11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
Mostrando las entradas con la etiqueta 1974. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta 1974. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de agosto de 2013

"El joven Frankenstein" (1974).


-- "Young Frankenstein" (título original en inglés), "El jovencito Frankenstein" (título en España).
-- Dirección: Mel Brooks.
-- Actuación: Gene Wilder, Marty Feldman, Peter Boyle, Teri Garr, Cloris Leachman, Madeline Kahn, Kenneth Mars, Richard Haydn, Liam Dunn, Danny Goldman, Leon Askin, Gene Hackman, Mel Brooks, Lou Cutell, Ian Abercrombie.
-- Guión: Gene Wilder y Mel Brooks, más o menos basados en el chuleteo a los personajes de la novela de Mary Shelley.
-- Banda Sonora: John Morris.

-- "El joven Frankenstein" en IMDb.
-- "El joven Frankenstein" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Apertura en blanquinegro para que se vea como homenaje en forma. En un lugar tenebroooooo-ssssss-oooooo de Euroooooo-paaaaaa, resulta que alguien abre un ataúd y se lleva un documento, suponemos que un testamento o algo asín, por los sucesos posteriores de la peli. Salto a... una escuela de Medicina en los Yueséi. Con Gene Wilder dictando una clase de anatomía acerca de cómo el nervio subsexuado se inserta en el corpus parabellum a la vez que entronca con el bulbo palpito para conformar... bueno, ya me entienden, yo qué sé de anatomía. El caso es que Gene Wilder es el doctor Frankenstain... ¡ah, no, perdón, se ofende si le decimos así...! Se escribe "Frankenstein", pero se pronuncia "Fronkinstin". Porque no quiere verse relacionado con los experimentos de su abuelobisabueloquemierdaseabuelo el loquito de la familia, el que cosia cadáveres y levantaba muertos y tal. Pero hasta allí llega el tipo con el testamento, que le dice lo que ya sabemos, que el doctor ha heredado las propiedades de su tío en Transilvania (sí, leñe, eso es del vampiro, pero ya puestos a meterle cosecha, pues por qué no). De manera que se despide de su prometida, una pijilla esperémonos hasta el matrimonio porque se me arruga el vestido/escote/maquillaje/peinado, tárjese lo que no corresponda. Cuando llega a Transilvania, se encuentra con un jorobado, que adivinen a qué nombre responde (sí, leñe, Igor. Qué esperaban). Y luego, con una alemana que parezque fiera pa'látigo porque la cara de estreñía desde luego nadie se la quita, en una sutil muestra de que a Mel Brooks le va el fetichismo raro. Y una sirvienta que, como corresponde a las sirvientas de toda clase y condición en estas pelis, está de buen ver. Entre todos, y sobrepasando de una manera u otra la resistencia de Frankenstain... perdón, de Fronkinstin para abrazar el legado de su loco antepasado, harán lo impensable. Primero, viene spoiler. Segundo, si no adivinan cuál es el spoiler en una peli que se llama como ésta, es para que Igor los arroje a los lobos transilvanos. Que sí, joer, que van a agarrar un cuerpito y le van a dar vida con electricidad y decir aquella célebre línea de IT'S ALIVE!!! (bueno, algo así). Que el Monstruo va a salir... bueno, como suelen salir los monstruos de Frankenstein en estas pelis. Que los aldeanos harán lo que se suele hacer en esta clase de pelis (antorchas, ya saben). Y que siendo esto una de Mel Brooks, todo va a ser en clave de reverenda chacota.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Se dice que Gene Wilder y Mel Brooks estaban terminando de rodar "Locuras en el Oeste", la célebre en que Wilder se cachondea de sus cualidades como superpistolero diciendo la genial línea de que "he matado a más gente que Cecil B. DeMille", cuando la conversación derivó hacia lo malas que eran las pelis actuales, que las antiguas sí que eran buenas, que nuestros viejos sí que sabían, etcétera. Y entre esas pelis está, bueno, el legado de la Universal. Los llamados Monstruos de la Universal, que no eran exactamente suyos porque muchos estaban en el patrimonio común, pero que la Universal les dio un aspecto e iconografía tan decisivos, que es imposible no abordarlos sin tener que referirse a dicho legado, para confirmarlo o parodiarlo (muchos críos que hoy en día se cagan de la risa con cagadas como "Hotel Transilvania" ni tienen idea de que los clichés de esa peli son la enésima burla o parodia del "Drácula" de 1931, y menos las han visto, y menos aún les han cobrado gusto). Bueno, la generación de 1974 más o menos todavía recordaba a Bela Lugosi (lo suficiente como para que unos poquitos años después, Bauhaus homenajeara con "Bela Lugosi is Dead"). De manera que, ¿por qué no rodamos una comedia paródica que sea a la vez un homenaje afectuoso a las pelis de la Universal? Gene Wilder puso una condición, eso sí: que Mel Brooks no apareciera. Porque como ya sabemos, Mel Brooks siempre hace su cameo graciosete en sus propias pelis (si es que no las protagoniza, como "La última locura de Mel Brooks"), y eso como que distrae, llama a la cuarta pared, etcétera, y Gene Wilder estaba convencido de que la cosa iba a funcionar mejor tratando de hacerlo todo lo más mortalmente serio y parecido a las pelis Universal que se pueda, para que las graciosetas sean todavía más graciosas. La cosa funcionó bien, salvo algún que otro incidente (la escena del baile con "Puttin' on the Ritz", Brooks la odiaba, y Gene Wilder la adoraba, y Brooks decidió que si su socio la veía tan bien, quizás funcionara bien... y tenía razón, porque la escena tié su gracia). El resultado es una peli que pasó como cazabombardero sobre la taquilla, recaudando 86 millones de dólares (costó apenas casi tres, o sea por cada dólar invertido recaudó 28, chúpense ésa). Nada mal para una peli rodada... en blanco y negro, de manera tan vehemente que Mel Brooks prefirió irse de Columbia a la Fox para rodarla, porque en un lado no lo dejaban el blanco y negro, y en otro lado sí se lo permitían. Eso es amor a la camiseta (y suerte, porque la Fox estaba medio en reestructuración, y el asunto pasó soplado. La historia del arte tiene su punto de genio y otro de pura, simple, llana suerte).

¿POR QUÉ VERLA?

