cable, y escribe esto después de regresar de una instructiva charla con su abogado, en vistas a preparar la correspondiente demanda de indemnización de perjuicios por daño psicológico.
¿POR QUÉ VERLA?
-- A ver. Partamos con una aclaración. Todas las reseñas unánimemente inciden en que esta peli es mierda pinchá en un palo. Opinión de servidor no es tan drástica, y se limita a considerarla como mierda a secas, sin pinchar ni ná. De hecho, su horita y media de duración se deja ver. A condición de poner el cerebro en piloto automático, vale. La peli no tiene ni patas ni cabeza (la dupla de policías, por ejemplo, está ahí de sobra), pero no es peor que muchas comedias basurientas de los '80s que mucha gente reivindica como clásicos por el puñetero efecto nostalgia. Puede parecer ridículo que toda una tripulación de extraterrestres acabe botándose a la vida loca después de un bailoteo de salsa, pero oigan, es que en "Robotech" eran hordas tras hordas tras hordas de fieros warriors zentraedis los que caían hipnotizados y rendidos bajo los efluvios musicales de Lynn Minmei, y nadie se quejaba del despropósito (sí, "Robotech" era mejor que "Tripulación Dave", pero despropósito sigue siendo despropósito). Eddie Murphy se limita a hacer dos papeles, y cuando deja su absurdo rol de capitán e interpreta a la nave espacial misma, hay momentos en que hasta está gracioso. Elizabeth Banks, por su parte, está para que se te caigan las babas por todas partes, y eso aunque aparece casi con vestimenta monacal o poco menos, que esto es entretención para la familia, ¿eh? ¡Incluso hasta Austyn Myers, el que interpreta al hijo de la chica, cae simpático y no revienta las bolas como otros críos en otras pelis! Si tuviera que comparar a esta peli con algún referente cinematográfico, creo que debería remitirme a las comedias basurientas de Ciencia Ficción ochentera, de ésas que eran malas de cojones, pero entretenían lo mismo si no les pedías demasiado. ¿Quiere decir que deberías verla? Bueno, eso depende de qué tan altos o bajos anden tus umbrales de tolerancia. Pero un consejo: si llegas a verla, no seas tonto como vuestro seguro servidor el General Gato quien esto escribe, que llega y lo vocea urbi et orbi en este blog Cine 9009 y se prepara para ganarse collejas de lleve once y pague diez, sino que guárdatelo para tu capote. Tu integridad corporal te lo agradecerá.
IDEAL PARA: Ver algo divertido y simplecito en la camita alguna de esas noches en que no hay nada más en el cable. Pero bien simplecito.
-- "El padrecito". México. Año 1964. -- Dirección: Miguel M. Delgado. -- Actuación: Cantinflas, Ángel Garasa, Rosa María Vázquez, José Elías Moreno, Angelines Fernández, Rogelio Guerra, Florencio Castelló, Jorge Russek, Arturo Castro 'Bigotón', Gerardo del Castillo, Armando Gutiérrez, José Luis Moreno, Alfonso Torres, Mary Montiel, Alberto Catalá. -- Guión: Miguel M. Delgado, con diálogos adicionales de Carlos León, sobre una historia de Miguel M. Delgado y Fernando Galiana. -- Banda Sonora: Raúl Lavista.
A un soñoliento poblado de México de mediados del XX, de ésos a los cuales llega una novedad cada generación, llegan... ¡¡¡NOTICIAS!!! El sacerdote, un hombre ya un tanto vetusto, ha recibido correspondencia, en la que se le dice que un sacerdote nuevo llegará a ayudarlo. Tanto él como su familia saben lo que eso significa: el cuco cocinará sus huevos en el nido del sacerdote (metafóricamente hablando, ¿eh?) y luego cuando nazcan los polluelos, devorarán vivo al pobre viejo que los ha incubado. La hermana del sacerdote entonces lo convence de que no haga nada, de que se entregue a la voluntad de Dios porque es un sacerdote y todo eso... y luego ella misma se decide a ayudar a que la voluntad de Dios vaya por donde tiene que ir, haciéndole la vida imposible al nuevo cura para que se corra solito del pueblo. Pero éste es el menor de los malos para el nuevo cura. Porque Don Silvestre, el hacendado que maneja el lugar como deben manejarse los lugares, o sea, con mano de hierro y a puntapiés con los patipelaos, que a la chusma no se la puede dejar sola y México no te rajes, tampoco está conforme, ya que al cura viejo lo tiene comiendo de la palma de la mano con algunas buenas obrillas de esto y aquello, que le permiten que se haga la vista gorda sobre ciertos, ehm, abusillos con los contratos laborales y esas cosas (y el cura viejo, pa' qué vamos a estar con cosas, también mira pa' otro lado porque eso de introducir reformas, como que huele a comunismo, ¿eh?). Resultado: cuando el cura nuevo llega, nadie del pueblo sale a recibirlo, a pesar de que no habrá otro evento igual hasta... bueno, hasta la próxima generación. Pero... ¡no contaban con su astucia! El nuevo cura no es un nuevo cura cualquiera, sino que es... ¡Cantinflas! Que con el superpoder de la labia cantinflesca, poco a poco hará la guerra por la paz, la justicia (en particular la justicia social), y de a poco y con esa cosa tan olvidada que se llama "ejemplo", le enseñará al pueblo aquello que a veces se olvida por aquello que los árboles no dejan ver el bosque: que el centro y fuerza del Cristianismo es la caridad cristiana.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Para quienes han nacido y crecido en la atmósfera eclesiástica tridentina impuesta por Juan Pablo II y Benedicto XVI, puede resultar una sorpresa investigar en la historia hacia atrás y descubrir que la Iglesia Católica pudo... haber sido... MÁS. Desde que el tibiamente liberal Pío IX diera su paso al lado y se hiciera ultraconservador al descubrir que los liberales de 1848 iban a quitarle la pesada carga del gobierno temporal de los Estados Pontificios (al final los perdió igual, pero se dio maña en proclamarse infalible), que la Iglesia Católica había ido cayendo en una irrelevancia cada vez mayor, en un mundo moderno que le hacía cada vez menos caso (salvo Italia, España y Latinoamérica, pero es que oigan, utilicé el adjetivo calificativo "moderno" aquí). Y los curas sin enterarse, porque verán, defendiendo sus terruños como gatos de espaldas, pensaban que todo estaba bien, que eran la ortodoxia y esto y aquello. Hasta que en 1958 llegó Juan XXIII. Un Papa lo suficientemente viejo (73 años) como para que todos lo consideraran "de transición", uno que no iba a mover demasiado las cosas después del largo pontificado (19 años) de Pío XII. No se lo vieron venir: Juan XXIII les soltó la bomba de que la Iglesia Católica debía modernizarse, aggiornarse, para enfrentarse a los desafíos del siglo XX. Dejar de decir las misas en latín y traducirlas a los idiomas vulgares para que la gente entendiera qué demonios estaban rezando, en primer lugar. Incluso decidió llamar a un Concilio Vaticano II para 1963. "Es que para 1963 no se puede, Su Santidad". "Oh, bueno, lo haremos para 1962". Y salió para 1962, viéranse que no. Durante década y media, hasta el advenimiento de Juan Pablo II, soplaron aires de libertad en la Iglesia, ésta se permeó hacia ideas de justicia social a las cuales ha sido tradicionalmente reacia, incluso hasta curas comunistas y todo... bueno, ya vendría la dupla Wojtila-Ratzinger para poner las cosas en su lugar, que una cosa es libertad y otra muy distinta libertinaje, y es que no se os puede dejar solos, leñe. Pero la fiesta estuvo entretenida mientras duró, y lo comido y lo bailado no lo quita nadie...
