Películas de estreno, películas antiguas, películas clásicas, películas bodriosas, películas de todo tipo, comentadas por el arte inefable del General Gato.
11 años de Cine 9009 en línea.
El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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viernes, 15 de noviembre de 2013
"Teléfono" (1977).
-- "Telefon". Estados Unidos. Año 1977.
-- Dirección: Don Siegel.
-- Actuación: Charles Bronson, Lee Remick, Donald Pleasence, Tyne Daly, Alan Badel, Patrick Magee, Sheree North, Frank Marth, Helen Page Camp, Roy Jenson, Jacqueline Scott, Ed Bakey, John Mitchum, Iggie Wolfington, Hank Brandt.
-- Guión: Peter Hyams y Stirling Silliphant, basados en la novela de Walter Wager, con extractos de Robert Frost.
-- Banda Sonora: Lalo Schifrin.
-- "Teléfono" en IMDb.
-- "Teléfono" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
En las gélidas y nevadas calles de Moscú, un largo contingente de tipos vestidos con uniformes, ametralladoras, largas gabardinas y limusinas (para dejar bien asentado que es una operación secreta, supongo) deja la de Бог es Христос dentro de un departamento que, como buen departamento soviético, carece de esa construcción intelectual burguesa que son los derechos civiles de los ciudadanos. Pero el operativo fracasa porque el Товарищ ha salido escapando por pies. Cambio de escena, ahora la soleada y cuasidesértica... ¡¡¡AMÉRICA!!! En un taller mecánico de la América Profunda, un redneck con pinta de redneck y too, recibe una llamada telefónica. Una viril voz masculina le recita entonces un poemita (estos villanos de peli yanketa, siempre tan "delicaditos"), y al tipo le cambia toda la frecuencia. ¿Para ir a reunirse con el otro tipo a un motel? ¡Oh, no, claro que no, que no es de yankis ser tan raritos! Así es que sublima sus impulsos subiéndose a un vehículo y yendo a estrellarse en una base militar. Mosqueo de la CIA por el atentado, por supuesto (al mismo tiempo, hay reporte de purgas de estalinistas al otro lado de la Cortina de Hierro). Poco después, un tipo fracasado que tiene una esposa tan fracasada como él (pero que como buena mujer de pro, no admite este último hecho, si ya sabemos lo que les gusta decir "te lo dije") recibe otra llamada telefónica, le recitan el mismo poemita, y ni corto ni perezoso, se sube arriba de su helicóptero y parte a estrellarse contra una base aérea. ¿Quién podrá detener esta oleada de atentados? Pues Charles Bronson, claro, si es obvio después de leer la lista de créditos. El Americano Pelompecho de los '70s irá entonces a Yankilandia para... er... ¿cómo dijo Ud., mi General Gato? ¿Que el Bronson no es yanki acá? Sí, escribí bien... Porque Charles Bronson es tan Charles Bronson que en esta peli interpreta... ¡a un tovarich, a un KGB! ¡Y sigue siendo MACHO! Claro, no lo era tanto como Chuck Norris, Arnold Schwarzenegger o Jack Bauer, pero es que oigan, eran los '70s, ¿vale? El caso es que le explican a Charles Bronson que existía un plan rusoska para plantar varios espías en Estados Unidos, con el cerebro lavado, de manera que cuando les dicen el poemita en clave (luego dicen que el mundo del espionaje no es homoerótico), el condicionamiento hipnótico implantado en el subconsciente salta, y los pobres tipos se convierten en terroristas suicidas listos para destruir blancos estadounidenses. Quedan 51 sueltos. Y el tipo que viajó a Estados Unidos con la libreta. O como Charles Bronson hasta interpretando a un ruso tiene que ir a salvar a... ¡¡¡AMÉRICA!!! Y es que América es mucha América, con dos de los bonitos.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Así como todo el cine de los '70s se fue haciendo más duro, sórdido y realista, el cine de acción también sufrió un violento upgrade ("violento" como metáfora y en sentido literal también, ambos calzan). La escalada había comenzado en los tempranos '60s cuando apareció James Bond, el primer héroe que ¡mataba a los malos en vez de tenderles una mano para que se salvaran de caer del risco! Luego vino Harry el Sucio, que hacía lo mismo que James Bond, pero sin los toques de aristócrata decadente windsoriano. Y luego vino Charles Bronson, que hacía lo mismo que James Bond y Harry el Sucio, pero sin el toque de aristócrata decadente windsoriano y además sin otro respaldo legal que su muy americano Winchester (sponsored by NRA). No en balde, 1971 fue el año de "Harry el Sucio", de "Shaft", de "Implacable", de "Contacto en Francia", y la temporada de caza había quedado abierta. Y así llegamos a 1977. El año en que James Bond trabajó por primera vez hand-to-hand con una espía rusa (que además estaba muy buena, si era Barbara Bach a fin de cuentas, en "La espía que me amó"), y en que se estrenó esta peli en que rusos y yanketas deben trabajar para impedir que la Guerra Fría efectivamente deje de ser fría. Están majaretas, estos yankis y rusos.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Aunque un tanto lento y con quizás poca acción para los estándares de hoy en día, esta peli aguanta todavía firme al pie del cañón. De partida tenemos el estrambótico y cuasiyeimbondesco complot para crear atentados terroristas en Estados Unidos, cuyo grado de bizarría (lavado mental al estilo de "El candidato del miedo") por sí mismo hace entrañable a esta peli (años después, este complot será sangrantemente parodiado en "¿Y dónde está el policía?", con una escena calcada casi word-by-word, con Ricardo Montalbán en el lugar de un dirigente soviético). Al principio no se vislumbra bien el plan del malo maloso, y pensamos que puede ser algo con geopolítica internacional, o vaya uno a saber qué, si es un genio diabólico a fin de cuentas, y cuando descubrimos lo que en verdad se estaba trayendo entre las manos, ya podemos partirnos de la risa por lo trillado de la solución, pero no importa: a esas alturas ya tenemos a Charles Bronson sudándosela gorda y al terrorista soviético avanzando implacablemente hacia su objetivo, de manera que hasta le perdonamos la salida facilona de guión, en particular gracias a un final que apunta más a la tensión y el suspenso que a la acción pura y dura, lo que es difícil de conseguir y acá se logra bien, y se agradece. Por cierto, en el guión intervino Peter Hyams, de fama por dirigir después "Capricornio Uno", "Atmósfera cero", "2010: El año en que hicimos contacto" y "Timecop" (y después por darnos motivos de pitorreo con "El fin de los días", "El mosquetero" y "El sonido del trueno", todo sea dicho). Y en segundo lugar, no por nada decíamos todo lo anterior, tenemos la dirección de Don Siegel, poderosa como un puñetazo de Mike Tyson, probablemente uno de los mejores directores de pelis de acción ever, y que por haberse especializado en pelis de género, y de este género en particular, no ha recibido todo el reconocimiento que debería (en su currículum se cuentan "Muertos vivos", "Mi nombre es violencia", "Dos mulas para la Hermana Sara", "Harry el Sucio" y "Escape de Alcatraz"). Así como fue un gusto haber visto a la dupleta Eastwood/Siegel trabajar en "Mi nombre es violencia" y "Harry el Sucio", acá tenemos a la dupleta Bronson/Siegel haciendo lo suyo. Y Charles Bronson no será Clint Eastwood, vale, pero no por eso deja de ser uno de los duros quintaesenciales que nos ha proporcionado el cine.
-- ¿Ya le echaron un vistazo al elenco? Charles Bronson es el protagonista (¡como un ruso! ¡¡¡JUAS-JUAS-JUÁS!!!), y hace un poco lo que siempre hace (incluso se negó a afeitarse su célebre bigote), pero bueno, un duro es un duro, y si no viene y te golpea, así es que... respeto. A su lado tenemos una Lee Remick que en esos años ya empezaba a echar carnitas debido a que la edad no perdona (42 al momento de rodar esta peli), pero que luce arrobadora como la compañera del héroe a la que el héroe, por supuesto, y es que en esos años los héroes tenían los machos bien puestos, acabará por enseñarle qué es un hombre de verdá. Y el malo es el siempre agradecido Donald Pleasence, hombre a quien siempre recordaremos como el malo de la James Bond "Sólo se vive dos veces" (¡Blofeld muestra por primera vez la cara, y es LA SUYA!), el malo de "Viaje fantástico", el malo de "La más grande historia jamás contada", el Presidente de los Estados Unidos en "Escape de Nueva York" (que maloh-maloh-maloh no era, pero sí un cabrón jopú)... es de verlo y ya nos vamos a deleitar viendo como Charles Bronson le va a poner las peras a cuatro. Y se supone que ése es el trío de protas, pero en la línea de secundarios, la encantadora Tyne Daly se roba por completo la función y es casi un cuarto personaje principal por sí misma (y ya que Harry el Sucio ha salido al ruedo en este posteo: Tyne Dyle fue la compañera de Harry en "Sin miedo a la muerte", para que todo quede en familia).
IDEAL PARA: Ver un thriller setentero algo zafado, pero con empaque.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].
-- Secuencia de créditos [en inglés, sin subtítulos].
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jueves, 18 de agosto de 2011
"Firefox" (1982).
-- "Firefox". Estados Unidos. Año 1982.
-- Dirección: Clint Eastwood.
-- Actuación: Clint Eastwood, Freddie Jones, David Huffman, Warren Clarke, Ronald Lacey, Kenneth Colley, Klaus Löwitsch, Nigel Hawthorne, Stefan Schnabel, Thomas Hill, Clive Merrison, Kai Wulff, Dimitra Arliss, Austin Willis, Michael Currie.
-- Guión: Alex Lasker y Wendell Wellman, basados en la novela de Craig Thomas.
-- Banda Sonora: Maurice Jarre.
-- "Firefox" en IMDb.
