Películas de estreno, películas antiguas, películas clásicas, películas bodriosas, películas de todo tipo, comentadas por el arte inefable del General Gato.
11 años de Cine 9009 en línea.
El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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domingo, 1 de julio de 2012
"Sabrina" (1954).
-- "Sabrina". Estados Unidos. Año 1954.
-- Dirección: Billy Wilder.
-- Actuación: Humphrey Bogart, Audrey Hepburn, William Holden, Walter Hampden, John Williams, Martha Hyer, Joan Vohs, Marcel Dalio, Marcel Hillaire, Nella Walker, Francis X. Bushman, Ellen Corby.
-- Guión: Billy Wilder, Samuel A. Taylor y Ernest Lehman, basados en la obra teatral del segundo.
-- Banda Sonora: Friedrich Hollaender.
-- "Sabrina" en IMDb.
-- "Sabrina" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Long Island, oséase, ese pedacito de Estados Unidos tan refinado y culto que ni siquiera parece Estados Unidos. En tales lares, existe una family muy jai y muy chic, de las que usan billetes de cien dólares como sonaderos si se les acaban los pañuelos de seda de trescientos dólares. En la familia hay dos hermanos, que como mandan la tradición y el lugar común, son como agua y aceite. Porque uno es vivales, bueno para las cosas simples de la vida (jugar polo, el trago, las mujeres... en particular las mujeres... y es el que cae simpático), y el otro un cariacontecido que vive del trabajo, por el trabajo y para el trabajo, que no se ha cimentado América sobre las espaldas de la aristocracia ociosa como los señoritos british, sino sobre el trabajo laborioso y emprendedor. Y en medio de todo eso está el chofer, por supuesto, que el vivales le gusta gozar de la vida al volante de un buen esto o aquello, mientras que el trabajólico es tan trabajólico que no tiene tiempo ni para ponerse él behind the wheel. Y el chofer tiene una hija. La famosa Sabrina del título. Que está estupendona, pero que es desaliñada y se la pasa escondida de los AMOS, por lo que éstos, gustadores de chicas "como uno", no van a fijarse en la pobrecilla. Pero resulta que Sabrina está destinada a viajar a París, a estudiar cocina. A Sabrina, maldita sea si le gusta el asunto, pero como está perdidamente enamorada del vivales, se toma eso como unas vacaciones, en particular después de que un conde esto o aquello le enseña a ser sofisticada y chic. Y como esto no es "Regreso a Eden", ella no regresa después a Long Island a vengarse, sino a vivir su nueva vida como chica sofisticada y elegante. Tanto, que el vivales ahora sí que la mira. Y el trabajólico también empieza a ponerle ojitos, aunque no quiere, porque un capitán está casado con su nave y un gerente con su empresa. ¿Con cuál de los dos se quedará nuestra hermosa patita fea devenida en glamorosa cisne...?
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Una estrella agoniza. Otra estrella nace. En esta peli se cruzaron por primera y única vez, dos grandes glorias del cine clásico de Hollywood: un por entonces otoñal Humphrey Bogart (que moriría tres años después, a los tempranos 58, víctima del tabaquismo) y una apenas salida del cascarón Audrey Hepburn. Bajo la dirección de Billy Wilder. El rodaje de la peli fue ciertamente accidentado. Por un lado, Humphrey Bogart (hombre conocido por su fuerte carácter) no se llevaba bien con William Holden (por otra parte, sus dos personajes tampoco, así es que eso les sale muy natural). Bogart quería a su esposa Lauren Bacall en el rol, y se mosqueó cuando supo que Audrey Hepburn (que venía de rodar "La princesa que quería vivir") iba a ser su coprota. El rol original de Bogart, por su parte, había sido pensado para Cary Grant, pero éste pasó porque se consideraba muy viejo para ser la pareja romántica de la Hepburn (interesantemente, Cary Grant había declinado también el protagónico de "La princesa que quería vivir"... puede leer los detalles cahuineros en "Cary Grant no quería trabajar con Audrey Hepburn", en su blog amigo Siglos Curiosos por supuesto). Tan desconocida era Audrey Hepburn, que cuando a Hubert de Givenchy le dijeron que le mandaban a una tal Miss Hepburn para que se hiciera unas pruebas de vestuario, ellos se prepararon para recibir a... KATHARINE Hepburn. En medio de todo ese volcán estaba Billy Wilder, director detallista y perfeccionista con el guión hasta lo maniático, y que se la pasaba permanentemente sobregirado de tiempo a la hora de llegar con los guiones listos al estudio, después de retocarlos y trabajarlos una y mil veces (una vez le pidió a la pobre Audrey Hepburn que se hiciera la enferma para darle un diíta de tiempo para terminar un guión). ¿Y quieren saber qué es lo más gracioso de todo? Que la peli, al final del día, no es sino otra cosa que un cuento de hadas, la enésima versión de la Cenicienta pobretona y sin causa que se enamora de un príncipe azul y etcétera. Probablemente no hacían falta tantos fierros para ese andamio, al final del día.
¿POR QUÉ VERLA?
-- La historia de la Cenicienta ha vendido desde los tiempos en que los primeros novelistapitecos caminaban sobre la faz de la Tierra, y seguirá haciéndolo. El 90% de la población es pobre, y va al cine para distraerse, y por lo tanto, para satisfacer a ese 90% de audiencias, se crean a paladas historias sobre chicas pobres que ascienden en la escala social gracias a un chico rico que se fija en ellas, generalmente previo proceso de enchulamiento previo. Los ejemplos van desde "La cenicienta" hasta "Sueño de amor", o peor aún, hasta las telenovelas María-esto o María-aquello que rodaba Thalía cuando era latina y estaba buena. "Sabrina" pertenece a este subgénero de Cinderella Movies, y no vale la pena buscarnos la quinta pata a los felinos. Advertido vas: si no te gustan las pelis de trepas sociales, ésta no es la tuya. ¿Por qué, entonces, siendo una peli tópica y predecible a decir basta, "Sabrina" es consistentemente considerada como un clásico del cine? Simplemente porque si la historia no es original, por lo menos está bien llevada, y todo el mundo acá se moja la camiseta. Billy Wilder, quien estaba en su mejor década y dirigiría algo después dos de las mejores pelis de Marilyn Monroe ("La comezón del séptimo año" y "Una Eva y dos Adanes"), pone toda su maquinaria fílmica al servicio de una historia contada de manera limpia y prístina, marca de fábrica de todo cineasta que se respete a sí mismo. A su cargo tenemos a una Audrey Hepburn quizás no tan encantadora como en otras pelis ("La princesa que quería vivir", "Desayuno con diamantes", "Charada", "Cómo robar un millón"), y es que el blanco y negro le sienta fatal, pero que se las arregla para hacer un personaje absolutamente único e inigualable (personaje que fue la desesperación y tropezón de la pobre Julia Ormond, cuando trató de ser la Hepburn 2.0 en la "Sabrina" del '95). A su lado brilla un Humphrey Bogart prematuramente envejecido (tenía 55 años, pero probablemente ya estuviera haciendo efectos el cáncer pulmonar que acabaría con él a la vuelta de tres años), pero que componiendo un rol muy alejado de sus habituales machos recios y duros ("El bosque petrificado", "El Halcón Maltés", "El sueño eterno", "El tesoro de la Sierra Madre", "El motín del Caine"), un rol enormemente triste e incluso patético, se las arregla para infundirle dignidad y bonhomía hasta darlo vuelta y convertirlo en un gran personaje. William Holden, por su parte, completa el trío protagónico. Sumémosle el ojo clínico de Billy Wilder para el detalle, para pintar la psicología de personajes con apenas cuatro o cinco parlamentos de diálogo, para crear escenas significativas con elementos sumamente banales (la escena en que le enseñan a Audrey Hepburn a romper un huevo... literalmente un huevo de gallina, no piensen mal... es de antología), y tenemos una peli contada con todo el mimo de la gente a quien le gusta maravillar a la audiencia.
IDEAL PARA: Ver la enésima versión de la Cenicienta, pero una versión buena.
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1954,
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jueves, 29 de diciembre de 2011
"El motín del Caine" (1954).

-- "The Caine Mutiny" (título original), "El motí del Caine" (título en catalán). Estados Unidos. Año 1954.
-- Dirección: Edward Dmytryk.
-- Actuación: Humphrey Bogart, José Ferrer, Van Johnson, Fred MacMurray, Robert Francis, May Wynn, Tom Tully, E.G. Marshall, Arthur Franz, Lee Marvin, Warner Anderson, Claude Akins, Katherine Warren, Jerry Paris, Steve Brodie.
-- Guión: Stanley Roberts, con diálogos adicionales de Michael Blankfort, basados en la novela de Herman Wouk.
-- Banda Sonora: Max Steiner.
-- "El motín del Caine" en IMDb.
