11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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jueves, 6 de enero de 2011

"Extraños en un tren" (1951).


-- "Strangers on a Train". Estados Unidos. Año 1951.
-- Dirección: Alfred Hitchcock.
-- Actuación: Farley Granger, Ruth Roman, Robert Walker, Leo G. Carroll, Patricia Hitchcock, Kasey Rogers, Marion Lorne, Jonathan Hale, Howard St. John, John Brown, Norma Varden, Robert Gist.
-- Guión: Raymond Chandler y Czenzi Ormonde, y Ben Hecht sin acreditar, sobre una adaptación de Whitfield Cook, basados en la novela de Patricia Highsmith.
-- Banda Sonora: Dimitri Tiomkin.

-- "Extraños en un tren" en IMDb.
-- "Extraños en un tren" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Un individuo inmerso en ese sórdido y perversillo submundo que es el tenis profesional, viaja a su aldea natal para divorciarse de su esposa, una flaitonga que consiguió encaramarlo al altar cuando él era un donnadie, pero que ahora que es famoso, y que puede aspirar a algo mejor (concretamente a la hija de un político, y comparándola a ambas, quién podría culparlo), está listo para decir bye-bye-beautiful (lo de "beautiful" es sarcasmo en este caso). En eso, un tipo lo reconoce y le dice que, oiga usté, ¿no es fulanito de tal, el que se dedica al fino arte de golpear pelotas con la raqueta? Y el tipejo se acerca al tenista, con su mejor cara de "enséñame a usar esa raqueta, lindo"... El tenista, que podrá ser tenista pero igual como que se cohibe un poco, decide replegarse su poco en dirección hacia el armario, pero el otro, jugueteando distraídamente con su bastón, sigue que te sigue. La conversación termina versando sobre el divorcio, porque verán, el otro tipo se lee toíta la prensa sobre tenistas (si es medio rarito, no podía gustarle el viril deporte del rugby, claro está), y le saca eso de que adios esposa y todo. Y entonces le propone una extraña teoría. El no soporta y debe deshacerse como sea de su madre. Pero claro, él tiene un móvil. Y el tenista también tiene un móvil para matar a su señora, en particular si no hay divorcio, ¿no? Pues entonces, la solución es nada más sencilla. El hijo regalón mata a la señora del tenista, y a su vez el marido del año mata a mami. Crímenes cruzados, no hay motivos, policía desconcertada, ambos libres. Chan-chán. El tenista lo escucha, pero no le termina de entrar bien eso de cruzarse con el otro tipo... cruzarse los crímenes, no sean malpensados... y le dice una frase de cortesía e irónica que cualquiera hubiera entendido que es cachondeo. Pero como el otro no es de tomarse las cosas a broma, decide que va en serio. Y emprende la marcha, como un Terminator de toda la vida, acechando a la esposa, que entre tanto, la muy putifarra, resulta que además de no concederle el divorcio al tenista para arruinarlo y si no es mío no será de nadie, la muy putifarra, decía, se manda a cambiar con dos amiguis a una feria de diversiones, para hacer en lo oscurito esa clase de cosas que ya-saben, hacen las niñas grandes. Y ahí empieza a perseguirla el tipo. De juego en juego. Ella se da cuenta, pero como el otro sonríe y la otra es putifarra, pues bien, tendrá a dos chicos, pero tiene que sonreirle al otro hombre. De esta manera, el trío se adentra cada vez más en el parque, siempre con el lunático del bastón detrás... ¿conseguirá zafarse? ¿Se cumplirá la teoría de los crímenes cruzados? ¿O por el contrario, a nuestro bien compuestito tenista acabarán sodomizándole... la vida, eso quiero decir, no se piense mal...?

