Películas de estreno, películas antiguas, películas clásicas, películas bodriosas, películas de todo tipo, comentadas por el arte inefable del General Gato.
11 años de Cine 9009 en línea.
El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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jueves, 6 de junio de 2013
"Muertos vivos" (1956).
-- "Invasion of the Body Snatchers" (título original en inglés), "La invasión de los ladrones de cuerpos" (título en España), "La invasión de los usurpadores de cuerpos" (título en Venezuela).
-- Dirección: Don Siegel.
-- Actuación: Kevin McCarthy, Dana Wynter, Larry Gates, King Donovan, Carolyn Jones, Jean Willes, Ralph Dumke, Virginia Christine, Tom Fadden, Kenneth Patterson, Guy Way, Eileen Stevens, Beatrice Maude, Jean Andren, Bobby Clark.
-- Guión: Daniel Mainwaring, con aportes sin acreditar de Richard Collins, sobre la novela serializada de Jack Finney.
-- Banda Sonora: Carmen Dragon.
-- "Muertos vivos" en IMDb.
-- "Muertos vivos" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
En un manicomio de alta seguridad, un médico muy empingorotao aparece para hablar con un paciente que está cucufato. Cuando le preguntan para hacerle la pericia psiquiátrica de rigor, éste comienza a referir su larga historia en forma de flashback. Volvemos así en el tiempo hasta uno de esos suburbios tan eisenhowerianos de los '50s, en que las personas caminan bien trajeadas por la calle y se saludan todas con todas y nadie deja la puerta cerrada porque quién diablos te iba a atracar (¡qué tiempos aquellos!). De pronto el médico del lugar (el loquito del comienzo que está haciendo el flashback, cuando aún estaba sano y bueno) regresa, interrumpiendo un congreso médico, para atender una inesperada oleada de pacientes. Entre ellos hay un niño con ataques de histeria porque su madre no es su madre (para qué voy a escucharle, si para eso soy médico y sé) y una chica adulta a la que no van a tratar con tanta condescendencia porque es adulta y además está buena (Carolyn Jones en sus mejores años, y sí que eran mejores), pero que dice que su tío no es su tío. Lo que inicialmente parece ser una oleada de histeria masiva, se irá tornando más misterioso cuando aparezca un cuerpo con rasgos faciales no demasiado definidos, y sin huellas digitales. Como si estuviera a medio formar. La invasión ha comenzado, y no importa lo que ustedes hagan, terrícolas, su planeta está conde-na-doooooo...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Quizás sea ocioso repetirlo acá en Cine 9009, pero los '50s fueron la década por excelencia de la Ciencia Ficción de serie B, particularmente de la vertiente más paranoica (ellos están afuera y quieren infiltrarse). La Ciencia Ficción fílmica obró así como un catalizador inofensivo (después de todo es sólo Ciencia Ficción, eso no puede suceder en la realidad, ¿verdad?) de los miedos y terrores subconscientes de la Era Eisenhower, en que los yankis querían olvidar los horrores de la Segunda Guerra Mundial, la lucha contra los totalitarismos, el Macartismo y la Guerra Fría, yéndose a vivir a los limpios y asépticos suburbios en los cuales podían instalar esa maravillosa novedad que era la televisión para ver programas sanos y buenrollistas como "I Love Lucy". Por eso, el contraste entre todo ese espíritu jovial del amo de la casa entrando por la puerta y anunciándose con un sonriente "¡Querida, llegué...!", y pelis como "Ultimátum a la Tierra" o "La Humanidad en peligro", es bastante grotesco. En el fondo, todas esas pelis hablan del terror cetrino de esos pobres ciudadanos de perder todo aquel bonito estándar de vida que se habían ganado tan duramente después de apalear nazis en Europa. Desde siempre que el novelista y el guionista de la peli dijeron que "Muertos vivos" (horrorosa traducción argentina del original "Invasion of the Body Snatchers", que literalmente vendría siendo "Invasión de los ladrones de cuerpos", como correctamente se la tradujo en España) no tenía nada que ver con la paranoia macartista o anticomunista. Pero aún así, la peli conectó con ese miedo terrible, y muy propio del siglo XX, de perder la propia identidad, de verse disuelto y convertido en hombre masa, sea al servicio del macartismo, al del comunismo, o por último, al de la sociedad de consumo. Razón por la cual la premisa se adaptó después a diferentes tiempos y preocupaciones sociopolíticas, y en sus sucesivos remakes funcionó con mayor o menor éxito como metáfora de la pesadilla postnixoniana de los '70s ("Los usurpadores de cuerpos" de 1978), de la neurótica corrección política buenrollista de los tempranos '90s ("Usurpadores de cuerpos" de 1993), y de la bushiana guerra contra el terror ("Invasores" de 2006). Y habrá un quinto y un sexto y un séptimo y un enésimo remake en tanto exista esa dicotomía entre "nosotros los buenos y libertarios" versus "ellos los que tratan de alienarnos".
¿POR QUÉ VERLA?
-- Sin ser una de las cúspides de la Historia del Cine, esta peli se defiende muy bien y es icónica dentro de su terreno: lo que podríamos llamar el cine paranoico. Pocas pelis de ésas que se especializan en meternos miedo al cuerpo respecto de "el enemigo externo" son tan paranoicas y tenebrosas como ésta. En la mayor parte de las pelis, el enemigo aparece allá afuera, y viene a golpear las fronteras en donde estamos cómodamente instalados. Acá, el enemigo ya traspasó la frontera, y podría ser cualquiera: tu vecino, tu marido, tu madre. Probablemente ése es uno de los terrores máximos que puede experimentar el ser humano, el que todo tu medio ambiente que conoces y mantienes bajo control, de pronto se transforme en algo extraño sin que llegues a saberlo a ciencia cierta (el principal temor probablemente debamos adjudicárselo a la disolución de tu propia mente o cuerpo, en clave cronenberguiana, si me preguntan). Para el Estados Unidos de los '50s el comunismo representaba eso precisamente, el reemplazo de una sociedad en donde podías ser como querías (claro, te iban a llegar pullas si te vestías al modo extravagante de "Rebelde sin causa" o "El salvaje", pero por lo menos no te ibas a ir al Gulag o a algún pabellón de cancerosos), por otra en que eres un rostro sin cuerpo, apenas un dígito dentro de una estadística en el siguiente Plan Quinquenal. Pero sigue siendo un miedo muy actual y presente. Hoy en día los que van de rebeldes por la vida, no son precisamente tipos creativos, y en vez de buscarse su propio camino, buscan asimilarse a la rebelión de otros, y así van surgiendo las tribus urbanas y tal. Este terror a la uniformidad que te roba la individualidad es lo que tan bien explota la peli. Una de las escenas más espeluznantes es cuando el prota tiene una confrontación verbal con gentes que ya han sido convertidas, y ellos defienden con argumentos brillantes por qué los protas deberían renunciar a su Humanidad y dejarse invadir así como todo el resto del pueblo, y resulta que esos argumentos son cuando menos bastante atendibles (al final los protas deciden quedarse humanos porque los sentimientos y emociones y todo eso que "nos hace humanos" y etcétera, pero los dimes y diretes te hacen cuando menos vacilar un poco). ¿No suenan esos argumentos que usan los usurpadores de cuerpos, como algo que dirían muchos bienintencionados vecinos tuyos? "Para qué vas a ser diferente, mejor sé igual que los demás y sé feliz", "Renuncia a pensar por ti mismo para que así podamos tener un mundo en que todos estemos de acuerdo y nadie pelee con nadie y se extingan las guerras". Es lo que te dice todos los días la publicidad de las multitiendas cuando tratan de que te endeudes comprando a crédito la moda de la temporada con el dinero plástico, adquiriendo cosas que realmente no necesitas con dinero que todavía no tienes, un absurdo que los usurpadores de cuerpos (ahora los de la vida real) te repiten y te machacan hasta el cansancio con imágenes de bellas y felices modelos en bikini para que no hagas justamente eso, pensar en el absurdo de todo eso, y seas un hombre masa más. La peli podrá ser de 1956, y podrá reflejar un tipo de paranoia bien diferente, pero hoy en día por desgracia es más actual que nunca.
