11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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domingo, 12 de agosto de 2012

"El séptimo viaje de Simbad" (1958).


-- "The 7th Voyage of Sinbad" (título original en inglés), "Simbad y la princesa" (título en España y México). Estados Unidos. Año 1958.
-- Dirección: Nathan Juran.
-- Actuación: Kerwin Mathews, Kathryn Grant, Richard Eyer, Torin Thatcher, Alec Mango, Danny Green, Harold Kasket, Alfred Brown, Nana DeHerrera, Nino Falanga, Luis Guedes, Virgilio Teixeira.
-- Guión: Ken Kolb, basado en una historia sin acreditar de Ray Harryhausen.
-- Banda Sonora: Bernard Herrmann.

-- "El séptimo viaje de Simbad" en IMDb.
-- "El séptimo viaje de Simbad" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Mientras navega gallardamente por las aguas de las Mil y Una Noches, Simbad el Marino se encuentra en una isla desierta con un mago que está en problemas. Como Simbad es heroico y chulo, va y lo rescata. En mala hora, porque es cuestión de verle la cara al mago para saber que trigo limpio no es. Resulta que en la fuga de la isla, el mago ha perdido una lámpara que, verán, como buena historia arábiga que se precie de tal, tiene un poder y tal (estos árabes ya no hacen lámparas como las de antes, eso está claro). Llegan a la corte del califa, y aunque el mago es recibido como corresponde, el califa es lo suficientemente corto de entendederas como para no acceder a los constantes ruegos del mago por volver a la isla y hacerse con la lámpara (el hombre no piensa: ve a un mago con vida en la corte, que lo cambiaría todo eso por una lámpara, vale la pena preguntarse qué tan valiosa es, para querer correr el riesgo... y vale la pena mandar una expedición propia y dejar al mago en la estacada. Pero todos estos cálculos se le escapan al tarado del califa). Y como el mago es mucho mago, le tiende una emboscada tanto al califa como a Simbad, atacándolos en su debilidad común: la princesa (hija del califa, enamorada de Simbad, claro). Y la reduce de tamaño. Y el mago hace entonces una oferta que Simbad no puede rehusar: la lámpara a cambio de la estatura normal de la princesa. Ahora, Simbad y la princesa (en una cómoda cajita), además del mago, viajan de regreso a la condenada isla para rescatar la condenada lámpara, etcétera. Por cierto, ¿ya dijimos que la isla es fértil en cíclopes, dragones, aves roc...?

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

En la actualidad, vemos países musulmanes en el cine cuando se trata de yanketas de pro apaleando irakíes, como en "Red de mentiras" o "Vivir al límite". Pero hubo una época en que los países musulmanes eran un lugar idílico para soñar y evadirse. Claro, en los gloriosos años de "El ladrón de Bagdad", los patipelaos beduinos apenas eran una amenaza para el mundo occidental, y por lo tanto, su mitología era saqueable a mansalva (tampoco existía SGAE). Incluso en tiempos tan recientes como los '90s, los Estudios Disney se permitieron un escapismo arábigo como "Aladino", cosa que hoy en día no podrían hacer sin que se los acuse de propaganda promusulmana y antiamericana subliminal. Las pelis de fantasía arábiga conformaron casi un subgénero por derecho propio, dentro del marco más general de las pelis de aventuras clásicas, junto con otros géneros también semifenecidos como el cine de espadachines o el de piratas. Y dentro del género, "El séptimo viaje de Simbad" brilla con colores propios, como uno de los más recordados exponentes del subgénero éste de marras.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Si entendemos que la trama de esta peli fue planeada por Ray Harryhausen, todo está dicho. Porque es cuestión de ver esta peli, y entender que está íntegramente hecha de principio a fin para mayor gloria del susodicho. Claro que cuando "el susodicho" es nada menos que uno de los más grandes especialistas en efectos especiales que han existido en la Historia del Cine (si no el más grande de todos), eso no es un demérito sino todo lo contrario. La historia de la peli es simple a más no poder, y de hecho más allá de la anécdota argumental, ni siquiera tiene una trama propiamente tal (no se puede decir que esta peli no sea moderna: escena de acción introductoria, después un poco de marujeo para poner a los personajes en situación, y luego de situarlos en el escenario meter escena de relleno tras escena de relleno con FXs molones hasta el grande finale, esquema con el cual Michael Bay se ha forrado peli sí y peli también). Pero a cambio, tenemos una peli enormemente imaginativa en lo que importa, o sea, en el apartado visual. Si la peli en el fondo importa porque es un desfile de monstruo tras monstruo, concedámosle al menos que los monstruos están estupendamente bien concebidos. El cíclope es feo con alevosía, como corresponde a un bicho de su condición, hay una escena de una danza de una mujer-cobra que mezcla belleza y horror al mismo tiempo en una combinación muy rara y difícil de conseguir, vemos al ave roc, y el asunto remata con un dragón. Todo filmado con ese encanto naif que tenía el stop-motion. Porque se diga lo que se diga, mientras más CGI le meten a las pelis, más obligados están los directores a "ser realistas", y de cómo Peter Jackson se empachó robándole bocetos a Alan Lee para rodar "El Señor de los Anillos" ya no hablemos, mientras que en esos tiempos de efectos especiales tan primigenios, no importaba que los FXs cantaran un poco mientras se pudiera suplir las falencias técnicas con la imaginación. O de cómo los cabezaturbantes de "El séptimo viaje de Simbad" se ven incluso más realistas que los artificiosos guerreros pseudopersas de "300", por ejemplo (en parte porque en efecto está rodada en escenarios naturales, no contra una puñetera pantalla azul). La inclusión de un genio, por su parte, parece una especie de homenaje a "El ladrón de Bagdad", aunque ahí el genio era un adulto, y quien lo controlaba era un niño.

