11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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domingo, 10 de marzo de 2013

"Lincoln" (2012).


-- "Lincoln". Estados Unidos. Año 2012.
-- Dirección: Steven Spielberg.
-- Actuación: Daniel Day-Lewis, Sally Field, David Strathairn, Joseph Gordon-Levitt, James Spader, Hal Holbrook, Tommy Lee Jones, John Hawkes, Jackie Earle Haley, Bruce McGill, Tim Blake Nelson, Joseph Cross, Jared Harris, Lee Pace, Peter McRobbie.
-- Guión: Tony Kushner, basado en el libro de Doris Kearns Goodwin.
-- Banda Sonora: John Williams.

-- "Lincoln" en IMDb.
-- "Lincoln" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

El siglo XIX. El último país del mundo occidental en abolir la esclavitud no quiere perder el recorguines de cuánto tiempo podemos joderle la pita a los negr... er... afroamericanos, sí, eso es, y por lo tanto viene... ¡¡¡LA GUERRA CIVIL!!! Que como sabemos por el cine de Hollywood, es la guerra más importante del siglo XIX, por encima de la invasión de Francia a México, la Guerra Franco-Prusiana, la Guerra del Pacífico, la Guerra de la Triple Alianza, la Guerra contra el Imperio Otomano de 1878, o la guerra de Joseph Lister por conseguir que los médicos cochinotas se lavaran las manos. El caso es que en medio de esa guerra vemos a ¡¡¡LINCOLN!!!, que lo ponemos así porque es tan grande como ¡¡¡TOM!!! y como ¡¡¡DIOS!!!, hablando con los negros acerca de la independencia. Llega el año 1865 (¡WOW que biopic más rápido, llegamos en cinco minutos al año en que asesinan al biografiado! Eso es edición rápida y no la de Chaplin ésa). Resulta que ¡¡¡LINCOLN!!! no es como los políticos de ahora, que tienen crisis y vamos viendo qué parche le aplicamos, y si la cosa es pan para hoy y hambre para mañana no importa, que ya mañana habrá otro Presidente que tendrá que cargar con el marrón. Nones, ¡¡¡LINCOLN!!! es un grande entre grandes, no por nada es ¡¡¡PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS!!!, ya saben, ONE NATION UNDER ONE GOD... Resulta que ¡¡¡LINCOLN!!! no se dice a sí mismo que cuando ganemos la guerra, bueno, veremos que pasa con los esclavos más adelante, y si la enmienda no pasa el Congreso, bueno no importa, la democracia funciona así, eso le pasa a los negros y a los votantes por vivir por encima de sus posibilidades. No, ¡¡¡LINCOLN!!! se dice que la guerra es para liberar a los negros, luego debemos tratar de que salgan de verdad libres, y si la paz llega antes, entonces los estados del sur tendrán derecho a voto en el Congreso porque según la legislación de Estados Unidos su separación fue ilegal y por lo tanto si regresan a la Unión, lo harán con plenos derechos (incluyendo el derecho de cagarse en los negros vía obstruccionismo legal, ¡viva la democracia! Y déjenme respirar un poco ahora). De manera que ¡¡¡LINCOLN!!! quiere pasar la enmienda AQUÍ-Y-AHORA. Porque la tengo más larga, por eso (la nariz, léase, que hablamos del jodío Abraham Lincoln después de todo). El problema es que él es un republicano moderado que navega entre dos aguas, por un lado los demócratas de mierda que quieren... ¡¡¡MANTENER LA ESCLAVITUD DE LOS NEGROS!!! (la peli nunca se toma el tiempo para explicar la ironía de que el primer Presidente negro de Estados Unidos, Barack Obama, haya salido demócrata). Y por el otro los republicanos ultrarradicales que, sorpresa de sorpresas, no son magnates neocon ávidos de devolver Estados Unidos de regreso a la servidumbre de la gleba sino que... ¡quieren derechos para todos! ¡Fin de la guerra y libertad a ultranza para los negratas! O sea, la enmienda de ¡¡¡LINCOLN!!! no pasa porque los republicanos moderados no tienen votos suficientes, y si es una enmienda atrevida los demócratas no la votarán, y si es una enmienda no lo suficientemente atrevida, los republicanos radicales no la votaran. OH-CRAP. Lo que sigue son las prolijas (prolijísimas en verdad) cuestiones acerca de cómo conseguir los votos, y además lidiar con el problema de la guerra. Dos horas y media de tu vida dedicadas a la historia de los pasilleos de mierda en el Estados Unidos del siglo XIX. Si la vas a ver... ten a la mano tu almohadón. Por si acaso.