11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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domingo, 4 de marzo de 2012

"Anónimo" (2011).


-- "Anonymous". Inglaterra / Alemania. Año 2011.
-- Dirección: Roland Emmerich.
-- Actuación: Rhys Ifans, Vanessa Redgrave, Sebastian Armesto, Rafe Spall, David Thewlis, Edward Hogg, Xavier Samuel, Sam Reid, Jamie Campbell Bower, Joely Richardson, Paolo De Vita, Trystan Gravelle, Robert Emms, Tony Way, Julian Bleach.
-- Guión: John Orloff.
-- Banda Sonora: Harald Kloser y Thomas Wanker.

-- "Anonymous" en IMDb.
-- "Anonymous" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Inicios del siglo XXI. Vemos a un personaje presuroso por la call... er... sí, eso escribí. Inicios del siglo XXI. No, no me equivoqué poniendo una X donde debía ir una V: es inicios del siglo XXI y no inicios del siglo XVI. Sí, ya sé que es una sobre Shakespeare, pero... déjenme terminar, vamos. Inicios del siglo XXI, como decía, personaje presuroso por la calle, llega a un teatro... y se pone a declamar: Señoras y señores, bienvenidos. Todos sabemos que Shakespeare es el p*** amo, que Hollywood sería una m***** sin robarle argumentos cuando no adaptarlo literalmente (claro, lleva fiambre más de 70 años, así es que no hay copyright que pagar), y que gracias al lamebotismo militante de una cerrada casta de oxfordianos empeñados en que su ombligo es lo más importante del mundo a punta de estudiarse por años su propio ombligo, Shakespeare es también el más glande y el mejol más mejol mundial de todos los mundialosos escritores, figúrense. Pero... supongamos... ¿y si Shakespeare no hubiera escrito su propia obra? ¿Y si alguien más hubiera...? Ya saben... Si Shakespeare hubiera sido sólo el caribonito del asunto, y la obra hubiera sido creada en realidad por un ghost writer, mejor conocido como "negro" a lo amigo... Salto a... el siglo XXI. Er... perdón, me equivoqué, ahora sí que es con V y no con X. Salto a... el siglo XVI. En este flashback, vemos una persecusión policial, XVI' style, que remata en el incendio del Globe Theatre. Al tipejo en cuestión lo arrestan, y cuando tratan de hacerlo confesar, vamos a... otro flashback. En donde vemos como hay un aristócrata muy pijillo él, Edward de Vere, que hace un gran descubrimiento: el teatro no es sólo teatro, sino que también puede ser... ¡¡¡UN ARMA!!! ¡¡¡POLÍTICA!!! ¡¡¡CON LA QUE HACER POLÍTICOS Y DERRIBAR GOBIERNOS!!! Otro flashback más (sí, es el segundo flashback-dentro-de-un-flashback, y el tercero en total) nos revela que el Eduardito era un niño prodigio, que encandiló a una jovencita Reina Isabel (la buena, no la del siglo XX) con sus poemas infantiles. De regreso en el presente (o sea, en el presente de Edward, no el del incendio, ni menos el de la narración teatral inicial), Edward decide que Ben Jonson es un dramaturgo mediocre, así es que lo elige para que porte SU obra con SU nombre. O sea, las obras de Edward de Vries saldrán bajo el nombre y con la firma de Ben Jonson. Sólo que éste se muestra medio reluctante, ocasión que aprovecha un pelafustán malparido de perro tiñoso con rata de bodega de cervecería llamado William Shakespeare, que hace pasar las obras como suyas. A pesar de que, señores... no sabe leer ni escribir (y sus compañeros en la actuación teatral, sin enterarse de esto último, se ve que en esos años no había Facebook). Todos juntos iniciarán una gran y épica jornada a través de la Inglaterra Isabelina porque están en juego... ¡la sucesión de la corona inglesa! Y además... ¡un romance clandestino de Isabel I con un noble, hace muchos años atrás! Porque eso de Reina Virgen, pues yo tampoco me lo trago, oigan...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Emmerich vs. Shakespeare: The Final Battle. Desde hace mucho tiempo, una peregrina teoría se debate en los círculos académicos. Según algunos, miren ustedes, William Shakespeare... no era en realidad William Shakespeare. O mejor dicho, no escribió sus obras teatrales. El más reputado dramaturgo de todos los tiempos (con perdón de Lope de Vega, pero es que oigan, en Hollywood a quién van a preferir adaptar, al inglés que le entendemos el idioma y además es uno de los nuestros, o al españolete tercermundista ése) en realidad habría sido un impostor, apenas un prestanome para un aristócrata demasiado importante como para figurar con su firma bajo "Romeo y Julieta" o "Hamlet". Aunque tratándose de "Las alegres comadres de Windsor", es comprensible, porque... er... esperen un minuto... er... bueno, me equivoqué, según Wikipedia, "Las alegres comadres de Windsor" no es una obra pornográfica, pero vaya uno a saber qué confiabilidad tenga Wikipedia en eso como en todo. Volviendo a lo nuestro. El caso es que circulaba un guión sobre el tema por Hollywood, hasta que el hombre más improbable se interesó por él: Roland Emmerich. Sí, el tipo detrás de "Moon 44", "Stargate: La puerta del tiempo", "El día de la independencia", "Godzilla", "El patriota", "El día después de mañana", "10.000 AC" y "2012", todas obras conocidas por haber reclutado a la flor y crema de los actores shakesperianos para guiones igualmente shakesperianos. Y como haberla cagado con "El patriota" no era suficiente, ya iba siendo hora de regresar al cine histórico, faltaba más. Y lo hizo. Por la puerta grande. Como todo Emmerich. Y también se despidió. Por la puerta grande. Como no todo Emmerich. Pero admitamos que Emmerich es bombástico incluso hasta en sus fracasos. Eso algo debe valer. Digo yo.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Partamos por las afirmaciones acerca de que esta peli devela una teoría de la conspiración en torno a Shakespeare, y que todos los eruditos están equivocados y que la verdad está aquí. Todo eso es para la promoción, como es la costumbre de Emmerich. A la hora de la verdad, Emmerich recurre a una solución muy ingeniosa: le copia al maestro. A Shakespeare. ¿Recuerdan cuando en las obras teatrales de Shakespeare, varias de ellas parten con un prólogo en que se explica que...? Eh... ¿No lo recuerdan? Pero... ¿Es que han visto alguna obra de Shakespeare alguna vez? ¿Sí? Bueno, voy a hacer como que les creo. El caso es que muchas de estas obras parten con prólogo, y ésta también. Eso es un arma de doble filo. Por un lado, al estar todo englobado dentro de una gigantesca obra teatral, presentada por Derek Jacobi, ahí es nada, entonces todo lo que van a ver no sólo es ficción, sino que además es ficción absolutamente autoconsciente de serlo. Por el otro lado, al usar ese recurso narrativo shakesperiano, entonces... ¡Roland Emmerich se está comparando con Shakespeare! Lo que es risible, si se considera que "Anónimo" es cualquier cosa, incluso hasta una buena peli a ratos, pero... ¿shakesperiana? No, eso sí que no, en definitiva. Salvo que la consideremos shakesperiana como algo que hubiera escrito el palurdo que es el Shakespeare retratado aquí, supuesto de que supiera escribir... ya me empezó a doler la cabeza con tanta recursividad lógica, mejor sigamos.

