11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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jueves, 24 de diciembre de 2009

"El último cuplé" (1957).


-- "El último cuplé". España. Año 1957.
-- Dirección: Juan de Orduña.
-- Actuación: Sara Montiel, Armando Calvo, Enrique Vera, Julia Martínez, Matilde Muñoz Sampedro, Laly del Amo, Aurora García Alonso, Beni Moreno, Luis Orduña, Erasmo Pascual, Consuelo de Nieva, Miguel Fleta, Manolita Guerrero, Antonio Alcázar, Rafaela Aparicio.
-- Guión: Jesús María de Arozamena y Antonio Mas Guindal.
-- Banda Sonora: Juan Solano.

-- "El último cuplé" en IMDb.
-- "El último cuplé" en la Wikipedia en castellano.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Ante nosotros se abre el telón de un retablo cervantino, y una voz de radiolocutor en off nos informa que estamos a punto de ver un homenaje a un mundo que desaparece, el mundo de los cuplés (¡mi Dios, la peli es de 1957, ya lleva cinco décadas a cuestas, y miran a los cuplés como algo pasado de moda!). Pues bien, en ese decadente y franquista 195..., en un cabaret de pésima muerte está la gran estrella María Luján, entregándose tanto al apolíneo arte de la música como al dionisíaco deporte del codo empinado. En ese hundimiento la encuentra un antiguo admirador, que como corresponde al espíritu de la época, expresa su admiración en términos bombásticos y ditirámbicos (ya saben: "en verdad no hay voz tan grande en todo Isr...", perdón, "...en toda España", etcétera). Cual magdalena proustiana, esto abre una catarata de recuerdos, desde 191... (cuán Edgar Allan Poe, esto de esconder el último número del año). En aquellos felices tiempos monárquicos, María Luján era una joven que empezaba a despuntar en el mundo del baile, y además tenía su noviecito. Pero, ¡ay!, la cola del demonio encontró su camino para meterse, y ahí es como descubren a María Luján. Entre la adorable granuja de su tía y su nuevo manejador, se las arreglan para ir dejando en el camino al noviecito, y de paso preparar la carrera de María Luján en los cuplés, arte que ella no quería abrazar porque el cuplé, verán, era para la hez del mundo musical (para ella, zarzuelas y óperas, por favor), pero al final, bueno, así es el mundo y hay que comer... De esta manera comienza una vida llena de resonantes triunfos y ardientes pasiones, con María Luján cada vez más grande que la vida, y al mismo tiempo cada vez más perdida dentro de su propia fama y fortuna... "Behind the Music", vamos.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Para la mayor parte de la gente hubo tonadas medievales, luego música clásica, y después llegó el rock-yeah, y he ahí condensados quince siglos de evolución de la música occidental. ¡¡¡Pobre tonto!!!, diría Mario Baracus. Porque en medio ha existido toda una amplia gama de músicas, como el tango, la polka y más recientemente, gracias a las pelis de Chuck Norris, el gangoso llamado árabe desde lo alto del minarete a la oración. Una de esas músicas, más o menos nativa de Ezpaña (en realidad medio importada, como una buena cantidad de lo que es bueno en Ezpaña, en este caso desde Francia) es el cuplé. El cuplé era para finales del XIX lo que la música tropicaliente para nuestros días: o sea, canciones con una estructura musical simplona, que hablaban sobre sexo (los de la vieja guardia me van a decir que cómo, de qué está hablando Mi General, etcétera, pero en comparación a la zarzuela o a la ópera seria, el cuplé es musicalmente simplón, que más voy a decir, y en cuanto a lo del sexo, es cierto que las letras eran un poquito más elaboradas que "Gasolina" o el ella me bate como si fuera mayonesa, pero el tema es el mismo, e igual de abierto para la censura de la época)... Por su parte, y al revés de los gorgoritos de los cantones de ópera, el cuplé tiene el encanto de lo simple, casi como un haikú japonés. Y como el hip-hop, había cuplés sobre echarse polvos, y otros sobre viscisitud política. Todo eso empezó a desvanecerse más o menos cuando llegó la radio, y el público español tuvo oportunidad de desprovincianizarse y familiarizarse con otros estilos musicales (es lo que tiene el que pierdas todas tus colonias, como le pasó a los ezpañóle en 1898: te olvidas de ser el ombligo del mundo, pares a Ezpaña, escribes unamunadas y descubres que you're not alone in the world). Después vino el paternalismo vigilante de Mi Caudillo, don Francisco Franco, Salvador de Media Ezpaña (a la otra media, la mandó al paredón). El cuplé tenía dos vertientes tocahuevos para Franco: una era la sátira política que ofendía su, ejem, unitarismo institucional, por decirlo así, y la otra vena era esa fijación con "puez, coño, tía buena" (aunque cantado en elegante, claro, pero es que en el idioma que sea, la urgencia sexual es la urgencia sexual), que ofendía su proyecto iglesionacionalista. De modo que por babor o estribor, Mi Caudillo acabó prohibiendo el cuplé, lo que terminó poniéndole la lápida al género. Que han tratado de revivir varias veces, pero con el regusto a fruta congelada de supermercado que tiene cualquier revival: si quieres leer una historia de elfos, anda al original, a Tolkien, y pásate de la "Dragonlance". "El último cuplé" es más que una película: es el digno y gran adiós para un género musical que tuvo sus tiempos de gloria y dejó grandes recuerdos en quienes peinan canas (o que las guardan en un confortable sepulcro, a estas alturas...).

¿POR QUÉ VERLA?

-- Lo dicho. Esta peli es un gran retrato de lo que fue la España cupletera, aquella España popular del XIX, que por ser provinciana y vivir de espaldas a la civilización, desarrolló su propio microclima cultural. Ya para 1957, como la peli se encarga de transmitir sutilmente, toda esa cultura había sido reemplazada por el espíritu franquista de las vacaciones en Marbella; las pelis de Pili y Mili estaban ya a la vuelta de la esquina. Pero este filme es un más que digno colofón. O la primera mitad, por lo menos. La segunda recorre los caminos del Music Hall, en particular cuando María Luján, en el colmo de su triunfo, emprende gira por Estados Unidos y canta después del fin de la guerra en Francia (sí, antes que la Edith Piaf de "La Vie en Rose" fue... ¡¡¡MARÍA LUJÁN!!!).

