11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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miércoles, 19 de febrero de 2014

"Metrópolis" (1927).


-- "Metropolis". Alemania. Año 1927.
-- Dirección: Fritz Lang.
-- Actuación: Alfred Abel, Gustav Fröhlich, Rudolf Klein-Rogge, Fritz Rasp, Theodor Loos, Erwin Biswanger, Heinrich George, Brigitte Helm.
-- Guión: Thea von Harbou, sobre su propia novela, con aportes sin acreditar de Fritz Lang.
-- Banda Sonora: Gottfried Huppertz.

-- "Metrópolis" en IMDb.
-- "Metrópolis" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

El futuro. Un futuro en que las computadoras pesan y miden como edificios completos y los aviones más avanzados son biplanos, pero en fin, un futuro sigue siendo un futuro. En la gigantesca metrópolis conocida de manera simple y apropiada como Metrópolis, hay una adecuada división del trabajo: abajo están los proletas, obligados a trabajar de sol a sol, o algo así porque allí donde están no llega el sol tampoco, lo que es bueno porque alguien tiene que hacer el trabajo servil, demonios, para que arriba estén los pijillos, que son lindos y tienen parques y mujerzuelas para recrearse y rascarse con comodidad todo lo que se llama el largo y ancho de las bolas. De pronto, el hijo del Amo de Metrópolis hace un descubrimiento: una puerta se abre, y aparece una mujer... ¡pobre! ¡harapienta! Pero con esa belleza propia de las heroínas jóvenes y pobres del cine (al revés de las de verdad, claro, que por algo el cine es fantasía e ilusión... además la novela la escribió una mujer, ¿vale?). Y el futuro heredero de Metrópolis queda extasiado en uno de esos raptos sentimentales tan... bueno... tan alemán, que aunque no crean, los alemanes tienen su corazoncito, y ahí es donde se les sale todo el paganismo y todo el Wagner y todo el Rammstein, ya me entienden. El caso es que nuestro joven héroe, que para algo es joven e indocumentado, desciende a los subterráneos de Metrópolis, al mundo de los obreros, y para investigar más sobre ellos (y para ver si puede mojar, también, porque las chicas de arriba serán más limpias y aseadas, pero también tienen toda esa incómoda y regordeta belleza '20s style) cambia lugar con uno. De esta manera descubre que la chica es una agitadora que congrega a otros obreros y les imparte doctrina comunista, pero como es la heroína, no llama a la sublevación social, sino a la paz, al corazón, a esperar al mesías, porque si hay algo que es gratis para los pobres, eso es esperar. Mientras tanto, el Amo de Metrópolis hace un descubrimiento: un científico loco que antaño pretendiera a la esposa del Amo (y por lo tanto a la madre del prota, y para hacer más interesante el culebrón, la mamá de la discordia está muerta) ha construido un robot femenino que va a reemplazar a la mujer. El Amo, porque es el Amo, joder, y que entre tanto se ha enterado que hay una agitadora dándole a las masas cosas tan nefastas como esperanza y deseos de vivir, diseña un diabólico plan por el cual el robot tomará la personalidad de la chica, y creará odio y discordia que le permitan imponer el estado de sitio, la dictadura, ¡¡¡EL ORDEN!!!, y es que ya saben, no se os puede dejar solos. ¿Conseguirá la parejita romántica unir fuerzas y transformarse en la esperanza y salvación de una Metrópolis fracturada por el maquinismo y la pesadilla de la lucha de clases? ¿Conseguirán impedir que los industriales y los obreros se vayan a las manos y surja una dictadura del proletariado? ¿Lograrán impedir el ascenso del Nazismo y el surgimiento del Tercer Reich...?

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Déjenme explicarlo con una anécdota. Thea von Harbou, la novelista/guionista, y Fritz Lang, el director, eran mujer y marido. Cuando a la vuelta de algunos añitos de "Metrópolis" llegó Hitler al poder, von Harbou se convirtió en una colaboradora entusiasta del régimen, y Lang salió escopetado a seguir su carrera fílmica en América (para irritación del Führer, que adoraba "Metrópolis" como una de sus pelis favoritas). Esto explica una serie de ambigüedades dentro de "Metrópolis", que son remarcadas hasta el día de hoy. ¿De qué se trata "Metrópolis"? ¿Es una peli revolucionaria y de denuncia, acerca de la deshumanización de la tecnología y de que los pobres no pueden esperar, o es una peli conservadora que llama a la aceptación del orden social porque, bueno, es el orden social, y con sus injusticias y todo funciona y todo...? No hay respuestas fáciles para eso, y quizás sea el espectador mismo el llamado a rellenar estos, ehm, vacíos ideológicos. "Metrópolis" es una peli convulsa porque es producto de un tiempo y un lugar convulsos. La Alemania post-1919 era un país derruido moralmente y quebrado en lo económico, víctima de una hiperinflación que se comió el patrimonio de todo el mundo excepto de los junkers con tierras, y enormemente desconfiada en esa cosa que traían las potencias vencedoras y que se llamaba, bueno, "democracia". En ese caldo de cultivo floreció el cine expresionista alemán, uno que refleja el notorio estado de alienación de los alemanes respecto del mundo, y que encontrará su máxima expresión en "El gabinete del Doctor Caligari". Al final de ese camino que corre entre el expresionismo y el surrealismo está "Metrópolis", una peli gigantesca no sólo porque el título sea "Metrópolis", sino también por el elevadísimo presupuesto para la época (ajustados los valores monetarios según la inflación, cabe pensar que podría ser la peli más cara de la Historia, incluso por sobre "Avatar", porque rodarla igualita y con la técnica de ese entonces ahora costaría unos 300 millones de dólares o más), los efectos especiales de avanzada, la estética que pesa como un plomo sobre toda la producción cinematográfica posterior, el argumento sinuosamente ideológico, etcétera. Este mastodonte fílmico fue vastamente incomprendido en su época: duraba dos horas y media, lo que para los estándares de la época (pelis de 60-90 minutos) era casi una excursión hacia la locura, en Estados Unidos le recortaron toneladas de metraje (ésa fue la versión que sobrevivió, lo que ha hecho de reconstruir la "Metrópolis" original un quebradero de cabeza), y sus conceptos revolucionarios y de avanzada fueron demasiado extraños para su tiempo (Isaac Asimov comenta haberla visto en 1939, y dijo de ella que parecía "haber sido filmada en la Edad de las Tinieblas y me la pasé abuchéandola todo el tiempo", aunque después tuvo que tragarse sus palabras). "Metrópolis" fue un fracaso colosal, y el responsable de que durante cuarenta años el Cine de Ciencia Ficción fuera visto como un género menor y poco rentable, adecuado sólo para mostrar hormigas y tarántulas mutantes (¿qué hubiera pasado si los epics históricos hubieran fracaso y "Metrópolis" triunfado? ¿Habríamos tenido a Cecil B. DeMille rodando épicas fantasías espaciales en vez de "Sansón y Dalila" y "Los diez mandamientos"...?). Todo eso mientras los cineastas la veían a conciencia y le robaban ideas impunemente (nadie me quita de la cabeza que "2001: Una odisea del espacio" de Stanley Kubrick le debe mucho en su apartado estético a "Metrópolis", convenientemente adecuado a los tiempos claro está, y de las influencias desde la escena en que Darth Vader usa su armadura por primera vez en "La venganza del Sith" hasta el videoclip "Believe" de Elton John, ya ni hablemos). En 1984 hubo una discutidísima restauración a cargo de Giorgio Moroder, que consiguió lo que parecía imposible: transformar a "Metrópolis" en una fantasía campy más parecida al "Batman" televisivo de los '60s (pero con soundtrack electroochentas) que a una venerable reliquia del cine mudo alemán. Hay otra restauración del 2002, con la imagen muy lavada y nítida, y con la banda sonora original de Gottfried Huppertz (que entretanto se perdió y fue reencontrada, al mejor estilo guagua perdida de la teleserie), que le hace mucha más justicia a lo que debió ser originalmente (si van a hacerse con una copia de "Metrópolis", prefieran ésta a la de Moroder), porque aunque "Metrópolis" es muda, le diseñaron igual una banda sonora para que, bueno, era la tecnología de la época, un pianista la interpretara en vivo mientras la estaban proyectando, con indicaciones cada tantos compases sobre qué nota debía coincidir con qué diálogo para que no se apurara o retrasara (eso ayudó mucho a intercalar escenas perdidas y recuperadas en la restauración del 2002). Quizás siempre nos quedaremos con la espina de saber cómo era la "Metrópolis" original de verdad y cómo la vieron los espectadores de su tiempo, pero estamos cerca de ello. Porque "Metrópolis" se lo merece.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Junto con "Lo que el viento se llevó", "Casablanca", "El ciudadano Kane" y otro puñado más, "Metrópolis" integra el selecto club de pelis que deberían ser consideradas lo mejor de lo mejor de todos los tiempos. Es con mucha probabilidad la mejor peli de Ciencia Ficción de todas, es un ambicioso discurso social, y estéticamente es la peli de referencia para cualquiera que haya querido reflejar una megápolis en el cine ("Blade Runner" de Ridley Scott, las escenas en Coruscant de "El ataque de los clones" y "La venganza del Sith" de George Lucas, la megalópolis de "Equilibrium"... la lista es interminable). Por supuesto que hay algunas cosas que han envejecido lo suyo. Los cánones de belleza de 1927 no son los mismos actuales, así es que nos cuesta comprender el arrobamiento que experimentan los personajes enamorados por ejemplo. La banda sonora, por su parte, es buena, pero está al uso de lo que era la música modernista de esos años y no es a lo que estamos acostumbrados gracias a ese neoclásico que es John Williams. Pero otras no. Los efectos especiales, por ejemplo. Es para verlos y quedarse con la boca abierta, cómo con los primitivos medios del cine de ese entonces consiguieron crear imágenes tan impactantes como las que se ven. "Metrópolis" es sin lugar a dudas una de las pelis más colosales que se ha rodado jamás, con el añadido de que esos gigantescos escenarios son reales, o al menos en las tomas panorámicas son maquetas diseñadas hasta en los menores detalles, no fabricados por CGI como en la actualidad.

