11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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jueves, 1 de mayo de 2014

"Ladrón de bicicletas" (1948).


-- "Ladri di biciclette" (título original en italiano), "Bicycle Thieves" (título en inglés para distribución internacional). Italia. Año 1948.
-- Dirección: Vittorio De Sica.
-- Actuación: Lamberto Maggiorani, Enzo Staiola, Lianella Carell, Gino Saltamerenda, Vittorio Antonucci, Giulio Chiari, Elena Altieri, Carlo Jachino, Michele Sakara, Emma Druetti, Fausto Guerzoni.
-- Guión: Cesare Zavattini, Suso Cecchi d'Amico, Vittorio De Sica, Oreste Biancoli, Adolfo Franci y Gerardo Guerrieri, basados en la novela de Luigi Bartolini.
-- Banda Sonora: Alessandro Cicognini.

-- "El ladrón de bicicletas" en IMDb.
-- "El ladrón de bicicletas" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Italia, después de la guerra (la WWII, sí, pero cualquier guerra sirve igual, si los italianos ya tienen reputación de ser los soldaditos de chocolate de Europa...). Mientras la economía anda por los suelos y ronda el fantasma del comunismo, un pobre ciudadano trata de conseguirse un empleo saltándose a cincuenta o cien otros candidatos. El empleo consiste en pegar carteles con engrudo por la calle, y para eso se requiere tener bicicleta propia. Nuestro prota es pobre de solemnidad, y dice que sí, que puede tener el empleo, aunque ha mentido en un detallito: la bicicleta está empeñada. Pero para qué el hombre tiene domadora, si no es para solucionarle la vida, que ésta no es una vaporosa esposa hollywoodense sino una italiana de sangre latina de armas tomar, que cuando se entera del asunteque, agarra las sábanas, las empeña, y con el dinero desempeña la bicicleta, y asunto arreglado. Si esto fuera una peli hollywoodense veríamos escenas a lo Rocky con música rock mientras el tipo se gana la vida pegando carteles hasta que tiene su gran última oportunidad, enfrenta un último desafío, y con eso recupera su dignidad y cuento de hadas garantizado. Pero esta peli es italiana, y neorrealista para colmo, así es que nada de eso. Lo que viene ahora, es que le roban la dichosa bicicleta en la calle. Tal cual. Nuestro prota sale persiguiéndola porque, bueno, ya sabemos que si te roban la bicicleta en la calle, vas a tener que poner a trabajar a media Corte Celestial haciendo milagros de tiempo completo para recobrarla, pero como por otra parte es un desempleado con nada que perder y todo que ganar, pues vamos a buscarla. Con la ayuda del hijo. A lo largo de un día completo, nuestro prota deberá afrontar la tarea ímproba y hercúlea de dar otra vez con la bici, de salir adelante, de rascarse con sus propias uñas...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

En los '30s, gracias a la injerencia de Benito Mussolini, se fundaron los estudios Cinecittà, y durante muchos años, dichos estudios le dieron su sello de fábrica al cine italiano, con pelis destinadas a cantar los fastos de la Italia de Mussolini a través de documentales y dramas históricos. Pero una vez que el cadáver de Mussolini fue convenientemente pateado por la turbamulta desagradecida con toda la opereta que Il Duce les había dado en vida, la generación de cineastas italianos post-45 decidió que ya estaba bueno, que el cine italiano había sido demasiado artificioso durante demasiados años, y había que volverse hacia el pueblo con un estilo de cine que cantara las miserias de la Italia post-guerra (había su punto de política acá, porque si Il Duce había gobernado con la derecha, el neorrealismo tendería a hacer un cine de izquierdas). O sea, continuar la misma guerra con otros medios, porque el Fascismo era el grito de los quejicas italianos porque "nos dejaron abajo en la Primera", y el Neorrealismo, como se le llamó a este movimiento, era el grito de los quejicas italianos porque "nos dejaron abajo en la Segunda". El caso es que durante la segunda mitad de los '40s, y de manera algo más suave en la primera de los '50s, los cineastas italianos se lanzaron a producir pelis en locaciones naturales, con actores no profesionales (para que vean, jóvenes culturetas, que Dogma 95 no inventó nada, y con el mismo pretexto en términos cinematográficos además). Entre las varias que salieron en la borrachera naturalista, la joya de la corona es probablemente "El ladrón de bicicletas".