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Abraham Linc... er... ¡¡¡LINCOLN!!! es uno de esos personajes históricos de uno en un millón. Una figura interesante y enigmática que, sucedió, terminó en el ojo del huracán del peor pasaje histórico del siglo XIX, del cual salieron sólo dos cosas buenas, por un lado el fin de la esclavitud de los negros, y por el otro "Lo que el viento se llevó". ¿Quién fue ¡¡¡LINCOLN!!! el hombre? No lo sabemos con certeza. Ha sido investigado y sobreanalizado, y ni caso, todavía es una caja impenetrable (er, chiste sexual aparte, que la sexualidad de ¡¡¡LINCOLN!!! ha sido otro motivo de controversias calenturient... er... tormentosas, eso es). Una personalidad triste y melancólica que, de una manera o de otra, se las arregló para gestionar y mantener andando a un Estados Unidos cuya entera mitad sur se quería separar (y bases legales para ello no les faltaban, dicho sea de paso). Algo tuvo ¡¡¡LINCOLN!!! que galvanizó a la opinión pública de la posteridad. Quizás porque la Historia ama a los triunfadores. Lo cierto es que en vida, ¡¡¡LINCOLN!!! fue una persona sobre la que habían muchos temores y desconfianzas. Su personalidad enigmática, su inteligencia casi sobrenatural, y su temperamento melancólico, todo eso conspiraba para hacerlo un impredecible, y ya se sabe que en el mundo político los impredecibles son detestados porque nunca se sabe con qué van a salir, ni se sabe cómo manejarlos (que los políticos tienen complejo de querer ser más Presidente que el Presidente, todos y cada uno de ellos sin excepción). Irónicamente, ¡¡¡LINCOLN!!! había obtenido la candidatura republicana primero, y la Presidencia después, debido a que era visto como una opción moderada entre los dos extremos que estaban conduciendo (y condujeron, de hecho) al país a la Guerra Civil. No cabe duda de que ¡¡¡LINCOLN!!! fue un Presidente muy capaz y visionario, lo suficiente para imponerse un objetivo elevado (emancipar a los negros, aunque la leyenda hagiográfica tiende a tapar el hecho de que quería "emancipación en la medida de lo posible", razón por la que no era un republicano radical él mismo en primer lugar), y también para saber elegir los caminos y medios necesarios para llegar a dicha meta, doblegando en su camino a demócratas, republicanos radicales, y a todos los Estados secesionados con su ejército de paso. Esta combinación de personaje que estuvo en el lugar justo y en el momento justo, con personalidad enigmática, le hace idóneo para colgarle cualquier cosa, incluso "Abraham Lincoln cazador de vampiros". Y lo que más le han colgado, es la hagiografía, esa cosa casi mesiánica de "luchador por la libertad". ¡¡¡LINCOLN!!! hace mucho que dejó de ser un personaje histórico para transformarse en un símbolo de los valores más profundos y sagrados que Estados Unidos profesa (o dice profesar, mejor dicho), incluyendo la libertad y la igualdad de oportunidades (que siglo y medio después un Presidente del mismo partido de ¡¡¡LINCOLN!!! haya pisoteado ambos principios al cagarse en Irak y Afganistán, es algo que escapa a su más bien escaso sentido de la autocrítica). Y así llegamos al siglo XXI, en donde el mamarracho de Presidencia que ejerció George W. Bush, sumado a esa "política en la medida de lo posible" que ha hecho de Barack Obama una