Películas de estreno, películas antiguas, películas clásicas, películas bodriosas, películas de todo tipo, comentadas por el arte inefable del General Gato.
11 años de Cine 9009 en línea.
El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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jueves, 9 de agosto de 2012
"El ladrón de Bagdad" (1940).
-- "The Thief of Bagdad". Inglaterra. Año 1940.
-- Dirección: Ludwig Berger, Michael Powell, Tim Whelan, los anteriores acreditados, y sin acreditar Alexander Korda, Zoltan Korda y William Cameron Menzies.
-- Actuación: Conrad Veidt, Sabu, June Duprez, John Justin, Rex Ingram, Miles Malleson, Morton Selten, Mary Morris, Bruce Winston, Hay Petrie, Adelaide Hall, Roy Emerton, Allan Jeayes.
-- Guión: Miles Malleson, sobre una historia de Lajos Biró.
-- Banda Sonora: Miklós Rózsa.
-- "El ladrón de Bagdad" en IMDb.
-- "El ladrón de Bagdad" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Bagdad. No el Bagdad de Sadam Hussein ni de Farenheites Nueveonces sino el clásico, el de las 10000000000001 noches. En medio de cancioncitas con violines, propias del cine de aventuras clásico, aparece un ciego pidiendo limosna. El ciego en cuestión las pasa canutas, pero cuando un tipo trata de pasarle gato por liebre y le arroja calderilla falsa, ahí está el perro del hortelano para denunciarlo. Pasa por afuera, en uno de esos carromatos cargados por esclavos, un tipo con una cara de malo maloso que ya te da mala espina, y ordena llevarse al ciego y a su perro. Una vez que se lo llevan, al pobre ciego lo ponen en tortura refinada, con un montón de chicas guapas, y él ciego, el pobre, y demasiado caballero para conocerlas sistema Braille mediante. Ahí cuenta su historia. Resulta que hace tiempo atrás, el hombre era nada menos que... ¡el rey! ¡el califa! ¡el Comendador de los Creyentes! ¡El cappo di tutti cappi! Y cual Buda, decide echarlo a perder yéndose a mezclar con la chusma y disfrazarse como pobre. Pasa lo que pasa, que el visir ve su oportunidad dorada y ordena prenderlo y tratarlo como a un loco. Y el otro, disfrazado como está de pordiosero, nadie lo reconoce como el verdadero verdaderoso rey, califa, esplendor del día, etcétera. El king for a day fool for a lifetime acaba con sus huesos sepultado en un calabozo, listo para la ejecución, pero como no le toman de prisionero especial (¿y cómo, si se supone que el visir debe mentir sobre su identidad?), le asignan como compañero de celda a un rapaz ladronzuelo que se hace con las llaves. Y se fugan. Una vez afuera podrían ir cada uno por su aire, pero como esto es una proto buddy-movie, ahí tenemos a la pareja dispareja, el rey desposeído y el ladronzuelo, listos para vivir grandes y gloriosas aventuras, mientras el príncipe trata de seducir a una princesa y vengarse (bueno, no vengarse, son los '40s, el héroe no puede ser tan deshonorable), y recuperar, mejor digamos, su reino de malos del villano villanoso. La aventura está servida, y... sí, sé que se lo están preguntando. Sale un genio de la botella en alguna parte de la movie, era que no.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Salvo por el más o menos reciente y aislado estreno de "El Príncipe de Persia: Las arenas del tiempo", puede decirse que la fantasía arábiga es, en la Historia del Cine, un gran y extenso lagar. ¿Cuántas pelis sobre el imaginario árabe estilo "Las mil y una noches" recuerdan ustedes? Ahora hagan la prueba, ¿cuántas pelis recuerdan ustedes sobre el imaginario germánico, o sobre el imaginario artúrico, o sobre el imaginario peplumita grecorromano...? A vuelapluma, y sólo por mencionar títulos post-2000, tenemos "Gladiador", "El Rey Arturo", "Beowulf", "La última legión"... Y cuando los persas hacen alguna tímida aparición, es apenas para rellenar el papel de maloh malohoh, como en "300". La razón por la que la rica imaginería... ¿árabe, musulmana, pérsica, indoarábiga...? Póngale