-- Frente a todo cristo que ha puesto a parir esta peli, yo... no, no diré que la voy a defender. Pero no estaba TAN mal. La premisa inicial es interesante, y la historia tiene su punto, no se crea que no. El problema es que está narrada de una manera tan convolucionada, con saltos hacia atrás y hacia adelante en el tiempo, que se hace complicadísimo seguirla. Si hubiera sido narrada de manera un poco más simple, incluso más teatral, no correríamos el riesgo de que a mitad de peli perdamos casi todo el interés por lo que se nos está refiriendo. Más aún cuando descubrimos que William Shakespeare es un asshole, y además un secundario en su propia peli (bueno, se llama "Anónimo", así es que no es el prota, claro, pero eso sería más aceptable si lo que se nos cuenta en vez tuviera algún suspenso). Además, los que saben de historia saben además cómo acaba la cosa, por mucha licencia histórica que le pongan, y los que no saben historia... bueno, ellos por principio no van a ver esto, así es que tampoco. Pero si te pones a pensar la historia, y te sientas a digerirla, es mucho más interesante de lo que parece. Pero claro, primero hay que opinar que vale la pena pensar la historia, y ese es un paso quizás algo grande cuando uno se ha pasado media peli aburrido esperando que suceda algo espectacular que nunca llega...

-- Uno de los puntos interesantes de la peli, tiene que ver con la idea de que escribir es una especie de vicio. El que nace chicharra muere cantando, y nuestro prota es un poco así. No es una idea terriblemente nueva, pero la peli gana puntos de interés cuando se vuelca hacia ella. Al final, es hasta entendible por qué el pobre de Vries hace un poco todo lo que hace. A ratos, se me hace que a través suyo, Emmerich está tratando de plasmar su propio incontinente proceso creativo, su necesidad de crear aunque otros traten de coartarlo. A de Vries, su condición social, a Emmerich las constantes críticas en contra de sus pelis. Claro, resulta algo graciosa esta lectura de la peli, que homologaría a Emmerich con el creador de "Ricardo III" o "Macbeth", vamos (sea Shakespeare o de Vries, cualquiera de ambos), pero se diga lo que se diga, aunque Emmerich no es un Shakespeare ni por asomo, al menos está más cerca que su compatriota Uwe Boll, que sí que se las da de supercreador y sólo consigue rodar pelis superridículas.