especie de chiste ambulante como Bill Clinton pero en versión negra (y con un pito menos travieso, hasta donde se sabe) ha dejado el prestigio de la Presidencia a la altura del betún negro. Quizás sea tiempo de reencantarse. De reencontrarse con las raíces profundas de la mitología yanki. De dejarse llevar por una fantasía histórica en la que, una vez más, se nos recuerde por qué Estados Unidos es tan superior, es tan mesiánico, y tiene tantos y tan señalados derechos a manejar el mundo y a todos nosotros los pobres que tuvimos la desgracia de no nacer yankis de paso. Por nuestro propio bien. Quizás es tiempo de... ¡¡¡LINCOLN!!! filtrado por Spielberg. Peli que ha corrido con el rollercoaster de una crítica especializada que la puso por allá arriba primero... A la vez que recibida... con... algo más de frialdad... tanto por el público como por la crítica menos especializada (los blogueros de toda la vida, vamos). En taquilla por lo menos no ha resultado un blockbuster en regla, aunque los por sobre 250 millones de dólares de recaudación se ven bonitos impresos en billetes con la cara de ¡¡¡LINCOLN!!! Ah, y por esa gente a la que nadie escucha a la hora de ver recreaciones históricas (ni los tipos que hacen las pelis, figúrense): los historiadores. Y en la maratón de premiaciones que se han vuelto industria en Estados Unidos, le ha ido así como asá. Ganó en festivales de crítica bastante predecibles (Nueva York, por lo artsy, y Texas porque, bueno, aunque ¡¡¡LINCOLN!!! no sea de los nuestros, es Guerra Civil, ¿no?). Daniel Day-Lewis se llevó también premio como Mejor Actor en el Noveno Festival de Críticas de Mujeres, y no me hagan soltar un chiste machista aquí. Pero en el Critic Choice se llevó apenas tres galardones (Actor, Guión Adaptado, Banda Sonora) de trece nominaciones. Tres días después el Globo de Oro también le fue esquivo, con apenas un premio (Mejor Actor) de siete nominaciones (mejor peli perdió ante "Argo", Tommy Lee Jones se la comió ante Christoph Waltz por "Django sin cadenas", Sally Field perdió el Mejor Actriz de Reparto frente a Anne Hathaway y "Los miserables", Ben Affleck batió a Steven Spielberg como Mejor Director, y la imponente banda sonora de Mychael Danna para "La vida de Pi" se comió con zapatos a un John Williams en horas bastante bajas). Y después vino la épica basureada en los Oscares, en donde se repitieron las mismas batallitas con los mismos resultados como con papel calco, ni que hubieran reciclado el guión de los Globos de Oro para los Oscares por la corneteada de no querer pagar a un nuevo guionista, figúrense. Tragedia que no fue tan grande como "El color púrpura" y sus 11 nominaciones vs. cero calvos, pero muy lejana de "La lista de Schindler" y sus siete agárramesastatuilla de doce nominaciones hace cabales veinte años atrás. ¿Habrá acabado la era de Spielberg el RELEVANTE? ¿Volveremos a ver a Spielberg de regreso en el cine ENTRETENIDO pero sin (mucho) reconocimiento de la crítica? Por alguna razón, tengo el presentimiento de que no. Por desgracia.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Partiré diciendo que me parece comprensible que "Lincoln" sea una peli tan divisiva, que algunos la encontraron una gloriosa concreción de lo más grandioso y memorable que el cine nos pueda haber dado, mientras que otros la consideren un muermo aburrido e insufrible. ¿Mi opinión? Un poco entremedio. Es una peli con sus grandezas y sus miserias, con sus conceptos irregulares. Partamos por la ideología. ¿Quién dirige? Steven Spielberg. Eso algo debería decirnos. Spielberg es uno de los más insignes liberales de champaña que moran en los cubiles de Hollywood, y sus pelis a veces tienden a ser tan panfletarias desde el punto de vista liberal como, por