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Patricia Highsmith ocupa un lugar de privilegio en la literatura policial del siglo XX. No por sus intrincados crucigramas policiales como Agatha Christie. Tampoco por su brutalidad como Dashiell Hammett. Ni por su cinismo como Raymond Chandler (autor que, por cierto, escribió un preguión de la peli, aunque consideraba la novela de la Highsmith una tontera). La verdadera razón por la que Patricia Highmith ocupa un lugar de culto en la novela policíaca moderna, es porque la señora era una perra enfermiza de lo peor. Sus relatos son lisa y llanamente nauseabundos, no por mal escritos (de hecho ella es una escritora magnífica), sino por la manera en que se las arregla para tomar situaciones que consideraríamos más o menos normales y cotidianas y retorcerlas hasta hacerlas enfermizas e insanas. Aunque la Highsmith es mejor cuentista que novelista (y es que en el cuento destila lo mórbido hasta extremos espantosos), se dio maña para ser conocida por "El talentoso Señor Ripley". "Extraños en un tren" es anterior. De hecho, fue su primera novela, y fue publicada en 1950. La novela era lo suficientemente insana y mórbida como para llamar la atención de otro tipo mórbido e insano, como lo era Alfred Hitchcock, que en las tinieblas de los representantes consiguió hacerse a precio vil de los derechos. En aquellos tempranos '50s, en que los rudos y combativos '40s iban quedando atrás, y se asentaba lo que después será esa cosa tan eisenhoweriana de los suburbios con gente correctita como vecinos y pie de manzana en las ventanas, Alfred Hitchcock y sus veintialgos años de carrera fílmica se habían anotado ya un punto en las ligas mayores con "La soga", y estaba iniciando su edad de oro. "Extraños en un tren" es la primera peli de una década prodigiosa en que el Fantasma del Cinematógrafo nos regaló "La llamada fatal", "La ventana indiscreta", "Para atrapar a un ladrón", su autoremake de "El hombre que sabía demasiado", "Vértigo", "Intriga internacional" y "Psicosis". Y sin despeinarse, el desgraciado.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Por una vez en la vida, la peli es bastante superior a la novela. Como en dos tercios de proyección, sigue con total fidelidad el argumento. Pero luego tomó una muy sabia decisión: echó por la borda el final de Patricia Highsmith. ¡Horror!, los oigo gritar, ¡herejía!, ¡un cineasta que se atreve a profanar con sus sarmentosas manos las sagradas páginas del material que vampiriza! Bueno, déjense de leseras, si quieren adaptaciones religiosamente fidedignas váyanse a ver "Harry Potter y la piedra filosofal" o "El Código da Vinci", pero si quieren ver cómo una adaptación puede superar al material literario de base, sigan en nuestra sintonía. Mientras que es claro que Patricia Highsmith no tenía idea de cómo desanudar todo lo anudado a lo largo de la trama, y cortó por la solución más imbécil de todas las posibles, Alfred Hitchcock y su equipo de guionistas se inventaron con un par, todo un final de acción que debe contarse entre lo más frenético que el gordo ése rodó jamás (lo de "gordo" no lo dije yo, fue Raymond Chandler quien una vez lo llamó el "big fat bastard", para que se vean...). Tampoco Hitchcock se arredró antes las evidentes connotaciones homoeróticas de la novela original (hasta donde se sabe, y es muy creíble leyéndole su material, a la señora Highsmith le era indistinto comer plátanos o papayas de postre), y las volcó en pleno dentro de su peli (esa escena en que el fanático saca una pistola y apunta a la espalda del tenista...). Y se reforcila en esas connotaciones, para añadirle dolor a la injuria. Sí, señores, "Extraños en un tren" no será la mejor peli que Hitchcock haya rodado jamás, pero tiene buenos galones para estar en el Top Five de las más sórdidas que el inglesito se le ocurrió rodar jamás.

