Películas de estreno, películas antiguas, películas clásicas, películas bodriosas, películas de todo tipo, comentadas por el arte inefable del General Gato.
11 años de Cine 9009 en línea.
El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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domingo, 30 de diciembre de 2012
"Game Change" (2012).
-- "Game Change". Estados Unidos. Año 2012.
-- Dirección: Jay Roach.
-- Actuación: Julianne Moore, Woody Harrelson, Ed Harris, Ron Livingston, Sarah Paulson, Peter MacNicol, Tiffany Thornton, Jamey Sheridan, Alex Hyde-White, Melissa Farman, Brian d'Arcy James, Bruce Altman, David Barry Gray, Austin Pendleton, Colby French, John Rothman, Justin Gaston.
-- Guión: Danny Strong, basado en el libro de Mark Halperin y John Heilemann.
-- Banda Sonora: Theodore Shapiro.
-- "Game Change" en IMDb.
-- "Game Change" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Año 2008. El mundo se debate entre dos titánicas alternativas para la Presidencia de Estados Unidos: por un lado Barack Obama que llegaría a la Presidencia para no cambiar nada por la inercia misma del sistema, y por el otro lado John McCain que llegaría a la Presidencia para no cambiar nada por la inercia misma del sistema y además porque AMÉRICA IS RIGHT!!! Pero Barack Obama tiene algo que McCain no... ¡¡¡CARISMA!!! ¡¡¡LLEGADA!!! Leñe, ¡el negrito sabe sonreir! Las encuestas dicen no sólo que Barack Obama va ganando, sino que además la victoria es irremontable. Bien, qué le queda a McCain... ¡ah, claro! Se puede jugar la carta de los independientes viudos de Hillary Clinton poniendo a una mujer como candidata a la Vicepresidencia en el ticket. Hell yeah!!! ¡¡¡Los neocon también ser... socialmente evolucionados, quién lo diría!!! Con más o menos una semana de plazo para definir la candidatura a la Vicepresidencia, John McCain llama a una ciudadana que es nada menos que gobernadora de Alaska, llamada Sarah Palin. Para ella, John McCain es su ídolo, y estará feliz de colaborar. Apenas llega, demuestra a todo el mundo que se come a la gente con su carisma. La proclamación marcha de maravillas. ¿Qué podría ir mal? Después de todo ya funcionó con Ronald Reagan, y con él todo salió maravillosamente (derogación de regulaciones financieras que llevaron al escenario de constante incertidumbre económica del XXI, fin de la Guerra Fría con la mafia rusa tomándose Moscú, escándalo Iran-Contras, fortalecimiento de los neocon... hell, yeah, maravillosamente). Sólo que hay un pequeño problema. Sarah Palin no tiene idea de la política internacional. Y poco más andando... de que tampoco tiene idea de cómo funciona el sistema federal de gobierno. Espeluznante, ¿no? Bueno, para eso están los asesores. Claro, si Sarah Palin los escuchara en vez de convertirse en una bitch centro-de-atención... bueno, así es como la peli la retrata por lo menos. Pero debe haber sido verdad. Después de todo, no es televisión... ¡¡¡ES HBO!!!
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Aunque no lo crean con tanto "Game of Thrones" dando vueltas allá afuera, HBO no es sólo culos y tetas (aunque, ¡hey!, Julianne Moore es la prota de "Game Change", yo no me hubiera ofendido...). A veces hacen pelis... ¡políticas! Como "Too Big To Fail". O como... bueno, como "Game of Thrones" también, que al final hasta el título lo dice y todo. El caso es que HBO, canal de televisión que siempre ha tenido un tintecillo progre-liberal para satisfacer a la conspiración judeomasónica en Hollywood, se hizo con los derechos de un libro sobre las elecciones del 2008. ¿Y lo adaptaron entero? Para qué, ¿para sacarle trapos sucios a nuestro santo patrono Barack? Of course not... Se centraron en Sarah Palin. Que, digámoslo que no, es la parte más jugosa. Porque Barack Obama ganó la Presidencia de Estados Unidos y el Premio Nobel de la Paz, pero el gran personaje es sin lugar a dudas Sarah Palin. No porque en las pelis todos recuerden a la stripper (aunque tenía su puntillo la señora, no me digan que no...), sino por la tragicomedia (más comedia en realidad) que fue su campaña presidencial. Porque en la realidad, los dichos de Sarah Palin resultaron... épicos.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Independientemente de la realidad histórica tras bambalinas, que ésa siempre y por mucho de documentación y entrevistas que le pongan siempre va a quedar un poco en las brumas del misterio en medio de tantas versiones interesadas y contrapuestas, la verdad es que la peli está bien ajustadita al menos a lo que fue la parte pública de la campaña. Por no dejarse, no queda ningún hito afuera: la proclamación, la entrevista en donde dijo que podía verse Rusia desde Alaska, la rutina de Tina Fey, y por supuesto el desastroso final. Ya por eso, cualquiera interesado en documentos históricos debería echarle un vistazo para enterarse de qué va la cosa. Aunque ciertos aspectos, parece ser que han sido eliminados o suavizados (John McCain es retratado casi como un papito corazón por un impecable Ed Harris, cuando el verdadero se ha hecho célebre por unas pataletas y unos ataques incontrolables de rabia que, bueno... eso dicen). Pero es inevitable en cualquier peli, por aquello de los motivos dramáticos y todo.
-- Julianne Moore. La verdad es que la temporada de caza abierta años atrás con "La reina" con Helen Mirren bordándola como la viejuja Isabel II, y seguida con "La dama de hierro" con Meryl Streep ídem, sigue con Julianne por todo lo alto. No sólo por la impecable caracterización, sino porque su actuación es brillante. ¿Se parecerá de verdad la Sarah Palin privada a cómo la muestran en la peli? La idea es terrorífica. Pero Julianne Moore está brillante, dándole vida a un personaje que no es intrínsecamente malo o negativo, pero del que resulta claro que se ha criado toda su vida en una burbujita a través de la cual no ha pasado el mundo exterior, y que tiene más de algún serio tema emocional no resuelto (¿carácter infantil, alguien...?), y que se ve ampliamente sobrepasada por las circunstancias. El gran mérito de Moore es conseguir que, a pesar de estar interpretando a lo que sobre el papel básicamente es una perra de cuidado, su personaje termine hasta despertando simpatías. Aunque claro, una cosa es lo personal, y otra cosa muy distinta es que una persona que no tenga idea de que la FED se encarga del manejo de la política monetaria de Estados Unidos llegue a la Presidencia de dicho país. O quizás no tanto. Sebastián Piñera anda más o menos igual de burro que Sarah Palin, y hasta 2012 por lo menos Chile no se ha caído (demasiado) a pedazos. Y además, si algo nos enseñó "24" es que siempre los ministros pueden de común acuedo deponer al Presidente... pero divago. Estaba en que Julianne Moore la protagonista de verdad avasalla a todo el resto del elenco, y consigue ser con sobrados motivos lo que debía ser desde el comienzo: el centro mismo del huracán. Sus cortocircuitos son frustrantes, sus escenas de pataleta son épicas, y sus escenas de fragilidad emocional incluso despiertan ternura. Julianne, a tí que te encanta rebajar tu talento para aparecer de repente en pelis bien mugrosillas... aquí te redimiste de muchas cosas. Sí, incluso de "Misteriosa obsesión", "Las reglas de la seducción" y "El vidente", mira que somos cabrones acordándonos de cadáveres en el armario aquí.
IDEAL PARA: Ver un sólido drama político sobre el desastre de la campaña republicana yanketa de 2008, y sentir escalofríos acerca de lo que pudo haber llegado a ser si hubieran salido triunfantes.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].
Busca otras películas relacionadas:
+ Ed Harris,
+ Jay Roach,
+ Julianne Moore,
+ Peter McNicol,
+ Sarah Paulson,
+ Woody Harrelson,
2012,
Política
domingo, 15 de abril de 2012
"Secretos de Estado" (2011).

-- "The Ides of March" (título original en inglés), "Poder y traición" (título en México), "Los idus de Marzo" (título en España). Estados Unidos. Año 2011.
-- Dirección: George Clooney.
-- Actuación: Ryan Gosling, George Clooney, Philip Seymour Hoffman, Paul Giamatti, Evan Rachel Wood, Marisa Tomei, Jeffrey Wright, Max Minghella, Jennifer Ehle, Gregory Itzin, Michael Mantell, Yuri Sardarov, Bella Ivory, Maya Sayre, Danny Mooney.
-- Guión: George Clooney, Grant Heslov y Beau Willimon, basados en la obra teatral de este último.
-- Banda Sonora: Alexandre Desplat.
-- "Secretos de Estado" en IMDb.
-- "Secretos de Estado" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Ohio. Como de costumbre, dicho estado definirá los destinos del Mundo Libre. Que de libre tiene bien poco, pero bueno, aceptémoslo como un sobrenombre graciosillo. El caso es que allí están peleando los dos precandidatos demócratas, porque estamos en la fase de primarias. Cada uno de los candidatos tiene, por supuesto, su propio equipo asesor. Porque ahora no te eliges candidato a puro ñeque como en los buenos tiempos, sino que debes venderte como un producto de belleza. Si las elecciones hasta parecieran una votación entre Wella y Head & Shoulders. El asesor del asesor de uno de los candidatos recibe entonces una propuesta indecorosa por parte del asesor de la otra campaña: reunirse para esto-o-aquello. Reunirse los equipos de los dos precandidatos rivales es contra las reglas, por supuesto, vaya uno a saber qué cuchilladas se van a cocinar, pero nuestro jovencito, que es un tanto tontorrón de idealista, pica la carnada y va. Lo que le espera es una oferta de trabajo, etcétera. Nuestro jovencito dice que no, claro, indignado y ofendido porque le tomen por un mercenario, porque verán, él trabaja... ¡por idealismo! ¡¡¡POR CONVICCIÓN, LEÑE!!! AMERIKA ÜBER ALLES!!! La cosa podría no tener consecuencias, mientras se empiezan a desarrollar otros eventos. Porque resulta que nuestro jovencito idealista se enreda con una becaria. Que es la hija de ALGUIEN IMPORTANTE, claro. Y a través de la becaria, se entera de que su precandidato... ¡tiene un secretito turbio! Y entonces hace el descubrimiento OH-CRAP de su vida... ¡¡¡LA POLÍTICA ES CORRUPTA!!! ¡¡¡OH, DIOS!!! Y ahora... ¿¿¿QUIÉN PODRÁ DEFENDERNOS...??? (en particular cuando esa inofensiva reunioncita le estalle al prota en la cara, o qué esperaban).
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
"Si no puedes confiar en los políticos, entonces, ¿en quién?", planteaba Albert Einstein en la por desgracia olvidada peli "El joven Einstein". El concepto fundamental de la democracia es que todas las personas tenemos los mismos derechos a acceder y/o fiscalizar al Gobierno, así como la obligación de ejercer dicho derecho de manera responsable. Suena bonito en teoría, pero tenemos a dos grandes grupos de gentes: 1.- Las grandes masas a quienes eso de obligación y responsabilidad como que les pesan mucho, y dejan que otros se encarguen de todo, y 2.- Las minorías medio sociópatas que se aprovechan de esto para crear sus propias camarillas, secuestrar la democracia y llevársela para la casa. Quizás alguna vez la política republicana consistió en el debate de ideas, pero hoy en día se parece más bien al chiste de Futurama de la campaña política entre John Jackson y Jack Johnson, que se decían: "¡Yo pienso que tu impuesto del 3,5% al titanio va demasiado lejos!", "¡Y yo en cambio pienso que tu impuesto del 3,5% al titanio no va lo suficientemente lejos!" (cita no textual, me da flojera repasar la web para cotejar). Gane el que gane, nada cambia. ¿Por qué? Porque las maquinarias ya están ahí. Y las maquinarias no son controladas por el pueblo y para el pueblo, sino por gentes claves en puestos claves que, claro, obran en su propio beneficio, no el de la sociedad en su conjunto. Quizás la cosa termine por saltar en una pirotécnica Revolución Francesa 2.0, pero por el minuto, así es como son las cosas. "Secretos de Estado" es justamente sobre eso: sobre cómo las elecciones se ganan con trampas, chantajes y juego sucio, y sobre cómo ya no quedan ideales. En la política, al menos. Si ud. quiere ideales, mejor lea Cine 9009. Que a mí, nadie me paga para esto. Ninguna máquina política. En serio, se los juro. Por eso digo lo que digo. Aprovechen Cine 9009, antes de que la maquinaria me compre también a mí...
¿POR QUÉ VERLA?
