Películas de estreno, películas antiguas, películas clásicas, películas bodriosas, películas de todo tipo, comentadas por el arte inefable del General Gato.
11 años de Cine 9009 en línea.
El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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jueves, 14 de febrero de 2013
"Ghost: La sombra del amor" (1990).
-- "Ghost" (título original en inglés), "Ghost (Más allá del amor)" (título en España). Estados Unidos. Año 1990.
-- Dirección: Jerry Zucker.
-- Actuación: Patrick Swayze, Demi Moore, Whoopi Goldberg, Tony Goldwyn, Rick Aviles, Stephen Root, Vincent Schiavelli, Phil Leeds, Bruce Jarchow, Armelia McQueen, Gail Boggs.
-- Guión: Bruce Joel Rubin.
-- Banda Sonora: Maurice Jarre y Alex North.
-- "Ghost: La sombra del amor" en IMDb.
-- "Ghost: La sombra del amor" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Nuestro prota lo tiene todo. Un trabajo exitoso en un banco, y una chica mona que... mmmmmm... bueno, medio machorra la chica, qué le vamos a hacer, en esa tendencia tan temprano'90s y de la cual Demi Moore fue el prototipo máximo, que fue el "tengo buenas tetas pero soy ruda-macha, GRRL POWAH!!!". De pronto en la computadora del tipo comienza a aparecer demasiado dinero. Y como esta peli no es '80s sino temprano'90s (bueno, 1990 es el último año de la década iniciada en 1981... no hagan un punto de eso, plis), el tipo no lanza un grito tomcruisiano de éxito sino que se dice que, rechupi, tengo dinero de más, esto tengo que cuadrarlo porque soy un banquero... ¡¡¡HONRADO!!! Sólo que, miren ustedes, no alcanza a cuadrarlo porque esa misma tarde, mientras va al teatro o al cine o lo que sea que hagan ustedes los humanos con sus humanitas (a nosotros los gatos que cualquier techito nos basta...), al tipo lo asaltan, las cosas se salen de madre porque ella está en peligro, y cuando él sale persiguiendo al tipo y se devuelve para ver si ella está bien... descubre que ELLA está bien, pero ÉL está un poquito complicado. La clase de complicación que conocemos habitualmente en la jerga como "ir derecho pa'l patio 'e los callaos". Nuestro prota descubre entonces que está en la incómoda condición de ser un fantasma. De no poder volver a su casa nunca más (bueno, de poder volver, pero es como si no volviera, si el único que lo siente es el gato, que no es primo mío porque a mí el Patrick Swayze me cae bien y el gato vieran que le bufa el malagradecío). Bueno, quizás nuestro tipo podría resignarse a su suerte, ajustar cuentas consigo mismo, esperar la llamada de la burocracia celestial, etcétera, pero de pronto, el prota descubre que el mismo asaltante ahora ha irrumpido en su casa. ¡Caray, es ahora Demi Moore la que está en peligro! De manera que nuestro fantasma emprenderá su campaña personal para salvar a su amada desde la ultratumba. Con la inesperada ayuda de una negrita mágica (Whoopi Goldberg aquí) que se gana la vida haciendo números de brujería estilo New Orleans sólo para descubrir que... ¡¡¡ES REAL!!! ¡¡¡OH-SH...!!!
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Ciertas pelis son planificadas con mano de hierro de inicio a fin, ensambladas en una línea de montaje al final de la cual va a salir un producto para la eternidad. Un ejemplo podría ser "Lo que el viento se llevó". Otras, en cambio, parecen resultado de las decisiones más improbables posibles. "Ghost" es un ejemplo bastante evidente. Nació de la mente del guionista Bruce Joel Rubin, que al mismo tiempo estaba escribiendo... "La escalera de Jacob" (si no la vieron, y dada la poca fama de la peli eso es muy poco probable, pero digamos que es un thriller sicológico bastante denso), y en cuyo currículum estaba la historia original de "Proyecto Brainstorm". La escribió pensando desde el inicio en Patrick Swayze, lo que ahora parece una elección bastante lógica viendo los resultados, pero en la época no era tan evidente porque hablamos de un galancete para niñitas (¿"Dirty Dancing", alguien?). Swayze terminó a bordo, claro, pero sólo después de que Bruce Willis rechazara el rol porque le disgustaba la idea de interpretar a un personaje que se la pasaba muerto toda la peli (mirando el currículum posterior de Mr. Willis, captan la ironía, ¿verdad? Por no hablar de que Willis y Moore eran marido y mujer en la época). Eso, y de que fueran declinando sucesivamente Paul Hogan ("Cocodrilo Dundee", leñe), Tom Hanks, Kevin Bacon, Mel Gibson, Dennis Quaid, John Travolta, Nicolas Cage, Mickey Rourke, David Duchovny (¡¡¡!!!), Johnny Depp, Kevin Costner, Alec Baldwin... (y el pobre Swayze que iba quedando como cientoúnica opción y too, aún así tuvo que audicionar, pobre hombre). Luego, el director que se iba a hacer cargo, y terminó a bordo del barco, fue Jerry Zucker. Cuyo último trabajo en el cine había sido como guionista de "¿Y dónde está el policía?" (seriously: éste es uno de los ZAZ que parieron "¿Y dónde está el piloto?", "Top Secret" y la que mencionábamos... no la opción más obvia para dirigir un drama romántico sobrenatural, claro está). Luego vino el baile del rol femenino: Molly Ringwald y Nicole Kidman audicionaron para el rol, y Meg Ryan lo rechazó, antes de que cayera en las manos (y pectorales) de Demi Moore. Whoopi Goldberg tampoco era la primera opción para el rol, pero Patrick Swayze la admiraba, y consiguió que la reclutaran (piénsenlo: Swayze fue como la opción 136 para el rol, así es si hubiera quedado cualquiera otro antes, a tomar vientos con la Goldberg para esta peli...). Con todos estos mimbres, era casi impredecible lo que podría salir reptando desde el caldero. Por suerte, el resultado terminó siendo más que satisfactorio, y la peli ha mantenido con los años una consistente popularidad, mientras que su contemporánea la multioscarizada "Danza con lobos" que le robó a "Ghost: La sombra el amor" el quién vive, yace felizmente olvidada allí donde sea que se vayan a danzar los lobos muertos... Y nos dejábamos para el final la "casualidad" última: que la idea del fantasma rondando a la esposa muerta ya había demostrado ser un sonado fracaso comercial apenitas el año anterior, con la triste "Los fantasmas no pueden hacerlo" (bueno, allá hablábamos de Bo Derek actuando y Anthony Quinn prestando el cuerpo, bajo la siempre inefable "dirección" de John Derek, así es que no hay punto de comparación. Pero Hollywood no siempre entiende de esas razones, como lo prueba el hecho de que algún taradostúpido se le ocurrió que Robert Pattinson podía pasar por vampiro. Y así nos va).
¿POR QUÉ VERLA?
-- No es raro que esta peli sea un favorito de chicas. Veamos. La prota femenina es una chica dura-pero-sensible (tiene la fortaleza diamantina de Demi Moore, pero igual tiene sentimientos, no es una bruja completa), y además... ¡es artista! Claro, es fácil ser artista cuando tienes un noviecito banquero que te mantenga. Y cuando él se muere, ella respira hondo, es fuerte, sigue adelante... sólo que igual está ahí el noviecito ahora muerto, rondando para vigilarla y cuidarla de que nada malo le pase. La fantasía de macho ideal para muchas féminas: con dinero, algo bruteque en materia sentimental (ellas protestan, pero al final igual les gusta esa cosa macho de mármol que las desespera), que como fantasma está presente lo justito para sacarle las castañas del fuego y luego desaparecerse y no seguir jodiendo la cachimba. Con el público masculino, esta peli ha resultado ser menos popular, porque... ¿qué macho parao puede identificarse con un adonis que muy adonis será, pero que está...? Bueno, está muerto, así es que ya no puede hacer uso de su virilidad allí donde de verdad importa, ¿no? Y para hacer más macho al prota (bueno, antes de que lo pasaporten pa'l otro lao), se compara su método de seducción "ahora te tomo porque quiero, ahora no", con el método más ladino, lambiscón y sinuoso de su mejor amigo, que además es más melifluo, más finito, más '80s... sí, más criptogay es lo que quiero decir. Nada de raro que esta peli sea un "clásico para minas". Ahora, si eso es un "por qué verla" o no, depende mucho del target objetivo. Servidor quien esto escribe no puede tenerle simpatía a una peli así, claro está, al menos no por este motivo, pero las pelis hay que tomarlas como lo que son, que el mundo no gira alrededor de uno ni de su escudilla con Whiskas (o si no la mejor peli de la historia sería "El Gato con Botas", qué se creen, humanitos arrogantes).
-- En el apartado técnico, la cosa está más que bien. Esta peli es la joya de la corona de Jerry Zucker, lo que resulta una sorpresa si se considera que lo suyo parecían las cosas que hacía con los ZAZ. En algunos rasgos se nota la influencia, en particular en las secciones más cartoonish. Pero cuando la cosa debe ponerse emotiva, lo logra de manera fácil y simple, sin sobrecargarse y sin tratar de meterse a tu jodido ojo para arrancarte a la jodida fuerza una jodida lágrima. El guión por su parte es algo predecible, pero explota bien el universo de los fantasmas con una lógica bastante aterrizada y sin recargarse de cosas sobrenaturales. En el apartado FXs la peli ha envejecido un poco mal, pero ayuda que esa suerte de ángeles de la muerte que aparecen de repente sean sombras y no tipos enfundados en un traje de hulespuma. Y aparte de la ultramelosa canción ésa, la tan famosa ("Unchained Melody", si no conocen el título), Maurice Jarre se despacha otra de sus muy solventes bandas sonoras.
-- El punto fuerte de las pelis son las actuaciones. Patrick Swayze realmente la borda como ese banquero simpático, un poco cromañón para las relaciones de pareja moderniquis (ya saben, eso de que un macho debe ser "sensible", estar "conectado con su propio interior" y toda esa mierda por la cual tratan de que los machos sean... bueno, sean minas en vez de machos), que de pronto lo pierde todo, pero lo que es absolutamente todo, además de que dentro de su autoimpuesta misión de proteger a su mujercita (su ex, en sentido estricto, pero qué clase de peli romántica para minas sería si el prota dijera "hasta que la muerte nos separe, y ya me morí, así es que"...) se impone el suplicio de estarla viendo constantemente mientras ella da cada vez más pasos para reconstruir su vida sin él. Es un rol de mierda (el personaje y sus putadas, no el papel en sí), y Patrick Swayze lo levanta y lo saca adelante como un campeón. A su lado está Whoopi Goldberg, que no aparece sino hasta una media hora de peli más o menos, pero cuando lo hace es un huracán que se lo lleva todo por delante. En verdad, su rol puede ser estereotipado a más no poder, pero ella le infunde vida, picardía, simpatía, y en fin, cuanto hace divertido ver aparecer a un personaje en escena. Aunque mucho menos conocido, y un tanto eclipsado por Swayze y la Goldberg, Tony Goldwyn hace un muy buen rol como el mejor amigo que en el fondo es un poquito rastrero etcétera. El lunar negro es Demi Moore, que nunca ha sido tremendo peazo actriz en realidad (peazo de cuero en sus años, claro, pero ¿actriz?), y que aquí parece confundir ser mina liberada con actuar poquito y lo justito (no lo hace mal tampoco, pero frente a la mencionada dupleta se queda muy en deuda). Mención especial para Vincent Schiavelli como el fantasma del tren, haciendo muy querible un rol sobre el papel muy detestable. Volviendo al hilo principal, uno podría pensar qué hubiera pasado, léase más arriba, qué habría pasado si le hubieran dado el casting a otros que no fueran Swayze y Goldberg: la peli quizás hubiera seguido siendo buena gracias a la dirección, pero no hubiera alcanzado la cumbre de ese cine bien hechito, con una bonita historia contada con simplicidad y elegancia, de no ser por estos dos.
IDEAL PARA: Ver una peli romaaaaaántica, bien abrazaditos y acurrucaditos cual tortolitos de toda la vida.
VIDEOS.
-- La escena en donde se cargan al prota [en inglés, sin subtítulos].
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1990,
Drama Romántico,
Fantasmas
jueves, 24 de diciembre de 2009
"El último cuplé" (1957).

-- "El último cuplé". España. Año 1957.
-- Dirección: Juan de Orduña.
-- Actuación: Sara Montiel, Armando Calvo, Enrique Vera, Julia Martínez, Matilde Muñoz Sampedro, Laly del Amo, Aurora García Alonso, Beni Moreno, Luis Orduña, Erasmo Pascual, Consuelo de Nieva, Miguel Fleta, Manolita Guerrero, Antonio Alcázar, Rafaela Aparicio.
-- Guión: Jesús María de Arozamena y Antonio Mas Guindal.
-- Banda Sonora: Juan Solano.
-- "El último cuplé" en IMDb.
-- "El último cuplé" en la Wikipedia en castellano.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Ante nosotros se abre el telón de un retablo cervantino, y una voz de radiolocutor en off nos informa que estamos a punto de ver un homenaje a un mundo que desaparece, el mundo de los cuplés (¡mi Dios, la peli es de 1957, ya lleva cinco décadas a cuestas, y miran a los cuplés como algo pasado de moda!). Pues bien, en ese decadente y franquista 195..., en un cabaret de pésima muerte está la gran estrella María Luján, entregándose tanto al apolíneo arte de la música como al dionisíaco deporte del codo empinado. En ese hundimiento la encuentra un antiguo admirador, que como corresponde al espíritu de la época, expresa su admiración en términos bombásticos y ditirámbicos (ya saben: "en verdad no hay voz tan grande en todo Isr...", perdón, "...en toda España", etcétera). Cual magdalena proustiana, esto abre una catarata de recuerdos, desde 191... (cuán Edgar Allan Poe, esto de esconder el último número del año). En aquellos felices tiempos monárquicos, María Luján era una joven que empezaba a despuntar en el mundo del baile, y además tenía su noviecito. Pero, ¡ay!, la cola del demonio encontró su camino para meterse, y ahí es como descubren a María Luján. Entre la adorable granuja de su tía y su nuevo manejador, se las arreglan para ir dejando en el camino al noviecito, y de paso preparar la carrera de María Luján en los cuplés, arte que ella no quería abrazar porque el cuplé, verán, era para la hez del mundo musical (para ella, zarzuelas y óperas, por favor), pero al final, bueno, así es el mundo y hay que comer... De esta manera comienza una vida llena de resonantes triunfos y ardientes pasiones, con María Luján cada vez más grande que la vida, y al mismo tiempo cada vez más perdida dentro de su propia fama y fortuna... "Behind the Music", vamos.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Para la mayor parte de la gente hubo tonadas medievales, luego música clásica, y después llegó el rock-yeah, y he ahí condensados quince siglos de evolución de la música occidental. ¡¡¡Pobre tonto!!!, diría Mario Baracus. Porque en medio ha existido toda una amplia gama de músicas, como el tango, la polka y más recientemente, gracias a las pelis de Chuck Norris, el gangoso llamado árabe desde lo alto del minarete a la oración. Una de esas músicas, más o menos nativa de Ezpaña (en realidad medio importada, como una buena cantidad de lo que es bueno en Ezpaña, en este caso desde Francia) es el cuplé. El cuplé era para finales del XIX lo que la música tropicaliente para nuestros días: o sea, canciones con una estructura musical simplona, que hablaban sobre sexo (los de la vieja guardia me van a decir que cómo, de qué está hablando Mi General, etcétera, pero en comparación a la zarzuela o a la ópera seria, el cuplé es musicalmente simplón, que más voy a decir, y en cuanto a lo del sexo, es cierto que las letras eran un poquito más elaboradas que "Gasolina" o el ella me bate como si fuera mayonesa, pero el tema es el mismo, e igual de abierto para la censura de la época)... Por su parte, y al revés de los gorgoritos de los cantones de ópera, el cuplé tiene el encanto de lo simple, casi como un haikú japonés. Y como el hip-hop, había cuplés sobre echarse polvos, y otros sobre viscisitud política. Todo eso empezó a desvanecerse más o menos cuando llegó la radio, y el público español tuvo oportunidad de desprovincianizarse y familiarizarse con otros estilos musicales (es lo que tiene el que pierdas todas tus colonias, como le pasó a los ezpañóle en 1898: te olvidas de ser el ombligo del mundo, pares a Ezpaña, escribes unamunadas y descubres que you're not alone in the world). Después vino el paternalismo vigilante de Mi Caudillo, don Francisco Franco, Salvador de Media Ezpaña (a la otra media, la mandó al paredón). El cuplé tenía dos vertientes tocahuevos para Franco: una era la sátira política que ofendía su, ejem, unitarismo institucional, por decirlo así, y la otra vena era esa fijación con "puez, coño, tía buena" (aunque cantado en elegante, claro, pero es que en el idioma que sea, la urgencia sexual es la urgencia sexual), que ofendía su proyecto iglesionacionalista. De modo que por babor o estribor, Mi Caudillo acabó prohibiendo el cuplé, lo que terminó poniéndole la lápida al género. Que han tratado de revivir varias veces, pero con el regusto a fruta congelada de supermercado que tiene cualquier revival: si quieres leer una historia de elfos, anda al original, a Tolkien, y pásate de la "Dragonlance". "El último cuplé" es más que una película: es el digno y gran adiós para un género musical que tuvo sus tiempos de gloria y dejó grandes recuerdos en quienes peinan canas (o que las guardan en un confortable sepulcro, a estas alturas...).