-- La parábola social. Como decíamos en su minuto, la peli es terriblemente ambigua en este sentido. Ya de entrada nos lanzan en un cartelito la frase clave: "entre el cerebro y la mano debe mediar el corazón". La peli describe la terrible opresión de los aristócratas industriales por sobre la población obrera, y uno como que les da la razón para sublevarse, pero cuando se sublevan no son los jovencitos heroicos e idealistas del cine de Hollywood "rebelión contra el tirano", sino una chusma torpe e iracunda que amenaza con destruirlo todo... incluso a ellos mismos y sus propios hijos. ¿Moraleja? Es mejor sufrir la tiranía que rebelarse para acabarla. Al final, no creo que sea un gran spoiler esto, la cosa acaba de manera bastante conciliadora, en lo que podemos suponer va a ser una feliz socialdemocracia industrial o algo así. Para ayudar más al revoltijo, tenemos dejos de mesianismo por el camino (el Hijo del Amo de Metrópolis ayudará a componer la paz social, como un Hijo de Dios bajado desde las alturas hasta el mundo obrero), referencias bíblicas a tutiplén (la Torre de Babel como símil de Metrópolis, mencionada expresamente en una de las secuencias más líricas de la peli), alegorías paganas (el científico loco en realidad no es exactamente un científico sino una especie de alquimista medieval que hace sus investigaciones sobre arcaicos palimpsestos en paralelo a la gran investigación mecánica "moderna" que ha creado a Metrópolis en primer lugar), y un largo etcétera que contribuye a hacer más ambiguo y confuso el mensaje, y en definitiva, para que cada uno vea lo que quiera ver. Resulta interesante observar que esta irresolución ideológica, que sería un defecto en una peli promedio, acá gracias a la riqueza de matices conceptuales se transforma en una baza a favor: es una peli sobre la que se puede discutir, filosofar y cogitar a destajo (idealmente al lado de una botella de cerveza, como buen filósofo de bar). O de como muchas veces las pelis de rebelión social, con un trasfondo más simple y esquemático, nos dicen que las soluciones a las crisis sociales son más simples que en la realidad, lo que por supuesto no es así. Parece claro que en el guión original no hay una crítica social propiamente tal, ya que todo se arregla tan rápido y fácil, pero Fritz Lang se encarga de crear imágenes tan poderosas y evocadoras, que consigue sacarle todo el jugo al drama social. Debe haber quedado profundamente chasqueado Lang de que Hitler se haya fascinado con el colosalismo de la ciudad y sus Menschmaschinen sin mucha identidad más allá de un número, cuando en realidad Lang quería hacer una denuncia de la deshumanización y no una apología de ella (¿lo dudan? Echenle un vistazo a "El testamento del doctor Mabuse" por ejemplo). En fin...

-- La imaginería. Hemos hablado de esto, pero insistamos más, que se lo merece. "Metrópolis" es una peli que cuida su estética hasta los menores detalles. ¿Notan ustedes que las perillas de las puertas están a una altura terrible y los personajes deben levantar los brazos para abrir las puertas? Eso es a propósito, para denunciar el pigmeísmo de los personajes frente a una ciudad que literalmente se los come vivos. La escena de la Máquina M o Máquina Moloch, con la gigantesca caldera devenida en un ídolo pagano tragándose a los obreros esclavos, es perturbadora incluso hoy (homenaje fugaz al "Cabiria" de 1914, vale, pero aún así). Y qué mejor manera de mostrar la maquinización de la vida, que un reloj con minuteros y segunderos... con las horas numeradas con el sistema decimal, del uno al diez. Y ni hablar de la cantidad de veces que se ha copiado la escena de los biplanos circulando entre los edificios. Dice mucho de esta peli que ha sobrevivido con enorme dignidad a todos los parásitos que se han lanzado a plagiar sus ideas y logros visuales como locos, y que aunque avejentada por las imitaciones, sigue teniendo un enorme punch visual incluso hoy.

-- "Metrópolis" también tiene el honor de presentar el primer robot del cine. Aunque no tiene nombre (en la novela es llamada indistintamente Futura o Parodia, pero en la peli no se menciona), tiene miga que ese primer robot sea una chica. Y en muchos sentidos, "Metrópolis" presenta también la primera historia del cine con la temática de "la rebelión de los robots contra los humanos", cuando el plan del Amo de Metrópolis se le escape de las manos y amenace con llevárselo todo por delante.

-- La peli también tiene no pocas implicaciones freudianas, que le aportan también una textura bastante retorcida a la trama. Repasemos. El científico loco y el Amo de Metrópolis han amado a la misma mujer (la madre del prota, que convenientemente ha fallecido antes de la peli), y el científico loco ha construido una robot que la sustituya. El Amo de Metrópolis ordena entonces que la robot suplante a la chica a la que quiere su hijo. Lógicamente, hay una escena en que el Amo de Metrópolis está con la robot, y el chico los ve. Pero no sabe que ella es un robot, así es que cae en shock al descubrir (al creer descubrir, mejor dicho) que la chica a la que ama está con su padre. Freudiano, ¿eh? Y recuerden, esto lo escribió una mujer simpatizante nazi, para hacerlo todavía más retorcido si es que cabe.

IDEAL PARA: Ver un clásico absoluto de la Ciencia Ficción y del cine en general.

VIDEOS:

-- Un trailer moderno de la peli, o mejor dicho, de una de sus versiones chulorrestaurás [en inglés, sin subtítulos].



martes, 18 de febrero de 2014

"Las manos de Orlac" (1924).


-- "Orlacs Hände" (título original en alemán), "The Hands of Orlac" (título en Estados Unidos). Alemania / Austria. Año 1924.
-- Dirección: Robert Wiene.
-- Actuación: Conrad Veidt, Alexandra Sorina, Fritz Kortner, Carmen Cartellieri, Fritz Strassny, Paul Askonas.
-- Guión: Louis Nerz, basado en la novela de Maurice Renard.
-- Banda Sonora: Henning Lohner (reversión de 1998), Paul Mercer (reversión de 2008).

-- "Las manos de Orlac" en IMDb.
-- "Las manos de Orlac" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

¡Oh, mi amor, mi pichoncito, mi pedacito de Himmlischentaube, viene en un tren! ¡Y viene a verme a mí, su amante esposa, que lo espero con los ojos soñadores y los sobreactuados gestos vaporosos propios de las pelis del cine mudo! Pero la tragedia siempre ronda allá afuera, o de lo contrario no habría peli. El tren se descarrila, y al pobre tipo deben buscarlo entre los escombros. Lo rescatan, sí, pero a un precio: sus manos han quedado buenas para hacer chistes sobre "manos muertas" y similares (¿cruel yo? ¡Cruel la peli que escenifica esto en primer lugar!). Ahora bien, esto no lo hemos dicho, el tipo accidentado, el tal Orlac, es un renombrado pianista internacional que blahblahblah, de manera que sus manos tienen un valor sólo comparable a las piernas de Naomi Campbell o al cerebro de Stephen Hawking (después de todo, cada uno vale por lo que más usa), y deben ser salvadas a toda costa. Imperiosamente. Aunque eso signifique incurrir en el reino prohibido de cosas que el hombre no debería saber, el territorio salvaje de los... ¡¡¡TRASPLANTES DE ÓRGANOS!!! ¡¡¡UAAAAAÁ, TENGAN MIEDO!!! El caso es que, como todos sabemos, los transplantes de órganos son una tecnología maldita, todos deberíamos entregarnos en las manos de Dios, la ciencia es el demonio, etcétera, y cuando le instalan unas manitas, se trata de aquellas de... ¡un asesino en serie! Y poco a poco, nuestro héroe se va chalando y cayendo en la espiral de la demencia, porque... ¡sus manos son las manos de un asesino! ¡Ya no podrá tocar nunca más a su esposa con esas toscas manos de carnicero de hombres! (Y suponemos que tampoco lass uns Liebe machen...). De esta manera, el shock postraumático, la falta de tocatas de piano, y la autoimpuesta abstinencia sexual, lo van convirtiendo en... ¿un asesino serial...?

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

La novela "Frankenstein o el Moderno Prometeo" de Mary Shelley (1817), marcó un antes y un después en la Literatura Universal, y por qué no decirlo, también en el imaginario colectivo. Esta novela fue la primera que abordó desde una perspectiva que podríamos llamar moderna, científica, el tema de la bioética. A partir de entonces, llovieron las novelas sobre científicos locos, malvados o simplemente pasados de la raya, dedicados a monstruosos experimentos que juegan con el cuerpo humano, traspasan los límites de lo que el hombre debería saber, y en última instancia son una amenaza contra la Humanidad. A una escala mayor se trata también del miedo atávico que la sociedad siente contra los científicos, habida cuenta de que cada nuevo invento pareciera cortar oportunidades de trabajo, y aún negar nuestra propia esencia, blahblahblah. Es un temor bastante explicable, por cierto, porque es cosa de ver todo lo que ha conseguido la ciencia en un par de siglos, para ponerse a retemblar acerca de qué pasa si todo eso cae en malas manos, como las del doctor Mengele, las de Bill Gates, o las de Teilhard de Chardin. Pero por otra parte, después cuando esos avances están disponibles y mejoran el nivel de vida de las personas (o nos proporcionan la oportunidad de ver el Mundial de Fútbol Brasil 2014 en High Definition), pues que nadie se queja, vamos. Pero volviendo al tema de la bioética, resulta que un novelista retrofuturista llamado Maurice Renard, que escribía Ciencia Ficción cuando el engendro literario ni siquiera pensaba en llamarse Ciencia Ficción, escribió una novela en la que se hace un pequeño experimento frankensteniano, metiéndole las manos de un asesino en serie muerto a un pianista vivo, y entonces el pianista empieza a identificarse cada vez más con el asesino. Porque sabemos que las dichosas manos no son sólo un conjunto de células que en otro término estarían muertas, sino que portan consigo la esencia o élan vital (el charlatán ése de Bergson es de la misma época), igualito a como si le tomas la fotografía a un nativo le succionas el alma, y etcétera. Claro, hoy en día que tenemos transplantes día sí y día también, cuando hay donantes (¿ven como también a través de la ironía muestro que tengo un punto de conciencia social?), y por lo tanto el concepto es un tanto risible. Pero en esos tiempos medicozoicos, la idea causaba espanto y pavor. Lo suficiente como para que Robert Wiener, director bien instalado en el Olimpo del cine mudo gracias a la precedente "El gabinete del doctor Caligari", se interesara en su adaptación. El resultado es una de las joyitas del cine expresionista mudo. Lo que quiere decir que, salvo cinéfilos terminales, hay que armarse de paciencia para sentarse a verla...

¿POR QUÉ VERLA?

-- Vista hoy en día, "Las manos de Orlac" se ve enormemente avejentada (bueno, como las ocho novenas partes del cine mudo), con resortes narrativos y vueltas de tuerca que hoy en día suenan tremendamente manidos, de tanto que han sido explotados. Pero en su tiempo, esta peli fue más o menos revolucionaria. De hecho, es la primera peli que aborda el tema de "mis manos me están poseyendo y me impulsan a cometer crímenes", que después será reversionado en pelis como "Las manos de Orlac" de 1935, el "Dedos macabros" de 1946 o "La mano" con Michael Caine. Y una de las que lleva más lejos las consecuencias de la premisa. Piénsenlo. ¿Qué harían ustedes sin sus manos? Probablemente muy poco o nada. Quizás fueron nuestros grandes y jugosos cerebros los que nos permitieron salir de la sabana africana, inventar la civilización y conquistar el mundo, pero esos grandes y jugosos cerebros no hubieran servido de nada sin buenos manipuladores capaces de crear herramientas, hundir espadas en el pecho de otros tipos con grandes y jugosos cerebros y buenos manipuladores, y apretar botones rojos conectados a silos de misiles balísticos intercontinentales. Si no, díganselo a los delfines de qué les aprovechan sus pliegues cerebrales. A ver, cetáceos, díganme... ¿quién tiene el arpón por el mango, AH??? (Bueno, los gatos no tenemos manos, pero sabemos ronronearle a los humanos con manos, porque eso del trabajo obrero, como que no se nos da). Pero, volviendo al tema... ¿qué pasaría si la relación se invirtiera, si las manos se apoderaran de tu mente y te dominaran? Y más interesantemente aún, ¿qué pasaría si eres una persona de buen vivir, bien apegado a las costumbres sociales, que de pronto tuviera la ocasión de liberar sus más bajos instintos, porque tus manipuladores no te responden? La peli no sólo es pionera en tratar este tema, sino que también le da probablemente el mejor acabado sobre el tema que vemos en el cine. Quizás lo único que desmerece un poco a esta peli, más allá de la santa paciencia que se debe tener para verla, es un final ingenioso y rompedor, sí, pero también un poco atrabiliario, resuelto de manera un tanto facilona, incluso con recursos que harían avergonzarse a un folletín de época o a una soap opera moderna. Pero es una solución válida e interesante para rematar la peli, de todos modos.

