11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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jueves, 16 de junio de 2011

"Genghis Khan" (1965).


-- "Genghis Khan". Inglaterra / Alemania Occidental / Yugoslavia / Estados Unidos. Año 1965.
-- Dirección: Henry Levin.
-- Actuación: Omar Sharif, Stephen Boyd, James Mason, Eli Wallach, Françoise Dorléac, Telly Savalas, Robert Morley, Michael Hordern, Yvonne Mitchell, Woody Strode, Kenneth Cope, Roger Croucher, Don Borisenko, Patrick Holt, Susanne Hsiao.
-- Guión: Clarke Reynolds y Beverley Cross, basados en una historia de Berkely Mather.
-- Banda Sonora: Dusan Radic.

-- "Genghis Khan" en IMDb.
-- "Genghis Khan" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Un hombre está en medio de cuatro caballos, uno por gamba y/o brazo, grita: "TEMUJIN!", y entonces salen los créditos anunciándonos que la cosa es "Genghis Khan" (si a estas alturas del partido te estás preguntando por qué "Temujin"... es que no sabes Historia, kid...). Pasa el tiempo, y nuestro chico crece con una rueda en el pescuezo y esclavo, a lo Conan pero en cutre (Omar Sharif, hecho un crío). Un día cualquiera, a santo de un incidente también cualquiera, tiene sus devaneos coquetones con la bella (¡y qué bella! Françoise Dorléac, la hermana de Catherine Deneuve, trágicamente malograda un par de años después de esta peli). Lo que hace que le cobre ojeriza... ¡¡¡EL VILLANO!!! Que es Stephen Boyd como Jamuga. El caso es que Temujin es mucho Temujin, así es que se escapa. Al desierto (seamos honestos: el famoso desierto son algunas tomas entre unas rocas de un bosque caducifolio que, bueno, er...). Allí empieza a reclutar su banda de misfits. Con los cuales asalta un camino y le hace la vida a cuadritos a Jamuga (no demasiado: recordemos que Jamuga es ER VILLANOH). Resulta que le secuestra la chica a Jamuga, Jamuga se la paga yéndola a secuestrar a su vez y... (ojo, atención aquí, inesperado giro de trama) ...¡¡¡VIOLÁNDOLA!!! Vale, no hay sexo explícito, pero cuándo fue la última vez que vieron un epic clásico en donde se violan a la chica del buenoh (o alternativamente: se la violan, y ella vive para contar el cuento en vez de ser muriciada por el maloh para que el buenoh se quede rumiando su venganza durante la siguiente hora y media de metraje). El caso es que Temujin rescata otra vez a la chica, se la lleva, emigra para evitar la venganza de Jamuga, se hace amigo de un chino cochino (premio a la interpretación más humorística en la carrera del por otra parte gran James Mason), viaja a China... y el resto es que asistimos a la leyenda de... ¡¡¡GENGHIS KHAN!!! (sí, pues, si Temujin al final se transforma en Genghis Khan).

