11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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domingo, 10 de enero de 2010

"El Halcón Maltés" (1941).


-- "The Maltese Falcon". Estados Unidos. Año 1941.
-- Dirección: John Huston.
-- Actuación: Humphrey Bogart, Mary Astor, Gladys George, Peter Lorre, Barton MacLane, Lee Patrick, Sydney Greenstreet, Ward Bond, Jerome Cowan, Elisha Cook Jr., James Burke, Murray Alper, John Hamilton.
-- Guión: John Huston, basado en la novela de Dashiell Hammett.
-- Banda Sonora: Adolph Deutsch.

-- "El Halcón Maltés" en IMDb.
-- "El Halcón Maltés" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Uno de esos cartelitos informativos a la antigua (léase una imagen estática de fondo, en este caso del dichoso Halcón Maltés, con texto por encima) nos hace un breve prólogo, refiriéndonos que en el siglo XVI, los Caballeros Templarios de Malta enviaron a Su Sacra Real e Imperial Majestad el Monarca Carlos I de España y V de Alemania, la estatuilla de un halcón cuajada de oro, brillantes y un cuantuhay de cosas que la hagan ver más chula y objeto de deseo lúbrico para los bolsillos y chequeras de todo el globo. La galera que transportaba la estatuilla fue atacada por piratas, y la suerte de dicho Halcón permaneció en el misterio hasta... ¿1941? Hasta la oficina regentada por los detectives Sam Spade y Miles Archer, llega una señorita de muy buen ver (bueno, para los estándares de 1941, en realidad acostumbrados como estamos hoy en día a que las señoritas deban andar con media ubre al aire para que nos fijemos, cuesta un poco entender el arrobamiento casi carnal de los detectives por la chica). La señorita pide que por favorcito la ayuden a buscar a su hermana, que está en las manos de un hombre malo-malo-malo. Miles Archer, verde hasta las repatas por la lady, acude a la cita para intentar descubrir algo... y le perforan un segundo ombligo a balazo limpio. El principal sospechoso es... ¡sorpresa! ...Sam Spade, porque el cochinón, adivinen qué, se revolcaba con la señora de su socio. Y se pone peor, porque resulta que el tipo supuestamente secuestrador de la hermana de la chica, también acaba tranquilamente dedicado a la jardinería de margaritas, pero desde el lado subterráneo del cementerio. Obviamente mosqueado porque le han hecho tonto, Sam Spade acude a la chica que fue a su oficina en primer lugar, sonsacándole que ella estaba en contubernio con el muerto en primer lugar (no el socio de Spade, el otro muerto), y que si bien quizás un muerto mató al otro (al socio), no tiene idea de quién puede haber liquidado al primer tipo. Las cosas podrían haber quedado ahí, y Sam Spade se habría quedado sin posibilidad de jugar sus cartas, de no ser porque aparece un extraño tipejo con ciertas manías muy raras (no sólo no sabe colocar un buen piñazo entre los dientes, sino que además es medio finito, y le gusta acariciar bastones de una manera muy lánguida en presencia de machos viriles). El tipejo trata de hacerlo tonto, pero Sam Spade dice que... ¡Ah, no, otra vez no! Y empieza a jugar al gato y al ratón. En el fondo de todo el fétido barril parece haber una estatuilla, nada menos que el mentado Halcón Maltés, y de alguna manera, los asesinatos podrían estar conectados con la dichosa estatuilla. O no, según el punto de vista.