¿POR QUÉ VERLA?

-- Ustedes deben haber visto más de alguna de esas pelis pesadillescas en que, so pretexto de "mostrar la realidad" y hacer "cine de denuncia social", se cometen toda clase de tropelías respecto de las actuaciones (deplorables), el guión (que oscila entre lo mal armado y el folclorismo puro), y la estética (feísmo para camuflar la falta de imaginación). Bueno, por suerte "El ladrón de bicicletas" no incurre en ninguno de esos pecados. Es una peli neorrealista, sí, y es una peli de denuncia social, también, y tiene actores no profesionales y está filmada en locaciones, además, pero acá el señor Vittorio de Sica no olvida que lo principal del cine, o del cine de ficción al menos, no es hacer discursos ni denuncia panfletaria, sino contar historias, y si hay un segundo objetivo entre líneas, es mejor dejárselo a la inteligencia del espectador que vocearlo y supeditar toda la peli a una intención didáctica o pedagogizante. En ese sentido, esta peli neorrealista se concentra íntegra en contar el drama (el dramón, podríamos decir) del pobre empleado que debe sobrevivir con lo puesto y poco más en la Italia posterior a la guerra. Por supuesto que todo es una denuncia social de proporciones, pero ésta se encuentra convenientemente hilada en la historia, de manera que si quieres ver una historia simple y llana, la ves, y si además te haces eco de los numerosos golpes bajos, pues también. Porque de haberlos, los hay (los golpes bajos, quiero decir). Como por ejemplo que el pobre proletariado italiano, cuando pega carteles de pelis en la calle, ¿qué peli es ésa? Pues "Gilda", nada menos, que es una de las cumbres del cine alienante de Hollywood en la época de rodarse esta peli. O como la escena de la conversación en una trattoria mientras papi e hijo están comienzo pizza, y con algunos delicados trazos respecto de los niños comensales de una mesa vecina, apreciamos la enorme diferencia de clases entre las dos Italias, la de los pobres que la pasan mal porque han perdido una guerra, la inflación los tiene hasta el cuello y el Gobierno casi no funciona, y la de los ricos que venga la crisis que venga, justamente por ser ricos tienen los medios necesarios para subsistir y mantenerse en la cúspide de la escala social, que después de todo la gente como uno debe defenderse de esos roteques de mierda que quieren cambio social, si para qué, con lo felices que son con su vida simple. Pero como decíamos, todas éstas son pinceladas. Vittorio de Sica nunca deja de hablar de sus personajes para plantarse en la plaza del pueblo (cinematográfica) y pontificar sobre las miserias de la Italia de su tiempo: le basta con mostrarlas integradas en la trama, y con eso tenemos un mensaje social más potente que muchas pelis lacrimógenas acerca de los pobrecitos pobres que tanto la sufren porque toda la sociedad los odia y todo eso. Además, la peli no hace la dicotomía "pobre bueno versus rico malo", en primera porque no aparecen muchos ricos (salvo la mencionada escena de la trattoria), y en segunda porque vemos un prolijo cuadro de múltiples gentes "de la baja", y vemos cómo algunos son buena gente y tratan de salir adelante con honradez, mientras que otros son unos cabrones a los que con el pretexto de que "somos pobres" se dan el lujo de hacer lo que se les pega la gana, total... "son pobres".