el nombre que usted quiera... Esa rica imaginería, decía, la razón por la que se infrautiliza hasta ese extremo (no es que no haya pelis, pero son escasas, y hoy en día no demasiado populares), permanece para mí como un misterio. Lo curioso es que esto no siempre fue así. Cuando surgió la moderna literatura popular, en las novelas baratillas y revistas pulp de finales del XIX y comienzos del XX, la fantasía arábiga tenía un arraigo formidable, y si bien no tan popular como los tempranos romances científicos o las aventuras al estilo de Tarzán o Conan el Cimerio, ni Edgar Rice Burroughs, ni Robert Howard, por mencionar a dos autores pulps bien establecidos (bueno, Tarzán y Conan, ahí tienen), desdeñaron escribir aventuras orientales. Eran puro escapismo, por supuesto, pero así toda la literatura popular, y nadie se queja por eso. Claro, en aquellos tiempos estaba fresco el orientalismo que invadió a los círculos eruditos durante todo el XIX, orientalismo que principió con el esnobismo de algunos preteriluminados del XVIII, se desató con la invasión napoleónica a Egipto en el XIX (la de momias que invadieron la literatura en el XIX es para rellenar tres Museos Británicos y aún crear un ala paralela en el Louvre), y se infiltró a la literatura popular a medida que el colonialismo europeo hacía bueno del exotismo como ingrediente esencial de lo que hoy en día recibe el anticuado nombre de "Modernismo", a comienzos del XX. El cine tampoco fue ajeno a esta tendencia, con pelis como "Una noche en el paraíso", por ejemplo. Incluso esta peli tuvo tres adaptaciones (un "El ladrón de Bagdad" muda de 1924, la que nos ocupa, y un remake llamado también "El ladrón de Bagdad", éste de 1952), y la novela fue publicada en fecha tan tardía como 1924 (su autor, por si interesa, es un tal Achmed Abdullah, quien pese a su seudónimo, en realidad es ruso, ehm...). Quizás el que en 1948 haya surgido un Estado de Israel, y para ojos del sionismo todo lo que huela a árabe pasó a ser el villano del cuento, algo tenga que ver, y el árabe montado en una alfombra voladora en un medio altamente civilizado como era el Califato, fue reemplazado por el terrorista ululante descendido del pastor de cabras subsahariano o algo así, al estilo "Babel". El caso es que "El ladrón de Bagdad" de 1940 responde a esa tendencia fílmica a repetir la fascinación literaria decimonónica por el orientalismo de raigambre arábiga.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Al momento de escribir esta reseña, esta peli ya es una venerable ancianita pasada la setentena, y cosa rara, se conserva tan lúcida y fresca como el primer día. Hay detalles que nos revelan su edad, claro está (esas insufribles canciones romanticonas con violines que hacen de Frank Sinatra un prodigio de modernidad, que cada tanto aparecen, que por suerte no son tantas...), pero en general no tiene nada que envidiarle a una peli de aventuras moderna. La trama es sencilla a más no poder, con un chico guapo que posee un escudero (ladrón infantil, en este caso), y que va al rescate de una hermosa princesa (realmente hermosa en este caso, la chica se llama June Duprez, y eso que el productor Korda quería a nada menos que Vivien Leigh, fresco su éxito de "Lo que el viento se llevó", para el protagónico), que está secuestrada en las garras de un cruel villano. Incluso, porque no digan, hay por ahí más de algún disimulado y no tan disimulado deus ex machina para arreglar algunas situaciones. El hombre detrás del tinglado es Alexander Korda, uno de los más incombustibles productores de pelis de la primera mitad del XX, cuyo cine ha envejecido lo suyo, pero que tenía bien en claro cómo hacer espectáculo con alturas, para los estándares de los '30s y '40s. Y que aquí consigue una producción que es todo un lujo, tanto por el tema tratado (fantasía arábiga) como por el amor al trabajo que demuestran arremangándose acá.