mencionar un ejemplo radical, las pelis de la Cannon ("Fuerza Delta"...) lo son para el campo contrario. Esta peli es una de las más definitivas plasmaciones del ideario político de Spielberg: todos los hombres son libres e iguales en dignidad y derechos, Estados Unidos es la repipa cuando se acuerda de defender estos ideales, y el poder establecido está bien cuando llegan individuos mesiánicos desde lo alto a salvarnos a todos. En efecto, Spielberg es más un déspota ilustrado que un verdadero demócrata, algo por lo demás común a los liberales de champaña, que en el discurso son mucho "la democracia es el gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo" (frase lincolniana citada explícitamente en la peli, era que no), pero que en la práctica son más bien "todo para el pueblo, pero sin el pueblo", no sea que esos pueblerinos ignorantes estorben el camino del mesías con su democracia (la peli abunda en esto: el Congreso, que en cualquier sistema democrático es la piedra de contención del Ejecutivo, es una olla de grillos que debe ser manejada por la fuerza de la corrupción si es preciso, porque cuando los fines son nobles, para qué vamos a trepidar en los medios, mientras que el Gobierno es ¡¡¡LINCOLN!!! el mesías). Spielberg había adoptado una actitud decididamente desconfiada del Gobierno en los tiempos de Bush el Pequeño ("Sentencia previa" y "La guerra de los mundos", en donde los gobiernos oscilan entre lo inútil y lo corrupto), pero ahora que tenemos a Barack Obama arriba, parece que ha llegado el tiempo de reconciliarse haciendo una peli que a veces parece más un panfleto progobierno que otra cosa (sobre el Presidente que abolió la esclavitud de los negros, bajo la Presidencia del primer Presidente negro, nótese). La peli venía en development hell desde como una década, y cabe preguntarse cómo la habría rodado en los años de Bush. En los años de Obama, tenemos un enorme panegírico de... de todo lo ya dicho. Por suerte a Spielberg no se le pasa la mano con la marea canonizadora como por ejemplo con "La lista de Schindler", aunque no puede evitar ciertos tintes hagiográficos al final, dándole ribetes mesiánicos a ¡¡¡LINCOLN!!! mostrándonos su muerte (no el atentado mismo, en un pudor comparable al de los musulmanes frente a su Profeta, sino su fallecimiento, en un sudario para que sea más cristológica la cosa), y después una especie de resurrección simbólica, ya que no puede mostrarla de manera carnal por razones obvias, estampando un discurso final suyo para mostrarnos que la sombra de ¡¡¡LINCOLN!!! nos ordena ir y predicar el Evangelio de la Libertad y la Democracia a toda criatura viviente hasta los confines de la Tierra porque él estará con nosotros hasta el final de los tiempos, o poco menos (¿a cañonazo limpio, quizás?). Pero todo esto era predecible. Es Spielberg de quien hablamos, después de todo (me pregunto qué hubiera hecho por ejemplo un Clint Eastwood con este mismo material, siendo Eastwood también un republicano de viejo cuño y bastante lincolniano en su cine, y también su miga de cínico y descreído como bonus, alguna intuición de lo que habría salido la tenemos con su mordaz visión del "poder en beneficio de la democracia" de "J. Edgar" por ejemplo). Si aceptas estas ideas o al menos las toleras, esta peli irá como por un tubo. Si no es el caso, te parecerá otra monstruosa americanada de ésas con las que cada cierto tiempo el cine nos enseña que Estados Unidos es como ese tío que cuando quiere mostrar simpatía es puro colmillos de sonrisa y cuando no quiere es bruto y maltratador, pero que hay que entenderlo y aceptarlo y sufrirlo como es porque, después de todo, es tu tío, es mayor, y además ha vivido más que tú, pobre niñito de la mano de tu papá.

