11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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domingo, 14 de septiembre de 2008

"El novio de mi madre" (2007).


-- "I Could Never Be Your Woman". Estados Unidos. Año 2007.
-- Dirección: Amy Heckerling.
-- Actuación: Michelle Pfeiffer, Paul Rudd, Saoirse Ronan, Stacey Dash, Fred Willard, Jon Lovitz, Sarah Alexander, Tracey Ullman, Yasmin Paige, Rory Copus, O.T. Fagbenle, Jayden Berry-Garvey, Iddo Goldberg, Noah Lee Margetts, Jonathan Ryland.
-- Guión: Amy Heckerling.
-- Banda Sonora: Jess Bailey.

-- "El novio de mi madre" en IMDb.
-- "El novio de mi madre" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Ha pasado el tiempo, y Michelle Pfeiff... perdón, Rosie ya no es la jovencita rompehielos que alguna vez fue. Pasó la cuarentena, tiene una criatura chica que está entrando en los terribles 11 (¿o 12? Qué se yo, no me acuerdo), y su maridito decidió casarse con una chiquilla de veintialgos (sí, parece el chiste de "cambio una de cuarenta por dos de veinte"). La vida siempre le aguarda sorpresas, porque verán, aunque hay telarañas en el falopioverso, ser madre de una criatura que recién empieza a caer en las redes de aaaaaahhhhhh... amoooooor... y ser la guionista/productura/almamáter de una serie de TV de adolescentes cool es todo su mundo. Hasta que de pronto el cabronazo de su boss le dice que, bueno, verán, eso de programas infantiles/juveniles/whatever ya no rinde, no la lleva, y debemos introducir cambios en el programa si es que queremos mantenerlo a flote. Nuestra buena Rosie se resiste y se resiste, porque el brillante concepto de renovación es hacer un extreme-makeover, y nuestra chica dice que no, que eso está saturado, old-fashioned, etcétera, pero la palabra del jefe es la palabra del jefe, y se llama a un casting para proveer el papel de un nerd volviéndose el head of the class. Como suele suceder en los castings, se llena de chicos que compensan la falta de talento con chorreón de narcisismo (¡hey, lo mismo pasa en los torneos de "Vampiro: La Mascarada"!), y pareciera que la búsqueda es un fracaso, hasta que... ¡sorpresa, señores! Aparece el Chico Maravilla. Tan maravilla, que nuestra cuarentona Rosie empieza a qué estoy haciendo, poniendo ojitos, etcétera... Y el chico, pues, como que corresponde... Y empieza a flotar love in the air... Pero ¡quién está de por medio! ¡Oh, sí! ¡La hijita preadolescente! O no, porque el chico se la da vuelta enseñándole como pasar cierto videojuego que es el favorito del compañero de escuela de ella... Pero ése será el primero de los obstáculos. Vendrán peores. Incluyendo, por supuesto, la neurótica inseguridad de una cuarentona que cómo va a ser la Demi Moore de Ashtun... Ashtoon... Ash... No, no me digan ¡salud!, no estoy estornudando... ¿Cómo es que se llamaba ese impresentable? ¡Bueno, el criaturo ése, el pobre sustituto del gran Bruce Willis! Y eso por no hablar de las intrigas cruzadas en el ambiente laboral... El drama estaría servido, de no ser porque esto es una comedia. Y de las buenas, si me preguntan.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

