11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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jueves, 26 de septiembre de 2013

"La reina guerrera" (2003).


-- "Boudica" (título original en inglés), "Warrior Queen" (título en Estados Unidos), "La reina de los guerreros" (título en Argentina), "La reina de la guerra" (título en España). Inglaterra. Año 2003.
-- Dirección: Bill Anderson.
-- Actuación: Alex Kingston, Steven Waddington, Emily Blunt, Leanne Rowe, Ben Faulks, Hugo Speer, Gary Lewis, Alex Hassell, James Clyde, Angus Wright, Steve John Shepherd, Jack Shepherd, Gideon Turner, Frances Barber, Andrew Lee Potts.
-- Guión: Andrew Davies.
-- Banda Sonora: Nina Humphreys.

-- "La reina guerrera" en IMDb.
-- "La reina guerrera" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Inglaterra, en los tiempos del Imperio Romano. Como estamos a un siglo después de Asterix, suponemos que ya la famosa aldea gala ésa ha caído bajo las águilas imperiales romanas (dos milenios antes de que Albert Uderzo vendiera los derechos del personaje a un imperio editorial actual... pero eso es otra historia). El caso es que los romanos ahora tienen las manos libres para volverse hacia... ¡Inglaterra!, y comienzan a aplicar lo que cualquiera con dos miligramos de conocimiento histórico, o aún de plano sentido común, entiende como el inicio de la diplomacia de las cañoneras. Llegan los legados romanos y dicen: "Oigan, ustedes, rindan pleitesía a las águilas romanas, y en particular paguen tributo, y no habrá guerra". Resulta que Prasutagus el rey de los icenos, al recibir el mensaje... ¿LANZARÁ UN RUGIDO DE GUERRA BERSERK BÁRBARO E IRÁ A MACHACAR ROMANOS O MORIR EN EL INTENTO? Es lo que todos esperaríamos, pero como bien dicta la Historia, Prasutagus era un cobardón de marca mayor, porque... ¡le ha cobrado repelús a matar! ¡Joer rey bárbaro éste! Su esposa Boudica lo incita primero a luchar, pero después, como con su ñuri-ruchi-ruchi es puro amollllll, la reina bárbara... ¡VA Y LO COMPRENDE EN VEZ DE PONERSE DE ACUERDO CON OTRO GUERRERO CON COJONES PARA MATARLO Y HEREDAR EL TRONO! Joer, ésta va a ser una peli muuuuuu larga... Y eso que a Boudica no le faltan pretes de espada larga (de las de metalurgia, no de las otras, que de eso no se ve, malpensaos). Al final aparece el Emperador Claudio en escena (sí, joer, el tartamudo mierda que no impone ni presencia ni respeto, pero es que fue Claudio el que invadió Inglaterra, mientras que el mucho más entretenido Calígula llegó hasta el Canal de la Mancha, proclamó Inglaterra conquistada POR MIS COJONES, y ni se molestó en hacer el cruce acuático, así es que a joderse tocan), y conciertan tratado y todo. Cuando Claudio vuelve a Roma, su heredero Nerón (sí, ÉSE Nerón) le espeta en la cara que es un cobarde porque HA NEGOCIADO CON TERRORISTAS (sí, ríanse, la peli utiliza la palabra TERRORISMO más de una vez). Pero Claudio, avispado como es, sabe que primero hay que poner un piecito, luego el otro... Bueno, pasan dos cosas de por medio. Por un lado, al tal Claudio se lo carga la señora (Agripina la Mayor, una actriz gorda que para nuestra desgracia es la única que MUESTRA TETA del elenco, como esperamos de una peli europea que se respete, y eso que tenemos a Alex Kingston de prota y a Emily Blunt en un secundario, miren qué mala pata) y Nerón hereda el trono (con Agripina moviendo los hilos, porque esta mamita SE FOLLA A SU PROPIO HIJO PARA MANTENERLO CONTROLADO, y créanlo o no, eso no es invento del guión, sino que está tomado palmariamente de esa revista de papel cuché que es la biografía que el romano Suetonio escribió sobre Nerón). Por otro lado, los romanos hacen un LA POLAR LLEGAR Y ROBAR y muestran a los ingleses que el tratado tiene cláusulas renegociadas de manera unilateral, y ahora tienen que enviar ingleses para... para... ¿como esclavos? ¡Oh, no! En un viaje turístico para educarse y aprender las bellezas de la civilización romana (si en una de ésas acaban como pasto de las fieras en los juegos de gladiadores, pues qué mal. Y no, no escribí "Coliseo" porque éste fue construido en el año 80, más de una década después de que Nerón estaba fertilizando narcisos). Andando el tiempo, Boudica se queda viuda, y como ella sí que tiene los cojones bien puestos, va y le dice a los romanos (ahora comandados por Nerón, como hemos visto) que ENGLAND ÜBER ALLES!!!, y que se van a freir monos con sus repactaciones unilaterales, y si quieren embargarnos casa y bienes, pues tendrán que pasar por encima de nuestros cadáveres. (Bueno, eso y una bonita escena en donde los romanos se muestran como monstruos que no respetan las leyes de la hospitalidad DEJANDO A ALEX KINGSTON CASI MUERTA A AZOTES Y HACIÉNDOLE UN GANG BANG A EMILY BLUNT. Joer, Emily, vaya debut actoral el tuyo, ¿eh?). Así es que Boudica ahora le enseñará a los romanos de lo que está hecha una mujer inglesa. Que en la época no se tendían en la cama y pensaban en Inglaterra, ¿eh? La guerra está viniendo, y será GRANDE. MAJESTUOSA. EPICA. O tanto como lo puede ser con un roñoso presupuesto de telefilme, eso es...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

El ciclo de historias realmente épicas del Imperio Romano se cierra más o menos con Julio César, por una muy buena razón: hasta esa época Roma estaba expandiéndose y por lo tanto tenía algún suspenso que los romanos pudieran sufrir alguna severa derrota a manos bárbaras (que de hecho las sufrieron, a manos de harapientos como Brenno el Celta o diabólicos enemigos de las libertades republicanas como Aníbal el Cartaginés, porque como todos los historiadores romanos nos han enseñado, SI ES ROMANO ES BUENO). Pero eso no quiere decir que los romanos no hayan tenido refriegas fronterizas después. Al momento de instaurarse el Imperio Romano, éste había conseguido más o menos alcanzar fronteras estables en Africa y Asia (en Africa porque los bereberes del desierto impedían avanzar más, o porque el núcleo nubio en la actual Etiopía se resistía demasiado, y en Asia porque más allá estaba el desierto arábigo, y los indómitos partos, aunque la tentación de conquistar Mesopotamia a ratos les ganó, e incluso lograron apoderársela por algún tiempo). Pero en Europa era otro cuento. La frontera militar de los ríos Rin y Danubio era justo la peor de a cuántas hubieran podido aspirar, debido a que era la más larga y difícil de defender de todas, además de que los galos en la Galia siempre recibían refuerzos desde el otro lado del Canal de la Mancha. Los romanos intentaron mejorar su frontera militar invadiendo la Germania occidental y llevando la frontera desde el Rin hasta el Elba (más o menos el mismo largo, pero mucho más territorio que abarcar, y del que cobrar impuestos), sólo para llevarse una derrota tan masiva a manos de un caudillo militar llamado Arminio (9 después de Cristo) que no les quedaron ganas de volver a intentarlo. Hubo como un intento de redondear las fronteras en el área de Helvecia, así como de llevar la frontera militar del Danubio un poco más al norte conquistando la Dacia en 105, pero eso fue todo. Y con lo bonito y corto que hubiera quedado conquistarse Alemania y Polonia y tener una frontera terrestre cortita por Ucrania (y patrullas marítimas en el Báltico, contra los vikingos, claro está). ¿E Inglaterra? Bueno, si hubieran podido conquistar Inglaterra e Irlanda, habrían llevado la frontera hasta el límite occidental del mundo conocido, y un frente menos de hostilidades. Julio César cruzó brevemente el Canal, aunque lo suyo fue una expedición punitiva más que otra cosa, por aquello de que los britones apoyaban a los galos (aunque nos regaló el estupendo cómic "Asterix en Inglaterra", así es que una cosa por otra), y Claudio decidió liquidar el asunto clavando de manera definitiva las enseñas imperiales en la Pérfida Albión. Con lo que abrió todavía otro frente de batalla para los ya recargados romanos: uno contra los highlanders de Escocia (había una época en que "highlander", o sea "montañés", era sinónimo de escocés, no como ahora que es sinónimo de inmortal dándose a poll... er... a espadazos). Los romanos se quedaron en Inglaterra hasta el siglo V, en que se retiraron pacíficamente porque las legiones inglesas eran más necesarias en el continente, contra los francos, no sin antes mantener una activa frontera militar contra esos vecinos del norte y oeste a quienes nunca pudieron conquistar. (La invasión germánica posterior sobre Inglaterra fue de órdago: fue el único país conquistado por los germanos en donde la destrucción de la cultura romana fue tan absoluta, que el Cristianismo fue extirpado y los invadidos e invasores se adscribieron al paganismo: hubo que cristianizar después, de nuevo y a pulso). En medio de todo esto es que aparece la figura de Boudica, una caudilla militar inglesa líder de una tribu llamada de los icenos, que se rebeló contra el Imperio Romano en tiempos de Nerón, hacia 60 o 61. De manera infructuosa, eso sí (sí, spoiler del final de la peli, pero es que leñe, en primera sabemos que el Imperio Romano no se retiró de Inglaterra en 60-61, y en segunda QUE NADIE ENTRE A ESTE BLOG QUE NO SEPA HISTORIA). Boudica fue en realidad otra de tantos caudillos bárbaros que intentaron tener su día de suerte contra el Imperio (seguro que los villanos de Batman se dicen lo mismo: "todos han fracasado, pero yo, ahora sí que sí...") y fracasaron miserablemente. Pero ya sabemos que los perdedores muchas veces reciben el bálsamo póstumo del romanticismo histórico, y terminan transformados en símbolos patrióticos. Así, una personajilla apenas mencionada casi a la pasada por los historiadores Tácito y Dión Casio, terminó transformada en todo un símbolo patriótico para los ingleses. En particular en tiempos de la Reina Victoria, porque bueno, una manera de congraciarse con la reina era cantar loas en su honor de manera subrepticia, ensalzando a otra mujer gobernante inglesa como lo fue Boudica. Que Boudica fuera antiimperialista y Victoria fuera la cúspide del Imperio Británico, era una ironía que esos buenos ingleses no veían o no querían ver (o a lo mejor el imperialismo sólo es malo cuando es contra Inglaterra, no cuando es Inglaterra misma la imperialista). Por cierto, esto último hace muy irónico que Emily Blunt en esta peli interpreta a la hija de Boudica, y en "La joven Victoria" interpreta a... bueno, a la joven Victoria, eso es. El caso es que en 2003 salió este telefilme. Guionizado por Andrew Davies, temible guionista inglés que ha estado dando vueltas desde finales de los '60s, y cuyo currículum además de integrar una tonelada de miniseries británicas (incluyendo la "House of Cards" británica original, la que nadie ha visto pero que sirvió de base para el ahora célebre remake americano de David Fincher con Kevin Spacey), incluye pelis como "Emma" (no la versión de Gwyneth Paltrow, sino el telefilme contemporáneo con una jovencita y núbil Kate Beckinsale), "El sastre de Panamá", "El diario de Bridget Jones" y correspondiente secuela, el "Doctor Zhivago" de 2002 en donde Keira Knightley se manda un desnudo (sí, joer, sí sucedió) y... ¡"Los tres mosqueteros" con Milla Jovovich! Bueno, ESE TIPO escribió el guión de esta peli. Estén preparados para cualquier cosa. Literalmente, para cualquier cosa.

