11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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sábado, 12 de febrero de 2011

"Te doy mi alma" (2002).


-- "Prendimi l'anima" (título original en italiano), "The Soul Keeper" (título internacional en inglés). Italia / Francia / Inglaterra. Año 2002.
-- Dirección: Roberto Faenza.
-- Actuación: Iain Glen, Emilia Fox, Craig Ferguson, Caroline Ducey, Jane Alexander, Viktor Sergachyov, Ivan Igogin, Joanna David, Michele Melega, Giovanni Lombardo Radice, Daria Galluccio, Anna Tiurina, Bob Marchese, V. Nakonechny, Fiorenza Brogi.
-- Guión: Gianni Arduini, François Cohen-Séat, Alessandro Defilippi, Roberto Faenza, Elda Ferri, Hugh Fleetwood y Giampiero Rigosi.
-- Banda Sonora: Andrea Guerra.

-- "Te doy mi alma" en IMDb.
-- "Te doy mi alma" en la Wikipedia en italiano.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Moscú, ciudad cantada por Rammstein y por Dschinghis Khan. Una viajera llega hasta la Joya de Rusia para hacer investigación entre los tovarich. El blanco: Sabina Spielrein, una judía media loca que los malvados hombres han satanizado desde comienzos del XX. Porque verán, Sabina Spielrein podrá haber sido una loca de atar, pero también fue una pionera en esto o aquello, además de ser judía y de que se opuso a ¡¡¡STALIN!!!, así es que tiene todos los papeles para ser "la buenah". El caso es que la spielréinloga se topa con un profesor inglés, y ambos entablan una relación simbiótica culturetoide narcisista. O sea, mientras él investiga y le enseña un par de lecciones a ella, ella se dedica a bucear en la mente de Sabina Spielrein y mimetizarse con ella, para entenderla en plan camaradería feminazi, darse cuenta de que la loquita no era tan loquita y en realidad era un poco como ella, etcétera. Después de un poco de esta parejita disparejita (que no desaparecerá, sino que volverá en momentos estratégicos de la peli a fastidiarnos lo bueno, o sea, ver a la Sabina Spielrein herself), volvemos a Zurich, a 1907, en donde afrontaremos las Aventuras del Joven Carl Gustav Jung. El joven padawan de Sigmund Freud está listo para afrontar su primer caso, que es una loca histérica llamada Sabina Spielrein. Jung abordará el proceso de una manera completamente distinta a lo que es habitual en materia de locoterapia: no duchas heladas, no palizas en noches de luna llena, no postulaciones a un cupo en el Parlamento. Carl Gustav Jung simplemente... escuchará. Y la chica podrá estar muy loca, pero al final es que nadie la escuchaba, ¿me entiendeh uhté? Mágicamente, la chica empieza a curarse, pero, urgh... también empieza a tenerle ganas al doctor Jung. El doctor Jung, por su parte, quiere y no quiere, porque verán, la Sabina Spielrein está buena, y tiene una calidez humana que su bella-pero-estreñida esposa no posee. De manera que, pues bien, vamos abusando de la relación médico-paciente. La cosa iría bien, salvo por un detalle: ¡¡¡Recuerden que la tal Sabina Spielrein está loca de atar!!! Así es que el triángulo amoroso derivará en crisis purificadora, en romance atormentado... y en un colegio blanco en la Santa Madre Rusia. Todo eso salpimentado, decíamos, por la astringente parejita en el Moscú de hoy.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Carl Gustav Jung debe ser uno de los personajes más inasibles de toda la cultura del siglo XX. A diferencia de Sigmund Freud, que es fácilmente reducible al tema de los tabúes sexuales, o de Skinner y sus ratitas en el laberinto con forma de T, o Pavlov y su perro campanotrópico, Carl Gustavito es un personaje complejo. Quizás ni él mismo se conociera. El psicoanálisis a la Freud es un pequeño baturrillo de teorías pseudocientíficas sobre cómo funciona la mente humana, que opera más por sugestión de autoridad en el paciente (como el cura confesor) que por un verdadero entendimiento de los mecanismos de la mente humana, y Carl Gustav Jung, fiel discípulo de Freud, llevó el tecnobalbuceo psicológico hasta sus obvias consecuencias, desbarrándose por la pendiente del misticismo e inventándose una serie de conceptos esotéricos como el inconsciente colectivo y cosas así, que no tendrán mucho de científico, pero que se ven muy molones, y que han influido lo suyo en el devenir del siglo XX. Pero, por detrás de sus atuendos de sacerdote chamán del inconsciente colectivo, ¿quién era Carl Gustav Jung? Un ser humano, probablemente. Con miedos y debilidades. Es probable que se pareciera más al calentorro presentado por Morris West en su estimable novela "El mundo es de cristal", que a la figura demiúrgica y semiastral que presenta Miguel Serrano en "El círculo hermético" (interesados en Jung, recomiendo la lectura de AMBAS obras, a pesar de ser meridianamente distintas en motivos y alcances). Y como la historiografía occidental desde que el mundo es mundo ha sido androcéntrica, falocéntrica y semencéntrica, pues bien, resulta que todo el mundo disculpa a Carl Gustav Jung, que además de ser psicólogo era un místico (y ya sabemos el temor reverencial que inspiran los místicos aunque uno no les trague, porque vaya a saber si tu vecino sí, y si por ofender a su místico favorito te pone una bomba incendiaria bajo el volante). Mientras que las chicas que pasaron por su vida, eran obstáculos carnales o Evas armadas con manzanas que le ataban a su condición terrena en vez de convertirse en un Ubermensch o un Boddhisatva, a elección. De manera que para el discurso hembrista llegó la hora de reivindicar con violencia militante a Sabina Spielrein, que no era precisamente una santa ni una señorita con la geometría bien ajustada en la azotea. Lo que queda al final de todo eso es, probablemente, dos seres humanos patéticos, una en su comportamiento histérico, el otro en su eterna fuga hacia ninguna parte para que sus hábitos sacerdotales ocultaran sus miserias psicológicas particulares. Pero no es su pecado. Después de todo, el 99% de la Humanidad es patético en su mediocridad, así es que no vamos a pedirles que sean supermanes y supergirls, ¿cierto?

