11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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domingo, 30 de mayo de 2010

"Alicia en el País de las Maravillas" (2010).


-- "Alice in Wonderland". Estados Unidos. Año 2010.
-- Dirección: Tim Burton.
-- Actuación: Mia Wasikowska, Johnny Depp, Helena Bonham Carter, Anne Hathaway, Crispin Glover, Matt Lucas, Stephen Fry, Michael Sheen, Alan Rickman, Barbara Windsor, Paul Whitehouse, Timothy Spall, Marton Csokas, Tim Pigott-Smith, John Surman.
-- Guión: Linda Woolverton, basada en las obras de Lewis Carroll.
-- Banda Sonora: Danny Elfman.

-- "Alicia en el País de las Maravillas" en IMDb.
-- "Alicia en el País de las Maravillas" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

La Inglaterra Victoriana, la época en que los gentlemen británicos se reproducían por bipartición, y los limpiachimeneas cantaban chinchimenea-chinchimeó, si hemos de creer a The History of the World by Disney. En este tiempo, una sesuda reunión de hombres de negocios se ve interrumpida cuando uno de ellos... ¡va a atender a su chica que ha sufrido una pesadilla! (es en serio, como si eso en la Inglaterra Victoriana no fuera tarea de mujeres o de la servidumbre). Bueno, resulta que el tipo es un visionario (no un visionario científico o un visionario artístico, que esto es una peli Disney, así es que es un visionario... ¡hombre de negocios!), y como buen visionario, nadie le hace caso. No lo mandan a la hoguera porque no es la Italia del siglo XVII ni el entorno cotidiano del General Gato, pero se reemplaza con esa especie de muerte en vida que es la condescendencia. Pasan los años, papi va a parar al patio 'e los callaos, y la antigua niñita con pesadillas ahora ha crecido hasta ser una criatura muy apetecible para aquello de tenderla panza arriba y hacerla pensar en Inglaterra. El problema es que ella, hija de su padre, hace cosas tales como... ¡cuestionar la sociedad! ¡hacerse preguntas! ¡pensar en que todo se puede hacer de una manera diferente! De pronto, ella descubre de la peor manera que tiene un matrimonio arreglado del que ella ni se había enterado, con un desagradable lordcito inglés. Panorama ideal para terminar de sorberse el seso, así es que la tenemos ahí saltando detrás de un conejo blanco con trajecito. Y cayéndose por un agujero. Y al otro lado del agujero, después de algunas peripecias que la muy majareta piensa que son un sueño, descubre que es la Elegida para Matar a la Bestia y restaurar el Bien en el País de las Maravillas. Y por si se lo están preguntando a cuenta de Inglaterra y victorianismo y mundos paralelos, no me confundí de peli. Estoy reseñando el comienzo de la Alicia de Tim Burton del 2010, no una de las de Harry Potter.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Hemos llegado hasta el equivalente cinematográfico de un magno crossover de historietas, en que tres superhéroes culturales confluyen para embarcarse en una cruzada artística. En un asiento del Salón de la Justicia Fílmica tenemos al sabio gurú, el Charles Xavier del grupo, que es Lewis Carroll, el tipo que en 1865, inspirándose en la revoltosa Alicia Lidell (no Kingsleigh, como en la peli), escribió una historia llamada "Alicia en el País de las Maravillas", que encontró su continuación en "Alicia a través del espejo". Las dos obras (más la primera que la segunda, justo es decirlo) son más que populares en el mundo angloparlante, aunque un tanto menos entre el hispanohablante debido a que en la traducción se pierden inevitablemente una serie de juegos de palabras y malabares verbales con los cuales Carroll (especialista en lógica matemática y lingüística y por tanto maestro en paradojas, por lo demás) trufó su peculiar obra. A pesar de esta popularidad, la obra siempre ha sido adaptada un tanto a desgana por el cine, debido a lo que podríamos llamar el factor subversivo. En la obra original nos encontramos con un mundo de locos, al que Alicia, en vez de ser buena chica victoriana y obedecer a sus mayores en todo, viene a dar vueltas patas arriba, poniendo de manifiesto el absurdo de las convenciones y manierismos sociales. Este mensaje es demasiado fuerte para muchas audiencias, a quienes les gusta que las olas estén bien quietecitas, y por lo tanto, una peli que adapte a Alicia de verdad no pasará de ser una rareza. No en balde, la única gran adaptación anterior que existía era la de "Alicia en el País de las Maravillas" de Walt Disney en 1951, en que los tonos subversivos de la obra original fueron limados debajo de una suave capa de almíbar para que nadie se sintiera demasiado ofendido. Lo que nos lleva al segundo gran paladín en esta cruzada: los Estudios Disney. Que después de una década particularmente sangrienta con ellos, como lo fueron los 2000s ("Vacas vaqueras", ¿recuerdan?), parecen ir otra vez rumbo a retomar su trono con cosas como "Bolt" y "La princesa y el sapo", porque eran demasiado grandes para quebrar, en particular debido a la filosofía monacalmente conservadora de los estudios. Y ya sabemos que el conservadurismo moral, como la mala hierba, nunca muere. Aunque para disfrazar esto le pongan el nombre más amable de "valores". Que los Estudios Disney estén adaptando "Alicia en el País de las Maravillas" no una sino dos veces, es casi tan surrealista