¿POR QUÉ VERLA?

-- En primer lugar, ¿por qué hacer un telefilme patriotero inglés justito en 2003? Considerando que Nerón llama varias veces "terroristas" a los ingleses rebeldes contra el Imperio, la razón se antoja algo obvia. Eran los años de la Guerra Contra el Terror, en donde Tony Blair le movía la cola y ladraba con gusto a sus amos en Estados Unidos, una época en donde "estás con nosotros o eres terrorista". La peli es así una reivindicación solapada (bueno, no tanto) del patriotismo y nacionalismo inglés, por supuesto a través de una gran figura patriótica clásica (bueno, grande más por la mitología que por la Historia, como ya hemos discutido latamente). Esa es una razón para verla... o para pasar de ella, a según el criterio y gusto del público. Y será probablemente una razón por la cual esta peli acabará siendo "muy de su época" (la de rodaje, no la descrita, claro está. Que hay que explicároslo todo).

-- ¿La realización? La verdad... Esta peli es, huele y respira a telefilme barato por todas partes. Los palacios romanos son sets de grabación de cartón piedra (o CGI, me da igual) dignos del "Doctor Who" de los '60s. Las épicas batallas son en realidad cuatro extras y un montón de primeros planos para que no se vea (demasiada) pobreza. El guión se manda una cantidad de desviaciones abismales respecto de la realidad histórica (la peli hace pensar que todos los eventos pasan en algunos meses, un año a lo sumo, cuando la invasión de Roma sucedió en 43, y la rebelión de Boudica en 60 o 61). Y aún así... es difícil odiar a esta peli. No diré que realmente se esfuerzan, incluso ni siquiera hablaré de cariño por el material de base, pero hay algunos factores que la hacen entretenidilla, incluso interesante de ver. Por una parte, aunque el guión es un poco promedio (ni muy bueno, ni muy malo), hay algunas escenas que consiguen mover al respetable en un sentido o en otro (por ejemplo, cuando Agripina tranquiliza a su hijo Nerón FOLLÁNDOSELO... es tan sórdido como parece... o por ejemplo la impecable escena en que azotan a Boudica y se violan a su hija, rodada sin mostrar carne por ninguna parte, y aún así consigue ser perturbadora... o por ejemplo, esos niñitos icenos omnipresentes que al principio más que nada joden la pita, pero después uno hasta les hace barra y too cuando se transforman en factor clave de la derrota romana). Por otro lado, el casting de Alex Kingston como Boudica es un acierto absoluto, no sólo porque se mande una actuación estupenda y muy convincente como una reina que no va a dejarse pasar por encima por el pequeño detallito de haber nacido mujer, sino también porque la actriz misma no es una Miss Great Britain de dientes improbablemente perfectos haciendo fanservice desatado, sino una chica con un atractivo que diríamos promedio, lo suficientemente atractiva como para justificar su liderazgo sobre los hombres, pero sin pasarse. Y como detalle histórico, es la primera actuación fílmica de Emily Blunt, aquí como la hija de Boudica, aunque justo es decirlo, aquí todavía está un poco verde (no mal... sólo inexperta todavía), y resulta claro que la Blunt se pulió bastante por el camino. Quizás el único detalle realmente chirriante de la peli, sea una escena final (sin spoilers) que trata de ser evocativa o significativa, o acaso metafórica, pero que en vez de eso, rompe con todo el tono de la peli y es simplemente ridícula. Pero haciendo el esfuerzo mental de borrar esa escena y quedándose con el resto de la peli, tenemos un producto histórico que, con sus flaquezas y dentro de su condición de telefilme más o menos barato, se sostiene con relativa dignidad.

IDEAL PARA: Ver una recreación quizás no históricamente exacta, pero a lo menos interesante de ver, sobre Boudica la guerrera.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].

jueves, 21 de abril de 2011

"La loca historia del mundo" (1981).


-- "History of the World, Part I". Estados Unidos. Año 1981.
-- Dirección: Mel Brooks.
-- Actuación: Mel Brooks, Dom DeLuise, Madeline Kahn, Harvey Korman, Cloris Leachman, Ron Carey, Gregory Hines, Pamela Stephenson, Shecky Greene, Sid Caesar, Mary-Margaret Humes, Orson Welles, Rudy De Luca, Leigh French, Richard Karron.
-- Guión: Mel Brooks.
-- Banda Sonora: John Morris.

-- "La loca historia del mundo" en IMDb.
-- "La loca historia del mundo" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

EL ALBA DE LA HVMANIDAD, LA EPOCA EN QUE EL HOMBRE SE ALZA SOBRE SUS PIES, MIRA HACIA LO ALTO, HACIA EL CIELO, SE ESTIRA... LE DA PEREZA. ¡CVANDO SE VA A INVENTAR LA CIVILIZACION ASI! DESPVES VIENE MOISES CON LOS MANDAMIENTOS QUE DEBERAS OBEDECER PORQUE ES LA PALABRA DE DIOS GRABADA CON SV PROPIO DEDO... DESPVES VIENE LA ANTIGVA ROMA, EN DONDE LOS COMICOS DE LA LEGUA ANDAN DANDO VVELTAS POR AHI, LOS ESCLAVOS SE COMPRAN Y SE VENDEN Y SE TRANSAN, Y LOS EMPERADORES ESTAN LOCOS Y LAS EMPERATRICES SON VNAS CACHONDAS NINFOMANAS... BIENVENIDOS AL GRAN RETABLO DE LA HISTORIA VNIVERSAL, LA LARGVISIMA SERIE DE EVENTOS QUE DESPVES DARAN PASO A... LA SANTA INQVISICION Y LA REVOLVCION FRANCESA Y AHI SE ACABO LA PELI PORQVE COMO TODOS SABEMOS, EL CINE HISTORICO DE AHI PEGA EL SALTO HASTA LA II GVERRA Y PVN.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

En los '70s, uno de los reyes de la parodia fue Mel Brooks. En una racha de poquitos años rodó "Locuras en el Oeste", "El joven Frankenstein", "La última locura de Mel Brooks" y "Las angustias del Dr. Mel Brooks". A partir de los '80, su estrella comenzó a declinar. En parte importante porque el mismísimo cine estaba cambiando, y el tipo de humor con el que se reía la gente también. El tipo de humor que Mel Brooks despliega en su época clásica es el mismo que vendrá después en "Hay un loco suelto en el espacio" o "Las locas aventuras de Robin Hood", pero éstas en contraste con su época lucirán quizás demasiado ingenuotas. Ayudó también que en los '80s cambiara la dirección por la producción (créanlo o no, este comediante es el productor de cosas tan para partirse de la risa como "El hombre elefante" de David Lynch o "La mosca" de David Cronenberg). El canto de cisne de Mel Brooks en el cine (salvo que hablemos de las mencionadas "Hay un loco suelto en el espacio" y "Las locas aventuras de Robin Hood") es "La loca historia del mundo". En parte porque no es tan graciosa como las anteriores. En parte porque, bueno, los tiempos cambiaron. Cosas de la vida. Con "La loca historia del mundo" podemos decir que... Mel pasó a ser historia (¡¡¡CHAN!!!) (¿en qué está Bruckheimer que no me contrata con diálogos como éste para CSI?).

¿POR QUÉ VERLA?

-- Así como en las pelis anteriores las había emprendido con el Western, el terror Universal' style, el cine mudo y Hitchcock, en "La loca historia del mundo" las emprende contra el cine épico e histórico made in Hollywood: el colossal, para que nos entendamos. Con algún que otro detalle como incluir una sátira de la primera sección de "2001: Odisea del espacio" (para ver más cavernícolas en una sátira contemporánea, consultar "El hombre de las cavernas" de ese mismo año). La verdad es que la peli sufre de un problema clásico que plaga a casi todas las pelis hechas por segmentos, y que en el fondo son varios cortometrajes pegados: algunos quedan más graciosos que otros. Mientras que la sección cavernícola es gag-tras-gag-tras-gag (algunos muy buenos, otros no tanto), la sección romana presenta una historia unitaria que va en crescendo hasta un final absolutamente desquiciado y surrealista. Hasta ahí la peli es la gloria hecha comedia. Pero a partir de ahí empieza el despatarre: la sección de la Inquisición Española es un tantín laterilla (o acaso nos hemos acostumbrado más al humor negro, y los chistes crueles ya no hacen tanta gracia como en 1981, vaya uno a saber), y la Revolución Francesa trata de levantar cabeza a costa del "cine de época", pero lográndolo a medias (y eso en buena medida gracias a un final desopilante). Hacer una peli en que lo mejor esté al medio, y por lo tanto tengas que medio soportar tanto el inicio como el final, es una arriesgada manera de hacer una peli, y ningún cineasta sensato obraría así (y a Mel Brooks le salió así de chiripa, muy probablemente), lo que resiente el resultado final. Por suerte, las partes buenas compensan las partes malas. No quiero adelantar más porque eso implicaría empezar a develar los chistes, y si ustedes no la han visto, es mejor que vayan vírgenes al altar... er... a su club de arriendo de DVDs, quise decir (si es que queda alguno de ésos en su calle. O en su ciudad. O en su país, a estas alturas). Pero los chistes ocasionales son buenos y salvan la papeleta. Y la salvan bien. Y bueeeeeeno... un solo chiste adelanto y ya. Para desahogarme. Mel Brooks haciendo una rutina para el Emperador de Roma: "He oído que los cristianos son tan pobres, pero tan pobres... que tienen UN SOLO DIOS". Por cierto, ojalá la pillen en versión original y con subtítulos. Porque quien hace la narración en off es ese gigante del cine que es Orson Welles... (gigante por lo titánico de su "Ciudadano Kane", no por su diámetro abdominal, ¿eh? Aunque también). Después, Orson Welles iría a lo de Unicron en "Transformers", y luego a la tumba. Mel Brooks también podría haber satirizado ESO.

-- El adelanto de "La loca historia del mundo, Parte II". Lo mejor de la peli. (Por cierto, por si no caen: las secuencias de adelanto van de coña, no es que Mel Brooks haya pensado jamás en rodar una parte II, ¿eh?).

