11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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jueves, 21 de enero de 2010

"La nana" (2009).


-- "La nana" (título original en español), "The Maid" (título para distribución internacional en inglés). Chile / México. Año 2009.
-- Dirección: Sebastián Silva.
-- Actuación: Catalina Saavedra, Claudia Celedón, Alejandro Goic, Andrea García-Huidobro, Mariana Loyola, Agustín Silva, Darok Orellana, Sebastián La Rivera, Mercedes Villanueva, Anita Reeves, Delfina Guzmán, Luis Dubó, Luis Muñoz, Andreína Olivarí, Gloria Canales.
-- Guión: Pedro Peirano y Sebastián Silva, sobre una historia de este último.
-- Banda Sonora: Ruy García como músico supervisor.

-- "La nana" en IMDb.
-- "La nana" en la Wikipedia en español.
-- "La nana" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

SANTIAGO, CHILE. PRESENT DAY. Una de ésas que llaman "familias bien", de las que tienen una cruz en cada pieza y le meten a los niños el virus del rezar, y se toman bien en serio aquello de creced y multiplicáos y poblad la Tierra, está preparando una fiesta sorpresa. En la hora undécima, con la típica campanita (costumbre importada made in England), llaman a la sirvienta. Que acá en Chile no se las denomina así, sino que con encantador colorido local, se llaman "nanas". La nana está comiendo toda acoquinada sobre un plato de arroz con carne en pedacitos, mira un poco adivinando lo que se viene, y luego mira a la cámara con su mejor cara rotevailer mientras se sobreimprimen en letras amarillas de diario sensacionalista los títulos de la peli: "LA NANA". Bueno, el caso es que al final va uno de los hijos y la llama. ¡Es una fiesta sorpresa PARA ELLA, para la nana! Porque comerá en la cocina y no en el comedor, y lavará la vajilla que los otros ensucian, y duerme en un cuartucho y too, pero es parte de la familia, miren ustedes, para que digan que los católicos de la alta no rotean hacia abajo... En fin, el caso es que a pesar de todo esto, las tensiones están a flor de piel, en particular porque la señora de la casa trata a la nana con toda la cortesía que la condescendencia insufrible le permite, mientras que el marido pasa de ella, la hija mayor está en choques fieros con la iñora pasaaspiradoras, el hijo menor es el único que más o menos pesca, y hay dos retoños más que están ahí porque hay que poblar la tierra de católicos, sino qué sería de este mundo, con qué rellenaríamos las jornadas EJE de 15 años después. Y todo esto va minando la resistencia de la nana, que en un minuto cualquiera, ¡¡¡PATAPLÁS!!!, al suelo se ha dicho. La señora entonces se pone imperiosa y le dice a la nana: "mire, mijita, la situación económica está buena, que pa' eso somos ABC1, así es que vamos a pagar a otra nana que ayude acá". La nana se pone entonces hecha un quique, porque verán, ella es LA NANA, ha estado 23 años en la familia, y ya se sabe lo que pasa con los mandos medios cuando se apernan en un puesto, que llegan a considerarlo como derecho 'e propiedá oiga usté, y llegan a querer mandar más que el patrón, y se resiente de que entre la competencia a su monopolio del servilismo (¡ya decía el venerable Hegel que entre el amo y el esclavo el verdadero amo es el esclavo porque le permite al amo ser su amo!). De manera que pronto la honorable y cuasiopusdeísta casa se convertirá en un battlefield entre la pistolera veterana obligada a desenfundar el revólver por última vez, y las jóvenes pistoleras que comienzan la invasión...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Muy antiguamente, en la Era Feudal Chilena, en que too Chile era agrario y estaba repartido entre unos pocos latifundios que convenientemente estaban en manos de "los lindos", existían instituciones como la servidumbre, el inquilinato, etcétera. En esas grandes casonas señoriales habían ejércitos de "chinas", cuyas funciones eran mantener la casa con las manos y mantenerse de piernas al señor (y no pocas veces al señorito también, de paso). Después vino la urbanización, pero esa simpática institución no desapareció, sino que devino en la llamada "nana puertas adentro", que toda casa bien poseía, y cuyo prototipo era la contundente Domitila de las novelas de Papelucho. A medida que han ido pasando los años, y la situación económica se ha ido haciendo cada vez más precaria y la vieja oligarquía republicana de perla en la solapa y bastón de caballero se ha ido desvaneciendo junto con el bigote mostacho, la nana puertas adentro ha ido desapareciendo cada vez más, salvo en los estratos lo suficientemente altos como para poder permitirse el lujo de pagar el mínimo y cotizaciones, e incluso más. Claro que como ya ninguna chilena trabaja así, están entrando de reemplazo las peruanas, que para eso Chile envía capitales, y Perú devuelve mano de obra, en un quid quo pro quo que amenaza convertir la Línea de la Concordia en el Río Grande de Sudamérica. Supongo que era cuestión de tiempo antes de que una peli se atreviera a retratar esa realidad. Y curiosamente, esa peli no vino desde la izquierda más consuetudinaria, sino desde una posición bastante filoderechista. Es lo que tiene pasarse de bocón, que cuando en 2004 salió "Machuca" criticando a la derecha y los derechistas dijeron que la peli era pésima porque estaba cargadita a la izquierda, y desde la izquierda respondieron que bueno, que entonces los derechistas hicieran su propia peli... se tardó cinco años en llegar, pero la hicieron, en definitiva.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Primero que nada, esta peli es una visión bastante correcta e interesante sobre ese idiosincrático fenómeno social chileno (y también latinoamericano, si hemos de darle crédito a los culebrones brasileiros, colombianos, venezolanos y mexicanos) que es la "nana". De hecho, quizás el público anglosajón se pierda de algo o se desconcierte lo suyo con la traducción "The Maid", formalmente correcta, pero que no refleja a cabalidad ("maid" significa "doncella") las concomitancias emocionales que posee la palabra "nana" en Chile. Así, por ejemplo, una "maid" puede ser también la doncella que atiende las habitaciones de hoteles, pero a ningún chileno de corazón bien puesto se le ocurriría llamar "nanas" a tales señoritas y señoras. La nana implica también un lazo emocional, un "es parte de la familia", sólo que no es tan familia como nosotros, por aquello de mantener el orden y las jerarquías y todo eso, que una cosa es la libertad y otra muy distinta el libertinaje, joer. Ese conflicto en que a veces los planos se solapan, y para algunas cosas la nana es familia y para otras no (cosas no siempre bien definidas porque eso es a según de conveniencias, y cuánto tira y afloja haya entre nanas y amos, porque después de todo, es que son unas sublevás que las dejas sueltas un ratito y ya te están de tú a tú contigo, las muy confianzúas), está muy bien reflejado en esta peli.

