11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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domingo, 20 de marzo de 2011

"El discurso del Rey" (2010).


-- "The King's Speech" (título original en inglés), "El discurs del rei" (título en catalán). Inglaterra / Australia / Estados Unidos. Año 2010.
-- Dirección: Tom Hooper.
-- Actuación: Colin Firth, Geoffrey Rush, Helena Bonham Carter, Guy Pearce, Jennifer Ehle, Michael Gambon, Derek Jacobi, Timothy Spall, Anthony Andrews, Roger Parrott, Claire Bloom, Eve Best, Freya Wilson, Ramona Marquez, Dominic Applewhite.
-- Guión: David Seidler.
-- Banda Sonora: Alexandre Desplat.

-- "El discurso del rey" en IMDb.
-- "El discurso del rey" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Inglaterra, los felices '20s, la época en que los curas podían molestar a los niños pequeños y nadie hacía escándalo de nada. El rey Jorge V le pide a su hijo Alberto-Jorge-esto-y-aquello (el futuro Jorge VI, léase, y no es spoiler porque ¡¡¡LEAN HISTORIA, CARAMBA!!!), que pronuncie un discurso para una ocasión de esto o aquello. Y el hijo, al que no se le da bien eso de hablar en público (y el no muy inteligente de su padre, miren también a quién se le ocurre mandar a la faena, es como mandar a un manco patepalo a pelear contra Rambo), empieza a tartamudear como motor de Ford T. Vergüenza pública, humillación, etcétera. Contratan entonces a un profesor que hace que el príncipe se meta unas bolas en la boca (bolas de cristal, entiéndase, no es una escena que tenga subtítulos homosexuales por si acaso, por muy English que sea la peli). Pero lo que funcionó tan bien con Demóstenes hace la patipelada de siglos atrás, con el bueno de Alberto Jorge lo que sea, no funciona bien. Desesperada porque se le acaban las opciones, la esposa del príncipe manda llamar al clásico personajillo medio despreciado por "los que saben", pero cuyos métodos poco ortodoxos le permitirán, ya lo adivinamos, dar con la clave para hacer que el príncipe supere sus problemas. El tipo de verdad es tan poco ortodoxo, que se requiere nada menos que a Geoffrey Rush para interpretarlo, así de extraño es el personaje. Pero claro, esta especie de cruza entre Doctor House y Carl Lightman de los '20s, consigue justamente con su carácter, abrirse paso en el ánimo del monarca, etcétera. Pero sin embargo, el tiempo apremia. Ya son los '30s (¡fiu, cómo pasa el tiempo!) y el bueno de Eduardo que es el príncipe heredero a la Corona británica, está enredado con la divorciada americana ésa de la Wallis Simpson que le dicen, y todo con el cada vez más vejete Jorge V a punto de parar la chala. Un conflicto constitucional se avecina, más allá el horizonte de la Segunda Guerra Mundial, y... ¿conseguirá nuestro heroico príncipe superar su tartamudez para liderar a Gran Bretaña en los tiempos inmediatamente anteriores al desmantelamiento de su imperio colonial...? ¡¡¡CHACHAAÁN...!!!

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Las pelis sobre aristócratas británicos, y en particular sobre la Corona británica, son casi un subgénero del cine por sí mismos. Si contratas un buen puñado de actores shakesperianos made in Britain, y los pones en escenarios a todo trapo con terciopelo, encaje y raso, es muy difícil que te salga algo malo de solemnidad. Incluso subproductos como "El libertino" salvan la papeleta así. El problema es que la historia de la monarquía británica, en los términos modernos que la entendemos, arranca recién desde Enrique VIII (1509-1547), o cuando mucho desde Enrique VII (1491-1509), época más allá de la cual las pelis de aristócratas británicos se sumergen en ese más amplio caldero cinematográfico que son las pelis de la Edad Media. Y medio milenio de historias dan para mucho, pero no son un caudal infinito. Además, algunos reyes son más filmables que otros: queda mucho más molona una peli sobre Enrique VIII el decapitaesposas o sobre Isabel I de Inglaterra, que sobre digamos el perdedor de Jorge III (al que sin embargo le dedicaron la bonita peli "La locura del rey Jorge") o la pragmática y aburridona Reina Ana. La pasión por la monarquía británica queda claro si se considera que en los últimos años hemos tenido la multipremiada "La reina", la divertida y culebronesca "La otra Bolena", la simpática "La joven Victoria"... ¿qué rey nos queda por filmar? Veamos, veamos... ¿y qué tal si hacemos la precuela de "La reina", con la vejestoria ésa de Isabel II pero de niñita? Ya, OK, let's do it... ¿y qué será más filmable para esos efectos? ¿La enconada resistencia de la Familia Real como símbolo de orgullo británico cuando caían las bombas sobre Inglaterra...? Pues, podría ser, pero eso se come demasiado presupuesto, además que no permite darle realce a esa cosa tan británica que es poner un montón de escenas en habitaciones y pasillos con tipos conversando con diálogos inteligentes... Está también el asuntillo ése de la Simpson, que ya fue tocado en "Wallis y Edward" con nada menos que Joely Richardson como Wallis... no, mejor no, hagamos una en donde ahora Eduardo y Wallis sean los villanos, para variar un poco, de manera que nuestro héroe será... ¡Jorge VI! Pero, qué cosa tiene Jorge VI que nos pueda ayudar... ¡Ah, era tartamudo! ¡Muy bien, rodémosla! ¡Y acabamos de inventar un nuevo género! ¡¡¡HEMOS RODADO LA PRIMERA PELI "ROCKY MEETS BRITISH ROYALTY"!!!