-- "El joven Frankenstein" es ante todo un homenaje afectuoso, en clave de comedia, a las pelis de los '30s, en particular a "Frankenstein", "La novia de Frankenstein" y "El hijo de Frankenstein", pelis a las que cita directamente como parodia. En ese sentido no cabe esperar una sátira desmadrada y deconstruccionista del mito del hombre artificial, al estilo de "Y dónde está el piloto" y similares. En esto la peli se lastra un poco, porque sin conocer las pelis originales, algo de la gracia como que se pierde en el camino. Aún así, queda la suficiente como para echarle pa'lante. En realidad el argumento no es la gran cosa, y en donde la peli se gana los puntos bien ganados es en secuencias aisladas, que sí resultan muy buenas. Ver a Frankenstein y su monstruo bailando tap al son de "Puttin' on the Ritz" es un gran momento musical, las conversaciones acerca de que si el monstruo es grande entonces lo tiene TODO grande, o ese delirante final, son secuencias realmente buenas. Es imposible adelantar mucho más porque implicaría empezar a referir los chistes, y es mejor llegar virgen a la peli (en el sentido de sin spoiler, eso es). Gene Wilder está un poco pesadote, pero a cambio Marty Feldman es un Igor absolutamente derecho (o torcido, ya saben, la giba...), por no hablar de Peter Boyle como monstruo haciendo una excelente parodia, y Gene Hackman en una escena única y absolutamente irreconocible (es el ciego, por más señas, y si no lo sabías y yo no te digo, fijo que no te das cuenta). Mel Brooks aparece no como cameo, sino poniendo voces aquí y allá (incluyendo a un gato... seriosly). Teri Garr y Madeline Kahn están bellas las dos, por no hablar por supuesto del talento actoral de por medio. Y la banda sonora encaja a las mil maravillas con el fondo (Mel Brooks no le dijo al compositor que era una comedia, así es que éste compuso un soundtrack atmosférico de peli de terror, que hace aún más contraste con los desmadres de los protas. Lo que queda por tanto es una comedia fina con chistes algo sórdidos pero jamás vulgares, pero efectuada desde el afecto al material parodiado, en vez del cinismo. Un tipo de comedia que por desgracia, parece que ya no se va a hacer más, en beneficio del chiste de caca-culo-pedo-pis, o de la parodia cínica estilo "Shrek". Para que luego digan que estamos avanzando pa'lante.

IDEAL PARA: Ver un excelente homenaje al cine clásico de monstruos.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].



-- El monstruo de Frankenstein y su Creador bailan "Puttin' on the Ritz" [en inglés, sin subtítulos. Total, para la falta que hacen...].

jueves, 26 de abril de 2012

"Infierno en la torre" (1974).


-- "The Towering Inferno" (título original en inglés), "El coloso en llamas" (título en España). Estados Unidos. Año 1974.
-- Dirección: John Guillermin, con secuencias de acción dirigidas por Irwin Allen.
-- Actuación: Steve McQueen, Paul Newman, William Holden, Faye Dunaway, Fred Astaire, Susan Blakely, Richard Chamberlain, Jennifer Jones, O.J. Simpson, Robert Vaughn, Robert Wagner, Susan Flannery, Sheila Allen, Norman Burton, Jack Collins.
-- Guión: Stirling Silliphant, basado en las novelas "The Tower" de Richard Martin Stern, y "The Glass Inferno" de Thomas N. Scortia y Frank M. Robinson.
-- Banda Sonora: John Williams.

-- "Infierno en la torre" en IMDb.
-- "Infierno en la torre" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

El más chulialto rascatechos de San Francisco está por ser inagurado. La gente mira parriba y dice "chuaaaaaá... ¿y va a poer respirah la gente allá arría?". Pero su arquitecto está insatisfecho (Paul Newman y sus ojazos azules, por más señas). Cantidad (de pisos en este caso) no equivale a calidad de vida, y pues bien, mejor irse a un lugarcito chico en donde se puedan hacer cositas de madera como chalés e iglesias rurales, suponemos. Pero las cosas se le van a poner difíciles porque su mujercita, muy '70s y liberada ella (Faye Dunaway, en los años que estaba la mortadela de buena), acaba de obtener un peazo puesto en el laburo, y ahora debe elegir entre seguir al money o al love (Sandra Bullock y Reese Whiterspoon no se inventaron nada, ya lo ven). Mientras tanto los preparativos para la inaguración del rascacielos están a toda popa, y se hacen algunas comprobaciones de rutina. En medio de ellas, ¡UPS!, es una de desastres, así es que algo tiene que salir mal, o no hay desastre ni movie. De manera que salta una chispita en un circuito eléctrico. Llaman al arquitecto y sofocan el asuntillo, pero en medio de todo eso, una bodeguita perdida en medio de los ytantos pisos le toma el gustito a eso de la piromanía, y empieza a arder por su cuenta. El arquitecto, por su parte, sale lanzao a buscar al yerno del constructor, que se ha encargado de la construcción misma, y que para ahorrar (y ahorrarse, presumiblemente) costos, ha puesto materiales de clase B en un edificio clase A, y de ahí todo el desaguisao. El famoso yerno (Richard Chamberlain, con una cara de sodomita activo de encargo), además de poco fiable, más encima en la fiestorrita va a tratar de agarrarle la presa al arquitecto, miren qué carajo el hombre. Empieza la fiesta, y el incendito en la bodega, que ha tenido todo el tiempo del mundo para crecer y alimentarse, estalla por fin. De a poquito, Paul Newman empieza a darse cuenta de que el asunto crece y crece, y pide que se cancele todo. Pero como esta peli es un año antes del tiburón de Steven Spielberg, los jerifaltes no han aprendido eso de que siempre es mal negocio no cerrar la playa por la imagen porque al final la imagen se va al carajo igual. Que la fiesta sigue, vamos. Pero como la cosa está cada vez más que arde, esto en sentido literal, pues obligaos a llamar al jefe de bomberos, que es igual de chulazo que Paul Newman, porque es el chulazo de Steve McQueen. Sí, señores. En esta peli, el incendio es tan de órdago, que requiere no a un chulo sino dos, a Paul Newman y Steve McQueen, para darle un puñetazo a las flamas y enseñarles que con Tío Sam y las empresas inmobiliarias no se juega, joer.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Años antes de que la burbuja inmobiliaria se llevara consigo, o paralizara temporalmente al menos, las obras en las estratoconstrucciones de Dubai, la gente estaba aterrorizada de rascatechos como el por entonces novísimo World Trade Center. Saltaron entonces dos novelas sobre el tema ("The Tower" y "The Inferno Glass", que cito en inglesito porque ignoro si hay traducción al castellano), cuyos derechos, obviamente, acabaron en los departamentos de estudios de cine, en este caso de la WB y de la FOX (cuál en cuál, no me interesa, investiguen ustedes, joer). El caso es que al darse cuenta de que los dos estudios estaban desarrollando proyectos paralelos, dijeron que eso de la competencia es buena en teoría económica, pero si los teóricos económicos tuvieran razón estarían haciéndose millonarios en vez de estar haciendo clases, así es que encargaron a un solo guionista que hiciera un Frankensteincito cosiendo y pegando de las dos, para así abocar sus esfuerzos a un solo peliculón, y repartirse las ganancias tan contentos. Y como una peli de megaincendios requería a un incombustible de toda la vida para rodarla, quedó a cargo de todo el gran Irwin Allen, AKA el Rey del Cartónpiedra por series de TV como "Tierra de gigantes", "El túnel del tiempo" o "Perdidos en el espacio", y que ya había dado el batatazo produciendo "La aventura del Poseidón". Como eran dos novelas, resultó que en la peli final habían dos protas, y como ambos eran los muy chulos Paul Newman y Steve McQueen y ninguno quería ser second best, hubo que ponerlos en paralelo y en diagonal en la secuencia de créditos, hacerlos top-billing a los dos, y de paso darles la misma cantidad de diálogos a cada uno. El resultado final fue un mastodonte de dos horas cuarenta de duración, minuto más o minuto menos, de pura acción catastrofista de la de viejo cuño, de la de toda la vida, con muchos actores en roles pequeños que puedan ser adecuadamente conchabados cada X minutos para que veamos a gente morir y sepamos que eso de la amenaza es bien real, demonios.