-- Catalina Saavedra. Es que es de verla y no creerla. La protagonista se echa la peli al hombro y se la suda entera, con un papel brillantemente ejecutado. Su voz, sus silencios, sus miradas, sus gestos, su cerviz toda doblada, pero no tanto tampoco, todo su cuerpo es una potente e implacable maquinaria de expresión actoral puesta al servicio de un gran papel. Su personaje de nana parece haber sido engendrado en una noche de juerga por el mayordomo frígido que hacía Anthony Hopkins en "Lo que queda del día", con la chica resentidota que hacía Isabelle Huppert en "La ceremonia" (dos estupendas pelis, cada una en lo suyo, háganse un favor y véanlas si no lo han hecho). Pero a la chilena. O sea, too más picantito, por más que traten de darse ínfulas (no es pecado de la peli, es que los chilenos somos así, un tanto pelientos por mucho Club de Cachagua que le pongan). Ver su esforzadísimo trabajo actoral hace que valga la pena seguir un guión un tanto plano y desaprovechado, que más allá de algunas risas (algunas de ellas involuntarias, lo que siempre es mal síntoma), y algunas soluciones argumentales casi de sitcom (eso de que papito tenga como afición las maquetas de barcos, es la enésima versión del sobadísimo chiste del jarrón de la dinastía Ming que es demasiado valioso para quebrarse, y que por supuesto, barco chileno y jarrón chino, se rompen previsiblemente los dos), e incluso un final indigno de toda la enorme tensión dramática que se fue construyendo por el camino (se nota que no supieron como terminarla, y le permitieron una salida "simbólica" que desentona de todo lo anteriormente mostrado), sin que esos baches se noten demasiado.

