11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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jueves, 3 de junio de 2010

"La Esmeralda 1879" (2010).


-- "La Esmeralda 1879". Chile. Año 2010.
-- Dirección: Elías Llanos Canales.
-- Actuación: Fernando Godoy, Jaime Omeñaca, Víctor Montero, Víctor Rojas, Roberto Prieto, Ariel Mateluna, Francisca Opazo, Andrés Reyes, Maximiliano Vivanco, Nicolás Poblete, Renato Munster, Marcelo Maldonado.
-- Guión: Elías Llanos Canales.
-- Banda Sonora: Elías Llanos Canales.

-- "La Esmeralda 1879" en su sitio oficial en español.
-- "La Esmeralda 1879" en la Wikipedia en español.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Valparaíso, 1941 (¡un momento! ¿No se supone que es una peli sobre el Combate Naval de Iquique, que fue en 1879? ¡Damn it, es otra de reminiscencias del pasado que rellenan minutos de escena!). Un automóvil se desliza con un oficial muy encopetao, que va a dar una charla para unos niños, porque él, Wenceslao Vargas... ¡Estuvo a bordo de la Esmeralda! ¡Y sobrevivió para contar el cuento! Cuando llega ante los niños, que por supuesto tienen una cara de que la historia patria les resbala, que la historia como mucho la conocen por la línea de cartas de "Héroes: La gloria tiene su precio" para Mitos y Leyendas... en fin, ante esos chavales el pobre hombre se conmueve y empieza a rememorar... ¡Ahora sí! Iquique 1879. La Escuadra chilena se ha dirigido al Perú a partirle todo lo que se llama cavidad bucal a los peruanos en su propio puerto del Callao. La Esmeralda se ha quedado atrás, un buque tan viejo que tiene las calderas funcionando más a fuerza de maulas y bulerías porque esas cosas con ciencia y técnica no se explican, y además con una tripulación de bisoños que ni siquiera se han hecho hombres dándole un buen repaso a algún cristiano del bando contrario, como en cualquier guerra que se precie de tal. El capitán Arturo Prat llega a hacer guardia, mientras el grumete Wenceslao Vargas las pasa canutas por su inexperiencia e indisciplina. Pero todo eso está por cambiar. Porque al día siguiente, los vigías gritarán "¡Humos al norte!". Pronto, la Esmeralda quedará enganchada en combate con el muy superior monitor Huascar, y los chilenos a bordo sufrirán la más horrible prueba de sus vidas, pondrán a prueba su valor, se lanzarán con arrojo y heroísmo, entrarán a la inmortalidad, pasarán a los textos escolares de los chilenos, se bautizarán calles con sus nombres, se harán pelis sobre ellos, etcétera.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Aunque la gesta del 21 de Mayo, de Arturo Prat y sus marinos batiéndose en la Esmeralda contra un enemigo muy superior y sin ninguna esperanza, forma parte del ADN nacional chileno, el cine no se había atrevido a escenificar esta historia. Por un lado conspiraba la falta crónica de presupuesto para hacer pelis en Chile, algo que se ha conseguido paliar sólo en parte en los últimos años gracias a las cámaras digitales y los FXs por computadora, si total de YouTube a "Cloverfield" hay sólo un paso. En segunda, como buenos artistas latinoamericanos, los cineastas chilenos tienen que mantener una pose de hermandad latinoamericana y todas esas zarajandas, y eso les impide rodar un género tan gozosamente xenófobo y maniqueo como lo es el cine de guerra (al menos, el cine de guerra en su concepción tradicional, porque aquí en Chile tuvimos la muy acerba crítica de la Guerra del Pacífico que fue "Caliche sangriento"), porque cuando los yankis muestran a un Joe ametrallando nazis pues eso está bien que para eso son nazis, pero mostrar a un chileno repasando a un peruano, eso sí que no, qué van a decir nuestros vecinos. Y en tercera, factor no menor, los militares en Chile no andan con los bonos altos debido a la dictadura militar primero (1973-1990), y a unos cuantos incidentes posteriores como los reclutas muertos por congelación en la Tragedia de Antuco porque sus superiores no los proveyeron con ropajes adecuados para entrenamiento en nieve (2005), o a las nuncas demasiado aclaradas deficiencias logísticas que se produjeron con ocasión del Terremoto de Febrero de 2010, en que un aviso oportuno de riesgo de maremoto hubiera podido salvar innumerables vidas en la Octava Región. No debe ser casualidad que el ejemplo inmediatamente anterior de cine militarista chileno sea la anémica "El último grumete de la Baquedano", rodada en 1983, o sea, en plena dictadura militar, cuando un proyecto de esas características tenía todos los pases para ser financiado y rodado. Por todo lo anterior, no puede menos que celebrarse los cojones de Elías Llanos Canales, que suponemos a punta de pura voluntad, se las arregló para levantar la primera peli chilena en forma sobre el Combate Naval de Iquique. Bueno, existía el telefilme "Arturo Prat", por supuesto, el que exhibieron en el ciclo de "Héroes, la gloria tiene su precio" en Canal 13, pero como comentábamos en su día acá en Cine 9009, los resultados allí eran bastante mediocres, siendo muy indulgentes. "La Esmeralda 1879" no se acompleja y va a por el oro. Y es probablemente el estreno nacional del Bicentenario en Chile. Aunque sea porque es la peli más cara de la historia chilena, hasta lo que va del año 2010 al menos.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Primero que nada, digamos que esta es una peli honesta. Asume sin complejos ni berrinches autorales su condición de cine bélico de toda la vida, de "nosotros contra ellos", sin tampoco caer en el panfleto apologético de la vida militar ni mucho menos. En la primera sección no se hace una larga relación de los personajes y etcétera, sino que se nos muestra la vida a bordo de una nave de guerra del siglo XIX, con su disciplina, sus costumbres, su vocabulario, etcétera. Claro, todo esto constituye una apología del militarismo al final del día, pero está hecho de manera mucho más discreta que los nunca demasiado sutiles yankis. A diferencia de las pelis bélicas yankis en donde los soldados son sufridos y estoicos y están cabreados de la guerra pero la pelean con nobleza porque para eso son yankis, para patear traseros nazis, acá vemos a la tripulación de marinos tomándose todo un poco a cachondeo, haciendo bromas, y llegado el momento de los porotos con rienda, rec*g**dose de miedo por lo que se les viene encima. Tampoco se nos intenta aleccionar sobre la naturaleza de la guerra y de los hombres ni ofrecernos un contexto político al respecto, como en las ya mencionadas "Arturo Prat" o "Caliche sangriento", sino que se va directo al grano, al buque anclado en Iquique porque tiene que estar anclado en Iquique, y al buque enemigo que va a ir a hacerlo pupa, que esto es guerra y punto, y quiénes la dirigen a según qué objetivos, eso queda fuera del cuadro. La peli intenta ofrecer un retrato respetuoso de los peruanos, pero a ratos cae algo en el cliché del malo maloso (ese capitán peruano Miguel Grau regocijándose con partir en dos a los chilenos, o berreando porque los chilenos del carajo no se rinden, o ese subordinado de Grau que sugiere viperinamente a los supervivientes sólo para recibir un rapapolvos del jefe). O sea, estamos en las coordenadas del cine bélico de toda la vida, con héroes muy héroes y enemigos muy enemigos, y sanseacabó. Claro, una peli así no va a salir a los festivales internacionales a ganar premios ni mucho menos porque "no es profunda" ni te "hace pensar", pero tampoco la peli tiene mayores pretensiones que retratar el momento de heroísmo de un puñado de valientes que en el momento de la crisis supieron plantar cara a la adversidad. Y este planteamiento, muy universal por cierto, la hace agradable de ver, justamente por esa llaneza y falta de pretensiones, defectos éstos que son tan pesados lastres para el cine chileno en general, siempre preocupado de la mirada autoral y de pasar con estatua de mármol al museo cinematográfico nacional y todo eso.

