11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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domingo, 16 de septiembre de 2012

"No" (2012).


-- "No". Chile / Francia / Estados Unidos. Año 2012.
-- Dirección: Pablo Larraín.
-- Actuación: Gael García Bernal, Alfredo Castro, Antonia Zegers, Diego Muñoz, Néstor Cantillana, Luis Gnecco, Jaime Vadell, Marcial Tagle, Manuela Oyarzún, Alejandro Goic.
-- Guión: Pedro Peirano.
-- Banda Sonora: No tiene.

-- "No" en IMDb.
-- "No" en la Wikipedia en español.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Antes que nada quería mencionarles... lo que van a ver a continuación está enmarcado dentro del actual contexto social. Pensamos que Chile está maduro para esto. Le damos al PLAY y tenemos... ¿la alegría ya viene? ¡Sí, tenemos la alegría ya viene: LA PUBLICIDAD DE LA BEBIDA FREE! (mis mayores me han dicho que se trató de crear una alternativa a la Coca Cola llamada Free por aquellos años). Los exec, no muy convencidos, porque el spot publicitario es demasiado radical. O sea, ¿qué es eso de promocionar el espíritu libre entre los jóvenes? ¿Qué es eso de que una bebida los incite a la rebelión? ¡¡¡QUE ESTAMOS EN DICTADURA, MIERDA!!! (me refiero a 1988, no a la actualidad, sólo por si algún despistado pudiera confundirse...). Además, el comercial tiene un mimo, y por supuesto, nadie quiere a un mimo promocionando su producto, ni aunque sea el condenado Marcelmarsó. En fin, el caso es que a nuestro publicista lo llaman de manera media tránsfuga a que vea una campaña distinta. La del NO. Porque la dictadura militar de Augusto Pinoch... ¿sí, aló? Un momento, tengo una oferta de trabajo. En fin, lo que decía: el gobierno de mi general Pinochet, se quiere legitimar de cara a la opinión pública extranjera, y va a convocar a... ¡un plebiscito! Y para eso le van a dar a la opción NO una franjita de mierda de quince minutos como a las dosmiltrescientas para que ningún chileno de pro la vea, que sólo los marxistas subversivos andan despiertos a esa hora. A nuestro tipo le presentan la campaña del NO, y se queda abismado: es una cosa llorona, lacrimógena, charanguera y trutruquienta en blanconegro recordando que debes votar NO porque... ¡hay muchos muertos que deben ser vengados! Nuestro joven la pesca que nadie va a estar interesado en eso porque, bueno, ya es tétrico vivir con miedo a los malvados marxistas comeniños que complotan contra el gobierno de mi gener... er, discúlpenme un momentito, llamada telefónica... ¿no hay trabajo? Bien, váyanse a freir monos, humanos de mierda. En fin, vuelvo con ustedes. Decía que ya es tétrico vivir con miedo a los héroes que resisten contra la brutal dictadura militar, para que además te lo recuerden en una franja política que parece una pesadilla kafkianoleninista. Nuestro joven las para y decide que venderá un nuevo concepto: si había asociado la bebida Free con la rebelión, ahora asociaría el NO con... ¡la alegría! Y ya tienen a un montón de tipos saltimbanqueando con eso de "Chiiileee... lalegríayavieeeneee...". ¿Conseguirá un grupo de esforzados publicistas hacer entrar en vereda a esos izquierdosos de quenas y charangos y trutrucas para crear una campaña que de verdad venda la opción NO? ¿Conseguirán de paso derribar a la truculenta dictadura militar de Augusto Pinochet...? ¿Se abrirán las anchas alamedas y construirán una sociedad más solidaria, más humanitaria (o gatunitaria), más genuina y libre...? Bueno, a esa última ya saben la respuesta. Que si fuera afirmativa, no estarían las calles de Chile incendiándose en 2012, caramba.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Les reventaré el final. La historia del plebiscito ya la referí en Siglos Curiosos (leer el posteo "El más importante plebiscito en la historia de Chile"). El resumen es el siguiente: después del colapso de 1973, la economía más o menos iba recuperándose y los chilenos estaban más reconciliados con la dictadura militar, porque, joer, muertos habrán, pero ahora tenemos dinero en los bolsillos, además esos sucios marxistas se lo tenían merecido por... bueno... por marxistas, eso es... hasta que vino el colapso económico de 1981, la gente volvió a salir a las calles, y el gobierno de Pinochet llevó a cabo un gran acuerdo nacional con algunos líderes de la oposición para... no lo van a creer... ¡cumplir con el cronograma que el mismo gobierno se había fijado en la Constitución de 1980! Ya saben, cositas como convocar a un plebiscito en 1988 para ver si se le renovaba a Pinochet el mandato por ocho años más. La izquierda, no muy convencida, porque nadie creía que Pinochet convocara a un plebiscito para perder (de hecho, ha trascendido después que cuando ganó el NO, estuvo al borde del autogolpe). Pero después de que la vía armada cayó en el desprestigio con el fracasado atentado contra Pinochet en el Cajón del Maipo en 1986, y en las subsiguientes represalias contra los miristas que fue la Operación Albania, los politicastros de la vía moderada tuvieron su oportunidad, y decidieron emplearse a fondo en la campaña del NO. Consiguiendo lo que parecía imposible: Pinochet perdió. Los momios, haciendo de flaqueza virtud, alabando al general por haber entregado el poder graciosamente (eso y un poco de presión internacional y del empresariado ayudó, claro). Los izquierdosos, transformando esa batallita en la gesta épica que le contaron como cuento de niños a todo Chile durante los veinte años de la Concertación ("...pero es que oigan, lo de Pinoché fue pior..."). Y al final del camino, con la Concertación derribada porque muchos chilenos de medio pelo se sintieron identificados con el marketing de Piñera y votaron por él en 2010, vino un cineasta llamado Pablo Larraín a contar una peli más o menos definitiva sobre la historia del NO. Por supuesto que no le vamos a pedir al hijo de Hernán Larraín (destacado prohombre de la UDI, la Unión Demócrata Independiente, partido político que tiene dos de tres palabras sin correspondencia con la realidad) que haga una apología de los rojos detrás del NO. Pero después de "Tony Manero" y "Post Mortem", Larraín muestra que una vez más se siente como pez en el agua deconstruyendo y reconstruyendo los años del pinochetismo. Ahora le falta un biopic de la Lucía, y estamos oleados y sacramentados. Total, si anda "La dama de hierro" circulando allá afuera...

¿POR QUÉ VERLA?