-- "El motín del Caine" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
La Segunda Guerra Mundial mundialosa del mundo. Un chico muy pirulo y majo ha terminado sus estudios, y mami, una socialité que tira p'atrás, saluda a su niñito y su regalón y su esto o aquello. Esto, para indignación de una chica que anda de noviecita con el tipo, y el tipo jamás se la presenta a mami, no vaya a ser cosa que a la vieja le de soponcio, porque la chica es... ¡cabaretera! Ya ven que el complejo cabaretero-industrial no fue inventado por ID4. El caso es que el tipo es llamado a servir en un dragaminas llamado el Caine. Cuando llega, el buque se ve muuu macho molón, pero nada más abordar y ver no el lado que da a la costa, sino el que da a la mar, descubre que la tripulación son un montón de gañanes que tienen las páginas del reglamento para pasárselas por toda la largura y anchura del agujero mientras van al baño. Al principio, nuestro chico nuevo está mosqueado, pero le empieza a tomar el pulso a aquello que todas las pelis sobre servicio de esto o aquello nos han enseñado, que una cosa es la teoría que aprendes en la academia y otra muy distinta la realidad en que nada funciona como la teoría predice, porque si los tipos que enseñan la teoría realmente supieran del asunto, no estarían perdiendo el tiempo enseñando teoría sino que se estarían forrando con ella en primer lugar. Andando el tiempo, nuestro chico se acostumbra, e incluso se manda una escapadita con la chica, que como es cabaretera y no una señorita bien, pues no le hace ningún asco a esa clase de conducta que las damas decentes y recatadas de los '40s no se atrevían sino hasta después del matrimonio. Pero mientras tanto, las cosas van a cambiar. Porque el viejo chanquete que fungía de capitán, es sacado de circulación, y llega otro capitán que es muuu por el reglamento y todo. Esto le sienta muy mal a la tripulación, porque una cosa es que los marinos estén obligados a respetar un reglamento de disciplina para que las cosas funcionen bien, y otra cosa muy distinta es tener que obedecerlo de verdad. Si además le sumamos que el capitán resulta tomar algunas decisiones muy discutibles en pleno tiempo de guerra, las semillas para un motín están echadas. Pero, esto es sólo ficción, ¿verdad? Después de todo está basado en una novela, y un cartelito al comienzo de la peli nos ha informado que nunca ha habido un motín al interior de la U.S.Navy. Y todo esto es fantasía, ¿no? ¿Verdad...?
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Algunos desinformados piensan que el cine militarista de Hollywood partió con Jerry Bruckheimer y cosas como "Top Gun", conocida también como "esa de aviones que es un spot publicitario de reclutamiento de dos horas para homos enclosetados". Pero desde que el cine es cine, y en particular desde la Segunda Guerra Mundial, que el Ejército de los Estados Unidos aprendió lo importante que es sembrar una buena imagen. Financiar y asesorar pelis con milicos es un negocio redondo, porque por un lado se promueven las bondades de la vida militar para el frente interno, para que no escaseen las conscripciones, y por el otro se muestra in extenso todos los argumentos por los cuales Estados Unidos tiene el mejor derecho para intervenir militarmente allí donde le vibra el ojete del culo porque después de todos somos "loh buenoh", y el resto del mundo a callar, porque, ¿no viste la peli...? La cosa llega a veces hasta extremos ridículos, como que el Ejército de Estados Unidos estaba muy interesado en asesorar "El día de la independencia" (sintomáticamente, otra peli de milico-con-bataclana) porque allí los Joes le ponen el culo en compota a los malvados y faceless extraterrestres, pero cuando descubrieron que en el guión se hablaba del Area 51 dijeron que, ah-no, eso me lo sacan o se las van arreglando solitos. En los '50s, el cine bélico yanketa vivió una breve edad de oro gracias a los créditos de la Segunda Guerra Mundial, que como la ganaron ellos, pues a hacer pelis sobre el tema, que para eso es el cine, para que nos sintamos bien mirándonos el ombligo sobre lo chulos que fuimos. Aunque entre medio igual se infiltraron algunas cosas raras. Como ésta, por ejemplo. Que es una constante y absoluta glorificación del estilo de vida miliconaval, pero en el cual el "villano" es un capitán medio ido de la chaveta. Cosas veredes, y en Hollywood...
¿POR QUÉ VERLA?
-- No creo exagerado afirmar que ésta es una de las mejores pelis bélicas que se han rodado jamás. Resulta curioso como los culturetas de toda la vida que se quejan del "cine comercial" porque los yankis son los buenos, acá tienen que pasar en mutis y cerrar la estúpida bocota porque en esta peli la U.S. Navy es la Fuente Suprema De Todo Bien, y aún así la peli es buena. La Armada tenía sus reparos en darle el visto bueno al asesoramiento de esta peli, en primera por presentar a un capitán de barco medio majareta (¿y a esos tipos les confían el mando y la responsabilidad sobre decenas de hombres...?), y en segunda porque los buenos son los amotinados (¡socavan la autoridad! ¡horror! ¡a dónde iremos a parar! ¡qué vendrá después! ¿barbones con camisas afuera manifestándose con canciones folk contra la guerra en las calles de Washington?). Pero al final lo hicieron, y el resultado es cuando menos folclórico. Cada uno puede ver lo que quiera. Si quieres ver una peli en donde la Armada queda en ridículo por su excesiva adoración por el reglamento y la supresión de toda función cerebral relacionada con el conectar una neurona con la siguiente, entonces estás bien. Y si no te gusta, siempre te puedes quedar con ese gran final en que los amotinados, por mucho que estén en lo correcto y hayan salvado el día, se llevan un rapapolvos monumental porque al final la Armada siempre tiene la razón (aunque se equivoque).
-- ¿Hasta qué punto las reglas son las reglas? ¿Para qué sirven? ¿Qué pasa si se las desobedece? ¿Incluso en caso de un bien superior? Esta peli plantea todos esos problemas, y los resuelve de una manera en general superlativa. Veamos: la Armada tiene un estricto sistema de reglas para que los hombres puedan funcionar adecuadamente en cada una de las circunstancias que se pudieren presentar en la vida militar. La eficiencia en combate, sabido es esto, depende en buena medida de la rapidez: soldado que piensa es soldado que expone preciosos segundos de vida al fuego enemigo, por no hablar de sus compañeros. Pero cuando esa adhesión se transforma en un ridículo ceñirse a las normas por el amor de ceñirse a las normas, algo anda mal. Eso es lo que pasa con nuestro capitán. En principio, bien mirado, no hay nada reprochable en su conducta. El tipo llega a un barco hundido hasta el pescuezo en la indisciplina más generalizada, y al imponer el reglamento no hace más que cumplir con el trabajo para el que se le paga. Pero los marinos, acostumbrados a una vida de lasitud, se toman esto muy a mal. En cierto incidente con ciertas frutillas, diera la idea de que el capitán es un exagerado, pero resulta que en un punto tiene razón: la comida no se puede desaparecer bajo ninguna circunstancia a bordo, por la sencilla razón de que en algún minuto pueden verse desconectados de la línea de suministros, en cuyo caso deberán depender como grupo humano de los alimentos que tengan a mano. El motín mismo presenta una situación muy compleja: no parece tan claro que los amotinados sean los salvadores de la situación y el capitán haya estado equivocado desde el principio. Como bien lo apunta un personaje, hay tres naves perdidas en una tormenta, pero otras 197 se salvaron sin necesidad de un motín. Al final, la peli presenta una conclusión bastante ambigua, con un hálito incluso trágico. Porque los amotinados, para cumplir su trabajo, e incluso salvar el pellejo no por cobardía sino para seguir cumpliendo con su trabajo en el futuro, se saltaron el reglamento en circunstancias más que dudosas para ello. Si se amotinaban, estaban matando lo que más amaban: la integridad de la Armada como un cuerpo unitario de reglamentos y hombres destinados a un fin común que es la defensa nacional. Si no se amotinaban, traicionaban la causa común al arriesgar el dejarse morir a cambio de nada. ¿Valía la pena, para preservar el reglamento, el sacrificio de los hombres? Esta peli tiene la inteligencia de dejar las preguntas flotando en el aire, sin una respuesta definitiva: es la inteligencia del espectador la que debe arribar a ciertas conclusiones, ya que la peli misma no va a tomar partido. Y una peli profunda y que además respete la inteligencia del espectador, es una joya rara en el género bélico, tan dada a los maniqueísmos en general (bien sea en la variante militarista de toda la vida "nosotros los buenos versus ellos los villanos", bien sea en la vertiente antibélica "pacifistas víctimas versus belicistas inhumanos").
-- Esta peli significó el regreso al primer plano del director Edward Dmytryk, luego de haberlas visto canutas en la época de la Caza de Brujas en Hollywood. Dmytryk no es lo que llamaríamos un director de primera línea (en realidad, como tantos otros, es más un buen artesano que un artista en todo el amplio sentido de la palabra), pero sabe dónde colocar una cámara y cómo imprimirle ritmo a la peli, que dura más de dos horas y en ningún minuto se hace larga o pesada, aunque en el fondo la historia tenga muy poca acción (se ambienta a bordo de un buque en la Segunda Guerra Mundial, pero no tenemos más que una escena de combate, y ésta se resuelve en buena medida y por cuestiones presupuestarias, con los inevitables insertos de videos de combate real de la época). En cuanto a la célebre escena de la tormenta, la verdad es que incluso en la actualidad se ven temibles. Uno piensa por ejemplo en todo el CGI que le echaron para "La tormenta perfecta" en el año 2000, y no infunde ni de lejos tanto cuco como este buque medio zarandeado por las olas. Y eso que se rodó en una vulgar piscina con ventiladores de toda la vida, como se hacían las cosas en esos años. Digamos en sobre Dmytryk, que en su filmografía se cuentan pequeños clásicos como "El enigma del collar", y "Regreso a Bataan". Y probablemente "El motín del Caine" sea la joya de la corona dentro de su filmografía.