-- La parte técnica está bastante bien. No hay nada que temer respecto de la crónica falta de presupuesto del cine chileno aquí, y estamos lejos de las esforzadas y aún así penosas infografías de prensa dominical de "Arturo Prat". Para la peli se construyeron una réplica de la Esmeralda casi a escala real, y eso redunda en una peli mucho más verosímil en lo visual. El uso de CGI prácticamente ni se nota (de hecho, doy por hecho de que usaron por un tema de FXs, pero no podría decir a ciencia cierta en qué escenas se emplearon). Las actuaciones en general son de buen nivel. Fernando Godoy (¡sí, el crío de la versión chilena de "Casado con hijos"!) como el Wenceslao Vargas joven consigue transmitir todo el horror de un crío que aún no se ha hecho hombre, y debe lidiar con el horror a bordo de una embarcación que todos más o menos saben condenada frente a la superioridad del enemigo. Víctor Rojas, su contrapunto como Wenceslao Vargas viejo, en sus poquitas escenas también consigue que su nostalgia y la emoción que le embarga sean reales. De esta manera, la dupleta Godoy/Rojas consiguen esa conexión que hace a la peli ser un todo orgánico y le confiere esa aura de gran evento que son los acontecimientos presentados. Jaime Omeñaca, por su parte, compone un interesante Arturo Prat, no heroico ni para la posteridad, sino simplemente un buen hombre preocupado de cumplir con su deber, a quien las jodías circunstancias acaban por empujarlo hacia lo inevitable, sacando lo mejor de sí como ser humano. Y por cierto, en el sitio web oficial podrían tener el amable detalle de incluir en la ficha técnica qué personaje representaba cada actor, digo, ¿no? En cuanto a la banda sonora, es lo genérico en esta clase de pelis, y en general funciona con corrección.

-- Si tengo que quedarme con una secuencia de esta peli, probablemente es la de "humos al norte" y toda la preparación subsiguiente para la batalla. Ha pasado cerca de 30-40 minutos de peli, hemos aprendido a conocer y apreciar a la tripulación de la Esmeralda, sabemos desde el comienzo que está sentenciada por las reflexiones del Wenceslao Vargas crepuscular, y la catástrofe está servida. Vemos los humos, después vemos los buques peruanos, y estamos preparados para lo que viene. La música, la tensión de los actores, la bonita fotografía, todo está reunido para crear un momento especial. Me pregunto cuántas veces el cine chileno ha conseguido clavar de esa manera al público en su asiento.