-- Si bien Kerwin Matthews es un Simbad un poco deslucido (un héroe demasiado prototípico, y por lo tanto algo aburridote), el cotarro se anima bastante con los secundarios. Desde luego que Kathryn Grant como la princesa está espectacular, mientras que Torin Tatcher es todo lo mefistofélico que un villano mago se supone debe ser. Y aunque su rol es más bien pequeño, la actuación de Nana DeHerrera como Sadi, la doncella de la princesa, es de robarse la peli (ella es la mujer convertida en una cobra, que danza ante el califa, y aunque se nota los cambios de cuerpo entero en stop-motion a primeros planos de su cara, la escena es poderosa).

-- Interesantemente, aunque es una peli de aventuras para niños, en determinadas situaciones no se ahorra crueldades. Que muere gente, vamos. Y mueren de maneras bastante crueles. Cosas que el cine de aventuras de aquellos años asumía de la manera más natural del mundo, pero que ahora, en un cada vez más precario esfuerzo por evitar que "los pequeñines" abran los ojos, tratan de censurar a cómo dé lugar, como si los cuentos de hadas clásicos no estuvieran preñados de violencia (¿recuerdan a Hansel y Gretel asando a la bruja al horno?). En esta peli, como decíamos, sí que tenemos tiempo a preocuparnos porque los personajes, básicamente porque algunos la palman luchando contra los monstruos, con sádicos gritos de agonía incluidos. Y es que el cine de aventuras no sería tal si es que no viéramos gráficamente que el resultado de la aventura a veces puede desembocar en muertes horripilantes: eso es lo que hace a la aventura tan especial en primer lugar, y por eso cosas como Harry Potter, aunque sean entretenidas, al último terminan pecando de ñoñas. "El séptimo viaje de Simbad" podrá ser ingenua y simple, pero nadie podría llamarla ñoña y vivir para contarlo.

-- Mención especial para el gran Bernard Herrmann, mejor conocido como colaborador habitual en los soundtracks de Alfred Hitchcock, pero que aquí se desmarca de eso y consigue crear una estupenda banda sonora. Bueno, no en balde Herrmann ha sido uno de los más grandes soundtrackistas de la Historia del Cine.

IDEAL PARA: Ver una peli de aventuras arábigas con músculo.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].



-- El cíclope [en inglés, sin subtítulos].


jueves, 30 de julio de 2009

"El bucanero" (1958).


-- "The Buccaneer". Estados Unidos. Año 1958.
-- Dirección: Anthony Quinn.
-- Actuación: Yul Brynner, Claire Bloom, Charles Boyer, Inger Stevens, Henry Hull, E.G. Marshall, Charlton Heston, Lorne Greene, Ted de Corsia, Douglass Dumbrille, Robert F. Simon, Sir Lancelot, Fran Jeffries, John Dierkes, Ken Miller.
-- Guión: Bernice Mosk y Jesse Lasky Jr., basados en el guión de Harold Lamb, Edwin Justus Mayer y C. Gardner Sullivan, sobre la adaptación de Jeanie Macpherson, de la novela de Lyle Saxon.
-- Banda Sonora: Elmer Bernstein.