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Década y media antes de que los alemanes de Dschinghis Khan transformaran el rostro de la música para siempre imponiendo su tema "Dschinghis Khan" en el Eurovisión de 1979 (¿alguien puede creer que el ganador de ese año fue una mugre llamada "Hallelujah", cantada en hebreo...? ¡La conspiración judeomasónica se toma Eurovisión!), antes de esa fecha, decía, alguien se atrevió con Genghis Khan en el cine. La pepla fue una parida de un por entonces sexagenario llamado Irving Allen, a quien la vida se le iba de entre los dedos sin haber hecho un legado ¡¡¡EPICO!!! al cine (por favor, no confundir con el ínclito Irvin Allen, sin G, que es todo lo contrario: un cicatero sin tiquismiquis y con un olfato envidiable para apuñalar sin misericordia los bolsillos del público con cosas como "La aventura del Poseidón" o "Infierno en la torre"... éste es IrvinG Allen con G). Porque Irving Allen, vamos tejiendo calceta aquí, es la clase de pobre hombre que trata infructuosamente de sacarse por todos los medios el rotundo cartel de LOSER grabado sobre la frente cual marca de la Bestia. El evento más bochornoso de su carrera fue cuando se unió a otro productor que quería rodar una peli de espionaje, sobre la cual Allen estaba tan poco convencido, que incluso se dio el lujo de insultar al escritor respectivo, prefiriendo producir el estrepitoso fracaso que fue "Los juicios de Oscar Wilde" (que no hemos visto, así es que no podemos juzgar), con lo cual se separó del otro productor, que siguió con la idea de producir la peli de espías ésa... "Doctor No", la primera de James Bond. Cuando Allen, escarmentado ante el éxito de su antiguo socio, intentó subirse al carro de los espías, compró otra franquicia, un tal Matt Helm, personaje sobre el que rodó como tres o cuatro pelis que tampoco hemos visto en Cine 9009, y contrató a Dean Martin pagándole incluso mejor sueldo que a Sean Connery. Con resultados discretos, porque entre Connery y Martin, ya sabemos a quién recordamos mejor como EL agente supersecreto de todos los tiempos y sus alrededosos alrededores. En fin, el pobre Irving Allen debió decirse a sí mismo que para obtener por fin los galones de serie A en el cine, era hora de rodar una peli... ¡¡¡EPICA!!! El problema es que se lo dijo a mediados de los '60s. El epic había tenido sus años de gloria desde "El manto sagrado", vale (¡pero en 1953!), y después de cerca de una década de fulgor, ya los tiempos estaban cambiando (los '60s, rock, hippies, agentes doble cero...), y consecuentemente, era el tiempo en que cosas como "Cleopatra", "La caída del Imperio Romano" o "55 días en Pekín" ya estaban pegándose batacazo padre tras batacazo padre en la taquilla. Y claro, cuando el epic DEFINITIVO (no tanto, pero era la idea) sobre el gran conquistador mogol venía llegando en 1965, ya era casi como para ponerle la lápida al género. No ayudó que Irving Allen llamara a dirigir su producto a un tal Henry Levin, director que nunca tuvo una trayectoria demasiado lúcida (sus puntos altos serían "Viaje al centro de la Tierra" de 1959, en que protagonizaba James Mason que acá en "Genghis Khan" repite, y "El maravilloso mundo de los Hermanos Grimm"). Si a eso le sumamos una realización a ratos interesante y a ratos francamente hilarante, pues bien, qué decir... La peli hizo la rara hazaña de irse a pique al fondo del mar con una historia que transcurre en el más mediterráneo de todos los continentes de la Tierra, vaya que tuvieron que ser creativos para lograr fazaña semejante...

¿POR QUÉ VERLA?