-- Detengámonos un minuto en el guión. Este tiene sus altas y sus bajas. Quitando el hecho de que está al servicio no de la Historia sino de un cierto ideario político/ideológico/sociológico/histórico, nos queda un trabajo que no está todo lo redondo que debiera. Partamos de la base de que no estamos frente a un material sencillo. ¡¡¡LINCOLN!!! ha sido brutalmente simplificado para las masas como el tipo que lideró una guerra civil y firmó un acta de emancipación, pero si se quiere hacer una peli como Bastet manda, hay que meterse en varias profundidades. La peli trata de balancear por un lado la vida personal de ¡¡¡LINCOLN!!! con su actuación política frente a la Enmienda Decimotercera. En lo de la vida personal, el guión tiende a pecar un poco de simplón. No está mal, sólo que del puro guión no sale tanto drama como debiera. En lo de la parte política, por su parte, a la cosa le falta mucho. El guión tiene toda la buena intención del mundo de no simplificar el personaje ni las situaciones, lo que está bien. Pero luego, entre tratar de no irse de olla con lo que sería una tesis doctoral en forma, y a su vez tratar de mantener un cierto tono hagiográfico, la cosa no termina de redondearse bien. Que la prolijidad de la política de la época se explique bien no evita ciertas sobresimplificaciones groseras (los demócratas no apoyaban la esclavitud per se ni porque fuera el derecho natural ni ninguna de esas zarajandas, sino que más bien temían a un gobierno demasiado fuerte y sólido que ahogara las libertades individuales... de los hombres libres, eso es). O se dejen bajo la alfombra ciertas cosas que podrían opacar un tanto la prístina luz que debe emanar de ¡¡¡LINCOLN!!!, como por ejemplo el hecho de que para ayudar a pasar la Decimotercera Enmienda, el tema del voto negro se quedó deliberadamente en la ambigüedad, y fue necesario a la vuelta de poquitos años el pasar la Decimocuarta Enmienda (de la que la peli no habla, porque ya entramos en la Presidencia de Andrew Johnson) para resolver el punto. Por otra parte, el guión se atiene a su material, y no cede a la tentación de hacer la peli más vendible y más hollywoodense metiendo más escenas de guerra, que hubiera sido un recurso facilón (hay dos escenas de batalla, ambas brevísimas, de uno a dos minutos o algo así, que por estar metidas de manera tan fugaz, son mucho más demoledoras y golpeadoras que haber explotado el gore para incentivar con morbo barato a la audiencia). El guión se esfuerza con un material especialmente rebelde (política, lobby, ¿no?), pero si le hubieran echado un último hervor... hubiera sido de agradecer.

