11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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domingo, 26 de mayo de 2013

"En trance" (2013).


-- "Trance". Inglaterra. Año 2013.
-- Dirección: Danny Boyle.
-- Actuación: James McAvoy, Vincent Cassel, Rosario Dawson, Danny Sapani, Matt Cross, Wahab Sheikh, Mark Poltimore, Tuppence Middleton, Simon Kunz, Michael Shaeffer, Tony Jayawardena, Vincent Montuel, Jai Rajani, Spencer Wilding, Gursharan Chaggar.
-- Guión: Joe Ahearne y John Hodge.
-- Banda Sonora: Rick Smith.

-- "En trance" en IMDb.
-- "En trance" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Hubo una época en donde robarse los cuadros era negocio redondo. Tanto, que en realidad las subastas de arte eran casi escaparate con un cartel ASALTANTES SACAR NÚMERO DE ATENCIÓN POR FAVOR - CUADROS DISPONIBLES PARA ROBAR, HASTA AGOTAR STOCK. Ya no. Como los martilleros se están avispando, las nuevas tecnologías y protocolos se hicieron para que no fuera posible asaltar y too. O sea, los asaltos igual son posibles, porque nada hay que reemplace al viejo elemento humano llamado TENER COJONEH. ¿Cuál es el protocolo aquí? Un cuadro no vale una vida humana. Si llega un asaltante y se lo quiere llevar, que se lo lleve. No se hagan los héroes. Ustedes reciben el mínimo por esto, no vale la pena. Pero si pueden, sólo si pueden... llévense el cuadro y métanlo en una caja de seguridad por una ranura. ¿Cuál es la mejor manera entonces de asaltar una subasta de éstas? Bueno, la obvia: trabajo interno. El método infalible con el cual la CTU fue asaltada siete veces en ocho temporadas, y una octava no porque en la séptima temporada la CTU había sido reemplazada por el FBI, que también fue asaltado por trabajo interno. En fin, desvarío. El caso es que ocurre uno de estos asaltos, los asaltantes quieren la pintura, el prota se lleva el cuadro, a la hora de la verdad estalla una pelea (bueno, seamos honestos, la pelea se zanja con SMASH GOLPE tipo FATALITY - FLAWLESS VICTORY), y el asaltante se lleva el cuadro igual, pasando por encima de la traición de su subordinado. Sólo para descubrir, más allá, que el cuadro ha desaparecido. Bueno, lo obvio es pensar que el suche los ha traicionado, ¿no? Así es que van y lo secuestran y hacen lo que todos los malos malosos cabreados hacen en circunstancias, o sea, torturar al prota hasta que hable. Pero no habla. ¿Porque es un héroe, noble, duro de quebrar? No, porque... no se acuerda. Golpe en la cabeza durante la pelea, amnesia, etc. OH-CRAP. El malo maloso entonces se rinde, y en un giro humorístico de la trama... decide contratar a una terapista en hipnosis, para que lo haga recordar estilo Mandrake el Mago. A elección del renacuajo prota, más encima. Y éste, que no tiene pelo de tonto, se elige a la más tetona del listado, una Rosario Dawson que treintona y too, todavía mantiene el tipo. La chica, como es más lista que el hambre, enseguida se huele que la cosa anda media rara etc., y decide que ella también tendrá su parte. El juego de traiciones, contratraiciones, mentiras, medias verdades, recuerdos falsos y verdaderos y narrativa confusa y no-lineal, ha comenzado.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Danny Boyle alguna vez fue el chico maravilla del cine inglés, el renovador de esas eternas pelis inglesas de época con aristócratas muy aristócratas, servidumbre muy servil, y tal. Lo hizo con "Trainspotting", peli que lanzó la carrera de Ewan McGregor como quien abre la caja de Pandora y suelta a los Cuatro Jinetes over the world, y que fue el no va más de lo cool de lo cool en los '90s. Después de eso, Boyle se mantuvo en un delicado equilibrio. Todos le creían muerto y fusilado con "La playa" por mucho que mostrara a Tilda Swinton comestible, pero después se las ha arreglado de una manera u otra para mantenerse en el candelero: "28 días después", "Millones", "Sunshine: Alerta solar", "Slumdog Millionaire" y "127 horas", haciendo gala de un camaleonismo extremo a la hora de pasearse por géneros, de un sentido estético bastante aguzado, y de una mirada con un cierto desapasionamiento brechtiano muy inglés sobre su material, como si tuviera una hiperconciencia de que sus pelis son artefactos postmodernistas para las masas. Prefiriendo siempre a protas varones-no-muy-machos como Ewan McGregor, Cillian Murphy o, ahora, James McAvoy (porque no puedes llamar macho a un actor que en "Wanted" no termina de comerse del todo a Angelina Jolie, y en "X-Men: Primera generación" como Charles Xavier tiene momentos de subtexto homoerótico con Magneto tan sube-la-colina que una peli ochentera se sentiría orgullosa). "En trance" es su aproximación a lo que podríamos llamar el thriller hitchcockiano, con vueltas de tuerca, juegos tramposos de guión y elementos psicosexoanalíticos de por medio. El guión andaba rondando desde hace como dos décadas, desde que Danny Boyle rodó la injustamente olvidada "Tumbas a ras de tierra" con la que esta peli comparte más de algún parecido (sin esa cosa de "fracturemos la realidad para ver qué pasa", eso sí), e incluso había sido rodado bajo el título en inglés de "Trance" en 2001, por lo que técnicamente estamos frente a lo que es un remake. Que no se llevó un rosco. Costó 13 millones, recaudó 16. OH-CRASH.

