11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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jueves, 29 de diciembre de 2011

"El motín del Caine" (1954).


-- "The Caine Mutiny" (título original), "El motí del Caine" (título en catalán). Estados Unidos. Año 1954.
-- Dirección: Edward Dmytryk.
-- Actuación: Humphrey Bogart, José Ferrer, Van Johnson, Fred MacMurray, Robert Francis, May Wynn, Tom Tully, E.G. Marshall, Arthur Franz, Lee Marvin, Warner Anderson, Claude Akins, Katherine Warren, Jerry Paris, Steve Brodie.
-- Guión: Stanley Roberts, con diálogos adicionales de Michael Blankfort, basados en la novela de Herman Wouk.
-- Banda Sonora: Max Steiner.

-- "El motín del Caine" en IMDb.
-- "El motín del Caine" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

La Segunda Guerra Mundial mundialosa del mundo. Un chico muy pirulo y majo ha terminado sus estudios, y mami, una socialité que tira p'atrás, saluda a su niñito y su regalón y su esto o aquello. Esto, para indignación de una chica que anda de noviecita con el tipo, y el tipo jamás se la presenta a mami, no vaya a ser cosa que a la vieja le de soponcio, porque la chica es... ¡cabaretera! Ya ven que el complejo cabaretero-industrial no fue inventado por ID4. El caso es que el tipo es llamado a servir en un dragaminas llamado el Caine. Cuando llega, el buque se ve muuu macho molón, pero nada más abordar y ver no el lado que da a la costa, sino el que da a la mar, descubre que la tripulación son un montón de gañanes que tienen las páginas del reglamento para pasárselas por toda la largura y anchura del agujero mientras van al baño. Al principio, nuestro chico nuevo está mosqueado, pero le empieza a tomar el pulso a aquello que todas las pelis sobre servicio de esto o aquello nos han enseñado, que una cosa es la teoría que aprendes en la academia y otra muy distinta la realidad en que nada funciona como la teoría predice, porque si los tipos que enseñan la teoría realmente supieran del asunto, no estarían perdiendo el tiempo enseñando teoría sino que se estarían forrando con ella en primer lugar. Andando el tiempo, nuestro chico se acostumbra, e incluso se manda una escapadita con la chica, que como es cabaretera y no una señorita bien, pues no le hace ningún asco a esa clase de conducta que las damas decentes y recatadas de los '40s no se atrevían sino hasta después del matrimonio. Pero mientras tanto, las cosas van a cambiar. Porque el viejo chanquete que fungía de capitán, es sacado de circulación, y llega otro capitán que es muuu por el reglamento y todo. Esto le sienta muy mal a la tripulación, porque una cosa es que los marinos estén obligados a respetar un reglamento de disciplina para que las cosas funcionen bien, y otra cosa muy distinta es tener que obedecerlo de verdad. Si además le sumamos que el capitán resulta tomar algunas decisiones muy discutibles en pleno tiempo de guerra, las semillas para un motín están echadas. Pero, esto es sólo ficción, ¿verdad? Después de todo está basado en una novela, y un cartelito al comienzo de la peli nos ha informado que nunca ha habido un motín al interior de la U.S.Navy. Y todo esto es fantasía, ¿no? ¿Verdad...?

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Algunos desinformados piensan que el cine militarista de Hollywood partió con Jerry Bruckheimer y cosas como "Top Gun", conocida también como "esa de aviones que es un spot publicitario de reclutamiento de dos horas para homos enclosetados". Pero desde que el cine es cine, y en particular desde la Segunda Guerra Mundial, que el Ejército de los Estados Unidos aprendió lo importante que es sembrar una buena imagen. Financiar y asesorar pelis con milicos es un negocio redondo, porque por un lado se promueven las bondades de la vida militar para el frente interno, para que no escaseen las conscripciones, y por el otro se muestra in extenso todos los argumentos por los cuales Estados Unidos tiene el mejor derecho para intervenir militarmente allí donde le vibra el ojete del culo porque después de todos somos "loh buenoh", y el resto del mundo a callar, porque, ¿no viste la peli...? La cosa llega a veces hasta extremos ridículos, como que el Ejército de Estados Unidos estaba muy interesado en asesorar "El día de la independencia" (sintomáticamente, otra peli de milico-con-bataclana) porque allí los Joes le ponen el culo en compota a los malvados y faceless extraterrestres, pero cuando descubrieron que en el guión se hablaba del Area 51 dijeron que, ah-no, eso me lo sacan o se las van arreglando solitos. En los '50s, el cine bélico yanketa vivió una breve edad de oro gracias a los créditos de la Segunda Guerra Mundial, que como la ganaron ellos, pues a hacer pelis sobre el tema, que para eso es el cine, para que nos sintamos bien mirándonos el ombligo sobre lo chulos que fuimos. Aunque entre medio igual se infiltraron algunas cosas raras. Como ésta, por ejemplo. Que es una constante y absoluta glorificación del estilo de vida miliconaval, pero en el cual el "villano" es un capitán medio ido de la chaveta. Cosas veredes, y en Hollywood...

¿POR QUÉ VERLA?