¿POR QUÉ VERLA?

-- No es una gran peli en general, pero sí es una gran peli de catástrofes, un must-have o un must-see inevitable para entender el género como tal. Al igual que "Aeropuerto" y "La aventura del Poseidón", con las que esta peli forma la trilogía sagrada del "cataclismo con muertos esparcidos por el metraje", "Infierno en la torre" sigue el esquema más clásico del género: héroe de acción over-the-top (dos en este caso, a falta de uno), la chica del jovencito, rutilante elenco con buitres encima, el gran cataclismo con impactantes escenas de desastre, el bellaco que lo ha provocado todo y que egoístamente trata de salvar su propio ass en vez de contribuir a la causa común (y que, inevitable en toda peli de catástrofes que no sea el "Titanic" de James Cameron, acabará teniendo la muerte más gore de todas), etcétera. Y no se crea que por ser formulaica, esta peli es acartonada o carente de interés. Al contrario de otras pelis de desastres, en ésta los personajes están bien perfilados y definidos con apenas unos pocos trazos y diálogos, aunque servidos de manera irregular. Paul Newman y Steve McQueen son dos héroes de lujo, y tenerlos a ambos corriendo por carriles separados y uniendo fuerzas de momento en vez, le confiere aún más músculo heroico a la peli. William Holden, por su parte, está brillante como ese empresario que no tiene problemas de erección... de un largo y esbelto... rascacielos, para gloria de su propia billetera, claro está, no haciéndolo especialmente villanesco sino simplemente inconsciente de la verdadera situación, perdido en su danza de billetes. Richard Chamberlain, ya lo comentábamos, es un villano maravilloso, malo como cagar clavos, y da pena que no aparezca mucho más. Fred Astaire está como secundario de lujo, y es uno de los personajes más emotivos de la historia. A cambio, las chicas poco más que de relleno sexy, como mandaba el canon conservador de la época (ya saben: las mujeres están para cuidar la casa, criar bebés, y chillar y ser salvadas en cualquier catástrofe), incluyendo la radiante Faye Dunaway en un rol indigno de su solvencia, mientras que Susan Blakely está radiante y hermosísima (y, cosas del machismo del guión, está todavía más radiante cuando el puñetero Richard Chamberlain la putea vez sí y vez también a lo largo de la peli). Y aparece O.J. Simpson, años antes de su inolvidable rol como Nordberg en "Y dónde está el policía" y secuelas (y años antes también de... ya saben qué), en un rol que ni le perjudica ni le beneficia. Lo mismo cabe decir de Robert Vaughn y Robert Wagner, que están ahí más que nada para llenar la cuota de superestrellas que toda peli de catástrofes de alcurnia debe tener.

-- Vamos a la parte buena, o sea, al espectáculo puro y duro. "Infierno en la torre" lo proporciona. Mientras que la primera parte es morosita tirando a tediosa, ya puestos en la catástrofe misma el asunto se abuena lo suyo. El trabajo de efectos especiales es notable para la época, e incluso 35 años después siguen viéndose la mar de bien, considerando que la peli costó 14 millores de los verdes de su tiempo (una fortuna en su época, un moco de pavo en la nuestra). Ayuda, claro, que la peli se ambiente de noche, y así las llamas se ven más vistosas... y no se le ven tanto las junturas o el pegamento a las maquetas, claro está. La solución final que le encuentran al asunto, también es bastante buena, y espectáculo por todo lo alto.

-- Secuencias notables. La parejita de, ehm, "pecadores", que por hacer sus tropelías se condenan a acabar asados en el infierno de fuego (metafórica y literalmente). Todas las de Fred Astaire. Todas las que aparece el gato (sí, hay un gato, pero ése no era pariente mío, snif...). El fallido rescate en helicóptero. Richard Chamberlain recibiendo (¡al fin!) su merecido, joer con el desgraciao p**omadr* (el personaje, no el actor, of course). Y Steve McQueen, chulo como... bueno, como Steve McQueen, siendo convencido para hacer el trabajo final ("sí, encontraron a un tonto para que lo hiciera", con toda la resignación del mundo).

IDEAL PARA: Ver una peli de catástrofes de las buenas, de las canónicas, de las clásicas.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos... pero les proporciono la mitad de ellos: ¡¡¡BOOOMMM!!!].



-- De los primeros en palmarla, y bien palmada miren ustedes [en inglés, sin subtítulos, pero con música de John Williams, leñe].

jueves, 12 de noviembre de 2009

"Odessa" (1974).


-- "The Odessa File". Inglaterra / Alemania Occidental. Año 1974.
-- Dirección: Ronald Neame.
-- Actuación: Jon Voight, Maximilian Schell, Maria Schell, Mary Tamm, Derek Jacobi, Peter Jeffrey, Klaus Löwitsch, Kurt Meisel, Hannes Messemer, Garfield Morgan, Shmuel Rodensky, Ernst Schröder, Günter Strack, Noel Willman, Martin Brandt.
-- Guión: Kenneth Ross y George Markstein, basados en la novela de Frederick Forsyth.
-- Banda Sonora: Andrew Lloyd Weber.

-- "Odessa" en IMDb.
-- "Odessa" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Mientras un primigenio aparato dieselpunk llamado "radio" emite comunicados de un locutor anunciando que JFK, el Obama de los '60s, fue tiroteado en Dallas, en Berlín Occidental aparece un judío muerto. Suicidio, dicen. Hay un periodista que ronda por aquí y por allá, y pizpireto como los de su clase en las pelis (que los de verdá son unos patanes que se sientan a copy-and-paste lo que envían de Reuter o AP), y además freelance para darle la estampa reberrrde que todo prota de pro debe tener, se consigue un diario de vida del tipejo. El diario en cuestión detalla todos los sufrimientos que pasó la judería en un campo de concentración nazi en Riga, en la Segunda Guerra Mundial mundialosa del mundo. El demonio máximo del campo fue un tipo al que llamaban el Carnicero de Riga. Con voz llorona y plañidera, a la que le faltan los puros violines judíos, el escritor le habla al periodista desde la ultratumba, y lo impulsa a la búsqueda de la verdad y de la justicia. Que en este caso implica venganza, por supuesto, que o si no, no hay entretención. El problema es que el carnicero de Riga lleva tantitos años desaparecidos (18, para ser exactos, desde el final de la WWII), bajo toda una red de protección llamada Odessa, cuyos tenebrosos tentáculos le han permitido a las antiguas SS reconvertirse en ciudadanos de bien, forjando ytantitos pasaportes falsos para cambiarles la identidad. Pillarle la pista a Odessa será una maniobra muy peligrosa, porque los maníacos homicidas que una vez mataron judíos a discreción por placer, ahora no trepidarán en tratar de matar a cualquiera que trate de hurgar allí donde no debe. Y fácil la tienen, con media Alemania Occidental sobornada a partir del mítico oro de los nazis, dándoles soplo de hacia donde va nuestro prota o deja de ir. ¿Conseguirá nuestro reberrrde prota enfrentarse con éxito a la siniestra hidra postnazi...?