-- Un valor añadido, para los fanáticos del cine bélico. Es sabido que las pelis sobre combates navales del XIX no abundan demasiado. Si aprendiéramos historia por el cine, entonces nos encontraríamos que la tecnología bélica naval dio un misterioso salto hacia adelante desde las fragatas de Trafalgar hasta los portaviones del Mar del Coral. "La Esmeralda 1879" cumple con rellenar ese vacío, mostrando un combate naval cañonazo contra cañonazo, además del uso de esa curiosa ramificación de la tecnología naval que fue el espolón, que a finales del XIX se consideró por un tiempo como el arma naval decisiva, antes de que los progresos en materia de artillería hicieron evidente que los buques ya ni siquiera llegarían al cuerpo a cuerpo en los combates del futuro. Eso, para cualquier militarito de pro, debería ser un plus respecto de esta peli.

IDEAL PARA: Seguidores del cine militar, y entusiastas de la historia patria chilena.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en español].

jueves, 4 de junio de 2009

"Arturo Prat" (2009).


-- "Arturo Prat". Chile. Año 2009.
-- Dirección: Gustavo Graef-Marino.
-- Actuación: Andrés Waas, Ingrid Isensee, Pablo Cerda, Javier Baldasares, Magdalena Müller, Jorge Becker, Aline Küppenheim, Alejandro Montes, León Murillo, Norma Ortiz, Rodolfo Pulgar, Bárbara Ruiz Tagle.
-- Guión: Julio Rojas.
-- Banda Sonora: Andrés Pollak.

-- "Arturo Prat" en el sitio oficial de "Héroes: La gloria tiene su precio".
-- "Arturo Prat" en IMDb.
-- "Héroes: La gloria tiene su precio" en la Wikipedia en castellano.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Bitácora Espacial, Fecha Estelar 2105.79, estamos embarc... perdón, me vengo bajando hace un ratito del Star Trek de Abrams. ¿En qué estoy? Ah, sí, en mi penosa obligación de reseñar... bueno... ESTO. Allá vamos. Es el año de Nuestro Señor Jesucristo de 1879. El capitán Arturo Prat sube a bordo de la Covadonga, en Valparaíso. Es saludado por los grumetes. El tiempo apremia: la Cov... Sí, la Covadonga dije, hombre. Ya sé que la nave que hizo inmortal a Prat, como la Pinta de Colón, como el Nautilus de Nemo, como el Enterprise de Kirk, es la Esmeralda y no la Covadonga, que en ese evento la capitaneaba Carlos Condell, pero sigan leyendo, por favor. Decía que la Covadonga, al mando de Prat, emprende la ruta hacia Iquique. Ha estallado la guerra de los chilenos contra los peruanos, y la escuadra chilena se encuentra anclada en Iquique, que en la época es todavía peruano, bloqueando todo lo que entra y sale, a la espera de que los peruanos ataquen, y ahí mostrar quién es papi. Pero los peruanos no atacan. Y no atacan, y no atacan los porfiados. De manera que el Almirante Williams decide que irán ellos en una incursión sorpresa contra el Callao, y decidirán la guerra, que para eso son machos chilenos. Pero cuando asigna las naves, le dice a Carlos Condell: "Tú vas a la Covadonga". Y a Prat: "Tú vas a la Esmeralda". La que, según hemos sabido, es una bañera de madera casi inmovilizada en el agua. Toda la escuadra emprende la marcha hacia el norte, y tanto Prat como Condell se quedan sepultados, maniobra obvia porque Williams es un car*j*-**jodep*** arrogante que se cree mucho por puro que tienes más galones, y no se da cuenta de que Arturo Prat es el héroe de la marina, como que la peli es de Prat y no de Williams. Entonces vemos como Arturo Prat tiene demasiado tiempo libre, porque empieza a salpimentarlo todo con memorias y recuerdos de su vida pre y post nupcial que, en verdad, nadie le ha pedido, porque si estamos sentados viendo esto es porque queremos ver a los abusones del Huáscar tirando un que te defecas blindado sobre una sencillita cáscara de nuez como es la Esmeralda, y no encontrarnos con el aburrido pasado semiabogadil de nuestro héroe. Pero como todo recuerdo flashback alguna vez tiene que acabar, llega la hora de la verdad. El 21 de Mayo. La fecha en que dos grandes naves peruanas, la Independencia y el Huáscar, hacen acto de presencia en Iquique, listos para levantar el bloqueo y machacar chilenos de paso. Pero Arturo Prat es mucho macho, y no se rinde el majo. Con una nave inmovilizada por unas calderas que se cantan la desperfectata completa, con cañones de poco calibre y expuestos al fuego enemigo, con una tripulación de novatos, ¿qué hará? Bueno, si fuera el capitán Kirk, daría con algún improbable principio científico que le permitiría salvar el trasero y echarse al Huáscar entre pecho y espalda. Pero no es el capitán Kirk. Es la verdá verdadera de las cosas. Es la suerte del chileno. Y como los lectores chilenos ya se la saben, y a los extranjeros, seguramente ni puñetera gana de saber quién demonios fue Arturo Prat, que para eso murió por la patria chilena y no por la de mis lectores extranjeros, lo diré. Se murió. Finito. Réquiem. Marcha fúnebre. Pero sin rendirse, eso sí. Majo el héroe.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