MILF la lleva. En el 2000, las veinteañeras tienen un poquito de gusto a nada, de sosainas, y tienen que madurar su resto antes de llegar a los peligrosos treintas. Y los cuarentas y los cincuentas... Pregúntenselo a Ash... Esh... Pashtun Kuchen o como se llame, el que se afila a Demi Moore. O a Guy Ritchie, que se come los ya transitados Firestone de Madonna. Antaño, 30 era el umbral de la muerte para una mujer, y a los 40 estaban ya acabadas (para la gloria ese gran diálogo de Goldie Hawn en "El club de las divorciadas", que decía algo así como: 'Sólo existen tres edades para las actrices en Hollywood, jovencitas, fiscal de distrito y "Conduciendo a la Señora Daisy"'). Pero claro, a condición de que la MILF tenga recursos. Dinero. El poder del sex-appeal. Una MILF debe tener money para enchularse, hacerse las cirugías pertinentes, etcétera. Una MILF sin dinero no es MILF, es simplemente una veterana (dicho así, con cariño, por aquello de lo políticamente correcto). Antaño, una MILF era una mujer medio acabada ("El graduado"), y hasta tiempos bien recientes era una especie de fantasía adolescente ("Y tu mamá también"). Pero ahora, aunque sea una comedia, el tema se está volviendo serio. Mortalmente serio. Como en "Infidelidad", por ejemplo. Las MILF ya están aquí, y llegaron para quedarse. Así es que mejor tomárselo con humor. Como acá.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Aunque todas las críticas positivas de esta peli han partido por elogiar a Michelle Pfeiffer (merecidamente, por lo demás), partamos primero por ese angelito invisible (o demonio, según el caso, pero angelito aquí) llamado "director". Amy Heckerling hace rato que pasó la sesentena (cero posibilidad de autorreferencia MILF aquí, entonces), pero en su vasta y no demasiado prolífica carrera fílmica ha dejado un puñado de pelis relativamente clásicas, de las que sólo me basta enunciar los títulos: "Años locos en Ridgemont High", "Vacaciones en Europa" (bueno, en este caso recordemos que es parte de la saga de Chevy Chase), "Mira quién habla", "Mira quién habla ahora", "Ni idea"... Esta peli podríamos considerarla como "más madura", incluso con una perspectiva más otoñal que las anteriores, debido al choque entre el "estoy vieja, la vida y el amor se acabaron para mí" y el "¡quiero vivir!". Pero bueno, la señora Heckerling sigue incombustible al pie del cañón, y no deja que lo melancólico del tema le carcoma lo principal, que es hacer reir. Y en eso lo logra, con un guión inteligente (escrito por ella misma) y una estupenda dirección de actores. Además, ella conoce más que sobradamente el ambiente de trabajo dentro de la televisión (tanto "Años locos en Ridgemont High" como "Ni idea" parieron sendas series de TV), así es que acá está en su salsa.

-- Ahora sí. Lo que estaban esperando. Michelle Pfeiffer: ¿se mantiene la vieja sobre su esqueleto o se la come la osteoporosis? Recordemos que la Pfeiffer (nativa de ¡1958!, o sea de la edad de Madonna y un año más joven que Sharon Stone) fue sex-symbol ya en los tempranos '80s (era la noviecita de Al Pacino en "Caracortada", y la siguió dando con "El hechizo del águila", "Casada con la mafia", "Relaciones peligrosas", la escena en que se revuelca con un vestido rojo sobre un piano en "Los fabulosos Baker Boys"...), y a la par que interpretaba magníficamente a Gatúbela en "Batman regresa", ya en 1991 aparecía como "vieja de vida sentimental acabada" (¡¡¡!!!) junto a Al Pacino (again) en la por otra parte estupenda "Frankie y Johnny". Uno podría esperar por tanto que la señora se arrastrara ahora en un fútil intento por volver a arañar la cartelera, como una Goldie Hawn cualquiera, ¡y no! Después de algunos años de silencio volvió con esta comedia, y con su insigne rol de "Stardust", no sólo asumiendo los años y llevándolos dignamente, sino que también pateando traseros sin necesidad de disimular las arrugas ni mucho menos. A punta de puro talento actoral. Y que lo tiene. Como acá, por ejemplo, asumiendo con valentía que ya no tiene 25 (bueno, tiene 49 y su personaje 40, pero en fin...). Y haciendo comedia de eso. Y mostrándose sexy, completamente segura de sí misma y de lo que está haciendo. Gracias a ella, esta peli no luce como una relación maternofilial sino como una verdadera y equilibrada relación romántica, en la que incluso él pareciera ser a veces más maduro que ella (el personaje de él tiene 29, o sea, es 11 años menor, aunque el actor tenía 38... ¡menudo enredo!).