¿POR QUÉ VERLA?
-- Nadie podría decir que esta peli sea lo que se llama una originalidad. En la época ya tenían fama las pelis "Don Camilo" y secuelas, adaptaciones italianas del personaje creado por el escritor Giovannino Guareschi, sobre una pequeña aldea italiana y la feroz-pero-amable guerra entre el cura Don Camilo, y el alcalde comunista Don Peppone (hay también un "Don Camilo" de 1982, con el ínclito Terence Hill, no tan afortunada ni como adaptación ni como peli). "El padrecito" toma muchas ideas de Don Camilo: el conflicto del cura del lugar con el hombre más poderoso del mismo (Don Silvestre en "El padrecito"), los métodos poco convencionales del cura siempre a medio filo entre las enseñanzas de la Iglesia y las exigencias de la justicia, el acuerdo tácito de que por mucha hostilidad que haya ésta no va a llegar hasta extremos demasiado desagradables, la existencia de todo un pueblo que se transforma en tablero de ajedrez de la lucha entre ambos, etcétera. Pero si bien no puede predicarse que la premisa de esta peli sea original, al menos puede decirse que la adapta bien a la realidad mexicana, y latinoamericana en general, y muy en particular a la vis comica de Cantinflas, no en balde una de las superestrellas del cine mexicano de todos los tiempos. El padre interpretado por Cantinflas no es una mera copia de Don Camilo (aunque haya una inspiración no reconocida aquí), sino que es el personaje interpretado desde siempre por Cantinflas, ahora con ropajes de cura: travieso e infantil, habla cantinflesca precisamente, pero sabio gracias a su sencillez, y arrojado y valiente cuando hay que jugársela por una causa justa o noble. Muchos opinan (servidor quien esto escribe entre ellos) que la última etapa de Cantinflas, más o menos desde después de "El bolero de Raquel" (1956), significó un marcado descenso en la calidad y comicidad de las pelis, que no pudo o no supo cómo adaptarse y renovarse para seguir siendo interesante en unas décadas, los '60s y '70s, marcados por profundos cambios sociales en los cuales el humor de Cantinflas comenzaba a sonar como algo anticuado. Sin embargo, si esta tesis (que no me atrevo a suscribir sin reservas, todo sea dicho, y ya comentarán ustedes abajo si están en desacuerdo) resultara cierta, habría que hacer una importante excepción con "El padrecito", sin duda una de las mejores pelis de toda su carrera, en donde conjuga a un tiempo todo su humorismo y picardía por un lado, y por el otro toda su humanidad. Quizás ayudó que "El padrecito" no tiene ambientación urbana sino rural, y por lo tanto, funcione allí mejor el humor tradicional de Cantinflas. Puede ser. Pero lo innegable es que Cantinflas nos regala algunos de sus más grandes momentos en esta peli, como un sacerdote que, cosa rara, tiene más a la vista la justicia y la corrección, que el seguir a rajatabla los mandamientos de una Iglesia que, por muchas buenas intenciones que le coloquen a algunas cosas (tampoco es cuestión de que sean Satanás con cuernos, si gente buena y gente mala hay en todas partes... incluso bajo las sotanas), a veces tienden a privilegiar más la burocracia, los reglamentos, y por qué no decirlo, los privilegios, sobre el fondo del mensaje cristiano, de que ama a tu prójimo como a tí mismo.
-- Y tocando lo anterior. Aunque esta peli está muy enclavada en su contingencia (los vientos de reforma, de aggiornamiento, el Concilio Vaticano II), desgraciadamente casi medio siglo después esa contingencia de entonces sigue siendo la nuestra propia. En el conflicto entre el sacerdote viejo y Cantinflas hay un conflicto todavía latente en la Iglesia actual: entre aquellos que creen que la Iglesia debería limitarse a ser una guía espiritual y moralizante de las personas y darles a la gente palmaditas en la espalda para que estén felices, sean buenos y se conformen con lo que tienen, y aquellos otros que creen que parte importante del deber de caridad cristiana consiste en arremangarse la camisa y salir a luchar a brazo partido con los problemas del mundo allí donde éstos se encuentran. Lo interesante de la peli es que el cura viejo no es un hombre malvado ni mucho menos (no podría serlo, aunque en un país intensamente católico como el México de los '60s, algunos de sus conservadores criticaron ácidamente esta peli en su día como "anticlerical"), sino un hombre noble y decente que, por el peso de los años y la inercia de la vida parroquial, se ha ido abotargando y perdiendo el espíritu misionero, hasta el punto de creer que parte importante de su misión es dejar las cosas como están, y no ser un agente de cambio en el mundo. Cantinflas, por su parte, es un sacerdote que entre la justicia y el reglamento, se inclina sin dudarlo por la justicia, lo que le lleva inevitablemente a colisionar con los poderes de este mundo, encarnados principalmente en Don Silvestre. Mientras que el padre Damián (impecablemente interpretado por el genial Angel Garasa, presencia inevitable en muchas pelis de Cantinflas) representa a la Iglesia Católica tradicionalista de no mover mucho las aguas, admitiendo que las cosas están mal pero no atreviéndose a nada por el riesgo de que se pongan peor (cuando no por comodidad, e incluso por razones menos confesables), Cantinflas representa explícitamente (su personaje cita las encíclicas de León XIII y Juan XXIII) las posturas innovadoras del Concilio Vaticano II y la idea de que la caridad cristiana implica que la Iglesia Católica debe abandonar el púlpito y jugársela activamente por un mundo mejor. En la actualidad sabemos cómo acabó aquello: los curas tradicionalistas llevaron a la curia a Juan Pablo II, que con su brazo armado Ratzinger barrieron con todos los díscolos, reescribieron el Catecismo de la Iglesia Católica y el Código de Derecho Canónico, y alinearon a toda la curia para olvidarse de esas ideas que huelen a herejía comunista. Pero los porfiados problemas sociales del mundo siguen ahí, tan presentes como en los '60s, incluso agudizados, mientras que los seminarios se vacían de postulantes a curas, cada vez más hastiados los jóvenes de una Iglesia Católica sermoneadora, poco comprensiva, y cada vez más alejada de las verdaderas preocupaciones de las pobres almas desparramadas por este mundo. Repasar "El padrecito" de Cantinflas, a la luz de este contexto, no es sólo hacer arqueofilmismo o mexicanismo, sino también hacer pensar a la gente acerca de estos importantes temas sociales.