¿POR QUÉ VERLA?
-- Lo dicho. Esta peli es un gran retrato de lo que fue la España cupletera, aquella España popular del XIX, que por ser provinciana y vivir de espaldas a la civilización, desarrolló su propio microclima cultural. Ya para 1957, como la peli se encarga de transmitir sutilmente, toda esa cultura había sido reemplazada por el espíritu franquista de las vacaciones en Marbella; las pelis de Pili y Mili estaban ya a la vuelta de la esquina. Pero este filme es un más que digno colofón. O la primera mitad, por lo menos. La segunda recorre los caminos del Music Hall, en particular cuando María Luján, en el colmo de su triunfo, emprende gira por Estados Unidos y canta después del fin de la guerra en Francia (sí, antes que la Edith Piaf de "La Vie en Rose" fue... ¡¡¡MARÍA LUJÁN!!!).
-- Es también un destacado exponente del género cinematográfico que podríamos llamar "Behind the Music", y que muestra el ciclo triunfo-borrachera-degradación-miseria-regreso-apoteosis de cualquier músico que se precie de tal (un músico que no ha pasado por un triunfo glamoroso al comienzo y luego se haya hundido en los infiernos del alcohol y la droga, no es un músico, no importa qué tan Mendelssohn sea). Sabemos lo mucho que morbiliza a la gente esto de ver a los grandes emborracharse de éxito a barricas, para luego verlos caer y revolcarse, en particular cuando no es mala suerte externa sino que se la andan buscando, y esta peli ofrece de esto. Porque hay que ver lo malagradecía que es la María Luján que le dicen, con los que tratan de apuntalarla en su camino. Y lo de apoteosis final es literal, con ese regreso que ni la Edith Piaf en el Olympia de París, oigan... (además, María Luján hizo su retorno triunfal en una peli de 1957, así es que es tres años antes que la francesa).
-- Sara Montiel. La peli la muestra bella, y además se luce cantando distintas canciones (no sólo cuplés). No puedo describir esto. Mejor prueben a verla. Ni Madonna en sus mejores días, dénlo por hecho. De hecho, en aquellos años Sara Montiel empezaba a triunfar en Hollywood, y se dice estaba liada, ahí es nada, con James Dean (se supone incluso que iba a viajar en ese auto fatal en que James Dean partió a la eternidad). Pero con "El último cuplé" regresó a España, y le fue tan bien que se olvidó de ser la joven promesa de Hollywood siguió haciendo pelis como la gran reina del cine musical ezpañó. Ya sabes lo que dicen: mejor ser cabeza de ratón que cola de león. Lo que Sara Montiel entendió por las buenas, después Penélope Cruz hubo de entenderlo por las malas...
-- Hay ciertas situaciones fílmicas que son de una ingenuidad desarmantes. Para los efectos del melodrama cincuentero estaban bien, pero ahora invitan a una sonrisa condescendiente, o peor aún, a la carcajada postmoderna. Aún así, siguen teniendo su valor justamente por esa naiveté, por el recuerdo de cuando las cosas eran menos complicadas, y bastaba con mostrar una línea férrea desde un tren traqueteando, junto con sobreimpresiones de los nombres de las ciudades, en plan Looney Tunes, para dar a entender que la artista estaba de gira y pasando de triunfo en triunfo. Y ya no digamos ese final hecho para sacarle lagrimitas de emoción a las veteranas... Podrían volver a hacer películas como ésta. Las llamaríamos, no sé... Retromusicalismo.
IDEAL PARA: Hacer ejercicio de nostalgia con un gran musical que viene nada menos que desde... ¡¡¡ESPAÑA!!!
VIDEOS.
-- Sarita Montiel cantando "Tú no eres eso" en la peli [en español, ¿necesitan subtítulos acaso?].
-- Sara Montiel canta "Sus pícaros ojos" [en español].
Busca otras películas relacionadas:
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1957,
Años 10,
Años 20,
Cantantes,
Cine de España,
Drama Romántico
jueves, 28 de agosto de 2008
"Dos semanas en otra ciudad" (1962)

-- "Two Weeks in Another Town". Estados Unidos. Año 1962.
-- Dirección: Vincente Minelli.
-- Actuación: Kirk Douglas, Edward G. Robinson, Cyd Charisse, George Hamilton, Daliah Lavi, Claire Trevor, James Gregory, Rosanna Schiaffino, Joanna Roos, George Macready, Mino Doro, Stefan Schnabel, Vito Scotti, Tom Palmer, Erich von Stroheim Jr.
-- Guión: Charles Schnee, basado en la novela de Irwin Shaw.
-- Banda Sonora: David Raksin.
¿DE QUÉ SE TRATA?
En un oscuro, aséptico y camp-60s psiquiátrico, el venerable Kirk Douglas con su look algo oldfashioned '50s es entrevistado por su médico tratante. Es que ha llegao carta, y la carta es de un viejo amigo. Claro que con amigos como ése... El paciente era antiguamente una gran gloria del screen, y su amiguete era un director de cine... bueno, sigue siéndolo, y le ofrece un papelito (papelito de los de cine, no de los que se fuman, por si acaso). El paciente pregunta si está sano como para ir, el médico pregunta "¿se siente usted sano?", el paciente dice que el médico diga, que para eso es el experto y le pagan porrá de dinero, el médico dice que en su opinión sí, entonces él dice que está sano y puede irse, el médico dice que es su opinión pero que no necesariamente quiere decir que esté sano... Después de esta tonelada de cláusulas de exención de responsabilidad por negligencia médica, nuestro buen amigo por fin está en viaje a Roma, en donde su amiguete está sepultado rodando un peplum de tres al cuarto. Allí se entera de que no es casualidad que esté allí, que al amiguete le ha escrito el doctor del psiquiátrico pidiéndole que le dé cualquier trabajo, así es que el director le ofrece hacer el doblaje definitivo... (en la época se estilaba que las pelis de forzudos a la italiana se grabaran con los músculos y las mamas de modelos masculinos y femeninos, y después actores de pro los doblaban en el audio). Las cosas se complican porque la antigua chica fatal que arrojó al psiquiátrico al actor en primer lugar, ronda por ahí bien encamada con un petrolero griego cuyos barquitos serenos que se los lleva la mar navegan bajo la bandera de Liberia. Y además aparece una pretendiente joven. Y el director tiene sus propios líos con su esposa. Llegar a terminar el rodaje de una peli así, puede ser entonces un verdadero parto...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Vincente Minelli es un director de cine sumamente discutido. ¿Era bueno, era mediocre, era malo, era un wannabe...? Bueh, ese misterio nadie lo pudo resolver, y después se lo llevó a la tumba. O eso pareciera, porque sus pelis murieron con él. Hagamos un experimento. ¡Señores lectores de Cine 9009, por favor! ¡Los que conozcan al menos alguna peli de la filmografía de Vincente Minelli (que no sea ésta que comentamos, no sean tramposos), que se pongan de pie! Hmmmmmm... ¿Nadie? ¿Absolutamente nadie? Veamos... ¡Los que hayan visto musicales empalagosos como "Un americano en París", "Brigadoon"...! ¿Nadie? ¿Es que así de muerto está el arte del musical clásico...? ¡A ver, los que hayan visto "Cita en San Luis"... Que no sea Carrie Bradshaw en la Navidad de "Sex and the City"...! ¡Ultima pregunta! ¡Los que conozcan a algún pariente del señor Vincente Minelli! Miren, ahí se levantaron algunos, sí, sí, sí, Vincente Minelli es (o era) el papá de Liza Minelli... Bueno, Vincente Minelli fue un director alabado por algunos y criticado por otros. Ya entrando los '60s, el escenario no estaba para lindos musicales con escenarios impostados (aunque alguno que otro se pergueñó, como "Hola Dolly"), y Vincente Minelli tuvo que emigrar hacia otras aguas. Se fijó entonces en una novela de un tal Irwin Shaw, novelista de éxito relativo en su tiempo y olvidado en el nuestro (quién sabe si con justicia, no sólo nunca he leído un libro suyo, sino que tampoco lo he visto en librerías de libros nuevos o usados), y decidió adaptarla. La crítica se dividió. Algunos la ven como una aguda crítica a la industria del cine en general. Otros la ven como la larga pendiente en la que se arrojó un decadente y desorientado Minelli. ¿Nuestra conclusión? Sigan leyendo, amables lectores...
¿POR QUÉ VERLA?
-- ¿Te gusta el melodrama clásico que le echa cinco kilos de azúcar y cinco kilos de harina a un pastel que debía pesar un kilo y medio? Bueno, ésta es la tuya. Pero para el resto del público, puede resultar como mínimo un poco desconcertante. Porque la peli tiene una buena premisa y un buen arranque (actor saliendo del psiquiátrico, buscándose a sí mismo después de una dark age, en una amistad/enemistad con un director jodepú...), pero una vez en la estacada, la peli hace bien poco por moverse. De hecho dura dos horas, pero en la primera hora pareciera ser que ni el guionista ni el director tienen claro qué contar después, y la peli avanza a tropezones hacia ninguna parte. Recién en la segunda mitad se compone un poco, cuando el prota decide hacerse cargo de la peli de su amigo/enemigo el director, y con gusto hubiéramos querido que la peli se hubiera centrado en esto, y nos hubiera ahorrado todo el latero prólogo anterior que abarcaba ¡media peli! Y cuando se resuelve, por supuesto, lo hace a todo vapor y sin dar tiempo a nada. Yo no sé a quién diablos habrá aprendido cómo rodar un drama folletinesco este tipo, pero sí puedo decir lo siguiente: él nunca pisó las aulas de la Academia de Cine del General Gato. Con razón venía de los musicales: allí los números de baile son lo mejor, y la trama es lo de menos. Acá, en consecuencia, todo se ve campy a más no poder. Y conste que tenían al gran Kirk Douglas (papi de Michael Douglas para las new generations) de prota, y al incombustible Edward G. Robinson ("El pequeño César", "Los diez mandamientos", "El oro de Mackenna") como el director pesotilla... Qué desperdicio, oh, Bastet...
-- Si hay una razón para ver esta peli, probablemente sea por el retrato que hace sobre la industria del cine desde su interior. Apreciamos cómo son los tiras y aflojas entre productores y directores, descubrimos la curiosa costumbre que tenían los italianos de grabar las pelis con actores y actrices que prestaban la pechonalidad para después doblarlos con otros más profesionales pero menos agraciados, y en general nos enteramos algo del ambiente y el tufillo de rodar pelis en ese tiempo. Pero la peli no se centra en esto sino en el drama íntimo de un hombre caído buscando la redenc... ¡Bah! Si tienen aguante, prueben a verla de todas maneras por esto. Repito: si tienen aguante.
IDEAL PARA: Amantes del campy desaforado.
ENLACES.
-- (Ir a la página) Entrada en IMDb.
-- (Ir a la página) Artículo de la Wikipedia en inglés.
-- (Ir a la página) Comentario en Claqueta.es.
VIDEOS.
Lo siento, no he conseguido encontrar videos de esta peli.
-- Dirección: Vincente Minelli.
-- Actuación: Kirk Douglas, Edward G. Robinson, Cyd Charisse, George Hamilton, Daliah Lavi, Claire Trevor, James Gregory, Rosanna Schiaffino, Joanna Roos, George Macready, Mino Doro, Stefan Schnabel, Vito Scotti, Tom Palmer, Erich von Stroheim Jr.
-- Guión: Charles Schnee, basado en la novela de Irwin Shaw.
-- Banda Sonora: David Raksin.
¿DE QUÉ SE TRATA?
En un oscuro, aséptico y camp-60s psiquiátrico, el venerable Kirk Douglas con su look algo oldfashioned '50s es entrevistado por su médico tratante. Es que ha llegao carta, y la carta es de un viejo amigo. Claro que con amigos como ése... El paciente era antiguamente una gran gloria del screen, y su amiguete era un director de cine... bueno, sigue siéndolo, y le ofrece un papelito (papelito de los de cine, no de los que se fuman, por si acaso). El paciente pregunta si está sano como para ir, el médico pregunta "¿se siente usted sano?", el paciente dice que el médico diga, que para eso es el experto y le pagan porrá de dinero, el médico dice que en su opinión sí, entonces él dice que está sano y puede irse, el médico dice que es su opinión pero que no necesariamente quiere decir que esté sano... Después de esta tonelada de cláusulas de exención de responsabilidad por negligencia médica, nuestro buen amigo por fin está en viaje a Roma, en donde su amiguete está sepultado rodando un peplum de tres al cuarto. Allí se entera de que no es casualidad que esté allí, que al amiguete le ha escrito el doctor del psiquiátrico pidiéndole que le dé cualquier trabajo, así es que el director le ofrece hacer el doblaje definitivo... (en la época se estilaba que las pelis de forzudos a la italiana se grabaran con los músculos y las mamas de modelos masculinos y femeninos, y después actores de pro los doblaban en el audio). Las cosas se complican porque la antigua chica fatal que arrojó al psiquiátrico al actor en primer lugar, ronda por ahí bien encamada con un petrolero griego cuyos barquitos serenos que se los lleva la mar navegan bajo la bandera de Liberia. Y además aparece una pretendiente joven. Y el director tiene sus propios líos con su esposa. Llegar a terminar el rodaje de una peli así, puede ser entonces un verdadero parto...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Vincente Minelli es un director de cine sumamente discutido. ¿Era bueno, era mediocre, era malo, era un wannabe...? Bueh, ese misterio nadie lo pudo resolver, y después se lo llevó a la tumba. O eso pareciera, porque sus pelis murieron con él. Hagamos un experimento. ¡Señores lectores de Cine 9009, por favor! ¡Los que conozcan al menos alguna peli de la filmografía de Vincente Minelli (que no sea ésta que comentamos, no sean tramposos), que se pongan de pie! Hmmmmmm... ¿Nadie? ¿Absolutamente nadie? Veamos... ¡Los que hayan visto musicales empalagosos como "Un americano en París", "Brigadoon"...! ¿Nadie? ¿Es que así de muerto está el arte del musical clásico...? ¡A ver, los que hayan visto "Cita en San Luis"... Que no sea Carrie Bradshaw en la Navidad de "Sex and the City"...! ¡Ultima pregunta! ¡Los que conozcan a algún pariente del señor Vincente Minelli! Miren, ahí se levantaron algunos, sí, sí, sí, Vincente Minelli es (o era) el papá de Liza Minelli... Bueno, Vincente Minelli fue un director alabado por algunos y criticado por otros. Ya entrando los '60s, el escenario no estaba para lindos musicales con escenarios impostados (aunque alguno que otro se pergueñó, como "Hola Dolly"), y Vincente Minelli tuvo que emigrar hacia otras aguas. Se fijó entonces en una novela de un tal Irwin Shaw, novelista de éxito relativo en su tiempo y olvidado en el nuestro (quién sabe si con justicia, no sólo nunca he leído un libro suyo, sino que tampoco lo he visto en librerías de libros nuevos o usados), y decidió adaptarla. La crítica se dividió. Algunos la ven como una aguda crítica a la industria del cine en general. Otros la ven como la larga pendiente en la que se arrojó un decadente y desorientado Minelli. ¿Nuestra conclusión? Sigan leyendo, amables lectores...
¿POR QUÉ VERLA?
-- ¿Te gusta el melodrama clásico que le echa cinco kilos de azúcar y cinco kilos de harina a un pastel que debía pesar un kilo y medio? Bueno, ésta es la tuya. Pero para el resto del público, puede resultar como mínimo un poco desconcertante. Porque la peli tiene una buena premisa y un buen arranque (actor saliendo del psiquiátrico, buscándose a sí mismo después de una dark age, en una amistad/enemistad con un director jodepú...), pero una vez en la estacada, la peli hace bien poco por moverse. De hecho dura dos horas, pero en la primera hora pareciera ser que ni el guionista ni el director tienen claro qué contar después, y la peli avanza a tropezones hacia ninguna parte. Recién en la segunda mitad se compone un poco, cuando el prota decide hacerse cargo de la peli de su amigo/enemigo el director, y con gusto hubiéramos querido que la peli se hubiera centrado en esto, y nos hubiera ahorrado todo el latero prólogo anterior que abarcaba ¡media peli! Y cuando se resuelve, por supuesto, lo hace a todo vapor y sin dar tiempo a nada. Yo no sé a quién diablos habrá aprendido cómo rodar un drama folletinesco este tipo, pero sí puedo decir lo siguiente: él nunca pisó las aulas de la Academia de Cine del General Gato. Con razón venía de los musicales: allí los números de baile son lo mejor, y la trama es lo de menos. Acá, en consecuencia, todo se ve campy a más no poder. Y conste que tenían al gran Kirk Douglas (papi de Michael Douglas para las new generations) de prota, y al incombustible Edward G. Robinson ("El pequeño César", "Los diez mandamientos", "El oro de Mackenna") como el director pesotilla... Qué desperdicio, oh, Bastet...