-- Créase o no, el viejo cine de denuncia política no está muerto. En coma terminal, pero no muerto. "Secretos de Estado" es un ejemplo. La peli es un retrato frío, desangelado, pero muy despiadado, de la política. No la emprende con los republicanos, que son los que andan con el rótulo de villano pintado en la frente, ni con un partido ficticio que todos-sabemos-quiénes-son, sino que nada más y nada menos que con los demócratas, a quienes el cine de crítica política trata con el pétalo de una rosa o similar. En ese sentido, la peli puede verse como un ajuste de cuentas (intencionado o no) con la administración Obama: él nos prometió que las cosas iban a ser diferentes, que la guerra se iba a acabar, que la crisis iba a pasar, que los tiburones responsables iban a acabar tomando el sol con el piyama a rayas tras las rejas, y ya ven... La peli no juzga ni condena: se limita a retratar cómo funciona la maquinaria. Tenemos un precandidato que trata de inspirar fuerza y cambio, pero ese precandidato tiene cadáveres en el armario. Tenemos el equipo asesor al cual las ideas le tienen al buen socaire, y todo se reduce a ganarse electores más o electores menos. Tenemos a los periodistas cuyo trabajo es escarbar para vender, no luchar por la democracia. Tenemos zancadillas que van y vienen. Tenemos el inevitable condimento sexual (sin escenas, por supuesto, que esta peli es SERIA). Frente a esto, la historia es casi un pretexto. Puede culpársele al guión de estar demasiado bien armado, miren que el prota se viene a enterar del secretito de su candidato de una manera tan bizarra. Pero eso es lo de menos: a lo largo del camino se nos ha ido diseccionando de manera fría e implacable cómo ya no existen ideales. Por suerte la peli no peca de moralizante, y la transición del prota desde su idealismo primitivo hasta su cinismo final fluye con naturalidad, sin esos odiosos momentos reflexivos que les meten para subrayarle la moraleja al público. Quizás la peli destiñe un poco porque todo lo que nos cuentan, si tenemos dos dedos de frente ya lo sabemos, además de que en su sordidez carece de grandeza o de épica. Pero a cambio tenemos a un buen elenco dando lo mejor de sí, a un director como George Clooney que la vuelve a hacer después de la excelente "Buenas noches y buena suerte", y a un guión que no toma al público por tonto (aunque para eso haya que saber algo acerca de cómo opera la maquinaria presidencial estadounidense, que esta peli no se lo da mascadito a la audiencia, lo que puede influir en que no va a ser una revientataquillas ni por asomo). No es una peli original, ni es lo nunca visto, pero es la clase de pelis que de tarde en tarde es bueno que se hagan: las pelis que constituyen un alto en el camino, un pare y reflexione, un mirar hacia cómo estamos. Parte importante de por qué el mundo anda a los descalabros, es por situaciones y por las complejas relaciones de poder que suceden en escenarios parecidos al descrito con maestría por esta peli.
IDEAL PARA: Recordar la razón por la cual, gane quien gane, nosotros siempre perdemos.
OTRAS PÁGINAS SOBRE "SECRETOS DE ESTADO":
-- "The Ides of March - 2011 USA" en Críticas de Cine.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [en inglés, subtítulos en español].
Busca otras películas relacionadas:
+ Alexandre Desplat,
+ Evan Rachel Wood,
+ George Clooney,
+ Jeffrey Wright,
+ Marisa Tomei,
+ Paul Giamatti,
+ Philip Seymour Hoffman,
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2011,
Política
jueves, 5 de abril de 2012
"Too Big to Fail" (2011).

-- "Too Big to Fail" (título original en inglés), "Malas noticias" (título en España). Estados Unidos. Año 2011.
-- Dirección: Curtis Hanson.
-- Actuación: William Hurt, Edward Asner, Billy Crudup, Paul Giamatti, Topher Grace, Matthew Modine, Cynthia Nixon, Michael O'Keefe, Bill Pullman, Tony Shalhoub, James Woods, Ayad Akhtar, Kathy Baker, Amy Carlson, Evan Handler, John Heard, Dan Hedaya, Peter Hermann, Chance Kelly, Tom Mason, Ajay Mehta, Laila Robins, Victor Slezak, Joey Slotnick.
-- Guión: Peter Gould, basado en el libro de Andrew Ross Sorkin.
-- Banda Sonora: Marcelo Zarvos.
-- "Too Big to Fail" en IMDb.
-- "Too Big to Fail" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Richard Fuld, un importante pez gordo de Wall Street que es cabeza y glande de Lehman Brothers, está en aprietos. Su banco ha tenido una ronda de pérdidas desastrosas, y las acciones se han desplomado como la popularidad de Britney Spears después de raparse el pelo (es más o menos la época, 2007, 2008...). Pero ¡no importa! porque, ¡leñe!, porque sí, porque la tengo manguera y la uso para regar lo que quiera, y por lo tanto, ¡¡¡TENGO PODERES SOBRE LA REALIDAD!!! A GOD I AM!!! Por lo tanto, el mercado se recuperará, esto es un bache temporal, y si no, el Gobierno tendrá que rescatarnos por el riesgo sistémico, etcétera. ¿Y el Gobierno, mientras tanto? Como George W. Bush no aparece como personaje, quizás porque querían que esta peli fuera inteligente, será el Ministro de Hacienda señor Henry Paulson quién tendrá que bancarse todo el rollo. Al final habrá que organizar una ronda de esto-o-aquello con la gente que importa, o sea, los señores banqueros, para analizar el problema de Lehman Brothers. A los banqueros, maldita la gracia que les hace el cuento, pero qué joder, si hay que mancharse la pija en mierda para sodomizar otro poco, pues se mancha y qué diablos. A Paulson entonces se le ocurre una idea delirante: dejemos que Lehman Brothers se vaya básicamente a la redesumalparida para darle una señal al mercado de que seremos... ¡fuertes! ¡resistentes! AMERIKA ÜBER ALLES!!! Que la caída de un banco arrastre una crisis de confianza que lleve a una corrida en que todos van a retirar sus ahorros y hagan quebrar TODOS los otros bancos, pareciera ser lo de menos. De manera que a Lehman Brothers, que ya no se le para, termina too capao. ¿Fin de la crisis, tenemos todo resuelto? ¡Leñe, que no! ¡Que pasa lo que se supone que debía pasar, que los fondos de Lehman Brothers acaban congelados por esos cagones británicos, tan reacios ellos a usar la pija como un hombre con esos internados de mierda sólo-para-hombres que tienen ellos, y AHORA sí que tenemos una jodida crisis económica! Suena como un thriller político apasionante, ¿verdad?, como la febril imaginación de un John Grisham o algo, ¿no? ¡Que no, joder, que esto PASÓ EN LA REALIDAD!
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Imagínate que esos truculentos planes de supervillano Bond para montarse un rayo láser en órbita y cargarse Londres, Washington y Chimbarongo de paso, no fueran la ficción calenturienta de algún guionista de Hollywood, sino que el mundo hubiera estado al borde una y otra vez de eso. Bueno, algo así pasa con esto. Recapitulemos. Después del grave colapso de la burbuja punto com, la propiedad raíz se revalorizó que es un gusto, y con ello, la vivienda. Los bancos vieron entonces el negocio en conceder hipotecas como jodidos, y aprovechando algunos novedosillos instrumentos financieros, empezaron a conceder hipotecas con faldas y a lo loco porque, bueno, si no pagan, alguien más se hará responsable, no nosotros, leñe... De ahí vino toda la joda de las hipotecas subprime, apodados con ingenio siniestramente preciso como "activos tóxicos", porque eso esencialmente es lo que son: activos sin valor ninguno porque como se concedieron a gente incapaz de afrontar su hipoteca, entonces no van a ser pagados, y por lo tanto valen lo que el papel mojado. Y claro, llegó el minuto en que Joe Six Pack no fue capaz de pagar, y luego su vecino, y luego el siguiente... y alguien tuvo que empezar a responder. Como usualmente el banco que las concede es el que tiene que poner la cara, es el banco el que debería irse a la mierda, ¿no? Porque eso es economía de mercado, ¿no? Porque en un sistema capitalista de libre empresa, el empresario tiene derecho a la innovación y el emprendimiento, y a lucrarse con ello, a cambio de hacerse responsable de las eventuales pérdidas en que pueda incurrir, ¿no? Bueno, con los bancos no es tan sencillo, porque de por medio está la confianza ciudadana en las instituciones financieras, y si un banco quiebra, todos los demás bancos afrontarán una corrida en que todos irán a buscar sus depósitos. Salvo que se impongan corralitos y otras leches, lo que puede llevar a chistes como el de Argentina, ya se acuerdan. Por supuesto que la crisis del 2008, que todavía arrastramos a la fecha de escribir esto, y para la media década vamos, inspiró toda una frondosa literatura respecto de por qué la cagamos. Incluido este libro ahora hecho peli para HBO, etcétera. Porque la pluma es más fuerte que la espada. En particular cuando esa pluma firma cheques, claro.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Tamaña empresa se llevó el señor Curtis Hanson para la casa. Aunque la elección del director resultó clave aquí, y a la larga fue una decisión milagrosa, habida cuenta de que en su época de gloria de los '90s, Hanson fue casi sinónimo de thriller policial con tintes neonoir ("Malas influencias", "La mano que mece la cuna", "Río salvaje", "Los Angeles al desnudo"). Acá, Hanson se encarga de sacar adelante un material sumamente rebelde, y lo hace con estilo y elegancia. El guión y el director sacan avante una peli frenética, en donde tienes que estar minuto a minuto prestando atención, porque te perdiste un diálogo clave, y al segundo siguiente estás preguntándote de qué coño hablan los personajes. Muchas pelis caen en el comprensible-pero-fastidioso vicio de subrayar y explicar los puntos esenciales para que el público no se pierda, estrategia que mal hecha, lleva a que los personajes tengan diálogos de tipo como-usted-sabe: "como usted sabe, mi distinguido colega, por los estudios de primer año de introducción a la astrofísica que usted tiene pero el público no, el cohete lunar necesita de tres fases para despegar"... Esa estrategia es la que NO usan en esta peli. O mejor dicho, lo hacen ya bastante promediada la misma, cuando el personaje surrogatorio del público (Cynthia Nixon como la encargada de relaciones públicas de no tengo idea qué) pregunta qué le dirá al gran público, y los protas entonces le dan una exposición sucinta y clarita del problema. Eso, después de que hemos visto pasar a toda pastilla toda la crisis de Lehman Brothers, a un ritmo de "he estado a punto de morir y visto pasar mi vida entera delante de mis ojos". Esto no es un defecto, sino una opción narrativa: hacer realistas a los personajes economistas enfrascados en su pequeño mundo de experimentos de frankensteinismo social, aún a riesgo de que la mitad de las audiencias no se enteren de qué pasa. Pero prestando atención, sí se entiende. Prestar atención, ese pequeño hábito ahora casi olvidado, ésa es la clave. Alrededor de esto se erecta una peli en donde la tensión se construye a partir de los diálogos y las situaciones en abstracto, casi sin espacio para el delineado de personajes porque lo que importa es la crisis en sí. Lo que tenemos entre las manos es casi un sucesor espiritual de esos thrillers políticos setenteros en donde lo que importaba era la intriga y no el molismo de las escenas de acción (acá, por motivos comprensibles, no hay ninguna, porque por desgracia, ningún ejecutivo de Wall Street nos ha regalado un momento inolvidable saltándose la tapa de los sesos con una pistola o algo, como lo hubiera hecho algún insigne prócer de las finanzas del XIX en bancarrota). Claro que esta valentía se ve un poco contrapesada por el enfoque, ya que al poner al Gobierno como el centro del drama, al final es inevitable que termines viéndolos un poco como héroes, cuando varios personajes de ellos en la vida real fueron gentes que contribuyeron de manera entusiasta a la mortífera labor de cagar sobre el ventilador funcionando. Ayuda a la peli, por supuesto, el tener un elenco multiestelar haciendo lo que mejor sabe, aunque como los personajes se definen no como personas sino por su relación con la crisis, no hay actuaciones descollantes aquí (por supuesto, que gentes como James Woods, William Hurt, Billy Crudup, Bill Pullman, Paul Giamatti, etcétera, estén actuando dentro de su nivel estándar y sin superlativos, no es algo que le haga daño a nadie, después de todo hablamos del nivel estándar de grandes como James Woods, William Hurt, Billy Crudup, Bill Pullman, Paul Giamatti, etcétera, leñe). Además, el elenco escogido, vía un poco de caracterización y maquillaje, claro, se parece cosa creepy a los personajes retratados, y si no me creen, comparen fotos de William Hurt con Henry Paulson, de Paul Giamatti con Ben Bernanke, etcétera. En resumen, Curtis Hanson se fue por la opción arriesgada de hacer una peli estilo thriller muy descarnada y muy ajustada a su material, sin concesiones al ala más estúpida de la platea, y se salió con la suya. Que esta gente de HBO la rompe, vaya.
-- "Ellos casi echan abajo la economía de los Estados Unidos como la conocemos, pero no podemos ponerles restricciones sobre cómo gastar los 125 mil millones de dólares que les estamos dando porque... ¡podrían no tomarlos!". Tan surrealista como se dice, pero qué buena frase para explicar todo el largo y ancho de la zurullada.
IDEAL PARA: Ver un notable thriller acerca de cómo se jodió la economía yanki el 2008.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].
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2011,
Economistas,
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domingo, 3 de octubre de 2010
"El escritor oculto" (2010).

-- "The Ghost Writer" (título original en inglés), "El escritor" (título en España), "El escritor fantasma" (título en México). Francia / Alemania / Inglaterra. Año 2010.
-- Dirección: Roman Polanski.
-- Actuación: Ewan McGregor, Pierce Brosnan, Olivia Williams, Kim Cattrall, Timothy Hutton, Tom Wilkinson, Jim Belushi, Robert Pugh, Jon Bernthal, Tim Preece y Eli Wallach.
-- Guión: Roman Polanski y Robert Harris, basados en la novela de este último.
-- Banda Sonora: Alexandre Desplat.
-- "El escritor oculto" en IMDb.