-- "Firefox" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Bosques de Alaska. Un helicóptero va en misión. Está trotando... ¡¡¡CLINT!!! Cántela conmigo con la música de Flash Gordon de Queen: CLIN... ISGÚD... HE WILL SAVE ALL OF US... Ah, esos tempranos '80s... ¿en qué estaba? Ah, sí, Clint está trotando, y un helicóptero va a por él. Nada más verlos, como un acorralado cualquiera (sí, la peli es del mismo año que ésa de Stallone), Clint corre y se atrinchera en su cabaña. Y de pronto, cuando va a llegar el tiroteo padre, Clint empieza a obnubilarse. Y retrocede en el tiempo a... ¡Vietnam! (bueno, Vietnam había acabado el '75, en esa época todavía era reciente, no como Seymour Skinner en la Temporada 20). Resulta que en Vietnam, Clint las pasó canutas, más o menos como cuando John McCain fue cortado a tiras por los charlies. Y quedó con trauma de ésos que te acuerdas y medio te vas pallá. Cuando despierta, están los tíos del helic, que no eran enemigos sino la USAF. Clint les dice lo típico, que él ya no es un piloto, que se busquen a alguien más calificado, y ellos que dale que no, que él es el único, y que va a volar el avión más chupi de cuantos cachilupis ha fabricado el ingenio humano. El único problema es que... hay que robárselo. A los rusos. Nada menos. Porque verán, tanto capitalismo en el lado occidental, y al final son los rusos que se mandan peazo avión llamado Firefox, el MiG-31, que evita el radar, alcanza Mach 5, tiene un sistema de armamento controlado por la mente del piloto... si sólo le falta despertarte con un desayuno continental al bicho de avión ése. Resulta que como Clint tenía una mamá rusoska, sabe hablar ruso, y por lo tanto no sólo es el idóneo para meterse detrás de la Cortina de Hierro, incluso hasta donde a James Bond se le hizo antes de Pierce Brosnan, sino que además puede controlar el avión porque puede pensar en ruso (er... ehm... ¿no puede el piloto acaso pensar en símbolos o íconos universales y el avión leerle el pensamiento? ¿O el avión es medio disléxico...?). Así es que ahí tienen al bueno de Clint, convencido para ir a una misión suicida más allá del deber blah-blah-blah. Prepárense, rusoskas: Clint les va a enseñar que con Tío Sam no se juega, leñe.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
A inicios de los '80s, y después de un período de relativa distensión (conocido también como la época en que no había agallas para meter un pepino nuclear por el recto enemigo, así es que hago como que no me importa), la Guerra Fría recrudeció. Era el tiempo para que los malvados tovarich volvieran a ser los hipervillanos. Матери России навсегда! Recordemos que en ese tiempo, James Bond empezó a tratar de metérsela otra vez a los rusos ("Sólo para tus ojos", "Octopussy"...). En ese tiempo, Clint Eastwood se compró los derechos sobre una chupi novela llamada "Firefox", que combinaba thriller de espionaje con tecnothriller a lo Tom Clancy (¡en una época en que Tom Clancy todavía era una larva corriendo por los pasillos de la casa!). Y la rodó. Es que necesitaba el dinero. Ese mismo año iba a rodar "Aventurero de medianoche", que como buena peli de drama social realista ambientado en la Gran Depresión, era previsible que se iba a pegar el castañazo, y por lo tanto había que amortizar con algo más comercial para que los números cuadraran. Y cuadraron. "Firefox" costó la miseria de 18 millones (pero... ¿quién coño rueda un tecnothriller un cuarto de siglo después con p***s 18 millones?), y recaudó 70. Bien hecho, Clint, y dáles una por mí de paso.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Esta peli resulta un experimento curioso dentro de la filmografía de Clint Eastwood. En buena medida, tenemos dos filmes por el precio de uno. La primera mitad (cerca de hora y media) se dedica a los esfuerzos del personaje de Eastwood por meterse al otro lado de la Cortina de Hierro, siempre perseguido por la implacable KGB (la misma que le iba a hacer la vida a cuadritos a "Condorman" ese mismo año), y toda esta sección tiene un aire soñoliento y trasnochado, ya que es una especie de ejercicio de estilo de hacer un thriller setentero "a la Eastwood". Después, cuando por fin se roban el jodido avión, la peli da un brusco giro y se transforma en un thriller de acción aeronáutica: después de todo, meterse a la cabina es sólo la mitad del trabajo, y la otra es llevárselo hasta los Yueséi. En este lado tenemos una peli un poco más moderna, como anunciando lo que serán cosas como "Top Gun" y "Aguilas de acero" (que son mucho más desarrolladas en el género del "superaviones y superpilotos chupimodernos", pero que le deben mucho a esta precursora "Firefox"). Lo dicho, dos pelis por el precio de una. ¡Incluso hasta los villanos cambian: en la primera mitad es una tropa de ineptos de la KGB, y en la segunda es nada más y nada menos que el mismísimo Primer Ministro de la URSS, así de malvado es el malo más maloso! Aparte de esto, la peli es bastante tópica: los malos son malos malísimos, acojonan su buen poco por lo seriotes que son (pero son bastante torpes para darse cuenta de un par de cosas, y la escena en que se les muere un tipo por aquello de que, bueno, a veces hay que torturar un poco... es para partirse de risa), el prota es un tipo con una tranca del pasado (estrés postraumática) que va a tener que superar, los buenos que lo ayudan son todos la flor de idealistas porque es mejor morir libre que vivir esclavizado de la malvada URSS... En definitiva, todos los cartones para lo que podría haber sido otro filme mediocre y olvidable sobre la Guerra Fría. Pero dirige Clint. El tipo que sabe ser escueto y directo para narrar, sin irse en florituras, y que hace como nadie ese papel de tipo seco y estoico. "Firefox" no es la mejor peli de Clint Eastwood, y puede decirse que ha envejecido lo suyo (algunos FXs son buenos, otros son mejorables con la tecnología actual, aunque las maquetas del avión están de rechuparse), pero se salva de la quema por haber sido rodada y protagonizada por el talento único del muchachón a cargo. Si tienen una de esas distraídas tardes de domingo en la tarde, dénle una oportunidad. "Transformers 2" y "G.I.Joe: El origen de Cobra" fueron grabadas con presupuestos varias veces más mastodónticos que "Firefox", y son sensiblemente peores (por no decir que son mugrosillas).
IDEAL PARA: Disfrutar con el buen quehacer del viejo Clint contando el viejo cuento del malvado usurpador que tiene algo superpoderoso y el buenito que se lo va a robar.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].
-- Un pobre ruso tiene la mala idea de decirle que sus papeles no están en orden... ¡a Clint! [en inglés, sin subtítulos].
-- Aparece el Firefox [en inglés, sin subtítulos].
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jueves, 17 de marzo de 2011
"El rugido del ratón" (1959).

-- "The Mouse that Roared". Inglaterra. Año 1959.
-- Dirección: Jack Arnold.
-- Actuación: Peter Sellers, Jean Seberg, William Hartnell, David Kossoff, Leo McKern, MacDonald Parke, Austin Willis, Timothy Bateson, Monte Landis, Alan Gifford, Colin Gordon, Harold Kasket.
-- Guión: Roger MacDougall y Stanley Mann, basados en la novela de Leonard Wibberley.
-- Banda Sonora: Edwin Astley.
-- "El rugido del ratón" en IMDb.
-- "El rugido del ratón", novela y peli, en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Se abre la peli, sale la curvilínea ésa que sostiene la antorcha de los estudios Columbia, y... ¡¡¡AH!!! ¡¡¡UN RATóN!!! Mientras la susodicha se recupera del sust°°°, el ratón nos deja paso a una secuencia medio animada en que hacemos un poco de National Geographic por las tierras de Grand Fenwick, un principado tan, pero tan, pero tan, pero tan insignificante, que ni siquiera alcanza a ser el más pequeño del mundo, por más que en la peli se proclame así (según las dimensiones que la peli le adjudica al principado, tanto Mónaco como el Vaticano le ganan a pequeñez... y también en riqueza monetaria y banqueros dudosos, todo hay que decirlo). El caso es que Grand Fenwick, gobernada por la feorra Duquesa Gloriana XII, por Bastet que es fea la señ... er... ¡un momento! ¡es un travesti vestido de mujer! (er... mirando moejor... es Peter Sellers, o sea, es uno de esos chistes ingleses medio mariposones a que los británicos nos tienen acostumbrados, tan Oscar Wilde ellos)... ¿en qué estaba? Ya me desvié. ¡Ah, sí! Grand Fenwick. Sucede el que el ducado está a punto de pasar a Grand Fuckwick porque su principal exportación, su horroroso vino pisoteado a patas sucias, enviado a Estados Unidos, está siendo sacado del mercado por una imitación todavía más barata si es que cabe, fabricada en los propios Yunaitesteits. Con el ducado a punto de irse a la bancarrota, su ministro tiene la más genial de las ideas: ¡declararle la guerra a Estados Unidos! El quid del asunto es que Estados Unidos ganará sí o sí (y fácil: el arma oficial del ejército de Grand Fedwick es el arcoiflecha XIIth Century's style), pero los yanketas son de corazón amplio y generoso y luego de ganar las guerras, les da por hacer Planes Marshall y cosiacas así, ayudar económicamente a los vencidos, así es que conviene dejarse ganar por Estados Unidos (menudos idiotas los vietnamitas, que no se dejaron ganar). De manera que Grand Fenwick envía un ejército de arqueros y ballesteros a... ¡la guerra con América! Por una serie de coincidencias (un secretario de Estado que tira a la basura la declaración oficial de guerra, una prueba de evacuación de Nueva York justo el día de la invasión, un Dispositivo del Juicio Final que se está desarrollando en secreto en un laboratorio, y un general grandfenwickiano incompetente, no me hagan escribir grandfenwickiano otra v... er... ¡lo escribí...!), o sea, por todas esas coincidencias, resulta que Grand Fenwick... ¡¡¡GANA LA GUERRA!!! ¡¡¡PONE A ESTADOS UNIDOS DE RODILLAS!!! Lo que deja a Grand Fenwick con un problema de órdago: ¿qué mierda hacen ahora que hicieron lo que se suponía no iban a lograr, o sea, ganar la guerra...?
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Los '50s y los '90s tienen un aire de familia en un aspecto: en ambos casos, el desplome de una superpotencia enemiga (Alemania, la URSS) llevó a un acrecentamiento de la hegemonía yanketa. En los '50s, esto le sentó muy mal a los británicos. Tanto, que en las novelas de Ian Fleming todos los malvados más maldadosos del mundo siempre tenían por aspiración aplastar a... ¡¡¡GRAN BRETAÑA!!! ...a pesar de que en estricto rigor, el UK pesaba lo mismo que el Tercer Mundo en política internacional, y la Commonwealth no pasaba de ser un chiste de geopolítica malparida (pero si no hubiera sido así, James Bond habría tenido que dedicarse a la venta callejera de periódicos, así es que a no quejarse, ¿eh?). El caso es que en medio de ese ambiente, un escritor llamado Leonard Wibberley (yanketa por ser medio estadounidense, pero antiyanketa por ser medio irlandés) escribió una novela llamada "The Mouse That Roared", de tanto éxito que le siguieron tres secuelas. Inmediatamente los británicos, siempre disparados para todo lo que sea sátira fina y elegante, la hicieron peli. Con especial interés por parte de Peter Sellers, entonces luchando por imponerse como actor y lanzándose a la piscina con tres papeles (un poco emulando a Alec Guinness, que se mandó ocho en "Ocho sentencias de muerte"... suerte para él que se no se llamaba 365 sentencias de muerte la cosa). La peli resultó un pequeño éxito, pero éxito a fin de cuentas (son británicos, nadie espera que se embuchen tanto dinero como los yankis), y se transformó con el paso del tiempo en una pequeña joya de la comedia cinematográfica.
¿POR QUÉ VERLA?
-- ¿Francamente? El paso del tiempo no ha sido clemente con esta peli, que hoy en día luce "muy de su época". La primera mitad, con la absurda situación de un piquete de medievales tratando de tomarse Estados Unidos por asalto en misión suicida, es descacharrante. Para la segunda mitad, la cosa decae un poco y acaba en un final quizás un tanto convencional (tengo entendido que toda la segunda mitad en realidad fue extendida desde la novela original, lo que no puedo cotejar porque no la he leído, pero no me sorprendería, por la pérdida de fuelle de la narración). Pero tiene sus cosas buenas. De partida, dirige Jack Arnold, un artesano que nos ha legado alguna que otra joyita ("El monstruo de la laguna negra", mostrándonos que es tan bueno dirigiendo comedias como pelis baratas de terror... eso trató de ser un elogio, por cierto). Y en segundo lugar, ya lo apuntábamos más arriba, está Peter Sellers en uno de sus primeros protagónicos, e inagurando la costumbre de interpretar múltiples papeles, algo que se repetirá en algunos otros títulos de su filmografía ("Doctor Insólito", "Camas blandas, batallas duras", "El prisionero de Zenda", "El diabólico doctor Fu-Manchú"). Jean Seberg por su parte está hermosísima y querible (eran sus muy criticados años antes de volverse musa de la Nouvelle Vague en los '60s). Y tenemos una genial secuencia de créditos cortesía de Maurice Binder, que hizo bueno el concepto de abrir una peli con dibus, algo que explotarían después "La Pantera Rosa" y secuelas hasta la saciedad (este Maurice Binder, tres años después, crearía las famosas secuencias de créditos con siluetas de chicas desnudas para James Bond a partir de "El satánico Doctor No" y hasta "Licencia para matar"). Y la política ficción (política sátira, deberíamos decir) es delirante, dentro de todo lo delirante que fue en muchos aspectos la Guerra Fría (sin los toques macabros de "Doctor Insólito", claro está). De manera que esta peli difícilmente puede ser considerada como un clásico en toda regla, pero sí tiene desperdigados por aquí y por allá elementos suficientes como para que valga la pena repasarla.