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Mientras que el público de los 2000s debe conformarse con renacuajos literarios (TM) como Dan Brown, los '70s tenían a ese estupendo bestsellerista que fue Frederick Forsythe. Si no han tenido ocasión de leer sus novelas, quizás les suene por sendas adaptaciones fílmicas de las mismas: "El día del chacal", "El cuarto protocolo", "Los perros de la guerra"... Las herramientas de Forsythe son las de un escritor de best seller de raza: documentación exhaustiva, tramas percutantes y muy bien resueltas, la promesa de revelarte cositas sobre el mundo que antes no sabías, y una prosa que se lee endemoniadamente rápido. Como Dan Brown, pero en bueno. Pasado un añito desde que se adaptara la notable "Chacal" en la igualmente notable "El día del chacal" de Fred Zinnemann, se lanzaron al proyecto de adaptar "Odessa" en esta peli. Pero los resultados son un poco más... ¿cómo decirlo? No tan ajustadillos, esta vez. En fin, no se puede ganar siempre.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Es un thriller setentero al uso, y aunque no se puede decir que esté sobre el promedio, como el promedio de esos thrillers setenteros era bueno, pues bien. Si bien de trayectoria un tanto irregular y sin un verdadero sello artístico personal, debe reconocérsele a Ronald Neame ser un director de al menos buena artesanía ("El hombre que nunca existió", "Ladrona por amor", "La aventura del Poseidón", "Meteoro"), optando generalmente por la solución más sencilla para narrar historias y dejando que éstas se cuenten solas, en vez de dárselas de arti-ta, y fiel al principio de menos es más, lo logra. Las peripecias del protagonista, digámoslo desde ya, son un tanto aburridoras, porque ni lo que encuentra es de lejos tan interesante (quizás el tema de las redes de protección era más impactante en los '70s, pero haya perdido un poco su perfil actualmente), ni tampoco los desvelos que se pega para intentarlo son tantos (que aparte de un atentadillo por aquí o por allá, no se suda la vida y el espinazo a cada minuto, precisamente). Ignoro si la novela será igual, pero la peli a ratos parece una partida de rol para un solo jugador, arreglado todo un poco a la vizcaína y listo. Pero, seamos justos, hay en esto una cuestión de expectativas de por medio: por ser un thriller setentero, uno espera mucho más que de los thrillers actuales. Al lado de cosas como "El centinela", "Justo en la mira" o "Tirador", esto es definitivamente arte. O artesanía, pero artesanía comparativamente fina.

-- La peli trata su tema con su poco de miga. Al principio, cuando vemos al periodista leyendo el diario y convirtiéndose de la noche a la mañana de un Han Solo irónico a un iluminado vengador de la judería occidental, porque sí, porque los pobrecitos eran judíos y ponen la pasta para las pelis, la cosa pareciera no ser más que otra de quejicas judíos llorando porque todo el mundo los apalea (y nada que dicen algo cuando son ellos los que apalean palestinos, nótese). Pero afortunadamente no se queda en eso. La escena en que el periodista consigue infiltrarse en el interior de un mitín de Odessa, escuchando los discursos neonazis de gente que no ha aprendido nada y no ha olvidado nada, es para que se te pongan los pelos de punta. Vale, en reuniones así ya no quedan veteranos de la Segunda que te den la china con aquello de "cuando yo estaba en Stalingrado"... Pero hay numerosos países en los cuales podemos intuir que las cosas siguen más o menos similar (no nos reconocen que salvamos a la Patria, ellos nos desprecian pero algún día nos necesitarán y nos llamarán de vuelta... y esta peli fue al año siguiente de cierto otro pequeño hitlercito que se metió a salvador de la Patria acá en Chile, en el mismo año que el Hitler portugués se vino abajo, y faltando uno para que el Hitler ibérico terminara convertido en jamón serrano). El final es un tanto ambiguo, y le da complejidad a la trama. Por un lado puede verse como una solución de opereta, una manera barata de darle una vuelta de tuerca final a la trama, pero a un nivel más profundo, muestra que el asuntillo ése no fue simplemente "judíos buenos vs. nazis malos", sino que todo estuvo mucho más turbio y entremezclado en aquellos años. Después de todo, SPOILER DEL FINAL AQUÍ, SI NO QUIEREN ENTERARSE DE CÓMO TERMINA ENTONCES SALTENSE EL RESTO DE ESTE PÁRRAFO Y SIGAN CON EL SIGUIENTE, el prota al final no buscaba justicia por vengar a los judíos, sino por vengarse él mismo del asesino de su padre, y por lo tanto, al final toda la pugna se reduce a "los buenos germanos versus los malos germanos". Una conclusión desoladora, ya que en el fondo la peli sugiere que el drama y sufrimiento de los judíos ha sido en realidad utilizado por héroes y villanos para sus propios fines, que nada tienen que ver con el bienestar de los judíos, y con el de nadie más que no sean las pelusas de su ombligo. ¿Se puede acaso más mala leche...?

-- En la parte ejecutiva del asunto, estamos bien. Jon Voight como prota, como que no termina de convencer o dar el tipo, aunque debemos admitir que el hombre, agradable lo que se dice agradable, él nunca lo ha sido, talento actoral aparte. Maximilian Schell por su parte, como villano de la función, está encomiable, en un rol pequeñito, pero cumplidor, justamente por interpretar no a un villano rumiando sus rencores, sino a un tipejo que en el fondo está asustado, muy asustado. Y a nadie le hace mal ver la estupenda anatomía de Mary Tamm como compañera del héroe, ehm. El cuarteto viene completo por Derek Jacobi como un falsificador que también está estupendo en un rol que parecía con mucha menor enjundia. Olvidable la banda sonora de Andrew Lloyd Weber (¡sí, joer, el tipo de los musicales "Jesucristo Superestrella" y "El Fantasma de la Opera"!)... y con eso estaríamos. O sea, sumando y restando, una peli discreta, pero ¡hey!, esto le da mil patadas a "El hombre de la pistola de oro", la entrega del superespía James Bond de ese mismo año, para mayor ignominia de la saga por aquellos tiempos rogermoorescos.

IDEAL PARA: Ver un thriller corrientillo de la época en que "thriller corrientillo" significaba que o era buena o no era.

VIDEOS.

-- Secuencia de créditos de la peli [en inglés, sin subtítulos].

viernes, 13 de febrero de 2009

"La conversación" (1974).


-- "The Conversation". Estados Unidos. Año 1974.
-- Dirección: Francis Ford Coppola.
-- Actuación: Gene Hackman, John Cazale, Allen Garfield, Frederic Forrest, Cindy Williams, Michael Higgins, Elizabeth MacRae, Teri Garr, Harrison Ford, Mark Wheeler, Robert Shields, Phoebe Alexander.
-- Guión: Francis Ford Coppola.
-- Banda Sonora: David Shire.