-- Aparte de un guión magnífico, en que sólo sale sobrando un poco la subtrama romántica de rigor (aunque a nadie le hace mal ver a la voluptuosa May Wynn, todo sea dicho) esta peli está servida por unos actorazos haciendo lo que mejor saben hacer. El prota Robert Francis resulta un poco desangelado como cabezamúsculo, aunque puede que su personaje se supone que sea así (es un milico novato, después de todo). Además, su personaje es más testigo que prota, lo que lo convierte en más un gancho para la audiencia joven de aquellos años, que un personaje propiamente tal, y los pormenores de su vida sentimental no le añaden mucho a la trama. Con todo, nunca nos enteraremos de qué podría habernos dado a futuro, porque al año siguiente, en 1955, un accidente mortal lo eliminó prematuramente de las listas de pagos para actores en Hollywood. Humphrey Bogart como el nuevo capitán, a pesar de aparecer ya un tanto avanzada la peli, se roba todas y cada una de las escenas. Hay su punto de desgracia en el hecho de que interpreta a un hombre prematuramente acabado por el estrés de la guerra hasta el punto de la inestabilidad mental, y que parte importante de lo realista de su actuación radica en que ya estaba desarrollando los síntomas del cáncer que se lo llevaría tres años después a la tumba. Pero atribuirle su gran actuación únicamente a una condición médica sería mezquino con el titán de "El Halcón Maltés", "El sueño eterno", "Casablanca", "El tesoro de la Sierra Madre" y tantas otras producciones en donde brilló como uno de los más grandes de Hollywood de todos los tiempos, y su rol en "El motín del Caine" no desmerece en lo absoluto a los anteriores (interesantemente, en el mismo año rodó un rol quizás un tanto autoparódico, en la más relajada "Sabrina"). A su lado, Van Johnson como el cabecilla del motín tiene el hercúleo trabajo de no dejarse empequeñecer por Humphrey Bogart, y la verdad es que resuelve la papeleta muy bien. De los secundarios, el que más brilla es el actorazo Fred MacMurray, como un hombre pusilánime y un tanto manipulador, que se encarga de avivar el fuego del motín para después hacerse el santurrón con el tema. También se luce José Ferrer como el abogado que en el tramo final defiende a los amotinados, un poco en contra de su propia voluntad e intuición, y con los recursos marrulleros propios de la profesión, que ya se sabe eso de que la justicia militar es la justicia lo que la música militar es a la música (dato de trivia para los frikis: este José Ferre, 31 años después, será el Emperador en "Duna"). Incluso hasta May Wynn, actriz puesta más bien como florero y relajo femenino entre tanta testosterona, se las arregla para lucirse con su personaje.
-- Mención aparte merece Max Steiner. Aunque el soundtrack que compuso para la peli huele un poco a añejo (a ratos alguna que otra melodía recuerda el celebérrimo "Tema de Tara" de su soundtrack para "Lo que el viento se llevó"), a punta de oficio se las arregla para sacar adelante la labor. No es quizás su banda sonora más inspirada, pero sigue siendo un buen trabajo, porque mal que mal, Max Steiner es uno de los más grandes creadores de bandas sonoras de todos los tiempos, y algo tenía que haber aprendido por el camino.
IDEAL PARA: Ver una de las mejores pelis bélicas de todos los tiempos.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].
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1954,
Batalla Naval,
II Guerra Mundial
lunes, 7 de febrero de 2011
"Los siete samurais" (1954).

-- "Shichinin no samurai" (título original japonés), "Seven Samurai" (título internacional en inglés). Japón. Año 1954.
-- Dirección: Akira Kurosawa.
-- Actuación: Takashi Shimura, Toshirô Mifune, Yoshio Inaba, Seiji Miyaguchi, Minoru Chiaki, Daisuke Katô, Isao Kimura, Keiko Tsushima, Yukiko Shimazaki, Kamatari Fujiwara, Yoshio Kosugi, Bokuzen Hidari, Yoshio Tsuchiya, Kokuten Kodo, Takuzo Kumagaya.
-- Guión: Akira Kurosawa, Shinobu Hashimoto y Hideo Oguni.
-- Banda Sonora: Fumio Hayasaka.
-- "Los siete samurais" en IMDb.
-- "Los siete samurais" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Japón, a finales del siglo XVI. En ese agujero historiográfico tan profundo que los textos escolares de Historia ni lo ven siquiera (pero que los críos aprenden igual gracias al manga y a la saga de Azumi), los campesinos las pasan canutas. Porque los señores feudales se echan el banquete a la cara, y los campesinos pagan los platos rotos. Vamos, que aparecen samurais a robarle a los campesinos, y ellos, por no ser samurais, y por lo tanto no estar entrenados en técnicas de combate, tienen que dejarse pillar. Pero ¡NO MÁS! Vamos a rebelarnos, vamos a sublevarnos, vamos a enseñarles. De manera que, recurriendo a la técnica que siempre no funciona, que es la de contratar a mercenarios para luchar contra mercenarios (¡ya lo decía el viejo zorro de Maquiavelo!), van a la aldea y se ponen a contratar a samurais. La tarea sale un parto de gemelos y tres cuartos del parto siguiente porque como los campesinos son pobres, bueno, obtienes lo que pagas. Aún así, siete samurais (bueno, en realidad, considerando que son mercenarios sin amo, deberíamos decir siete ronin, pero así no suena tan bonito, así es que como la peli, dejémoslo en siete samurais) se reclutan para defender a la aldea. Por supuesto, como en todas las pelis de "siete contra el mundo" (¿por qué nunca son ocho o cinco...? Ah, verdá, en "Sailor Moon" eran cinco. Al comienzo, al menos), cada uno de los siete tiene alguna característica particular: el jefe severo-pero-benevolente, el jovencito ávido de sabiduría, el hiératico que viene de vuelta de todo, y suma y sigue. Por supuesto que llegan a la aldea y deben esconder a las doncellas porque los samurais, es que son una tropa de glotones, y se le entran las japonesas al ojo (bueno, no por nada Japón es el país de la cultura idol, que como vemos en esta peli, tiene hondas raíces en el XVI, ehm...). Y ahí están los samurais, preparando sus planes de defensa contra el tiempo, lidiando con campesinos que con muy buena lógica se preguntan para qué demonios alimentan a una panda de inútiles en vez de entregarse de una vez a los bandidos (puro espíritu Los Magníficos, que a cambio de liquidar a los extorsionadores te extorsionan de vuelta lo suyo)... hasta que de pronto la amenaza se hace presente y real... los bandidos aparecen... y entonces los siete deberán lidiar con decenas...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Akira Kurosawa debe ser el cineasta japonés más conocido en Occidente. Algo no demasiado difícil de conseguir cuando se es el cineasta japonés más occidentalizado de todos. No en balde, Akira Kurosawa hizo la bravata de adaptar nada menos que a William Shakespeare dentro del cine histórico japonés (¡y se salió con la suya, para colmo!). Ahí tienen esa versión bastarda del "Rey Lear" que es "Ran", por ejemplo. Akira Kurosawa afrontó el dilema propio de muchas culturas originariamente no occidentales (incluso acá en Chile), de ser ultrazelotas renegando de todo lo que huela a europeo, o aceptar con los brazos abiertos la herencia occidental, o buscar un camino intermedio que combine las raíces europeooccidentales con la herencia indígena nativa. Kurosawa es uno de los cineastas que eligió ese camino intermedio, con muy buenos resultados. "Los siete samurais" es una de las pelis más influyentes de la Historia (aparte de su remake, el Western hollywoodense "Los siete magníficos", influyó en gentes desde Francis Ford Coppola hasta George Lucas), en parte porque si bien está ambientada en el Japón clásico y sus personajes son de mentalidad también japonesa, la aproximación cinematográfica al asunto es absolutamente occidental (que no vas a encontrar a nadie haciendo el ritual del té ni recitando haikús acá). En esa época, recordemos, el cine clásico hollywoodense estaba en crisis debido a la televisión, al cambio social producto de la nueva juventud rebelde ("Rebelde sin causa" es del año siguiente, de 1955), y en el frente interno al agotamiento de los mecanismos narrativos que habían estado en vigencia desde el inicio del sonoro y la entrada en vigor del Código Hays de censura a inicios de los '30s. Como sea, "Los siete samurais" fue la peli con la que Akira Kurosawa descargó el bombazo en Occidente, siguiendo desde entonces unos treintayalgos años de carrera cinematográfica para el insigne japonés. Que no es poco.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Partiré por las malas noticias, para que después no digan que soy hipercrítico o me las doy sacrificando vacas sagradas. Esta peli es demasiado larga. Como buen cineasta "soy artista", Akira Kurosawa incurre en el feo vicio de que "todo lo que ruedo está bien y tiene un sentido para la historia, porque así soy yo de genial y ustedes, pobres borregos, aguántenme", vicio que no le abandonó en toda su cinematografía posterior (a ratos "Kagemusha" y "Ran" se ponen más que un tanto laterillas, y de la ladrillaza "Rapsodia en Agosto" ya no hablemos). Cortándole media hora de metraje, hubiéramos quedado mucho más aviados. La peli tarda en partir lo suyo, mientras se están coleccionando los samurais, y para cuando llegan a la aldea por fin, ya han pasado como 40-45 minutos de metraje. Después tenemos un buen rato más de idas y venidas en tanto la aldea y los samurais se preparan para la batalla. Pero después... Madre mía, lo que viene después. La batalla entre los samurais y los bandidos redimen cualquier pecado cometido en la mesa de edición (bueno, los pecados de cortar y pegar metraje, que con las otros pecados que se pueden hacer en una mesa, de edición o no de edición, yo no me meto). Salvando el despliegue de CGIs y el gore inherente al relajamiento de la censura, la verdad es que este combate final no tiene nada que envidiarle a la batalla del Abismo de Helm en "Las dos torres", en lo que a pulso narrativo y tensión fílmica se refieren. Incluso el hecho de que estemos en paisajes plenamente naturalistas (¡eso podría haber sido rodado en el campo chileno!), le añaden un plus adicional, porque la batalla en definitiva se ve mucho más realista y sucia, que si se tratara de los decorados estilizados que son la marca de fábrica del Hollywood de toda la vida. Servidor quien reseña esto, que estaba mirando el reloj cada cierto rato al comienzo, en la última hora (que es más o menos lo que cubre la batalla) se olvidó del dichoso artefacto de marras, y se dedicó a gozar viendo caer bandidos como malos de la cabeza (y bueno, algún que otro samurai también, que eso del "escudo de fuerza guionística que protege al protagonista", conocido también como "efecto stormtrooper" por la fanaticada, acá no corre). Y con un final que encaja bien con el resto, aunque sea su tantín deprimente, y quizás un tanto poco realista (o quizás más japonés, porque uno puede preguntarse legítimamente cómo la aldea no terminaría por cambiar de amos, en su empresa de contratar renegados para masacrar renegados rivales, como sí ocurre por ejemplo en la muy británica "El último valle", que presenta varias similtudes argumentales con "Los siete samurais").