como si Francisco Franco hubiera promovido una peli basada en una obra del rarito ése, el Federico García Lorca que le llaman, para que nos entendamos. Y bueno, los Estudios Disney serán conservadores, pero no TAN tontos. Hace rato que el mundo está en una marea diferente, y lo que se lleva es la rebelión juvenil, lo goth, lo dark, etcétera. ¿Cómo hacemos entonces una peli pechoña y puritana que tenga así como un aromilla a rebelión autoafirmativa adolescente? ¡Fácil! Llamamos a un director cuya marca sea sinónimo de peligro, pero que esté lo suficientemente domesticado y en horas bajas para hacer un pacto con el demonio y vender su alma a cambio de un plato de lentejas (o de lentejuelas, dado el caso). Pero, ¿quién será tan miserable, vendido, vil, rastrero, traidor, mentiroso, inescrupuloso, manipulador y egoísta como para ofrecerse maniatado así a las fauces de EL SISTEMA...? ¡Ah, claro! ¡Tim Burton! Total, si hizo "El planeta de los simios" por el vil dinero y se quedó tan ancho siguiendo como adolescente rebelde (el hombre ya pasó hace ratito la cincuentena, glup)... De esta manera, se fueron ensamblando los miembros de... ¡El Equipo A! (A de Alicia, claro). O "Dial A for Alice", el chiste que prefieran, hehehé.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Hay una constante sagrada en el cine hollywoodense, una clave que te permite agarrar el hilo que te llevará hasta el ovillo: ¿quién pone el money? Porque allí donde esté tu dinero, allí estará el corazón de la audiencia. Y la pasta no la pone Lewis Carroll (confortablemente muerto hace un santurrón de años) ni Tim Burton (demasiado rebelde para su propio bien), sino Disney. Así es que ésta será una peli Disney, sin ambages. Como lo dijimos, los Estudios Disney no se caracterizan por ser la punta de lanza del liberalismo moral, y por lo tanto, así como la "Alicia en el País de las Maravillas" de 1951 trataba de pulir los ángulos más filosos de la historia de Carroll tomando todos los elementos maravillosos que con su permanente saqueo han construido aquello que se ha llamado publicitariamente la "magia Disney", la "Alicia en el País de las Maravillas" del 2010 trata de ajustar esa misma esencia fantástica a un mensaje en definitiva ñoñoconservador. Disney ha sabido canalizar muy bien que la rebeldía juvenil es lo que la lleva, y ha creado productos de rebeldía perfectamente aséptica como Hannah Montana y Jonas Brothers, para explotar ese nicho de mercado y reconducir a esas ovejas descarriadas, porque al final del día los chicos serán rebeldes e individualistas, pero acaban aprendiendo una valiosa lección, y la rueda americana sigue girando. Esta Alicia es más o menos lo mismo: posee un gran empaque visual y un mensaje a primera vista muy progre (la chica se rebela contra las convenciones sociales... ¡es la Hannah del XIX!), para en definitiva esconder una peli familiar de las de toda la vida, con buenos muy buenos, malos muy malos, un mundo de fantasía de por medio, y una climática batalla final en donde la heroína asume que su Destino (¡!) es ser la Elegida (¡¡!!). O cómo cristianizar al socarrón Lewis Carroll y forrarse con mil millones de dólares a nivel mundial en el intento. Supongo que la mayor parte de las críticas acá cayeron por el lado de que todo el mundo se esperaba "la nueva de Tim Burton" (apoyado por la potente máquina publicitaria de Disney, claro está), y resulta que Tim Burton al final del día está para dirigir a su troupe de costumbre (Depp, Bonham Carter, Elfman) y crear el storyboard del asunto, calentar un poco la silla del director, y paremos de contar. O se esperaban una obra tan rica y profunda como la lectura original, cuando en realidad adaptar a Carroll de manera fiel al cine en una producción de alto presupuesto es imposible, porque esto excluye automáticamente el mensaje subversivo de fondo (ya pueden irse olvidando de los geniales diálogos sobre el Tiempo, aunque al menos se mantiene como un guiño la adivinanza sin solución). Desde ese punto de vista, tales críticas son bastante desatinadas. Mayor asidero tiene criticar a la peli por lo que realmente ofrece. Es decir, si es una peli de aventuras fantásticas que toma a la novela original como un pretexto para montar una de aventuras, ¿al menos lo hace bien? La respuesta es: a ratos. La cosa tarda en arrancar, pero bueno, en algún minuto lo hace, y entonces nos viene con una extensísima secuencia en el castillo de la villana, con una de las decisiones de guión más imbéciles ever (la Reina dice al ver un papiro que reconocería las greñas de Alicia en cualquier parte, y veinte minutos de peli después la tiene delante en carne y hueso y no sólo no la reconoce, sino que la invita a alojar y la hace su favorita, mira tú). La muy criticada secuencia final en donde todo se resuelve como una batalla de buenos contra villanos al uso, en realidad es lo que dentro de estas coordenadas viene a redimir un poco el contenido, y le da el aprobado y aceptable a la peli, entendida eso sí como una de aventuras pura y dura y no como la obra carrolliana original (de la que le dejaron la piel y le arrancaron todos los huesos) ni como la nueva genialidad burtoniana (que lo último genial que nos dio Burton a la fecha fue "El gran pez", y ya siete años nos separan de aquel entonces).