-- Pensemos en qué hubiera pasado si esta peli hubiera sido una de esas inspiracionales de Hollywood, estilo "Invictus" o "La lista de Schindler". Hubiéramos visto alguna que otra escena para mostrarnos lo malo malísimos que son los pinochetistas, para luego pasar a ese núcleo de desesperados-pero-nobles adversarios que, en nombre de principios políticos democráticos y humanitarios eternos en el tiempo y en el espacio, hubieran librado una batalla inspiracional para arrastrar consigo a todo un país, y obtener una victoria moral sin precedentes que también es un triunfo del espíritu humano. Incluso hasta estoy viendo las palabras del trailer: "un país bajo estado de sitio... una nación con miedo... un grupo de hombres dispuestos a todo... por la esperanza". Bien, esa peli NO es "No". "No" es una peli absolutamente carente de épica. ¿Es falta de interés, en aburrida? En absoluto, ése es el punto. "No" es una crónica desapasionada de cómo la historia en general, y esa historia en particular que fue la batalla por la franja televisiva del NO, no se mueve por los afanes de grandes prohombres de ojos llorosos haciendo lo humanamente imposible por el bien y la justicia, sino que es manejada por intereses, pequeñeces y mezquindades varias. "No" no es una historia del bien contra el mal, no es una historia de la nobleza contra la miseria humana, sino una historia de dos bandos enfrentados, ambos carentes por completo de superioridad moral. El prota es un publicista que si bien tiene un pasado conflictivo con la dictadura (es hijo de un exiliado y él mismo estuvo algunos añitos en el extranjero), está metido en el chollo no por tratarse de la madre de todas las batallas o por un ajuste de cuentas con los fachos (aunque algo de eso hay, pero muy poco), sino porque es un desafío personal y profesional. El tipo, para que nos entendamos, va de campaña en campaña, de Free al NO y del NO a "Bellas y audaces" (una mugrosilla-pero-popular teleserie de los '80s en Chile, para mis lectores extranjeros), asumiendo cada una de ellas como un producto publicitario más. Incluso hasta el discurso de apertura es siempre el mismo. La campaña se dirige a un Chile que en realidad no está rabioso ni revolviéndose contra la dictadura, sino que la acepta con una resignación casi pastoral, porque como lo ejemplifica la escena con una doméstica a la que le preguntan por qué va a votar que SI, es cierto que hay muertos y detenidos desaparecidos, pero ella está bien, tiene su trabajito, y su hijo va a la universidad, así es que todo el resto puede irse al demonio. Los rojos que quieren convertir el NO en una campaña del terror por su parte son un grupo de retrógrados que están convencidos de ser la divina justicia, y aceptan una campaña fresca y novedosa que no esté basada en convertir a Pinochet en un personaje de terror por pragmatismo y a regañadientes (magistral la escena en que uno de los susodichos se levanta de su asiento e increpa la liviandad de la campaña como una falta de respeto a los combatientes que han caído luchando contra la dictadura... lo que es una verdad a medias, pero también es de una ceguera manifiesta y una incapacidad de conectar con lo que los cientistas políticos llaman ampulosamente "el Chile real", y eso por no hablar de la medio-señora del prota que mira la campaña con desdén porque "sólo van a ayudar a legitimar al viejo, hay que ir a la lucha armada compañero"). El otro lado no es retratado de mejor manera: ven la campaña como un trámite molesto pero necesario, no le ponen ningún esfuerzo al tema porque es carrera ganada (según ellos, y ya ven), y demuestran a cada paso el desprecio absoluto que sienten por la generalidad de Chile, creyéndose unos iluminados con derecho a hacer lo que se les antoja, alcanzando su desprecio patronal no sólo a los marxistas, sino incluso a sus propios empleados (de antología es la escena en que después de acabada la campaña del SI los jerifaltes se reúnen para celebrar, pero a ninguno parece ocurrírsele invitar nada menos que al jefe de la campaña publicitaria que se ha descrestado por la causa, porque bueno... es un empleado y punto, no es "uno de nosotros"). Dentro de este contexto, la victoria final del NO tiene un regusto amargo: no han ganado los buenos, sino la opción menos peor. Cambiará el sistema político, habrá democracia, pero después de la saludable explosión de alegría después de 17 años de andarse gachito y quietecito, la vida del común de la gente seguirá más o menos igual. Nuestro heroico publicista saldrá de la campaña del NO únicamente para ir a otra campaña distinta, sin que haber sido el principal inspirador de la misma le sirva para nada más que una marquita en el currículum. La crítica de esta peli es bastante evidente: vivimos en un Chile 2012 en donde las cosas siguen siendo igual que en la dictadura, con un grupo de apatronados haciendo lo que se les antoja y un grueso de la población a quien eso le importa poco o nada porque, bueno, al menos hay plata en el bolsillo para comprar el pan diario. La victoria del NO de ninguna manera representa el paso hacia un Chile diferente, y toda la campaña publicitaria del NO acerca de que "la alegría ya viene" resultó tan falaz como cuando te venden cigarrillos con la promesa subliminal de que eso te hará más sexy y tendrás minas con silicona y bikini a bordo de un yate. Eso, esta peli lo retrata la mar de bien.

-- La peli basa su reciedumbre en un guión acerado y cargado de detalles. Esos socialistas de champaña hablando por "el pueblo" mientras hacen un asado en una cabaña a orillas del mar y con una sirvienta... Esa intervención de un coronel de la República para sacar a una subversiva de la cárcel porque, bueno, hubo una llamada telefónica de por medio y el coronel andaba de buen humor ese día... Ese contraste entre el final de la campaña del NO con un montón de gente reunida en plan amistoso, versus el final de la campaña del SI con su jefe de campaña con las luces apagadas y sin más compañía que un conserje silbando anodinamente la canción del NO... Esa secuencia de miedo en que los ágiles de la CNI siembran el pánico... Esos cameos (Patricio Bañados. ¡Patricio Aylwin!). El guión por supuesto que incurre en las idealizaciones, dramatizaciones y simplificaciones propias de toda recreación histórica en el cine que se precie de tal. Así, buena parte del contexto histórico de esta peli es arrojado por la borda. No una mala cosa necesariamente: un extranjero puede perfectamente ver esta peli sin estarse perdiendo de nada por desconocer mayores detalles de la historia del pinochetismo (y si no, las brevísimas guías de este comentario y del mencionado posteo de Siglos Curiosos deberían ayudarle, claro, ehm). Este guión es una rara perla dentro del cine chileno, uno en donde cada escena cuenta, cada diálogo es significativo, y en donde absolutamente nada sobra. Ojalá más guionistas chilenos fueran así de buenos.

-- La reconstrucción histórica es espectacular. Viendo esta peli diera la idea de que en verdad estamos inmersos en 1988. Desde la fotografía media amarillenta hasta las locaciones, el vestuario y los objetos físicos, todo remite a esa época. Si hay gazapos (y en esta clase de pelis siempre los hay), no me di cuenta. Lo que a veces saca un poco de ambiente es el montaje, a base de la socorrida cámara en mano y cortando los diálogos en mitad de líneas o de réplica porque, vamos, Pablo Larraín es un artista, claro, no le vamos a pedir que monte de esa manera clásica que remite al Hollywood de la edad dorada porque eso es demasiado comercial, ¿no? (Pero descuiden: el director que otrora nos hizo padecer "Fuga" es ahora un hombre nuevo, y aprendió a dirigir por el camino). Pero son minucias. Lo importante es que es un 1988 que se siente 1988. Y punto.