-- Si hay una razón para ver esta peli, probablemente sea por el retrato que hace sobre la industria del cine desde su interior. Apreciamos cómo son los tiras y aflojas entre productores y directores, descubrimos la curiosa costumbre que tenían los italianos de grabar las pelis con actores y actrices que prestaban la pechonalidad para después doblarlos con otros más profesionales pero menos agraciados, y en general nos enteramos algo del ambiente y el tufillo de rodar pelis en ese tiempo. Pero la peli no se centra en esto sino en el drama íntimo de un hombre caído buscando la redenc... ¡Bah! Si tienen aguante, prueben a verla de todas maneras por esto. Repito: si tienen aguante.
IDEAL PARA: Amantes del campy desaforado.
ENLACES.
-- (Ir a la página) Entrada en IMDb.
-- (Ir a la página) Artículo de la Wikipedia en inglés.
-- (Ir a la página) Comentario en Claqueta.es.
VIDEOS.
Lo siento, no he conseguido encontrar videos de esta peli.
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1962,
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domingo, 15 de junio de 2008
"Diana de Francia" (1956).
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-- "Diane". Estados Unidos. Año 1956.
-- Dirección: David Miller.
-- Actuación: Lana Turner, Pedro Armendáriz, Roger Moore, Marisa Pavan, Cedric Hardwicke, Torin Thatcher, Taina Elg, John Lupton, Henry Daniell, Ronald Green, Sean McClory, Geoffrey Toone, Michael Ansara, Paul Cavanagh, Melville Cooper.
-- Guión: Christopher Isherwood, basado en una historia de John Erskine, er, "inspirado" en la Diana de Francia histórica del siglo XVI.
-- Banda Sonora: Miklós Rózsa.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Es el siglo XVI, la época en que los machos recios y viriles usaban calzas apretadas, y las damas aún pretendían tener un dejo de castidad. Los caballeros del Rey Francisco I de Francia emprenden la marcha para arrestar a un individuo. Ahora bien, el pobre no sabe con el vinito que se está emborrachando. Porque el caballero es un botarate incapaz de defenderse a sí mismo, pero su señora es... ¡¡¡DIANA!!! No la Diana mitológica ni Diana Prince, por supuesto, sino la histórica Diana de Poitiers, como convenientemente nos ha recordado un cartelito colocado al inicio de la peli (ya saben, "esta historia se basa en hechos reales que..."). Diana será jovencita y estará casado con un hombre pituitarias veces mayor, pero no importa, que ella, como esposa cumplida, irá a pedir la vida de su esposo al Rey, y también, de paso, se resistirá a sus avances carnales (este Francisco I está pintadito a la usanza de las pelis sobre Enrique VIII... bueno, las clásicas en que era un regordete, no la moderna "Los Tudor" con el metrosexual Jonathan Rhys Meyers). En vez de tomárselo a mal, Francisco I decide que la chica es buena tela, después de todo, y le salva la vida al marido a cambio de un, ejem, favorcillo. El favorcillo de marras es que tendrá que ser la institutriz y darle educación a Enrique, el príncipe de Francia, que para hacer las cosas interesantes, es un botarate de lo peor, interesado en la lucha y en la caza. Como corresponde en la más pura tradición folletinesca, el príncipe no es idiota ni carece de ambiciones, sino que trata de ser auténtico (¡¡!!), y resulta que nadie había conseguido domesticarlo porque nadie había visto su corazoncito de oro. Ya saben, el clásico duro-sensible. Al príncipe le entran ganas de que pasen cosas con Diana, pero ella dice no y no, en primera porque está casada y es una señora muy donosa para traicionar a su marido, por mucho que el prete sea príncipe de librea y todo, y en segunda porque el príncipe se va a casar con una dama italiana (una Médicis, para colmo, y ya sabes la famita de envenenadores que se gastan todos los italianos, aunque sea Médicis y no Borgia), y ella para esposa quizás, pero no podría traicionar los sentimientos de otra mujer... Hmmmmmm... ¿La verdad? Me aburrí de seguir reseñándola. Véanla ustedes mismos para enterarse de cómo termina. O mejor aún, no la vean y salven el dinero del DVD o el ancho de banda del download. O incluso mejor todavía, sáltense todo este asunto y vayan a leer un libro de historia de una buena vez, que daño no les hará, mis principescos humanitos.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Supongo que sucedió de esta manera. Era a mediados de los '50s. A una década de ganada la Segunda Guerra Mundial, y por lo tanto impuesta la paz y la democracia al mundo civilizado (bueh, no al bloque comunista, pero esos bárbaros rusos no eran civilizados, ¿vale?), era tiempo de que regresaran los buenos y viejos valores familiares. Era el tiempo de máxima infantilización de personajes como Mickey Mouse y el Pato Donald, todo en beneficio de la moral y las buenas costumbres, claro está (al lado, en lo de la WB, se dedicaron a la crítica social, pero para no herir sentimientos, tuvieron que hacerlo bajo el ropaje de la caricatura surrealista). Era la época en que los chicos, impecablemente vestidos de traje, sacaban a las chicas con sus peinados pin-up y sus faldas plato, a tomar milkshake y echar monedas en las rockolas para escuchar esos nuevos y curiosos ritmos semiafricanos. En aquellos años, para hacerle la competencia a la TV, vino un revival del epic clásico de toda la vida, lo que los yanketas llaman "Sword & Sandals" ("espadas y sandalias", lo que en buen ezpañó se llama "pelis de romanos"), y más modernamente ha derivado en Sandalpunk. Pero como el Imperio Romano tuvo sólo mil años de historias, y no todos ellos aprovechables, porque hay que ver lo aburrido del reinado de Antonino Pío en donde nadie apuñaló por la espalda a nadie (y también para evitar la fijación monomaníaca en Jesús, los mártires cristianos y los apóstoles), había que fijarse en otros períodos históricos. La MGM llegó así hasta un texto de un tal John Erskine, del que no tenemos mayores noticias, pero lo mencionamos porque queda chulo y cultureta, y trató de sacar un folletín estilo Corín Tellado de ahí. El folletín era sobre Diana de Poitiers, y se llama folletín porque antiguamente se publicaban por folletos, o sea por entregas, no porque en ella los personajes follaran como conejos, aunque la Diana histórica, parece ser que no era tan pavota ni tan high values como se nos muestra en la peli (de hecho, ella y el Príncipe Enrique, más adelante Rey Enrique II de Francia, parecen haber llegado a ser amantes, a pesar de que ella era veinte años más vieja que él... toda una diferencia hoy en día, y en aquellos tiempos de corta expectativa de vida, casi necrofilia). El caso es que la MGM decidió tomar la historia de esta mujer de valores muy XVI (ya saben, el matrimonio es para la política y los herederos, y las amantes para el placer), y transformarla en una heroína con los sólidos valores americanos de los '50s (familia y propiedad, particularmente familia). Los resultados están a la vista, y son... Pues, cómo decirlo... Repetiré lo dicho anteriormente. Vayan a leer un libro de Historia, que mayor provecho les hará, humanitos míos.
¿POR QUÉ VERLA?
-- La verdad, no se me ocurren demasiados buenos motivos por los cuales perder el tiempo con esta peli. Hecha para la sensibilidad más retroconservadora de los '50s, y puritana hasta la mojigatería, ha aguantado terriblemente mal el paso del tiempo. No sirve como documento histórico, porque son tantas y tan gruesas las desviaciones del trasfondo histórico, que no sabría ni por dónde empezar (veamos: Francisco I no murió a consecuencias de las heridas de su campaña contra Carlos de Borbón, el hermano mayor de Enrique no murió envenenado, ni tampoco murió después de haber sido coronado rey, la moral de los personajes no se ajusta ni por la casualidad del burro flautista a lo que eran las costumbres e instituciones propias del Renacimiento...). Y a pesar de ser vendida como una "basada en la histórica Diana de Poitiers", no se dejan atrás la burrada antihistoricizante de meterle un astrólogo ezque-Nostradamus que hace la famosa profecía de cómo va a morir Enrique II (los que conocen la biografía de Nostradamus me entenderán). Por último, como hemos defendido varias veces, uno puede soportar que se recuente la historia alterando detalles, si es que el resultado final es algo interesante (es arte, después de todo, no el The History Channel), pero es que ni siquiera eso. Porque el conflicto sentimental aquí está resuelto en las coordenadas del peor culebrón venezolano (con voz desfalleciente: "si, yo te amo, pero yo estoy casada y tú perteneces a otra mujer"...), amagan con hacer cumplir la profecía a media peli de una manera bastante cretina (por no decir homoerótica, eso del príncipe nadando en el agüita, de cacería, con su mejor amigo, después de echar a todos sus hombres a cazar a otro lado...), y en definitiva después de verla no queda nada, sino el haber visto un espectáculo ñoño y vacío. ¡¡¡Por Bastet, si hasta nuestro buen Miklós Rózsa pareciera estar fuera de lugar!!! (y eso que el venerable señor Rózsa ha compuesto soundtracks tan clásicos y poderosos como "Ben Hur" y "Rey de Reyes").
-- Después de poner a parir de esta manera la pobre peli, digamos un par de cosas buenas de ella. En primer lugar, el príncipe Enrique viene interpretado por un Roger Moore hecho un crío, el hombre. Sí, 16 años antes de ser James Bond (por primera vez en "Vive y deja morir"), Roger Moore fue Príncipe y luego Rey de Francia. Frente a la poco efectiva actuación de Lana Turner (no podría decir si por falta de talento actoral, que la Turner nunca se destacó por sus grandes dotes histriónicas, o si simplemente porque el papel de la prota era imposible de sacar adelante medianamente bien), Roger Moore da de lo más bien el tipo, partiendo como un rebelde, salvaje y bruto, siguiendo como un tipo algo más civilizado, y acabando como todo un Rey con gala y majestad, y haciendo que cada una de estas metamorfosis sean algo creíble. En segundo lugar está Marisa Pavan, la malvada Catalina de Médicis, pero que en realidad, si hemos de creer a la peli, estaba perdidamente enamorada de su marido (a pesar de ser un matrimonio de conveniencia), y que a pesar de los reclamos de castidad de Diana, le cobra inmediata ojeriza y por razones obvias (y bien merecidas, si me lo preguntan); esta Marisa Pavan es hermana de Pier Angeli, una actriz de cierta reputación en los '50s y '60s, y de verdad se roba el plato. Lo que le añade más inri a la peli: se supone que se trata sobre Diana de Poitiers (¡demonios, se llama "Diana" en el original, y "Diana de Francia" en el vertido al castellano!), su romance interruptus con el Príncipe, y la esposa malvada que es tercera en el triángulo, y miren ustedes como entre los otros se encargan de comerse a la prota con zapatos (actoralmente hablando, claro está).
IDEAL PARA: Bueh, bueh... Arqueólogos del cine y de las costumbres del siglo XX, fanáticos ultracompletistas de James Bond en general y de Roger Moore en particular, plañideras lectoras de Corín Tellado... Niños de seis años no, que en los tempranos '80s pasaba pero hoy en día con el PlayStation y Final Fantasy...
ENLACES.
-- (Ir a la página). Entrada en IMDb.
-- (Ir a la página). Artículo en la Wikipedia en inglés.
VIDEOS.
Lo siento, no hemos podido conseguir ningún video de esta peli.
-- Dirección: David Miller.
-- Actuación: Lana Turner, Pedro Armendáriz, Roger Moore, Marisa Pavan, Cedric Hardwicke, Torin Thatcher, Taina Elg, John Lupton, Henry Daniell, Ronald Green, Sean McClory, Geoffrey Toone, Michael Ansara, Paul Cavanagh, Melville Cooper.
-- Guión: Christopher Isherwood, basado en una historia de John Erskine, er, "inspirado" en la Diana de Francia histórica del siglo XVI.
-- Banda Sonora: Miklós Rózsa.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Es el siglo XVI, la época en que los machos recios y viriles usaban calzas apretadas, y las damas aún pretendían tener un dejo de castidad. Los caballeros del Rey Francisco I de Francia emprenden la marcha para arrestar a un individuo. Ahora bien, el pobre no sabe con el vinito que se está emborrachando. Porque el caballero es un botarate incapaz de defenderse a sí mismo, pero su señora es... ¡¡¡DIANA!!! No la Diana mitológica ni Diana Prince, por supuesto, sino la histórica Diana de Poitiers, como convenientemente nos ha recordado un cartelito colocado al inicio de la peli (ya saben, "esta historia se basa en hechos reales que..."). Diana será jovencita y estará casado con un hombre pituitarias veces mayor, pero no importa, que ella, como esposa cumplida, irá a pedir la vida de su esposo al Rey, y también, de paso, se resistirá a sus avances carnales (este Francisco I está pintadito a la usanza de las pelis sobre Enrique VIII... bueno, las clásicas en que era un regordete, no la moderna "Los Tudor" con el metrosexual Jonathan Rhys Meyers). En vez de tomárselo a mal, Francisco I decide que la chica es buena tela, después de todo, y le salva la vida al marido a cambio de un, ejem, favorcillo. El favorcillo de marras es que tendrá que ser la institutriz y darle educación a Enrique, el príncipe de Francia, que para hacer las cosas interesantes, es un botarate de lo peor, interesado en la lucha y en la caza. Como corresponde en la más pura tradición folletinesca, el príncipe no es idiota ni carece de ambiciones, sino que trata de ser auténtico (¡¡!!), y resulta que nadie había conseguido domesticarlo porque nadie había visto su corazoncito de oro. Ya saben, el clásico duro-sensible. Al príncipe le entran ganas de que pasen cosas con Diana, pero ella dice no y no, en primera porque está casada y es una señora muy donosa para traicionar a su marido, por mucho que el prete sea príncipe de librea y todo, y en segunda porque el príncipe se va a casar con una dama italiana (una Médicis, para colmo, y ya sabes la famita de envenenadores que se gastan todos los italianos, aunque sea Médicis y no Borgia), y ella para esposa quizás, pero no podría traicionar los sentimientos de otra mujer... Hmmmmmm... ¿La verdad? Me aburrí de seguir reseñándola. Véanla ustedes mismos para enterarse de cómo termina. O mejor aún, no la vean y salven el dinero del DVD o el ancho de banda del download. O incluso mejor todavía, sáltense todo este asunto y vayan a leer un libro de historia de una buena vez, que daño no les hará, mis principescos humanitos.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Supongo que sucedió de esta manera. Era a mediados de los '50s. A una década de ganada la Segunda Guerra Mundial, y por lo tanto impuesta la paz y la democracia al mundo civilizado (bueh, no al bloque comunista, pero esos bárbaros rusos no eran civilizados, ¿vale?), era tiempo de que regresaran los buenos y viejos valores familiares. Era el tiempo de máxima infantilización de personajes como Mickey Mouse y el Pato Donald, todo en beneficio de la moral y las buenas costumbres, claro está (al lado, en lo de la WB, se dedicaron a la crítica social, pero para no herir sentimientos, tuvieron que hacerlo bajo el ropaje de la caricatura surrealista). Era la época en que los chicos, impecablemente vestidos de traje, sacaban a las chicas con sus peinados pin-up y sus faldas plato, a tomar milkshake y echar monedas en las rockolas para escuchar esos nuevos y curiosos ritmos semiafricanos. En aquellos años, para hacerle la competencia a la TV, vino un revival del epic clásico de toda la vida, lo que los yanketas llaman "Sword & Sandals" ("espadas y sandalias", lo que en buen ezpañó se llama "pelis de romanos"), y más modernamente ha derivado en Sandalpunk. Pero como el Imperio Romano tuvo sólo mil años de historias, y no todos ellos aprovechables, porque hay que ver lo aburrido del reinado de Antonino Pío en donde nadie apuñaló por la espalda a nadie (y también para evitar la fijación monomaníaca en Jesús, los mártires cristianos y los apóstoles), había que fijarse en otros períodos históricos. La MGM llegó así hasta un texto de un tal John Erskine, del que no tenemos mayores noticias, pero lo mencionamos porque queda chulo y cultureta, y trató de sacar un folletín estilo Corín Tellado de ahí. El folletín era sobre Diana de Poitiers, y se llama folletín porque antiguamente se publicaban por folletos, o sea por entregas, no porque en ella los personajes follaran como conejos, aunque la Diana histórica, parece ser que no era tan pavota ni tan high values como se nos muestra en la peli (de hecho, ella y el Príncipe Enrique, más adelante Rey Enrique II de Francia, parecen haber llegado a ser amantes, a pesar de que ella era veinte años más vieja que él... toda una diferencia hoy en día, y en aquellos tiempos de corta expectativa de vida, casi necrofilia). El caso es que la MGM decidió tomar la historia de esta mujer de valores muy XVI (ya saben, el matrimonio es para la política y los herederos, y las amantes para el placer), y transformarla en una heroína con los sólidos valores americanos de los '50s (familia y propiedad, particularmente familia). Los resultados están a la vista, y son... Pues, cómo decirlo... Repetiré lo dicho anteriormente. Vayan a leer un libro de Historia, que mayor provecho les hará, humanitos míos.
¿POR QUÉ VERLA?