-- El resto de la peli... sí-com-sá. Las actuaciones son tirando a débiles, salvando la papeleta Rhys Ifans como Edward de Vries, y por supuesto Vanessa Redgrave como la Reina Isabel, que no es su mejor rol ni mucho menos, pero es que la Redgrave sería capaz de actuar improvisando en la ducha y sacarse un buen papel, así es que cómo iba a fallar acá. Aún así, Isabel I ha sido interpretada por grandes como Sarah Bernhardt ("Los amores de la reina Isabel", peli muda por supuesto), Bette Davis ("Mi reino por un amor"), Agnes Moorehead ("La historia de la humanidad"), Cate Blanchett ("Elizabeth"), y Judi Dench ("Shakespeare apasionado"), así es que la competencia es muy dura aquí. Simpático el detalle de darle a Joely Richardson el rol de Isabel joven (para los no enterados: Vanessa Redgrave y Joely Richardson son madre e hija en la vida real). El resto de los actores cumple con el horario, pero poco más. La banda sonora tiende a ser debiluchilla. En lo que sí la peli se salva, es en la recreación de época, sumergiéndonos de verdad en lo que más o menos debió ser el Londres del XVI, con una iconografía más bien oscura y deprimente, lejos de enfoques más románticos como el de, volvemos a, "Shakespeare apasionado". Algo es algo.

IDEAL PARA: Ver algo que se salga un poco de lo ordinario, aunque con mucha paciencia.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, subtítulos en español].

jueves, 27 de octubre de 2011

"Blowup" (1966).


-- "Blowup" (título original), "Blow Up" (deletreado alternativo), "Blow-Up" (otro deletreado alternativo), "Deseo de una mañana de verano" (título en España). Inglaterra / Italia / Estados Unidos. Año 1966.
-- Dirección: Michelangelo Antonioni.
-- Actuación: David Hemmings, Vanessa Redgrave, Sarah Miles, John Castle, Jane Birkin, Gillian Hills, Peter Bowles, Veruschka von Lehndorff, Julian Chagrin, Claude Chagrin.
-- Guión: Michelangelo Antonioni y Tonino Guerra, sobre una historia del primero, con diálogos en inglés de Edward Bond, basado en un relato corto de Julio Cortázar.
-- Banda Sonora: Herbie Hancock.

-- "Blowup" en IMDb.
-- "Blowup" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Un chico le toma fotos a una modelo. La modelo se mueve y se retuerce como si la cámara estuviera follándola por todos los agujeros del cuerpo, mientras el chico vierte todos sus jugos vitales (metafóricamente hablando) a través del lente de la cámara. Como la escena está interesante, seguimos sin hacer zapping. El chico tiene un encontrón con unas modelos que no saben modelar. Aparecen otras modelos que quieren fotos y quizás-algo-más. El chico se cabrea y se manda a cambiar. El chico pasa por una tienda de antigüedades. Luego va al parque y toma unas fotos. La chica que aparece en las fotos, bueno, algo raro pasa, así es que va y pide el rollo (el rollo de fotos, no el rollo en sentido metafórico, entiéndase, que en esos años todavía las cámaras funcionaban con rollo de película). El asunto acaba en que la chica está dispuesta a todo para recuperar el rollo, incluso... (¡oh, puta!, ¡oh, sesentas!) ...a follar. Como la escena se alarga y se alarga, hacemos zapping, y cuando volvemos, están todavía en los prolegómanos de que se van a la cama, de que no se van... hay por ahí un menachatruá... Luego el tipo se pira con las fotos... Empieza a ver que quizás hubo un asesinato... Las mira y las remira... Y nosotros lo miramos a él... o no, porque hacemos zapping... Volvemos para ver en qué termina, y el chico fotógrafo sigue moviéndose como pasmado por la vida... Seguimos con pasmo la peli, porque somos responsables y terminamos lo que empezamos, y siguen pasando cosas medias inconexas, y... listo, me aburrí, pasemos a la siguiente sección mejor.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