-- No creo exagerado afirmar que ésta es una de las mejores pelis bélicas que se han rodado jamás. Resulta curioso como los culturetas de toda la vida que se quejan del "cine comercial" porque los yankis son los buenos, acá tienen que pasar en mutis y cerrar la estúpida bocota porque en esta peli la U.S. Navy es la Fuente Suprema De Todo Bien, y aún así la peli es buena. La Armada tenía sus reparos en darle el visto bueno al asesoramiento de esta peli, en primera por presentar a un capitán de barco medio majareta (¿y a esos tipos les confían el mando y la responsabilidad sobre decenas de hombres...?), y en segunda porque los buenos son los amotinados (¡socavan la autoridad! ¡horror! ¡a dónde iremos a parar! ¡qué vendrá después! ¿barbones con camisas afuera manifestándose con canciones folk contra la guerra en las calles de Washington?). Pero al final lo hicieron, y el resultado es cuando menos folclórico. Cada uno puede ver lo que quiera. Si quieres ver una peli en donde la Armada queda en ridículo por su excesiva adoración por el reglamento y la supresión de toda función cerebral relacionada con el conectar una neurona con la siguiente, entonces estás bien. Y si no te gusta, siempre te puedes quedar con ese gran final en que los amotinados, por mucho que estén en lo correcto y hayan salvado el día, se llevan un rapapolvos monumental porque al final la Armada siempre tiene la razón (aunque se equivoque).

-- ¿Hasta qué punto las reglas son las reglas? ¿Para qué sirven? ¿Qué pasa si se las desobedece? ¿Incluso en caso de un bien superior? Esta peli plantea todos esos problemas, y los resuelve de una manera en general superlativa. Veamos: la Armada tiene un estricto sistema de reglas para que los hombres puedan funcionar adecuadamente en cada una de las circunstancias que se pudieren presentar en la vida militar. La eficiencia en combate, sabido es esto, depende en buena medida de la rapidez: soldado que piensa es soldado que expone preciosos segundos de vida al fuego enemigo, por no hablar de sus compañeros. Pero cuando esa adhesión se transforma en un ridículo ceñirse a las normas por el amor de ceñirse a las normas, algo anda mal. Eso es lo que pasa con nuestro capitán. En principio, bien mirado, no hay nada reprochable en su conducta. El tipo llega a un barco hundido hasta el pescuezo en la indisciplina más generalizada, y al imponer el reglamento no hace más que cumplir con el trabajo para el que se le paga. Pero los marinos, acostumbrados a una vida de lasitud, se toman esto muy a mal. En cierto incidente con ciertas frutillas, diera la idea de que el capitán es un exagerado, pero resulta que en un punto tiene razón: la comida no se puede desaparecer bajo ninguna circunstancia a bordo, por la sencilla razón de que en algún minuto pueden verse desconectados de la línea de suministros, en cuyo caso deberán depender como grupo humano de los alimentos que tengan a mano. El motín mismo presenta una situación muy compleja: no parece tan claro que los amotinados sean los salvadores de la situación y el capitán haya estado equivocado desde el principio. Como bien lo apunta un personaje, hay tres naves perdidas en una tormenta, pero otras 197 se salvaron sin necesidad de un motín. Al final, la peli presenta una conclusión bastante ambigua, con un hálito incluso trágico. Porque los amotinados, para cumplir su trabajo, e incluso salvar el pellejo no por cobardía sino para seguir cumpliendo con su trabajo en el futuro, se saltaron el reglamento en circunstancias más que dudosas para ello. Si se amotinaban, estaban matando lo que más amaban: la integridad de la Armada como un cuerpo unitario de reglamentos y hombres destinados a un fin común que es la defensa nacional. Si no se amotinaban, traicionaban la causa común al arriesgar el dejarse morir a cambio de nada. ¿Valía la pena, para preservar el reglamento, el sacrificio de los hombres? Esta peli tiene la inteligencia de dejar las preguntas flotando en el aire, sin una respuesta definitiva: es la inteligencia del espectador la que debe arribar a ciertas conclusiones, ya que la peli misma no va a tomar partido. Y una peli profunda y que además respete la inteligencia del espectador, es una joya rara en el género bélico, tan dada a los maniqueísmos en general (bien sea en la variante militarista de toda la vida "nosotros los buenos versus ellos los villanos", bien sea en la vertiente antibélica "pacifistas víctimas versus belicistas inhumanos").

-- Esta peli significó el regreso al primer plano del director Edward Dmytryk, luego de haberlas visto canutas en la época de la Caza de Brujas en Hollywood. Dmytryk no es lo que llamaríamos un director de primera línea (en realidad, como tantos otros, es más un buen artesano que un artista en todo el amplio sentido de la palabra), pero sabe dónde colocar una cámara y cómo imprimirle ritmo a la peli, que dura más de dos horas y en ningún minuto se hace larga o pesada, aunque en el fondo la historia tenga muy poca acción (se ambienta a bordo de un buque en la Segunda Guerra Mundial, pero no tenemos más que una escena de combate, y ésta se resuelve en buena medida y por cuestiones presupuestarias, con los inevitables insertos de videos de combate real de la época). En cuanto a la célebre escena de la tormenta, la verdad es que incluso en la actualidad se ven temibles. Uno piensa por ejemplo en todo el CGI que le echaron para "La tormenta perfecta" en el año 2000, y no infunde ni de lejos tanto cuco como este buque medio zarandeado por las olas. Y eso que se rodó en una vulgar piscina con ventiladores de toda la vida, como se hacían las cosas en esos años. Digamos en sobre Dmytryk, que en su filmografía se cuentan pequeños clásicos como "El enigma del collar", y "Regreso a Bataan". Y probablemente "El motín del Caine" sea la joya de la corona dentro de su filmografía.