-- "El bucanero" en IMDb.
-- "El bucanero" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

¡Piratas! Piratas surcan los mares y venden el producto de sus trapacerías para hacerse ricos y disfrutar la vida. En Estados Unidos, en 1812, un pirat... ¡¡¡MOMENTORRRRRRLLL, MI GENERAL!!! ¿Piratas en EEUU-1812? ¿No querrá decir "Mar Caribe, siglo XVII", que es más o menos donde se ambientaban todas las de piratas que se rodaron en los '50s? Mi estimado lector, usted leyó bien... After all, había piratas en la antigua Fenicia también, y de haberlo, háylos en Somalía ahora mismo, ¿no? Bueno, en qué estaba, ya perdí el hilo. Bien. Piratas, Estados Unidos, 1812. Los pantanos de Nueva Orléans cobija a esa raza de sabañones sociales que son los piratas, y están más que bien asentados porque lo han hecho su barrio chilongo, y ¡ay que entren las fuerzas de orden y seguridad! (el ejército de los Yueséi, léase). El jefe de ellos es Jean Lafitte, quién le echa los tejos, ahí es nada, miren lo que es la chulería, a la hija del Gobernador (lo dicho, a las nenas peloláis les gustan los malandrajosos). Hasta ahí todo sería Sandokán tratando de meterse en las piernas de la Perla de Labuán (estoy citando a Sandokán... ¡¡¡SOY el pibe del ayer!!!). Pero es que resulta, los ingleses acaban de hacer arder a Washington hasta las cenizas, con una eficacia que ni el ID4 de Roland Emmerich, oigan (bueno, eso se supone porque es off-screen, pero si leen libros de historia...). Y ahora los malvados ingleses marchan sobre... ¡¡¡NUEVA ORLÉANS!!! La única esperanza de salvación para los nuevaorleaninos es que dos ímprobas fuerzas, la del ciclónico General Andrew Jackson, y la del tempestuoso Jean Lafitte, hagan frente común para parar a este british pre-Katrina. ¿Conseguirán ambos aniquilar a los enemigos de la Libertad y la Democracia? Y, más importante aún... ¿Conseguirá nuestro heroico bucanero que los nacientes Estados Unidos acepten a sus fieros del mar como compatriotas con plenos derechos de acuerdo a la Carta Fundamental?

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

¿James Cameron? ¿Roland Emmerich? ¿los Wachowski? ¿McG? Plssssss... El único, grande y quintaesencial en materia de cine de acción, es el imperecedero Cecil B. DeMille. Su cine hoy en día huele un tanto a rancio, qué duda cabe, pero si hay alguien a quién le copian descaradamente ideas (y a veces pelis completas, como que "El príncipe de Egipto" es un remake bastardo de "Los diez mandamientos"), es al bueno de Cecil B. DeMille, quién ya hacía pelis en el cine mudo, y se transformó después en sinónimo de apoteosis, escenas de masas, etcétera (la fórmula "acción overthetop + héroe chulo + tías buenas" no la inventó Michael Bay, para que vean). Mel Brooks lo homenajea indirectamente en "Locuras en el Oeste", cuando su personaje Waco Kid, para dárselas de cachas, dice "he matado a más gente que Cecil B. DeMille"... Y por si eso no los convence... Cecil B. DeMille tiene el récord de ser el único que ha abierto las aguas del Mar Rojo... ¡¡¡DOS VECES!!! (en "Los diez mandamientos" de 1923 y su remake "Los diez mandamientos" de 1956). En 1938, Cecil B. DeMille había rodado una peli llamada "El bucanero", y decidió que buena hora había llegado para un remake. Después de todo, si bien le había ido con "Los diez mandamientos", ¿por qué un segundo remake iba a hacerle algún mal? El problema es que durante el rodaje de "Los diez mandamientos", Cecil B. DeMille había sufrido un grave infarto, y su afán por terminar las peripecias de Moisés en el Sinaí le llevaron a descuidarse y enfermar aún más gravemente (hay quién insinúa, y en eso estoy de acuerdo, que "Los diez mandamientos" es prácticamente el testamento fílmico de Cecil B. DeMille, y la demostración más poderosa de lo que es su concepto del cine como entretenimiento... concepto que sigue siendo el mismo de los actuales blockbusters que se venden como lo más chupi jamás hecho; el problema es que esto le impedía a Cecil B. DeMille rodar nuevas pelis, y de hecho, ya no rodó más). La dirección del proyecto cayó en las manos de quien por entonces era su yerno, un jovencísimo y por entonces encasillado en papeles de indio... ¡Anthony Quinn! (para que no acusen nepotismo). Y el resultado fue... Bien, digamos que por suerte no la dirigió Cecil B. DeMille. De incluir ésta en su filmografía oficial, habría sido un serio retroceso desde "Los diez mandamientos", aunque no fuera sino porque la otra había dejado la vara muy alta, y éste es un entretenimiento discreto (no menos que eso, pero tampoco más). Aunque todo acá huele, respira y se ve como si Cecil B. DeMille la hubiera dirigido. En fin, misterios del cine...