¿POR QUÉ VERLA?

-- Un poco despejado el polvo levantado por los cuatro Premios Oscar que se bancó esta peli entre pecho y espalda, incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Actor Principal y Mejor Guión Original, podemos volver a colocar las cosas un poco en su sitio. ¿Es realmente tan buena esta peli? Ya sabemos que la Academia no necesariamente premia a las mejores pelis, sino a las que tocan mejor su corazoncito, y éstas deben tener algunas peculiaridades. En primera, a la Academia le gustan las pelis de superación personal a lo "Rocky" (otra galardonada clásica), y ésta lo es: la lucha de un príncipe británico contra la tartamudez (Bastet mía, la frase que acabo de escribir podría figurar en el teleprompter de la ceremonia de los Premios Oscar en la peli "Y dónde está el policía 33 1/3: El insulto final"). En segunda... realeza británica. Allí donde hayan reyes británicos, aunque sea de secundarios, y ya no digamos de protas como acá, los bonos canjeables por Premios Oscar suben en un 20% ("Shakespeare apasionado", "La reina"...). En tercera, personaje con discapacidad, que aunque sea la tartamudez y no sea una minusvalía tan impresionante como la parálisis mental del tipo de "Mi pie izquierdo", igual tiene su arrastre. Además, admitamos que el Oscar a la Mejor Peli no se lo iban a dar a "Cisne negro" (demasiado rara y lesbiana), a "El origen" (demasiado comercial) o a "Temple de acero" (demasiado cáustica en el subtexto, que a la Academia le gusta lo cáustico estilo "Belleza americana", no lo cáustico de verdad). Con todos estos mimbres, entendemos por qué el Premio fue hacia una peli correcta y bastante buena en algunos respectos, sin que tampoco sea para arrojar toda la pirotecnia en un solo estallido, si me entienden. En el trasfondo, como hemos venido diciendo, esta peli es una de autosuperación al estilo Rocky, en donde el personaje es un underdog (es príncipe pero no el heredero, no es canchero como su hermano, es tartamudo, es mangoneado por su padre y su esposa e incluso el Arzobispo de Canterbury...) que gracias a la ayuda de su poco convencional maestro y mentor, superará sus limitaciones y se transformará en la gran esperanza blanca y etcétera. Eso no tiene nada de malo, y de hecho la peli es un diablazo de gusto, sólo que no estoy demasiado seguro de si eso lo convierte en un clásico instantáneo del cine. Para quienes van a verla con la aureola de CUATRO PREMIOS OSCAR DESLÚMBRATE CON LA LUZ QUE IRRADIO OH POBRE PAGANO, puede que sea una decepción. Para quienes en cambio vayan a ver otra correcta peli británica (a ratos demasiado correcta, si ni siquiera parece tan británica en su falta de mordacidad), van a estar más que satisfechos con el resultado, que es bueno.

-- Los actores. Esta hubiera sido otra peli plana y anodina, de no ser por la planilla actoral. Desde luego que el peso principal recae en un Colin Firth que llamarlo en estado de gracia sería excesivo, pero que saca con dignidad su rol de príncipe tartamudo (seriosly, ya estoy que voy a arrendar otra vez "Y dónde está el policía 33 1/3: El insulto final"). A su lado está Geoffrey Rush con uno de esos personajes medios borde que le quedan tan como guante al dedo, y que con Firth conforma un equipo de oro. Un poco más atrás, pero en un lugar prominente, está Helena Bonham Carter haciendo un extraordinario rol sobre un personaje (la esposa del príncipe, o sea, la Reina Madre, la mamá de Isabel II herself) que sobre el papel es apenas una comparsa: la Bonham Carter evita tanto los dos posibles clichés de la esposa abnegada y semimaternal, como el de la esposa castradora-pero-amable, para construir un personaje que es justamente eso, un personaje con motivaciones y sentimientos propios. Quizás hizo este rol para trabajar de verdad, porque lo rodó de manera contemporánea a su anémico y caricaturesco rol como la chillona Dominatrix Bondage... er... perdón, Bellatrix Lestrage en "Harry Potter y las reliquias de la muerte". Y ya que estamos, tenemos a parte de la plana mayor de Harry Potter aquí: ya mencionamos a Helena Bonham Carter, el segundo Dumbledore es el rey Jorge V, el que interpreta a Winston Churchill también aparece en las de Harry Potter (no sé en qué rol, no me pregunten, pero a veces pareciera que no pudo dejarse la careta en el otro lado, ojalá que no vaya a recitar eso de que combatiremos en las playas, combatiremos en las calles, nunca nos rendiremos, allá en lo de Potter, por pura confusión)... Mención especial para Jennifer Ehle, que interpreta a la esposa de Geoffrey Rush después de haber interpretado a la esposa de un estiradete empresario británico en India, en "Antes de las lluvias".