-- Además de lo anterior, esta peli es Expresionismo alemán en estado puro. Déjenme ponerles al corriente. A comienzos del siglo XX, cuando el cine todavía estaba asentándose como medio de expresión cinematográfica, hubo una corriente artística, el Expresionismo, que postulaba a grandes rasgos que el arte debía mostrar de la manera más acusada y exagerada posible las vivencias emocionales de las personas, en vez de la fría y ponderada realidad objetiva de allá afuera. "Las manos de Orlac" es una muestra de este tipo de cine, remarcando todo el periplo vital del prota desde esa perspectiva distorsionada de la realidad, tratando de meterse en los procesos mentales de esa cabeza volviéndose loca gracias a sus manos de dedos traviesos. No debemos olvidarnos, por supuesto, de que en esa época el Psicoanálisis estaba de moda. Tampoco, que fue rodada en una Alemania sumida en la miseria económica, obligada a ser la niña modosita de Europa a despecho de su Lebenschicksal, que de buena gana le hubiera saltado al cuello de Inglaterra y Alemania para estrang... pero estamos hablando de arte, de nada más que arte, ¿verdad? El caso es que "Las manos de Orlac" es una pieza maestra dentro de esa manera de ver y entender el cine. Su director Robert Wiener no sólo dirigió la pieza capital del género ("El gabinete del doctor Caligari"), sino que además su prota (Conrad Veidt) participó de esa pieza igualmente como uno de los coprotagonistas (el sonámbulo Cesare, por más señas).

IDEAL PARA: Ver una peli un poco difícil para los estándares de hoy en día, pero seminal para el cine de terror, y para el Expresionismo cinematográfico como movimiento.

VIDEOS.

-- Trailer para DVD de la peli [en inglés, sin subtítulos].

lunes, 17 de febrero de 2014

"El gabinete del doctor Caligari" (1920).


-- "Das Cabinet des Dr. Caligari" (título original en alemán), "The Cabinet of Dr. Caligari" (título en Estados Unidos). Alemania. Año 1920.
-- Dirección: Robert Wiene.
-- Actuación: Werner Krauss, Conrad Veidt, Friedrich Feher, Lil Dagover, Hans Heinrich von Twardowski, Rudolf Lettinger.
-- Guión: Hans Janowitz y Carl Mayer.
-- Banda Sonora: No tiene en su versión original.

-- "El gabinete del doctor Caligari" en IMDb.
-- "El gabinete del doctor Caligari" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

¡Hola! ¿Cómo está usted, sentado en este banco? Déjeme contarle una historia terrorífica. Spooky. Es una historia de mi aldea natal, que por ser nosotros alemanes de la postguerra (la postguerra de la primera farra, léase), tiene un regusto a charreteras y sombreros de copa que tirapatrás. En fin, en qué estaba. ¡Ah, sí! Al pueblo llegó un día un tipo llamado Caligari, que se fue de lamebotas ante el ayuntamiento o el burgomaestre o lo que corresponda, hasta conseguir los permisos, licencias y mercedes necesarios para montar su espectáculo público. ¿Y qué espectáculo es ése? Pues uno en que muestra a... un sonámbulo. Bu. Why so serious. Supongo que las audiencias de comienzos del XX, así como los doblalomos del XIX, podrían impresionarse con un sonámbulo. Así es que hagámosle el favor a la peli, y aterroricémonos un poco para que funcione (no es su culpa, por otra parte, sino que las audiencias están cada vez más descreídas). En fin, resulta que Caligari presenta al sonámbulo y éste se levanta. A continuación, Caligari anuncia que el sonámbulo lo sabe todo y puede profetizar. Uno de los concurrentes, en vez de preguntar por los números de la lotería... (pensándolo bien es una idiotez, porque los diría ante un público entero que correría a pelotearse los dichosos números y el premio se dividiría) ...pregunta por cuándo se va a morir. Y le dicen la gélida respuesta con olor a hálito de muerte: no pasarás de mañana. El tipo se lo toma muy mal, pero su amigo (el que está contando la historia, como decíamos al comienzo) se lo toma a guasa, que no puede ser, que es un número de feria, vamos, no te preocupes. Claro, hasta ahí la cosa va normal. Pero el asunto se trastorna su tantico cuando al día siguiente, el amigo de marras aparece fiambre. Tal y como el sonámbulo profetizó. ¿Qué oscuro poder hay en torno al misterioso Caligari? ¿Profetiza verdaderamente el futuro nuestro sonámbulo... o ayuda a cumplirlo? ¿Me asustaré en algún minuto del metraje por fin, yo, escéptico espectador casi CIEN años después...?

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Resulta curioso observar algunos hábitos mentales de los alemanes de finales del XIX y comienzos del XX. Primero que nada, estaban convencidos de que DEUTSCHLAND ÜBER ALLES!!! Los alemanes eran lo más mejol que existía en el mundo, estaban destinados a conquistarlo, y poblarlo entero con la eficiencia que ha hecho famosos a los germanos. Y bueno, si se lo están preguntando, también existían alemanes liberales, humanitarios, etcétera. Sólo que no estaban en Alemania sino en Estados Unidos, fugitivos de la enorme represión que descargó el derechista Bismarck sobre el Zentrum hacia el Links, y que puso a socialistas y anarquistas en la tesitura de elegir entre la cárcel o el destierro. Quedaron en Alemania entonces justamente los partidarios de la Kriegsphilosophie, los adláteres de Fichte y Hegel y Nietzsche que estaban felices de hacer el Pinkieg und Zerebrum sobre el mundo. Pero claro, resulta que las potencias occidentales, no mucho menos autoritarias ellas, pero un poco más libertarias, decidieron que Alemania nein, y tuvieron la insolencia de negarse a ser civilizados por die Deutschmaschine. El resultado fue que Inglaterra y Francia (ese par de paralíticos apoyados por detrás por el robusto Estados Unidos, todo sea dicho) pasaron la aplanadora limpiamente sobre Alemania y obligaron a Kaiser a ponerse en barbecho en Holanda. ¿Y los alemanes que quedaron atrás y no pudieron subirse al carro del exilio dorado? Bueno, a fregarse, y a aguantarse la República de Weimar, un remedio de democracia que no le gustaba ni a los espartaquistas de extrema izquierda ni a los protonazitos de extrema derecha, que le hacían putsch sí y putsch también, sólo por aquello de probar que la democracia es la degeneración de las virtudes marciales, es un sistema político para maricones, etcétera. En este clima prosperó un tipo de cine muy desesperado y grandilocuente, muy... germánico precisamente, vamos. El Expresionismo. El arte que postulaba la representación del mundo interior y la psique de las personas, en vez del frío, objetivo y aburrido mundo exterior (¿quién dijo que los alemanes eran una colección de piezas de relojería sin alma?). O sea, más o menos lo mismo que su contemporáneo el Surrealismo. Sólo que el Surrealismo por ser francés, y estar por tanto en el bando de los ganadores, era más amable, mientras que el Expresionismo, por ser del lado del país con hiperinflación de tantos miles por ciento, era puro angst y desesperación y gigantismo y etcétera. La peli fundacional de este género cinematográfico es, sin lugar a dudas, "El gabinete del doctor Caligari". Que justamente por ser representante del Expresionismo, y además una peli característica del cine mudo, ha quedado como una reliquia arqueológica. Pero bueno, aunque sea para los paleontólogos del cine, vale la pena comentar esta cosa.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Como decíamos, esta es la pieza clave del Expresionismo alemán. Bueno, deberíamos añadir también probablemente "Metrópolis" de Fritz Lang (1927), pero ésta es anterior. "El gabinete del doctor Caligari" fue rodada aún fresca la paliza que los germanos tuvieron a bien recibir en la Primera Guerra Mundial, y se nota. Esta es lisa y llanamente una peli sobre el caos, sobre el control mental, sobre la dictadura. Caligari aparece como un pobre diablo, y con sus embustes desarrolla un plan maquiavélico. Pero, ¡tranquilos!, al final el mal es un tigre de papel, que va a ser convenientemente derrotado por el bien, la razón y la cordura. O sea, los valores que hicieron grande a Alemania en primer lugar. Hay quienes han querido ver a Caligari como una parodia de Hitler, sin parar mientes en que cuando se estrenó esta peli, Hitler apenas era un puto cabo de Ejército que ni siquiera había dado el fracasado putsch de Münich (aunque los parecidos, partiendo por el carácter de "encantador de serpientes" de ambos, y su diabólico plan para controlar a las masas, son escalofriantes... productos del mismo sustrato social, probablemente). Mas bien la peli apunta a la sensación de estar a la deriva que sacudía a los alemanes de su tiempo, una sensación de irrealidad reforzado por su sensacional giro de tuerca final (novedoso en ese entonces, terriblemente manido hoy en día, y que no referiré para no mandarme un spoiler, aunque no es difícil de adivinar si uno ha visto sepetecientas pelis como ésta, que justo es decirlo, le imitaban al Caligari original).

-- Siguiendo allí donde dejamos el punto anterior. Puede que la peli cause poco terror hoy en día, pero a cambio, conserva esa sensación de desasosiego, de cosas que no están en su lugar donde deberían estar. Ayuda por supuesto la brillante puesta en escena, un desquicio en que pueden verse escaleras con ángulos cubistas que violan cualquier ley renacentista de la perspectiva, ventanas que son cualquier cosa menos cuadrángulos como deben ser todas las ventanas que se precien de ser decentes, burócratas sentados en altos taburetes claramente demasiado grandes para ellos mismos mientras se inclinan con dificultad sobre sus escritorios, y un largo etcétera. Súmesele que las escenas de días están grabadas en sepia y las nocturnas en azul (aunque puede que servidor haya visto una versión restaurada, vaya uno a saber)... Esto es tanto la mayor virtud como el peor lastre que tiene la peli. Porque a falta de sonido (cine mudo, ¿recuerdan?), esta peli busca no sólo contar una historia, sino jugar con la imagen y explotar todos los recursos plásticos hasta el límite mismo si se pudiera. Y claro, con la llegada del cine sonoro y las plateas acostumbradas a, bueno, a una estética más normalita, esta manera de entender el cine quedó como una vía muerta. Por supuesto que debe entenderse en el contexto de la época. Por supuesto que la estética de esta peli ha influido desde los desquiciados dibus animados de la Warner (algunas caricaturas de ésas, con elevada crítica social, son decididamente caligarescas) hasta "Beetlejuice" de Tim Burton y más allá, hasta transformarse en un referente común de nuestro tiempo (¿alguien dijo Cartoon Network?), por no hablar del cine negro '40s-'50s en masse. Pero son eso, influencias, no algo que llegue a constituirse en una vía de desarrollo cinematográfica hoy en día viva, y por ende, esta peli es enormemente difícil de tragar para las audiencias de hoy en día. Pero de que es artística, y muy bien lograda, lo es. Por eso decía que es una gran virtud (un referente absolutamente ineludible en la Historia del Cine), pero también un defecto. Seamos justos, un defecto no por culpa de la peli misma, sino del porfiado desarrollo tecnológico que inventó el puto cine sonoro y con eso se cargó todos los experimentos con la imagen que los cineastas venían emprendiendo. Por cierto, Robert Wiener siguió insistiendo con pelis en la misma línea, y nos legaría aún otra joyita del terror expresionista combinado con psicologismo, que es "Las manos de Orlac".