-- Aparte de un guión magnífico, en que sólo sale sobrando un poco la subtrama romántica de rigor (aunque a nadie le hace mal ver a la voluptuosa May Wynn, todo sea dicho) esta peli está servida por unos actorazos haciendo lo que mejor saben hacer. El prota Robert Francis resulta un poco desangelado como cabezamúsculo, aunque puede que su personaje se supone que sea así (es un milico novato, después de todo). Además, su personaje es más testigo que prota, lo que lo convierte en más un gancho para la audiencia joven de aquellos años, que un personaje propiamente tal, y los pormenores de su vida sentimental no le añaden mucho a la trama. Con todo, nunca nos enteraremos de qué podría habernos dado a futuro, porque al año siguiente, en 1955, un accidente mortal lo eliminó prematuramente de las listas de pagos para actores en Hollywood. Humphrey Bogart como el nuevo capitán, a pesar de aparecer ya un tanto avanzada la peli, se roba todas y cada una de las escenas. Hay su punto de desgracia en el hecho de que interpreta a un hombre prematuramente acabado por el estrés de la guerra hasta el punto de la inestabilidad mental, y que parte importante de lo realista de su actuación radica en que ya estaba desarrollando los síntomas del cáncer que se lo llevaría tres años después a la tumba. Pero atribuirle su gran actuación únicamente a una condición médica sería mezquino con el titán de "El Halcón Maltés", "El sueño eterno", "Casablanca", "El tesoro de la Sierra Madre" y tantas otras producciones en donde brilló como uno de los más grandes de Hollywood de todos los tiempos, y su rol en "El motín del Caine" no desmerece en lo absoluto a los anteriores (interesantemente, en el mismo año rodó un rol quizás un tanto autoparódico, en la más relajada "Sabrina"). A su lado, Van Johnson como el cabecilla del motín tiene el hercúleo trabajo de no dejarse empequeñecer por Humphrey Bogart, y la verdad es que resuelve la papeleta muy bien. De los secundarios, el que más brilla es el actorazo Fred MacMurray, como un hombre pusilánime y un tanto manipulador, que se encarga de avivar el fuego del motín para después hacerse el santurrón con el tema. También se luce José Ferrer como el abogado que en el tramo final defiende a los amotinados, un poco en contra de su propia voluntad e intuición, y con los recursos marrulleros propios de la profesión, que ya se sabe eso de que la justicia militar es la justicia lo que la música militar es a la música (dato de trivia para los frikis: este José Ferre, 31 años después, será el Emperador en "Duna"). Incluso hasta May Wynn, actriz puesta más bien como florero y relajo femenino entre tanta testosterona, se las arregla para lucirse con su personaje.

-- Mención aparte merece Max Steiner. Aunque el soundtrack que compuso para la peli huele un poco a añejo (a ratos alguna que otra melodía recuerda el celebérrimo "Tema de Tara" de su soundtrack para "Lo que el viento se llevó"), a punta de oficio se las arregla para sacar adelante la labor. No es quizás su banda sonora más inspirada, pero sigue siendo un buen trabajo, porque mal que mal, Max Steiner es uno de los más grandes creadores de bandas sonoras de todos los tiempos, y algo tenía que haber aprendido por el camino.

IDEAL PARA: Ver una de las mejores pelis bélicas de todos los tiempos.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].

jueves, 3 de junio de 2010

"La Esmeralda 1879" (2010).


-- "La Esmeralda 1879". Chile. Año 2010.
-- Dirección: Elías Llanos Canales.
-- Actuación: Fernando Godoy, Jaime Omeñaca, Víctor Montero, Víctor Rojas, Roberto Prieto, Ariel Mateluna, Francisca Opazo, Andrés Reyes, Maximiliano Vivanco, Nicolás Poblete, Renato Munster, Marcelo Maldonado.
-- Guión: Elías Llanos Canales.
-- Banda Sonora: Elías Llanos Canales.