-- El resto de la peli está bien. Sin superlativos, pero bien. Mariana Loyola en su secundario como una pizpireta nueva nana, y Claudia Celedón como la condescendiente mamá con espíritu de déspota ilustrada (todo para el pueblo, pero sin el pueblo), complementan muy bien el cuadro actoral, y el resto de los actores cumple con lo suyo (aunque queda flotando la duda sobre si realmente actuaron bien, o sólo fue producto de un casting inspirado). La peli casi entera se ambienta en la casa patronal, y esto hace que la acción de la peli se concentre aún más, en vez de irse por las ramas (hay apenas un par de secuencias fuera de los muros de la casa, una cuando la nana va de shopping, y otra cuando sale por Navidad, y ambas son esenciales para el desarrollo de la trama). Se usa cámara en mano y fotografía digital, pero con mesura, sin hacer abuso de la misma, evitando ese feo vicio de temblequear todo para que se vea más "indie", que lastró tanto a las pelis Dogma 95 en su día y que fue imitado a mansalva después. Y la opción de no utilizar una banda sonora propiamente tal, sólo complementada con un poco de música aquí y allá, termina de cerrar el círculo (aunque el lado malo es que estos tipos no se van a poder forrar con el soundtrack... ¡Ja! No lo iban a hacer tampoco, a como están los tiempos).

-- La peli no cae en algunas trampas discursivas propias del "cine latinoamericano", que por querer ir de progre, muchas veces divide el mundo entre los pobrecitos pobres que son los buenos, y los malosos ricos que son los maloh. Acá tenemos una peli de personajes, cada uno con sus virtudes y sus defectos, y la peli no trata de justificar ni condenar a nadie. Ante tanta asepsia moral, hubo muchos pontífices culturetas que desde la izquierda la encontraron poco arriesgada. Seguro que si la peli no terminaba con la nana sublevándose con el puño izquierdo en alto y entintado en rojo para prenderle fuego a la casa en el nombre de la revolución, chico, entonces no era una peli "comprometida". ¡Lean a este quejica si no me creen! Pero en fin, las pelis son buenas o malas porque cuentan una buena historia, y la cuentan bien, no porque tienen tal o cual discurso, sea de izquierdas o de derechas. ¿Es una peli fachosa? Sí, lo es, porque el gran final es que el orden social debe ser mantenido, y todo está bien cuando se acomoda a él, sin revoluciones ni estridencias, y esa defensa de la propiedad y del orden establecido es puro fachismo. Pero la peli tampoco carga las tintas demasiado en el tema, y por lo tanto, puede ser vista por la feligresía progre sin mayores complicaciones. De hecho, aunque muestra gente pobre, no lo hace con el espíritu folklórico y casi antropológico que lastra a otras pelis, con ese sonrojante paternalismo tan propio de algunos cineastas cuando tienen que habérselas con "el proletariado". Es lo que tiene mostrar los hechos desnudos, que cada uno se puede formar una opinión al respecto, algo que hace mucho tiempo que se ha perdido en el cine de Hollywood, por ejemplo, en donde con honorables excepciones, todo te lo dan masticadito y digeridito para que no se te deshuese la mandíbula masticando significados detrás de las tramas.

-- Y un detalle final... ¿Me equivoqué de peli, o ésta tenía una temperatura criptogay que vuela? Porque, repasemos... ¿a quién le tenía mala, la nana? A la hija mayor, que aunque pelolais y todo, ya tiene formas de mujer y todo. ¿Qué hace la nana después de que las otras chicas que llegan a trabajar se duchan? Desinfectan para limpiar la suciedad (¿psicología inversa?). ¿Cómo se la gana la doncella que hace Mariana Loyola a la nana mayor? Se hace un topless en el jardín de la casa (sí, Mariana Loyola mostrando lolas, si es que ya los conozco a ustedes, joer...). ¿Y por qué es tan especial la relación entre ambas? Porque pasan una Navidad juntas (una celebración familiar, ¿eh? ¿caen?) y porque en algún minuto u otro hay cariñitos de ésos de consolación (nada morboso, no se piensen mal), pero cariñitos a fin de cuentas. No sé, pero bien rara la nana ésa, si me preguntan...

IDEAL PARA: Ver una buena peli sobre las relaciones de poder entre los que tienen el poder y los sirvientes que tienen el poder de darles poder a los que tienen poder.

OTRAS PÁGINAS SOBRE "LA NANA":

-- "La Nana: Puertas adentro" en el blog de El Mercurio Wikén.
-- "La nana" en Critica de Cine por la Cantina.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en español].

jueves, 14 de febrero de 2008

"Lo que queda del día" (1993).