IDEAL PARA: Fanáticos de Peter Sellers y amantes de la política ficción.
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domingo, 12 de octubre de 2008
"Las razones de la guerra" (2005).

-- "Why We Fight". Estados Unidos. Año 2005.
-- Dirección: Eugene Jarecki.
-- Actuación: Entrevistas a Ken Adelman, Joseph Cirincione, Anh Duong, Gwynne Dyer, John S.D. Eisenhower, Susan Eisenhower, Donna Ellington, Chalmers Johnson, William Kristol, Karen Kwiatkowski, Charles Lewis, John McCain, Richard Perle, Dan Rather, James G. Roche, Wally Saeger, Wilton Sekzer, Naj Sheesan, William Solomon, Franklin Spinney, Richard Treadway, Michael Valentine, Gore Vidal.
-- Guión: Eugene Jarecki.
-- Banda Sonora: Robert Miller.
¿DE QUÉ SE TRATA?
17 de Enero de 1961. Dwight Eisenhower, el héroe de la Segunda Guerra Mundial devenido en Presidente de los Estados Unidos, a punto de entregar el poder a su sucesor el telegénico JFK, lanza su último mensaje. Y sus palabras son radicales y lapidarias. América debe tener cuidado. Porque la democracia ya no está amenazada por hombres oscuros y con máscaras ululando illah-Allah-illah-Allah, ni por vastos cuadros de camisas negras caminando graciosamente detrás de un enanito semicalvo de bigote que se hace llamar Der Führer. Ahora, emerge un nuevo poder, lejos de los cenáculos de la democracia, que con el poder del dinero y los intereses todo lo corrompe. ¡UAAAAAÁ, TIEMBLEN, HA LLEGADO LA ERA DEL COMPLEJO MILITAR INDUSTRIAL! Bueh, las palabras del buen Dwight (Ike para los amigos) caen en saco roto. Porque en las siguientes generaciones, el malvado CMI sigue acumulando poder, poder, poder, PODER... ¡¡¡PODEEEEEERRRRRR!!! Años después, llega el 9-11. Tenemos a un veterano de Vietnam diciendo entonces que vio las Torres Gemelas desplomarse, y que en esas Torres estaba uno de sus retoños, carne de su carne y semen de su semen. El odio lo cegó. Lo ennegreció. Madness...? THIS... IS... AMERICA!!! Y quería venganza. Contra quien fuera. Contra todo el mundo si fuera preciso. Pero que alguien pagara por la preciosa vida de su hijo. Aunque eso signifique arrojarle una bomba a un país extranjero encima de las casas de veinte hijos de alguien más (que probablemente fueran civiles y por tanto tan pobres diablos como él mismo). Y en medio de eso, George W. Bush lanzó al mundo entero en la Guerra Contra El Terror, contra el Axis of Evil. Pero, ¿fue realmente Bush? ¿Fue realmente el odio de esos bien criaditos americanischen que se creían sobre el Bien y sobre el Mal? ¿O fueron los tenebrosos tentáculos corporativos de la América Militar, la América del Complejo Industrial Militar...?
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Descubres la manera de hacer algo industrial, y sale el monstruo de la caja, porque no sólo viene en serie, sino que además pierde toda la gracia, ahorrando costos para ganar con la explotación masiva. La comida de mamá fue reemplazada por esos asquerosos chicles con gusto a carne que llaman "hamburguesas" en los McDonald's, los viejos automóviles con personalidad han sido reemplazados por modelos que para qué diablos te vas a fijar en la marca si todos tienen la misma forma (bueno, por el prestigio de tener la H de Hyundai en vez de la H de Honda), y las viejas vaporosas novelas con delicados ensueños fantásticos han sido reemplazadas por plúmbeas enealogías de aventuras tan interminables como repetitivas como Harry Potter o TLOTR (bueno, "El Señor de los Anillos" eran apenas tres tomos, pero pesaban y se hacían interminables como 300...). ¿Y la fabricación de armas? Lo mismo. El viejo gusto de tener tu querido sable con nombre, o tu katana regalona, o tu mandoble bien bautizado (Durandarte, Excalibur...) ha sido reemplazado por una fría e impersonal AK-47 en la que tienes que ser muy psicótico para llegar a quererla como una amante, si es igual a las demás (por cierto, ¿nadie vio esa gran escena en el campo de entrenamiento de la peli "Nacido para matar"...?). Pero la gente sigue prefiriendo porque, bueno, es más barato, y se quiera o no, no están los tiempos para dispendios, que esto de darse un gustito está bueno para las rameras de "Sex and the City", pero uno que vive con la economía más en el nivel de supervivencia que en el de la opulencia, pues bien... Y así la empresa sobrevive. ¿Se puede llevar el negocio un paso más allá? ¡Claro! La clave no necesariamente pasa por convencer a un gran público, que al final si son todos chaucheras y ninguno billetón no se gana sino con el ratoneo de los centavos, sino más bien por convencer a un gran patrimonio. ¿Y qué mejor patrimonio que el Fisco? ¡Ah, Poderoso Caballero es Don Fisco...! De hecho, algunos mercados apuntan específicamente hacia allá. ¿Quién otro, en una sociedad civilizada, podría querer tener tantas armas? O sea, me refiero a: aparte de ciertos multimillonarios, que sus casas deben ser verdaderas fortalezas de seguridad del siglo XXII para la eliminación de todos los elementos hostiles redistribucionistas (un poco menos para tí, un poco más para mí). Claro, en países como Estados Unidos cualquier cretino puede tener un arma y comprarla para matar a compañeritos de curso más cool que uno como en "Bowling por Columbine" o "Elefante". Pero ni el más pintao de los privaos se consigue, o debería poder conseguirse legalmente al menos, un lanzagranadas o un Stinger, o si no ya tenemos el "RoboCop" armado. Para esos productos, la única salida es papi Estado. Y así tenemos la paradoja de una industria en la que circulan los millones a mansalva y por lo tanto debería ser profundamente libremercadista, y ¡hala!, por consejo de los buenos equilibrios contables cae en el más acedrado de los keynesianismos. O sea, para la industria de las armas, apoderarse del Estado no es sólo un buen negocio, sino que es cuestión de supervivencia. Y, pues bien, como en las democracias actuales es un poco impresentable eso de que los fabricantes de armamentos se entiendan tan bien con el Estado como lo era en los buenos tiempos de Teglatfalasar o de Tamerlán, pues bien, habrá que buscar algunos conductos más retorcidos para conseguir el anhelado encuentro entre la oferta y la demanda...
¿POR QUÉ VERLA?
-- Dentro de la marejadilla de filmes documentales autoflagelantes sobre cómo Estados Unidos se está fusilando su propia democracia (quizás deberían poner a la Estatua de la Libertad en cuatro para que sea más fácil sodomizarla...), como por ejemplo "Fahrenheit 9-11", "El mundo según Bush", "Niebla de guerra" y un pequeño largo etcétera, éste tiene un sabor especial. Vale que es otro filme antiBush, que es la enésima crítica contra Darth Bush y todo eso, pero su foco no está puesto en la Guerra Contra Irak. De hecho, las partes más débiles del documental son cuando muestran a irakíes hablando sobre los bombardeos estadounidenses, no porque sean irrelevantes, sino porque es algo ya visto en otros documentales/reportajes/etcétera. Pero el fuerte está en la descarnada descripción sobre cómo funciona el Complejo Militar Industrial. Prácticamente no hay ángulo que se dejen fuera. Hay una perspectiva histórica sobre cómo fue creciendo el Complejo Militar Industrial, desde que estallara la Guerra Fría y se hiciera perentoria la no-desmovilización (no vaya a ser cosa de que los comunistas del carajo nos traten de meter una atómica como supositorio por Cuba), hasta las florecientes campañas de propaganda actuales sobre lo chupi que te la pasas montando en el ejército, como un capitán de B-52 cualquiera de ésos que aparecen en "Doctor Insólito". Hay una perspectiva política, con un análisis a la vez muy profundo y muy didáctico sobre cómo el Complejo Militar-Industrial en realidad es un Complejo Militar-Industrial-Congresístico, porque a ver quién es el congresal guapo que dice "no, paremos a la industria militar" si es que ellos proporcionan varios centenares de puestos de trabajo en casi todos los Estados de la Unión a varios centenares de votantes registrados. Hay una perspectiva sociológica, sobre cómo funciona para la población civil el tema, incluyendo esos deslumbrantes pabellones en donde te muestran lo cool que es ser militar. Y hay también una perspectiva personal, a cargo del policía al que le tumbaron el hijo en las Torres Gemelas y que... Bueno, esa última parte chirría un poco porque no tiene que ver directamente con el Complejo Militar Industrial, que es el hilo conductor de la peli, pero a un nivel más profundo, da a entender que el Complejo no habría llegado tan lejos si la sociedad civil no estuviera tan profundamente adormecida por la falta de debate público.
-- Una de las fortalezas del documental es proporcionar una visión amplia del asunto. A diferencia de "Fahrenheit 9-11", que tendía a sobredimensionar a los que piensan como nosotros y a payasear sobre los que no piensan como nosotros (y bueno, a payasear absolutamente sobre George W. Bush, que no piensa en absoluto), acá tienen voz del lado de acá y del lado de allá. Y difícilmente los entrevistados del bando de los chicos malos, o sea, de los que dicen "American Empire is good, American Empire can do everything because is good" podrían decir que les están distorsionando las palabras o algo así. Es escalofriante escuchar a John McCain, antiguo veterano de Vietnam, poniendo su mejor cara de que "¡pero claro que somos la mayor fuerza del bien del planeta!", como si fuera estúpido pensar otra cosa (bueno, los irakíes y los afganos deben ser estúpidos, por eso se resisten en vez de dejarse invadir, claro, eso debe ser). Y bueno, ése tipo está corriendo para la Presidencia. Los tipos "del otro lado" explican claramente su mentalidad, y aunque no lo dicen (lo dan por hecho, se lee en cada entrelínea), se sienten absolutamente superiores al resto de la Humanidad y la desprecian con cada una de las más íntimas fibras de su ser, simplemente porque ellos son el modelo de perfección moral sobre este mundo y los demás deberían ser como ellos. En ese sentido, sin necesidad de recurrir a trucos baratos de cámara ni un trabajo muy elaborado de edición, el documental consigue condenarlos con sus propias palabras.
IDEAL PARA: Entender cómo Estados Unidos pasó del "duck and cover" al "rest of the world: duck and cover".
ENLACES.
-- (Ir a la página) Entrada en IMDb.
-- (Ir a la página) Artículo de la Wikipedia en inglés.
-- (Ir a la página) Comentario en Tertuliándole.
VIDEOS.
-- Inicio de la peli [en inglés, subtítulos en español].
-- Dirección: Eugene Jarecki.
-- Actuación: Entrevistas a Ken Adelman, Joseph Cirincione, Anh Duong, Gwynne Dyer, John S.D. Eisenhower, Susan Eisenhower, Donna Ellington, Chalmers Johnson, William Kristol, Karen Kwiatkowski, Charles Lewis, John McCain, Richard Perle, Dan Rather, James G. Roche, Wally Saeger, Wilton Sekzer, Naj Sheesan, William Solomon, Franklin Spinney, Richard Treadway, Michael Valentine, Gore Vidal.
-- Guión: Eugene Jarecki.
-- Banda Sonora: Robert Miller.
¿DE QUÉ SE TRATA?