-- Las actuaciones acá están de lo mejor. Bueno, no sé ustedes, pero servidor se lía un poco tratando de reconocer rasgos faciales distintivos entre tanto ojo rasgado, y eso como que no ayuda mucho a evaluar o gozar de los talentos actorales desplegados por los chicos ante cámaras, pero aún así cada uno está más que bien ajustadito a sus roles. Y era que no, que Kurosawa era conocido y temido por su perfeccionismo (bueno, no tanto como Stanley Kubrick, pero es que al lado de Kubrick cualquiera es un blandengue). Cada uno de los siete samurais está perfectamente caracterizado y configurado, a veces con muy pocos rasgos. El ingenio del guión está muy bien expresado cuando se nos muestra a un samurai más cercano a la tierra tratando de apoderarse de un rifle y todas sus peripecias para conseguirlo, que bordan lo cómico, mientras que cuando el samurai más reflexivo y experimentado hace lo mismo, se nos hace una larga elipsis que deja sumido sus métodos en el más profundo de los misterios: el resultado final es el mismo (cada uno se hace de un fusil, joer), pero ese simple giro narrativo hace que miremos a un samurai con simpatía y cierta condescendencia, y al otro con un profundo y ceremonial respeto, cuando en esencia, bien mirado, ambos hicieron más o menos la misma proeza.
-- Secuencias notables. Las dos secuencias en que deben apoderarse de los rifles. Las secuencias del samurai más joven con una campesina a la que estratégicamente le han cortado el pelo para que parezca muchacho y los samurais no se la agarren (como si el cine japonés, incluyendo el anime o el manga, le tuviera asco a la ambigüedad sexual, ehm...). La recepción en la aldea. El duelo inicial en que aparece el swordmaster más master de todos.
IDEAL PARA: Ver una clásica peli de acción "japanese style".
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jueves, 27 de enero de 2011
"La llamada fatal" (1954).

-- "Dial M for Murder" (título original en inglés), "Con M de Muerte" (Venezuela), "Crim perfecte" (título en catalán), "Crimen perfecto" (título en España), "Disque M para matar" (título en Brasil). Estados Unidos. Año 1954.
-- Dirección: Alfred Hitchcock.
-- Actuación: Ray Milland, Grace Kelly, Robert Cummings, John Williams, Anthony Dawson, Leo Britt, Patrick Allen, George Leigh, George Alderson, Robin Hughes.
-- Guión: Frederick Knott, basado en su propia obra teatral.
-- Banda Sonora: Dimitri Tiomkin.
-- "La llamada fatal" en IMDb.
-- "La llamada fatal" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
A bordo de un barco barquito llega un antiguo tenista, a los brazos de su amada esposa (¿amada? ¡Ya sabemos por ésas que cuando se nota demasiado el arrurrú-paloma, es que el Maestro Hitchcock está planeando algo sucio!). Resulta que la esposa, mientras tanto, tan sueltas de cuerpos y cascos que son ellas, tiene sus, ehm, detallitos, con un escritor de novelas policiales. Y la parejita... bueno, la parejita adúltera, se entiende, está nerviosina porque han llegado unos anónimos diciendo que miren ustedes cómo mojan, que si ustedes no depositan una cantidad de dinero, entonces... lo de siempre, vamos. Así es que todos saltoncillos porque si el ex tenista llegara a enterarse... Bueno, apenas el novelista se manda a cambiar con la señora, y uno está diciéndose cómo tan confiado el ex tenista, que no ve lo evidente, es que apreciamos que éste viene con un pañito sucio (¡lo sabíamos, lo sabíamos, si el sucio degenerete de Hitchcock no nos falla nunca!). Porque llama por teléfono a un tipejo que conoce de por aquí o por allá. Y le plantea la cosa buenamente: sé que andas en asuntillos sucios y puedo hacer que la pesada mano de la justicia te quiebre el cuello si no haces todo lo que yo te diga, pero por otra parte, si eres un pan de Dios conmigo y te conviertes en esclavo de mis decisiones (ehm, ehm, eso me lo inventé yo, pero suena bien, ¿no?), entonces te pagaré una gruesa suma en cash. ¿Qué decides? El tipo, bueno, viéndolo así, como que no hay muchas opciones. ¿Y qué le encarga hacer el ex tenista? Obvio, matar a la señora. Con el infalible plan falible de toda la vida. Porque la maquinaria está bien engrasada, pensada hasta el último detalle, y... bueno, aguántense ahí, que siempre ese sucio jugador Hitchcock tiene alguna carta guardadita bajo la mesa...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
La trayectoria fílmica de Hitchcock es tan extensa que va desde el cine mudo hasta ¡1976! ("Trama macabra"). Pero sin lugar a dudas, su década gloriosa fueron los '50s, con portentosos clásicos como "Extraños en un tren", "La ventana indiscreta", "Para atrapar al ladrón", "Vértigo", "Intriga internacional"... cerrándola de manera maestra con ese canto gregoriano a la suciedad mental que es "Psicosis". ¿Los ingredientes? El más obvio es, por supuesto, su sentido del suspenso, creado a partir de historias de argumentos retorcidos con un montaje endiablado y calculado hasta el último milímetro de metraje. Pero también hay otro un poco más soterrado: su fijación con los problemas psicológicos, y muy en particular, con los problemas sexuales, que están siempre en pulsión debajo de sus pel... no se hagan, no me digan que nunca han visto una peli sucia por el puro placer de ver una peli sucia. Para los conservadores y eisenhowerianos '50s, esa cosa represora/reprimida que tenía el cine de Hitchcock les caía a las maravillas. Y en la Europa cultureta intelectualoide de "Cahiers du Cinema", lo valoraban por eso, por sucio, más allá de ser un director "comercial". Como de costumbre, "La llamada fatal", basada en una obra teatral (como la otra joyita suciohitchcockiana que es "La soga"), contiene esa delicada mezcla de historia con mucho suspenso, combinada con una psicología sucia de personajes a más no poder. Disfruten, manga de pervertidillos.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Es una historia de suspenso de cabo a rabo. Todo parece estar quieto y normal, pero resulta que no: hay un adulterio de por medio. Después se lo tratan de esconder a Mr. Cuernos, pero no: resulta que éste sabe. Después éste planea matar a la señora, y entonces... Esta peli tiene la virtud de salir siempre con algo completamente inesperado a cada instante, y lo que es más increíble, todo encaja. La solución final es simplemente abismal (aunque, admitámoslo, Hitchcock hizo trampa escamoteándonos "inocentemente" un cuadrito de dos segundos en que todo el andamiaje se hubiera venido abajo, pero de manera increíble, no se nota en lo absoluto sino hasta cuando tienes la respuesta en las manos y ves con atención la peli una segunda vez... el viejo zorro la volvió a hacer). En 1998 trataron de perpetrar un remake, concretamente la decente "Un crimen perfecto", por si les sonaba la trama, en la que mezclaron al personaje del sicario y a la del amante en uno solo, y de escritor lo convirtieron en pintor (Viggo Mortensen en su era pre-TLOTR), y al verse obligados a tocar la maquinaria, acabaron por cargársela y convertirla en... bueno, en un thriller decente, decíamos, pero un thriller olvidable más, al final del día. Algo bueno que tienen estos remakes, más allá de ser "entretenidos", "actualizadores" o "necesarios", es hacer la comparación de lo que hace un artesano del día a día en comparación de un gran genio artístico como Hitchcock, comparación que aquí es bastante evidente (bueno, en lo de "Un crimen perfecto" se esforzaron al menos, que en cuanto al "Psicosis" de Gus van Sant, es que el hombre ni siquiera dio la pelea...). Bueno, desvaríos remakísquicos aparte: resulta que esta peli transcurre casi entera en el departamento de los protas (la secuencia más larga fuera de ahí son algunas escenillas en el club de caballeros al que va nuestro marido caballero-ehm...), y la verdad de las cosas es que ni siquiera se nota, tanta es la tensión que el parido de Hitchcock consigue desatar.