-- Quiero insistir un poco más en el mensaje de la peli, porque revela muchas cosas sobre la mentalidad del momento presente (2010 después de Cristo). Mentalidad yanki, sí, pero América es el mundo, para qué andarnos con cuentos. ¿Por qué, después de tantos años de ignorar al personaje, resulta que no sólo tenemos la Alicia de Tim Burton, sino además una miniserie (bastante más estimable que esta peli, por cierto, y protagonizada por Caterina Scorsone, por más señas) dedicada al personaje? Probablemente porque la obra original trataba sobre toda la podredumbre de un sistema corroído hasta la médula allí donde más duele, o sea, en la hipocresía y el puritanismo moral, algo que también se ha hecho dolorosamente visible desde el 9-11 en adelante. O sea, primero tuvimos a un Presidente de Estados Unidos que aprovechó el vuelo para mentir y declarar dos guerras en dos países allí donde no se les había perdido nada, después los corruptos banqueros que lo apoyaron estuvieron a punto de quebrar el sistema bancario, después fueron rescatados porque "eran demasiado grandes para caer" (sí, claro, gracias, y los de abajo que la carguen como siempre, porque a los otros no sólo los rescataron, sino que ni un día de cárcel como reos de "riesgo sistémico", cuando por bastante menos un ladrón de gallinas debe pudrirse sus buenos restos tomando el sol a cuadritos)... Y todo eso sin que se les despinte un solo segundo la cara de gentes respetables, que lo respetable se mide por la cantidad de días de vacaciones que tomas en los centros de esquís de Aspen o en las playas de Cancún, cosas ésas sí fácilmente mesurables y transables en bolsa. En resumen, vivimos en Wonderland (sintomáticamente llamado Underland en la peli, y que Alicia ha tomado por error como Wonderland, un cañero torpedo subliminal bajo la línea de flotación). Y las comparaciones son odiosas, pero mientras en la bastante low-perfil "Alice", la miniserie (que con sus elementos Sci-Fi steampunk tenía su encanto) se remarcaba abiertamente la rebeldía, acá en lo de Disney tenemos justamente lo contrario, o sea, al final ni rebeldía social ni nada. La pelea es entre dos aristócratas pijas (una más odiosa que la otra, pero ninguna demasiado simpática tampoco), en ningún minuto la rebelión pareciera destinada a cambiar el sistema ni nada, los locos en realidad no lo están tanto (y lo más bien que se avienen con el nuevo sistema después), y la propia Alicia, cuando por fin se descubre a sí misma (((¡¡¡SPOILER DEL FINAL!!!, ¡¡¡SPOILER DEL FINAL!!!, ¡¡¡SPOILER DEL FINAL!!!))), y descubre que es una heroína de tomo y lomo, abandona su pueril rebelión Hannah Montana de no usar corsets para dedicarse a causas más loables, como por ejemplo viajar a China para promover políticas corporativas que, la peli no lo dice, pero en el contexto histórico podemos suponerlo, significará el expolio masivo del capitalismo británico sobre los pobres chinos, que nada le habían hecho a Alicia. (((FIN DEL SPOILER AQUÍ))). O sea, ver esta peli nos proporciona una inestimable ventana a la mentalidad inconsciente de los tiburones grandes y su manera de ver el mundo. En un futuro, cuando escriban la historia de comienzos del XXI, esta peli probablemente será inevitable. Lo que no habla de su calidad cinematográfica, sino de su posición como documento histórico, pero bueno, un valor es un valor, a fin de cuentas.