¿POR QUÉ VERLA?

-- La sensación más acabada que tuve apenas termine de ver esta peli, fue... desconcierto. ¿Qué diablos habían querido contarme, al final? No es que la peli sea mala (no lo es, de hecho). No es que el tema sea poco interesante (¿Carl Gustav Jung, poco interesante...?). No es que no se esfuercen. Pero en su esfuerzo por querer abarcar demasiado, incurre en el pecado de morder más de lo que puede masticar. El nervio central y lo bueno del asunto es la historia entre Carl Gustav Jung y Sabina Spielrein. No sé si debería calificar a esto como una "historia romántica", pero al menos trata de sacarse los esquemas de ñoñería con que, sin duda, lo hubiera plagado una versión hollywoodense al uso. Pero a cada rato nos interrumpen esta peli con la investigación de los dos personajes en el Moscú del presente, que pareciera tener por objeto mostrarnos lo poco que sabemos sobre Sabina Spielrein y lo frágil que es la memoria histórica... y que falla miserablemente por el afán de mostrarnos cómo esta parejita empieza a entusiasmarse el uno por la otra y la otra por el uno... y nos desvían de la cuestión principal. Este truquito fue usado en la peli "Posesión", pero ahí se justificaba porque la trama giraba precisamente en torno de eso, en torno a dos personajes que de tanto investigar el pasado, terminaban un poco viviendo en él y a través de él, mientras que aquí no se trata de eso, sino del puñetero Carl Gustav Jung y la puñetera Sabina Spielrein, así es que la puñetera pareja de tortolitos en Moscú sobra. Mientras (la mayor parte del metraje) nos muestran el desenvolvimiento de la relación, tenemos un interesante biopic, dentro de las limitaciones propias del género. Pero para el final el asunto se despatarra entero, transformándose en un discurso para reivindicar a Sabina Spielrein, que en todo el tramo anterior de la peli no aparecía por ninguna parte. Mirando el listado de guionistas (seis tipos, además del director), me pregunto si demasiados pasteleros no habrán arruinado el pastel: "metamos esto que queda bien", "bueno, ya, pero no calza con esto otro", "¡pero yo quiero que esto otro esté!", "bueno, entonces lo dejamos, y ya veremos cómo lo arreglamos", "¡lo tengo, metamos esto otro y así lo cerramos!", "sí, pero así la peli se nos dispara en muchas direcciones", "qué importa, así tiene más lecturas y sublecturas", "ya, OK, hagámoslo así entonces". ¿Qué queda entonces para rescatar en esta peli? Bueno, lo habitual en pelis de época, en particular en las ambientadas en la Mitteleuropa del 900: vestuario, edificios, muebles antiguos... Además, la pareja protagónica (Iain Glen como Carl Gustav Jung y Emilia Fox como Sabina Spielrein) están los dos brillantes en sus roles. Y hay una que otra alusión al pensamiento psicológico/místico/ariosófico de Carl Gustav Jung. Si son razones suficientes para ver la peli, eso se lo dejo al criterio del amable lector de Cine 9009.