IDEAL PARA: Reirse a discreción, a cierta discreción.

VIDEOS.

-- Los mandamientos del Señor [doblado al español].



-- El Senado de Roma [en inglés, subtítulos en español].

domingo, 14 de marzo de 2010

"Invictus" (2009).


-- "Invictus". Estados Unidos. Año 2009.
-- Dirección: Clint Eastwood.
-- Actuación: Morgan Freeman, Matt Damon, Tony Kgoroge, Patrick Mofokeng, Matt Stern, Julian Lewis Jones, Adjoa Andoh, Marguerite Wheatley, Leleti Khumalo, Patrick Lyster, Penny Downie, Sibongile Nojila, Bonnie Henna, Shakes Myeko, Louis Minnaar.
-- Guión: Anthony Peckham, basado en el libro de John Carlin.
-- Banda Sonora: Kyle Eastwood y Michael Stevens.

-- "Invictus" en IMDb.
-- "Invictus" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Los '90s. Mientras en Chile los fanáticos del fútbol se lamentaban con el Condorazo, pero se consolaban con Cristiana Oliveira empelotándose para "Pantanal", Africa tenía sus propios problemas. El apartheid, por ejemplo. Régimen político en el que la minoría blanca decía "que venimos a traer la civilización a este país mugroso, así es que está bien que le pongamos la pata encima a esos negros salvajes". Pero en una democracia la mayoría saca al Presi, y por lo tanto, la mayoría negra sacó a... un Presidente negro. Nelson Mandela. Y tuvieron buen gusto, porque eligieron justo a un Presidente que se pareciera a Morgan Freeman, y así algún día, nuestro simpático actor de color podría interpretarlo en un biopic (¡si hasta en uno de los diálogos iniciales con noticias televisivas, dicen sobre que Mandela fue liberado de la cárcel, algo así como: "he is now a free-man"... "freeman", ¿lo captan?). El caso es que llega Morgan Freem... perdón, Nelson Mandela al Palacio Presidencial, o a la Choza del Utumatubu, o como se llame la residencia del Gobierno de Sudáfrica, y se encuentra con el caos. Los blancos, indignaos a tope, están empacando sus cosas porque los van a despedir, pero Morgan Mandela les da la frisca en la cara: "si quieren irse porque no son capaces, váyanse, pero si se van a ir porque piensan que los voy a corretear, entonces no tienen nada que temer, hatajo de gallinas". Pero las cosas no serán fáciles. Por ejemplo, el Presidente integra blancos a su servicio de guardaespaldas, con el consiguiente cabreo de los guardias negros, que dicen (con bastante sentido común, por otra parte) que ellos eran policías que bajo el apartheid tenían por trabajo perseguir negros (bueno, nunca supe que el contemporáneo Patricio Aylwin reclutara a ex-CNIs o a algún otro pinochetito para trabajar cuidándole las espaldas... pero vamos a ver qué tan nervioso estaba con los edecanes a sus espaldas en las ceremonias públicas). Pero el Presidente quiere una nación que no sea de negros ni blancos, sino de grises, así es que a trabajar juntos y a soportarse, como en las buddy movies. Aún así, las cosas no marchan bien, porque toda Sudáfrica se mira con un ¿y ahora qué?, y peor aún, que cuando negros y blancos eran enemigos las cosas estaban claras y sabías a quién odiar, pero ahora que todos son sudafricanos y sanseacabó, ¿pues a quién demonios le vamos a dar joda? Y en un partido de rugby, Morgan Freeman se ilumina. Los blancos juegan rugby y los negros juegan fútbol (y cuando los rugbistas juegan con Inglaterra, le dan barra a Inglaterra, los muy cabrones antipatrias), así es que... ¿por qué no desflaitizar a los negros haciéndolos que olviden el tercermundista soccer de toda la vida, se enamoren del elegante y brutal rugby, y llevando a un equipo de rugbistas que dan asco a ganar la Copa del Mundo, y así, coaligados contra un enemigo común (todo el resto del mundo... del rugby), puedan por fin construir una nación única, grande y solidaria...?

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

¿Dirán los historiadores del futuro que el fin del apartheid fue uno de los grandes eventos del siglo XX? Francamente, lo dudo. Después de todo, a pesar de ser uno de los países más poblados de Africa, Africa mismo no es un continente que diríamos "miren como inclinan la balanza mundial, estos condenaos". Si en un futuro Sudáfrica se transforma en potencia mundial, teniendo un despegue a lo India o China, creándose una esfera de influencia en la mitad sur de Africa (¡no es tan difícil que pase, si surge en Sudáfrica algún estadista de alturas que se encomiende a los manes de Shaka Zulu!), entonces quizás se dirán cómo llegó hasta ahí, y claro, ahí el fin del apartheid va a ser un suceso histórico de magnitud comparable a la abolición de la muralla entre patricios y plebeyos durante la República de Roma. Pero aunque en el contexto mundial fue un suceso histórico tan secundario como la caída en desgracia de Augusto Pinochet en Chile, el fin del apartheid representa uno de esos eventos simbólicos que a nadie le importan mucho en realidad, pero que se ve bien sacarle lustre por aquello de pasarse limpiador de metales por las medallas de esto o aquello (de defensores de los derechos humanos, en este caso), además de darle pretexto a buenas pelis como "Distrito 9", claro está. Y ya sabemos cómo son de cansinos esos "eventos inspiradores". No falta el que se le ocurre meter las narices y contar un libro con miras a que lo hagan peli, y a los Oscares. Y no faltó el que lo hizo peli, precisamente. El problema es que cayó en las manos de Clint Eastwood, tipo poco amigo de rodar con chantajes sentimentales contra la audiencia, y por lo tanto, es poco probable que se lleve un Oscar, ya que si hay algo que tiene el cine de Eastwood, es que rueda por amor al cine y a contar buenas historias, no para asestarle puñaladas traperas al miocardio de la Academia y proferir como loco: "¡Ya, tráiganme mi Oscar, tráiganme mi Oscar!". Pero díganme que prefieren: ¿una peli con Oscar, o una buena peli? Yo me quedo con la buena peli, gracias.

¿POR QUÉ VERLA?

-- He recibido con desconcierto las críticas sobre esta peli. "Sí, se buena, pero no es para tanto". "Sí, es buena, pero le faltó esto o aquello". "Es buena, pero no me creo que...". Y yo les digo que por favor déjense de dar tabarra. Esta peli es el mismo Clint Eastwood de siempre. Es que uno es borrego de costumbres, y claro, si uno ha ido al cine religiosamente para ver dramones como "Río místico", "Million Dolar Baby", "La conquista del honor", "Cartas desde Iwo Jima", "El sustituto" o "Gran Torino", como que uno se siente movido a esperar que la siguiente de Eastwood sea también otra soberbia pieza de personajes atormentados buscando la redención en una situación que parece más allá de toda posible superación, y de repente se nos descarga con una piececilla livianita y brillantita, que parece más peli inspiracional que otra cosa, y más de alguno se queda preguntándose WTF. Es como si el sordo mugroso ése de Beethoven se manda piezas terriblemente complicadas y titánicas, y de pronto, para terminar su carrera autoral, en vez de brindarnos la más mayestática y wagneriana de sus composiciones, nos silba improcedentemente una mierdilla de Himnillo de la Alegría así a santo de nada. Pero pasado el choque, la verdad es que es el mismo Clint Eastwood de siempre, ni un punto más, ni un punto menos. Imagino que, después de dramón tras dramón tras dramón, Eastwood decidió que ya estaba bueno de eso y que quería descansar, y como no iba a rodar una comedia neurótica a lo Woody Allen porque no es lo suyo, pues bien, tomó una historia inspiracional y la hizo tan suya, que le salió buena igual. Supongamos que Eastwood nunca hubiera rodado alguna de sus otras joyas, e "Invictus" fuera su mejor peli. Quizás no lo recordaríamos entonces como el más grande director de todos los tiempos, pero sí como un tipo que en un determinado minuto fue capaz de ponerse frente a la cámara y sacar avante una buena peli. A como andan las audiencias hoy en día, eso ya es bastante.

-- Quizás no podamos decir que esta peli sea estrictamente sobre el apartheid, pero apunta hacia otra característica, debilidad podríamos decir, muy humana: el temor a lo diferente, el temor al cambio, el temor a reconciliarnos con nuestro enemigo. La clave aquí es que Clint Eastwood no recurre al expediente fácil de extorsionar a la audiencia con chantaje emocional, mostrándonos cuán crudamente parieron los sufridos negros bajo la opresión de la bota blanca, como un "Avatar" de toda la vida. Eastwood renuncia a mostrarnos el horror mismo del apartheid, sino que lo sugiere a través de las reacciones de los personajes: el apartheid ya pasó, es el pasado (por eso no aparece en la peli), pero el único que parece darse cuenta de ello es Nelson Mandela, porque todo el resto prefiere quedarse en el pasado (un poco a lo "Viaje a las estrellas VI", pero sin los bonitos efectos especiales). Que los blancos lo quieran así no es difícil de entender, después de todo ellos eran quienes mandaban el cotarro, y a nadie le gusta perder lo que antes se ha tenido, pero que los negros insistan en lo mismo es más complicado, porque ahora vienen con espíritu revanchista, a "ahora mandamos nosotros, joer", y no les gusta la idea de tener que compartir con esos asquerosos blancos, que pareciera les pasaron la piel por el cloro o algo así. Se puede ser un mal perdedor, pero también se puede ser un mal ganador, pareciera ser la moraleja de la peli. No tenemos grandes hilos argumentales que nos muestren el camino de la reconciliación, sino apenas pequeñas viñetas repartidas por aquí o por allá, o diálogos de personajes sueltos (algunas veces un tanto caricaturescos, todo hay que decirlo), pero entre todos esos puntos de colores conforman un cuadro sobre un mundo en cambio, en que ya no hay lugar para el tribalismo. Es una manera arriesgada de plantear la peli (de hecho, de la peli apenas puede decirse que tenga una trama o un argumento con progresión dramática en forma), pero gracias a la espartana dirección de Clint Eastwood, siempre dispuesto a ir al grano y no desviarse por las ramas, lo que podría haber sido un muermo de situaciones confusas se convierte en un vivo retrato acerca de las dificultades de la reconciliación. Acerca de cualquier reconciliación, no sólo de Sudáfrica después del apartheid (esto es lo que, a fin de cuentas, hace a las pelis universales).