-- (((ESTE PÁRRAFO ES UN SPOILER DEL FINAL DE LA PELI. SI NO QUIERES SABER CÓMO TERMINA, ENTONCES SÁLTATELO ÍNTEGRAMENTE))). Un aspecto muy interesante de esta peli es el tratamiento psicológico. Recordemos que en esos años estaba todavía vivo el showman más grande de la Psicología, que fue Sigmund Freud, y por lo tanto, la Psicología, el mundo interior y todo eso, eran cosas que estaban de moda. Además, la Psicología fue un invento germano, no lo olvidemos (Freud, Adler, Jung... si no eran alemanes eran austríacos, pero todos de cultura germánica, por más que Hitler despreciara la Psicología como una conspiración judía para apoderarse del mundo). El gran giro de tuerca del final, en que se descubre que todo lo transcurrido en la peli es una alucinación del prota, que en realidad es un loco internado en el manicomio que dirige el doctor Caligari (que no es el malvado psicólogo loco de la alucinación sino un abuelete bonachón y entusiasmado con el progreso de la ciencia y la cura de los pacientes... aunque esta caracterización a las últimas igual es un tanto ambigua), ha sido imitado después hasta la saciedad. Pero lo importante es que todo el ejercicio paranoico anterior tiene una base psicológica bastante sólida. Lo que la peli retrata es una fuga psicogénica, en la que la realidad a las últimas termina por ser más fuerte que la alucinación, y podemos adentrarnos en la interioridad del personaje gracias a la deconstrucción que se hace de su alucinación. David Lynch debe haber tomado muchas notas de esto antes de rodar "Carretera perdida", probablemente. Si bien hoy en día "El gabinete del doctor Caligari" no funciona como peli de terror (más bien produce risa, en más de algún pasaje, por no hablar del final mismo), sí sigue siendo muy poderosa en materia de lo que podríamos llamar "cine psicológico", la intención de retratar los procesos invisibles de la conciencia y el inconsciente humanos en las imágenes bien visibles de una peli. (((FIN DEL SPOILER))).

IDEAL PARA: Ver la peli clásica del Expresionismo, y una estupenda peli psicológica incluso para los estándares de hoy en día.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en alemán, sin subtít... er... ¡que es una peli muda, leñe!].



viernes, 18 de febrero de 2011

"Operación Valkiria" (2004).


-- "Stauffenberg" (título original en alemán), "Operation Valkyrie" (título para distribución internacional en inglés), "Valkiria" (título en España). Alemania. Año 2004.
-- Dirección: Jo Baier.
-- Actuación: Sebastian Koch, Ulrich Tukur, Hardy Krüger Jr., Christopher Buchholz, Nina Kunzendorf, Stefania Rocca, Axel Milberg, Olli Dittrich, Katharina Rivilis, Karl-Heinz von Liebezeit, Michaela Wiebusch, Michael Lott, Christine Sommer, Thorsten Merten, Joachim Bissmeier.
-- Guión: Jo Baier.
-- Banda Sonora: Enjott Schneider.

-- "Operación Valkiria" en IMDb.
-- "Operación Valkiria" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Tercer Reich. En medio de la noche, un hombre con cara de maloh porque tiene parchenelojo lanza un grito de esos que quedan bien épicos en las pelis, y a continuación cae muerto bajo las balas de un pelotón de fusilamiento. En la siguiente escena vemos como un tipo que parece que es el mismo, pero sin parchenelojo, entra a la Opera y ve en un palco a... ¡¡¡HITLER!!! ¡¡¡BUAAAAAÁ, TEN MIEDO, TEN MUCHO MIEDO!!! Y allí mismito, quizás excitado sexualmente por estar en el mismo teatro que Die ursprünglich Ubermensch, le suelta petición de matrimonio a la chica. Salto a... la Segunda Guerra Mundial. El tipo se ha transformado en un quejica incapaz de apreciar lo que Unsere Führer ha hecho por... ¡¡¡ALEMANIA!!! ...y piensa que con Hitler las cosas están... ¡¡¡MAL!!! Y cuando algo después, estando en el norte de Africa, unos avioncitos aliados lo dejan para el fregado y el trapeado (una mano que se fue a correr mundo, un ojo saltado, ¡sí, sabía que el parchenelojo era él!), en vez de renovar las energías contra los malvados Aliados dejándose poseer por el Wagnerianischengeist, decide que el Führer no es lo suficientemente bueno para él, y se apresta a... ¡¡¡TRAICIONARLO!!! ¿Conseguirá nuestro héroe llevar a cabo su atentado y derribar a Hitler...? Una pista: el atentado fue en 1944, y la muerte de Hitler fue en 1945... ¡Qué! ¿Se están quejando porque les arruiné el final? ¡Merecido se lo tienen, por ser ignorantes en Historia!

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

En 1944, una dura guerra condenó a la minusvalía a un militar por una guerra que no quería librar. Este hombre escapó del frente de batalla y se instaló en Berlín. Hoy, aunque los Aliados lo buscan, si alguien tiene un problema, necesita ayuda, y puede localizarlo, tal vez pueda contar con... ¡¡¡STAUFFENBERG!!! TAN-TAN-TAN-TARANTAAAAAÁN... Al igual que muchos otros gobiernos autoritarios, el Tercer Reich estaba lejos de ser monolítico. Estaban los sinceramente convencidos de la causa, los acomodaticios de toda la vida, los trepas, los no quiero mirar... todos bien calladitos y alineaditos, eso sí, porque Hitler había tenido el buen ojo y la sangre fría de deshacerse de cuanto tipejo que antes le hubiera ayudado ahora fuera un estorbo en el poder, léase la noche de los cuchillos y similares, y nadie estaba por la labor de sublevarse y salvar a Alemania. Además, ¿para qué? Habían suministros y una vida más o menos decente para todos, obras públicas financiadas con las, ehm, expropiaciones a los judíos, y un gobierno que, bueno, podrá ser autoritario, duro, y desaparecían personas, pero que a cambio mantenían a raya a esos asquerosos comunistas que tanto hicieron por destruir lo bueno y bello de la República de Weimar, espartaquistas del carajo. Pero claro, cuando en 1942-43 las cosas empezaron a darse vuelta y el Tercer Reich empezó a tener algunos pequeños problemitas, muchos empezaron a hacerse a la idea de que nada bueno iba a salir si Hitler seguía a cargo del cotarro, que se recordaba como el Kaiser Guillermo era mucho Kaiser hasta que en 1918 tuvo que salir por pies y esconderse en la neutral Holanda para evitar la destrucción de Alemania. Pero claro, estos complotadores estaban empujados al complot no porque se creyeran más capacitados que Hitler, salvadores mesiánicos, o enfermizos ambiciosos de poder que querían ser Führer en lugar del Führer, sino por hondo y sincero afecto y devoción por Deutschland, cómo se iba a pensar lo contrario de tan magníficos prohombres, vamos... El complot más famoso de todos es el de 1944, el que protagonizó Claus Schenk Graf von Stauffenberg (anoté el nombre completo para lucirme, ¿eh?), en que un bombazo estuvo a punto de barrerle los bigotes a Adolf. Es el más famoso porque fue el mejor organizado. O al que siguió la mayor represión posterior. O simplemente porque el tipo que dejó la bomba... ¡¡¡TENÍA UN PARCHE EN EL OJO, MWAHAHAHAHAHÁ!!! Claro, si vas a rodar una peli para el cine, prefieres un complot con un tipo con un parche en el ojo, por encima de uno en que el hombre sea físicamente normalito, por aquello de que se vea más Snake Plissken, ¿no?

¿POR QUÉ VERLA?

-- Todas las pelis sobre el complot de 1944 se han visto ensombrecidas por "Operación Valkiria" de Brian Singer, destinada a ser la versión definitiva por muchos años sobre el asunto, básicamente porque es la producción de Jolivú de alto presupuesto con la estrellita de rigor, y por ende la más fácil de recordar. Y sin embargo, no es la única peli rodada sobre el particular. Algunos añitos antes, con bastante menos presupuesto, y en calidad de made-for-TV, se hizo esta peli. Por esos entresijos del mercado cinematográfico, la peli se centra en Stauffenberg, ensalzado como el héroe del complot, y se titula apropiadamente con el apellido del prota, pero para el mercado internacional se la llamó "Operación Valkiria", quien sabe si para capitalizar el éxito de la peli de Brian Singer (desconozco la fecha de lanzamiento internacional del DVD), que se llamaba "Valkiria"... y fue criticada por darle tanto peso a Stauffenberg, que era Tom Cruise. En fin. El caso es que la peli recorre de manera rápida, sumaria y con un ritmo endiablado, la historia de Stauffenberg desde su cabreamiento con Hitler, hasta su intento de atentar contra éste y el golpe de estado abortado subsiguiente. Si has visto la peli del tándem Singer/Cruise, ya sabes de qué hablo. El argumento es básicamente el mismo, de hecho (y las carátulas de los DVD han sido hechas con la mala leche necesaria para hacer picar a la audiencia que va a buscar la peli en que Tom Cruise es un nazi con parchenelojo). En esta producción, que es austríaca, no pierden tiempo en saludos a la platea ni mucho menos: despachan la historia con rapidez y precisión germánica, y listo. La peli resulta a ratos tremendamente gélida, pero por otra parte es claro que la intención aquí no es conmoverte hasta las lágrimas como el producto de Hollywood al uso, sino reproducir la atmósfera enrarecida y casi paranoica en la que vivía Alemania bajo Hitler, y eso lo consigue muy bien. Tampoco la peli se engolosina con Stauffenberg el héroe, sino que lo retrata como un ser humano con sus virtudes y sus defectos, más persona que estatua, y aún llega a apuntar que su cruzada tiene su puntillo sicopático, el complejo de creerse mejor o más indispensable que el mismísimo Führer. Las actuaciones acá deslumbran, todas ellas muy duras y prietas, y la puesta en escena, a pesar de su presupuesto más bien modesto, se beneficia del trabajo en locaciones (probablemente no en las locaciones mismas, pero sí en el mismo país, lo que permite mayor variedad de elección).