-- En donde están los puntos más fuertes de la peli, es en el rodaje mismo. El que tuvo retuvo, y por su enorme sentido de la composición y de la narrativa, Steven Spielberg es uno de los mejores directores de Hollywood de los últimos cuarenta años. Quizás a sabiendas de que se estaba gastando un último cartucho (salvo "La lista de Schindler", el cine histórico se le ha mostrado esquivo, y uno de sus peores bochornos como director es justamente el aburridísimo panfleto antiesclavista "Amistad"), echó toda la carne a la parrilla, y recreó con suntuosidad, pero sin derroche, de manera muy plástica (en el sentido de artes plásticas, no en el sentido de "plástico como siliconas", valga la precisión) la historia. Bajo su batuta, Daniel Day-Lewis se manda el que sin lugar a dudas es el rol más definitivo de su carrera (y este hombre que los tiene: "Mi pie izquierdo", "En el nombre del padre", "Petróleo sangriento"...). Day-Lewis construye uno de esos pocos personajes de los que se puede decir que no sólo protagoniza una peli, sino que se transforma en una fuerza de la naturaleza que lo avasalla todo a su alrededor, y viéndolo es fácil entender cómo el ¡¡¡LINCOLN!!! histórico pudo haberse transformado en la inspiración de toda una nación. A su lado, Sally Field compone con todo tacto un personaje que en manos menos expertas podría haberse prestado para una grosera caricaturización. Parece que la Mary Lincoln histórica era una petarda de cuidado que además pasó sus últimos años (post-¡¡¡LINCOLN!!!, claro) con una condición mental terrible. Sally Field consigue transmitir toda su fragilidad mental sin transformarla en una loca de patio ni mucho menos, y eso es talento. Por su parte, Tommy Lee Jones como Thaddeus Stevens está realmente brillante, comiéndose a casi todo el resto del elenco con patatas y sin siquiera soltar un eructito después. Frente a este trío de protas, todo el resto parece ensombrecido, pero sería injusto decir que actúan mal, porque la verdad es que cada uno desde su breve trinchera está impecable: Gloria Reuben como la confidente negra de Mary Lincoln (su conversación con ¡¡¡LINCOLN!!! es breve, pero muy significativa, y emotiva), Joseph Gordon-Levitt como el hijo de ¡¡¡LINCOLN!!! (bien él, pero desaprovechado en su rol), David Strathairn como el Secretario de Estado (aunque quizás no tan eximio como Daniel Day-Lewis, pero es capaz de pararse de tú a tú con él y no queda opacado de ninguna manera), Hal Holbrook como viejo zorro congresista, Jackie Earle Haley casi irreconocible en una única escena que se la roba entera (es el general congresista tratando de negociar la rendición, y transmitiendo muy bien lo que significa para el Sur perder la guerra), y Jared Harris transmitiendo un Ulysses Grant no tan grande ni tan marmóleo sino un humano cuya misión es combatir y ganar una guerra (parece que el Grant histórico fue en efecto un general relativamente humano para los estándares de su tiempo, aunque por desgracia después, cuando llegó a la Presidencia, fue un inútil que se dejó comer el gobierno por los intereses corporativos). El único lunar que se me ocurre en este apartado es la banda sonora de John Williams, hombre que trabajando con Spielberg nos ha legado algunos de los soundtracks más emblemáticos de todos los tiempos (¿"E.T. el Extraterrestre", alguien?), pero que a estas alturas suena viejo y cansado, con una partitura monótona y repetitiva, que sólo manifiesta algo de vidilla cuando cambia el tono de marcha solemne/hagiográfica/sepulcral por una alegre tonadilla irlandesa en las escenas en donde se describen las desventuras de los cazavotos. ¡Leñe, que el tipo que nos regaló la Marcha Imperial (ya saben cual) y el tema de "Superman" no puede habernos aburrido con tanta solemnidad, hombrrrrrriiiiii...!