-- Es también un destacado exponente del género cinematográfico que podríamos llamar "Behind the Music", y que muestra el ciclo triunfo-borrachera-degradación-miseria-regreso-apoteosis de cualquier músico que se precie de tal (un músico que no ha pasado por un triunfo glamoroso al comienzo y luego se haya hundido en los infiernos del alcohol y la droga, no es un músico, no importa qué tan Mendelssohn sea). Sabemos lo mucho que morbiliza a la gente esto de ver a los grandes emborracharse de éxito a barricas, para luego verlos caer y revolcarse, en particular cuando no es mala suerte externa sino que se la andan buscando, y esta peli ofrece de esto. Porque hay que ver lo malagradecía que es la María Luján que le dicen, con los que tratan de apuntalarla en su camino. Y lo de apoteosis final es literal, con ese regreso que ni la Edith Piaf en el Olympia de París, oigan... (además, María Luján hizo su retorno triunfal en una peli de 1957, así es que es tres años antes que la francesa).

-- Sara Montiel. La peli la muestra bella, y además se luce cantando distintas canciones (no sólo cuplés). No puedo describir esto. Mejor prueben a verla. Ni Madonna en sus mejores días, dénlo por hecho. De hecho, en aquellos años Sara Montiel empezaba a triunfar en Hollywood, y se dice estaba liada, ahí es nada, con James Dean (se supone incluso que iba a viajar en ese auto fatal en que James Dean partió a la eternidad). Pero con "El último cuplé" regresó a España, y le fue tan bien que se olvidó de ser la joven promesa de Hollywood siguió haciendo pelis como la gran reina del cine musical ezpañó. Ya sabes lo que dicen: mejor ser cabeza de ratón que cola de león. Lo que Sara Montiel entendió por las buenas, después Penélope Cruz hubo de entenderlo por las malas...

-- Hay ciertas situaciones fílmicas que son de una ingenuidad desarmantes. Para los efectos del melodrama cincuentero estaban bien, pero ahora invitan a una sonrisa condescendiente, o peor aún, a la carcajada postmoderna. Aún así, siguen teniendo su valor justamente por esa naiveté, por el recuerdo de cuando las cosas eran menos complicadas, y bastaba con mostrar una línea férrea desde un tren traqueteando, junto con sobreimpresiones de los nombres de las ciudades, en plan Looney Tunes, para dar a entender que la artista estaba de gira y pasando de triunfo en triunfo. Y ya no digamos ese final hecho para sacarle lagrimitas de emoción a las veteranas... Podrían volver a hacer películas como ésta. Las llamaríamos, no sé... Retromusicalismo.

IDEAL PARA: Hacer ejercicio de nostalgia con un gran musical que viene nada menos que desde... ¡¡¡ESPAÑA!!!

VIDEOS.

-- Sarita Montiel cantando "Tú no eres eso" en la peli [en español, ¿necesitan subtítulos acaso?].

-- Sara Montiel canta "Sus pícaros ojos" [en español].

jueves, 9 de abril de 2009

"El maullido del gato" (2001).


-- "The Cat's Meow". Inglaterra / Alemania / Canadá. Año 2001.
-- Dirección: Peter Bogdanovich.
-- Actuación: Kirsten Dunst, Edward Herrmann, Eddie Izzard, Cary Elwes, Joanna Lumley, Jennifer Tilly, Claudia Harrison, Victor Slezak, James Laurenson, Ronan Vibert, Chiara Schoras, Claudie Blakley, Ingrid Lacey, John C. Vennema, Steven Peros.
-- Guión: Steven Peros, basado en su propia obra teatral.
-- Banda Sonora: Ian Whitcomb.