-- Ya sabía yo que ustedes querían llegar a esto. ¿Es una peli perversa, fetichista, malévola, como otras de Hitchcock? Sí, sí lo es. De partida, la peli tiene un regusto a represión homosexual que tira patrás de una. El ex tenista es el típico chico guapo que ahora lo podrías ver luciendo camiseta en una discogay, que se casa con un mujerón como es Grace Kelly sólo por el money, y que es nada más ñarigatu para seduc... ehm, convencer al matón de mala monta (otro que tiene una cara de pervertido que...) de que mate a la mujer en medio. Si eso no es filogay, entonces no sé qué será. ¿Y la heroína? Es la clásica heroína gélida pretty-rubia-pero-sucia a las que Hitchcock tanto les gustaba humillar simbólicamente (a veces no tan simbólicamente) en sus pelis. O sea, Grace Kelly tiene a un marido encerrado en el closet, y en vez de divorciarse como toda mujer que se respete, se encama con otro tipo, pero sin soltar pan ni peazo... y por eso se mete en el brete que se mete (o la meten, mejor dicho). Y si eso no basta, pues bien, tenemos la escena en que por fin viene la ejecución del plan, que hace gala desplegando sadismo a chorros por los costados (ese matón de poca monta, sucio y piltrafoso, a punto de cargarse a la angelical Grace Kelly en su vaporoso atuendo de noche...). No adelantaré más detalles de la trama, que ya bastante he hecho poniéndolos sobre la pista, pero bueno, si eso no era suficiente para defecarse en una de las bellezas superlativas del cine clásico de Hollywood, pues que el calvario sadomasoca no acaba. Sí, lo sabemos, Hitchcock es un sucio. Y un reprimido. Por algo sus pelis siguen viéndose hoy en día. (Aunque ningún remake suyo tendrá éxito si es que insisten en hacerlos con la asepsia políticamente correcta que tanto predomina hoy en día).
-- Las actuaciones acá son brillantes. Obviamente el crédito principal se lo lleva Grace Kelly, con la que probablemente es una de las mejores actuaciones de su carrera, muy por encima de lo que se supone es una scream queen al uso, para entregarnos amor, terror, dudas, inseguridad, una extensa gama de emociones y sentimientos que cruzan por su personaje. Ray Willand es el marido medio ya-saben-qué, y la verdad es que el papel le sienta como un guante (¿habrá sido...? no-no-no, qué mal pensados, el hombre era casado en la vida real... ¿pero y si...?). Robert Cummings como el escritor de novelas policiales está un poco desabridito, pero bueno, mala suerte que sea "el jovencito" (personaje por definición siempre desabrido, salvo que sea un antihéroe, lo que no pasa acá) y que además sea limpio e impoluto y por tanto maldita sea si a Hitchcock le importa un rábano como personaje. Anthony Dawson está brillante como esa porquería de chuloputo escoria al que contratan para cometer el crimen perfecto, y John Williams (no el compositor: alcance de nombre aquí, ¿vale?) está grande como la vida en su rol de detective que al principio pareciera ser un tanto memo y aburrido, pero que después se revela como un profesional de tomo y lomo en lo suyo (¿están seguros de que no se robaron de acá la idea para crear al detective Columbo...?).
IDEAL PARA: Ver una de las mejores piezas de uno de los mejores cineastas de suspenso... ¡Qué digo, uno de los mejores cineastas a secas de todos!
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jueves, 11 de febrero de 2010
"La Humanidad en peligro" (1954).

-- "Them!". Estados Unidos. Año 1954.
-- Dirección: Gordon Douglas.
-- Actuación: James Whitmore, Edmund Gwenn, Joan Weldon, James Arness, Onslow Stevens, Sean McClory, Chris Drake, Sandy Descher, Mary Alan Hokanson, Don Shelton, Fess Parker, Olin Howland.
-- Guión: Ted Sherdeman, basado en una adaptación de Russell S. Hughes, sobre una historia de George Worthing Yates.
-- Banda Sonora: Bronislau Kaper.
-- "La Humanidad en peligro" en IMDb.
-- "La Humanidad en peligro" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
El desierto MidWest de los Yueséi. Una avioneta y un patrullero recorren las áridas planicies con algunos pobres vegetales tratando de alzar cabeza al sol. El target: niñita perdida. El gran misterio policial acaba cuando encuentran a la niñita. ¡Pero esperen, no se levanten todavía, que la peli no acaba! Porque la peli se llama "La Humanidad en peligro" y no "La niñita perdida". Resulta que la niñita parece haber salido de un remolque, y el remolque está entero destartalado como si hubiera pasado por una desarmaduría de mala muerte. Y el que lo hizo era fuerte, como que aparece un fusil con el cañón bien doblao. "OK", dice uno de los polis, "vamos a hablar con el viejo de la taberna a ver qué sabe". Uno de los polis se queda, y como es de rito y tradición en esta clase de pelis, de inmediato acaba donando su nombre para una lápida. El otro llega hasta el viejo de la taberna, y se lo encuentra entero destartalado como si hubiera pasado por una desarmaduría de mala muerte, mientras que la taberna se encuentra entera destartalada como si hubiera pasado por... bueno, ya me entienden. Como el asunto parece que no va de Jack el Destripador ni mucho menos, los rústicos llaman a los citadinos para que arreglen el fardo. Llega el FBI, incluyendo un científico, y empieza la investigación. A poco andar, el científico dice "sí... podría ser... sí... sí... quizás... sí...", y a todos nos empieza a exasperar porque esperamos que el vejete papamoscas nos diga de una jodida vez qué diablos vio. Al final la larga: estamos cerca de Alamogordo, donde en 1945 se detonó la primera bomba atómica, y la radiación puede haber producido hormigas mutantes en clave rottweiler, que ahora buscan alimentarse y... chachán... ¡¡¡CONQUISTAR LA TIERRA!!! ¿Conseguirán nuestros heroicos agentes y científicos pararle los seis pies a estos malvados hexápodos terroristas, antes de que incuben larvas y terminen por comerse a todos los humanitos...?
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
La Era Eisenhower fue algo entre la calma y la tensión. Por un lado, estaban esos tranquilos suburbios yankis de publicidad vintage, con chicas de largas faldas cocinando para sus amantes maridos que iban al trabajo de terno y corbata. Por el otro, estaba la escalada de la tensión internacional, y su sombrío corolario, el aroma nuclear en el ambiente. En este clima florecieron las pelis de monstruos nucleares, lo que después algunos devinieron en llamar Atompunk. El argumento es siempre el mismo: se detona un nene nuclear, algún bicho usualmente artrópodo tiene la mala clase de sobrevivir y crecer a lo Gargantúa, el bicho sale y empieza a comer gente o desplomar edificios, y el U.S. Army entra en acción liquidando a la bestia. "La Humanidad en peligro" de 1954 (sintomáticamente el mismo año del reptil atómico de "Godzilla") es uno de los más preclaros ejemplos, y por qué no decirlo, un clásico dentro del (infra)género. En este caso son hormigas, así es que veamos cómo queda: se detona un bebé nuclear, una colonia de hormigas tiene la mala clase de sobrevivir y crecer a lo Gargantúa, las hormigas salen y empiezan a comer gente (táchese lo que no corresponda), y el U.S. Army entra en acción liquidando a las hormigas. ¿Ven que funciona la plantilla...?
¿POR QUÉ VERLA?
-- El foco de atención. A diferencia de muchos clones de esta peli, en donde el énfasis está puesto en el bicho mismo y en la destrucción subsiguiente, un poco en plan de lo que después será el buen cine de catástrofes setentero, aquí todo gira en torno a la respuesta del Gobierno. Las hormigas son reservadas para los momentos álgidos, y hay muchas situaciones en que intervienen, que son resueltas off-screen. En el fondo, se trata del viejo dilema de cómo una sociedad democrática resuelve una amenaza contra la seguridad nacional (para darle un poco de boche, ponen que la Humanidad está en peligro, pero todo se resuelve cómodamente dentro de los límites de los Yueséi, y vamos ahorrándonos los costos de rodar en México). O no. Porque de dilema, no mucho. Los métodos de los "buenos" a veces son un poco más que cuestionables. Ya no partamos por aquello de que cuándo le vamos a decir a los votantes registrados que están a punto de sufrir el hormigueo de sus vidas, y de ahí, a ciertas medidas para contener la fuga de información... ¡Estos tipos se adelantaron medio siglo a "24"! (Bueno, no hay tortura, al menos). Los clones de esta peli no lo entenderán tan bien, y se quedarán con lo superficial, o sea, con la casquería, los difuntos y el monstruo, y tenderán a echar por la borda el otro trabajo, esquematizando las cosas hasta convertirlas en un cliché (ya saben, el militar ansiolítico queriendo soltar "la bomba", la chica que chilla al ser atacada por el monstruo, el policía que dispara en vano antes de ser devorado/triturado/vampirizado, el científico diciendo ominosamente aquello de "sí, hemos detenido la amenaza, pero... ¿por cuánto tiempo...?").
-- La parte que todos vinimos a ver, o sea, las hormigas gigantes, el combate, y los FXs, están envidiablemente bien resueltos, ya no digamos para los estándares de 1954, sino para incluso hoy en día. No vamos a decir que se ven o parecen seres vivos de carne y hueso, pero las hormigas no se ven tampoco cartopiendrescas ni animatrónicas a los extremos de Godzilla. Ustedes podrán ver la secuencia de la batalla final, incluyendo la manera de montar la cámara y de rodar el avance de las tropas por territorio enemigo, y notarán que más de treinta años después, James Cameron apenas había mejorado un poquitito la parte técnica en "Aliens: El regreso". Llámenme un sentimental si quieren, pero aunque a veces los muñequitos chirríen un poco, los prefiero a la animación por computadora, en donde por mucho que se esfuercen en crear el más churro de los softwares, igual al final del día se nota el pixelado, cosa que hace nos quedemos mucho más en "La guerra de las galaxias" que en "La amenaza fantasma", en términos de credibilidad visual.
IDEAL PARA: Ver una peli de monstruos un poco típica, pero aún así sostenible a pesar de todos sus clones.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].
-- Inicio de la peli [en inglés, sin subtítulos].
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domingo, 1 de febrero de 2009
"La ventana indiscreta" (1954).

-- "Rear Window". Estados Unidos. Año 1954.