IDEAL PARA: Jungianos de pro y fagocitadores de biopics, y de pelis de época en general.

VIDEOS.

-- Escena de la peli en que Jung y Spielrein salen a, ehm, divertirse [en italiano, sin subtítulos].

jueves, 30 de diciembre de 2010

"La dama y el vagabundo" (1955).


-- "Lady and the Tramp". Estados Unidos. Año 1955.
-- Dirección: Clyde Geronimi, Wilfred Jackson y Hamilton Luske.
-- Actuación: Voces de (en el original inglés) Peggy Lee, Barbara Luddy, Larry Roberts, Bill Thompson, Bill Baucom, Stan Freberg, Verna Felton, Alan Reed, George Givot, Dal McKennon, Lee Millar, The Mellomen.
-- Guión: Primera idea de Ward Greene, con desarrollo de Erdman Penner, Joe Rinaldi, Ralph Wright y Don DaGradi, sobre un concepto de Joe Grant y Louis Pollock, ambos sin acreditar.
-- Banda Sonora: Oliver Wallace.

-- "La dama y el vagabundo" en IMDb.
-- "La dama y el vagabundo" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

En el ya lejano (en ese entonces medio lejano) comienzo del siglo XX, en un tranquilo y conservador poblacho del mid-USA, es Navidad, y el regalo correspondiente viene en una caja. ¿Qué tiene esto de particular? Bueno, simplemente que el regalo tiene unos pulmones de acero templado, porque es una cachorrita nada más mona, que de alguna manera se las ha arreglado para no agotar la provisión de aire adentro. El caso es que la cachorra sobrevive y la llaman Lady porque, en efecto, es una Lady. Así las malcrían, y así salen después. El caso es que pasa el tiempo, y Lady, que es la mimada #1 del mapa, pasa de pronto a estar un poco de lado, y es que sus amos humanos son unos cabronazos, que apenas ella queda preñá (la ama humana, no la Lady, claro), vamos pateando la perra. En medio de este desolador panorama aparece un galancete del tres al cuatro, porque verán, ella es una perra fina, mientras que él es uno de esos golfos salidos de alguna alcantarilla, buscavidas por más. Ya sabemos que las chicas firulís no se fijan en pelafustanes, salvo que tengan graves conflictos familiares que las lleven a perder su autoestima y demases, y la regla se cumple a rajatabla aquí: resulta que los cabrones de los amos dejan botada a la perra en manos de una tía que, a).- le importan un rábano los perros, y b).- tiene un par de gatas siamesas que, muy gatas serán y muy General Gato seré yo, pero es que son para agarrarlas a patadas por desprestigiar el buen nombre de la Gatunidad, las mosquitas muertas ésas. De manera que Lady acaba tomando el fresco de la tarde, y qué creen... Vagabundo el otro, pero no tonto, ahí está para recogerla.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Cenicientos. Quién crea que el molde se agota en la chica pobre enamorada del chico rico, more mexicanae culebronis, que mire otra vez, que el cambio de sexo es también posible. En realidad, la historia de hacer una historia de perritos rondaba a los Estudios Disney casi desde los tiempos de "Blancanieves y los siete enanitos", pero papi Walt nunca había dado el paso. Pero después de una breve racha de adaptaciones literarias ("La cenicienta", ya que estábamos, y después "Alicia en el País de las Maravillas" y "Peter Pan"), Walt Disney debió pensar que ya estaba bueno de tanta Inglaterra y tanta Europa, y era tiempo de regresar a los buenos y viejos Estados Unidos. Y así, entre pitos y flautas, "La dama y el vagabundo" acabó por transformarse en un clásico entre clásicos. Aunque sea por la dichosa escena de los tallarines con albóndigas, parodiada tantas veces que ya no tiene gracia repetir el chiste.