-- La reacción más habitual ante esta peli es... ¿ESTO VA EN SERIO...? Cuando uno se sienta a ver cine histórico, uno tiene que partir asumiendo que va a enfrentarse a una versión ficcionalizada de los hechos, tamizados a través del filtro de la conveniencia narrativa, la ideología consciente o inconsciente de los productores, y la suprema cojonología del guionista de turno (¿alguien dijo "Una mente brillante" con guión perpetrado por Akiva Goldman?). Por eso uno puede aceptar que hayan falseado al personaje de Jamuga (el histórico no fue la mosca cojonera que nos presentan en la peli, sino un estimable amigo de Genghis con quien se pelearon porque los dos querían ser el UNICO, y bueno... Genghis ganó. Y murió ANTES de que Genghis invadiera China), o que nos presenten a Genghis Khan muriendo en batalla contra Persia (el histórico pereció más de media década después, cabalgando de regreso desde Rusia, pero es que eso hubiera quedado un poco anticlimático en la peli, admitámoslo). Pero cuando te das cuenta de que las interminables estepas siberianas han sido recreadas en estrechísimos valles plagados de pinos, y los personajes siguen refiriéndose al desierto, es que empiezas a partirte de risa (más aún cuando descubres que las yurtas mongolas se parecen mucho a las tiendas indias, y la cosa a ratos degenera en una peli de rangers yankis con gorro de mapache hurón contra los pieles rojas). Y sigues cuando ves al gran James Mason humillándose haciendo una interpretación (muy lograda, eso sí, y es que Mason era mucho Mason) que hace buenos todos los chistes de chinos cochinos con coleta y todo (¡y a ver si la China de Mao se iba a quejar contra Lyndon B. Johnson porque el país de las barras y estrellas producía productos tan etnocéntricos como éste!). El resultado final es muy entretenido, si te lo tomas con flema. Mal que mal, Omar Sharif compone un aceptable héroe de aventuras, Stephen Boyd le pone lo suyo al malvado Jamuga (ya había hecho al villano criptogay de "Ben Hur", y había interpretado al héroe del epic otoñal "La decadencia del Imperio Romano; al año siguiente iría al protagónico de "Viaje fantástico"), James Mason ya hemos hablado de éste, Robert Morley compone un emperador de China que tiene su punto como personaje más allá de unas cuantas carcajadas garantizadas, y el "mejor y medio tonto amigo" de Genghis Khan viene interpretado por... ¡¡¡TELLY SAVALAS!!! (seriously). El casting trata lo suyo, y hasta nos lo creeríamos si fuera más, bueno... étnicamente ajustado (¿quién fue el tarado que pensó que el extraordinariamente caucásico James Mason maquillado pasaba por chino...?). Quizás el principal problema de esta peli es su renuencia a aceptar que como buen epic, al final es un producto palomitero para consumo masivo, y quiere ser una peli que te haga trascender las fronteras del espacio y del tiempo para hacerte entrar en comunión con Genghis Khan, el principal de los guerreros del mundo... lo que hace sus fallos garrafales, en otras ocasiones más perdonables, acá especialmente agresivos. Porque no me van a decir que no tiene asunto que hagan de la violación de la señora de Khan (de Genghis Khan, no de Khan Noonien Singh, claro) un motivo claro a lo largo de la misma peli en que hacen burla y mofa cruel de lo chino cochino que son los chinos (¡si les falta puro hacer el chiste de que no pueden pronunciar la R aquí!). No garantizo que esta peli les guste o les entretenga lo mínimo... pero les confieso que me ganó. En medio de carcajadas en algunos pasajes, y a pesar de algún momento aburridón por allí, pero me ganó. Quizás no de la manera en que el pobre Irving Allen hubiera querido, pero... más anchos son los cielos de la estepa siberiana y menos alimento dan, ¿no?

IDEAL PARA: Fanáticos de los epic a la old fashion.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].



-- Genghis Khan (Omar Shariff) y Jamuka (Stephen Boyd) con el primero encarcelando al segundo [en inglés, sin subtítulos].

domingo, 30 de marzo de 2008

"Ben Hur" (1959).


-- "Ben-Hur". Estados Unidos. Año 1959.
-- Dirección: William Wyler. Protagonizada por Charlton Heston, Jack Hawkins, Haya Harareet, Stephen Boyd, Hugh Griffith, Martha Scott, Cathy O'Donnell, Sam Jaffe, Finlay Currie, Frank Thring, Terence Longdon, George Relph, André Morell.
-- Guión: Karl Tunberg, con Gore Vidal sin acreditar, y con aportes también sin acreditar de Maxwell Anderson, S.N. Behrman y Christopher Fry, todos ellos basados en la novela de Lew Wallace.
-- Banda Sonora: Miklós Rózsa.

-- "Ben Hur" en IMDb.
-- "Ben Hur" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