-- ¿Y el resto, qué tal? Los actores, en general estupendos. Ya hemos comentado lo grandes que son Cantinflas y Angel Garasa. La pareja romántica joven, un tanto sosilla (Rosa María Vázquez y Rogelio Guerra), aunque puede ser también en parte culpa de un guión un tanto concesión para la platea (eso de que ella lo ama, pero él sólo juega con sus sentimientos, y quiere "aquello" de ella a pesar de que ella no es "como esas otras chicas con las que tú sales", como que ya no cuela para las audiencias del XXI), con un conflicto resuelto de manera demasiado apresurada y facilona. Y dos estupendos villanos de comedia: Angelines Fernández, grande en su papel de hermana del cura y mamá de la jovencita, ganándose a pulso el título de bruja antes de pasar a ser efectivamente la Bruja del 71 (por Bastet, ¿es que esta señora nunca fue joven?), y Florencio Castelló genial como el prepotente pero aún así humano Don Silvestre.
IDEAL PARA: Ver una de las grandes pelis de Cantinflas, y una interesante reflexión sobre el rol que la Iglesia Católica debería jugar en la sociedad.
-- "Resident Evil: Afterlife" (título original en inglés), "Resident Evil: Ultratumba" (título en español). Inglaterra / Alemania / Estados Unidos. Año 2010.
-- Dirección: Paul W.S. Anderson.
-- Actuación: Milla Jovovich, Ali Larter, Wentworth Miller, Kim Coates, Shawn Roberts, Sergio Peris-Mencheta, Spencer Locke, Boris Kodjoe, Sienna Guillory, Kacey Barnfield, Norman Yeung, Fulvio Cecere, Ray Olubowale, Christopher Kano, Tatsuya Goke.
-- Guión: Paul W.S. Anderson.
-- Banda Sonora: tomandandy.
Japón. Gente caminando apiñada como lo hacen los japoneses. De pronto vemos unas piernas con minifalda. ¿Es Alice que ha regresado? Pues no, porque tiene cara japonesa... o algo así, porque pronto la cara se le convierte en pura mandíbula mientras le salta al caracho a otro japonés, y así comienza. La epidemia del virus T se propaga por la Tierra y envía la civilización al demonio, en particular porque los muertos no sólo se niegan a permanecer muertos, sino que resucitan, vuelven como zombies, quieren tu cerebro, hacen carrera política, etcétera. Resident Evil, ¿recuerdan? Cuatro años después, en los subsuelos de Tokio, en la base supersecreta de la Corporación Umbrella, vemos una infiltración. A pesar de que la cámara no nos muestra quien, los que hemos seguido pacientemente la saga entrega tras entrega ya podemos adivinar que se trata de Alice. A los pocos minutos, en medio de una masacre de personajes de los que acreditan con símbolo # y con número en los créditos finales, vemos que efectivamente es Alice. Y de pronto, ¡horror!, un tiro le llega a Alice. ¡Suspenso, emoción, mataron a la prota a los cinco minutos de peli! O no, porque detrás vienen más. Los que vimos la entrega anterior sabemos que al final de la misma, la Alice de verdad se encontraba con clones suyos manufacturados con todo mimo por Umbrella, etcétera, y he ahí la explicación (los que no la vieron, deben haberlo encontrado chorra, pero en fin). Volviendo a RE4. El ejército de Alices pasa la aplanadora, metafóricamente hablando, en los cuarteles de Umbrella, hasta que finalmente los destruyen. Sí, leñe, llevamos quince minutos de peli, y el cuartel principal de los malos a los que has aprendido a odiar durante tres pelis al hilo, explota sin mayores ceremonias. El caso es que el malo maloso más maloso escapa, él y sus lentes oscuros que lo hacen verse EVIL, y lo hace en peazo helicóptero etcétera, que debe gastar combustible a lo bruto, en un mundo postapocalíptico en donde no parecen haber mayores problemas de suministro de petróleo, por lo visto. ¿Escapa? ¡No! Porque diligentemente se mete Alice y le pone una pistola en la cabeza. ¡Y Alice dispara, dicen ustedes, y el malo muere! Cuánta ingenuidad, mis estimados. No, Alice será la heroína de la franquicia, pero es media brutita cuando le conviene al guión, así es que le dice algo así como que digas tus últimas palabras, y lógicamente el malo maloso más maloso, que por algo es el malo maloso más maloso, y llegó al top one de la Corporación Umbrella suponemos eliminando despiadadamente a todo el resto de los gerentes y subgerentes por el camino, este malo maloso más maloso le hace una jugada sorpresa a Alice y le inyecta un suero que le quita sus superpoderes de Jean Grey. Y cuando el malo maloso más maloso está a punto de desquitarse y matar a Alice, vieran ustedes que el helicóptero se estrella oportunamente, y ¡CHAN! ¿Se acabó la peli a los quince minutos? No, pues, que algo hay que alargar la cosa para justificar la entrada. Así es que después Alice se va a Alaska, total, en un mundo en que toda la producción bencinera debe estar parada pegarse un viajecito de EEUU a Japón y de ahí a Alaska debe ser como un de aquí al negocio de la esquina y cuidadito con quedarse con el vuelto, cabro tonto... Y en Alaska se pone a buscar a los personajes de la anterior entrega, porque resulta que algunos actores de la anterior entrega renovaron contrato y de alguna manera tienen que aparecer back to life. Encuentra a una, esperablemente la que tenía mayor cartel en la tercera, y luego se van a vivir nuevas aventuras, que por mucho que le pongan, no van a ser ni tan espectaculares como los primeros minutos de la peli. Vaya una manera de montársela, hombre.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Nacida un poco entre Cochabamba y la Amazonia, la saga de Resident Evil se ha transformado en una respetable presencia dentro del panorama fílmico de los 2000s, siempre dentro de ese entrañable terruño cropógeno que es la serie B. Hablamos de una franquicia que con cuatro pelis y una inversión miserable para los estándares de Hollywood, se ha embolsicado la bonita suma de más de 600 millones de dólares. Ninguna saga basada en videojuegos ha conseguido algo semejante. ¿Ninguna saga basada en videojuegos, dije? ¡No existe ninguna otra saga basada en videojuegos! Bueno, está "BloodRayne" y secuela, o la secuela de "Mortal Kombat", pero hablamos de sagas serias acá (bueno, tan serias como se puede pedir, que los videojuegos tampoco tienen como guionistas a Cervantes, Shakespeare o el Alighieri tampoco). La primera "Resident Evil", escrita y dirigida por Paul W.S. Anderson, tuvo éxito dentro de lo suyo, y desde ese entonces han sacado una nueva cada tres años. Y Milla Jovovich, actriz de cierto talento que nunca acabó por encontrar su nicho, feliz porque una vez cada tres años cobra un suculento cheque. Pero el combustible se agota. Porque "Resident Evil" estaba bien (acción y gore, si tampoco es para pasarse, pero como matarratos...), y "Resident Evil: Apocalipsis" era una secuela inferior pero resultona, pero ya con