-- "El escritor oculto" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Un escritor cualquiera, medio opaco y medio gris, recibe el encargo de su vida: terminar las memorias de un antiguo Primer Ministro de Inglaterra (¡qué! ¿Aún existen los Primeros Ministros? ¿Y aún existe Inglaterra...?), que en realidad ya las ha escrito otro tipo antes que él), por lo que le van a pagar cuarto millón dólares únicamente por tarjar y reescribir un poco aquí y un poco allá. Lo que nuestro anodino héroe medio ignora, es que el anterior escritor desapareció en circunstancias misteriosas. O sea, lo encontraron alimentando a los peces, y todos asumieron que se fue borda abajo de un ferry, ayudado por unos pícaros grados de alcohol en la faena. Sospechosamente, nadie hizo demasiadas preguntas, al asunto le dieron carpetazo, etcétera. Bueno, nuestro héroe está metiéndose a la boca del lobo, pero en fin, es que eso ya lo sabíamos porque de lo contrario dónde está el suspenso de la peli. Y claro, podría ser que se limitara a un par de entrevistas, escribir, corregir, etcétera, hacer lo suyo sin demasiadas preguntas, cobrar el cheque para callado, y asunto arreglado. Pero es que así tampoco habría peli. De manera que nuestro escritor empieza a empaparse de la vida de Adam Lang, que así se llama el renacuajo de las memorias, y poco a poco, va descubriendo trapitos sucios. Porque resulta que en paralelo, a Adam Lang le cae una feroz acusación sobre haber autorizado traspaso de prisioneros musulmanes a Guantánamo, contrariando todas las leyes de derechos humanos blah-blah-blah, y por supuesto que las memorias son algo así como la penúltima de sus prioridades. El ambiente ideal para que el escritor haga su trabajo calladito y salir corriendo después de cobrar. Pero no. Y así es como, de tanto andar a la siga de la verdad, puede que le pase lo peor que le podría pasar a cualquier patipelao en sus circunstancias: que acabe por descubrirla...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Roman Polanski es uno de los cineastas seminales de la segunda mitad del siglo XX, el tipo que es sinónimo de destilación de la maldad. Su trayectoria fílmica, empero, ha sido de lo más irregular. En los veinte años anteriores a "El escritor oculto" ha rodado apenas cinco pelis ("Perversa luna de hiel", "La muerte y la doncella", "La novena puerta", "El pianista" y "Oliver Twist"), de las cuales sólo "El pianista" ganó alguna trascendencia. Y si le sumamos otros diez años hacia atrás, deberíamos añadir apenas dos más, la estupenda "Búsqueda frenética", y la aburridísima "Piratas". Y es que después de haber tenido que salir arrancando por pies desde Estados Unidos luego del asuntillo sexual ése, como que su cinematografía nunca volvió a ser lo mismo. Después de haberse pegado un buen porrazo con "Oliver Twist" (que a la fecha de escribir este posteo no he visto, así es que no me referiré a la peli en cuanto tal), permaneció cinco años en barbecho, período en el cual iba a rodar un drama de ambientación romana ("Pompeya", basado en una novela de Robert Harris, el tipo que escribió "Fatherland"). Pero por estos o aquellos del cine, la iniciativa no prosperó, de manera que la dupleta Polanski-Harris se volcó hacia otra novela del novelista en cuestión, que es una especie de chiste con mala baba respecto de Tony Blair, el asombroso fenómeno político que aprendiste a odiar, y acabaron por rodarlo. Con muy buenos resultados: la peli se llevó críticas muy entusiastas, y recaudó 55 millones contra un presupuesto de 45 (no demasiada ganancia, en particular si se compara con las brutales utilidades de Hollywood, pero nada mal para una coproducción anglofrancogermana).
¿POR QUÉ VERLA?
-- Roman Polanski regresa en plena forma. No es el Polanski clásico de "Chinatown" o "El bebé de Rosemary", vale, pero aún así muestra que el vejete (77 cumplidos en agosto de 2010) aún sigue dando guerra. Al respecto debemos entender un punto: Polanski siempre ha tenido buena mano para el thriller debido a la fijación morbosa que tiene con el tema del mal omnipresente. En este caso, como de costumbre, la trama semipolicial le sirve a Polanski para vehicular una preocupación bien diferente: acerca de las medias mentiras y medias verdades de la vida en sociedad, en este caso, la alta sociedad, y para ser más específicos, la política. Su detective es un escritor fantasma sin ninguna personalidad ni dato personal reconocible (ni siquiera tiene nombre), porque no es tanto un personaje como un punto de vista: el de nosotros, los inocentes e ingenuos que no sospechamos las toneladas de barro y podredumbre que hay debajo de la impecable fotogenia de nuestros políticos y candidatos (bueeeeeeno, sí lo sospechamos, pero... ustedes me entienden el punto aquí). Al final, el gran misterio misterioso del final ni siquiera es para tanto, y a pesar de haber una clásica vuelta de tuerca final, no resulta ni de lejos tan sorprendente o impredecible. Pero no importa. Polanski no tiene por objeto hacernos saltar del asiento con la sorpresa final, sino llevarnos por el infierno del lado sombrío de la existencia. A lo largo de la peli hemos visto como Adam Lang y su cohorte de gente son tipos respetables y de amplias palmadas en la espalda, pero después en la intimidad no son más que una jauría de bestias salvajes que son manejados (y de muy buen grado, debemos añadir) por un mal invisible más allá de ellos mismos (y Polanski aprovecha, por qué no, de emprender su pequeña y simbólica vendetta en contra de Estados Unidos, claro está). En este punto sabemos que estamos frente al mismo tipo que rodó "El bebé de Rosemary", "Chinatown" o "La novena puerta", por ejemplo. Quizás la peli no resulte tan sorprendente porque, a diferencia de las otras, en que el mal era una presencia terrorífica, acá Polanski se empeña en que el mal sea mucho menos misterioso, incluso dando pie a aquello de "la banalidad del mal" y etcétera. O como la repulsión del joven Polanski ha sido reemplazado, en su madurez y ancianidad, por un sentimiento de calmada resignación frente a lo inevitable. Pero ESO polanskiano sigue estando ahí, de otra manera, pero definitivamente ahí.
-- El personaje del escritor fantasma es también muy interesante. Decíamos que en realidad es un vehículo que utiliza Polanski (bueno, la dupleta Polanski/Harris) para mostrarnos a la corte de los milagros alrededor de Adam Lang. Pero hay más. Polanski tiene la inteligencia de jugar con la idea de ser un "escritor fantasma", el estar ahí y no estar al mismo tiempo. El personaje adquiere entonces una muy inusual dimensión metafísica. Ya desde el comienzo de la peli, presentándolo sin nombre, sin un pasado profesional, y apenas como un punto de vista, se nos lo presenta como un tipo muerto en vida, una especie de zombi que deambula de acá para allá, un poco llevado y traído por las circunstancias: de hecho, votó por Adam Lang porque era lo que estaba de moda (o sea, no votó conscientemente), y ahora va a terminar metido en el chollo un poco porque sí, porque alguien lo recomendó, alguien lo metió, y él no hizo nada más que aceptar porque, bueno, había que aceptar. A medida que la peli avanza y la crisis alrededor de Adam Lang se vuelve cada vez más aguda, el escritor fantasma se va desvaneciendo cada vez más, se va haciendo cada vez más fantasma justamente (incluso las chicas que más o menos lo acosan, en realidad lo hacen más para descargarse ciertas frustraciones sexuales, más que por auténtica preocupación por el personaje, o cómo usar a un escritor como semental y objeto sexual, pobrecito él), y sólo cuando el escritor da muestras de saber demasiado, las alarmas alrededor de él se activan. Y se activan para que esta vez, el escritor-muerto se quede bien muerto. (((SPOILER DEL FINAL AQUÍ, SI NO QUIERES SABER CÓMO TERMINA, SÁLTATE AL SIGUIENTE PÁRRAFO))). Y el final está rodado de una manera también muy metafórica: vemos al prota saliendo del lanzamiento del libro (saliendo metafóricamente al mundo exterior), luego el automóvil arrojándosele encima... y la muerte misma, el atropello, ocurre fuera de cámara. Sólo vemos los papeles de las condenadas memorias originales volar al viento, libres al fin. El escritor fantasma ha completado por fin su periplo vital, ahora sí que es un fantasma de veritas, mientras que la importantísima (o no tanto) revelación que posee, desaparece con él. El resto del mundo ignora todo lo que ha pasado, y siempre lo ignorará. Incluso nosotros no podemos estar demasiado seguros de HABER VISTO toda la verdad. (((FIN DEL SPOILER))).
-- Las actuaciones son fenomenales. Ewan McGregor, que a veces manifiesta una preocupante tendencia a despilfarrar su talento en cosas como "La isla", "Angeles y demonios" o "Amelia", acá nos entrega un papelazo como el escritor fantasma, claramente un tipo que no es un héroe sino un pobre pringao que acaba allí donde no debería acabar. Pierce Brosnan por su parte compone un gran Adam Lang, un tipo que al comienzo de la peli se nos presenta como un político magnético y carismático, para poco a poco adivinar en él primero a un pobre infeliz y caprichosito, y luego a un tipo manipulado por su esposa y por todo su elenco estable en masa (¿será coincidencia que se llame como Adán, el primer hombre, y su apellido signifique "largo"?). Olivia Williams como la esposa de Adam Lang, por su parte, está simplemente fenomenal, como una especie de trasunto de Hillary Clinton (no en apariencia, pero sí en personalidad). Y la gran sorpresa es ver a Kim Cattrall en un refrescante rol como asistente de Adam Lang, un papel en las antípodas de la Samantha de "Sex and the City", justo cuando temíamos que la chica (nunca demasiado buena actriz, pero que lo compensa con carisma a raudales) se nos había perdido para siempre en el encandilamiento de la fama y etcétera.
-- Y una breve mención para Alexandre Desplat, con un soundtrack discreto y cumplidor.
IDEAL PARA: Ver a un maestro del thriller rodando en buena forma.
OTRAS PÁGINAS SOBRE "EL ESCRITOR OCULTO":
-- "El escritor" en Cine: Bélico, Western, Negro.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [en inglés, subtítulos en español].
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2010,
Escritores,
Política
jueves, 20 de noviembre de 2008
"Un hombre de dos reinos" (1966).

-- "A Man for All Seasons". Inglaterra. Año 1966.
-- Dirección: Fred Zinnemann.
-- Actuación: Paul Scofield, Wendy Hiller, Leo McKern, Robert Shaw, Orson Welles, Susannah York, Nigel Davenport, John Hurt, Corin Redgrave, Colin Blakely, Cyril Luckham, Jack Gwillim, Thomas Heathcote, Yootha Joyce, Anthony Nicholls.
-- Guión: Robert Bolt, basado en su propia obra teatral.
-- Banda Sonora: Georges Delerue.
-- "Un hombre de dos reinos" en IMDb.
-- "Un hombre de dos reinos" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Las cosas están candentes en Inglaterra. En la Era PreShakesperiana, reina omnipotentemente el chulo Enrique VIII. Ya sabemos, Mr. CutHeads. Enrique VIII está impaciente porque Catalina de Aragón, su legítima esposa por dispensa de la Iglesia Católica (era esposa de su ahora finao hermano) no le ha dado hijos varones. Además, está más que califa con una cortesana llamada Ana Bolena, y ha convertido su asuntillo de sábanas en una cuestión de Estado. Por tanto... Zero tolerance must be shown against all traitors!!! Run the traitors against the wall!!! Tomás Moro, un tipo demasiado principesco para abandonar el poder, y demasiado correctito para profitarse de éste, está en la encrucijada. ¿Apoyará a su viejo amigo Enrique VIII, o más bien obedecerá a su conciencia y se negará a prestarle juramento? Todos le dicen: "Tomasito, Tomasito, pues doble el espinazito y preste juramento". Pero él, es que no, es que si juro en falso y después me voy ante el Tribunal de Dios, pues qué va a decir... El que sepa un poco más de Historia Universal, sabe en qué termina el asunto. Para el que no, me limitaré a decir que el argumento de esta peli sigue con bastante fidelidad lo que sucedió entre Enrique VIII y Tomás Moro, por allá a inicios del siglo XVI. Para lo que eso importa, claro está, porque lo advierto desde ya, esta peli no tiene efectos especiales, y no aparece ningún ninja haciendo el sayayín, así es que no sé quién de la New Generation querrá verla, pero es bien histórica, eso sí...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Hubo una cierta tendencia entre los intelectuales del siglo XX, a crear una tonelada de obras del género "individuo vs. sistema", en donde el individuo representa la libertad de elección y es muy positivo y chupi, mientras que el sistema (cualquiera sea el sistema) es malvado y totalitario y listo. Me refiero a cosas tan dispares como, por ejemplo, "1984" de George Orwell, o las obras de teatro de Bertolt Brecht. El tema ha perdido fuelle en el XXI, a favor del sistema, por supuesto, porque la sociedad ha evolucionado de una manera muy curiosa: los capitalistas aprendieron que el individualismo era apreciado, y por lo tanto lo agarraron, etiquetaron, envasaron y estandarizaron, y ahora todos pueden darse el lujo de "ser libres" sin pagar el costo de serlo (ya sabes: pensar por tí mismo, tener emociones por tí mismo, preocuparte de otros prójimos que quieren ser libres...), y que optan por la solución módica y retail de integrar libremente alguna tribu urbana en la que, por supuesto, sus pares les dirán cómo tiene que vestirse y qué pelis debe ver (pero es libre para ingresar o salir, eso sí). Pero en esa época, querer ser libre era otra cosa, era en verdad hacerse responsable de uno mismo y de las opciones personales (qué caray, ya me puse sartreano, rayos...). Dentro de esa óptica se inscribe esta peli, "Un hombre de dos reinos", que toma el episodio histórico de la objeción personal de Tomás Moro (basada en sus principios católicos) contra Enrique VIII que ha abjurado del Catolicismo y se ha proclamado CEO de su propia Iglesia, it's good to be King, y que pretende imponer el Cielo o el Infierno por decreto, como un Zeus Tonante cualquiera. El creador de esta obra (la teatral y el screenplay para la pantalla) es Robert Bolt, un dramaturgo que ya tenía currículum en esto de las obras del género "individuo vs. sistema". Este es el punto más alto de su carrera. Y en verdad que es un punto alto. La peli luce añeja, tanto por sus planteamientos morales como por su puesta en escena, que probablemente ya era pasada de moda en sus días, pero aún así, sigue siendo una pieza sólida y potente.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Partamos porque, de manera muy inusual, es una recreación bastante fiel a la realidad histórica. Desconozco si la historia es así, literalmente y casi diálogo por diálogo, pero sí capta más que bien la problemática de aquel tiempo, entre los protestantes que criticaban a la Iglesia Católica y no veían con malos ojos el salirse de ella, pero siguiendo en eso del Cristianismo, y los católicos que preferían obedecer a su conciencia, aunque para ello tuvieran que ir a dar al cadalso (aunque ahora sin leones, afortunadamente, que en dieciséis siglos algo había evolucionado el mundo). Están presentes, y bien retratados, no sólo Moro y Enrique VIII, sino también los omnipresentes Wolsey y Cromwell, así como el Arzobispo Cranmer. El desarrollo de la trama no se arredra tampoco en entrar en los meandros de la política de la época, un poco simplificado por supuesto, pero aún así con bases sólidas. Esta peli puede enseñar bastante más sobre la Reforma Protestante, que muchos tomos de aburridas investigaciones repletas de pedantería académica.