-- Los actores están brillantes. Vale que no son profesionales, son extraídos de la calle para conseguir actuaciones naturalistas y todo eso, pero aún así, cualquiera que se haya plantado delante de un público sabe lo complicado que es incluso interpretarse a sí mismo y salir airosamente del paso. La dupleta conformada por el padre y el hijo (Lamberto Maggiorani el padre, Enzo Staiola el hijo) crean dos personajes queribles y memorables. El padre es un hombre honrado, pero no es un superman que soluciona las cosas con ingenio, sino que como cualquier peatón, hace lo que puede con lo que tiene, y a pesar de que el mundo está literalmente viniéndosele abajo, tiene en casi todo minuto el coraje para defender a su hijo, protegerlo y quererlo. El hijo, por su parte, no es un niñato iluminado que "en su inocencia es más inteligente que sus mayores", sino que de verdad es un crío que no alcanza a comprender lo que ocurre, aunque entiende, y muy bien, que las cosas no van bien e irán incluso peor. Y aunque aparece más bien poco, Lianella Carell como la rotunda esposa del prota, está de maravillas. Impagable es la escena entre ambos en que ella se deja unos poquitos cuartos en una adivina, en vez de ahorrarlos, ante las acerbas críticas de su esposo por tirar el valioso dinero de esa manera, sólo para después descubrir que él mismo, en la hora suprema, necesita "ir a Canosa" y consultar a la misma adivina, menos por obtener una solución que por la aplastante necesidad espiritual de obtener una respuesta a sus complicaciones, que venga desde más allá del limbo de la vida cotidiana (en un interesante guiño a la inteligencia del espectador, la adivina es presentada como una aprovechadora que toma ventaja de la credulidad de la gente simple para sacarles el dinero y vivir sin dar palo al agua, pero también se deja ver que aún sin darse cuenta, presta un servicio social valioso, dando esperanzas a la gente que no la tienen... cada uno interprete todo esto a su manera). A la vez, el elenco y galería de personajes secundarios es lo suficientemente rico como para tener la pintura completa.

IDEAL PARA: Ver una joya sobre pobreza y riqueza, y sobre valores humanos.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en italiano, sin subtítulos].


domingo, 1 de enero de 2012

"El tesoro de la Sierra Madre" (1948).


-- "The Treasure of the Sierra Madre". Estados Unidos. Año 1948.
-- Dirección: John Huston.
-- Actuación: Humphrey Bogart, Walter Huston, Tim Holt, Bruce Bennett, Barton MacLane, Alfonso Bedoya, Arturo Soto Rangel, Manuel Dondé, José Torvay, Margarito Luna.
-- Guión: John Huston, basado en la novela de B. Traven.
-- Banda Sonora:

-- "El tesoro de la Sierra Madre" en IMDb.
-- "El tesoro de la Sierra Madre" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Un yanki anda dando vueltas en México. Ya lo veo venir, es que ustedes han visto muchas pelis antes. ¿De turismo? No... ¿Salvando a los mexicanos de sí mismos y sus corruptos líderes mientras cantan ayayay con agradecidos mariachis y apetecibles damiselas? Tampoco. ¿Rodando una peli ambientada en Chile? Pues, tampoco. Sí, es una peli rara. Y se va a poner más raro cuando les diga que este yanki no está llevando la civilización a los pobres compañeritos del sur ni mucho menos, sino... malviviendo. Ya sé. No me creen. Lo escribiré de nuevo: malviviendo. Lo escribiré una vez más, porque ustedes saben que a los yankis no se los ve así en el extranjero. Allá va: mal-vi-vien-do. El caso es que las cosas están malas para los gringgous, y pues qué se le va hacé, pues que así está de chingada la vida... Por eso se mete a trabajar para una obra yanketa en México, sólo para aprender la lección de que el capitalismo salvaje funciona para los yankis si estos yankis están en la cúspide de la cadena alimenticia, no si están, ya lo saben... malviviendo. Eso es. Entendieron el punto. El caso es que nuestro personaje está a punto de dejarse caer de hambre, cuando por una serie de circunstancias, acaba tejiendo buenas migas con un coleguete, además de con un buscador de oro. Se sabe que para ciertos pagos de la Sierra Madre, nadie ha buscado oro, de manera que es posible hallar un filón allá, con un poco de suerte... y con una buena inversión. Pero... ¡cuidado!, dice el viejo buscador de oro. Que en primera, la ilusión del oro se lo lleva por delante a uno, más o menos como las tragaperras y las perras de Las Vegas, y en segunda, una vez que se encuentra el oro... surgen los fantasmas, las ambiciones, el odio por tener un gramito más. Los otros dos dicen que naaaaaa, que cómo tanto, que van a ser buenos compañeros y tó. Y como el buscador de oro se ha ganao y perdido fortunas, y tanto más le da el tema, si lo que le apasiona es la búsqueda en sí, se une al grupo. Así es que parten los tres rumbo a la Sierra Madre. En donde encontrarán el oro. Y problemas. Y su destino. Y la inmortalidad en este clásico de 1948 de la Warner...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