¿POR QUÉ VERLA?

-- A pesar de lo que sugiere el título, no es la clásica peli de piratas al uso. Hagamos memoria: entre los '30s y los '50s, un contingente importante del "cine de aventuras" eran las pelis de piratas, en las cuales un heroico capitán pirata, siguiendo el estereotipo robinhoodesco de forajido-pero-noble, escoltado por su fiel y leal tripulación, plantaban cara a imperios completos (el Imperio Español, usualmente, si después de todo estas pelis eran hechas en países anglosajones) y sus malvados funcionarios-capitanes-espadachines (esquema plagiad... perdón, revisitado en "Piratas del Caribe: La maldición del Perla Negra" y sus secuelas). "El bucanero" se sale un poco de estos márgenes. Pero claro, está ambientada en 1812, cuando la piratería más clásica, la del Mar Caribe, ya estaba in extremis (Lafitte tiene fama, de hecho, de ser el último gran pirata del Caribe). El contexto no son plácidos mares bien vigilados por galeones españoles y desafiados por piratas, sino la Guerra Anglonorteamericana de 1812, escenario por lo demás no demasiado visitado por el cine yanketa de pro, quizás porque en esa ocasión los británicos le infligieron a los yankis la humillación suprema de tiznarle a negro carbón la Casa Blanca por fuego mediante, y el contragolpe no fue una espectacular batalla como en "El día de la independencia" sino apenas la defensa desesperada de la por entonces más bien soñolienta y señorial Nueva Orléans. De modo que si andas buscando "cine de piratas", esta peli puede ser cuando menos un poco rara. De hecho, la única escena de acción auténticamente naval aparece al comienzo, y ni siquiera la protagoniza Lafitte en persona. Quizás esto influyó en la mala recepción y crítica aún peor que tuvo el film. Bueno, esto y otras cosas, todo hay que decirlo. Pero si nos salimos del marco de "una de piratas", esta peli también tiene sus galones.

-- A pesar de que oficialmente Cecil B. DeMille estaba en casita gozando de una merecida licencia por descanso de cuatro décadas y media de director, el toque demillesco está bien patente a lo largo de toda la peli. Vemos personajes y situaciones heroicas y miguelangelescas, más titánicas que la vida, en combinación con el humor un poco chusco, pero siempre efectivo, que es marca de fábrica de DeMille. También vemos claramente su sentido de lo melodramático (la resolución final de la historia es melodrama puro, y por una vez, no demasiado bien llevado, aunque la inmensidad de Yul Brynner saca avante una escena potencialmente muy ridícula). Y por si nos olvidamos del detalle, resulta que Elmer Bernstein, que compusiera el soundtrack de "Los diez mandamientos", compone una banda sonora a la que le es imposible negar el parentesco. Es este toque demillesco, quizás un tanto populachero, pero siempre con la sensibilidad justa, lo que permite salvar las apariencias de una peli que, de otro modo, no tendría mucho sentido repasar hoy en día.

-- Yul Brynner. De haber interpretado a Ramsés en "Los diez mandamientos", y frescos sus roles en "Anastasia" y "Los hermanos Karamazov", tomó el protagónico para sí, e hizo de Jean Lafitte más que un personaje, casi una fuerza de la naturaleza, infundiéndole nobleza y respeto a partes iguales. Lo vemos caerse y levantarse, jugársela por los suyos con una eficacia que ya se la quisiera Jack Bauer, y además tener en la mano a dos chicas por falta de una. Por si fuera poco, y como curiosidad, resulta que quién defiende la idea de que América es el crisol de raza, y una visión democrática de su Constitución y Gobierno, es él, no los estiradetes politicastros y milicos de Nueva Orléans que tratan de cazarlo como su deporte favorito (quizás esto también representó una buena patada en el hígado para los bienpensantes yanketas de pro, tan conservadores y eisenhowerianos en los '50s). Uno puede buenamente preguntarse qué clase de desastre hubiera sido esta peli, si no hubiera contado con los excelentes oficios de Yul Brynner en la marquesina, y si no pasa como otra edulcorada fantasía aventurera pseudohistórica como tantas se hicieron en esos años, es justamente gracias a él.

