domingo, 28 de octubre de 2007

"Psicosis" (1960).


-- "Psycho". Estados Unidos. Año 1960.
-- Dirección: Alfred Hitchcock.
-- Actuación: Anthony Perkins, Janet Leigh, Vera Miles, John Gavin, Martin Balsam, John McIntire, Simon Oakland, Vaughn Taylor, Frank Albertson, Lurene Tuttle, Patricia Hitchcock, John Anderson, Mort Mills. Estados Unidos.
-- Guión: Joseph Stefano, basado en la novela de Robert Bloch.
-- Banda Sonora: Bernard Herrmann.

-- "Psicosis" en IMDb.
-- "Psicosis" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Y Dios creó a la mujer, y la mujer creó al pecado. En un motel parejero, a la hora de almuerzo para los felizmente casados y los solteros felices o infelices, y de ñurriñurriñurri para los infelizmente casados, una parejita tiene uno de esos encuentros de alto voltaje, como prolegómano a una discusión en la cual si nos seguimos viendo, si no nos seguimos viendo, si somos amigos, si nunca vamos a ser amigos, si igual quiero darte del modo en que un amigo no le da a una amiga, vamos... Lo de siempre. La señorita (lo que los demás ven como señorita, porque nosotros ya sabemos que es tan turbia que se la pasa metida en moteles a la hora en que la gente decente almuerza comida en vez de hombres) acude luego al turno de la tarde en su trabajo de secretaria en una agencia de trapicheo de bienes raíces. Allí caen en sus manos 40.000 dólares en efectivo. Entonces, al pecado de la lujuria nuestra no tan virginal prota rubia le añade el de la codicia, porque en vez de ir a depositarlo al banco como su buen jefe manda (¡y por favor, que da pena, este jefe sí es un pan de Dios!), simplemente toma su vehículo y parte como alma que se la lleva el diablo, a reunirse con su amorcito en otra ciudad, y con los 40.000 de propina. Pero en el largo camino llega la noche, debe descansar, y finalmente es interceptada por un oficial de la ley. La chica trata entonces de añadir el embuste a la estafa y a la lujuria, pero no le resulta; el oficial se huele algo raro, y empieza a seguirla. La joven decide entonces desviarse de la carretera principal y derivar hacia un camino secundario, en donde encuentra un motel de aspecto más o menos gótico y abandonado. Allí podrá por fin descansar de las peripecias de su viaje y recorrido, o al menos así debería ser. Porque el tipo del motel, un fulano de buenos modales y actitudes raras llamado Norman Bates, tiene su propia peculiar relación con su madre, la cual podría derivar en, bueno, ya saben, la escena de la cortina en la ducha y todo eso... ¡Por el amor de Dios, por qué tengo que estar reseñando estas cosas, si ya todo el mundo se la sabe! Es como cuando Troy McClure, el actor de los Simpsons, dijo: "todo Estados Unidos estuvo pendiente de quien le disparó a Montgomery Burns... después se descubrió que era la bebé" (thanks, Troy, yo no había visto el capítulo todavía)...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

¿Qué demonios se puede decir de nuevo sobre esta maravilla y obra maestra del Séptimo Arte, tan catedralicia que hasta aguanta ser vista doblada al castellano sin resentirse en lo más mínimo, que ya no se haya dicho con anterioridad? Hagamos un poco de historia. Estaban cerrándose los '50s, la época de oro de Alfred Hitchcock, con pelis como "Extraños en un tren", "La llamada fatal", "La ventana indiscreta", "Para atrapar a un ladrón", "Vértigo" e "Intriga internacional" entre otras, y ya se olía un ambiente distinto. Hitchcock era un director sofisticado y elegante, y por lo tanto calzaba bien con la época del baby boom, que después de la Segunda Guerra Mundial era puro glamour y etiqueta. Sin embargo, ya se olfateaba en el ambiente el olor de los mugrosos beatniks y de esos desquiciados que bailaban un ritmo nuevo, ¿cómo es que se llama esa nueva gimnasia acrobática...? ¡Ah, sí! Rock 'n' Roll. Y Hitchcock, hombre que jamás le temió a los riesgos, decidió circular hacia otras aguas. En esas circunstancias, surgió un asesino en serie llamado Ed Gein, que se hizo famoso por sus curiosas aficiones necrofílicas (decoraba su casa con partes y órganos corporales de sus víctimas, se hacía ropa con su piel... nada que no hayamos visto en series como "Expediente X", "Millennium" o "Profiler"). Ed Gein inspiró a un montón de personajes, como el Buffalo Bill de "El silencio de los inocentes" o el Leatherface de "La masacre de Texas", y también inspiró a un escritorzuelo de segunda llamado Robert Bloch, que había partido siendo al Círculo de Lovecraft (ya saben, los Mitos de Cthulhu) como el Robin de Batman (¡santos abismos primordiales, Howard!), y que después se hizo de un lugar en el imaginario literario cutreta a punta de novela pulp tras novela pulp. Esta novelita que escribió Robert Bloch, antiguo escritor de mitos cosmogónicos lovecraftiano devenido en autor de serie B, cayó en el escritorio de Alfred Hitchcock, quien a la fecha estaba interesadísimo en el mundo de las pelis de serie B, que en los '50s eran grito y plata. De manera que Alfred Hitchcock, sin olvidar los resortes del cine de suspenso de toda la vida (de toda SU vida), adaptó la novela de Robert Bloch. Y de paso, creó ya no digamos una próspera franquicia ("Psicosis II", "Psicosis III", "Psicosis IV", el remake "Psicosis" de 1998, y vamos a ver qué más se le ocurre a algún iluminado en las altas esferas hollywoodenses), sino también un modo de ver y entender el cine. Para que nos entendamos, Alfred Hitchcock no creó el cine de asesinos psicópatas en el cine, el cual por cierto existía desde antes, pero sí fue quien le dio su forma moderna y actual. Díganselo si no a Chris Carter, que se hizo una mina de oro con asesinos seriales que siguen el patrón del pirado de "Psicosis" casi por el manual.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Ya lo dijimos, es una película fundacional. Norman Bates es el abuelito Matusalén de una larga y frondosa genealogía de personajes psychokillers en el cine. Sin Norman Bates, no tendríamos más remedio que concluir que personajes como Leatherface, Buffalo Bill, Hannibal Lecter, Jason Vorhees (¡particularmente Jason!), Freddy Krueger o Jigsaw fueron creados prácticamente por generación espontánea. Los asesinos anteriores podían ser psicópatas como la chiquilla angelical de "La mala semilla" de 1956 (una buena recomendación si es que después de ver "Psicosis" quieren ahondar un poco más), o tener comportamientos al filo de lo moralmente permisible como las asesinas confabuladas de "Las diabólicas" de Cluzot (1955, remake en 1996 con Sharon Stone e Isabelle Adjani), pero en "Psicosis" es la primera vez que vemos al asesino psicópata no sólo como protagonista absoluto, sino como un ser humano capaz de disolver las fronteras del bien y del mal (en las otras dos, por contraste, sabíamos que las chicas estaban obrando mal y había pocas posibilidades de simpatizar con ellas, al menos para la moral de su tiempo). En ese sentido, y aunque rodada con espíritu de serie B de los '50s por un especialista en el stilish '50s, "Psicosis" preludia el enorme giro moral que vendrá en los '60s, con el hippismo y toda su contracultura disolvente de los valores éticos sociales preestablecidos. "Psicosis" no es sólo una película: es también un hito histórico del cine.