-- "El maullido del gato" en IMDb.
-- "El maullido del gato" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Hollywood puede ser un lugar tan elegante, tan chic, tan... sucio. Tan mortal. ¿Quién es la persona dentro del ataúd? Sólo hay rumores, todos cuentan la historia a su modo... Podemos quedarnos con la versión de Elinor Glyn, por ejemplo. Una versión que principia a bordo del yate de William Randolph Hearst, el chupimillonario de los medios de comunicación. Un yate al que llega Thomas H. Ince, un tipo tan sobrado como semifracasado en el negocio de Hollywood, al que van a celebrar el cumpleaños... lo que en realidad es más bien un pretexto para la fiestoca (léase sexo, drogas...). Está presente Marion Davies, la amante de WRH, a quien WRH ama con todo su corazón (entonces podría divorciarse de su esposa y casarse con ella, ¿no? Say it with me: dick-dick-dick-dick-dick...). Y también Charles Chaplin, que ha dejado preñada a una de sus actrices, y aún así tiene la cara y tupé para hacer la rutina del vagabundo frente a la Davies para ver si puede encamarse con ella... Y también una retahila de otros invitados, incluyendo a la clásica y descocada bailarina de charleston que, promediando la peli y ya en plena orgía, se bajará el vestido y nos mostrará sus Josephine Baker. Poco a poco, Chaplin empieza a acosar el cerco en torno a Marion (¡eso no se hace, birlarle la chica al anfitrión del yate...! Aunque sea porque puede tirarte por la borda y aquí nadie ha sido...), de una manera tan poco inteligente que todos empiezan a darse cuenta de lo que pasa, salvo como de costumbre el señor Cornelius (por supuesto, que también le pone cuernos a su señora...)... Y Thomas Ince, que no por nada es una sanguijuela despreciable, está ávido de usar esa información para hacerse amiguete de WRH y así conseguir financiamiento para sus pelis. La tragedia está servida, por supuesto, y ya sabemos que uno de ellos saldrá con las patitas por delante, con su terno de madera bien puesto.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Peter Bogdanovich sufrió el destino común a tantos y tan señalados pioneros en el mundo del cine y del arte. En los '70s era parte de la tunda de imberbes que, empepados hasta el querétano de Cahiers du Cinéma, se dedicaron a decir "Nuevo Cine o muerte", y con sus coleguetes Friedkin, De Palma, Scorsese, Ford Coppola, etcétera, se las dieron de renovadores. Mirada hacia atrás, esta voluntad de back to the basics es casi risible porque les pasó los que a tantos revolucionarios, que estaban seguros de estar CONTRA algo, pero no estar A FAVOR de algo, y por lo tanto, de pronto despertaron y se encontraron que ELLOS eran la voz del cine oficial, y así es como su cine entró en una profunda espiral de decadencia. Que la noticia más importante para él desde 1975 en adelante no sea ninguna peli suya, sino el haberse afilado a Dorothy Stratten (la conejita Playboy que, a resultas de esto, fue asesinada a escopetazos por su noviecito celoso), y después haberse casado con la hermana menor de la Playmate, algo dice. En medio de sus ires y venires crepusculares, Bogdanovich decidió rodar esta peli, más o menos inspirada en eventos reales (en la historia real, el incidente en que se basa nunca fue bien aclarado, probablemente porque money talks...). Supongo que podemos decir que se dio el gusto, porque en realidad nadie la vio. Comprensiblemente, por lo demás. ¿A quién carajos le importa una peli sobre un productor olvidado del cine mudo, con una tropa de actores de segunda división, y que no tiene ni sexo ni escándalo? ¿Quién vería algo así...? Pues bien... General Gato la vio, y está listo para entregar su reporte.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Partamos por el principal escollo de esta peli, para que después no la vean diciendo "el General Gato la recomendó" y se queden desconcertados y ensartados con su seguro servidor quien esto maulla y escribe. El guión es, no diré débil (no lo es), pero más que un poco pueril. A lo largo de la peli se va construyendo tensión dramática, un poco a lo Agatha Christie, mostrando a varios personajes, uno de los cuales sabemos va a terminar fertilizando narcisos, pero en el momento de la verdad todo se resuelve de una manera tan increíblemente forzada que, es que ni un culebrón venezolano, oiga... Pero si exceptuamos eso, la peli está dirigida con dignidad y solvencia. Hay hallazgos notables, como la escena inicial en la que vemos el féretro sin saber quién va adentro, y después la escena cambia a retrospectiva, sobreponiéndose por un instante la imagen del dichoso ataúd con la del yate en que ocurrirá la tragedia. Pero esto no quiere decir que la peli sea malabarismo o birbiloque, sino que estos destellos de pirotecnia narrativa están bien mesuraditos, de manera que la peli fluye naturalmente. La presentación de personajes funciona bien, considerando que son varios de ellos, cada uno con bien poquitas líneas, pero aún así podemos seguirles la pista a todos y saber quiénes son sin extraviarnos por falta de carta de navegación. Y el final, que le quita harto aire a los neumáticos, aún así tiene un dejo melancólico, un "miren lo que hemos visto, y lo que el mundo nunca sabrá"... Sí, la historia tendrá debilidades y algún que otro agujero monumental, pero por lo menos está bien contada, y eso siempre se agradece.

-- Los protagonistas están notablemente bien. Kirnsten Dunst, superada su etapa de niñita chupasangre en "Entrevista con el vampiro", y oscilando entre el culturetismo de "Vírgenes suicidas" y el popcornerismo de "Triunfos robados" un año antes de su gran irrupción como Mary Jane Watson en "Spiderman", trata de alejarse de sus clásicos tics actorales para darle vida a Marion Davies, y a veces incluso lo consigue. Edward Herrmann es un buen William Randolph Hearst, amable y fiestero según lo seguro que está de poder ponerle el pie encima a todo el resto del mundo a golpe de chequera, pero tan indefenso como un niño cuando le arrebatan aquello que verdaderamente quiere (la chica, en este caso). Eddie Izzard, por su parte, interpreta a Charles Chaplin de una manera un tanto desafortunada, aunque concedámosle que tenía la vara alta, una porque... It's Chaplin, man...!!! Y dos, porque estaba a nueve años de distancia en el futuro de la que por décadas será la interpretación canónica de Chaplin por excelencia, que es la de Robert Downey Jr. para el biopic "Chaplin". Pero de que se esfuerza, se esfuerza. El sanguijuelesco Thomas Ince es interpretado por su solvencia habitual por el gran Cary Elwes, que como hemos dicho es el gran actor al que nunca le llegó su gran rol, y que en ese tiempo tenía que llevar legumbres a la mesa trabajando en la ya por entonces agotada franquicia televisiva de "Expedientes secretos X" (algunos años después, los amigos del cine de terror lo conocerán por "El juego del miedo"). Jennifer Tilly por su parte se luce como la pizpireta y métomentodo Louella Parsons, interpretándola de manera un tanto caricaturesca, pero reforzando con ello el aire de farsa general que tiene todo el tinglado.

-- ¿Qué queda al final de esta peli? Sin lugar a dudas, el sentimiento predominante es la melancolía. La moraleja nunca se explicita en la peli, pero a través de la recreación del mundo del cine clásico, puro oropel por delante y pútrido entre bastidores, es claro que Bogdanovich le ajusta cuentas al Hollywood de toda la vida, al que te atrapa y devora y después escupe tus huesos secos. No creo sea casualidad que uno de los grandes villanos sea William Randolph Hearst, que fue tan sangrantemente caricaturizado en "Ciudadano Kane" (según Bogdanovich, la anécdota de la peli fue sugerida por Orson Welles, lo que nos sitúa a lo menos quince años antes de su realización, y el propio Bogdanovich ha sido saludado como un director "wellesiano" de estilo y temática...), y que es uno de los prototipos más sólidos de sociópata con poder dentro de la cultura fílmica estadounidense (o por lo menos lo era hasta antes del Gordon Gekko de "Wall Street" y de Bill Gates). Y en un sentido más genérico, un poco a la "Gosford Park" (que es del mismo año, por lo demás), la peli utiliza los códigos del cine agathachristiano para subvertirlos y deconstruirlos, y mostrarnos que no necesariamente hay detectives heroicos cada vez que hay un crimen, que el bien no necesariamente vence sobre el mal, que el universo no tiene por qué ser un constructo racional (o si lo es, Dios puso los planos en el anaquel de al lado, y nosotros sin enterarnos), y que después de la tragedia nuestras vidas llenas de brillo, pero al final finitas y vacías, prosiguen como si nada hubiera pasado y como si los bárbaros no estuvieran gentilmente pidiendo el paso allá en la puerta. ¿Deprimente, dicen ustedes? Bueno, a mí no me miren, yo sólo soy el mensajero...