¡Ah, los '60s! Tiempos que no se repetirán. Haz el amor y no la guerra (y házlo mucho). Sé bonito, sé sexy, sé chic, sé superficial. Peinados inflados, ropas de colores estrobodélicos, casas con forma de burbujas futuristas lecorbusierianas... Austin Powers se hubiera sentido como en casa, YEAH-BABY...!!! En medio de todo ese légamo primordial hubo una importantísima revolución cultural. Porque antes, ser de la élite cultural implicaba fuertemente ser un tantín de derechas, incluso en algún caso heideggeriano por ahí ser un tanto hitleriano (bueno, su discípulo Sartre le robó muchas ideas pero era comunista, prueba importantísima de que ni Heidegger ni Sartre decían realmente cosas en serio). Pero en los '60s vino el desmelene. Se pusieron de moda tipos chorreones como Herbert Marcuse. Todos eran intelecteques. Y el cine se volvió algo complicado, conceptual, abstruso. Claro, teníamos la saga de James Bond para refrescarnos (en 1966 estábamos entre "Operación Trueno" y "Sólo se vive dos veces"), pero ese tipo de cine era el opio del pueblo fabricado por la burguesía para alienarte como individuo y arrojarte en una pseudoalteridad a través de la cual pudieras ser explotado por los opresores de las superestructuras del sistema (sí, en serio, en esos años había que hablar así, o te podían confundir con los enemigos del imperialismo). Por supuesto que con ese mercado, se hizo viable producir y desatar sobre el mundo pelis que fueran contra todo y contra todos, pelis que fueran radicales en el mejor sentido de la palabra, cosas como la Nouvelle Vague o el Free Cinema o el Cinema Novo. "Blowup" se inscribe plenamente dentro de esa corriente cinematográfica antiyanki, o más específicamente, antiburguesa, un poco en la resaca de esos Nouvelle-Free-etcétera. Claro, el único problema es que con esos rad podías estar seguro de que estaban EN CONTRA de algo, pero no tanto si estaban A FAVOR de algo. Bueno, tan mal no les fue. Para ser rad había que ser nene rico, y cuando vino la contrarresaca de los '70s, ya pudieron encontrar por ahí como apernarse, hasta transformarse en los empresarios guatones de los '90s, que miraban esos años de infancia con indulgencia alrededor de un asado con carne sin grasa y de la onerosa ("¿te acuerdas de cuando éramos melenudos?", "¡Cuando teníai pelo, weón!", "¡¡¡WUAHAHAHAHÁ!!!").

¿POR QUÉ VERLA?

-- Por decirlo en pocas líneas, esta peli se trata de un hombre que se cree arti-ta y que en el fondo es un niño mimado y dizquecultureta, que rueda una peli acerca de otro hombre que se cree arti-ta y que en el fondo es un niño mimado y dizquecultureta. La peli se centra en la historia de un asesinato, pero es claro que aquí el asesinato no importa nada, sino que es un pretexto para escenificar otra clase de preocupaciones, a saber, la superficialidad y la banalidad de la cultura de los '60s (increíblemente, como suele suceder con los que se pasan de roscas en eso de ser rojos, esta peli en el fondo es bastante reaccionaria). A poco andar, el retrato de época y de personajes se va comiendo vivo a la mínima preocupación por contar una historia decente, con principio-medio-final, que además sea medianamente interesante, y de pronto descubrimos que nada de lo que pasa es verdaderamente importante. Claro, uno puede decir que Antonioni está retratando las tesis de hombre unidimensional y devorado por el sistema que plantea Herbert Marcuse, pero lo hace por la peor vía posible, la identificación, por lo que la peli se transforma también en un muermo unidimensional, justamente. El problema es análogo al que veíamos cuando hace tiempo atrás acá en Cine 9009 hablé sobre "Cloverfield": si quieres retratar el vacío y la superficialidad de un grupo de personajes, debes alejarte de ellos o si no ese vacío y esa superficialidad te van a succionar. O dicho en formato de pregunta: ¿para qué quiero ver una peli que me hable sobre lo odioso que son las gentes odiosas, si resulta que yo les hago el quite tanto como puedo en la vida real? Y si no fuera así, no iría a ver "Blowup" o pelis similares en primer término, sino que estaría empachándome con productos burgueses y reaccionarios como "Modesty Blaise". Al final, resulta que el único gran valor que tiene esta peli es el puramente arqueológico, a saber, el retrato que se hace de la atmósfera cultural del Londres de los '60s en plena efervescencia semimarxistoide. Por mí está bien, si por algo me gusta tanto la Historia que hasta tengo el blog de Siglos Curiosos y todo, pero si eres de los que van al cine a ver una buena peli, pues, lástima que los únicos valores destacables de acá sean justamente los extracinematográficos, o sea, justo los que son tangenciales a lo que se supone una peli debe ser. Y no se crea que la peli no tiene hallazgos. La escena de la chica posando sugerentemente ante una cámara, al comienzo, es exquisitamente lúbrica, y también alguna que otra escena sexy, pero eso sería todo, como si tienes la suerte de encontrarte la pieza de tocino dentro de una pastosa y mercochosa pasta de lentejas molidas. La mala noticia es que si de verdad quieres saber sobre cine, te la vas a tener que mamar igual, aunque sea para saber cómo se hacía cine cultureta en los '60s (no en balde, "Blowup" es uno de los más excelsos ejemplos de ese tipo de cine). Sacrificios que deben hacerse por la causa, mi amigo, sacrificios que deben hacerse por la causa.