-- La trama de la peli (descontado que ya viene en la novela, claro) es lo más original que hay. Muchas historias policiales, en eso de escamotearle cosas al espectador para incrementar el suspenso, deben enroscarse como culebras, a veces hasta lo inverosímil, con vuelta de tuerca aquí y vuelta de tuerca acá. "Extraños en un tren", en cambio, tiene una premisa de lo más sencilla, y eso refuerza el efecto de la misma: el suspenso no viene de que algo en alguna parte va a girar en una dirección distinta y vas a quedar ¡¡¡WHOAAAAAA...!!!, sino de que todo el argumento parece moverse inexorablemente en una dirección, y la tensión arranca de la impotencia (er, no sexual, aclaremos a estas alturas) del prota para evitarlo. Da tanto nervio la cosa, que no en balde fue objeto de un remake bastardo en manos de nada menos que Danny De Vito ("Bota a mamá del tren", en donde te sacan risas justamente a cuenta del suspenso, y es que si vas a copiar, copia al mejor y quedas como rey).

-- En cuanto a la realización... Está bastante bien. Las actuaciones no son superlativas, pero cumplen perfectamente con su cometido. El que se roba la peli, claro está, es Robert Walker como el fanático medio desquiciado, mientras que Farley Granger (ya de partida el nombre es medio rarito, a mí me suena como a Faye Valentine...) está un poco blanducho en su rol (por otra parte, uno de los dos tenía que ser el debiluchito para que la liaison se viera creíble, claro...). Dentro de sus cinco milímetros cuadrados también brilla Kasey Rogers, porque... ¡qué perra miserable y maldita la infeliz!

IDEAL PARA: Ver el comienzo de la edad de oro de Alfred Hitchcock.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].

martes, 13 de febrero de 2007

"El sueño eterno" (1946).


-- "The Big Sleep". Estados Unidos. Año 1946.
-- Dirección: Howard Hawks.
-- Actuación: Humphrey Bogart, Lauren Bacall, John Ridgely, Martha Vickers, Dorothy Malone, Peggy Knudsen, Regis Toomey, Charles Waldron, Charles D. Brown, Bob Steele, Elisha Cook Jr., Louis Jean Heydt.
-- Guión: William Faulkner, Leigh Brackett y Jules Furthman, basados en la novela de Raymond Chandler.
-- Banda Sonora: Max Steiner.

-- "El sueño eterno" en IMDb.
-- "El sueño eterno" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

OK, nene, presta atención. Reseñar esta película es labor de los demonios, pero si yo quisiera ser eterno, no sería reseñador de películas. El detective Philip Marlowe, con el carácter socarrón y afincado del gran Humphrey Bogart, es contratado por un pudiente personaje con problemas para controlar a su díscolo par de retoñas. Marlowe debe investigar una extorsión contra una de las hijas. Y descubre que del par de niñatas, una es una coqueta sin remedio, la clásica tonta métomenproblemas, y la otra es pesada, altanera y manipuladora. Cuando Marlowe empieza a investigar el embrollo, las cosas se complican, porque descubre a la niñata tonta completamente drogada en una sesión especial de aquella clase de fotos que no van a dar al álbum familiar, sin ella haberse dado cuenta de que comparte habitación con un cadáver. Al poco, aparece otro muertito más. Ahora Marlowe tendrá serios problemas para proteger la reputación de las chicas... si es que les queda alguna, porque cada nuevo descubrimiento lo irá metiendo en un abismo creciente de corrupción, miseria y problemas, por no hablar de los muertitos que van apareciendo en el camino.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