¿POR QUÉ VERLA?

-- No me atreveré a tanto como decir que es LA MEJOR peli Disney de todas, pero sí claramente es UNA DE LAS MEJORES DE TODAS. Aunque los Estudios Disney venían produciendo pelis de manera sistemática desde "Blancanieves y los siete enanitos", su década dorada y de mayores triunfos artísticos sin lugar a dudas que son los '50s. Esto no es raro: durante la Era Eisenhower, los Yueséi podían sentirse satisfechos de haber ganado una guerra contra los malvados nazis y transformarse en los defensores de la democracia y la libertad, mientras que las familias arrancaban de las sucias ciudades para refugiarse en los suburbios y poner a enfriar pastel de manzana en la ventana. Y Walt Disney, una de las máximas encarnaciones de ese espíritu Amerika über Alles, se mandó en aquellos años productos políticamente correctos, pero al mismo tiempo muy bien acabados, como son (repito algunas, claro) "La cenicienta", "Alicia en el País de las Maravillas", "Peter Pan", "La dama y el vagabundo", "La Bella Durmiente" y "La noche de las narices frías" (vale, ésa es de 1961, pero funciona como cierre de década, porque a la siguiente, "La espada en la piedra", Disney trataría de upgradearse un poco, aunque sin demasiado éxito, y empezaría un lento declive del que no se repondrían los Estudios hasta los '90s). Dentro de este ramillete, "La dama y el vagabundo" luce con colores propios. Siendo una historia original y no teniendo que deberse a un guión preestablecido (lo que tienen las adaptaciones de historias anteriores), hubo entera libertad para desarrollarlo a gusto. Y lo hicieron. La historia no resulta corta ni excesiva por ningún lado. Es simple, pero en ningún minuto simplona. Los personajes son carismáticos, y la evocación de época es nostálgica sin ser ñoña. Además, la historia se permite algunas crudezas no muy políticamente correctas, tratándose de una peli para niños: en algún minuto se deja caer que el Vagabundo es un mujeriego de lo peor, las escenas del niño amenazado por una rata deben haber infestado más de alguna pesadilla infantil de la época (hagan el ejercicio mental de volverse a sentir niños indefensos, y piensen ustedes en ser muertos y comidos por uno de esos bichos sucios salidos de una cloaca, a ver si no necesitan un buen Nervocalm para dormir después), la tía es más que un poco cruel con la Dama (no violencia física, pero sí acoso psicológico), y en las escenas en la perrera se hacen alusiones al destino que le esperan a los perros no recogidos. Para que después digan que las pelis de Disney son pura fantasía (ahora se venden como eso, por aquello de la publicidad y apelar a la nostalgia de los papis, pero en ese tiempo... en ESE tiempo...).