IDEAL PARA: Culturetas terminales, marxistoides Old School, estudiantes de cine (aunque la mayoría se inscriben en alguna de las dos categorías anteriores), y tipos urgentemente necesitados de una terapia contra el insomnio.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos, y con harta piel].



-- Fetichismo con una cámara fotográfica a tutiplén [en inglés y sin subtítulos, y no se hagan ilusiones, desde esta escena inicial es todo cuestabajo].

jueves, 20 de marzo de 2008

"Expiación, deseo y pecado" (2007).


-- "Atonement". Inglaterra / Francia. Año 2007.
-- Dirección: Joe Wright.
-- Actuación: Keira Knightley, James McAvoy, Saoirse Ronan, Romola Garai, Vanessa Redgrave, Harriet Walter, Patrick Kennedy, Brenda Blethyn, Juno Temple, Charlie von Simson, Felix von Simson, Jackson Quincey, Pierrot Quincey, Benedict Cumberbatch, Danny Mays.
-- Guión: Christopher Hampton, basado en la novela de Ian McEwan.
-- Banda Sonora: Dario Marianelli.

-- "Expiación, deseo y pecado" en IMDb.
-- "Expiación, deseo y pecado" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Inglaterra, 1935, la Era de las Pelis de Epoca. Estamos en una casa aristocrática, como corresponde a las pelis de época (¿cuántas pelis inglesas de época ha visto usted, que transcurran íntegramente en ambiente proleta...?). El dramatis personae cubre a la clásica familia bien, y al chulo sirviente que es pobre-pero-buen-chato (por una vez en la vida, no hay mayordomo a la vista). El chulo sirviente es hijo de la cocinera, que como buena madre proleta es querendona a tope con su hijillo, y además, con sentimientos de perfecta filantropía para con los mangoneados por el darwinismo social, el patrón le financiará los estudios de Medicina. Desgraciadamente, nadie ha previsto lo que el par de chicas de la casa hará. Porque existen dos pizpiretas hermanas, que miran al chico por encima del hombro, como al tipo de la baja al que le pagan los estudios, pero como todos sabemos y estas pelis sobre distinciones sociales nos enseñan, eso es sólo una careta porque ambas viven más que un poco perturbadoramente preocupadas de los ires y venires del individuo en cuestión. Sucede que la hermana mayor se saca la ropa y queda en paños menores, en público, delante del chico, y la hermana menor, que lo ve todo, se imagina lo más sucio de lo sucio. Y se queda callada, porque la chica es mimada, malpensada y una perfecta futura "¡Ay, no quiebro un huevo!". Pero esto desata una serie de desgraciadas coincidencias, que llevan a lo inevitable: la hermanita menor termina acusando al chico de haberle infligido a una visitante de la casa, lo que la beatería victoriana llamaba "una ofensa peor que la muerte", y todos los aristocratachos miran al pobrecillo tipo injustamente acusado con la mirada de censura stalinista de tipo "por Dios, cómo es posible, y nosotros que lo criamos de potrillo...", y las vidas de todos se separan. Los años pasan, estalla la Segunda Guerra Mundial, y en medio de la conflagración mundial del mundo, las vidas del triángulo amoroso pasteloso folletinesoso encontrarán finalmente su destino. O no.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

