11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
Mostrando las entradas con la etiqueta 1960. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta 1960. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de febrero de 2009

"Once a la medianoche" (1960).


-- "Ocean's Eleven" (título original en inglés), "La cuadrilla de los once" (título en España). Estados Unidos. Año 1960.
-- Dirección: Lewis Milestone.
-- Actuación: Frank Sinatra, Dean Martin, Sammy Davis Jr., Peter Lawford, Angie Dickinson, Richard Conte, Cesar Romero, Patrice Wymore, Joey Bishop, Akim Tamiroff, Henry Silva, Ilka Chase, Buddy Lester, Richard Benedict, Jean Willes.
-- Guión: Harry Brown y Charles Lederer (y Billy Wilder, sin acreditar), sobre una historia de George Clayton Johnson y Jack Golden Russell.
-- Banda Sonora: Nelson Riddle.

-- "Once a la medianoche" en IMDb.
-- "Once a la medianoche" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Danny Ocean está planeando algo grande. Algo gordo. Todos hablan sobre él, y cuando eso ocurre, algo grande ocurrirá. Y así es. Danny Ocean está recolectando a sus antiguos compañeros de armas, que otrora defendieran la libertad, la democracia y el american way of life contra los malvados nazis en la Segunda Guerra Mundial, y ahora están repartidos en muchos lugares distintos, y varios de ellos en el submundo del crimen de poca monta (más o menos como Rambo después de Vietnam, pero con corbata y no tan despeinados). Algunos se suman alegremente a lo que se viene, otros lo hacen con reluctancia, y aún hay quien debe hacerlo casi por motivos de fuerza mayor (enfermedad terminal, y hay que dejarle algo al hijo). La idea de Danny Ocean es simple: aprovechar el entrenamiento y coordinación militar que tan buenos resultados les dio para mantenerse dentro del pellejo en la WWII, para planificar un complejo ataque contra un grupo de casinos, y saquear sus respectivas cajas fuertes. El golpe es grande, y asusta a los respectivos parroquianos, pero uno a uno, todos se van sumando. Así, poco a poco, el grupo va ejecutando el plan. Pero cuando hay tantos pasteleros cocinando el pastel, es lógico que éste pueda salir, pues bien, un poquito quemado, ¿no? ¿Irá a resultar todo como se supone debería ser, para nuestro grupo de truhanes...?

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Dícese que se dice, que existía un grupo de cantantes más que bien cobijaditos al alero de las conexiones con la Mafia, y gracias a ellas, cuando los italianos se aburrieron de Nueva York y empezaron a volverse hacia el juego legalizado en Nevada y levantaron Las Vegas, corrieron a hacer numeritos musicales allá, a precios módicos y convenientes. Entre ellos estaba, por supuesto, el Rat Pack, el célebre grupo de cantantes alrededor de Frank Sinatra, que se caracterizaban por su vida de juerga eterna (se dice que el nombre de Rat Pack deriva de que Lauren Bacall, aburrida de que su maridito Humphrey Bogart se fuera de parranda con ellos, un día le dijo: "¡luces como un maldito paquete de ratas!", y el nombre de Paquete de Ratas, Rat Pack, quedó). Con el tiempo, al Rat Pack le entró el bicho de hacer pelis. Y como no querían moverse de Las Vegas, pues bien, rodaron en la misma ciudad, en horarios cómodos y confortables para que no les estorbaran el resto de las actividades (cantar por la noche en los casinos, taladrar mujeres, esa clase de cosas). Como herencia desde los tiempos del Cine Noir, habían pelis de grupos de ladrones tratando de hacerse con un botín ("Mientras la ciudad duerme", por ejemplo), y la idea les pareció buena porque así habrían papeles para todos: bastaba con que cada uno interpretara a un truhán distinto, y listo. Además, ya que el Rat Pack tenía alma de I like to live for myself, el cine de truhanes dispuesto a hacerse con un botín les caía como anillo al dedo. El resultado fue esta parida, que supuestamente no iba tan en serio, y que en realidad era un vehículo para el lucimiento de sus protas (en particular el trío clave del Rat Pack, que son Frank Sinatra, Dean Martin y Sammy Davis Jr.), fue una peli que inaguró una breve moda sesentera de pelis sobre crímenes perfectos ("Topkapi", "Golpe a la italiana", "El caso Thomas Crown", "Cómo robar un millón"...), y además fue objeto de un remake seguido de dos secuelas ("La gran estafa", "La nueva gran estafa" y "Ahora son 13").

¿POR QUÉ VERLA?