-- Desde el punto de vista formal, esta peli es, cómo decirlo... La verdad es que ha envejecido su resto. Está hecha con la estética, la fotografía, las actuaciones y la música propias de la serie B cincuentera de toda la vida, y esto como que le hace un poco de daño, porque tanto se ha trivializado esa clase de miedo (si hasta en "Marcianos al ataque" se cachondeaban de la musiquilla siniestra de esas pelis), que cuesta sumergirse en la trama. De seguro que la peli provocó más de algún susto en sus días. Ahora invita a la reflexión, es cierto, pero no creo que se pueda decir que asuste. ¡Demonios, si hasta en la a estas alturas del partido vetusta "Gremlins", en una escena se ve un televisor encendido en que están transmitiendo la peli! Aún así, la peli remonta lo que podríamos llamar su "cincuentaneidad" y se sostiene gracias en primer lugar (sin seguir ningún orden en particular) a la esforzada dirección de Don Siegel, siempre fiel a imprimirle pulso y tensión narrativas a las secuencias de suspenso y acción (no en balde, uno de los actores que mejor lucirán bajo la batuta de Don Siegel será Clint Eastwood haciendo de duro en "Mi nombre es violencia", "Dos mulas para la Hermana Sara", "Escape de Alcatraz", y la icónica e imprescindible "Harry el Sucio", ahí es nada), y en segundo término a un puñado de actores que se deja la camiseta sacando adelante sus roles (Kevin McCarthy a la cabeza, brillante como el médico que parte muy chulo y muy mijo y a medida que va transcurriendo la acción se va desmoronando psicológicamente, y el resto acompañando muy bien). Lo único que lastra considerablemente a la peli es su estructura de flashback, impuesta por los Estudios Warner para que el final fuera un poco más optimista, pero que rompe visiblemente el esquema de la peli (la información sobre el grado de desarrollo de la invasión que se nos presenta en el marco narrativo del "tiempo presente" difiere grandemente con todo lo que se nos ha presentado o insinuado en el flashback, aunque siempre se puede justificar porque después de todo, el tipo ha sufrido un colapso nervioso, y puede que su memoria no funcionara muy bien).
IDEAL PARA: Ver una peli que, con las limitaciones propias de las convenciones narrativas de su género y época, sigue siendo terriblemente actual.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].
Busca otras películas relacionadas:
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1956,
Invasión Extraterrestre,
Paranoia
jueves, 14 de enero de 2010
"Más corazón que odio" (1956).

--"The Searchers" (título original en inglés), "Centauros del desierto" (título en España). Estados Unidos. Año 1956.
-- Dirección: John Ford.
-- Actuación: John Wayne, Jeffrey Hunter, Vera Miles, Ward Bond, Natalie Wood, John Qualen, Olive Carey, Henry Brandon, Ken Curtis, Harry Carey Jr., Antonio Moreno, Hank Worden, Beulah Archuletta, Walter Coy, Dorothy Jordan.
-- Guión: Frank S. Rogert, basado en la novela de Alan Le May.
-- Banda Sonora: Max Steiner.
-- "Más corazón que odio" en IMDb.
-- "Más corazón que odio" en la Wikipedia en inglés.
DE QUÉ SE TRATA.
A la pequeña casita en la pradera (en la llanura texana, habríamos de decir mejor) llega el tío Ethan. Pero no se crean que es tío cariñoso y querendón, ¡oh, no! El es tío solterón chapao a la antigua, que viene cuando se le da la real gana y se va cuando tiene a soberano gusto fastidiarse con las pulgas. Son los años siguientes a la Guerra Civil de los Estados Unidos, que como bien nos enseña el cine de Hollywood, es más importante que el Descubrimiento de América y que la máquina de vapor, y por eso se hacen más pelis de eso. En fin, volviendo a ésta. Resulta que alrededor de la cabaña de los Cartwrig... er... perdón, alrededor de la cabaña de los Edwards, rondan los indios comanches, y si las pelis de Hollywood nos han enseñado algo, es que no debes confiar ni en un comanche ni en un klingon, que en cualquier son bárbaros sin honor ni civilización, que a tanto llega su insolencia que incluso se niegan a desalojar sus tierras para que las ocupe el bendito Hombre Blanco. Resulta que mientras el tío Ethan se pone a vagar por ahí para ver qué pasa con los comanches, éstos aprovechan que el héroe de turno anda por allá afuera y atacan a la familia. Y para que quede bien claro que son los malos, se llevan al par de chicas, masacran a todo el resto, y por aquello de hacer ñara-ñara, queman la casa. Compungido de dolor, pero aguantándoselo virilmente, el tío Ethan emprende ahora la cacería de los comanches, para rescatar a su sobrina, junto a una patrulla rápidamente improvisada para los efectos. Al principio se trata de salvarlas, claro, pero a medida que pasan las temporadas, los veranos y los inviernos, el tío le empieza a dar vuelta a las cosas y dice que si la sobrina no ha aparecido ni viva ni en cadáver, es que los Borg del desierto la han asimilado, y por lo tanto, al ser ahora una alienígena, ya no es más su sobrina, así es que cuando la encuentre no la va a salvar sino que le va a ahorrar su penosa vida lejos de la Unica y Sacrosanta Civilización y la va a matar. Esos son tíos, y no el tío putativo que es Wolverine de los X-Men.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Para la década de 1950, el ciclo de los Western estaba entrando en la pendiente de la decadencia. Cuando el cine partió a comienzos del XX, en Estados Unidos se rodaron Westerns a destajo porque en la primera mitad del XX todavía estaban vivos los más viejos cowboys, o bien sus hijos que crecieron escuchando las historias de sus padres o acaso abuelos. Pero ya en la Era Eisenhower, el mito del cowboy mataindios estaba en retirada frente al mito del marine matanazis. Empezó entonces lo que algunos han llamado el Western Revisionista, que toma las ideas y conceptos fundamentales del Western y trata de darlos vuelta su poco. El director John Ford, por esos años de prominente trayectoria, incluyendo también algunos celebrados Westerns ("Fuerte Apache", "Río Grande"), volvió a unir fuerzas con su actor protagónico John Wayne, que junto con Clint Eastwood es sin duda el más grande ícono del Western, y se lanzó a la tarea de adaptar una novela bastante peculiar de Alan Le May, quién para trabajarla había investigado una tonelada de secuestros de "blancas en manos de indios", tema que no estaba muy a tenor de lo que se esperaba del Western clásico, precisamente, en donde la chica secuestrada por los indios siempre era más o menos rescatada por el jovencito de turno (aquí lo de "rápidamente" se transforma en varios años), y por lo tanto no le pasaba absolutamente nada. El resultado es un Western duro y épico, enormemente descarnado, que si bien ha envejecido hoy en día en algunos respectos, en otros sigue siendo una peli maestra. A George Lucas, saqueador insigne donde los haya, sin ir demasiado lejos, no le pareció mala idea apropiarse de toda la secuencia de Ethan regresando a la cabaña de su familia para encontrar que los comanches la masacraron, copiándola en la escena del regreso de Luke Skywalker a su granja en "La guerra de las galaxias", incluso en algunos casos prácticamente plano a plano. Y, entre sacar una nueva copia bastarda y hacer un remake en toda forma, ya sacaron el remake correspondiente ("Desapariciones", con Tommy Lee Jones y Cate Blanchett, que oficialmente no lo es, pero su director Ron Howard dijo varias veces que sí era... quién entiende).
¿POR QUÉ VERLA?
-- John Wayne. Es el duro por antonomasia del Western, y aquí es doblemente duro. Porque su personaje no es un héroe. Cuando mucho, un antihéroe. Es un outsider, alguien que nunca puede estar demasiado tiempo en un lugar porque claramente se siente mal consigo mismo, por razones que nunca quedan bien especificadas, y vierte toda su amargura en contra de quien se le ponga a tiro: con los indios principalmente (es racista hasta el epidídimo), pero no lo hace nada de mal tampoco respecto de su propia familia, a quienes quiere, pero bien a distancia, gracias (lo que no impide que, cuando los masacran, ir a tomarse venganza y hacerlo la obsesión de su vida). Era el hombre ideal para interpretar al personaje, y lo convierte en más que un hombre, es prácticamente un ciclón desatado sobre la llanura. Pocas veces una peli que supuestamente va de aventuras ha tenido un prota de una psicología tan compleja. Y lo mejor: en ningún minuto tenemos diálogos imbéciles explicativos sobre por qué es cómo es, sino que lo vemos a través de su forma de actuar, y por lo que implica cada uno de sus diálogos cortantes. La última escena en la que el personaje aparece (no revelaré el final para no espoilerear nada, mes amis...) es casi inevitable: era casi imposible que las cosas terminaran de otra manera.
-- La búsqueda. No en balde la peli en inglés se llama algo así como "Los buscadores" (en Latinoamérica le pusieron el título para nada exacto, pero al menos fiel, de "Más corazón que odio"; peor les fue en España, en donde le pusieron el bonito y altisonante, pero para nada relacionado, de "Centauros del desierto"). Uno de los leit motiv clásicos de cualquier historia épica, es el tema de buscar alguna cosa. El qué es lo de menos, es un mero mcguffin, pero sirve para que el prota se lance al mundo y busque. Pero, ¿qué revela esta búsqueda sobre el tipo que está buscando? En esta peli, lo que se busca es la sobrina perdida. Sin embargo, llega un minuto, después de pasados algunos años de búsqueda infructuosa, en que el sentido de todo esto se empieza a desperfilar. Casi diríamos que los buscadores se extravían en su propia búsqueda, que dicha búsqueda es un pretexto para mantenerse errando por el desierto por años y años. La búsqueda se transforma en un fin en sí mismo. Como en "Aguirre o la ira de Dios", pero sin todo el lastre de la jeta metafísica de Werner Herzog. Cuando la búsqueda termina, de la manera en que termina (una vez no lo revelaré), pareciera que en verdad nada ha cambiado y que nada ha terminado: los buscadores seguirán buscando eternamente, porque dicho vagabundeo es más bien una exteriorización de lo perdido del alma humana. Con esto no quiero meterme en el berenjenal tecnofilosófico de "la alienación de la individualidad de las personas en la otredad de la filistea Modernidad del siglo XX", tan cara a los renacuajos que fungen de profesores de filosofía pseudomarxista. Decir que esta peli es una metáfora sobre el entero siglo XX es una generalización absurda, y sólo un filósofo diría una estupidez como ésa. Pero sí que esta peli refleja el proceso de extravío que un personaje obsesionado experimenta cuando se le da rienda suelta a su propia obsesión. Pocas pelis han conseguido esto con maestría. Esta es una de ellas.