-- Hagamos un interludio para hablar de Morgan Freeman, el único negro que ha sido Presidente DOS veces (de Estados Unidos en "Impacto profundo", y de Sudáfrica acá en "Invictus"). Hubo una época en que Morgan Freeman hacía grandes papeles y era un actorazo de tomo y lomo. Pero en los 2000s, como que se puso cobracheques y flojito para trabajar, hasta que si veíamos a Morgan Freeman en el cartel, ya sabíamos que iba de viejecito sabio y con filosofía de vida (véase "Antes de partir", epítome de las pelis buenrollofrimanescas, y me entenderán). Pero acá en "Invictus", se reivindica. No diré que se come al resto del elenco con patatas en parte porque está bien comedido en su papel, y además el guión tiene la habilidad de equilibrarlo con el resto de las situaciones alrededor, pero sí en su lugar se esfuerza, y se esfuerza bien, en recrear a un personaje histórico bastante complejo que, para más inri, todavía está vivo (y además incluso hasta tienen un soplillo de familia los condenaos...). Debido a la estructura de la peli, bastante fragmentaria, Freeman es prácticamente el único personaje importante dentro de un reparto coral, y por lo tanto es un poco superfluo hablar del resto. Y ya sé, actúa Matt Damon, pero bueno, el hombre a veces se ha mandado buenos roles, pero acá estamos ante una excepción, quizás más cerca del muñequito ése que sólo decía "Matt Damon" en "Team America: Policía mundial" que ante un actorazo de carácter. Es que no sé ustedes, pero yo no me lo creo como peazo rugbista, ni tampoco se lo ve demasiado inspiracional que digamos (al comienzo, cuando mascan derrota tras derrota y va de desmoralizado por la vida, le sale de lo más bien el papel, pero después, cuando se supone que Mandela tiene que inspirarlo más que su noviecita inclusive, como que no le sale)...

-- Hay un punto interesante, que parece habérsele escapado incluso al por lo general perspicaz Clint Eastwood. Veamos. Capitán Mandela tiene el problema de unificar a los negros y blancos de su república. La ecuación acá es "tolerancia y reconciliación = bueno; racismo y tribalismo = malo". Muy bien hasta acá. ¿Y qué receta encuentra Nelson Mandela para ello? ¡Pues busca un nuevo enemigo! Aunque sea en un ámbito tan civilizado como el deporte. Pero es un nuevo enemigo. El gran final (SÍ, SPOILER, LEÑE, PERO VAMOS, ACASO NO SABÍAN CÓMO IBA A TERMINAR) es que el equipo de rugby de Sudáfrica debe batir a Nueva Zelanda. Y el nuevo malo ya no son los blancos ni negros, sino los de Nueva Zelanda, y para dejar bien marcado el punto, mientras los civilizados sudafricanos cantan un himno como toda la gente, los neozelandeses se mandan una danza guerrera tribal muy ungabunga. Simbólico esto, ¿no? Así es que blancos y negros terminarán uniéndose, fusionándose y cohabitando en una sola nación, pero claro, gracias a la filosofía del enemigo externo. O como a punta de buenrollismo, llegamos al polo opuesto de que el maloh de "Watchmen" desde el principio tenía la razón. Y si la ironía no estuviera suficientemente marcada, resulta que son los negros quienes se integran al deporte de la minoría blanca, cuando hubiera sido mucho más civilizado hacerlo al revés, no porque el rugby haya sido deporte de aristócratas y el fútbol el deporte proleta y por lo tanto llevar a los negros al rugby sea el anticulturetismo total, sino simplemente porque para acabar con el fraticidio latente de Sudáfrica, puestos a elegir deporte, Nelson Mandela elige el más violento de los dos (y la cámara no escatima en mostrarnos toda la violencia criptogay del rugby). Vaya hombre de paz que está usted hecho, señor Mandela. Aunque al final del día no me quejo demasiado por eso, más allá de que me sirve para marcar la ironía. En primer lugar, los discursos bonitos a mí me la sudan, que yo soy más de la escuela de Maquiavelo y Hobbes, que la de Rousseau y Locke (la pareja de filosófos ilustrados o la de personajes de "Lost", tanto más me da), si me preguntan. Y en segunda, porque no pocas pelis inspiracionales recurren al expediente del enemigo externo para mostrar la superación personal, y como todos están felices con "er buenoh", nadie se acuerda del pobre maloh que no se pudo superar a sí mismo, etcétera. Sylvester Stallone lo tenía claro con el ambiguo final de "Rocky IV", en que al final los maloh no eran los rusos (mujiks ignorantes en el 90% de los casos), sino única y exclusivamente el Politburó. Así es que no lo considero un defecto de la peli. Es simplemente un punto para análisis y reflexión, y eso también hace más valiosa la peli, a fin de cuentas.

IDEAL PARA: Ver una peli inspiracional de dirección inspirada dentro de lo suyo.

OTRAS PÁGINAS SOBRE "INVICTUS":

-- "Crítica de Invictus" en Cinoscar & Rarities.
-- "Invictus (2009)" en Quesito Rosa.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, subtítulos en español].

domingo, 15 de junio de 2008

"Diana de Francia" (1956).


-- "Diane". Estados Unidos. Año 1956.
-- Dirección: David Miller.
-- Actuación: Lana Turner, Pedro Armendáriz, Roger Moore, Marisa Pavan, Cedric Hardwicke, Torin Thatcher, Taina Elg, John Lupton, Henry Daniell, Ronald Green, Sean McClory, Geoffrey Toone, Michael Ansara, Paul Cavanagh, Melville Cooper.
-- Guión: Christopher Isherwood, basado en una historia de John Erskine, er, "inspirado" en la Diana de Francia histórica del siglo XVI.
-- Banda Sonora: Miklós Rózsa.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Es el siglo XVI, la época en que los machos recios y viriles usaban calzas apretadas, y las damas aún pretendían tener un dejo de castidad. Los caballeros del Rey Francisco I de Francia emprenden la marcha para arrestar a un individuo. Ahora bien, el pobre no sabe con el vinito que se está emborrachando. Porque el caballero es un botarate incapaz de defenderse a sí mismo, pero su señora es... ¡¡¡DIANA!!! No la Diana mitológica ni Diana Prince, por supuesto, sino la histórica Diana de Poitiers, como convenientemente nos ha recordado un cartelito colocado al inicio de la peli (ya saben, "esta historia se basa en hechos reales que..."). Diana será jovencita y estará casado con un hombre pituitarias veces mayor, pero no importa, que ella, como esposa cumplida, irá a pedir la vida de su esposo al Rey, y también, de paso, se resistirá a sus avances carnales (este Francisco I está pintadito a la usanza de las pelis sobre Enrique VIII... bueno, las clásicas en que era un regordete, no la moderna "Los Tudor" con el metrosexual Jonathan Rhys Meyers). En vez de tomárselo a mal, Francisco I decide que la chica es buena tela, después de todo, y le salva la vida al marido a cambio de un, ejem, favorcillo. El favorcillo de marras es que tendrá que ser la institutriz y darle educación a Enrique, el príncipe de Francia, que para hacer las cosas interesantes, es un botarate de lo peor, interesado en la lucha y en la caza. Como corresponde en la más pura tradición folletinesca, el príncipe no es idiota ni carece de ambiciones, sino que trata de ser auténtico (¡¡!!), y resulta que nadie había conseguido domesticarlo porque nadie había visto su corazoncito de oro. Ya saben, el clásico duro-sensible. Al príncipe le entran ganas de que pasen cosas con Diana, pero ella dice no y no, en primera porque está casada y es una señora muy donosa para traicionar a su marido, por mucho que el prete sea príncipe de librea y todo, y en segunda porque el príncipe se va a casar con una dama italiana (una Médicis, para colmo, y ya sabes la famita de envenenadores que se gastan todos los italianos, aunque sea Médicis y no Borgia), y ella para esposa quizás, pero no podría traicionar los sentimientos de otra mujer... Hmmmmmm... ¿La verdad? Me aburrí de seguir reseñándola. Véanla ustedes mismos para enterarse de cómo termina. O mejor aún, no la vean y salven el dinero del DVD o el ancho de banda del download. O incluso mejor todavía, sáltense todo este asunto y vayan a leer un libro de historia de una buena vez, que daño no les hará, mis principescos humanitos.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Supongo que sucedió de esta manera. Era a mediados de los '50s. A una década de ganada la Segunda Guerra Mundial, y por lo tanto impuesta la paz y la democracia al mundo civilizado (bueh, no al bloque comunista, pero esos bárbaros rusos no eran civilizados, ¿vale?), era tiempo de que regresaran los buenos y viejos valores familiares. Era el tiempo de máxima infantilización de personajes como Mickey Mouse y el Pato Donald, todo en beneficio de la moral y las buenas costumbres, claro está (al lado, en lo de la WB, se dedicaron a la crítica social, pero para no herir sentimientos, tuvieron que hacerlo bajo el ropaje de la caricatura surrealista). Era la época en que los chicos, impecablemente vestidos de traje, sacaban a las chicas con sus peinados pin-up y sus faldas plato, a tomar milkshake y echar monedas en las rockolas para escuchar esos nuevos y curiosos ritmos semiafricanos. En aquellos años, para hacerle la competencia a la TV, vino un revival del epic clásico de toda la vida, lo que los yanketas llaman "Sword & Sandals" ("espadas y sandalias", lo que en buen ezpañó se llama "pelis de romanos"), y más modernamente ha derivado en Sandalpunk. Pero como el Imperio Romano tuvo sólo mil años de historias, y no todos ellos aprovechables, porque hay que ver lo aburrido del reinado de Antonino Pío en donde nadie apuñaló por la espalda a nadie (y también para evitar la fijación monomaníaca en Jesús, los mártires cristianos y los apóstoles), había que fijarse en otros períodos históricos. La MGM llegó así hasta un texto de un tal John Erskine, del que no tenemos mayores noticias, pero lo mencionamos porque queda chulo y cultureta, y trató de sacar un folletín estilo Corín Tellado de ahí. El folletín era sobre Diana de Poitiers, y se llama folletín porque antiguamente se publicaban por folletos, o sea por entregas, no porque en ella los personajes follaran como conejos, aunque la Diana histórica, parece ser que no era tan pavota ni tan high values como se nos muestra en la peli (de hecho, ella y el Príncipe Enrique, más adelante Rey Enrique II de Francia, parecen haber llegado a ser amantes, a pesar de que ella era veinte años más vieja que él... toda una diferencia hoy en día, y en aquellos tiempos de corta expectativa de vida, casi necrofilia). El caso es que la MGM decidió tomar la historia de esta mujer de valores muy XVI (ya saben, el matrimonio es para la política y los herederos, y las amantes para el placer), y transformarla en una heroína con los sólidos valores americanos de los '50s (familia y propiedad, particularmente familia). Los resultados están a la vista, y son... Pues, cómo decirlo... Repetiré lo dicho anteriormente. Vayan a leer un libro de Historia, que mayor provecho les hará, humanitos míos.

¿POR QUÉ VERLA?