-- El paso del tiempo a veces se encarga de poner las cosas en su lugar. En su época, "Once a la medianoche" fue una peli sumamente influyente, como ya dijéramos. Sin embargo, hoy en día, pasados los días de gloria del Rat Pack y del cine de hampones lanzando el robo perfecto, esta peli empieza a mostrar sus debilidades. Su comienzo es lento y plúmbeo, y pareciera que nunca va a arrancar. Y cuando arranca, lo que sigue simplemente no es tan espectacular. Las audiencias de 1960 seguramente se asombraron con la trama, y las chicas se habrán quedado babosas con Sinatra o Martin, pero por una vez en la vida, el remake de Steve Soderbergh ("La gran estafa") le mató el punto, porque es más ágil y ondera, es más autoconsciente de su estética lasveguera, y tiene un guión más interesante. Las comparaciones son odiosas, en particular porque seguramente a Soderbergh jamás se le habría ocurrido el argumento por cuenta propia, si no estuviera precedida su peli por la de 1960, la del Rat Pack, pero por otra parte, el único valor que eso le añade a la peli, es el arqueológico, el "de allí vino...". Y conste que la dirigía Lewis Miltestone, que sin ser un gigante de la cinematografía, se apunta en su currículum cositas como "Sin novedad en el frente", "De ratones y hombres" o "El motín del Bounty" (la versión de 1962, la con Marlon Brando, porque hay otras). Aquí, el pobre Milestone luce como un simple mandadero, "ponga la cámara aquí, joven, y déjenos hacer lo nuestro", y se nota. Pero en fin, volviendo a lo del valor arqueológico... Pues eso, valor arqueológico a fin de cuentas.

-- Siendo una peli del Rat Pack y para lucimiento del Rat Pack, teníamos que tener algún que otro número musical, aunque no viniera a cuenta. Así es que tenemos a Dean Martin haciendo el chulo con algunas canciones. Por supuesto que esto anima bastante el cotarro. Bueh, puede ser que no le encuentres la gracia a esto, porque podrías ser un otaku que no ve más allá de las idol j-pop, o un darkgoth incapaz de sacarte el Rammstein de encima, pero ese es un caso improbable, porque entonces Cine 9009 sería un blog demasiado inteligente para tí, y a estas alturas del partido ya te habrías aburrido y cambiado al fotolog más estúpido y cercano posible. Volviendo a lo de la Música: hay números musicales, y sin cortes. No voy a decir el viejerío de "ya no hacen música como antes" (entre otras cosas, porque siempre se ha hecho música buena y música mala), pero de verdad que rescata un poco ese espíritu de espectáculo de sabor tan yanketa, ya hace tiempo ido.

-- Cameos de chicas. Aparece Angie Dickinson cuando estaba jovencita (¿alguien se acordará en estos tiempos de quién demonios fue Angie Dickinson?). Y otra chica vinculada al Rat Pack, como es Shirley McLaine, fresco en ese tiempo su rol de "El apartamento", hace un brevísimo cameo.

-- El final. Cuando todo parece que se va a alargar y eternizar, y el asunto no pareciera querer resolverse por ninguna parte (al menos no sin saltarse la vieja regla del cine políticamente correcto de los '40s, de que toda banda de hampones debía terminar liquidándose los unos a los otros, cosa que violentaría el espíritu festivo de esta peli), tenemos una resolución de lo más ingeniosa. No diré cual, por supuesto, pero pocos finales de peli pueden ser tan desopilantes como éste. ¡Si hasta les perdono mucho de la tabarra que nos dio antes la peli, sólo por esto!

IDEAL PARA: Ver una peli histórica... Si se tiene la paciencia para ello.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].



-- Secuencia de créditos de la peli [en inglés, sin subtítulos... como si hicieran falta].

jueves, 22 de noviembre de 2007

"La fuente de la doncella" (1960).


-- "Jungfrukällan" (título original en sueco), "The virgin spring" (título para el mercado estadounidense), "El manantial de la doncella" (título en España y México). Suecia. Año 1960.
-- Dirección: Ingmar Bergman.
-- Actuación: Max von Sydow, Birgitta Valberg, Gunnel Lindblom, Birgitta Pettersson, Axel Düberg, Tor Isedal, Allan Edwall, Ove Porath, Axel Slangus, Gudrun Brost, Oscar Ljung.
-- Guión: Ulla Isaksson.
-- Banda Sonora: Erik Nordgren.