-- John Ford. Aunque esta peli gira en torno a Ciclón Wayne, la verdad es que John Ford le construye un más que bonito decorado a su alrededor para que se luzca. La llanura de Texas (Utah, en realidad, pero quién se va a fijar en menudencias, si Hollywood cuando quiere representar a Chile o España rueda en México...), la llanura de Texas, decía, se transforma en casi un personaje más (sí, es un cliché, pero por una vez es cierto), acogiendo en su seno a estos buscadores que se la piñan por todo punto cardinal posible en su misión, y la fotografía muy austera ayuda mucho en esto. El melancólico sountrack del incombustible Max Steiner ("King Kong", "Nace una estrella", "Lo que el viento se llevó", "Casablanca", entre más de 250 otros trabajitos más) termina de cerrar el cerco. John Wayne filmaba con rudeza, y aquí consigue darle un carácter muy arisco a la peli. Quizás en el único punto en donde la peli decae lo suyo, es cuando trata de alivianar la carga dándose algún punto de humor, humor que a ratos suena claramente ingenuote para nuestra época, y a ratos es directamente racista, lo que tampoco suena muy bonito ahora. Pero esto dura poco, y cuando el drama vuelve a la carga, lo hace con todo el brío del mundo.
-- Los actores secundarios están muy bien, y brillarían incluso más de no ser por John Wayne. Su compañía es nada menos que Jeffrey Hunter, cinco años antes de que su carrera actoral quedara malamente trunca después de que fuera injustadamente denostada su interpretación de Jesucristo en "Rey de Reyes". Entre las chicas convocadas tenemos a dos pesos pesados como Vera Miles ("Psicosis") y Natalie Wood. Y en general, los miembros del elenco se sacan los zapatos interpretando a una colorida fauna con muy interesantes secundarios alrededor (Hank Worden como Mose Harper roba escena en todas las que aparece).
IDEAL PARA: Ver un Western con flaquezas, sí, pero confeccionado con la madera en que se tallan los clásicos.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].
Busca otras películas relacionadas:
+ Hank Worden,
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1956,
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jueves, 12 de marzo de 2009
"Los diez mandamientos" (1956).

-- "The Ten Commandments". Estados Unidos. Año 1956.
-- Dirección: Cecil B. DeMille.
-- Actuación: Charlton Heston, Yul Brynner, Anne Baxter, Edward G. Robinson, Yvonne De Carlo, Debra Paget, John Derek, Cedric Hardwicke, Nina Foch, Martha Scott, Judith Anderson, Vincent Price, John Carradine, Olive Deering, Douglass Dumbrille.
-- Guión: Æneas MacKenzie, Jesse Lasky Jr., Jack Gariss y Fredric M. Frank, basados en la novela "El pilar de fuego" ["Pillar of Fire"] de J.H. Ingraham, "En las alas del águila" ["On Eagle's Wing"] de A.E. Southon y "El príncipe de Egipto" ["Prince of Egypt"] de Dorothy Clarke Wilson.
-- Banda Sonora: Elmer Bernstein.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Estamos en los años del Faraón Seti. Los egipcios han construído una gran civilización, y al alero de ella, una pandilla de rebeldes conocida como "judíos" quieren vivir la dolce vita sin trabajarle un día a nadie (en esos días no se inventaba la banca internacional... aún). Los egipcios aplican una serie de políticas económicas neoliberales que implican dejar la valoración del trabajo a la libre contratación de las partes, y como consecuencia, los niveles salariales se desploman por debajo de la línea de la esclavitud, para mayor gloria y beneficios de la Corporación Faraón Egipcio S.A. Consecuentemente cabreados, los judíos empiezan a reclamar por la llegada de un Salvador que les enseñe un poco de sindicalismo a los egipcios. En medio de este fortísimo clima de lucha de clases, una madre judía echa a su retoñín al agua (en una cesta, por supuesto, si no se trata de apulmonarlo con la mojada tampoco) para salvarlo de los intentos egipcios por liquidarlo, ya que los astrólogos han predicho que Grande Es El Dios Hebreo y castigará a los egipcios. El retoñín es recogido por una princesa egipcia quien le dará el adecuado nombre de Moisés, esto es, salvado de las aguas. Pero... ¡ah! ...ahí está una sirvienta egipcia, que muy sirvienta será, pero er egipcia, joer, y por lo tanto superior a esa chusma hebrea. Pasan los años, y Moisés se ha transformado en el más chuchipiruli de la corte. Lo que por supuesto despierta envidias entre los mediocres, similares a las que algunos que conocen por ahí al General Gato sienten envidia de él porque es más inteligente y escribe mejor (PDE...). En fin, ¿en qué estaba? Ah, sí. Que Ramsés, el hijo carnal de Seti, odia a Moisés porque siente que el trono se le escapa de las manos, y además la chica linda de turno, la pizpireta Nefretiri (¡ojo, no Nefertiti! Nefretiri, así mal escrito como está, Cecil B. DeMille lo hizo de adrede) sólo tiene ojitos para el vencedor (versión antigua de "eres lindo como amigo, pero él tiene auto y me invita a bailar y a los tragos con todos los gastos pagados"...). En vísperas de que Moisés está por ser encumbrado al trono egipcio, tener la mano de la chica, etcétera, se cumple la maldición y la viejamierda sirvienta que anda por ahí se le ocurre abrir el pico y denunciar que Moisés es... ¡horror! ...¡¡¡UN JUDÍO!!! Para colmo, Moisés ha estado sensibilizándose demasiado con los sufrimientos de los judíos (pero no para liberarlos sino para humanizar el trato, que esto es despotismo ilustrado y no democracia, caramba), y todo eso le ocasiona una crisis existencial en que toda su vida será cuestionada, todo lo que posee lo perderá, pero pronto descubrirá que teniendo princesa, trono, poder, riquezas... aún puede tener... MÁS... (¡¡¡ALELUYA!!!).
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
El cine podrá ser muchas cosas: nervio en las manos de un Alfred Hitchcock, metafísica en las de un Stanley Kubrick, lirismo en las de un Ridley Scott, etcétera. Pero primero y antes que nada, es espectáculo. ¿Qué otra cosa va a buscar el espectador a la sala, sino a ingresar a la magia del cine, a ser seducido, incluso engañado, por una serie de cuadros estáticos que en la retina crean la ilusión de movimiento? Si hay un cineasta que bien sabía esto, era Cecil B. DeMille. Menospreciado por los historiadores más conspicuos, ninguneado por las cátedras pedantescas, e ignorado por los jóvenes realizadores culturetas, DeMille sigue siendo uno de los más grandes directores de todos los tiempos, el hombre que inventó prácticamente de la nada el concepto de espectáculo cinematográfico puro. DeMille creó una pesada estela de wannabies posteriores, porque sin DeMille sería inconcebible un Steven Spielberg, un George Lucas, un Ridley Scott, un Tony Scott, un James Cameron o un Michael Bay, que de una manera u otra profitan de los mismos conceptos demillescos de toda la vida, sólo que convenientemente adaptados a los tiempos (Spielberg mismo no menospreció producir literalmente un remake bastardo de "Los diez mandamientos" en su por otra parte memorable homenaje de "El príncipe de Egipto", sin ir demasiado lejos). En 1923, Cecil B. DeMille hizo una peli basada en el personaje de Moisés, que se llamó "Los diez mandamientos". Seguramente el propio DeMille quedó descontento con los resultados, porque era una peli hecha al uso de los '20s, o sea, una en la que la historia bíblica servía de pretexto para montar un drama actual (así se hacía en esos años, créanlo o no...). DeMille tuvo la agudeza de entender que la gente quería ver el espectáculo bíblico, no el melodrama contemporáneo, y se quedó con la espina pasada de rodar la historia de Moisés tal y como debía ser. O sea, con componente espectacular asegurado. En 1956, ya en el ocaso de su carrera, DeMille rodó su autoremake. Mientras la estaba rodando pensaba ya en continuar con una peli sobre bucaneros, además de llevar al cine un biopic sobre Robert Baden-Powell, el fundador de esa secta neofascista conocida como Boy Scouts, y de tratar de negociar la dirección de la por entonces sobreviniente "Ben-Hur". Pero el corazón le envió un aviso. DeMille estuvo algunos días fuera de rodaje. Los médicos le dijeron que se aguantara, que descansara. DeMille no quiso. Moisés estaba allá afuera. Lo esperaba. La más grande historia para ser contada en el cine lo llamaba con sus bíblicos dedos. Y fue a rodarla. Quizás a sabiendas de que sería la última. Murió algunos años después, en 1959. Pero no sin antes haberle legado esta monumental producción a la historia del cine.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Esta es una de las pelis más espectaculares de todos los tiempos. El viejo zorro de Cecil B. DeMille tenía claro que poseía una historia con ingredientes ganadores (bebé perdido, triángulo amoroso, luchas por el poder, encuentro con Dios, espectaculares plagas, y final apoteósico con el héroe reuniéndose con el Jerifalte de Jerifaltes mismo), y los explotó al máximo. Toda su experiencia de cuatro décadas está vertida acá. DeMille demuestra conocer al máximo los resortes que llevan al espectador de un punto a otro. La peli dura tres horas con cuarenta minutos, y en ningún minuto se sienten o se hacen pesados, y apenas hay escenas que uno podría decir "sí, bien, caramba, pero ojalá la hubieran recortado". Tiene defectos, claro está, partiendo por la insufrible narración de fondo, y en varias cosas ha envejecido su punto, pero en general es una lección catedralicia sobre cómo hacer cine de espectáculo. Todos los detalles están en su punto, no hay nada fuera de lugar, y si exceptuamos ciertas convenciones fílmicas que hoy en día nos pueden parecer ingenuas, todo se desliza de manera natural y sin ser forzado en ningún punto. Y eso que la historia está banalizada a más no poder (colocar a Moisés en un triángulo amoroso con Ramsés, hmmmmmm, gran y elevado motor narrativo, ¿eh?), pero en ningún minuto se nota como eso. Siempre he pensado que James Cameron tenía el ejemplo de esta peli a la hora de rodar su propio triángulo amoroso con catástrofe que fue "Titanic", pero aquí es donde (con el debido respeto al señor Cameron, que también muy buenos momentos ha entregado a la pantalla) vemos quien es el Amo y quien el Sirviente. Y Cecil B. DeMille es el p**o amo.
