martes, 19 de febrero de 2008

"Marnie la ladrona" (1964).


-- "Marnie". Estados Unidos. Año 1964.
-- Dirección: Alfred Hitchcock.
-- Actuación: Tippi Hedren, Sean Connery, Diane Baker, Martin Gabel, Louise Latham, Bob Sweeney, Milton Selzer, Mariette Hartley, Alan Napier, Bruce Dern, Henry Beckman, S. John Launer, Edith Evanson, Meg Wyllie.
-- Guión: Jay Presson Allen, basado en la novela de Winston Graham.
-- Banda Sonora: Bernard Herrmann.

-- "Marnie la ladrona" en IMDb.
-- "Marnie la ladrona" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Hay una caja fuerte. Vacía. Las cajas fuertes vacías duelen. Son caras. Y sin de los verdes adentro, inútiles. La responsable es una mujer que ha desaparecido. Su paradero es un misterio para los dueños del dinero. Pero no para nosotros, porque la vemos circular hacia su casa. En ésta, hay una anciana señora que funge como su madre, y que no parece demasiado complacida con ella. Para ser exactos, la trata con cariño, pero también la recrimina por cualquier imbecilidad, mientras que es pura baba y sonrisas con una chiquilla malcriada que viene a la casa. Nada de lo que haga Marnie, nuestra pobrecita ladrona incomprendida por su madre (y eso que no sabe, ¡si supiera en qué pasos anda su hijita...!), sirve para complacer a la veterana. De manera que tras un tiempito en su casa que no es muy productivo (tiene pesadillas, alguien puso gladiolas y ella detesta el color rojo... cosas así), parte nuevamente a las andadas. Todo iría a pedir de boca, de no ser por un casi insignificante detalle: en su nuevo empleo, el jefe es un conocido del antiguo patrón desvalijado. Hay también otro insignificante detalle: es joven y (¡glup!) atractivo. El sex appeal de las posiciones de jefatura empieza a funcionar, el jefe seduce a la secretaria ladrona, y las cosas podrían torcerse... o no, porque nuestra cleptómana heroína decide finalmente obedecer a su instinto y robarse el dinero. Sin embargo, ¿qué puede hacer una mujer de instintos primarios y animales, frente a un hombre enamorado de la zoología y cuyo matarratos es justamente domar bestias feroces...?

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Para Alfred Hitchcock, el Amo del Suspenso, el Maestro del Misterio, el Señor del Terror, el Cuco del Cuco, los gloriosos '50s habían quedado atrás. El mundo estaba cambiando aceleradamente. De pronto, el glamour de las familias post Segunda Guerra Mundial estaba pasando, ya que el baby boom de los '50s había dejado paso a la rebelión teenager de los '60s. En esas condiciones, nuestro buen Hitchcock tendría que renovarse o morir. Algo de eso había tentado ya en "Vértigo" y "Psicosis", abriéndose paso casi a machetazo limpio (es un decir) en las aguas procelosas del cine psicológico. Pasando el interludio de "Los pájaros", Hitchcock regresó a la vieja fórmula de "Psicosis", de tomar una novela con un personaje cuya psicología fuera básicamente una jaula de macacos, y adaptarla para el cine. Pero esta vez, el tiro salió mal. "Marnie" resultó ser una película bastante más débil, a diferencia de "Psicosis" no reinventó la rueda ni mucho menos, y el público respondió de manera bastante esquiva en la recaudación, salvo en Inglaterra e Italia (¡gran cosa, miren cómo nos forramos con esos mercados elefantiásicos!), aunque se llevó muy buenas críticas (¿Y? ¡Con críticas no puedo llevar el pan de la tarde a mi mesa, tarados!). Para una buena proporción de gente (bueh, contados entre los escasos adláteres que llevaron su fanatismo por Hitchcock a ver ésta también), "Marnie" representa un punto de inflexión: para la mitad de ellos es la última joyita suya, y para otros es el primer engendro de los que pariría de ahí en adelante.

¿POR QUÉ VERLA?

-- No hay muchas películas en donde la heroína es una cleptómana con un severo trauma del pasado. Eso debe valer algo, supongo, ¿no? Hitchcock se decidió a darle el protagónico a Tippi Hedren, con quien ya había trabajado en "Los pájaros", y como antes había sucedido, ésta fue la segunda y última de sus (pocas) colaboraciones con actrices fetiches. Y es que, ya sabemos, algo tenía Hitchcock que las ahuyentaba... (quizás para rodar películas con un componente enfermizo, debes ser tú mismo un tanto enfermizo, vaya uno a saber).

-- El elenco no puede ser más peregrino. El coprota es nada menos que Sean Connery, en su primer rol relevante desde que fuera catapultado a la fama como el agente James Bond 007 en "El satánico Doctor No" y "Desde Rusia con amor"; de hecho, la rodó antes que "Goldfinger"; aquí Connery se da el lujo de interpretar un personaje incluso más rudo que 007, que como tal, al menos se permitía el lujo de la ironía, algo de lo que su personaje en "Marnie" es completamente huérfano. Diane Baker, la jovencita carilinda por la cual babeábamos en "Viaje al centro de la Tierra" y "Los 300 espartanos", sigue en la senda inagurada por "El premio", de salirse de los roles de chica buena, y muestra una vez más que el papel de chica mala le queda muy, pero muy, bien (ñomi ñomi). Y para la trivia digamos que aparece Alan Napier en un rol secundario, más conocido por haber interpretado al estirado mayordomo Alfred en la serie de televisión de Batman (sí, la con ¡POW! ¡CRASH! ¡BANG!).

-- En cuanto a la historia... Pues bien... Démosle algo de mérito a Hitchcock por su voluntariosa búsqueda de nuevos nichos ecológicos en los cuales desovar sus películas. Y es que "Marnie" representa en muchos sentidos una ruptura bastante radical con su cine anterior; aquí la pulsión dramática está puesta no tanto sobre el suspenso como sobre el retrato psicológico y la historia romántica. Por desgracia, Hitchcock demostró no estar bien afirmado arriba de la escalera para hacer labores de mampostería en esta clase de edificios; por otra parte, se lo puede disculpar en parte porque el tipo de cine psicológico que estaba rodando, que hoy en día es moneda un tanto más corriente (se me viene a la mente "Yo soy Sam", sobre un oligofrénico, "Adios a Las Vegas" sobre un alcohólico...), en esa época era algo casi revolucionario. Pero sólo en parte. Porque la película en verdad a ratos es morosa y pareciera que no marcha hacia ninguna parte. Y ya no hablemos de la resolución final, que es un tanto anticlimática después de haber visto toda la secuencia del caballo (pobre caballo), que eso sí es puro Hitchcock, y que realmente es vergonzosa si se considera que es el Maestro quien está sentado en la silla de dirigir. Pero en fin, tampoco es tan mala, si se considera que Hitchcock estaba experimentado con algo nuevo, y si usas matraces viejos para substancias químicas nuevas, no necesariamente es tu culpa que te reviente en la cara... (pero te va a doler lo mismo, en particular si es ácido, eso dalo por seguro).

IDEAL PARA: Supongo que para fanáticos bien fanáticos de Alfred Hitchcock, seguidores de Sean Connery, e interesados en el cine con psicología en general.

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