¿POR QUÉ VERLA?

-- ¿Una peli en donde la premisa principal es un tipejo que no puede recordar, y en donde todo el suspenso y tensión narrativa estarán construidos sobre cuándo recordará? No muy promisorio. Todos sabemos en qué acaban esas pelis: recuerda al final, en el clímax, un poco porque sí, porque hay que rellenar dos horas de metraje y por lo tanto el amnésico no va a recordar antes del minuto final de la peli, la jodida información que tiene que recordar. Pero créase o no, Danny Boyle consigue imprimirle interés a una premisa tan escuálida, y se saca de la manga una peli no diremos redonda o memorable, pero sí al menos una que vale la pena de ver. La parte introductoria, hasta que empieza la terapia, es la más lineal de todas, y transcurre más o menos como avión, recordándonos incluso a ratos que este tipo dirigió "Trainspotting". Después, la cosa se hace más espesa. La narrativa intencionadamente empieza a fracturarse, a mostrarnos un conflicto entre la realidad y la imaginación. Lo que estamos viendo en pantalla, ¿es la realidad o es parte del proceso de hipnosis? La realidad misma de la peli empieza a desestabilizarse cada vez más. El problema con esto es que al no saber qué estamos viendo, al tener un anclaje cada vez menos firme, la peli empieza a volverse un poco aburridona, empezamos a preguntarnos para qué nos están alargando tanto la cosa y dorando la píldora. Pero cuando la cosa está cayendo cosa mala, a punta de un desnudo frontal de Rosario Dawson (la que también hizo otro glorioso desnudo frontal en "Alexander", hace una década atrás) más o menos hace que sigamos con la atención puesta en la pantalla (no sé cómo lo harán las hembras heterosexuales, como no sea encontrar mijo al James McAvoy). La solución final es más o menos adivinable, pero cumple con amarrar bien los cabos sueltos, aunque al precio de basarse en una coincidencia muy coincidenciosa para que todo encaje. Eso sí, el guión no es uno de ésos de Hollywood en donde dan todo sobreexplicado y mascadito, hay que cranearse un poco para juntar todas las piezas, una vez que se ha arribado al desenlace final (no es esoterismo impostado estilo "Prometeo" tampoco, aquí todo sí calza, sólo hay que hacer un poquito de memoria con los detalles, eso es todo). El trío de protas (James McAvoy como el prota, Rosario Dawson como la hipnoterapista, y Vincent Cassel como el gángster de rigor) está bastante bien, aunque el peso está en la historia y no en los personajes (de hecho, el resto de los personajes son meros comparsas, puestos ahí para hacer bulto). Nuevamente no tenemos delante una peli revolucionaria, ni siquiera una que calificaríamos de original, pero sí una que puede verse como la revisión personal boyleana de los viejos tópicos y leitmotifs del cine del maestro Hitchcock, cuya sombra en 2013 sigue siendo muy, pero muy, pero que muuuuuuyyyyyy larga.