-- "La conversación" en IMDb.
-- "La conversación" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Es un día normal en el patilludo mundo de los '70s. La gente va, viene, camina, disfruta... Y el sonido chicharrea. Claro, sabemos todo esto por una punta de micrófonos direccionales. El blanco: una pareja que anda circulando por ahí. ¿Para qué espiarlos? Qué importa, lo que importa es que pagan, y bien. De manera que obtienen tres cintas que, emitidas todas ellas en conjunto para compensar entre sí las falencias de unas y de otras (lo que tiene grabar a capella, que el audio anda por ahí con las grabadoras celulares de un concierto de Madonna), permiten armar el cuadro completo de lo que ocurre. ¿Quién es nuestro buen espía? Es el gran Gene Hackman, bueno, interpretando a un pobre diablo llamado Harry Caul, exitoso en su profesión y discreto para no ser pillado en la misma, pero que a consecuencias de lo mismo, pues bien, vida personal equals zero (bueno, tiene guantera donde echar el micrófono, pero hasta el mejor cuero de guantera se resiente, si me entienden lo que quiero decir...). Por cierto, no sé si mencioné que es católico, pero católico un poco a la manera de Daredevil, que me siento mal de hostiar gente, sí señoh, pero lo hago igual (o no hay peli, no en último lugar). Desgraciadamente, a la hora de la entrega, en la empresa no lo recibe su jefazo, que era el contratante, sino un perico dizquejecutivo que yo soy muy chulo y pásame la cinta muerto de hambre y yo se la llevo al jefe (Harrison Ford hecho un crío). Gene Hackman huele algo raro y no la pasa. Y al bajar por las escaleras, descubre (sin que ellos lo descubran, claro) a los espiados, que oh-sorpresa, trabajan en la misma compañía que el encargante. Mmmmmm, muuuuuu turbio todo. De manera que nuestro héroe rompe su regla de no mirar nunca dentro del paquete, cual Transportador cualquiera, y descubre una línea de diálogo de la cual infiere que si entrega la cinta, sus espiados podrían terminar fertilizando el fondo del mar con zapatos de cemento o alguna otra suerte semejante, de modo que se resuelve a no entregarla. Pobrecillo. Aún no aprende que con la gente de arriba no se juega. Ahora las cosas irán poniéndose cada vez más interesantes. Y el problema supremo es que ahora el espía es espiado, cosas que parecen inocentes podrían no serlo tanto, y al revés, cosas potencialmente complicadas podrían ser puras casualidades...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Los '70s, qué época oscura para el cine. Cualquier cineasta de pro, para destacarse, debía rodar pelis serias, adultas, comprometidas, etcétera. Incluso hasta pelis no demasiado sesudas, como "Harry el Sucio", tenían su dosis de oscuridad y rudeza, por no hablar de cosas como "El Padrino", "Serpico", "Tarde de perros", "Límite de seguridad", "Cabaret", "Jesucristo Superestrella", y un largo etcétera de géneros y estilos distintos. Y es que Hollywood había tenido que contener la formidable arremetida del cine europeo (que había entrado en los últimos '50s y los plenos '60s un poco por el tema de que las chicas europeas se desnudaban, pero pasaban más o menos la censura porque eran desnudoh atí-ti-coh) poniéndose serio a su vez, con un cine más comprometido. América lo necesitaba. Después de todo, el país estaba naufragando en medio de esa resaca posthippienta marcada por el FlowerPower, el SexPower, el NiggaPowah y todas esas cosas. Y como música de fondo estaba la Satánica República de Nixon, caída en 1973 gracias al asuntillo ése de Watergate. Eran buenos tiempos para ser cineasta comprometido y criticar a cuanta cosa de la sociedad se pusiera por delante, y por qué no, para pasar como progre siendo un poquitín reaccionario y criticando la llegada de la modernidad. Una de esas cosas, era el tema del espionaje, la invasión de la privacidad, etcétera. Se nota que en esos años no pensaban no sólo en que iba a existir Facebook, sino además que la gente se pelearía por ver quién demonios sube más fotos de uno mismo vomitando borrachos en una fiestoca del tres al cuatro. Y de esta manera Francis Ford Coppola, quién venía de rodar "El Padrino" (de hecho, quería hacer esta peli antes que "El Padrino", pero nadie le dijo que sí hasta que el asuntillo ése de los mafiosos resultó un éxito de taquilla y crítica y los estudios entonces le dijeron que sí a todo, y sin vaselina si por evitar alergias se trataba), rodó "La conversación".

¿POR QUÉ VERLA?

-- Partamos por las malas noticias. Es una peli comprometida. Esto no es malo a priori, claro está. Tienen que haber pelis que sean banales e insubstanciales para dejar descansar el cerebro, y también tienen que haber pelis con ideas, e incluso ideologías, que hagan remecer un poco las conciencias, no necesariamente para estar de acuerdo, pero sí para pensar un poquito al menos. Pero ese compromiso no debería llevar a forzar la historia hasta tornarla un panfleto. Y eso es lo que a ratos ocurre en esta peli. Está bien contada, está bien llevada, pero en algunos minutos hay cosas que están puestas ahí sólo para que la peli avance y tenga algún sentido. El error más garrafal, por supuesto, es pintar toda la peli a Harry Caul como un tipo obsesivo, paranoico, desconfiado y reservado, y así, a santo de nada, a mitad de peli, hacer que éste sea anfitrión dando acceso a su casa, de un grupete de colegas que también son espías igual que él... ¿Qué sentido puede tener eso? Eso, por no hablar de que convenientemente para la trama, y también un poco a santo de nada, Harry Caul sufre una crisis de conciencia y decide hacer lo que el inteligente de "Ronin" no hace y el tarado de "El transportador" sí: echar un vistazo a la mercancía. Y para tapar esto, nada mejor que un trauma del pasado (y si estaba tan traumado, ¿por qué no se retiró del negocio, en primer lugar...? Dinero para empezar de nuevo, se da a entender que tenía). Bueno, todo esto es para probarnos que Harry Caul es un tipo sucio-pero-bueno, enfrentado a una sociedad de tipos sucios-pero-malos, y demostrarnos así la deshumanización de la sociedad y todas esas cosas. Así puedes terminar de ver la peli y, si eres un intelectualoide de pro, decir "en realidad soy un poco como Harry Caul, pecador pero idealista", y te puedes sentir mejor contigo mismo viviendo de manera vicaria las pendejadas por las que pasa Harry Caul por eso de pasarse de trabajólico. En fin, todo esto es para decir que la peli es buena, sí, pero no me cuela como el clásico que los críticos de toda la vida han considerado (ganó la Palma de Oro en Cannes en 1974, por más señas).

-- Gene Hackman. Hackman declaró alguna vez que era su peli favorita entre todas las que hizo, y considerando que en su repertorio no sólo hay joyitas como "La aventura del Poseidón", "Contacto en Francia" o su lexluthoresca aparición en "Superman" y secuelas (¡incluso mencionemos su estupendo y más reciente rol en "Marea roja"!), sino también cosas como "Tribunal en fuga", "Enemigo público" o (¡¡¡AAAAAAJJJJJJ!!!) "Detrás de las líneas enemigas", le creemos. Si esta peli vale la pena de ser vista y revista, es para gozarse como chino con la perfomance de Gene Hackman, que construye un personaje odioso y repelente con gran humanidad, y lo hace profundamente simpático más allá de que, bien en el fondo, a nadie le gustaría tener que trabajar con ese malparido que no sabe divertirse. Toda la secuencia en el motel es de antología y funciona muy buen justamente por el fino trabajo de Hackman. Sí, Gene, tienes razón, es uno de tus mejores trabajos.