-- La verdad, no se me ocurren demasiados buenos motivos por los cuales perder el tiempo con esta peli. Hecha para la sensibilidad más retroconservadora de los '50s, y puritana hasta la mojigatería, ha aguantado terriblemente mal el paso del tiempo. No sirve como documento histórico, porque son tantas y tan gruesas las desviaciones del trasfondo histórico, que no sabría ni por dónde empezar (veamos: Francisco I no murió a consecuencias de las heridas de su campaña contra Carlos de Borbón, el hermano mayor de Enrique no murió envenenado, ni tampoco murió después de haber sido coronado rey, la moral de los personajes no se ajusta ni por la casualidad del burro flautista a lo que eran las costumbres e instituciones propias del Renacimiento...). Y a pesar de ser vendida como una "basada en la histórica Diana de Poitiers", no se dejan atrás la burrada antihistoricizante de meterle un astrólogo ezque-Nostradamus que hace la famosa profecía de cómo va a morir Enrique II (los que conocen la biografía de Nostradamus me entenderán). Por último, como hemos defendido varias veces, uno puede soportar que se recuente la historia alterando detalles, si es que el resultado final es algo interesante (es arte, después de todo, no el The History Channel), pero es que ni siquiera eso. Porque el conflicto sentimental aquí está resuelto en las coordenadas del peor culebrón venezolano (con voz desfalleciente: "si, yo te amo, pero yo estoy casada y tú perteneces a otra mujer"...), amagan con hacer cumplir la profecía a media peli de una manera bastante cretina (por no decir homoerótica, eso del príncipe nadando en el agüita, de cacería, con su mejor amigo, después de echar a todos sus hombres a cazar a otro lado...), y en definitiva después de verla no queda nada, sino el haber visto un espectáculo ñoño y vacío. ¡¡¡Por Bastet, si hasta nuestro buen Miklós Rózsa pareciera estar fuera de lugar!!! (y eso que el venerable señor Rózsa ha compuesto soundtracks tan clásicos y poderosos como "Ben Hur" y "Rey de Reyes").
-- Después de poner a parir de esta manera la pobre peli, digamos un par de cosas buenas de ella. En primer lugar, el príncipe Enrique viene interpretado por un Roger Moore hecho un crío, el hombre. Sí, 16 años antes de ser James Bond (por primera vez en "Vive y deja morir"), Roger Moore fue Príncipe y luego Rey de Francia. Frente a la poco efectiva actuación de Lana Turner (no podría decir si por falta de talento actoral, que la Turner nunca se destacó por sus grandes dotes histriónicas, o si simplemente porque el papel de la prota era imposible de sacar adelante medianamente bien), Roger Moore da de lo más bien el tipo, partiendo como un rebelde, salvaje y bruto, siguiendo como un tipo algo más civilizado, y acabando como todo un Rey con gala y majestad, y haciendo que cada una de estas metamorfosis sean algo creíble. En segundo lugar está Marisa Pavan, la malvada Catalina de Médicis, pero que en realidad, si hemos de creer a la peli, estaba perdidamente enamorada de su marido (a pesar de ser un matrimonio de conveniencia), y que a pesar de los reclamos de castidad de Diana, le cobra inmediata ojeriza y por razones obvias (y bien merecidas, si me lo preguntan); esta Marisa Pavan es hermana de Pier Angeli, una actriz de cierta reputación en los '50s y '60s, y de verdad se roba el plato. Lo que le añade más inri a la peli: se supone que se trata sobre Diana de Poitiers (¡demonios, se llama "Diana" en el original, y "Diana de Francia" en el vertido al castellano!), su romance interruptus con el Príncipe, y la esposa malvada que es tercera en el triángulo, y miren ustedes como entre los otros se encargan de comerse a la prota con zapatos (actoralmente hablando, claro está).
IDEAL PARA: Bueh, bueh... Arqueólogos del cine y de las costumbres del siglo XX, fanáticos ultracompletistas de James Bond en general y de Roger Moore en particular, plañideras lectoras de Corín Tellado... Niños de seis años no, que en los tempranos '80s pasaba pero hoy en día con el PlayStation y Final Fantasy...
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VIDEOS.
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Mujer Perversa
jueves, 12 de junio de 2008
"El árabe" (1976).

-- "The Next Man". Estados Unidos. Año 1976.
-- Dirección: Richard C. Sarafian.
-- Actuación: Sean Connery, Cornelia Sharpe, Albert Paulsen, Adolfo Celi, Marco St. John, Ted Beniades, Charles Cioffi.
-- Guión: Morton S. Fine, Richard C. Sarafian, Alan Trustman, David M. Wolf.
-- Banda Sonora: Michael Kamen.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Estados Unidos. Un grupete de iluminados jerarcócratas soy-yanki-obedéceme, están inquietos porque los políticos árabes están ramificando sus intereses petroleros, lo cual podría llevar a... ¡horror! ...una mayor competencia en el mercado petrolero. Claro, los precios bajan, pero el problema es que con pozos petroleros fuera de la jurisdicción del Aguila Calva, pues bien, podría ser que estos rotosos recién bajados del camello se les ocurriera poner en práctica ciertas ideas de 1776 tales como la libertad, la búsqueda de la felicidad, la autodeterminación... En la URSS también están preocupados. Así es que ambos lados, quién sabe si por separado o en entente cordiale, "ayudan" a que sucedan "accidentes estratégicos", que provocan la muerte natural de ciertos líderes árabes detrás de la operación (es natural morirse después de que te arrojan desde un enésimo piso, ¿no?). En Arabia, Fatherland de uno de los pobres desgraciados, Su Majestad el Petroleócrata nombra a un nuevo Ministro de Relaciones Exteriores, que aunque árabe hasta la médula, tiene el porte y los modales ingleses de Sean Connery (bueno, si el culturalmente white trash yanki Brad Pitt pudo llegar a ser el grieguísimo Aquiles, ¿por qué el refinado británico Sean Connery no puede llegar a ser un sibarita saudí?). Una fulana, que se dedica a hacer trabajos de tipo sexo+muerte, que se ha encargado de darle pasaporte al ultramundo a uno de los anteriores asesinados, recibe entonces la comisión de darle a Sean El Arabe Connery el mismo tratamiento. Y ella va. Para su desgracia. Porque Connery, es que Connery es mucho Connery, es el Macho Bond himself, así es que a ella no le queda más que caer rendida en plan geisha a sus pies. Pero los jefazos de ella apuran. Después de todo, Connery habla en las Naciones Unidas, y promete lo impensable: ¡Arabia Saudita abandonará la OPEP, reconocerá a Israel, y trabará una alianza estratégica con ellos, con miras a solucionar la crisis del Medio Oriente! ¿Conseguirá nuestro buen árabe salvar al mundo de sí mismo, de la sombra del Holocausto total, y conquistar el corazón de la bella asesina con corazón de oro...?
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Lo dicho tantas veces. El cine de los '70s era serio. De verdad serio. A tres años de Watergate, y recién electo el sonriente Jimmy Carter como Boss de America, el Medio Oriente no estaba para bromas. El terrorismo hacía nata en Europa (1976 fue el año en que un comando terrorista se secuestró un avión en Entebbe), y tres años después de la Guerra de Yom Kippur, parecía que no habría paz nunca entre israelíes y árabes, por no hablar de los desplazados palestinos. En medio de esto, y siguiendo la tradición de thriller político inteligente, tan abundante en esos días y tan escaso en los nuestros, salió esta peli sin duda regular, pero que es fiel reflejo de las tensiones de aquellos tiempos.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Ciertamente, esta peli fue profética. En 1976, nadie auguraba que pudiera haber alguna clase de componenda entre Israel y los países árabes. Y sin embargo en 1979, tres años después de la peli, Jimmy Carter consiguió el casi imposible de que hubiera un tratado de paz entre el Primer Ministro de Egipto Anwar el Sadat, y el Primer Ministro de Israel Menájem Beguin, con planteamientos bastante similares a los que en la ficción nuestro héroe british ficto-árabe plantea (bueno, el tratado más o menos funcionó desde entonces, pero a Sadat le pasaron la cuenta los militares ultranacionalistas egipcios un par de años después, y lo enviaron al cementerio con el expedito método de meterle un par de balas en un desfile oficial).
-- En cuanto a la peli misma, es un tanto flaca. No es mala, pero deja la sensación de que podría haber sido mejor de lo que fue. Quiere combinar lo mejor de ambos mundos, con una trama política inteligente y una historia romántica desesperada entre el político y la chica que debe matarlo, pero en definitiva flaquea en ambas, porque la parte política, si bien se entiende, queda un tanto deslavada, y la parte romántica es demasiado tópica como para tomársela realmente en serio (además de que aburre lo suyo). Sean Connery está correcto en su papel, si es que, claro está, te lo crees interpretando a un árabe de pura cepa (bueno, en "La caza al Octubre Rojo" era un almirante ruso), mientras que Cornelia Sharpe como su interés romántico está relativamente bien; con todo, la química entre ambos no funciona fotograma por fotograma, precisamente. La partitura de Michael Kamen, que después se encargaría del soundtrack de "Brazil", "Highlander", "Duro de matar" y "Licencia para matar" entre muchas otras, es un poco flaca y seguramente ya era anticuada en su tiempo para las escenas románticas, pero en las secuencias de thriller está impecable, y contribuye mucho a levantar la moral de la peli. Para la trivia dejemos dicho que Adolfo Celi hace un breve rol, en el cual no llega a cruzarse con Connery (Celi ya había cruzado armas con Connery en "Operación Trueno", interpretando magníficamente al siniestro Emilio Largo), y que aparece fugazmente y de manera casi invisible un por entonces desconocidísimo Lance Henriksen (en la actualidad conocido por... ¡por favor, no me aburran!).
IDEAL PARA: Ver un thriller político setentero al uso, de interés más histórico que otra cosa, pero aún así de interés...
ENLACES.
-- (Ir a la página). Entrada en IMDb.
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VIDEOS.
Lo sentimos, pero no hemos encontrado videos que exhibir.
-- Dirección: Richard C. Sarafian.
-- Actuación: Sean Connery, Cornelia Sharpe, Albert Paulsen, Adolfo Celi, Marco St. John, Ted Beniades, Charles Cioffi.
-- Guión: Morton S. Fine, Richard C. Sarafian, Alan Trustman, David M. Wolf.
-- Banda Sonora: Michael Kamen.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Estados Unidos. Un grupete de iluminados jerarcócratas soy-yanki-obedéceme, están inquietos porque los políticos árabes están ramificando sus intereses petroleros, lo cual podría llevar a... ¡horror! ...una mayor competencia en el mercado petrolero. Claro, los precios bajan, pero el problema es que con pozos petroleros fuera de la jurisdicción del Aguila Calva, pues bien, podría ser que estos rotosos recién bajados del camello se les ocurriera poner en práctica ciertas ideas de 1776 tales como la libertad, la búsqueda de la felicidad, la autodeterminación... En la URSS también están preocupados. Así es que ambos lados, quién sabe si por separado o en entente cordiale, "ayudan" a que sucedan "accidentes estratégicos", que provocan la muerte natural de ciertos líderes árabes detrás de la operación (es natural morirse después de que te arrojan desde un enésimo piso, ¿no?). En Arabia, Fatherland de uno de los pobres desgraciados, Su Majestad el Petroleócrata nombra a un nuevo Ministro de Relaciones Exteriores, que aunque árabe hasta la médula, tiene el porte y los modales ingleses de Sean Connery (bueno, si el culturalmente white trash yanki Brad Pitt pudo llegar a ser el grieguísimo Aquiles, ¿por qué el refinado británico Sean Connery no puede llegar a ser un sibarita saudí?). Una fulana, que se dedica a hacer trabajos de tipo sexo+muerte, que se ha encargado de darle pasaporte al ultramundo a uno de los anteriores asesinados, recibe entonces la comisión de darle a Sean El Arabe Connery el mismo tratamiento. Y ella va. Para su desgracia. Porque Connery, es que Connery es mucho Connery, es el Macho Bond himself, así es que a ella no le queda más que caer rendida en plan geisha a sus pies. Pero los jefazos de ella apuran. Después de todo, Connery habla en las Naciones Unidas, y promete lo impensable: ¡Arabia Saudita abandonará la OPEP, reconocerá a Israel, y trabará una alianza estratégica con ellos, con miras a solucionar la crisis del Medio Oriente! ¿Conseguirá nuestro buen árabe salvar al mundo de sí mismo, de la sombra del Holocausto total, y conquistar el corazón de la bella asesina con corazón de oro...?
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Lo dicho tantas veces. El cine de los '70s era serio. De verdad serio. A tres años de Watergate, y recién electo el sonriente Jimmy Carter como Boss de America, el Medio Oriente no estaba para bromas. El terrorismo hacía nata en Europa (1976 fue el año en que un comando terrorista se secuestró un avión en Entebbe), y tres años después de la Guerra de Yom Kippur, parecía que no habría paz nunca entre israelíes y árabes, por no hablar de los desplazados palestinos. En medio de esto, y siguiendo la tradición de thriller político inteligente, tan abundante en esos días y tan escaso en los nuestros, salió esta peli sin duda regular, pero que es fiel reflejo de las tensiones de aquellos tiempos.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Ciertamente, esta peli fue profética. En 1976, nadie auguraba que pudiera haber alguna clase de componenda entre Israel y los países árabes. Y sin embargo en 1979, tres años después de la peli, Jimmy Carter consiguió el casi imposible de que hubiera un tratado de paz entre el Primer Ministro de Egipto Anwar el Sadat, y el Primer Ministro de Israel Menájem Beguin, con planteamientos bastante similares a los que en la ficción nuestro héroe british ficto-árabe plantea (bueno, el tratado más o menos funcionó desde entonces, pero a Sadat le pasaron la cuenta los militares ultranacionalistas egipcios un par de años después, y lo enviaron al cementerio con el expedito método de meterle un par de balas en un desfile oficial).
-- En cuanto a la peli misma, es un tanto flaca. No es mala, pero deja la sensación de que podría haber sido mejor de lo que fue. Quiere combinar lo mejor de ambos mundos, con una trama política inteligente y una historia romántica desesperada entre el político y la chica que debe matarlo, pero en definitiva flaquea en ambas, porque la parte política, si bien se entiende, queda un tanto deslavada, y la parte romántica es demasiado tópica como para tomársela realmente en serio (además de que aburre lo suyo). Sean Connery está correcto en su papel, si es que, claro está, te lo crees interpretando a un árabe de pura cepa (bueno, en "La caza al Octubre Rojo" era un almirante ruso), mientras que Cornelia Sharpe como su interés romántico está relativamente bien; con todo, la química entre ambos no funciona fotograma por fotograma, precisamente. La partitura de Michael Kamen, que después se encargaría del soundtrack de "Brazil", "Highlander", "Duro de matar" y "Licencia para matar" entre muchas otras, es un poco flaca y seguramente ya era anticuada en su tiempo para las escenas románticas, pero en las secuencias de thriller está impecable, y contribuye mucho a levantar la moral de la peli. Para la trivia dejemos dicho que Adolfo Celi hace un breve rol, en el cual no llega a cruzarse con Connery (Celi ya había cruzado armas con Connery en "Operación Trueno", interpretando magníficamente al siniestro Emilio Largo), y que aparece fugazmente y de manera casi invisible un por entonces desconocidísimo Lance Henriksen (en la actualidad conocido por... ¡por favor, no me aburran!).
IDEAL PARA: Ver un thriller político setentero al uso, de interés más histórico que otra cosa, pero aún así de interés...
ENLACES.
-- (Ir a la página). Entrada en IMDb.
-- (Ir a la página). Artículo en la Wikipedia en inglés.
VIDEOS.
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Busca otras películas relacionadas:
-- Sean Connery,
1976,
Drama Romántico,
Tensión Internacional
jueves, 5 de junio de 2008
"Venus" (2006).

-- "Venus". Inglaterra. Año 2006.
-- Dirección: Roger Michell.
-- Actuación: Peter O'Toole, Leslie Phillips, Jodie Whitaker, Vanessa Redgrave, Richard Griffiths, Cathryn Bradshaw.
-- Guión: Hanif Kureishi.
-- Banda Sonora: Corinne Bailey Rae.
¿DE QUÉ SE TRATA?