En 2007, después de un tiempo labureando como hormigas, el equipo de Canal 13 estrenó su serie de telefilmes pseudodocumentales llamado "Héroes: La gloria tiene su precio". Sacaron cinco entregas antes de ésta: "O'Higgins: Vivir para merecer su nombre", "Carrera: El príncipe de los caminos", "Rodríguez: Hijo de la rebeldía", "Portales: La fuerza de los hechos", y "Balmaceda" (aquí se les agotó el suministro de subtítulos). Los resultados fueron irregulares, moviéndose entre el 3,5 y el 4,5 por lo general (en Chile, con escala de 1 a 7, un 4 es un "aprobado"). Ni chicha ni limoná. La empresa, por descontado, era difícil. Se trataba de hacer pelis sobre héroes nacionales, en una patria en donde ciertos personajes que gustan envolverse en la bandera porque sí, porque son muy chulos ellos, estiman que si es punto menos que hagiográfica, la cosa es un insulto. En serio, para mis lectores extranjeros: en Chile hay cavernícolas tan reaccionarios, que si uno se atreve a balbucear, insinuar, susurrar siquiera, que tal héroe patrio es 99% héroe y no un completo 100%, caen con las rodillas en tierra, se rasgan sus vestiduras, y con los labios temblorosos y los ojos arrasados en lágrimas, se cubren la cabeza con cenizas y gimen a los Cielos por permitir que semejante infiel se atreva a mancillar el santo nombre del tótem de la tribu. Son tipos que consideran a Arturo Prat como el segundo en la cadena de mando universal por debajo de Dios mismo, y con ellos mismos, miren qué casualidad, de terceros, quién los ha nombrado, pero ellos se juran que sí. Y patalean, y gruñen, y lo que es peor, los medios de comunicación, en vez de enviarlos al asilo de ancianos, les hacen caso y les piden sentidas disculpas, como si fueran merecedores de aquéstas a pesar de habernos secuestrado la bandera a todos nosotros y llevársela ellos para la casa como si fuera propia (bueno, para qué estamos, muchos de ellos ponen el money en publicidad para los mass media, así es que...). Ya lo vimos cuando los o'higginistas, que son los que se masturban con O'Higgins, se emputecieron con los carrerinos, que son quienes se masturban con Carrera, cuando salieron las sendas "O'Higgins: Vivir para merecer su nombre" y "Carrera: El príncipe de los caminos", porque en esos documentales no importaba que fueran los protas, sino que además, debía describírselos como el colmo del heroísmo, y pintar a su vil rival (o'higginiano/carrerino, intercálese lo que corresponda) como un abyecto y cobarde reptil. Digo todo esto porque quizás en el extranjero no me crean, o piensen que exagero, pero acá en Chile es así. Bueno, hacer documentales sobre los chilenos más importantes de la Historia, en estas condiciones, era punto menos que labor complicada. Además, tenían que lidiar con el no siempre demasiado abundante presupuesto, y lo que es peor: el cine épico yanki post "Gladiador" / "El Señor de los Anillos" es tan chupi, que hacer lo mismo a la chilena, con menos presupuesto, y por qué no decirlo, con menos ideas, que aquí en Chile los puestos se obtienen por compadrazgo y no por capacidad, era tan suicida como pretender meterse al hipódromo con un jamelgo viejo a correr con un puñado de purasangres que para remate, habían empezado la carrera más temprano. En las entregas anteriores podían hacerse los suecos con el tema presupuesto, reduciendo el tema militar al mínimo (ya saben: pocos extras, tomas breves, mucho primer plano para que no se note pobreza) y centrándose en la siempre asquerosa política, y adios a O'Higgins en la Batalla de Rancagua y a Carrera en el sitio de Chillán (bueno, eso fue resuelto bien a la rapidilla y con un CGI que parecía infografía de diario en "Carrera: Príncipe de los caminos") pero aquí, en que Arturo Prat es un héroe netamente militar, representar el Combate Naval de Iquique era absolutamente ineludible. De manera que se dejaron esperar dos años. Para reunir el dinero. Y que aunque la Esmeralda se fuera a pique, el asunto entero pudiera flotar. Y no se notara pobreza. No demasiada. Después de todo, iba a ser la más épica de las seis entregas, ¿no? Bueno, sí, es la más épica de todas. Pero como las otras cinco tampoco era que fueran leche y nata de épica, pues bien, eso como que no dice mucho, ¿no? Tampoco ayudó la puñetera política de Canal 13, de tomar una peli que dura más o menos su horita y media, y exhibirla en dos partes, en un domingo y luego en el otro domingo, práctica nefasta que creíamos superada desde los tiempos de "los Best Sellers de Televisión Nacional" en los '80s partiendo en dos entregas tanto "Superman" como "Superman II" (en serio, lo hicieron los malparidos). Y para rellenar el espacio de una peli entera, añadiendo a la primera entrega un adelanto de lo que vendrá que duraba como media hora (en serio, un adelanto de media hora para una peli de hora y media). Y en la segunda entrega, resumieron la entrega de la primera (como casi una hora) en treinta y cinco minutos. O sea, sumando todos los tiempos de resúmenes, precuémenes y secuémenes y así, nos vimos la producción casi dos veces enteras. Y ya la producción misma no era para tirar fuegos artificiales, así es que los imbéciles de Canal 13 (lo siento, no me gusta descalificar a nadie, pero si quieren el respeto del General Gato, deben ganárselo con humildad y mucho esfuerzo espiritual, y hasta que eso no suceda, imbéciles les digo hasta que les sangre el culo) con eso terminaron de liquidarla. Deberían haber visto cómo la pusieron a parir en Twitter. Bueno, no era tan mala. Pero había que hacer verdaderos esfuerzos de concentración, como sólo alguien tan eximio e inefable como el General Gato puede hacerlo por ustedes, pobres humanitos, para ver alguna virtud en medio de este descalabro general, tan arteramente potenciado por la política editorial de Canal 13 (autogol, que se llama).