IDEAL PARA: Fanáticos de Danny Boyle y de James McAvoy, y para la gente adicta al thriller psicológico.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, subtítulos en español].


sábado, 12 de febrero de 2011

"Te doy mi alma" (2002).


-- "Prendimi l'anima" (título original en italiano), "The Soul Keeper" (título internacional en inglés). Italia / Francia / Inglaterra. Año 2002.
-- Dirección: Roberto Faenza.
-- Actuación: Iain Glen, Emilia Fox, Craig Ferguson, Caroline Ducey, Jane Alexander, Viktor Sergachyov, Ivan Igogin, Joanna David, Michele Melega, Giovanni Lombardo Radice, Daria Galluccio, Anna Tiurina, Bob Marchese, V. Nakonechny, Fiorenza Brogi.
-- Guión: Gianni Arduini, François Cohen-Séat, Alessandro Defilippi, Roberto Faenza, Elda Ferri, Hugh Fleetwood y Giampiero Rigosi.
-- Banda Sonora: Andrea Guerra.

-- "Te doy mi alma" en IMDb.
-- "Te doy mi alma" en la Wikipedia en italiano.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Moscú, ciudad cantada por Rammstein y por Dschinghis Khan. Una viajera llega hasta la Joya de Rusia para hacer investigación entre los tovarich. El blanco: Sabina Spielrein, una judía media loca que los malvados hombres han satanizado desde comienzos del XX. Porque verán, Sabina Spielrein podrá haber sido una loca de atar, pero también fue una pionera en esto o aquello, además de ser judía y de que se opuso a ¡¡¡STALIN!!!, así es que tiene todos los papeles para ser "la buenah". El caso es que la spielréinloga se topa con un profesor inglés, y ambos entablan una relación simbiótica culturetoide narcisista. O sea, mientras él investiga y le enseña un par de lecciones a ella, ella se dedica a bucear en la mente de Sabina Spielrein y mimetizarse con ella, para entenderla en plan camaradería feminazi, darse cuenta de que la loquita no era tan loquita y en realidad era un poco como ella, etcétera. Después de un poco de esta parejita disparejita (que no desaparecerá, sino que volverá en momentos estratégicos de la peli a fastidiarnos lo bueno, o sea, ver a la Sabina Spielrein herself), volvemos a Zurich, a 1907, en donde afrontaremos las Aventuras del Joven Carl Gustav Jung. El joven padawan de Sigmund Freud está listo para afrontar su primer caso, que es una loca histérica llamada Sabina Spielrein. Jung abordará el proceso de una manera completamente distinta a lo que es habitual en materia de locoterapia: no duchas heladas, no palizas en noches de luna llena, no postulaciones a un cupo en el Parlamento. Carl Gustav Jung simplemente... escuchará. Y la chica podrá estar muy loca, pero al final es que nadie la escuchaba, ¿me entiendeh uhté? Mágicamente, la chica empieza a curarse, pero, urgh... también empieza a tenerle ganas al doctor Jung. El doctor Jung, por su parte, quiere y no quiere, porque verán, la Sabina Spielrein está buena, y tiene una calidez humana que su bella-pero-estreñida esposa no posee. De manera que, pues bien, vamos abusando de la relación médico-paciente. La cosa iría bien, salvo por un detalle: ¡¡¡Recuerden que la tal Sabina Spielrein está loca de atar!!! Así es que el triángulo amoroso derivará en crisis purificadora, en romance atormentado... y en un colegio blanco en la Santa Madre Rusia. Todo eso salpimentado, decíamos, por la astringente parejita en el Moscú de hoy.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Carl Gustav Jung debe ser uno de los personajes más inasibles de toda la cultura del siglo XX. A diferencia de Sigmund Freud, que es fácilmente reducible al tema de los tabúes sexuales, o de Skinner y sus ratitas en el laberinto con forma de T, o Pavlov y su perro campanotrópico, Carl Gustavito es un personaje complejo. Quizás ni él mismo se conociera. El psicoanálisis a la Freud es un pequeño baturrillo de teorías pseudocientíficas sobre cómo funciona la mente humana, que opera más por sugestión de autoridad en el paciente (como el cura confesor) que por un verdadero entendimiento de los mecanismos de la mente humana, y Carl Gustav Jung, fiel discípulo de Freud, llevó el tecnobalbuceo psicológico hasta sus obvias consecuencias, desbarrándose por la pendiente del misticismo e inventándose una serie de conceptos esotéricos como el inconsciente colectivo y cosas así, que no tendrán mucho de científico, pero que se ven muy molones, y que han influido lo suyo en el devenir del siglo XX. Pero, por detrás de sus atuendos de sacerdote chamán del inconsciente colectivo, ¿quién era Carl Gustav Jung? Un ser humano, probablemente. Con miedos y debilidades. Es probable que se pareciera más al calentorro presentado por Morris West en su estimable novela "El mundo es de cristal", que a la figura demiúrgica y semiastral que presenta Miguel Serrano en "El círculo hermético" (interesados en Jung, recomiendo la lectura de AMBAS obras, a pesar de ser meridianamente distintas en motivos y alcances). Y como la historiografía occidental desde que el mundo es mundo ha sido androcéntrica, falocéntrica y semencéntrica, pues bien, resulta que todo el mundo disculpa a Carl Gustav Jung, que además de ser psicólogo era un místico (y ya sabemos el temor reverencial que inspiran los místicos aunque uno no les trague, porque vaya a saber si tu vecino sí, y si por ofender a su místico favorito te pone una bomba incendiaria bajo el volante). Mientras que las chicas que pasaron por su vida, eran obstáculos carnales o Evas armadas con manzanas que le ataban a su condición terrena en vez de convertirse en un Ubermensch o un Boddhisatva, a elección. De manera que para el discurso hembrista llegó la hora de reivindicar con violencia militante a Sabina Spielrein, que no era precisamente una santa ni una señorita con la geometría bien ajustada en la azotea. Lo que queda al final de todo eso es, probablemente, dos seres humanos patéticos, una en su comportamiento histérico, el otro en su eterna fuga hacia ninguna parte para que sus hábitos sacerdotales ocultaran sus miserias psicológicas particulares. Pero no es su pecado. Después de todo, el 99% de la Humanidad es patético en su mediocridad, así es que no vamos a pedirles que sean supermanes y supergirls, ¿cierto?