El asunto parte con dos vejetes de mierda. No quise decirlo en términos despectivos, sino que es la pura y cruda realidad. O sea, todos sabemos que la gente envejece como el vino o como el vinagre, y los primeros son los de la tercera edad, mientras que los segundos son los vejetes de mierda. Pues eso. Los dos vejetes son antiguos actores, de los de vuelo alto, de Shakespeare y similares, aunque uno de ellos trabaja macabramente haciendo papeles de cadáver en cuanta soap opera sea necesario que un vejete querendón se muera para hacer llorar a la familia putativa y a la audiencia. Al amigo del cadáver putativo le caerá una sobrina, y el tipo, todo hecho ilusiones de tener presencia femenina como enfermera en sus últimos días, comprándole una toalla especial, preparando libros de lectura, comprándole música barroca... Pobre hombre, está fuera de la onda, man... Porque le cae una peste que como la generación actual, no le importa ná, se la dedica a comer y apoltronarse mirando tele todo el día, y de cuidar al vejete, pues ná. Pero resulta que al amigo del tío (el otro vejete de mierda, el TV Special Corpse Corps, ¿recuerdan?), la presencia de esa criatura frágil, vaporosa, un tanto regordeta y muy maleducada, le viene como anillo al dedo, miren el degenerete, y le pregunta a su amiguete el tío de la chica, si puede sacarla a, ejem, dar una vuelta. ¡Claro, claro, claro!, le dice el tío, que se la lleve para así gozar de paz y tranquilidad... Nuestro vejete de mierda, contento ahora porque tiene un juguete nuevo, empieza entonces su misión imposible para seducir a la chica, tratando de mostrarle la sensibilidad de Shakespeare y la belleza de Velázquez, mientras que la chica sólo piensa (¡oh, descocada generación de humanos la que habéis parido, primates bípedos!) en discotecas y en noviecitos un tanto pasados de rosca, por no decir malandrinescos. El choque entre ambas culturas, el de la chica perdida de todo que aprovecha de agarrarse a lo que puede, y el del vejete de mierda que alguna vez fue grande, promete así convertirse en un nuevo Vietnam o un nuevo Irak...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Desde que Europa es Europa, o mejor dicho desde que el cine europeo es cine europeo, una de las temáticas recurrentes son esos personajes que por debajo de la cáscara de costumbres, muestran un lado grotesco o degenerete. Fellini y Bergman se edificaron carreras completas con esa temática. Y cuando nos creíamos a salvo de esta tendencia, sepultada por el cine más innovador de un Luc Besson o un Alex de la Iglesia (innovador a medias, claro, pero para los estándares europeos...), ¡ZAZ!, que nos cae otra encima. El discreto director Roger Michell, cuyos grandes highlights son cosas como "Nothing Hill" (sí, aquella en la que Julia Roberts era la star que enamoraba a un pobre Hugh Grant) y una versión para TV de "Persuasión" sacada en medio de toda la marea Jane Austen noventera, nos entrega ahora su particular versión de personajes muy civilizados por encima y muy degeneretes por debajo. Sólo que ahora, a la inglesa. O sea, todo bañado con tacitas de té.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Peter O'Toole. Las viejecitas medio consumidas que fueron a ver esta peli pensando en que era tan lindo hace 45 años el O'Toolcito ése, el que conquistaba a Audrey Hepburn en "Cómo robar un millón de dólares" o que con sus ojos azules llevaba tribus desérticas a la liberación en "Lawrence de Arabia", pueden haber hecho más que algún respingo, o peor aún, pueden haber sufrido un soponcio viéndole tan vejete degenerado, haciendo cosas como oliéndole los deditos pasados a chochi de la chica, o cosas así. Pero para el resto que apreciamos el talento actoral y no los perturbadores ojos azules (y también para los que ya estábamos prevenidos de que Peter O'Toole había envejecido como... bueno, como... viéndole como un gran actor, pero un penoso personaje, como el viejo de mierda Rey Príamo de "Troya" con Brad Pitt), su trabajo es fino y elegante a más no poder. Porque consigue vehicular muy bien su rol, dejando que los espectadores le cobren simpatía o antipatía según corresponda, y sin tratar de venderlo como un héroe o como una decrepitud ambulante. Gracias a él, esta peli no cae en la trampa de tantas pelis de "chico que hace tonterías porque una chica le obnubiló la razón", en la que el espectador termina cabreándose porque después de todo, él no habría hecho algo tan cretino como el prota, mientras que aquí, a pesar de que con dos dedos de frente el tipo está verdaderamente majareta, la actuación de O'Toole consigue transmitir la sensación de que es una persona de carne y hueso haciendo... bueno, haciendo lo que hace, pobre hombre, y de que en verdad en el mundo hay gentes así de... mejor no digo la palabra.
-- El resto está discretamente bien. La dirección de Roger Michell le da un punto especial de socarronería, con ese tinte de humor irónico tan british, en donde más que despertar la risa, te saca una sonrisa de complicidad, mientras que en los momentos dramáticos tampoco se pasa a lo lacrimógeno. Michell no se abandera por sus protagonistas, ni tampoco los condena. Los actores alrededor ponen también de su cosecha, construyendo personajes de verdad, y no meros arquetipos de toda la vida. La peli no tiene raptos de genialidad, y algunas soluciones son groseramente obvias (eso de invitar a la chica a ver una galería de arte para ver una pintura de Venus y empezar a llamarla Venus... tres cuartos de la novelística del siglo XX está construida con los mismos ingredientes), pero a pesar de esto, merced a su ejecución no brillante, pero sí muy bien ponderada, se deja ver más que bien.
-- Grandes secuencias a rescatar: la excursión a la tienda para comprarse ropa (sí, es un viejo de mierda y no se recata en eso), el enfrentamiento dialéctico entre el actor que cita a Shakespeare y la chica que cita a Kylie Minogue, la manerita en que la chica trata de despertar al vejete de mierda, la secuencia en que un vejete de mierda le corta las uñas de los pies a otro vejete de mierda... Lástima que esta peli llegó demasiado tarde, porque los guionistas de esa cosa con Estelle Getty ("Los años dorados", creo, ¿no?) podrían haber aprendido algo.
IDEAL PARA: Ver una peli más o menos corriente del subgénero "personaje degenerado degradándose a sí mismo porque le gusta degradarse a sí mismo", pero estupendamente servido por el arte de Peter O'Toole.
ENLACES.
-- (Ir a la página). Entrada en IMDb.
-- (Ir a la página). Artículo en la Wikipedia en inglés.
-- (Ir a la página). Comentario en Blog de Cine.
-- (Ir a la página). Comentario en Cineando.
-- (Ir a la página). Comentario en Ciao.
-- (Ir a la página). Comentario en MuchoCine.net.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [doblado al español de España].
-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].
-- Primer encuentro entre el prota y la chica [en inglés, sin subtítulos].
-- Dirección: Roger Michell.
-- Actuación: Peter O'Toole, Leslie Phillips, Jodie Whitaker, Vanessa Redgrave, Richard Griffiths, Cathryn Bradshaw.
-- Guión: Hanif Kureishi.
-- Banda Sonora: Corinne Bailey Rae.
¿DE QUÉ SE TRATA?
El asunto parte con dos vejetes de mierda. No quise decirlo en términos despectivos, sino que es la pura y cruda realidad. O sea, todos sabemos que la gente envejece como el vino o como el vinagre, y los primeros son los de la tercera edad, mientras que los segundos son los vejetes de mierda. Pues eso. Los dos vejetes son antiguos actores, de los de vuelo alto, de Shakespeare y similares, aunque uno de ellos trabaja macabramente haciendo papeles de cadáver en cuanta soap opera sea necesario que un vejete querendón se muera para hacer llorar a la familia putativa y a la audiencia. Al amigo del cadáver putativo le caerá una sobrina, y el tipo, todo hecho ilusiones de tener presencia femenina como enfermera en sus últimos días, comprándole una toalla especial, preparando libros de lectura, comprándole música barroca... Pobre hombre, está fuera de la onda, man... Porque le cae una peste que como la generación actual, no le importa ná, se la dedica a comer y apoltronarse mirando tele todo el día, y de cuidar al vejete, pues ná. Pero resulta que al amigo del tío (el otro vejete de mierda, el TV Special Corpse Corps, ¿recuerdan?), la presencia de esa criatura frágil, vaporosa, un tanto regordeta y muy maleducada, le viene como anillo al dedo, miren el degenerete, y le pregunta a su amiguete el tío de la chica, si puede sacarla a, ejem, dar una vuelta. ¡Claro, claro, claro!, le dice el tío, que se la lleve para así gozar de paz y tranquilidad... Nuestro vejete de mierda, contento ahora porque tiene un juguete nuevo, empieza entonces su misión imposible para seducir a la chica, tratando de mostrarle la sensibilidad de Shakespeare y la belleza de Velázquez, mientras que la chica sólo piensa (¡oh, descocada generación de humanos la que habéis parido, primates bípedos!) en discotecas y en noviecitos un tanto pasados de rosca, por no decir malandrinescos. El choque entre ambas culturas, el de la chica perdida de todo que aprovecha de agarrarse a lo que puede, y el del vejete de mierda que alguna vez fue grande, promete así convertirse en un nuevo Vietnam o un nuevo Irak...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Desde que Europa es Europa, o mejor dicho desde que el cine europeo es cine europeo, una de las temáticas recurrentes son esos personajes que por debajo de la cáscara de costumbres, muestran un lado grotesco o degenerete. Fellini y Bergman se edificaron carreras completas con esa temática. Y cuando nos creíamos a salvo de esta tendencia, sepultada por el cine más innovador de un Luc Besson o un Alex de la Iglesia (innovador a medias, claro, pero para los estándares europeos...), ¡ZAZ!, que nos cae otra encima. El discreto director Roger Michell, cuyos grandes highlights son cosas como "Nothing Hill" (sí, aquella en la que Julia Roberts era la star que enamoraba a un pobre Hugh Grant) y una versión para TV de "Persuasión" sacada en medio de toda la marea Jane Austen noventera, nos entrega ahora su particular versión de personajes muy civilizados por encima y muy degeneretes por debajo. Sólo que ahora, a la inglesa. O sea, todo bañado con tacitas de té.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Peter O'Toole. Las viejecitas medio consumidas que fueron a ver esta peli pensando en que era tan lindo hace 45 años el O'Toolcito ése, el que conquistaba a Audrey Hepburn en "Cómo robar un millón de dólares" o que con sus ojos azules llevaba tribus desérticas a la liberación en "Lawrence de Arabia", pueden haber hecho más que algún respingo, o peor aún, pueden haber sufrido un soponcio viéndole tan vejete degenerado, haciendo cosas como oliéndole los deditos pasados a chochi de la chica, o cosas así. Pero para el resto que apreciamos el talento actoral y no los perturbadores ojos azules (y también para los que ya estábamos prevenidos de que Peter O'Toole había envejecido como... bueno, como... viéndole como un gran actor, pero un penoso personaje, como el viejo de mierda Rey Príamo de "Troya" con Brad Pitt), su trabajo es fino y elegante a más no poder. Porque consigue vehicular muy bien su rol, dejando que los espectadores le cobren simpatía o antipatía según corresponda, y sin tratar de venderlo como un héroe o como una decrepitud ambulante. Gracias a él, esta peli no cae en la trampa de tantas pelis de "chico que hace tonterías porque una chica le obnubiló la razón", en la que el espectador termina cabreándose porque después de todo, él no habría hecho algo tan cretino como el prota, mientras que aquí, a pesar de que con dos dedos de frente el tipo está verdaderamente majareta, la actuación de O'Toole consigue transmitir la sensación de que es una persona de carne y hueso haciendo... bueno, haciendo lo que hace, pobre hombre, y de que en verdad en el mundo hay gentes así de... mejor no digo la palabra.
-- El resto está discretamente bien. La dirección de Roger Michell le da un punto especial de socarronería, con ese tinte de humor irónico tan british, en donde más que despertar la risa, te saca una sonrisa de complicidad, mientras que en los momentos dramáticos tampoco se pasa a lo lacrimógeno. Michell no se abandera por sus protagonistas, ni tampoco los condena. Los actores alrededor ponen también de su cosecha, construyendo personajes de verdad, y no meros arquetipos de toda la vida. La peli no tiene raptos de genialidad, y algunas soluciones son groseramente obvias (eso de invitar a la chica a ver una galería de arte para ver una pintura de Venus y empezar a llamarla Venus... tres cuartos de la novelística del siglo XX está construida con los mismos ingredientes), pero a pesar de esto, merced a su ejecución no brillante, pero sí muy bien ponderada, se deja ver más que bien.
-- Grandes secuencias a rescatar: la excursión a la tienda para comprarse ropa (sí, es un viejo de mierda y no se recata en eso), el enfrentamiento dialéctico entre el actor que cita a Shakespeare y la chica que cita a Kylie Minogue, la manerita en que la chica trata de despertar al vejete de mierda, la secuencia en que un vejete de mierda le corta las uñas de los pies a otro vejete de mierda... Lástima que esta peli llegó demasiado tarde, porque los guionistas de esa cosa con Estelle Getty ("Los años dorados", creo, ¿no?) podrían haber aprendido algo.
IDEAL PARA: Ver una peli más o menos corriente del subgénero "personaje degenerado degradándose a sí mismo porque le gusta degradarse a sí mismo", pero estupendamente servido por el arte de Peter O'Toole.
ENLACES.
-- (Ir a la página). Entrada en IMDb.
-- (Ir a la página). Artículo en la Wikipedia en inglés.
-- (Ir a la página). Comentario en Blog de Cine.
-- (Ir a la página). Comentario en Cineando.
-- (Ir a la página). Comentario en Ciao.
-- (Ir a la página). Comentario en MuchoCine.net.
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-- Trailer de la peli [doblado al español de España].
-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].
-- Primer encuentro entre el prota y la chica [en inglés, sin subtítulos].
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2006,
Drama Romántico,
Escritores e Intelectuales
jueves, 1 de mayo de 2008
"La virgen de los sicarios" (2000)

"La virgen de los sicarios". Dirigida por Barbet Schroeder. Protagonizada por Germán Jaramillo, Anderson Ballesteros, Juan David Restrepo, Manuel Busquets, Wilmar Agudelo, Juan Carlos Alvarez, Jairo Alzate, Zulma Arango, José Luis Bedoya, Cenobia Cano, Eduardo Carvajal, Olga Lucía Collazos. España / Francia / Colombia. Año 2000.
¿De qué se trata?
Colombia. En un departamento de estilo más o menos familiar para nosotros los latinacas, hay una fiesta "de ésas". Club de Toby. Men only. Fernando está feliz de regresar a Medellín, y más feliz aún porque tiene un bombón con pito incorporado sobre su cama. Fernando se come su bombón, y resulta que le quedó gustando. Así es que se lo lleva a su departamento, mira que en Medellín a veces hay días nublados, y es necesario con qué abrigarse en la cama... Pero entonces descubre que su precioso bombón, que responde al nombre de Alexis, tiene algunas pulgas bajo la correa. Por ejemplo, escucha música heavy a todo el volumen del equipo. O de cuando en cuando pasa gente alrededor suyo que trata cordialmente de enviarlo a fertilizar narcisos bajo una cómoda lápida. O que él mismo, por cualquier pequeñez, saca su arma y arregla cuentas a tiros. Al principio, Fernando se espanta lo suyo porque, rediez, es que Medellín no era así, hombre... Medellín era bonito, tranquilo, sosegao, y mira en lo que me lo han convertío, pues... Pero como le gusta el asuntillo con el chico, pues bien, se aguanta, y hasta empieza a disfrutarlo. En mala hora. Porque si te metes con Medellín, chico, entonces Medellín se mete contigo, y tú no quieres que Medellín se meta contigo, brother...
El espíritu de los tiempos.
¡Ah, los lejanos días del boom! Durante la segunda mitad del XX, con la influencia de Gabriel García Márquez y sus "Cien años de soledad", Latinoamérica evocaba un continente soñoliento y más inmutable que la Historia de China, una cosa estilo "El amor en los tiempos del cólera", o "Como agua para chocolate" o similar. De tarde en tarde salían narcos desde Latinoamérica, como el malvadísimo villano de "Fuerza Delta 2" o el de su contemporánea "Licencia para matar", pero eso no era toda Latinoamérica tampoco. Un buen día, una novela de un escritor llamado Fernando Vallejo, lo suficientemente apreciado por los culturetas como para que quizás, sólo quizás, algún día el General Gato le digne de hacer una visita a sus libros, cayó en las manos de Barbet Schroeder. Y éste decidió que quería hacer ese guión. Y lo llevó al cine. Sí, ya sé lo que están pensando. Un director francés que ocasionalmente ha reculado en Hollywood, haciendo una peli sobre Latinoamérica. Y no, no voy a defender ningún proteccionismo cultural, o ningún "Latinoamérica para los latinoamericanos". Si un director extralatinaca muestra la realidad latina y adapta una novela latina mejor que los directores de acá, sobrados en su soberbia "vengo de la Academia de cine y soy muy cultureta y qué", pues que así sea. No seré yo quien pierda el tiempo viendo los barruntes pseudoculturales de los defensores del proteccionismo cultural.
¿Por qué verla?
-- Partamos por la dirección. Está más que bien dirigida. No es una sorpresa. Barbet Schroeder, en activo desde filmes como "Sing-Sing", y que se ha hecho de un nombre con pelis como "Mariposas en la noche" o "El misterio Von Bülow", y que después intentó deslizarse con éxito más o menos relativo al cine hollywoodense más comercial ("El beso de la muerte", "Mujer soltera busca", "Medidas extremas", "Cálculo mortal"), aquí le dio una patada al tablero, cambiando Europa o Estados Unidos por Latinoamérica, y entregando una potente visión sobre la realidad colombiana, y latinoamericana en general, que no tiene concesiones de ningún tipo. Schroeder usa para rodar la cámara digital, por ese entonces una innovación procedente del movimiento Dogma, y le confiere con ello un grado de realismo y dureza aún mayor a una peli con un argumento ya de por sí crudo. Tampoco trata de retratar un Medellín ezque-Hollywood, lleno de glamour o con toques coloniales para que huela a realismo mágico; las calles y casas de Medellín que muestran podrían ser como locación casi cualquier escenario latinoamericano, de no ser por el peculiar sonsonete cantadito con el que hablan los colombianos. Con lo poco que había en términos de cantera de materiales, Barbet Schroeder se las arregla para extraer el máximo del ambiente y los escenarios, y recrea una gran historia.
