11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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domingo, 13 de diciembre de 2015

"Filadelfia" (1993).


-- "Philadelphia". Estados Unidos. Año 1993.
-- Dirección: Jonathan Demme.
-- Actuación: Tom Hanks, Denzel Washington, Jason Robards, Antonio Banderas, Joanne Woodward, Robert W. Castle, Mary Steenburgen, Ann Dowd, Charles Napier, Roberta Maxwell, Buzz Kilman, Karen Finley, Robert Ridgely, Bradley Whitford, Ron Vawter, Anna Deavere Smith, Tracey Walter, Julius Erving, Ed Rendell, Chandra Wilson, David Drake, Roger Corman.
-- Guión: Ron Nyswaner.
-- Banda Sonora: Howard Shore.

-- "Filadelfia" en IMDb.
-- "Filadelfia" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Una suave percusión, un teclado atmosférico, musicalizando escenas cotidianas en las calles de Filadelfia, y Bruce Springteen cantando "streets of Philadelphiaaa...", y ya tenemos una entrada a lo grande. Frente a un juez vemos a dos abogados conversando en lados opuestos de un caso, Tom Hanks y Denzel Washington. Pero a la salida del tribunal, nada más amiguis los dos, por aquello de que un tiburón no muerde a otro. Bueno, resulta que Tom Hanks es un maricón. Y valga la aclaración, no en el sentido de "abogado maricón" que se utiliza como sinónimo de "abogado malparío", "abogado jodepú" o "abogao" a secas, sino en el sentido de ser un abogado homosexual (bueno, eso tampoco es tan indicativo. Son más de lo que parece a simple vista). Pero es abogao homosexual de los buenos, o sea, que tiene pareja estable y tal (Antonio Banderas entrando por la puerta ancha a Hollywood. Y me ahorraré los potenciales chistes de doble sentido a costa de la expresión "entrando por la puerta ancha"). El caso es que como Tom Hanks es un crack, le dan el caso estrella dentro del bufete en donde trabaja, uno de esos en que hay cuatro o cinco vejetes "asociados" que nunca se los ve trabajar, en estas pelis a lo menos, pero que cortan el cotarro. En una de las tantas le preguntan al Tom Hanks que oye, qué es esa manchita Gorbachov' style que tienes allá arriba, y el otro que no, que no es ná de ná, si es un golpe de pelota y tal (mentira cochina, pero bueno, entre abogaos estamos, ¿vale? Joer, que esta peli me está poniendo el cachondeo a tiro). El caso es que la salud de Tom Hanks comienza a deteriorarse (oigan, es ficción nomás, no se apresuren a descorchar champaña. Está bien que les caiga mal, pero acuérdense que incluso un aburguesao como Tom Hanks califica dentro de la categoría "ser humano"), debe quedarse en la casa, y trabaja en el caso en esos modernos cacharros llamados... ¡¡¡COMPUTADORAS!!! (con un Windows 3.11 y un Word Perfect, suponemos). Y justo justito el día en que tiene la caballa crisis de salud, el documento se desaparece, y no hay respaldo en el disco duro de la empresa. Al final aparece y lo presentan poco menos que en el minuto final. Al día siguiente, los asociados citan al Tom Hanks y le dicen "mira, eras nuestro mejor abogado, no nos has fallao nunca, te íbamos a hacer asociao y tal, pero por este sospechoso incidente del que no se desprendió absolutamente ninguna consecuencia negativa porque igual se resolvió, te vamos a poner de patitas en la calle como un perro sarnoso. Pero eso nada tiene que ver con la costrita Gorbachov que te vimos en la cabeza, ¿OK?". Tom Hanks se fastidia cosa mala, y empieza a consultar abogaos para lo obvio, o sea, para plantarle así demanda a la empresa por culo y sin vaselina por despido injustificado, basado en la discriminación por SIDA. Habla con el Denzel Washington (estaba en la peli, ¿recuerdan?) y éste no quiere tomar el caso porque, joer, no hay por donde cogerlo (el caso, por favor...). O sea, ¿cómo se enteraron de que el Tom Hanks tenía SIDA? Quiero decir, aparte de ser un putero en varias pelis ochenteras, eso es. Pero al poco después, el Denzel Washington ve al Tom Hanks bien serio en la biblioteca estudiando, y sabe que no es una demanda frívola, que la cosa va en serio, además de ver al Tom Hanks DISCRIMINADO (oye, tú, el que gritó "bienchuchetumare"... un poco más de respeto por favor, que a todos nos gustaría discriminar a Tom Hanks pero no se puede, es contra la ley, óiganle). Ahora tenemos por fin a DOS CONTRA EL CRIMEN. Contra el crimen de despido injustificado y discriminación, eso es. Una importante batalla legal por la justicia y los derechos humanos, y los Oscares de la Academia, ha comenzado.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