-- "La Esmeralda 1879" en su sitio oficial en español.
-- "La Esmeralda 1879" en la Wikipedia en español.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Valparaíso, 1941 (¡un momento! ¿No se supone que es una peli sobre el Combate Naval de Iquique, que fue en 1879? ¡Damn it, es otra de reminiscencias del pasado que rellenan minutos de escena!). Un automóvil se desliza con un oficial muy encopetao, que va a dar una charla para unos niños, porque él, Wenceslao Vargas... ¡Estuvo a bordo de la Esmeralda! ¡Y sobrevivió para contar el cuento! Cuando llega ante los niños, que por supuesto tienen una cara de que la historia patria les resbala, que la historia como mucho la conocen por la línea de cartas de "Héroes: La gloria tiene su precio" para Mitos y Leyendas... en fin, ante esos chavales el pobre hombre se conmueve y empieza a rememorar... ¡Ahora sí! Iquique 1879. La Escuadra chilena se ha dirigido al Perú a partirle todo lo que se llama cavidad bucal a los peruanos en su propio puerto del Callao. La Esmeralda se ha quedado atrás, un buque tan viejo que tiene las calderas funcionando más a fuerza de maulas y bulerías porque esas cosas con ciencia y técnica no se explican, y además con una tripulación de bisoños que ni siquiera se han hecho hombres dándole un buen repaso a algún cristiano del bando contrario, como en cualquier guerra que se precie de tal. El capitán Arturo Prat llega a hacer guardia, mientras el grumete Wenceslao Vargas las pasa canutas por su inexperiencia e indisciplina. Pero todo eso está por cambiar. Porque al día siguiente, los vigías gritarán "¡Humos al norte!". Pronto, la Esmeralda quedará enganchada en combate con el muy superior monitor Huascar, y los chilenos a bordo sufrirán la más horrible prueba de sus vidas, pondrán a prueba su valor, se lanzarán con arrojo y heroísmo, entrarán a la inmortalidad, pasarán a los textos escolares de los chilenos, se bautizarán calles con sus nombres, se harán pelis sobre ellos, etcétera.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Aunque la gesta del 21 de Mayo, de Arturo Prat y sus marinos batiéndose en la Esmeralda contra un enemigo muy superior y sin ninguna esperanza, forma parte del ADN nacional chileno, el cine no se había atrevido a escenificar esta historia. Por un lado conspiraba la falta crónica de presupuesto para hacer pelis en Chile, algo que se ha conseguido paliar sólo en parte en los últimos años gracias a las cámaras digitales y los FXs por computadora, si total de YouTube a "Cloverfield" hay sólo un paso. En segunda, como buenos artistas latinoamericanos, los cineastas chilenos tienen que mantener una pose de hermandad latinoamericana y todas esas zarajandas, y eso les impide rodar un género tan gozosamente xenófobo y maniqueo como lo es el cine de guerra (al menos, el cine de guerra en su concepción tradicional, porque aquí en Chile tuvimos la muy acerba crítica de la Guerra del Pacífico que fue "Caliche sangriento"), porque cuando los yankis muestran a un Joe ametrallando nazis pues eso está bien que para eso son nazis, pero mostrar a un chileno repasando a un peruano, eso sí que no, qué van a decir nuestros vecinos. Y en tercera, factor no menor, los militares en Chile no andan con los bonos altos debido a la dictadura militar primero (1973-1990), y a unos cuantos incidentes posteriores como los reclutas muertos por congelación en la Tragedia de Antuco porque sus superiores no los proveyeron con ropajes adecuados para entrenamiento en nieve (2005), o a las nuncas demasiado aclaradas deficiencias logísticas que se produjeron con ocasión del Terremoto de Febrero de 2010, en que un aviso oportuno de riesgo de maremoto hubiera podido salvar innumerables vidas en la Octava Región. No debe ser casualidad que el ejemplo inmediatamente anterior de cine militarista chileno sea la anémica "El último grumete de la Baquedano", rodada en 1983, o sea, en plena dictadura militar, cuando un proyecto de esas características tenía todos los pases para ser financiado y rodado. Por todo lo anterior, no puede menos que celebrarse los cojones de Elías Llanos Canales, que suponemos a punta de pura voluntad, se las arregló para levantar la primera peli chilena en forma sobre el Combate Naval de Iquique. Bueno, existía el telefilme "Arturo Prat", por supuesto, el que exhibieron en el ciclo de "Héroes, la gloria tiene su precio" en Canal 13, pero como comentábamos en su día acá en Cine 9009, los resultados allí eran bastante mediocres, siendo muy indulgentes. "La Esmeralda 1879" no se acompleja y va a por el oro. Y es probablemente el estreno nacional del Bicentenario en Chile. Aunque sea porque es la peli más cara de la historia chilena, hasta lo que va del año 2010 al menos.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Primero que nada, digamos que esta es una peli honesta. Asume sin complejos ni berrinches autorales su condición de cine bélico de toda la vida, de "nosotros contra ellos", sin tampoco caer en el panfleto apologético de la vida militar ni mucho menos. En la primera sección no se hace una larga relación de los personajes y etcétera, sino que se nos muestra la vida a bordo de una nave de guerra del siglo XIX, con su disciplina, sus costumbres, su vocabulario, etcétera. Claro, todo esto constituye una apología del militarismo al final del día, pero está hecho de manera mucho más discreta que los nunca demasiado sutiles yankis. A diferencia de las pelis bélicas yankis en donde los soldados son sufridos y estoicos y están cabreados de la guerra pero la pelean con nobleza porque para eso son yankis, para patear traseros nazis, acá vemos a la tripulación de marinos tomándose todo un poco a cachondeo, haciendo bromas, y llegado el momento de los porotos con rienda, rec*g**dose de miedo por lo que se les viene encima. Tampoco se nos intenta aleccionar sobre la naturaleza de la guerra y de los hombres ni ofrecernos un contexto político al respecto, como en las ya mencionadas "Arturo Prat" o "Caliche sangriento", sino que se va directo al grano, al buque anclado en Iquique porque tiene que estar anclado en Iquique, y al buque enemigo que va a ir a hacerlo pupa, que esto es guerra y punto, y quiénes la dirigen a según qué objetivos, eso queda fuera del cuadro. La peli intenta ofrecer un retrato respetuoso de los peruanos, pero a ratos cae algo en el cliché del malo maloso (ese capitán peruano Miguel Grau regocijándose con partir en dos a los chilenos, o berreando porque los chilenos del carajo no se rinden, o ese subordinado de Grau que sugiere viperinamente a los supervivientes sólo para recibir un rapapolvos del jefe). O sea, estamos en las coordenadas del cine bélico de toda la vida, con héroes muy héroes y enemigos muy enemigos, y sanseacabó. Claro, una peli así no va a salir a los festivales internacionales a ganar premios ni mucho menos porque "no es profunda" ni te "hace pensar", pero tampoco la peli tiene mayores pretensiones que retratar el momento de heroísmo de un puñado de valientes que en el momento de la crisis supieron plantar cara a la adversidad. Y este planteamiento, muy universal por cierto, la hace agradable de ver, justamente por esa llaneza y falta de pretensiones, defectos éstos que son tan pesados lastres para el cine chileno en general, siempre preocupado de la mirada autoral y de pasar con estatua de mármol al museo cinematográfico nacional y todo eso.