IDEAL PARA: Ver una peli con fortalezas y debilidades, sobre el oscuro submundo detrás del fasto de la vida.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].


domingo, 5 de abril de 2009

"El sustituto" (2008).


-- "Changeling". Estados Unidos. Año 2008.
-- Dirección: Clint Eastwood.
-- Actuación: Angelina Jolie, Jeffrey Donovan, John Malkovich, Jason Butler Harner, Colm Feore, Michael Kelly, Amy Ryan, Devon Conti.
-- Guión: J. Michael Straczynski.
-- Banda Sonora: Clint Eastwood.

-- "El sustituto" en IMDb.
-- "El sustituto" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Angelina Jolie es una madre que trata de educar a sus retoños que... Er... Aclaremos primero que se trata de su papel en la peli, no de ella misma coleccionando tercermunditos como cromos de beisbolistas. ¿Claro? Bien, sigamos. Es 1928, y ser madre soltera en la época es algo un tanto complicado, you know, no poder volver a casarse, medirle el crecimiento al crío haciéndole marquitas a la pared, obligada a usar unos patines que la hacen ver ligeramente estúpida en una central telefónica de ésas con operadoras enchufando cables en un tablero para comunicar a la gente... (qué época aquélla). De pronto, un día cualquiera, le promete a su crío que lo llevará al cine, a ver tal o cual peli, y una buena nueva serial sobre un piloto misterioso que... ehm, es misterioso, no puedo decirles qué es (y de hecho, no los vemos después ir al cine). La llaman por teléfono por un trabajo y dice que irá, y entonces le promete al crío que la cita no se cancela, que sólo está postergándola un día (todas dicen lo mismo), lo que la pone en evidencia como alguien que no ha visto esas pelis en que quedan asuntos pendientes y después los asuntos pendientes no se resuelven para incrementar la culpa de la prota y todos nos sintamos más mal. En fin. El caso está en que ella va al trabajo, y al regresar, el crío no está. Llama al LAPD, y le dicen que espere 24 horas, que los chicos macarras se van y después vuelven solitos. Pasan las condenadas 24 horas, y el LAPD debe entonces hacerse cargo (damn it! Con lo bien que se resuelven las cosas cuando es un chico macarra que simplemente se ha ido por una noche). Pasa el tiempo, y de pronto aparece un crío que encaja con la descripción. Lo traen. Pero nada más verlo, nuestra esforzada madre se da cuenta de que no, éste no es mi chico, que de dónde lo sacaron, etcétera. El poli dice que no, que es el chico, que ha sido determinado con los más chupis y medicosos avances médicos forenses de la época, que se acostumbre y lo tome por una temporada, y si le gusta, se queda con el producto. De manera que nuestra atribulada madre toma consigo su hijo 2.0 y se lo lleva para la casa. Pero en la casa lo espera una prueba definitiva: resulta que el chico es palma menos que la marca en la pared. Y como los niños hoy en día no se encogen porque vienen sanforizados, Angelina Jolie va a reclamar que no es el producto que pidió, que se lo cambien y le traigan el de verdad, que para eso son la policía, joer. La batalla por averiguar la verdad sobre su hijo ha comenzado, y la poli, corrupta hasta la médula de la silla de ruedas, hará lo imposible por limpiar su prestigio tapándole la boca a la madre...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Hace rato que Clint Eastwood viene consagrado como uno de los mejores directores de Hollywood. La receta es simple. Eastwood es un clásico. Uno formado en la escuela de machos viriles como John Ford, no locazas como MgG. Su cine, por lo tanto, es recio y firme, no pirotecnia sin sentido. Clint Eastwood no ha olvidado la regla palmaria según la cual lo más importante es contar la historia, no reemplazar la creatividad con FXs molones. En su cinema doble "La conquista del honor" y "Cartas desde Iwo Jima", Clint Eastwood había vuelto a probar quién era de verdad, y desde entonces había estado tranquilito en eso de dirigir. Y ¡ZAZ!, que cuando decíamos que el vejete ya ni chus ni mus, ¡SORPRESA!, se nos descuelga con dos pelis casi al mismo tiempo, con "El sustituto" y "Gran Torino", haciéndose casi la competencia a sí mismo copando las salas de cine (hácete ésa, Jerry Bruckheimer). Aunque en lo de "El sustituto" casi-casi, porque no se suponía que la fuera a dirigir él, y Clint Eastwood se sentó en el sillín del director una vez que Ron Howard se salió para rodar "Frost contra Nixon". Salimos ganando, porque quizás qué le hubiera metido Ron Howard, a lo mejor hubiera puesto a la madre a ver números misteriosos en la pared como en "Una mente brillante" y "El Código da Vinci"... En realidad el padre conceptual de la criatura es J. Michael Straczynski, que estuvo un año entero buceando entre archivos para reconstruir la historia, y que es mejor conocido por ser el hombre orquesta detrás de esa parida Sci-Fi que fue "Babylon 5" (¡¡!!). "El sustituto" estuvo postulado para ver si podía comerse algún hombrecillo dorado en los Oscares, y como suele pasar con las buenas pelis, quedó mirando para la carnicería, frente al acorazado "Slumdog Millionaire". Luego, fue opacada por "Gran Torino" (lo dicho, Eastwood haciéndose la competencia a sí mismo). Pero no importa. Ninguneada y todo, hasta por su propio autor, sigue siendo una buena peli. Recia. Viril. Como las que se hacían antes. ¿Cómo las que se hacían antes? ¡Como las que siempre deberían hacerse, demonios!

¿POR QUÉ VERLA?