-- "La fuente de la doncella" en IMDb.
-- "La fuente de la doncella" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Erase una vez que se era, en la aristocrática Suecia medieval (o sea, en ese conjunto de chozas que alguien humorísticamente bautizó como "civilización vikinga"), una casa en la cual vivía una bonita familia de nobles aristócratas, lo que en aquel tiempo y lugar significaba algo así como "10% menos pulgosos y piojosos que el resto". En la familia hay dos chicas. Una de ellas es una sierva o poco menos, y pagana por añadidura, y odia a muerte a la otra chica hasta el punto de pedirle al dios Odín que se encargue de procelársela. La otra es, por supuesto, el lirio nevado de la familia, una chiquilla malcriada y coqueta (la versión pelolais de la Suecia del XIV) que a fuerza de hacerse la melosa con papi y mami, consigue todo lo que quiere. Resulta que estamos en Semana Santa y hay que llevar unos cirios a la Iglesia, lo que tratándose de la época y el lugar, significa ir por media Suecia a montura de algo. La chiquilla consentida, dale con que la manden a ella, y que la acompañe la otra sujeta. Después de unos cuantos diálogos salaces y llenos de mala baba de la criada a la señorita, ambas se separan bien peleadas. En mala hora, porque poco más allá, la pelolais es agarrada por un grupo de truhanes que deciden llegada su hora de merendar carne de nobleza, y le aplican eso que nuestras tatarabuelitas victorianas llamaban "un ultraje peor que la muerte". Y al ultraje peor que la muerte, pues bien, sigue la muerte, para que la pobre no pase vergüenzas después (recuérdese que en la época no existía tratamiento psiquiátrico asistencial a las víctimas de violación). Pero como hay un misterioso sentido de la justicia cósmica que se infiltra por todos los hilos de la existencia (es una Bergman, así es que no es como la vida real), pues bien, adivinen qué va a pasar después...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Es inoficioso a estas alturas del partido decir que Ingmar Bergman es uno de los cineastas más respetados de todos los tiempos. Y con razón. Porque Bergman fue pionero en la gran renovación que sufrió el cine europeo de los '60s, frente a la ortodoxia narrativa y temática hollywoodense. No en balde, al alero de Bergman se forjaron una larga serie de cineastas; sin ir más lejos, Andrei Tarkovski le copió todo eso de rodar metafísica a 3 kms/hora; por otra parte, la ecuación "metafísica + morbo" ha sido con posterioridad la piedra de toque de todo el cine de David Lynch; y hablando con un poco de malicia, podemos despacharnos la obra completa del reconocidísimo Woody Allen con su churrepetecientas películas como una especie de "quiero ser Bergman y no puedo". Bergman se reveló al mundo a finales de los '50s, en particular con su ultraclásica "El séptimo sello", y a partir de ahí deslumbró al mundo con un estilo muy peculiar. Y es que el viejo zorro de Bergman consiguió la cuadratura del círculo, de crear un cine que permitiera una vasta elucubración filosófica, permitiéndoles así a los dizqueintelectuales de "Cahiers du Cinema" ganarse el plato de judías, y que contara historias interesantes, en particular porque explota el lado más morboso de la existencia humana (violaciones, incestos, peleas de pareja, etcétera). Todo eso está más o menos presente en "La fuente de la doncella", una peli quizás no tan prestigiosa como "El séptimo sello" o "Fresas salvajes", pero que igualmente deja ver su mano maestra (o, hablando con un poco de mala baba, podríamos decir "su mano mora").

¿POR QUÉ VERLA?

-- Para los fanáticos de Bergman, es el típico producto Bergman. O sea, hay una historia de honda raigambre metafísica con su poco de simbolismo y obsesión religiosa, combinada con una trama de ribetes bastante morbosos. Aunque digámoslo con todas sus letras, en estos aspectos la peli ha envejecido un pelín. Porque en este caso, el simbolismo bergmaniano que tanto trigo ha dado a los molinos culturetas, es más bien difuso, y por ser una peli limpia, no permite a los críticos hinchados de filosoprosa lucirse a gusto explicando lo inexplicable; por otra parte, aparte de ser una clásica historia del género "crimen y castigo", pues bien, tenemos otra muestra de la metafísica bergmaniana de tipo "hago que mis personajes sean normales y corrientes, pero metan a Dios en todas partes, y con eso hago una peli religiosa". Expliquemos un poco la simbología y estamos en paz: en Semana Santa (es esa fecha) una Virgen (la mija linda) sale con su mejor vestido de seda (el manto de la Virgen) escoltada por una sierva pagana envidiosa (Judas Iscariote) y viaja hasta el Reino de la Maldad (el mundo exterior), en donde será vejada y muerta, sólo para que sus ejecutores después caigan en manos de los buenos y nobles aristócratas. Pensándolo bien, es natural que una peli tan aristocratizante como ésta (los nobles son buenos, los villanos de las villas son también villanos de alma) no cuaje bien entre la dizqueintelectualidad europea, siempre bien inclinada hacia el consumo del Vodka Stalin. En cuanto al otro aspecto, el del morbo, ha perdido un tanto lo suyo; presentar una violación en medio de una peli podía tener gancho para 1960, época en la que el grueso del cine venía de Hollywood (bueh, todavía hoy), y éste se encontraba bien ceñido al infame Código Hays (el mismo que decía que las parejas de casados debían aparecer durmiendo en camas separadas en las pelis hollywoodenses), y por ende, debió ser una bomba en Estados Unidos, una peli que mostraba una violación; sin embargo, pasadas unas cuantas décadas, y después de ver cómo de manera mucho más explícita se revolcaban a la neumática Monica Bellucci en "Irreversible", pues bien, lo de "La fuente de la doncella" ha perdido un poco de tirón.

-- Los actores lo hacen prodigiosamente bien. El rol de pater familias es interpretado por el incombustible Max von Sidow, que después de haber sido chico Bergman pasó por un nutrido cuantuhay de pelis hollywoodenses ("La historia más grande jamás contada", "La carta del Kremlin", "El exorcista", "Los tres días del cóndor", "Flash Gordon", "Conan el Bárbaro", "Nunca digas nunca jamás", "Duna", "Sentencia previa", interpretando a Jesucristo, Ming el Despiadado y el malvado Blofeld de las pelis Bond entre otros); aquí, von Sidow interpreta su rol con entera bonhomía y hace inmensa la pantalla, algo bastante difícil en una producción artesanal y precaria como es todo el cine extrahollywoodense pre-'90s. Su esposa es interpretada por Birgitta Valberg, que le hace muy bien el peso. Las dos chicas que se detestan cordialmente vienen interpretadas por Gunnel Lindblom, la morena adoradora de Odín, y por Birgitta Pettersson la rubia pelolais, y es como para caer rendido ante ellas, su encanto particular (el encanto de la inocencia en un caso, el de las chicas malas en el otro). Y los malos ponen una cara de malos que realmente da miedo.