¿POR QUÉ VERLA?

-- Después de poner en su lugar a la casta de cretinoides que hacen la programación de Canal 13 por su oligofrénica decisión de partir una peli de hora y media en una parte de 50 minutos y otra de 40, dejando así botada a su suerte la primera parte porque es en la segunda donde viene lo bueno (la batalla, que nadie viene aquí a ver lo macho que era Prat antes de que le encajaran un tiro), vamos a ver cómo anduvo la cosa en general. Hay dos cosas acá: el Combate Naval de Iquique mismo, y la historia anterior de Prat (parece que con una mañana de combates no se rellena hora y media de peli, que esto no es "24", además que no parece que Prat haya noqueado a alguien a golpes, de modo que si no lo podemos heroizar con acción física, habrá que hacerlo pintándolo con rasgos nobles y todo eso). Partamos por la historia anterior. ¿Está bien llevada? La respuesta a grandes rasgos es: a medias. Gustavo Graef-Marino, director que hace casi veinte años filmó una de las mejores pelis chilenas de todos los tiempos, y una muy buena peli a secas, cual es "Johnny Cien Pesos", y que nos dio la mejor entrega de todas las de "Héroes: El rating tiene su precio" con "Balmaceda", acá se muestra inusitadamente blando con un guión que, no es que le quede grande (es más bien al revés, Graef-Marino es más grande que el guión), sino que es simplemente imposible. O acaso se lo tomó como un trabajo de encargo, y lo filmó todo en automático, que no todo va a ser cine de auteur tampoco. El señor Julio Rojas, que perpetró este guión, no se calentó el casco pensando cómo mostrarnos el mundo interior de Arturo Prat para mostrarnos lo muuuuuu profundo que era, sino que se limitó a meter una serie de escenas de relleno (Prat mirando el mar, Prat pensando, Prat en su camarote...) con un montón de voz en off narrándonos sus pensamientos más íntimos. A este tipo nadie le dijo aquello de "show, don't tell": vamos al cine a ver imágenes, no a escuchar cháchara, y si no puedes expresar algo con una imagen potente, mejor bota tu guión a la basura, macho, y empieza de nuevo. En una escena de las primeras vemos a Arturo Prat subiendo sus efectos personales a su gabinete a bordo: la escena se explicaba por sí sola, e incluso bien filmada hubiera tenido el valor de una pequeña poesía, pero se arruina inexorablemente cuando escuchamos a Arturo Prat reflexionando en off, reflexionando en off, reflexionando en off, reflexionando en off, hasta que llega un minuto en que nos decimos que maldita sea, qué bueno no somos telépatas porque de leer los pensamientos de todo el mundo así, la vida sería insufrible como en esta escena malograda. Los diálogos a ratos son para partirse de risa, como si los pobres desgraciaos a bordo supieran de antemano que no sólo iban a pelear, sino que además los iban a dejar para ensalada de peces, y que siete años después de su muerte se iba a inagurar un monumento en su honor en la Plaza Sotomayor de Valparaíso. Faltó el puro Wenceslao Vargas diciendo "¡oigan, yo soy el que va a vivir más, me voy a morir en 1958!". La idea de tener un grumete joven y ficticio dialogando aquí y allá con Prat era buena, aunque se malogra su tanto porque el crío, no es que no se esfuerce, pero simplemente no logra la tecla (le habla de una el capitán de su nave, de tú a tú, como tu superior al mando, casi como la palabra de Dios, ¿y no se te sale una carita de susto infantil, hereje?). Andrés Waas se esfuerza por interpretar bien a Arturo Prat, y bien-bien-bien no le sale, pero hay esfuerzo aquí, y al final del día (del segundo día, ya dije que lo exhibieron en dos partes) logra algunas buenas escenas. Ingrid Isensee en el rol de Carmela Carvajal, la esposa de Prat, trata de actuar como una buena señorita del siglo XIX, y trata sinceramente, pero el esfuerzo también se queda a medio gas. El mejor actor de todos aquí, de lejos, es el que interpretó al Almirante Williams, y mira que llegas a odiar al desgraciao por estiradete y puteahéroes, pero por desgracia no puedo decir quién es, y mira que son joputas los desgraciaos, no es que no salga el nombre del actor en la Wikipedia o en IMDb, que esos son pecados veniales, es que ni siquiera le acreditan su buen hacer en el sitio oficial de "Héroes: La gloria tiene su precio", eso sí es que es ser héroe sin gloria. Y olvídense de que me voy a comprar el puñetero DVD a 9.900 pesos sólo para satisfacer mi curiosidad, que con ese dinero me pago casi cuatro entradas al cine en día rebajado, y seguro que "Terminator: La salvación" podrá ser incluso más bodriosa, pero al menos los FXs deberían ser mejores. Así es que, si alguien, en alguna parte, con suerte, dispone del dato de quien interpretó al Almirante Williams, quizás en los comentarios, se agradecería, plis...