A comienzos del XXI, Ian McEwan es uno de los escritores más respetados dentro de la intelligentzia británica. Sobre sus virtudes como escritor no me cabe pronunciamiento, porque la verdad es que no he leído nunca nada suyo, ni tengo planes de hacerlo en un futuro cercano, porque cuando los eruditos en su torre de marfil dicen "¡eso es!", hay altísimas probabilidades de que eso no sea, y como los eruditos en su torre de marfil dicen "¡eso es!" de Ian McEwan, pues bien, por puro criterio probabilístico... Es lo que llamo el Síndrome Bacon: durante todo el XVI, Galileo Galilei desarrolló el método científico, junto con otra parvada de esforzados científicos, y luego de que todo el campito estuvo abonado, llegó Francis Bacon, dijo "¡yo inventé el método científico y le dije a los científicos como debían trabajar!", y pasó a la historia el muy cretino, pasando por gran agricultor mostrando cosechas que otros araron, sembraron, regaron, abonaron, cosecharon y llevaron al mercado para vender. Bueh, a lo mejor Ian McEwan es un gran escritor, y me lo estoy perdiendo por prejuicioso, vaya uno a saber, pero a veces, entre tantos pecadores más de algún justo termina pagando. Pero en fin, de regreso en la obra. Según he leído en reseñas por aquí y por allá, McEwan es muy alabado por escribir obras muuuuuu profundas, que exploran grandes personajes con soberbias construcciones literarias. Quizás sí, quizás no. Lo cierto es que con esas cartulinas se pueden fabricar afiches de propaganda, así es que cuando salió a la venta su novela "Expiación", hubo ruido de sables respecto de una pronta adaptación cinematográfica. Después de todo, la historia tenía varios materiales vendibles: aristocracia británica (el material con que se confeccionan las estiradetes pelis inglesas de toda la vida), historia de época, tema sexual de por medio (pero bien reprimidito, para no darle suponcio a las veteranas esposas de los veteranos críticos de cine de toda la vida), la Segunda Guerra Mundial (mola para el trailer, ¿no?), y un final con un retortijón para dejar contento a los intelectualófagos de toda la vida (claro que para vueltas de tuerca como ésa, mejor véanse cualquier adaptación fílmica de Philip K. Dick, y esto, a dar por el ya-saben-dónde). Y para hacer más calada la sandía, llamaron a la dupla de oro conformada por el director Joe Wright y la actriz Keira Knightley, que ya se había cubierto de gloria con "Orgullo y prejuicio". El problema es que Ian McEwan, presumiblemente ávido de dinamitar su propio sitial intelectualoide en un gesto de titánico autodesprecio artístico, decidió que él sería el productor de la peli, para que fuera adaptada como corresponde, lo que muy probablemente se haya traducido en "igualita a la novela", lo que siempre es un casus belli contra la platea: aquello que funciona en lo literario, no siempre funciona en lo fílmico (registros distintos, ¿vale?), y pretender una adaptación literal de una obra literaria al cine es una imposibilidad ontológica (¡hey, pude meter la palabra "ontológico"! Ahora sí que paso por cultureta). Y así es como nos fue...

¿POR QUÉ VERLA?

-- En general, tiene todos los elementos propios del cine "de época", incluso bastante by the book. O sea, ambientaciones suntuosas, vestidos amplios, grandes escenarios, etcétera. Si eres la clase de persona que alucina con esos elementos, pues aquí estás en tu salsa. Aunque por otra parte, digámoslo desde ya, también el apartado visual de "El paciente inglés" era deslumbrante, y miren ustedes qué anémica resultó ser la peli... No ayudan tampoco los alargues de la peli (hubieran podido recortar harto de la guerra, y no hubiéramos perdido demasiado, incluso la peli hubiera sido más ágil), ni tampoco los ridículos alardes audiovisuales (ese plano secuencia en una sola toma de 10-y-algos minutos de duración en Dunquerque carecía de toda finalidad narrativa, como no sea el puro y simple exhibicionismo "babéense y dénme el Oscar"). Pero en fin, saltando esas muestras de megalomanía narrativa, tenemos una peli solvente desde el punto de vista audiovisual, y eso siempre se agradece, aunque sea porque peor nos va cuando tenemos que ver un telefilme "de época"; esta solvencia audiovisual, a ratos, consigue incluso que superemos lo desprolijo del guión, que a veces pareciera tratarse de tal personaje, para enterarnos después de que no era sobre ese personaje sino sobre ese otro, y después nos enteramos que tampoco era sobre ese otro sino un tercero, y entonces para qué nos gastamos tanto con los otros dos primeros personajes si no se trataba de ellos el asunto, y... Bueh, me estoy alargando, así es que pasemos a otra cosa, mejor.