-- Siempre es refrescante ver una peli sobre la Edad Media, en donde no se presente a los aldeanos como tipos con paños de pobre, pero tan limpiecitos que parecen recién salidos de la ducha, o a los nobles vestidos con tanta magnificencia que parecen magnates de una fiesta de disfraces del XXI. Esta es una peli sobre la Edad Media como debió ser, o sea, sucia, deslavada, con construcciones campestres medio cayéndose a pedazos, con los animales correteando por todas partes, y comiendo con modales más propios de un cerdo que de un hombre civilizado. Y ese respiro se agradece.

-- Edad Media. Violación. Asesinatos. Una chica pura y radiante. Una chica mala como el natre. Malos bien malos. Combinación ganadora, qué más les puedo decir.

-- La peli dura algo menos de 90 minutos. O sea, si el estilo bergmaniano de cine te aburre (y puede ser, porque el hombre a ratos es un poco plúmbeo para contar la historia), terminará rápido.

IDEAL PARA: Ver quizás no el Bergman más afamado, pero sí uno entretenido y con cuento.

domingo, 28 de octubre de 2007

"Psicosis" (1960).


-- "Psycho". Estados Unidos. Año 1960.
-- Dirección: Alfred Hitchcock.
-- Actuación: Anthony Perkins, Janet Leigh, Vera Miles, John Gavin, Martin Balsam, John McIntire, Simon Oakland, Vaughn Taylor, Frank Albertson, Lurene Tuttle, Patricia Hitchcock, John Anderson, Mort Mills. Estados Unidos.
-- Guión: Joseph Stefano, basado en la novela de Robert Bloch.
-- Banda Sonora: Bernard Herrmann.

-- "Psicosis" en IMDb.
-- "Psicosis" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Y Dios creó a la mujer, y la mujer creó al pecado. En un motel parejero, a la hora de almuerzo para los felizmente casados y los solteros felices o infelices, y de ñurriñurriñurri para los infelizmente casados, una parejita tiene uno de esos encuentros de alto voltaje, como prolegómano a una discusión en la cual si nos seguimos viendo, si no nos seguimos viendo, si somos amigos, si nunca vamos a ser amigos, si igual quiero darte del modo en que un amigo no le da a una amiga, vamos... Lo de siempre. La señorita (lo que los demás ven como señorita, porque nosotros ya sabemos que es tan turbia que se la pasa metida en moteles a la hora en que la gente decente almuerza comida en vez de hombres) acude luego al turno de la tarde en su trabajo de secretaria en una agencia de trapicheo de bienes raíces. Allí caen en sus manos 40.000 dólares en efectivo. Entonces, al pecado de la lujuria nuestra no tan virginal prota rubia le añade el de la codicia, porque en vez de ir a depositarlo al banco como su buen jefe manda (¡y por favor, que da pena, este jefe sí es un pan de Dios!), simplemente toma su vehículo y parte como alma que se la lleva el diablo, a reunirse con su amorcito en otra ciudad, y con los 40.000 de propina. Pero en el largo camino llega la noche, debe descansar, y finalmente es interceptada por un oficial de la ley. La chica trata entonces de añadir el embuste a la estafa y a la lujuria, pero no le resulta; el oficial se huele algo raro, y empieza a seguirla. La joven decide entonces desviarse de la carretera principal y derivar hacia un camino secundario, en donde encuentra un motel de aspecto más o menos gótico y abandonado. Allí podrá por fin descansar de las peripecias de su viaje y recorrido, o al menos así debería ser. Porque el tipo del motel, un fulano de buenos modales y actitudes raras llamado Norman Bates, tiene su propia peculiar relación con su madre, la cual podría derivar en, bueno, ya saben, la escena de la cortina en la ducha y todo eso... ¡Por el amor de Dios, por qué tengo que estar reseñando estas cosas, si ya todo el mundo se la sabe! Es como cuando Troy McClure, el actor de los Simpsons, dijo: "todo Estados Unidos estuvo pendiente de quien le disparó a Montgomery Burns... después se descubrió que era la bebé" (thanks, Troy, yo no había visto el capítulo todavía)...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