B. Traven es uno de los escritores más desconcertantes de la Literatura Universal. No quiero decir el más grande o el mejor, aunque cada uno de sus libros deja caer verdades como puños acerca de la condición humana, con algo a mitad de camino entre la resignación existencialista y el cinismo socarrón. Y para complementar esta estampa de escritor escribiendo sobre temas malditos (la condición humana, el pesimismo inherente a la naturaleza humana, etcétera), el hombre nunca dio a conocer la cara, nunca dio entrevistas, y hasta el momento de escribir estas líneas ni siquiera estamos demasiado seguros de cuál era la verdadera identidad del hombre que se escondía tras el seudónimo de B. Traven (sí, señores, tenemos a un escritor que no está ávido de subvenciones ni hambriento de cámaras ni despotricando contra los filisteos que no entienden su magna obra, sino a un tipo verdaderamente preocupado de la Literatura... y el mundo no se acabó, figúrense). Esta rara avis vendió los derechos de una de sus novelas, "El tesoro de la Sierra Madre" precisamente, para una adaptación al cine. Cayó en las manos de John Huston, hombre que ya había legado a la posteridad ese gran clásico policial que es "El Halcón Maltés" (protagonizada por Humphrey Bogart, así es que acá en "El tesoro de la Sierra Madre" repite la dupleta Huston-Bogart). El resultado, una peli inmortal allí por donde se la mire.

¿POR QUÉ VERLA?

-- ¿Qué hace a una peli universal, ser verdaderamente universal? Ya puestos, a cualquier obra de arte, pero ya que estamos, hablemos de pelis. Probablemente sea un delicado equilibrio entre contar historias cotidianas (o no tanto, que también existen el cine histórico y la Ciencia Ficción) sin desvirtuarlas con demasiados elementos fantasiosos, pero extrayendo algunas verdades universales y válidas para todos los seres humanos en el camino. No es tarea sencilla, y por eso, por cada clásico que se rueda hay 200 o 300 que, aparte de algunos reivindicacionistas acérrimos como vuestro seguro servidor el General Gato, pasarán sin mayor pena ni gloria. "El tesoro de la Sierra Madre" es una de las pocas pelis que se han rodado que merecen verdaderamente el calificativo de universales. Sus peripecias están firmemente enraizadas en un medio ambiente y época (el México de los '30s), y sus personajes son también tres gringos representantes del período y ambiente, pero a poco de andar, el viaje de los personajes hacia la soledad se transforma en un periplo metafísico hacia el interior de ellos mismos. Llega un minuto en que, a pesar de ver gringos y mexicanos, nos olvidamos de que estamos frente a tales, sino que vemos simples seres humanos, desnudos en su miseria, prisioneros de su descenso personal a los infiernos. El viaje hacia la veta, el hallazgo del mineral, el trabajo para explotarlo, y las posteriores rencillas entre los triunfadores ebrios de más, reflejan como pocas veces en el cine todas las miserias que se pueden esconder las personas bajo su capote, y que generalmente no salen gracias a esa delgada pátina de costumbres que llamamos "ser civilizados", pero que en determinadas situaciones se triza para dejar al descubierto lo que verdaderamente es una persona, aquel viejo adagio hobbesiano de que el hombre es el lobo del hombre. Es una visión pesimista de la condición humana, vale, pero si no fuera así, los libros de Historia Universal serían notoriamente más delgados (les habríamos expurgado las guerras, las intrigas, los asesinatos, las masacres, los genocidios... bien mirado, todo lo que hace entretenida a la Historia, vaya). Llega el minuto en que el oro es apenas un pretexto, casi un mcguffin, y lo verdaderamente importante aquí es la ambición, la codicia, el quiero ser más a costa de todo. Ese ambiente, esa mentalidad, esa naturaleza humana, esta peli la refleja como pocas. Si hubiera una invasión extraterrestre a la Tierra y hubiera que salvar las 20 pelis más representativas de lo que es la Humanidad, probablemente "El tesoro de la Sierra Madre" debería ir en el paquete. Los pesimistas dirán que como estudio frío y cuasi metafísico de la naturaleza humana. Los optimistas, como un recordatorio de las cosas que los seres humanos no deberíamos hacer, pero en determinadas circunstancias sí somos capaces de. Sea cual sea, esta peli es un must-see.