-- El nivel de las actuaciones en general es bueno, incluso superlativo. Saoirse Ronan se ha acaparado todos los elogios, e incluso consigue imponerse fácilmente sobre Keira Knightley, lo que es decir, porque la Knightley entrega una buena interpretación como suele ser su costumbre (bueno, casi siempre, y es que no quiero acordarme de "Piratas del Caribe 3"...). Pero esta peli cae en una trampa. Hay tres actrices interpretando a la hermana menor desde su temprana y repipi niñez hasta su enfermiza (y no sólo en sentido físico) ancianidad, y aunque las tres la rompen cada una por su cuenta, no parecieran querer ponerse de acuerdo para ser el mismo personaje. Uno suele aceptar que en una peli, un mismo personaje sea interpretado por dos o tres actores cuando hay que mostrarlo en varias etapas de su vida, pero por lo general, se trata de flashbacks o flashfowards, y en todo caso la evolución del personaje simplemente no era tan trascendente como la historia, y de ahí que uno no sea tan exigente y se autoescamotee que River Phoenix tenía un parecido más bien light con Harrison Ford en "Indiana Jones y la última cruzada". Pero aquí se trata del personaje, y para colmo, es una de esas pelis de "los gestos y silencios valen tanto como las palabras y la acción", así es que cada gesto que es propio de cada actriz, y que es diferente de las otras dos, se nota aún más. Cada una de las tres interpreta al mismo personaje, la hermana menor (Saoirse Ronan de chica, Romola Garai de adulta, y Vanessa Redgrave de anciana), pero cada una lo interpreta a su manera, y las sutilezas actorales entre una y otra se notan, y no es cosa de achacarlo al "el personaje evolucionó con los años", porque una cosa es la evolución psicológica, y otra cosa son los tics gestuales que las personas cargan a veces por toda la vida. Pero en fin, olvidando ese detalle, las tres se llevan la palma, cada una corriendo en su propia dirección, pero se la llevan... (Según rumores, habrían usado las tres un entrenador para que la manera de hablar de las tres fuera similar... bueno hubiera sido usar otro entrenador para ponerlas de acuerdo en los gestos de cada una).

-- Mención especial para la banda sonora. No es nada que no se haya escuchado en otra parte, en principio (ya sabemos: violines, piano...), pero en algunos pasajes, se ve complementada con el ruido de una máquina de escribir marcando el ritmo, algo muy apropiado considerando que el personaje central de la peli es una escritora, un pequeño toque de genialidad dentro de una peli más bien convencional y sin grandes sorpresas.

-- El giro final le da un buen sentido a la peli, y le perdonamos muchos de sus exhabruptos narrativos a cambio de esa vuelta de tuerca final. Sin embargo, debemos ser indulgentes. Quizás Ian McEwan creyó haber descubierto algo muuuuuu profundo, muy trascendente o muy significativo en el final que encontró para la peli. Pero si hubiera leído a Philip K. Dick, o "Niebla" de Miguel de Unamuno, o hubiera visto "Más extraño que la ficción", se habría dado cuenta que lo suyo no es sino una variante de algo muy viejo y muy visto (o a lo mejor los leyó y los vio, pero se hizo el desentendido, para no dispararse en la base de su pedestal de estrellita intelectualoide british, vaya uno a saber...). Lo peor es que hay gente que lee o ve estas cosas, y dicen de buena fe, partiendo de su propia ignorancia, "¡Oh, sí, inventó la rueda!", cuando ella ya estaba de largo inventada en nuestro sufrido e intelectualoidetizado mundo...

IDEAL PARA: Público adorador de las pelis de época con un delicado barniz intelectualoide.

viernes, 19 de enero de 2007

"La condesa blanca" (2005).


-- "The White Countess". Inglaterra / Estados Unidos / Alemania / China. Año 2005.
-- Dirección: James Ivory.
-- Actuación: Ralph Fiennes, Natasha Richardson, Vanessa Redgrave, Madeleine Potter, Lynn Redgrave, Madeleine Daly, John Wood, Allan Corduner, Hiroyuki Sanada, Da Ying, Terence Harvey.
-- Guión: Kazuo Ishiguro.
-- Banda Sonora: Richard Robbins.

-- "La condesa blanca" en IMDb.
-- "La condesa blanca" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Shangai, 1936. En una ciudad cosmopolita, hacia donde van a parar todos los varados de las convulsiones políticas de los últimos años, se cruzan las vidas de dos personas. Una es una antigua condesa rusa, que ahora se dedica al oficio más antiguo y más lúbrico del mundo para alimentar a su familia de antiguos aristócratas y actuales parásitos, de aquella clase que "no han aprendido nada ni han olvidado nada". El otro es un antiguo diplomático estadounidense, que ha quedado ciego por los avatares del destino. Verla y conocerla (o mejor dicho conocerla a ciegas) desata en el american man el instinto de jugarse todos los ahorros a un solo caballo, para hacer fortuna y crear su propio negocio, en donde la chica tendrá el rol protagónico. Contra todo pronóstico, gana la apuesta y la recupera con creces, por lo que abre su local, que se llamará nada más y nada menos que La Condesa Blanca (y he aquí justificado el título del filme). Pero cuando la vida te sonríe y canta, prepárate para la guerra. Todo está revolviéndose alrededor, porque los americanos tienen sus intereses creados, anda un japonés un tanto extraño circulando, y cerca huelen vientos de guerra. Y a propósito, ¿dijimos que el cieguito empieza a encontrar muy seductora y sexy a la condesa...?