-- Es también una peli muy fiel al Zeitgeist intelectualoide post Segunda Guerra Mundial. Recordemos que en 1945, las fuerzas de la libertad y la democracia habían triunfado sobre la malvada Alemania Nazi, y por ende, en consecuencia, Heidegger pasó un tanto de moda, en beneficio de los pensadores champañizquierdistas (Habermas, Marcuse...), y en particular del Existencialismo a la Sartre, que Jean Paul Sartre era heideggeriano, pero no en versión renanonazi como el alemán sino en la versión comunista de café vienés que se estilaba en Francia desde la Belle Epoque. Todo ese espíritu rebeldemente individualista, crítico y refractario a la sociedad de masas, y por ende muy "antisistema", signifique esto último lo que signifique entonces y ahora, encaja muy bien en esta peli en donde el héroe es un intelectual (¡era que no!), en lucha no sólo contra la autoridad de Enrique VIII, sino también contra esos odiosos filisteos que, habiendo optado por la saludable opción de salvar sus cuellos del hacha del verdugo, prefieren abjurar de su conciencia y hacerle genuflexiones al deicida coronado. Por supuesto que en los '60s estaban también los hippies, el amor libre, The Doors y James Bond, pero los intelectualetas izquierdistoides en su torre de marfil jamás se enteraron de ello (bueno, salvo por ese libro de 1965 en donde trataron de destripar filosóficamente las novelas y pelis de James Bond, cuando me acuerde del título les cuento), y si lo hicieron, fue para sentir viva repugnancia. Esa es la atmósfera que late detrás de esta peli, y la luce muy bien. Quizás por eso luce un tanto avejentada, incluso para su época (salvando la resolución de la imagen y otros detalles técnicos, lo más bien podría haber sido rodada diez años antes, y nadie se habría dado cuenta).
-- El guión. Es soberbio. Es brillante. Fiel a su herencia y extracción teatral, esta peli enfatiza en grado supremo los diálogos por sobre toda otra cosa. Casi no hay acción. Todo transcurre en habitaciones encerradas, y todo el suspenso sale de los intercambios de diálogos. ¡Y qué intercambios! Tomás Moro era abogado y erudito, y eso se ve más que bien en sus diálogos, filosos como navajas. También sus oponentes tienen perlas de diálogos. Generalmente, adaptar obras de teatro al cine trae consigo el peso de tener que desmohosar una obra que está hecha para ser condensada en un puñado de pocas escenas sobre un escenario sin muchos medios, y eso que en el teatro uno lo acepta de manera natural, en el cine luce pobre y sin vida. Se esforzaron porque, a pesar de ser una peli muy teatral, se viera también cinematográfica, y eso se agradece. Pero esto, sin detrimento de la parte dialogada, que es el planteamiento principal del conflicto.
-- Fred Zinnemann. El hombre tras pelis como "A la hora señalada", "De aquí a la eternidad" o "El día del chacal" muestra aquí una vez más por qué es un grande del cine. Quizás no es lo que llamaríamos un "director de autor", pero sí que sabe sacar el máximo potencial cinematográfico. En este caso, Zinnemann opta por dejar transcurrir las escenas de diálogos sin ningún escollo, pero de tarde en tarde, intercala algunas ominosas gárgolas góticas, muy simbólicas de lo que en verdad está ocurriendo. Su narración es parca, adusta, a ratos muy poco amistosa con los sentimientos del espectador. En manos de un director menos inspirado, podríamos considerar esto como una muestra de poca creatividad. Pero viendo la obra misma, es obvia la opción de Zinnemann. Para este hombre, lo importante es la historia, los personajes y los diálogos. Todo lo demás es irrelevante. De ahí su montaje a ratos tan crispante en la sobriedad. Una opción arriesgada, pero que debido al rico trasfondo de la peli, muestra al final de lo que es capaz.
-- La puesta en escena es notable. No estamos aquí frente a una gran superproducción hollywoodense con grandes decorados de cartón piedra, fingiendo un Renacimiento que, estilo "Diana de Francia" o similares, nunca fue sino en la calenturienta mente de los escenógrafos y diseñadores de vestuario. Todo está rodado en locaciones, las habitaciones son oscuras y frías como de seguro lo eran en la época (no debemos olvidar que cualquier época anterior a la nuestra era notoriamente más pobre en recursos, y cosas como "Corazón de caballero" no pasan de ser pura mitología costuril), y todo es espartano a decir basta, incluyendo los ropajes, que no lucen como si los productores tuvieran contrato con Dolce & Gabbana. Debe ser una de las pelis de look más fielmente históricorrenacentistas que se ha rodado jamás.
-- Sería casi insultante mencionar las actuaciones, como si uno pudiera impunemente entronizarse incluso desde más arriba. Paul Scofield es un brillante Tomás Moro, que no cae en el estereotipo del iluminado maniático, sino que en todo minuto se comporta como un ser humano normal y corriente, puesto en su situación únicamente porque tiene un cargo de conciencia, sin que esto lo convierta en el Mesías que vendrá a salvar el mundo. A su lado Wendy Hiller como su esposa, a ratos pareciera que destiñe, pero en la escena del cadalso entendemos más que bien las frustraciones y rabietas que pasa porque le tocó el esposo que le tocó. Leo McKern en su rol de Cromwell, está insuperable como el maquiavélico villano invitado. Robert Shaw hace poquitas apariciones como Enrique VIII, pero está muy equilibrado, como tipo jactancioso y mimadito, que trata a todo y a todos como si fueran sus juguetes personales. El gran Orson Welles hace una aparición de cortesía como Wolsey, y en sus escasos minutos está grande como la vida, como siempre (en esos años empezaba a aumentar de peso, así es que "grande como la vida" puede leerse en más de un sentido; nos referimos, por supuesto, al sentido actoral y no al gastroenterológico). Susannah York (sí, la que una década después será la mamacita de Christopher Reeves en "Superman") actúa como la hija de Tomás Moro, con enorme carisma, pero sin pasarse a robar la peli. Y para no extenderme más (aunque siendo injusto con el resto del elenco), digamos que el secundario que John Hurt hace aquí, lo catapultó después a la fama (¡John Hurt, hombre! ¡"Expreso de medianoche", "Alien", "El hombre elefante", "1984", "Hellboy"...!).
IDEAL PARA: Ver una peli sin duda un tanto añeja para la sensibilidad del XXI, pero que es un estupendo ejemplo de las alturas a las que puede llegar el cine cuando un buen director encuentra un buen elenco y un guión con profundidad.
OTRAS PÁGINAS SOBRE "UN HOMBRE DE DOS REINOS".
-- (Ir a la página). Comentario en Panorama Católico Internacional.
-- (Ir a la página). Comentario en Cine Forever.
VIDEOS.
-- Trailer original del año 1966 [en inglés, sin subtítulos]:
-- Inicio de la peli [en inglés, sin subtítulos]: -- Un trepa trata inútilmente de consagraciarse con Moro. Este le despide, y el otro se va contrariado. La familia le pide a Moro que lo arreste, y éste lo excusa diciendo que no ha violado la ley. Cuando la familia le dice que no importa, que si hay que romper la ley para atrapar al Demonio entonces se rompe y se acabó, Tomás Moro defiende la obligación de acatar la ley, aunque eso signifique dejar escapar al Demonio [en inglés, sin subtítulos].
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jueves, 23 de octubre de 2008
"Caballero sin espada" (1939).

-- "Mr. Smith Goes to Washington". Estados Unidos. Año 1939.
-- Dirección: Frank Capra.
-- Actuación: James Stewart, Jean Arthur, Claude Rains, Edward Arnold, Guy Kibbee, Thomas Mitchell, Eugene Pallette, Beulah Bondi, H.B. Warner, Harry Carey, Astrid Allwyn, Ruth Donnelly, Grant Mitchell, Porter Hall, Pierre Watkin.
-- Guión: Sidney Buchman, basado en una historia no publicada de Lewis R. Foster.
-- Banda Sonora: Dimitri Tiomkin.
-- "Caballero sin espada" en IMDb.
-- "Caballero sin espada" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Un Honorable Senador de los Estados Unidos ha tenido un Honorable Ataque de alguna clase (no sé si al cerebro o al corazón... después de todo, para ser político no se necesita ninguna de ambas cosas). El caso es que ha parao las chalas, el pobre hombre, y eso pone muy nervioso a algunas personas. Porque resulta que está por votarse la ley de presupuestos, y está en juego una partida extraordinaria para la construcción de una chupi represa que forrará de dinero los bolsillos de un cierto potentado (de dónde me suena eso...). Convencen al Gobernador de que Fulanito Riñones de Bisagra es el mejor para el puesto, pero cuando las bases se enteran, desechan con indignación a Fulanito Riñones de Bisagra, y piden a otro candidato. El Gobernador, no queriendo desairar a nadie, decide entonces darle la nominación a un tercero que no se veía venir, y que, pues bien... es el guardaparques favorito de sus chicos. Pobre desgraciao, no sabe en la que se ha venío a meteh... Porque nuestro heroico guardaparques no tiene idea sobre cómo demonios se tramita una ley, y además, es el perrillo faldero del otro senador, que era amiguete de su padre, y que, pues bien, recuerda muy bien como el padre del guardaparques era defensor de las causas perdidas, hasta que apareció cómodamente instalado en su asiento, con un confortable agujero de bala, por atreverse a luchar por los derechos de las personas... Ahora, nuestro heroico guardaparques descubrirá que Washington está lleno de maravillosos monumentos a los líderes de la nación, aquellos que decían que "democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo", y también de gente que pasa por los monumentos como si lloviera, y siguen cualquier ejemplo, menos el de que aquellos insignes prohombres Fundadores de la Nación. El guardaparques está embolinado con la idea de estar trabajando para hacer una nación más grande y más fuerte, pero poco a poco, cuando descubra por qué en realidad está allí, o sea, para hacer el paleto... ¿Conseguirá nuestro heroico guardaparques recordarles a una jauría entera de políticos washingtonianos, que democracia significa juego limpio y respeto por los derechos de las personas, antes que ellos lo hundan...?
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Gracias a su poderosa maquinaria cinematográfica, Estados Unidos ha vendido de sí mismo una potente imagen como el Santuario de la Democracia y los Derechos Humanos. No es casualidad. Las pelis de Hollywood son hechas por estadounidenses para estadounidenses (la mitad de la recaudación mundial se hace en los U.S.A.), y por lo tanto, no es raro que para preservar el negocio, deban halagar a la audiencia diciéndoles que forman parte de lo más bello y puro que ha parío esta Tierra de Dioh, aunque eso no sea cierto (¿y qué? Si la gente prefiriera la vida real a una bella fantasía, los cines habrían entrado en bancarrota desde el 29 de diciembre de 1895). Pero en los '30s, se sabía que las cosas no andaban bien. En los '20s, terminada la Primera Guerra Mundial, se le había prometido a la gente que todo iba a estar bien, que todos iban a ser ricos, que todos iban a vivir de las rentas sin trabajarle un centavo a nadie, simplemente jugando a comprar papeles en la Bolsa (piensen lo idiota de ese sueño: si todos son ricos y nadie trabaja, ¿quién va a producir los bienes y servicios que supuestamente van a ser comprados con esa riqueza?). El '29, el asunto se desplomó, vino el Crack de la Bolsa y la Gran Depresión, y la gente, mientras veía como los ahorros de toda su vida se esfumaban en las manos de quién sabe quién, empezó a descubrir que había más que un poco de corrupción en la Tierra de la Vigilante Aguila Calva. Aún así, precisamente por temor a los corruptos, pintar el tema era algo grande. Quizás demasiado grande. Pero esta peli se hizo de todos modos. La criticaron. La quisieron hundir. Ya saben quienes, los corruptos de siempre. Pero sigue siendo un clásico hasta el día de hoy, y quienes se les opusieron, hoy en día nadie los recuerda.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Es uno de los retratos más hondos que nos ha entregado el cine, sobre el funcionamiento de la democracia en los Estados Unidos, y de la democracia en general. Vemos todo el proceso parlamentario en pleno, los mecanismos por los cuales se solucionan contingencias en democracia, las reglamentaciones referentes a cómo pasan las leyes, cómo se comportan los parlamentarios, el uso y el abuso que se hace del legalismo y del reglamentarismo... Si ustedes quieren echar una mirada al interior de esa caja negra que suele ser el sistema democrático de Gobierno, deberían ver esta peli. Obligatoriamente. En lo personal, no comprendo por qué esta peli no es de visionado obligatorio en todas las Escuelas de Derecho del planeta. ¡Ah, sí, ya lo sé! Es porque denuncia la corrupción.