17 de Enero de 1961. Dwight Eisenhower, el héroe de la Segunda Guerra Mundial devenido en Presidente de los Estados Unidos, a punto de entregar el poder a su sucesor el telegénico JFK, lanza su último mensaje. Y sus palabras son radicales y lapidarias. América debe tener cuidado. Porque la democracia ya no está amenazada por hombres oscuros y con máscaras ululando illah-Allah-illah-Allah, ni por vastos cuadros de camisas negras caminando graciosamente detrás de un enanito semicalvo de bigote que se hace llamar Der Führer. Ahora, emerge un nuevo poder, lejos de los cenáculos de la democracia, que con el poder del dinero y los intereses todo lo corrompe. ¡UAAAAAÁ, TIEMBLEN, HA LLEGADO LA ERA DEL COMPLEJO MILITAR INDUSTRIAL! Bueh, las palabras del buen Dwight (Ike para los amigos) caen en saco roto. Porque en las siguientes generaciones, el malvado CMI sigue acumulando poder, poder, poder, PODER... ¡¡¡PODEEEEEERRRRRR!!! Años después, llega el 9-11. Tenemos a un veterano de Vietnam diciendo entonces que vio las Torres Gemelas desplomarse, y que en esas Torres estaba uno de sus retoños, carne de su carne y semen de su semen. El odio lo cegó. Lo ennegreció. Madness...? THIS... IS... AMERICA!!! Y quería venganza. Contra quien fuera. Contra todo el mundo si fuera preciso. Pero que alguien pagara por la preciosa vida de su hijo. Aunque eso signifique arrojarle una bomba a un país extranjero encima de las casas de veinte hijos de alguien más (que probablemente fueran civiles y por tanto tan pobres diablos como él mismo). Y en medio de eso, George W. Bush lanzó al mundo entero en la Guerra Contra El Terror, contra el Axis of Evil. Pero, ¿fue realmente Bush? ¿Fue realmente el odio de esos bien criaditos americanischen que se creían sobre el Bien y sobre el Mal? ¿O fueron los tenebrosos tentáculos corporativos de la América Militar, la América del Complejo Industrial Militar...?
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Descubres la manera de hacer algo industrial, y sale el monstruo de la caja, porque no sólo viene en serie, sino que además pierde toda la gracia, ahorrando costos para ganar con la explotación masiva. La comida de mamá fue reemplazada por esos asquerosos chicles con gusto a carne que llaman "hamburguesas" en los McDonald's, los viejos automóviles con personalidad han sido reemplazados por modelos que para qué diablos te vas a fijar en la marca si todos tienen la misma forma (bueno, por el prestigio de tener la H de Hyundai en vez de la H de Honda), y las viejas vaporosas novelas con delicados ensueños fantásticos han sido reemplazadas por plúmbeas enealogías de aventuras tan interminables como repetitivas como Harry Potter o TLOTR (bueno, "El Señor de los Anillos" eran apenas tres tomos, pero pesaban y se hacían interminables como 300...). ¿Y la fabricación de armas? Lo mismo. El viejo gusto de tener tu querido sable con nombre, o tu katana regalona, o tu mandoble bien bautizado (Durandarte, Excalibur...) ha sido reemplazado por una fría e impersonal AK-47 en la que tienes que ser muy psicótico para llegar a quererla como una amante, si es igual a las demás (por cierto, ¿nadie vio esa gran escena en el campo de entrenamiento de la peli "Nacido para matar"...?). Pero la gente sigue prefiriendo porque, bueno, es más barato, y se quiera o no, no están los tiempos para dispendios, que esto de darse un gustito está bueno para las rameras de "Sex and the City", pero uno que vive con la economía más en el nivel de supervivencia que en el de la opulencia, pues bien... Y así la empresa sobrevive. ¿Se puede llevar el negocio un paso más allá? ¡Claro! La clave no necesariamente pasa por convencer a un gran público, que al final si son todos chaucheras y ninguno billetón no se gana sino con el ratoneo de los centavos, sino más bien por convencer a un gran patrimonio. ¿Y qué mejor patrimonio que el Fisco? ¡Ah, Poderoso Caballero es Don Fisco...! De hecho, algunos mercados apuntan específicamente hacia allá. ¿Quién otro, en una sociedad civilizada, podría querer tener tantas armas? O sea, me refiero a: aparte de ciertos multimillonarios, que sus casas deben ser verdaderas fortalezas de seguridad del siglo XXII para la eliminación de todos los elementos hostiles redistribucionistas (un poco menos para tí, un poco más para mí). Claro, en países como Estados Unidos cualquier cretino puede tener un arma y comprarla para matar a compañeritos de curso más cool que uno como en "Bowling por Columbine" o "Elefante". Pero ni el más pintao de los privaos se consigue, o debería poder conseguirse legalmente al menos, un lanzagranadas o un Stinger, o si no ya tenemos el "RoboCop" armado. Para esos productos, la única salida es papi Estado. Y así tenemos la paradoja de una industria en la que circulan los millones a mansalva y por lo tanto debería ser profundamente libremercadista, y ¡hala!, por consejo de los buenos equilibrios contables cae en el más acedrado de los keynesianismos. O sea, para la industria de las armas, apoderarse del Estado no es sólo un buen negocio, sino que es cuestión de supervivencia. Y, pues bien, como en las democracias actuales es un poco impresentable eso de que los fabricantes de armamentos se entiendan tan bien con el Estado como lo era en los buenos tiempos de Teglatfalasar o de Tamerlán, pues bien, habrá que buscar algunos conductos más retorcidos para conseguir el anhelado encuentro entre la oferta y la demanda...
¿POR QUÉ VERLA?
-- Dentro de la marejadilla de filmes documentales autoflagelantes sobre cómo Estados Unidos se está fusilando su propia democracia (quizás deberían poner a la Estatua de la Libertad en cuatro para que sea más fácil sodomizarla...), como por ejemplo "Fahrenheit 9-11", "El mundo según Bush", "Niebla de guerra" y un pequeño largo etcétera, éste tiene un sabor especial. Vale que es otro filme antiBush, que es la enésima crítica contra Darth Bush y todo eso, pero su foco no está puesto en la Guerra Contra Irak. De hecho, las partes más débiles del documental son cuando muestran a irakíes hablando sobre los bombardeos estadounidenses, no porque sean irrelevantes, sino porque es algo ya visto en otros documentales/reportajes/etcétera. Pero el fuerte está en la descarnada descripción sobre cómo funciona el Complejo Militar Industrial. Prácticamente no hay ángulo que se dejen fuera. Hay una perspectiva histórica sobre cómo fue creciendo el Complejo Militar Industrial, desde que estallara la Guerra Fría y se hiciera perentoria la no-desmovilización (no vaya a ser cosa de que los comunistas del carajo nos traten de meter una atómica como supositorio por Cuba), hasta las florecientes campañas de propaganda actuales sobre lo chupi que te la pasas montando en el ejército, como un capitán de B-52 cualquiera de ésos que aparecen en "Doctor Insólito". Hay una perspectiva política, con un análisis a la vez muy profundo y muy didáctico sobre cómo el Complejo Militar-Industrial en realidad es un Complejo Militar-Industrial-Congresístico, porque a ver quién es el congresal guapo que dice "no, paremos a la industria militar" si es que ellos proporcionan varios centenares de puestos de trabajo en casi todos los Estados de la Unión a varios centenares de votantes registrados. Hay una perspectiva sociológica, sobre cómo funciona para la población civil el tema, incluyendo esos deslumbrantes pabellones en donde te muestran lo cool que es ser militar. Y hay también una perspectiva personal, a cargo del policía al que le tumbaron el hijo en las Torres Gemelas y que... Bueno, esa última parte chirría un poco porque no tiene que ver directamente con el Complejo Militar Industrial, que es el hilo conductor de la peli, pero a un nivel más profundo, da a entender que el Complejo no habría llegado tan lejos si la sociedad civil no estuviera tan profundamente adormecida por la falta de debate público.
-- Una de las fortalezas del documental es proporcionar una visión amplia del asunto. A diferencia de "Fahrenheit 9-11", que tendía a sobredimensionar a los que piensan como nosotros y a payasear sobre los que no piensan como nosotros (y bueno, a payasear absolutamente sobre George W. Bush, que no piensa en absoluto), acá tienen voz del lado de acá y del lado de allá. Y difícilmente los entrevistados del bando de los chicos malos, o sea, de los que dicen "American Empire is good, American Empire can do everything because is good" podrían decir que les están distorsionando las palabras o algo así. Es escalofriante escuchar a John McCain, antiguo veterano de Vietnam, poniendo su mejor cara de que "¡pero claro que somos la mayor fuerza del bien del planeta!", como si fuera estúpido pensar otra cosa (bueno, los irakíes y los afganos deben ser estúpidos, por eso se resisten en vez de dejarse invadir, claro, eso debe ser). Y bueno, ése tipo está corriendo para la Presidencia. Los tipos "del otro lado" explican claramente su mentalidad, y aunque no lo dicen (lo dan por hecho, se lee en cada entrelínea), se sienten absolutamente superiores al resto de la Humanidad y la desprecian con cada una de las más íntimas fibras de su ser, simplemente porque ellos son el modelo de perfección moral sobre este mundo y los demás deberían ser como ellos. En ese sentido, sin necesidad de recurrir a trucos baratos de cámara ni un trabajo muy elaborado de edición, el documental consigue condenarlos con sus propias palabras.
IDEAL PARA: Entender cómo Estados Unidos pasó del "duck and cover" al "rest of the world: duck and cover".
ENLACES.
-- (Ir a la página) Entrada en IMDb.
-- (Ir a la página) Artículo de la Wikipedia en inglés.
-- (Ir a la página) Comentario en Tertuliándole.
VIDEOS.
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+ Eugene Jarecki,
2005,
Documental,
Guerra Fría,
Militares,
Política,
Transnacionales
viernes, 10 de octubre de 2008
"Niebla de guerra" (2003).

-- "The Fog of War: Eleven Lessons from the Life of Robert S. McNamara". Estados Unidos. Año 2003.
-- Dirección: Errol Morris.
-- Actuación: Robert McNamara (entrevistado).
-- Guión: Bien, es un documental basado en una entrevista, así es que guión, lo que se dice guión...
-- Banda Sonora: Philip Glass.
-- "Niebla de guerra" en IMDb.
-- "Niebla de guerra" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Bienvenidos al siglo XX. La Era de Hitler. La Era de Stalin. La Era de... ¡McNamara! ¿Están encendidos esos micrófonos...? ¿Ya estamos grabando...? ¿Sí? Verán. En este mapa puedo demostrárles cómo vamos a ganar Vietnam en unas poquititas semanas... Sí, vengo diciendo eso desde hace siete años, pero créanme, ésta vez sí que sí. Pues bien, había una vez un chiquillo llamado Robert Strange McNamara, que creció y era muy chupi inteligente, y que por eso fue llamado a servir a su Patria no como carne enlatada para balas en el frente de la WWII, sino en la retaguardia, diseñando políticas para hacer más mortíferos los bombardeos. Después de la bomba atómica, se suponía que nunca más iba a pasar nada como eso, claro está. De manera que salió desde los departamentos públicos y enfiló a la empresa privada, y los mismos métodos que lo llevaron a mejorar los bombardeos masivos contra la población civil de Alemania y Japón, lo ayudaron a levantar la alicaída Ford. Hubiera sido así para siempre, pero en eso llega... ¡¡¡KENNEDY!!! Y ya sabes lo que dice Kennedy: "Don't ask what your country can do for you, but ask what can you do for your country!". Así es que tenemos ahora a McNamara metido de lleno en la cada vez más creciente tensión de Vietnam. ¿Conseguirá nuestro buen McNamara derrotar al Vietcong e imponerle la democracia americana a esos pobres asiatiquitos...?