-- La verdad, no se me ocurren demasiados buenos motivos por los cuales perder el tiempo con esta peli. Hecha para la sensibilidad más retroconservadora de los '50s, y puritana hasta la mojigatería, ha aguantado terriblemente mal el paso del tiempo. No sirve como documento histórico, porque son tantas y tan gruesas las desviaciones del trasfondo histórico, que no sabría ni por dónde empezar (veamos: Francisco I no murió a consecuencias de las heridas de su campaña contra Carlos de Borbón, el hermano mayor de Enrique no murió envenenado, ni tampoco murió después de haber sido coronado rey, la moral de los personajes no se ajusta ni por la casualidad del burro flautista a lo que eran las costumbres e instituciones propias del Renacimiento...). Y a pesar de ser vendida como una "basada en la histórica Diana de Poitiers", no se dejan atrás la burrada antihistoricizante de meterle un astrólogo ezque-Nostradamus que hace la famosa profecía de cómo va a morir Enrique II (los que conocen la biografía de Nostradamus me entenderán). Por último, como hemos defendido varias veces, uno puede soportar que se recuente la historia alterando detalles, si es que el resultado final es algo interesante (es arte, después de todo, no el The History Channel), pero es que ni siquiera eso. Porque el conflicto sentimental aquí está resuelto en las coordenadas del peor culebrón venezolano (con voz desfalleciente: "si, yo te amo, pero yo estoy casada y tú perteneces a otra mujer"...), amagan con hacer cumplir la profecía a media peli de una manera bastante cretina (por no decir homoerótica, eso del príncipe nadando en el agüita, de cacería, con su mejor amigo, después de echar a todos sus hombres a cazar a otro lado...), y en definitiva después de verla no queda nada, sino el haber visto un espectáculo ñoño y vacío. ¡¡¡Por Bastet, si hasta nuestro buen Miklós Rózsa pareciera estar fuera de lugar!!! (y eso que el venerable señor Rózsa ha compuesto soundtracks tan clásicos y poderosos como "Ben Hur" y "Rey de Reyes").

-- Después de poner a parir de esta manera la pobre peli, digamos un par de cosas buenas de ella. En primer lugar, el príncipe Enrique viene interpretado por un Roger Moore hecho un crío, el hombre. Sí, 16 años antes de ser James Bond (por primera vez en "Vive y deja morir"), Roger Moore fue Príncipe y luego Rey de Francia. Frente a la poco efectiva actuación de Lana Turner (no podría decir si por falta de talento actoral, que la Turner nunca se destacó por sus grandes dotes histriónicas, o si simplemente porque el papel de la prota era imposible de sacar adelante medianamente bien), Roger Moore da de lo más bien el tipo, partiendo como un rebelde, salvaje y bruto, siguiendo como un tipo algo más civilizado, y acabando como todo un Rey con gala y majestad, y haciendo que cada una de estas metamorfosis sean algo creíble. En segundo lugar está Marisa Pavan, la malvada Catalina de Médicis, pero que en realidad, si hemos de creer a la peli, estaba perdidamente enamorada de su marido (a pesar de ser un matrimonio de conveniencia), y que a pesar de los reclamos de castidad de Diana, le cobra inmediata ojeriza y por razones obvias (y bien merecidas, si me lo preguntan); esta Marisa Pavan es hermana de Pier Angeli, una actriz de cierta reputación en los '50s y '60s, y de verdad se roba el plato. Lo que le añade más inri a la peli: se supone que se trata sobre Diana de Poitiers (¡demonios, se llama "Diana" en el original, y "Diana de Francia" en el vertido al castellano!), su romance interruptus con el Príncipe, y la esposa malvada que es tercera en el triángulo, y miren ustedes como entre los otros se encargan de comerse a la prota con zapatos (actoralmente hablando, claro está).

IDEAL PARA: Bueh, bueh... Arqueólogos del cine y de las costumbres del siglo XX, fanáticos ultracompletistas de James Bond en general y de Roger Moore en particular, plañideras lectoras de Corín Tellado... Niños de seis años no, que en los tempranos '80s pasaba pero hoy en día con el PlayStation y Final Fantasy...

ENLACES.

-- (Ir a la página). Entrada en IMDb.
-- (Ir a la página). Artículo en la Wikipedia en inglés.

VIDEOS.

Lo siento, no hemos podido conseguir ningún video de esta peli.

jueves, 27 de diciembre de 2007

"La pasión de Beethoven" (2006).


"Copying Beethoven". Dirigida por Agnieszka Holland. Protagonizada por Diane Kruger, Ed Harris, Matthew Goode, Phyllida Law, Ralph Riach, Matyelok Gibbs, Bill Stewart, Angus Barnett, Viktoria Dihen, Gábor Bohus, Joe Anderson, David Kennedy, Nicholas Jones, László Aron. Estados Unidos / Alemania / Hungría. Año 2006.

¿De qué se trata?
Cuando la gente normal viaja por la campiña, suele cabecear o amodorrarse en su sitio, pero cuando eres la prota de una peli histórica con música clásica de fondo, sientes que el universo entero gira alrededor tuyo mientras profundas cataratas musicales invaden tu cerebro y te transportan hacia un universo de luz y de imágenes campestres filtradas por el camarógrafo... A nuestra prota le pasa eso, justo a tiempo para correr hacia la habitación de Beethoven y decirle "Maestro, lo sentí, lo sentí"... y que el Maestro se le muera ahí mismo, mira tú qué fatalidad. La historia retrocede entonces algunos años, porque es de ésas historias de partir por el final, y vemos como la misma joven se aparece en una cochambrosa habitación para exhibir sus credenciales, porque vizque soy la mejor alumna de música... ¡Pero eres mujer!, le dicen (gran descubrimiento, con las formas venéreas de Diane Kruger es difícil no darse cuenta). Al final, como el Monstruo de la Música tiene a medio kirkimar a su pobre ayudante, debe ser la chica quien avanza. Al contrario de lo que parece a simple vista, Beethoven no es el tipo mala gente ni distante que todos dicen que te dicen que es (por otra parte, es difícil ser mala gente con Diane Kruger, repetimos). Pero la chica tiene dobles intenciones. No, no quiere casarse con el Maestro (bueh, eso es histórico, porque ninguna chica bien, ni de las otras tampoco, accedió jamás a connubiarse con Beethoven, parece que por su carácter de los perros demonios). Quiere exhibirle su música. Así es que ella acepta pacientemente fungir de sirvienta, enfermera y copista de partituras para Beethoven. Y éste, qué joer, si la chica está de buen ver, le empieza a tomar cariño. El momento magistral llegará, por supuesto, cuando se interprete la Novena Sinfonía, blah blah blah, pero... ¿conseguirá resistir esta nueva relación de amistad al carácter puercoide de nuestro heroico Beethoven...?

El espíritu de los tiempos.
¿Qué demonios se le había perdido a Agnieszka Holland en el siglo XIX? La chica, o mejor dicho no tan chica, que para algo nació en 1948, ha tenido ya sus morreos con el mundillo del arte decimonónico. Lo intentó con "Eclipse total", ya saben, la película maldita porque sale Leonardo Di Caprio antes de hacerse famoso con "Titanic" interpretando al faggit Arthur Rimbaud, y luego rodó "La heredera", basada en la novela del siempre sinuoso y viperino, y por ende muy recomendable, Henry James. Ahora saltó de la Literatura a la Música, y se atrevió con Beethoven. Porque sí, porque era tiempo de hacer una de Beethoven. La idea hubiera sido genial, pero existe un grave problema. Resulta que en 1994 se rodó una película llamada "Amada inmortal", en donde Beethoven es interpretado, poquita cosa, por nada más y nada menos que el entonces on-the-top Gary Oldman. Y pues bien, aquí tenemos a Ed Harris, vale, un gran actor, pero... Deberían haber dejado que pasara un poco el tiempo desde la otra peli. Sí, algunos tenemos buena memoria.

¿Por qué verla?
- Aunque esta película no es la más grande representación de un genio artístico jamás rodada, y a pesar de sus numerosas flaquezas, el nivel es aceptable. Agnieszka Holland siempre ha tenido una cierta tendencia a tratar de hacerse la artista, pero aquí renuncia a eso; no es que salgamos ganando porque el intento por meter toques de comedia sofisticada no queda muy bien que digamos, pero al menos es mejor tener una peli pseudoartística ligera, que una peli pseudoartística pesada, así es que, estamos bien.
- Ed Harris está relativamente bien. Claro que desgraciadamente su Beethoven no resiste la comparación con el mucho más intenso retratado por Gary Oldman en la mencionada "Amada inmortal", lo que es una lástima, porque Ed Harris es un peazo actor, y verlo en pantalla siempre es un lujo, y aquí no es la excepción; me pregunto hasta qué punto Harris no supo manejarse con el personaje, y hasta qué punto la Holland lo dejó hacer a gusto. Porque su Beethoven es pintado por los personajes como un ogro terrible y maloliente, y la verdad, parece más un Daniel el Travieso que un Shrek, si me preguntan (impagable la escena en la que finge flatulencias mientras está tocando en el piano...). A su lado, Diane Kruger, qué decir... Miren, la chica es linda, lindísima, es que está para, eeerrr... darle un abrazo, sí, digámoslo así... Pero de actuación... Empiezo de nuevo. A Diane Kruger la conocíamos especialmente por haber interpretado a Helena de Troya en la horripilante "Troya" (claro que ahí hasta los buenos actores lucían mediocres, lo que no le hace ningún favor al director Wolfgang "Conocí Mejores Días" Petersen), y en "Troya", Diane Kruger se lucía por su nulo talento para proyectar la belleza arrobadora que Homero le atribuye a su personaje, aparte de los obvios méritos físicos; también actuó con Nicholas Cage en "La leyenda del tesoro perdido" y su correspondiente secuela, peli en la que obviamente no se le pedía una candidatura al Oscar... Aquí, en cambio, sigue linda, pero se emperra en que debe actuar, y de tanto que lo intenta, a ratos hasta lo logra. Viéndola en "La pasión de Beethoven", pareciera ser que el problema de Diane Kruger no es la falta de talento, sino un poco más de osadía, porque a ratos está más que bien, y en otros minutos de la cinta pareciera querer decir "oiga, Maestro Ed Harris, ¿podría darme permiso para actuar...?". El resto de los actores está casi de comparsa, están bien, pero como comparsas, y el único que consigue darle emoción y vida a su personaje es Joe Anderson, quien interpreta al sobrino botarate de Beethoven.
- Aunque el nivel general de la historia es de cierta mediocridad, hay grandes momentos. Tener una peli sobre Beethoven entre las manos permite la obvia ventaja de usar la música de Beethoven. Y en la larga secuencia que desarrolla el concierto de estreno de la Novena Sinfonía, la peli brilla con enorme luminosidad. Asistimos a la llegada de los personajes, a los nervios de Beethoven, a la chica ayudando a Beethoven a dirigir, a los concertistas desconcertados por ser dirigidos por un Beethoven sordo, al lento desarrollo de la sinfonía, finalmente al bellísimo coral (¡claro que lo conocen, es el "Himno de la alegría", demonios!), todo eso con una espléndida cinematografía, ambientación, vestuario... todos los recursos del cine histórico de toda la vida. Esa secuencia es para amarla, lisa y llanamente.
- Hay otras escenas que valen la pena, por lo divertidas o por lo sentimentales. Beethoven espantando a un convento de monjas. La vecina de Beethoven feliz de ser su vecina, a pesar de lo ogro que éste sea. Los diálogos entre la prota y una tía vieja que es monja. Todo esto ayuda a solventar algunos recursos más o menos obvios, como el contraste "arte cálido vs. ciencia fría" (Beethoven vs. el noviecito ingeniero de la prota), o los diálogos sobre la naturaleza del arte, interesantes si no fueran un tanto estereotipados. Pero en fin. Media película con escenas buenas es mejor que nada.