-- Vamos al apartado actoral. Las actuaciones están irregulares. La prota (una bastante verde Mia Wasikowska) hace como que actúa de chica victoriana, pero confunde encorsetamiento con recitar diálogos de manera plana y con cara de fruncida (¿acaso en la academia de actuación no te enseñaron a relajar el ceño, mujer?), aunque el ejercicio fetichista de verla con armadura de combate no creo que le haga mal a nadie. Johnny Depp, por su parte, aunque hace un honrado intento por construir un personaje que no sea el Sombrerero Loco simplemente chiflado de la obra original, debo decir que es un personaje fallido, porque tratan de hacerlo oscilar entre el genio barrido por la tragedia, y el loco de perillas, y como ambas condiciones se excluyen mutuamente, el personaje naufraga por mucho Depp que le pongan (por cierto, no debe ser casualidad que este personaje tenga a ratos más protagonismo que la propia Alicia, si al final este genio que no está loco sino que es incomprendido es al final el personaje más burtoniano de todos). La que se roba la peli entera de principio a fin, con un personaje que parece un refinamiento de Bellatrix Lestrange (y dadas las circunstancias, ¿quién se queja por eso?), es Helena Bonham Carter, con una villana estupenda. La Reina Blanca, por su parte, viene interpretada por una Anne Hathaway pasadísima de roscas, y a ratos es difícil decidir si es el mejor papel de su vida, o si la chica se está mandando un cachondeo monumental a costillas de todo el proyecto para su propia risilla personal. Y el siempre salidorro Crispin Glover, que hubiera sido también un aceptable Sombrerero Loco (sí, ya saben, el Flaco Tenebroso de "Los Angeles de Charlie" y el papi de Michael J. Fox en "Volver al futuro") es el henchman de rigor, no demasiado amenazador ni siniestro en realidad, pero levantando asimismo a punta de weirdness un rol bastante plano en el papel. Los que la vieron doblada al español, se perdieron al gran Alan Rickman como la Oruga (un poco como su rol de Severus Snipe en lo de Harry Potter, todo sea dicho, pero una vez más sea dicho, quién se queja), a Stephen Fry como un Gato de Cheshire mucho más inquietante que la "Alicia en el País de las Maravillas" de 1951, y a Timothy Spall como el sabueso Bayard, un personaje un poco fuera de lugar en el contexto general, pero que aún así nos proporciona uno de los momentos más entrañables de la peli.