¿Qué demonios se puede decir de nuevo sobre esta maravilla y obra maestra del Séptimo Arte, tan catedralicia que hasta aguanta ser vista doblada al castellano sin resentirse en lo más mínimo, que ya no se haya dicho con anterioridad? Hagamos un poco de historia. Estaban cerrándose los '50s, la época de oro de Alfred Hitchcock, con pelis como "Extraños en un tren", "La llamada fatal", "La ventana indiscreta", "Para atrapar a un ladrón", "Vértigo" e "Intriga internacional" entre otras, y ya se olía un ambiente distinto. Hitchcock era un director sofisticado y elegante, y por lo tanto calzaba bien con la época del baby boom, que después de la Segunda Guerra Mundial era puro glamour y etiqueta. Sin embargo, ya se olfateaba en el ambiente el olor de los mugrosos beatniks y de esos desquiciados que bailaban un ritmo nuevo, ¿cómo es que se llama esa nueva gimnasia acrobática...? ¡Ah, sí! Rock 'n' Roll. Y Hitchcock, hombre que jamás le temió a los riesgos, decidió circular hacia otras aguas. En esas circunstancias, surgió un asesino en serie llamado Ed Gein, que se hizo famoso por sus curiosas aficiones necrofílicas (decoraba su casa con partes y órganos corporales de sus víctimas, se hacía ropa con su piel... nada que no hayamos visto en series como "Expediente X", "Millennium" o "Profiler"). Ed Gein inspiró a un montón de personajes, como el Buffalo Bill de "El silencio de los inocentes" o el Leatherface de "La masacre de Texas", y también inspiró a un escritorzuelo de segunda llamado Robert Bloch, que había partido siendo al Círculo de Lovecraft (ya saben, los Mitos de Cthulhu) como el Robin de Batman (¡santos abismos primordiales, Howard!), y que después se hizo de un lugar en el imaginario literario cutreta a punta de novela pulp tras novela pulp. Esta novelita que escribió Robert Bloch, antiguo escritor de mitos cosmogónicos lovecraftiano devenido en autor de serie B, cayó en el escritorio de Alfred Hitchcock, quien a la fecha estaba interesadísimo en el mundo de las pelis de serie B, que en los '50s eran grito y plata. De manera que Alfred Hitchcock, sin olvidar los resortes del cine de suspenso de toda la vida (de toda SU vida), adaptó la novela de Robert Bloch. Y de paso, creó ya no digamos una próspera franquicia ("Psicosis II", "Psicosis III", "Psicosis IV", el remake "Psicosis" de 1998, y vamos a ver qué más se le ocurre a algún iluminado en las altas esferas hollywoodenses), sino también un modo de ver y entender el cine. Para que nos entendamos, Alfred Hitchcock no creó el cine de asesinos psicópatas en el cine, el cual por cierto existía desde antes, pero sí fue quien le dio su forma moderna y actual. Díganselo si no a Chris Carter, que se hizo una mina de oro con asesinos seriales que siguen el patrón del pirado de "Psicosis" casi por el manual.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Ya lo dijimos, es una película fundacional. Norman Bates es el abuelito Matusalén de una larga y frondosa genealogía de personajes psychokillers en el cine. Sin Norman Bates, no tendríamos más remedio que concluir que personajes como Leatherface, Buffalo Bill, Hannibal Lecter, Jason Vorhees (¡particularmente Jason!), Freddy Krueger o Jigsaw fueron creados prácticamente por generación espontánea. Los asesinos anteriores podían ser psicópatas como la chiquilla angelical de "La mala semilla" de 1956 (una buena recomendación si es que después de ver "Psicosis" quieren ahondar un poco más), o tener comportamientos al filo de lo moralmente permisible como las asesinas confabuladas de "Las diabólicas" de Cluzot (1955, remake en 1996 con Sharon Stone e Isabelle Adjani), pero en "Psicosis" es la primera vez que vemos al asesino psicópata no sólo como protagonista absoluto, sino como un ser humano capaz de disolver las fronteras del bien y del mal (en las otras dos, por contraste, sabíamos que las chicas estaban obrando mal y había pocas posibilidades de simpatizar con ellas, al menos para la moral de su tiempo). En ese sentido, y aunque rodada con espíritu de serie B de los '50s por un especialista en el stilish '50s, "Psicosis" preludia el enorme giro moral que vendrá en los '60s, con el hippismo y toda su contracultura disolvente de los valores éticos sociales preestablecidos. "Psicosis" no es sólo una película: es también un hito histórico del cine.

-- La manera magistral en que Hitchcock trata la historia. En la novela original, el tema central siempre es Norman Bates. En la película, en cambio (y trataré de no abundar en esto, porque hay ríos de libros y bits sobre esto), todo el énfasis de la primera mitad está dado en el personaje de Marion Crane, haciéndola atrayente por la vía morbosa: va a moteles para citas furtivas con su amante, roba dinero... la chica buena-pero-mala-pero-buena de toda la vida, vamos. Y después, a mitad de la película, por la famosa escena de la ducha mediante, todo eso no importa más, porque asistimos a una trama aún más sórdida y depravada, cual es la historia de Norman Bates. De la que no diremos más (además, buscando un poco en Google aparece).