-- La peli es una crítica contundente a muchas cosas. Desde luego que a la violencia desatada en Medellín, y al narcotráfico que, aunque casi invisible en la peli (otro punto a favor, no muestra la ciudad con el clásico retrato narcobananero hollywoodense), pareciera cruzar sus fibras por todos los personajes, de una manera u otra. Pero también es una durísima crítica a la intelectualidad latinoamericana. Fernando, el prota, es un escritor que viene desde España a recuperar el Medellín de su infancia, y es absolutamente incapaz de entender que las cosas han cambiado, y cuando por fin entiende, no se le ocurre nada mejor que sumergirse en el gusto de la jauría por la sangre humana. Y antes de hacerlo, se dedica a pontificar urbi et orbi como si él fuera el máximo dechado de la moral humana (¿a cuántos catedráticos universitarios y filósofos latinacas no me recuerda eso?). Emblemático en ese sentido, es su incapacidad para apreciar la música metalera que su bienamado trae, asunto que resuelve de una manera bien poco civilizada y más bien troglodita, cual es simplemente arrojar el equipo de música a la calle, sin pensar en que dicho equipo podría haberle servido a alguien más, o simplemente que con su acción hubiera podido machacarle la cabeza a un transeúnte (¡gran conciencia social, filósofo, gran conciencia social!). O de cómo no se es capaz de apreciar la música punk, hasta que ésta desaparece... Pero sí que trata de hacerle tragar al pobre muchacho sus sesiones de Maria Callas que, maestra era ella, por supuesto, pero que el chico acepta más bien porque si no, a la calle de nuevo a tratar de sobrevivir como se pueda, ante lo cual se limita a comentar que chilla como si la estuvieran ahorcando... O sea, en resumidas cuentas, tenemos una peli de denuncia y crítica social, pero sin héroes que nos muestren el otro lado. Hay que ser valiente para rodar una así, en estos tiempos...
-- El asuntillo ése del ñiruñiru hombre con hombre está más que bien resuelto. La relación homoerótica podría parecer un reclamo publicitario para que la vean los culturetas, ahora que la reivindicación de lo gay está tan de moda por contestatario, pero la peli está planteada de manera tal, que no podría funcionar de otra manera, de manera que ese elemento se transforma en imprescindible para la buena marcha del relato. Y tampoco trata de explotar el morbo de la situación. La peli es sobre un Medellín deprimido por la violencia, no sobre relaciones eróticas, y en esto la peli sigue una línea brillante, manteniendo los equilibrios entre lo provocativo y lo conservador.
-- La visión de lo religioso en la peli también es más que peculiar. Parece casi mentira, pero seguramente es así, que los bribones y los sicarios también tengan Dios al que rezarle. Y hasta le consagren sus balas (¿no se supone que los humanitos del otro lado también son Hijos Suyos?). El propio Fernando, ateo militante, también llegado el minuto se encuentra extraviado, desamparado por la Divinidad. No hay verdades ultramundanas reconfortantes ni éticas con moralina de peli Disney. Si Dios existe, en esta peli es claro que se ha olvidado de Medellín.
IDEAL PARA: Espectadores valientes que se atrevan con pelis incómodas, y políticamente incorrectas, mucho más que las pelis que se supone son políticamente incorrectas.
¿De qué se trata?
Colombia. En un departamento de estilo más o menos familiar para nosotros los latinacas, hay una fiesta "de ésas". Club de Toby. Men only. Fernando está feliz de regresar a Medellín, y más feliz aún porque tiene un bombón con pito incorporado sobre su cama. Fernando se come su bombón, y resulta que le quedó gustando. Así es que se lo lleva a su departamento, mira que en Medellín a veces hay días nublados, y es necesario con qué abrigarse en la cama... Pero entonces descubre que su precioso bombón, que responde al nombre de Alexis, tiene algunas pulgas bajo la correa. Por ejemplo, escucha música heavy a todo el volumen del equipo. O de cuando en cuando pasa gente alrededor suyo que trata cordialmente de enviarlo a fertilizar narcisos bajo una cómoda lápida. O que él mismo, por cualquier pequeñez, saca su arma y arregla cuentas a tiros. Al principio, Fernando se espanta lo suyo porque, rediez, es que Medellín no era así, hombre... Medellín era bonito, tranquilo, sosegao, y mira en lo que me lo han convertío, pues... Pero como le gusta el asuntillo con el chico, pues bien, se aguanta, y hasta empieza a disfrutarlo. En mala hora. Porque si te metes con Medellín, chico, entonces Medellín se mete contigo, y tú no quieres que Medellín se meta contigo, brother...
El espíritu de los tiempos.
¡Ah, los lejanos días del boom! Durante la segunda mitad del XX, con la influencia de Gabriel García Márquez y sus "Cien años de soledad", Latinoamérica evocaba un continente soñoliento y más inmutable que la Historia de China, una cosa estilo "El amor en los tiempos del cólera", o "Como agua para chocolate" o similar. De tarde en tarde salían narcos desde Latinoamérica, como el malvadísimo villano de "Fuerza Delta 2" o el de su contemporánea "Licencia para matar", pero eso no era toda Latinoamérica tampoco. Un buen día, una novela de un escritor llamado Fernando Vallejo, lo suficientemente apreciado por los culturetas como para que quizás, sólo quizás, algún día el General Gato le digne de hacer una visita a sus libros, cayó en las manos de Barbet Schroeder. Y éste decidió que quería hacer ese guión. Y lo llevó al cine. Sí, ya sé lo que están pensando. Un director francés que ocasionalmente ha reculado en Hollywood, haciendo una peli sobre Latinoamérica. Y no, no voy a defender ningún proteccionismo cultural, o ningún "Latinoamérica para los latinoamericanos". Si un director extralatinaca muestra la realidad latina y adapta una novela latina mejor que los directores de acá, sobrados en su soberbia "vengo de la Academia de cine y soy muy cultureta y qué", pues que así sea. No seré yo quien pierda el tiempo viendo los barruntes pseudoculturales de los defensores del proteccionismo cultural.
¿Por qué verla?
-- Partamos por la dirección. Está más que bien dirigida. No es una sorpresa. Barbet Schroeder, en activo desde filmes como "Sing-Sing", y que se ha hecho de un nombre con pelis como "Mariposas en la noche" o "El misterio Von Bülow", y que después intentó deslizarse con éxito más o menos relativo al cine hollywoodense más comercial ("El beso de la muerte", "Mujer soltera busca", "Medidas extremas", "Cálculo mortal"), aquí le dio una patada al tablero, cambiando Europa o Estados Unidos por Latinoamérica, y entregando una potente visión sobre la realidad colombiana, y latinoamericana en general, que no tiene concesiones de ningún tipo. Schroeder usa para rodar la cámara digital, por ese entonces una innovación procedente del movimiento Dogma, y le confiere con ello un grado de realismo y dureza aún mayor a una peli con un argumento ya de por sí crudo. Tampoco trata de retratar un Medellín ezque-Hollywood, lleno de glamour o con toques coloniales para que huela a realismo mágico; las calles y casas de Medellín que muestran podrían ser como locación casi cualquier escenario latinoamericano, de no ser por el peculiar sonsonete cantadito con el que hablan los colombianos. Con lo poco que había en términos de cantera de materiales, Barbet Schroeder se las arregla para extraer el máximo del ambiente y los escenarios, y recrea una gran historia.
-- La peli es una crítica contundente a muchas cosas. Desde luego que a la violencia desatada en Medellín, y al narcotráfico que, aunque casi invisible en la peli (otro punto a favor, no muestra la ciudad con el clásico retrato narcobananero hollywoodense), pareciera cruzar sus fibras por todos los personajes, de una manera u otra. Pero también es una durísima crítica a la intelectualidad latinoamericana. Fernando, el prota, es un escritor que viene desde España a recuperar el Medellín de su infancia, y es absolutamente incapaz de entender que las cosas han cambiado, y cuando por fin entiende, no se le ocurre nada mejor que sumergirse en el gusto de la jauría por la sangre humana. Y antes de hacerlo, se dedica a pontificar urbi et orbi como si él fuera el máximo dechado de la moral humana (¿a cuántos catedráticos universitarios y filósofos latinacas no me recuerda eso?). Emblemático en ese sentido, es su incapacidad para apreciar la música metalera que su bienamado trae, asunto que resuelve de una manera bien poco civilizada y más bien troglodita, cual es simplemente arrojar el equipo de música a la calle, sin pensar en que dicho equipo podría haberle servido a alguien más, o simplemente que con su acción hubiera podido machacarle la cabeza a un transeúnte (¡gran conciencia social, filósofo, gran conciencia social!). O de cómo no se es capaz de apreciar la música punk, hasta que ésta desaparece... Pero sí que trata de hacerle tragar al pobre muchacho sus sesiones de Maria Callas que, maestra era ella, por supuesto, pero que el chico acepta más bien porque si no, a la calle de nuevo a tratar de sobrevivir como se pueda, ante lo cual se limita a comentar que chilla como si la estuvieran ahorcando... O sea, en resumidas cuentas, tenemos una peli de denuncia y crítica social, pero sin héroes que nos muestren el otro lado. Hay que ser valiente para rodar una así, en estos tiempos...
-- El asuntillo ése del ñiruñiru hombre con hombre está más que bien resuelto. La relación homoerótica podría parecer un reclamo publicitario para que la vean los culturetas, ahora que la reivindicación de lo gay está tan de moda por contestatario, pero la peli está planteada de manera tal, que no podría funcionar de otra manera, de manera que ese elemento se transforma en imprescindible para la buena marcha del relato. Y tampoco trata de explotar el morbo de la situación. La peli es sobre un Medellín deprimido por la violencia, no sobre relaciones eróticas, y en esto la peli sigue una línea brillante, manteniendo los equilibrios entre lo provocativo y lo conservador.
-- La visión de lo religioso en la peli también es más que peculiar. Parece casi mentira, pero seguramente es así, que los bribones y los sicarios también tengan Dios al que rezarle. Y hasta le consagren sus balas (¿no se supone que los humanitos del otro lado también son Hijos Suyos?). El propio Fernando, ateo militante, también llegado el minuto se encuentra extraviado, desamparado por la Divinidad. No hay verdades ultramundanas reconfortantes ni éticas con moralina de peli Disney. Si Dios existe, en esta peli es claro que se ha olvidado de Medellín.
IDEAL PARA: Espectadores valientes que se atrevan con pelis incómodas, y políticamente incorrectas, mucho más que las pelis que se supone son políticamente incorrectas.
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domingo, 20 de abril de 2008
"Más extraño que la ficción" (2006).

"Stranger than Fiction". Dirigida por Marc Forster. Protagonizada por Will Ferrell, Maggie Gyllenhaal, Dustin Hoffman, Emma Thompson, Queen Latifah, Tony Hale. Estados Unidos. Año 2005.
¿De qué se trata?
Hay un individuo y su reloj. Una voz femenina en off nos relata su triste existencia. El individuo siempre se levanta a la misma hora, se cepilla siempre el mismo número de veces los dientes, cruza siempre la calle por el mismo punto, llega a la oficina y siempre le preguntan por un cálculo numérico nuevo y complejo que él siempre responde bien... Sí, no podía ser de otra manera, es un agente de la IRS, la temible oficina de impuestos del Gobierno de los Estados Unidos. ¿El único testigo? Un relojito de última generación que maldita sea para qué me compraste, si nunca me haces caso. Hasta que un día, algo pasa. El tipo está cepillándose confortablemente, y la voz nos informa que está en su cepillado 35, 36, 37... (siempre son 75) ...y el tipo se detiene. Piénselo. El tipo nunca se detiene de cepillarse o de hacer nada porque eso es una pérdida de tiempo (agente de la IRS, recordemos). (Debo confesar, no recuerdo en qué número iba el tipo de la peli, así es que puse 35, 36, 37 sólo por poner una secuencia de números consecutivos que fueran inferiores a 75, el ejemplo funciona igual, de todos modos). Y vuelve a cepillarse, 38, 39, 40... Y la voz lleva la cuenta otra vez... Y el tipo se detiene. POR SEGUNDA VEZ. Y pregunta "¿Quién está ahí?". Ahora empieza a entrar el cuco. Porque la maldita voz a veces se detiene y no se oye más, y a veces sigue narrando exactamente todo lo que ocurre en la vida del pobre sujeto. Y para empeorar las cosas, el pobre individuo de la IRS recibe la orden de practicarle una auditoría contable a una pastelería que es atendida por una joven terriblemente respondona, perturbadoramente bella (Maggie Gyllenhaal, por más señas), y que para colmo, no paga sus impuestos no por simple distracción, sino por un perfecto sentido de la desobediencia civil. O sea, no es el momento para estarse volviendo loco. De manera que visita a un psiquiatra ("esquizofrenia", dice el psiquiatra, "no me hablan voces, sino que oigo voces que narran todo lo que hago como una novela", dice el recaudador), y luego termina en la oficina de un escritor. A medida que las conversaciones chambonescas empiezan a avanzar, nuestro prota descubre entonces una terrible realidad. Porque él, el publicano de la IRS, es en realidad el personaje protagónico de la nueva novela de una talentosa y reconocida escritora, la cual, además, como rosario final, tiene la bendita costumbre de que en cada obra suya, el protagonista se muere al final...
El espíritu de los tiempos.
¿Qué es la obra narrativa? ¿Tienen alguna clase de existencia los personajes narrados? ¿Cuál es la relación del escritor con su universo narrado? ¿Es acaso el poeta un pequeño dios, como predicaba el venerable y siempre recomendable Vicente Huidobro? ¿O no es un pequeño dios, como le contestaba el vengativo Pablo Neruda? Preguntas éstas tan viejas como la Humanidad. O al menos como Aristóteles, quien consideraba que Homero era sobresaliente en el arte de contar bellas mentiras. Algo más tarde, Luciano de Samósata se despachurraba contra los mendaces escritores de supuestas "crónicas de viajes", escribiendo él mismo una estupenda mentira en su por otra parte magnífico "Viaje a la Luna" (la Humanidad se divide en dos grupos: los iluminados que han leído esa obra capital de Luciano, y los pobres desgraciados que vagan en las tinieblas y la oscuridad sin haber leído semejante joya literaria). Miguel de Unamuno le daba una pequeña vuelta de tuerca al asunto en su novela "Niebla", que por alguna razón (esperemos que de buena fe, y no por plagio), tiene un argumento casi idéntico a "Más extraño que la ficción". En "Niebla", recordemos, el prota vive una horrible historia de amor, al final de la cual, para colmo, y por meros propósitos narrativos, debe morir, y cuando se da cuenta de esto, el prota visita a Miguel de Unamuno himself para decirle que por qué demonios tiene que morirse, si él es una persona, tiene sentimientos, tiene derecho a la vida, etcétera, y para qué rayos se va a sacrificar sólo porque un puñado de perejiles intelectualoides tengan una punzada de placer estético. La filosofía de fondo era darle al lector una historia completa para identificarse con el prota, y luego hacer que en el último capítulo el lector sufriera porque el prota quería vivir o triunfar, maniobra que le resultó muy bien a Michael Ende en "La historia interminable", y muy mal a Miguel Unamuno en "Niebla", porque en lo de Ende, la cosa iba de reinos mágicos y seres mitológicos, y lo de Unamuno era el enésimo aburrido romance hispanodecimonónico con mantilla y quitasol en la verbena de la paloma, y etc. Si todo esto suena denso, entonces imagínense lo que debe ser convertir todas estas ideas en una peli. De hecho, rara vez se había hecho, porque como hemos dicho varias veces, el cine hollywoodense es muy caro (los FXs, las estrellitas que se encueran en Maxim, etc.), y por ende, mientras más intelectual sea una peli, menos probabilidad de recuperar la inversión, y de forrarse ya no hablemos. Pero desde los '90s, el tema "qué es la realidad", "qué es el mundo", "what is the matrix", etcétera, había estado abriéndose paso, con pelis como "Ciudad en tinieblas", "Mátrix" y secuelas, "Abre los ojos" y su remake yanketa "Vainilla Sky", y un largo etcétera (incluyendo un precedente tan antiguo como la magnífica "El vengador del futuro"). En ese sentido, rodar una peli como "Más extraño que la ficción" hubiera sido un disparate antes de 1990. Pero gracias a productos más popcorneros, que han puesto el tema intelectualoide sobre la realidad, es posible tener una joyita fílmica como ésta. Bendita sea "Piso 13", del inefable Roland Emmerich, por abrir el camino.
¿Por qué verla?
-- Lo que decíamos anteriormente. Esta peli es un magnífico exponente del problema de la relación del escritor con su universo narrado (o del comiquero con su universo dibujado, el cineasta con su universo filmado, etcétera). ¿Es realmente el escritor un pequeño dios? ¿Puede el escritor inventar lo que sea, lo que verdaderamente se le ocurra? Sin embargo, al estar el escritor condicionado por su propio medio y sus circunstancias, ¿no es eso un límite para su poder como dios omnipotente dentro del universo narrado? ¿Cómo puede un escritor ser todopoderoso si él mismo tiene limitaciones? Y, desde un ángulo más siniestramente religioso, ¿y si existiera un Dios, pero éste a su vez perteneciera a un universo superior en el que también está limitado? (¡Hey, esto empieza a sonar como esa novela de los Strugatski, "Qué difícil es ser Dios"!). El tema se ve difícil, y denso, pero esta peli consigue la cuadratura del círculo de poner todos estos tópicos sobre la mesa, sin que parezca una plúmbea disertación filosofoprósica de algún maldito tecnointelectualoide alemán, pero tampoco sin caer en la superficialidad o la trivialidad.
