domingo, 30 de marzo de 2008

"Rey de Reyes" (1961).


-- "King Of Kings". Estados Unidos. Año 1961.
-- Dirección: Nicholas Ray.
-- Actuación: Jeffrey Hunter, Siobhan McKenna, Hurd Hatfield, Ron Randell, Carmen Sevilla, Brigid Bazlen, Frank Thring, Harry Guardino, Rip Torn, Guy Rolfe, Robert Ryan.
-- Guión: Philip Yordan, con una narración de Ray Bradbury (sin acreditar).
-- Banda Sonora: Miklós Rózsa.

-- "Rey de Reyes" en IMDb.
-- "Rey de Reyes" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Había una vez un lindo pueblo, llamado "los hebreos", hasta que vinieron los malos, malísimos romanos, y lo invadieron, profanaron su templo, sometieron su país, lo dominaron, etcétera. Sí, faltó Darth Vader allí para hacer el cuadro completo. ¿Está todo perdido? ¡No! Porque allí están los zelotas para plantar cara a los romanos, luchando mano a mano como un movimiento de resistencia estilo los maquis de la II Guerra. Pero como el asunto no camina, pues bien, aparecen más personajes. Por el lado de "los malos" aparece el gobernador romano Poncio Pilatos, quien viene a Palestina a hacer carrera política, para que su matrimonio con la hija del Emperador Tiberio le rinda frutos (la púrpura y la tiara imperial, no seamos ingenuos, no se conforma con nada menos; éste no es el Pilatos titubeante y pro-Cristo de otras pelis). Por "los buenos" aparecen primero Juan el Bautista, y luego Jesús, un misterioso predicador que se ha salvado por milagro de una matanza de infantes, y luego, a la edad de 12, es perdonado por Lucio, un soldado romano testigo de todos los acontecimientos. ¿Quién es este Jesús? ¿Es Elías reencarnado? ¿Un nuevo Juan el Bautista? Judas Iscariote pinsa que es el futuro libertador de Palestina, y monta un truculento plan para obligarlo a revelarse en toda su gloria. De esta manera, el destino final de Cristo avanza hasta su lógica consumación, su triunfo más glorioso: enviar a sus mensajeros a predicar el evangelio a todas las naciones (y a construir catedrales y basílicas, perseguir herejes, quemar teólogos, etcétera, suponemos).

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

En los tardíos '50s y tempranos '60s, estaba surgiendo el espíritu liberal que desembocaría en los hippies, el '68, etcétera. Entre las audiencias más conservadoras estaban todavía a bien los epics "de cristianos y romanos", como lo probaba el reciente éxito de "Ben Hur" (11 Oscares, récord no igualado hasta "Titanic" de 1997). Y en Hollywood, nadie había tentado hacer una superproducción basada en Cristo desde el "Rey de Reyes" de Cecil B. DeMille. Era el tiempo para volver a recrear la más grande historia de todos los tiempos, pero con un acento más naturalista, algo más desmitificador, para audiencias un poco más sofisticadas. El resultado fue esta película, relativamente exitosa en el gran público, pero injustamente denostada por la crítica. Bien, seamos sinceros, no es una obra maestra, pero por méritos no se queda tampoco (por algunos garrafales errores, tampoco).

¿POR QUÉ VERLA?

-- La aproximación ideológica es sumamente interesante. Se trata, en resumen, de mostrar un Jesús religioso cristiano, pero inserto en su momento histórico, y con algunas reflexiones implícitas sobre el imperialismo estadounidense, la Guerra Fría, etcétera. Recordemos que el director Nicholas Ray tiene en su currículum, entre otras, el filme rebelde cincuentero por antonomasia, el "Rebelde sin causa" con James Dean. Se le concede una enorme importancia a la invasión romana, la ocupación, la resistencia zelota, los tejemanejes en la casa de Herodes, etcétera. De esta manera, Jesucristo aparece como alguien bien integrado en su tiempo, y su mensaje aparece bastante más revolucionario que el hierático y nunca bien denostado "Jesús de Nazaret" del siempre nefasto Zeffirelli (aunque no tan revolucionario como el de Passolini, pero en fin)...