la tercera entrega, "Resident Evil: Extinción", dirigida por el chafado de Russell Mulcahy (conocido como el sonado que se ha mandado cagón tras cagón tras cagón pero sigue siendo el one-hit-wonder que dirigió "Highlander", antes de sepultar la saga con "Highlander 2", además de casi sepultar ésta), la cosa había degenerado hasta el punto que abrió la temporada de caza con los chistes fáciles sobre que la saga de los no muertos andaba media muerta. ¿Cómo revitalizarla y seguir explotando la teta? En primer lugar Paul W.S. Anderson, que venía de dirigir la entretenida pero anémica "Death Race", se hizo cargo una vez más de la dirección, lo que se veía una buena noticia (de hecho, si le di una oportunidad después de rejurar que no seguiría más allá de "Resident Evil: Extinción" en el cine, es por eso). En segundo lugar, había que componer algunas idas de olla de las dos entregas anteriores, porque eso de los poderes telekinéticos de Alice quedaban muy bien para una peli suelta, pero complicaban enormemente la continuidad de una saga debido a que los protas demasiado poderosos no tienen ningún interés ya que es difícil ponerles rival a su altura. La movida resultó perfecta en donde importa, o sea, en la taquilla: a pesar de las críticas desastrosas (y merecidas en parte, todo sea dicho), "Resident Evil: Resurrección" ha sido de lejos la más taquillera entrega de toda la saga (más de 240 MILLONES, 100 MILLONES MÁS que "Resident Evil: Extinción"). Quizás haya ayudado algo que es la primera entrega en 3D y apalearon a lo bruto con la entrada, vale, pero no importan los medios, importa el contante y sonante en el balance final. Tanta fe se tienen, que (reventemos un punto del final, aunque lo que diré no será una sorpresa para los que han tenido estómago de seguir la saga hasta acá) al final, por enésima vez, tenemos un continuará en toda regla.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Llega un punto en toda saga cinematográfica en que el universo fílmico se embrolla lo suficiente como para que los neófitos empiecen a perderle interés a eso de meterse en ella por la mitad, y por lo tanto las nuevas entregas tienden a dirigirse cada vez más hacia los fanáticos y a ser cada vez más autorreferentes. Lo que obligan a sacar secuelas apuraditos (¿alguien dijo "El juego del miedo VII"?), hacer reboot de tanto en tanto ("Batman inicia"), etcétera. Con Resident Evil, la cosa pasó cuando el mundo se fue definitivamente al carajo en la tercera parte ("Resident Evil: Extinción"). En un minuto se llegó a decir, cosa graciosa, que con la tercera parte estaba cerrada la trilogía, que Milla Jovovich se descolgaba de la franquicia, o que sólo iba a prestarle la voz a una Alice en una de animación 3D, que habría un reboot, etcétera. Al final, la sangre no llegó al río (money talks), pero la idea de limpiar un poco la mesa seguía presente. De hecho, eso fue lo que hizo Paul W.S. Anderson: en la primera escena vemos el inicio de la epidemia, lo que debió haber ido en "Resident Evil: Extinción", o sea, simbólicamente, hay una autoexpiación por haber... rodado... ESO. Lo que es gracioso si se considera que el guionista fue el propio Paul W.S. Anderson, vaya. Pero algo pasó por el camino. Generalmente defiendo a Paul W.S. Anderson como un buen artesano dentro de la serie B actual, pero ya con "Death Race" había dado muestras de agotamiento, con una peli dirigida con buena artesanía, pero con un guión debilísimo (lo que siendo una de acción serie B, ya es decir), y acá seguimos en caída libre. ¿Qué pasó con el Anderson que nos entretuvo con "Mortal Kombat", con "La nave de la muerte", con la mismísima primera "Resident Evil"? Las comparaciones son odiosas, pero es que en la primera "Resident Evil" teníamos más suspenso, más gore, más dureza en general... Después del final de la tercera entrega, con esa sala llena de clones de Alice, y con la original prometiendo que iba a hacer tiritas a los tipos de Umbrella, uno hubiera esperado que la cuarta entrega fuera justamente eso, una enorme y apoteósica guerra en donde Umbrella se parapeta hasta los dientes y las Alices... No esperábamos la Batalla del Abismo de Helm ni mucho menos, pero si eran tan villanos y tan poderosos los malos... Y resulta que la tontera se arregla en quince minutos, a los malos los infiltran como si tal cosa (¿esos mismos malos que dieron tanta guerra e incluso querían meter un bebé nuclear en Racoon City en "Resident Evil: Apocalipsis"?) y hacen desaparecer discretamente a las Alices, y a otra cosa. Luego, desandan todo lo del refugio sin infección que venía de la entrega anterior, y meten a Alice de nuevo a la acción urbana, a lo "Resident Evil: Apocalipsis" pero en versión postholocausto, y nosotros aburriéndonos lo suyo. Para colmo se mandan alguna que otra incongruencia de lógica interna, como que por ejemplo se supone que a Alice le roban los superpoderes obtenidos del virus T, y ¡sorpresa!, sesenta segundos después sobrevive a un castañazo aéreo que ni los rugbistas uruguayos en Los Andes oigalé, para acto seguido seguir haciendo el kungfú y aguantar yoyah estoicamente a lo largo de toda la peli. No es que a la peli le falte pulso, no es que los actores no se la jueguen por sus personajes, pero resulta claro que un guión como correspondía hubiera significado quizás el fin de la saga, y estos tipos querían mantenerla abierta a cómo diera lugar (el final de esta peli hubiera sido un aceptable BIG END, pero tenían que dar a entender que el malo se salva, y después meter un continuará forzado a decir basta). El taquillazo les dio la razón, aún a costa de una buena historia. Y para asegurar aún más a los fanáticos (y esto puede ser considerado una decisión buena u oportunista según el cariz), por primera vez en la saga traen de vuelta a personajes de una entrega anterior (y sí, joer, Jill Valentine reaparece, deben quedarse sentados en su butaca durante la secuencia de créditos para ver su cameo... y sigue siendo Sienna Guillory, pero ahora en rubio). Pero a pesar de todas las críticas, una cosa en bueno podemos decir de esta peli: mejora el nivel de "Resident Evil: Extinción". Un poco, al menos. La saga estaba en la UCI, y ahora pasa a la sala común. Si ustedes son fanáticos de la saga en el cine (otra cosa es el videojuego, que nunca lo he jugado y por tanto no puedo establecer comparaciones), con "Resident Evil: Resurrección" tendrán una continuación más o menos aceptable, con su poco de manga ancha. Pero tampoco es que deban ir corriendo a su cine favorito a pagar por la entrada. Con verla en DVD, o por otros medios un poco más, dijéramos, reñidos por la ley, no se van a perder un mundo de diferencia precisamente.