-- La parte técnica está bastante bien. No hay nada que temer respecto de la crónica falta de presupuesto del cine chileno aquí, y estamos lejos de las esforzadas y aún así penosas infografías de prensa dominical de "Arturo Prat". Para la peli se construyeron una réplica de la Esmeralda casi a escala real, y eso redunda en una peli mucho más verosímil en lo visual. El uso de CGI prácticamente ni se nota (de hecho, doy por hecho de que usaron por un tema de FXs, pero no podría decir a ciencia cierta en qué escenas se emplearon). Las actuaciones en general son de buen nivel. Fernando Godoy (¡sí, el crío de la versión chilena de "Casado con hijos"!) como el Wenceslao Vargas joven consigue transmitir todo el horror de un crío que aún no se ha hecho hombre, y debe lidiar con el horror a bordo de una embarcación que todos más o menos saben condenada frente a la superioridad del enemigo. Víctor Rojas, su contrapunto como Wenceslao Vargas viejo, en sus poquitas escenas también consigue que su nostalgia y la emoción que le embarga sean reales. De esta manera, la dupleta Godoy/Rojas consiguen esa conexión que hace a la peli ser un todo orgánico y le confiere esa aura de gran evento que son los acontecimientos presentados. Jaime Omeñaca, por su parte, compone un interesante Arturo Prat, no heroico ni para la posteridad, sino simplemente un buen hombre preocupado de cumplir con su deber, a quien las jodías circunstancias acaban por empujarlo hacia lo inevitable, sacando lo mejor de sí como ser humano. Y por cierto, en el sitio web oficial podrían tener el amable detalle de incluir en la ficha técnica qué personaje representaba cada actor, digo, ¿no? En cuanto a la banda sonora, es lo genérico en esta clase de pelis, y en general funciona con corrección.

-- Si tengo que quedarme con una secuencia de esta peli, probablemente es la de "humos al norte" y toda la preparación subsiguiente para la batalla. Ha pasado cerca de 30-40 minutos de peli, hemos aprendido a conocer y apreciar a la tripulación de la Esmeralda, sabemos desde el comienzo que está sentenciada por las reflexiones del Wenceslao Vargas crepuscular, y la catástrofe está servida. Vemos los humos, después vemos los buques peruanos, y estamos preparados para lo que viene. La música, la tensión de los actores, la bonita fotografía, todo está reunido para crear un momento especial. Me pregunto cuántas veces el cine chileno ha conseguido clavar de esa manera al público en su asiento.

-- Un valor añadido, para los fanáticos del cine bélico. Es sabido que las pelis sobre combates navales del XIX no abundan demasiado. Si aprendiéramos historia por el cine, entonces nos encontraríamos que la tecnología bélica naval dio un misterioso salto hacia adelante desde las fragatas de Trafalgar hasta los portaviones del Mar del Coral. "La Esmeralda 1879" cumple con rellenar ese vacío, mostrando un combate naval cañonazo contra cañonazo, además del uso de esa curiosa ramificación de la tecnología naval que fue el espolón, que a finales del XIX se consideró por un tiempo como el arma naval decisiva, antes de que los progresos en materia de artillería hicieron evidente que los buques ya ni siquiera llegarían al cuerpo a cuerpo en los combates del futuro. Eso, para cualquier militarito de pro, debería ser un plus respecto de esta peli.

IDEAL PARA: Seguidores del cine militar, y entusiastas de la historia patria chilena.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en español].

jueves, 4 de junio de 2009

"Arturo Prat" (2009).


-- "Arturo Prat". Chile. Año 2009.
-- Dirección: Gustavo Graef-Marino.
-- Actuación: Andrés Waas, Ingrid Isensee, Pablo Cerda, Javier Baldasares, Magdalena Müller, Jorge Becker, Aline Küppenheim, Alejandro Montes, León Murillo, Norma Ortiz, Rodolfo Pulgar, Bárbara Ruiz Tagle.
-- Guión: Julio Rojas.
-- Banda Sonora: Andrés Pollak.