-- Pero el resto del elenco no se queda a la zaga. Paul Rudd es una magnífica elección como partner de la Michelle Pfeiffer, y se nota que se la pasaron bomba rodando esta peli (o eso, o son muy buenos actores, no sé). La creepy Saoirse Ronan (prueben a escribirlo ustedes), que daba de que hablar comiéndose con zapatos a todo el elenco de "Expiación, deseo y pecado" (Keira Knightley incluida) con sus tiernos 14 añitos, acá es capaz de dar la réplica a Michelle Pfeiffer sin transformarse en el cliché de la niñata antipática, pero con una personalidad bien marcada y definida. Sarah Alexander (ya actuó con la Pfeiffer como una de sus brujas subordinadas en "Stardust"), conocida por su protagónico en la brillante serie británica "Coupling", acá está a la altura como una odiosa secretaria que no es feliz si no ve desgracias a su alrededor. Stacey Dash, que ya estuviera en una Heckerling Movie (era la amiga nigga de Alicia Silverstone en "Ni idea"... ¡Bastet, esta chica tiene pacto con el diablo, no envejece!) está notable como la estrellita de medio pelo que le baja el sobrao y va y viene de sexy (se supone que es una veinteañera que interpreta a una adolescente de secundaria... y si alguien me hubiera dicho que ya pasó la cuarentena le hubiera arañado la nariz por mentiroso... ¡pero es cierto, ya pasó la cuarentena, señores!). Tracey Ullman está un poco insoportable como "conciencia de la prota", pero admitámoslo, el único aporte de esta señora a la Historia de la Civilización Occidental en realidad es haberle dado un segmento dentro de su programa ochentero a "Los Simpsons", antes de que obtuvieran media hora semanal para ellos solos. Y Jon Lovitz, ya envejecido, pero siempre good vibes, está topísimo como el ex marido de Michelle Pfeiffer (Michelle, él no te merecía... miau...).

-- La prota trabaja de productora/guionista de una serie de TV que tiene un nombre tan mascachicles como "¡Ustedes la llevan, chicas!", o algo así ("You go, girls!"), incluyendo la inevitable canción bubblegum de letra "no dejes que la vida destruya tus sueños", interpretada por la mina Tetanic de rigor (Stacey Dash, que por esos años era chica Playboy, por cierto... busquen en Google Image, sin el SafeSearch conectado por supuesto). Mientras más miraba la serie de TV dentro de la peli, más me parecía una sátira desenfadada de "Salvados por la campana", incluyendo una mención por ahí al personaje de Screech, que era el que verdaderamente la llevaba en la serie (por algo lo conservaron para el vergonzoso spin-off "Salvados por la campana: La nueva generación"... ¡sí, hicieron una!). ¡Ah! Y no debe olvidárseme el mencionar los escenarios de colores verde loro, rojo furia, amarillo chillón... Todo en delicado contraste con la vida cotidiana de los protas, en una quizás no demasiado sutil crítica contra cómo te venden fantasías preenvasadas por la TV, y tú te las tragas pasivamente porque te gustaría que tu opaca vida fuera como esos chicos guapos y esas chicas bigbreasted por la experiencia vicaria de sentarse frente a un artefacto en vez de ir a buscarse una vida. Y esto, sin necesidad de remarcar el mensaje, sólo introduciendo alguna sutileza por aquí y por allá...

-- Evita un defecto muy serio que arruina muchas comedias románticas, y que es el desconfiar de la comedia para crear una gran comedia. Me explico: muchas comedias románticas tratan de ser más románticas que comedia, y para esto crean situaciones de "me caigo y aporreo" para hacer reir en la primera mitad, y en la segunda viran al drama para mostrar que a pesar de ser comedia, también tienen alma y sentimientos (sensiblería y ñoñería, lo llamaría más bien). Sandra Bullock podría dar cátedra de eso, con sus caretos de "la c*g*é media peli, pero igual me merezco ser feliz, por qué no me resulta, ¡diablos!". Acá no. Cuando una escena pareciera que va a derivar al drama, se las arregla para mantener siempre el tono de comedia ligera. Con lo que esta peli gana muchos enteros en profundidad, porque el verdadero mensaje se va al subtexto, y no peca de discursiva en ningún minuto (bueno, quizás la no muy necesaria adición de Tracey Ullman... Pero en fin).