-- Dirección: Alfred Hitchcock.
-- Actuación: James Stewart, Grace Kelly, Wendell Corey, Thelma Ritter, Raymond Burr, Judith Evelyn, Ross Bagdasarian, Georgine Darcy, Sara Berner, Frank Cady, Jesslyn Fax, Rand Harper, Irene Winston, Havis Davenport, Marla English.
-- Guión: John Michael Hayes, basado en el relato corto "Murder from a Fixed Viewpoint" de Cornell Woolrich.
-- Banda Sonora: Franz Waxman.
-- "La ventana indiscreta" en IMDb.
-- "La ventana indiscreta" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Un fotógrafo ha sentido the call of the wild con demasiada fuerza, y eso le ha costado una buena fractura de pierna, que lo tiene empotrado en una silla. Sin mucho quehacer, su vicio profesional le vence, y empieza a espiar por su ventana a sus vecinos. Y como para eso tiene herramientas, pues saca todo su repertorio de lentes y contralentes para ensimismarse mirando desde su departamento a toda una pared repleta de ventanas en las que espiar a sus congéneres (no es para tanto tampoco, si en esa época la gente aún no estilaba tener sexo frente a la ventana para que miraran los vecinos...). Nuestro héroe tiene una masajista viejurra que es medio regañona, que cuándo vas a sentar cabeza, que cuándo te vas a casar con esa bella señorita que tanto te quiere, etcétera, y él, pues bien, escurridizo como anguila, que mi modo de vida, que mi arte, etcétera (y es fotógrafo de realidad internacional, que si fuera fotógrafo de Playboy ya no dijéramos...). Y tiene, como ya se habrán percatado, una noviecita. Una chica socialité que lo quiere y lo adora, pero que como buena fémina de pro, cuando se le pone entre ceja y ceja que ese hombre es mío, casi-casi mío, pues bien, ahí está metida de doña como si ya fuera suyo el departamento. Así es que así se la pasa nuestro pobre fotógrafo, aburrido e imposibilitado de escaparse... Mirando al pobre pianista componiendo en su maravillosa room with a view... a la vistesantos del primer piso... a la exquisita criaturita ésa que estudia ballet con un trajecito spandex preGym-'80s... a un comerciante que sale y entra con maletas y con señora... con señora... con señora... un momento... ¿dónde diablos se metió la señora del comerciante? Además, ¿por qué sale y entra el comerciante con maletas a las tres de la mañana...? ¿Y por qué envuelve cuchillos carniceros en papel de diario...? Mmmmmm, todo eso huele a muy sospechoso... Y el fotógrafo decide pasar a la acción. Le pide a un amiguete, antiguo cumpa del glorioso U.S. Army devenido en detective, que investigue un poco a ver qué encuentra, pero no, resulta que la señora se fue al campo, y todo normal. Pero nuestro tipo, ¡ah, no!, está demasiado de ocioso, y como hay una mosca cojonera en el interior de toda alma humana, pues bien, tendrá que seguir adelante, whatever it takes, aunque desentrañar un posible asesinato le cueste la vida. Mucho cuidado. Bien podría ser que desentrañar un posible asesinato en verdad terminara por costarle la vida...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Si la calidad cinematográfica se midiera a ratio de cantidad de plagios por año, Alfred Hitchcock sería sin lugar a dudas el más importante cineasta de todos los tiempos porque... ¡Qué manera de colgársele a este pobre hombre! O sea, además del remake "La ventana indiscreta" con Christopher Reeves del año 1998, tenemos también esos sendos remakes bastardos que son "Doble de cuerpo" y "Paranoia"... Bueno, la mayor parte de la gente tiene su punto de morbo y por eso lee nov... perdón, eso ya casi nadie lo hace (lo que no impide que se sigan comprando, por aquello del prestigio inter pares). Por ese punto de morbo, decía, la gente va al cine (o arrienda el DVD o se descarga la peli, ehm), a ver cómo otras gentes sufren y penan (¿han notado cómo las pelis "policiales" son sobre crímenes y las pelis "de amor" son sobre desamor?). Algunos más aberrantemente morbosos dan el siguiente paso y se deciden a crear esa clase de material morboso (a ver, a ver, a ver, todos al set, en su posición, tú el psycho-killer saca el cuchillo así, enarbólalo de manera fálica, tú la scream queen saca un poco más la teta, que se vea el pezón erecto... ¡Así, muy bien!). Y todavía hay tipos (y gatos) aún más morbosamente depravados, que se dedican a mirar esas pelis y disimulan ese regustillo de pasársela bien con un muy erudito y displiscente análisis en blogs como Cine 9009 y otros al uso... Bueno, en el punto intermedio está Alfred Hitchcock, uno de los más enfermizos directores de cine de todos los tiempos, que no se dejó parafilia por plasmar en el cine, de manera sutil por aquello de la censura, pero de que le gustaba lo retorcido, le gustaba... Si bien su carrera ascendente en Hollywood empezó en los '40s, el ecosistema natural de Hitchcock fueron los '50s, en parte porque fue uno de los máximos referentes de la Sociedad Baby Boom, esa bien ordenadita y protestantita city de grandes arrabales con pretty casitas con pie horneado en las ventanas (no miremos a esos malvados motoristas que escuchan esa música diabólica llamada... ¡Rock'n'Roll!), y que no por nada, para darle satisfacción a los instintos más lúbricos, tenía entre sus recovecos a Betty Page y la Revista Playboy. Y bueno, si querías ver toda clase de aberraciones sexuales insinuadas en una peli respetable, ¿qué te quedaba? Ver a Hitchcock. O sea, tenemos homosexualidad latente en "Extraños en un tren", necrofilia latente en "Vértigo", sadismo latente en "La llamada fatal"... Y he aquí que tenemos voyerismo latente en "La ventana indiscreta". Hacía una de BDSM latente y tiene el repertorio completo. Y nadie te podía decir nada porque, después de todo, era sólo una peli, y una peli de suspenso policial y nada más... Después llegaron los más aperturistas '60s y Hitchcock empezó a perder interés, pero no sin antes haber legado varias joyitas a la Historia del Cine. Como la peli que nos ocupa en este minuto, por ejemplo.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Partamos por lo obvio. Es una peli de Alfred Hitchcock. El tipo era una máquina de meticulosidad morbofetichista, sus pelis estaban maquinadas para jugar con los sentimientos de la gente hasta el último fotograma, incluso las más mediocres de todas, y he aquí que no tenemos una de las más mediocres sino una de las más brillantes. La partida es lenta, incluso tediosa para los estándares fílmicos del siglo XXI, y después de 30-40 minutos pareciera que el asunto no va a estallar nunca, que qué diablos le vieron los críticos a esta peli de Hitchcock para levantarla tanto, que podría mientras estar viendo cómo crecen las malvas del campo... Pero a mitad de peli, las cosas se aceleran. El viejo zorro de Hitchcock ha estado construyendo sutilmente tensión otra vez, y cuando la pone sobre la mesa, con tacto y dosificación (bueno, era inglés, no esperarán que le eche todo el frasco de azúcar al té), la escalada de suspenso es simplemente imparable. El final es simple, incluso hasta obvio y predecible, pero te deja pegado en el borde del asiento justamente por eso, por lo desnudo de la narrativa (nunca mejor dicho, aunque de manera metafórica, claro está). Cuando la peli termina, todavía te estás preguntando cómo demonios lo hizo. Claro, después, reflexionando, puede que entiendas, pero en el intertanto, el uppercut cinematográfico no te lo quita nadie. Bueno, es que era Hitchcock.
-- Toda la peli gira sobre el tema del voyerismo. Poco es lo que puedo escribir sobre el particular, que no haya sido antes explicado en sesudos y muy doctorales análisis por otros tantos estudiosos del lenguaje cinematográfico, de manera que no me explayaré en demasía. Además, me pregunto hasta qué punto Hitchcock quería construir una metáfora sobre el cine, como tantas veces se alega, y hasta qué punto simplemente encontró una manera original de construir suspenso y la utilizó sin tener plena conciencia de la caja de látigos que estaba abriendo (no sería la primera vez en la Historia que ni su propio autor sabía bien qué estaba pariendo). La idea es que la peli entera está referida desde el departamento del fotógrafo, y por lo tanto, la peli no nos entrega todos los elementos de la realidad, sino una visión sesgada de los mismos: la visión que tiene el espectador. Hay aquí entonces un juego de metalenguaje, ya que cuando un cineasta cuenta una historia, también suele escamotear estratégicamente datos para hacer escalar el suspenso de la misma. Si la historia se nos hubiera contado con un cineasta omnisciente que hubiera podido viajar de departamento a departamento, un policial tan simple (simplón, incluso) como éste no hubiera despertado el menor interés. Esto es lo que convierte el final en algo tan aterradoramente metafísico: no lo reventaré, por supuesto, pero si ven la peli desde esa perspectiva, me comprenderán que hay un escalofrío especial. Este juego narrativo es en realidad viejo en la Literatura (se me ocurren "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" de Jorge Luis Borges, "Niebla" de Miguel de Unamuno, la muy posterior y adaptada a peli "La historia sin fin" de Michael Ende, y por remontarnos al pasado cavernario tenemos la "Vera Historia" de Luciano, y ya no digamos de cómo se forró Philip K. Dick con este tema), pero pocas pelis consiguen ese efecto de plasmar lo que es el metalenguaje. Y esta peli lo consigue, además, sin recurrir a herramientas del cine fantástico, como un Terry Gilliam al uso, sino con el realismo más estricto posible.