IDEAL PARA: Ver una recreación ajustadita sobre el atentado contra Hitler de 1944, que privilegia el realismo y la historia por sobre el glamour hollywoodense.

jueves, 6 de noviembre de 2008

"Los falsificadores" (2007)


-- "Die Fälscher" (título original austríaco), "The Counterfeiters" (título en inglés para distribución internacional). Alemania / Austria. Año 2007.
-- Dirección: Stefan Ruzowitsky.
-- Actuación: Karl Markovics, August Diehl, Devid Striesow, Martin Brambach, August Zirner, Veit Stübner, Sebastian Urzendowsky, Andreas Schmidt, Tilo Prückner, Lenn Kudrjawizki, Norman Stoffregen, Bernd Raucamp, Gode Benedix, Oliver Kanter, Dirk Prinz.
-- Guión: Stefan Ruzowitsky, basado en el libro de memorias de Adolf Burger.
-- Banda Sonora: Marius Ruhland.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Alemania, 1936. Después de una breve secuencia introductoria que no nos informa de demasiado y en realidad es un tanto gratuito ponerla aquí (aunque nadie niega que Dolores Chaplin se ve de lo mejor con enaguas de encaje), descubrimos la existencia de un judío que se gana la vida, pues bien, es darwiniano nuestro hombre, y se adapta, ganando dinero a costa de sus compinches judíos, oficiando de usurero, y además falsificando el dinero, eso es ser maldito y no el andar vendiendo mesíases varios a las autoridades romanas. Sucede que la policía nazi no sólo se dedica a perseguir Untermenschen, sino que además a los falsificadores, y nuestro estimado es agarrado con las manos en la masa (no, no sobre las planchas de falsificación, sino sobre una contundente ciudadana). ¡Al campo! Ya saben a qué campo, por supuesto. Pasan cinco años de estar en las canutas, siempre con el riesgo encima de que te manden a gaseado gratuito, hasta que de pronto su antiguo perseguidor lo encuentra y decide cambiar su suerte. Here's the deal: Salvo tu judío trasero y te doy algo parecido a un nivel de vida humano, y a cambio tú me falsificas la libra esterlina, para así... ¡¡¡HUNDIR EN UNA ESPANTOSA INFLACIÓN A TODA LA ECONOMÍA BRITÁNICA, BUAHAHAHAHÁ, QUE ASQUEROSAMENTE MALVADOS SOMOS, MUAHAHAHAHAHÁ!!! Pero a veces ser demasiado bueno en lo que haces significa que te echarán encima más pega y por el mismo salario. Porque para seguir manteniéndose en la línea de flotación, el desafío después de la libra será peor: falsificar el dólar... ¿Conseguirán nuestros heroicos judíos plantarle cara al destino y a la adversidad, y sobrevivir en medio de la orgía nazi? ¿Serán tan heroicos para detenerse y sacrificarse por el bien de las economías del mundo libre...?

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Por suerte ya están pasando los tiempos en que las pelis de nazis dividían al mundo en nazis malos malísimos y judíos estoicos y bonachones aguantándolo todo porque ellos son el reservorio de la esperanza humana, la sal de la tierra, y etcétera. Desde "La caída", que pintaba un retrato un poco más humano de Hitler, que las pelis sobre nazis de caricatura estilo "Top Secret" no son muy presentables que digamos. Durante toda la segunda mitad del siglo XX, los bienpensantes podían sentirse bien satanizando a los nazis porque después de todo, si les despojaban de cualquier cosa que pudiera recordarles a la condición humana, entonces el resto de la parroquia podía sentirse muy bueno y muy chulo, porque podrán tratar a patadas al perro y ser unos malparidos como jefes en el trabajo, pero no somos maloh, no señóh, porque después de todo esos malvados nazis eran todavía más malos. Además, era una buena manera de congraciarse con la comunidad judía (se diga lo que se diga, el lobby judío en Hollywood sigue siendo poderoso, y si no, díganselo a Steven Spielberg). Por supuesto esto no quiere decir, como clama la beatería pseudoliberal rasgando vestiduras (muy judío esto, por cierto), que esta humanización de los nazis signifique darles perdón y olvido, y carpetazo al asunto y a otra cosa que la vida es bella para quedarse con eso. Pero poner a los judíos de buenos siempre y en todo lugar, en el fondo implica mantener la ilusión de que hay seres humanos bendecidos por la Ley de Dios, y otros que caminan en las tinieblas y la oscuridad porque no se reconocen inferiores (¿según quién?), y esto es pura filosofía nazi, justamente. Hay judíos buenos, y también ha habido judíos malos. En las "Memorias" del judío por familia Isaac Asimov, sin ir demasiado lejos, refiere éste como en un debate televisivo le enrostraron que, por favor señor Asimov, dígame cuándo los judíos habían sido malvados teniendo el poder, y Asimov contestó que cuando los Macabeos conquistaron Samaria, impusieron la conversión forzosa a todos los samaritanos, a lo que le contestaron que fue la única vez, y Asimov repuso que sí, pero que era la única vez que habían tenido los judíos el poder, y una de una no estaba mal... (Bueno, podría haber sumado los progroms organizados por los judíos contra los asentamientos palestinos desde 1948). Es parte de la condición de ustedes, humanitos, que quién tiene el poder, tiene la tendencia a abusar del mismo, sin distinción de raza, sexo, estirpe o condición. Un tipo de cine en que siempre los judíos son "los buenos", o simplemente que siempre tengan una estatura moral superior a sus perseguidores, es sencillamente irreal. Y más tarde o más temprano tenía que venir cine revisionista en ese sentido. Es notable el hecho de que esta peli haya sido hecha y rodada en Austria, porque en Estados Unidos, con meapilas como Spielberg, esta peli no habría obtenido financiamiento jamás. Por cierto, ganó el Premio de la Academia a la Mejor Película Extranjera (es la racha germanoparlante, primero "La vida de los otros" y ahora "Los falsificadores"...), lo que plantea el misterio de ¿cómo se la habrán colado a los votantes de la Academia...?

¿POR QUÉ VERLA?

-- A pesar de su título (por una vez en la vida más o menos bien traducido), esta peli no va de falsificación de moneda ni de nazis vs. judíos. O por lo menos, no principalmente. Esta peli se refiere fundamentalmente al viejo problema del "resiste o sirve". Si un poder irresistible se te arroja encima y no te deja opción, ¿qué tan ético es permitirse colaborar con dicho poder, aunque sea injusto? ¿Hasta qué punto se puede pedir nobleza y heroísmo? ¿Es realmente tan condenable querer sobrevivir, aún a costa de rendirse y colaborar con un poder tiránico? En la peli, el grupo de falsificadores recibe un trato que es bastante malo, pero sigue siendo aceptable como alternativa a la vida en los campos de concentración. Comida mediocre, trabajo y ducha semanal por un lado, contra la posibilidad de acabar oliendo una dosis de Zyklon-B, después de pasar por Parque Mengele. Pero eso también tiene un precio. Porque los colaboradores, en un cierto sentido, no son ni de aquí ni de allá, despreciados por aquellos a quienes tan devotamente sirven por un lado, y odiados por sus antiguos camaradas a quienes han traicionado y vuelto la espalda porque han renunciado a sus ideales y en vez de pagar criminalmente por ello, son recompensados. Esta es así una estupenda peli sobre la psicología del colaboracionismo. El prota mismo es un tipo sin muchos ideales, un superviviente que se dedicó a falsificador porque tenía el talento y podía utilizarlo para medrar, y ahora puede sacarle provecho para sobrevivir, pero no llega a ser tan rata que traicione a su grupo de trabajo si fuera el caso. A su lado hay un rebelde que quiere andar de mártir por la vida, y se niega a colaborar con los nazis casi por principio, aunque eso signifique no sólo su propia ruina, sino también la de todo el grupo de colaboradores (bonita manera de ser solidario ésta, amar a la Humanidad y olvidarse de los seres humanos que la componen). Hay también un vejete que lo único que espera de la vida es aferrarse a esta oportunidad de vivir, y que está dispuesto a todo para ello, incluso a la traición, porque quiere vivir y no va a joderse la vida porque otro quiere dárselas de Mártir de la Raza (o la clase social, o lo que sea). Todas ellas actitudes nada heroicas, bien miradas, pero sí muy humanas. Alrededor pupulan otros personajes judíos que se mantienen en un delicado equilibrio. Los nazis, por su parte, también están divididos entre los brutos que se darían el gustito de liquidar a uno o dos judíos por noche como gimnasia antes de la cena, y los que no están demasiado convencidos de la ideología nazi pero medran aprovechando el sistema y tomando lo que les conviene, incluyendo a judíos con habilidades para usarlos en trabajos especiales. O sea, entre quienes se aprovechan de los colaboracionistas para sobrevivir y ascender, y quienes de una no creen en la colaboración de los Untermenschen. Todo esto la peli lo grafica notablemente bien (el contrapunto de esto es que la peli con su ambiente carcelario es bastante densa y se hace larga: dura hora y media y pareciera que dura dos. Pero en fin, es el precio a pagar por un buen filme).

-- La peli es notable por su concisión narrativa. Salvando algunas escenas fuera del campo de concentración, casi todo transcurre en el sector de confinamiento para el grupo de falsificadores. No hay molestos flashbacks ni escenas de ensueño mostrándonos los deseos de libertad y tratando de chantajearnos emocionalmente, Hollywood-style. No hay tampoco escenas de crueldad gratuitas (hay crueldad, sí, pero está bien inserta en el guión). Lejos de la interpretación estoica común a tantas pelis de campos de concentración, en que vemos a judíos de nobleza suprema mirando hacia lo alto y lanzando frasecitas para el bronce sobre cómo hay un futuro, un mañana, una esperanza, etcétera, los actores interpretan muy bien ese sentimiento de impotencia y de nervios a punto de estallar, de sentirse bien si consiguen apenas levantarse de la cama un día más. Tampoco la peli tiene una resolución que pudiéramos calificarla de poética o bigger than life. La historia está contada de un modo austero, casi espartano, y con esta desnudez narrativa consigue aún más fuerza que con todo el almibarado hollywoodense de rigor.

-- Secuencias notables. El jefe nazi sintiéndose muy benevolente porque le hace un regalito a los presos (no diré cuál). Los prisioneros escuchando tiros al otro lado del muro. La ultratonta y pindy esposa del jefe del campo de concentración diciendo una serie de tonterías creyéndose muy informada de todo (desgraciadamente sí hay chicas así en este mundo...). La humillación suprema que el segundo a cargo le administra al jefe de los falsificadores, de una manera puramente gratuita, porque sí, porque él es nazi y los otros son judíos. La escena en que el grupo de falsificadores es descubierto por los otros prisioneros del campo...

IDEAL PARA: Ver una gran peli sobre el tema del colaboracionismo, y por qué no, una gran peli a secas.

ENLACES.

-- (Ir a la página) Entrada en IMDb.
-- (Ir a la página) Artículo de la Wikipedia en inglés.
-- (Ir a la página) Comentario en Cineismo.com.
-- (Ir a la página) Comentario en Ojos de Papel.
-- (Ir a la página) Comentario en Proscritos.
-- (Ir a la página) Comentario en unmundodecine.com.
-- (Ir a la página) Comentario en Pasadizo.com.
-- (Ir a la página) Comentario en Casa Pueblo VC.
-- (Ir a la página) Comentario en Agenda Cultural de Caracas.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en español de Ezpaña].