-- Los actores secundarios están grandes. El siempre on-the-top John Cazale, quien ya había trabajado con Francis Ford Coppola en "El Padrino" (es el hermanito medio mongoloide de Michael Corleone) y repetiría ese mismo año con "El Padrino II", compone un estupendo rol como el tipo siempre puteado por su jefe Hackman. Cindy Williams aparece lo justo y preciso como la chica espiada, una presencia siempre colateral e inquietante. Harrison Ford, quien se había hecho notar en "American Graffiti" para papi George Lucas (antes de que éste mismo lo reclutara para la por entonces aún por venir "La guerra de las galaxias"), demuestra aquí que todavía tenía que ganarse el pan nuestro de cada día y se saca los zapatos actuando como probablemente nunca después (bueno, Harrison Ford es un gran actor, sí, pero aquí está aún más superlativo).

-- Hay algunos detalles muy interesantes de esta peli, que le dan una textura muy peculiar. Está la arquitectura, por supuesto, muy '70s, muy kubrickiana, fría y deshumanizada (el taller del prota es un piso, y el de la chica que limpia cañerías con él es un cuartucho indecente, por ejemplo, por no hablar de la fachada de la empresa, o de la habitación del motel, epítomes de la frialdad lecorbusieriana), y probablemente no por casualidad, el único espacio geográfico más cálido en la peli es la secuencia del inicio, en que se graba la dichosa conversación de marras, y que es una plaza pública con gente alegre y bandas de música y etcétera (aunque también hay maña para mostrar un mendigo medio muriéndose y durmiendo en una banqueta). A lo largo de la peli, el prota escucha, o bien recuerda, una y mil veces, la conversación en comento, transformándose en una omnipresencia, casi opresiva, y el intercalar una y otra vez, hasta el cansancio, esa conversación, y algunos flashbacks, marca un agudo contraste con la realidad fría e impersonal del prota.

-- Esta peli resulta también curioso como testimonio arqueológico. Aunque no se crea, había una época en que se valoraba la vida privada, y el espionaje a la misma era considerado casi un pecado capital. La idea de que grandes empresas tomaran bases de datos y las trabajaran para determinar perfiles de consumo (consumo de electrodomésticos o de candidatos presidenciales, tanto más da, el producto es lo de menos y el dinero de la venta lo es todo), probablemente los hubiera horrorizado, pero hoy en día nadie se escandaliza. Antes, obtener información de la gente significaba liarse un credo mundo para obtener migajas de datos, mientras que hoy en día basta con guglear a alguien, o arreglárselas para soltar noticias desde el Facebook, y voilà!, the world is yours. Bueno, en esa época la información era escasa y todavía valía algo. Hoy en día, si no eres un insider con acceso a información privilegiada sobre auge o mamporrazo de valores bursátiles, tu información vale bien poco. Sí, definitivamente esta peli con su afán antiespionaje y contra la cultura Watergate, es casi romántica. Lástima que ahora el romanticismo se venda embotellado y al compra tres y paga dos...

IDEAL PARA: Ver una peli quizás no tan grande como la crítica la considera, pero al menos buena, sobre el fin de la privacidad de las personas.

OTRAS PÁGINAS SOBRE "LA CONVERSACIÓN":

-- (Ir a la página) Comentario en Alicia Y Los Espejos.
-- (Ir a la página) Comentario en El Otro Mensual.
-- (Ir a la página) Comentario en Cine.com.
-- (Ir a la página) Comentario en Quesito Rosa.
-- (Ir a la página) Comentario en Cine Más Pop.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].



-- Gene Hackman y Harrison Ford en una escena de la peli [en inglés, sin subtítulos].

jueves, 5 de febrero de 2009

"Locuras en el Oeste" (1974).


-- "Blazing Saddles" (título original en inglés), "Sillas de montar calientes" (título en España). Estados Unidos. Año 1974.
-- Dirección: Mel Brooks.
-- Actuación: Cleavon Little, Gene Wilder, Slim Pickens, Harvey Korman, Madeline Kahn, Mel Brooks, Burton Gilliam, Alex Karras, David Huddleston, Liam Dunn, John Hillerman, George Furth, Jack Starrett, Carol Arthur, Richard Collier, Charles McGregor, Robyn Hilton, Don Megowan, Dom DeLuise.
-- Guión: Mel Brooks, Norman Steinberg, Andrew Bergman, Richard Pryor y Alan Urger, basados en una historia de Andrew Bergman.
-- Banda Sonora: John Morris.

-- "Locuras en el Oeste" en IMDb.
-- "Locuras en el Oeste" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Un grupete de niggas están cavando para construir un caminito. De pronto, avisan que hay arenas movedizas (por si no están prevenidos, es una comedia, así es que no le pidan realismo extremo, como por ejemplo criticar que en el desierto no suelen haber muchas arenas movedizas). Envían a una patrulla de negros, y encuentran las dichosas arenas movedizas. El incidente termina en que el negro las emprende con el capataz, y acaba listo para carne de horca. Por otra parte, las dichosas arenas movedizas obligan a desviar la línea a través de un poblado. Un terrateniente descubre que si compra barato y vende caro el poblado, se forrará en los verdes, así es que influye sobre el putifungo y regordete gobernador para que envíe al especimen más inepto que se pueda a ese poblado. El elegido termina siendo el simpático negrito que iba para carne de horca. Nada más llegar al poblado, se producen los problemas, porque los colonos serán muy yanketas de pro, pero escoria nigga, eso sí que no. Para colmo, el buen terrateniente está cada vez más obsesionado con apoderarse del dichoso pueblito, y recurrirá a todas las estrategias posibles para cargarse al nuevo sheriff negro. El duelo por la conquista del Lejano Oeste ha comenzado, y no hay cinta de 35mms capaz de contener tanta emoción, tanta fuerza, tantas risas. Y lo digo en serio. No hay 35mms que pueda.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Primero, Estados Unidos era un conjunto de ingleses de la baja que se independizaron, y en vez de fertilizar sus mentes con cultura, decidieron fertilizar el territorio desde Ohio hasta California con los cuerpos de los indígenas que pillaran por el camino. Luego, convirtieron esa delicada Solución Final en leyenda, al crear el cine de vaqueros, el Western de toda la vida. Y después, cuando el público empezaba a aburrirse del Western, llegó... ¡Mel Brooks! Porque en los '70s, el Western ya no es lo que era, y los camisalimpias como Roy Rogers o John Wayne ya no tenían lugar frente a los sucios y descamisados pistoleros sin nombre que venían allende los mares, y cabalgaban por Andalucía o los Abruzzos como por la Baja California. A la desmitificación que significó el Spaghetti Western, incluyendo la mítica tríada de Clint Eastwood ("El bueno, el malo y el feo", "Por un puñado de dólares", "Por unos dólares más"), y a la secuela de westerns hollywoodenses consonantemente un poco más sucios y "realistas" (sin pasarse, que es Hollywood, a fin de cuentas), vino la parodia más desmadrada. Y quien se encargó de ello es nuestro buen Mel Brooks, que ya filmaba parodias postmodernistas en los '70s, bastante antes de que los ZAZ irrumpieran con su "¿Y dónde está el piloto?" a darle la vuelta al venerable género de la Spoof Movie (y por cierto, mucho antes que cosas como "No es otra tonta película americana" o "Epic Movie"...). Sacarla adelante fue un parto, porque los Estudios Warner pusieron una tonelada de condiciones, a cuál más pituitaria que la otra (en ese tiempo, Mel Brooks había rodado sólo un largometraje, "Los productores", y por su desmadrada visión del Hitlerismo, había sido un limitadísimo éxito de taquilla). Pero salió adelante. Para bien suyo claro, pero también para el nuestro, ya que ganamos una gran joya de la comedia cinematográfica de todos los tiempos.