-- "The Remains of the Day". Inglaterra. Año 1993.
-- Dirección: James Ivory.
-- Actuación: Anthony Hopkins, Emma Thompson, James Fox, Christopher Reeves, Peter Vaughan, Hugh Grant, John Haycraft, Caroline Hunt, Paula Jacobs, Ben Chaplin, Steve Dibben, Abigail Harrison, Patrick Godfrey, Peter Halliday, Terence Bayler, Hugh Sweetman, Tony Aitken, Emma Lewis, Joanna Joseph, Tim Pigott-Smith, Lena Headey.
-- Guión: Ruth Prawer Jhabvala, basada en la novela de Kazuo Ishiguro.
-- Banda Sonora: Richard Robbins.

-- "Lo que queda del día" en IMDb.
-- "Lo que queda del día" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Son los turbios y rockanrolescos '50s. Después de que Lord Darlington, su amo caído en desgracia, ha fallecido, la Mansión Darlington está a la venta, al mejor postor, y hasta plantean venderla como un montón de piedras a tanto la tonelada. Pero para fortuna de estos ingleses, tan estiradotes ellos que siempre tiene que venir un yanki a sacar las castañas del fuego, un político yanki retirado la compra y se promete a sí mismo restaurarla como era en los días de esplendor. Pero nuestro Ubermensch yanki (¡caray, si hasta el actor es superhumano, es Christopher Superman Reeves, hombre!) no podría llegar a tanto sin la obsesiva ayuda de su esbirro en jefe, el Mayordomo Stevens. Ocasión y momento propicio entonces para hacer la magdalenada de Proust y empezar a recordar los viejos y buenos tiempos. Para los ingleses, "viejos y buenos tiempos" significa antes de la Segunda Guerra Mundial, porque bien salada que la sido la Historia Universal con ellos después (adios al Imperio, potencia de segundo orden, obligación de unirse a la CEE, los tres tomos de Tolkien)... Los buenos y viejos tiempos en los cuales un ama de llaves y un asistente de mayordomo podían fugarse limpiamente y poner en aprietos al patrón para contratar nueva servidumbre. La que se queda finalmente es la Señorita Kenton, de muy buenas referencias, gracias por preguntar, quien no sólo demuestra llenar todos los requisitos para ser el ama de llaves perfecta, sino además para llenar el basáltico corazón del señor Stevens. Pero, ¡ah!, él no puede permitirse un romance, ¡oh, no, no, no! Eso lo distraería de sus funciones. Y sus funciones son importantísimas. Sin él, la casa no funciona. Y si no funciona, adios a cambiar la Historia a través de las conferencias internacionales pronazis que organiza su regio patrón Lord Darlington...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Lo hemos dicho anteriormente, a propósito de "Divorcio a la francesa" y "La condesa blanca". El director James Ivory es de la vieja escuela, y cuando decimos "vieja", queremos decir "antediluviana"; es decir, alguien formado en los cánones de John Huston y similares, con un extraordinario dominio escénico, una puesta en cámara preciosista, y actuaciones de primera, combinadas con una increíble frialdad formal. Con tales mimbres, el cesto hubiera sido un fracaso, de no ser porque salvo desbarruntes como la mencionada "Divorcio a la francesa", que pretendió ser una comedia "quiero y no puedo", James Ivory se ha especializado en esa cosa que no quiere ser histórica ni pura ficción que se llama "cine de época", género éste que se adapta muy bien a sus cualidades (ha dirigido, entre otras, "Los bostonianos", "La mansión Howard", "Jefferson en París", "Sobreviviendo a Picasso" y la mencionada "La condesa blanca"). En 1990 cayó en sus manos un librito escrito por un japonés llamado Kazuo Ishiguro, que el año anterior había ganado el Booker Prize (uno de esos premios que la estirada dizqueintelectualidad europea le da a novelistas que después todos comentan y nadie lee); este Ishiguro tenía méritos porque siendo japonés, podía escribir como europeo clásico mezclando una sensibilidad japonesa, y así todos contentos para premiarle porque escribe como europeo clásico, pero por lo japonecete le hacemos loas a la multiculturalidad (el fetiche de lo políticamente correcto noventero). Tras las vueltas y revueltas de rigor en Hollywood, Ivory terminó rodando esta peli, que se alzó después con una enorme cantidad de premios, y por una vez en la vida, con razón.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Lo dicho, es una clásica peli de James Ivory, y si no es la mejor de todas, debería considerarse entre su Top 3. Porque en esta peli están todos en estado de gracia. Para un director de corte clásico y técnicamente conservador a ultranza, la historia de un grupo de personajes otoñales que se niegan a aceptar que el mundo está cambiando, debía calzarle como yelmo a la cabeza. Si alguien quiere enterarse de qué va el cine de Ivory, "Lo que queda del día" debería ser su punto de partida natural.