-- Trailer de la peli [en alemán, sin subtítulos].



jueves, 6 de marzo de 2008

"La vida de los otros" (2006).


-- "Das Leben der Anderen". Alemania. Año 2006.
-- Dirección: Florian Henckel von Donnersmarck.
-- Actuación: Ulrich Mühe, Martina Gedeck, Sebastian Koch, Ulrich Tukur, Thomas Thieme, Hans-Uwe Bauer, Volkmar Kleinert, Matthias Brenner, Charly Hübner, Herbert Knaup, Bastian Trost, Marie Gruber, Volker Michalowski, Werner Daehn, Martin Brambach.
-- Guión: Florian Henckel von Donnersmarck.
-- Banda Sonora: Stéphane Moucha y Gabriel Yared.

-- "La vida de los otros" en IMDb.
-- "La vida de los otros" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Hay dos funcionarios que son uña y mugre, porque uno es el superior jerárquico, siempre mirando hacia las estrellas (no de distraído, sino de ambicioso), y el otro es el fiel suche que hace más o menos lo que hay que hacer, para ganarse el puchero y seguir al alero de alguien que lo proteja. De pronto, hasta nuestra singular pareja llega un trabajillo no muy santo. O sea, incluso no más santo que de costumbre. Porque, no lo habíamos dicho, nuestro par de Meinherzfürdich no tienen un oficio cualquiera, ¡oh, no, mein lieben Leser! Su oficio es vigilar lo que el título de la peli dice, o sea, las vidas de los otros, porque para eso son de la Stasi, la temida policía política alemana que operó en ese tiempo de nubes opacas, entre la nube opaca del Tercer Reich y la otra nube opaca de la Reunificación, en este maldito lugar opaco llamado Planeta Tierra. El trabajillo ahora consiste en vigilar a un escritor, que por formar parte del gremio que integra, pues bien, ya sabemos lo ultraindividualistas que son los artistas, poco apegados al apropiado respeto y a la debida obediencia, Mein Freund!, de manera que debe vigilársele por el bien del Reich, perdón, del Estado. La orden que recibe el suche es que debe encontrar cualquier cosilla que comprometa al escritor, porque, verán, no es que nadie tenga sospechas de veritas sobre él, no más que sobre el resto de los y tantos millones de siervos de la gleba de la RDA, sino que el escritor tiene a bien comerse a una actriz que, ya un tanto madurita y todo, tiene carita graciosa y unos neumáticos que ya se los quisiera el Kremlin para los vehículos de la KGB, y esa actriz está en la mira de alguien importante. Todo habría resultado como debería, pero por desgracia el hombre es fuego, la mujer estopa, viene el diablo y sopla, y nuestro suche de pronto descubre que tiene sentimientos y suenan liras en su corazón, nada más ver a la actriz (y van...: tiene babeando a un escritor, a un ministro, a un espía...). Y si ya con eso el panorama se ponía complicado, porque ahora el espía empieza a jugar a dos bandas, que si se mete en la vida conyugal, que si le echa agua fría en el miembro al ministro, etcétera, las cosas se ponen incluso peor, porque un amiguete del escritor se suicida, y éste decide comprometerse (hay que ser, si tiene la vida hecha...), armando un complot literario contra el gobierno naz... perdón, comunista de la RDA. Con el tipo esforzándose por cavar rapidito su propia tumba, el espía dudando entre su deber filial para su bienamada República Popular y esos mezquinos sentimientos amorosos, y las presiones que vienen desde arriba, el asunto sólo puede terminar de una manera. O no...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Cada nación tiene sus propios traumas que exorcisar. Estados Unidos tiene que recordarse cada cierto tiempo que ellos son el baluarte de la democracia y los derechos humanos, porque si no lo hacen, capaz que terminen escuchando los gritos de los presos políticos de Guantánamo y acaben por (¡horror!) tomar conciencia de sí mismos. Chile ha tenido un largo derrotero expurgando los fantasmas de la dictadura militar y de la tirada de muertos que dejó. Y Alemania lleva el récord de tener dos pesados cadáveres en menos de sesenta años, cuales son el Tercer Reich y la República Democrática Alemana (¿por qué las repúblicas que se llaman "democráticas" nunca lo son?). Ya hay varias pelis ajustando cuentas con el pasado nazi de Alemania (las adustas "Mefisto" o "El tambor", o la más marchosa "Los doce del patíbulo: La siguiente misión"...). Ahora falta la hornada de pelis ajustando cuentas con el pasado de la RDA. Ya están viniendo. Ya están aquí. Ahora sólo falta una peli yanki que haga un mea culpa con Guantánamo, y estamos bien. O no, porque de hacer barbaridades el ser humano no se cansa, y después de un Ramsés siempre tenemos un Genghis, y después de un Genghis siempre tenemos un Napoleón, y después de Napoleón... ya se saben el resto.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Partamos por el tratamiento del tema. Esta peli tenía todos los ingredientes para ser un tostón: 1.- Es europea, y peor aún (1.a.-), es alemana (o sea, podía ser un ladrillo sin elipsis narrativa); 2.- Es sobre el pasado horrible de la Alemania comunista (o sea, podía ser una lacrimógena peli de denuncia al uso); y 3.- Es sobre la violación de la intimidad (o sea, podía darnos para una enorme tabarra filosófica sobre cómo la vida moderna nos aliena y nos convierte en el otro al que estamos observando, mientras este otro nos observa especularmente). Quienes hayan visto bloques de cemento como "La ventana de enfrente" o "Caché escondido" saben a qué me refiero (o no, porque nunca falta el cultureta que reivindica estas pelis, y hasta les da un puñado de Premios Donatello)... Pues bien, "La vida de los otros" esquiva todos estos tópicos. No quiero decir con eso que es una comedia romántica e insubstancial, ¡oh no! La peli es densa y tiene su peso específico, pero el tratamiento no es europeo, entendiendo "europeo" en el peor sentido posible (o sea pesado, plúmbeo, cultureta, elipsifóbico, discursivo, pedante, etcétera). De hecho, se hace bastante ágil, a pesar de durar sus buenas casi dos horas con veinte, y de un final un tanto largo, pero que más o menos se explica a sí mismo y le da un sentido un poco más relevante a los hechos de la peli.

-- El tema de la peli es bastante peliagudo, y puede ser visto en cierto modo como la respuesta crítica a Orwell (a propósito, sobre el mismo tema, "1984" era otro ladrillazo... por suerte que después hicieron "Brazil"). Todos los regímenes políticos han tenido la "necesidad" de controlar la actividad de sus propios ciudadanos, "por su propio bien", pero todos ellos afrontan el reto de conseguir que los políticos no se aprovechen del conocimiento privilegiado obtenido por los espías para su propia agenda política, y de que los propios espías se dediquen a lo suyo en vez de trabajar por su propio peculio (algo de eso veíamos en "El buen pastor"). En esta peli vemos como todos esos desperfectitos pueden terminar por salir mal. Algunas situaciones son bastante de peli, por cierto (el espía que se queda baba-baba-baba por la actriz, y se decide a privilegiar esto por sobre su condición de Stasi), pero no pocas veces los topos y contraespías han hecho lo que han hecho por los motivos más raros e inverosímiles. Como alguna vez dijo Isaac Asimov de la novela orwelliana: es un absurdo porque nadie puede mantener controlado a todo el mundo las 24 horas del día, y además, nadie puede mantener perfectamente controlado a quienes ejercen dicho control, y que tienen la mala costumbre de empezar a mandarse a sí mismos (léase J. Edgar Hoover, entre otros).

-- Las actuaciones de la peli son notables. Ulrich Mühe, con su eterna cara de pobre diablo, está más que brillante como el plomizo espía que con su, ejem, "infatuación" (OK, digámoslo: con su calentura) se encarga de echar al traste todo lo que otras mentes más brillantes y maquiavélicas han planificado (a ratos pareciera venir de la escuela de Buster Keaton o Stan Laurel... de no ser porque la situación es demasiado dramática como para tomársela a risa). Martina Gedeck está brillante como la actriz que a primeras se nos antoja grande porque medio elenco anda babeando por ella, pero que a medida de avanzar el metraje, descubrimos sus más que numerosos defectillos... y digamos que no es una heroína, de ninguna manera (podríamos contar las decisiones progresivamente estúpidas que va tomando, con las cuentas de un rosario); y ya sabemos que las actrices son demasiado egocéntricas y exhibicionistas per se, como para resultar criaturas medianamente interesantes, por no hablar de saludables para la comunidad. El resto de los roles están un tanto de comparsas, en papeles un poco más estereotipados, pero acompañan bien. De hecho, no se puede decir que haya ninguna actuación mala o débil en esta peli, lo que ya es decir (a ver de cuántas hollywoodenses pueden decir eso).

IDEAL PARA: Ver una interesante peli sobre lo difícil que es montar un servicio de espionaje en donde la gente haga lo que debe, en vez de sacar la vuelta como un perro.

jueves, 27 de diciembre de 2007

"La pasión de Beethoven" (2006).


"Copying Beethoven". Dirigida por Agnieszka Holland. Protagonizada por Diane Kruger, Ed Harris, Matthew Goode, Phyllida Law, Ralph Riach, Matyelok Gibbs, Bill Stewart, Angus Barnett, Viktoria Dihen, Gábor Bohus, Joe Anderson, David Kennedy, Nicholas Jones, László Aron. Estados Unidos / Alemania / Hungría. Año 2006.

¿De qué se trata?
Cuando la gente normal viaja por la campiña, suele cabecear o amodorrarse en su sitio, pero cuando eres la prota de una peli histórica con música clásica de fondo, sientes que el universo entero gira alrededor tuyo mientras profundas cataratas musicales invaden tu cerebro y te transportan hacia un universo de luz y de imágenes campestres filtradas por el camarógrafo... A nuestra prota le pasa eso, justo a tiempo para correr hacia la habitación de Beethoven y decirle "Maestro, lo sentí, lo sentí"... y que el Maestro se le muera ahí mismo, mira tú qué fatalidad. La historia retrocede entonces algunos años, porque es de ésas historias de partir por el final, y vemos como la misma joven se aparece en una cochambrosa habitación para exhibir sus credenciales, porque vizque soy la mejor alumna de música... ¡Pero eres mujer!, le dicen (gran descubrimiento, con las formas venéreas de Diane Kruger es difícil no darse cuenta). Al final, como el Monstruo de la Música tiene a medio kirkimar a su pobre ayudante, debe ser la chica quien avanza. Al contrario de lo que parece a simple vista, Beethoven no es el tipo mala gente ni distante que todos dicen que te dicen que es (por otra parte, es difícil ser mala gente con Diane Kruger, repetimos). Pero la chica tiene dobles intenciones. No, no quiere casarse con el Maestro (bueh, eso es histórico, porque ninguna chica bien, ni de las otras tampoco, accedió jamás a connubiarse con Beethoven, parece que por su carácter de los perros demonios). Quiere exhibirle su música. Así es que ella acepta pacientemente fungir de sirvienta, enfermera y copista de partituras para Beethoven. Y éste, qué joer, si la chica está de buen ver, le empieza a tomar cariño. El momento magistral llegará, por supuesto, cuando se interprete la Novena Sinfonía, blah blah blah, pero... ¿conseguirá resistir esta nueva relación de amistad al carácter puercoide de nuestro heroico Beethoven...?