-- Démosle algo de crédito también al buen Marc Forster, el director, que aquí está en estado de gracia. Forster siempre ha sido un director a medio camino ("Cambio de vida", "Descubriendo Nunca Jamás", la sobreviniente Bond 22 "Quantum of Solace"), y aquí se ha superado a sí mismo. Tiene un buen guión, y un buen puñado de actores, y los exprime hasta decir basta. Los resultados están a la vista.
-- El final. No había manera de resolver bien esta peli. O sea, tenemos un prota que se va a morir. Pero el prota nos cae simpático, y un final así es inaceptable; por otra parte, si el prota no muere, tenemos un final demasiado hollywoodense. ¡Menudo predicamento éste! La solución que encuentran al dilema, es notable. Incluso un final deplorable como podría haber sido, el diálogo final de la escritora se encarga de darle una gran vuelta de tuerca final... que a su vez es un parlamento fino e inteligente, siempre bien empotrado sobre el tema "escritor jugando al Dios con sus personajes".
-- Las actuaciones son impecables. ¡Si hasta Will Ferrer está simpático...! Sí, el pesadote que hundió la versión para cine de "La hechizada", está grandioso como la vida, como el agente de la IRS que no quiere morir (es una expresión, creo, porque para casi nadie la vida es graciosa...). A su lado tenemos a Maggie Gyllenhaal, estupenda ella como siempre (su turbio trabajo en "La secretaria", ¿la recuerdan?). La escritora es Emma Thompson, quien para el papel no se puso una sola gota de maquillaje, según se rumorea, y compone un grandioso rol lleno de matices: mujer reclusa, irónica, sarcástica, atrevida, entusiasmada con su obra, consciente de sí misma, quizás en demasía... Y Dustin Hoffman haciendo el payaso, pone la nota baja en esta peli (no quiero ser sacrílego con Semidiós Hoffman, pero alguna de las tantas tenía que ser, y aquí es). El quinteto es completado con Queen Latifah como la secretaria de la escritora, y como otros directores antes (Philip Noyce en "El coleccionista de huesos"), Marc Forster tiene la inteligencia de hacerla actuar lo menos posible.
-- Esta es otra de esas pelis en que elegir un momento favorito es difícil, o casi imposible. Veamos, está toda la grandiosa secuencia inicial, todas las secuencias con el relojito, todas las secuencias con Emma Thompson... ¡Si hasta las secuencias románticas tienen gancho, y no lucen como un acartonado romance de Hollywood!
IDEAL PARA: Amantes del buen cine, de la buena literatura, de la reflexión filosófica, de Emma Thompson, de Will Ferrer (de este último, ¿los habrá...?).
¿De qué se trata?
Hay un individuo y su reloj. Una voz femenina en off nos relata su triste existencia. El individuo siempre se levanta a la misma hora, se cepilla siempre el mismo número de veces los dientes, cruza siempre la calle por el mismo punto, llega a la oficina y siempre le preguntan por un cálculo numérico nuevo y complejo que él siempre responde bien... Sí, no podía ser de otra manera, es un agente de la IRS, la temible oficina de impuestos del Gobierno de los Estados Unidos. ¿El único testigo? Un relojito de última generación que maldita sea para qué me compraste, si nunca me haces caso. Hasta que un día, algo pasa. El tipo está cepillándose confortablemente, y la voz nos informa que está en su cepillado 35, 36, 37... (siempre son 75) ...y el tipo se detiene. Piénselo. El tipo nunca se detiene de cepillarse o de hacer nada porque eso es una pérdida de tiempo (agente de la IRS, recordemos). (Debo confesar, no recuerdo en qué número iba el tipo de la peli, así es que puse 35, 36, 37 sólo por poner una secuencia de números consecutivos que fueran inferiores a 75, el ejemplo funciona igual, de todos modos). Y vuelve a cepillarse, 38, 39, 40... Y la voz lleva la cuenta otra vez... Y el tipo se detiene. POR SEGUNDA VEZ. Y pregunta "¿Quién está ahí?". Ahora empieza a entrar el cuco. Porque la maldita voz a veces se detiene y no se oye más, y a veces sigue narrando exactamente todo lo que ocurre en la vida del pobre sujeto. Y para empeorar las cosas, el pobre individuo de la IRS recibe la orden de practicarle una auditoría contable a una pastelería que es atendida por una joven terriblemente respondona, perturbadoramente bella (Maggie Gyllenhaal, por más señas), y que para colmo, no paga sus impuestos no por simple distracción, sino por un perfecto sentido de la desobediencia civil. O sea, no es el momento para estarse volviendo loco. De manera que visita a un psiquiatra ("esquizofrenia", dice el psiquiatra, "no me hablan voces, sino que oigo voces que narran todo lo que hago como una novela", dice el recaudador), y luego termina en la oficina de un escritor. A medida que las conversaciones chambonescas empiezan a avanzar, nuestro prota descubre entonces una terrible realidad. Porque él, el publicano de la IRS, es en realidad el personaje protagónico de la nueva novela de una talentosa y reconocida escritora, la cual, además, como rosario final, tiene la bendita costumbre de que en cada obra suya, el protagonista se muere al final...
El espíritu de los tiempos.
¿Qué es la obra narrativa? ¿Tienen alguna clase de existencia los personajes narrados? ¿Cuál es la relación del escritor con su universo narrado? ¿Es acaso el poeta un pequeño dios, como predicaba el venerable y siempre recomendable Vicente Huidobro? ¿O no es un pequeño dios, como le contestaba el vengativo Pablo Neruda? Preguntas éstas tan viejas como la Humanidad. O al menos como Aristóteles, quien consideraba que Homero era sobresaliente en el arte de contar bellas mentiras. Algo más tarde, Luciano de Samósata se despachurraba contra los mendaces escritores de supuestas "crónicas de viajes", escribiendo él mismo una estupenda mentira en su por otra parte magnífico "Viaje a la Luna" (la Humanidad se divide en dos grupos: los iluminados que han leído esa obra capital de Luciano, y los pobres desgraciados que vagan en las tinieblas y la oscuridad sin haber leído semejante joya literaria). Miguel de Unamuno le daba una pequeña vuelta de tuerca al asunto en su novela "Niebla", que por alguna razón (esperemos que de buena fe, y no por plagio), tiene un argumento casi idéntico a "Más extraño que la ficción". En "Niebla", recordemos, el prota vive una horrible historia de amor, al final de la cual, para colmo, y por meros propósitos narrativos, debe morir, y cuando se da cuenta de esto, el prota visita a Miguel de Unamuno himself para decirle que por qué demonios tiene que morirse, si él es una persona, tiene sentimientos, tiene derecho a la vida, etcétera, y para qué rayos se va a sacrificar sólo porque un puñado de perejiles intelectualoides tengan una punzada de placer estético. La filosofía de fondo era darle al lector una historia completa para identificarse con el prota, y luego hacer que en el último capítulo el lector sufriera porque el prota quería vivir o triunfar, maniobra que le resultó muy bien a Michael Ende en "La historia interminable", y muy mal a Miguel Unamuno en "Niebla", porque en lo de Ende, la cosa iba de reinos mágicos y seres mitológicos, y lo de Unamuno era el enésimo aburrido romance hispanodecimonónico con mantilla y quitasol en la verbena de la paloma, y etc. Si todo esto suena denso, entonces imagínense lo que debe ser convertir todas estas ideas en una peli. De hecho, rara vez se había hecho, porque como hemos dicho varias veces, el cine hollywoodense es muy caro (los FXs, las estrellitas que se encueran en Maxim, etc.), y por ende, mientras más intelectual sea una peli, menos probabilidad de recuperar la inversión, y de forrarse ya no hablemos. Pero desde los '90s, el tema "qué es la realidad", "qué es el mundo", "what is the matrix", etcétera, había estado abriéndose paso, con pelis como "Ciudad en tinieblas", "Mátrix" y secuelas, "Abre los ojos" y su remake yanketa "Vainilla Sky", y un largo etcétera (incluyendo un precedente tan antiguo como la magnífica "El vengador del futuro"). En ese sentido, rodar una peli como "Más extraño que la ficción" hubiera sido un disparate antes de 1990. Pero gracias a productos más popcorneros, que han puesto el tema intelectualoide sobre la realidad, es posible tener una joyita fílmica como ésta. Bendita sea "Piso 13", del inefable Roland Emmerich, por abrir el camino.
¿Por qué verla?
-- Lo que decíamos anteriormente. Esta peli es un magnífico exponente del problema de la relación del escritor con su universo narrado (o del comiquero con su universo dibujado, el cineasta con su universo filmado, etcétera). ¿Es realmente el escritor un pequeño dios? ¿Puede el escritor inventar lo que sea, lo que verdaderamente se le ocurra? Sin embargo, al estar el escritor condicionado por su propio medio y sus circunstancias, ¿no es eso un límite para su poder como dios omnipotente dentro del universo narrado? ¿Cómo puede un escritor ser todopoderoso si él mismo tiene limitaciones? Y, desde un ángulo más siniestramente religioso, ¿y si existiera un Dios, pero éste a su vez perteneciera a un universo superior en el que también está limitado? (¡Hey, esto empieza a sonar como esa novela de los Strugatski, "Qué difícil es ser Dios"!). El tema se ve difícil, y denso, pero esta peli consigue la cuadratura del círculo de poner todos estos tópicos sobre la mesa, sin que parezca una plúmbea disertación filosofoprósica de algún maldito tecnointelectualoide alemán, pero tampoco sin caer en la superficialidad o la trivialidad.
-- Démosle algo de crédito también al buen Marc Forster, el director, que aquí está en estado de gracia. Forster siempre ha sido un director a medio camino ("Cambio de vida", "Descubriendo Nunca Jamás", la sobreviniente Bond 22 "Quantum of Solace"), y aquí se ha superado a sí mismo. Tiene un buen guión, y un buen puñado de actores, y los exprime hasta decir basta. Los resultados están a la vista.
-- El final. No había manera de resolver bien esta peli. O sea, tenemos un prota que se va a morir. Pero el prota nos cae simpático, y un final así es inaceptable; por otra parte, si el prota no muere, tenemos un final demasiado hollywoodense. ¡Menudo predicamento éste! La solución que encuentran al dilema, es notable. Incluso un final deplorable como podría haber sido, el diálogo final de la escritora se encarga de darle una gran vuelta de tuerca final... que a su vez es un parlamento fino e inteligente, siempre bien empotrado sobre el tema "escritor jugando al Dios con sus personajes".
-- Las actuaciones son impecables. ¡Si hasta Will Ferrer está simpático...! Sí, el pesadote que hundió la versión para cine de "La hechizada", está grandioso como la vida, como el agente de la IRS que no quiere morir (es una expresión, creo, porque para casi nadie la vida es graciosa...). A su lado tenemos a Maggie Gyllenhaal, estupenda ella como siempre (su turbio trabajo en "La secretaria", ¿la recuerdan?). La escritora es Emma Thompson, quien para el papel no se puso una sola gota de maquillaje, según se rumorea, y compone un grandioso rol lleno de matices: mujer reclusa, irónica, sarcástica, atrevida, entusiasmada con su obra, consciente de sí misma, quizás en demasía... Y Dustin Hoffman haciendo el payaso, pone la nota baja en esta peli (no quiero ser sacrílego con Semidiós Hoffman, pero alguna de las tantas tenía que ser, y aquí es). El quinteto es completado con Queen Latifah como la secretaria de la escritora, y como otros directores antes (Philip Noyce en "El coleccionista de huesos"), Marc Forster tiene la inteligencia de hacerla actuar lo menos posible.
-- Esta es otra de esas pelis en que elegir un momento favorito es difícil, o casi imposible. Veamos, está toda la grandiosa secuencia inicial, todas las secuencias con el relojito, todas las secuencias con Emma Thompson... ¡Si hasta las secuencias románticas tienen gancho, y no lucen como un acartonado romance de Hollywood!
IDEAL PARA: Amantes del buen cine, de la buena literatura, de la reflexión filosófica, de Emma Thompson, de Will Ferrer (de este último, ¿los habrá...?).
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jueves, 14 de febrero de 2008
"Lo que queda del día" (1993).

-- "The Remains of the Day". Inglaterra. Año 1993.
-- Dirección: James Ivory.
-- Actuación: Anthony Hopkins, Emma Thompson, James Fox, Christopher Reeves, Peter Vaughan, Hugh Grant, John Haycraft, Caroline Hunt, Paula Jacobs, Ben Chaplin, Steve Dibben, Abigail Harrison, Patrick Godfrey, Peter Halliday, Terence Bayler, Hugh Sweetman, Tony Aitken, Emma Lewis, Joanna Joseph, Tim Pigott-Smith, Lena Headey.
-- Guión: Ruth Prawer Jhabvala, basada en la novela de Kazuo Ishiguro.
-- Banda Sonora: Richard Robbins.
-- "Lo que queda del día" en IMDb.
-- "Lo que queda del día" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Son los turbios y rockanrolescos '50s. Después de que Lord Darlington, su amo caído en desgracia, ha fallecido, la Mansión Darlington está a la venta, al mejor postor, y hasta plantean venderla como un montón de piedras a tanto la tonelada. Pero para fortuna de estos ingleses, tan estiradotes ellos que siempre tiene que venir un yanki a sacar las castañas del fuego, un político yanki retirado la compra y se promete a sí mismo restaurarla como era en los días de esplendor. Pero nuestro Ubermensch yanki (¡caray, si hasta el actor es superhumano, es Christopher Superman Reeves, hombre!) no podría llegar a tanto sin la obsesiva ayuda de su esbirro en jefe, el Mayordomo Stevens. Ocasión y momento propicio entonces para hacer la magdalenada de Proust y empezar a recordar los viejos y buenos tiempos. Para los ingleses, "viejos y buenos tiempos" significa antes de la Segunda Guerra Mundial, porque bien salada que la sido la Historia Universal con ellos después (adios al Imperio, potencia de segundo orden, obligación de unirse a la CEE, los tres tomos de Tolkien)... Los buenos y viejos tiempos en los cuales un ama de llaves y un asistente de mayordomo podían fugarse limpiamente y poner en aprietos al patrón para contratar nueva servidumbre. La que se queda finalmente es la Señorita Kenton, de muy buenas referencias, gracias por preguntar, quien no sólo demuestra llenar todos los requisitos para ser el ama de llaves perfecta, sino además para llenar el basáltico corazón del señor Stevens. Pero, ¡ah!, él no puede permitirse un romance, ¡oh, no, no, no! Eso lo distraería de sus funciones. Y sus funciones son importantísimas. Sin él, la casa no funciona. Y si no funciona, adios a cambiar la Historia a través de las conferencias internacionales pronazis que organiza su regio patrón Lord Darlington...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Lo hemos dicho anteriormente, a propósito de "Divorcio a la francesa" y "La condesa blanca". El director James Ivory es de la vieja escuela, y cuando decimos "vieja", queremos decir "antediluviana"; es decir, alguien formado en los cánones de John Huston y similares, con un extraordinario dominio escénico, una puesta en cámara preciosista, y actuaciones de primera, combinadas con una increíble frialdad formal. Con tales mimbres, el cesto hubiera sido un fracaso, de no ser porque salvo desbarruntes como la mencionada "Divorcio a la francesa", que pretendió ser una comedia "quiero y no puedo", James Ivory se ha especializado en esa cosa que no quiere ser histórica ni pura ficción que se llama "cine de época", género éste que se adapta muy bien a sus cualidades (ha dirigido, entre otras, "Los bostonianos", "La mansión Howard", "Jefferson en París", "Sobreviviendo a Picasso" y la mencionada "La condesa blanca"). En 1990 cayó en sus manos un librito escrito por un japonés llamado Kazuo Ishiguro, que el año anterior había ganado el Booker Prize (uno de esos premios que la estirada dizqueintelectualidad europea le da a novelistas que después todos comentan y nadie lee); este Ishiguro tenía méritos porque siendo japonés, podía escribir como europeo clásico mezclando una sensibilidad japonesa, y así todos contentos para premiarle porque escribe como europeo clásico, pero por lo japonecete le hacemos loas a la multiculturalidad (el fetiche de lo políticamente correcto noventero). Tras las vueltas y revueltas de rigor en Hollywood, Ivory terminó rodando esta peli, que se alzó después con una enorme cantidad de premios, y por una vez en la vida, con razón.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Lo dicho, es una clásica peli de James Ivory, y si no es la mejor de todas, debería considerarse entre su Top 3. Porque en esta peli están todos en estado de gracia. Para un director de corte clásico y técnicamente conservador a ultranza, la historia de un grupo de personajes otoñales que se niegan a aceptar que el mundo está cambiando, debía calzarle como yelmo a la cabeza. Si alguien quiere enterarse de qué va el cine de Ivory, "Lo que queda del día" debería ser su punto de partida natural.