-- El resto del elenco está, no diremos que superlativo, pero sí estupendamente ajustados a sus cometidos. Inger Stevens como la hija del Gobernador está bien (¡y buena!) sin sobresalientes, en un rol que, digámoslo en su defensa, es un tanto tópico, pero a cambio tenemos a una Claire Bloom inmensa moviendo el cotarro como la chica pirata que odia-pero-ama a Lafitte (pasa como spoiler, pero es que vean la peli, y no me digan que desde la primera escena en que aparece, no se ve venir). Charlton Heston hace una aparición de cortesía como el General Andrew Jackson, convenientemente upgradeado para que aparezca heroico como corresponde (el Andrew Jackson histórico parece que era un soldado valiente, pero también un borrachín de cuidado, y de la orgía etílica en que despellejaron viva a la pobre Casa Blanca cuando lo eligieron Presidente en 1835, ni hablemos...), y la verdad es que lo hace bien cuando puede olvidarse de que un par de añitos antes era Moisés (sí, Brynner y Heston repiten colaboración desde "Los diez mandamientos", también). Más para la trivia, mencionemos que aparece ¡Lorne Green! (el recordado patriarca de la familia Cartwright en "Bonanza")... ¡y haciendo un papel de villano!

IDEAL PARA: Ver una peli de piratas un tanto atípica y quizás no superlativa, pero sí más que interesante de repasar.

VIDEOS.

-- Inicio de la peli [en inglés, sin subtítulos].

jueves, 31 de enero de 2008

"La mancha voraz" (1958)


"The Blob". Dirigida por Irvin S. Yeaworth Jr. Protagonizada por Steve McQueen, Aneta Corsaut, Earl Rowe, Olin Howland, Alden "Stephen" Chase, John Benson, George Karas, Lee Paton, Elbert Smith, Hugh Graham, Vincent Barbi, Audrey Metcalf, Jasper Deeter, Tom Ogden, Elinor Hammer. Estados Unidos. Año 1958.

¿De qué se trata?
Escena clásica cincuentera: es de noche, y hay una pareja, él vestido con su correspondiente chaqueta, ella de vestido, ambos montados... ¡déjenme terminar, no sean malpensados! ...ambos montados sobre un automóvil descapotable. Como de costumbre, ella es pudorosa y recatada, porque ya se sabe que en ese tiempo los hombres sólo querían "aquello" (bueno, todavía, pero ahora también las chicas quieren, las de pro por lo menos), y él, por el contrario, emplea toda su labia para convencerla de que se deje hacer cositas (solamente besos, porque a pesar de ser un joven, él es también un caballero chapao a la antigua). De pronto, ambos ven pasar una estrella fugaz. Y como los chicos son los héroes de la peli, salen a investigar en vez de quedarse haciendo bebés. Lo que ha caído es un meteorito que, en vez de soltar energía cinética suficiente para cuatro Tunguskas y un Krakatoa en pack promocional, se limita a vomitar una substancia gelatinosa. Un vejete sale a mirar, y como todos los vejetes entrometidos de la peli, en vez de observar a respetuosa distancia, pues va y coge un palito para ver qué demonios es esa maldita gelatina. Por supuesto que, como es de rigor según las leyes de la física conocida, la gelatina no es tal, sino un asqueroso bichejo extraterrestre, que se le instala cómodamente en la mano y empieza a fagocitarla, porque después de recorrer chupetecientos kilómetros de abismo sideral, pues alguna hambre debe tener, ¿no? Los jóvenes encuentran al vejete, y como lo ven un poco a mal traer, lo llevan al médico de turno, en el pueblo (quizás, cuando creció, este adolescente se convirtió en el general del U.S. Army que en la peli de los Transformers tuvo la genial idea de llevarse el artefacto a la ciudad... ¡si es que estos yankis no aprenden!). Y luego, más o menos se despreocupan del asunto, porque misión cumplida. Si fuera la vida real, se habrían enterado de todo por los periódicos al día siguiente, pero pues no, son los héroes, así es que la criatura gelatinosa meteorítica extraterrestre tiene que joderla en tal forma, que nuestro heroico par de chicos estén metidos en todo el inicio, desarrollo y desenlace de la cruenta batalla contra este gelatinoso terrorista del espacio exterior. La guerra por nuestro planeta, y por provocarle una indigestión a la gelatina comegente, ha comenzado...