-- El trabajo de los actores es magistral. Gael García Bernal está más que bien como el prota, un tipo más o menos anodino, con algunas tímidas inclinaciones culturetas, y una vida familiar medio a pedazos. Alfredo Castro, el simbionte de Pablo Larraín (vamos, ha actuado en cuatro de cuatro, si ya parecen siameses), está notable como el jefe del prota, arribista y estirado, que a su vez se aboca a la campaña del SI: aunque es un "villano", es probablemente el tipo de convicciones más sinceras en la peli, además de que cuando su subordinado está en la hora de la necesidad, acude solícito a ayudarle. Antonia Zegers saca bien su rol de comunacha histérica. Y el otro que se roba cada una de sus apariciones es Jaime Vadell regresando de entre los muertos para interpretar a Sergio Fernández, el temible ministro del Interior de Augusto Pinochet, con un talante afablemente maligno que hasta infunde su poco de miedo y todo (tiene algo de gracia que este Jaime Vadell haya sido un abogado progreta metido a soldado en "Caliche sangriento"... vueltas del cine).

IDEAL PARA: En lo particular, ver una interesante crónica y crítica de la transición chilena a la democracia, y en lo general, otra demostración de que la Historia cuando está transcurriendo tiene mucho de mezquindad y después cuando se rememora tiene mucho de mistificación.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en español].

domingo, 17 de octubre de 2010

"Los indestructibles" (2010).


-- "The Expendables" (título original en inglés), "Los mercenarios" (título en España). Estados Unidos. Año 2010.
-- Dirección: Sylvester Stallone.
-- Actuación: Sylvester Stallone, Jason Statham, Jet Li, Dolph Lundgren, Eric Roberts, Randy Couture, Steve Austin, David Zayas, Giselle Itié, Charisma Carpenter, Gary Daniels, Terry Crews, Mickey Rourke, Amin Joseph, Senyo Amoaku.
-- Guión: Dave Callaham y Sylvester Stallone, basados en una historia del primero.
-- Banda Sonora: Brian Tyler.

-- "Los indestructibles" en IMDb.
-- "Los indestructibles" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Aguas territoriales de Somalía, allí donde manda el gobierno de Somalía (o sea los piratas, no sean ingenuos, si ya saben cómo están las cosas allá). A bordo de un barco carguero de esto-o-aquello, un grupo de piratas genéricos (negros que hablan un inglés desastroso incluso para nuestro no demasiado acostumbrado sistema auditivo en español) mantienen como rehenes a los tripulantes. Y con su inglés de primer grado, hablan acerca de que la compañía ha abandonado a sus trabajadores en vez de pagar rescate, y por eso los van a ejecutar. ¿¿¿EN SERIOOOOOO...??? No, porque si usted tiene un problema, necesita ayuda, y puede localizarlos, tal vez pueda contratar a... ¡¡¡LOS INDESTRUCTIBLES!!! (insértese música de ya-saben-ustedes-quiénes aquí). Resulta que los Indestructibles entran y dejan la de Θεός es Χριστός, todos los piratas genéricos muertos, y suponemos que los rehenes rescatados de... bueno... alguna manera... bajo la lluvia de balas y cuchillos... en fin, el caso es que además vemos a uno de los indestructibles volverse loco por la sed de sangre, y liarse con sus compañeros, razón por la cual los otros indestructibles lo van a echar, yo no sé por qué, porque si son indestructibles entonces no se pueden destruir, a no ser que sean como los diamantes que sólo se pueden cortar con otro diamante... pero estoy divagando, volvamos a la peli. El caso es que después de ver al buenazo de Jason Statham siendo adornado con una linda cornamenta por la buenorra de Charisma Carpenter (sí, nuestra cheerleader favorita hasta Hayden Panettiere), nada mejor que una misión para desintoxicarse de esos horribles efluvios hormonales llamados "amor" (nadie dijo que ésta no era una peli misógina, ¿eh?). La misión en este caso se la proporciona un tal Mr. Church (cameo de Bruce Willis), lo que además sirve para una escena en que Arnold Schwarzenegger aparece de manera completamente gratuita (la persona que la vio conmigo en el cine salió preguntando de viva voz: y después Arnold no aparece más, no lo vi, ¿en dónde apareció después?, y la respuesta es que en ninguna parte porque es un cameo gratuito, pues eso). En fin, el caso es que Bruce Willis envía a los indestructibles a la misión: infiltrarse en Vilena y eliminar al dictador de turno, con un apellido tan folclóricamente español como Garza. El resto, bueno... si crecieron viendo pelis de Chuck Norris, entonces no necesitan que les haga un mapa.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

El filósofo alemán Friedrich Nietzsche, en una de sus habituales borracheras místicas zaratustrianas, esta vez en lo alto de los Alpes, tuvo una fantasmagórica y terrorífica visión: el eterno retorno, todo vuelve, todo es cíclico, no puedes escapar de la rueda del destino. Rayos, y yo que quería ser playboy lleno de mujeres y alcohol en mi siguiente vida. En fin, el caso es que Nietzsche se habría encontrado toda la razón de ver "Los indestructibles" (el risible título que le pusieron en Latinoamérica a una peli que en España tampoco tradujeron muy bien, pero al menos es más ajustado el título, "Los mercenarios", porque el original "The Expendables" literalmente sería "Los prescindibles"). Retrocedamos en el túnel del tiempo hasta los cardadosos y hombrerescos '80s, y recordemos todo ese cine de acción carne-de-videoclub que salió por esos años. Recordemos las pelis de Arnold Schwarzenegger, las que dirigió John McTiernan, las que produjo la Cannon... En los '90s, la mayor parte de los duros favoritos de ese tiempo desaparecieron más o menos de escena: se dedicaron a la política (Schwarzenegger), trataron de incursionar en la comedia (Stallone), tuvieron que bancarse que su neumática esposa los cambiara por un bebé mitad de su edad (Willis), acabaron produciendo serie B como spam viral (Seagal), acabaron hundidos en telefilmes horripilantes (Lundgren), acabaron medio parodiándose a sí mismos (Van Damme), o peor aún, salieron del closet y se hicieron reborn christians (Norris). En los 2000s hubo quienes trataron de retomar el alegre legado de muertes, asesinatos, disparos, cuchilladas, decapitaciones, empalamientos, evisceraciones, etcétera, como por ejemplo La Roca, pero el único que logró algún éxito en ello fue Jason Statham ("El Transportador" y secuelas, principalmente), y no por nada, Statham está sentado como segundo acreditado al lado de nada menos que el Dios Stallone. ¿Qué hacer entonces con estos vejetes en paro, cómo arreglárselas para que masquen algo más que el chorizo que se compran con el anémico seguro social? Sylvester Stallone dio con la clave: ¡hagamos un revival triunfal! Después de todo, el asunto funciona para los superhéroes (Liga de la Justicia, Los Vengadores), y además, los '80s están de moda. La peli "Rambo: Regreso al infierno" probó sin lugar a dudas que había espacio para el cine de carnaza ochentera, en contra de ese horrible cine de acción hiperestilizada en donde importa cualquier cosa menos la violencia bruta (la terrorífica herencia del bullet-time de "Matrix"). En muchos sentidos, la Trilogía de Bourne y el díptico jamesbondesco "Casino Royale" y "Quantum of Solace" se apegaron a la moda "24" que a su vez era un refrito de los temas y preocupaciones propios de las pelis ochenteras de Chuck Norris (incluso hasta la cámara en tonos sepia es reminiscente de las escenas desérticas de "Fuerza Delta"). Era una jugada al todo o nada, pero la capacidad de convocatoria de Sylvester Stallone hizo el milagro: la peli costó 80 millones y recaudó más de 240. ¿Alguien duda que habrá un "Indestructibles 2" con estas cifras? ¿Alguien duda que los duros ochenteros que se quedaron afuera para esta pasada, esta vez no se sumarán en masa ante la movida? ¡Compra tu entrada y ayuda a financiar el almuerzo de un geriátrico medio atontado por los golpes de las pelis de su carrera! ¡La sonrisa de estos abuelitos te lo agradecerán!