-- La historia romántica de la Dama y el Vagabundo debe ser una de las más icónicas en la Historia del Cine. Ambos personajes, a pesar de ser "una de monitos", no tienen nada que envidiarle a otros clásicos como Rhett Butler y Scarlett O'Hara, o Rick e Ilse, o Christine y el Fantasma (la versión del 2004 de "El Fantasma de la Opera", y si no me creen, véanla). ¡Y además, a diferencia de estas otras, acaba bien! (¡Vamos, qué tan grande puede ser ese spoiler, si es una Disney, no me digan que no sabían!). La insoportable cantidad de veces que se ha parodiado la dichosa escena de los perritos rodando la albóndiga con la nariz y sorbiendo el tallarín hasta besarse ha banalizado un poco este romance, pero mirando la peli entera, es una historia romántica de fuste, sin caer en ningún minuto en lo ñoño o lo sensiblero. Si no la han visto y piensan que "es para niñitos", dénle una oportunidad. Encontrarán acá mucho más romanticismo que en una de Sandra Bullock o una de... (¡¡¡AAAJ!!!) ...Jennifer López.

-- Un detalle interesante. Cuando se cuenta la historia de la Cenicienta (ceniciento, en este caso, porque no otra cosa es este vagabundo que pretende a una "de la alta"), por lo general se hace desde ese punto de vista precisamente, el de la cenicienta o ceniciento de turno. Esa es una opción lógica: la mayor parte de la gente que ve pelis son proletas, por la sencilla razón de que la mayor parte de la sociedad son proletas, y por lo tanto es más fácil que se identifiquen con el cenicient@ que con la princesa o príncipe de rigor (hay algunos ejemplos casi surrealistas de esto, como por ejemplo que en "La princesa y el sapo", que fue vendida como "la primera princesa Disney negra", en estricto rigor ella es una cenicienta y el príncipe es él... ¡y el título la llama princesa a ella!). Y sin embargo, ¿cómo sería contar esa misma historia de amor y alpinismo social, desde el punto de vista de las más altas cumbres, de la aristócrata que cae víctima del amor por alguien "menos que ella"...? Porque desde el otro lado se ve bonito, un sueño resplandeciente de apoteosis y redención social, pero, ¿y del otro lado? ¿Alguien ha contado alguna vez la historia de esa princesa que lo tenía todo y que no tiene nada que ganar con un trepa que pretende arrebatarle el corazón por un par de huesos para el desayuno? Bueno, esta peli lo hace. Es una interesante variante del cuento de la Cenicienta, y esa perspectiva nueva y fresca siempre se agradece.

IDEAL PARA: Ver una de las más grandes y sólidas historias románticas de todas.

VIDEOS.

-- Inicio de la peli [doblado al español].

jueves, 24 de diciembre de 2009

"El último cuplé" (1957).


-- "El último cuplé". España. Año 1957.
-- Dirección: Juan de Orduña.
-- Actuación: Sara Montiel, Armando Calvo, Enrique Vera, Julia Martínez, Matilde Muñoz Sampedro, Laly del Amo, Aurora García Alonso, Beni Moreno, Luis Orduña, Erasmo Pascual, Consuelo de Nieva, Miguel Fleta, Manolita Guerrero, Antonio Alcázar, Rafaela Aparicio.
-- Guión: Jesús María de Arozamena y Antonio Mas Guindal.
-- Banda Sonora: Juan Solano.