-- "Arturo Prat" en el sitio oficial de "Héroes: La gloria tiene su precio".
-- "Arturo Prat" en IMDb.
-- "Héroes: La gloria tiene su precio" en la Wikipedia en castellano.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Bitácora Espacial, Fecha Estelar 2105.79, estamos embarc... perdón, me vengo bajando hace un ratito del Star Trek de Abrams. ¿En qué estoy? Ah, sí, en mi penosa obligación de reseñar... bueno... ESTO. Allá vamos. Es el año de Nuestro Señor Jesucristo de 1879. El capitán Arturo Prat sube a bordo de la Covadonga, en Valparaíso. Es saludado por los grumetes. El tiempo apremia: la Cov... Sí, la Covadonga dije, hombre. Ya sé que la nave que hizo inmortal a Prat, como la Pinta de Colón, como el Nautilus de Nemo, como el Enterprise de Kirk, es la Esmeralda y no la Covadonga, que en ese evento la capitaneaba Carlos Condell, pero sigan leyendo, por favor. Decía que la Covadonga, al mando de Prat, emprende la ruta hacia Iquique. Ha estallado la guerra de los chilenos contra los peruanos, y la escuadra chilena se encuentra anclada en Iquique, que en la época es todavía peruano, bloqueando todo lo que entra y sale, a la espera de que los peruanos ataquen, y ahí mostrar quién es papi. Pero los peruanos no atacan. Y no atacan, y no atacan los porfiados. De manera que el Almirante Williams decide que irán ellos en una incursión sorpresa contra el Callao, y decidirán la guerra, que para eso son machos chilenos. Pero cuando asigna las naves, le dice a Carlos Condell: "Tú vas a la Covadonga". Y a Prat: "Tú vas a la Esmeralda". La que, según hemos sabido, es una bañera de madera casi inmovilizada en el agua. Toda la escuadra emprende la marcha hacia el norte, y tanto Prat como Condell se quedan sepultados, maniobra obvia porque Williams es un car*j*-**jodep*** arrogante que se cree mucho por puro que tienes más galones, y no se da cuenta de que Arturo Prat es el héroe de la marina, como que la peli es de Prat y no de Williams. Entonces vemos como Arturo Prat tiene demasiado tiempo libre, porque empieza a salpimentarlo todo con memorias y recuerdos de su vida pre y post nupcial que, en verdad, nadie le ha pedido, porque si estamos sentados viendo esto es porque queremos ver a los abusones del Huáscar tirando un que te defecas blindado sobre una sencillita cáscara de nuez como es la Esmeralda, y no encontrarnos con el aburrido pasado semiabogadil de nuestro héroe. Pero como todo recuerdo flashback alguna vez tiene que acabar, llega la hora de la verdad. El 21 de Mayo. La fecha en que dos grandes naves peruanas, la Independencia y el Huáscar, hacen acto de presencia en Iquique, listos para levantar el bloqueo y machacar chilenos de paso. Pero Arturo Prat es mucho macho, y no se rinde el majo. Con una nave inmovilizada por unas calderas que se cantan la desperfectata completa, con cañones de poco calibre y expuestos al fuego enemigo, con una tripulación de novatos, ¿qué hará? Bueno, si fuera el capitán Kirk, daría con algún improbable principio científico que le permitiría salvar el trasero y echarse al Huáscar entre pecho y espalda. Pero no es el capitán Kirk. Es la verdá verdadera de las cosas. Es la suerte del chileno. Y como los lectores chilenos ya se la saben, y a los extranjeros, seguramente ni puñetera gana de saber quién demonios fue Arturo Prat, que para eso murió por la patria chilena y no por la de mis lectores extranjeros, lo diré. Se murió. Finito. Réquiem. Marcha fúnebre. Pero sin rendirse, eso sí. Majo el héroe.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

En 2007, después de un tiempo labureando como hormigas, el equipo de Canal 13 estrenó su serie de telefilmes pseudodocumentales llamado "Héroes: La gloria tiene su precio". Sacaron cinco entregas antes de ésta: "O'Higgins: Vivir para merecer su nombre", "Carrera: El príncipe de los caminos", "Rodríguez: Hijo de la rebeldía", "Portales: La fuerza de los hechos", y "Balmaceda" (aquí se les agotó el suministro de subtítulos). Los resultados fueron irregulares, moviéndose entre el 3,5 y el 4,5 por lo general (en Chile, con escala de 1 a 7, un 4 es un "aprobado"). Ni chicha ni limoná. La empresa, por descontado, era difícil. Se trataba de hacer pelis sobre héroes nacionales, en una patria en donde ciertos personajes que gustan envolverse en la bandera porque sí, porque son muy chulos ellos, estiman que si es punto menos que hagiográfica, la cosa es un insulto. En serio, para mis lectores extranjeros: en Chile hay cavernícolas tan reaccionarios, que si uno se atreve a balbucear, insinuar, susurrar siquiera, que tal héroe patrio es 99% héroe y no un completo 100%, caen con las rodillas en tierra, se rasgan sus vestiduras, y con los labios temblorosos y los ojos arrasados en lágrimas, se cubren la cabeza con cenizas y gimen a los Cielos por permitir que semejante infiel se atreva a mancillar el santo nombre del tótem de la tribu. Son tipos que consideran a Arturo Prat como el segundo en la cadena de mando universal por debajo de Dios mismo, y con ellos mismos, miren qué casualidad, de terceros, quién los ha nombrado, pero ellos se juran que sí. Y patalean, y gruñen, y lo que es peor, los medios de comunicación, en vez de enviarlos al asilo de ancianos, les hacen caso y les piden sentidas disculpas, como si fueran merecedores de aquéstas a pesar de habernos secuestrado la bandera a todos nosotros y llevársela ellos para la casa como si fuera propia (bueno, para qué estamos, muchos de ellos ponen el money en publicidad para los mass media, así es que...). Ya lo vimos cuando los o'higginistas, que son los que se masturban con O'Higgins, se emputecieron con los carrerinos, que son quienes se masturban con Carrera, cuando salieron las sendas "O'Higgins: Vivir para merecer su nombre" y "Carrera: El príncipe de los caminos", porque en esos documentales no importaba que fueran los protas, sino que además, debía describírselos como el colmo del heroísmo, y pintar a su vil rival (o'higginiano/carrerino, intercálese lo que corresponda) como un abyecto y cobarde reptil. Digo todo esto porque quizás en el extranjero no me crean, o piensen que exagero, pero acá en Chile es así. Bueno, hacer documentales sobre los chilenos más importantes de la Historia, en estas condiciones, era punto menos que labor complicada. Además, tenían que lidiar con el no siempre demasiado abundante presupuesto, y lo que es peor: el cine épico yanki post "Gladiador" / "El Señor de los Anillos" es tan chupi, que hacer lo mismo a la chilena, con menos presupuesto, y por qué no decirlo, con menos ideas, que aquí en Chile los puestos se obtienen por compadrazgo y no por capacidad, era tan suicida como pretender meterse al hipódromo con un jamelgo viejo a correr con un puñado de purasangres que para remate, habían empezado la carrera más temprano. En las entregas anteriores podían hacerse los suecos con el tema presupuesto, reduciendo el tema militar al mínimo (ya saben: pocos extras, tomas breves, mucho primer plano para que no se note pobreza) y centrándose en la siempre asquerosa política, y adios a O'Higgins en la Batalla de Rancagua y a Carrera en el sitio de Chillán (bueno, eso fue resuelto bien a la rapidilla y con un CGI que parecía infografía de diario en "Carrera: Príncipe de los caminos") pero aquí, en que Arturo Prat es un héroe netamente militar, representar el Combate Naval de Iquique era absolutamente ineludible. De manera que se dejaron esperar dos años. Para reunir el dinero. Y que aunque la Esmeralda se fuera a pique, el asunto entero pudiera flotar. Y no se notara pobreza. No demasiada. Después de todo, iba a ser la más épica de las seis entregas, ¿no? Bueno, sí, es la más épica de todas. Pero como las otras cinco tampoco era que fueran leche y nata de épica, pues bien, eso como que no dice mucho, ¿no? Tampoco ayudó la puñetera política de Canal 13, de tomar una peli que dura más o menos su horita y media, y exhibirla en dos partes, en un domingo y luego en el otro domingo, práctica nefasta que creíamos superada desde los tiempos de "los Best Sellers de Televisión Nacional" en los '80s partiendo en dos entregas tanto "Superman" como "Superman II" (en serio, lo hicieron los malparidos). Y para rellenar el espacio de una peli entera, añadiendo a la primera entrega un adelanto de lo que vendrá que duraba como media hora (en serio, un adelanto de media hora para una peli de hora y media). Y en la segunda entrega, resumieron la entrega de la primera (como casi una hora) en treinta y cinco minutos. O sea, sumando todos los tiempos de resúmenes, precuémenes y secuémenes y así, nos vimos la producción casi dos veces enteras. Y ya la producción misma no era para tirar fuegos artificiales, así es que los imbéciles de Canal 13 (lo siento, no me gusta descalificar a nadie, pero si quieren el respeto del General Gato, deben ganárselo con humildad y mucho esfuerzo espiritual, y hasta que eso no suceda, imbéciles les digo hasta que les sangre el culo) con eso terminaron de liquidarla. Deberían haber visto cómo la pusieron a parir en Twitter. Bueno, no era tan mala. Pero había que hacer verdaderos esfuerzos de concentración, como sólo alguien tan eximio e inefable como el General Gato puede hacerlo por ustedes, pobres humanitos, para ver alguna virtud en medio de este descalabro general, tan arteramente potenciado por la política editorial de Canal 13 (autogol, que se llama).