-- Los actores están simplemente fantásticos. James Stewart, quién ya había actuado para Hitchcock en "La soga" (y reincidiría en "El hombre que sabía demasiado" y en "Vértigo", peli esta última que fue un relativo fracaso en su tiempo y por la cual el muy poco agradecido Hitchcock defenestró a su antiguo colaborador), ofrece aquí una brillante perfomance con un personaje de perfil muy hitchcockiano, a saber, el ciudadano común y corriente sin ningún rasgo particular, que en la intimidad de su hogar esconde un morboso secreto psiquiátrico (difícil que los adocenados ciudadanos de los '50s que debían gozar a escondidas de ver a Betty Page con látigos y cuero no hayan empatizado con este personaje), que de confesarlo en público le significaría la repulsa inmediata de sus buenos vecinos (qué tiempos aquellos, hoy en día los blogueros hablan impúdicamente de cómo le hacen a la plomería mirando fotos de Jenna Jameson siendo asada al spiedo). Grace Kelly, toda dama ella, hace también un significativo rol como novia medio castradora (a falta de madre castradora, otra presencia psicológica habitual en las pelis hitchcockianas), pero que en su rol un tanto edípico, igual se deja envolver por el morbo fetichista de su novio medio-adoptado. Raymond Burr, por su parte, como el comerciante sospechoso de asesinato, aunque su rol es bastante reducido, tiene esa presencia inquietante que, bueno, ya me entienden, eso un par de años antes de inmortalizarse como el sagaz Perry Mason de la serie de TV cincuentera. Y completa el elenco principal de manera también brillante doña Thelma Ritter, como esa caricatura de señora-bien de cuño tradicionalista que condena el meterse en las vidas ajenas como haciendo cruces al Demonio, pero que a la primera oportunidad anda metida husmeando en lo que no le importa, y todo eso para mayor bien, claro está, que ella no será entrometía sino gente decente, pero es que lo hace para asegurarse de que la decencia prevalezca, faltaba más. Sobre el papel, bien mirado, estos personajes no son tan interesantes, son incluso anodinos, pero es la cuidada interpretación de quienes los encarnan, quienes obran la alquimia de convertirlos, no diré en tipos humanos inmortales, pero sí en individuos cuya vida y destino nos puede interesar, voyerísticamente hablando, claro está...
IDEAL PARA: Esa rara especie de depravados intelectuales que son los "estudiosos" de la Ontología, y también para el público más normalito que anda buscando una buena peli de suspenso.
OTRAS PÁGINAS SOBRE "LA VENTANA INDISCRETA".
-- (Ir a la página) Comentario en Cinestesia.
-- (Ir a la página) Comentario en la Web del Cine Clásico.
-- (Ir a la página) Comentario en Fuera de Campo.
VIDEOS.
-- Créditos de la peli [sin subtítulos... ni falta que hacen].
-- Espiando el departamento de la Señorita Corazón Solitario y de la Señorita Torso y de otros vecinos... [doblado al español de Ezpaña].
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1954,
Alfred Hitchcock,
Franz Waxman,
Grace Kelly,
James Stewart,
Raymond Burr,
Thelma Ritter,
Wendell Corey
jueves, 12 de abril de 2007
"Sinuhé el egipcio" (1954).

-- "The Egyptian". Estados Unidos. Año 1954.
-- Dirección: Michael Curtiz.
-- Actuación: Edmund Purdom, Jean Simmons, Peter Ustinov, Víctor Mature, Michael Wilding, Gene Tierney, Bella Darvi, Judith Evelyn, Henry Daniell, John Carradine, Carl Benton Reid, Tommy Rettig, Anitra Stevens.
-- Guión: Philip Dunne y Casey Robinson, basados en la novela de Mika Waltari.
-- Banda Sonora: Bernard Herrmann y Alfred Newman.
-- "Sinuhé el Egipcio" en IMDb.
-- "Sinuhé el Egipcio" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Trece siglos antes de Nuestro Señor y Salvador Jesús Rey de los Judíos, como bien se encarga de remarcarnos el cartelito final, un solitario, barbón y desgreñado escritor está en su cabaña estilo Los Picapiedras, refiriendo la historia de su vida, pasión y milagros. Refiere así como cuando era un pequeño capullito, fue arrojado al Río Nilo en una cesta de juncos con nudos de pajarero, siendo recogido por un médico que pone en entredicho aquello de que la sociedad progresa "hacia adelante", porque éste, a diferencia de los actuales, es bueno como el pan y no le cobra a los pobres por sus servicios. Sinuhé aprende así el arte médico con el mejor, antes de seguir sus estudios en la Casa de la Vida. Allí conoce al fanfarrón general Horemheb, que se convierte en algo así como su mejor amigo (y es que con mejores amigos como ésos, qué le queda a mis enemigos), a la linda tabernera Merit, en la cual el tontorrón Sinuhé no es capaz de ver los destellos de tipo "dime una palabra y me entregaré en pecado y lujuria a ti", y más tarde al mismísimo Akenatón, el Faraón himself. Todo parecía marchar bien, hasta que Sinuhé conoce a Nefer, una mujer bella y manipuladora en la cual el joven e inexperto cachorrillo cae como un bendito estúpido. Después de ser limpiamente desplumado por Nefer, y habiendo incurrido en la cólera del Faraón, Sinuhé debe abandonar Egipto y emprende un largo viaje, del cual regresará para ver que las cosas se ponen candentes, porque la Merit que siempre le había estado mirando con ojos de bistec encebollado, ahora se ha convertido a la religión de Akenatón, y por culpa de esta religión, Egipto entero está al borde de la guerra civil...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Si los '50s fueron para Estados Unidos una década tranquila y relajada, que esconde la afición a follar bajo el casto nombre de "baby boom", en Europa las cosas fueron diferentes. Recién salidos de la más devastadora de las dos Guerras Mundiales, habioiendo perdido su estatus de superpotencia mundial, los europeos se entregaron a la amargura y desesperación del existencialismo, el nihilismo, etcétera. Por llevar la contraria, en los países comunistas los rebeldes se hacían cristianos y liberales, y en los países occidentales, se hacían comunistas (eso explica el éxito de charlatanes como Jean Paul Sartre). En medio de todo esto, el escritor finlandés Mika Waltari le dio el palo al gato con una novela de ambientación histórica, "Sinuhé el egipcio", que fue éxito de ventas tal, que le llevó a convertirse en una verdadera industria del best-seller histórico ("El etrusco", "Marco el romano", "El ángel sombrío", "Michel Karvajalka", "Michel el renegado"...), aunque hoy en día yace en un olvido un tanto injusto (escribe mucho mejor que otros autores de novelas históricas que andan pupulando por ahí). Y como en esa época el cine empezaba a tener que lidiar con la televisión, y por ende se estaba volcando hacia la grandeza y espectacularidad del epic, la novela de Mika Waltari cayó como anillo al dedo. Unos cinco años después de su publicación, la gente de la Fox estaba tratando de adaptarla. El resultado fue notoriamente bueno, habida cuenta de lo enmarañado del material literario que le servía de base. Y tuvo el éxito suficiente como para generar una pequeña oleada de películas ambientadas en Egipto, desde "La reina del Nilo" hasta el remake de "Los diez mandamientos", de Cecil B. DeMille.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Es una adaptación razonablemente buena de la novela, considerando que ésta a veces se embrolla innecesariamente y mete episodios muy pintorescos, pero que no ayudan al progreso de la trama central. De la implacable entresaca quedaron afuera casi todos los vagabundeos de Sinuhé, y el larguísimo final, todo eso drásticamente condensado, y con eso le dan gran agilidad al relato. A cambio, hay ciertas concesiones al cristianismo ramplón que no estaban en la novela original (eso de ponerle un ominoso cartelito al final diciendo que hace trece siglos antes de Cristo)...
-- Los actores encajan estupendamente en sus roles. Edmund Purdom es un Sinuhé un tanto descolorido, y casi hubiera sido deseable que hubiera prosperado la iniciativa de traer a un por entonces jovencísimo Marlon Brando a interpretar el rol. Pero a cambio, el elenco de secundarios está impecable. Victor Mature venía de interpretar varios epics (fue el Sanson de "Sansón y Dalila" de Cecil B. DeMille, y después fue el fiel Demetrio de "El manto sagrado" y su secuela "Demetrio el gladiador"), y aquí se luce componiendo a un Horemheb fanfarrón y bien pagado de sí mismo, y al que por cierto le va mejor que al Horemheb de la novela (la suprema humillación que le inflige Bakekaton a Horemheb en la novela, es algo que no podía pasar la censura del cine en los '50s). Jean Simmons compone una entrañable Merit, y de verdad dan ganas de arrojarle algo por la cabeza a Sinuhé, por no haberse fijado en ella antes (para la trivia: aún en los 2000 sigue en actividad, y le dio voz en inglés a la Sophie anciana en "El castillo andante"). Michael Wilding compone un soberbio Akenatón, a la vez por completo perdido en sus ensoñaciones, y completamente humano, en una combinación muy difícil de hacer sin caer en el cliché del iluminado loco. Bella Darvi, sin tener una actuación especialmente destacada, le confiere harta credibilidad (física, al menos) por su parte a aquello de que Nefer era la perdición de hombres; dice la leyenda negra de Hollywood que Marilyn Monroe quería el rol (y sin duda lo hubiera hecho de mucha mejor manera), pero lo ganó la Darvi por ser la amante del productor... Y por último, pero no en último lugar, está el gran y único e incomparable Peter Ustinov, robando cámara como siempre a donde va, esta vez como el pícaro y simpático Kaftah, el criado sinvergüenza de Sinuhé, y dándole una vida que el original literario no siempre tenía; con este Peter Ustinov ya nos hemos topado en Cine 9009, en "Fuga en el siglo XXIII" y "Espartaco", pero además actuó en "Quo Vadis" (¡como Nerón!), "Jesús de Nazaret" (como Herodes el Grande), además de interpretar a personajes desde Federico de Sajonia hasta Hércules Poirot.