-- Un detalle interesante de esta peli, es el tratamiento de la relación entre Eduardo VIII y Wallis Simpson. Siendo ésta una arquetípica historia romántica del siglo XX (la plebeya que se enamora con el príncipe y el príncipe que abdica por amor), cuando ha llegado al cine se ha revestido a ambos personajes de tonos más bien heroicos ("La mujer que él amó", "Wallis y Edward"), luchando por su pasión en contra de una vetusta monarquía etcétera. Acá en cambio son apenas unos secundarios, lo que aprovechan para mostrar la cosa desde el otro lado de la tortilla: Eduardo (David en la peli, porque así lo conocían en casa) es un irresponsable y un petulante de cuidado, que por suerte para Inglaterra se hace a un lado porque madera para reinar no tiene, mientras que la Wallis Simpson es una trepa maleducada que vaya uno a saber qué artes de magia negra (por decirlo de alguna manera) ha aplicado para atrapar al príncipe. Quizás esta visión al final sea tan mitológica como la otra más idealizada, y la verdad esté en algún punto intermedio, pero no es malo tenerla en el cine, como contrapunto a la otra versión hasta la fecha sin balancear.

IDEAL PARA: Ver otra correcta peli sobre la monarquía británica.

jueves, 1 de octubre de 2009

"Emma" (1996) [TV].


-- "Emma". Inglaterra. Año 1996.
-- Dirección: Diarmuid Lawrence.
-- Actuación: Kate Beckinsale, Bernard Hepton, Mark Strong, Samantha Bond, James Hazeldine, Dominic Rowan, Samantha Morton, Prunella Scales, Sylvia Barter, Guy Henry, Dido Miles, Raymond Coulthard, Olivia Williams, Lucy Robinson, Peter Howell.
-- Guión: Douglas McGrath, basado en la novela de Jane Austen.
-- Banda Sonora: Dominic Muldowney.

-- "Emma" en IMDb.
-- "Emma" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Emma es una chica con tiempo libre. Con demasiado tiempo libre. Y como buena ciudadana con demasiado tiempo libre, toma el temerario camino de meterse en la vida de los demás. Para bien de ellos, por supuesto, faltaba más (¡es que no se os puede dejar solos!). Una de sus protegées, es una pobre muchacha inculta y sin educación, que para colmo es bastardilla, y a quien pretende (¡horror, para esa gente acomodada!) un pobre diablo sin futuro. El pobre diablo sin futuro le propone a la bastardilla un matrimonio, pero ella va a consultarle a Emma, y Emma, haciéndose la tirizmiqui, consigue que la chica rechace la oferta. Eso, incluso cuando un amigo bastante bocón le dice a Emma: "¡Qué has hecho, mujer, ahora esa pobre bastarda nunca se va a casar!". Pero Emma, como si lloviera. Las cosas se complicarán cuando arribe desde otra parte, un pariente que se la pasa muy bien con Emma, y Emma por su parte se la pasa muy bien, y el amigo de Emma empieza a ponerse cada vez más intraahumado (¿celos, quizás...?). Poco a poco, las cosas irán decantando en su curso natural, cada oveja se irá quedando con su pareja, y Emma... ¿qué pasará con nuestra voluntariosa y ociosa celestina...? ¿Encontrará finalmente el amor de su vida...? ¿Pagará por todas sus maldades...? (No, en realidad no es maldadosa, pero como que suena épico, ¿no?).