¿POR QUÉ VERLA?

-- ¿"Una película de miedo"? ¿"No es otra tonta comedia adolescente"? ¿"Austin Powers: El espía seductor"? ¡¡¡PUAFFF!!! Por favor, no me hagan respingarme. Mel Brooks los patea a todos. ¿Saben por qué? Porque Mel tiene algo que ni los Wayans, ni Mike Myers posee: un cerebro en pleno uso. Mel Brooks es literalmente el hombre que inició la postmodernidad en el cine, tomándoselo todo en solfa, pero haciéndolo con estilo, humor y elegancia. No es demasiado popular quizás por eso, porque es más fácil entendérselas con un producto de los ZAZ ("¿Y dónde está el piloto?", "¿Y dónde está el policía?") que con las pelis de Mel Brooks (y eso que las de los ZAZ son buenas, y ya no vemos cómo andan las cosas en lo de las parodias recientes).

-- La peli parte de manera un tanto irregular, y en los primeros minutos cuesta encontrarle la gracia, en particular con algunos chistes hoy en día un tanto sobados (eso del gobernador con una chica pudo tener gracia alguna vez, pero después de ver al Alcalde Diamante de "Los Simpsons"... Por cierto, ¿qué habrá sido de Robyn Hilton después...?). Y desgraciadamente, el humor de alusiones se pierde un tanto hoy en día (¿habrá en estos tiempos quién se acuerde quién diablos fue Hedy Lamarr, aparte de un nostálgico como quién esto escribe...?). Pero después, cuando entra en vereda con gags geniales como la recepción del pueblo al nuevo sheriff, el asunto se compone, y empezamos a entender por qué la crítica suele considerarla como una de las mejores comedias de todos los tiempos. Y ya no hablemos de su desopilante final, que hoy en día está más que un tanto visto, pero que Mel el Grande no sólo lo hizo primero, sino que además lo hizo mejor. No se queden con las imitaciones y plagios descarados, rebusquen el original.

-- Por una vez en la vida, no diremos demasiado del elenco. Simplemente están grandes. Cleavon Little es un inmejorable comisario negro (¡e iban a traer al impresentable de Richard Pryor para el rol!). Gene Wilder está grandioso como el Waco Kid, además de decir como nadie eso de "he matado a más gente que Cecil B. DeMille"... Harvey Korman como Hedy... (¡es Hedley!) perdón, Hedley Lamarr, está también chiribantástico ("¡Odio ese cliché!"). Mel Brooks hace cameos, como es su costumbre, esta vez son dos, y está adorable como siempre. Y la guinda de la torta: Alex Karras como... ¡¡¡MOOOOOONGOOOOOO!!! Sobre el papel, el personaje es lo más idiota que cabe, pero por alguna extraña alquimia, en el celuloide funciona de lo más bien, y terminas queriendo al pobre desgraciao, qué joer...

-- Iba a adelantar algunos chistes, pero en realidad se me han colado subrepticiamente en el transcurso de la reseña. Y no quiero, simplemente me niego, me rehuso, a adelantar algo más. Esta es de esas pelis que se goza descubriéndola por sí sola. Incluso sin conocer las convenciones propias del Western más clásico, sigue teniendo garra. Eso es la diferencia entre una peli divertida y un clásico.

IDEAL PARA: Volver a los tiempos en que todavía importaba hacer una parodia que te hiciera reir.

VIDEOS.

-- ¡Sorpresa, el nuevo Sheriff es un negro! [en inglés, sin subtítulos].

domingo, 12 de noviembre de 2006

"El hombre de la pistola de oro" (1974).


-- "The Man with the Golden Gun". Estados Unidos / Inglaterra. Año 1974.
-- Dirección: Guy Hamilton.
-- Actuación: Roger Moore, Christopher Lee, Britt Ekland, Maud Adams, Hervé Villechaize, Clifton James, Richard Loo, Soon-Tek Oh, Marc Lawrence, Bernard Lee, Lois Maxwell, Marne Maitland, Desmond Llewelyn.
-- Guión: Richard Maibaum y Tom Mankiewicz, basados en la novela de Ian Fleming.
-- Banda Sonora: John Barry.

-- "El hombre de la pistola de oro" en IMDb.
-- "El hombre de la pistola de oro" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Una bala de oro llega hasta el despacho de James Bond. Es un abierto desafío: se sabe que esta clase de regalitos son enviados por Francisco Scaramanga, un despiadado asesino que, como corresponde a la tradición, es lo suficientemente escurridizo como para que no haya mucha información sobre él en el Servicio Secreto Británico... y que son enviados por Scarie a quienes van a ser sus próximas víctimas. Por la fecha, Bond tiene las manos llenas persiguiendo noticias sobre el paradero de un importante científico que parece haber desarrollado un gran invento que haría rentable la energía solar, y abriría las llaves del desarrollo tecnológico para la Humanidad del futuro. Ambas investigaciones terminan por cruzarse, por supuesto. En el asunto está enredada, y bien enredada, una tal Andrea, que es la amante de Scaramanga. Más o menos aclaradas las cosas, Scaramanga decide hacer algo que ennoblece a su personaje, a la vez que lo hace tan estúpido como otros villanos de menor cuantía en películas también de menor calaña: en vezz de exterminar a Bond de una buena vez, arregla las cosas para montar un verdadero juego mortal, en el cual el premio mayor será el secreto de la energía barata... y la vida. Scaramanga considera a Bond como su igual, y por tanto, le ofrecerá un desafío único: las seis balas de la PPK de Bond, contra una sola bala del revólver de oro de Scaramanga. Cuando Bond protesta porque la ventaja a su favor es algo injusta, Scaramanga replica: "sólo necesito una...".