-- Norman Bates, por sí mismo, es por supuesto un gran personaje. Incluso le perdonamos a Hitchcock el psicologismo barato de postín, propio del cine de los '50s, o más de alguna imprecisión psiquiátrica en la que incurre, con miras a aumentar el suspenso (un paciente con la afección psiquiátrica de Norman Bates no se comporta de la manera en que la película señala que lo haría). Anthony Perkins está en estado de gracia, y eso se nota, porque nunca más volvió a tener un gran rol por el cual destacarse (actuó después, aparte de las secuelas de "Psicosis", en pelis como la magistral "Asesinato en el Expreso Oriente", o ese intento Disney por colgarse a la moda Star Wars que fue "El abismo negro"). Quizás en algo influyó el hecho de que el propio Perkins estuvo en tratamiento psiquiátrico durante bastante tiempo, y que por eso los roles de psicópata le venían bien (trató de ingresar a Broadway como el Fantasma de la Opera, en la obra de Andrew Lloyd Weber, aunque perdió el rol). Por otra parte, Anthony Perkins era bisexual, en una época en la cual se consideraba a la homosexualidad como una aberrante desviación sexual; debió entonces haber gozado como chino interpretando a Norman Bates, ¿no?

-- El resto del elenco está también como corresponde. No en balde, y a pesar de venir dando de qué hablar en varias pelis anteriores ("Mujercitas", "Scaramouche", "Viviendo su vida" con la dupla Martin/Lewis, "Policía corrupto"), fue aquí donde Janet Leigh se consagró en gloria y majestad. Y por qué no decirlo, quedó marcada por el rol para siempre (su siguiente rol fue "El candidato del miedo", la versión de 1962, y desde ahí pasó a los telefilmes y series de TV). El trío de protas restantes (Vera Miles como la hermana de la chica que fue a dar hasta la ducha de un motel, John Gavin como su amante en el mismo año que interpretaba a Julio César en "Espartaco", y Martin Balsam como el investigador privado) están también bien ajustados en sus roles, aunque sin excesivos desplantes actorales, contribuyendo por tanto a una peli redonda.

-- La banda sonora. En la actualidad es casi un lugar común escuchar los violincitos de "Psicosis", pero cuando el gran Bernard Herrmann la compuso en 1959, era literalmente reventarle los tímpanos a la audiencia, acostumbrada por aquel entonces a música de violines, pero suavecita y ñoña a más no poder. Y escuchada hoy en día, sigue siendo una gran banda sonora, que ha sobrevivido a sus depredadores y parodiadores con enorme entereza (incluyendo a la revisión de Danny Elfman para el anodino "Psicosis" de Gus Van Sant). Thanks, Herrmann, por soundtrack concedido.

IDEAL PARA: Ver un clásico obligado del cine.

lunes, 19 de febrero de 2007

"La máquina del tiempo" (1960).


-- "The Time Machine". Estados Unidos. Año 1960.
-- Dirección: George Pal.
-- Actuación: Rod Taylor, Alan Young, Yvette Mimieux, Sebastian Cabot, Tom Helmore, Whit Bissell, Doris Lloyd.
-- Guión: David Duncan, basado en la novela de H.G. Wells.
-- Banda Sonora: Russell García.

-- "La máquina del tiempo" en IMDb.
-- "La máquina del tiempo" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Comienzos de 1900, una época que ya en tiempos de la peli en comento era añeja. Un grupo de amiguetes muy estiradotes y eduardianos llegan de visita. El anfitrión, eso sí, no está. Los invitados protestan por la enorme descortesía, y lo hacen como buenos hijos de la Rubia Albión, pero cuando la anciana ama de llaves anuncia que puede empezar la comilona sin que llegue el anfitrión, por expresas instrucciones de éste, el grupete no se hace de rogar. Y de repente... ¡¡CHAS!! ...se abre la puerta y aparece el anfitrión, con la camisa descosida como un indy jones de rebajas, y muy alterado. Uno de los amigos le pide que cuente su historia con calma, porque "tiene todo el tiempo del mundo". Y el otro, con esos ojos medidativos y perdidos en el horizonte que vienen muy bien en el cine cuando alguien va a empezar a contar un relato, dice "es verdad, tengo todo el tiempo en el mundo"... Refiere entonces como cinco días antes, el último de 1899, ha convocado a esos mismos amiguetes, y les ha hablado sobre una máquina del tiempo. Después de una prolija explicación pseudoeinsteniana, sólo obtiene risotadas, consejos de buena crianza ("no se enfebrezca tanto, mi amigo, que se va a enfermar", y cosas así), y preguntas sobre el potencial del invento para ser aplicado en la guerra imperialista británica (ni que fueran industriales yankis). Fastidiado de que el siglo XIX/XX sea tan estrecho de miras como para entenderle, decide entonces usar su máquina para viajar al futuro. Después de descubrir que el mundo se irá progresivamente al demonio durante el siglo XX, arriba nada menos que a 800 mil años en el futuro, y descubre... ¿El Paraíso Terrenal...? ¿El infierno de Dante...? Un poco de ambas cosas, porque en el futuro hay una sociedad de lindos arios rubios y de ojos azules, y otra que...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