-- Lo que decíamos. Es una peli con una dirección sólida como un roble. Vale que a veces la historia parezca un poco ejem-esto, ejem-aquello, cayendo a ratos un poco en la caricatura (los buenos son todos sensibles y emocionales, los malos son todos fríos y calculadores... chantaje emocional clásico y viejo como el cine mismo, e incluso anterior). En cierto minuto uno puede preguntarse (y la peli esto no lo resuelve) cómo tal o cual funcionario policial fue tan estúpido como para tratar de hacer una barrabasada como la de la peli, cambiar un niño por otro, y pensar que la madre fuera a tragarse el anzuelo con plomada, caña y pescador de yapa, y hubiera sido bueno que la peli en algún minuto se hiciera cargo del asunto, pero por otra parte hemos visto a tanto tarado sentado en puestos de responsabilidad dejando desastres peores, que bueno... (el último, a la fecha de esta peli, solía vivir en Avenida Pennsilvania 1600, y sea dicho para el registro criminal, dejó clavado al Gobierno de los Estados Unidos con una deuda pública siderostronómica, además de asesinar por interpósita mano a cientos de irakíes y marinesen una guerra absurda). Pero aún así, con estos baches narrativos y todo, Clint Eastwood toma siempre las opciones más directas para contar el cuento, y consigue que una historia potencialmente desastrosa se transforme, si no en algo memorable, por lo menos en entretenida. Y entretenida de la manera honesta, o sea, sacando la tensión del drama de los personajes, y no de ninguna parafernalia adicional. ¿Pudo haber sido incluso mejor? Probablemente sí. Pero así como está, es tensionante y buena de principio a fin, con armas narrativas leales, y al final queda, por una vez en la vida, la sensación de que has visto algo con significado, y no sólo un mero pasarratos (o peor aún, una de esas pelis que tratan de vendértelas con significado y en realidad no tienen ninguno, como las pelis de... bueno... lo siento, Ron Howard, acabo de mencionarte hace tres minutos y todavía andas por aquí, así es que, a los lobos contigo...).

-- Angelina Jolie. Quienes seguíamos a la Jolie desde tempranito (pasando sus lúbricos nudies en la por otra parte olvidable "Cyborg 2"), en pelis como "Unidas para siempre", "Gia" o "Inocencia interrumpida" (en donde le robó el prota en la cara a Winona Ryder, por no hablar del Premio Oscar), e incluso podríamos mencionar la por otra parte olvidable y semiolvidada "El coleccionista de huesos", sabíamos que teníamos a una gran actriz, pero después se le ocurrió botarse a chica sexy con cosas como "Tomb Raider" o "Sr. y Sra. Smith", echando por la borda cualquier intento de aproximación con el cerebro de arriba para privilegiar el otro cerebro, el... bueno... ya saben cuál. Pero no desesperéis, cachorros míos. Debajo del bótox y la silicona, seguía habiendo una gran actriz en potencia, y ahora, en la hora más inesperada, vuelve por sus fueros. En esta peli Angelina Jolie es más que un ser humano, es más que un personaje, es casi una fuerza de la naturaleza. Su papel le exige mucha pasividad y contención, de manera que no puede expresar el dolor o la desesperación por la vía fácil del exhabrupto, y puesta contra las cuerdas en esa tesitura, saca uno de los mejores roles de su carrera. Uno puede comprender mentalmente el dolor de una leona herida porque le han birlado al cachorro, pero el rol de Angelina Jolie simplemente lo clava en el corazón. Y pensar que Clint Eastwood dijo que la había fichado porque su carita encajaba bien con la época... Bueno, no puedo decir que yo fuera tan inocente, si yo también quedé preguntándome en qué diablos estaba pensando Clint Eastwood (con el cerebro de arriba, se entiende) para ficharla como prota de una peli tan hondamente dramática, si la Jolie hacía tiempo que no se mandaba un rol como corresponde (lo siento, neumáticos labiales y pectorales no cuentan), pero resultó que todos los temores eran infundados, y tenemos una prota que, como dicen los ezpañóleh, está como la copa de un pino. Bien por ella. Y bien por nosotros, que no tuvimos que sufrir en el proceso.

-- El resto de la peli está en su punto de cocción. John Malkovich desentona un poco siendo demasiado Malkovich y rompiendo un poco la ilusión de la peli (es que lo hemos visto en tantas con esos roles un poco al borde que se gasta...), aunque concedámosle que trata de hacer matices sobre su rol de villano en "Eragon" (aquí es el bueno, de todos modos), pero a cambio tenemos en Colm Feore un malo soberbio (sí, el pseudoBush de "La batalla de Riddick" es el malo acá), y como henchman del villano tenemos a Jeffrey Donovan, que es de verlo y salir a putearlo a funas de por vida por cabrón jodepú. Mención especial se gana Devon Conti como el criaturo que supuestamente es el niño recobrado (el "changeling" del título, en el folklore europeo el changeling es un espíritu que se dedica a suplantar niños), y que ofrece una actuación enormemente creepy por la sangre fría con la que actúa. Alrededor la atmósfera de época está bien conseguida (aunque a ratos el recurso al CGI hace que todo se vea demasiado como de postal de época), sin necesidad de recursos baratos como presentar el enésimo club de swing que hayamos visto en estas "de época". Y el minimalista soundtrack, compuesto por Clint Eastwood himself (un apasionado del jazz desde siempre, como que nos regaló "Bird" en su minuto) termina de crear la ilusión, renunciando (¡en buena hora!) a la ampulosidad de las partituras con coritos góticos que ha campeado a sus anchas en el cine de los 2000s para deliberadamente go-down the feeling y generar empatía desde lo hondo.

IDEAL PARA: Ver un drama como los de siempre.

VIDEOS.

jueves, 1 de enero de 2009

"Los Intocables" (1987).


-- "The Untouchables". Estados Unidos. Año 1987.
-- Dirección: Brian de Palma.
-- Actuación: Kevin Costner, Sean Connery, Charles Martin Smith, Andy García, Robert de Niro, Richard Bradford, Jack Kehoe, Brad Sullivan, Billy Drago, Patricia Clarkson, Vito D'Ambrosio, Steve Goldstein, Peter Aylward, Don Harvey, Robert Swan.
-- Guión: David Mamet, inspirado en el libro de Oscar Fraley y Eliot Ness.
-- Banda Sonora: Ennio Morricone.