-- En materia de actores, Alexander Korda aquí lo tenía claro. No es el prota quien anima el cotarro, probablemente porque es el típico héroe bello y noble que por lo mismo carece de toda enjundia dramática (a todos nos aburren los perfectitos), sino los otros personajes a su alrededor, y los cuida al máximo. Aunque no desdeñemos al pobre John Justin, que de todas maneras trata de sacarse los zapatos como el prota (además, las escenas en que hace de ciego están notablemente bien interpretadas). No en balde el primer acreditado es el villano, Conrad Veidt, quien compone un visir malevolente y con presencia, pero con su talón de Aquiles en el amor sincero que siente por la chica (en un fragmento llega a inspirar compasión, cuando declara que con todo su poder, porque el tipo es hechicero, para que te veas, podría forzarla a que lo amara, pero él sólo quiere que lo amen por él mismo), y que cuando se pone a hacer joputás, las hace con todas las de la ley, sin retroceder aún ante el asesinato para sus planes (recordemos, eran los '40s, se suponía que los villanos no eran tan sanguinolentos). La chica linda, ya lo dijimos, es una June Duprez presentada con una ingenuidad desarmante, pero que en lo subliminal se esconden algunas escenas de erotismo bastante turbador, en particular cuando debe hacer gemiditos mientras duerme en un "trance de amor" (es lo que tiene la censura, que en rebuscárselas para presentar erotismo consigue hacerlo mucho más morboso, mucho más que poner a la prota en paños menores en "El Rey Escorpión", y eso que ahí Kelly Hu estaba buena). El cuarteto es completado por Sabu, un actor indostánico juvenil celebrado en su época y olvidado en la nuestra (injustamente, cabe decir) que le pone mucho entusiasmo a su rol de ladronzuelo juvenil, y que como típico compañero del héroe, en realidad roba más pantalla que el héroe mismo, aunque sea a punta de sinvergüenzura, ingenio y espíritu de vivir. Y como un cuarteto no está completo si no hay cinco, aquí va el quinto: Rex Ingram, reputado actor afroamericano sacándose los zapatos como un genio burlesco y malaspulgas con todas las de la ley, en un secundario un tanto breve, pero remarcable en grado sumo, con una mala leche a años luz del mucho más bon vivant y ñoño Robin Williams para el "Aladino" de Disney.
-- La puesta en escena es hermosísima. Vale que los FXs estén un poco envejecidos (con todo, esta peli se llevó el Premio Oscar a los Mejores Efectos Especiales en 1940, y con justicia, en una época en que ganarse el Oscar aún era sello de calidad), pero aún se dejan ver. La secuencia en que sale el genio de la botella, por ejemplo, dentro de todo lo que podríamos llamar "primitivismo visual", está ejecutada de una manera que, creo yo, no podrían hacerla tan llamativa hoy en día por mucho CGI que le echen al asunto. Los paisajes, escenarios naturales y escenografías están hechas con todo cuidado y mimo, y si bien a ratos es "muy '40s" (en particular las secuencias a bordo de un barco, calcadita en muchos aspectos a las tantas pelis de piratas del período), en otras partes son prácticamente pintura en movimiento, y de la pintura clásica, si me entienden, como por ejemplo la secuencia del robo del Ojo Que Todo Lo Ve, o los ingenios mecánicos que construye el malévolo visir. Si a todo esto le sumamos una potente banda sonora, cortesía del tremendo Miklós Rózsa (sí, el mismo que unos veinte añitos después deslumbró con "Ben Hur" y "Rey de Reyes", peli esta última cuyo impecable tema de créditos y sus "hosannas" parecen esbozadas en borrador acá), el resultado no puede ser sino magnífico.
-- Secuencias notables. Todas las de John Justin como ciego. Todas las que aparece el perro (sí, un gato escribiendo esto, deben ser muy buenas). Todas las que aparece el visir poniendo cara de malo con dispepsia. La secuencia del genio. La secuencia del Ojo Que Todo Lo Ve.
IDEAL PARA: Ver un clásico indiscutible de la fantasía arábiga, y del cine fantástico en general.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].
-- El joven rapazuelo libera al genio [en inglés, sin subtítulos].
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domingo, 30 de marzo de 2008
"Ben Hur" (1959).

-- "Ben-Hur". Estados Unidos. Año 1959.
-- Dirección: William Wyler. Protagonizada por Charlton Heston, Jack Hawkins, Haya Harareet, Stephen Boyd, Hugh Griffith, Martha Scott, Cathy O'Donnell, Sam Jaffe, Finlay Currie, Frank Thring, Terence Longdon, George Relph, André Morell.
-- Guión: Karl Tunberg, con Gore Vidal sin acreditar, y con aportes también sin acreditar de Maxwell Anderson, S.N. Behrman y Christopher Fry, todos ellos basados en la novela de Lew Wallace.
-- Banda Sonora: Miklós Rózsa.
-- "Ben Hur" en IMDb.