La última gran peli de cine social de los '70s se estrenó en 1993, y se llama "Filadelfia". Versa sobre la homosexualidad, un tema que desde siempre ha sido difícil. Algunas culturas se lo toman con cierta naturalidad (los griegos, los japoneses). Otras, no tanta. Herederos de la Palabra de Dios, los cristianos han construido civilizaciones enteras en donde la homosexualidad no es aceptada, y en las cuales los homosexuales son buenos como leña para la hoguera. En fecha tan reciente como inicios del XX, todavía era posible ver a maricas como Oscar Wilde condenados a trabajos forzados, a ver si así se hacían hombres. El cine yanki, fiel al precepto de que hay que darle a las audiencias lo que pide, emprendió un cierto derrotero en mostrar perversioncillas sexuales antes de que a inicios de los '30s cayera con todo rigor el Código Hays sobre la industria, que entre otras cosas prohibía "cualquier inferencia de perversión sexual". Debemos recordar que en la época, la homosexualidad no era considerada una opción sino una enfermedad siquiátrica (bueno, todavía algunos, pero los siquiatras serios hace mucho que ya no intentan "curar a los gays" ni incluyen ser gay en el DSM). Pie de entrada para... las pelis que sugieren sutilmente la homosexualidad sin que nadie pueda darse por enterado so pena de ser un "mente sucia" (desde "El Halcón Maltés" de John Huston hasta varias de Hitchcock, incluyendo la increíblemente criptogay "Extraños en un tren"). Desde los '60s pareció que el cine iba a liberalizarse un resto, pero luego sucedió lo que sucedió: San Francisco convertido en Sodoma y Gomorra, los '70s, los Village People... y finalmente el SIDA. Visto por muchos grupos como un castigo de Dios. Y la propaganda antigay recrudeció de nuevo. Lo divertido del caso es que el cine '80s, y la cultura '80s en general, tuvo también su buen punto gay (los videoclips de la época exhudan hormonas raritas que es un gusto). Y en el cine, ¿qué puede ser más criptogay que vender una peli PARA HOMBRES en donde el prota es un recio adonis musculoso como Arnold Schwarzennegger o Sylvester Stallone, y en donde las minas o son amachadas, o directamente ni aparecen? Era cuestión de tiempo antes de que surgiera una peli dirigiéndose de raíz al problema. Quien tomó el toro por los cuernos fue Ron Nyswaner, guionista que también es activista gay, y que se inspiró en un par de casos de la vida real sobre despidos por SIDA (Geoffrey Bowers, y Clarence B. Cain). El guión le gustó a Jonathan Demme, pero como corresponde a una peli en donde los gays son los buenos, la producción atravesó por sus problemas. Primero que nada, había que venderle la peli al grueso público, porque admitámoslo, a inicios '90s era como un poquito difícil convencer a la gente de ir al cine a ver una peli en donde 1.- El prota es gay, que 2.- Tiene pareja gay estable, y que 3.- Se está muriendo de SIDA, y 4.- Además es un buen chato, en vez de ser un horrible depredador sexual al cual odiar (estilo "Cruising", o en versión femenina, "Bajos instintos", por ejemplo). Para remediar esto decidieron contratar a una estrella de alto perfil, aunque las primeras opciones se cayeron (para la posteridad: Daniel Day-Lewis, Andy Garcia, ¡Michael Keaton!). Al final el rol recayó, cosa inesperada, en Tom Hanks, un actor conocido hasta el minuto fundamentalmente como comediante, y del que nadie esperaba en realidad que tuviera las espaldas para cargar un rol dramático como éste. El rol del abogado amiguete iba a ser inicialmente un ítaloamericano, y se pensó en un comediante como Bill Murray o Robin Williams, pero por esas alineaciones cósmicas que de tanto en tanto bendicen al cine, un actor negro conocido hasta el minuto por roles con su cuota de activismo social ("Haz lo correcto", "Malcolm X") llamado Denzel Washington se mostró interesado, y como Jonathan Demme estaba interesado en trabajar con él hace tiempo, le dijo welcome on board, son, let's do it (la peli, claro. Por favor). Y hubo un incidente de ironía un tanto macabra cuando Jonathan Demme quiso que el rol de uno de los abogados homófobos cabrones fuera para un actor sidoso en particular, Ron Vawter, y TriStar Pictures se negó a contratarlo porque la compañía de seguros que aseguraba la peli no quería extenderle cobertura porque, bueno... estaba sidoso, por eso. Al final Ron Vawter apareció en la peli porque Jonathan Demme puso a TriStar Pictures contra la espada y la