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Una de las creaciones más características del espíritu del siglo XX fue, qué duda cabe, la Novela Negra y su gemelo de 35 mm., el Cine Noir. En la novelística, el fenómeno nació en los turbios '30s, década en que las manipulaciones de los malvados capitalistas de Wall Street habían dejado a Estados Unidos casi en bancarrota, y arrojaron de paso al mundo a una recesión de espanto. En ese clima florecieron novelas sobre esta sociedad tan linda, pulcra y honesta, que tiene unos sótanos demasiado profundos y mefíticos para respirar con alegría allí. En el cine, durante la primera mitad de los '30, en concordancia con la época, predominó el Cine de Gángsters (la primera "Caracortada", "El pequeño César", "El enemigo público número 1", etcétera), y luego, cuando éste languideció en cosas como "El bosque petrificado" y similares, el relevo fue tomado por el Cine Noir. Aunque todos los elementos estaban ahí afuera, listitos para ser empacados, puestos en celuloide y vendidos en las salas de cine al grueso público, hubo que esperar hasta 1941 cuando surgiera la peli fundacional del género, que es ésta en comento, nada menos que "El Halcón Maltés". Existían ya dos adaptaciones previas, una de ellas con (afírmense) Bette Davis, pero fue ésta, la de Huston/Bogart, la que quedó para la posteridad, y significó la consagración automática para ambos.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Pocas veces me he visto en un zapato chino como aquí, a la hora de recomendar razones para ver esta peli. Por un lado, esta peli roza casi la perfección en todos sus aspectos, y aunque es poco probable que califique como la mejor peli de la Historia del Cine, sí podría integrar holgadamente el Top 20. Por otro lado, cuesta mucho hablar de esta peli sin adelantar detalles del argumento, y hacerlo es simplemente criminal, tratándose de una peli con un suspenso tan perfecto desde el comienzo hasta el final. Partamos por decir que es la primera peli de John Huston, director sólido como una casa ("El tesoro de la Sierra Madre", "Mientras la ciudad duerme", "La Reina Africana", "Moby Dick", "La carta del Kremlin", "El hombre que quiso ser rey", "El honor de los Prizzi"... cuántos directores no se amputarían la mano, el pie u otra protuberancia corporal para haber rodado una, tan solo una, de todas las anteriores, y éste se las rodó todas). El gran pecado del cine hustoniano en general, es que la formalidad estética y guionística se contrapone a un exceso de frialdad dramática que le pesa en otras realizaciones, pero esa gelidez, como que ayuda sobremanera a una peli tan tremendamente intelectual como "El Halcón Maltés", en donde su prota Sam Spade tiene que pensar aprisa e improvisar sobre la marcha para salir airoso de situaciones potencialmente muy tóxicas. Bueh, seamos honestos, el propio Huston reconoció alguna vez que la novela de Dashiell Hammett era tan perfecta, que redactar el guión se había limitado a casi separar los capítulos en actos sin cambiar nada más, y así claro, cualquiera adapta una peli. Pero por otra parte, a John Huston no le tembló la mano para hacer una peli acerada, en que cada minuto cuenta, en que el pulso narrativo no decae en ningún minuto, sólo para descubrir que... ¡sorpresa! ...te tuvieron tan entretenido que ni te diste cuenta como recién al final todo se enhebra, y las escenas transcurridas hasta el minuto no parecen tener ni patas ni cabeza (las tienen, al final, claro está, pero que el aparente sinsentido previo no sólo te aburra, sino que ni te haga darte cuenta, habla muy bien del talento dramático del hombre).