IDEAL PARA: Fanáticos de Spielberg, e interesados en el cine histórico y político.

OTRAS PÁGINAS SOBRE "LINCOLN":

-- "Lincoln (2012)" en Quesito Rosa.
-- "Lincoln, Steven Spielberg" en Versión Original Sin Palomitas.

domingo, 11 de noviembre de 2012

"Todos los hombres del Presidente" (1976).


-- "All the President's Men". Estados Unidos. Año 1976.
-- Dirección: Alan J. Pakula.
-- Actuación: Dustin Hoffman, Robert Redford, Jack Warden, Martin Balsam, Hal Holbrook, Jason Robards, Jane Alexander, Meredith Baxter, Ned Beatty, Stephen Collins, Penny Fuller, John McMartin, Robert Walden, Frank Wills, F. Murray Abraham.
-- Guión: William Goldman, basado en el libro de Carl Bernstein y Bob Woodward.
-- Banda Sonora: David Shire.

-- "Todos los hombres del Presidente" en IMDb.
-- "Todos los hombres del Presidente" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Son tiempos tenebrosos para Estados Unidos. Están perdiendo Vietnam, los hippies están desbordando por el ala izquierda (aún), y corre para la reelección... ¡¡¡RICHARD NIXON!!! ¡¡¡BUAAAAAÁ, TENGAN MIEDO, TENGAN MUCHO MIEDO!!! En medio de todo eso, un guardia (negro, como buen personaje secundario en peli de los '70s) del hotel o edificio o lo-que-sea Watergate, descubre que un grupo de ladrones se ha metido a una oficina demócrata. Un estúpido error por parte de los infiltradores (apagar el crucial aparatito de comunicación) los deja indefensos, y los cazan como zorros en una zorrera. En el diario Washington Post empiezan a pelotearse, que si va a política porque las víctimas eran las oficinas del Partido Demócrata, que si va a la crónica roja porque son ladrones... al final acaba en policiales, y los periodistas del rubro empiezan a investigar. Al joven Bob Woodward, la nariz le salta de una cuando descubre que los ladrones tenían bastante dinero en los bolsillos y por lo tanto no necesitaban robar, y además alguien les ha designado un abogado muy empingorotado, no la clase de defensor de oficio apático y abúlico que suelen ganarse los cacos de poca monta de toda la vida. Así es que empieza a echar a andar sus contactos para investigar qué pasa. El asunto parece en un callejón sin salida, hasta que aparece el contacto definitivo: un tipejo llamado Garganta Profunda (sí, como la peli porno, qué pasa con eso, si los espías también tienen su humor macarra), que les da el consejo supremo ("follow the money"). La batalla por limpiar el nido de ratas del que Watergate es la última punta de la madeja, ha comenzado, y la batalla llegará hasta arriba, hasta muuuuuuy arriba.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Más de tres décadas antes de que Jack Bauer terminara macarramente un episodio de la quinta temporada de "24" diciendo "vamos a derrocar al Presidente de los Estados Unidos" (y lo hace, el mal parido, pobre Charles Logan, y es que Jack Bauer es mucho Jack Bauer), ya le habían dado el bajo a Richard Nixon, uno de los más nefastos Presidentes que ha pasado por la Casa Blanca. Porque Kennedy era putero, Jackson un borrachín y George W. Bush... no, no defenderé a George "segundas partes nunca fueron buenas" Bush. Pero Richard Nixon fue un traidor contra los principios esenciales de la democracia que (se supone, en teoría, sobre el papel, al menos) informan o deberían informar la vida política de los Estados Unidos, desde los Padres Fundadores en adelante (ya saben: George Washington, Thomas Jefferson, Buffalo Bill, Lassie...). Y contra eso, no hay apertura de relaciones con China ni retiro de Vietnam que valga. Ya Estados Unidos había tenido un golpe recio con los famosos Papeles del Pentágono (véase "Los papeles del Pentágono" aquí en Cine 9009), y ahora venía el siguiente golpazo. Que demostró lo podrida que estaba la democracia en Estados Unidos. O sea, si el único que defiende a Richard Nixon con su cuestionable hacer en Watergate es el reaccionario y carca de Paul Johnson (el tipo tiene la cara de alegar que Watergate fue un golpe de estado de los demócratas... ¡y lo dice en serio!), entonces malas flautas musicalizan mi obra, gracias. Los artífices de darle puntazo al cabrón de Nixon fueron dos periodistas del Washington Post, que ayudados por el espía con chapa de peli porno, se las arreglaron para tumbar a un Gobierno solitos (años después, tanto de los hechos como del libro y la peli, se supo que Garganta Profunda era el segundo en la cadena del FBI, y parece que no lo hizo por patriotismo sino porque estaba ofendido de que no le permitieran seguir subiendo, el muy ladino, pero en fin, aunque no sea muy héroe, el tipo sí pasa por antihéroe, ¿no?). Y como América es la Tierra de las Oportunidades y eso de que los héroes lo hacen todo en forma noble y desinteresada y dicen eso de que "donde haya una injusticia habrá una pelea" es sólo para las pelis, resulta que los de verdad, los periodistas Woodward y Bernstein, se publicaron un libro, un poco a instancias de Robert Redford, que ya se relamía pensando en la peli que le daría aún más éxito, un premio Oscar, el beneplácito de los bienpensantes (el síndrome "Leones por corderos"), etcétera. Y ahí salió la peli. Que hasta el día de hoy tortura a los noveles estudiantes de periodismo, vendiéndoles la moto de que su profesión cambiará al mundo, que el periodismo investigativo sigue vivo, que a alguien le interesa de verdad leer profundos y prolijos reportajes en vez de las fotos en bikini de Kim Kardashian, etcétera. Bueno, se la sacan barata. Tengo un amigo abogado al que su profe de Derecho Procesal lo hizo leer "El proceso" de Kafka. Quizás a las aprendices de escort en Las Vegas los hagan leer "Los 120 días de Sodoma", vaya uno a saber. Pero para una profesión tan sosa como la de periodista (una que hoy en día es más o menos copy-and-paste el último cable de Reuter, o sentarse a escuchar pasivamente en las conferencia de prensa de los jerifaltes del ejército de ocupación en Irak), se merecen una peli tan sosa como "Todos los hombres del Presidente".

¿POR QUÉ VERLA?