-- Escenas memorables. Paul Rudd bailando algo así como pseudobreakdance en el suelo de la disco. El primer beso. Michelle Pfeiffer mirando los intentos de su hija por acercarse al chico que la ignora (y que le gusta, claro está). La criatura Saoirse negociando la edad de su "primera vez" con su mami (lo dicho, esta chica es más creepy que Kirnsten Dunst en "Entrevista con el vampiro"). Sarah Alexander doing the bad girl. Todas las secuencias relativas al programa ése de las chicas arriba. El gran diálogo del director de la cadena diciendo "¡El rating se está desplomando, nada de temas serios como discriminación racial o embarazo adolescente, a partir de ahora pura comedia!". Y en general, la peli entera en realidad.

IDEAL PARA: Ver una gran comedia MILF, una gran comedia romántica, y una estupenda peli a secas.

OTRAS PÁGINAS SOBRE "EL NOVIO DE MI MADRE":

-- (Ir a la página) Nota en Todo Cine.
-- (Ir a la página) Comentario en Toma-Uno.com.
-- (Ir a la página) Compilación de comentarios en Pochoclo.com.
-- (Ir a la página) Comentario en El Comercio Perú.
-- (Ir a la página) Comentario en Dolce City.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, subtítulos en español].



-- El jovenzuelo se lleva a la veterana a la disco y hace el mongo bailando [doblado al español de Ezpaña, pero no se preocupen, es una escena casi sin diálogo].



-- Saoirse Ronan haciendo lo suyo [en inglés, sin subtítulos].

jueves, 20 de marzo de 2008

"Expiación, deseo y pecado" (2007).


-- "Atonement". Inglaterra / Francia. Año 2007.
-- Dirección: Joe Wright.
-- Actuación: Keira Knightley, James McAvoy, Saoirse Ronan, Romola Garai, Vanessa Redgrave, Harriet Walter, Patrick Kennedy, Brenda Blethyn, Juno Temple, Charlie von Simson, Felix von Simson, Jackson Quincey, Pierrot Quincey, Benedict Cumberbatch, Danny Mays.
-- Guión: Christopher Hampton, basado en la novela de Ian McEwan.
-- Banda Sonora: Dario Marianelli.

-- "Expiación, deseo y pecado" en IMDb.
-- "Expiación, deseo y pecado" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Inglaterra, 1935, la Era de las Pelis de Epoca. Estamos en una casa aristocrática, como corresponde a las pelis de época (¿cuántas pelis inglesas de época ha visto usted, que transcurran íntegramente en ambiente proleta...?). El dramatis personae cubre a la clásica familia bien, y al chulo sirviente que es pobre-pero-buen-chato (por una vez en la vida, no hay mayordomo a la vista). El chulo sirviente es hijo de la cocinera, que como buena madre proleta es querendona a tope con su hijillo, y además, con sentimientos de perfecta filantropía para con los mangoneados por el darwinismo social, el patrón le financiará los estudios de Medicina. Desgraciadamente, nadie ha previsto lo que el par de chicas de la casa hará. Porque existen dos pizpiretas hermanas, que miran al chico por encima del hombro, como al tipo de la baja al que le pagan los estudios, pero como todos sabemos y estas pelis sobre distinciones sociales nos enseñan, eso es sólo una careta porque ambas viven más que un poco perturbadoramente preocupadas de los ires y venires del individuo en cuestión. Sucede que la hermana mayor se saca la ropa y queda en paños menores, en público, delante del chico, y la hermana menor, que lo ve todo, se imagina lo más sucio de lo sucio. Y se queda callada, porque la chica es mimada, malpensada y una perfecta futura "¡Ay, no quiebro un huevo!". Pero esto desata una serie de desgraciadas coincidencias, que llevan a lo inevitable: la hermanita menor termina acusando al chico de haberle infligido a una visitante de la casa, lo que la beatería victoriana llamaba "una ofensa peor que la muerte", y todos los aristocratachos miran al pobrecillo tipo injustamente acusado con la mirada de censura stalinista de tipo "por Dios, cómo es posible, y nosotros que lo criamos de potrillo...", y las vidas de todos se separan. Los años pasan, estalla la Segunda Guerra Mundial, y en medio de la conflagración mundial del mundo, las vidas del triángulo amoroso pasteloso folletinesoso encontrarán finalmente su destino. O no.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