IDEAL PARA: Los que han seguido con devoción cuasi religiosa la saga hasta estos pagos.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [en inglés, subtítulos en español].
-- "El aura". Argentina. Año 2005.
-- Dirección: Fabián Bielinsky.
-- Actuación: Ricardo Darín, Dolores Fonzi, Pablo Cedrón, Nahuel Pérez Biscayart, Jorge D'Elía, Alejandro Awada, Rafa Castejón, Manuel Rodal, Walter Reyno, Alejandro Gancé, Daniel Alejandro Ovando.
-- Guión: Fabián Bielinsky.
-- Banda Sonora: Lucio Godoy.
-- "El aura" en IMDb.
-- "El aura" en la Wikipedia en español.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Un taxidermista tiene un pasatiempo bastante creepy. Quiero decir, aparte de la taxidermia misma, claro, que eso de andar embalsamando animales ya es creepy de por sí. En fin. Su pasatiempo es pensar y planificar el crimen perfecto. Cómo lo harías para cargarte la bóveda del banco y pirarte con puturrucientos millones, por ejemplo. Por esas cosas del guión, su mejor amigo, o algo que más o menos equivale a su mejor amigo, se lo lleva a la montaña (no, no es ésa de los vaqueros maricotas, pierdan cuidado aquí). A cazar. Por esas cosas adicionales del guión, resulta que cuando llegan a donde tenían que llegar no hay alojamiento, así se que tienen que ir a otra parte, que por supuesto está aislado, no signal, etcétera. Por esas cosas más adicionales del guión todavía, resulta que el amigo tiene que irse y deja a nuestro taxidermista solo en ese limbo natural (y nosotros mirando el reloj y preguntándonos para cuando puñetas comienza la peli). Por su parte, aprovechamos de aprender que el taxidermista es epiléptico, y que la peli se llama "el aura" por la sensación de aura que le viene al prota cuando se le viene un ataque, etcétera. Y cuando ya empezamos a fastidiarnos porque la cosa no parece ir hacia ninguna parte, viene otra cosa adicional adicionalosa del guión, que en el sitio caen unos malandras que les ves la cara y te dices que patitas paqué las quiero. Pero nuestro taxidermista, ¡ah, no! Que él es bien macho... bueno, no tanto, porque con la chica del lugar de los ojitos no pasa. Pero se atreve a ir planeando cómo hacer su sueño realidad. Porque ahora se meterá de lleno en una trama que lo llevará, al final, a cometer su atraco perfecto. O... bueno, algo así. O sea, si en las pelis yankis vemos como en el Primer Mundo las cosas salen mal, qué queda para los sudacas de toda la vida, ¿eh?
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Con apenas dos pelis en el cuerpo (la anterior "Nueve reinas", y la que nos ocupa ahora), Fabián Bielinsky se ha transformado en uno de los más importantes cineastas de Argentina a comienzos del XXI. Y son y serán dos per secula seculorum amén, porque el pobre hombre falleció prematura e inesperadamente a los 47, de un patatús al cucharón. La receta de Bielinsky es simple, y tiene su correlato en una tendencia también observada en el cine chileno contemporáneo al suyo: olvidarse de las pretensiones de hacer costumbrismo fílmico y de rodar en ese estilo que puede ser calificado como latincampy, para adoptar cánones y estándares propios del cine internacional de Hollywood que, al final del día, es lo que funciona. Pero sin sacrificarse tampoco. "El aura" no es una peli perfecta ni de lejos, y no estoy razonablemente seguro de calificarla como una imperdible, pero sí es para lamentar (más allá del factor humano, claro) que el cineasta haya fallecido cuando tanto prometía.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Partamos con las aclaraciones de rigor. "El aura" está concebida desde el comienzo como un híbrido entre el thriller neo-noir (a la criolla, claro) y esa cosa tan de cine latino que es el retrato de personajes. O sea, la misma fórmula que con balances ligeramente distintos llevó al Oscarato a "El secreto de sus ojos" en 2010. Algo que, en el fondo, se agradece. Porque la máxima fábrica de hacer thrillers en el mundo es Hollywood, y te manufacturan pelis electrizantes que golpe de efecto a golpe de efecto te tienen al borde de la butaca, pero sus personajes son todo lo estereotipados que se puede (prota heroico o antiheroico sin matices, villano ambicioso antisistema, a veces un traidor que suele ser un jefe del prota, y la chica neumática de premio para el prota cuando salve el día), e incluso ese otro gran productor de thrillers que era Francia, por la larga sombra de Luc Besson se ha jolivudizado lo suyo (nada contra el cine de Luc Besson, que servidor se lo disfruta como chino, pero su fuerte por lo general no es la caracterización, precisamente). En "El aura" nos encontramos con un thriller en donde el thriller mismo es en realidad más bien accesorio. El plan para el robo perfecto no tiene las vueltas y circunvalaciones de "La gran estafa" o similares, sino que es un atraco como los de toda la vida, sólo que ejecutado con ciertos estudios previos para asegurarse el resultado. El suspenso no viene dado por las vueltas de tuerca del guión, sino por la creación de una tensión constante y creciente que llevará a... bueno, al final de la peli, qué esperaban. Además, la motivación del prota para meterse en el lío, simplemente el cumplir un retorcido sueño casi colindante con la sociopatía, le añade un grado de oscuridad adicional a la trama bastante mórbido: al final, toda la trama del thriller se va convirtiendo casi en una especie de pesadilla existencial, un descenso a la bestia que anida en el subconsciente del propio prota. Quizás el único defecto grave de la peli, lo que me impide calificarla de una pequeña obra maestra, es un comienzo leeeeeento en que las coincidencias del guión se van acumulando un poco porque sí, porque o si no, no hay peli. Pero la paciencia es una virtud, y en el caso de esta peli, su recompensa, así es que dénle tiempo a la peli para desplegarse. En cuanto a la epilepsia del prota es tratada con naturalidad y sin efectismos, y está encajada estratégicamente en la peli para provocar algún momento de tensión, sin que rechine ni parezca un recurso barato del guionista.