-- Humphrey Bogart. Su estreno en el cine había sido en "El bosque petrificado", cinco años antes, en donde con un miserable secundario se había merendado a casi todo el elenco, y ahora, después de que un tal George Raft se amparara en una cláusula mañosa de su contrato para declinar el rodaje de esta peli por considerarla "una película poco importante" (pero ¿en qué estaría pensando ese día...?), Humphrey Bogart hizo tan suyo el rol de Sam Spade, que ahora es imposible concebirlo con otra fisonomía que la suya (otros cinco años después, Bogart interpretó al otro gran detective del Cine Noir, a Philip Marlowe, en "El sueño eterno", con igual maestría, aunque la peli misma no fuera tan buena como "El Halcón Maltés"). Con esta peli, decíamos, Humphrey Bogart dejó sentado lo que en adelante debía ser un investigador privado, duro-pero-sensible, un tipo medio cínico y medio amoral, pero también con su ladito sentimental apenas entrevisto. Cualquiera que haya querido interpretar a un detective privado en el cine con posterioridad, le toca medirse con la sombra de Bogart de una manera tan rotunda, como los intérpretes de Superman deben soportar mientras son medidos por la alta vara que les dejó Christopher Reeves (y quizás peor).

-- El resto de los actores tampoco desmerece. Mary Astor interpreta a una zorra de mucho cuidado, de las peores que ha visto el cine que se levanta desayunando problemas y se acuesta cenándolos, pero lejos de la mujer calculadora y fría que usa sus atributos para encandilar a los hombres, como la femme fatal al uso, su personaje es una histérica redomada que es incapaz de ver más allá de su propia nariz, y por ende, inspira hasta su cuota de piedad (para el rol se barajó a, agárrense, Olivia de Havilland, Rita Hayworth, Ingrid Bergman...). Peter Lorre, por su parte, como el mariconazo a la vela, es otro que se roba la función (la peli no lo afirma explícitamente, por un tema de censura, pero es cuestión de verlo y decir "FAGGOT!!! FAGGOT!!!"). Y en general, cada personaje está más que bien ajustado a su cometido.

IDEAL PARA: Ver cine a secas.

VIDEOS.

-- Aparece un faggot [en inglés, sin subtítulos].

-- Humphrey Bogart haciendo preguntas [en inglés, sin subtítulos].

domingo, 16 de marzo de 2008

"El hombre y la bestia" (1941).


"Dr. Jekyll and Mr. Hyde". Dirigida por Victor Fleming. Protagonizada por Spencer Tracy, Ingrid Bergman, Lana Turner, Donald Crisp, Ian Hunter, Barton MacLane, C. Aubrey Smith, Peter Godfrey, Sara Allgood, Frederick Worlock, William Tannen, Frances Robinson, Denis Green, Billy Bevan, Forrester Harvey. Estados Unidos. Año 1941.

¿De qué se trata?
Es el Año de Nuestro Señor Jesucristo de 1887, y un sacerdote (suponemos que anglicano, aunque la peli, por evidente prurito respecto de los grupos de presión religiosos de USA, no delata la identidad religiosa de su credo) pontifica sobre cómo Inglaterra está en la cúspide de la civilización, identificando el Bien que derrota al Mal, a Cristo venciendo sobre las tinieblas, bendiciendo todo eso a nuestra bienamada Reina Victoria en su Jubileo de Oro como Reina... Cuando de pronto alguien, un pobre loquito, se ríe y empieza a gritar "Belcebú, Belcebú" y esa clase de cosas. En vez de montar una campaña de asesinato de imagen respecto del pobre satanito, toman el expediente más simple de agarrarlo y al hospital con él, como paso previo para su internación en una casita de cucufatos. El incidente hubiera quedado ahí, pero por desgracia, ha sido la chispa para que un científico, el Doctor Jekyll, discurra que... ¡blasfemia! ...quizás sea posible arrebatarle el rayo al cielo y el cetro a los tiranos, separando el alma humana en su parte bondadosa y maligna, y de paso dejando sin empleo a loqueros y pastores (pastores protestantes, se entiende). Su futuro suegro, un hombre tan estiradote que quiere que su hija no ande mostrando los tobillos y que le den un casto besito en público, no ve con buenos ojos estos experimentos, mientras que su mejor amigo le dice "oye, pues mi cuate, que esos son dominios en los que el hombre no debería penetrar", etcétera, a lo que el Dr. Jekyll responde que él penetrará lo que se le pegue en gana, que para eso es hombre, caramba, así es que... Pero mejor no pelear, y se va con su amiguete a tomar un par de copas. En mala hora, porque se cruzan con una chica en problemas (y se dice explícitamente que el hampón no era un asaltante, sino que quería "propasarse"... ¡no me pregunten cómo diablos pasó eso la censura de 1941!). La chica, pobrecita ella, está bien, pero le duele un tobillo, y el costado, y empieza a hacer una exhibición nada más cachonda, so pretexto de "jugar al doctor"... El Dr. Jekyll se lo piensa y se lo piensa, y como es muy correctito, él no va a intentar nada sobre el particular. Pero si él no lo va a hacer, quizás su lado maligno, sin conciencia moral, su diablito en el hombro, ése sí podría tomar cartas en el asunto... así es que sigue con sus experimentos para disociar el alma entre el bien y el mal, hasta que finalmente le resulta. El Dr. Jekyll se convierte así en el maligno Mr. Hyde, monstruo de sadismo y repulsión, que empezará a pasársela bien y a lo grande. Todo parece perfecto y funciona para nuestro buen/mal doctor, hasta que de pronto, y es que así es de puñetera la vida, las cosas se salen de control, cada vez más gente empieza a estar prevenida sobre ese extraño Mr. Hyde, el Dr. Jekyll mete la pata, y...