-- "El último cuplé" en IMDb.
-- "El último cuplé" en la Wikipedia en castellano.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Ante nosotros se abre el telón de un retablo cervantino, y una voz de radiolocutor en off nos informa que estamos a punto de ver un homenaje a un mundo que desaparece, el mundo de los cuplés (¡mi Dios, la peli es de 1957, ya lleva cinco décadas a cuestas, y miran a los cuplés como algo pasado de moda!). Pues bien, en ese decadente y franquista 195..., en un cabaret de pésima muerte está la gran estrella María Luján, entregándose tanto al apolíneo arte de la música como al dionisíaco deporte del codo empinado. En ese hundimiento la encuentra un antiguo admirador, que como corresponde al espíritu de la época, expresa su admiración en términos bombásticos y ditirámbicos (ya saben: "en verdad no hay voz tan grande en todo Isr...", perdón, "...en toda España", etcétera). Cual magdalena proustiana, esto abre una catarata de recuerdos, desde 191... (cuán Edgar Allan Poe, esto de esconder el último número del año). En aquellos felices tiempos monárquicos, María Luján era una joven que empezaba a despuntar en el mundo del baile, y además tenía su noviecito. Pero, ¡ay!, la cola del demonio encontró su camino para meterse, y ahí es como descubren a María Luján. Entre la adorable granuja de su tía y su nuevo manejador, se las arreglan para ir dejando en el camino al noviecito, y de paso preparar la carrera de María Luján en los cuplés, arte que ella no quería abrazar porque el cuplé, verán, era para la hez del mundo musical (para ella, zarzuelas y óperas, por favor), pero al final, bueno, así es el mundo y hay que comer... De esta manera comienza una vida llena de resonantes triunfos y ardientes pasiones, con María Luján cada vez más grande que la vida, y al mismo tiempo cada vez más perdida dentro de su propia fama y fortuna... "Behind the Music", vamos.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Para la mayor parte de la gente hubo tonadas medievales, luego música clásica, y después llegó el rock-yeah, y he ahí condensados quince siglos de evolución de la música occidental. ¡¡¡Pobre tonto!!!, diría Mario Baracus. Porque en medio ha existido toda una amplia gama de músicas, como el tango, la polka y más recientemente, gracias a las pelis de Chuck Norris, el gangoso llamado árabe desde lo alto del minarete a la oración. Una de esas músicas, más o menos nativa de Ezpaña (en realidad medio importada, como una buena cantidad de lo que es bueno en Ezpaña, en este caso desde Francia) es el cuplé. El cuplé era para finales del XIX lo que la música tropicaliente para nuestros días: o sea, canciones con una estructura musical simplona, que hablaban sobre sexo (los de la vieja guardia me van a decir que cómo, de qué está hablando Mi General, etcétera, pero en comparación a la zarzuela o a la ópera seria, el cuplé es musicalmente simplón, que más voy a decir, y en cuanto a lo del sexo, es cierto que las letras eran un poquito más elaboradas que "Gasolina" o el ella me bate como si fuera mayonesa, pero el tema es el mismo, e igual de abierto para la censura de la época)... Por su parte, y al revés de los gorgoritos de los cantones de ópera, el cuplé tiene el encanto de lo simple, casi como un haikú japonés. Y como el hip-hop, había cuplés sobre echarse polvos, y otros sobre viscisitud política. Todo eso empezó a desvanecerse más o menos cuando llegó la radio, y el público español tuvo oportunidad de desprovincianizarse y familiarizarse con otros estilos musicales (es lo que tiene el que pierdas todas tus colonias, como le pasó a los ezpañóle en 1898: te olvidas de ser el ombligo del mundo, pares a Ezpaña, escribes unamunadas y descubres que you're not alone in the world). Después vino el paternalismo vigilante de Mi Caudillo, don Francisco Franco, Salvador de Media Ezpaña (a la otra media, la mandó al paredón). El cuplé tenía dos vertientes tocahuevos para Franco: una era la sátira política que ofendía su, ejem, unitarismo institucional, por decirlo así, y la otra vena era esa fijación con "puez, coño, tía buena" (aunque cantado en elegante, claro, pero es que en el idioma que sea, la urgencia sexual es la urgencia sexual), que ofendía su proyecto iglesionacionalista. De modo que por babor o estribor, Mi Caudillo acabó prohibiendo el cuplé, lo que terminó poniéndole la lápida al género. Que han tratado de revivir varias veces, pero con el regusto a fruta congelada de supermercado que tiene cualquier revival: si quieres leer una historia de elfos, anda al original, a Tolkien, y pásate de la "Dragonlance". "El último cuplé" es más que una película: es el digno y gran adiós para un género musical que tuvo sus tiempos de gloria y dejó grandes recuerdos en quienes peinan canas (o que las guardan en un confortable sepulcro, a estas alturas...).