El espíritu de los tiempos.
¡Ah, los '50s...! Las angustias de apalear nazis habían quedado atrás, y la nueva juventud estaba lista para enrolarse en la guerra contra toda clase de arañas atómicas, hormigas atómicas, cucarachas atómicas y otra clase de monstruos horripilantes que, por ser el átomo la rechifla del tiempo, solían ser atómicos. O extraterrestres, que en la concepción popular de la época venía a ser más o menos lo mismo (en ese tiempo nadie hablaba de energía eólica o de la fusión fría). Entre la marejada de pelis serie B sobre toda clase de bichos extraterrestres que vienen a la Tierra a destruir el pacífico american way of life de algunos puñados de pueblos de gente decente y bien, perdidos en la América profunda, "La mancha voraz" estuvo destinado a convertirse en un clásico. Aunque un tanto por accidente. Nadie le tenía fe al proyecto. Ni el prota Steve McQueen, a quien le ofrecieron 2500 en cash, o 10% de las ganancias, y prefirió el money al contado (debió darse sus buenos cabezazos contra la pared cuando la película ganó cuatro millones de los verdes, con un costo de apenas 120 o 240 mil dólares, según la fuente). Ni los distribuidores, que la repartieron de manera discreta como carne de rotativo doble (después enmendaron su error, cuando los primeros testeos mercadotécnicos revelaron que la peli tenía futuro, después de todo). Después, Steve McQueen se hizo famoso, y ganó aún más estatus de culto, como "la peli de sustos que hizo Steve McQueen cuando nadie tenía puñetera idea de quién diablos era Steve McQueen". Después hubo un remake en 1988, y con eso, toda una nueva generación pudo apreciar el apetito de Voracito. Así nos va.

¿Por qué verla?
- La verdad, la peli tiene estatus de clásico, tanto por Steve McQueen como por haber presentado a un personaje insólito dentro del imaginario colectivo mutante extraterrestre del siglo XX, cual es la ameba hipertrofiada que se lo fagocita todo. Por ese lado, la peli gana muchos enteros. Pero por otra parte, para los estándares del siglo XXI, la peli es lenta como una pareja de zombis bailando bolero. Porque parte con una escena caramelo (vale, presentamos a los personajes), después aparece la mancha... y después de que han llevado al vejete al médico y uno espera que la mancha empiece a activar los jugos gástricos, resulta que nos muestran una serie de soporíferas secuencias de adolescentes cincuenteros, que a estas alturas tienen un valor puramente arqueológico. Vemos algunos clásicos lugares comunes del género, como por ejemplo los adolescentes que tratan de destruir a la mancha versus los preocupados y respetables padres que buscan imponer su autoridad y no le creen a los mocosos por principio, porque los mayores saben y los chicos a callar, pero tantas vueltas sobre el tema llegan a cansar. No por casualidad la traca final, cuando casi nos habíamos olvidado de que la peli se trata de una gelatina engullegente del espacio exterior y ésta reaparece gordita y lista para seguir asimilando personas, es la mejor parte, la más pura y genuinamente Sci-Fi, aquella por la cual nos sentamos a ver la peli en primer lugar. Pero bueno, sigue siendo la madre de las pelis de monstruos gelatinosos del espacio exterior, y a las madres hay que respetarlas, así es que...
- La canción de créditos. Burt Bacharach, famoso en sus días y olvidado en los nuestros, y Hal David, grabaron un pegajoso tema muy '50s, que después cobró vida independiente por su cuenta. Eso, acompañando a una secuencia de créditos muy psicodélica, muy pre- A Go-Go.

IDEAL PARA: Amantes de la Arqueología Fílmica, Departamento de Pelis de Monstruos Bizarros, Sección de Extraterrestrología Culinaria.

domingo, 28 de octubre de 2007

"Vértigo" (1958).


-- "Vertigo". Estados Unidos. Año 1958.
-- Dirección: Alfred Hitchcock.
-- Actuación: James Stewart, Kim Novak, Barbara Bel Geddes, Tom Helmore, Henry Jones, Raymond Bailey, Ellen Corby, Konstantin Shayne.
-- Guión: Alec Coppel y Samuel A. Taylor, con aportes sin acreditar de Maxwell Anderson, basados en la novela "D'Entre Les Morts" de Pierre Boileau y Thomas Narcejac.
-- Banda Sonora: Bernard Herrmann.