-- John Huston. El hombre es un director de talante bastante neoclásico, a un tiempo fascinado por la puesta en escena correcta y el trabajo de edición draconiano, y además frío como el culo de una foca. Era por lo tanto el mejor hombre para rodar esta peli, y se nota. La mirada de Huston sobre sus personajes, sobre los tres buscadores de oro abandonados a sus propios impulsos y bajas pasiones, es gélida y despiadada, casi como de entomólogo abriendo a sus bichos con bisturí. Huston se toma su tiempo para ponernos en ambiente, hacernos ver la cochina vida de sus protas para que les tomemos simpatía, y una vez que nos hemos encariñado con ellos, y les vemos hacer el viaje y queremos que triunfen, empieza a mostrar su lado más oscuro y retorcido, provocando justamente el efecto buscado: desconcierto, irritación, asco. Pero Huston en ningún minuto festeja o condena a sus personajes: se limita a describirlos, y que el espectador se tome sus propias conclusiones. El final de la historia, que no develaré para no lanzarme un spoiler (aunque quienes hayan visto el gran homenaje que se mandaron con el episodio de los tres niños y el comic del Hombre Radioactivo N° 1 en "Los Simpsons", ya tendrán una intuición sobre cómo acaba la cosa) es en cierta medida el más lógico y el más merecido, pero también es el más amargo porque a las últimas no hay héroes ni villanos en esta tragedia, sino apenas seres humanos. Y eso se debe fundamentalmente a la maestría de un John Huston iluminado como pocas veces en su carrera (y estamos hablando del director de "El Halcón Maltés" y "Moby Dick", pelis ambas cualquiera de las cuales le hubiera asegurado en solitario un lugar en la Historia del Cine), que crea una peli con pulso y nervio dramático desde sus rastrosos comienzos hasta su terrible final. (P.D.: Si ya adivinaron el final, véanla igual. Esta peli es de ésas que aguantan más de un visionado sin problemas, y de hecho, saber el final hace que en segundas revisiones le encuentres todavía más aliento a la historia).

-- Humphrey Bogart. Estamos lejos del cínico y amoral Sam Spade que interpretó en "El Halcón Maltés", o del duro-pero-sentimental Phillip Marlowe de "El sueño eterno". Su Dobbs es lo que en buen y castizo romance llamamos "un maldito y grandísimo cabrón hijo de puta", pero como le hemos visto antes del comienzo de la aventura y sabemos de qué pie cojea, además de ayudado por la gran interpretación de Bogart, llegamos no diré a empatizar con él, pero sí al menos a comprenderlo y sentir piedad por el pobre desgraciao. Tampoco es como es porque "el sistema" o "el capitalismo" ni ninguna de esas zarajandas, sino simplemente porque es un ser humano, y como tal tiene sus virtudes y defectos: es valiente y arrojado cuando se le necesita, pero también egoísta y desconfiado, y esta lucha del hombre torturado por sus propios demonios lo convierte en un personaje inmenso como la vida. Uno podría pensar que Bogart se lo traga todo a su alrededor, pero no: a su lado sobrevive incólumne el gran personaje del minero experto en mil y una lides, interpretado por Walter Huston como un pobre tipo que hace rato ha perdido el verdadero sentido de la búsqueda de oro (hacerse rico para disfrutar la riqueza) y ha convertido la aventura de hallarlo en un fin en sí mismo, hasta el punto que si llegara a obtener una veta, es poco probable que eso lo aquietara y al poco partiría por más. Este personaje, en el fondo un yonketa buscaadicto, también es pintado con vivos colores humanos por el actor que (no, el apellido no es coincidencia) es el padre del director John Huston.