En la década del '30, se produjo una fuerte renovación en la literatura policíaca. Esta, dominada desde el otro lado del charco con novelas puzzle a lo Agatha Christie, empezaron a ceder frente a un nuevo tipo de relato en donde lo importante no era el problema, sino el detective metido en problemas. Los dos grandes adalides de esta renovación fueron sin lugar a dudas Dashiell Hammett y Raymond Chandler, el segundo de los cuales, a pesar de ser escritor lento como un caracol, inició una fructífera colección de novelas con su personaje el detective Philip Marlowe, con "El sueño eterno". Al mismo tiempo, la confluencia de gangsterismo en Estados Unidos con la llegada masiva de cineastas alemanes (huyendo del Tercer Reich) que fieles a su formación expresionista se habían especializado en el uso de luces como efecto dramático, llevaron a la creación del cine noir, el cine negro. Era cuestión de tiempo antes de que las novelas de los pulps policíacos fueran adaptadas al cine, con gran éxito para la época, y legándonos una buena cantidad de buenas joyitas fílmicas.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Es un policial de tomo y lomo. Si la trama de la novela era embrollada, prueben a ver la película (ayuda haberse leído la novela primero, créanmelo). Se dice que cuando el director Hawks y el protagonista Bogart estaban tratando de descifrar si uno de los personajes se suicidaba o era asesinado, le preguntaron al propio Chandler, el novelista, cuál de las dos era efectiva, y Chandler respondió que no se acordaba. Y es que Chandler tenía la mala costumbre de basar sus novelas en sus relatos breves anteriores, y para que alcanzaran la extensión de una novela, tenía que embrollar la trama todo lo posible. Pero esto es justamente lo que le proporciona un tono aún más mistérico al asunto. ¡Ah! Y todo esto sin abusar del recurso del baile de sospechosos ni las vueltas de tuerca tramposas. ESO es hacer un policial de alturas.

-- Hawks. No vale la pena reivindicar a uno de los directores que merecidamente se ha ganado un lugar entre los más importantes de la historia del cine, y que prácticamente inventó él solito el concepto de cine policial, con la fundacional "Caracortada" (la primera, no el poco inspirado remake de Brian de Palma). Sólo digamos que aquí está en plena forma, dirigiendo con la rudeza que sólo él es capaz de imponer.

-- Humphrey Bogart, a esas alturas bien consagrado por sus roles en "Casablanca" y la también policial "El halcón maltés", compone el que probablemente es el Philip Marlowe definitivo. Al personaje lo han interpretado varios otros (James Gardner con suelta garrulería en "Marlowe, detective privado" y Robert Mitchum en un par de adaptaciones), y a veces con bastante cuerpo, pero con el de Bogart no hay caso. Y es que para tener al duro original contrate a Bogart, no acepte imitaciones (no, tampoco a Leslie Nielsen cachondeándose de él en "¿Y dónde está el policía?" y secuelas).

-- Mención aparte merece la banda sonora del prolífico Max Steiner, que proporciona una soberbia compañía sonora al relato policial. Recordemos que Max Steiner fue el hombre que prácticamente inventó el concepto de "banda sonora", tal y como lo conocemos hoy en día, cuando compuso la de "King Kong" en 1933.

IDEAL PARA: Ver un policial de verdad, con dureza de verdad, con un detective de verdad, con una trama de verdad... En fin, un policial de verdad, ya me entienden.

viernes, 19 de enero de 2007

"Un esposo ideal" (1999).


-- "An ideal husband". Estados Unidos / Inglaterra. Año 1999.
-- Dirección: Oliver Parker.
-- Actuación: Cate Blanchett, Minnie Driver, Rupert Everett, Julianne Moore, Jeremy Northan, John Wood, Peter Vaughan.
-- Guión: Oliver Parker, basado en la obra de Oscar Wilde.
-- Banda Sonora: Charlie Mole.

-- "Un esposo ideal" en IMDb.
-- "Un esposo ideal" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Un hombre cuyo gesto más recurrente es una afectada desidia por la vida en sociedad, y la vida en general (su mejor parlamento es afirmarle a su anciano criado que el amor por uno mismo es el comienzo de un romance para toda la vida), se levanta para asistir a un evento social y hacer gala de la más calculada frivolidad. Pero le espera una sorpresa. Una pizpireta dama de su pasado anda dando vueltas. Y no se trae propósitos muy santos. Sucede que ella ha hecho una fuerte inversión en un proyecto para construir un segundo canal de Suez, pero en Argentina. El amigo común de ambos, que es un político, se opone, y su veto al proyecto podría echarlo abajo. Lamentablemente este amigo, que es tan influyente y un hombre tan fino, pulcro, correcto y elegante, tiene un trapito sucio: su fortuna surgió de una operación que involucra una indigna traición de confianza. Como la dama pizpireta está ansiosa en que su inversión rinda frutos, no se detendrá ante nada, ni siquiera la extorsión, para echarse una bonita suma en la falquitrera. El político encumbrado está en un tris, porque no sólo su carrera política sería destruida, sino que perdería el amor de su amantísima mujer. Y ahora, ¿quién podrá defenderlo? Adivinaron: el jovencito frívolo y alérgico al matrimonio deberá ir al rescate, porque verán, en el fondo tenía su corazoncito, aunque eso le signifique el riesgo de caer en las pegajosas redes de la chantajista y llevársela al altar...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