¿POR QUÉ VERLA?

-- La sensación más acabada que tuve apenas termine de ver esta peli, fue... desconcierto. ¿Qué diablos habían querido contarme, al final? No es que la peli sea mala (no lo es, de hecho). No es que el tema sea poco interesante (¿Carl Gustav Jung, poco interesante...?). No es que no se esfuercen. Pero en su esfuerzo por querer abarcar demasiado, incurre en el pecado de morder más de lo que puede masticar. El nervio central y lo bueno del asunto es la historia entre Carl Gustav Jung y Sabina Spielrein. No sé si debería calificar a esto como una "historia romántica", pero al menos trata de sacarse los esquemas de ñoñería con que, sin duda, lo hubiera plagado una versión hollywoodense al uso. Pero a cada rato nos interrumpen esta peli con la investigación de los dos personajes en el Moscú del presente, que pareciera tener por objeto mostrarnos lo poco que sabemos sobre Sabina Spielrein y lo frágil que es la memoria histórica... y que falla miserablemente por el afán de mostrarnos cómo esta parejita empieza a entusiasmarse el uno por la otra y la otra por el uno... y nos desvían de la cuestión principal. Este truquito fue usado en la peli "Posesión", pero ahí se justificaba porque la trama giraba precisamente en torno de eso, en torno a dos personajes que de tanto investigar el pasado, terminaban un poco viviendo en él y a través de él, mientras que aquí no se trata de eso, sino del puñetero Carl Gustav Jung y la puñetera Sabina Spielrein, así es que la puñetera pareja de tortolitos en Moscú sobra. Mientras (la mayor parte del metraje) nos muestran el desenvolvimiento de la relación, tenemos un interesante biopic, dentro de las limitaciones propias del género. Pero para el final el asunto se despatarra entero, transformándose en un discurso para reivindicar a Sabina Spielrein, que en todo el tramo anterior de la peli no aparecía por ninguna parte. Mirando el listado de guionistas (seis tipos, además del director), me pregunto si demasiados pasteleros no habrán arruinado el pastel: "metamos esto que queda bien", "bueno, ya, pero no calza con esto otro", "¡pero yo quiero que esto otro esté!", "bueno, entonces lo dejamos, y ya veremos cómo lo arreglamos", "¡lo tengo, metamos esto otro y así lo cerramos!", "sí, pero así la peli se nos dispara en muchas direcciones", "qué importa, así tiene más lecturas y sublecturas", "ya, OK, hagámoslo así entonces". ¿Qué queda entonces para rescatar en esta peli? Bueno, lo habitual en pelis de época, en particular en las ambientadas en la Mitteleuropa del 900: vestuario, edificios, muebles antiguos... Además, la pareja protagónica (Iain Glen como Carl Gustav Jung y Emilia Fox como Sabina Spielrein) están los dos brillantes en sus roles. Y hay una que otra alusión al pensamiento psicológico/místico/ariosófico de Carl Gustav Jung. Si son razones suficientes para ver la peli, eso se lo dejo al criterio del amable lector de Cine 9009.

IDEAL PARA: Jungianos de pro y fagocitadores de biopics, y de pelis de época en general.

VIDEOS.

-- Escena de la peli en que Jung y Spielrein salen a, ehm, divertirse [en italiano, sin subtítulos].

miércoles, 11 de octubre de 2006

"Confesiones a mi suegra" (2005).


-- "Prime". Estados Unidos. Año 2005.
-- Dirección: Ben Younger.
-- Actuación: Meryl Streep, Uma Thurman, Bryan Greenberg, Jon Abrahams, Adriana Biasi, David Younger, Palmer Brown, Zak Orth, Annie Parisse, Aubrey Dollar, Jerry Adler, Doris Belack.