¿POR QUÉ VERLA?

-- Lo dicho. Esta peli es un gran retrato de lo que fue la España cupletera, aquella España popular del XIX, que por ser provinciana y vivir de espaldas a la civilización, desarrolló su propio microclima cultural. Ya para 1957, como la peli se encarga de transmitir sutilmente, toda esa cultura había sido reemplazada por el espíritu franquista de las vacaciones en Marbella; las pelis de Pili y Mili estaban ya a la vuelta de la esquina. Pero este filme es un más que digno colofón. O la primera mitad, por lo menos. La segunda recorre los caminos del Music Hall, en particular cuando María Luján, en el colmo de su triunfo, emprende gira por Estados Unidos y canta después del fin de la guerra en Francia (sí, antes que la Edith Piaf de "La Vie en Rose" fue... ¡¡¡MARÍA LUJÁN!!!).

-- Es también un destacado exponente del género cinematográfico que podríamos llamar "Behind the Music", y que muestra el ciclo triunfo-borrachera-degradación-miseria-regreso-apoteosis de cualquier músico que se precie de tal (un músico que no ha pasado por un triunfo glamoroso al comienzo y luego se haya hundido en los infiernos del alcohol y la droga, no es un músico, no importa qué tan Mendelssohn sea). Sabemos lo mucho que morbiliza a la gente esto de ver a los grandes emborracharse de éxito a barricas, para luego verlos caer y revolcarse, en particular cuando no es mala suerte externa sino que se la andan buscando, y esta peli ofrece de esto. Porque hay que ver lo malagradecía que es la María Luján que le dicen, con los que tratan de apuntalarla en su camino. Y lo de apoteosis final es literal, con ese regreso que ni la Edith Piaf en el Olympia de París, oigan... (además, María Luján hizo su retorno triunfal en una peli de 1957, así es que es tres años antes que la francesa).

-- Sara Montiel. La peli la muestra bella, y además se luce cantando distintas canciones (no sólo cuplés). No puedo describir esto. Mejor prueben a verla. Ni Madonna en sus mejores días, dénlo por hecho. De hecho, en aquellos años Sara Montiel empezaba a triunfar en Hollywood, y se dice estaba liada, ahí es nada, con James Dean (se supone incluso que iba a viajar en ese auto fatal en que James Dean partió a la eternidad). Pero con "El último cuplé" regresó a España, y le fue tan bien que se olvidó de ser la joven promesa de Hollywood siguió haciendo pelis como la gran reina del cine musical ezpañó. Ya sabes lo que dicen: mejor ser cabeza de ratón que cola de león. Lo que Sara Montiel entendió por las buenas, después Penélope Cruz hubo de entenderlo por las malas...

-- Hay ciertas situaciones fílmicas que son de una ingenuidad desarmantes. Para los efectos del melodrama cincuentero estaban bien, pero ahora invitan a una sonrisa condescendiente, o peor aún, a la carcajada postmoderna. Aún así, siguen teniendo su valor justamente por esa naiveté, por el recuerdo de cuando las cosas eran menos complicadas, y bastaba con mostrar una línea férrea desde un tren traqueteando, junto con sobreimpresiones de los nombres de las ciudades, en plan Looney Tunes, para dar a entender que la artista estaba de gira y pasando de triunfo en triunfo. Y ya no digamos ese final hecho para sacarle lagrimitas de emoción a las veteranas... Podrían volver a hacer películas como ésta. Las llamaríamos, no sé... Retromusicalismo.

IDEAL PARA: Hacer ejercicio de nostalgia con un gran musical que viene nada menos que desde... ¡¡¡ESPAÑA!!!

VIDEOS.

-- Sarita Montiel cantando "Tú no eres eso" en la peli [en español, ¿necesitan subtítulos acaso?].

-- Sara Montiel canta "Sus pícaros ojos" [en español].

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