¿POR QUÉ VERLA?

-- Partamos de entrada diciendo que Sylvester Stallone tiene las cosas claras aquí: no va a rodar GRAN CINE ni una peli para los Oscares, sino una para disfrute de los fanáticos de la carnaza pura y dura. Los que hayan visto "Rambo: Regreso al infierno", también dirigida por Stallone, sabrán a lo que me refiero. Es cierto que las audiencias actuales están más sofisticadas y ya no se sorprenden con tanta facilidad como con la moto que expedía misiles por el culo en "Fuerza Delta", pero Stallone sabe como lidiar con eso también: aumentando exponencial y geométricamente la carnaza. O sea, en "Comando" con Arnold Schwarzenegger veías tipos acuchillados y ametrallados en vivo y en directo, mientras que acá ves tipos descerrajados, acribillados, aplastados, decapitados, destripados, des-estooaquello, quemados vivos, etcétera. En lo otro veías la sangre fluir, mientras que acá ves saltar los pedacitos de carne por la metralla y las cabezas explotar en medio de una masa de sangre y sesos (bueno, no tan gráfico, está rodado de noche, probablemente para que el CGI no cante tanto, pero se ve igual). ¿La historia, qué tal? ¿Qué historia...? Tenemos al equipo de los buenos que son los buenos porque, bueno, son los buenos, alguien tenía que serlo, y tenemos al equipo de los malos, y la cosa va de que los buenos se meten a la guarida de los malos y los hacen parir sin anestesia. La historia es predecible vuelta de tuerca tras vuelta de tuerca, pero no importa, porque es bastante transparente que está ahí para lo que verdaderamente importa, o sea, las escenas de acción. ¿Y están buenas? Sí, si lo están. Stallone se ha confirmado en los últimos años como un buen director (mejor director que actor, de hecho), hizo un trabajo fino con "Rocky Balboa" y con "Rambo: Regreso al infierno", y acá confirma lo mismo. ¿La receta Stallone? Tener la historia clara y contarla de manera también clara, sin manierismos ni dárselas de esto o aquello, pero tampoco sin descuidar la bonita fotografía ni hacerle asquitos a lo bueno (fundamentalmente la violencia, porque en el sexo la peli es bastante pacata, así es que olvídense de ver algo como esas fotitos que se tomó Charisma Carpenter para Playboy años atrás). Sumémosle también un par de actuaciones inesperadamente buenas (Mickey Rourke en uno de sus días buenos, después de merendarse al resto del elenco de "Iron Man 2", atención a su monólogo sobre Bosnia, y Dolph Lundgren como el indestructible renegado, en un rol hecho casi como un guiño a que él fue el malvado Ivan Drago que casi le puso las bolas cuadradas a Rocky Balboa en "Rocky IV", casualmente también dirigida y protagonizada por Stallone), y ya estamos. La peli consigue así ese delicado equilibrio entre prometer relativamente poco, pero cumplir con lo que promete. Los "amantes del buen cine" saldrán defraudados de aquí, pero los fanáticos de la casquería ochentera estarán más o menos de plácemes. Quizás lo más decepcionante sea, curiosamente, el hype de ver a todos los veteranos juntos (en realidad de los viejos el que se luce es Stallone, porque Jet Li y Jason Statham son "the next generation", Lundgren se pasa a los malos, y Willis y Schwarzenegger sólo hacen cameos), porque a la hora de la verdad si entre todos no paran una explosión atómica con sus manos desnudas o poco menos, uno como espectador sale diciendo que vaya chorra, qué mierda de peli ésta, pero bueno, se hace lo que se puede con lo que se tiene. A sabiendas de que la peli iba a ser "una serie B de alto presupuesto" (contradictio in terminis, pero bueno), servidor quien esto escribe se la pasó pipa viéndola, y ya se está inscribiendo para "Los indestructibles 2" cuando la rueden.

IDEAL PARA: Nostálgicos de las pelis parafascistas de acción de los '80s.

OTRAS PÁGINAS SOBRE "LOS INDESTRUCTIBLES":

-- "'The Expendables' de Sylvester Stallone" en Bilistorias.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, subtítulos en español].

jueves, 7 de octubre de 2010

"El juego de Arcibel" (2003).


-- "El juego de Arcibel". Argentina. Año 2003.
-- Dirección: Alberto Lecchi.
-- Actuación: Darío Grandinetti, Diego Torres, Juan Echanove, Juan Diego, Rebecca Cobos, Vladimir Cruz, Enrique Quiñones, Alejandro Trejo, Gabriel Rovito, Vando Villamil, Lourdes Abalo, Paola Falcone, Carmen Disa Gutierrez, Oscar Di Sisto, Juan J. Masramon.
-- Guión: Daniel García Molt y Alberto Lecchi.
-- Banda Sonora: Iván Wyszogrod.

-- "El juego de Arcibel" en su sitio oficial.
-- "El juego de Arcibel" en IMDb.
-- "El juego de Arcibel" en la Wikipedia en español.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Miranda. No, no se trata de esa infrabanda argentina, sino de una república existente... bueno, en alguna parte de Latinoamérica, busquen por ahí y ya lo encontrarán sobre el mapa (sí, sé que no lo van a hacer muchos de ustedes, pero me gustaría ver cuantos tarados escupidos por nuestro asténico sistema educacional van a pensar que la joda va en serio y se van a poner a guglear dónde demonios está Miranda para después dárselas seduciendo damiselas tan tontas como ellos). ¿En qué estaba? Ah, sí. Miranda. Un paisito latinoamericano, trasnochado como todos los paisitos latinoamericanos, sometidos a los vaivenes de la política internacional, Big Stick incluido suponemos, en que gobierna en gloria y majestad una de esas figuras que la publicidad califica de "Padre de la Patria", y que la gente cuerda solemos llamar dictadores a poca honra (en voz baja, no sea que nos escuchen, claro). Nuestro prota, Arcibel Alegría, trabaja en un periódico y escribe columnas sobre ese interesante criacaracoles que es el ajedrez. Un par de tonteritas (que el artículo va a dar a la sección política con una fotito del dictador, y que además está escrito de manera florida y pretenciosa porque nuestro Arcibel es un cultureta y por lo tanto lo dicho sobre un vulgar y carca encuentro de ajedrez puede interpretarse como un ataque contra Nuestro Amado Padre De La Patria) le valen pasar una temporada tras las rejas como preso político, después de que van a buscarlo en mitad de la noche, y tortura no porque esta peli trata de mantener en todo rato el tonillo amable. El caso es que el pobre tipo trata de habituarse como puede a la vida dentro de la prisión, mientras los años pasan y pasan, y su hija de dos años ahora está convertida en una bombonaza neumática que hasta dan ganas de salirse de la cárcel para pegarle un tiro a todas las pirañas que quieran merendársela (a mí no me miren, yo soy gato, no piraña). En fin, el caso es que por abecé motivos, hay elecciones, no diré democráticas sino "democráticas", así con el entrecomillado para que se entienda, y gana... ¡el dictador que estaba gobernando! Porque éste corre acompañado y gana, no como otro que corre solo y sale segundo. El caso es que como ahora hay democracia, le dan el indulto a todos los presos políticos, pero, ¡sorpresa!, un error burrocrático en alguna parte mantiene a Arcibel metido adentro, porque ahora es un preso común (o peor aún, ni siquiera existe). Ahora, Arcibel tendrá que convivir con los presos comunes, sin imaginarse que su pasión por el ajedrez y los juegos en general, lo pondrán dentro de poco en el vértice de una revolución que podrían acabar derrocando años de dictadura...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