IDEAL PARA: Ver una recreación sobre Beethoven, a ratos llevadera y a ratos francamente buena.

miércoles, 2 de mayo de 2007

"Carrera, el príncipe de los caminos" (2007)


"Carrera, el príncipe de los caminos". Dirigida por Cristián Galaz. Protagonizada por Diego Casanueva, Javiera Díaz de Valdés, Sebastián Layseca, Daniel Muñoz. Chile. Año 2007.

¿De qué se trata?
"Doña Javiera Carreeeera bailaba la resfalosa... vamos a ver la Patria que nace, vamos a ver, vamos a veeeeeer...". Lo siento, no pude resistir la tentación de poner esa tonada popular chilena. Pero ahora, al grano. Es el año 1811. Los valientes y heroicos patriotas chilenos están divididos. Algunos quieren un gobierno moderado y mamón. Pero otros, los valientes, los de pelo en pecho, como José Miguel Carrera, quieren nada menos que LA LIBERTAD, para darle a los españoles por el culo y quedarse con todo el cotarro, por supuesto (la segunda parte no se dice en voz alta, claro está, por aquello del decoro político, el servicio público, el desinterés personal, etcétera). Pero José Miguel Carrera resulta tener más entusiasmo que habilidad militar, fracasa en el asedio de Chillán, y finalmente, cuando los realistas invaden Santiago, tiene que emigrar al otro lado de Los Andes, a Mendoza. Principia ahí su calvario, porque Carrera tiene la mala idea de andar de genio por la vida, sin percatarse de que Chile ya tiene amo, en forma de una tenebrosa mafia llamada la Logia Lautarina, y que quienes no son bendecidos con la pertenencia a la Masonería no tienen nada que hacer en el gobierno de la Patria, y la democracia al carajo (miren lo poco que ha cambiado Chile en casi 200 años). Convence a los yankis, a punta de doloridas chúplicas, que le dejen partir con una expedición, y...

El espíritu de los tiempos.
El gobierno de José Miguel Carrera, o mejor dicho la dictadura de Carrera, es uno de los períodos más complicados de la historia chilena. ¿Qué demonios pretendía Carrera en verdad? La cuestión no está zanjada, porque como resultaron vencedores sus adversarios los o'higginistas, partidarios de Bernardo O'Higgins, el retrato que nos han legado de Carrera es, como mínimo, tenebroso. Parece ser cierto que Carrera era un pijo de la socialité, y que se arropó con los colores de la libertad para justificar su propia ambición personal, pero eso no lo hace peor que los de la Logia Lautaro, que hicieron más o menos lo mismo, pero coludidos los unos con los otros, y con mejores resultados por ello. Quizás su crimen capital no fue ser ambicioso, sino el no disimularlo, como O'Higgins y San Martín. Asombrosamente, hay ciertos círculos historiográficos que aún hoy se dicen carrerinos, y siguen adelante una polémica, bastante artificial por cierto, con los llamados o'higginianos, y que a ningún chileno con deuda hipotecaria a 20 años (o sea, casi todos) realmente le interesa. Para darles gusto, había entonces que meter en el proyecto de "Héroes, la gloria tiene su precio", después de "O'Higgins, vivir para merecer su nombre", una biografía de Carrera, para compensar. Y tenemos aquí el... ejem... resultado.

¿Por qué verla?
- ¿Diremos que por ser una adaptación histórica de un personaje clave en la independencia chilena? Veamos. En todo biopic, la clave es tener un biografiado con una vida in crescendo, que termine con algo grande, con un reventón final. Rodar la vida de Aníbal el Cartaginés, por ejemplo, no tiene gracia, porque muy importante habrá sido él (¡estuvo a punto de tumbar a Roma, la de HBO!), pero el momento cumbre de su carrera es el cruce de los Alpes con los elefantes, y eso está al comienzo de su campaña militar, y el resto es una lata de indecisiones y derrotas sin mucho gusto. En cambio, la de Jesús es fácilmente adaptable, porque termina a lo grande, con una bonita crucifixión y resurrección. Y ya ven, hay más versiones de la vida de Jesús que de la de Aníbal (por eso, y por otras razones, ejem). La de José Miguel Carrera se parece más a la de Aníbal que a la de Cristo, porque después del cruce de los Andes en 1814, Carrera fue descendiendo de patriota chileno a refugiado en Mendoza, de refugiado en Mendoza a mendigo en Estados Unidos, y de mendigo en Estados Unidos a forajido en la pampa. Por cierto, bautizar a un mijochulo de la aristocracia santiaguina que descendió a montonero pampino como "Príncipe de los caminos" tiene delito, porque más maricón no puede sonar; cuando quiera dejar la redacción de Cine 9009 y pararme en la calle como puto gay, me voy a trasvestir con el nombre comercial de "Príncipe de los caminos" para agarrar clientela. En fin, volviendo a Carrera, a la dificultad de material inicial se suma un guión que, digámoslo derechamente, es una putada. Parte con una escena supuestamente muuuuu profunda en la que vemos a un escorpión matarse a sí mismo, y después nos mostrarán a ese dichoso escorpión majaderamente una y otra vez, para que hasta el espectador más tonto se entere de que Carrera era un autodestructivo (los más inteligentes ya lo habíamos notado). Luego entramos en plena dictadura de Carrera, con lo que nos escamotean algo tan sucio como que Carrera llegó a ser dictador a punta de dos golpes de estado consecutivos, algo que podría desteñirlo como héroe (y la serie se llama "Héroes, la gloria tiene su precio", ¿no?). Con lo que si sabes de historia chilena entiendes y te defiendes con el in media res, pero si no, mala suerte, carajo. El guión pasa a matacaballo algunas peripecias militares, para darle algo de espectacularidad al asunto, pero tan rápido que no alcanza a generar tensión. Luego, a mitad de historia, el asunto cobra vuelo porque vemos al Carrera más íntimo, con problemas familiares, etcétera. Pero luego, cuando Carrera desciende a jefe de montoneras, el asunto se alarga tediosamente otra vez, hasta llegar a un final literal a los textos de historia, que trata de remontar el timbre heroico, pero sin resultados. Y fin. Pasemos en puntillas por el derroche que significa no haber mostrado a Javiera Carrera en pantalla, por haber escamoteado una escena tan vendedora como era el fusilamiento de Juan José Carrera y Luis Carrera (sabemos que mueren cuando le cuentan la noticia a su hermano José Miguel, y punto), por no haber aprovechado de mostrarle como un libertario hablando con Fray Camilo Henríquez sobre "La Aurora de Chile", por haber pasado a la carrerita por el primer escudo patrio y por la libertad de vientres, por no haber aprovechado el momento de tensión dramática, militar y épica que fue el asedio de Chillán... O sea, que a pesar de lo difícil del material histórico de base, había zapallos con los cuales hacer sopaipillas, y si éstas no resultaron no fue por culpa del vegetal, sino de los que organizaron la fritanga.
- La gente... Qué decir de ellos, están realmente fatal. Cristián Galaz, otrora niño prodigio del cine chileno, que se apuntó un tanto con "El Chacotero Sentimental" y que después andaba reclamando que los piratas de DVD le arruinaban el negocio, y que se fue lentamente por el despeñadero con la teleserie "Hippies" (no, no se llamaba "Hippies, la marijuana tiene su precio"), acá terminó de estrellarse. Y no nos alegramos, porque Cristiancito tenía talento, así es que nuestros mejores parabienes para que se levante y nos brinde algo mejor para la próxima. Diego Casanueva, por su parte, compone un José Miguel Carrera chulo y prepotente, lo que le resulta bastante bien, pero se le olvida además darle un lado humano, y las escenas con su esposa tienen nula química. Daniel Muñoz se roba la película otra vez en sus escasas apariciones como un San Martín fatuo y displiscente, repitiéndose el plato con el personaje desde "O'Higgins, vivir para merecer su nombre", y además tiene los mejores diálogos, pero es demasiado poco para salvar el dinero pagado (¿cuál? Lo exhibieron en televisión abierta, y yo no voy a ir corriendo a comprarme el DVD). En resumen, la vida de Carrera fue un lento hundimiento, y este biopic sobre Carrera también, lo que es una lástima, porque de que se esforzaron, se esforzaron.

IDEAL PARA: Chicas a quienes les caliente Diego Casanueva, y fanáticos completistas de "Héroes, la gloria tiene su precio" (eso sería frikada, y no la de los starwaseros).

domingo, 11 de marzo de 2007

"Wallis y Edward" (2005)


"Wallis & Edward". Dirigida por Dave Moore. Protagonizada por Joely Richardson, David Westhead, Lisa Kay, Helena Michell, Stephen Campbell Moore, Simon Hepworth, Bill Champion, Monica Dolan, Debora Weston, Aleksas Kazanavicius, Clifford Rose, Margaret Tyzank, Miriam Margolyes, David Calder, Richard Johnson. Inglaterra. Año 2005.

¿De qué se trata?
En una fiesta cualquiera, coinciden Eduardo, príncipe heredero de la corona británica, y los Simpson, que no son los Simpsons de Springfield, pero tanto más diera, porque estos otros Simpson son igual de, ejem, poco aristocráticos (para colmo son yankis, algo que a la nobleza british le da urticaria). Cuando se encuentran la señora Wallis Simpson y Eduardo, saltan chispas. Al poco tiempo, ambos empiezan a verse, y el marido de ella, en vez de sentirse ofendido, la empuja y empuja como carnada, porque verás, ¡tener de amigo nada menos que al príncipe heredero a cualquiera le viene bien! Y se va confiadamente de viaje de negocios a América, dejando atrás a su señora, muy confiado, que el lobo cuide la carnicería... Pasa lo que tiene que pasar, y con escándalo, porque los británicos bien soportan que el príncipe tenga alguna, ejem, diversioncilla para el rato, pero que sea discreto y privado, y que no lo ande ventilando por todas partes, menos que se trate de una mujer casada, y para peor, divorciada. Y si el país no la acepta, pues bien... ¿elegirá el príncipe heredero, ahora flamante rey cuando muere su padre, quedarse con la corona, o con el amor de su vida...?