-- Anthony Hopkins. Ha hecho toda clase de papeles en su larga carrera artística, pero si la posteridad lo va a recordar, es por dos hitos, ambos curiosamente de "early '90s". El primero de ellos es su rol como Hannibal Lecter en "El silencio de los inocentes". El segundo es la que podríamos llamar informalmente su "tríada de época", conformada por "La mansión Howard" y "Lo que queda del día" a las órdenes de James Ivory, y "Tierra de sombras" a las órdenes de Richard Attenborough; lo interesante de esta inopinada trilogía, es que a pesar de ser roles muy similares (personaje inglés tradicionalista hasta el fanatismo y lleno de contención british), se las arregla para interpretarlos de manera muy distinta a cada uno, muestra de que Hopkins es uno de los mejores actores de su generación. Su composición del mayordomo Stevens, duro y frío como el acero, pero que se traiciona solito a través de gestos y sutilezas varias, está entre las mejores que entregó el cine en los '90s. Hopkins consigue transmitir así toda la humanidad de un personaje que sobre el papel... ¡por Bastet que es detestable este hombre!
-- Emma Thompson. A pesar de haber protagonizado unas cuantas históricas ("Enrique V" junto a Kenneth Branagh, con quien se encamó después, libreta de por medio, un rol secundario en la simpática y no impecable "Improptu", y un rol también en el otro Ivory-hit, "La mansión Howard"), fue con esta peli que estalló literalmente ante las audiencias internacionales. Y es que consigue una increíble empatía actoral con el Monstruo Hopkins, algo indispensable si se considera que, después de todo, es una historia de amor entre ambos (¿cuántas pelis de amor han fracasado porque sus protas se detestan cordialmente, o no tan cordialmente?). Es tanta la asociación que consigue con el personaje, que cuesta pensar que, en retrospectiva, el rol iba a ser originalmente para Anjelica Huston, otra gran actriz, claro está, pero que no tiene el mismo timbre actoral que la Thompson.
-- El resto de los secundarios está simplemente grandioso. James Fox, tipo emblemático de toda peli de época inglesa que se precie de tal, hace un gran rol como Lord Darlington, bienintencionado, pero incapaz de sacarse la chapa paternalista de quienes se creen mejor que el resto de la sociedad, ni aún después de cag... perdón, meter la pata. El millonario yanki es nada menos que Christopher Reeves, en su lucha superheroica para sacarse de encima el cartel de Superman (sí, fue el prota del "Superman" de 1978 y secuelas, ¿qué pasa?), y como de costumbre interpreta su rol de manera grandiosa (sólo un puñado de nosotros sabía que era un tremendo actor, además de un buen superhéroe, y después quedó inválido y se murió). Aparece Hugh Grant, secundario insigne que ya había coincidido con la Thompson interpretando nada menos que a Frederic Chopin, el insolente, en "Improptu", que el año anterior había hecho el tontobruto en "Perversa luna de hiel" y que aquí sigue de secundario insigne antes de hacerse famoso en "Cuatro bodas y un funeral" (y pervertirse tratando de sacarse el cartel de "galán inglés" hasta caer en "El diario de Bridget Jones"). Aparece también como uno de los criados, un tal Ben Chaplin, uno de los buenos actores que nunca consiguió salir de la segunda fila (ustedes lo vieron en "La verdad sobre perros y gatos", "La heredera", "La delgada línea roja", "Ruleta rusa", "Cálculo mortal", ¡claro que lo ubican, si son cinéfilos de pro!)... Y aunque no muy conocido, mencionemos también a Peter Vaugh como el padre del señor Stevens, quien interpreta un gran rol como el viejo chochete que acarrea más problemas que alivios.
-- El tema central de la peli es también uno que, desgraciadamente, nunca perderá actualidad. Se trata del tradicionalismo a ultranza. Ser tradicionalista no está malo cuando uno se toma la tradición con cierto espíritu deportivo, conservando las cosas que sirven y descartando las que ya no. Pero el tradicionalismo porque sí es un veneno espiritual que ha matado castas sociales completas. El pecado original de todos los personajes es seguir comportándose como si la sociedad inglesa en masa estuviera estancada en el XIX de Jane Austin, a pesar de vivir los '30s del XX (y los '40s, y los '50s). Es, desde luego, el pecado de Lord Darlington, cuando se le enrostra que su naifpolitik hacia Hitler es de amateurs, y él replica que lo que algunos llaman amateurismo, él prefiere llamarlo "política con honor". Y por extensión, casi por contagio viral, es el pecado del señor Stevens, preocupado porque todo esté como siempre y siga en su lugar, aunque eso signifique el no darse cuenta de lo babosa que anda la Señorita Kenton por él... o lo baboso que él mismo anda por la Señorita Kenton. La película consigue el casi imposible de que, sin abandonar el microcosmos de la Mansión Darlington, sintamos que afuera están pasando cosas y que el viejo orden está por estallar, si es que en verdad no ha estallado ya. Esto se ve en dos niveles paralelos: por una parte, en la destrucción moral de Lord Darlington cuando después de la guerra tiene que responder por sus simpatías pronazis (a pesar de que confiaba en los nazis de pura buena fe), y en la incapacidad del señor Stevens para reconocer que las cosas cambian, y que si él mismo no cambia, será infeliz de por vida.
-- La película aborda también el complicadísimo problema de la relación de las democracias occidentales con los nazis. Después de la Segunda Guerra Mundial, Hiroshima, el descubrimiento de los experimentos en campos de concentración y la Solución Final, y los Juicios de Nüremberg, los historiadores de pacotilla escribieron toda una frondosa mitología, que el cine de guerra a lo John Wayne estimuló, sobre que las democráticas potencias occidentales libraron una guerra de ribetes mitológicos para derrotar al Demonio Ario. A mucha gente le incomoda entonces pensar y descubrir que muchos notables de ese mundo democrático occidental simpatizaba con los nazis y eran tan antisemitas como el propio Hitler (allí están por ejemplo Henry Ford o Charles Lindbergh... y a nadie se le ocurriría decir que eran las manzanas podridas del sistema... ¡después de todo eran trunfadores en el más clásico american way of life!). En la peli vemos justamente esa trastienda, de cómo parte del éxito nazi antes de la guerra se debió a las chambonadas y estupideces de un grupo de señoritos bienintencionados, sumados también por una clase baja que en muchos casos siguió como borregos a los de arriba, comprensiblemente asustados ante la perspectiva de una nueva y aún más sanguinaria guerra europea, pero incapaces de comprender que en la psicología de la Alemania de aquel tiempo no existía ese mismo miedo patológico a una guerra en la que su orgullo nacional tenía todo que ganar y nada que perder (pensaban ellos así, al menos). En muchos sentidos, esta peli enseña más historia de la Segunda Guerra Mundial que una tonelada de manuales explicando de manera fría y abstracta cómo los nazis llegaron al poder, y cómo las democracias occidentales fueron incapaces de contener a Hitler hasta que resultó demasiado tarde.
-- A un nivel histórico, esta peli funciona también como un reflejo de la decadencia de Inglaterra. Porque vemos nítidamente el contraste entre el mundo señorial de preguerra, en donde todo está escrito y predeterminado, y el mundo posterior en donde un vendaval sociológico lo arrasa todo. En esto estriba el agudo contraste entre la vida perfecta y ordenada en los '30s, y el viaje del prota para reencontrarse con su antigua ama de llaves en los '50s, que lo lleva a arrojarse en un mundo que detesta a su antiguo amo y todo lo que él representaba (además de que, por primera vez, se ve obligado a convivir en una posada de mala muerte con gente "de la baja").
-- Hay también una escena brillante que refleja una de las mayores debilidades de la democracia. En un punto, los señoritos políticos discuten sobre si es bueno darle democracia al pueblo ignorante y sin educación para que ellos voten como si tuvieran la calificación intelectual para ello. Y uno de ellos, a modo de prueba, le hace una serie de complicadas preguntas al señor Stevens, ante lo cual éste replica simplemente y con educación, que no puede ayudarlo en esos temas. El es un mayordomo y está para servir, claro, pero si se piensa en las manadas de obreros de nuestra sociedad industrial e informática cuyos patrones piensan que están para servir y no para pensar (y si piensan, los despiden y contratan a alguien por un salario más bajo), en realidad los "trabajadores libres" no están mejor parados al respecto. Esta es, por supuesto, la muestra máxima de como la democracia falla si se concentra la educación en unas pocas personas, y también el capital.
IDEAL PARA: Ver una gran historia de amor, una película con grandes actuaciones, cine histórico de alturas, el viejo tema del tradicionalismo... Si eres una persona que usa sus neuronas para algo más que deslumbrarse con efectos especiales, alguna veta encontrarás en esta película que te gustará.
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domingo, 10 de febrero de 2008
"Acuérdate de mi" (2003).

-- "Ricordati di me". Italia / Francia / Inglaterra. Año 2003.
-- Dirección: Gabriele Muccino.
-- Actuación: Fabrizio Bentivoglio, Laura Morante, Nicoletta Romanoff, Monica Bellucci, Silvio Muccino, Gabriele Lavia, Enrico Silvestrin, Silvia Cohen, Alberto Gimignani, Amanda Sandrelli, Blas Roca-Rey, Pietro Taricone, Giulia Michelini, Maria Chiara Augenti, Andrea Roncato.
-- Guión: Gabriele Muccino y Heidrun Schleef, basado en una historia del primero.
-- Banda Sonora: Paolo Buonvino.
-- "Acuérdate de mi" en IMDb.
-- "Acuérdate de mi" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Italia. Antaño fue un barrio fascista, luego fue un barrio yuppie, luego decayó y es un barrio... para ellos, nuestros protas. Que son cuatro. Está el padre de familia en un trabajo que no lo llena, que quiere volar, terminar su novela... Está la madre que años atrás sacrificó su promisoria carrera teatral para cazarse, perdón, casarse, e incubar prole. Está la hija mayor, una dieciochera (bueno, en realidad 17, pero casi 18) emperrada en hacerse famosa a como dé lugar, incluyendo encamarse con figurines de la TV para hacerse un lugar en el hueco mundo de los estelares con baile. Y está el otro hijo, que es... bueno, es... bien, cómo decirlo, es... En realidad, básicamente no es. No es nada, no es nadie, creo que me hago entender sin necesidad de insistir en el punto. Pues bien, resulta que nuestros cuatro personajes que comparten una misma familia casi como por milagro (y es que apenas interactúan unos con otros) emprenden cada uno sus respectivas búsquedas personales. El chico anda obsesionado con una chica que tuvo a bien darle un piquito alguna vez, y la quiere a ella y sólo a ella, aunque ella no quiere porque él no es lo suficientemente cool (lo que a su edad, en ese tiempo, significaba ser comunacho sin onda). La chica, por su parte, acude a un casting, y aunque no queda, consigue incrustarse como astilla en el ojo de un tipejo de la TV, con el que activa el servomotor abrepiernas para obtener la corriente eléctrica que la pondrá en imagen catódica por toda Italia. La madre, por su parte, tiene una impensada oportunidad de retomar su carrera dramática, y descubre cuánto había dejado de lado. Y el padre, por su parte, se reencuentra con un antiguo amor, con el que se embarca en una renaciente pasión volcánica y neumática que lo llevará a poner en crisis toda la delicada estabilidad familiar y podría hacer saltar la peli por los aires...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
En los '60s, el cine europeo era sinónimo de B/N (y filtros monocromáticos más tarde), imágenes-secuencia de 20/25 minutos de duración, diálogos de absurda recarga filosófica, personajes alienados y abundante material mamario para la cámara. Afortunadamente, aunque una parte importante de la producción cinematográfica europea sigue por esos mismos aberrantes y herbertmarcusianos canales, otro importante grupo de cineastas se ha apartado de todas esas convenciones para tratar un tipo de cine más amigable con el público, entendiendo de una vez por todas que "serio" o "de calidad" no significa solemne o aburrido. Aunque podrían haber conservado la última costumbre, la del tema mamario, que a nadie le hacía daño, pero en fin, no siempre se gana...
¿POR QUÉ VERLA?
-- Es una gran película sobre el tema de la desintegración familiar. Sin ser discursiva ni pedante, o acabar el asunto en moralina. Simplemente se trata de cuatro personajes que viven cada uno su propio mundo particular. Tomar la opción de contar cuatro historias paralelas, encajarlas en un miembro distinto de cada familia, y conseguir que las cuatro historias importen y pesen lo mismo, es fazaña no menor. Aquí consiguen el prodigio. La peli tiene un feeling muy natural y muy moderno (o casi, porque vemos adolescentes en el 2003, pero no usan I-Pod, no escuchan MP3 y no chatean por Internet, pero en fin...), sin caer en la imitación barata del drama yanki contentaDisney de toda la vida. El gran mérito es que consigue que nos interese como espectadores las vidas de los cuatro integrantes de la familia, a pesar de que en estricto rigor, los cuatro son miserables y patéticos perdedores, de la clase que en verdad, con miradita honesta al corazón, nadie quiere realmente ser. Y eso, sin juzgarlos, absolverlos por su lado humano debajo de la podredumbre moral, o condenarlos por el crimen de pecar contra Jehová (Paul Thomas Anderson podría haber aprendido algo de aquí antes de rodar la sobrevalorada "Magnolia", si ésta hubiera sido posterior). Simplemente contando la historia en neutro, y dejar que el espectador decida. Eso es respetar la inteligencia del espectador.
-- Los cuatro personajes son buenas representaciones de cuatro estereotipos sociales burguesoides por desgracia muy comunes hoy en día, y de los cuales, por mejor, hablaremos por separado. El padre es el tipo que antaño tuvo grandes sueños e ilusiones, pero que no sólo es un derrotado por la vida (ya sabes: la familia, los hijos, la política, los impuestos...), sino que además se derrota a sí mismo, siendo un gran y perpetuo coitus interruptus ambulante, ya que no es capaz de concretar nada con su amante (a la que por otra parte, vaya uno a saber si la quiere por ella, o simplemente por escapismo de su asfixiante medio ambiente), y tampoco puede escribir el capítulo final de su largamente inacabada novela. Lo interpreta Fabrizio Bentivoglio, y está la mar de bien, más allá de lo odioso y anodino que resulta su personaje. Por cierto, Monica Bellucci aparece a cuenta de él (ella es la amante), pero no se hagan ilusiones; ya no es como en "Drácula", que mostraba cuero sin empacho; ahora es famosilla y hace esta clase de roles que, pues bien... acá está de adorno y como reclamo publicitario para el afiche. Nada más.
-- La madre es su correlato femenino, que sacrificó una carrera actoral para servir a la familia en la casa, y después tiene la cara de gritarle (no decirle, gritarle, que ella es de la clase histericona) a su marido que todo el sacrificio es por culpa DE ÉL (como si ella hubiera dado el paso de la Gran Renuncia con una .44 en la nuca), y que a pesar de no remorderle el temita de los romances extramaritales cuando son propios, no tiene empacho en hacerle la casa el Infierno de Putas a su marido cuando éste toma igual camino. La actriz a cargo es Laura Morante, a quien, después de verla como frustrada esposa de pianista en la posterior "Lo mejor de nuestras vidas", empiezo a preguntarme si es una actriz que interpreta papeles de histérica, o una histérica metida a actriz. Bueh, quizás actúe con el útero, después de todo.
-- La hija "permuto vagina por TV" es interpretada por Nicoletta Romanoff. Como no la he visto en otros roles, me pregunto: ¿realmente es una gran actriz, o es una chiquilla hueca interpretándose a sí misma? Porque la verdad, el tema de la chica tonta para todo lo que no sea abrir las piernas le sale de lo más natural. Verla es tener la viva representación de lo que acá en Chile se conoce como la "Chica Mekano" o la "Chica LUN", la adolescente bien tonificada de músculos, pero que ya ni siquiera resulta interesante de físico de tan anoréxica que está. De hecho, el programa al que arriba como bailarina ("Alí Babá") está calcadito de programas chilenos como el decadente "Morandé con Compañía", o el por la Infinita Misericordia de Dios ya fenecido "MeKano", y en otros países debe haber clones de estas putrefacciones audiovisuales. Y algo de ironía debe haber en que quien llega al programa es ella, abriendo las piernas, y no su mejor amigui, que está harto más buena, si me preguntan.
-- El hijo está interpretado por Silvio Muccino (hermano del director de la peli, por si no notaron la coincidencia de apellidos). Es, con mucho, el personaje más patético de todos. Es un perdedor al que nadie hace caso, y que cuando una chica tiene a bien besarlo, aunque sea para pasar el rato, hace lo imposible por conquistarla, en vez de asumir una actitud viril, mandarla a volar, y construir su propio imperio con materiales más promisorios. Por eso le va como le va, después. Por desgracia existen muchos adolescentes así. Yo los mandaría, como terapia, a ver esta peli, para mostrarles todo lo que no tienen que hacer en esas edad en que las hormonas tratan de imperar.
-- El final. No lo revelaré, pero no es un final con moralina Hollywood. Gracias a Dios.
IDEAL PARA: Tener una visión de la vida familiar como (desgraciadamente) es, y no como debería ser (según el canon Hollywood).
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