El dictador. Ojalá de bigotes Pancho Villa, lentes oscuros y gracioso gorrito verde. Figura emblemática de Latinoamérica como no hay otra. Piénsenlo. En las naciones civilizadas, esas cosas no se ven. Claro, hay Presidentes de Estados Unidos como Richard Nixon o George W. Bush que son unos mierdas y tales, pero nada que la prohibición de reelecciones indefinidas o un impíchimen bien introducido entre cachete y cachete no puedan arreglar. Y en Europa, cuando piensas en dictadores, piensas en tipos a lo grande, con enormes paradas militares en amplios bosques con niebla teutónica, con lienzos gigantescos destinados al récord Guinness, y con música wagneriana de fondo (Hitler, Stalin...). En Latinoamérica, las cosas son un poco más bananeras. Tipos pequeños (incluso Fidel Castro no se ve muy amenazante con su puro), con unos miliquitos todos cobrizos tratando de hacer como que mantienen el paso, entre unas palmeritas sí y unos cocoteros también, con unos palacios de arquitectura confusa que oscilan entre el españolismo siglo XIX y el afrancesamiento cutre, ambos igualmente fuera de lugar en Latinoamérica. Pero qué puedes esperar cuando en Estados Unidos tienes a Charles Chaplin cagándose en Hitler en "El gran dictador" y en Latinoamérica apenas da para el sufrido Cantinflas de "El embajador", si es por comparar políticos en el cine. O en Estados Unidos tienes al cabrón de Gregory Itzin repartiendo mala leche en "24", mientras que en Chile tienes al tablón Cristián Campos haciendo de congresista en "Top Secret" (¡qué! ¿ustedes tampoco vieron esa teleserie? Créanme que pueden vivir con eso...). En Estados Unidos sería imposible rodar una peli en donde un pobre diablo que lo único que sabe hacer bien es jugar y crear juegos, acabe por tumbarse a la Presidencia. En Latinoamérica no sólo es posible (ésta es la peli), sino que además sale hasta creíble y todo.

¿POR QUÉ VERLA?

-- La verdad es que la premisa de la peli puede parecer una tontería, pero realmente no lo es tanto. Claro, uno puede preguntarse qué carajo tiene el famoso juego de Arcibel que es tan poderoso, que puede derrocar a una dictadura bananera y todo. Pero la explicación es bastante lógica (((SPOILER DE LA SEGUNDA MITAD DE LA PELI A PARTIR DE ACÁ. SI NO QUIERES SABER DE QUÉ VA LA COSA, SÁLTATE AL SIGUIENTE PÁRRAFO ENSEGUIDA YA))). ¿Ya, listo? ¿Saltaron? ¿Están todos los que tienen que estar? Bien, seguimos. Decía que el juego en realidad no es más que un puñetero wargame de toda la vida. Tal cual. O sea, una versión más refinada del Diplomacia o el Risk. Eso es todo. Pero es bastante lógica la idea de que se juegue un wargame cuyo tablero es nada menos que Miranda, y que eso le sirva de entrenamiento al revolucionario para ir de verdad a por el dictador. No por nada, también en West Point se juegan wargames sobre tablero para que los nenes destinados a patear irakíes/afganos puedan irse entrenando un poco sobre tácticas y estrategia (nivel Harpoon y similares, claro). Además, el ajedrez con toda su abstracción, en sus puros y más concretos inicios era en efecto un wargame (las torres eran elefantes, los alfiles eran arqueros, los caballos eran... bueno, caballos). Y el go también es un juego militar, y no en balde los japoneses lo jugaban entre kamikaze y kamikaze para pulirse. Claro, así dicho la peli como que no tiene mucha gracia. Pero claro, si nos abstraemos de la desilusión de que esperábamos un juego, no sé, casi borgiano, por decirlo así, lo que tenemos es una estupenda peli de preparación. Porque el revolucionario tiene el espíritu y el ánimo, pero no tiene la preparación. Es el tipo que inventa y juega juegos, y por lo tanto piensa en términos de reglas y causas y efectos, el que sabe cómo se deben hacer las cosas para obtener determinados resultados. De hecho, y aprovecho esto ya que estamos en la zona de spoilers masivos, parte importante de por qué los milicos al final pierden la guerra civil y son derrocados, es porque son incapaces de comprender el juego de Arcibel. Es decir, lo ven como un simple juego que no tiene aplicación práctica en la realidad, en vez de aprovecharlo para entrenarse y entender cómo diablos piensa su enemigo para finalmente tumbarlo. Y mira que tenían posibilidades de hacerlo (en una escena, Arcibel le enseña al revolucionario que el dictador no necesita perseguirlo a su campamento, sino que le basta con rodearlo y dejar que se muera de hambre, coyuntura que el revolucionario no había contemplado). Quizás la moraleja de la peli sea una idea inquietante: Latinoamérica está plagada de dictadores no tanto por los dictadores mismos, sino por la estupidez general de sus habitantes a quienes el noble arte de jugar un juego como que se les hace algo tontorrón. Así nos va como continente.

-- La peli tiene un no sé qué, que podríamos definirlo como "borgiano". Borges le dedicó algunos poemas y cosas al ajedrez y a cómo el ajedrez era un reflejo de la vida y blablablá. Claro, Borges es terriblemente abstracto y no es un autor por lo mismo que sea fácil de llevar al cine, pero bien podemos ver "El juego de Arcibel" como una adaptación bastarda de Borges, no de una obra en particular sino de sus conceptos. Tenemos la idea de la realidad contra la ficción (porque después de todo "es sólo un juego", ¿verdad?), incluso de la ficción entrometiéndose en la realidad, muy en consonancia con el espíritu de "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" por ejemplo. Tenemos la idea de cómo los acontecimientos se van enmarañando hasta producir su inevitable resultado, como la serpiente que se muerde la cola (si los milicos no hubieran metido preso a Arcibel por un error, jamás habría pasado el resto). Y en particular está el concepto de la vida como juego y de las personas como jugadores. La peli no pretende ser un homenaje a Borges (no hay ninguna alusión a su obra, como no sea el planteamiento general, y uno hubiera esperado más guiños si se tratara de eso), pero aún así, es una premisa interesante.