-- El elenco está en estado de gracia. Charlton Heston en esa época era todavía un actor no excesivamente notorio, pero después de interpretar a Moisés se transformó en el gran macho alfa del cine de los '50s, '60s, e incluso tempranos '70s ("La semilla del mal", "Ben-Hur", "El Cid", "55 días en Pekín", "La agonía y el éxtasis", "El planeta de los simios", "El Hombre Omega", "Cuando el destino nos alcance", "Aeropuerto '75", "Terremoto"...). Y cuesta pensar en un actor actual que pudiera ser un Moisés tan magnífico, a pesar de ciertos toques cartoonish que, por lo demás, eran la norma en el cine de la época. Ramsés, su contraparte, es interpretado por el gran Yul Brynner, quien tuvo que raparse para el papel, y le gustó tanto su nuevo look que lo preservó y se hizo famoso con él. Brynner ese mismo año rodó "El rey y yo" junto a Deborah Kerr, y entre ambos roles se convirtió en el clásico actor hollywoodense que fue, actuando después en "Salomón y la Reina de Saba", "Los siete magníficos" y "Westworld". Entre medio está Anne Baxter, insuperable como femme-fatale egyptian-style, en el que probablemente es el mejor rol de su carrera. Porque de que emponzoña el ambiente la chica ésta, lo emponzoña y bien. El elenco de secundarios está magníficamente servido por el gran Edward G. Robinson ("El pequeño César", "Pacto de sangre", "El premio", "Cuando el destino nos alcance"), como el villanesco Datán, en un rol que sobre el papel es pura opereta, pero al que Robinson le otorga carne suficiente para que lo odiemos, y para que sonriamos felinamente cuando encuentre su muy merecido final. La gran dama Yvonne De Carlo, por su parte, es Séfora, y aunque su rol acá es más bien de comparsa (y es que la chica mala tiende a llevarla más que la chica buena...), viéndola cuesta entender cómo rayos fue a acabar de matriarca vampira en la defenestrable serie televisiva de "Los Munsters". El Faraón Seti es magníficamente interpretado por Cedric Hardwicke, pura magnificencia él (ese mismo año estuvo en la más bien deplorable "Diana de Francia"), que en ningún minuto se achica ni ante Heston y ni ante Brynner, y eso ya es decir. Y terminemos el recuento del elenco con el famoso capataz egipcio al que Moisés mata, y que creativamente en la peli le dan el nombre de Baka, y que viene interpretado con su truculencia habitual por... ¡sí, adivinen qué actor de la clásica serie B cae aquí...! ¡Vincent Price himself! Bueno, aparece poquito (algunas escenas para mostrar que es un negrero, y después Moisés lo mata), pero lo poco que aparece, Vincent Price lo convierte en un gran personaje.
-- La banda sonora fue compuesta por Elmer Bernstein. No era la primera opción de Cecil B. DeMille (éste quería a su amiguete Victor Young, con quien se entendía a las maravillas, pero éste estaba enfermo y no pudo aceptar el encargo). La desgracia de Young fue la fortuna de Bernstein, quien se había hecho sus pinitos como sountrackista, pero aquí se reveló de cuerpo entero. Personalmente soy de la opinión que su soundtrack para "Los diez mandamientos" es a ratos un tanto débil, pero el trabajo en general es más que digno y acompaña bien. A Chespirito le pareció muy buena idea robárselo impunemente y sin acreditar, así es que si ustedes ven la secuencia del cruce del Mar Rojo y sienten que suena como la música del Chapulín Colorado, no es casualidad (¿habrá pagado royalties...?). Bernstein hizo después una prolífica carrera componiendo partituras a lo loco ("Los siete magníficos", "Matar a un ruiseñor", "Y dónde está el piloto", "Heavy Metal", "La edad de la inocencia", y un larguísimo etcétera).
-- Se espera en general de una peli épica, que ofrezca grandes escenarios. En este apartado, "Los diez mandamientos" cumple de manera superlativa. En realidad se recurre al uso y abuso de los fotomontajes y del travelling mate, vale, pero eso era lo mejor que podía ofrecer la técnica de la época. A cambio, los escenarios son enormemente suntuosos. Quien haya visto la "Cleopatra" de 1934 (también con ambientación egipcia y también bajo la batuta de Cecil B. DeMille) reparará el salto gigantesco que ha dado el manejo de la escenografía en dos décadas. Es notorio también el acucioso trabajo de investigación en relieves y pinturas egipcias para recrear un mundo egipcio no de fantasía, sino con el más estricto apego posible a la realidad. Salvando el ya mencionado y extensivo uso de estudios, se ve y se siente como si estuviéramos inmersos en el mundo egipcio, y las escenas al natural no desentonan demasiado de las restantes.
-- Alabar una peli de 1956 por sus efectos especiales, en particular si no es de SF (con la SciFi uno tiende a ser más indulgente porque, por último, es fantasía, ¿no?), puede parecer un despropósito. Pero no en este caso. Es cierto que la técnica se ve hoy un tanto naif, pero en realidad, bien mirado, considerando que ahora se gastan diez veces el presupuesto en CGI y los resultados no son diez veces mejores, no deja de ser un trabajo impresionante. El efecto especial del granizo quemándose en el suelo tiene magia aún hoy, los fotomontajes son poderosísimos, y la grandilocuente escena de la apertura del Mar Rojo es tan iconográfica en sí, que 42 años después a Dreamworks no le quedó más remedio que remedarla en "El príncipe de Egipto", con más CGI y algunos añadidos resultones por aquí y por allá. Y ya no hablemos de esa gran escena final, con el dedo de fuego de Dios golpeando la roca para escribir los mandamientos, y que no podrían hacerla mejor hoy en día (a lo mejor tratarían de hacerla más realista, y con eso la sumirían en el más completo de los ridículos, probablemente, y no en balde en "El príncipe de Egipto" se lo saltaron y mostraron a Moisés lisa y llanamente trayendo las Tablas de la Ley desde el Sinaí).
-- Esta peli está tan llena de secuencias memorables, que cuesta elegir. Está por supuesto la nodriza lengua de serpiente, incluyendo su no muy agradable final... La escena de delicado regusto fetish en la que Baka amarra a Josué desnudo y empieza a latigarlo... La secuencia en que una pobre vieja queda atrapada debajo de un bloque de piedra que la va a aplastar inminentemente... Las escenas en las que aparece Dios, por supuesto... La machada de Moisés nada más llegado al oasis de Madián, de defender a su futura esposa y sus futuras cuñadas... Todas las escenas de Datán complotando para salvar el trasero propio... Y por supuesto las plagas, que son el plato fuerte del asunto. Y a no olvidar la escena de la orgía, que llena 10-15 minutos en pantalla, y que tomó 2-3 semanas de grabación... Y que para la época debió haber sido el colmo de la degeneración, bailando y cantando con una voz en off que dice "entregados a sus más nefandos vicios, degenerados y perversos, esa mala semilla que"-etcétera.