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Las novelas de Jane Austen son caldo fértil para las adaptaciones cinematográficas. La mujer ésta, escribió durante el período de la Regencia, cuando Inglaterra dejaba de ser dieciochesca, pero aún no era romántica, y por lo tanto todo estaba en el aire. Y esa atmósfera de tensión social es bien palpable en la obra de Austen, lo que la hace idónea para cualquier tiempo y lugar. De tarde en tarde, Austen regresa por sus fueros, y viene entonces una epidemia de adaptaciones. Que siempre son las mismas, porque verán, la discograf... perdón, el catálogo de Austen es de lo más breve. Es lo que tiene morirse cuando tienes apenas 41 años, que no dejas mucho escrito por delante, y quienes adaptan siempre deben adaptar lo mismo over and over again. A mediados de los '90s, en apenas dos años (1995 y 1996) hubo un interés renacido por adaptar a Austen (eso de lo políticamente correcto que llevó a darle una jefa mujer a James Bond en "Goldeneye", por ejemplo...), y vino la plaga de "Persuasión", "Sensatez y sentimientos", una miniserie basada en "Orgullo y prejuicio", y dos versiones de "Emma" el mismo año 1996, una de las cuales nos ocupa (¡ah! Y debemos incluir a "Ni idea", la peli de debut y despedida del estrellato para Alicia Silverstone, que en el fondo es una versión modernizada y noventera de "Emma", por si les sonaba el argumento de esta peli en alguna parte...). De las dos "Emma", la más publicitada fue la de Gwyneth Paltrow, porque era para cine, y porque la Paltrow en aquellos años ("Los siete pecados capitales", "Shakespeare apasionado", "Un crimen perfecto"...) estaba más que hot (en términos cinematográficos, al menos, que a mi siempre me ha dejado más bien frío). Pero con los años, esa soporífera y sobrevalorada "Emma" ha caído en un relativo olvido, mientras que esta versión con una por entonces desconocidísima Kate Beckinsale, aunque made-for-TV y sin mucha publicidad, se ha seguido manteniendo intacta. Como la Austen misma, si podríamos decir...

¿POR QUÉ VERLA?

-- Es una correcta adaptación de Jane Austen. El foco principal en las historias de la Austen, es siempre el choque entre las tradiciones y el blablabladurismo de la gente por una parte, y esas juventudes rebeldes que tratan de empezar a vivir su vida como quieren. Si Jane Austen hubiera sido un poco más joven, sus personajes hubieran sido todos héroes byronianos o shelleyianos, románticos desesperados en busca de una redención imposible en un individualismo sentimental desesperado, blablablá. Como Jane Austen es de la Regencia y no del Romanticismo, el conflicto está un poco más contenido. No porque ella fuera una cartucha, que para la época seguramente sus historias eran bastante osadas, sino porque no se podía ir más allá en su tiempo. Después de todo, Jane Austen murió en 1817, el mismo año de la publicación de "Frankenstein" de Mary Shelley, y al año siguiente de "El corsario" de John Byron, los dos grandes hitos que iniciaron en forma el Romanticismo literario inglés. Volviendo a esta peli, toda esa atmósfera de aristocracia viviendo su veranito de San Juan o su tiempo extra, está más que bien presentada.

-- Kate Beckinsale. Probablemente éste sea su trabajo actoral más acabado a la fecha. En esos años, la Beckinsale era completamente desconocida más allá de los muros de su casa, a pesar de tener ya unos cinco años de carrera actoral. Después se hizo famosa con cosas palomiteras como "Pearl Harbor", "Inframundo" y secuela, o "Van Helsing". Pero si la posteridad sólo conservara esas pelis de ella, nadie podría decir que era una gran actriz. También hizo lo suyo en un secundario de "El aviador", claro está (¡como Ava Gardner!), pero fue aquí, en "Emma", donde realmente se saca los zapatos y se deja la piel en actuar.

-- Lo de siempre en estas pelis inglesas: buena recreación de época, vestuarios, decorados, mansiones elegantes... En honor a la verdad, algunas de estas pelis suelen verse bastante baratas, cuando (como es el caso) se trata de pelis hechas para la televisión, y por lo tanto, confeccionadas con el vuelto del pan. Pero de todas maneras, si hubo economía de medios en "Emma", eso no se nota. Tampoco es que tengamos un despliegue de sábanas, cortinas y encajes, como en las pelis hollywoodenses al uso, pero por otra parte, uno podría realmente pensar, ¿era tan lujoso el inicio del siglo XIX como nos lo presenta el cine de Hollywood? Después de todo, en todo tiempo y lugar, siempre hasta los más ricos han tenido de cuando en cuando problemas con los peniques y las libras esterlinas...

IDEAL PARA: Ver una buena adaptación de Jane Austen, con un gran rol por parte de Kate Beckinsale, y en general para adoradores de comedias, pelis románticas y cine "de época" y de pijecitos ingleses de la alta.

VIDEOS.

-- Inicio de la peli [en inglés, sin subtítulos].

jueves, 14 de febrero de 2008

"Lo que queda del día" (1993).