-- La puesta en escena es magnífica. La fotografía está muy inspirada y contribuye a crear el ambiente pesadillesco que poco a poco se apodera de la pantalla, y la música minimalista ayuda a crear ese ambiente. Ricardo Darín como el prota está simplemente perfecto, y el resto de los actores acompañan muy bien. Desde un punto de vista formal, no hay absolutamente nada que cambiar o mejorar aquí.
IDEAL PARA: Ver un thriller que confía en sus personajes, para variar.
-- "The Expendables" (título original en inglés), "Los mercenarios" (título en España). Estados Unidos. Año 2010.
-- Dirección: Sylvester Stallone.
-- Actuación: Sylvester Stallone, Jason Statham, Jet Li, Dolph Lundgren, Eric Roberts, Randy Couture, Steve Austin, David Zayas, Giselle Itié, Charisma Carpenter, Gary Daniels, Terry Crews, Mickey Rourke, Amin Joseph, Senyo Amoaku.
-- Guión: Dave Callaham y Sylvester Stallone, basados en una historia del primero.
-- Banda Sonora: Brian Tyler.
Aguas territoriales de Somalía, allí donde manda el gobierno de Somalía (o sea los piratas, no sean ingenuos, si ya saben cómo están las cosas allá). A bordo de un barco carguero de esto-o-aquello, un grupo de piratas genéricos (negros que hablan un inglés desastroso incluso para nuestro no demasiado acostumbrado sistema auditivo en español) mantienen como rehenes a los tripulantes. Y con su inglés de primer grado, hablan acerca de que la compañía ha abandonado a sus trabajadores en vez de pagar rescate, y por eso los van a ejecutar. ¿¿¿EN SERIOOOOOO...??? No, porque si usted tiene un problema, necesita ayuda, y puede localizarlos, tal vez pueda contratar a... ¡¡¡LOS INDESTRUCTIBLES!!! (insértese música de ya-saben-ustedes-quiénes aquí). Resulta que los Indestructibles entran y dejan la de Θεός es Χριστός, todos los piratas genéricos muertos, y suponemos que los rehenes rescatados de... bueno... alguna manera... bajo la lluvia de balas y cuchillos... en fin, el caso es que además vemos a uno de los indestructibles volverse loco por la sed de sangre, y liarse con sus compañeros, razón por la cual los otros indestructibles lo van a echar, yo no sé por qué, porque si son indestructibles entonces no se pueden destruir, a no ser que sean como los diamantes que sólo se pueden cortar con otro diamante... pero estoy divagando, volvamos a la peli. El caso es que después de ver al buenazo de Jason Statham siendo adornado con una linda cornamenta por la buenorra de Charisma Carpenter (sí, nuestra cheerleader favorita hasta Hayden Panettiere), nada mejor que una misión para desintoxicarse de esos horribles efluvios hormonales llamados "amor" (nadie dijo que ésta no era una peli misógina, ¿eh?). La misión en este caso se la proporciona un tal Mr. Church (cameo de Bruce Willis), lo que además sirve para una escena en que Arnold Schwarzenegger aparece de manera completamente gratuita (la persona que la vio conmigo en el cine salió preguntando de viva voz: y después Arnold no aparece más, no lo vi, ¿en dónde apareció después?, y la respuesta es que en ninguna parte porque es un cameo gratuito, pues eso). En fin, el caso es que Bruce Willis envía a los indestructibles a la misión: infiltrarse en Vilena y eliminar al dictador de turno, con un apellido tan folclóricamente español como Garza. El resto, bueno... si crecieron viendo pelis de Chuck Norris, entonces no necesitan que les haga un mapa.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
El filósofo alemán Friedrich Nietzsche, en una de sus habituales borracheras místicas zaratustrianas, esta vez en lo alto de los Alpes, tuvo una fantasmagórica y terrorífica visión: el eterno retorno, todo vuelve, todo es cíclico, no puedes escapar de la rueda del destino. Rayos, y yo que quería ser playboy lleno de mujeres y alcohol en mi siguiente vida. En fin, el caso es que Nietzsche se habría encontrado toda la razón de ver "Los indestructibles" (el risible título que le pusieron en Latinoamérica a una peli que en España tampoco tradujeron muy bien, pero al menos es más ajustado el título, "Los mercenarios", porque el original "The Expendables" literalmente sería "Los prescindibles"). Retrocedamos en el túnel del tiempo hasta los cardadosos y hombrerescos '80s, y recordemos todo ese cine de acción carne-de-videoclub que salió por esos años. Recordemos las pelis de Arnold Schwarzenegger, las que dirigió John McTiernan, las que produjo la Cannon... En los '90s, la mayor parte de los duros favoritos de ese tiempo desaparecieron más o menos de escena: se dedicaron a la política (Schwarzenegger), trataron de incursionar en la comedia (Stallone), tuvieron que bancarse que su neumática esposa los cambiara por un bebé mitad de su edad (Willis), acabaron produciendo serie B como spam viral (Seagal), acabaron hundidos en telefilmes horripilantes (Lundgren), acabaron medio parodiándose a sí mismos (Van Damme), o peor aún, salieron del closet y se hicieron reborn christians (Norris). En los 2000s hubo quienes trataron de retomar el alegre legado de muertes, asesinatos, disparos, cuchilladas, decapitaciones, empalamientos, evisceraciones, etcétera, como por ejemplo La Roca, pero el único que logró algún éxito en ello fue Jason Statham ("El Transportador" y secuelas, principalmente), y no por nada, Statham está sentado como segundo acreditado al lado de nada menos que el Dios Stallone. ¿Qué hacer entonces con estos vejetes en paro, cómo arreglárselas para que masquen algo más que el chorizo que se compran con el anémico seguro social? Sylvester Stallone dio con la clave: ¡hagamos un revival triunfal! Después de todo, el asunto funciona para los superhéroes (Liga de la Justicia, Los Vengadores), y además, los '80s están de moda. La peli "Rambo: Regreso al infierno" probó sin lugar a dudas que había espacio para el cine de carnaza ochentera, en contra de ese horrible cine de acción hiperestilizada en donde importa cualquier cosa menos la violencia bruta (la terrorífica herencia del bullet-time de "Matrix"). En muchos sentidos, la Trilogía de Bourne y el díptico jamesbondesco "Casino Royale" y "Quantum of Solace" se apegaron a la moda "24" que a su vez era un refrito de los temas y preocupaciones propios de las pelis ochenteras de Chuck Norris (incluso hasta la cámara en tonos sepia es reminiscente de las escenas desérticas de "Fuerza Delta"). Era una jugada al todo o nada, pero la capacidad de convocatoria de Sylvester Stallone hizo el milagro: la peli costó 80 millones y recaudó más de 240. ¿Alguien duda que habrá un "Indestructibles 2" con estas cifras? ¿Alguien duda que los duros ochenteros que se quedaron afuera para esta pasada, esta vez no se sumarán en masa ante la movida? ¡Compra tu entrada y ayuda a financiar el almuerzo de un geriátrico medio atontado por los golpes de las pelis de su carrera! ¡La sonrisa de estos abuelitos te lo agradecerán!