-- Pasemos a ese apartado, entonces. La corrupción. Si esta peli fue universalmente denostada en su tiempo por los políticos de Washington y por los Reichzivilangestellter del Tercer Reich, además de los apparatichnik de los soviets, por algo debe ser. La peli plantea de manera muy dura el conflicto entre los valores eternos en los que se solventa un sistema político democrático, y la cruda trastiendilla de transacas más o menos vergonzosas de todos los días. Todo fundador de un nuevo sistema político cree más o menos de buena fe estar construyendo para la eternidad, un tipo de Gobierno que le entregará lo mejor a la ciudadanía y que terminará con todos los males antiguos, pero como los males antiguos son obra de las personas, y personas son las que habrán de custodiar el nuevo sistema político, pues bien, no pasa una generación antes de que estemos otra vez en el mismo punto. Nuestro prota ha mantenido intactos sus valores y sus creencias en el sistema americano no sólo a pesar de ser un paleto, sino precisamente por eso, por vivir en la periferia de la civilización, más rodeado de vida salvaje que de política, y cuando entra en contacto con todo este nuevo mundo, no puede sino decepcionarse. Y para dar su pelea, el prota no tiene más remedio que entrar al juego, aprender sus reglas, y a la larga, aprender a abusar del tecnicismo, el ritualismo y el procedimentalismo igual que sus enemigos. Combatir fuego con fuego, que se le llama. Por otra parte, en la mayor parte de las pelis sobre corrupción, vemos como el millonario corrupto de turno tiene una banda de mercenarios dedicados a exterminar al prota en medio de grandes explosiones, mientras que aquí, el malvado utiliza medios un poco más realistas, como por ejemplo un poco de presión por aquí, un poco de presión por allá... Más los métodos de un Charles Foster Kane que los de un Lex Luthor, para que nos entendamos (en serio, el friki sentado en esa infoterminal de Madrid... ¿sabe usted quién fue Charles Foster Kane...?).
-- Otro gran tema de la peli, estrechamente relacionado con el anterior, es la inocencia versus el cinismo. Casi como un resabio del clásico "dejad que los niños vengan a mi", son los niños quienes, en momentos estratégicos de la peli, servirán de palancas para la defensa del sistema y sus más hondos valores. Al mismo tiempo, vemos a los muy civilizados y correctos mandamases del sistema en su máxima villanía, cuando no vacilan en enviar a matones para perseguir a esos niños y ejercer la fuerza bruta que sea necesaria en su contra. Generalmente, si una peli tiene niños, ya pueden despedirse de toda seriedad a manos de esos locos bajitos, pero en este caso, lejos de estorbar, es casi impensable rodar esta historia sin su concurso.
-- La prensa tampoco se salva de los palos. ¿Qué misión cumple la prensa en democracia? A diferencia de otras pelis sobre corrupción, aquí la prensa no es corrupta a priori. Simplemente, si el sistema es corrupto, la prensa se amolda. Las motivaciones de los periodistas para echar paja sobre algunas cosas y mirar para otro lado en otras, están bastante claras y muy bien delineadas, por más que no sean el tema original de la peli. También Robert Redford intentó delinear las oscuras relaciones entre política y prensa, en "Leones por corderos", pero no le salió tan bien o tan catedralicio como acá.
-- Frank Capra está aquí en estado de gracia. No en balde es una de sus dos grandes cumbres fílmicas (la otra es la archinavideña "Qué bello es vivir", sin desmerecer otras memorables como "Arsénico y encaje antiguo", "Horizontes perdidos"...). El trabajo de edición es pulcro y elegante. Los diálogos son grandiosos, y no en balde esta peli ganó el Premio Oscar a la Mejor Historia, en los tiempos que ganarse un Oscar todavía daba alguna garantía de calidad (como trivia, fue la última peli en recibir el Oscar en dicha categoría, que a partir del año siguiente pasó a ser el Oscar al Mejor Guión Original, y como segunda trivia, batió a otra favorita del año, que era "Ninotchka"). En cuanto a los estudios y decorados, son bastante suntuosos, para los estándares de 1939, y cuesta creer que ningún interior en esta peli fue rodado en locaciones (todo en estudios, como la vieja tradición mandaba por aquel entonces), tan bien reconstruidos están los corredores y pasillos, por no hablar de ese hemiciclo para el Senado de los Estados Unidos...
-- Los actores están también en su gloria. Fue el gran papel de James Stewart, claro está, y sobre eso no insistiremos porque se han escrito ríos de tinta sobre él (en el episodio de "Los Simpsons" en que Mel Gibson está haciendo un remake de esta peli, lo homenajean explícitamente cuando Mel dice, respecto de cambiar la escena final: "¿El discurso final? ¡Pero si era la escena favorita de James Stewart!"). O mejor dicho, digamos algo sobre él. Su personaje es, al principio, un perfecto imbécil, y es lo suficientemente cretino como para alienarse cualquier simpatía nuestra; ahora bien, promediando la peli empezamos a empatizar con él, y si el prota no se nos torna antipático, es gracias a la esforzadísima labor de Stewart, que lo vuelca por completo a nuestro favor, lejos del estereotipo del "tarado listo" que tantas otras veces nos ha ofrecido el cine. Es claro que su personaje es ingenuo hasta la irritación, pero no de ninguna manera un tonto, y si bien casi toda la peli luce desorientado en un sistema que está lejos de comprender, tanto en mecanismo como en esencia, al final consigue adaptarse sin perderse a sí mismo en el proceso. Jean Arthur, belleza hoy en día insignemente olvidada, tuvo aquí también su gran momento, y está en verdad grandiosa como la secretaria asqueada por las marrullerías de Washington, que poco a poco va descubriendo en ese Quijote al que desprecia, todo aquello en lo que alguna vez ella misma creyó. Claude Rains, a quien ya lo habíamos visto (o no) como el prota de "El hombre invisible", aquí crea también a un gran personaje, el senador antagonista al prota, que no sólo trata de manipularlo como una marioneta, sino que también intenta educarlo y domesticarlo por el bien del sistema, y si bien no es un héroe ni por la cubierta del libro (a pesar de lo que el prota opina al principio de él), está muy lejos de ser un villano ambicioso o egoísta.
-- Y el martillazo final. Esta es una de esas raras pelis que no tiene escenas flojas. Todas las escenas aportan algo a la trama, y es más, todas las escenas son significativas por alguna razón. ¿De cuántas pelis pueden ustedes decir lo mismo?
IDEAL PARA: Ver al mismo tiempo una impecable peli sobre la democracia y sus demonios, y al mismo tiempo, ya no digamos una lección, sino una cátedra sobre cómo hacer cine.
OTRAS PÁGINAS SOBRE "CABALLERO SIN ESPADA":
-- (Ir a la página) Comentario en Cinestesia.
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-- (Ir a la página) Comentario en The Dreamers.
-- (Ir a la página) Comentario en Homy en Springfield.
VIDEOS:
-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].
-- El Sr. Smith recibe una valiosa leccion sobre cómo se pasan las leyes en Washington [en inglés, sin subtítulos].
-- El Sr. Smith debatiendo y denunciando la existencia de maquinarias de corrupción política en su Estado [en inglés, sin subtítulos].
-- En medio de la batalla final del Sr. Smith, los políticos corruptos hacen un intento por quebrar su moral [en inglés, sin subtítulos].
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domingo, 12 de octubre de 2008
"Las razones de la guerra" (2005).

-- "Why We Fight". Estados Unidos. Año 2005.
-- Dirección: Eugene Jarecki.
-- Actuación: Entrevistas a Ken Adelman, Joseph Cirincione, Anh Duong, Gwynne Dyer, John S.D. Eisenhower, Susan Eisenhower, Donna Ellington, Chalmers Johnson, William Kristol, Karen Kwiatkowski, Charles Lewis, John McCain, Richard Perle, Dan Rather, James G. Roche, Wally Saeger, Wilton Sekzer, Naj Sheesan, William Solomon, Franklin Spinney, Richard Treadway, Michael Valentine, Gore Vidal.
-- Guión: Eugene Jarecki.
-- Banda Sonora: Robert Miller.
¿DE QUÉ SE TRATA?
17 de Enero de 1961. Dwight Eisenhower, el héroe de la Segunda Guerra Mundial devenido en Presidente de los Estados Unidos, a punto de entregar el poder a su sucesor el telegénico JFK, lanza su último mensaje. Y sus palabras son radicales y lapidarias. América debe tener cuidado. Porque la democracia ya no está amenazada por hombres oscuros y con máscaras ululando illah-Allah-illah-Allah, ni por vastos cuadros de camisas negras caminando graciosamente detrás de un enanito semicalvo de bigote que se hace llamar Der Führer. Ahora, emerge un nuevo poder, lejos de los cenáculos de la democracia, que con el poder del dinero y los intereses todo lo corrompe. ¡UAAAAAÁ, TIEMBLEN, HA LLEGADO LA ERA DEL COMPLEJO MILITAR INDUSTRIAL! Bueh, las palabras del buen Dwight (Ike para los amigos) caen en saco roto. Porque en las siguientes generaciones, el malvado CMI sigue acumulando poder, poder, poder, PODER... ¡¡¡PODEEEEEERRRRRR!!! Años después, llega el 9-11. Tenemos a un veterano de Vietnam diciendo entonces que vio las Torres Gemelas desplomarse, y que en esas Torres estaba uno de sus retoños, carne de su carne y semen de su semen. El odio lo cegó. Lo ennegreció. Madness...? THIS... IS... AMERICA!!! Y quería venganza. Contra quien fuera. Contra todo el mundo si fuera preciso. Pero que alguien pagara por la preciosa vida de su hijo. Aunque eso signifique arrojarle una bomba a un país extranjero encima de las casas de veinte hijos de alguien más (que probablemente fueran civiles y por tanto tan pobres diablos como él mismo). Y en medio de eso, George W. Bush lanzó al mundo entero en la Guerra Contra El Terror, contra el Axis of Evil. Pero, ¿fue realmente Bush? ¿Fue realmente el odio de esos bien criaditos americanischen que se creían sobre el Bien y sobre el Mal? ¿O fueron los tenebrosos tentáculos corporativos de la América Militar, la América del Complejo Industrial Militar...?
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Descubres la manera de hacer algo industrial, y sale el monstruo de la caja, porque no sólo viene en serie, sino que además pierde toda la gracia, ahorrando costos para ganar con la explotación masiva. La comida de mamá fue reemplazada por esos asquerosos chicles con gusto a carne que llaman "hamburguesas" en los McDonald's, los viejos automóviles con personalidad han sido reemplazados por modelos que para qué diablos te vas a fijar en la marca si todos tienen la misma forma (bueno, por el prestigio de tener la H de Hyundai en vez de la H de Honda), y las viejas vaporosas novelas con delicados ensueños fantásticos han sido reemplazadas por plúmbeas enealogías de aventuras tan interminables como repetitivas como Harry Potter o TLOTR (bueno, "El Señor de los Anillos" eran apenas tres tomos, pero pesaban y se hacían interminables como 300...). ¿Y la fabricación de armas? Lo mismo. El viejo gusto de tener tu querido sable con nombre, o tu katana regalona, o tu mandoble bien bautizado (Durandarte, Excalibur...) ha sido reemplazado por una fría e impersonal AK-47 en la que tienes que ser muy psicótico para llegar a quererla como una amante, si es igual a las demás (por cierto, ¿nadie vio esa gran escena en el campo de entrenamiento de la peli "Nacido para matar"...?). Pero la gente sigue prefiriendo porque, bueno, es más barato, y se quiera o no, no están los tiempos para dispendios, que esto de darse un gustito está bueno para las rameras de "Sex and the City", pero uno que vive con la economía más en el nivel de supervivencia que en el de la opulencia, pues bien... Y así la empresa sobrevive. ¿Se puede llevar el negocio un paso más allá? ¡Claro! La clave no necesariamente pasa por convencer a un gran público, que al final si son todos chaucheras y ninguno billetón no se gana sino con el ratoneo de los centavos, sino más bien por convencer a un gran patrimonio. ¿Y qué mejor patrimonio que el Fisco? ¡Ah, Poderoso Caballero es Don Fisco...! De hecho, algunos mercados apuntan específicamente hacia allá. ¿Quién otro, en una sociedad civilizada, podría querer tener tantas armas? O sea, me refiero a: aparte de ciertos multimillonarios, que sus casas deben ser verdaderas fortalezas de seguridad del siglo XXII para la eliminación de todos los elementos hostiles redistribucionistas (un poco menos para tí, un poco más para mí). Claro, en países como Estados Unidos cualquier cretino puede tener un arma y comprarla para matar a compañeritos de curso más cool que uno como en "Bowling por Columbine" o "Elefante". Pero ni el más pintao de los privaos se consigue, o debería poder conseguirse legalmente al menos, un lanzagranadas o un Stinger, o si no ya tenemos el "RoboCop" armado. Para esos productos, la única salida es papi Estado. Y así tenemos la paradoja de una industria en la que circulan los millones a mansalva y por lo tanto debería ser profundamente libremercadista, y ¡hala!, por consejo de los buenos equilibrios contables cae en el más acedrado de los keynesianismos. O sea, para la industria de las armas, apoderarse del Estado no es sólo un buen negocio, sino que es cuestión de supervivencia. Y, pues bien, como en las democracias actuales es un poco impresentable eso de que los fabricantes de armamentos se entiendan tan bien con el Estado como lo era en los buenos tiempos de Teglatfalasar o de Tamerlán, pues bien, habrá que buscar algunos conductos más retorcidos para conseguir el anhelado encuentro entre la oferta y la demanda...
¿POR QUÉ VERLA?