En 1895, un inglés de finales del imperio victoriano, de clase media, y convicciones políticas cercanas al fabianismo (o sea, lo que hoy en día sería un socialista de asados de fin de semana en el barrio alto) publicó su opera prima, cual era "La máquina del tiempo". Esta obra, del posteriormente prolífico Herbert George Wells, estaba destinada a transformarse en uno de los libros más importantes de todos los tiempos, ya que era el primer relato en el cual el viaje temporal se hacía mediante máquinas y no por magia o extraños pactos con criaturas sobrenaturales, sentando así uno de los temas capitales de lo que después llegaría a llamarse "ciencia ficción"; esto, sumado a su exquisito estilo literario, y a una trama llena de aventuras, y con un trasfondo social y filosófico sumamente hondo. No es casualidad entonces que desde siempre hayan querido llevarla al cine, de una manera o de otra. Quien se llevó el palo al agua fue George Pal, hombre con un zutantrástico currículum que en la dirección incluía incontables cortos para Bugs Bunny, y en la producción algunos de los grandes clásicos de la CF de los '50s, incluyendo "Mundos en colisión", "Destino: la Luna" y "La guerra de los mundos". Perteneciente a una generación de cineastas que, aunque preocupados por ganar dinero en la taquilla, mostraban algo de preocupación por no corromper (demasiado) el material literario original, la adaptación de Pal resultó ser enormemente respetuosa al texto de Wells, aunque un tanto menos sobre su espíritu. Y es que Wells ha sido siempre un escritor complicado para el cine: atrae por una parte el que sus obras sean canónicas (la primera invasión extraterrestre en "La guerra de los mundos", el primer experimento científico de invisibilidad en "El hombre invisible"), pero su vena corrosiva e izquierdoide hace difícil de pasar el trasfondo metafísico. Y George Pal, estadounidense ortodoxo a fin de cuentas, se ve obligado a introducir algunos sutiles cambios en la trama, para evitar al Wells más crítico social, algo que siempre ha herido la sensibilidad pequeñoburguesa de los yankis. La película está más ajustada en realidad a los miedos propios de los '60s (la aniquilación de la raza humana por cortesía de un bombazo nuclear), que a la sensibilidad críticobritánica wellsiana, pero aún así mantiene un carácter contestatario que es muy propio del autor de la novela original.

¿POR QUÉ VERLA?

-- La novela original tiene un argumento buenísimo y muy original, dentro del género "viajero del tiempo perdido en el siglo chorropetecientos", y la película es enormemente fiel al argumento buenísimo y muy original. ¿Más comentarios...?

-- Consecuencia de lo anterior. Esta película es una crítica feroz a cierto dogma liberal (bien mantenido por las grandes corporaciones petroleras actuales) de que el progreso es eterno y hasta el infinito. Otras civilizaciones tan buenas como la nuestra han caído antes, ¿por qué no iba a hacerlo aquella en la que vivimos? Y no se necesita ningún empujón externo para ello, basta que nosotros metamos el dedo en el botón nuclear, en vez del botón del expendedor de snacks, y estamos listos. Aún sin el discurso social de Wells, sigue siendo una premisa aterradora. "Terminator" no inventó nada (y los robots de Terminator tienen más que un simple aire de familia a los morlocks, en más de un sentido, para que vean que James Cameron no inventó nada).

-- El diseño visual. La máquina del tiempo es todo lo vistosa que se puede. Los efectos de aceleración del tiempo cuando se produce el viaje son notablemente buenos, a pesar de su simplicidad casi rústica (cámara acelerada y nada más). Y el mundo futuro luce realmente como un mundo casi alienígena para nuestro entendimiento normal, incluyendo una ominosa esfinge que... no, no contemos más, para maantener el suspenso arriba.

-- El vigoroso ritmo narrativo. A diferencia de las peripecias de películas contemporáneas, que mantuvieron al público en su día sentado al borde de la butaca, pero que hoy en día produciría algunos bucólicos bostezos, los eventos del filme aún consiguen emocionar. Tanto, que se comen con zapatos al remake de 2002, y eso que para éste le metieron una serie de elementos nuevos para hacerla aún más espectacular, con resultados en definitiva mediocres.

IDEAL PARA: Ver una adaptación fílmica hecha con la altura de miras necesaria para respetar la obra original, en vez de "rejuvenecerla" y "modernizarla" para el ignaro público actual.

miércoles, 5 de abril de 2006

"Espartaco" (1960).


-- "Spartacus". Estados Unidos. Año 1960.
-- Dirección: Stanley Kubrick.
-- Actuación: Kirk Douglas, Laurence Olivier, Jean Simmons, Charles Laughton, Peter Ustinov, John Gavin, Nina Foch, John Ireland, Herbert Lom, John Dall, Charles McGraw, Joanna Barnes, Harold J. Stone, Woody Strode, Peter Brocco.
-- Guión: Dalton Trumbo, con aportes sin acreditar de Calder Willingham y Peter Ustinov, basados en la novela de Howard Fast.
-- Banda Sonora: Alex North.