-- Guión: Ben Younger.
-- Banda Sonora: Ryan Shore.

-- "Confesiones a mi suegra" en IMDb.
-- "Confesiones a mi suegra" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Chico conoce chica, chico pierde chica, chico reencuentra chica. ¿Necesitan un mapa, acaso? ¡Oh, está bien! Seré un poco más detallista. Hay un chico lindo de tiernos 23, cuya personalidad está semiaplastada por su controladora madre judía, que para colmo es psicoterapeuta (o sea, de las que cobran por hacer como que te escuchan). Conoce a una chica linda que, ¡ups!, tiene 37. Ambos se gustan, pero hay un problema: la chica va a terapia, sin saberlo, con la madre del chico... La terapeuta la alienta a pasarla bien, gozar y living la vida loca, pero cuando se entera de que el nuevo juguete sexual de su paciente casi cuarentona es su propio hijo, casi se le cae el pelo, y empieza a tratar de, ejem, influir en la decisión de ella, porque está bien que una profanadora de cunas se meta con un nene, eso sí, pero ¿con mi niño? ¿con mi pequeño judiíto ilustrado? ¡Oh, no, eso no! Por supuesto que, más tarde o más temprano, la situación estallará, y entonces este incestuoso semitriángulo amoroso (amor de madre, que le dicen) derivará en un clásico reencontrarse a sí mismo, expurgar las propias culpas, lidiar con los fantasmas del pasado, echar por la borda la endogamia, etcétera.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Lo decíamos a propósito de "El diario de Bridget Jones", hace un tiempo atrás: la liberación femenina no ha servido de mucho a un amplio batallón de féminas que, en estricto rigor, no sólo no deseaban ser liberadas, sino que siguen con una visión peneana de la vida incrustada en el cerebro. La prota es algo más vieja que Bridget Jones (quién había apenas bordeado la treintena cuatro o cinco años antes de esta película), así es que podemos suponerla parte de esa generación de mujeres que nacieron ya liberadas, y que en respuesta, sólo se dedican a ignorar qué demonios hacer con tanta libertad. O sea, hay una psicóloga, por lo tanto una profesional universitaria, que vive con una visión machista de la vida que te meas (lo siento, el formar parte de una cerrada comunidad religiosa no es excusa), y hay una chica casi cuarentona y recién divorciada que se mete en una relación con toda la ansiedad del "oh, sí, pero yo soy mayor que él"... Y en medio está el chico, a quien su madre arruinó la personalidad hasta hacerlo débil e inseguro, y que después es mirado por su propia pareja con recelos y desconfianzas... Son los tiempos que corren, supongo, y no es la época de regresar al machismo patriarcal de una esposa en el dormitorio y una ramera en otra cama, pero si así van a seguir las cosas, mejor pasar a ser gato capado o gata operada, ¿no? Por cierto, el planteamiento cinematográfico (¡qué pedante me estoy poniendo!) muestra la gran verdad según la cual el cine indie de atmósfera intimista y modernizante con soundtrack revivalista noventero, hace tiempo que dejó de ser independiente, para pasar a ser casi la norma en Hollywood: una tendencia saludable, si quieren mi opinión, en todo caso. Siempre son preferibles estas comedias a las de Sandra Bullock (ella era la primera opción para el personaje de 37, pero tuvo la mala idea de exigir cambios substanciales en el guión; la sobrepagada de sí misma creyó que podía).