El Emperador Octavio Augusto ordena censar a todos los habitantes de Judea. Esto obliga a los nativos a viajar a sus respectivos lugares de nacimiento. De esta manera, en el seno de una familia de Nazaret, nace un niño en Belén, al que pronto llegan unos reyes a traerle unos simpáticos regalos. ¿Qué tiene todo esto que ver con Ben Hur? Por el minuto nada, salvo porque es "una historia del Cristo", según reza el subtítulo ("A Tale of the Christ"), así es que debemos mostrar el nacimiento del mentado Cristo. Bueh, pasan los años, y el Cristo anda dando vueltas por los montes, dedicado a sus reflexiones personales, pero ahora no es tiempo para éste, sino para... ¡¡¡BEN HUR!!! (el subtítulo será que es una historia del Cristo, pero el título es para Ben Hur, para que no digan que John Lennon fue el primero en decir "somos más grandes que Jesucristo"). Ben Hur, un muy chulo y muy mijo aristócrata de Jerusalén, se encuentra después de años con Mesala, un antiguo amiguete, que ahora viene bien cambiado, porque se ha ido a Roma y se ha pasado al Lado Oscuro de la Fuerza, y ya no intenta comprender a los judíos sino dominarlos. Pero como Ben Hur es muy patriota, le dice que no al imperialismo de los Estados Unidos de Roma, lo que rompe cualquier amistad. Al poco tiempo, Ben Hur aprenderá cuál es el precio de ser probo e íntegro en esta vida: su hermana deja caer inopinadamente una inofensiva baldosita, justo cuando desgraciadamente iba pasando el nuevo gobernador romano por debajo, y éste se mosquea mucho. Mesala aprovecha entonces el malentendido para vengarse, y consigue que la madre y la hermana de Ben Hur sean encarcelados en la Fortaleza Antonia, mientras que el propio Ben Hur será enviado a esa especie de muerte en vida que es remar en las galeras por años, hasta que se te deshilache el broncíneo torso y ya no estés para machadas, Charlton. Pasan los años, pero cuando todo parece perdido para nuestro buen Ben Hur, la suerte una vez más muestra sus afilados y cínicos dientes. Así, la galera en la que iba Ben Hur es atacada por piratas, y Ben Hur consigue salvarle la vida a un cónsul romano, nada menos. El cónsul, lejos de hacer gala de la naturaleza humana que tan bien conocemos, y para mostrarnos que esto es una peli y no la vida real, no sólo no se muestra como un ingrato, sino que además transforma a Ben Hur en un aristócrata romano de tomo y lomo. Pero si creen que Ben Hur se iba a quedar quieto, ¡ah, no!, él es demasiado chulo para eso, así es que se pone nuevamente en camino hacia Judea. No sólo su madre y su hermana deben ser rescatadas de las crueles garras del imperialismo romano, sino que hay que ajustarle cuentas al malvado Mesala, y además, un importante encuentro espera en la vida de Ben Hur para que éste sea salvo y beba del manantial de la vida eterna y todo eso (no me gustaría adelantar más, pero creo que se entiende con quién es ese encuentro, ¿acaso el subtítulo no es, repito, "una historia del Cristo"...?).

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

El siglo XIX fue la centuria de los inventos: el telégrafo, la ampolleta eléctrica, el ferrocarril... Todas cosas que hablaban del poder omnívoro de la ciencia. Pero esas cosas llegaban con retraso a Estados Unidos, y además, allá había mucho fundamentalismo (bueno, en realidad todavía). En 1878 salió una novela de aventuras destinada a ser todo un éxito en Estados Unidos: "Ben Hur". La ecuación era perfecta: un militar (por ende, reaccionario) que había luchado en la Guerra Civil de los Estados Unidos y que había sufrido una gran humillación cuando le cargaron más o menos injustamente el muerto por una infamante derrota en batalla, escribe una historia en la que el prota es vejado y tratado injustamente por un accidente. El prota, por ende, era superlativo (aristócrata incluido), características que desde siempre han identificado a los proletas en busca de héroe para sublimarse a sí mismos. Además, la novela cayó en buena época, porque en el XIX había cierto auge por las historias bíblicas ("Fabiola", "Los últimos días de Pompeya"...), y Wallace tuvo la pericia de mezclar todo esto con el viejo leit motiv de la venganza, que se lo tomó íntegramente de "El Conde de Montecristo" de Alejandro Dumas (el padre, que el hijo se llamaba igual). Por su trama de aventuras y su moral edificante (el prota termina haciéndose cristiano), se mantuvo durante la mayor parte del XX como un clásico juvenil, algo explicable considerando que condensada es una obra muy entretenida, (a cambio, en su versión completa es un ladrillazo de Tolkien y Señor Mío). Sucedió en los '50s que apareció la televisión, y con esto el cine respondió con una avalancha de títulos pensados para que no pudieran verse en esos primitivos monitores en B/N, lo que trajo de regreso al epic de romanos ("La túnica sagrada", "Fabiola", "Helena de Troya", "Ulises", "Hércules", "Los diez mandamientos"...), y como el material literario de base estaba agotándose, los ejecutivos de la MGM decidieron forrarse haciendo un remake del "Ben Hur" de 1925, que ya la novela tenía adaptación, no se crean. La MGM no escatimó en gastos para su realización, habida cuenta de que una peli de aventuras con prota cristiano estaba de sobra recuperado en una galería por entonces muy sensibilizada con el tema "Dios y América contra el comunismo" (parece que a nadie se le pasó por la cabeza que de manera subrepticia e inconsciente, la novela original es terriblemente antiimperialista), y los resultados de la maniobra fueron todo lo provechosos que se pudo. Porque "Ben Hur" batió récords en su época, alzándose con la elefantiásica cantidad de 11 Premios Oscar, cantidad que ninguna peli ha conseguido superar, y que sólo otras dos han conseguido alcanzar, en la siguiente media centuria ("Titanic" y "El Señor de los Anillos: El retorno del rey").