A comienzos del XXI, Ian McEwan es uno de los escritores más respetados dentro de la intelligentzia británica. Sobre sus virtudes como escritor no me cabe pronunciamiento, porque la verdad es que no he leído nunca nada suyo, ni tengo planes de hacerlo en un futuro cercano, porque cuando los eruditos en su torre de marfil dicen "¡eso es!", hay altísimas probabilidades de que eso no sea, y como los eruditos en su torre de marfil dicen "¡eso es!" de Ian McEwan, pues bien, por puro criterio probabilístico... Es lo que llamo el Síndrome Bacon: durante todo el XVI, Galileo Galilei desarrolló el método científico, junto con otra parvada de esforzados científicos, y luego de que todo el campito estuvo abonado, llegó Francis Bacon, dijo "¡yo inventé el método científico y le dije a los científicos como debían trabajar!", y pasó a la historia el muy cretino, pasando por gran agricultor mostrando cosechas que otros araron, sembraron, regaron, abonaron, cosecharon y llevaron al mercado para vender. Bueh, a lo mejor Ian McEwan es un gran escritor, y me lo estoy perdiendo por prejuicioso, vaya uno a saber, pero a veces, entre tantos pecadores más de algún justo termina pagando. Pero en fin, de regreso en la obra. Según he leído en reseñas por aquí y por allá, McEwan es muy alabado por escribir obras muuuuuu profundas, que exploran grandes personajes con soberbias construcciones literarias. Quizás sí, quizás no. Lo cierto es que con esas cartulinas se pueden fabricar afiches de propaganda, así es que cuando salió a la venta su novela "Expiación", hubo ruido de sables respecto de una pronta adaptación cinematográfica. Después de todo, la historia tenía varios materiales vendibles: aristocracia británica (el material con que se confeccionan las estiradetes pelis inglesas de toda la vida), historia de época, tema sexual de por medio (pero bien reprimidito, para no darle suponcio a las veteranas esposas de los veteranos críticos de cine de toda la vida), la Segunda Guerra Mundial (mola para el trailer, ¿no?), y un final con un retortijón para dejar contento a los intelectualófagos de toda la vida (claro que para vueltas de tuerca como ésa, mejor véanse cualquier adaptación fílmica de Philip K. Dick, y esto, a dar por el ya-saben-dónde). Y para hacer más calada la sandía, llamaron a la dupla de oro conformada por el director Joe Wright y la actriz Keira Knightley, que ya se había cubierto de gloria con "Orgullo y prejuicio". El problema es que Ian McEwan, presumiblemente ávido de dinamitar su propio sitial intelectualoide en un gesto de titánico autodesprecio artístico, decidió que él sería el productor de la peli, para que fuera adaptada como corresponde, lo que muy probablemente se haya traducido en "igualita a la novela", lo que siempre es un casus belli contra la platea: aquello que funciona en lo literario, no siempre funciona en lo fílmico (registros distintos, ¿vale?), y pretender una adaptación literal de una obra literaria al cine es una imposibilidad ontológica (¡hey, pude meter la palabra "ontológico"! Ahora sí que paso por cultureta). Y así es como nos fue...

¿POR QUÉ VERLA?

-- En general, tiene todos los elementos propios del cine "de época", incluso bastante by the book. O sea, ambientaciones suntuosas, vestidos amplios, grandes escenarios, etcétera. Si eres la clase de persona que alucina con esos elementos, pues aquí estás en tu salsa. Aunque por otra parte, digámoslo desde ya, también el apartado visual de "El paciente inglés" era deslumbrante, y miren ustedes qué anémica resultó ser la peli... No ayudan tampoco los alargues de la peli (hubieran podido recortar harto de la guerra, y no hubiéramos perdido demasiado, incluso la peli hubiera sido más ágil), ni tampoco los ridículos alardes audiovisuales (ese plano secuencia en una sola toma de 10-y-algos minutos de duración en Dunquerque carecía de toda finalidad narrativa, como no sea el puro y simple exhibicionismo "babéense y dénme el Oscar"). Pero en fin, saltando esas muestras de megalomanía narrativa, tenemos una peli solvente desde el punto de vista audiovisual, y eso siempre se agradece, aunque sea porque peor nos va cuando tenemos que ver un telefilme "de época"; esta solvencia audiovisual, a ratos, consigue incluso que superemos lo desprolijo del guión, que a veces pareciera tratarse de tal personaje, para enterarnos después de que no era sobre ese personaje sino sobre ese otro, y después nos enteramos que tampoco era sobre ese otro sino un tercero, y entonces para qué nos gastamos tanto con los otros dos primeros personajes si no se trataba de ellos el asunto, y... Bueh, me estoy alargando, así es que pasemos a otra cosa, mejor.