¿POR QUÉ VERLA?

-- Como "Viviendo con mi ex", es una interesante "comedia seria" (qué contrasentido, ¿no?) sobre las relaciones de pareja. O sea, un planteamiento de comedia sirve para caramelizar adecuadamente algunas crudas y desnudas verdades sobre lo que significa mantener un romance hoy en día. Antaño, cuando existían las reglas, todo el mundo sabía qué hacer y qué no, y aún sacarle provecho al sistema, pero hoy en día, lo sentimental es una anarquía de gana el más fuerte, y eso está más que bien plasmado en esta película, en donde los tres personajes tratan por todos los medios de llevar agua a su propio molino afectivo, al precio que sea, y dicho de una vez, de manera bastante egoísta.

-- Como decíamos, esta peli es una buena muestra de como el cine indie se ha ido transformando en norma y estándar para las producciones románticas, tendencia que observábamos a propósito de "El padrino de la boda" y "Juntos en la nieve", hace un tiempo atrás. Algo para aplaudir, porque ya la comedia glamorosa a lo Julia Roberts, simplemente no hace tanta gracia (y ni hablar de su clon pseudolatino J-Lo).

-- Debe ser la película más corrosiva que se ha hecho en años, sobre lo que significa ser judío. Vale que Woody Allen y Mel Brooks sueltan chiste tras chiste tras chiste sobre su propia condición de judíos semirrenegados de una fe y un lifestyle aplastantes, pero se lo toman de manera bastante distendida. Aquí vemos a los judíos ricos de Nueva York como una comunidad cerrada y endogámica, que viven en un orgulloso aislamiento, sin querer abrirse ni entender el mundo alrededor, mirándolo desde lo alto del balcón con una autosuficiencia que proviene del dinero, y que ni siquiera se cuestionan. Si este retrato es tan negro como lo pinta la película, o bien es una caricatura en donde ciertos rasgos de personalidad son exagerados hasta lo patológico, es algo que no sé (nunca un judío neoyorkino ha tenido la buena estrella de conocerme), pero siempre es saludable en medio de tanto cine apologético sobre la Shoah, pagado por los bolsillos de los productores judíos de Hollywood.

-- Las escenas en las cuales la chica le dice a su terapeuta cosa sobre sus hijos, incluyendo detalles peneanos varios, porque no tiene a nadie más para confidenciarle esas cosas... (y ella, ¿qué sabía?).

IDEAL PARA: Ver un dramacomedia sobre lo que significa ser mujer, judío, o terapeuta.

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