-- "Espartaco" en IMDb.
-- "Espartaco" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Para los ignorábulos en Historia: Espartaco era un tracio que fue entrenado como gladiador. Lamentablemente, Espartaco considera que las condiciones de trabajo son lamentables, y monta el equivalente romano de una huelga laboral: rebelión armada y asesinato de los ricos y famosos del jet set republicano (aún no es el Imperio Romano, sino la República Romana). Pavor entre los adinerados, quienes temen perder sus lindos culos sentados en el Senado. Elegante displiscencia de los políticos, agrupados en torno al aristócrata Craso, y al "amigo del pueblo" Graco (que por cierto, lo de amigo de la plebe le dura lo que se entera de que esa plebe está en armas exigiendo justicia). Envían ejército tras ejército contra Espartaco, quien lucha contra ellos, inamovible como una roca, hasta que el malvado Craso sale a hacerle frente. Como es una histórica, y no "La guerra de las galaxias", en ésta el malo gana. O sea, Espartaco será pasto para los soldados del Departamento de Crucifixiones Sumarias, y Craso prometerá salvar la libertad y la dignidad del pueblo romano, ahogando de paso la democracia y creando una dictadura personal. ¿Les suena como a Palpatine o George W. Bush...?

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Se aunan dos cosas en esta película. Por una parte, la izquierda estaba en la marea ascendente; no en balde era la época previa al hippismo, las flores, haz el amor y no la guerra, el '68, etcétera, mientras que el fascismo americano, en su diabólica encarnación del macartismo, estaba en retirada. Por otra, las innovaciones técnicas recientes en materia de cine (cinerama, cinemascope, etcétera) habían puesto de moda las películas espectaculares, por lo que Hollywood estaba abocadísimo a los filmes "de romanos". Hacer una "de romanos" izquierdista era cuestión de tiempo.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Es una de las reinterpretaciones históricas más coherentes que nos ha entregado el cine, en términos ideológicos. Nada de raro, considerando que toda la plana mayor, partiendo por el director S.K., siguiendo por el escritor Howard Fast (quien escribió la novela que sirvió de base a la película), y el protagonista Kirk Douglas, no eran nada sospechosos de republicanismo, precisamente. Y eso se nota. Todos los esclavos son buenos y virtuosos, y son los oprimidos (en la época romana surgió el término "proletariado", ¿sabían?). Todos los romanos son viciosos y degenerados, y son la clase alta (la burguesía de la época). Pero, independientemente de las opiniones personales de cada uno, encontrar una película tan ideológicamente coherente como ésta es muy, muy, muy difícil.

-- Está filmada con una solvencia sin igual, cortesía del maestro Stanley Kubrick. ¿Les suena? ¿"La naranja mecánica", "2001: Odisea del espacio", quizás...? Cierto que en términos de estilo fílmico, esta película parece más un trabajo de encargo que una obra autoral, pero no es menos cierto que la legendaria meticulosidad y preciosismo de Kubrick por los detalles está ahí: todo preciso, todo en su punto, todo encaja como un enorme rompecabezas de 1000 piezas. ¡Ah! Y todo eso, sin que resulte aburrido o poco natural (como no sea por las escenas pastoriles de amor, rodadas por el viejo expediente de poner algunos arbolitos de cartón piedra, o cartón sin piedra, en un estudio cerrado, y que se ven todo lo naif que lucen tales recursos hoy en día).

-- Los actores están en su punto, insuflándole enorme vida a unos papeles que, bien mirados, pecan de ser planos y arquetípicos, demasiado estructurados en función al mensaje ideológico del filme. Kirk Douglas, como superhombre redentor de esclavos, está inmenso como la vida. Laurence Olivier, por su parte, compone un Craso sutil y lleno de matices, que funciona como villano truculento y ambicioso, y también como el supuesto "salvador de la República" que pretende ser. Peter Ustinov compone un simpático lanista que redefine el concepto de "ladino" (éste fue, años antes de "Espartaco", el Nerón de "Quo Vadis", por más señas), que hace contrapunto cómico con el resto de los personajes estatuarios.

-- El guión está magníficamente llevado. Se toman algunas licencias poéticas con la historia, como siempre (Espartaco murió en batalla, y no crucificado, por ejemplo), pero a cambio, las soluciones literarias están muy bien. Incluso se cuidan de que la última escena sea Espartaco crucificado con su esposa a los pies, para que se parezca a cierto otro crucificado que tenía a su madre virgen a los pies... (en los precréditos se nos ha informado de que todo esto es antes de Cristo, para que entendamos bien, y entre líneas). Volviendo al guión, éste explica bien la prolija maraña de intrigas políticas romanas, de manera un poco esquemática, quizás, pero muy efectiva para describir la verdadera (en términos fílmicos) personalidad de aquellas gentes, incluyendo su ambición, vacuidad, hipocresía y autoindulgencia.

-- El despliegue de recursos (extras, paisajes naturales, decorados) es todo lo ostentoso que puede serlo una película hollywoodense, y gastando menos que la "Cleopatra" de Elizabeth Taylor, consigue resultados harto mejores. Ni hablar de las magníficas escenas de batalla: quizás sean un poco ingenuas hoy en día (no se ve sangre y la cámara no salta tanto), pero siguen viéndose majestuosas (considérese que esa época todo se filmaba de verditá, sin escenarios digitales ni extras dibujados por ordenador).

-- La escena de la búsqueda de Espartaco entre los prisioneros. El parlamento "¡Yo soy Espartaco!" puede sonar espúreo, pero la fuerza de esa escen... no, no vamos a contar de qué se trata, por si no han visto la película.

IDEAL PARA: Ver cine histórico de altura.

Seguidores