-- El nivel de realización es bueno. El haber mezclado actores de diversas etnias y nacionalidades (el prota es argentino, así como el revolucionario, interpretado de manera inesperadamente buena por el carilindo Diego Torres), pero varios secundarios son chilenos, incluyendo al milico Alejandro Trejo y a una de las putitas... pensándolo bien, qué habrán querido decir... y también hay de otras nacionalidades, así como haber rodado en muchos lugares diferentes, le confiere a Miranda un ambiente que le es único, a la vez amalgama de muchas realidades latinoamericanas con una identidad propia. Las actuaciones también son notables. El guión tiene diálogos estupendos, y las morcillas que deja caer el irónico y estoico Arcibel (Darío Grandinetti, bordando su rol) son para enmarcarlas (aunque a veces la peli se pase un poco de roscas mostrándolo como el tipo siempre con la salida idónea, casi bordeando en el culturetismo). Incluso cosas que podrían haber lastrado a la peli (la falta de escenas de masas, por ejemplo, casi imperdonables en una peli que va de guerra civil) son transformadas de defecto en virtud, sorteándolas con habilidad centrándose en otras cosas y dejando la faena de referir esas cosas al diálogo entre personajes. Y si piensan que eso es hacer trampa, sepan que lo hizo nada menos que el gran Esquilo en "Los persas" para ahorrarse la escenificación de la Batalla de Salamina, y ya ven... En ese sentido, no hay nada que temer de que sea una peli latinoamericana que debiera ser sangrada en una eventual "No es otra tonta película latinocultureta más".

IDEAL PARA: Ver una historia interesante y poco escenificada, dirigida y realizada de manera brillante.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en español].



-- Inicio de la peli [en español].

domingo, 17 de mayo de 2009

"El diario de Agustín" (2008).


-- "El diario de Agustín". Chile. Año 2008.
-- Dirección: Ignacio Agüero.
-- Actuación: Un equipo de tesistas de Periodismo en un flanco vs. un equipo de periodistas veteranos trabajando para el más poderoso medio editorial de Chile en el otro.
-- Guión: Ignacio Agüero y Fernando Villagrán.
-- Banda Sonora: Giorgio Varas y Cristián López.

-- "El diario de Agustín": su sitio oficial en Internet.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Año 1957. El diario "El Mercurio" cumple 130 años siendo el decano de la prensa nacional chilena, el diario de mayor credibilidad y con mayor poder de convocatoria en la historia patria de Chile. Año 1974: la Honorable Junta de Gobierno, encabezada por Su Excelencia don Augusto Pinochet Ugarte, saluda al Mercurio en un nuevo aniversario. Año 2008: Un grupo de tesistas luchando por titularse como periodistas, empiezan a investigar el pasado de El Mercurio. Uno que principió en 1967, cuando acusó a los miembros de un movimiento universitario que pedía la renuncia de su rector, de ser todos comunistas y pekineses, y que creó en respuesta el inmortal eslogan: "El Mercurio miente". Uno que siguió en 1971, cuando Allende llegó al poder, y que, según documentos desclasificados por la CIA, su director Agustín Edwards viajó a Estados Unidos a suplic... perdón, a mendig... ehm, no estoy en vena hoy día. Vamos de nuevo. Viajó a Estados Unidos a solicitar que si Henry Kissinger y Richard Nixon fueran tan amables de soltarles unos fajitos de esos verdes que son cobrables contra la Reserva Federal del Tío Sam, por aquello de ayudar a derrocar al gobierno marxista de Salvador Allende (es lo que tiene la voluntad del pueblo, que a veces usan esa voluntad para votar por quien no se supone que deban hacerlo, los muy inconscientes). Y que continuó en 1973, cuando alegremente el Mercurio publicó un inserto en primera plana llamando a la ciudadanía a entregar a compatriotas suyos, con nombre, apellido y foto. O siguió en 1974, auspiciando la Operación Colombo para mostrar que los miristas eran tan malvados, que de pura rabia emponzoñada porque se les había ido el régimen marxista en Chile, se mataban entre ellos a tiros, como villanos de opereta televisiva (alguien en la DINACOS sufría de sobredosis del Batman sesentero, parece). O cuando en 1987, cuando Juan Pablo II visitó a Chile, el Mercurio aprovechó de cargarle la mano por algunos desmanes nunca bien aclarados, a dos tipos que ni estaban ahí ese día siquiera. O en 1991, cuando, después de haber creado una serie de montajes mediáticos sobre secuestros y desapariciones auspiciadas por la dictadura militar, Agustín Edwards debe sufrir en carne propia el secuestro de su propio hijo...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Quizás el punto más álgido en la historia del Periodismo fue aquel momento que retrata la peli "Todos los hombres del Presidente", basada en los reporteros que haciendo su poca de gasfitería en el hotel Watergate dieron con un intrincado laberinto de conspiraciones y contraconspiraciones hasta alcanzar nada menos que a la Casa Blanca y derribar al (corrupto) Presidente de los Estados Unidos, míster Richard Nixon. Pero después del incidente, las grandes corporaciones aprendieron la lección: CONTROL THE PRESS!!! La Guerra de Irak (1991), y la Segunda Guerra de Irak (desde 2003, hasta que el níspero dé lechones) fueron espectáculos mediáticos orquestados a ritmo de mambo por la CNN y el imperio Turner. De esta manera, el complejo militar-industrial ha conquistado a toda la prensa y la ha sometido bajo su férrea férula. ¿Toda? ¡No! Porque un grupo de irreductibles galos... periodistas jóvenes, perdón, se niegan a rendir pleitesía, y siguen en aquello de buscar la verdad, que para eso supone que eran periodistas en primer lugar. En Chile siempre hubo una tradición periodística muy fuerte, e incluso se permitía prensa violentamente antisistémica como "El padre Cobos", cuyo anticlericalismo en pleno XIX dejaba como niñatos de pecho a los modernos "rebeldes" de "The Clinic". Pero a partir del 12 de Septiembre de 1973 hubo un misterioso parón en la prensa de izquierda, que vaya uno a saber por qué todos se pusieron de acuerdo para no publicar nada más, y en los siguientes años, salvo por algunos nichitos por aquí y por allá (el "Fortín Mapocho", "La Epoca" en época más tardía, revistas como "Cauce", "Análisis" o "APSI"...), el grueso de la prensa se concentró en dos grandes conglomerados: COPESA ("La Tercera", "La Cuarta"...) como representante de la prensa derechista dizqueliberalistoide, y el Mercurio ("El Mercurio", "La Segunda", "Las Ultimas Noticias") como representante de la prensa derechista de tradición más conservadora y autocrática (¿notan como en el duopolio no hay nadie que sea del centro hacia "el otro lado"...?). En todo este contexto, la pregunta que cae de cajón es, ¿dónde demonios estaba la prensa durante la dictadura militar? Bueno, la gran excusa es que no se podía publicar cualquier cosa, que venían informaciones desde DINACOS (Dirección Nacional de Comunicación Social, el apparachitnik creado por la dictadura militar para practicar el goebbelsianismo con sabor a vino tinto y empanadas), que no había como contrastar las informaciones... Pero como apunta la periodista Raquel Correa para el documental: si el Mercurio hubiera denunciado ciertas cositas que ocurrían en dictadura, habría sido un gran aporte por su influencia y peso, ya que "¿se imaginan el escándalo internacional si hubieran cerrado el Mercurio?". Pero como decía, el espíritu contrawatergate todavía planea sobre las aguas, y he aquí que un grupo de valientes tesistas en busca de su título de periodistas, se atrevió a hurgar en el pasado, a estudiar cómo empezó el eslogan "el Mercurio miente", y entrevistó a cuanto Cristo se le puso a tiro, desde la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos hasta las más altas cúpulas jerárquicas del Mercurio (bueno, las que accedieron, claro está). Desde el propio Mercurio hubo guerra para detener aquello: primero disputaron el dominio eldiariodeagustin.cl tratando de apoderárselo ellos (la maniobra no resultó, por cierto, porque el fallo arbitral les fue adverso), y luego sometieron a la peli a una sistemática campaña de silencio, no refiriéndose a ella ni por casualidad... gastándose en el proceso las rodillas implorándoles servilmente a sus cordiales enemigos de COPESA que hicieran otro tanto (bueno, no tan guatecallo, pero es que si lo escribo en esos términos suena más novelesco, ¿vale?). Ya sabemos: habrá rivalidad por copar el mercado, pero si le pasa a uno, quizás el día de mañana le pase al otro, y siempre hay que enterrar el hacha de batalla si viene una batalla externa aún mayor... El resultado: 80 minutos de viaje a través de la más gigantesca manipulación mediática que se haya acreditado la prensa a lo largo de toda la historia republicana chilena.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Es un documental serio, riguroso y en toda regla. No hay voces en off que nos informen de nada, sólo algunos subtítulos (los justos y necesarios), además de portadas, portadas, portadas y más portadas del Mercurio para ilustrar los distintos puntos de la trama (aparece, por supuesto, el clásico titular "EXTERMINADOS COMO RATONES", de cuando dijeron que los miristas estaban tan envenenados con su propia ira que se mataban entre ellos de rabia por haber fracasado en llevar el extremismo a Chile, como escorpiones clavándose la propia cola o poco menos). El resto son imágenes de archivo desde 1967 hasta 1991, además de imágenes de los propios tesistas haciendo lo suyo. Y entrevistas. Toneladas de entrevistas. A parientes de detenidos desaparecidos. A jerifaltes del Mercurio. A otros periodistas que estaban en activo aquellos años. A jueces. A historiadores. A funcionarios de la dictadura militar. (Por cierto, los que están del lado "de allá", casi todos dijeron que bueno, sí hubo algunos excesos, pasaban cosas, se decía que no todo era tan limpio... ¡pero a mí no me miren, yo no sabía nada, yo no era responsable, todo eso pasaba por manos que no eran las mías!). A lo largo de sus 80 concentradísimos minutos, la peli va siguiendo como con escalpelo, con frialdad de cirujano, las mil y una mentiras que el Mercurio contribuyó a propagar para tapar la bolsa de gatos que estaban dejando los servicios de inteligencia del régimen militar en Chile. Tiene escenas muy reveladoras, incluyendo la opinión de cierto funcionario del régimen militar justificando abiertamente que se matara gente porque, después de todo, eran comunistas, y que si le preguntaban la opinión, en realidad habían matado a demasiado pocos. O la rabieta de cierto alto funcionario del Mercurio cuando descubrió que la entrevista no pretendía ser una apología complaciente al "decano de la prensa chilena". No hay en ningún minuto alardes de individualismo por parte de los realizadores, y salvando un soundtrack que a ratos trata de crear un efecto tétrico, y que en realidad salía sobrando, en realidad lo siniestro de la peli sale de las realidades que va sacando a la luz. No es nada que una persona medianamente enterada que lea la prensa con cierta asiduidad, ignorara de antes, vale, pero esta peli tiene la virtud de condensar todo eso, y aderezarlo con entrevistas de un espectro tan amplio, que es imposible decir que presente una visión sesgada de los hechos. Muchas de las frases pronunciadas por los entrevistados están para citarlas en cualquier investigación sobre el tema, al igual que un testimonio personal impreso sobre un libro. En resumen, se acepten o rechacen las tesis presentadas acá, es imposible siquiera empezar a debatir sobre el tema sin haber visto esta peli y lo que sus 80 minutos entregan para exponer, y cualquier investigación subsiguiente que aspire a explicar este período, deberá por fuerza en algún minuto u otro referirse a ella. Esto sí que es reflejar el período histórico, y no dramas blandengues como "Matar a todos" o similares. Pocas pelis logran ser así de indispensables.