-- "The Remains of the Day". Inglaterra. Año 1993.
-- Dirección: James Ivory.
-- Actuación: Anthony Hopkins, Emma Thompson, James Fox, Christopher Reeves, Peter Vaughan, Hugh Grant, John Haycraft, Caroline Hunt, Paula Jacobs, Ben Chaplin, Steve Dibben, Abigail Harrison, Patrick Godfrey, Peter Halliday, Terence Bayler, Hugh Sweetman, Tony Aitken, Emma Lewis, Joanna Joseph, Tim Pigott-Smith, Lena Headey.
-- Guión: Ruth Prawer Jhabvala, basada en la novela de Kazuo Ishiguro.
-- Banda Sonora: Richard Robbins.

-- "Lo que queda del día" en IMDb.
-- "Lo que queda del día" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Son los turbios y rockanrolescos '50s. Después de que Lord Darlington, su amo caído en desgracia, ha fallecido, la Mansión Darlington está a la venta, al mejor postor, y hasta plantean venderla como un montón de piedras a tanto la tonelada. Pero para fortuna de estos ingleses, tan estiradotes ellos que siempre tiene que venir un yanki a sacar las castañas del fuego, un político yanki retirado la compra y se promete a sí mismo restaurarla como era en los días de esplendor. Pero nuestro Ubermensch yanki (¡caray, si hasta el actor es superhumano, es Christopher Superman Reeves, hombre!) no podría llegar a tanto sin la obsesiva ayuda de su esbirro en jefe, el Mayordomo Stevens. Ocasión y momento propicio entonces para hacer la magdalenada de Proust y empezar a recordar los viejos y buenos tiempos. Para los ingleses, "viejos y buenos tiempos" significa antes de la Segunda Guerra Mundial, porque bien salada que la sido la Historia Universal con ellos después (adios al Imperio, potencia de segundo orden, obligación de unirse a la CEE, los tres tomos de Tolkien)... Los buenos y viejos tiempos en los cuales un ama de llaves y un asistente de mayordomo podían fugarse limpiamente y poner en aprietos al patrón para contratar nueva servidumbre. La que se queda finalmente es la Señorita Kenton, de muy buenas referencias, gracias por preguntar, quien no sólo demuestra llenar todos los requisitos para ser el ama de llaves perfecta, sino además para llenar el basáltico corazón del señor Stevens. Pero, ¡ah!, él no puede permitirse un romance, ¡oh, no, no, no! Eso lo distraería de sus funciones. Y sus funciones son importantísimas. Sin él, la casa no funciona. Y si no funciona, adios a cambiar la Historia a través de las conferencias internacionales pronazis que organiza su regio patrón Lord Darlington...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Lo hemos dicho anteriormente, a propósito de "Divorcio a la francesa" y "La condesa blanca". El director James Ivory es de la vieja escuela, y cuando decimos "vieja", queremos decir "antediluviana"; es decir, alguien formado en los cánones de John Huston y similares, con un extraordinario dominio escénico, una puesta en cámara preciosista, y actuaciones de primera, combinadas con una increíble frialdad formal. Con tales mimbres, el cesto hubiera sido un fracaso, de no ser porque salvo desbarruntes como la mencionada "Divorcio a la francesa", que pretendió ser una comedia "quiero y no puedo", James Ivory se ha especializado en esa cosa que no quiere ser histórica ni pura ficción que se llama "cine de época", género éste que se adapta muy bien a sus cualidades (ha dirigido, entre otras, "Los bostonianos", "La mansión Howard", "Jefferson en París", "Sobreviviendo a Picasso" y la mencionada "La condesa blanca"). En 1990 cayó en sus manos un librito escrito por un japonés llamado Kazuo Ishiguro, que el año anterior había ganado el Booker Prize (uno de esos premios que la estirada dizqueintelectualidad europea le da a novelistas que después todos comentan y nadie lee); este Ishiguro tenía méritos porque siendo japonés, podía escribir como europeo clásico mezclando una sensibilidad japonesa, y así todos contentos para premiarle porque escribe como europeo clásico, pero por lo japonecete le hacemos loas a la multiculturalidad (el fetiche de lo políticamente correcto noventero). Tras las vueltas y revueltas de rigor en Hollywood, Ivory terminó rodando esta peli, que se alzó después con una enorme cantidad de premios, y por una vez en la vida, con razón.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Lo dicho, es una clásica peli de James Ivory, y si no es la mejor de todas, debería considerarse entre su Top 3. Porque en esta peli están todos en estado de gracia. Para un director de corte clásico y técnicamente conservador a ultranza, la historia de un grupo de personajes otoñales que se niegan a aceptar que el mundo está cambiando, debía calzarle como yelmo a la cabeza. Si alguien quiere enterarse de qué va el cine de Ivory, "Lo que queda del día" debería ser su punto de partida natural.