IDEAL PARA: Ver una de las pelis más interesantes sobre la condición humana.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].



-- Encuentro con unos mexicanos [en inglés, sin subtítulos].

jueves, 20 de enero de 2011

"La soga" (1948).


-- "Rope". Estados Unidos. Año 1948.
-- Dirección: Alfred Hitchcock.
-- Actuación: James Stewart, John Dall, Farley Granger, Cedric Hardwicke, Constance Collier, Douglas Dick, Edith Evanson, Dick Hogan, Joan Chandler.
-- Guión: Arthur Laurents, sobre una adaptación de Hume Cronyn, con aportes sin acreditar de Ben Hecht, basados en la obra teatral de Patrick Hamilton.
-- Banda Sonora: David Buttolph.

-- "La soga" en IMDb.
-- "La soga" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

En un departamento, a un pobre diablo se le atraviesa en la garganta una soga de ahorcado, con los efectos fatales que son de prever. El perpetrador, cuando lo siente caer, suelta una exhalación orgásmica y se pone a fumar, y cuando su cómplice trata de llamar su atención, el otro le dice que se relaje, y sigue fumando (sí, huelen a arroz quemado, qué pasa con eso). ¿Por qué? Simplemente porque ellos son Ubermenschen, y por lo tanto, para probar esa superioridad, ese estar Jenseits von Gut und Böse, es que le han dado escabechina al pobrecito inferior. Y para colmo, resulta que el soplanucas de la relación ha invitado a un convite, y esconde el cuerpo en un baúl sobre el cual hará una cena para la noviecita del sujeto, el antiguo novio de la noviecita, los papás del cadáver, y un antiguo profesor. Durante la cena, las cosas se irán espesando lo suyo, porque verán, no importa cuán superior seas, la mediocridad siempre gana aunque sea por el puro aplastante peso de la demografía. ¿Conseguirán el par de asesinos aguaenbote salirse con la suya? ¿Serán descubiertos y sometidos a las leyes comunes de la moralidad de toda la sociedad...?

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Hacia finales de los '40s comienza a producirse la gran transición de Hitchcock. En los '40s había perfeccionado un tipo de cine de suspenso e intriga, pero aún no se le daba bien los extremos de sordidez a los cuales después llegaría el Amo del Miedo (porque da miedo tener a un par de raritos asesinos, eso seguro, como que el recurso apareció en un par de matones del villano de la jamesbondesca "Los diamantes son eternos"). "La soga" es, en ese sentido, una peli transicional dentro de la filmografía hitchcockiana. Además, debido a sus inventivas técnicas narrativas (no ciento por ciento funcionales, pero sí inventivas, a lo menos) ha provocado orgasmoxplosiones en los críticos de cine, que la han elevado a ser una de las cumbres del cine hitchcockiano. Nosotros que la vemos desde la platea, tenemos una opinión algo más mesurada. Después de todo, Cine 9009 no es el blog del tipo que sabe (o pretende saber) de cine, sino del tipo que disfruta el cine. Hay un mundo de diferencia entre ambas cosas.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Alfred Hitchcock tomó una arriesgadísima decisión a la hora de rodar esta peli: utilizar largos planos secuencias sin cortes. Si hubiera podido, hubiera rodado la peli en un solo plano secuencia de principio a fin sin ningún corte, al estilo de "El arca rusa" (¿no la vieron? Por qué no me extraña). Pero la técnica lo traicionó, ya que no se podía poner más de 10 minutos de cinta en la cámara, con la tecnología de la época (ahora, con el cine digital, es otra cosa), de modo que debió resignarse a meter cortes estratégicos por aquí o por allá, lo más distanciados y menos visibles que fuera posible. En caso de que seas estudiante de cine, ya te lo voy adelantando: vas a tener que ver esta peli sí o sí, para que sepas qué hizo Hitchcock y cómo lo hizo (y después puedas robarte impunemente la idea, claro está). Pero Cine 9009 no se dirige a los estudiantes de cine (este blog probablemente le metería ideas raras y subversivas en la cabeza, como que por ejemplo el cine entretenido e insubstancial vale mucho más que el cine profundo-pero-aburrido) sino al público en general, así es que... ¿vale para ellos esta peli por ese artificio? La palabra clave es justamente ésa: artificio. Por un lado, existe una correspondencia de fondo y forma bastante interesante, ya que la trama gira en torno a una dupla de personajes que arman todo un artificio para que su crimen sea una obra de arte, y a la vez Hitchcock la rueda como un artificio para que esta peli sea una obra de arte. O el cine como asesinato, podríamos ironizar con una risilla entre dientes, y ya tenemos a los filosoplastas babeándose y escuchándose a sí mismos sobre este concepto. Pero claro, puede ser que prefieras una peli contada de manera más naturalista y normalita, y en ese caso, le darás más importancia al fondo (la trama, las ideas) que a la forma (el artificio), y la verdad es que el fondo no está tan bien como la forma (la trama simplemente no tiene tanto suspenso y a ratos resulta aburridona, y el debate de ideas sobre las implicancias morales de legitimar el asesinato cometido por un "ser humano superior" es demasiado superficial para toda la enjundia que se le podría haber sacado). Hitchcock se basó en una obra teatral para rodar esta peli, que se localiza en un solo ambiente, un departamento, pero este recurso narrativo, la tensión creada subliminalmente mediante la claustrofobia, fue mucho mejor explotado con posterioridad en otra peli hitchcockiana bastante más lograda, que es "La llamada fatal".