-- Vamos a la segunda parte. La épica. Los FXs. Lo bueno: barco contra barco, cañonazos, explosiones, escabechina, sangre y muertos. Si para eso veníamos en primer lugar, que si quería ver un héroe científico me metía con "El curandero de la selva" o "Epidemia". La parte del combate es, con mucho, la mejor, y la que justifica (desde el inicio, por supuesto, pero también en términos de logros) todo esto. No es que sea la batalla más épica que hayamos visto, que los fondos azules hacen lucir a los decorados CGI de "Toy Story" como prodigios de hiperrealismo fotográfico, pero Gustavo Graef-Marino la hace corta, compacta y con empuje (supongo que tampoco daba el presupuesto para más), y más o menos funciona, aunque sea porque nos arranca de la letargia de la hora anterior de trama. Aquí podríamos justificar esto diciendo que "es a la chilena", que los FXs en Chile están en pañales, que no hay un churrutecientos de presupuesto como en DreamWorks o en Pixar para buenos efectos computacionales, pero el sufrido espectador no tiene por qué tragarse esto, por la misma razón por la que ningún consumidor serio acepta que una empresa le traspase sus excesos en los costos de producción a través de un "made in Chile" defectuoso, pudiendo comprar la marca importada que es mejor. Aquí, con los FXs, hacen un esfuerzo serio y honesto, el Huáscar se ve imponente, y las explosiones en la Esmeralda pareciera como que van en serio. Por desgracia, todo parece y tiene un aire a videojuego de los '90s, de andar como coleguetes de tragos con las animaciones del "StarCraft" de 1998 (que además eran más entretenidas porque iban de Zerg y Protoss, no de chilenitos y peruanitos). En medio de tanta pantalla azul, se nos aparece un personaje nuevo, don Miguel Grau, capitán del Huáscar, que está muy bien interpretado por León Murillo, y se agradece que no hayan intentado pintar a los peruanos como "los malos", sino que hacen un esfuerzo honesto por ponerlos tan patriotas y esforzados como los chilenos, y el resto: guerra es guerra, mala suerte si el Huáscar es más poderoso que la Esmeralda. Quizás viendo esto entero de una sentada, la idea de la estrategia de Prat, en su planteamiento y ejecución, hubiera quedado mejor resuelta, pero como el Canal 13 la partió en dos, esto quedó volando en el aire, y el gran damnificado es Gustavo Graef-Marino, que quedó como director de una peli en donde no queda bien planteada la estrategia de Prat. En fin...

-- Mención especial para la banda sonora. No es la mejor que he oído, no es tan power como un epic de Hollywood, se notan mucho las influencias de épicos ilustres como Michael Giacchino o Jerry Goldsmith, pero acompaña bien, y en general, contribuye a levantar un poco el alicaído nivel de la producción.

IDEAL PARA: Ver una apuesta interesante y esforzada sobre Arturo Prat y el Combate Naval de Iquique, aunque la ambición de objetivos y esfuerzos hagan que por desgracia se noten más las carencias.

VIDEOS.

-- Sinopsis de la peli [en español].



-- Inicio de la peli [en español].

jueves, 18 de septiembre de 2008

"Caliche sangriento" (1969).


-- "Caliche sangriento". Chile. Año 1969.
-- Dirección: Helvio Soto.
-- Actuación: Héctor Duvauchelle, Patricia Guzmán, Jorge Guerra, Jaime Vadell, Jorge Lillo, Arnaldo Berríos, Jorge Yañez, Teresa Vernal, Mario Vernal.
-- Guión: Helvio Soto.
-- Banda Sonora: Tito Ledermann.