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Los '70s estaban corriendo, y la renovación de Bond estaba ya completa: Roger Moore era el nuevo Bond, y la gran épica estilo "Operación Trueno" o "Sólo se vive dos veces" era historia, cediendo paso a tramas más centradas en el aquí y en el ahora, como el narcotráfico ("Vive y deja morir") o la crisis energética, tema entonces fresco por la Guerra de Yom Kippur de 1973, y el chantaje de la OPEP al mundo occidental de subir los precios del barril de petróleo. También estaban de moda el Oriente, con el cine de artes marciales a lo Bruce Lee ("Operación Dragón" era del año anterior), y el viajecito de Sylvia Kristel a Bangkok (aaaaaah, "Emmanuelle"...), en un preludio del ahora floreciente negocio del comercio sexual. Por otra parte, la relación profesional entre los productores Albert Broccoli y Harry Saltzman estaba deteriorándose, y ésta sería la última peli Bond que ambos producirían en conjunto (Broccoli seguiría en solitario). Todo esto hizo de "El hombre de la pistola de oro" una película sumamente problemática. El resultado en taquilla fue pobre, y parecía ahora sí que la saga Bond había tocado fin.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Francisco Scaramanga. Esta es una de esas películas en donde el villano lo absorbe todo, como un charco de agua bajo una esponja de baño. La trama es espúrea y la famosa máquina para producir energía solar a bajo precio es sólo un pretexto para la pelea entre el héroe y el villano, pero... existe una muy buena razón para que se llame con el nombre del malo. Viene interpretado por Christopher Lee, que parece por fin en la saga Bond después de haber rechazado el rol de Julius No en "El satánico Doctor No". Su idea de tener sexo con su mujercita es pasar por encima de su cuerpo en ropa interior su pistola de oro (fálico, ¿verdad?). Eso, además de tener refugio en una isla de Tailandia, con un enano como camarero (fíjense bien, este enano es el que después sería el famoso Tatoo de "La isla de la fantasía"). La idea es que Bond encuentra por fin a alguien que es su igual, pero en este caso no es así: el villano se come con zapatos al héroe. Y es que entre la clase de Roger Moore, y el carisma avasallador de Christopher Lee, pues bien, ya sabemos quién gana y quién no... (¿A cuántas pelis han invitado a Moore después de ser Bond, y a cuántas a Lee después de ser Drácula, Scaramanga, Saruman, el Conde Dooku...?).

IDEAL PARA: Admirar a Christopher Lee en gloria y majestad.

domingo, 2 de julio de 2006

"El Padrino II" (1974).


-- "The Godfather, Part II". Estados Unidos. Año 1974.
-- Dirección: Francis Ford Coppola.
-- Actuación: Al Pacino, Robert Duvall, Diane Keaton, Robert de Niro, John Cazale, Talia Shire, Lee Strasberg.
-- Guión: Francis Ford Coppola y Mario Puzo, sobre la novela de este último.
-- Banda Sonora: Nino Rota.

-- "El Padrino II" en IMDb.
-- "El Padrino II" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Sicilia, 1901. Algunas muertes en Sicilia hacen aconsejable que el retoñín de la familia, Vito, desaparezca en América. Por provenir del poblacho de Corleone, en la aduana le ponen dicho apellido. Este Vito Corleone es, por supuesto, el patriarca de la familia que vimos en "El Padrino", la primera, la que lo originó todo. Vito Corleone sobrevive malamente en Nueva York, entre los inmigrantes italianos, hasta que enfrenta a un abusivo de poca monta y se gana el respeto de su comunidad, cimentando el imperio que veremos después, en la primera película de la serie, y en...
...1958. Han pasado los años. Michael Corleone es ahora el indiscutible dueño del clan. Nueva York es sólo un recuerdo. Ahora la apuesta es invertir en Las Vegas y en Cuba, sorteando en el camino el escollo de una investigación senatorial sobre sus actividades, ejem, poco santas. Pero ha pagado un alto precio por su posición: ya no tiene aliados ni amigos, su vida familiar se descompone progresivamente, y la desconfianza comienza a extenderse incluso entre su propia sangre. En medio de la tragedia se cimenta el dominio de hierro de Michael Corleone, cada vez más poderoso, cada vez más inflexible, cada vez más sanguinario... cada vez más solo y aislado del mundo que lo rodea.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

De la novela original de Mario Puzo, pese a sus módicas 500 páginas ("Lo que el viento se llevó" y "El Conde de Montecristo" tienen el doble), quedó una enorme cantidad de material fuera, concretamente todo lo relativo al origen y ascenso de Vito Corleone. Para quienes vieron la primera de "El Padrino", esa película relata sólo una de las historias de la novela. La otra parte cayó acá. El negocio era redondo. La película había recaudado mucho dinero, había ganado varios Oscares, y por cierto, el elenco original estaba aún disponible, y apareció en masa para la secuela, con la visible excepción de Richard Castellano, que en la primera parte había interpretado a Clemenza, personaje que en la segunda fue retirado por un estratégico ataque cardíaco (lo de siempre: cobró demasiado), y reemplazado por otro personaje incluido aposta para cubrir la parte de historia que le tocaba.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Es considerada la mejor secuela en la historia del cine. Posiblemente sea cierto. Es mucho más densa que la primera parte, y complementa y explica muchas cosas, además de tocar un tópico distinto. La primera era sobre el honor, la lealtad, etcétera. La segunda es, derechamente, sobre el poder. El poder que Vito Corleone utiliza para crear un imperio "del bien", el poder que Michael Corleone usa para crear un imperio "del mal". Dos de los personajes de la segunda parte dan en la diana, cuando comparan a la familia Corleone con el Imperio Romano. Pocas películas han retratado tan bien como ésta el proceso de aislamiento de los poderosos, y la creciente descomposición moral, o la "hybris", por usar un poco de pendantería griega ("el poder absoluto corrompe absolutamente", decía brillantemente Lord Acton). Es tan férrea la espiral de sucesos que llevan desde los orígenes, desde Vito Corleone, hasta el apogeo imperial de Michael Corleone, que la historia en masa cobra un carácter trágico que muy pocas películas en Hollywood han conseguido igualar.

-- Al Pacino ha entregado muy buenos papeles después de interpretar a Michael Corleone, pero digámoslo con todas sus letras, éste fue su rol cumbre, lejano como las estrellas como meta a alcanzar. Si hubiera hecho sólo esta película y se hubiera muerto, aún así seguiría siendo uno de los mejores actores de todos los tiempos.

-- Robert de Niro era actor con currículum antes de este filme, pero con "El Padrino II" llegó a las grandes ligas. Incluso obtuvo un Premio Oscar, compartiendo con Marlon Brando el récord hasta el momento único de haber ganado con él una de esas estatuillas impúdicas sin ropa por haber interpretado el mismo papel (el de Vito Corleone). Y con justicia. Después de ver a Robert de Niro como Vito Corleone, uno puede buenamente preguntarse si el resto de la carrera de de Niro es en realidad una caricatura, o por decirlo más cruelmente, una autoparodia de sí mismo...

-- Escenas desgarradoras: el atentado contra Michael Corleone que abre la película, la patética noche de Año Nuevo en la Cuba de Batista, la llegada de Vito Corleone a América con la Estatua de la Libertad de fondo, el enfrentamiento de Vito Corleone contra el matón de barrio, el filosófico diálogo final en la prisión, y por último, después de todo lo anterior, la escalofriante escena final de Michael Corleone... solo.

-- Nino Rota. Le puso esa melancólica tonadita a "El Padrino", y aquí repite plato, con una banda sonora más pulida si es que cabe. Como en la primera, la música cumple una función mafiosa, de poder en las sombras, manipulando la película a diestra y siniestra sin mostrar nunca demasiado su propia mano. Adecuado, sin duda.

IDEAL PARA: Ver una historia grande y épica como la vida. O probablemente más.

Seguidores