IDEAL PARA: Ver un clásico absoluto del cine épico y del cine de entretención en general, servido por el Maestro, el Amo y Creador del Cine de Entretención.
ENLACES.
-- (Ir a la página) Entrada en IMDb.
-- (Ir a la página) Artículo de la Wikipedia en inglés.
-- (Ir a la página) Comentario en +cineXfavor.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].
-- Inicio de la peli [en inglés, sin subtítulos].
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Anne Baxter,
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Yul Brynner,
Yvonne De Carlo
domingo, 15 de junio de 2008
"Diana de Francia" (1956).
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-- "Diane". Estados Unidos. Año 1956.
-- Dirección: David Miller.
-- Actuación: Lana Turner, Pedro Armendáriz, Roger Moore, Marisa Pavan, Cedric Hardwicke, Torin Thatcher, Taina Elg, John Lupton, Henry Daniell, Ronald Green, Sean McClory, Geoffrey Toone, Michael Ansara, Paul Cavanagh, Melville Cooper.
-- Guión: Christopher Isherwood, basado en una historia de John Erskine, er, "inspirado" en la Diana de Francia histórica del siglo XVI.
-- Banda Sonora: Miklós Rózsa.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Es el siglo XVI, la época en que los machos recios y viriles usaban calzas apretadas, y las damas aún pretendían tener un dejo de castidad. Los caballeros del Rey Francisco I de Francia emprenden la marcha para arrestar a un individuo. Ahora bien, el pobre no sabe con el vinito que se está emborrachando. Porque el caballero es un botarate incapaz de defenderse a sí mismo, pero su señora es... ¡¡¡DIANA!!! No la Diana mitológica ni Diana Prince, por supuesto, sino la histórica Diana de Poitiers, como convenientemente nos ha recordado un cartelito colocado al inicio de la peli (ya saben, "esta historia se basa en hechos reales que..."). Diana será jovencita y estará casado con un hombre pituitarias veces mayor, pero no importa, que ella, como esposa cumplida, irá a pedir la vida de su esposo al Rey, y también, de paso, se resistirá a sus avances carnales (este Francisco I está pintadito a la usanza de las pelis sobre Enrique VIII... bueno, las clásicas en que era un regordete, no la moderna "Los Tudor" con el metrosexual Jonathan Rhys Meyers). En vez de tomárselo a mal, Francisco I decide que la chica es buena tela, después de todo, y le salva la vida al marido a cambio de un, ejem, favorcillo. El favorcillo de marras es que tendrá que ser la institutriz y darle educación a Enrique, el príncipe de Francia, que para hacer las cosas interesantes, es un botarate de lo peor, interesado en la lucha y en la caza. Como corresponde en la más pura tradición folletinesca, el príncipe no es idiota ni carece de ambiciones, sino que trata de ser auténtico (¡¡!!), y resulta que nadie había conseguido domesticarlo porque nadie había visto su corazoncito de oro. Ya saben, el clásico duro-sensible. Al príncipe le entran ganas de que pasen cosas con Diana, pero ella dice no y no, en primera porque está casada y es una señora muy donosa para traicionar a su marido, por mucho que el prete sea príncipe de librea y todo, y en segunda porque el príncipe se va a casar con una dama italiana (una Médicis, para colmo, y ya sabes la famita de envenenadores que se gastan todos los italianos, aunque sea Médicis y no Borgia), y ella para esposa quizás, pero no podría traicionar los sentimientos de otra mujer... Hmmmmmm... ¿La verdad? Me aburrí de seguir reseñándola. Véanla ustedes mismos para enterarse de cómo termina. O mejor aún, no la vean y salven el dinero del DVD o el ancho de banda del download. O incluso mejor todavía, sáltense todo este asunto y vayan a leer un libro de historia de una buena vez, que daño no les hará, mis principescos humanitos.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Supongo que sucedió de esta manera. Era a mediados de los '50s. A una década de ganada la Segunda Guerra Mundial, y por lo tanto impuesta la paz y la democracia al mundo civilizado (bueh, no al bloque comunista, pero esos bárbaros rusos no eran civilizados, ¿vale?), era tiempo de que regresaran los buenos y viejos valores familiares. Era el tiempo de máxima infantilización de personajes como Mickey Mouse y el Pato Donald, todo en beneficio de la moral y las buenas costumbres, claro está (al lado, en lo de la WB, se dedicaron a la crítica social, pero para no herir sentimientos, tuvieron que hacerlo bajo el ropaje de la caricatura surrealista). Era la época en que los chicos, impecablemente vestidos de traje, sacaban a las chicas con sus peinados pin-up y sus faldas plato, a tomar milkshake y echar monedas en las rockolas para escuchar esos nuevos y curiosos ritmos semiafricanos. En aquellos años, para hacerle la competencia a la TV, vino un revival del epic clásico de toda la vida, lo que los yanketas llaman "Sword & Sandals" ("espadas y sandalias", lo que en buen ezpañó se llama "pelis de romanos"), y más modernamente ha derivado en Sandalpunk. Pero como el Imperio Romano tuvo sólo mil años de historias, y no todos ellos aprovechables, porque hay que ver lo aburrido del reinado de Antonino Pío en donde nadie apuñaló por la espalda a nadie (y también para evitar la fijación monomaníaca en Jesús, los mártires cristianos y los apóstoles), había que fijarse en otros períodos históricos. La MGM llegó así hasta un texto de un tal John Erskine, del que no tenemos mayores noticias, pero lo mencionamos porque queda chulo y cultureta, y trató de sacar un folletín estilo Corín Tellado de ahí. El folletín era sobre Diana de Poitiers, y se llama folletín porque antiguamente se publicaban por folletos, o sea por entregas, no porque en ella los personajes follaran como conejos, aunque la Diana histórica, parece ser que no era tan pavota ni tan high values como se nos muestra en la peli (de hecho, ella y el Príncipe Enrique, más adelante Rey Enrique II de Francia, parecen haber llegado a ser amantes, a pesar de que ella era veinte años más vieja que él... toda una diferencia hoy en día, y en aquellos tiempos de corta expectativa de vida, casi necrofilia). El caso es que la MGM decidió tomar la historia de esta mujer de valores muy XVI (ya saben, el matrimonio es para la política y los herederos, y las amantes para el placer), y transformarla en una heroína con los sólidos valores americanos de los '50s (familia y propiedad, particularmente familia). Los resultados están a la vista, y son... Pues, cómo decirlo... Repetiré lo dicho anteriormente. Vayan a leer un libro de Historia, que mayor provecho les hará, humanitos míos.
¿POR QUÉ VERLA?
-- La verdad, no se me ocurren demasiados buenos motivos por los cuales perder el tiempo con esta peli. Hecha para la sensibilidad más retroconservadora de los '50s, y puritana hasta la mojigatería, ha aguantado terriblemente mal el paso del tiempo. No sirve como documento histórico, porque son tantas y tan gruesas las desviaciones del trasfondo histórico, que no sabría ni por dónde empezar (veamos: Francisco I no murió a consecuencias de las heridas de su campaña contra Carlos de Borbón, el hermano mayor de Enrique no murió envenenado, ni tampoco murió después de haber sido coronado rey, la moral de los personajes no se ajusta ni por la casualidad del burro flautista a lo que eran las costumbres e instituciones propias del Renacimiento...). Y a pesar de ser vendida como una "basada en la histórica Diana de Poitiers", no se dejan atrás la burrada antihistoricizante de meterle un astrólogo ezque-Nostradamus que hace la famosa profecía de cómo va a morir Enrique II (los que conocen la biografía de Nostradamus me entenderán). Por último, como hemos defendido varias veces, uno puede soportar que se recuente la historia alterando detalles, si es que el resultado final es algo interesante (es arte, después de todo, no el The History Channel), pero es que ni siquiera eso. Porque el conflicto sentimental aquí está resuelto en las coordenadas del peor culebrón venezolano (con voz desfalleciente: "si, yo te amo, pero yo estoy casada y tú perteneces a otra mujer"...), amagan con hacer cumplir la profecía a media peli de una manera bastante cretina (por no decir homoerótica, eso del príncipe nadando en el agüita, de cacería, con su mejor amigo, después de echar a todos sus hombres a cazar a otro lado...), y en definitiva después de verla no queda nada, sino el haber visto un espectáculo ñoño y vacío. ¡¡¡Por Bastet, si hasta nuestro buen Miklós Rózsa pareciera estar fuera de lugar!!! (y eso que el venerable señor Rózsa ha compuesto soundtracks tan clásicos y poderosos como "Ben Hur" y "Rey de Reyes").