¿POR QUÉ VERLA?
-- Partamos de entrada diciendo que Sylvester Stallone tiene las cosas claras aquí: no va a rodar GRAN CINE ni una peli para los Oscares, sino una para disfrute de los fanáticos de la carnaza pura y dura. Los que hayan visto "Rambo: Regreso al infierno", también dirigida por Stallone, sabrán a lo que me refiero. Es cierto que las audiencias actuales están más sofisticadas y ya no se sorprenden con tanta facilidad como con la moto que expedía misiles por el culo en "Fuerza Delta", pero Stallone sabe como lidiar con eso también: aumentando exponencial y geométricamente la carnaza. O sea, en "Comando" con Arnold Schwarzenegger veías tipos acuchillados y ametrallados en vivo y en directo, mientras que acá ves tipos descerrajados, acribillados, aplastados, decapitados, destripados, des-estooaquello, quemados vivos, etcétera. En lo otro veías la sangre fluir, mientras que acá ves saltar los pedacitos de carne por la metralla y las cabezas explotar en medio de una masa de sangre y sesos (bueno, no tan gráfico, está rodado de noche, probablemente para que el CGI no cante tanto, pero se ve igual). ¿La historia, qué tal? ¿Qué historia...? Tenemos al equipo de los buenos que son los buenos porque, bueno, son los buenos, alguien tenía que serlo, y tenemos al equipo de los malos, y la cosa va de que los buenos se meten a la guarida de los malos y los hacen parir sin anestesia. La historia es predecible vuelta de tuerca tras vuelta de tuerca, pero no importa, porque es bastante transparente que está ahí para lo que verdaderamente importa, o sea, las escenas de acción. ¿Y están buenas? Sí, si lo están. Stallone se ha confirmado en los últimos años como un buen director (mejor director que actor, de hecho), hizo un trabajo fino con "Rocky Balboa" y con "Rambo: Regreso al infierno", y acá confirma lo mismo. ¿La receta Stallone? Tener la historia clara y contarla de manera también clara, sin manierismos ni dárselas de esto o aquello, pero tampoco sin descuidar la bonita fotografía ni hacerle asquitos a lo bueno (fundamentalmente la violencia, porque en el sexo la peli es bastante pacata, así es que olvídense de ver algo como esas fotitos que se tomó Charisma Carpenter para Playboy años atrás). Sumémosle también un par de actuaciones inesperadamente buenas (Mickey Rourke en uno de sus días buenos, después de merendarse al resto del elenco de "Iron Man 2", atención a su monólogo sobre Bosnia, y Dolph Lundgren como el indestructible renegado, en un rol hecho casi como un guiño a que él fue el malvado Ivan Drago que casi le puso las bolas cuadradas a Rocky Balboa en "Rocky IV", casualmente también dirigida y protagonizada por Stallone), y ya estamos. La peli consigue así ese delicado equilibrio entre prometer relativamente poco, pero cumplir con lo que promete. Los "amantes del buen cine" saldrán defraudados de aquí, pero los fanáticos de la casquería ochentera estarán más o menos de plácemes. Quizás lo más decepcionante sea, curiosamente, el hype de ver a todos los veteranos juntos (en realidad de los viejos el que se luce es Stallone, porque Jet Li y Jason Statham son "the next generation", Lundgren se pasa a los malos, y Willis y Schwarzenegger sólo hacen cameos), porque a la hora de la verdad si entre todos no paran una explosión atómica con sus manos desnudas o poco menos, uno como espectador sale diciendo que vaya chorra, qué mierda de peli ésta, pero bueno, se hace lo que se puede con lo que se tiene. A sabiendas de que la peli iba a ser "una serie B de alto presupuesto" (contradictio in terminis, pero bueno), servidor quien esto escribe se la pasó pipa viéndola, y ya se está inscribiendo para "Los indestructibles 2" cuando la rueden.
IDEAL PARA: Nostálgicos de las pelis parafascistas de acción de los '80s.
-- "Pantaleón y las visitadoras" (título original en castellano), "Captain Pantoja and the Special Services" (título en inglés para distribución internacional). Perú / España. Año 2000. -- Dirección: Francisco J. Lombardi. -- Actuación: Salvador del Solar, Angie Cepeda, Mónica Sánchez, Pilar Bardem, Gianfranco Brero, Gustavo Bueno, Carlos Kaniowsky, Sergio Galliani, Tatiana Astengo, Pold Gastello, Carlos Tuccio, Aristóteles Picho, César Bravo, Basilio Soraluz, Norka Ramírez. -- Guión: Enrique Moncloa y Giovanna Pollarolo, basados en la novela de Mario Vargas Llosa. -- Banda Sonora: Bingen Mendizábal.