-- Anthony Hopkins. Ha hecho toda clase de papeles en su larga carrera artística, pero si la posteridad lo va a recordar, es por dos hitos, ambos curiosamente de "early '90s". El primero de ellos es su rol como Hannibal Lecter en "El silencio de los inocentes". El segundo es la que podríamos llamar informalmente su "tríada de época", conformada por "La mansión Howard" y "Lo que queda del día" a las órdenes de James Ivory, y "Tierra de sombras" a las órdenes de Richard Attenborough; lo interesante de esta inopinada trilogía, es que a pesar de ser roles muy similares (personaje inglés tradicionalista hasta el fanatismo y lleno de contención british), se las arregla para interpretarlos de manera muy distinta a cada uno, muestra de que Hopkins es uno de los mejores actores de su generación. Su composición del mayordomo Stevens, duro y frío como el acero, pero que se traiciona solito a través de gestos y sutilezas varias, está entre las mejores que entregó el cine en los '90s. Hopkins consigue transmitir así toda la humanidad de un personaje que sobre el papel... ¡por Bastet que es detestable este hombre!

-- Emma Thompson. A pesar de haber protagonizado unas cuantas históricas ("Enrique V" junto a Kenneth Branagh, con quien se encamó después, libreta de por medio, un rol secundario en la simpática y no impecable "Improptu", y un rol también en el otro Ivory-hit, "La mansión Howard"), fue con esta peli que estalló literalmente ante las audiencias internacionales. Y es que consigue una increíble empatía actoral con el Monstruo Hopkins, algo indispensable si se considera que, después de todo, es una historia de amor entre ambos (¿cuántas pelis de amor han fracasado porque sus protas se detestan cordialmente, o no tan cordialmente?). Es tanta la asociación que consigue con el personaje, que cuesta pensar que, en retrospectiva, el rol iba a ser originalmente para Anjelica Huston, otra gran actriz, claro está, pero que no tiene el mismo timbre actoral que la Thompson.

-- El resto de los secundarios está simplemente grandioso. James Fox, tipo emblemático de toda peli de época inglesa que se precie de tal, hace un gran rol como Lord Darlington, bienintencionado, pero incapaz de sacarse la chapa paternalista de quienes se creen mejor que el resto de la sociedad, ni aún después de cag... perdón, meter la pata. El millonario yanki es nada menos que Christopher Reeves, en su lucha superheroica para sacarse de encima el cartel de Superman (sí, fue el prota del "Superman" de 1978 y secuelas, ¿qué pasa?), y como de costumbre interpreta su rol de manera grandiosa (sólo un puñado de nosotros sabía que era un tremendo actor, además de un buen superhéroe, y después quedó inválido y se murió). Aparece Hugh Grant, secundario insigne que ya había coincidido con la Thompson interpretando nada menos que a Frederic Chopin, el insolente, en "Improptu", que el año anterior había hecho el tontobruto en "Perversa luna de hiel" y que aquí sigue de secundario insigne antes de hacerse famoso en "Cuatro bodas y un funeral" (y pervertirse tratando de sacarse el cartel de "galán inglés" hasta caer en "El diario de Bridget Jones"). Aparece también como uno de los criados, un tal Ben Chaplin, uno de los buenos actores que nunca consiguió salir de la segunda fila (ustedes lo vieron en "La verdad sobre perros y gatos", "La heredera", "La delgada línea roja", "Ruleta rusa", "Cálculo mortal", ¡claro que lo ubican, si son cinéfilos de pro!)... Y aunque no muy conocido, mencionemos también a Peter Vaugh como el padre del señor Stevens, quien interpreta un gran rol como el viejo chochete que acarrea más problemas que alivios.