pared, haciéndoles ver lo hipócrita que era estrenar una peli de contenido social acerca de que no debemos discriminar a la gente con SIDA, en donde se le hubiera negado un rol a un actor por causa de tener SIDA precisamente. Al final, cuando se estrenó la peli, tuvo un éxito discreto, al inicio por lo menos. Después empezó a funcionar el boca-a-oreja, la gente acudió en masa a verla, y acabó recaudando OCHO VECES SU COSTO (con 26 millones de dólares de presupuesto, recaudó 206 millones), instalándose como la novena peli más taquillera del año, el mismo año en que "Parque Jurásico" instaló un nuevo récord mundial de recaudación con sus más de 900 millones, y que el cuarto lugar fuera ocupado por otra peli "con conciencia" como "La lista de Schindler". Qué tiempos aquellos en que un drama social quedaba entre las pelis más vistas del año, ¿no? La ruta de la peli se coronó con un Oscar para Tom Hanks (el primero en una racha de dos, porque al año siguiente vino "Forrest Gump") y otro para Bruce Springsteen por su tremendo tema "Streets of Philadelphia". Irónicamente, el guionista Ron Nyswaver se quedó debajo de la mesa, en otra de esas decisiones para la historia de las decisiones idiotas del Oscar, siendo batido por el guión de... "El piano". Porque parece que una peli que muestra a Harvey Keitel en bolas tiene un mejor argumento y diálogos que un drama social acerca de la discriminación. Digo yo.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Aunque en algunos aspectos "Filadelfia" es una peli seriamente "de su época" (y en otros, incluso resulta algo demodé), en otros sigue siendo tan actual como el primer día. Para las audiencias modernas ha perdido mucho de su impacto ya que a veinte años de su estreno, los temas que aborda se ven como superados: los homosexuales son mucho más aceptados hoy en día (no que la tengan regalada ni nadie los mire feo, pero su situación ha mejorado haaaaaarto respecto de lo que era en 1993), el SIDA ya no es una sentencia de muerte segura sino apenas una enfermedad crónica (una joda de enfermedad crónica, vale, pero aún así)... También el hecho de ver a Tom Hanks en un rol dramático, que en 1993 fue la gran sorpresa gran para todo el mundo acostumbrado a verlo en infracomedietas como "Despedida de soltero" o "Quisiera ser grande", se ha desvanecido un tanto, y su actuación ya no sorprende tanto como antes, no porque sea mala (no lo es) sino por el efecto acostumbramiento. Pero aún así, el tema fundamental de la peli sí que sigue siendo muy actual: la discriminación. ¿Somos una sociedad más tolerante que en 1993? Dudoso. Se ha instalado un discurso políticamente correcto acerca de muchas cosas, pero en la práctica se sigue mirando por arriba del hombro. La gran diferencia es que hoy en día la discriminación es más atomizada. En 1993, con medios de comunicación más limitados, la tendencia era a formar grandes bloques de ideas y pensamientos, mientras que hoy en día, con Facebook y las redes sociales, la discriminación se practica de facto ninguneando a los que no piensan como uno y no tienen el estilo de vida de uno. Hoy en día no se discrimina gritándole a alguien que es un pervertido o riéndose en la cara de él (salvo cierto autoproclamado pastor chileno al que hubo que cerrarle las fauces tribunales mediante, porque según algunos, Jesús autoriza a practicarle bullying a la gente que te desagrada). Hoy en día se discrimina ninguneando, haciendo el vacío, aplicando la ley del hielo. Antes se podía sacar en cara a alguien el haber dicho o hecho algún comentario discriminatorio, hoy en día ya no se puede porque la gente se cuida más de hacer dichos comentarios, pero los hechos los delatan. En ese sentido la dinámica ha cambiado un poco, pero la discriminación en sí sigue siendo la misma de todos los días. En "Filadelfia" vemos como el abogado gay sidítico se enfrenta a una verdadera muerte social porque es despedido de su trabajo por sus jefes homófobos, mientras que hoy en día la muerte social vendría por la exclusión tácita del tipo que no sigue a la masa, que no sigue el trend topic de Twitter, que postea cosas raras en Facebook. En ese sentido, en el retrato que la peli hace de la mentalidad prejuiciosa, de la desinformación, y en definitiva de las ganas de utilizar el poder propio para joder al prójimo que no es como nosotros porque sí, porque se atreve a SER DIFERENTE, esta peli sigue siendo dolorosamente actual.