-- "Ben Hur" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
El Emperador Octavio Augusto ordena censar a todos los habitantes de Judea. Esto obliga a los nativos a viajar a sus respectivos lugares de nacimiento. De esta manera, en el seno de una familia de Nazaret, nace un niño en Belén, al que pronto llegan unos reyes a traerle unos simpáticos regalos. ¿Qué tiene todo esto que ver con Ben Hur? Por el minuto nada, salvo porque es "una historia del Cristo", según reza el subtítulo ("A Tale of the Christ"), así es que debemos mostrar el nacimiento del mentado Cristo. Bueh, pasan los años, y el Cristo anda dando vueltas por los montes, dedicado a sus reflexiones personales, pero ahora no es tiempo para éste, sino para... ¡¡¡BEN HUR!!! (el subtítulo será que es una historia del Cristo, pero el título es para Ben Hur, para que no digan que John Lennon fue el primero en decir "somos más grandes que Jesucristo"). Ben Hur, un muy chulo y muy mijo aristócrata de Jerusalén, se encuentra después de años con Mesala, un antiguo amiguete, que ahora viene bien cambiado, porque se ha ido a Roma y se ha pasado al Lado Oscuro de la Fuerza, y ya no intenta comprender a los judíos sino dominarlos. Pero como Ben Hur es muy patriota, le dice que no al imperialismo de los Estados Unidos de Roma, lo que rompe cualquier amistad. Al poco tiempo, Ben Hur aprenderá cuál es el precio de ser probo e íntegro en esta vida: su hermana deja caer inopinadamente una inofensiva baldosita, justo cuando desgraciadamente iba pasando el nuevo gobernador romano por debajo, y éste se mosquea mucho. Mesala aprovecha entonces el malentendido para vengarse, y consigue que la madre y la hermana de Ben Hur sean encarcelados en la Fortaleza Antonia, mientras que el propio Ben Hur será enviado a esa especie de muerte en vida que es remar en las galeras por años, hasta que se te deshilache el broncíneo torso y ya no estés para machadas, Charlton. Pasan los años, pero cuando todo parece perdido para nuestro buen Ben Hur, la suerte una vez más muestra sus afilados y cínicos dientes. Así, la galera en la que iba Ben Hur es atacada por piratas, y Ben Hur consigue salvarle la vida a un cónsul romano, nada menos. El cónsul, lejos de hacer gala de la naturaleza humana que tan bien conocemos, y para mostrarnos que esto es una peli y no la vida real, no sólo no se muestra como un ingrato, sino que además transforma a Ben Hur en un aristócrata romano de tomo y lomo. Pero si creen que Ben Hur se iba a quedar quieto, ¡ah, no!, él es demasiado chulo para eso, así es que se pone nuevamente en camino hacia Judea. No sólo su madre y su hermana deben ser rescatadas de las crueles garras del imperialismo romano, sino que hay que ajustarle cuentas al malvado Mesala, y además, un importante encuentro espera en la vida de Ben Hur para que éste sea salvo y beba del manantial de la vida eterna y todo eso (no me gustaría adelantar más, pero creo que se entiende con quién es ese encuentro, ¿acaso el subtítulo no es, repito, "una historia del Cristo"...?).