-- En el apartado técnico estamos en el área más segura. Solíamos decir que Hollywood nunca podía fallar acá porque con inyecciones tan brutales de dinero, es imposible que no saliera algo espectacular de todo aunque sea por paisajes y extras haciendo bulto, pero después de las peleas pésimamente coreografiadas de "Transformers" o "Quantum of Solace", ya es cosa de írselo preguntando. Acá, al menos, eso no pasa. Cada centavo invertido es un centavo bien invertido. La imaginería visual es simplemente magnífica y tiene personalidad propia, en vez de decantarse por la imitación servil de los grabados de Tenniel (aunque hay varias alusiones, como era inevitable, claro está), o por la blandenguería visual de la "Alicia en el País de las Maravillas" de 1951. Y Danny Elfman, por su parte, que hace rato vive de las rentas y se imita de cuando en cuando a sí mismo, acá al menos trata de construir una banda sonora con empaque, y a rasgos generales lo logra. El "Alice's Theme" con el que cierra la peli es simplemente magnífico... aunque, bueno, cualquier cosa es magnífica después de escuchar los aullidos ferales que Avril Lavigne trata de hacernos tragar como "canción", apenas empezada la secuencia de créditos.

IDEAL PARA: Pasar un rato relajado, con expectativas moderaditas.

OTRAS PÁGINAS SOBRE "ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS":

-- "Termina siendo “Alice in Wonderland” una película más de fantasía y aventuras" en Extracine.
-- "“Alicia en el País de las Maravillas” – En los límites de lo infumable" en Tierra de Cinéfagos.
-- "Alicia en el País de las Maravillas (2010)" en Quesito Rosa.
-- ""ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS" DE TIM BURTON / Excentricidad barroca frenta al surrealismo total de Lewis Carroll. Sobre las adaptaciones..." en (relatos agridulces) de Cine y Otras Culturas.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, subtítulos en español].

domingo, 17 de febrero de 2008

"Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet" (2007).


-- "Sweeney Todd, the Demon Barber of Fleet Street". Estados Unidos. Año 2007.
-- Dirección: Tim Burton.
-- Actuación: Johnny Depp, Helena Bonham Carter, Alan Rickman, Timothy Spall, Sacha Baron Cohen, Jamie Campbell Bower, Laura Michelle Kelly, Jayne Wisener, Ed Sanders, Gracie May, Ava May, Gabriella Freeman.
-- Guión: John Logan, basado en el musical de Hugh Wheeler, basado a su vez en la obra teatral de Christopher Bond.
-- Banda Sonora: Stephen Sondheim.

-- "Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet" en IMDb.
-- "Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