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Robert S. McNamara es sin lugar a dudas uno de los personajes más controvertidos del siglo XX. No tan telegénico como un Hitler o un Stalin (aunque quién sabe, esos dos eran anteriores a la TV masiva), o acaso por no usar bigote recortadito como los anteriores (o una barhaza de chiho con un puro habano como Fihel Castro, chico...), no ha tenido tanta presencia en el imaginario colectivo de la Humanidad (además, con esa cara de nerd bien peinadito que tenía el pobre, en los videos de archivo...). ¿Fue McNamara verdaderamente el Angel de la Muerte cuyo gélido toque causó la tragedia humana de Vietnam? ¿O fue apenas un prisionero de las circunstancias, un engranaje más dentro de la mortífera lógica MAD (Mutually Asegurated Destruction) de la Guerra Fría? Como sea, desde que se descubriera gracias a la publicación de los papeles del Pentágono que la Guerra de Vietnam fue un truño del tamaño de la Catedral de Burgos (como se retrata en "Los papeles del Pentágono", por ejemplo), que la herida de tantos muertos quedó sangrando, y motivó pelis autoflagelantes como "Rambo" (la primera, claro está), "Pelotón", "Nacido el 4 de Julio", "Nacido para matar" y un largo etcétera. Mucha gente se estaba preguntando what the hell was McNamara thinking, peleando en Vietnam una guerra que estaba perdida de antemano. Bueno, gracias a este documental, ahora lo sabemos. Y uno descubre cositas que a lo mejor no quería saber...
¿POR QUÉ VERLA?
-- Es una de las mejores pelis que conozco sobre el viejo y nunca bien ponderado tema de la "razón de Estado". Se ha promocionado esta peli como "aquella en la que el perro jodepú de McNamara confiesa ser un criminal de guerra". Sí, hay una parte en la que dice (respecto de la Segunda Guerra Mundial, no de Vietnam, ojo) que no les pasó nada porque vencieron, pero si hubieran perdido la guerra, hubieran sido juzgados como criminales de guerra por sus bombardeos incendiarios contra los barrios pobres y más densamente poblados de Tokio y otras ciudades de vetusta y linda madera en Japón. Pero esta es una lectura simplista y maniquea promovida por aquellos quienes, por estar fuera de los engranajes del poder, no entienden lo que significa estar en medio de la maquinaria. Desde los tiempos del buen Nicolás Maquiavelo que los teóricos del poder saben bien que un príncipe (o un Secretario de Defensa de los Estados Unidos de América, tanto más da) debe hacer cosas desagradables y repugnantes para mantenerse en el poder. A eso se lo llama la "razón de Estado". Allí no entra la moral. Federico el Grande de Alemania tuvo que aprenderlo a sus costillas, cuando de joven (con la ayuda de Voltaire como ghost writer, todo hay que decirlo) escribió un "Antimaquiavelo", y después de acceder al trono tuvo que aplicar todas las políticas maquiavélicas para sostenerse en él. Eso no es bueno ni es malo, simplemente el mundo es así, y pretender que McNamara en esta peli "se desnuda y muestra toda su miseria moral", como algunos apologistas de lo políticamente correcto pretenden, es no saber leer lo que aquí se está mostrando. Lo que se muestra es la visión de un hombre de estado cuyo trabajo de 9 a 5 es conseguir básicamente que miles o millones de enemigos mueran. Es su trabajo. Por eso le pagan. Para él, todo es cuestión de estrategias: estrategias para mejorar la eficiencia de los bombardeos masivos en la Segunda Guerra Mundial, estrategias para salvar vidas de accidentes automovilísticos gracias a los autos Ford, estrategias para ganar Vietnam (o no perderla tan feo, al menos). ¿Consideraciones morales, arrepentimientos sibilinos? Detrás de la puerta, por favor, gracias... McNamara da en el clavo cuando repite muchas veces que todo se trataba de la lógica de la Guerra Fría. ¿Y la lógica de los sentimientos, de las emociones? McNamara no lo dice, pero eso está bonito para las conciencias bienpensantes. Pero (McNamara no lo dice, pero uno puede inferir) sólo un Octavio Augusto o un Asoka, dueños de sendos imperios universales sin contrapeso visible, pueden darse el lujo de ser éticamente correctos en política. ¿Luce McNamara como una especie de sicópata, mostrando mapas y cifras sobre Vietnam en televisión como si se tratara del balance consolidado del ejercicio anual de una empresa? Bueno, es su trabajo. Para que tu trabajo sea ganar una guerra, debes dejarte convencer de que allá afuera hay variables fuera de control, la niebla de la guerra, y allí la suerte del ser humano individual que pena, sufre y muere en las trincheras deja de afectarte. Y haces bien tu trabajo. Esta peli refleja muy bien esa clase de mentalidad. Desgraciadamente para nuestro mundo, ésa es la mentalidad que gana guerras. Y para desgracia aún mayor, las guerras son una parte consubstancial a la civilización. Sería bonito que fuera de otra manera, pero no lo es. En algún momento se le pregunta a McNamara, de manera oblicua, sobre si siente arrepentimiento de sus acciones, y éste replica que todo es la lógica de la Guerra Fría. La parte siniestra del asunto es que en esto no es ningún sociópata y que tiene toda la razón del mundo, o si es un sociópata, concedámosle que Estados Unidos en ese minuto necesitaba precisamente que un sociópata fuera su Secretario de Defensa, aunque sea por un mero mecanismo de adaptación darwiniano para ganar una conflagración de nivel planetario. ¿Fue finalmente McNamara un criminal o no? La cuestión queda lo suficientemente abierta como para que el espectador se forme su propio criterio. Quizás lo único deplorable de este documental sea el trabajo de edición, que mezcla y entresaca frases, probablemente para darle mayor agilidad al formato, pero que a cambio nos deja in albis sobre cuánto cercena de lo que verdaderamente McNamara quería decir. Pero en todo el resto, el documental es una formidable pieza fílmica sobre el arte de librar y ganar una guerra. El resto es silencio, es simplemente niebla de guerra.
IDEAL PARA: Tener un acercamiento cabal a la lógica de quienes deben ganar la guerra con prescindencia del elemento humano que pueda verse envuelto en las guerras.
OTRAS PÁGINAS SOBRE "NIEBLA DE GUERRA":
-- (Ir a la página) Comentario en Chemtrails sobre Buenos Aires.
VIDEOS.
-- Primera parte de la peli [en inglés, subtítulos en español].
Busca otras películas relacionadas:
+ Errol Morris,
2003,
Documental,
Guerra de Vietnam,
Guerra Fría,
Política
domingo, 22 de junio de 2008
"Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal" (2008).

-- "Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull". Estados Unidos. Año 2008.
-- Dirección: Steven Spielberg.
-- Actuación: Harrison Ford, Cate Blanchett, Karen Allen, Shia LaBeouf, Ray Winstone, John Hurt, Jim Broadbent, Igor Jijikine, Alan Dale.
-- Guión: David Koepp, basado en una historia de George Lucas y Jeff Nathanson, basados a su vez en los personajes creados por Philip Kaufman y George Lucas, basados en su vez en las seriales de matiné de los '40s, basados a su vez en las novelas de acción africana del XIX, basados...
-- Banda Sonora: John Williams.
-- "Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal" en IMDb.
-- "Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Nevada, 1957. Premonitoriamente, ya se ponen a gritar en esos años "Russians are coming!!! Russians are coming!!!". La malvada y fetish Irina Spalko, doctora en esto y aquello (¡en Parapsicología, demonios! ¿Qué sigue, una carrera profesional de cinco años para graduarse de rabdomante?), brazo derecho de Stalin (¿no que se había muerto en 1953? ¿No que habían fusilado al buen Laurent Beria? ¿No que estamos en plena Era Kruschev?), con su piquete de malvados rojos ingresa al Hangar 51, y para buscar información utiliza a su rehén estrella: Indiana Jones. El objetivo es un misterioso estuche de plástico que guarda a un individuo bien quieto y rígido, con consistencia de pastrami, que por estar en el Area 51 probablemente no sea demasiado humano, que digamos (no, no se ve al young Fox Mulder rondando por ahí). La cosa termina bastante mal, porque verán, estamos en plena Era Eisenhower y el Macartismo va viento en popa (pero, pero, pero... ¿no que McCarthy se lo habían cargado en 1952...?). Aquejado por toda clase de sospechas de antiamericanismo y esas cosas, el hombre que evitó a la Humanidad la apertura del Arca de la Alianza es ahora un catedrático sin cátedra, que por sus vacaciones forzadas no le queda más que hacerle caso a un rebelde estilo Marlon Brando, que anda con una motocicleta con esos gorritos que en esa época se veían tan yo hago mis propias reglas, y en la nuestra tan ridículos y old fashioned (sí, emos, algún día su rebelde atuendo victorian black será visto como "eso que usaban mis abuelos para parecerse a mis tatarabuelos"). El joven responde al nombre de Mutt (nunca mejor dicho lo de "responde", porque parece nombre de perro, y en inglés es de hecho el nombre de una raza de perro). Y le dice que un antiguo colega de Indiana Jones está desaparecido/secuestrado/en-problemas, y el papá de Indiana no es porque ése buscaba el Santo Grial y éste busca las calaveras de cristal (todos los arqueólogos monomaníacos encuentran su camino hasta Indiana, así no se puede tener vida), y además porque ya están matando de antemano al venerable Sean Connery, enterrando a su personaje (al fiel Marcus Brody también, pero ése porque de verdad el actor se murició). Bien, resulta que Indiana Jones se la tiene jurada a los rusos por haberlo puesto en pastelón, así es que cuando nota que los esbirrros rrrojos de la KGB están tras la pista de Mutt, Indiana se les suma, porque joer, él no será James Bond, pero cuando un problema requiere látigo, ahí está Indiana, y Betty Page a freir páginas cincuenteras... De este modo tenemos a Indiana Jones embarcado en una nueva carrera para descifrar el misterio de Francisco de Orellana y las calaveras de cristal, que lo pondrá nuevamente en la ruta de su archinémesis Irina Spalko...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Después de esa resaca seria y adusta que fue el cine setentero, la audiencia estaba lista otra vez para el entretenimiento banal e insubstancial. George Lucas y Steven Spielberg abrieron el camino con sus respectivas fantasías cósmicas "La guerra de las galaxias" y "Encuentros cercanos del Tercer Tipo", que mezclaban sabiamente el espíritu de los matinales del '40, la serie B del '50, el hippismo pseudoZen de los '60 y un premonitorio aire New Age '80s que creó toda una epidemia de pelis basadas en el espacio exterior. Pero quien no tiene ningún éxito quiere uno, y el que tiene uno quiere dos, así es que se juntaron el par de coleguetes para decidir qué hacer a continuación, que no se ponen todos los hueos en la misma cesta, joer, y hay que diversificar el portafolio para prosperar. Y decidieron hacerla de oro mezclando a un prota estilo James Bond, siempre al filo del imposible sin despeinarse, con las seriales de matiné de antaño (¡otra vez!), pero ésta vez las de arqueólogos, estilo "La daga del rey Salomón", "Los peligros del Nyoka" y cosas añosas por el estilo (¿se preguntaban de dónde salió la expresión "el año del ñauca"...?). Lo de James Bond no les quedó tan resultón porque la gracia es perpetrar una del agente secreto cada dos años y a veces en años consecutivos (tres ahora, y es que se han puesto más finolis, los productores), mientras que en lo de Indiana Jones hubo tres en ocho años ("Los cazadores del Arca Perdida", "Indiana Jones y el Templo de la Perdición" ahora elevado a nivel de créditos el prota, e "Indiana Jones y la última cruzada"), y después la franquicia entró en un bien merecido receso, ya que en realidad no daba mucho más de sí tampoco. Lo siento por los frikis de toda la vida que consideran a Indiana Jones como el súmmun de la Cultura Judeocristiana, aquello por lo que las generaciones han gemido y estado de parto, pero (sin mirar en menos tampoco, que la saga tiene su venerabilidad) también existen otras cosas... Bueno, si supieran que existen otras cosas no serían frikis, tampoco. Vuelvo a lo que comentaba: Indiana Jones no daba para una cuarta peli, en esos tiempos por lo menos, porque si tan mal resultaba sacarlo de su entorno desierto/nazis para llevarlo a algo tan parecido como jungla/Indostán (y eso que "Indiana Jones y el Templo de la Perdición" también bebía de matinales, en este caso del viejo cine imperialista indostánico de la primera mitad del XX), el riesgo de aburrir por reiteración era enorme. No es por nada que en "La momia 3" amenazan con hacer viajar al prota a China... Es lo que tiene elegir como objeto a cazar reliquias tan sagradas como el Arca de la Alianza o el Santo Grial: que si les pones algo mínimamente menos sagrado, como la Piedra Sankara, adorada por todos esos supersticiosos paganos que prefieren adorar a un dios que muere y resucita como Rama en vez de creer en la muy respetables y venerada revelación del dios que muere y resucita como Cristo en el Cristianismo, pues que el gancho no es lo mismo. En ese sentido, meter a Indiana Jones al frigorífico (¡no sólo figuradamente!) era una buena opción para no manchar el legado de la saga, magnífico en su épica aventurera, pero tan poco, ¿cómo decirlo...? Tan poco '90s... (ya saben: cine indie, grungies, mirarse el ombligo...). Pero más tarde o más temprano, si venían pelis resucitamuertos como "Duro de matar 4.0", "Rambo: Regreso al infierno" o "Rocky Balboa", era inminente que saliera una cuarta de Indiana Jones. A este paso, capaz que rueden "Y dónde está el piloto 3000: Se nos acabaron las ideas"...