-- Uno de los aspectos más criticados de la peli, es justamente una de sus fortalezas. Se ha dicho que la peli es demasiado camp, que presenta a los gays como locazas sueltas para el sexo casual, que el prota es un santo a pasitos del típico niño de tragedia de la época de Dickens que muere con aromas a santidad porque "es demasiado bueno para este mundo pecador", que no se muestra a Tom Hanks comiéndose a mordiscos con Antonio Banderas. En definitiva, una peli cuya principal moraleja radica en que los gays son como todas las otras personas, desfigura el universo gay hasta caricaturizarlo. En realidad, estas críticas son injustas. El "estilo de vida gay" presentado en la peli no difiere en exceso de un "estilo de vida heterosexual", quizás con la significativa excepción de la fiesta homosexual, que de todas formas, si bien tiene su toque camp, tampoco es un refugio de locas desatadas ni mucho menos. El prota es retratado como un buen tipo, vale, pero en un minuto confiesa haber tenido una escapadita pecaminosa por ahí, lo que introduce un tono de gris en su personaje, lo que lo humaniza sobremanera. Y es cierto que no vemos porno gay en la peli ni mucho menos, pero tampoco es estrictamente necesario para el guión, y hay una o dos escenas en donde vemos a Antonio Banderas efectivamente preocupado por Tom Hanks con gestos cariñosos. En definitiva, esta peli hace su mejor esfuerzo por mostrar a los gays como seres humanos normales, con sentimientos y afectos como todo el mundo, sin ridiculizarlos ni mucho menos, pero tampoco sin tratar de santificarlos. Es cierto que el prota parece un poco ser más santo que el resto, pero por otra parte está en la premisa misma de la peli, ¿no?