¡Oh, no hay lugar como Londres...! En Londres pasa de todo. Callejuelas estrechas, ampulosidad victoriana dizque-Burton... Familias bellas, conformadas por un joven naif, una bella esposa y una adorable hija... Un juez corrupto, a quien la lascivia lo impulsa por los derroteros de la venalidad... Un regreso, para ajustar cuentas con el pasado... Benjamin Barker ha regresado a la ciudad, a Londres, para vengarse por el cruel destino que su esposa y su hija han sufrido a manos del juez, y para ello, asume la identidad de Sweeney Todd, quedándose arriba de una pastelería semiquebrada por el alza del precio de la carne (sí, hacen pasteles de carne). El bueno de Sweeney, obsesionado como está con la venganza, no se da cuenta de que la pastelera tiene segundas y lúbricas intenciones con él, pero sí alcanza a notar que ella lo ayudará con todo lo necesario para que las navajas de Sweeney Todd hagan el trabajo de la venganza. Mientras tanto Johanna, la hija de Sweeney Todd, ha florecido como un lindo pajarito en medio de halcones, y se le entra en el ojo al marino que ha acompañado a Sweeney Todd de regreso al puerto de Londres; en mala hora, porque maldita sea si eso le hace gracia al juez Turpin, que ha adoptado a la chica como pupila, y se la está reservando para echársela. Paralelamente, Sweeney Todd consigue retar a un farsantesco barbero vendetónicos, y con eso se hace de cartelera y prestigio como barbero, la suficiente para que los indeseables que deben ser, ejem, "afeitados" de la sociedad, acudan a su barbería. Porque el plan es brillante y consta de dos fases: el barbero se encarga de la degollina, y después la pastelera se encarga de hacer desaparecer los cuerpos, de maneras muy apetitosas y nutritivas...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Hubo una época en que los musicales eran highlight y soft, se trataba de evadir al público llevándolo a un mundo de fantasía e ilusión con baile y música linda, lejos de nuestro infeliz y darwiniano capitalismo depredador... Y esos tiempos han pasado a mejor vida. Durante los tristes '70s, el mundo en general fue volviéndose más oscuro, y los musicales de Brodway (OK, Broadway y Londres, digamos), en consecuencia, hicieron lo mismo. El rock invadió el territorio en "Jesucristo Superestrella" y "Grease", la competencia despiadada y darwiniana se hizo presente en "A Chorus Line", la historia política apareció en "Cabaret" y "Evita"... Y era cuestión de tiempo antes de que alguien inventara el musical de horror. Lo hicieron Hugh Wheeler y Stephen Sondheim, adaptando una vieja leyenda del XIX londinense, sobre un barbero asesino en serie que se deshace de sus víctimas con la inapreciable ayuda de una cocinera fabricante de chupe de barbudos. La idea prendió, y nuevas obras generaron después un verdadero subgénero de horror musical, alcanzo su cúspide quizás (en calidad puede discutirse, pero en fama al menos) con "El Fantasma de la Opera", del incombustible Andrew Lloyd Weber, en 1986. La obra original quería ser una parábola o sátira del capitalismo, aunque por otra parte, como es tradición en el musical, los nudos argumentales más primarios (la venganza, el romance...) terminaban comiéndoselo todo. Y hablando de comer: hay canibalismo en la obra. Piensen en la mentalidad ultraconservadora de los grandes dueños de estudios en Hollywood (esa mentalidad que los lleva a rodar pelis tipo "confórmate con el orden establecido, con el que nosotros nos hacemos la pasta"): ¿adaptar una obra que ridiculiza el capitalismo con una historia de venganza de dos pujantes y siniestros hombres de negocios tratando de crear su propio McDonalds victoriano con una Big Hamburguer con doble hamburguesa de humano? Impensable. Eso, hasta que en los tempranos 2000, el gothic se volvió un negocio rentable, gracias a la expansión del movimiento darkie. Ya Andrew Lloyd Weber había dado el disparo inicial en la carrera, consiguiendo una fastuosa y muy subvalorada adaptación de "El Fantasma de la Opera". Era tiempo de ir al inicio, a las raíces del horror musical. Era el tiempo de... ¡¡¡SWEENEY TODD!!!

¿POR QUÉ VERLA?

-- Partamos por la dirección. Es una de Tim Burton. Y por más señas, es una con el estilo de Tim Burton (o sea, no es "El planeta de los simios"). Ahora, eso es un plus o un contra según se quiera ver. Hagamos historia. A fines de los hiperoxigenados '80s, Tim Burton empezó a hacerse un lugar por medio de un cine que recurría conscientemente a la maqueta, a lo falso y al pastiche, parodiando los usos y costumbres ochenteros, e invirtiendo toda la luminosidad '80s en oscuridad '90s, como es evidente en pelis como "Beetlejuice", "Batman" o "El extraño mundo de Jack". El problema para Tim Burton es que su cine estilo "niño rebelde" se convirtió en su sello de fábrica, quizás porque en el fondo el propio Tim Burton fue desde siempre demasiado sensible y consentido, y cuando la industria empezó a mimarlo de manera maternal por eso precisamente, por ser demasiado sensible y consentido, no pudo, no quiso o no supo cómo madurar hacia un tipo de cine más reflexivo. O sea, realizó una eficaz labor de demolición en los '80s, pero la segunda parte de la revolución, o sea la propuesta, no llegó nunca. Y eso que a ratos da señales de poder algo más ("Ed Wood", "El gran pez"). De modo que el cine de Tim Burton funciona por fases: a veces quiere salirse del marco, mete las patas hasta el fondo (ahí tienen "El planeta de los simios"), o bien no tiene taquilla suficiente, y maltrecho y malherido, con la cola entre las piernas, regresa a lo suyo de siempre, a su fórmula patentada, al pastiche darkgoth, como lo hizo con "El cadáver de la novia". Y así nos va. Por eso decía que ser una de Tim Burton es un punto a favor o no. Si te gusta el cine más emblemático de Tim Burton, cosas como "Batman" o "El extraño mundo de Jack", entonces te gustará "Sweeney Todd". Sin embargo, si piensas que ya está bueno de todo eso, que estaba bien para los '90s, pero es que miren, ya estamos terminando el 2000 y ya vamos para la segunda década del XXI, y el mundo sigue girando después de todo, y los jóvenes pistoleros que golpearon la mesa con el individualismo noventero han debido transfigurarse en los rectores de una nueva generación... (¡el 2008 cumples 50 años, Burton, ya no es edad para andar de chico rebelde, payaso!).