-- Es un epic de Hollywood, de la época de Hollywood anterior a los CGI, y por lo tanto, los efectos especiales son cuidados, y no luce todo artificioso ni irreal. Los escenarios son amplios, las recreaciones son pomposas, y los paisajes tienen un aura envolvente que refleja solvencia visual.
IDEAL PARA: Ver un epic como se rodaban en la época clásica.
Busca otras películas relacionadas:
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Michael Curtiz,
Peter Ustinov,
Víctor Mature
jueves, 19 de octubre de 2006
"Policía corrupto" (1954).

-- "Rogue Cop" (título original en inglés), "Prisionero de su traición" (título en España). Estados Unidos. Año 1954.
-- Dirección: Roy Rowland.
-- Actuación: Robert Taylor, Janet Leigh, George Raft, Steve Forrest, Anne Francis, Robert Ellenstein, Robert F. Simon, Anthony Ross, Alan Hale Jr., Peter Brocco, Vince Edwards, Olive Carey.
-- Guión: Sydney Boehm, basado en la novela de William P. McGivern.
-- Banda Sonora: Jeff Alexander.
-- "Policía corrupto" en IMDb.
-- "Policía corrupto" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
En los barrios bajos de la ciudad, apuñalan a un tipo cualquiera en un garito. El pinchacostillas va a dar rápido con sus huesos a la cárcel, pero surgen los problemas: el tipejo es lo suficientemente importante como para ganar la atención de los zares del crimen de la ciudad. Estos no pierden tiempo en encargar a un policía corrupto que se haga cargo del trabajo, porque este policía corrupto es hermano del polizonte que hizo la detención. El policía corrupto, que en el fondo, bien en el fondo, a pesar de aceptar sobornos y toda esa clase de cosas, es un tipo lo suficientemente bueno como para querer bien a su hermano, se pone manos a la obra, tratando de convencerle. Pero el hermano sale rebelde, y tiene algunas estúpidas ideas sobre que se debe actuar de manera moral y ética, de acuerdo a la ley y los reglamentos, etcétera, y él no va a contribuir a dejar en libertad al reptilito que arrestó por asesinato. Por lo que el polizonte corrupto recurre a todas sus argucias, incluso manipulando a la noviecita de su hermano el policía bueno, para tratar de convencerlo. Todo resulta inútil, y el policía corrupto se ve cada vez más envuelto en problemas. La única manera de salir de ellos es volverse contra sus empleadores y destruirlos. No contra sus jefes de la policía, por supuesto, sino contra sus OTROS empleadores, los del mundo del crimen.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Las décadas de los '40s y '50s vivieron el reinado en gloria y majestad del cine noir, del policial puro y duro que era herencia de la novela negra a lo Dashiell Hammett o Raymond Chandler. Algo bastante obvio, si se piensa, porque aunque hay un cierto halo de luminosidad en torno a ese período en Estados Unidos (los yankis apaleamos a los nazis primero, y nos apareamos como conejos y de ahí el baby boom posterior), lo cierto es que también fue una época dorada para los negocios de la mafia, que había conseguido extender sus tentáculos hasta lo más profundo del sistema legal y judicial, por no hablar de la policía; algo que queda muy bien reflejado de manera retrospectiva en las cintas "El Padrino" y "El Padrino II". No se hablaba abiertamente, pero algo olía podrido, y de ahí el éxito de este tipo de cine.
¿POR QUÉ VERLA?
-- La trama es interesante. Es una película en donde pasan cosas, prácticamente ninguna escena sobra, y todos los cabos sueltos quedan bien amarraditos. El único requisito es aguantar en forma el primer tercio de película, ya que la historia tarda en empezar; ésos eran lujos que el cine más pausado de los '50s podía darse, y que en la actualidad hay que ver un poco con espíritu de época, para no aburrise. Pero una vez que la historia entra en vereda, ya no se detiene.
-- El prota interpretado por Robert Taylor, es un personaje duro, y ciertamente complejo. ¿Es realmente un villano reconvertido en héroe por haber encontrado un poco de iluminación interior debido a su drama personal, o bien actúa como un héroe por las mismas razones equivocadas que le llevaron a dejarse corromper y aceptar sobornos? No cabe duda que la ambigüedad del personaje sostiene la mayor parte de la película.
-- El tratamiento de la moral es bastante interesante. Como es usual dentro de la tradición noir, las fronteras entre el bien y el mal son difusas, y los personajes que quieran escaparse, la tendrán bastante difícil, oprimidos como están por la omnipresencia del mal. El único reparo es que cae en algunos lugares comunes propios de la época, que hoy en día difícilmente pasarían la prueba de la credibilidad ante el público, como poner como personaje secundario positivo a un enérgico sacerdote católico irlandés que se dedica a darle sermones al prota (que éste, con buen sentido común, se niega a escuchar).
IDEAL PARA: Ver una pequeña joyita del antiguo cine noir.
Busca otras películas relacionadas:
+ Alan Hale Jr.,
+ Anne Francis,
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+ Janet Leigh,
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sábado, 19 de agosto de 2006
"El monstruo de la laguna negra" (1954).

-- "Creature from the Black Lagoon" (título original en inglés), "La mujer y el monstruo" (título en España). Estados Unidos. Año 1954.
-- Dirección: Jack Arnold.
-- Actuación: Richard Carlson, Julie Adams, Richard Denning, Antonio Moreno, Néstor Paiva, Whit Bissell, Bernie Gozier, Henry A. Escalante.
-- Guión: Harry Essex y Arthur A. Ross, sobre una historia de Maurice Zimm, basados en una idea de William Alland.
-- Banda Sonora: Henry Mancini, Hans J. Salter, Herman Stein.
-- "El monstruo de la laguna negra" en IMDb.
-- "El monstruo de la laguna negra" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Una expedición arqueológica en la Amazonia descubre el fósil de una misteriosa criatura palmípeda. El investigador a cargo se marcha con el fósil en cuestión, a fin de buscar apoyo científico. Y lo encuentra en un esforzado macho que acude a la cita, con su hermosa mujercita, y también en un ambicioso tipo vinculado a la institucionalidad científica que, cómo no, en realidad los huesos lo tienen indiferente, pero el apoyo monetario que podría conseguir le vendría muy bien. Cuando llegan a la laguna, los latinos que la estaban cuidando han pasado a tocar el arpa en la orquesta celestial, víctimas de un monstruo no identificado, quizás un jaguar. Pero... ¿alguien cree verdaderamente que se trata de esa clase de bestia? ¡Pues no! Una especie de gigantesco hombre pez de piel coriácea (o eso deberíamos creer, porque la verdad es que huele a caucho desde lejos), nietecito lejano del fósil incrustado en la roca con el cual todo partió, ha estado haciendo de las suyas, en particular cuando la chica se pone un atrevido trajebaño blanco y se mete a la laguna a hacer un poco de ejercicio. Ahora, la cacería comienza.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
La década del '50 fue el reinado indiscutible de la serie B y de las scream queens. Era la época en que los monstruos atómicos caminaban sobre la Tierra, las hormigas crecían y las arañas devoraban humanos con sus poderosas mandíbulas. En esos tiempos surgió este filme que evita el lugar común del holocausto atómico, pero a cambio, nos entrega el lugar común de la criatura sepultada en un paraje olvidado del mundo al cual el hombre blanco yanki occidental jamás debería ir.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Es una película de monstruos, pero con ciertas pretensiones. Partiendo por los diálogos, verdaderas joyas de declamación que están ahí más para informar al público de los arcanos recónditos de la ciencia de los monstruos olvidados, que para comunicarse los personajes cosas entre sí. Y mejor no hablar del prólogo grandilocuente en donde se nos informa que al principio Dios creó el cielo y la tierra, y el planeta se enfrió durante millones de años, y algunas de sus criaturas evolucionaron para adaptarse al medio ambiente, etcétera (va en serio: de verdad que dicen todo eso). Por supuesto que esto no hace más que desatar un cierto humorismo involuntario, pero vale, eso es un valor añadido, a fin de cuentas.
-- Los, ejem, efectos especiales. Está el repertorio clásico de (d)efectos de la época, como por ejemplo: hombre dentro del traje de hule, explosiones hechas con petardos, etcétera. A cambio, las escenas subacuáticas están resueltas de una manera bastante brillante y realista, y cuentan como lo mejor de la película. Y no se diga nada: el monstruo de la laguna, aunque resuelto dentro de ciertas coordenadas (se mueve como un humano pesadote a pesar de ser una especie de pez-reptil), resulta tan entrañable con sus gruñidos que al final dan ganas de que por una vez en la vida gane el villano, que para eso humanos de reemplazo hay a paladas.
-- Julie Adams en trajebaño. ¡¡¡UFFFFF!!! Con todo lo arcaico del modelito, y sin técnicas de belleza femenina como la silicona y similares, la señorita Adams nada tiene que envidiarle a las bellezas actuales, a una buena parte de las cuales las supera por todo lo alto. Pero no se entusiasmen: es una de los '50s, así es que no hay desnudos ni sexo. Bueno, por otra parte, en las pelis de ahora tampoco hay mucho de eso, porque las chicas están cada vez más pretenciosas, se hacen famosas y ya no filman desnudos. Por lo visto, no han cambiado mucho las cosas desde...
IDEAL PARA: Ver una clásica de monstruos.
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