-- Después de poner a parir de esta manera la pobre peli, digamos un par de cosas buenas de ella. En primer lugar, el príncipe Enrique viene interpretado por un Roger Moore hecho un crío, el hombre. Sí, 16 años antes de ser James Bond (por primera vez en "Vive y deja morir"), Roger Moore fue Príncipe y luego Rey de Francia. Frente a la poco efectiva actuación de Lana Turner (no podría decir si por falta de talento actoral, que la Turner nunca se destacó por sus grandes dotes histriónicas, o si simplemente porque el papel de la prota era imposible de sacar adelante medianamente bien), Roger Moore da de lo más bien el tipo, partiendo como un rebelde, salvaje y bruto, siguiendo como un tipo algo más civilizado, y acabando como todo un Rey con gala y majestad, y haciendo que cada una de estas metamorfosis sean algo creíble. En segundo lugar está Marisa Pavan, la malvada Catalina de Médicis, pero que en realidad, si hemos de creer a la peli, estaba perdidamente enamorada de su marido (a pesar de ser un matrimonio de conveniencia), y que a pesar de los reclamos de castidad de Diana, le cobra inmediata ojeriza y por razones obvias (y bien merecidas, si me lo preguntan); esta Marisa Pavan es hermana de Pier Angeli, una actriz de cierta reputación en los '50s y '60s, y de verdad se roba el plato. Lo que le añade más inri a la peli: se supone que se trata sobre Diana de Poitiers (¡demonios, se llama "Diana" en el original, y "Diana de Francia" en el vertido al castellano!), su romance interruptus con el Príncipe, y la esposa malvada que es tercera en el triángulo, y miren ustedes como entre los otros se encargan de comerse a la prota con zapatos (actoralmente hablando, claro está).
IDEAL PARA: Bueh, bueh... Arqueólogos del cine y de las costumbres del siglo XX, fanáticos ultracompletistas de James Bond en general y de Roger Moore en particular, plañideras lectoras de Corín Tellado... Niños de seis años no, que en los tempranos '80s pasaba pero hoy en día con el PlayStation y Final Fantasy...
ENLACES.
-- (Ir a la página). Entrada en IMDb.
-- (Ir a la página). Artículo en la Wikipedia en inglés.
VIDEOS.
Lo siento, no hemos podido conseguir ningún video de esta peli.
-- Dirección: David Miller.
-- Actuación: Lana Turner, Pedro Armendáriz, Roger Moore, Marisa Pavan, Cedric Hardwicke, Torin Thatcher, Taina Elg, John Lupton, Henry Daniell, Ronald Green, Sean McClory, Geoffrey Toone, Michael Ansara, Paul Cavanagh, Melville Cooper.
-- Guión: Christopher Isherwood, basado en una historia de John Erskine, er, "inspirado" en la Diana de Francia histórica del siglo XVI.
-- Banda Sonora: Miklós Rózsa.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Es el siglo XVI, la época en que los machos recios y viriles usaban calzas apretadas, y las damas aún pretendían tener un dejo de castidad. Los caballeros del Rey Francisco I de Francia emprenden la marcha para arrestar a un individuo. Ahora bien, el pobre no sabe con el vinito que se está emborrachando. Porque el caballero es un botarate incapaz de defenderse a sí mismo, pero su señora es... ¡¡¡DIANA!!! No la Diana mitológica ni Diana Prince, por supuesto, sino la histórica Diana de Poitiers, como convenientemente nos ha recordado un cartelito colocado al inicio de la peli (ya saben, "esta historia se basa en hechos reales que..."). Diana será jovencita y estará casado con un hombre pituitarias veces mayor, pero no importa, que ella, como esposa cumplida, irá a pedir la vida de su esposo al Rey, y también, de paso, se resistirá a sus avances carnales (este Francisco I está pintadito a la usanza de las pelis sobre Enrique VIII... bueno, las clásicas en que era un regordete, no la moderna "Los Tudor" con el metrosexual Jonathan Rhys Meyers). En vez de tomárselo a mal, Francisco I decide que la chica es buena tela, después de todo, y le salva la vida al marido a cambio de un, ejem, favorcillo. El favorcillo de marras es que tendrá que ser la institutriz y darle educación a Enrique, el príncipe de Francia, que para hacer las cosas interesantes, es un botarate de lo peor, interesado en la lucha y en la caza. Como corresponde en la más pura tradición folletinesca, el príncipe no es idiota ni carece de ambiciones, sino que trata de ser auténtico (¡¡!!), y resulta que nadie había conseguido domesticarlo porque nadie había visto su corazoncito de oro. Ya saben, el clásico duro-sensible. Al príncipe le entran ganas de que pasen cosas con Diana, pero ella dice no y no, en primera porque está casada y es una señora muy donosa para traicionar a su marido, por mucho que el prete sea príncipe de librea y todo, y en segunda porque el príncipe se va a casar con una dama italiana (una Médicis, para colmo, y ya sabes la famita de envenenadores que se gastan todos los italianos, aunque sea Médicis y no Borgia), y ella para esposa quizás, pero no podría traicionar los sentimientos de otra mujer... Hmmmmmm... ¿La verdad? Me aburrí de seguir reseñándola. Véanla ustedes mismos para enterarse de cómo termina. O mejor aún, no la vean y salven el dinero del DVD o el ancho de banda del download. O incluso mejor todavía, sáltense todo este asunto y vayan a leer un libro de historia de una buena vez, que daño no les hará, mis principescos humanitos.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Supongo que sucedió de esta manera. Era a mediados de los '50s. A una década de ganada la Segunda Guerra Mundial, y por lo tanto impuesta la paz y la democracia al mundo civilizado (bueh, no al bloque comunista, pero esos bárbaros rusos no eran civilizados, ¿vale?), era tiempo de que regresaran los buenos y viejos valores familiares. Era el tiempo de máxima infantilización de personajes como Mickey Mouse y el Pato Donald, todo en beneficio de la moral y las buenas costumbres, claro está (al lado, en lo de la WB, se dedicaron a la crítica social, pero para no herir sentimientos, tuvieron que hacerlo bajo el ropaje de la caricatura surrealista). Era la época en que los chicos, impecablemente vestidos de traje, sacaban a las chicas con sus peinados pin-up y sus faldas plato, a tomar milkshake y echar monedas en las rockolas para escuchar esos nuevos y curiosos ritmos semiafricanos. En aquellos años, para hacerle la competencia a la TV, vino un revival del epic clásico de toda la vida, lo que los yanketas llaman "Sword & Sandals" ("espadas y sandalias", lo que en buen ezpañó se llama "pelis de romanos"), y más modernamente ha derivado en Sandalpunk. Pero como el Imperio Romano tuvo sólo mil años de historias, y no todos ellos aprovechables, porque hay que ver lo aburrido del reinado de Antonino Pío en donde nadie apuñaló por la espalda a nadie (y también para evitar la fijación monomaníaca en Jesús, los mártires cristianos y los apóstoles), había que fijarse en otros períodos históricos. La MGM llegó así hasta un texto de un tal John Erskine, del que no tenemos mayores noticias, pero lo mencionamos porque queda chulo y cultureta, y trató de sacar un folletín estilo Corín Tellado de ahí. El folletín era sobre Diana de Poitiers, y se llama folletín porque antiguamente se publicaban por folletos, o sea por entregas, no porque en ella los personajes follaran como conejos, aunque la Diana histórica, parece ser que no era tan pavota ni tan high values como se nos muestra en la peli (de hecho, ella y el Príncipe Enrique, más adelante Rey Enrique II de Francia, parecen haber llegado a ser amantes, a pesar de que ella era veinte años más vieja que él... toda una diferencia hoy en día, y en aquellos tiempos de corta expectativa de vida, casi necrofilia). El caso es que la MGM decidió tomar la historia de esta mujer de valores muy XVI (ya saben, el matrimonio es para la política y los herederos, y las amantes para el placer), y transformarla en una heroína con los sólidos valores americanos de los '50s (familia y propiedad, particularmente familia). Los resultados están a la vista, y son... Pues, cómo decirlo... Repetiré lo dicho anteriormente. Vayan a leer un libro de Historia, que mayor provecho les hará, humanitos míos.
¿POR QUÉ VERLA?
-- La verdad, no se me ocurren demasiados buenos motivos por los cuales perder el tiempo con esta peli. Hecha para la sensibilidad más retroconservadora de los '50s, y puritana hasta la mojigatería, ha aguantado terriblemente mal el paso del tiempo. No sirve como documento histórico, porque son tantas y tan gruesas las desviaciones del trasfondo histórico, que no sabría ni por dónde empezar (veamos: Francisco I no murió a consecuencias de las heridas de su campaña contra Carlos de Borbón, el hermano mayor de Enrique no murió envenenado, ni tampoco murió después de haber sido coronado rey, la moral de los personajes no se ajusta ni por la casualidad del burro flautista a lo que eran las costumbres e instituciones propias del Renacimiento...). Y a pesar de ser vendida como una "basada en la histórica Diana de Poitiers", no se dejan atrás la burrada antihistoricizante de meterle un astrólogo ezque-Nostradamus que hace la famosa profecía de cómo va a morir Enrique II (los que conocen la biografía de Nostradamus me entenderán). Por último, como hemos defendido varias veces, uno puede soportar que se recuente la historia alterando detalles, si es que el resultado final es algo interesante (es arte, después de todo, no el The History Channel), pero es que ni siquiera eso. Porque el conflicto sentimental aquí está resuelto en las coordenadas del peor culebrón venezolano (con voz desfalleciente: "si, yo te amo, pero yo estoy casada y tú perteneces a otra mujer"...), amagan con hacer cumplir la profecía a media peli de una manera bastante cretina (por no decir homoerótica, eso del príncipe nadando en el agüita, de cacería, con su mejor amigo, después de echar a todos sus hombres a cazar a otro lado...), y en definitiva después de verla no queda nada, sino el haber visto un espectáculo ñoño y vacío. ¡¡¡Por Bastet, si hasta nuestro buen Miklós Rózsa pareciera estar fuera de lugar!!! (y eso que el venerable señor Rózsa ha compuesto soundtracks tan clásicos y poderosos como "Ben Hur" y "Rey de Reyes").