En su tiempo, a finales del siglo XX, esta comedia basada en una obra de Oscar Wilde pasaba por ser un divertimento, un juguete cómico, una comedia de enredos con los resortes dramatúrgicos que eran viejos en la época de Menandro y Plauto. Pero a medida que nos hemos ido adentrando en el siglo XXI, no deja de tener algunas connotaciones bastante oscuras. En principio ninguno de los personajes puede ser considerado un villano prototípico, y sin embargo, no sería el primer caso de un político encumbrado que tiene más de alguna mugre escondida bajo la alfombra. Hay uno que se ocupó tan diligentemente de limpiar esa mugre y vestirse con la sábana de Cristo y la bandera de su patria, que llegó a Presidente de los Estados Unidos y le declaró la guerra a Irak... Oscar Wilde es un autor hoy en día terriblemente actual porque, no lo olvidemos, es un representante típico, casi folclórico, de la época victoriana tardía, antesala de esa verdadera tierra de nadie cultural inglesa que fue la Era Eduardiana, cuyo hijo más ilustre fue el acomplejado John Barrie (el creador de Peter Pan, que era él mismo un peter pan en la vida real). En Oscar Wilde se cebó toda la hipocresía social, y por otra parte, él mismo sufrió la prisión de saberse un genio en una sociedad dominada por la mediocridad y el artificio. Defenestrando los reality show de hoy en día, Wilde se hubiera sentido a gusto.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Es una adaptación bastante fiel al espíritu wildeano. O sea, se trata de personajes artificiosos y paradójicos, en donde bondad y maldad se confunden en una verdadera nube de ambigüedad moral. Toda esta situación, de la que cualquier escritor a soldada hubiera sacado toda una tragedia, Wilde la transforma en una comedia que por el mismo hecho de ser tal, tiene aún más garra. El señor Oliver Parker entendió bien esto, y le dio un tratamiento deliberadamente frívolo a la película. Mención aparte merece un guiño metatextual dentro del filme: en una escena, los personajes acuden al teatro, y mientras sostienen una conversación en un palco, en escena está representándose "La importancia de llamarse Ernesto", también de Wilde, y que como "Un esposo ideal", data también de 1895.

-- El elenco está en su gloria. Cierto es que tal colección de estrellas es de lo más granado que podía conseguirse, pero además de eso, trabajan como un solo hombre para sacar adelante esta película. Rupert Everett (el amigo gay de Julia Roberts en "La boda de mi mejor amigo") hace un glorioso papel como jovencito afectado y desaprensivo, en las antípodas de su deleznable rol contemporáneo como el Dr. Claw del "Inspector Gadget". Jeremy Northam compone un correctísimo papel de atribulado lord inglés. De las chicas no se puede decir sino elogios: a Julianne Moore le quedan tan bien los roles de malvada como los de heroína, Cate Blanchett despliega todo el encanto de una gran dama, y Minnie Driver roba cámara casi por sí sola, a pesar de que su rol es, en estricto rigor, secundario dentro de la trama.

-- Ya mencionamos el trasfondo filosófico o moral de la película, que se aleja de los cánones del bueno vs. el villano. Esta es una obra con personajes que, a pesar de estar dibujados con trazos de comedia, son en el fondo seres humanos, con aristas positivas y negativas. Incluso hasta la villana oficial, en el fondo, resulta un personaje simpático y querible.

IDEAL PARA: Reirse desenfadadamente de las miserias de la alta sociedad (y desde abajo, créanme, se ríe mejor).

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