-- Esta peli es considerada una de las más inspiracionales oh-my-god-ever jamás realizadas. Es la quintaesencia de la peli de "el individuo contra el sistema", el ciudadano común y honrado que arriesga el trabajo, la reputación y la vida por desenmascarar un sistema corrupto hasta la médula. Y qué joer, a todos nos gustan esas pelis porque sabemos y olemos que eso de la democracia es una patraña y que cuando la Revolución Francesa y prólogo norteamericano y epílogo sudaca, en realidad fue un golpe de estado de la burguesía citadina contra los aristócratas ramplones, y que en el fondo "contra Franco estábamos mejor". Claro, después sales del cine y vas a la vida cotidiana y las cosas siguen tan podridas como siempre, pero al menos tuviste tu escapismo de dos horas. En ese rubro, "Todos los hombres del Presidente" funciona bien. El problema es que si sabes algo más de Historia, o lisa y llanamente sobre cómo funcionan las cosas, como que el asunto pierde fuelle. En primera, sabemos que el misterioso Garganta Profunda no era ningún héroe, sino un tipo que quería hacer rodar del tapete a Richard Nixon. En segunda, Woodward y Bernstein después hicieron una carrera posterior bastante oscura, y vivieron del cuento sus buenos años ya. En tercera, la democracia de Estados Unidos no mejoró un pelo. Y en cuarta, algo que en la peli se omite, aunque obligaron a Charles Logan... er, perdón, a Richard Nixon a renunciar, apenas llegó su vicepresi Gerard Ford al cargo (sí, joer, el mismo que después fue amigo de Homero Simpson), lo primero que hizo fue firmarle una amnistía plena y completa, y una bajada de pantalones no porque estoy demasiado gordo y se me atora el cinturón.

-- Además, la peli se ciñe estrictamente a los términos históricos. Claro, no era cosa de ponerse como en otra peli inspiracional como lo es "Los intocables", entre otras razones porque ahí habían balas y acá no, pero no es lo mismo la trepidante aventura de un grupo de agentes del FBI persiguiendo a un capo alcohotraficante, que unos periodistas tratando de tumbar a unos hombres sin rostro de una administración gubernamental sobre la cual nadie más allá de los círculos académicos sabe distinguir al perro del gato. Así es que desfilan nombres y nombres, y en realidad esos nombres no nos importan mucho, porque al final "todos son corruptos". La peli se la pasa batiéndose entre llamadas telefónicas, viajes y entrevistas en el domicilio de las personas, e incluso este tipo de escena (hablar con la gente en sus casas) fue rodada con mucho más sentido del drama en "Erin Brockovich", por ejemplo. En definitiva, en esta peli nunca llegamos a sentir el verdadero sentido de la urgencia de todo el asunto. ¿Histórica? Sí. ¿Bienpensante? También. ¿Cinematográficamente golpeadora? No, definitivamente no. Mención sea hecha de que el director es el irregular Alan J. Pakula, que ha dirigido... bueno, enunciaré las pelis y dejaré la evaluación a criterio de ustedes: "La decisión de Sophie", "Se presume inocente", "Juegos de adultos", "El informe pelícano", "Enemigo íntimo"...

-- Lo más defendible de esta peli es lo actoral. Robert Redford hace su clásico papel de galancete heroico, y hace una estupenda dupleta con Dustin Hoffman (ver a Hoffman en su escena con sobredosis de café está genial). Y el bueno de Jason Robards (el jefazo de los protas) se llevó un Premio Oscar al Mejor Actor Secundario mejorando un rol que en realidad sobre el papel no tenía mucha substancia. Aparece también Jane Alexander, en una escena bastante breve, robándose la cámara en ella (la chica después coincidirá de nuevo en un papel mucho más extenso y en donde demostrará su buena química con Dustin Hoffman nuevamente, en "Kramer versus Kramer"). Y Hal Holbrook, el que tiene los huevos de interpretar a un personaje que se hace llamar "Garganta Profunda" (aunque más huevos tenía el original, que inventó el sobrenombre), consigue de verdad verse imponente. El que sí de frentón actúa pésimo es Richard Nixon, que... er... ejem... a ver... no, parece que no es un actor, parece que es él mismo quien aparece en los noticiarios. Bueno, disculpen, no siempre se gana.

IDEAL PARA: Ver una peli inspiracional que con un poco de sentido común no inspira demasiado, precisamente.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].

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