-- Después de poner a parir de esta manera la pobre peli, digamos un par de cosas buenas de ella. En primer lugar, el príncipe Enrique viene interpretado por un Roger Moore hecho un crío, el hombre. Sí, 16 años antes de ser James Bond (por primera vez en "Vive y deja morir"), Roger Moore fue Príncipe y luego Rey de Francia. Frente a la poco efectiva actuación de Lana Turner (no podría decir si por falta de talento actoral, que la Turner nunca se destacó por sus grandes dotes histriónicas, o si simplemente porque el papel de la prota era imposible de sacar adelante medianamente bien), Roger Moore da de lo más bien el tipo, partiendo como un rebelde, salvaje y bruto, siguiendo como un tipo algo más civilizado, y acabando como todo un Rey con gala y majestad, y haciendo que cada una de estas metamorfosis sean algo creíble. En segundo lugar está Marisa Pavan, la malvada Catalina de Médicis, pero que en realidad, si hemos de creer a la peli, estaba perdidamente enamorada de su marido (a pesar de ser un matrimonio de conveniencia), y que a pesar de los reclamos de castidad de Diana, le cobra inmediata ojeriza y por razones obvias (y bien merecidas, si me lo preguntan); esta Marisa Pavan es hermana de Pier Angeli, una actriz de cierta reputación en los '50s y '60s, y de verdad se roba el plato. Lo que le añade más inri a la peli: se supone que se trata sobre Diana de Poitiers (¡demonios, se llama "Diana" en el original, y "Diana de Francia" en el vertido al castellano!), su romance interruptus con el Príncipe, y la esposa malvada que es tercera en el triángulo, y miren ustedes como entre los otros se encargan de comerse a la prota con zapatos (actoralmente hablando, claro está).
IDEAL PARA: Bueh, bueh... Arqueólogos del cine y de las costumbres del siglo XX, fanáticos ultracompletistas de James Bond en general y de Roger Moore en particular, plañideras lectoras de Corín Tellado... Niños de seis años no, que en los tempranos '80s pasaba pero hoy en día con el PlayStation y Final Fantasy...
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jueves, 3 de enero de 2008
"Planeta prohibido" (1956).

-- "Forbidden Planet". Estados Unidos. Año 1956.
-- Dirección: Fred M. Wilcox.
-- Actuación: Walter Pidgeon, Anne Francis, Leslie Nielsen, Warren Stevens, Jack Kelly, Richard Anderson, Earl Holliman, Robby el Robot.
-- Guión: Cyril Hume, sobre una historia de Irving Block y Allen Adler, inspirados sin acreditar en la obra "La tempestad" de William Shakespeare.
-- Banda Sonora: Bebe Barron y Louis Barron.
-- "Planeta prohibido" en IMDb.
-- "Planeta prohibido" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Es el futuro, y bien futuro incluso para esos años, concretamente a inicios del siglo XXIII. Una voz en off nos explica que el ser humano ha salido de su planeta, está dominando otros mundos, enviando expediciones, etcétera. Un platillo volador de los humanos (¡sí, se mueven en platillos voladores!) llega hasta el mundo Altair IV, para investigar lo ocurrido con una expedición anterior, y rescatar a los supervivientes si se encontrara alguno. Bueno, por radio sí encuentran a uno, pero éste lo único que dice es "váyanse, váyanse", y evidentemente no quiere ser rescatado. Y como los de la nave son científicos, pero también militares, pues bien, joer, no se van a quedar con el bichito de la curiosidad picándoles, que para incordiar les pagan, así es que descienden en el planeta. Allí son recibidos por una extraña y asombrosa criatura metálica que se llama... ¡¡CHACHÁAANNNN!...!! ¡¡¡ROBOT!!! Después de mostarles lo cachilupi que es, el robot los lleva hasta el Doctor Morbius, el último superviviente de la expedición anterior, que de paso ha conseguido criar a una bella chica de muy buen ver, a la que por supuesto Morbius trata de sacar de circulación apenas puede, para que los tripulantes de la nave (todos hombres, cómo se nota que esta peli es anterior al movimiento feminista de los '60s) no empiecen a imaginar el pasar placeres planetarios con ella. Uno de los oficiales quiere, y empieza las labores de domesticación de la hembra humana, pero el capitán hace valer su rango, manda al otro a la nave, y se queda con la chica. Al mismo tiempo, comienzan los ataques de un misterioso monstruo invisible que tiene una fuerza increíble, y deja muertos bien muertitos por el camino. La investigación del misterio del monstruo llevará a la tripulación al descubrimiento de un dantesco secreto respecto a la civilización que alguna vez pobló el planeta, y al extraño vínculo que el Doctor Morbius mantiene con éste...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Después del fracaso comercial de "Metrópolis", en 1927, la Ciencia Ficción cinéfila se sumergió en un largo hiato del que vino a salir sólo con el holocausto atómico de 1945, a partir del cual el tema del espacio exterior, de los peligros de la ciencia y de los invasores extraterrestres se puso otra vez de moda, para reflejar la paranoia que en aquellos años se vivía, y que aparte de la infaltable serie B con arañas gigantes, hormigas gigantes, escarabajos peloteros gigantes y toda tracada de bichos gigantes hechos crecer por la radiación a lo Godzilla, encontró concreción en "Ultimátum a la Tierra". Pero conforme pasó el tiempo, la actitud hacia la ciencia en el cine fue cambiando. De este modo fue producida la innovadora (para su época, claro está) "Planeta prohibido". La idea tenía vuelo. Estaba basada nada menos que en "La tempestad" de William Shakespeare, aunque de manera bastante vaga (por cierto, yo la encuentro más parecida a "Los viajes del Beagle Espacial", de A. E. Van Vogt, y creo que puede pasar aceptablemente como una versión bastarda de esta novela... así como el "Star Trek" de Gene Roddenberry, ya puestos). La película se transformó en un clásico instantáneo del cine, aunque como todos los clásicos, hoy en día peca de ser un poco añeja.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Es Ciencia Ficción de alturas. La primera parte de la película es tediosa a más no poder. Para las audiencias de 1956, mostrar a los humanos a bordo de un platillo volador era romper con todos los esquemas (hasta el momento, como por ejemplo en la mencionada "Ultimátum a la Tierra", los platillos voladores eran patrimonio exclusivo de los extraterrestres), pero hoy en día la idea no tiene ningún impacto, por no hablar de la larga secuencia en donde el robot explica lo estupendo que son los robots, algo que medio siglo después se da prácticamente por sentado. Pero a medida que promedia la película, y el interés se desplaza desde la llegada de los expedicionarios y la subtrama romántica de rigor hacia el misterio del plaenta, adquiere una fuerza inusitada. La exploración que hacen de la antigua civilización que pobló el planeta, y que desapareció sin dejar ni rastro (bueno, ninguno en la superficie, al menos), es escalofriante incluso el día de hoy. Y la respuesta sobre la naturaleza del monstruo, que por supesto no revelaremos, debe ser una de las secuencias que mejor reflejan en toda la historia del cine, lo miserable de la condición de ustedes los humanos (miau, les dice el General Gato)...
-- El Doctor Morbius. Podríamos considerarlo como un villano de categoría, de no ser porque uno puede buenamente preguntarse hasta qué punto es un villano. Responde al estereotipo del científico loco, por supuesto, pero quizás sería arpresurado adjudicarle alguna mala intención en todo lo que está ocurriendo. Quizás lo mejor que podemos decir de él, es que se trata de un hombre prisionero de sí mismo. Lo interpreta Walter Pidgeon, y lo hace de manera memorable.
-- Anne Francis. Decíamos que la peli está un tanto añeja en algunos rubros, pero en éste, decididamente no. Para nada. En absoluto. Sobre la actriz y sus condiciones actuales, ni idea, pero en ese tiempo estaba estupenda.
-- Leslie Nielsen... Sí, agárrense de sus asientos. El médico de "¿Y dónde está el piloto?", el metegamba policía Frank Drebin de "¿Y dónde está el policía?", el payaso cómico de todas las parodias cinéfilas de los '90s, en esta peli de 1956 es el galán chulo que hace de héroe y se queda con la chica. Quien te ha visto y quien te ve. Y... ¿saben una cosa? El papel le calza estupendamente. Bueno, no podía ser de otra manera. Leslie Nielsen haciendo papeles cómicos puede hacerlo bien o mal, pero en papeles serios es... mortalmente serio.