¿POR QUÉ VERLA?

-- Después de poner en su lugar a la casta de cretinoides que hacen la programación de Canal 13 por su oligofrénica decisión de partir una peli de hora y media en una parte de 50 minutos y otra de 40, dejando así botada a su suerte la primera parte porque es en la segunda donde viene lo bueno (la batalla, que nadie viene aquí a ver lo macho que era Prat antes de que le encajaran un tiro), vamos a ver cómo anduvo la cosa en general. Hay dos cosas acá: el Combate Naval de Iquique mismo, y la historia anterior de Prat (parece que con una mañana de combates no se rellena hora y media de peli, que esto no es "24", además que no parece que Prat haya noqueado a alguien a golpes, de modo que si no lo podemos heroizar con acción física, habrá que hacerlo pintándolo con rasgos nobles y todo eso). Partamos por la historia anterior. ¿Está bien llevada? La respuesta a grandes rasgos es: a medias. Gustavo Graef-Marino, director que hace casi veinte años filmó una de las mejores pelis chilenas de todos los tiempos, y una muy buena peli a secas, cual es "Johnny Cien Pesos", y que nos dio la mejor entrega de todas las de "Héroes: El rating tiene su precio" con "Balmaceda", acá se muestra inusitadamente blando con un guión que, no es que le quede grande (es más bien al revés, Graef-Marino es más grande que el guión), sino que es simplemente imposible. O acaso se lo tomó como un trabajo de encargo, y lo filmó todo en automático, que no todo va a ser cine de auteur tampoco. El señor Julio Rojas, que perpetró este guión, no se calentó el casco pensando cómo mostrarnos el mundo interior de Arturo Prat para mostrarnos lo muuuuuu profundo que era, sino que se limitó a meter una serie de escenas de relleno (Prat mirando el mar, Prat pensando, Prat en su camarote...) con un montón de voz en off narrándonos sus pensamientos más íntimos. A este tipo nadie le dijo aquello de "show, don't tell": vamos al cine a ver imágenes, no a escuchar cháchara, y si no puedes expresar algo con una imagen potente, mejor bota tu guión a la basura, macho, y empieza de nuevo. En una escena de las primeras vemos a Arturo Prat subiendo sus efectos personales a su gabinete a bordo: la escena se explicaba por sí sola, e incluso bien filmada hubiera tenido el valor de una pequeña poesía, pero se arruina inexorablemente cuando escuchamos a Arturo Prat reflexionando en off, reflexionando en off, reflexionando en off, reflexionando en off, hasta que llega un minuto en que nos decimos que maldita sea, qué bueno no somos telépatas porque de leer los pensamientos de todo el mundo así, la vida sería insufrible como en esta escena malograda. Los diálogos a ratos son para partirse de risa, como si los pobres desgraciaos a bordo supieran de antemano que no sólo iban a pelear, sino que además los iban a dejar para ensalada de peces, y que siete años después de su muerte se iba a inagurar un monumento en su honor en la Plaza Sotomayor de Valparaíso. Faltó el puro Wenceslao Vargas diciendo "¡oigan, yo soy el que va a vivir más, me voy a morir en 1958!". La idea de tener un grumete joven y ficticio dialogando aquí y allá con Prat era buena, aunque se malogra su tanto porque el crío, no es que no se esfuerce, pero simplemente no logra la tecla (le habla de una el capitán de su nave, de tú a tú, como tu superior al mando, casi como la palabra de Dios, ¿y no se te sale una carita de susto infantil, hereje?). Andrés Waas se esfuerza por interpretar bien a Arturo Prat, y bien-bien-bien no le sale, pero hay esfuerzo aquí, y al final del día (del segundo día, ya dije que lo exhibieron en dos partes) logra algunas buenas escenas. Ingrid Isensee en el rol de Carmela Carvajal, la esposa de Prat, trata de actuar como una buena señorita del siglo XIX, y trata sinceramente, pero el esfuerzo también se queda a medio gas. El mejor actor de todos aquí, de lejos, es el que interpretó al Almirante Williams, y mira que llegas a odiar al desgraciao por estiradete y puteahéroes, pero por desgracia no puedo decir quién es, y mira que son joputas los desgraciaos, no es que no salga el nombre del actor en la Wikipedia o en IMDb, que esos son pecados veniales, es que ni siquiera le acreditan su buen hacer en el sitio oficial de "Héroes: La gloria tiene su precio", eso sí es que es ser héroe sin gloria. Y olvídense de que me voy a comprar el puñetero DVD a 9.900 pesos sólo para satisfacer mi curiosidad, que con ese dinero me pago casi cuatro entradas al cine en día rebajado, y seguro que "Terminator: La salvación" podrá ser incluso más bodriosa, pero al menos los FXs deberían ser mejores. Así es que, si alguien, en alguna parte, con suerte, dispone del dato de quien interpretó al Almirante Williams, quizás en los comentarios, se agradecería, plis...