-- Anthony Hopkins. Ha hecho toda clase de papeles en su larga carrera artística, pero si la posteridad lo va a recordar, es por dos hitos, ambos curiosamente de "early '90s". El primero de ellos es su rol como Hannibal Lecter en "El silencio de los inocentes". El segundo es la que podríamos llamar informalmente su "tríada de época", conformada por "La mansión Howard" y "Lo que queda del día" a las órdenes de James Ivory, y "Tierra de sombras" a las órdenes de Richard Attenborough; lo interesante de esta inopinada trilogía, es que a pesar de ser roles muy similares (personaje inglés tradicionalista hasta el fanatismo y lleno de contención british), se las arregla para interpretarlos de manera muy distinta a cada uno, muestra de que Hopkins es uno de los mejores actores de su generación. Su composición del mayordomo Stevens, duro y frío como el acero, pero que se traiciona solito a través de gestos y sutilezas varias, está entre las mejores que entregó el cine en los '90s. Hopkins consigue transmitir así toda la humanidad de un personaje que sobre el papel... ¡por Bastet que es detestable este hombre!

-- Emma Thompson. A pesar de haber protagonizado unas cuantas históricas ("Enrique V" junto a Kenneth Branagh, con quien se encamó después, libreta de por medio, un rol secundario en la simpática y no impecable "Improptu", y un rol también en el otro Ivory-hit, "La mansión Howard"), fue con esta peli que estalló literalmente ante las audiencias internacionales. Y es que consigue una increíble empatía actoral con el Monstruo Hopkins, algo indispensable si se considera que, después de todo, es una historia de amor entre ambos (¿cuántas pelis de amor han fracasado porque sus protas se detestan cordialmente, o no tan cordialmente?). Es tanta la asociación que consigue con el personaje, que cuesta pensar que, en retrospectiva, el rol iba a ser originalmente para Anjelica Huston, otra gran actriz, claro está, pero que no tiene el mismo timbre actoral que la Thompson.

-- El resto de los secundarios está simplemente grandioso. James Fox, tipo emblemático de toda peli de época inglesa que se precie de tal, hace un gran rol como Lord Darlington, bienintencionado, pero incapaz de sacarse la chapa paternalista de quienes se creen mejor que el resto de la sociedad, ni aún después de cag... perdón, meter la pata. El millonario yanki es nada menos que Christopher Reeves, en su lucha superheroica para sacarse de encima el cartel de Superman (sí, fue el prota del "Superman" de 1978 y secuelas, ¿qué pasa?), y como de costumbre interpreta su rol de manera grandiosa (sólo un puñado de nosotros sabía que era un tremendo actor, además de un buen superhéroe, y después quedó inválido y se murió). Aparece Hugh Grant, secundario insigne que ya había coincidido con la Thompson interpretando nada menos que a Frederic Chopin, el insolente, en "Improptu", que el año anterior había hecho el tontobruto en "Perversa luna de hiel" y que aquí sigue de secundario insigne antes de hacerse famoso en "Cuatro bodas y un funeral" (y pervertirse tratando de sacarse el cartel de "galán inglés" hasta caer en "El diario de Bridget Jones"). Aparece también como uno de los criados, un tal Ben Chaplin, uno de los buenos actores que nunca consiguió salir de la segunda fila (ustedes lo vieron en "La verdad sobre perros y gatos", "La heredera", "La delgada línea roja", "Ruleta rusa", "Cálculo mortal", ¡claro que lo ubican, si son cinéfilos de pro!)... Y aunque no muy conocido, mencionemos también a Peter Vaugh como el padre del señor Stevens, quien interpreta un gran rol como el viejo chochete que acarrea más problemas que alivios.

-- El tema central de la peli es también uno que, desgraciadamente, nunca perderá actualidad. Se trata del tradicionalismo a ultranza. Ser tradicionalista no está malo cuando uno se toma la tradición con cierto espíritu deportivo, conservando las cosas que sirven y descartando las que ya no. Pero el tradicionalismo porque sí es un veneno espiritual que ha matado castas sociales completas. El pecado original de todos los personajes es seguir comportándose como si la sociedad inglesa en masa estuviera estancada en el XIX de Jane Austin, a pesar de vivir los '30s del XX (y los '40s, y los '50s). Es, desde luego, el pecado de Lord Darlington, cuando se le enrostra que su naifpolitik hacia Hitler es de amateurs, y él replica que lo que algunos llaman amateurismo, él prefiere llamarlo "política con honor". Y por extensión, casi por contagio viral, es el pecado del señor Stevens, preocupado porque todo esté como siempre y siga en su lugar, aunque eso signifique el no darse cuenta de lo babosa que anda la Señorita Kenton por él... o lo baboso que él mismo anda por la Señorita Kenton. La película consigue el casi imposible de que, sin abandonar el microcosmos de la Mansión Darlington, sintamos que afuera están pasando cosas y que el viejo orden está por estallar, si es que en verdad no ha estallado ya. Esto se ve en dos niveles paralelos: por una parte, en la destrucción moral de Lord Darlington cuando después de la guerra tiene que responder por sus simpatías pronazis (a pesar de que confiaba en los nazis de pura buena fe), y en la incapacidad del señor Stevens para reconocer que las cosas cambian, y que si él mismo no cambia, será infeliz de por vida.