El espíritu de los tiempos.
¿Qué demonios se le había perdido a Agnieszka Holland en el siglo XIX? La chica, o mejor dicho no tan chica, que para algo nació en 1948, ha tenido ya sus morreos con el mundillo del arte decimonónico. Lo intentó con "Eclipse total", ya saben, la película maldita porque sale Leonardo Di Caprio antes de hacerse famoso con "Titanic" interpretando al faggit Arthur Rimbaud, y luego rodó "La heredera", basada en la novela del siempre sinuoso y viperino, y por ende muy recomendable, Henry James. Ahora saltó de la Literatura a la Música, y se atrevió con Beethoven. Porque sí, porque era tiempo de hacer una de Beethoven. La idea hubiera sido genial, pero existe un grave problema. Resulta que en 1994 se rodó una película llamada "Amada inmortal", en donde Beethoven es interpretado, poquita cosa, por nada más y nada menos que el entonces on-the-top Gary Oldman. Y pues bien, aquí tenemos a Ed Harris, vale, un gran actor, pero... Deberían haber dejado que pasara un poco el tiempo desde la otra peli. Sí, algunos tenemos buena memoria.

¿Por qué verla?
- Aunque esta película no es la más grande representación de un genio artístico jamás rodada, y a pesar de sus numerosas flaquezas, el nivel es aceptable. Agnieszka Holland siempre ha tenido una cierta tendencia a tratar de hacerse la artista, pero aquí renuncia a eso; no es que salgamos ganando porque el intento por meter toques de comedia sofisticada no queda muy bien que digamos, pero al menos es mejor tener una peli pseudoartística ligera, que una peli pseudoartística pesada, así es que, estamos bien.
- Ed Harris está relativamente bien. Claro que desgraciadamente su Beethoven no resiste la comparación con el mucho más intenso retratado por Gary Oldman en la mencionada "Amada inmortal", lo que es una lástima, porque Ed Harris es un peazo actor, y verlo en pantalla siempre es un lujo, y aquí no es la excepción; me pregunto hasta qué punto Harris no supo manejarse con el personaje, y hasta qué punto la Holland lo dejó hacer a gusto. Porque su Beethoven es pintado por los personajes como un ogro terrible y maloliente, y la verdad, parece más un Daniel el Travieso que un Shrek, si me preguntan (impagable la escena en la que finge flatulencias mientras está tocando en el piano...). A su lado, Diane Kruger, qué decir... Miren, la chica es linda, lindísima, es que está para, eeerrr... darle un abrazo, sí, digámoslo así... Pero de actuación... Empiezo de nuevo. A Diane Kruger la conocíamos especialmente por haber interpretado a Helena de Troya en la horripilante "Troya" (claro que ahí hasta los buenos actores lucían mediocres, lo que no le hace ningún favor al director Wolfgang "Conocí Mejores Días" Petersen), y en "Troya", Diane Kruger se lucía por su nulo talento para proyectar la belleza arrobadora que Homero le atribuye a su personaje, aparte de los obvios méritos físicos; también actuó con Nicholas Cage en "La leyenda del tesoro perdido" y su correspondiente secuela, peli en la que obviamente no se le pedía una candidatura al Oscar... Aquí, en cambio, sigue linda, pero se emperra en que debe actuar, y de tanto que lo intenta, a ratos hasta lo logra. Viéndola en "La pasión de Beethoven", pareciera ser que el problema de Diane Kruger no es la falta de talento, sino un poco más de osadía, porque a ratos está más que bien, y en otros minutos de la cinta pareciera querer decir "oiga, Maestro Ed Harris, ¿podría darme permiso para actuar...?". El resto de los actores está casi de comparsa, están bien, pero como comparsas, y el único que consigue darle emoción y vida a su personaje es Joe Anderson, quien interpreta al sobrino botarate de Beethoven.
- Aunque el nivel general de la historia es de cierta mediocridad, hay grandes momentos. Tener una peli sobre Beethoven entre las manos permite la obvia ventaja de usar la música de Beethoven. Y en la larga secuencia que desarrolla el concierto de estreno de la Novena Sinfonía, la peli brilla con enorme luminosidad. Asistimos a la llegada de los personajes, a los nervios de Beethoven, a la chica ayudando a Beethoven a dirigir, a los concertistas desconcertados por ser dirigidos por un Beethoven sordo, al lento desarrollo de la sinfonía, finalmente al bellísimo coral (¡claro que lo conocen, es el "Himno de la alegría", demonios!), todo eso con una espléndida cinematografía, ambientación, vestuario... todos los recursos del cine histórico de toda la vida. Esa secuencia es para amarla, lisa y llanamente.
- Hay otras escenas que valen la pena, por lo divertidas o por lo sentimentales. Beethoven espantando a un convento de monjas. La vecina de Beethoven feliz de ser su vecina, a pesar de lo ogro que éste sea. Los diálogos entre la prota y una tía vieja que es monja. Todo esto ayuda a solventar algunos recursos más o menos obvios, como el contraste "arte cálido vs. ciencia fría" (Beethoven vs. el noviecito ingeniero de la prota), o los diálogos sobre la naturaleza del arte, interesantes si no fueran un tanto estereotipados. Pero en fin. Media película con escenas buenas es mejor que nada.

IDEAL PARA: Ver una recreación sobre Beethoven, a ratos llevadera y a ratos francamente buena.

jueves, 22 de noviembre de 2007

"El huevo de la serpiente" (1977).


-- "The Serpent's Egg". Estados Unidos / Alemania Occidental. Año 1977.
-- Dirección: Ingmar Bergman.
-- Actuación: David Carradine, Liv Ullmann, Gert Fröbe, Heinz Bennent, James Whitmore, Glynn Thurman, Georg Hartmann, Edith Heerdegen, Kyra Mideck, Fritz Straßner, Hans Quest.
-- Guión: Ingmar Bergman.
-- Banda Sonora: Rolf A. Wilhelm.

-- "El huevo de la serpiente" en IMDb.
-- "El huevo de la serpiente" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Las más de las veces, hacer un resumen de las tramas de las películas es una labor divertida, quizás la más divertida de hacer una reseña o comentario, pero no siempre es así. Este es uno de esos casos. Pero hice un juramento ante los altares de Bastet y el Gato Garfield, y por la vida de mi amo el que me da Whiskas, que he de cumplirlo. Así es que acá va. O algo así al menos, porque resumirla es un tanto complicado, siendo más bien una película episódica que un argumento sólido como una roca. Veamos. Hay un individuo llamado Abel Rosenberg, que por si no lo notaron por el nombre y apellido, es judío. Ya ser judío es una mala cosa las nueve décimas partes de la Historia (te putean los egipcios, los filisteos, los asirios, los caldeos, los griegos, los romanos, los católicos, los rusos, los nazis, los palestinos...), y para colmo este judío, además de puteado, no pertenece a la conspiración judeomasónica de los Rothschild y similares, de manera que anda con los bolsillos planchados a más no poder. Para hacerlo más desgraciado, vive en la Alemania de 1923, con una República de Weimar cayéndose a pedazos, con grupos parafascistas recorriendo las calles, y con una inflación que se come todo el salario de la gente en cuestión ya no de días, sino de horas (y eso fue histórico). Además, es que debemos ver para creer la de desgracias que le caen encima al pobre sujeto. Es un trapecista de circo, se le muere el hermano (suicidio), se le muere la cuñada (otro suicidio más), la policía lo interroga por lo que pueda saber respecto de esas muertes y unas cuantas más por el barrio (y a ese paso, por la muerte de Nerón y la de Cristo también, porque cuando hay que cargarle la mano a alguien...), lo echan de su pensión, está a punto de sucumbir en las manos de un escuadrón de camisas negras... y algo pasa con él, que ni siquiera es capaz de copular decentemente con Liv Ullmann. Y cuando consigue trabajo en un archivo... Hará un descubrimiento que...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

En 1976, Ingmar Bergman, el afamado director sueco y su mayor producto de exportación cultural de la era pre-ABBA, tuvo que salir corriendo con los pies por delante y el trasero por detrás, después de un oscuro asunto de transferencias legales entre su productora sueca y una subsidiaria suiza, que se puso en la mira de los mastines del sistema impositivo sueco. Y ya sabes que puedes matar a alguien y zafarte alegando que los marcianos poseyeron tu alma y te obligaron a hacer cosas horribles, pero no puedes hacer lo mismo si no pagas tus impuestos. Se dijo que se trataría a Bergman como un fulano común y corriente, porque todos son iguales ante la ley, blah blah blah, pero Bergman quedó tan dolido que juró no dirigir nunca más ("El huevo de la serpiente" y otras pelis lo desmienten), y en todo caso decidió que si Suecia no lo quería a él, al Gran Ingmar Bergman, al Sueco de Oro, pues bien, me marcho, caramba. Y se exilió en Alemania. Ingmar Bergman rodó entonces "El huevo de la serpiente". Y lo rodó desde la herida, eso se nota. Porque la peli no habla de la descomposición del sistema democrático alemán después de la Primera Guerra Mundial; eso es apenas el pretexto para hablar de lo que realmente quería, de cómo Yo, Bergman, El Grande Y Unico, fui injustamente vejado por una investigación criminal, cuando yo siempre he sido puro e impoluto (puede ser, pero pasa hasta en las mejores democracias, ¿vale?). "El huevo de la serpiente" es la primera película hablada casi íntegramente en inglés de Bergman, y marcó un cierto giro en su cine. Y créanme, no es tan brillante, por muy Bergman que sea y por mucho que la haya producido el incombustible Dino de Laurentiis, hombre que cuando descansaba de producir blockbusters hollywoodenses como "La Biblia", "Barbarella", "Conan el Bárbaro", "Duna" o "Hannibal", se daba el lujo de financiarles pelis a Bergman o a Fellini, créanlo o no.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Como dijimos, esta peli pretende ser una tragedia alienada sobre el hombre enfrentado al sistema, un leit motiv clásico de los directores culturetas de la segunda mitad del XX, pero no pasa de ser una muestra de egocentrismo monumental, sobre un personaje que se la pasa sufriendo en medio de una sociedad que no lo valora y no lo comprende, en la cual es un extraño, el único civilizado entre bárbaros y puro entre pecadores... Ya me entienden el punto. Siendo como es, el desvarío de un ego herido, no vale demasiado la pena verla. Pero aún así tiene sus puntos fuertes. El prota es interpretado por un David Carradine que se supera a sí mismo (las generaciones viejas lo conocen como el prota de la serie de TV "Kung Fú", y las nuevas como el Bill de "Kill Bill"). Está muy bien acompañado por Liv Ullmann. Brilla también Gert Fröbe como el ambiguo inspector de policía (algo más de una década antes había sido el malo de "Goldfinger", la tercera peli Bond). El cuarteto se completa con un Heinz Bennent que parece verdaderamente un nazi del alma. Lástima que como la cinta sea episódica, los otros tres protas aparezcan poco, tarde y mal. Pero aparecen, y cuando lo hacen, el asunto se compone.