-- Dentro de la marejadilla de filmes documentales autoflagelantes sobre cómo Estados Unidos se está fusilando su propia democracia (quizás deberían poner a la Estatua de la Libertad en cuatro para que sea más fácil sodomizarla...), como por ejemplo "Fahrenheit 9-11", "El mundo según Bush", "Niebla de guerra" y un pequeño largo etcétera, éste tiene un sabor especial. Vale que es otro filme antiBush, que es la enésima crítica contra Darth Bush y todo eso, pero su foco no está puesto en la Guerra Contra Irak. De hecho, las partes más débiles del documental son cuando muestran a irakíes hablando sobre los bombardeos estadounidenses, no porque sean irrelevantes, sino porque es algo ya visto en otros documentales/reportajes/etcétera. Pero el fuerte está en la descarnada descripción sobre cómo funciona el Complejo Militar Industrial. Prácticamente no hay ángulo que se dejen fuera. Hay una perspectiva histórica sobre cómo fue creciendo el Complejo Militar Industrial, desde que estallara la Guerra Fría y se hiciera perentoria la no-desmovilización (no vaya a ser cosa de que los comunistas del carajo nos traten de meter una atómica como supositorio por Cuba), hasta las florecientes campañas de propaganda actuales sobre lo chupi que te la pasas montando en el ejército, como un capitán de B-52 cualquiera de ésos que aparecen en "Doctor Insólito". Hay una perspectiva política, con un análisis a la vez muy profundo y muy didáctico sobre cómo el Complejo Militar-Industrial en realidad es un Complejo Militar-Industrial-Congresístico, porque a ver quién es el congresal guapo que dice "no, paremos a la industria militar" si es que ellos proporcionan varios centenares de puestos de trabajo en casi todos los Estados de la Unión a varios centenares de votantes registrados. Hay una perspectiva sociológica, sobre cómo funciona para la población civil el tema, incluyendo esos deslumbrantes pabellones en donde te muestran lo cool que es ser militar. Y hay también una perspectiva personal, a cargo del policía al que le tumbaron el hijo en las Torres Gemelas y que... Bueno, esa última parte chirría un poco porque no tiene que ver directamente con el Complejo Militar Industrial, que es el hilo conductor de la peli, pero a un nivel más profundo, da a entender que el Complejo no habría llegado tan lejos si la sociedad civil no estuviera tan profundamente adormecida por la falta de debate público.
-- Una de las fortalezas del documental es proporcionar una visión amplia del asunto. A diferencia de "Fahrenheit 9-11", que tendía a sobredimensionar a los que piensan como nosotros y a payasear sobre los que no piensan como nosotros (y bueno, a payasear absolutamente sobre George W. Bush, que no piensa en absoluto), acá tienen voz del lado de acá y del lado de allá. Y difícilmente los entrevistados del bando de los chicos malos, o sea, de los que dicen "American Empire is good, American Empire can do everything because is good" podrían decir que les están distorsionando las palabras o algo así. Es escalofriante escuchar a John McCain, antiguo veterano de Vietnam, poniendo su mejor cara de que "¡pero claro que somos la mayor fuerza del bien del planeta!", como si fuera estúpido pensar otra cosa (bueno, los irakíes y los afganos deben ser estúpidos, por eso se resisten en vez de dejarse invadir, claro, eso debe ser). Y bueno, ése tipo está corriendo para la Presidencia. Los tipos "del otro lado" explican claramente su mentalidad, y aunque no lo dicen (lo dan por hecho, se lee en cada entrelínea), se sienten absolutamente superiores al resto de la Humanidad y la desprecian con cada una de las más íntimas fibras de su ser, simplemente porque ellos son el modelo de perfección moral sobre este mundo y los demás deberían ser como ellos. En ese sentido, sin necesidad de recurrir a trucos baratos de cámara ni un trabajo muy elaborado de edición, el documental consigue condenarlos con sus propias palabras.
IDEAL PARA: Entender cómo Estados Unidos pasó del "duck and cover" al "rest of the world: duck and cover".
ENLACES.
-- (Ir a la página) Entrada en IMDb.
-- (Ir a la página) Artículo de la Wikipedia en inglés.
-- (Ir a la página) Comentario en Tertuliándole.
VIDEOS.
-- Inicio de la peli [en inglés, subtítulos en español].
-- Dirección: Eugene Jarecki.
-- Actuación: Entrevistas a Ken Adelman, Joseph Cirincione, Anh Duong, Gwynne Dyer, John S.D. Eisenhower, Susan Eisenhower, Donna Ellington, Chalmers Johnson, William Kristol, Karen Kwiatkowski, Charles Lewis, John McCain, Richard Perle, Dan Rather, James G. Roche, Wally Saeger, Wilton Sekzer, Naj Sheesan, William Solomon, Franklin Spinney, Richard Treadway, Michael Valentine, Gore Vidal.
-- Guión: Eugene Jarecki.
-- Banda Sonora: Robert Miller.
¿DE QUÉ SE TRATA?
17 de Enero de 1961. Dwight Eisenhower, el héroe de la Segunda Guerra Mundial devenido en Presidente de los Estados Unidos, a punto de entregar el poder a su sucesor el telegénico JFK, lanza su último mensaje. Y sus palabras son radicales y lapidarias. América debe tener cuidado. Porque la democracia ya no está amenazada por hombres oscuros y con máscaras ululando illah-Allah-illah-Allah, ni por vastos cuadros de camisas negras caminando graciosamente detrás de un enanito semicalvo de bigote que se hace llamar Der Führer. Ahora, emerge un nuevo poder, lejos de los cenáculos de la democracia, que con el poder del dinero y los intereses todo lo corrompe. ¡UAAAAAÁ, TIEMBLEN, HA LLEGADO LA ERA DEL COMPLEJO MILITAR INDUSTRIAL! Bueh, las palabras del buen Dwight (Ike para los amigos) caen en saco roto. Porque en las siguientes generaciones, el malvado CMI sigue acumulando poder, poder, poder, PODER... ¡¡¡PODEEEEEERRRRRR!!! Años después, llega el 9-11. Tenemos a un veterano de Vietnam diciendo entonces que vio las Torres Gemelas desplomarse, y que en esas Torres estaba uno de sus retoños, carne de su carne y semen de su semen. El odio lo cegó. Lo ennegreció. Madness...? THIS... IS... AMERICA!!! Y quería venganza. Contra quien fuera. Contra todo el mundo si fuera preciso. Pero que alguien pagara por la preciosa vida de su hijo. Aunque eso signifique arrojarle una bomba a un país extranjero encima de las casas de veinte hijos de alguien más (que probablemente fueran civiles y por tanto tan pobres diablos como él mismo). Y en medio de eso, George W. Bush lanzó al mundo entero en la Guerra Contra El Terror, contra el Axis of Evil. Pero, ¿fue realmente Bush? ¿Fue realmente el odio de esos bien criaditos americanischen que se creían sobre el Bien y sobre el Mal? ¿O fueron los tenebrosos tentáculos corporativos de la América Militar, la América del Complejo Industrial Militar...?
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Descubres la manera de hacer algo industrial, y sale el monstruo de la caja, porque no sólo viene en serie, sino que además pierde toda la gracia, ahorrando costos para ganar con la explotación masiva. La comida de mamá fue reemplazada por esos asquerosos chicles con gusto a carne que llaman "hamburguesas" en los McDonald's, los viejos automóviles con personalidad han sido reemplazados por modelos que para qué diablos te vas a fijar en la marca si todos tienen la misma forma (bueno, por el prestigio de tener la H de Hyundai en vez de la H de Honda), y las viejas vaporosas novelas con delicados ensueños fantásticos han sido reemplazadas por plúmbeas enealogías de aventuras tan interminables como repetitivas como Harry Potter o TLOTR (bueno, "El Señor de los Anillos" eran apenas tres tomos, pero pesaban y se hacían interminables como 300...). ¿Y la fabricación de armas? Lo mismo. El viejo gusto de tener tu querido sable con nombre, o tu katana regalona, o tu mandoble bien bautizado (Durandarte, Excalibur...) ha sido reemplazado por una fría e impersonal AK-47 en la que tienes que ser muy psicótico para llegar a quererla como una amante, si es igual a las demás (por cierto, ¿nadie vio esa gran escena en el campo de entrenamiento de la peli "Nacido para matar"...?). Pero la gente sigue prefiriendo porque, bueno, es más barato, y se quiera o no, no están los tiempos para dispendios, que esto de darse un gustito está bueno para las rameras de "Sex and the City", pero uno que vive con la economía más en el nivel de supervivencia que en el de la opulencia, pues bien... Y así la empresa sobrevive. ¿Se puede llevar el negocio un paso más allá? ¡Claro! La clave no necesariamente pasa por convencer a un gran público, que al final si son todos chaucheras y ninguno billetón no se gana sino con el ratoneo de los centavos, sino más bien por convencer a un gran patrimonio. ¿Y qué mejor patrimonio que el Fisco? ¡Ah, Poderoso Caballero es Don Fisco...! De hecho, algunos mercados apuntan específicamente hacia allá. ¿Quién otro, en una sociedad civilizada, podría querer tener tantas armas? O sea, me refiero a: aparte de ciertos multimillonarios, que sus casas deben ser verdaderas fortalezas de seguridad del siglo XXII para la eliminación de todos los elementos hostiles redistribucionistas (un poco menos para tí, un poco más para mí). Claro, en países como Estados Unidos cualquier cretino puede tener un arma y comprarla para matar a compañeritos de curso más cool que uno como en "Bowling por Columbine" o "Elefante". Pero ni el más pintao de los privaos se consigue, o debería poder conseguirse legalmente al menos, un lanzagranadas o un Stinger, o si no ya tenemos el "RoboCop" armado. Para esos productos, la única salida es papi Estado. Y así tenemos la paradoja de una industria en la que circulan los millones a mansalva y por lo tanto debería ser profundamente libremercadista, y ¡hala!, por consejo de los buenos equilibrios contables cae en el más acedrado de los keynesianismos. O sea, para la industria de las armas, apoderarse del Estado no es sólo un buen negocio, sino que es cuestión de supervivencia. Y, pues bien, como en las democracias actuales es un poco impresentable eso de que los fabricantes de armamentos se entiendan tan bien con el Estado como lo era en los buenos tiempos de Teglatfalasar o de Tamerlán, pues bien, habrá que buscar algunos conductos más retorcidos para conseguir el anhelado encuentro entre la oferta y la demanda...
¿POR QUÉ VERLA?
-- Dentro de la marejadilla de filmes documentales autoflagelantes sobre cómo Estados Unidos se está fusilando su propia democracia (quizás deberían poner a la Estatua de la Libertad en cuatro para que sea más fácil sodomizarla...), como por ejemplo "Fahrenheit 9-11", "El mundo según Bush", "Niebla de guerra" y un pequeño largo etcétera, éste tiene un sabor especial. Vale que es otro filme antiBush, que es la enésima crítica contra Darth Bush y todo eso, pero su foco no está puesto en la Guerra Contra Irak. De hecho, las partes más débiles del documental son cuando muestran a irakíes hablando sobre los bombardeos estadounidenses, no porque sean irrelevantes, sino porque es algo ya visto en otros documentales/reportajes/etcétera. Pero el fuerte está en la descarnada descripción sobre cómo funciona el Complejo Militar Industrial. Prácticamente no hay ángulo que se dejen fuera. Hay una perspectiva histórica sobre cómo fue creciendo el Complejo Militar Industrial, desde que estallara la Guerra Fría y se hiciera perentoria la no-desmovilización (no vaya a ser cosa de que los comunistas del carajo nos traten de meter una atómica como supositorio por Cuba), hasta las florecientes campañas de propaganda actuales sobre lo chupi que te la pasas montando en el ejército, como un capitán de B-52 cualquiera de ésos que aparecen en "Doctor Insólito". Hay una perspectiva política, con un análisis a la vez muy profundo y muy didáctico sobre cómo el Complejo Militar-Industrial en realidad es un Complejo Militar-Industrial-Congresístico, porque a ver quién es el congresal guapo que dice "no, paremos a la industria militar" si es que ellos proporcionan varios centenares de puestos de trabajo en casi todos los Estados de la Unión a varios centenares de votantes registrados. Hay una perspectiva sociológica, sobre cómo funciona para la población civil el tema, incluyendo esos deslumbrantes pabellones en donde te muestran lo cool que es ser militar. Y hay también una perspectiva personal, a cargo del policía al que le tumbaron el hijo en las Torres Gemelas y que... Bueno, esa última parte chirría un poco porque no tiene que ver directamente con el Complejo Militar Industrial, que es el hilo conductor de la peli, pero a un nivel más profundo, da a entender que el Complejo no habría llegado tan lejos si la sociedad civil no estuviera tan profundamente adormecida por la falta de debate público.
-- Una de las fortalezas del documental es proporcionar una visión amplia del asunto. A diferencia de "Fahrenheit 9-11", que tendía a sobredimensionar a los que piensan como nosotros y a payasear sobre los que no piensan como nosotros (y bueno, a payasear absolutamente sobre George W. Bush, que no piensa en absoluto), acá tienen voz del lado de acá y del lado de allá. Y difícilmente los entrevistados del bando de los chicos malos, o sea, de los que dicen "American Empire is good, American Empire can do everything because is good" podrían decir que les están distorsionando las palabras o algo así. Es escalofriante escuchar a John McCain, antiguo veterano de Vietnam, poniendo su mejor cara de que "¡pero claro que somos la mayor fuerza del bien del planeta!", como si fuera estúpido pensar otra cosa (bueno, los irakíes y los afganos deben ser estúpidos, por eso se resisten en vez de dejarse invadir, claro, eso debe ser). Y bueno, ése tipo está corriendo para la Presidencia. Los tipos "del otro lado" explican claramente su mentalidad, y aunque no lo dicen (lo dan por hecho, se lee en cada entrelínea), se sienten absolutamente superiores al resto de la Humanidad y la desprecian con cada una de las más íntimas fibras de su ser, simplemente porque ellos son el modelo de perfección moral sobre este mundo y los demás deberían ser como ellos. En ese sentido, sin necesidad de recurrir a trucos baratos de cámara ni un trabajo muy elaborado de edición, el documental consigue condenarlos con sus propias palabras.
IDEAL PARA: Entender cómo Estados Unidos pasó del "duck and cover" al "rest of the world: duck and cover".