-- "Caliche sangriento" en IMDb.
-- "Caliche sangriento" en su blog oficial y sobre su proceso de restauración en 2006.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Desierto de Moquegua, 1880. Una patrulla de diecisiete chilenitos marcha a plena luz del Sol, sin suministros y casi sin agua, con rumbo incierto. Su objetivo es alcanzar algún destacamento, cualquier destacamento, de fuerzas chilenas. O el del capitán, mejor dicho, porque el de los soldados es simplemente sobrevivir. A propósito, ¿ya mencioné que Moquegua no está en Chile sino en Perú, y por tanto estos chilenitos son una fuerza de ocupación en toda regla? La tropa, que queremos ir a la costa, que queremos ir a la costa, que acá nos vamos a desecar y vamos a terminar acompañando a las momias incaicas en su periplo a la Eternidad, pero el capitán, dale que no, que tenemos nuestras órdenes, que debemos cumplir a costa de nuestras vidas si es preciso, que el sacrificio es necesario para ganar una guerra, etcétera. En medio de su marcha por el desierto, los incidentes empiezan a sucederse. La tropa empieza a indisciplinarse. Uno de ellos empieza a disvariar en la noche y otro de ellos decide rematarlo con el temido y temible corvo chileno. Posible juicio sumario con fusilamiento, por ser un militar tanto muerte a otro militar. Aunque el asesino haya tenido un móvil "humanitario" y en realidad no sea milico sino un civil enganchado, un bruto minero para ser más precisos. De tanto andar, finalmente consiguen arribar a un poblado peruano. De lo que vendrá la segunda parte: mantener el poblado peruano en manos chilenas. ¿Y todo esto para qué? Bueno, para ganar la guerra... ¿para el pueblo de Chile? Los patipelaos creen que sí, pero los enterados, los verdaderos enterados, saben que Chile y Perú no son más que peones en el juego económico de los barones de la Banca Británica... Así es que al final de todo no habrá que gritar "¡Viva Chile!" sino "God save the Queen!"...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Hemos hablado en Cine 9009 sobre los hippientos '60s de Estados Unidos con toda la contracultura de la rebelión. Pero había algo de flema británica en los hippies yankis, que muy contra el establishment podían estar, pero amaban a su país y los valores de la democracia americana (de hecho, criticaban al Gobierno de Nixon por ser antiamericano). Pero en Chile las cosas fueron distintas. Con una oligarquía corrupta mucho más fuerte y corrupta que la de Estados Unidos, ansiosa de que todo Chile fuera manejado como un regimiento militar, pegado a las faldas del Ejército "vencedor jamás vencido" y de la Iglesia Católica, no era raro que los campeones de la libertad y la democracia terminaran siendo empujados al contrasentido de inclinarse hacia la dictadura totalitaria soviética (la consecuencia no suele ser una característica de ustedes los humanitos en general). Eran los años otoñales del Gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970) y de su "revolución en libertad", que quería meter cambios en ese gran latifundio que era Chile (de ahí lo de revolución), pero sin ceder ante la tentación marxista de la dictadura totalitaria auspiciada por el Vodka Stalin (de ahí lo de "en libertad"). En el cine, esto se manifestó en una honda reacción antihollywoodense, inspirada por la Nouvelle Vague y el Free Cinema (y más lejanamente por el Neorrealismo italiano), hermanada con el Cinema Novo de Brasil, y liderada por los parámetros del cine "de auteur" impulsada por la "Cahiers de Cinéma". El adalid de este movimiento fue sin lugar a dudas Aldo Francia, que con apenas dos pelis ("Valparaíso mi amor" y "Ya no basta con rezar") creó el vivo retrato de lo que fue ese período histórico. Dentro de ese contexto, "Caliche sangriento" tenía todas las credenciales para formar un tríptico con las otras dos. Pero eso no ocurrió, o bien ocurrió de manera muy subliminal. Sucede que la peli era profundamente contestataria para su tiempo, ya que retrataba la Guerra del Pacífico no desde la perspectiva tradicional del militarismo chileno (es decir, un glorioso paseo de héroes triunfales que les dieron una lección a esos sucios y andrajosos peruanos y bolivianos que tuvieron el atrevimiento de medirse con el Ejército Vencedor Jamás Vencido), sino como lo que más que probablemente fue, un osario al que huesos de innumerables chilenos, peruanos y bolivianos de la plebe, que no de las clases pudientes, fueron a ser enterrados para gloria y beneficio de unos pocos politicastros aliados o comprados por el dinero británico. Causó tanto escozor, que la democracia chilena (recordemos la propaganda conservadora, de "una isla de estabilidad en el contexto latinoamericano", con sus "150 años de tradición republicana", lamentablemente interrumpidos en 1973) decidió lisa y llanamente censurarla, recortando escenas completas que podían causarle soponcio a las esposas de los Generales de la República. Bueno, esta peli era crítica con los militares, ¿y? Los propios militares le dieron la razón a la peli cuando cuatro años después de su estreno derribaron al gobierno constitucional chileno e hicieron todo que después quedó detallado en el Informe Rettig, en el Informe Valech, etcétera. La peli pasó a un discreto segundo plano, e incluso a un relativo olvido, por supuesto, orquestado por aquellos a quienes "Caliche sangriento" daba hondo sarpullido, incluyendo a los dueños de los consorcios vinculados a los medios de comunicación. Pero en 2006, tras una paciente labor de restauración, la peli quedó de nuevo lista para ser exhibida. Y a diferencia de pelis como "Palomita blanca", que ganó estatus de culto en la dictadura por ser simplemente "una peli prohibida", "Caliche sangriento" sí que merecía volver a ser exhibida.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Esta peli es una profunda desmitificación de la tradición militarista chilena, de la cual la Guerra del Pacífico es uno de sus hitos fundacionales. Esta peli defiende a brazo partido la tesis de que la guerra no fue librada por motivos de justicia, sino por un mero móvil económico, para proteger el interés de unos cuantos potentados cuyos apellidos ni siquiera eran chilenos sino extranjeros. Estamos así en las antípodas de la visión triunfalista y hollywoodense de "La patrulla del desierto", la mítica miniserie que Canal 13 exhibió por allá por 1992 (año más, año menos), en la que un grupo de héroes chilenos se encargaba de hacer el John Rambo con peruanos y bolivianos durante la Guerra del Pacífico. Lo dice bien el personaje de Jaime Vadell en la peli, cuando apunta (no cito completamente textual): "Los británicos ponen el capital, y nosotros aportamos los muertos". La peli elige deliberadamente no el ángulo de los chilenos versus los bolivianos, sino de una banda de chilenos extraviada en país extranjero, sin ninguna legitimación moral para andar por ahí (de hecho, son invasores, y así es como son tratados por los montoneros y regulares peruanos), y a través de sus historias mínimas vemos cuán poco interesaba a esos pobres diablos el destino trascendente de una Patria que en ningún minuto estuvo bajo amenaza militar directa de Bolivia o de Perú. Quizás uno de los puntos débiles de la peli es poner esta tesis en boca de un personaje muy improbable (Jaime Vadell actuando como solía hacerlo cuando era buen actor, en el rol de un abogado santiaguino enlistado en el Ejército y pensando toda la guerra con su mentalidad reflexiva de civil ilustrado y no de milico bruto), pero de todas maneras el mensaje es claro, y lo que más interesante, es razonable.