¿POR QUÉ VERLA?
-- Partamos por el valor más obvio que podría tener la peli. ¿Es un buen aditamento a la franquicia de Indiana Jones considerada como un todo? La respuesta es un rotundo sí. Muchos podrán salir decepcionados porque hay cosas que no se condicen con el Indiana Jones ochentero: los CGI (prometieron que no los iban a usar, pero en algunos casos, ni modo, qué remedio...), la falta de cierto sentido del humor, un Indiana Jones que simplemente ya no está en edad para el wir tanzen und wir springen... Pero por otra parte, conserva el espíritu más genuino de la saga, de poner a un aventurero invencible (¡y es que, qué caray, ni la edad puede con él!) en una entretenida misión arqueológica que lo llevará a enfrentarse con fuerzas más allá de nuestro mundo. Quizás lo único que desentona, y que le da un carácter un tanto raro a la peli, es que por primera vez el poder al que se confronta Jones no es místico como el Arca de la Alianza, las Piedras Sankara o el Santo Grial, sino tecnológico, porque desde el comienzo queda más que clara la relación entre las famosas calaveras de cristal y una eventual presencia extraterrestre en la Tierra (¿por qué otra cosa si no, iban a perpetrar el delito de violación de domicilio nada menos que en el Hangar 51, como un Mulder y Scully cualquieras...?). Pero esto, que algunos recalcitrantes mistogogos y masoretas del Indianajonismo podrían verlo como una impía traición contra lo más sagrado de la saga, los más inteligentes de nosotros lo vemos como una oportunidad de ampliar ésta hacia nuevos horizontes. No mucho tampoco, que se trata de darle un aromilla de nuevo para contar en definitiva lo mismo de siempre, que nueve décimos de la cultura postmoderna es exactamente eso. Pero en fin.
-- Relacionado con lo anterior: en esta peli, Indiana Jones da el salto desde el cuento folklórico de hadas (bueno, de arqueólogos y poderes místicos) hasta la cosmología. Y no me refiero porque los extraterrestres sean invitados de piedra a la saga, sino porque es la primera vez que se establece un vínculo recio con pelis anteriores de la saga. Sí, ya sé que el personaje de Salah y el de Marcus Brody habían aparecido en la primera y la tercera, pero esto es casi anecdótico, porque de dichos personajes, a pesar del cariño que de hecho el espectador de "Los cazadores del Arca Perdida" e "Indiana Jones y la última cruzada" llega a tomarles, lo que sabemos no pasa de lo anecdótico (a saber, que ayudaron alguna vez a Indiana Jones y sobrevivieron para contar el cuento, que él es Indiana Jones y no Harry el Sucio o Jack Bauer). En cambio, acá se toman derechamente elementos de pelis anteriores, y muy en concreto de "Los cazadores del Arca Perdida", para contar "la mañana después" de dicha historia (de hecho, el Arca del Convenio hace un cameo por ahí... ¡y sin cobrar! Esa es la mejor parte). Es decir, con esta peli empieza a hacerse exégesis del mito de Indiana Jones, algo que los eruditos y enciclopedistas podrían empezar a agrupar en un cuerpo mitológico coherent... ¡No, por favor, no me interrumpan con ese ladrillazo a la jeta que fueron "Las crónicas del joven Indiana Jones"! Mi tío el gato Sinforoso se las quedó viendo, y del coma terminal subsiguiente no salió nunca más. Además, qué tanto suspenso tenían, si ya sabíamos que al final tenía que sobrevivir a todas sus peripecias de joven porque de lo contrario, ¿quién era el Indiana Jones de las pelis, un impostor...?
-- Irina Spalko. Sí, Belloq era un cabronazo, el tipo pintarrajeado de la segunda (¿alguien recuerda su nombre?) era claramente un sociópata como sólo de una raza inferior puede esperarse, y la rubiecita de la tercera estaba más rayada que pared de perrera, pero Irina Spalko tiene ese no sé qué, que qué se yo... Sí, viene interpretada por Cate Blanchett, pero no se agota allí el asunto. Tiene su morbo verla vestida de uniforme soviético, tanto más porque a diferencia del uniforme nazi, el de la intelligentzia estalinista era mucho más opaco y mortecino, y por lo tanto, mucho más fetish. Al final de la peli, queda un cierto regusto a "sí, qué gran villana, podría haber sobrevivido para otra". Bueno, no es que fuera la más peligrosa de todas (hay que ver como Indy se la columpia de la manera más indigna... en combate armado sobre vehículos, no se piense otra cosa). Pero de imponer una nueva moda, la impone. No puedo evitar pensar que su inspiración bebe directamente de Rosa Klebb, villana Bond muy bien recordada por los fanáticos de la saga (sintomáticamente, "Desde Rusia con amor", la peli en donde Rosa Klebb hace su aparición y desaparición magistral, es de 1963, mientras que "Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal" está ambientada cerquita, apenas seis años antes, en 1957...). Como homenaje, está más que bien (¿así era Rosa Klebb de joven...? Mmmmmm...).
-- Con Harrison Ford poniéndose añoso, no era cosa de poner a su personaje otra vez a perseguir nazis, salvo que lo pusieran camino a descubrir el Vril-Ya en Nueva Suabia o algo por el estilo. Pero por otra parte, eso implicaba abandonar la exitosa fórmula Indy/desierto/nazis por una mucho más incierta Indy/macartismo/estalinismo. Si las primeras de Indiana Jones podían encajar débilmente en el Dieselpunk (bueno, no tanto como "Capitán Sky y el mundo del mañana", si es que no llega a tanto el fanatismo tampoco), ésta bebe más bien de la serie B cincuentera y del Atompunk (explosión atómica y extraterrestres incluidos). Era un salto al vacío, y comprensiblemente los pergenios detrás del asunto (Steven Spielberg y George Lucas, por si se han olvidado) estaban nerviosos por el resultado. George Lucas llegó a declarar, antes de que las críticas salieran, que no iba a prestar atención a las críticas negativas, una buena operación de salud mental después de haberse tragado mamadera de palos por su desastrosa "La amenaza fantasma". Pero si uno se olvida de la cosa mística y se deja llevar por el Atompunk desembozado, es una estupenda revisión de ese tipo de cine. Porque la verdad, los elementos puestos en juego (motoristas rebeldes sin causa, arqueólogos, el Area 51, extraterrestres, macartismo, estalinismo, nativos sudacas) podían no encajar, y encajan de lo más bien. La fórmula es, por supuesto, citar sin exagerar. Aquí funciona. Es una rareza ver una de Indy Atompunk, y de hecho se ha criticado a esta peli por meter extraterrestres, como si meter al cajón de espíritus incineradores que era el Arca del Convenio fuera mucho más lógico, pero tampoco se les ha ido la brocha en el pintado (bueno, puedo imaginar a Spielberg diciéndole a Lucas: "¡Quita tus sarmentosas y starwaseras manos de Indy y déjalo respirar, hombre!"). En todo caso, por la rareza, saldríamos más que beneficiados de una quinta parte. O no. Depende. El trío creativo (Spielberg/Lucas/Ford) ha tenido buen cuidado de no putear la saga. A ver si el Alzheimer no les juega una mala pasada en contrario (¡oh, sí, pongamos al hijo de Indiana Jones en una de Cyberpunk ochentero...! Ah, perdón, eso se llama Lara Croft).
-- Démosle crédito también a John Williams. Lejanos están los días en que este hombre creaba sus partituras inmortales para "Tiburón", "Superman", "La guerra de las galaxias" o (citada otra vez) "Los cazadores del Arca perdida", y aún más lejanos los días en que era... ¡¡¡Johnny Williams, creador del tema de "El túnel del tiempo"!!! Y se nota. Porque aparte de abusar de los coros en el "Duel of the fates" de "La amenaza fantasma" y de dárselas transcribiendo y obligando a sus coristas a regurgitar en sánscrito, lo cierto es que su carrera musical en los últimos años (¿décadas?) había ido de menos a peor (¿quién otro que no sea fanático de Harry Potter se descargaría el trabajo de John Williams para esa saga?). Pero aquí está de regreso, no diré en plena forma, pero cómodo de regresar a lo viejo, a lo clásico, a su querido tema de la Marcha de los Cazadores ("Raiders' March"). El soundtrack no tiene secuencias memorables, pero sí acompaña muy bien. Eso está bien, al final del día.
-- En el balance final, quizás el sentimiento común es la nostalgia. Para todos los involucrados (Lucas, Spielberg, Ford, Williams), ésta podría ser la última vez que trabajen en conjunto para la saga. Se rumorea una quinta, pero vaya uno a saber cuándo el Hollywood lifestyle vaya a pasarle la cuenta a alguno. Es una de Indy testamentaria, casi crepuscular. Quizás la imagen más poderosa de toda la peli sea ese Indiana Jones otoñal, más fuerte que la vida, cerca de cierto electrodoméstico que no espoilearé, sobreviviendo a toda una explosión nuclear, nada menos. Así de indestructible resultó Indiana Jones, que casi una generación después no sólo sigue en activo, sino que además es capaz de convocar a legiones de espectadores. Pero también el tiempo pasa. El envejecimiento llega. Y el grupo ya no está para esos trotes. Siguen haciendo bien su trabajo, y pueden disimular el cansancio de los años de circo porque la saga de Indiana Jones siempre fue de aventuras y nada más, y nadie espera que sea una gran y filosófica reflexión sobre la multiplicidad semiótica de la metamodernidad. Pero sí tiene ese algo crepuscular. Hay un aire a William Munny, el prota interpretado por Clint Eastwood en "Los imperdonables". Esa peli era el fin de una era, el del Western como género épico prototípicamente yanketa. Esta peli también es casi el final de una era, el testamento de las seriales de matiné (coincidentemente, con el advenimiento de la televisión, estas seriales dominicales dejaron de producirse justamente en los '50s en que se ambienta la peli), uno de los bastiones fundamentales del cine desde que éste es cine. Para las nuevas generaciones que ven a los '90s como ese tiempo arcaico en que tenías que optar entre hablar por teléfono o conectarte a Internet porque una función de la línea telefónica te liquidaba la otra, y para las cuales esos panelitos iluminados en las paredes de la Estrella de la Muerte starwasera es algo propio de la era cinezoica, los elementos propios de las seriales (la limpieza moral de los buenos versus la villanía de los malvados, el cliffhanger, la espera entre episodio y episodio, el universo romántico de arqueólogos versus nazis) simplemente se salen de su horizonte histórico (si es que con Internet y YouTube se puede hablar de la existencia -aún- de un horizonte histórico). Y por último, las mismas cosas que hacía Indiana Jones, las hace Lara Croft con más tecnología y con más bubies. Sic transit omnia gloria mundi...