-- Vamos ahora a la adaptación en sí. Adaptar un musical siempre es un asunto complicado. Si adaptas una novela, puedes meter elementos o sacarlos a gusto, porque casi nadie espera una adaptación word by word (bueno, casi nadie, ahí tenemos los fanáticos que coparon "Harry Potter y la piedra filosofal" o "El Código da Vinci"). Si adaptas una obra teatral, tienes el guión casi listo. Pero un musical es otra cosa. Un musical involucra no sólo diálogo, sino también canciones, y las canciones no son llegar y recortarlas. Puede hacerse, claro está, pero esto con mucho tino y arte. Además, lo que en el escenario pasa bien, porque debido a la limitación de medios uno espera que el teatro sea, digamos, un tanto más abstracto, en el cine con la vocación naturalista de la cámara espía no siempre funciona. Alardes escenográficos como "Jesucristo Superestrella" o "Chicago" aparte, los escasos musicales que han llegado al cine, como "Evita" o "El Fantasma de la Opera", han optado generalmente por puestas en escena más naturalistas, que desde luego involucran que el presupuesto se dispare a cañonazos. En el caso de "Sweeney Todd", la opción de Tim Burton es darle el tratamiento de maqueta que es su sello de fábrica (¡cómo habrán profitado las fábricas de cartón corrugado con las pelis de Burton en los últimos veinte años!), acompañado de las ahora inevitables animaciones CGI. Y funciona. El resultado es más que aceptable. Se ve realista, pero mantiene una cierta distancia, que permite idealizar su tanto un argumento que, bien mirado, es bastante retorcido para los cánones del cine comercial, y suaviza su impacto para las almas más sobresaltadas.

-- Las actuaciones en general están bien. Johnny Depp, usualmente un buen actor, resulta un tanto fallido aquí, y es que después de verle en tanto rol de chico bonito, cuesta un poco concebirlo como un personaje diabólico (y después de todo, la peli se llama "el barbero diabólico de la calle Fleet"...), y su interpretación tiende a ser más bien plana (cejijunto toda la peli, para que entendamos lo malo y atormentado que es), además de no ayudarle demasiado un estilo vocal que, digámoslo desde ya, no ha sido hecho para musicales. A su lado, Helena Bonham Carter nos devuelve el alma al cuerpo con una actuación que levanta todo lo que se puede levantar de una peli. Y Alan Rickman como el juez malvado, es una más que soberbia elección; con él de villano, es que el personaje se actúa solo, si me preguntan (¿Alan Rickman, dicen ustedes? Bien, veamos: "Duro de matar", "Robin Hood: Príncipe de los ladrones", "Héroes fuera de órbita", "Harry Potter y la piedra filosofal" y secuelas, como el ambiguo Severus Snape...). El resto está de comparsas, así es que pasaremos de ellos.

-- El espíritu original de la obra iba de crítica social. Aquí, la crítica no es demasiado evidente, que digamos. Pareciera casi impostada. Es claro que lo que a Tim Burton le importa, es la venganza, lo macabro y el chiste negro de hacer música ligera sobre eso. Pero en fin, algo de crítica social se rescata, así es que está bien.

-- El momento ciberorgánico steampunk de la peli: "Now, my arm is complete!!!".

IDEAL PARA: Fanáticos de Tim Burton, conocedores del musical (¿los habrá, en Chile...?), y en general, los que adoren las bizarradas.

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