-- La realización misma es impecable. Partiendo por la actuación de Tom Hanks, que fue, es y será la mejor de toda su carrera, muy por encima de las salidas de madre pedorras que se mandaba en los '80s, y también muy por encima de esos roles de burguesito aburrido en que se ha encajado sobre todo a partir del XXI. A su lado, Denzel Washington también se manda otro papelazo como ese abogado muy profesional en lo suyo, pero que tiene serios problemas él mismo para aceptar a los gays, y se le nota claramente incómodo tratando de hacer lo correcto... y aún así lo hace. Del lado de los villanos el que brilla como una bestia inmunda de autocomplacencia y egotismo es Jason Robards, consiguiendo el casi imposible de que su rol de villano-con-tarjeta-de-presentación adquiera cuerpo y substancia, e incluso sea vehículo de algunos de los temores de la audiencia, sin hacerse querible en el proceso. La sinuosa y reptiliana abogada de los villanos es interpretada también de una manera excelente por Mary Steenburger, repitiéndose bajo la batuta de Jonathan Demme que le había dado un Oscar a la Mejor Actriz de Reparto por "Melvin y Howard" en 1980, aunque para las audiencias masivas probablemente sea mejor conocida como la encantadora profesora de la que se enamora Doc Brown en "Volver al futuro III". El director Jonathan Demme venía por cierto de dirigir "El silencio de los inocentes", y tiene un tino estupendo para las locaciones y ambientaciones (vale, casi todo es en interiores, pero las escasas escenas exteriores están clavadas), hasta el punto que la mismísima Filadelfia, la "ciudad del amor fraternal" como lo recuerda Denzel Washington en un diálogo (Filadelfia viene del griego que significa "amor fraternal" justamente) se transforma en un personaje, de manera intencionada porque después de todo, como también lo recuerda Washington, es la ciudad de la Declaración de Independencia, la formulación de los derechos humanos para Estados Unidos. Complementa Howard Shore con una estupenda banda sonora, aunque el que sin lugar a dudas se lleva la palma en el rubro es Bruce Springsteen, componiendo una canción en realidad bastante sencilla, pero que de esa misma sencillez saca una garra tremenda. Así como "Filadelfia" es probablemente una de las mejores pelis de los '90s, es seguro afirmar que "Streets of Philadelphia" es una de las mejores canciones de la década.