-- La manera magistral en que Hitchcock trata la historia. En la novela original, el tema central siempre es Norman Bates. En la película, en cambio (y trataré de no abundar en esto, porque hay ríos de libros y bits sobre esto), todo el énfasis de la primera mitad está dado en el personaje de Marion Crane, haciéndola atrayente por la vía morbosa: va a moteles para citas furtivas con su amante, roba dinero... la chica buena-pero-mala-pero-buena de toda la vida, vamos. Y después, a mitad de la película, por la famosa escena de la ducha mediante, todo eso no importa más, porque asistimos a una trama aún más sórdida y depravada, cual es la historia de Norman Bates. De la que no diremos más (además, buscando un poco en Google aparece).

-- Norman Bates, por sí mismo, es por supuesto un gran personaje. Incluso le perdonamos a Hitchcock el psicologismo barato de postín, propio del cine de los '50s, o más de alguna imprecisión psiquiátrica en la que incurre, con miras a aumentar el suspenso (un paciente con la afección psiquiátrica de Norman Bates no se comporta de la manera en que la película señala que lo haría). Anthony Perkins está en estado de gracia, y eso se nota, porque nunca más volvió a tener un gran rol por el cual destacarse (actuó después, aparte de las secuelas de "Psicosis", en pelis como la magistral "Asesinato en el Expreso Oriente", o ese intento Disney por colgarse a la moda Star Wars que fue "El abismo negro"). Quizás en algo influyó el hecho de que el propio Perkins estuvo en tratamiento psiquiátrico durante bastante tiempo, y que por eso los roles de psicópata le venían bien (trató de ingresar a Broadway como el Fantasma de la Opera, en la obra de Andrew Lloyd Weber, aunque perdió el rol). Por otra parte, Anthony Perkins era bisexual, en una época en la cual se consideraba a la homosexualidad como una aberrante desviación sexual; debió entonces haber gozado como chino interpretando a Norman Bates, ¿no?

-- El resto del elenco está también como corresponde. No en balde, y a pesar de venir dando de qué hablar en varias pelis anteriores ("Mujercitas", "Scaramouche", "Viviendo su vida" con la dupla Martin/Lewis, "Policía corrupto"), fue aquí donde Janet Leigh se consagró en gloria y majestad. Y por qué no decirlo, quedó marcada por el rol para siempre (su siguiente rol fue "El candidato del miedo", la versión de 1962, y desde ahí pasó a los telefilmes y series de TV). El trío de protas restantes (Vera Miles como la hermana de la chica que fue a dar hasta la ducha de un motel, John Gavin como su amante en el mismo año que interpretaba a Julio César en "Espartaco", y Martin Balsam como el investigador privado) están también bien ajustados en sus roles, aunque sin excesivos desplantes actorales, contribuyendo por tanto a una peli redonda.

-- La banda sonora. En la actualidad es casi un lugar común escuchar los violincitos de "Psicosis", pero cuando el gran Bernard Herrmann la compuso en 1959, era literalmente reventarle los tímpanos a la audiencia, acostumbrada por aquel entonces a música de violines, pero suavecita y ñoña a más no poder. Y escuchada hoy en día, sigue siendo una gran banda sonora, que ha sobrevivido a sus depredadores y parodiadores con enorme entereza (incluyendo a la revisión de Danny Elfman para el anodino "Psicosis" de Gus Van Sant). Thanks, Herrmann, por soundtrack concedido.

IDEAL PARA: Ver un clásico obligado del cine.

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