-- Tiene, por supuesto, el Momento Bergman, en el cual viene el inevitable diálogo sobre Dios, qué hacemos, etcétera, a cargo de un sacerdote. No es especialmente brillante (los ha tenido mejores), pero es el Momento Bergman que todos los fanáticos de Ingmar Bergman estaban esperando.

-- Tiene un poco de sentimiento bombástico por aquí y por allá. A Bergman le interesa mostrar en particular que la Alemania de 1923 era el sitio y el tiempo más depravados de la Historia, quizás sólo superado por el reinado de Calígula según el "Calígula" de Tinto Brass, así es que vemos un cabaret de mala muerte en donde mujeres de mala catadura y travestis de todo tipo hacen lo suyo. Eso, por no hablar de la peculiar orgía a la que el prota termina por caer, con un nigga incapaz de echarse a dos mujeres. Si te gusta lo estrafalario y lo bizarro, puede que te diviertas con esto.

-- No olvidemos la parte de los experimentos nazis. Según Bergman, los experimentos nazis no partieron en los campos de concentración ni en la Solución Final, sino en fecha tan temprana como 1923, o antes. Bueno, eso puede tener plausibilidad histórica si se considera que en 1925, los médicos yankis hacían experimentos inoculando la sífilis a presidiarios negros para estudiar la enfermedad (en secreto y sin el permiso de los presidiarios, por supuesto). Si la película vale verdaderamente por algo, aparte de todo lo anterior, quizás sea por la secuencia final. No sé si alcance a redimir el resto de una película lenta como una tortura y plúmbea como el Mont Blanc, pero al menos esa secuencia como tal, funciona bien.

IDEAL PARA: Estudiar a Bergman el Dios, injustamente vejado y sacrificado, sin que su sacrificio sirva para salvación de nuestros pecados.

jueves, 15 de febrero de 2007

"Los edukadores" (2004)


"Die Fetten Jahre sind vorbei". Dirigida por Hans Weintgartner. Protagonizada por Daniel Brühl, Julia Jentsch, Stipe Erceg, Burghart Klaußner, Peer Martiny, Petra Zieser, Laura Schmidt, Sebastian Butz. Alemania / Austria. Año 2004.

¿De qué se trata?
"Sus días de abundancia están contados". Algunas personas notoriamente adineradas, y por tanto, mejores que el perraje, reciben la inesperada visita de tipos anónimos que se dedican a cambiar muebles de sitio, sin robar nada, y dejando notitas de "Los Edukadores". Los famosos Edukadores son activistas antiglobalización, de tipo "no compres zapatillas, están tintas en sangre de niño indonesio". Pero pareciera ser que habrá receso en eso de educar a los ricos (como si los ricos necesitaran educación, para eso tienen dinero), porque uno se va de vacaciones. Y comete el error #1: dejar a la chica con el mejor amigo. Como el ennoviado tiene cara de tránsfuga social, y el otro muy rebelde anarko será, pero ah, no, la cara de mijo no me la tocan, la chica viaja de la sombra al sol, estéticamente hablando. Los dos se entienden lo más bien, a espaldas del noviecito de ella, y él, como buen activista de izquierda, le muestra a ella lo que hace para luchar contra el sistema y así allanarse el camino a un buen revolcón. Por supuesto que la chica es muy bonita y tiene corazón de oro, pero de intelecto nada, por lo que su primera idea es el error #2: ir a cobrarle cuentas a un millonario que le está exprimiendo la vida. Las cosas comienzan a salir todo lo mal que pueden, y antes de darse cuenta, están metidos hasta el pescuezo en una impensada operación de secuestro. Ahora tendrán que resolver su pequeño triángulo de lujuria, además de lidiar con un secuestrado que, pues bien...

El espíritu de los tiempos.
El surgimiento de grandes megacorporaciones que amenazan con fagocitar la entera Creación por un puñadito de decenas de millones de dólares, ha hecho surgir también el cine de denuncia económica. Es decir, los ricos y las corporaciones son malos, y la pobre gente oprimida es buena. En el último tiempo hemos visto algunos casos, como por ejemplo "Syriana" o "En buena compañía". "Los edukadores" es parte de este cine, visto desde la óptica de los movimientos anarkistas o antiglobalización. Y rabiosamente, porque podemos suponer, al ser filmada con cámara digital en mano, que los costos de producción no fueron hollywoodenses, y por tanto se pueden permitir bastante mala leche (es lo que tiene no tener que estar bisagreándose delante de los financistas). Y conste que las cámaras digitales también son bienes de consumo...

¿Por qué verla?
- A pesar de que es una película relativamente liviana, para los cánones del cine europeo, y no carga las tintas en ningún minuto en la comedia, o el sexo, o la sangre, u otros feos vicios intelectualoides, su trasfondo es terrible, tanto por los planteamientos, como por la manera de estrujarlos hasta el último sin miedo y sin asco. En ese sentido, bien puede uno quedarse con la historia misma, o explotar las ideas del trasfondo, y de ambas maneras funciona. O sea, dicho en castellano, se trata de una película con ideas.
- Funciona de varias maneras distintas. Puede verse como una historia romántica o de amistad entre un grupo de pájaros raros, así como un filme contestatario y antisistema... o como una ironía sobre el contestatarismo y el antisistemismo, también. Leyéndola de manera adecuada, puede proporcionar molino tanto para los críticos del capitalismo, como para sus defensores.
- A pesar de clavar la estaca en una llaga abierta de nuestro tiempo, cual es el abuso de los capitalistas hacia el resto de la sociedad, la película no es discursiva. O mejor dicho, vemos ambos discursos. Los chicos buenos son los antisistema, los edukadores, quienes con sus actos de educación creativa harán entrar en vereda a los ricos (o eso se supone), pero el representante del capitalismo en el filme tiene una generosa porción de diálogos en los cuales defiende sus propios puntos de vista, lo cual la aleja del filme panfletario o propagandístico para transformarse en un estupendo análisis del problema de la acumulación de capital.
- El final. No adelantaremos nada, pero digamos que es un buen final. Y, de paso, aunque deja redonda la historia, deja entreabierta la posibilidad de una segunda parte... (y en verdad, agradeceríamos que hubiera una continuación, mucho más que secuelas inanes como "Los Angeles de Charlie: Al límite" o "Más rápido y más furioso").

IDEAL PARA: Ver una honda reflexión sobre los problemas sociales en la actualidad, derivados de la acumulación grosera de capital, envuelta en el ropaje de una película de adolescentes.

domingo, 7 de enero de 2007

"Tierra mágica" (2004)


"Back to Gaya". Dirigida por Lenard Fritz Krawinkel y Holger Tappe. Protagonizada por (las voces de, en inglés) Patrick Stewart, Emily Watson, Glenn Wrage, Alan Mariot, Bob Saker, John Gerrasio, Reed Pepper, John Schwab, Stephan Lander, Claudia Lössl. Alemania / España / Inglaterra. Año 2004.

¿De qué se trata?
En el reino lindo y chachipiruli de Gaya, los simpáticos (es un decir) duendes gayanos viven una vida relajada y sin tensiones, ideal para lo que bien podría ser un programa de televisión dedicado a los infantes más infantes de la casa. El héroe chulomedias y su fiel patiño el inventor loco se embarcan en una carrera de autos, saboteada por los siempre ineficientes duendes de rigor, para ganarse un casto beso en la mejilla de la princesa. Pero cuando todo transcurre por los cauces del más abierto aburrimiento, surge un tubo cibertrónico de rayos desde el cielo, que secuestra la dalamita, la piedra que proporciona energía a Gaya. Mientras el boachón alcalde Disney's style se echa a llorar, los seis protas (el héroe, el inventor neurótico, la princesa, y los tres villanos ineptos que son el supuesto ingrediente cómico) parten por el rayo con la dalamita, y caen en un lugar inesperado. Es un sitio oscuro, repleto de ladrillos y metal, en poblado hasta las cejas por una raza de gigantes con orejas más chicas que ellos, y bastante malhablados. Poco a poco, mientras buscan la dalamita, descubren un terrible secreto: en ese mundo, las aventuras de los gayanos no son reales, sino que de verdad son un programa de televisión dedicado a los infantes más infantes de la casa, teniendo así la oportunidad de conocer nada menos que al guionista de su propia existencia, además de a un rayado científico loco que busca la destrucción completa y absoluta de la Humanidad... (¿no he escrito esto antes, en alguna reseña de otra película...?).

El espíritu de los tiempos.
El abaratamiento de las computadoras, su capacidad cada vez más pantagruélica para digerir y procesar información, y el refinamiento de los programas de CGI, han llevado a que la animación por computadoras, privilegio de los Spielbergs en tiempos de "Jurassic Park", se haya difundido por todo el mundo. ¡Si hasta en Perú, con "Dragones", se atrevieron a a hacer una de computadoras...! Europa no iba a ser la excepción ni a quedarse atrás, por supuesto, y los germanos, con esa característica meticulosidad industrial tan propia de ellos, se embarcaron en el proyecto. El resultado es... Pues bien... Tratan de hacer un producto digno y decente, siguiendo los pasos de los filmes de Dreamworks ("El príncipe de Egipto", "Shrek", etcétera), pero los traiciona el masacote sentido narrativo alemán. Es, si me permiten la referencia literaria, como si pusieran a Goethe a tratar de escribir el remake de "Las aventuras de Tom Sawyer", de Mark Twain: nadie duda que Twain y Goethe eran titanes literarios, pero cada uno en lo suyo, ¡oh, mein Gott...!

¿Por qué verla?
- La película consigue levantar vuelo. A pesar de su comienzo anémico y lo criminalmente desaprovechada que está la trama y el planteamiento de tipo "mundo fantástico choca con mundo real" (mucho mejor tratado en "Viaje a las estrellas IV", "Héroes fuera de órbita" y otros filmes más), el final compensa. Como la batalla final es en el laboratorio del científico loco, y la peli es alemana, pues, saquen cuentas.
- El científico loco. El profesor N. Icely, diseñado un poco como la versión postmodernista del Dr. No de "El satánico Dr. No", o como el hermano mayor de Síndrome de "Los Increíbles", se come con zapatos al resto del elenco, a pesar de sus modales estereotipados (o quizás precisamente gracias a ellos). Además, si uno es espectador de un cierto nivel intelectual, no puede menos que sentir simpatía por las motivaciones del villano. Y es que a veces de verdad dan ganas de zurrar a la gente estúpida que prefiere leer LUN a un buen libro, y ver a los payasos de "Morandé con Compañía" a una buena película, ¿cómo diablos no va a sentirse uno identificado con eso?
- Los personajes no son tan obvios como parecen. El héroe hercúleo y broncilíneo al final es más pose y apariencia que otra cosa (y no se queda con la chica, y con eso no matamos el suspenso, porque eso se veía venir desde el primer recuadro). El inventor no es un vejete sino un joven nerd, pero sin cargarle las tintas haciéndolo un trekkie de pacotilla. Y los malos malosos ineptos al final resultan ser harto más útiles que ser el simple interludio cómico de la trama (además esta película no es muy cómica, porque tiene esa pesadote humor alemán que, bueno, ya me entienden)...

IDEAL PARA: Ver preparado para todo. Literalmente para todo.

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