-- Una dimensión interesante de la peli, aunque no bien explotada aquí, es el debate sobre los límites morales del ser humano. Los protas matan simplemente porque pueden, y matar es el sello, prueba, signo o reconocimiento de su propia superioridad. Y claro, otros personajes ponen el dedo en la llaga certeramente en el hecho de que si todas las personas opinaran igual, entonces no quedaría nadie vivo, porque todos saldrían de caza para probar que "son superiores". Bueno, uno puede pensar acá en el conflicto entre el imperativo categórico de Kant (las reglas morales deberían ser aquellas que funcionaran más o menos para todos en igualdad de condiciones) y la moral nietzscheana, esta última explícitamente aludida en la peli, según la cual la moral es sólo para los débiles, y los seres superiores están más allá del bien y del mal. El tema estaba candente en 1948 porque Estados Unidos, que después de todo siempre se las ha dado de reserva moral y juez supremo del bien y el mal del resto de la Humanidad, le había dado una buena paliza a los villanos oficiales del siglo XX, que son los nazis, y no en balde la peli menciona el clásico eje Nietzsche-Hitler como una de las posiciones morales defendidas (la de los asesinos, de manera no demasiado extraña). Pero quizás precisamente porque las ideas nietzschohitlerianas eran tan repulsivas para la época (no es que ahora sean más aceptables, pero ha pasado un resto desde la Solución Final, y las cosas se van olvidando lentamente), es que la peli cae un poco en el panfletarismo, en la ridiculización del pensamiento moral del "villano", en particular en el más que hipócrita discurso final del personaje de James Stewart, que condena y censura las ideas de los asesinos, muy al estilo yanketa, aunque fue su discurso el que inspiró a los asesinos en primer lugar, ambigüedad moral que la peli no explota, por supuesto, quizás porque habría resultado demasiado para las audiencias yanketas que siempre les gusta sentirse "los buenos" sin ambages. En ese sentido, si bien la peli porta consigo interesantes planteamientos éticos y morales, que dan para más de una conversación de sobremesa de ésas con vino y cigarrillos y autoindulgencia intelectual, se conforma con mojarse las patitas en el borde de la piscina, en vez de sumergirse de lleno hasta el fondo de ella.