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viernes, 10 de octubre de 2008
"Niebla de guerra" (2003).

-- "The Fog of War: Eleven Lessons from the Life of Robert S. McNamara". Estados Unidos. Año 2003.
-- Dirección: Errol Morris.
-- Actuación: Robert McNamara (entrevistado).
-- Guión: Bien, es un documental basado en una entrevista, así es que guión, lo que se dice guión...
-- Banda Sonora: Philip Glass.
-- "Niebla de guerra" en IMDb.
-- "Niebla de guerra" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Bienvenidos al siglo XX. La Era de Hitler. La Era de Stalin. La Era de... ¡McNamara! ¿Están encendidos esos micrófonos...? ¿Ya estamos grabando...? ¿Sí? Verán. En este mapa puedo demostrárles cómo vamos a ganar Vietnam en unas poquititas semanas... Sí, vengo diciendo eso desde hace siete años, pero créanme, ésta vez sí que sí. Pues bien, había una vez un chiquillo llamado Robert Strange McNamara, que creció y era muy chupi inteligente, y que por eso fue llamado a servir a su Patria no como carne enlatada para balas en el frente de la WWII, sino en la retaguardia, diseñando políticas para hacer más mortíferos los bombardeos. Después de la bomba atómica, se suponía que nunca más iba a pasar nada como eso, claro está. De manera que salió desde los departamentos públicos y enfiló a la empresa privada, y los mismos métodos que lo llevaron a mejorar los bombardeos masivos contra la población civil de Alemania y Japón, lo ayudaron a levantar la alicaída Ford. Hubiera sido así para siempre, pero en eso llega... ¡¡¡KENNEDY!!! Y ya sabes lo que dice Kennedy: "Don't ask what your country can do for you, but ask what can you do for your country!". Así es que tenemos ahora a McNamara metido de lleno en la cada vez más creciente tensión de Vietnam. ¿Conseguirá nuestro buen McNamara derrotar al Vietcong e imponerle la democracia americana a esos pobres asiatiquitos...?
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Robert S. McNamara es sin lugar a dudas uno de los personajes más controvertidos del siglo XX. No tan telegénico como un Hitler o un Stalin (aunque quién sabe, esos dos eran anteriores a la TV masiva), o acaso por no usar bigote recortadito como los anteriores (o una barhaza de chiho con un puro habano como Fihel Castro, chico...), no ha tenido tanta presencia en el imaginario colectivo de la Humanidad (además, con esa cara de nerd bien peinadito que tenía el pobre, en los videos de archivo...). ¿Fue McNamara verdaderamente el Angel de la Muerte cuyo gélido toque causó la tragedia humana de Vietnam? ¿O fue apenas un prisionero de las circunstancias, un engranaje más dentro de la mortífera lógica MAD (Mutually Asegurated Destruction) de la Guerra Fría? Como sea, desde que se descubriera gracias a la publicación de los papeles del Pentágono que la Guerra de Vietnam fue un truño del tamaño de la Catedral de Burgos (como se retrata en "Los papeles del Pentágono", por ejemplo), que la herida de tantos muertos quedó sangrando, y motivó pelis autoflagelantes como "Rambo" (la primera, claro está), "Pelotón", "Nacido el 4 de Julio", "Nacido para matar" y un largo etcétera. Mucha gente se estaba preguntando what the hell was McNamara thinking, peleando en Vietnam una guerra que estaba perdida de antemano. Bueno, gracias a este documental, ahora lo sabemos. Y uno descubre cositas que a lo mejor no quería saber...
¿POR QUÉ VERLA?
-- Es una de las mejores pelis que conozco sobre el viejo y nunca bien ponderado tema de la "razón de Estado". Se ha promocionado esta peli como "aquella en la que el perro jodepú de McNamara confiesa ser un criminal de guerra". Sí, hay una parte en la que dice (respecto de la Segunda Guerra Mundial, no de Vietnam, ojo) que no les pasó nada porque vencieron, pero si hubieran perdido la guerra, hubieran sido juzgados como criminales de guerra por sus bombardeos incendiarios contra los barrios pobres y más densamente poblados de Tokio y otras ciudades de vetusta y linda madera en Japón. Pero esta es una lectura simplista y maniquea promovida por aquellos quienes, por estar fuera de los engranajes del poder, no entienden lo que significa estar en medio de la maquinaria. Desde los tiempos del buen Nicolás Maquiavelo que los teóricos del poder saben bien que un príncipe (o un Secretario de Defensa de los Estados Unidos de América, tanto más da) debe hacer cosas desagradables y repugnantes para mantenerse en el poder. A eso se lo llama la "razón de Estado". Allí no entra la moral. Federico el Grande de Alemania tuvo que aprenderlo a sus costillas, cuando de joven (con la ayuda de Voltaire como ghost writer, todo hay que decirlo) escribió un "Antimaquiavelo", y después de acceder al trono tuvo que aplicar todas las políticas maquiavélicas para sostenerse en él. Eso no es bueno ni es malo, simplemente el mundo es así, y pretender que McNamara en esta peli "se desnuda y muestra toda su miseria moral", como algunos apologistas de lo políticamente correcto pretenden, es no saber leer lo que aquí se está mostrando. Lo que se muestra es la visión de un hombre de estado cuyo trabajo de 9 a 5 es conseguir básicamente que miles o millones de enemigos mueran. Es su trabajo. Por eso le pagan. Para él, todo es cuestión de estrategias: estrategias para mejorar la eficiencia de los bombardeos masivos en la Segunda Guerra Mundial, estrategias para salvar vidas de accidentes automovilísticos gracias a los autos Ford, estrategias para ganar Vietnam (o no perderla tan feo, al menos). ¿Consideraciones morales, arrepentimientos sibilinos? Detrás de la puerta, por favor, gracias... McNamara da en el clavo cuando repite muchas veces que todo se trataba de la lógica de la Guerra Fría. ¿Y la lógica de los sentimientos, de las emociones? McNamara no lo dice, pero eso está bonito para las conciencias bienpensantes. Pero (McNamara no lo dice, pero uno puede inferir) sólo un Octavio Augusto o un Asoka, dueños de sendos imperios universales sin contrapeso visible, pueden darse el lujo de ser éticamente correctos en política. ¿Luce McNamara como una especie de sicópata, mostrando mapas y cifras sobre Vietnam en televisión como si se tratara del balance consolidado del ejercicio anual de una empresa? Bueno, es su trabajo. Para que tu trabajo sea ganar una guerra, debes dejarte convencer de que allá afuera hay variables fuera de control, la niebla de la guerra, y allí la suerte del ser humano individual que pena, sufre y muere en las trincheras deja de afectarte. Y haces bien tu trabajo. Esta peli refleja muy bien esa clase de mentalidad. Desgraciadamente para nuestro mundo, ésa es la mentalidad que gana guerras. Y para desgracia aún mayor, las guerras son una parte consubstancial a la civilización. Sería bonito que fuera de otra manera, pero no lo es. En algún momento se le pregunta a McNamara, de manera oblicua, sobre si siente arrepentimiento de sus acciones, y éste replica que todo es la lógica de la Guerra Fría. La parte siniestra del asunto es que en esto no es ningún sociópata y que tiene toda la razón del mundo, o si es un sociópata, concedámosle que Estados Unidos en ese minuto necesitaba precisamente que un sociópata fuera su Secretario de Defensa, aunque sea por un mero mecanismo de adaptación darwiniano para ganar una conflagración de nivel planetario. ¿Fue finalmente McNamara un criminal o no? La cuestión queda lo suficientemente abierta como para que el espectador se forme su propio criterio. Quizás lo único deplorable de este documental sea el trabajo de edición, que mezcla y entresaca frases, probablemente para darle mayor agilidad al formato, pero que a cambio nos deja in albis sobre cuánto cercena de lo que verdaderamente McNamara quería decir. Pero en todo el resto, el documental es una formidable pieza fílmica sobre el arte de librar y ganar una guerra. El resto es silencio, es simplemente niebla de guerra.
IDEAL PARA: Tener un acercamiento cabal a la lógica de quienes deben ganar la guerra con prescindencia del elemento humano que pueda verse envuelto en las guerras.
OTRAS PÁGINAS SOBRE "NIEBLA DE GUERRA":
-- (Ir a la página) Comentario en Chemtrails sobre Buenos Aires.
VIDEOS.
-- Primera parte de la peli [en inglés, subtítulos en español].
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jueves, 13 de septiembre de 2007
"Portales, la fuerza de los hechos" (2007)

"Portales, la fuerza de los hechos". Dirigida por Roberto Sepúlveda. Protagonizada por Carlos Concha, Paola Giannini, Paulina García, Luis Gnecco, Ingrid Isensee, Roxana Campos, Marcial Edwards, Gabriela Medina, Juan Falcón, Maricarmen Arrigorriaga, Pablo Schwartz, Pablo Krogh, Hugo Vásquez, Cristián Carvajal. Chile. Año 2007.
¿De qué se trata?
Llega... ÉL... THE MAN... THE HERO... THE CHILEAN NATION BUILDER... ¡¡¡DIEGO PORTALES!!! Llega él, como digo, a Quillota, y entre otras cosas nombra a un tal Vidaurre como coronel y jefe de estado mayor en Quillota. A ese gran honor, Vidaurre contesta con un pequeño movimiento envolvente de tropas, que atrapa a Portales y a su amigo el Coronel Necochea. Ambos van a dar con sus huesos al calabozo. Como Vidaurre ha dicho que está deponiendo a un tirano, Necochea lo encara y le reprende que cómo va a ser un tirano el hombre que ha construido la nación chilena casi desde las cenizas (siempre dicen lo mismo, los que defienden a los tiranos). A lo que Vidaurre contesta que es fácil construir una nación compacta cuando se le da la baja a la mitad de ella (siempre dicen lo mismo, los que atacan a los tiranos). Portales escucha este diálogo, y se pone a recordar en forma fragmentaria lo que ha sido su vida. Cuando tomaron preso a su señor padre. Cuando quería encamarse con su prima doña Chepita (y después, cuando se casó y se la echó dos veces... dos fueron al menos, porque nacieron dos niños). Y cuando los niños y después la famosa Chepita pasaron al "patio 'e los callos". Cuando una vez viudo se puso a gozar de otras mujeres. Cuando se metió con doña Constanza de Nordenflycht y le encargó otra tanda de niñitos, esta vez sin casarse. Cuando entró a ser ministro y se transformó en el azote de la inmoralidad y las costumbres pecaminosas (léase chinganas y otras diversiones nocturnas varias). Y ahora, cuando está a punto de ser fusilado por una panda de amotinados malagraecíos que no saben valorar lo que nuestro Ubermensch criollo ha dado por su patria...
El espíritu de los tiempos.
Diego Portales es, sin lugar a dudas, una de las figuras históricas chilenas más controvertidas. Hay dos buenas razones para esto. En primera, el propio Portales era un hombre de carácter contradictorio y tendencias psicológicas más o menos revueltas. En segunda, fue el hombre que organizó la patria chilena (por lo cual lo bendicen los nacionalistas, con Augusto Pinochet en primera fila), pero al precio de cagarse en la mitad de la patria para así tener que ordenar nada más que la otra mitadita (por lo cual es odiado por toda la historiografía de centroizquierda hacia la zurda, léase Gabriel Salazar, Sergio Villalobos, etcétera). ¿Quién fue Portales, el Gran Organizador o el Gran Tirano...? ¿Cómo fue que llegó a encumbrarse hasta la cúspide del autoritarismo criollo chileno un hombre con costumbres personales tan reprochables para los cánones de la época? (No sólo tenía una relación de mancebía, sino que además la quiebra del estanco, el monopolio que tomó sobre el tabaco y los naipes en 1823, fue uno de los mayores escándalos financieros en toda la histroia patria chilena). No es raro que Diego Portales haya sido adorado como un fetiche por don Augusto Pinochet, quien a cada paso pretendía rememorar sus fazañas y fastos (con resultados bastante mediocres, porque Portales habrá sido un cabrón, pero al menos tenía intelecto), y sea vendido en la Educación Primaria Obligatoria como uno de los héroes de Chile. Por lo que su inclusión en el ciclo de "Héroes: La gloria tiene su precio", al lado de "O'Higgins, vivir para merecer su nombre", "Carrera, el príncipe de los caminos" y "Rodríguez, el hijo de la rebeldía", era casi inevitable. Así es que tenemos el cuarto biopic de "Héroes: La gloria tiene su precio", dedicado a su genio y figura hasta la sepultura, con todo lo conflictivo que esto resulta.
¿Por qué verla?