IDEAL PARA: Tener un sumario de cómo funcionó el goebbelsianismo en la prensa derechista durante una dictadura derechista.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en español].



-- Comienzo de la peli [en español].



domingo, 21 de septiembre de 2008

"Matar a todos" (2007).


-- "Matar a todos". Argentina / Chile / Alemania / Uruguay. Año 2007.
-- Dirección: Esteban Schroeder.
-- Actuación: Roxana Blanco, Jorge Bolani, Claudio Arredondo, Walter Reyno, Cesar Troncoso, Patricio Contreras, Dario Grandinetti, Maria Izquierdo, Juan Bonaudi, Guillermo Caraballo, Arturo Fleitas, Alma Claudio, Gabriel Ferreira, Walter Etchandy, Laura Baranzano, Alejandro Paz, Graciela Gelos, Martin Bellocq, Claudia Conti, Fabian Leoni.
-- Guión: Daniel Henríquez, Alejandra Marino, Pablo Vierci.
-- Banda Sonora: Martín Pavlovsky.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Un cartel al inicio de la peli nos pone en ambiente: durante los '70s hubo muchas dictaduras en Latinoamérica, que se dieron una ayudita gentil por la espalda a través del Plan Cóndor, una extensa red de sicarios que seguían el principio "yo rasco tu espalda y tú rascas la mía", que si yo mato a uno de tus traidores vendepatrias en mi país, tú haces lo mismo conmigo. Pero llegaron las democracias, y las redes de protección alrededor de los ejecutores, ahora debían asegurar el silencio de esos ejecutores... Con plomo, si es preciso. O sarín. Un par de individuos se desperezan, mientras otro está corriendo a campo traviesa. El par de individuos se mosquea porque "puta la cagá, se nos fue el hu*ón", pero el fugitivo se cree el cuento de que la libertad y la democracia blah blah blah, y ¿a dónde acude? A un cuartel policial, en la República de Uruguay. Nadie más lo vuelve a ver. La denuncia llega de alguna manera hasta una fiscal de Uruguay (parece que era fiscal, ni idea de cómo está constituido el Poder Judicial allá), que como es tradición en el cine IIVVC ("Individuo Idealista Versus Vasta Conspiración"), decide que el caso debe ser investigado sin importar qué tan raro huela. La fiscal tiene una vida marital un tanto ñaj, pero igual hay romance, pero sobre ella pesa la sombra de su familia, un papá milico y un hermano ídem, que "mijita, pa' que revuelve el tarro, mire que no sabe con qué se está metiendo", etcétera. Puro Darth Vader, oiga. Pero la chica es porfiada, porque si no lo fuera renuncia y no hay peli, y sigue adelante con valor y estoicismo. Y empieza a descubrir lo que nosotros ya sabíamos, que existe una red de protección alrededor de gente que se dedica a hacer desaparecer suches de las dictaduras, etcétera. A propósito, ¿mencionamos que el desaparecido es Eugenio Berríos, el chilenito que fabricaba gas sarín on the rocks para el gobierno de Augusto Pinochet...?