IDEAL PARA: Ver un clásico de la Ciencia Ficción, que a pesar de cojear por aquello del paso del tiempo, aún se sostiene bien.
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miércoles, 5 de abril de 2006
"Alejandro Magno" (1956)

-- "Alexander The Great". España / Estados Unidos. Año 1956.
-- Dirección: Robert Rossen.
-- Actuación: Richard Burton, Fredric March, Claire Bloom, Danielle Darrieux, Barry Jones, Harry Andrews, Stanley Baker, Niall MacGinnis, Peter Cushing, Michael Hordern, Marisa de Leza, Gustavo Rojo, Rubén Rojo, Peter Wyngarde, Helmut Dantine.
-- Guión: Robert Rossen.
-- Banda Sonora: Mario Nascimbene.
-- "Alejandro Magno" en IMDb.
-- "Alejandro Magno" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Pues... como su título lo indica, es la vida de Alejandro Magno. O sea: nacimiento atribuido a los dioses, crianza gimnástica y aristotélica, relaciones tensas con padre y madre (edípico, que le dicen), asesinato de su padre Filipo, sumisión de Grecia, expedición militar a Persia, muerte de Darío, etcétera. Es un biopic, vamos, yo supongo que usted, estimado navegante de este blog, tiene un mínimo de cultura, no necesariamente para conocerse hasta los más recónditos pasajes de la bonita biografía que le dedicó Plutarco, pero sí por lo menos para buscar una enciclopedia (o si no quiere despegarse de Internet, ir a artehistoria.com y buscar ahí).
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Sí, aunque no lo crean. Antes del "Alexander" de Oliver Stone, hubo otro gran biopic sobre Alejandro Magno. Robert Rossen era un director pretendidamente autoral, que había tenido sus roces con el macartismo (algo de lo que hablamos marginalmente al comentar "Buenas noches y buena suerte"). Tenía que hacer un poco de limpieza con su nombre, y se le ocurrió intentarlo con el género entonces de moda, el cine épico. El resultado es algo a medio camino entre el cine reflexivo autoral pseudointelectualoide, y un mal disimulado mensaje panfletario americanista ("Alexander" también hablaba, en el fondo, sobre barras y estrellas, pero lo hacía desde una trinchera harto más contestataria). Alejandro Magno es presentado como un pijo mijo ario Ubermensch, que habla sobre unir a Grecia y liberar a Persia con un entusiasmo digno de un fascista americano (¡en oriente están los malos!), y cuando lo logra, pues bien, no sabe qué hacer con el botín; si hay algo peor que ver a Richard Burton fingiendo ser Alejandro, es ver a Richard Burton fingiendo ser Alejandro volviéndose mamón. ¿Cuál era el mensaje que pretendía infundir Rossen? Buena pregunta, porque el guión es tan embrollado (para meter todas las anécdotas e incidentes de la vida de Alejandro) que apenas se entiende de qué va la cosa.
¿POR QUÉ VERLA?
-- A los que les gusta el prurito histórico, puede que les simpatice saber que hay un biopic de Alejandro Magno que mete TODO el anecdotario conocido sobre él (bueno, casi todo, no sale por ninguna parte el caballo Bucéfalo). Distorsionado y reacondicionado de acuerdo a las convenciones fílmicas, pero en fin. Hacer eso en dos horas veinte de película tiene su mérito (y eso que los productores le cortaron una media hora adicional), aunque el resultado final a veces parezca más una dramatización del History Channel con pelucas "'50s style" que una película con pretensiones de cine artístico. Todo el resto está fatal: un elenco envarado declamando embrolladas líneas de diálogo como si tuvieran una estaca metida en la retaguardia, errores históricos de bulto (Aristóteles aparece leyendo un libro encuadernado en vez de un rollo, aparece en Grecia gente ejecutada por el romanísimo castigo de la crucifixión, cosas así), decorados roñosos a más no poder (se supone que un par de columnas griegas de utilería son la plaza de Atenas), escenas de batallas sin ninguna espectacularidad, extras bien visibles por su escasez, un Emperador Darío que inspira lástima no por lo patético que fue el modelo original sino por pobre de solemnidad, un desarrollo psicológico de personajes que linda con la peor tradición del folletín decimonónico... Bien, si alguien todavía tiene ganas de verla, que lo intente. Al menos los paisajes ezpañóle de fondo ayudan un poco. Y se supone que éste es un acercamiento intelectualizante al más grande conquistador de la Antigüedad Clásica...
IDEAL PARA: Escolares que no quieran estudiar para la prueba sobre Grecia Antigua (como ayudamemoria de eventos históricos o como castigo, tanto más da), y como terapia contra el insomnio.
-- Dirección: Robert Rossen.
-- Actuación: Richard Burton, Fredric March, Claire Bloom, Danielle Darrieux, Barry Jones, Harry Andrews, Stanley Baker, Niall MacGinnis, Peter Cushing, Michael Hordern, Marisa de Leza, Gustavo Rojo, Rubén Rojo, Peter Wyngarde, Helmut Dantine.
-- Guión: Robert Rossen.
-- Banda Sonora: Mario Nascimbene.
-- "Alejandro Magno" en IMDb.
-- "Alejandro Magno" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Pues... como su título lo indica, es la vida de Alejandro Magno. O sea: nacimiento atribuido a los dioses, crianza gimnástica y aristotélica, relaciones tensas con padre y madre (edípico, que le dicen), asesinato de su padre Filipo, sumisión de Grecia, expedición militar a Persia, muerte de Darío, etcétera. Es un biopic, vamos, yo supongo que usted, estimado navegante de este blog, tiene un mínimo de cultura, no necesariamente para conocerse hasta los más recónditos pasajes de la bonita biografía que le dedicó Plutarco, pero sí por lo menos para buscar una enciclopedia (o si no quiere despegarse de Internet, ir a artehistoria.com y buscar ahí).
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Sí, aunque no lo crean. Antes del "Alexander" de Oliver Stone, hubo otro gran biopic sobre Alejandro Magno. Robert Rossen era un director pretendidamente autoral, que había tenido sus roces con el macartismo (algo de lo que hablamos marginalmente al comentar "Buenas noches y buena suerte"). Tenía que hacer un poco de limpieza con su nombre, y se le ocurrió intentarlo con el género entonces de moda, el cine épico. El resultado es algo a medio camino entre el cine reflexivo autoral pseudointelectualoide, y un mal disimulado mensaje panfletario americanista ("Alexander" también hablaba, en el fondo, sobre barras y estrellas, pero lo hacía desde una trinchera harto más contestataria). Alejandro Magno es presentado como un pijo mijo ario Ubermensch, que habla sobre unir a Grecia y liberar a Persia con un entusiasmo digno de un fascista americano (¡en oriente están los malos!), y cuando lo logra, pues bien, no sabe qué hacer con el botín; si hay algo peor que ver a Richard Burton fingiendo ser Alejandro, es ver a Richard Burton fingiendo ser Alejandro volviéndose mamón. ¿Cuál era el mensaje que pretendía infundir Rossen? Buena pregunta, porque el guión es tan embrollado (para meter todas las anécdotas e incidentes de la vida de Alejandro) que apenas se entiende de qué va la cosa.
¿POR QUÉ VERLA?
-- A los que les gusta el prurito histórico, puede que les simpatice saber que hay un biopic de Alejandro Magno que mete TODO el anecdotario conocido sobre él (bueno, casi todo, no sale por ninguna parte el caballo Bucéfalo). Distorsionado y reacondicionado de acuerdo a las convenciones fílmicas, pero en fin. Hacer eso en dos horas veinte de película tiene su mérito (y eso que los productores le cortaron una media hora adicional), aunque el resultado final a veces parezca más una dramatización del History Channel con pelucas "'50s style" que una película con pretensiones de cine artístico. Todo el resto está fatal: un elenco envarado declamando embrolladas líneas de diálogo como si tuvieran una estaca metida en la retaguardia, errores históricos de bulto (Aristóteles aparece leyendo un libro encuadernado en vez de un rollo, aparece en Grecia gente ejecutada por el romanísimo castigo de la crucifixión, cosas así), decorados roñosos a más no poder (se supone que un par de columnas griegas de utilería son la plaza de Atenas), escenas de batallas sin ninguna espectacularidad, extras bien visibles por su escasez, un Emperador Darío que inspira lástima no por lo patético que fue el modelo original sino por pobre de solemnidad, un desarrollo psicológico de personajes que linda con la peor tradición del folletín decimonónico... Bien, si alguien todavía tiene ganas de verla, que lo intente. Al menos los paisajes ezpañóle de fondo ayudan un poco. Y se supone que éste es un acercamiento intelectualizante al más grande conquistador de la Antigüedad Clásica...
IDEAL PARA: Escolares que no quieran estudiar para la prueba sobre Grecia Antigua (como ayudamemoria de eventos históricos o como castigo, tanto más da), y como terapia contra el insomnio.
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