- Me gustaría decir que por su valor historiográfico. Desgraciadamente, como las entregas anteriores, no es el caso. Como en los tres biopics anteriores, el de Portales adolece de un tratamiento caprichoso del material. Vamos por partes. A diferencia de nuestros tres biografiados anteriores (Bernardo O'Higgins, José Miguel Carrera y Manuel Rodríguez), la vida de Diego Portales transcurre no durante la independencia, sino en la etapa inmediatamente posterior, y el propio Portales no fue militar, por lo que un biopic suyo difícilmente puede sustentarse en la espectacularidad de ver a una tropa de soldados cosiéndose a bayonetazo limpio en un campo de batalla, como no sea mostrar en segundo plano la Batalla de Lircay (1831, la que decidió el triunfo de los conservadores sobre los liberales o "pipiolos", y aseguró la dictad... perdón, el régimen portaliano). Cualquier intento por darle suspenso a un biopic sobre Portales debe salir entonces del suspenso económico y político, un poco mezclando "Dallas" con "The West Wing", porque Portales fue tanto político como hombre de empresa (un pésimo hombre de empresa, pero hombre de empresa al fin y al cabo). Los guionistas tuvieron la inteligente idea de partir por el final, por la muerte épica y heroica (Portales asesinado por los traidores a la Patria, ¡final con aromas a santidad!), y mostrar la vida del patibulado en retrospectiva. ¿Y qué muestran? Pues bien, el arresto de su padre durante la niñez, después sus andanzas con la Chepita, sus peleas con Dios (¡¡!!), y algo de su pasar como ministro, incluyendo su actitud estilo Darth Vader de salir a quemar chinganas con los polis al lado. Nótese lo que falta: ni una sola mísera alusión a la cuestión del estanco, que le significó incluso tener que fugarse al Perú para no afrontar un juicio por quiebras e incluso la cárcel (el biopic no lo dice y no lo puede decir, pero Constanza de Nordenflycht era peruana, Portales la conoció allá, y ella se vino a Chile fugándose de su familia para perseguir a su amado chilenito), nada sobre la guerra civil de 1830 a 1831 (quizás para no dar la impresión de que Portales era un golpista que llegó a ser triministro de Estado, copando tres de las seis carteras del gobierno de José Joaquín Prieto, apoyado por una milicia paramilitar y ciudadana que era su cohorte pretoriana particular), muy poco sobre su papel de ministro de estado, casi nada sobre su rol preponderante en la guerra contra Perú que a él le tocó declarar en 1836 (ocasionada entre otras cosas, por la guerra comercial entre Valparaíso y el Callao, que él mismo ayudó a encender creando en Valparaíso los almacenes francos), y por lo tanto, queda en la nebulosa el motivo del complot para matarlo. Claro, todo esto se "justifica" porque tratan de vender a Diego Portales como un héroe, sin un "lado B" que lo ensombrezca (¿acaso el ciclo no se llama "Héroes: La gloria tiene su precio"?), pero, ¿queda en verdad Diego Portales como un gran personaje histórico, en este biopic? Dudosamente, porque apenas explora los resortes psicológicos de un personaje tan complejo y peculiar, y aunque queda bien claro por qué odia a Dios, el espectador casual y sin conocimientos históricos puede quedar completamente in albis sobre cómo demonios un hombre en apariencia probo y recto, termina convertido en un caudillo prepotente, una eminencia gris o un poder en las sombras, o peor aún, un dictador sin el título de tal, y aún así seguir siendo un héroe respetable... No puede decirse que el trabajo de los guionistas no haya sido esforzado, en particular tomando el riesgo de contar la historia de Portales como una larga serie de flashbacks desde el momento de su muerte, pero esta estructura más compleja, idónea para introducir un poco de reflexión sobre la vida portaliana, simplemente se les escapa de las manos, y no saben qué hacer con ella. Espero que a los guionistas no los hayan cortado demasiado verdes de la escuela de cine...
- Respecto de las actuaciones... ¿qué decir...? No mucho, en verdad. El que se lleva la palma es, por supuesto, el gran Luis Gnecco, conocido por lo general por papeles de comedia, pero que aquí hace un estupendo rol como el Coronel Necochea. A cambio, Carlos Concha como Diego Portales está demasiado estatuario y para la pose; puede que el Portales histórico haya sido así (y me da la impresión de que muy probablemente, porque es la psicología propia de los caudillos autoritarios), pero las razones que mueven el psiquismo de Portales no están bien explicadas, o mejor dicho no están explicadas casi en lo absoluto, y por lo tanto es difícil justificar una actuación tan encorsetada y falta de naturalismo. Las actrices femeninas en general no tienen mucho peso, ni por el guión, ni tampoco porque se esfuercen mucho. Particularmente penosa resulta la actuación de Ingrid Isensee como Constanza de Nordenflycht, que en ningún minuto exhibe lo que se supone debería ser una pasión arrolladora por un hombre que, bien mirado, se supone que la ha preñado y hecho madre varias veces sin casarse con ella, un crimen imperdonable para aquel tiempo, en el cual muy pocas jovencitas incurrían, por lo que se deduce que doña Constanza debió tener un carácter mucho más fogoso que lo mostrado por la deslavada interpretación de Ingrid Isensee.
- Mención aparte para la banda sonora. No es una maravilla, y de hecho es bastante plana y repetitiva. Pero con dos o tres acordes consigue crear ambientación. Bien por el chico de la banda sonora, sea quien haya sido.
- Dura poco más de una hora y media, y es por tanto el biopic más corto de los cuatro que se han emitido. Por suerte, porque los anteriores pecaban en muchos casos de ser excesivos, y suplicaban a gritos por un trabajo de edición un poco más drástico.
IDEAL PARA: ...¿seré tan cruel de decir "saltársela"...?
¿De qué se trata?
Llega... ÉL... THE MAN... THE HERO... THE CHILEAN NATION BUILDER... ¡¡¡DIEGO PORTALES!!! Llega él, como digo, a Quillota, y entre otras cosas nombra a un tal Vidaurre como coronel y jefe de estado mayor en Quillota. A ese gran honor, Vidaurre contesta con un pequeño movimiento envolvente de tropas, que atrapa a Portales y a su amigo el Coronel Necochea. Ambos van a dar con sus huesos al calabozo. Como Vidaurre ha dicho que está deponiendo a un tirano, Necochea lo encara y le reprende que cómo va a ser un tirano el hombre que ha construido la nación chilena casi desde las cenizas (siempre dicen lo mismo, los que defienden a los tiranos). A lo que Vidaurre contesta que es fácil construir una nación compacta cuando se le da la baja a la mitad de ella (siempre dicen lo mismo, los que atacan a los tiranos). Portales escucha este diálogo, y se pone a recordar en forma fragmentaria lo que ha sido su vida. Cuando tomaron preso a su señor padre. Cuando quería encamarse con su prima doña Chepita (y después, cuando se casó y se la echó dos veces... dos fueron al menos, porque nacieron dos niños). Y cuando los niños y después la famosa Chepita pasaron al "patio 'e los callos". Cuando una vez viudo se puso a gozar de otras mujeres. Cuando se metió con doña Constanza de Nordenflycht y le encargó otra tanda de niñitos, esta vez sin casarse. Cuando entró a ser ministro y se transformó en el azote de la inmoralidad y las costumbres pecaminosas (léase chinganas y otras diversiones nocturnas varias). Y ahora, cuando está a punto de ser fusilado por una panda de amotinados malagraecíos que no saben valorar lo que nuestro Ubermensch criollo ha dado por su patria...
El espíritu de los tiempos.
Diego Portales es, sin lugar a dudas, una de las figuras históricas chilenas más controvertidas. Hay dos buenas razones para esto. En primera, el propio Portales era un hombre de carácter contradictorio y tendencias psicológicas más o menos revueltas. En segunda, fue el hombre que organizó la patria chilena (por lo cual lo bendicen los nacionalistas, con Augusto Pinochet en primera fila), pero al precio de cagarse en la mitad de la patria para así tener que ordenar nada más que la otra mitadita (por lo cual es odiado por toda la historiografía de centroizquierda hacia la zurda, léase Gabriel Salazar, Sergio Villalobos, etcétera). ¿Quién fue Portales, el Gran Organizador o el Gran Tirano...? ¿Cómo fue que llegó a encumbrarse hasta la cúspide del autoritarismo criollo chileno un hombre con costumbres personales tan reprochables para los cánones de la época? (No sólo tenía una relación de mancebía, sino que además la quiebra del estanco, el monopolio que tomó sobre el tabaco y los naipes en 1823, fue uno de los mayores escándalos financieros en toda la histroia patria chilena). No es raro que Diego Portales haya sido adorado como un fetiche por don Augusto Pinochet, quien a cada paso pretendía rememorar sus fazañas y fastos (con resultados bastante mediocres, porque Portales habrá sido un cabrón, pero al menos tenía intelecto), y sea vendido en la Educación Primaria Obligatoria como uno de los héroes de Chile. Por lo que su inclusión en el ciclo de "Héroes: La gloria tiene su precio", al lado de "O'Higgins, vivir para merecer su nombre", "Carrera, el príncipe de los caminos" y "Rodríguez, el hijo de la rebeldía", era casi inevitable. Así es que tenemos el cuarto biopic de "Héroes: La gloria tiene su precio", dedicado a su genio y figura hasta la sepultura, con todo lo conflictivo que esto resulta.
¿Por qué verla?
- Me gustaría decir que por su valor historiográfico. Desgraciadamente, como las entregas anteriores, no es el caso. Como en los tres biopics anteriores, el de Portales adolece de un tratamiento caprichoso del material. Vamos por partes. A diferencia de nuestros tres biografiados anteriores (Bernardo O'Higgins, José Miguel Carrera y Manuel Rodríguez), la vida de Diego Portales transcurre no durante la independencia, sino en la etapa inmediatamente posterior, y el propio Portales no fue militar, por lo que un biopic suyo difícilmente puede sustentarse en la espectacularidad de ver a una tropa de soldados cosiéndose a bayonetazo limpio en un campo de batalla, como no sea mostrar en segundo plano la Batalla de Lircay (1831, la que decidió el triunfo de los conservadores sobre los liberales o "pipiolos", y aseguró la dictad... perdón, el régimen portaliano). Cualquier intento por darle suspenso a un biopic sobre Portales debe salir entonces del suspenso económico y político, un poco mezclando "Dallas" con "The West Wing", porque Portales fue tanto político como hombre de empresa (un pésimo hombre de empresa, pero hombre de empresa al fin y al cabo). Los guionistas tuvieron la inteligente idea de partir por el final, por la muerte épica y heroica (Portales asesinado por los traidores a la Patria, ¡final con aromas a santidad!), y mostrar la vida del patibulado en retrospectiva. ¿Y qué muestran? Pues bien, el arresto de su padre durante la niñez, después sus andanzas con la Chepita, sus peleas con Dios (¡¡!!), y algo de su pasar como ministro, incluyendo su actitud estilo Darth Vader de salir a quemar chinganas con los polis al lado. Nótese lo que falta: ni una sola mísera alusión a la cuestión del estanco, que le significó incluso tener que fugarse al Perú para no afrontar un juicio por quiebras e incluso la cárcel (el biopic no lo dice y no lo puede decir, pero Constanza de Nordenflycht era peruana, Portales la conoció allá, y ella se vino a Chile fugándose de su familia para perseguir a su amado chilenito), nada sobre la guerra civil de 1830 a 1831 (quizás para no dar la impresión de que Portales era un golpista que llegó a ser triministro de Estado, copando tres de las seis carteras del gobierno de José Joaquín Prieto, apoyado por una milicia paramilitar y ciudadana que era su cohorte pretoriana particular), muy poco sobre su papel de ministro de estado, casi nada sobre su rol preponderante en la guerra contra Perú que a él le tocó declarar en 1836 (ocasionada entre otras cosas, por la guerra comercial entre Valparaíso y el Callao, que él mismo ayudó a encender creando en Valparaíso los almacenes francos), y por lo tanto, queda en la nebulosa el motivo del complot para matarlo. Claro, todo esto se "justifica" porque tratan de vender a Diego Portales como un héroe, sin un "lado B" que lo ensombrezca (¿acaso el ciclo no se llama "Héroes: La gloria tiene su precio"?), pero, ¿queda en verdad Diego Portales como un gran personaje histórico, en este biopic? Dudosamente, porque apenas explora los resortes psicológicos de un personaje tan complejo y peculiar, y aunque queda bien claro por qué odia a Dios, el espectador casual y sin conocimientos históricos puede quedar completamente in albis sobre cómo demonios un hombre en apariencia probo y recto, termina convertido en un caudillo prepotente, una eminencia gris o un poder en las sombras, o peor aún, un dictador sin el título de tal, y aún así seguir siendo un héroe respetable... No puede decirse que el trabajo de los guionistas no haya sido esforzado, en particular tomando el riesgo de contar la historia de Portales como una larga serie de flashbacks desde el momento de su muerte, pero esta estructura más compleja, idónea para introducir un poco de reflexión sobre la vida portaliana, simplemente se les escapa de las manos, y no saben qué hacer con ella. Espero que a los guionistas no los hayan cortado demasiado verdes de la escuela de cine...
- Respecto de las actuaciones... ¿qué decir...? No mucho, en verdad. El que se lleva la palma es, por supuesto, el gran Luis Gnecco, conocido por lo general por papeles de comedia, pero que aquí hace un estupendo rol como el Coronel Necochea. A cambio, Carlos Concha como Diego Portales está demasiado estatuario y para la pose; puede que el Portales histórico haya sido así (y me da la impresión de que muy probablemente, porque es la psicología propia de los caudillos autoritarios), pero las razones que mueven el psiquismo de Portales no están bien explicadas, o mejor dicho no están explicadas casi en lo absoluto, y por lo tanto es difícil justificar una actuación tan encorsetada y falta de naturalismo. Las actrices femeninas en general no tienen mucho peso, ni por el guión, ni tampoco porque se esfuercen mucho. Particularmente penosa resulta la actuación de Ingrid Isensee como Constanza de Nordenflycht, que en ningún minuto exhibe lo que se supone debería ser una pasión arrolladora por un hombre que, bien mirado, se supone que la ha preñado y hecho madre varias veces sin casarse con ella, un crimen imperdonable para aquel tiempo, en el cual muy pocas jovencitas incurrían, por lo que se deduce que doña Constanza debió tener un carácter mucho más fogoso que lo mostrado por la deslavada interpretación de Ingrid Isensee.
- Mención aparte para la banda sonora. No es una maravilla, y de hecho es bastante plana y repetitiva. Pero con dos o tres acordes consigue crear ambientación. Bien por el chico de la banda sonora, sea quien haya sido.
- Dura poco más de una hora y media, y es por tanto el biopic más corto de los cuatro que se han emitido. Por suerte, porque los anteriores pecaban en muchos casos de ser excesivos, y suplicaban a gritos por un trabajo de edición un poco más drástico.
IDEAL PARA: ...¿seré tan cruel de decir "saltársela"...?
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