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

En 1990 regresó la democracia a Chile, o al menos un sucedáneo liofilizado de la misma. Descontando que en Chile se ven desde 1990 a las mismas figuras políticas sin recambio generacional, que los partidos políticos están agrupados en dos conglomerados que se disputan los escaños (Concertación y Alianza) con los comunistas desbordando por la periferia y reclamando "¡Quiero jugar!", y que se arma un escándalo del demonio porque las FARC mandan E-Mails a los mapuches (¡intervencionismo!) pero nadie dice nada sobre la CIA mandando billetes contantes y sonantes a la prensa chilena para apoyar golpes de estado, podríamos decir que sí, que Chile es una democracia, sin hacer demasiada política ficción. "Cute", la calificarían los gringos (sí, como las minitas tontas en las pelis yankis dicen del chico guapo: "It's cute!", "Oh, it's so... Oh..."). En fin. Ya en los tempranos '90s se compiló y publicó el Informe Rettig, que permitió determinar la extensión de los crímenes cometidos por la DINA y la CNI en contra de la población civil, pero fue recién en 1998, cuando Pinochet fue arrestado en Londres, que los juicios contra militares que se excedieron en sus funciones de protección a la Patria, hasta entonces más bien goteras en el sistema, se convirtieron en un cauce torrentoso e imparable (el "desfile de militares por los tribunales" de que se quejaban los militares en aquellos años). Esta peli se ambienta en un episodio de aquellos años intermedios, en la Era de la Gotera Judicial, en los días previos a la aparición del cadáver de Eugenio Berríos, que como se comprobó después, resulta que era el fabricante de armas químicas de Pinochet, algunas de las cuales pudieron ser utilizadas o no en el asesinato del ex Presidente Eduardo Frei Montalva (a diferencia de David Palmer, Frei Montalva no ha tenido nunca un Jack Bauer que lo vengue). Pobre Berríos, por ser chileno recibió... el pago de Chile.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Estas pelis "con conciencia" tienen su valor agregado por aquello de revolver en las cosas del pasado que no quedan claras, de mantener viva la memoria, etcétera, pero lo que nos ocupa no es tanto si hace buena política o no, como: ¿es una buena peli? Y digámoslo de entrada, a pesar de estar basada o inspirada al menos en un crimen político o semipolítico real, esta peli no es Oliver Stone ni Costa-Gavras, y que nadie espere encontrarse con "JFK" o "Missing" aquí. Ni de lejos. La Operación Cóndor daba de por sí para una gran peli sobre las dictaduras y las conspiraciones secretas, aunque sea por la carga épica de tener a protas viajando, gente de las altas esferas haciendo telefonazos con diálogos misteriosos, escenas de acoso (tipos mirando raro, mascotas muertas... lo típico). Y si no tiene escenas así por un prurito de realismo que evite las convenciones dramáticas ezque-Hollywood, bueno, al menos siempre queda crear atmósfera, tensión dramática, a partir de la claustrofobia de sentirse acechado sobre un volcán, etcétera. Al principio el asunto parte bien, con un tipo perseguido que huele a cadáver de antemano (el Eugenio Berríos que le dicen) y con claras muestras de haber corrupción en el asunto (esa comisaría de policía...). Pero luego aparece el personaje de la fiscal, o lo que sea la chica (que no es tan chica, es madre de familia y todo), y todo empieza a desdibujarse. Vemos un retrato de la familia de la chica y nos decimos "ah, es que están creando ambiente para el asunto", y en particular cuando vemos que el padre militar también está metido en el ajo. Bueno, la chica buena y el padre malo en un bullado caso judicial ya lo habíamos visto en "El proceso final", pero qué diablos, si funciona no lo arregles... Pero resulta que la investigación no avanza, la chica se queda entrampada, para colmo aparece una subtrama totalmente carente de sentido en la que quiere y no quiere con un antiguo pololo con el cuál fueron conjuntamente torturados (el amor todo lo puede...) y con el marido visiblemente mosqueado, por supuesto... En resumen, la primera mitad de la peli es una estupenda preparación para una segunda mitad que nunca llega. Al final (sí, contra mi costumbre voy a reventar el final, así es que ***AQUÍ COMIENZA SPOILER***), como gran cosa, el jefe ordena carpetazo a la investigación con pruebas falsificadas, el Parlamento acoge las pruebas diciendo "Berríos está en Italia", la chica renuncia a la fiscalía después de decirle al jefe "es que vos sos un vendido, sos un hijo de puta", y después la mentira se desmorona porque aparece el cadáver de Eugenio Berríos en la playa. Y fin. ***FIN DEL SPOILER***. ¿Y en medio? Bueno, vimos como el pasado de la dictadura militar se inmiscuye en el presente, por más que tratemos de superarlo no podemos, hay que sanar las heridas... Nada que una buena cantidad de pelis postdictatoriales no nos hayan enseñado antes ("Amnesia" de Gonzalo Justiniano no era una obra maestra, pero trata el tema mucho mejor). Al final daba lo mismo que la peli tomara el caso de Eugenio Berríos, la verdad es que podía haber sido un caso policial de ficción y todo hubiera quedado igual. En "La comedia del poder", Chabrol tuvo al menos la picardía de tomar un caso real, pero ficcionalizarlo su resto para evitar contar la historia de ese caso real y centrarse en lo que le importaba, que era Isabelle Huppert haciendo de pesada como jueza de hierro. Un dato: cuando a mitad de peli encuentras más interesante empezar a mirarle el prominente busto a la prota Roxana Blanco, en medio de un thriller basado en un crimen real, es que algo anda mal (bueno, en Hollywood las eligen bustosas, pero acá se supone que es una peli seria y no un entretenimiento hollywoodense al uso, ¿no?).

-- María Izquierdo. Hace una brevísima aparición (cinco o diez minutos, creo) como una de las cómplices de los asesinos de Berríos, que acaba de ser declarada loca por decreto judicial y por ende no puede decir nada de utilidad. La entrevista devela poco (la peli entera en general devela poco, fuera de que los militares fabricaban gas sarín). Su personaje se llama Mariana Morris, pero es bastante obvio para quien conozca la realidad chilena que se trata de Mariana Callejas (las dos son señoras, las dos tenían sótanos dignos de "Hostal", las dos organizaban tertulias literarias en dictadura...). Mariana Morris está completamente tocada de la cabeza y María Izquierdo se encarga muy bien de transmitir eso. Y de paso se come con patatas al resto del elenco, que no está mal, pero es que bien-bien-bien, lo que se dice bien, tampoco (y no ayuda que casi todos estén en papeles-tipo: el papá pesado-pero-preocupado, el hermano pesado-pero-preocupado, el antiguo amante amigo-pero-quiero, el marido cuasicornutto...). Pero María Izquierdo, se saca los zapatos en su escena. Su única escena. Quizás la única que realmente vale la pena de la peli.

IDEAL PARA: Amantes de las pelis sobre hacer conciencia reflexiva sobre las dictaduras militares, etcéteras.

ENLACES.

-- (Ir a la página) Sitio oficial de la peli.
-- (Ir a la página) Entrada en IMDb.
-- (Ir a la página) La peli y su contexto según Fundación Síntesis.
-- (Ir a la página) Comentario en Pochoclos.
-- (Ir a la página) Comentario en Cine Latino en Nueva York.
-- (Ir a la página) Palabras del director en Cine Enterarte.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en español].


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