-- "Ir a la página" en IMDb.
-- "Los intocables" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Chicago, en la época de los sombreros de fieltro y las descocadas bailando fox-trot. La Prohibición está en vigor. La Mafia se está forrando mientras vende licor de contrabando. Sobre todos ellos, comiéndose a la ciudad entera, está Al Capone, el tipo que cobra tributo por, ejem, protección no pedida contra nadie en realidad, porque si estás bajo el alero de Al Capone entonces no tienes otro enemigo. A la ciudad llega un poli llamado Eliot Ness, que va a cambiar todo esto. El crimen organizado tendrá que apañárselas dos veces. ¡Ah, pero este Eliot Ness no es el de Robert Stack, siempre cold-as-ice, papeándose mafis a gusto! No, éste es un pobre agente del Tesoro que viene desde la Big City a este páramo perdido de los Yueséi, armado valientemente con el Libro de Instrucciones, sólo para descubrir que éste no sirve de nada en una ciudad en que, pues bien, por decirlo en términos simples, nadie sigue el condenado Libro de Instrucciones. Decepcionado porque lo han dejado listo para el número de intermedio en el Circo Barnum, Eliot Ness rumia las penas de su 1-0 en contra, en un puente, sólo para ser detenido por, miren ustedes qué casualidad, el único polizonte en toda la ciudad que no es corrupto. El pobre Ness ya no haya a qué ánima encomendarse (¿a qué santo se abocarán los fieles servidores del Derecho Tributario?), de manera que le pide ayuda a nuestro único polizonte no corrupto en todo Chicago. El otro, pues bien, mejor que no, mira que mi jubilación anda cerca, pero al final, bueno ya, si después de todo mi placa dice "proteger y servir", ¿no? (Bueno, hay quienes leen "protegerSE y servirSE", pero en fin...). Así, transformado en el joven padawan de Malone (el poli no corrupto), Eliot Ness comenzará a construir su propia organización para librar la batalla definitiva... ¡¡¡Librar a Chicago del malvado Al Capone!!!

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

A lo largo del tiempo, los Intocables de Eliot Ness han conseguido crear su propia leyenda y pasar a las páginas gordas de la Historia. Bien mirado, su importancia fue mínima: fue apenas un policía enredado en una guerrita de limpieza contra un mafioso local en una ciudad no tan de primera fila a nivel mundial, defendiendo una ley que alcanzó a estar apenas una década en vigor. ¿Cómo es entonces que llegó a ser un episodio tan importante de la Historia que marcó al siglo XX más que la Guerra del Chaco, el Principio de Incertidumbre de Heisenberg o las querellas internas de los surrealistas? Bueno, en primer lugar pasó en América, y América es el mundo, YEAH!! En segundo lugar, hay una carga épica en la historia de "solos contra todos", especialmente cuando esos solos son el último bastión de la decencia en contra de la criminalidad. En tercer lugar, Eliot Ness demostró ser un excelente relacionador público de sí mismo, escribiendo años después sus memorias, las que sirvieron de base (bastante libremente) para una mítica serie policial de TV, la que protagonizara Robert Stack como Eliot Ness. Más tarde o más temprano, alguien iba a encontrar que era buena idea adaptar la historia al cine. A finales de los '80s, lejos de ser el lugar común en que se transformaría después (¡Dios, si hasta hicieron "Mi marciano favorito", qué criminales!), adaptar una serie de TV para el cine era algo todavía casi aislado; experimentos como "Viaje a las estrellas: La película" eran casi saltos en el vacío. Pero la experiencia rindió buenos frutos. Le encargaron el asunto a Brian de Palma, quien se estaba haciendo su nombre después de adaptar a Stephen King en "Carrie", y crear pelis ezque-Hitchcock como "Doble de cuerpo" o "Vestida para matar". El resultado fue una obra maestra, una fina y de las mejores pelis de suspenso y acción de todos los tiempos, al nivel del viejo cine noir de John Huston o el de las pelis de Humphrey Bogart. Nada mal, considerando que, según se dice, Sean Connery había aceptado participar a cambio de un resignado 10% sobre las utilidades, creyendo que la recaudación iba a ser papel mojado y algo más... (ni digamos cómo se forró en ésa, ahora saben por qué se retiró...).

¿POR QUÉ VERLA?

-- Es, con toda probabilidad, la obra maestra de Brian de Palma. Sus filmes anteriores son interesantes, pero no pueden evitar un dejo a "sí, está bien, señor de Palma, pero antes Hitchcock ya había hecho esto, y mejor". Aquí acumula toda su experiencia de sus, por entonces, doce años de trabajo dirigiendo pelis, y construye una cinta que no deja respiro al espectador, no por el viejo truco de embrollar escena de acción tras escena de acción, sino por la combinación de los viejos y nobles metales del gran cine de toda la vida: buenos actores, un buen guión, buena cinematografía, una impecable banda sonora. Ah, bueno, también está el más que forzado homenaje a Sergei Eisenstein y su "Acorazado Potemkin", con las escenas de la escalinata, sangrantemente parodiada en "Y dónde está el policía 33 1/3: El insulto final", un exceso típicamente depalmiano que rompe los equilibrios de la peli, pero hasta en esta grandilocuencia resulta una peli querible, aunque sea por la buena cinematografía y la impecable edición. Nada mal, si se considera lo arriesgado del guión, que... bien, hablemos aparte del guión.

-- El trabajo de guión estuvo a cargo del gran David Mamet. Una peli con guión de David Mamet siempre es una buena noticia, porque no en balde, él proviene del mundo de las tablas, y allí aprendió más que bien los resortes de contar una buena historia a punta de buenos diálogos. La historia, bien mirada, no es sino un amasijo de lugares comunes. Tenemos al supervillano más malvado que la vida y más cruel que la muerte, al jovencito embarcado en el aprendizaje de su vida al lado de un senior que lo irá guiando con firmeza paternal, al equipo de solitarios justicieros luchando contra todo y contra todos, las escenas de vida familiar, el duelo con el matón del jefe malvado... Bueh, ya saben lo que se dice: si funciona, no lo cambies. Estos elementos han funcionado desde que el cine es cine, porque proporciona algunos resortes primarios frente a los cuales el espectador puede fácilmente identificarse, y Mamet no pierde ocasión de utilizarlos. La maestría no está en lo original, sino en la aguda manera de explotarlos para una cinta al mismo tiempo completamente comercial, y por otra parte, hecha con voluntad de crear algo grande. ¿Qué, se toma demasiadas libertades históricas? Bueno, hombre, se supone que es una peli y no un documental de The History Channel, y si no te gusta, vete a ver NatGeo.