-- El nivel de las actuaciones en general es bueno, incluso superlativo. Saoirse Ronan se ha acaparado todos los elogios, e incluso consigue imponerse fácilmente sobre Keira Knightley, lo que es decir, porque la Knightley entrega una buena interpretación como suele ser su costumbre (bueno, casi siempre, y es que no quiero acordarme de "Piratas del Caribe 3"...). Pero esta peli cae en una trampa. Hay tres actrices interpretando a la hermana menor desde su temprana y repipi niñez hasta su enfermiza (y no sólo en sentido físico) ancianidad, y aunque las tres la rompen cada una por su cuenta, no parecieran querer ponerse de acuerdo para ser el mismo personaje. Uno suele aceptar que en una peli, un mismo personaje sea interpretado por dos o tres actores cuando hay que mostrarlo en varias etapas de su vida, pero por lo general, se trata de flashbacks o flashfowards, y en todo caso la evolución del personaje simplemente no era tan trascendente como la historia, y de ahí que uno no sea tan exigente y se autoescamotee que River Phoenix tenía un parecido más bien light con Harrison Ford en "Indiana Jones y la última cruzada". Pero aquí se trata del personaje, y para colmo, es una de esas pelis de "los gestos y silencios valen tanto como las palabras y la acción", así es que cada gesto que es propio de cada actriz, y que es diferente de las otras dos, se nota aún más. Cada una de las tres interpreta al mismo personaje, la hermana menor (Saoirse Ronan de chica, Romola Garai de adulta, y Vanessa Redgrave de anciana), pero cada una lo interpreta a su manera, y las sutilezas actorales entre una y otra se notan, y no es cosa de achacarlo al "el personaje evolucionó con los años", porque una cosa es la evolución psicológica, y otra cosa son los tics gestuales que las personas cargan a veces por toda la vida. Pero en fin, olvidando ese detalle, las tres se llevan la palma, cada una corriendo en su propia dirección, pero se la llevan... (Según rumores, habrían usado las tres un entrenador para que la manera de hablar de las tres fuera similar... bueno hubiera sido usar otro entrenador para ponerlas de acuerdo en los gestos de cada una).

-- Mención especial para la banda sonora. No es nada que no se haya escuchado en otra parte, en principio (ya sabemos: violines, piano...), pero en algunos pasajes, se ve complementada con el ruido de una máquina de escribir marcando el ritmo, algo muy apropiado considerando que el personaje central de la peli es una escritora, un pequeño toque de genialidad dentro de una peli más bien convencional y sin grandes sorpresas.

-- El giro final le da un buen sentido a la peli, y le perdonamos muchos de sus exhabruptos narrativos a cambio de esa vuelta de tuerca final. Sin embargo, debemos ser indulgentes. Quizás Ian McEwan creyó haber descubierto algo muuuuuu profundo, muy trascendente o muy significativo en el final que encontró para la peli. Pero si hubiera leído a Philip K. Dick, o "Niebla" de Miguel de Unamuno, o hubiera visto "Más extraño que la ficción", se habría dado cuenta que lo suyo no es sino una variante de algo muy viejo y muy visto (o a lo mejor los leyó y los vio, pero se hizo el desentendido, para no dispararse en la base de su pedestal de estrellita intelectualoide british, vaya uno a saber...). Lo peor es que hay gente que lee o ve estas cosas, y dicen de buena fe, partiendo de su propia ignorancia, "¡Oh, sí, inventó la rueda!", cuando ella ya estaba de largo inventada en nuestro sufrido e intelectualoidetizado mundo...

IDEAL PARA: Público adorador de las pelis de época con un delicado barniz intelectualoide.

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