IDEAL PARA: Seguidores de Indiana Jones y amantes del popcorn de calidad.
OTRAS PÁGINAS SOBRE "INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL":
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-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].
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domingo, 16 de diciembre de 2007
"La carta del Kremlin" (1970).

-- "The Kremlin Letter". Estados Unidos. Año 1970.
-- Dirección: John Huston.
-- Actuación: Bibi Andersson, Richard Boone, Nigel Green, Dean Jagger, Lila Kedrova, Micheál MacLiammóir, Patrick O'Neal, Barbara Parkins, Ronald Radd, George Sanders, Raf Vallone, Max von Sydow, Orson Welles, Sandor Elès, Niall MacGinnis.
-- Guión: Gladys Hill y John Huston, basados en la novela de Noel Behn.
-- Banda Sonora: Robert Drasnin.
-- "La carta del Kremlin" en IMDb.
-- "La carta del Kremlin" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
En un Museo hay una típica conversación de Museo. No, no es la típica conversación de museo entre dos enamorados, uno de los cuales se interesa por el arte y el otro quiere ir a ver chicas extranjeras haciendo strip. Es la otra clase de típica conversación, aquella en la que dos espías hacen intercambio de cadenas proteínic... perdón, malditos Simpsons, intercambio de información quiero decir. En ella sale a relucir que se necesita una cierta misiva, la "carta del Kremlin", que vale un dineral, por supuesto. Para extraerla, los servicios de inteligencia occidentales deberán usar a un insider. El problema es que no pasan ni diez minutos de película, y el insider aparece convenientemente muerto en un calabozo del país de los Soviets (hay que ser comunista para ser tan malvado, ¿eh?). De manera que proceden a sacar de circulación a un miembro de la US Navy y enviarlo a un campo de acción diferente, a reclutar un puñado de personas que deberán ejecutar la dichosa misión, es decir, extraer la carta que el insider tocaelarpacelestial ya no puede buscar. El asunto se pone aún más turbio, porque parecen haber algunas turbias conexiones alrededor de esa carta. Como por ejemplo, varios personajes están relacionados con un espía que aparentemente se suicidó en Estambul hace muchos años atrás. Y que está conectado con un misterioso individuo llamado el Highwayman. Y que a su vez están conectados con los servicios de inteligencia rusos, que son más felices haciéndose zancadillas entre ellos para acceder a los círculos del poder soviético, que de ejecutar labores eficientes de contraespionaje. Al final, el asuntillo ése de la carta del Kremlin servirá para que varios personajes tengan su ocasión de ajustar cuentas con su pasado, con sus enemigos y con la Historia. Si es que alcanzan a pasar a la Historia, porque todo buen espía que hace bien su trabajo, nunca quedará registrado en letras grandes al lado de los políticos que se hacen con todo el cotarro después...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
En los '60s, con el florecimiento de la saga de James Bond (desde "El satánico Doctor No" de 1962 en adelante), la industria del cine de espionaje cobró nuevos bríos. ¡Si hasta el maestro Hitchcock se apuntó, con "La cortina rasgada"! Eran, claro está, los años del hippismo por una parte, y de cierta distensión en la Guerra Fría (después de la Crisis de los Misiles de 1962); como nadie se creía eso de que la Guerra Fría se distendía, y por otra parte los espías eran todo lo refinados y seductores que esos mugrosos hippies no, pues bien, el escenario estaba servido. El director John Huston también se apuntó a la moda, y parió este producto que... cómo decirlo... es bueno. Es indiscutiblemente bueno. Pero también es muy Huston. Y no es que Huston sea un mal director. Pero es que... es que...
¿POR QUÉ VERLA?
-- John Huston es, con justicia, uno de los grandes maestros del cine. Cualquier director que se atreve a debutar tras las cámaras con una joya como "El halcón maltés", con Humphrey Bogart, se merece por supuesto todo el respeto del mundo, por no hablar de un aparatoso currículum que incluye clásicos indiscutibles como "El tesoro de la Sierra Madre", "Mientras la ciudad duerme", "La Reina Africana", "Moulin Rouge", "Moby Dick", "La noche de la iguana", "La Biblia", "Annie" y "El honor de los Prizzi". Ahora bien, desde un punto de vista más personal, algo hay con el señor Huston, que no consigue entusiasmar a mis bigotes llenos de leche. El hombre es sin duda un soberbio cineasta, de la más clásica escuela, y un formidable narrador de historias, por no hablar de sus personajes duros y curtidos por la vida, pero... a veces tiende a confundir la sobriedad narrativa (en lo que era un maestro) con falta de emocionalidad. Muchas de sus películas tienen este defecto, que empaña muchos de sus logros, y las hacen verse un tanto envejecidas. Uno ve clásicos como "Metrópolis" y "Lo que el viento se llevó", y puede sentirlas como películas que incluso podrían haberse rodado hoy en día, con las salvedades de los escenarios y actores, etcétera, pero con las de John Huston, lucen claramente como de un tiempo antiguo en que todo era más correcto y adocenado. "La carta del Kremlin" no se libra de esto. Es una película formidable de espionaje, sin lugar a dudas, que deja a pelis de espías supuestamente crudas como "El buen pastor", como entretenimientos bienintencionados para niños de todas edades. Pero si, con todo el respeto debido a un Maestro, el señor Huston le hubiera impreso a la historia un poco más de PUNCH... ¡¡¡Por Dios que lo hubiéramos agradecido!!!
-- La traca final. La película parte con un personaje que iba en vías de convertirse en importante, muerto a los diez minutos (bien). Pero luego se diluye en un proceso de reclutamiento de agentes que parece sacada de algún capítulo barato de la "Misión Imposible" sesentera; sólo falta Peter Graves para hacer la ilusión completa. Luego, cuando por fin el grupo va a hacer lo suyo en la Unión Soviética, el asunto se pone movido (echan un camión barranco abajo y explota, hay otro muerto más), pero de nuevo los movimientos de los personajes se vuelven cansinos, casi como si estuvieran en eso del espionaje por hobby, en vez de verlos como tipos sudando la camiseta por sus propias vidas. A esas alturas, la peli ya está invitando al zapping. Pero la media hora final... Un giro que se veía venir de la trama, desata una serie de acontecimientos cada vez más brutales (y no necesariamente en el sentido de "sanguinario"). Y el final... No lo romperé ni por nada del mundo, porque es un gancho a la mandíbula. No creo estar exagerando si incluyo la secuencia final de esta peli como uno de los diez mejores finales de películas que he visto jamás (aunque la película en sí no alcance para esa categoría, pero en fin). Así es que si la ven y consideran que es lenta y tienen ganas de darle al control remoto, la recomendación es que aguanten firmes en sus sitios, como buenos soldados, y la vean hasta el último.
-- Es una peli degenerete. El maestro Huston, aunque no especialista en el terreno del espionaje, no por nada se ganó sus mayores glorias en el viejo y entrañable Cine Noir, con detectives duros de mandíbula apretada y chicas vaporosas que lucen buenas y se portan mal. Y aquí, eso se nota. Ya sabemos que la gracia de las pelis noir es ver como bajo una sociedad ordenada y respetable, se esconden toda clase de depravados que gracias al dinero pueden llevar a cabo sus, ejem, inocentes perversiones. En "La carta del Kremlin" podemos ver así una buena traca de invertidos y travestis, y más de alguna lesbiana pasa por aquí o por allá. ¡Y eso con la censura de 1970! ¡Pero es que estos espías son unos degeneretes! Como la pobrecita ingenua espía a la que su papá le ha dicho "si quieres ser espía como yo, tienes que aprender a ser puta", y como no sabe, va y se acuesta con el apuesto jefe de escuadrón para desflorarse rápido y luego a otra cosa... Y ya no hablemos de Bibi Andersson envuelta en los humos del haschís, pidiéndole a gritos a un chuloputo que la golpee porque para eso le paga... Bueh, Bibi Andersson fue la estrella de "El séptimo sello" y "Fresas salvajes", entre otras pelis de Ingmar Bergman, y supongo que las malas costumbres se pegan (pues sí, Bergman era otro degenerete, ¿o creían que los dizqueintelectuales ven sus pelis por su hondo contenido metafísico?).
-- ¿Ya le echaron un vistazo al elenco? Sí, ya mencioné a Bibi Andersson, una chica Bergman (¡hey, da más crédito ser chica Bergman que ser chica Almodóvar!). Pero por sobre actorazos como Raf Vallone ("La violetera", "El Cid", "Golpe a la italiana", "El Padrino III") o George Sanders ("Rebeca", "Sansón y Dalila", "Eva al desnudo", "El pueblo de los malditos"), debemos destacar a los dos grandes villanos que mueven el cotarro. Porque... ¡miren el tamaño de estos villanos! El peorcillo de éstos es nada menos que el gran Max von Sydow, otro antiguo actor bergmaniano reconvertido para Hollywood, que para Bergman hizo "Fresas salvajes" y "La fuente de la doncella" (sí, en la primera coincidió también con la Andersson), que para generaciones más recientes es el Jesucristo de "La historia más grande jamás contada", el Padre Merrin de "El exorcista" o uno de los villanos de "Los tres días del cóndor", y para los fanáticos de la ciencia ficción es el Emperador Ming de "Flash Gordon", el rey Osric de "Conan el Bárbaro", el planetólogo Kynes de "Dune", y para los adolescentes popcorneros el jefe de Tom Cruise en "Sentencia previa". Sí, adoramos a Max von Sydow con el respeto debido al mesías, porque después de todo fue Jesús, ¿OK? Aquí, von Sydow es un coronel soviético que tiene una esposa que... ¡UFF!, y ya no digamos nada sobre sus trapitos sucios... Y ése es el peorcillo, o sea, ¿quién es aún más grande? Pues sí, señores, no sólo por dimensiones anatómicas es más grande, sino porque es él, el grande (metafóricamente hablando), el único... ¡¡¡ORSON WELLES!!! Sí, el mismo que con 25 años debutó en la dirección, dirigiéndose a sí mismo en la soberbia "El ciudadano Kane", y que después medio pudo filmar algunas pelis a su gusto y tuvo que hacer de garbancero en otras para mantenerse alimentado (el punto más bajo en el que cayó, fue haberle dado voz a Unicron en la peli "Transformers" de 1986... no me vengan los fanáticos a decir nada, la serie de TV ochentera era buena, pero la peli no tiene perdón de Dios, y si opinan lo contrario, vayan a arder a sus propios infiernos, herejes). Sí, tenemos a Orson Welles en una esquina, haciendo una soberbia interpretación como jerarca soviético, y en la otra, a Max von Sydow. Cualquiera bien enterado babearía por ver esa ocasión única en que dos gigantes de la actuación se encontraron el uno al otro y se dieron la réplica. Frente a eso, ¿quién diablos quiere saber sobre el protagonista...?
IDEAL PARA: Ver una película quizás fallida en algunos aspectos, pero aún así de las mejores que se hayan hecho sobre el espionaje jamás.
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jueves, 4 de octubre de 2007
"La cortina rasgada" (1966).

-- "Torn Curtain". Estados Unidos. Año 1966.
-- Dirección: Alfred Hitchcock.
-- Actuación: Paul Newman, Julie Andrews, Lila Kedrova, Hansjörg Felmy, Tamara Toumanova, Wolfgang Kieling, Ludwig Donath, Günter Strack, Gisela Fischer, Mort Mills, Carolyn Conwell, Arthur Gould-Porter, Gloria Gorvin.