IDEAL PARA: Ver cine social del bueno.

OTRAS PÁGINAS SOBRE "FILADELFIA":

-- "Philadelphia" en Se Rueda.

domingo, 11 de noviembre de 2012

"Todos los hombres del Presidente" (1976).


-- "All the President's Men". Estados Unidos. Año 1976.
-- Dirección: Alan J. Pakula.
-- Actuación: Dustin Hoffman, Robert Redford, Jack Warden, Martin Balsam, Hal Holbrook, Jason Robards, Jane Alexander, Meredith Baxter, Ned Beatty, Stephen Collins, Penny Fuller, John McMartin, Robert Walden, Frank Wills, F. Murray Abraham.
-- Guión: William Goldman, basado en el libro de Carl Bernstein y Bob Woodward.
-- Banda Sonora: David Shire.

-- "Todos los hombres del Presidente" en IMDb.
-- "Todos los hombres del Presidente" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Son tiempos tenebrosos para Estados Unidos. Están perdiendo Vietnam, los hippies están desbordando por el ala izquierda (aún), y corre para la reelección... ¡¡¡RICHARD NIXON!!! ¡¡¡BUAAAAAÁ, TENGAN MIEDO, TENGAN MUCHO MIEDO!!! En medio de todo eso, un guardia (negro, como buen personaje secundario en peli de los '70s) del hotel o edificio o lo-que-sea Watergate, descubre que un grupo de ladrones se ha metido a una oficina demócrata. Un estúpido error por parte de los infiltradores (apagar el crucial aparatito de comunicación) los deja indefensos, y los cazan como zorros en una zorrera. En el diario Washington Post empiezan a pelotearse, que si va a política porque las víctimas eran las oficinas del Partido Demócrata, que si va a la crónica roja porque son ladrones... al final acaba en policiales, y los periodistas del rubro empiezan a investigar. Al joven Bob Woodward, la nariz le salta de una cuando descubre que los ladrones tenían bastante dinero en los bolsillos y por lo tanto no necesitaban robar, y además alguien les ha designado un abogado muy empingorotado, no la clase de defensor de oficio apático y abúlico que suelen ganarse los cacos de poca monta de toda la vida. Así es que empieza a echar a andar sus contactos para investigar qué pasa. El asunto parece en un callejón sin salida, hasta que aparece el contacto definitivo: un tipejo llamado Garganta Profunda (sí, como la peli porno, qué pasa con eso, si los espías también tienen su humor macarra), que les da el consejo supremo ("follow the money"). La batalla por limpiar el nido de ratas del que Watergate es la última punta de la madeja, ha comenzado, y la batalla llegará hasta arriba, hasta muuuuuuy arriba.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Más de tres décadas antes de que Jack Bauer terminara macarramente un episodio de la quinta temporada de "24" diciendo "vamos a derrocar al Presidente de los Estados Unidos" (y lo hace, el mal parido, pobre Charles Logan, y es que Jack Bauer es mucho Jack Bauer), ya le habían dado el bajo a Richard Nixon, uno de los más nefastos Presidentes que ha pasado por la Casa Blanca. Porque Kennedy era putero, Jackson un borrachín y George W. Bush... no, no defenderé a George "segundas partes nunca fueron buenas" Bush. Pero Richard Nixon fue un traidor contra los principios esenciales de la democracia que (se supone, en teoría, sobre el papel, al menos) informan o deberían informar la vida política de los Estados Unidos, desde los Padres Fundadores en adelante (ya saben: George Washington, Thomas Jefferson, Buffalo Bill, Lassie...). Y contra eso, no hay apertura de relaciones con China ni retiro de Vietnam que valga. Ya Estados Unidos había tenido un golpe recio con los famosos Papeles del Pentágono (véase "Los papeles del Pentágono" aquí en Cine 9009), y ahora venía el siguiente golpazo. Que demostró lo podrida que estaba la democracia en Estados Unidos. O sea, si el único que defiende a Richard Nixon con su cuestionable hacer en Watergate es el reaccionario y carca de Paul Johnson (el tipo tiene la cara de alegar que Watergate fue un golpe de estado de los demócratas... ¡y lo dice en serio!), entonces malas flautas musicalizan mi obra, gracias. Los artífices de darle puntazo al cabrón de Nixon fueron dos periodistas del Washington Post, que ayudados por el espía con chapa de peli porno, se las arreglaron para tumbar a un Gobierno solitos (años después, tanto de los hechos como del libro y la peli, se supo que Garganta Profunda era el segundo en la cadena del FBI, y parece que no lo hizo por patriotismo sino porque estaba ofendido de que no le permitieran seguir subiendo, el muy ladino, pero en fin, aunque no sea muy héroe, el tipo sí pasa por antihéroe, ¿no?). Y como América es la Tierra de las Oportunidades y eso de que los héroes lo hacen todo en forma noble y desinteresada y dicen eso de que "donde haya una injusticia habrá una pelea" es sólo para las pelis, resulta que los de verdad, los periodistas Woodward y Bernstein, se publicaron un libro, un poco a instancias de Robert Redford, que ya se relamía pensando en la peli que le daría aún más éxito, un premio Oscar, el beneplácito de los bienpensantes (el síndrome "Leones por corderos"), etcétera. Y ahí salió la peli. Que hasta el día de hoy tortura a los noveles estudiantes de periodismo, vendiéndoles la moto de que su profesión cambiará al mundo, que el periodismo investigativo sigue vivo, que a alguien le interesa de verdad leer profundos y prolijos reportajes en vez de las fotos en bikini de Kim Kardashian, etcétera. Bueno, se la sacan barata. Tengo un amigo abogado al que su profe de Derecho Procesal lo hizo leer "El proceso" de Kafka. Quizás a las aprendices de escort en Las Vegas los hagan leer "Los 120 días de Sodoma", vaya uno a saber. Pero para una profesión tan sosa como la de periodista (una que hoy en día es más o menos copy-and-paste el último cable de Reuter, o sentarse a escuchar pasivamente en las conferencia de prensa de los jerifaltes del ejército de ocupación en Irak), se merecen una peli tan sosa como "Todos los hombres del Presidente".

¿POR QUÉ VERLA?