-- Otro subtópico interesante respecto de esta peli es la posibilidad de leerla como una parábola religiosa. El profesor en la peli predica que existe una moral para los fuertes y otra para los débiles, y el asesinato provocado por un "fuerte" es excusable (suponemos que también excusaría los olores fuertes, por un tema de congruencia, ¿no?). Y los asesinos van y tratan de complacerlo implícitamente, poniendo en práctica lo que el otro predicaba en teoría. ¿Queda acaso el maestro reconocido por lo buenos que le salieron los alumnos? ¡No, por el contrario! Se mosquea y se cabrea visiblemente con ellos, y acaba condenándolos. O el profesor que exige imperativamente que sus discípulos hagan esto o aquello para desconocerlos después, como una metáfora del Dios Vengador veterotestamentario, un cliché recurrente de la literatura y el cine yanketas de toda la vida, para quienes el Dios amoroso y compasivo es en realidad "ese gran desconocido". Una de las constantes de la cultura yanketa es que, si aparece una figura que pueda ser identificada metafóricamente con Dios, esa figura va a ser siempre distante, exigente, mandona, y culpabilizará a sus pobres discípulos, que harán todo lo posible por ser buenos y aún así fallarán/fracasarán de manera miserable. O de cómo erigir un imperio tecnocrático siempre al borde de la histeria religiosa. Y el par de raritos asesinos acá son más que un poco histéricos, si me preguntan.

-- Y llegamos a lo que el lector sórdido de pro estaba esperando: los raritos. Sí, la peli es homoerótica a decir basta. No se ve onscreen, claro está, ni se menciona tampoco, por un tema de censura, pero me extraña que haya gente que dude acerca del trasfondo homoerótico de la peli. Ya en la primera escena, Hitchcock rueda el asesinato como si fuera un orgasmo, y a continuación mete morcillas a cada minuto: existe un prota dominante y uno sumiso, el prota dominante se transforma a su vez en sumiso frente al profesor (en su presencia, subliminalmente se pone a acariciar una botella de champaña, después un cordón telefónico...), la víctima es el tipo que virilmente se estaba arreando para su huerto a la única chica (al revés que el anterior noviecito, de cuya hombría bien cabe dudar porque fue éste quién dejó a la hembra, y no se atreve a lanzarse a reconquistarla con arrojo masculino a pesar de que se muere por mojar), en la escena final el soplanucas empuña contra su profesor un objeto tan metafóricamente fálico como lo es una pistola (bien escondida en el bolsillo, para que el simbolismo quede reforzadito)... El hecho de que por motivos de censura no se pueda explicitar abiertamente lo que el subtexto da a entender tan bien, sólo hace incrementar la sordidez de la peli, sordidez que en los '50s se hará marca de fábrica en el cine hitchcockiano (el homoerotismo reprimido será un importantísimo resorte argumental en "Extraños en un tren" y "La llamada fatal", por ejemplo).

-- Mención para las actuaciones. A pesar de que los créditos vienen encabezados por James Stewart, su rol en realidad viene a ser más bien el de detective antagonista a los dos (¿será la palabra adecuada?) antihéroes, y cumple dignamente a pesar de que no puede considerársele uno de sus mejores roles (Stewart lamentó después haber rodado esta peli, y consideró que haberlo contratado para el rol fue un error de casting, aunque estos juicios son demasiado lapidarios, viendo los resultados). Los dos protas son John Dall (el soplanucas) y Farley Granger (el muerdealmohadas, repetirá su incursión hitchcockiana con un papel similar en "Extraños en un tren"), que funcionan estupendamente bien, sin actuar bajo ni pasarse de roscas, en papeles en que el peligro potencial era la sobreactuación (interesantemente, varios actores de Hollywood con más cartel rechazaron esos roles porque en efecto eran gay o bi, y tenían miedo de que su trabajo actoral resultara tan bueno que acabara por revelarlos dentro del closet). El resto del elenco de soporte, un grupo bastante pequeño habida cuenta de que toda la acción transcurre en un convite para pocas personas en un departamento, funciona relativamente bien, aunque el que se lleva la palma sea probablemente el gran e injustamente hoy olvidado Cedric Hardwicke, quien toma un rol que sobre el papel es penoso hasta lo patético (un pobre hombre sin muchas luces y sin nada particular que lo haga destacable), y a punta de actuación y dignidad lo convierte en un tipo querible y entrañable, robándose literalmente la película en la escena en que debate con uno de los asesinos acerca de la moral.

IDEAL PARA: Ver una peli de Hitchcock quizás un tanto sobrevalorada e irregular, pero aún así con varios puntos fuertes con los cuales defenderse.

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