-- "Vértigo" en IMDb.
-- "Vértigo" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Por los techos de San Francisco corren dos polis tras un fugitivo cualquiera. De pronto el fugi, en su desesperación, salta de una azotea a otra. Uno de los polis hace lo mismo, pero se resbala, y mientras su compañero hace el mismo salto, nuestro resbaladizo héroe termina colgando de una canaleta a chupetecientos pisos de altura. El otro poli, en vez de seguir en una actividad relativamente tranquila y segura como seguir persiguiendo al otro tipo, se devuelve y trata de tirarle la mano. En vano, porque es él quien acaba hecho cascarini metros más abajo. El poli de la canaleta entonces (suponemos que después lo rescataron) desarrolla una terrible fobia a las alturas, el famoso vértigo que le llaman (en realidad es acrofobia, como el mismo prota reconoce, pero supongo que la película no se habría vendido tan bien si es que se hubiera llamado "Acrofobia" en vez de "Vértigo"). Por lo que decide renunciar al SFPD, y hélo de civil. Pero como la CTU tira a Jack Bauer, así nuestro pobre prota termina regresando a las labores policiales, por hacerle el favor a un amigo al cual no ha visto en la puñetera cantidad de años (y si no ha hecho el favor de ubicarte, siendo un naviero poderoso, ¿cómo sigues considerándolo tu amigo, gentorunfio...? ¿Ah...?). Pues bien, el trabajo parece simple, se trata sólo de seguir a la señora, que ha estado manifestando algunas conductas un tanto raras (entre otras cosas, se cree poseída por el espíritu de una desventurada dama del XIX, que en ese tiempo no era una época tan lejana como ahora), y que se teme pueda suicidarse. Pero las cosas se embrollarán. Porque la chica es la clásica joven vaporosa y gélida de las pelis Hitchcock, pero que esconde algo turbio en su interior, y pues bien... Ya verán lo que suceda cuando la esposa del naviero tenga su cita con los espíritus que le dicen "debes moriiiiiir...", "debes moriiiiiir...". A lo mejor no necesitaba un polizonte sino un exorcista, pero en fin...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Es indiscutible. Alfred Hitchcock es uno de los mejores directores de la Historia del Cine a secas. Y los '50s fueron su mejor década, antes de desbarrancarse con cosas como "Marnie", "Topaz" o "Trama macabra". En ese tiempo venía de rodar cosas como "Extraños en un tren", "La llamada fatal", "La ventana indiscreta" o "Para atrapar al ladrón", y estaba a punto de rodar "Intriga internacional" y "Psicosis". Dice la leyenda, nunca bien confirmada ni bien refutada, que Hitchcock quería rodar una novelita de un par de autores franceses llamados Pierre Boileau y Thomas Narcejac, que al final fue a dar a las manos de George Clouzot (es "Las diabólicas" de 1955, que incluso sacó un anémico remake con Sharon Stone e Isabelle Adjani en 1996). La siguiente novela de estos dos era igual de sucia que la anterior, y fue la base para dos o tres guiones diferentes, ninguno de los cuales gustó a Hitchcock, hasta que encontró el adecuado. Porque esta peli es... pues bien... cómo decirlo con suavidad... Los '50s fueron una década convulsionada. Por una parte, después de la oleada del Macartismo, tenías que apoyar los viejos valores familiares de los Estados Unidos de toda la vida, y no podías permitirte ninguna clase de inocente escapismo. Por lo que los '50s fueron una década turbia. Muy turbia. Y "Vértigo" responde bien a ese espíritu de represión sexual imperante. Porque de que es una película enfermiza, incluso para los cánones bizarros de Hitchcock, es enfermiza. De hecho, quizás fue chocante para el público de la época, que la recibió con tibieza, así como la crítica estadounidense, que dijo lo obvio de ella (a ratos es desesperantemente lenta), aunque después de 1960, los criticoides franchutes de "Cahiers du Cinema" la alabaron como una obra maestra, y así quedó desde entonces.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Es una de las pelis más enfermizas que se han rodado jamás. No es enfermizo en el sentido de gore o de mostrar cosas, que en eso "Vértigo" ha sido ampliamente superada. Pero la trama presenta abundante fetichismo necrofílico, porque los personajes tienen una fijación con la muerte que cualquier psiquiatra calificaría de morbosa. No diré en qué aspectos para no matar el suspenso, en caso de que no la hayan visto (y aunque no lo crean, hay muchos herejes que nunca se han tomado la molestia de verla, y después andan diciendo que saben de cine). Ya por eso merece el visionado. Si quieres personajes enfermizos, acude al maestro en retratar personajes enfermizos (ahí tienen al tipo de "Psicosis", ¿OK?).

-- En una ocasión, Raymond Chandler (el tipo que creó al detective Phillip Marlowe, interpretado por Humphrey Bogart en "El sueño eterno") dijo que como regla para escribir policiales, había que desterrar el romance (no lo dijo así, pero ésa es la idea). Bien mirada, su idea es obvia. Sea el detective un excéntrico como Holmes, un pulcro como Poirot, un sentimental como Marlowe o un duro como Spade, siempre debe armarse de enormes dotes de objetividad para seguir las pistas correctas con mayor inteligencia que el resto de los personajes (¡y que el lector!) y desenmarañar lo enmarañado; esto se opone justamente a la subjetividad que, se supone, es la característica de todo buen relato romántico. Así, pues, ¿es posible, a pesar de todo, mezclar ambos? Hitchcock dio con la fórmula. Lo hizo aquí. Porque hay al mismo tiempo una historia de misterio y ribetes policiales, y por otra parte una bizarra historia de amor. ¿Cómo diablos lo hizo? Véanlo por ustedes mismos.