-- Los actores están increíbles, todos ellos, incluso superándose a sí mismos muchas veces. Robert de Niro como Al Capone a ratos es demasiado de Niro, pero sin lugar a dudas que construye un gran villano, y de la pataleta final cuando es finalmente derrotado ya no hablemos. Su gran contrincante, Eliot Ness, está impecablemente interpretado por un jovencísimo Kevin Costner, que como en esos tiempos iba de garbancero, se esfuerza como nunca, y si bien no está tan maduro actoralmente hablando, se saca los zapatos interpretando a un policía que suple su inexperiencia y torpeza con un espíritu aguerrido a toda prueba; el héroe de toda la vida, al máximo, vamos. Nunca Costner ha sido tan heroico como aquí, y cuesta pensar que tomó el rol únicamente porque lo declinó Harrison Ford (bueh, también Mel Gibson, Michael Douglas, y ¡Don Johnson!). A su lado está el senior, Malone, interpretado por el gran Sean Connery, y si bien alguna vez este vejete fue James Bond, aquí está magnífico y suntuoso, quizás incluso más heroico que Costner (supuestamente no debía opacarlo), aunque es justo reconocer que su personaje tiene un pathos más trágico; después de todo, se supone que Eliot Ness recién está aprendiendo lo que significa ser un héroe, mientras que Malone viene de vuelta, y aún así acepta sobre sus hombros la carga de salvar al mundo (o a una ciudad, en este caso). Andy García, por su parte, antes de su gran rol en "El Padrino III", se las apaña para pararse de manera más que digna frente a los anteriores, en el clásico rol del nofallountiro y compañero fiel del héroe. El cuarteto de intocables se completa con Charles Martin Smith, el tesorero metido a poli de tiro limpio que en su calidad de torpón oficial del grupo, podría haber sido un personaje detestable, pero que se transforma en querible y entrañable, y por Dios que duele cuando le pasa lo que le pasa. Por el lado de los villanos, el secuaz de Al Capone viene interpretado por un viejo conocido de las pelis Cannon de Chuck Norris, como es Billy Drago, quien construye un matón tan detestable, que en el enfrentamiento final dan ganas de saltar a la peli para cargárselo a uno en persona (pueden ver al señor Drago en pelis como "El jinete pálido", "Invasión USA" y "Fuerza Delta 2"). Y finalmente mencionemos a Brad Sullivan como el poli corrupto que por un lado no le tiene asco al dinero de Capone, pero por el otro, trata de salvar a Malone, más que nada por los buenos y viejos tiempos, todo un secundario de lujo que sí, es capaz de pararse one-on-one frente a Sean Connery en uno de sus más brillantes papeles, a ver quién es el guapo que se cuenta una como ésa. ¿Cuándo fue la última vez que tuvieron delante de sus cansados ojitos cinéfilos un elenco tan musculoso como éste?

-- Ennio Morricone. Sí, el señor Morricone, insigne creador de afamados OST como "El bueno, el malo y el feo", "Erase una vez en América", "La misión" o "Cinema Paradiso" (ésas y otras cuatro centenares, el muy incontinente), le compone el soundtrack a una peli de buenos chicos americanos (bueh, un irlandés y un macarroni) contra un puñado de mafis italianos. El trabajo de Morricone para esta peli es simplemente una joya, con un tema central muy distintivo, un ampuloso y acogedor tema para el entorno de Al Capone, y momentos de gran lirismo para las escenas de familia o más dramáticas.

-- ¿Cómo demonios elegir uno, y sólo uno, un momento memorable? Veamos, está la escena inicial en que vemos toda la brutalidad del reinado de terror de Capone, están las conversaciones entre Ness y Malone, está toda la secuencia del contrabando detenido en Canadá, las apariciones estelares de Frank Nitti haciendo de las suyas, el enfrentamiento final entre Costner y Nitti, las escenas de familia como alivio al drama... o los grandes diálogos: "si quieres una manzana, no vas a donde están podridas...", "¡No apruebo sus métodos, señor Ness...!", "¡Señor, se le quedó su maletín...!", "Chilló como un cerdo irlandés", "Dime, hijo, ¿por qué quieres ser policía...?". Sí, ya sé. He cortado deliberadamente los diálogos, y además los he puesto en desorden. Eso es simplemente para abrirles el apetito.

IDEAL PARA: Ver una obra maestra del cine de suspenso y acción.

OTRAS PÁGINAS SOBRE "LOS INTOCABLES":

-- (Ir a la página) Comentario en Miradas.net.
-- (Ir a la página) Comentario en La Cinefilia.
-- (Ir a la página) Comentario en Ojo Al Parche.
-- (Ir a la página) Comentario en La Linterna Mágica.
-- (Ir a la página) Comentario en El Teatro De Los Sueños.
-- (Ir a la página) Comentario en Ven A Verlo.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, subtítulos en español].

jueves, 22 de noviembre de 2007

"El huevo de la serpiente" (1977).


-- "The Serpent's Egg". Estados Unidos / Alemania Occidental. Año 1977.
-- Dirección: Ingmar Bergman.
-- Actuación: David Carradine, Liv Ullmann, Gert Fröbe, Heinz Bennent, James Whitmore, Glynn Thurman, Georg Hartmann, Edith Heerdegen, Kyra Mideck, Fritz Straßner, Hans Quest.
-- Guión: Ingmar Bergman.
-- Banda Sonora: Rolf A. Wilhelm.