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
El siglo XIX fue la centuria de los inventos: el telégrafo, la ampolleta eléctrica, el ferrocarril... Todas cosas que hablaban del poder omnívoro de la ciencia. Pero esas cosas llegaban con retraso a Estados Unidos, y además, allá había mucho fundamentalismo (bueno, en realidad todavía). En 1878 salió una novela de aventuras destinada a ser todo un éxito en Estados Unidos: "Ben Hur". La ecuación era perfecta: un militar (por ende, reaccionario) que había luchado en la Guerra Civil de los Estados Unidos y que había sufrido una gran humillación cuando le cargaron más o menos injustamente el muerto por una infamante derrota en batalla, escribe una historia en la que el prota es vejado y tratado injustamente por un accidente. El prota, por ende, era superlativo (aristócrata incluido), características que desde siempre han identificado a los proletas en busca de héroe para sublimarse a sí mismos. Además, la novela cayó en buena época, porque en el XIX había cierto auge por las historias bíblicas ("Fabiola", "Los últimos días de Pompeya"...), y Wallace tuvo la pericia de mezclar todo esto con el viejo leit motiv de la venganza, que se lo tomó íntegramente de "El Conde de Montecristo" de Alejandro Dumas (el padre, que el hijo se llamaba igual). Por su trama de aventuras y su moral edificante (el prota termina haciéndose cristiano), se mantuvo durante la mayor parte del XX como un clásico juvenil, algo explicable considerando que condensada es una obra muy entretenida, (a cambio, en su versión completa es un ladrillazo de Tolkien y Señor Mío). Sucedió en los '50s que apareció la televisión, y con esto el cine respondió con una avalancha de títulos pensados para que no pudieran verse en esos primitivos monitores en B/N, lo que trajo de regreso al epic de romanos ("La túnica sagrada", "Fabiola", "Helena de Troya", "Ulises", "Hércules", "Los diez mandamientos"...), y como el material literario de base estaba agotándose, los ejecutivos de la MGM decidieron forrarse haciendo un remake del "Ben Hur" de 1925, que ya la novela tenía adaptación, no se crean. La MGM no escatimó en gastos para su realización, habida cuenta de que una peli de aventuras con prota cristiano estaba de sobra recuperado en una galería por entonces muy sensibilizada con el tema "Dios y América contra el comunismo" (parece que a nadie se le pasó por la cabeza que de manera subrepticia e inconsciente, la novela original es terriblemente antiimperialista), y los resultados de la maniobra fueron todo lo provechosos que se pudo. Porque "Ben Hur" batió récords en su época, alzándose con la elefantiásica cantidad de 11 Premios Oscar, cantidad que ninguna peli ha conseguido superar, y que sólo otras dos han conseguido alcanzar, en la siguiente media centuria ("Titanic" y "El Señor de los Anillos: El retorno del rey").
¿POR QUÉ VERLA?
-- Es un clásico absoluto del género Sword & Sandals. Medio siglo después de su estreno, lo sigue siendo. La peli dura tres horas y media, pero la verdad, casi ni se sienten. O mejor dicho, ni se sienten hasta la gran carrera de cuadrigas. La traca final, en donde vemos la guerra de Ben Hur contra la bacteriología, tiende a derruir lo ya construido, pero por otra parte, eso ya venía en la novela original, e incluso aquí está mucho mejor tratado en términos de ritmo narrativo.
-- Las escenas de acción son espectaculares, incluso considerando que los FXs han evolucionado una barbaridad desde aquellos días primigenios. El enfrentamiento entre las galeras está a todo trapo (de hecho, en un alarde de poder financiero, la MGM ordenó construir una galera de verdad para determinadas escenas). La carrera de cuadrigas es todo un clásico del cine de aventuras y de acción, y ha sido imitada y parodiada un sinfín de veces. Como de costumbre, menos es más, y en este caso, la ausencia del regodearse gore tan propio del cine post-"Gladiador" le da más morbo a escenas como cuando atropellan a los pobres tipos que se caen de sus carros (durante años corrió la leyenda urbana de que un extra había sido realmente atropellado y muerto en el escenario del circo, y si uno ve la peli, de verdad que se ve realista la escena que dio pie a esa historia).
-- Los actores están bastante bien. Charlton Heston, como de costumbre, hace el chulo allí donde va (para esas fechas, ya había sido Moisés en "Los diez mandamientos", y había actuado nada menos que a las órdenes de Orson Welles en la mayestática "Sed de mal"... y aún le esperaban "El Cid", "55 días en Pekín", "La agonía y el éxtasis", "El planeta de los simios", "El hombre omega", "Cuando el destino nos alcance", "Aeropuerto '75"...), pero consigue sobreponerse a sí mismo y da una de sus mejores interpretaciones en el cine. A su lado, el sinuoso y ambiguo Mesala es soberbiamente interpretado por un Stephen Boyd que... bien, digamos que da harto crédito a la leyenda según la cual le habrían pedido que interprete su odio a Ben Hur como el propio de un amante homosexual despechado, algo que por supuesto no sólo no hubiera pasado la censura de la época, sino que habría hecho poner el grito en el cielo al señor Heston, el macho recio por antonomasia de su tiempo. Y mención especial para Hugh Griffith, como el picaresco y socarrón jeque Ilderim (miren que da curiosas lecturas políticas esta peli: un jeque árabe y un aristócrata judío unen fuerzas para combatir al imperialismo estad...perdón, romano). Y al resto no los mencionamos no porque no se lo merezcan, sino para no hacer más largo este texto, pero digámoslo desde ya: están soberbios.