¿POR QUÉ VERLA?

-- Es un clásico absoluto del género Sword & Sandals. Medio siglo después de su estreno, lo sigue siendo. La peli dura tres horas y media, pero la verdad, casi ni se sienten. O mejor dicho, ni se sienten hasta la gran carrera de cuadrigas. La traca final, en donde vemos la guerra de Ben Hur contra la bacteriología, tiende a derruir lo ya construido, pero por otra parte, eso ya venía en la novela original, e incluso aquí está mucho mejor tratado en términos de ritmo narrativo.

-- Las escenas de acción son espectaculares, incluso considerando que los FXs han evolucionado una barbaridad desde aquellos días primigenios. El enfrentamiento entre las galeras está a todo trapo (de hecho, en un alarde de poder financiero, la MGM ordenó construir una galera de verdad para determinadas escenas). La carrera de cuadrigas es todo un clásico del cine de aventuras y de acción, y ha sido imitada y parodiada un sinfín de veces. Como de costumbre, menos es más, y en este caso, la ausencia del regodearse gore tan propio del cine post-"Gladiador" le da más morbo a escenas como cuando atropellan a los pobres tipos que se caen de sus carros (durante años corrió la leyenda urbana de que un extra había sido realmente atropellado y muerto en el escenario del circo, y si uno ve la peli, de verdad que se ve realista la escena que dio pie a esa historia).

-- Los actores están bastante bien. Charlton Heston, como de costumbre, hace el chulo allí donde va (para esas fechas, ya había sido Moisés en "Los diez mandamientos", y había actuado nada menos que a las órdenes de Orson Welles en la mayestática "Sed de mal"... y aún le esperaban "El Cid", "55 días en Pekín", "La agonía y el éxtasis", "El planeta de los simios", "El hombre omega", "Cuando el destino nos alcance", "Aeropuerto '75"...), pero consigue sobreponerse a sí mismo y da una de sus mejores interpretaciones en el cine. A su lado, el sinuoso y ambiguo Mesala es soberbiamente interpretado por un Stephen Boyd que... bien, digamos que da harto crédito a la leyenda según la cual le habrían pedido que interprete su odio a Ben Hur como el propio de un amante homosexual despechado, algo que por supuesto no sólo no hubiera pasado la censura de la época, sino que habría hecho poner el grito en el cielo al señor Heston, el macho recio por antonomasia de su tiempo. Y mención especial para Hugh Griffith, como el picaresco y socarrón jeque Ilderim (miren que da curiosas lecturas políticas esta peli: un jeque árabe y un aristócrata judío unen fuerzas para combatir al imperialismo estad...perdón, romano). Y al resto no los mencionamos no porque no se lo merezcan, sino para no hacer más largo este texto, pero digámoslo desde ya: están soberbios.

-- El soundtrack está a cargo del gran y único Miklós Rózsa, quien consigue superar el lugar común de las pelis de romanos (harta fanfarria y violines para las escenas tranquilas) y crea algunos momentos musicales verdaderamente memorables. No por nada, se llevó un Premio Oscar ese año, y en ese tiempo tener un Oscar sobre la chimenea aún era por méritos, y no por lobby interno de los grandes estudios. Don Miklós, un par de años después, repetiría su buen hacer en otro soundtrack clásico, el "Rey de Reyes" de 1961.

IDEAL PARA: Ver el que probablemente es el epic de romanos definitivo.

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