-- "El huevo de la serpiente" en IMDb.
-- "El huevo de la serpiente" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Las más de las veces, hacer un resumen de las tramas de las películas es una labor divertida, quizás la más divertida de hacer una reseña o comentario, pero no siempre es así. Este es uno de esos casos. Pero hice un juramento ante los altares de Bastet y el Gato Garfield, y por la vida de mi amo el que me da Whiskas, que he de cumplirlo. Así es que acá va. O algo así al menos, porque resumirla es un tanto complicado, siendo más bien una película episódica que un argumento sólido como una roca. Veamos. Hay un individuo llamado Abel Rosenberg, que por si no lo notaron por el nombre y apellido, es judío. Ya ser judío es una mala cosa las nueve décimas partes de la Historia (te putean los egipcios, los filisteos, los asirios, los caldeos, los griegos, los romanos, los católicos, los rusos, los nazis, los palestinos...), y para colmo este judío, además de puteado, no pertenece a la conspiración judeomasónica de los Rothschild y similares, de manera que anda con los bolsillos planchados a más no poder. Para hacerlo más desgraciado, vive en la Alemania de 1923, con una República de Weimar cayéndose a pedazos, con grupos parafascistas recorriendo las calles, y con una inflación que se come todo el salario de la gente en cuestión ya no de días, sino de horas (y eso fue histórico). Además, es que debemos ver para creer la de desgracias que le caen encima al pobre sujeto. Es un trapecista de circo, se le muere el hermano (suicidio), se le muere la cuñada (otro suicidio más), la policía lo interroga por lo que pueda saber respecto de esas muertes y unas cuantas más por el barrio (y a ese paso, por la muerte de Nerón y la de Cristo también, porque cuando hay que cargarle la mano a alguien...), lo echan de su pensión, está a punto de sucumbir en las manos de un escuadrón de camisas negras... y algo pasa con él, que ni siquiera es capaz de copular decentemente con Liv Ullmann. Y cuando consigue trabajo en un archivo... Hará un descubrimiento que...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

En 1976, Ingmar Bergman, el afamado director sueco y su mayor producto de exportación cultural de la era pre-ABBA, tuvo que salir corriendo con los pies por delante y el trasero por detrás, después de un oscuro asunto de transferencias legales entre su productora sueca y una subsidiaria suiza, que se puso en la mira de los mastines del sistema impositivo sueco. Y ya sabes que puedes matar a alguien y zafarte alegando que los marcianos poseyeron tu alma y te obligaron a hacer cosas horribles, pero no puedes hacer lo mismo si no pagas tus impuestos. Se dijo que se trataría a Bergman como un fulano común y corriente, porque todos son iguales ante la ley, blah blah blah, pero Bergman quedó tan dolido que juró no dirigir nunca más ("El huevo de la serpiente" y otras pelis lo desmienten), y en todo caso decidió que si Suecia no lo quería a él, al Gran Ingmar Bergman, al Sueco de Oro, pues bien, me marcho, caramba. Y se exilió en Alemania. Ingmar Bergman rodó entonces "El huevo de la serpiente". Y lo rodó desde la herida, eso se nota. Porque la peli no habla de la descomposición del sistema democrático alemán después de la Primera Guerra Mundial; eso es apenas el pretexto para hablar de lo que realmente quería, de cómo Yo, Bergman, El Grande Y Unico, fui injustamente vejado por una investigación criminal, cuando yo siempre he sido puro e impoluto (puede ser, pero pasa hasta en las mejores democracias, ¿vale?). "El huevo de la serpiente" es la primera película hablada casi íntegramente en inglés de Bergman, y marcó un cierto giro en su cine. Y créanme, no es tan brillante, por muy Bergman que sea y por mucho que la haya producido el incombustible Dino de Laurentiis, hombre que cuando descansaba de producir blockbusters hollywoodenses como "La Biblia", "Barbarella", "Conan el Bárbaro", "Duna" o "Hannibal", se daba el lujo de financiarles pelis a Bergman o a Fellini, créanlo o no.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Como dijimos, esta peli pretende ser una tragedia alienada sobre el hombre enfrentado al sistema, un leit motiv clásico de los directores culturetas de la segunda mitad del XX, pero no pasa de ser una muestra de egocentrismo monumental, sobre un personaje que se la pasa sufriendo en medio de una sociedad que no lo valora y no lo comprende, en la cual es un extraño, el único civilizado entre bárbaros y puro entre pecadores... Ya me entienden el punto. Siendo como es, el desvarío de un ego herido, no vale demasiado la pena verla. Pero aún así tiene sus puntos fuertes. El prota es interpretado por un David Carradine que se supera a sí mismo (las generaciones viejas lo conocen como el prota de la serie de TV "Kung Fú", y las nuevas como el Bill de "Kill Bill"). Está muy bien acompañado por Liv Ullmann. Brilla también Gert Fröbe como el ambiguo inspector de policía (algo más de una década antes había sido el malo de "Goldfinger", la tercera peli Bond). El cuarteto se completa con un Heinz Bennent que parece verdaderamente un nazi del alma. Lástima que como la cinta sea episódica, los otros tres protas aparezcan poco, tarde y mal. Pero aparecen, y cuando lo hacen, el asunto se compone.

-- Tiene, por supuesto, el Momento Bergman, en el cual viene el inevitable diálogo sobre Dios, qué hacemos, etcétera, a cargo de un sacerdote. No es especialmente brillante (los ha tenido mejores), pero es el Momento Bergman que todos los fanáticos de Ingmar Bergman estaban esperando.

-- Tiene un poco de sentimiento bombástico por aquí y por allá. A Bergman le interesa mostrar en particular que la Alemania de 1923 era el sitio y el tiempo más depravados de la Historia, quizás sólo superado por el reinado de Calígula según el "Calígula" de Tinto Brass, así es que vemos un cabaret de mala muerte en donde mujeres de mala catadura y travestis de todo tipo hacen lo suyo. Eso, por no hablar de la peculiar orgía a la que el prota termina por caer, con un nigga incapaz de echarse a dos mujeres. Si te gusta lo estrafalario y lo bizarro, puede que te diviertas con esto.

-- No olvidemos la parte de los experimentos nazis. Según Bergman, los experimentos nazis no partieron en los campos de concentración ni en la Solución Final, sino en fecha tan temprana como 1923, o antes. Bueno, eso puede tener plausibilidad histórica si se considera que en 1925, los médicos yankis hacían experimentos inoculando la sífilis a presidiarios negros para estudiar la enfermedad (en secreto y sin el permiso de los presidiarios, por supuesto). Si la película vale verdaderamente por algo, aparte de todo lo anterior, quizás sea por la secuencia final. No sé si alcance a redimir el resto de una película lenta como una tortura y plúmbea como el Mont Blanc, pero al menos esa secuencia como tal, funciona bien.

IDEAL PARA: Estudiar a Bergman el Dios, injustamente vejado y sacrificado, sin que su sacrificio sirva para salvación de nuestros pecados.

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