-- El elenco está... ¿cómo decirlo? James Stewart, colaborador habitual de Hitchcock hasta la fecha, luce claramente avejentado, y no consigue dar la nota, incluso para un director de actores tan bueno como Alfredito el Inglés. A cambio las dos féminas están a todo dar. Kim Novak y sus, ejem, asuntillos, despiertan todo el morbo que se puede. Y Barbara Bel Geddes, con su peinado con melenita y sus lentes, tampoco lo hace nada de mal; aquí estaba cuarentona, pero curiosamente, quizás su rol más conocido es ser la Mamá Ewing en el interminable culebrón "Dallas", que empezó algo más de veinte años después de "Vértigo"... (sí, y en "Falcon Crest" estaba la ex esposa de Ronald Reagan, ¿qué pasa con eso?). Del resto del elenco no hablamos, porque casi todo se concentra en ellos tres.

-- El ritmo de la historia es quizás el gran talón de aquiles. Porque en verdad (y cagándome en todo lo que diga la crítica francesa intelectualoide, que no es importante porque es crítica, no es interesante porque es francesa, y no es de ninguna utilidad porque es intelectualoide), la primera mitad de la peli es un fastidio, y si toda la peli hubiera seguido así, hubiéramos terminado relegando el DVD a lo más profundo del cajón (si es que nos hubiéramos tomado la molestia de comprarlo/piratearlo/descargarlo, en primera). Para que vean como a veces la crítica yanki acierta más que la crítica estiradote europea. Pero la segunda mitad... ¡Oh, Dios Mío, Señor del Universo, Misericordioso Rector de la Creación! En la segunda mitad despega pesadamente, se mantiene pesadamente en el aire, y no digo pesado en el sentido de "como plomo", sino pesado en el sentido de "ese puñetazo de boxeador que te vuela tu bella mandíbula". Aquí es donde viene lo morboso, lo fetichista, lo necrófilo a full... ya me entienden, vamos.

-- El apartado visual es poderosísimo. Bueh, los efectos especiales de la peli hace tiempo que están superados, pero para la época eran toda una novedad. Y he aquí la marca que distingue al maestro del simple pergueñador de FXs como... no, no quiero dar nombres (¡Michael Bay! Ups, se me salió...): la marca es que aún pasados de moda, los efectos especiales de Hitchcock siguen viéndose como visualmente maestros. Sin lugar a dudas, la escena del campanario es un verdadero hito fílmico, y ha sido imitada y copiada en ya no digamos cuántas partes (hasta en "Batman: La serie animada", sin ir demasiado lejos).

-- Bernard Herrmann. ¿Qué hubiera sido de Papi Hitchcock, si no tuviéramos a Tío Herrmann acompañándole en lo de las bandas sonoras? Herrmann era el colaborador habitual de Hitchcock en el tema, y aquí una vez más cumple certeramente.

-- De la cola tras esta película, mejor no hablemos. O mejor hablemos de dos. El guión íntegro de "Doble de cuerpo" de Brian de Palma está prácticamente calcado de "Vértigo", con algunos pequeños cambios por aquí y por allá (locaciones, un poco más de morbo sexual, esa clase de cosas, y es que Hitchcock siempre ha sido el pintor renacentista y de Palma el maestro de brocha gorda). Y Faith No More se lo plagiaron íntegro, bajo la excusa del homenaje, para el videoclip de su tema esque-Ministry "Last Cup of Sorrow", contratando para hacer de sucedánea de Kim Novak a una chica tan turbia como Jennifer Jason Leigh (al menos Mike Patton y compañía la hicieron buena). Por cierto, y para terminar con el apartado "influencias", es cierto que en pelis como "Harry el Sucio" o "Bajos instintos", San Francisco es una ciudad con personalidad propia, hasta el punto que sería inimaginable rodar esas pelis en ambientaciones distintas, pero por otra parte, en esto no hacen sino seguir la estela dejada por Hitchcock con su propia visión de San Francisco; un San Francisco totally '50s y sin la carga homoerótica de su época posterior como la Sodoma y Gomorra del XX, pero sigue siendo el San Francisco icónico de filmes posteriores.

IDEAL PARA: Ver una cinta clásica a tope (bueno, la segunda mitad más que la primera).

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