-- La película aborda también el complicadísimo problema de la relación de las democracias occidentales con los nazis. Después de la Segunda Guerra Mundial, Hiroshima, el descubrimiento de los experimentos en campos de concentración y la Solución Final, y los Juicios de Nüremberg, los historiadores de pacotilla escribieron toda una frondosa mitología, que el cine de guerra a lo John Wayne estimuló, sobre que las democráticas potencias occidentales libraron una guerra de ribetes mitológicos para derrotar al Demonio Ario. A mucha gente le incomoda entonces pensar y descubrir que muchos notables de ese mundo democrático occidental simpatizaba con los nazis y eran tan antisemitas como el propio Hitler (allí están por ejemplo Henry Ford o Charles Lindbergh... y a nadie se le ocurriría decir que eran las manzanas podridas del sistema... ¡después de todo eran trunfadores en el más clásico american way of life!). En la peli vemos justamente esa trastienda, de cómo parte del éxito nazi antes de la guerra se debió a las chambonadas y estupideces de un grupo de señoritos bienintencionados, sumados también por una clase baja que en muchos casos siguió como borregos a los de arriba, comprensiblemente asustados ante la perspectiva de una nueva y aún más sanguinaria guerra europea, pero incapaces de comprender que en la psicología de la Alemania de aquel tiempo no existía ese mismo miedo patológico a una guerra en la que su orgullo nacional tenía todo que ganar y nada que perder (pensaban ellos así, al menos). En muchos sentidos, esta peli enseña más historia de la Segunda Guerra Mundial que una tonelada de manuales explicando de manera fría y abstracta cómo los nazis llegaron al poder, y cómo las democracias occidentales fueron incapaces de contener a Hitler hasta que resultó demasiado tarde.

-- A un nivel histórico, esta peli funciona también como un reflejo de la decadencia de Inglaterra. Porque vemos nítidamente el contraste entre el mundo señorial de preguerra, en donde todo está escrito y predeterminado, y el mundo posterior en donde un vendaval sociológico lo arrasa todo. En esto estriba el agudo contraste entre la vida perfecta y ordenada en los '30s, y el viaje del prota para reencontrarse con su antigua ama de llaves en los '50s, que lo lleva a arrojarse en un mundo que detesta a su antiguo amo y todo lo que él representaba (además de que, por primera vez, se ve obligado a convivir en una posada de mala muerte con gente "de la baja").

-- Hay también una escena brillante que refleja una de las mayores debilidades de la democracia. En un punto, los señoritos políticos discuten sobre si es bueno darle democracia al pueblo ignorante y sin educación para que ellos voten como si tuvieran la calificación intelectual para ello. Y uno de ellos, a modo de prueba, le hace una serie de complicadas preguntas al señor Stevens, ante lo cual éste replica simplemente y con educación, que no puede ayudarlo en esos temas. El es un mayordomo y está para servir, claro, pero si se piensa en las manadas de obreros de nuestra sociedad industrial e informática cuyos patrones piensan que están para servir y no para pensar (y si piensan, los despiden y contratan a alguien por un salario más bajo), en realidad los "trabajadores libres" no están mejor parados al respecto. Esta es, por supuesto, la muestra máxima de como la democracia falla si se concentra la educación en unas pocas personas, y también el capital.

IDEAL PARA: Ver una gran historia de amor, una película con grandes actuaciones, cine histórico de alturas, el viejo tema del tradicionalismo... Si eres una persona que usa sus neuronas para algo más que deslumbrarse con efectos especiales, alguna veta encontrarás en esta película que te gustará.

viernes, 19 de enero de 2007

"Un esposo ideal" (1999).


-- "An ideal husband". Estados Unidos / Inglaterra. Año 1999.
-- Dirección: Oliver Parker.
-- Actuación: Cate Blanchett, Minnie Driver, Rupert Everett, Julianne Moore, Jeremy Northan, John Wood, Peter Vaughan.
-- Guión: Oliver Parker, basado en la obra de Oscar Wilde.
-- Banda Sonora: Charlie Mole.