-- El soundtrack está a cargo del gran y único Miklós Rózsa, quien consigue superar el lugar común de las pelis de romanos (harta fanfarria y violines para las escenas tranquilas) y crea algunos momentos musicales verdaderamente memorables. No por nada, se llevó un Premio Oscar ese año, y en ese tiempo tener un Oscar sobre la chimenea aún era por méritos, y no por lobby interno de los grandes estudios. Don Miklós, un par de años después, repetiría su buen hacer en otro soundtrack clásico, el "Rey de Reyes" de 1961.
IDEAL PARA: Ver el que probablemente es el epic de romanos definitivo.
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"Rey de Reyes" (1961).

-- "King Of Kings". Estados Unidos. Año 1961.
-- Dirección: Nicholas Ray.
-- Actuación: Jeffrey Hunter, Siobhan McKenna, Hurd Hatfield, Ron Randell, Carmen Sevilla, Brigid Bazlen, Frank Thring, Harry Guardino, Rip Torn, Guy Rolfe, Robert Ryan.
-- Guión: Philip Yordan, con una narración de Ray Bradbury (sin acreditar).
-- Banda Sonora: Miklós Rózsa.
-- "Rey de Reyes" en IMDb.
-- "Rey de Reyes" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Había una vez un lindo pueblo, llamado "los hebreos", hasta que vinieron los malos, malísimos romanos, y lo invadieron, profanaron su templo, sometieron su país, lo dominaron, etcétera. Sí, faltó Darth Vader allí para hacer el cuadro completo. ¿Está todo perdido? ¡No! Porque allí están los zelotas para plantar cara a los romanos, luchando mano a mano como un movimiento de resistencia estilo los maquis de la II Guerra. Pero como el asunto no camina, pues bien, aparecen más personajes. Por el lado de "los malos" aparece el gobernador romano Poncio Pilatos, quien viene a Palestina a hacer carrera política, para que su matrimonio con la hija del Emperador Tiberio le rinda frutos (la púrpura y la tiara imperial, no seamos ingenuos, no se conforma con nada menos; éste no es el Pilatos titubeante y pro-Cristo de otras pelis). Por "los buenos" aparecen primero Juan el Bautista, y luego Jesús, un misterioso predicador que se ha salvado por milagro de una matanza de infantes, y luego, a la edad de 12, es perdonado por Lucio, un soldado romano testigo de todos los acontecimientos. ¿Quién es este Jesús? ¿Es Elías reencarnado? ¿Un nuevo Juan el Bautista? Judas Iscariote pinsa que es el futuro libertador de Palestina, y monta un truculento plan para obligarlo a revelarse en toda su gloria. De esta manera, el destino final de Cristo avanza hasta su lógica consumación, su triunfo más glorioso: enviar a sus mensajeros a predicar el evangelio a todas las naciones (y a construir catedrales y basílicas, perseguir herejes, quemar teólogos, etcétera, suponemos).
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
En los tardíos '50s y tempranos '60s, estaba surgiendo el espíritu liberal que desembocaría en los hippies, el '68, etcétera. Entre las audiencias más conservadoras estaban todavía a bien los epics "de cristianos y romanos", como lo probaba el reciente éxito de "Ben Hur" (11 Oscares, récord no igualado hasta "Titanic" de 1997). Y en Hollywood, nadie había tentado hacer una superproducción basada en Cristo desde el "Rey de Reyes" de Cecil B. DeMille. Era el tiempo para volver a recrear la más grande historia de todos los tiempos, pero con un acento más naturalista, algo más desmitificador, para audiencias un poco más sofisticadas. El resultado fue esta película, relativamente exitosa en el gran público, pero injustamente denostada por la crítica. Bien, seamos sinceros, no es una obra maestra, pero por méritos no se queda tampoco (por algunos garrafales errores, tampoco).
¿POR QUÉ VERLA?
-- La aproximación ideológica es sumamente interesante. Se trata, en resumen, de mostrar un Jesús religioso cristiano, pero inserto en su momento histórico, y con algunas reflexiones implícitas sobre el imperialismo estadounidense, la Guerra Fría, etcétera. Recordemos que el director Nicholas Ray tiene en su currículum, entre otras, el filme rebelde cincuentero por antonomasia, el "Rebelde sin causa" con James Dean. Se le concede una enorme importancia a la invasión romana, la ocupación, la resistencia zelota, los tejemanejes en la casa de Herodes, etcétera. De esta manera, Jesucristo aparece como alguien bien integrado en su tiempo, y su mensaje aparece bastante más revolucionario que el hierático y nunca bien denostado "Jesús de Nazaret" del siempre nefasto Zeffirelli (aunque no tan revolucionario como el de Passolini, pero en fin)...