El espíritu de los tiempos.
En 1936, la noticia de la muerte del rey Jorge V recorrió al mundo. Pero más comidillo fue la aventura del príncipe Eduardo, ahora rey Eduardo VII, con una divorciada norteamericana. La historia tenía todos los ingredientes (gente de la alta, sexo, poder, intrigas) y era cuestión de tiempo antes de que la TV se fijara. Durante años, desde 1988, la versión definitiva de la historia fue "La mujer que él amó", hecha para la televisión (al igual que la que estamos comentando), con Anthony Andrews como Eduardo, y con nada menos que Jane Seymour, eso es lujo, como Wallis Simpson. Hacer otra versión podría parecer una insensatez, pero se atrevieron. Y como el atrevimiento a veces paga, esta versión resultó bastante buena. Un poco menos glamorosa, quizás (y es que Joely Richardson, por muy hermana de Natasha Richardson e hija de Vanessa Redgrave que sea, no es Jane Seymour), pero con sus puntos fuertes.

¿Por qué verla?
- En realidad, tanto por realización como por suntuosidad, pasa como otro telefilme al uso, con actuaciones buenas, pero no descollantes, y con enfoques de cámara que tratan de disimular un poco los recortes de presupuesto en vestuario, ambientación y escenografía. Pero tiene un gran punto fuerte: el guión. Hay diálogos y parlamentos que son la envidia de cualquier escritor. Si usted quiere ser escritor, hágase un favor y vea esta película, porque puede aprender mucho sobre cómo poner personajes en perspectiva con diálogos certeros y pulidos, sin caer en la afectación ni la mordacidad. Como por ejemplo cuando Enrique VII pregunta si un hombre no tiene derecho a estar con la mujer que ama, y Stephen Baldwin, el Primer Ministro, replica: "usted no es un hombre, es el Rey de Inglaterra". O como cuando tratan de convencer a Enrique de ceder, y éste dice: "si te ofrecieran la corona de Inglaterra mañana, a cambio de dejar a tu mujer y a tus hijos, ¿lo harías?". O cuando Enrique le dice a su padre aún vivo que cuando está fuera de sus deberes... y éste le interrumpe diciendo: "¡Nunca estás fuera de tus deberes!". Y ni hablar de la perla de diálogo final de Wallis Simpson, que introduce una notable ambigüedad por la cual cabe preguntarse si estaba enamorada del rey, o más bien de su corona...

IDEAL PARA: Ver una más que notable recreación de un evento histórico, hecha con empeño y espléndidamente guionizada.

domingo, 28 de enero de 2007

"Los 300 espartanos" (1962).


-- "The 300 Spartans" (título original en inglés), "Los 300 héroes" (título en México), "El león de Esparta" (título en España). Estados Unidos. Año 1962.
-- Dirección: Rudolph Maté.
-- Actuación: Richard Egan, Ralph Richardson, Diane Baker, Barry Coe, David Farrar, Donald Houston, Anna Synodinou, Kieron Moore, John Crawford, Robert Brown, Laurence Naismith, Anne Wakefield, Ivan Triesault, Charles Fawcett, Michalis Nikolinakos.
-- Guión: George St. George, sobre material original de Gian Paolo Callegari, Remigio Del Grosso, Ugo Liberatore y Giovanni d'Eramo.
-- Banda Sonora: Manos Hatzidakis.

-- "Los 300 espartanos" en IMDb.
-- "Los 300 espartanos" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Es la Antigua Grecia. El malvadísimo y déspota Rey Jerjes marcha con un ejército inconmensurable, servido por (y es que Jerjes es malo malísimo) ¡¡¡CHACHÁAANNN!!!... ESCLAVOS, y se dispone a conquistar nada menos que Grecia, la Fortaleza de la Libertad, el último rincón libre del mundo antiguo conocido. Los griegos, apurados, celebran una asamblea en Corinto, en donde demuestran lo que todos ya sabemos y vemos a diario en las noticias, que los políticos son una mierda, que las asambleas no sirven para nada, y que son los hombres fuertes los que salvan la situación y la democracia al carajo. Los mayestáticos salvadores de la jornada serán Leónicas el espartano y Temístocles el ateniense, quienes, como geniales artífices de la política exterior de sus respectivas ciudades, comprenden que sólo la unidad de todos los griegos podrá salvar la democracia y la libertad (¿dónde he escuchado eso antes?). Todo depende de que el ejército de Esparta se movilice para la guerra, porque no hay mejor guerrero que medio espartano en pie de armas, así es que ya no digamos lo que pasa con uno entero vestido para la ocasión. Pero aunque los espartanos son valientes, sus reyes son unos miedicas que nose atreven a salir sin celebrar ceremonias religiosas, y además ¿ir a defender la causa panhelénica al Paso de las Termópilas y salvarle el cuello a Atenas, en vez de defender Corinto y proteger tan solo nuestro propio culo? ¡No, gracias! Por lo que Leónidas, que para eso muy mijo y rey, parte a la batalla con sus 300 guerreros de élite. Y le plantará cara a todo lo que venga en las Termópilas: al cruelísimo rey Jerjes, por supuesto, pero también a la interminable politiquería espartana, a los contratiempos con un soldadete que lo persigue para unirse a sus tropas y reivindicarse por la traición de su padre, a los inevitables traidores que atacan por la espalda (literalmente)... Si ya saben historia universal, ya saben como termina, y si no saben historia entonces son unos ignorantes que no merecen compasión, así es que reventemos el final: los 300 mueren, y les ponen ese bonito epitafio de Simónides al final: "caminante, ve a Esparta y diles que morimos por cumplir vuestras leyes".

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Después del éxito atronador de filmes como "Ulises" con Kirk Douglas, o "Hércules" con el clásico fortachón Steve Reeves, se pusieron de moda las pelis "de romanos", viniendo una hornada de filmes ambientados en Grecia (bueno, acá no tantos), Roma, Egipto, Babilonia, los hebreos, etcétera. Este boom puede dividirse en dos ramas: por un lado estuvieron las producciones blockbuster hollywoodenses como "Cleopatra", "La caída del Imperio Romano", "Jasón y los argonautas", etcétera, que se sumaron en parte por la moda, y en parte porque toda esa espectacularidad era un arma eficientísima para luchar contra la cada vez más masiva televisión, y por el otro lado estuvieron las pelis italianas (o coproducidas entre Italia y alguien más) del género peplum, de "épica con fortachón", de bajo presupuesto, con el clásico argumento del héroe musculoso (Hércules usualmente, aunque también aparecieron Maciste, Sansón, etcétera) que libera a una comunidad antigua cualquiera de la furia de un tirano. "Los 300 espartanos" estuvo en algún punto medio: es una cinta de presupuesto bastante solvente, que lo acerca a los estándares hollywoodenses, pero por otra, el argumento es la clásica guerra del héroe contra el tirano. Y como híbrido funciona bastante bien. Dicho de otra manera: es un peplum con pretensiones, y cumple con éstas.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Cumple con lo más básico del cine épico. O sea, hay entretención garantizada. El comienzo es un tanto moroso y prolijo, porque se detiene en toda la politiquería griega y hace presentación de varios personajes. Pero a medida que promedia la cinta y los héroes marchan a las Termópilas, la peli adquiere mucho vuelo. El presupuesto está bien gastado, y las batallas tienen empaque visual (no tanto como ahora, pero es que en esa época no había CGI, ¿vale?).

-- Los acontecimientos históricos con narrados con un respeto y rigor inauditos para el común de las producciones fílmicas, y más aún tratándose de un filme made in Hollywood. Se llega a detalles eruditos como mencionar de soslayo la desnudez de las chicas espartanas (algo rigurosamente histórico), sacar frases a colación (la alocución que dirige una madre a su hijo soldado de que vuelva "con su escudo o sobre él", o sea vencedor o muerto), dar detalles estratégicos y geopolíticos correctos (la política espartana giró, en efecto, sobre el dilema a de defender el paso de las Termópilas o el itsmo de Corinto), etcétera. Por supuesto que hay algunas desviaciones, inevitables en aras del arte de contar una buena historia, la peor de las cuales es probablemente retratar a Jerjes como un tirano bruto y sangriento, algo que aparentemente no fue, o de mencionar que los persas eran malos porque esclavizaban gente (y omitir que los griegos hacían lo mismo). Y a veces, por meter un detalle erudito (como una cita, por ejemplo), el resultado final sale algo forzado. Pero sumando y restando, es un retrato más que aceptable de un episodio histórico destinado a cambiar el curso de la historia (¿y si los persas hubieran conquistado Grecia...?).

-- El trasfondo político es digno de reflexión y conversación. Inconsistencias históricas aparte, lo cierto es que plantea algunas cuestiones bastante interesantes. Se supone que "los malos", los persas, lo son porque representan la opresión y la supremacía de un hombre sobre todos, mientras que "los buenos", los griegos, representan lo contrario, el valor de la libertad y la democracia. Y, pues bien, ¿de qué les sirve la democracia a los griegos? En la película, para nada, porque los que salvan la situación y el día son los 300 espartanos juramentados en seguir a Leónidas, quien actúa desobedeciendo directamente todas las instancias políticas espartanas. Y ya no hablemos de la manera casi vergonzosa en que Temístocles, aunque sea por una buena causa, manipula a las asambleas de delegados griegos. Quizás la frase clave sea aquella en que un soldado focio le dice a Leónidas, cuando todo está perdido, y ante una orden directa de retirarse, que él combatirá con los espartanos hasta el fin, aunque eso signifique desobedecer la orden de retirada, y Leónidas le contesta: "eres un mal soldado, pero un buen griego"...

IDEAL PARA: Ver una película histórica muy digna de ese título, y además, entretenida.

jueves, 16 de noviembre de 2006

"La agonía y el éxtasis" (1965)


"The agony and the ecstasy". Dirigida por Carol Reed. Protagonizada por Charlton Heston, Rex Harrison, Diane Cilento, Harry Andrews, Alberto Lupo, Adolfo Celi, Venantino Venantini, John Stacy, Fausto Tozzi, Tomas Milian. Estados Unidos. Año 1965.

¿De qué se trata?

Julio II, el Papa guerrero, vuelve de la guerra como gallo a su gallinero. Y le da vacaciones por un día a todo el mundo. Y todo el mundo deja de trabajar. ¿Todos? ¡No! Un esforzado escultor resiste a la tentación, y sigue en lo suyo incólumne. Este es Miguel Angel Buonarroti, quien se esfuerza en hacer las esculturas de la tumba de Julio II, que según sus propios cálculos, debería tardar 160 años en concluir (y que de hecho, nunca concluyó). Pero Julio II le tiene otro trabajito. Su tío, el Papa Sixto V, edificó una pobre capillita llamada en su honor la Capilla Sixtina, y es tan fea, pero tan fea, la pobre (pecado capital en la Italia del Renacimiento, añadamos), que Julio II quiere decorarla con algunas pinturitas. Así es que tú, Miguel Angel, pintarás la Capilla Sixtina. ¿Yo, señor? ¡Por ningún motivo, yo soy escultor y no pintor! ¡Pues lo harás porque o yo, el Papa, te meteré huevos de aquí hasta Constantinopla si te niegas! Y pues bien, mirado así, Miguel Angel se decide. Comienza a pintar. Y comienzan los desencuentros entre Miguel Angel el artista postulante a fondos públicos culturales concursables y Julio II, el new rich metido a Papa. Como por ejemplo el que lleva a Miguel Angel a pasarse una temporadita entre los canteros de mármol de Carrara. O la de Dios es Cristo que se produce cuando Julio II bota los andamios. O las continuas intrigas de Donato Bramante para emputecer a Miguel Angel y poner a Rafael Sanzio en su lugar. Y en medio de todo eso, el trabajo, el eterno trabajo de pintar la Capilla Sixtina, eterno por su proyección artística como uno de los más hermosos monumentos pictóricos de todos los tiempos, y eterno también por el tiempo que se tomó Miguel Angel en concluirla...