-- El tema central de la peli es también uno que, desgraciadamente, nunca perderá actualidad. Se trata del tradicionalismo a ultranza. Ser tradicionalista no está malo cuando uno se toma la tradición con cierto espíritu deportivo, conservando las cosas que sirven y descartando las que ya no. Pero el tradicionalismo porque sí es un veneno espiritual que ha matado castas sociales completas. El pecado original de todos los personajes es seguir comportándose como si la sociedad inglesa en masa estuviera estancada en el XIX de Jane Austin, a pesar de vivir los '30s del XX (y los '40s, y los '50s). Es, desde luego, el pecado de Lord Darlington, cuando se le enrostra que su naifpolitik hacia Hitler es de amateurs, y él replica que lo que algunos llaman amateurismo, él prefiere llamarlo "política con honor". Y por extensión, casi por contagio viral, es el pecado del señor Stevens, preocupado porque todo esté como siempre y siga en su lugar, aunque eso signifique el no darse cuenta de lo babosa que anda la Señorita Kenton por él... o lo baboso que él mismo anda por la Señorita Kenton. La película consigue el casi imposible de que, sin abandonar el microcosmos de la Mansión Darlington, sintamos que afuera están pasando cosas y que el viejo orden está por estallar, si es que en verdad no ha estallado ya. Esto se ve en dos niveles paralelos: por una parte, en la destrucción moral de Lord Darlington cuando después de la guerra tiene que responder por sus simpatías pronazis (a pesar de que confiaba en los nazis de pura buena fe), y en la incapacidad del señor Stevens para reconocer que las cosas cambian, y que si él mismo no cambia, será infeliz de por vida.

-- La película aborda también el complicadísimo problema de la relación de las democracias occidentales con los nazis. Después de la Segunda Guerra Mundial, Hiroshima, el descubrimiento de los experimentos en campos de concentración y la Solución Final, y los Juicios de Nüremberg, los historiadores de pacotilla escribieron toda una frondosa mitología, que el cine de guerra a lo John Wayne estimuló, sobre que las democráticas potencias occidentales libraron una guerra de ribetes mitológicos para derrotar al Demonio Ario. A mucha gente le incomoda entonces pensar y descubrir que muchos notables de ese mundo democrático occidental simpatizaba con los nazis y eran tan antisemitas como el propio Hitler (allí están por ejemplo Henry Ford o Charles Lindbergh... y a nadie se le ocurriría decir que eran las manzanas podridas del sistema... ¡después de todo eran trunfadores en el más clásico american way of life!). En la peli vemos justamente esa trastienda, de cómo parte del éxito nazi antes de la guerra se debió a las chambonadas y estupideces de un grupo de señoritos bienintencionados, sumados también por una clase baja que en muchos casos siguió como borregos a los de arriba, comprensiblemente asustados ante la perspectiva de una nueva y aún más sanguinaria guerra europea, pero incapaces de comprender que en la psicología de la Alemania de aquel tiempo no existía ese mismo miedo patológico a una guerra en la que su orgullo nacional tenía todo que ganar y nada que perder (pensaban ellos así, al menos). En muchos sentidos, esta peli enseña más historia de la Segunda Guerra Mundial que una tonelada de manuales explicando de manera fría y abstracta cómo los nazis llegaron al poder, y cómo las democracias occidentales fueron incapaces de contener a Hitler hasta que resultó demasiado tarde.

-- A un nivel histórico, esta peli funciona también como un reflejo de la decadencia de Inglaterra. Porque vemos nítidamente el contraste entre el mundo señorial de preguerra, en donde todo está escrito y predeterminado, y el mundo posterior en donde un vendaval sociológico lo arrasa todo. En esto estriba el agudo contraste entre la vida perfecta y ordenada en los '30s, y el viaje del prota para reencontrarse con su antigua ama de llaves en los '50s, que lo lleva a arrojarse en un mundo que detesta a su antiguo amo y todo lo que él representaba (además de que, por primera vez, se ve obligado a convivir en una posada de mala muerte con gente "de la baja").

-- Hay también una escena brillante que refleja una de las mayores debilidades de la democracia. En un punto, los señoritos políticos discuten sobre si es bueno darle democracia al pueblo ignorante y sin educación para que ellos voten como si tuvieran la calificación intelectual para ello. Y uno de ellos, a modo de prueba, le hace una serie de complicadas preguntas al señor Stevens, ante lo cual éste replica simplemente y con educación, que no puede ayudarlo en esos temas. El es un mayordomo y está para servir, claro, pero si se piensa en las manadas de obreros de nuestra sociedad industrial e informática cuyos patrones piensan que están para servir y no para pensar (y si piensan, los despiden y contratan a alguien por un salario más bajo), en realidad los "trabajadores libres" no están mejor parados al respecto. Esta es, por supuesto, la muestra máxima de como la democracia falla si se concentra la educación en unas pocas personas, y también el capital.

IDEAL PARA: Ver una gran historia de amor, una película con grandes actuaciones, cine histórico de alturas, el viejo tema del tradicionalismo... Si eres una persona que usa sus neuronas para algo más que deslumbrarse con efectos especiales, alguna veta encontrarás en esta película que te gustará.

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