-- Jeffrey Hunter. A su costa llegó a titularse con mofa esta película como "I was a teenager Jesus", como sátira a las por entonces famosas "I was a teenager werewolf" y "I was a teenager Frankenstein". Lo cierto es que su interpretación, sin ser lúcida en exceso, es todo lo esforzada que se puede, presentando un Jesús lleno de pasión por su mensaje y su misión. Quizás no le ayude mucho a la credibilidad el ser actor carilindo, ni tampoco algunos manierismos actorales que en ese tiempo ya estaban pasando de moda a favor de interpretaciones más naturalistas, pero en fin, sigue siendo un gran Jesús éste.
-- Los secundarios están bien en sus lugares. Poncio Pilatos es presentado como un orgulloso funcionario colonial "enviado a provincias", Herodes como un tipo políticamente reptiloide (por lo frío y sinuoso), Judas Iscariote como un personaje no especialmente negativo y con un móvil bastante consistente para su traición (poner en peligro a Jesús para que éste se libere a sí mismo llamando en su auxilio a las huestes celestiales), Barrabás como un matasiete jactancioso y creído en su misión (trasunto de los revolucionarios socialistas al estilo Che Guevara), y Salomé sabe poner bien cara de perra en celo (aunque su danza tiene bien poco de erótico). En el lado de las chicas buenas, Siobhan McKenna como María está grande como la vida, en un rol que dice más con la expresión (tristeza, resignación, pero también alegría y confort, todo a un tiempo) que con las palabras, y la ezpañolísima Carmen Sevilla compone una María Magdalena quizás un poco melodramática, pero que se ajusta bien a un tipo de cine que ese tiempo empezaba a languidecer, pero no por eso es menos respetable. A cambio, Juan el Bautista destaca especialmente por su inexpresividad y falta de calor misionero, y la única escena en donde se hace realmente cálido y humano, es aquella en la cual Jesús lo visita en la cárcel.
-- Hasta los desatinos son formidables. Véase la risible secuencia del juicio a Jesús, "a la anglosajona", con defensor de oficio incluido. Y ese defensor es nuestro buen Lucio...
-- Lucio mismo, claro está. Se supone que este personaje ficticio nos lleva a través de treinta años de historia judía, y deberíamos empatizar con él. La verdad, la idea de un personaje ficticio tan o más prominente que los personajes reales, pero que en definitiva es un mero testigo, es también risible. Pero Ron Randell, el actor que lo interpreta, y que tuvo una carrera larga y discreta en Hollywood, se lo toma con la suficiente seriedad y a pecho como para voltear la mesa, y al final es fácil terminar encariñados con el personaje que al final dirá aquellas famosas palabras ("verdaderamente era el Hijo de Dios"). Una apuesta arriesgada que derivó en hallazgo ingenioso.
-- La narración. Las secuencias de narración en off fueron escritas por Ray Bradbury (sin acreditar) y vocalizadas por Orson Welles. El ritmo de la misma le imprime a este filme un carácter distanciador, un tanto mítico y legendario, como si lo que estamos viendo en pantalla fuera un cuento de hadas o una historia de la abuela, que le añade bastante mala leche a la interpretación final.
-- Aunque no se crea, cumpe sobradamente con el componente espectacular por medio de varias escenas de acción, a cargo de Barrabás y sus machadas. El guión tiene la sutil inteligencia de presentar a Barrabás como una especie de "gemelo malo" de Jesús, ideológicamente hablando, como una especie de "mesías de guerra" frente a Jesús como "mesías de paz", añadiéndole bastante complejidad a la trama... y además, para que no se diga, algunas cuchilladas, flechazos, escenas de batalla, etcétera, todo lo que hace al cine épico algo digno de ser visto.
-- Y la mención final es para el gran Miklós Rózsa, que venía de componer la premiada banda sonora de "Ben Hur", y que con el "Rey de Reyes" se supera a sí mismo. El soundtrack de "Rey de Reyes" es bastante simple, ya que gira entero y de manera casi maniática alrededor del tema principal, pero esto, que podría ser un defecto, Rózsa lo convierte en virtud, explotándolo hasta convertirlo en puro lirismo. Las escenas de curaciones serían sin duda mucho menos efectivas, sin ese formidable fondo sonoro. Y ya no hablemos de la entrada inicial, épica por todo lo alto, en un tiempo en que la épica chorreaba por el costado del cine hollywoodense.