-- "Un esposo ideal" en IMDb.
-- "Un esposo ideal" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Un hombre cuyo gesto más recurrente es una afectada desidia por la vida en sociedad, y la vida en general (su mejor parlamento es afirmarle a su anciano criado que el amor por uno mismo es el comienzo de un romance para toda la vida), se levanta para asistir a un evento social y hacer gala de la más calculada frivolidad. Pero le espera una sorpresa. Una pizpireta dama de su pasado anda dando vueltas. Y no se trae propósitos muy santos. Sucede que ella ha hecho una fuerte inversión en un proyecto para construir un segundo canal de Suez, pero en Argentina. El amigo común de ambos, que es un político, se opone, y su veto al proyecto podría echarlo abajo. Lamentablemente este amigo, que es tan influyente y un hombre tan fino, pulcro, correcto y elegante, tiene un trapito sucio: su fortuna surgió de una operación que involucra una indigna traición de confianza. Como la dama pizpireta está ansiosa en que su inversión rinda frutos, no se detendrá ante nada, ni siquiera la extorsión, para echarse una bonita suma en la falquitrera. El político encumbrado está en un tris, porque no sólo su carrera política sería destruida, sino que perdería el amor de su amantísima mujer. Y ahora, ¿quién podrá defenderlo? Adivinaron: el jovencito frívolo y alérgico al matrimonio deberá ir al rescate, porque verán, en el fondo tenía su corazoncito, aunque eso le signifique el riesgo de caer en las pegajosas redes de la chantajista y llevársela al altar...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

En su tiempo, a finales del siglo XX, esta comedia basada en una obra de Oscar Wilde pasaba por ser un divertimento, un juguete cómico, una comedia de enredos con los resortes dramatúrgicos que eran viejos en la época de Menandro y Plauto. Pero a medida que nos hemos ido adentrando en el siglo XXI, no deja de tener algunas connotaciones bastante oscuras. En principio ninguno de los personajes puede ser considerado un villano prototípico, y sin embargo, no sería el primer caso de un político encumbrado que tiene más de alguna mugre escondida bajo la alfombra. Hay uno que se ocupó tan diligentemente de limpiar esa mugre y vestirse con la sábana de Cristo y la bandera de su patria, que llegó a Presidente de los Estados Unidos y le declaró la guerra a Irak... Oscar Wilde es un autor hoy en día terriblemente actual porque, no lo olvidemos, es un representante típico, casi folclórico, de la época victoriana tardía, antesala de esa verdadera tierra de nadie cultural inglesa que fue la Era Eduardiana, cuyo hijo más ilustre fue el acomplejado John Barrie (el creador de Peter Pan, que era él mismo un peter pan en la vida real). En Oscar Wilde se cebó toda la hipocresía social, y por otra parte, él mismo sufrió la prisión de saberse un genio en una sociedad dominada por la mediocridad y el artificio. Defenestrando los reality show de hoy en día, Wilde se hubiera sentido a gusto.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Es una adaptación bastante fiel al espíritu wildeano. O sea, se trata de personajes artificiosos y paradójicos, en donde bondad y maldad se confunden en una verdadera nube de ambigüedad moral. Toda esta situación, de la que cualquier escritor a soldada hubiera sacado toda una tragedia, Wilde la transforma en una comedia que por el mismo hecho de ser tal, tiene aún más garra. El señor Oliver Parker entendió bien esto, y le dio un tratamiento deliberadamente frívolo a la película. Mención aparte merece un guiño metatextual dentro del filme: en una escena, los personajes acuden al teatro, y mientras sostienen una conversación en un palco, en escena está representándose "La importancia de llamarse Ernesto", también de Wilde, y que como "Un esposo ideal", data también de 1895.

-- El elenco está en su gloria. Cierto es que tal colección de estrellas es de lo más granado que podía conseguirse, pero además de eso, trabajan como un solo hombre para sacar adelante esta película. Rupert Everett (el amigo gay de Julia Roberts en "La boda de mi mejor amigo") hace un glorioso papel como jovencito afectado y desaprensivo, en las antípodas de su deleznable rol contemporáneo como el Dr. Claw del "Inspector Gadget". Jeremy Northam compone un correctísimo papel de atribulado lord inglés. De las chicas no se puede decir sino elogios: a Julianne Moore le quedan tan bien los roles de malvada como los de heroína, Cate Blanchett despliega todo el encanto de una gran dama, y Minnie Driver roba cámara casi por sí sola, a pesar de que su rol es, en estricto rigor, secundario dentro de la trama.

-- Ya mencionamos el trasfondo filosófico o moral de la película, que se aleja de los cánones del bueno vs. el villano. Esta es una obra con personajes que, a pesar de estar dibujados con trazos de comedia, son en el fondo seres humanos, con aristas positivas y negativas. Incluso hasta la villana oficial, en el fondo, resulta un personaje simpático y querible.

IDEAL PARA: Reirse desenfadadamente de las miserias de la alta sociedad (y desde abajo, créanme, se ríe mejor).

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