Pantaleón es milico. Y créanlo o no, es bueno, noble y correctito. Incluso se casó con la misma chica con la que fue a su graduación, en la que tuvo el honor de izar la bandera peruana por ser el mejor de la clase y too. Ni toma ni fuma, ni tampoco adorna con cuernos a su amante esposa. Cosas del fúrbol, la verdá. El caso es que por eso mismo lo llaman a Iquitos en misión supersecreta. Resulta que los insurgentes se están apoderando de las hembras en la jungla peruana. ¿Enemigos de más allá de las fronteras? ¡No, qué va! ¡Son las propias tropas peruanas preñando hembras para hacer Patria! Así es que nuestro hombre correctito tendrá ahora que empeñarse en montarles... ¡un servicio de visitadoras! ¡Para darles prestaciones! O sea, por si no entendieron nada, un servicio de putas para darles polvos. Pues, eso. Y ahí tienen a nuestro buen Pantoja, destacado en Iquitos, en misión supersecreta (¿se imaginan qué pasaría si la plebe se entera de que los milicos están montando su propio prostibulario con girls en exclusiva?), escondiéndole el follón incluso a su señora y too. Lidiando con la incomprensión de sus superiores, con las escenitas cada vez más progresivas que le va montando la señora (a ésa nadie la enseñó a ser obedientita, y eso que es señora de mili), y en particular con una putorrona con un cuerpo de orgía en el dungeon (Angie Cepeda en sus mejores años) que va a por el oro y no sólo hace prestaciones para la tropa sino que quiere agarrar a nuestro buen Pantoja, medio por afecto, medio por intereses creados... La casa de putas está servida. Literal y metafóricamente hablando.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Mario Vargas Llosa es, con diferencia, el mejor de los narradores que ha salido del boom latinoamericano, por más que el Nobel haya llegado veintiocho años después de lo que correspondía. Sin plagiarse a sí mismo novela tras novela como García Márquez, ni ser tan bombástico como Donoso, ni tan alegórico y pretencioso como Carpentier, se limita a escribir novelas que cuenten una historia y punto, y en este menos es más, consigue lo que el resto no: ser interesante. (Sus opciones políticas son otro cuento, hablemos mejor de él como novelista, que nadie es perfecto). No es casualidad entonces que se le haya buscado para adaptaciones cinematográficas, aunque por tratarse de un autor latino, no ha tenido tanta proyección fílmica como los superventas de Hollywood, claro está. Porque entre rodar a la Austen o a Vargas Llosa se quedan con la primera por ser anglo, aunque los dos son lo mismo de exótico para el yanki comedor de hamburguesas promedio. Francisco Lombardi, que ya había adaptado "La ciudad y los perros", se atrevió de nuevo con Vargas Llosa, y adaptó "Pantaleón y las visitadoras". Con mucho de eso que se llama cojones, porque debe tenérselos de hierro para, en plena dictadura militar de Alberto Fujimori, adaptar una novela que 1.- Deja como el restregado del calzoncillo contra el culo a los militares, y 2.- Fue escrita por Mario Vargas Llosa, que había sido rival del mismísimo Fujimori en las elecciones presidenciales de 1990 (en las que Fujimori ganó, cuando todavía fingía ser demócrata). La peli fue postulada por Perú (¡el de Fujimori!) para la quina a Mejor Película Extranjera en los Premios Oscar, pero no quedó candidateada, y menos ganó (por si a alguien le interesa, ese año ganó "Todo sobre mi madre"). Pobre Fujimori, que le pasen golazo con la peli, además candidatearla sin saber lo que está candidateando, y más encima quedar fuera. Bueno, por algo después tuvo que hacer maletas apresuradas e irse a Japón. Y aunque quien esto escribe sea chileno, se ahorrará los chistes pertinentes sobre la milicia peruana. Y es que en el fondo es bueno que los peruanos se rían de sus milicos, y los chilenos de los nuestros. Por algo nosotros somos civiles, y ya se sabe: un civil puede militarizarse, pero un militar no puede civilizarse...
¿POR QUÉ VERLA?
-- Para serles sincero, ignoro si la adaptación es buena o no, porque jamás me he empollado la novela (no son falta de ganas, pero es que hay tanto que leer por delante, y es tan poco el tiempo...). Pero me huele a que sí. Vargas Llosa tiene un estilo bastante directo de contar el cuento, a ratos un poco barroco en lo detallista, pero siempre recto y al grano, así es que esta peli, que a pesar de su extensión anacondiana (casi dos horas y media), aunque se toma su tiempo en esto o aquello, no se siente pesada en ningún minuto (en su estreno para Estados Unidos, dato de trivia, la mutilaron salvajemente en cerca de media hora, y es que estos yankis se aburren si no hay robots que exploten, ya se sabe). La historia en ningún minuto pretende ser más de lo que es, un simple cuento entre bizarro y picaresco, ni trata de explorar el ser latinoamericano ni ninguna de esas zarajandas (nada en contra de eso tampoco, a priori, pero es que tanto cineasta tratando de ser telúrico, sin lograrlo, como que fastidia). Por supuesto que entre bambalinas hay palos sí y palos también en contra del sistema militar, y por qué no, respecto de la sociedad peruana, haciendo bueno eso de que en qué minuto se jodió el Perú (bueno, ésa era de la conversación en la Catedral, pero Vargas Llosa tiende a darles vueltas al tema).
-- Las actuaciones son de un nivel superlativo. A pesar de que esta peli es bien conocida como la que lanzó a la fama internacional a Angie Cepeda (y con esos enormes topless que se manda, era que no), la verdad es que el sufrido Salvador del Solar compone un protagónico memorable que no se deja robar por ninguna parte. Al principio lo vemos como un tipo correctito, un poco sumiso y un mucho de maniático, y después lo vemos evolucionar, desperfilarse, un poco perderse a sí mismo... pero todo de manera muy creíble, muy natural. Al final de la peli, hemos llegado a la conclusión de que todas sus virtudes y nobleza en realidad no son como para admirarlo, sino como para sentir pena del pobre desgraciado que toda la vida se ha portado bien porque, bueno, es feliz siendo un pobre ave, y aunque por eso deberíamos odiarlo como personaje, la verdad es que la actuación de Salvador del Solar lo vuelca por completo de nuestro lado. Y sí, ahora vamos con Angie Cepeda, que actúa ya bastante avanzadita la peli, y que como tentación e incitación funciona estupendamente bien, como una especie de femme fatale telúrica (segunda vez que uso la palabra, por algo será), siempre en esa ambigüedad de si está interesada en el hombre o en el cargo, para que nos entendamos. La esposa insoportable a la que el bueno de Pantoja debería darle su par de cachetes para hacerla entrar en razón, viene bien interpretada por Mónica Sánchez. El resto del elenco está un poco más en segundo plano, pero acompañan muy bien y están por la labor.
-- Resulta interesante observar que esta peli, que trata de no ser discursiva ni pedagógica ni panfletaria ni convertirse en la peli que exprese el alma latinoamericana y etcétera, clava mucho más certeramente la garra en el ser latinoamericano que muchas otras realizaciones que lo intentan y no lo logran, por mucho realismo mágico que le echen. Porque la verdadera Latinoamérica no es ese continente mágico y cuasimístico que un puñado de pringaos quieren majaderamente que sea (en el consumo yanketa y en la propia Sudaca), sino esa tierra en donde más se malvive que se vive, en donde se ocurren ideas bombásticas como, bueno, justamente ésa, la de montarle un servicio de putas a las tropas para después, cuando la cosa se ha hecho pública, negar que se ha montado un servicio de putas a las tropas justamente... en donde el principal pecado dentro de cualquier institución consiste en ser demasiado eficiente y hacer demasiado bien el trabajo... en donde cualquier aprovechado trata de sacar su tajada, y el espíritu cívico brilla por su ausencia (el único que parece tenerlo en abundancia es nuestro prota, porque su señora le reza rosario sí y rosario también, sus superiores se abanican en sus cargos, los ciudadanos no valoran a sus soldados, y con razón deberíamos decir, y las únicas que desarrollan algo que más o menos pueda decirse que recuerde al amor a la Patria son las putas, justamente, en un giro bastante irónico de la trama)... Si quieres ver por qué Latinoamérica sigue siendo el continente del subdesarrollo y del atraso, esta peli te va a aclarar un par de puntos mucho mejor que "Como agua para chocolate" o "El amor en los tiempos del cólera" o etcétera, si me preguntas.
IDEAL PARA: Ver una comedia que con el pretexto de contar una historia se pone bastante incisiva con esa cosa que tiene el ser latino.