-- "Repararé esta silla cuando vuelva" (Jesús, antes de partir a Jerusalén). "La silla no será reparada" (la respuesta de María).
IDEAL PARA: Ver una visión de Cristo reflexiva y racionalista, sin caer declaramente en la heterodoxia o la iconoclastia.
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jueves, 19 de octubre de 2006
"Mientras la ciudad duerme" (1950).

-- "The Asphalt Jungle". Estados Unidos. Año 1950.
-- Dirección: John Huston.
-- Actuación: Sterling Hayden, Louis Calhern, Jean Hagen, James Whitmore, Sam Jaffe, Marilyn Monroe.
-- Guión: Ben Maddow y John Huston, basados en la novela de W.R. Burnett.
-- Banda Sonora: Miklós Rózsa.
-- "Mientras la ciudad duerme" en IMDb.
-- "Mientras la ciudad duerme" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Un alemancete sale de prisión y viene a los bajos fondos con un estupendo plan para hacer el "robo del siglo" contra una joyería. Como él es el hombre de las ideas, pero de dinero nada, le pide ayuda a un abogado bastante turbio, quien le conseguirá el financiamiento y los hombres. Lo que el alemancito no sabe, es que el abogado en cuestión está prácticamente quebrado, y el dinero que ha prometido, pues bien, simplemente no tiene de dónde sacarlo, por lo que tiene la brillante idea de esperar a que los otros hagan todo el trabajo, para al final quedarse con todo el botín. Pero las cosas no salen como se supone debieran salir. La operación criminal sale mal por un detalle estúpido, la policía se entera del hecho antes de que los criminales puedan ponerse a seguro, el alemán se da cuenta de que el abogado está jugando con cartas marcadas, hay además un oficial de policía empeñoso en descubrirlo todo aunque sea para tapar sus propios trapos sucios, y en general, todo comienza a irse lentamente al demonio.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
John Huston es uno de los cineastas más respetados de todos los tiempos, y con razón. Sus películas adolecen de un cierto estilo clasicista que hoy en día las hace un poco pesadas de ver, pero pisan con pies de plomo, tienen un desarrollo impecable, y son sólidas como una roca. Quizás el gran defecto de sus filmes, y propio también de éste en particular, sea que se quedan un tanto atrás en lo emocional. Es decir, su virtuosismo técnico no se condice con un sentido más bien frío de las relaciones humanas. Pero en fin, una de Huston sigue siendo una de Huston, y si no, díganselo a Humphrey Bogart, que le debe media carrera y la fama eterna por "El halcón maltés" y "El tesoro de la Sierra Madre".
¿POR QUÉ VERLA?
-- En primera, es una de John Huston. Eso debería ser motivo más que suficiente para su visionado obligado, para cualquier cinéfilo que se precie. Aunque, digámoslo con todas sus letras, esta película está un tanto sobrevalorada, pero en fin, sigue siendo un Huston legítimo, no se conforme con imitaciones.
-- Consigue el difícil ejercicio de hacer una película coral, en que no hay realmente ningún personaje principal. La acción está equilibrada entre varios personajes distintos, los cuales son retratados de cuerpo entero con apenas algunas pinceladas. La intención era hacer un retrato de lo que pasa en los bajos fondos cuando todos nos vamos a la camita, y para ello se recurre a una amplia galería de personajes: un abogado marrullero, un detective privado de poca monta, un matón, la amante cándida del abogado, el dueño de un garito, un policía corrupto, etcétera, todos con sus quince minutos de gloria. No se puede decir que su intención, ejem, sociológica, esté perfectamente lograda, pero sí la galería de personajes es interesante por sí misma.
-- Tiene un valor histórico adicional, por ser una de las primeras apariciones fílmicas de Marilyn Monroe, en un papel ultrasecundario que la encaminaba a sus apariciones posteriores de rubia tonta. Aún así, reafirma con creces sus cualidades actorales y sus, ejem, de las otras, en los escasos minutos que aparece en pantalla (apenas dos secuencias). Por algo se hizo famosa con ésta.
IDEAL PARA: Ver cine negro clásico, rodado por uno de sus maestros.
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