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

El veterano y cuasi momia James Ivory tiene una notable trayectoria como director de cine histórico, algo para lo cual recibe la inestimable ayuda de su sentido clasicista del cine, su ritmo lento y su enorme cuidado por la estética y la recreación de ambientes. Aunque nacido en 1928, y habiéndose apuntado éxitos como "Los bostonianos", fue recién en la década de 1990 cuando se transformó en una especie de superestrella fílmica, con sus dos exitazos de crítica "La mansión Howard" y "Lo que queda del día", con Anthony Hopkins como inestimable aliado en ambas, luchando este último en aquellos años por sacarse el estigma de Hannibal Lecter. Pero después se había perdido un tanto, con filmes no demasiado bien aclamados (su filme "Sobreviviendo a Picasso" ni siquiera lo estrenaron en las salas comerciales de Chile, y eso que venía también con la participación estelar de Hopkins, y tuvimos que verlo en el cable, años después). Y tocó fondo cuando trató de desmarcarse del cine histórico y probar suerte (dudosamente) con la comedia "Divorcio a la francesa". Después de ésta, ¿qué mejor que volver a las raíces, a lo clásico, a lo de siempre? Así es que, ni corto ni perezoso, unió fuerzas otra vez con Kazuo Ishiguro, el autor de la novela base de su taquillazo "Lo que queda del día", y éste le escribió un nuevo guión con el cual lucirse. El resultado es la película en comento.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Después de su anémica "Divorcio a la francesa", James Ivory vuelve a lo suyo, a los filmes de época, y vuelve a lo grande. Tan grande, en efecto, que consigue transformar el tontorrón guión de Ishiguro, lleno de sandías caladas (princesa devenida en prostituta, y rusa más encima para darle más morbo; prota ciego para darle karma gratuito; japonés malo, pero no tan malo; gente desarraigada; paisajes exóticos; ambientación de época; victoria en una apuesta de caballos al mejor estilo filme Disney; y final con carrera al muelle a falta de aeropuertos), en toda una pieza de arte y majestuosidad, cuya primera mitad podrá ser un tanto soporífera, pero que en la segunda despega con brío y se mueve por un final sólido como una casa, a pesar de lo tópico de éste.

-- Las actuaciones. La madurona Natasha Richardson, aún de muy buen ver, despliega toda la simpatía y encanto que la han dejado en segundo plano en otras películas más hollywoodenses, como "Nell"; la señorita Richardson, dicho sea de paso, parece hecha aposta para interpretar filmes de época, como que fue nada menos que Mary Shelley en la bizarra "Gothic", de Ken Russell, o Patty Hearst en "Patty Hearst", precisamente. Y poco se puede decir de Ralph Fiennes, quien se ha lucido una y otra vez en "La lista de Schindler", "Quiz Show", "Días extraños", "El paciente inglés", "El príncipe de Egipto", "Onegin", "El ocaso de un amor", "Dragón rojo", y nada menos que dándole voz a Jesús en "El Señor de los milagros". (Irónicamente, Fiennes y la Richardson ya habían coincidido en la anémica "Sueño de amor", pero aquí la Richardson era la "mala" y la buena era... ¡Jennifer Lopez!). Y el grupete conformado por los aristócratas rusos vienen también magníficamente interpretados por Vanessa Redgrave y Lynn Redgrave (sí, son madre e hija, ¿bien?, y Vanessa es también mamá de Natasha Richardson, ¿OK?), y por el también imprescindible John Wood.

-- A pesar de lo tosco del guión, hay un fino tratamiento del tema de los sueños, de evadirse en ellos para fugarse de la realidad; la película trata de sueños, sí, pero la conclusión final tiene más que ver con saber abandonarlos a tiempo y afrontar la vida real, que la fácil moralina hollywoodense de "sigue tu sueño y se hará realidad". El diplomático yanki sigue una curva ascendente a través de sucesivos golpes de suerte, y por un golpe de suerte (o mejor dicho, por la fuerza del mundo exterior), al final lo pierde todo, excepto por... La aristócrata rusa, por su parte, sigue una curva descendente, prisionera de los sueños de grandeza de su propia familia sigue alimentando para hacer más soportable su destierro y su condición miserable. Alrededor de ellos se mueven una fauna de personajes completamente inhumanos, que tratan de vivir el momento (el francés inoportuno), manipular las cosas a su antojo (el amiguete yanki), crear belleza para alivianar sentimientos de culpa (Matsuda el japonés mafiosete), o sacrificar toda la grasa que no haga falta llevar para salir adelante como familia (la familia rusa que tan mal paga a la condesa por la ayuda prestada a lo largo del tiempo).

IDEAL PARA: Ver una película carismática, de buen nivel y bien confeccionada, a pesar de sus pretensiones poco disimuladas de filme "bigger than life".

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