-- Esta peli es considerada una de las más inspiracionales oh-my-god-ever jamás realizadas. Es la quintaesencia de la peli de "el individuo contra el sistema", el ciudadano común y honrado que arriesga el trabajo, la reputación y la vida por desenmascarar un sistema corrupto hasta la médula. Y qué joer, a todos nos gustan esas pelis porque sabemos y olemos que eso de la democracia es una patraña y que cuando la Revolución Francesa y prólogo norteamericano y epílogo sudaca, en realidad fue un golpe de estado de la burguesía citadina contra los aristócratas ramplones, y que en el fondo "contra Franco estábamos mejor". Claro, después sales del cine y vas a la vida cotidiana y las cosas siguen tan podridas como siempre, pero al menos tuviste tu escapismo de dos horas. En ese rubro, "Todos los hombres del Presidente" funciona bien. El problema es que si sabes algo más de Historia, o lisa y llanamente sobre cómo funcionan las cosas, como que el asunto pierde fuelle. En primera, sabemos que el misterioso Garganta Profunda no era ningún héroe, sino un tipo que quería hacer rodar del tapete a Richard Nixon. En segunda, Woodward y Bernstein después hicieron una carrera posterior bastante oscura, y vivieron del cuento sus buenos años ya. En tercera, la democracia de Estados Unidos no mejoró un pelo. Y en cuarta, algo que en la peli se omite, aunque obligaron a Charles Logan... er, perdón, a Richard Nixon a renunciar, apenas llegó su vicepresi Gerard Ford al cargo (sí, joer, el mismo que después fue amigo de Homero Simpson), lo primero que hizo fue firmarle una amnistía plena y completa, y una bajada de pantalones no porque estoy demasiado gordo y se me atora el cinturón.

-- Además, la peli se ciñe estrictamente a los términos históricos. Claro, no era cosa de ponerse como en otra peli inspiracional como lo es "Los intocables", entre otras razones porque ahí habían balas y acá no, pero no es lo mismo la trepidante aventura de un grupo de agentes del FBI persiguiendo a un capo alcohotraficante, que unos periodistas tratando de tumbar a unos hombres sin rostro de una administración gubernamental sobre la cual nadie más allá de los círculos académicos sabe distinguir al perro del gato. Así es que desfilan nombres y nombres, y en realidad esos nombres no nos importan mucho, porque al final "todos son corruptos". La peli se la pasa batiéndose entre llamadas telefónicas, viajes y entrevistas en el domicilio de las personas, e incluso este tipo de escena (hablar con la gente en sus casas) fue rodada con mucho más sentido del drama en "Erin Brockovich", por ejemplo. En definitiva, en esta peli nunca llegamos a sentir el verdadero sentido de la urgencia de todo el asunto. ¿Histórica? Sí. ¿Bienpensante? También. ¿Cinematográficamente golpeadora? No, definitivamente no. Mención sea hecha de que el director es el irregular Alan J. Pakula, que ha dirigido... bueno, enunciaré las pelis y dejaré la evaluación a criterio de ustedes: "La decisión de Sophie", "Se presume inocente", "Juegos de adultos", "El informe pelícano", "Enemigo íntimo"...

-- Lo más defendible de esta peli es lo actoral. Robert Redford hace su clásico papel de galancete heroico, y hace una estupenda dupleta con Dustin Hoffman (ver a Hoffman en su escena con sobredosis de café está genial). Y el bueno de Jason Robards (el jefazo de los protas) se llevó un Premio Oscar al Mejor Actor Secundario mejorando un rol que en realidad sobre el papel no tenía mucha substancia. Aparece también Jane Alexander, en una escena bastante breve, robándose la cámara en ella (la chica después coincidirá de nuevo en un papel mucho más extenso y en donde demostrará su buena química con Dustin Hoffman nuevamente, en "Kramer versus Kramer"). Y Hal Holbrook, el que tiene los huevos de interpretar a un personaje que se hace llamar "Garganta Profunda" (aunque más huevos tenía el original, que inventó el sobrenombre), consigue de verdad verse imponente. El que sí de frentón actúa pésimo es Richard Nixon, que... er... ejem... a ver... no, parece que no es un actor, parece que es él mismo quien aparece en los noticiarios. Bueno, disculpen, no siempre se gana.

IDEAL PARA: Ver una peli inspiracional que con un poco de sentido común no inspira demasiado, precisamente.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].

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