El espíritu de los tiempos.
A mediados del siglo XX hubo una buena avalancha de novelistas que buscaron inspiración en temas históricos y bíblicos para editar sendas novelas que fueron éxitos de crítica en su tiempo, pero que, digámoslo con todas sus letras, pasaron después al más lapidario de los olvidos (a veces de manera injusta, por cierto), siendo recordadas sólo sus obras, y eso por haber sido objeto de suntuosas adaptaciones para el cine. Entre esos novelistas están, sólo por mencionar algunos, Lloyd C. Douglas ("El manto sagrado"), Margaret Landon ("Anna y el rey de Siam"), Mika Waltari ("Sinuhé el egipcio"), Fulton Oursler ("La historia más grande jamás contada") y el que nos ocupa, Irving Stone. El tal Stone era negocio seguro desde que su novela sobre Vincent Van Gogh se transformara en el mítico filme "Sed de vivir", que consagró a Kirk Douglas, de manera que cuando en 1961 publicó "La agonía y el éxtasis", sobre la eterna batalla de Miguel Angel y Julio II por pintar el techo de la Capilla Sixtina (o no pintarlo, a según el turno, el año, la indisposición estomacal o la conjunción astral), los productores de Hollywood se relamieron con creces. Es de recordar que en un mundo cada vez más invadido por escoria mugrosa como los beatniks y hippies por un lado, y por asesinos sanguinarios como James Bond por el otro, aún quedaba espacio para el epic tradicional de alto presupuesto. Porque digámoslo de una vez, "La agonía y el éxtasis" nació tarde: es un filme con inspiración de los tempranos '50s, realizado en 1965. Quizás sea por esto, por su condición de canto de cisne, que este filme respira tanta majestad. Es, dicho así, una digna despedida para un género, la épica tradicional, que no volvería a levantar cabeza sino hasta la llegada de la infografía Gladiator's style.

¿Por qué verla?
- Es uno de los mejores filmes históricos jamás realizados. Así dicho, sin ambages. No es una historia del bueno contra el villano, sino un retrato de la colisión de dos caracteres titánicos, el colosal Julio II contra el ciclópeo Miguel Angel. Ambos son, en el fondo, hombres bienintencionados y que aman sus respectivas labores (convertir almas el uno, aunque sea por el discutible método de la espada, y extraer figuretas de la piedra el otro, por el cincel), y cuyos desencuentros no nacen sino de sus propios caracteres, y por qué no decirlo, de su orgullo y arrogancia personales. A las últimas, el portentoso arte de Miguel Angel servirá como vehículo de expiación para sublimar todas las taras que ambos poseen como seres humanos, y elevarlos a un plano místico de contemplación trascendente. Ya sé que suena demasiado literario de mi parte describirlo así, pero es que esta película en particular se lo merece; por una vez en la vida, Hollywood se supera a sí mismo y crea un filme que es puro espectáculo, no sólo sin insultar la inteligencia del espectador, sino que además dándose el gusto de centrarse más en el altorrelieve de los personajes, que en una historia que, si se fijan bien al ver la película, es en realidad bastante anodina y episódica.
- La película cuenta con un rigor histórico inusitado. Vale que esté basada en una novela de Irving Stone, pero es sabida la maporonería de los guionistas para meter cambios a su gusto a las novelas, y la chuloputería de los productores para hacer más vendiblemente prostituta la historia. Nada de eso se ve acá. La película es sobre la historia de Miguel Angel, Julio II y la Capilla Sixtina, y no sobre lo que los productores de Hollywood consideran espectacular o sexy mostrar, so pretexto del arte renacentista. La corte de secundarios incluye a varios personajes históricos, y todos ellos aparecen en contextos bastante correctos: el cardenal Giovanni de Medici (futuro Papa León X) como protector de Miguel Angel, Donato Bramante como enemigo de Miguel Angel (incluso hasta con el detalle de presentarlo como alguien aficionado a las demoliciones, algo que en verdad era, como que se ganó el mote de "Donato Bramante, maestro arruinante" en la realidad), Rafael Sanzio como un joven ambicioso muy ocupado en la Stanzia della Signatura ("La escuela de Atenas") y más que un poco vendido a la potestad de los poderosos, y así sucesivamente.
- Rex Harrison. Digan lo que quieran de Charlton Heston como Miguel Angel, pero su papel no deja de ser algo flojo. En aquellos años, el señor Heston, futuro Führer de la Asociación Nacional del Rifle, era el héroe hollywoodense de moda (Moisés en "Los diez mandamientos", Judá Ben Hur en "Ben Hur", Rodrigo Díaz de Vivar A.K.A. el Cid Campeador en "El Cid", el prota de "El planeta de los simios"... y en "La más grande historia jamás contada" no hizo de Jesús, pero lo más bien que le alcanzó para Juan Bautista). E hizo de Miguel Angel como otro héroe Ubermensch más cualquiera, en realidad: un buen papel, es cierto, pero sólo eso, un buen papel. Rex Harrison, en cambio, como Julio II, compone un personaje memorable y de múltiples matices: arrogante, orgulloso, perdonavidas, autoritario, ladino, socarrón... Hubiera sido muy fácil hacer de Julio II el villano oficial de la historia, y en cambio, crea un personaje complejo que funciona muy bien como contrapunto del un tanto chulesco Miguel Angel Heston's style.
- "¡Cuándo lo terminarás!". "Cuando lo termine...".

IDEAL PARA: Ver cine histórico que sea de verdad histórico, y épico que de verdad sea épico.

jueves, 29 de junio de 2006

"Mi reino por un amor" (1939).


-- "The Private Lives of Elizabeth and Essex" (título original en inglés), "Elizabeth the Queen" (título para la televisión de Estados Unidos), "Las vidas privadas de Isabel y Essex" (título en Venezuela), "La vida privada de Elizabeth y Essex" (título en España). Estados Unidos. Año 1939.
-- Dirección: Michael Curtiz.
-- Actuación: Bette Davis, Errol Flynn, Olivia de Havilland, Donald Crisp, Alan Hale, Vincent Price, Henry Stephenson, Henry Daniell, James Stephenson, Nanette Fabray, Ralph Forbes, Robert Warwick, Leo G. Carroll.
-- Guión: Norman Reilly Raine y Æneas MacKenzie, basados en la obra teatral de Maxwell Anderson.
-- Banda Sonora: Erich Wolfgang Korngold.

-- "Mi reino por un amor" en IMDb.
-- "Mi reino por un amor" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Inglaterra, 1596. Llega a Londres el varonil y apuesto Conde de Essex, después de un triunfal ataque a Cádiz. Y con eso, comienzan los problemas, porque a la Reina Isabel no le gusta la fama que tiene Essex entre la gente. Tampoco le gusta estar (¡ups!) enamorada de él, en particular porque es guapo y joven, y ella está... bien, cómo decirlo... La expresión "arrugado como una pasa", ¿le dice algo a alguien...? El corresponde a los mimos, pero es vanidoso y arrogante, y no se va a dejar mandonear así como así por una simple mujer, por muy Reina de Inglaterra que sea. De manera que los tórtolos la pasan mal, peleándose y riñendo, hasta que al fin se reconcilian, después de deponer ambos sus respectivos orgullos (de reina una, de abolengo el otro, porque de que ambos nobles, nobles son, pero es que hay sangre noble más antigua que sangre noble, si es que me entienden). Pero Essex tiene la mala costumbre de ser demasiado confiado, y se hace con facilidad de enemigos en la corte. A resultas de todo lo cual, mientras Essex consigue imponerse en el mando de una expedición a Irlanda, los cortesanos empiezan a intrigar a sus espaldas. Las cosas entonces comenzarán a salir mal, todo lo mal que puedan salir (y peor).

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Por alguna razón, el siglo XVI, en particular desde el punto de vista británico (británicos buenos, españoles malos, básicamente), fue muy popular en el cine anglosajón de la primera mitad del XX. Quizás el quid del asunto estribe en la marea ascendente (por aquella época) del cine de piratas, un subgénero de aventuras por derecho propio, el que por cierto hace rato tiene lápida y partida de defunción. Al mismo tiempo rondaba una obra de teatro sobre los amores de Elizabeth y Essex, que había sido muy exitosa. Es decir, negocio seguro para una adaptación fílmica, la cual era de altos vuelos, toda vez que estaba el venerable Michael Curtiz a cargo (que tres años después haría "Casablanca"), y con los estelares de la Glenn Close y el Harrison Ford de la época (o algo así). ¡Ahí tienen una idea para un remake, inteligentes!

¿POR QUÉ VERLA?

-- Es una película de dramas y pasiones solidísima, a pesar de su trama casi nula y lo cicatero del presupuesto, que se traduce en decorados roñosísimos a más no poder. Sabiamente, Curtiz descarga toda la artillería en los personajes y en los diálogos, consiguiendo un filme enormemente solvente.

-- Bette Davis. ¿Qué otra actriz de la época hubiera podido interpretar con tanta holgura y naturalidad a una mujer malcarada y caprichosa como la Reina Isabel de Inglaterra? (la primera por cierto, aunque la segunda, cuatro quintos de lo mismo, pero con menos poder). Bien, Bette puede. Su interpretación es simplemente soberbia, justificando con creces ver la película.

-- Errol Flynn. Se dice que la Davis no lo quería a él de intérprete, porque estaba asociado a papeles más de aventuras (filmes de piratas, de arqueros en Sherwood, esa clase de cosas). ¡Y lo logró, señoras y señores! O sea, convenció a la propia Davis de que era el adecuado, después de hacer la película. Y en verdad que queda bien como Essex, retratándolo como un tipo jactancioso y vanidoso, por otra parte tierno y frágil, y además de eso, con un cierto sentido de la nobleza y la bondad, que lo hacen un personaje muy complejo e interesante.

-- Aunque los secundarios no pintan mucho en esta película, vale la pena mencionar que es una de las primeras apariciones de Vincent Price, quien después se haría popular con las adaptaciones de Edgar Allan Poe que hizo la Hammer en los '50s. Y Olivia de Havilland, en un papel casi de adorno aunque estuviera acreditada en tercer lugar, inmediatamente por detrás de las dos grandes estrellas, y en el mismo año y meses antes de darle vida a la inmortal Melanie Hamilton de "Lo que el viento se llevó".

IDEAL PARA: Ver cine clásico de verdad.

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