-- Guión: Brian Moore, más aportes sin acreditar de Willis Hall y Keith Waterhouse.
-- Banda Sonora: John Addison.
-- "La cortina rasgada" en IMDb.
-- "La cortina rasgada" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Suecia. Hay un congreso científico en Estocolmo. A él asiste un científico especializado en chucherías nucleares, y su bella asistente y futura esposa, a la que por cierto un científico alemán empieza a echar los tejos. Pero cuando la futura esposa se pone a hacer lo de rigor en toda futura esposa que se precie de tal (o sea, empezar a planificar con, y a veces por encima de, el futuro marido), el marido sale con algunas cosas un tanto extrañas, incluyendo un vuelo a Hungría de última hora. La esposa empieza a averiguar qué demonios ocurre, porque vaya uno a saber, será muy bonita, pero siempre toda mujer sospecha que hay otra más bonita, así es que se embarca en la cacería, siguiendo a su flamante prometido, el cual resulta estar en vuelo no a Hungría, sino a... ¡¡¡CHACHÁAAN!!! ...¡¡¡BERLÍN ORIENTAL!!! ¡¡¡DETRÁS DE LA CORTINA DE HIERRO!!! A medida que avanza el asunto y la mujercita sigue fielmente a su hombre, más crecen sus certezas de que quizás nuestro heroico científico sea un traidor, después de todo, que se está vendiendo a los comunistas. ¿Conseguirá impedir que nuestro chulo héroe le venda el alma a los demoníacos comunistas? ¿Conseguirán ambos salir vivos de ese tenebroso Mordor sigloveintesco que era el mundo detrás de la Cortina de Hierro...?
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
La larga sombra de lo que para la época era una simple franquicia de serie B, como lo eran las pelis Bond (por lo menos hasta "Operación Trueno"), alcanzó incluso al Amo del Suspenso, al Maestro del Miedo, al Señor del Terror, a Alfred Hitchcock himself. Nadie duda de que la gran década de Hitchcock fueron los '50s, en donde su estilo estiradete para filmar calzaba bien con el Zeitgeist de la época. Pero en los '60s, Hitchcock empezó a ser mirado un poco como alguien pasado de moda, no por los intelectualoides de siempre, por supuesto, quienes a esas alturas lo reverenciaban como a un maestro del cine (y con justicia, por una vez, para que vean que la crítica cultureta no siempre la palma), sino por el grueso público. Después de "Intriga internacional" había intentado reconvertirse al terror psicológico con "Psicosis" y "Los pájaros", y de ahí, con el interludio de "Marnie la ladrona", se cargó hacia el cine de espías con dos piezas menores de su filmografía, la que nos ocupa y su sucesora "Topaz". En esta reconversión en la que Hitchcock trató de competir en el género en donde proliferaban los James Bond, los Derek Flint y las Modesty Blaise, simplemente no le fue bien. De partida, trató de llamar a su vieja estrella Eva Marie Saint (actriz de "Intriga internacional", y conocida en el 2000 y algos por ser la mami de Superman en "Superman regresa"), pero no le quedó más que plegarse al capricho del estudio y trabajar con Julie Andrews, a quien aparentemente despreciaba como una cantante metida a actriz. También tuvo roces con Paul Newman, quien era más joven que sus otras estrellas masculinas (Cary Grant, por ejemplo), y que por ende, tenía roces mayores con ese vejete que aún seguía tosiendo tras una cámara. Para colmo se peleó con Bernard Herrmann, su colaborador en el soundtrack de toda la vida, y el resultado se resiente en una banda sonora bastante inferior al promedio de las cintas Hitchcock. La película no fue un fracaso, pero tampoco fue un éxito precisamente, y ayudó a mandar la carrera de Hitchcock en declive.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Es una de Alfred Hitchcock. Digan lo que quieran sobre que es un Hitchcock menor, incluso prescindible en su filmografía, pero ya se quisiera el ochenta por ciento de los garbanceros que fungen como directores en Hollywood, poder rodar en estado de gracia algo como esto, que Hitchcock rodó en piloto automático. A pesar de lo rocambolesco de la premisa que apoya la intriga, la verdad es que consigue mantener una cuota de tensión y suspenso. Siempre es algo que se agradece.
-- A pesar de que no es lo que uno esperaría a cabalidad de Hitchcock (no es una "peli Hitchcock", podríamos decir), sí tiene varios "momentos Hitchcock": la secuencia del combate contra Gromek en la granja, la encerrona de la Stassi contra los protas en el teatro y su resolución... ¡¡¡Incluso hasta se da el lujo de meter suspenso en medio de un aburrido debate científico entre dos matemáticos, eso es ser Maestro!!!
-- Paul Newman y Julie Andrews, aún sin ser lo que uno esperaría los típicos protagonistas Hitchcock (Newman era demasiado salvaje en comparación a otros, y la Andrews no es lo suficientemente gélida o vaporosa), cumplen bien. Paul Newman ya había visitado Estocolmo en clave de espías en "El premio", aunque aún estaban lejos sus protagónicos en "Butch Cassidy y Sundance Kid" o "Infierno en la torre", y le aporta la intensidad especial que le era propia en aquellos años (después envejeció, pero cosa increíble, supo hacerlo con enorme dignidad); nadie creería que al protagonizar "La cortina rasgada", Paul Newman era en realidad ya un cuarentón, tanta es la adrenergia que descarga. Julie Andrews, por su parte, venía saliendo del tenebroso submundo de las pelis musicales, anotándose éxitos resonantes y la inmortalidad fílmica con "Mary Poppins" y "La novicia rebelde", así es que debió ser chocante para la época verla reconvertida en heroína de thriller de espías (las nuevas generaciones quizás la conozcan mejor por ser la abuela de Anne Hathaway en "El diario de la princesa" y su secuela, además de prestarle voz a la mami de Fiona en "Shrek 2" y "Shrek Tercero").
IDEAL PARA: Fanáticos de Hitchcock, catadores del cine de espías, y seguidores de los protas Paul Newman y Julie Andrews.
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domingo, 13 de mayo de 2007
"Trece días" (2000).

-- "Thirteen days". Estados Unidos. Año 2000.
-- Dirección: Roger Donaldson.
-- Actuación: Bruce Greenwood, Stephanie Romanov, Steven Culp, Kevin Costner, Dylan Baker, Lucinda Jenney, Michael Fairman, Bill Smitrovich, Frank Wood, Ed Lauter, Kevin Conway, Tim Kelleher, Len Cariou, Chip Esten, Olek Krupa, Elya Baskin, Jack McGee, Tom Everett, Oleg Vidov, Alex Veadov, Henry Strozier, Walter Adrian, Christopher Lawford, Madison Mason, Kelly Connell, Peter White, Boris Lee Krutonog.
-- Guión: David Self, basado en un libro de Ernest R. May y Philip D. Zelikow.
-- Banda Sonora:
-- "Trece días" en IMDb.
-- "Trece días" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
A miles de metros desde la superficie terrestre, un avión espía de la USAF (United States Air Force) descubre un hecho inquietante: los rojos están armando cabezas nucleares en Cuba. Es Octubre de 1962, y cualquier estupidez menor en el panorama internacional puede hacer volar las bombas y arrasar con nueve décimos de la Humanidad, y quizás también con el décimo restante. Como Estados Unidos no quiere estar a cinco minutos de distancia de los ICBM, el gobierno del Presidente Kennedy empieza a maniobrar para deshacerse de esas cabezas nucleares. Pero no a cualquier precio. Los militares están ávidos de reivindicarse por su monumental fracaso en Bahía Cochinos y quieren sangre: la de Fidel Castro, concretamente, por medio de una invasión armada a gran escala y en toda regla contra Cuba. Que Berlín caiga después en manos soviéticas no importa, y que después de eso vuelen los misiles de un continente a otro cargando algunos bebés nucleares, tampoco. Los Kennedy ahora lidian con Cuba y la Unión Soviética, y también con su propio alto mando militar, y sólo Dios sabe cuál de las dos amenazas es peor. Y estarían completamente acorralados, de no ser porque ¡ahí está el valiente Kevin O'Donnell para salvar el día!
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
En muchos sentidos, "Trece días" resultó una película fuera de época. Hace rato que el thriller político de alturas fue desplazado por el thriller policíaco en donde la política es sólo un condimento para darle afrodisíaco a las mujeres. ¿Por qué Kevin Costner se embarcó entonces en un filme que parece hecho en los '70s, en el umbral del siglo XXI? A finales de los '80s y comienzos de los '90, Costner era el favorito del mundo con sus roles en "Los intocables", "Sin salida", "Danza con lobos", "Robin Hood príncipe de los ladrones" o "Un mundo perfecto", pero después se despeñó dramáticamente en "Mundo acuático" y terminó de hundirse con el drama épico postnuclear (que no tenía ni drama, ni épica ni apocalipsis) "El cartero". Así que se metió a producir este filme que golpearía directamente al corazón patriotero de Estados Unidos, y también complacería a la crítica. No pasó ni lo uno ni lo otro, porque la crítica, si bien no se mostró negativa, sí que fue bien displiscente, y el público no respondió como se supone que lo haría. Una lástima, porque esta es una interesantísima película, fiel reflejo de la transición de la Era Clinton a la Era Bush, además de por sus propios méritos.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Es una película sólida por los cuatro costados. Todo está arreglado por conversaciones de pasillo y discusiones sobre alta estrategia. Hay algunas escenas bélicas (aviones sobrevolando, misiles antiaéreos disparados, portaaviones y submarinos preparándose para el conflicto), pero en general el tono es de alta política, con poco espacio para el drama de lágrima fácil.
-- Roger Donaldson. Quien mejor cosecha aplausos es el director, responsable también de pequeñas joyas del cine comercial como "Especies", "Arenas blancas" y "El discípulo" (y sí, también dirigió la horrorosa "Cóctel"). Y es que tenía que habérselas con un material duro, denso y aridísimo, y consiguió con ello rodar una película con ritmo y suspenso. Crear tensión con balaceras y explosiones es fácil, y si no, que se lo digan a los que han dirigido filmes para la saga de "Misión imposible". Crear suspenso con rostros endurecidos y facciones tensas, eso es arte.
-- A pesar de que la película lleva implícita una fuerte carga patriótica, no cae en poner a los soviéticos como "los chicos malos", o no mucho, por lo menos. Cuando aparecen los soviéticos, lo hacen firmes y convencidos de sus posturas, tanto que en realidad son espejo de lo convencidos que están los yankis de las suyas. Incluso cuando el embajador Zorin se ve obligado a mentir, uno de los políticos de la Casa Blanca reflexiona que seguramente tenía órdenes de arriba y razones de alta estrategia para hacerlo. Y el quid de la cuestión está no sólo en evitar una amenaza para la seguridad nacional, sino en encontrar un lenguaje común y llegar a un acuerdo con los rusos. Quienes opinan que los rusos deben ser erradicados de Cuba son, no por nada, los militares, quienes son los villanos oficiales del filme. Y eso, un añito antes de que George W. Bush hiciera justo lo contrario que el Kennedy de la película, es decir, lanzarse a una épica cruzada para defender la Seguridad Nacional, y esas cosas...
-- Las actuaciones son razonablemente buenas. Esto es un thriller político y no un drama psicológico existencialista shakesperiano, así es que nadie espera que los actores se luzcan en sus papeles, pero en general el desempeño es notable, sin lunares de ninguna clase. Kevincito está en su día, y sin duda se hubiera lucido más si el papel suyo hubiera sido algo más denso (algo que, por el tipo de película, no era posible, de todas maneras).
IDEAL PARA: Ver un thriller político sólido y tenso, con un guión con alturas y actuaciones razonablemente buenas.
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