-- En un contexto más lejano, la peli es también un furibundo alegato antimilitarista. Se inscribe así en la vena de pelis como "Salvando al soldado Ryan", pero su realización debe haber costado como cien veces menos, y el mensaje es todavía más potente porque no hay glamour ni boato hollywoodense acá. No importa qué tan noble o qué tan justa sea la causa, la guerra siempre causa el mal irreparable de que la gente muere, y muere por una causa que muchas veces no es la suya. Es bien sabido que los políticos que declaran las guerras casi nunca envían a sus propios hijos a lucharlas, sino que los dejan bien protegiditos en la línea de retaguardia, y que los hijos de los patipelaos mueran en el frente de batalla (como crudamente lo expuso Michael Moore por la vía del experimento científico en una de las mejores escenas de "Fahrenheit 9-11"). La mayor parte de la peli es ver a una patrulla de pobres diablos correteando por el desierto sin rumbo fijo, e incluso sin una misión precisa, completamente extraviados en una tierra hostil, y que para colmo ni siquiera son héroes o jovencitos, sino apenas un grupo de brutos que trata de hacer algo tan humano como sobrevivir y alcanzar otro día. Muere gente en la peli, y muere sin ningún sentido del sacrificio o del heroísmo, muere simplemente porque en la guerra vuelan las balas o muerden los corvos y si te interpusiste en el camino, mala suerte para tí y que alguien cuide de tu bonito cadáver. Ningún personaje es demasiado importante, porque en definitiva no son más que peones. La peli es sobre la Guerra del Pacífico, por supuesto, pero las conclusiones que extrae son aplicables en realidad a cualquier guerra en la que el dirigente máximo de la misma no sea un jefe de horda dispuesto él mismo a marchar en primera fila a matar o morir.

-- En un nivel formal, la peli es simplemente formidable. Durante muchos años (hasta los '90s, más o menos) fue tradición defender las pelis chilenas, por muy mal hechas que estuvieran, porque "son chilenas, tienen menos medios que Hollywood, debemos ser indulgentes con ellas". Pero esta peli no necesita defensa de ningún tipo, porque dentro de lo misérrimo de su presupuesto, lo bien construido de su guión y lo preciso de su estructura la convierten en una joya de peli. Las escenas del pelotón vagando por el desierto reflejan toda la tragedia de un grupo de desgraciados condenados prácticamente a morir en el desarraigo (la idea de "morir en tierra extranjera" flota a lo largo de toda la peli). El shootdown en una aldea desierta, muy deudora del Spaghetti Western a lo "El bueno, el malo y el feo", es una secuencia de preciso nervio narrativo, conseguido con una gran economía de recursos. La masacre en el pueblito peruano está despachada sin lirismos de ninguna clase, y con ello adquiere nuevos ribetes de brutalidad, sin cargar la mano en el gore como suele ser el uso hollywoodense. Casi cuarenta años después esta peli (en versión restaurada, por supuesto) puede verse sin necesidad de "ponerse en época" ni mucho menos, porque salvo algún que otro manierismo "de auteur" (ese final con RePlay, cual gol de partido de fútbol...) sigue siendo terriblemente actual también en su aspecto formal.

-- Las actuaciones son brillantes. Los dos que se llevan el palmarés son por supuesto Héctor Duvauchelle y Jaime Vadell. El primero compone al capitán como un militar seco y preciso, de pensamiento brutalmente unidireccional (soy militar, me dan órdenes que debo cumplir, la gente que está bajo mío debe cumplir las órdenes que yo imparta, los civiles no valen nada, nosotros salvamos a la Patria, fin de la discusión), pero que también es capaz de tener gestos de gran nobleza, tal y como se muestra en la escena en que por fin obtienen un poco de agua, y en vez de reservarse el privilegio de beber primero, se queda al último aún a riesgo de que el agua no le alcance. A través de los ojos del capitán podemos ver así toda la irracionalidad del leyendario patrio, que como cualquier otra elaboración mítica, le debe más a los anhelos y fantasías reprimidos que al pasado histórico chileno. El segundo compone a un abogado santiaguino que es por supuesto el vehículo de las tesis de la peli, y aunque como decíamos su personaje es altamente improbable (¿a santo de qué ponerse a pelear con su capitán por los motivos hondos de la Guerra del Pacífico, si lo que importa en el minuto es salvar el pellejo?), Jaime Vadell lo interpreta con una enorme convicción y consigue transmitirnos toda su empatía. Los restantes personajes están casi de comparsas, pero cada uno se ajusta muy bien a sus roles mínimos, sin desplantes de ningún tipo.

IDEAL PARA: Ver una feroz desmitificación de la mitología patria chilena, un furibundo ataque contra el militarismo de cualquier clase, y una buena peli sobre la condición humana en general.

OTRAS PÁGINAS SOBRE "CALICHE SANGRIENTO":

-- (Ir a la página) Comentario en Vida En 35 Milímetros.
-- (Ir a la página) Sobre la peli en The Sophie News Show, citando a El Mostrador.
-- (Ir a la página) Comentario en Pisagua Comic.
-- (Ir a la página) Nota en Cine Perú.

VIDEOS.

-- Inicio de la peli, video en la versión NO restaurada [en español, con carteles de créditos estampados en alemán...].



-- Secuencia en la aldea peruana tomada por tropas chilenas [en español].

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