-- Vamos a la segunda parte. La épica. Los FXs. Lo bueno: barco contra barco, cañonazos, explosiones, escabechina, sangre y muertos. Si para eso veníamos en primer lugar, que si quería ver un héroe científico me metía con "El curandero de la selva" o "Epidemia". La parte del combate es, con mucho, la mejor, y la que justifica (desde el inicio, por supuesto, pero también en términos de logros) todo esto. No es que sea la batalla más épica que hayamos visto, que los fondos azules hacen lucir a los decorados CGI de "Toy Story" como prodigios de hiperrealismo fotográfico, pero Gustavo Graef-Marino la hace corta, compacta y con empuje (supongo que tampoco daba el presupuesto para más), y más o menos funciona, aunque sea porque nos arranca de la letargia de la hora anterior de trama. Aquí podríamos justificar esto diciendo que "es a la chilena", que los FXs en Chile están en pañales, que no hay un churrutecientos de presupuesto como en DreamWorks o en Pixar para buenos efectos computacionales, pero el sufrido espectador no tiene por qué tragarse esto, por la misma razón por la que ningún consumidor serio acepta que una empresa le traspase sus excesos en los costos de producción a través de un "made in Chile" defectuoso, pudiendo comprar la marca importada que es mejor. Aquí, con los FXs, hacen un esfuerzo serio y honesto, el Huáscar se ve imponente, y las explosiones en la Esmeralda pareciera como que van en serio. Por desgracia, todo parece y tiene un aire a videojuego de los '90s, de andar como coleguetes de tragos con las animaciones del "StarCraft" de 1998 (que además eran más entretenidas porque iban de Zerg y Protoss, no de chilenitos y peruanitos). En medio de tanta pantalla azul, se nos aparece un personaje nuevo, don Miguel Grau, capitán del Huáscar, que está muy bien interpretado por León Murillo, y se agradece que no hayan intentado pintar a los peruanos como "los malos", sino que hacen un esfuerzo honesto por ponerlos tan patriotas y esforzados como los chilenos, y el resto: guerra es guerra, mala suerte si el Huáscar es más poderoso que la Esmeralda. Quizás viendo esto entero de una sentada, la idea de la estrategia de Prat, en su planteamiento y ejecución, hubiera quedado mejor resuelta, pero como el Canal 13 la partió en dos, esto quedó volando en el aire, y el gran damnificado es Gustavo Graef-Marino, que quedó como director de una peli en donde no queda bien planteada la estrategia de Prat. En fin...

-- Mención especial para la banda sonora. No es la mejor que he oído, no es tan power como un epic de Hollywood, se notan mucho las influencias de épicos ilustres como Michael Giacchino o Jerry Goldsmith, pero acompaña bien, y en general, contribuye a levantar un poco el alicaído nivel de la producción.

IDEAL PARA: Ver una apuesta interesante y esforzada sobre Arturo Prat y el Combate Naval de Iquique, aunque la ambición de objetivos y esfuerzos hagan que por desgracia se noten más las carencias.

VIDEOS.

-- Sinopsis de la peli [en español].



-- Inicio de la peli [en español].

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