-- Jeffrey Hunter. A su costa llegó a titularse con mofa esta película como "I was a teenager Jesus", como sátira a las por entonces famosas "I was a teenager werewolf" y "I was a teenager Frankenstein". Lo cierto es que su interpretación, sin ser lúcida en exceso, es todo lo esforzada que se puede, presentando un Jesús lleno de pasión por su mensaje y su misión. Quizás no le ayude mucho a la credibilidad el ser actor carilindo, ni tampoco algunos manierismos actorales que en ese tiempo ya estaban pasando de moda a favor de interpretaciones más naturalistas, pero en fin, sigue siendo un gran Jesús éste.

-- Los secundarios están bien en sus lugares. Poncio Pilatos es presentado como un orgulloso funcionario colonial "enviado a provincias", Herodes como un tipo políticamente reptiloide (por lo frío y sinuoso), Judas Iscariote como un personaje no especialmente negativo y con un móvil bastante consistente para su traición (poner en peligro a Jesús para que éste se libere a sí mismo llamando en su auxilio a las huestes celestiales), Barrabás como un matasiete jactancioso y creído en su misión (trasunto de los revolucionarios socialistas al estilo Che Guevara), y Salomé sabe poner bien cara de perra en celo (aunque su danza tiene bien poco de erótico). En el lado de las chicas buenas, Siobhan McKenna como María está grande como la vida, en un rol que dice más con la expresión (tristeza, resignación, pero también alegría y confort, todo a un tiempo) que con las palabras, y la ezpañolísima Carmen Sevilla compone una María Magdalena quizás un poco melodramática, pero que se ajusta bien a un tipo de cine que ese tiempo empezaba a languidecer, pero no por eso es menos respetable. A cambio, Juan el Bautista destaca especialmente por su inexpresividad y falta de calor misionero, y la única escena en donde se hace realmente cálido y humano, es aquella en la cual Jesús lo visita en la cárcel.

-- Hasta los desatinos son formidables. Véase la risible secuencia del juicio a Jesús, "a la anglosajona", con defensor de oficio incluido. Y ese defensor es nuestro buen Lucio...

-- Lucio mismo, claro está. Se supone que este personaje ficticio nos lleva a través de treinta años de historia judía, y deberíamos empatizar con él. La verdad, la idea de un personaje ficticio tan o más prominente que los personajes reales, pero que en definitiva es un mero testigo, es también risible. Pero Ron Randell, el actor que lo interpreta, y que tuvo una carrera larga y discreta en Hollywood, se lo toma con la suficiente seriedad y a pecho como para voltear la mesa, y al final es fácil terminar encariñados con el personaje que al final dirá aquellas famosas palabras ("verdaderamente era el Hijo de Dios"). Una apuesta arriesgada que derivó en hallazgo ingenioso.

-- La narración. Las secuencias de narración en off fueron escritas por Ray Bradbury (sin acreditar) y vocalizadas por Orson Welles. El ritmo de la misma le imprime a este filme un carácter distanciador, un tanto mítico y legendario, como si lo que estamos viendo en pantalla fuera un cuento de hadas o una historia de la abuela, que le añade bastante mala leche a la interpretación final.

-- Aunque no se crea, cumpe sobradamente con el componente espectacular por medio de varias escenas de acción, a cargo de Barrabás y sus machadas. El guión tiene la sutil inteligencia de presentar a Barrabás como una especie de "gemelo malo" de Jesús, ideológicamente hablando, como una especie de "mesías de guerra" frente a Jesús como "mesías de paz", añadiéndole bastante complejidad a la trama... y además, para que no se diga, algunas cuchilladas, flechazos, escenas de batalla, etcétera, todo lo que hace al cine épico algo digno de ser visto.

-- Y la mención final es para el gran Miklós Rózsa, que venía de componer la premiada banda sonora de "Ben Hur", y que con el "Rey de Reyes" se supera a sí mismo. El soundtrack de "Rey de Reyes" es bastante simple, ya que gira entero y de manera casi maniática alrededor del tema principal, pero esto, que podría ser un defecto, Rózsa lo convierte en virtud, explotándolo hasta convertirlo en puro lirismo. Las escenas de curaciones serían sin duda mucho menos efectivas, sin ese formidable fondo sonoro. Y ya no hablemos de la entrada inicial, épica por todo lo alto, en un tiempo en que la épica chorreaba por el costado del cine hollywoodense.

-- "Repararé esta silla cuando vuelva" (Jesús, antes de partir a Jerusalén). "La silla no será reparada" (la respuesta de María).

IDEAL PARA: Ver una visión de Cristo reflexiva y racionalista, sin caer declaramente en la heterodoxia o la iconoclastia.

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