El espíritu de los tiempos.
"El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde" debe ser una de las novelas más insanas jamás escritas, y una de las peores bofetadas que se le podía propinar al Cristianismo y su visión ultramontana de la vida. En la actualidad sabemos que el famoso y maléfico Mr. Hyde no es otro sino el Dr. Jekyll metamorfoseado, porque para eso hemos visto los clásicos cortos de Bugs Bunny sobre el particular, pero en 1885, fecha de publicación de la novela original, ya partiendo por el título equívoco (que da a entender que ambos protas son personas diferentes, y no dos aspectos de un mismo personaje dual), la historia era aún más terrorífica si cabe, cuando al final de varios episodios con sucesos muy extraños, averiguamos que esos sucesos se deben a un mismo personaje. El terror de la historia radicaba, por supuesto, en que para la mentalidad victoriana, todos debíamos ser buenos, puros y decentes, y esos malitos pensamientos simplemente no existían (de ahí que entre los industriales de la alta no se discutiera mucho sobre el sufrimiento de los obreros en las manufactureras de Liverpool). En una época de relativismo moral como la nuestra, por supuesto, esta obra ha perdido mucho de su mordacidad original, pero en su tiempo resultaba ser espeluznante. Esta peli coincidió con el año en que Estados Unidos (recordemos: el Bien, la Democracia, la Luz) entró en guerra con el malvadísimo Eje, y no creo sea una coincidencia que al borde del conflicto entre las Bondadosas Democracias y los Malignos Totalitarismos (bueh, había uno no tan maligno, el de Stalin, pero ése sólo porque está de nuestro lado contra los nazis, ¿eh? Que nadie se preste a confusión), haya salido esta peli sobre bondadosos y bien reputados médicos con un lado maligno pugnando por salir, y haya sido como peli de terror (para muestra un botón: en 1995, el remake bastardo "Mary Reilly", muy bueno por otra parte, fue bastante más deslavado, pero tambien mas acorde con los tiempos de lo políticamente correcto que llevaron a la Academia a premiar panfletos indigenistas como "Danza con lobos", o a una M mujer a la saga Bond, en "GoldenEye"). En cuanto a la peli misma, era un remake de una versión anterior protagonizada por Fredric March, que en su tiempo pasó sin pena ni gloria. Una lástima, porque si bien no es la mejor peli de todos los tiempos, y ni siquiera la mejor peli de su director Victor Fleming, después de más de seis décadas aún aguanta un visionado.

¿Por qué verla?
- Esta clase de pelis son la pesadilla de los comentaristas. Si una peli es mala, es cuestión de ponerla a parir. Si es buena, hay que alabarla. Si es "mala pero entretenida", se dice simplemente que es para verla distrayéndose un rato y después olvidarla. Pero pelis como ésta, como "El hombre y la bestia", están en esa tierra de nadie entre las pelis malas y las buenas. Porque es sumamente irregular. Tiene aspectos muy notables, y otros defenestrables. No puedo recomendarla de manera indubitable, pero tampoco es para echarla por completo al olvido. Partamos alabando la dirección de Víctor Fleming, uno de los más tempranos grandes directores de Hollywood, que venía fresco de rodar un par de las mejores pelis de todos los tiempos ("El mago de Oz" y "Lo que el viento se llevó"), y que en los '40s rodaría sus últimas pelis antes de morirse, despidiéndose con la magistral "Juana de Arco" con Ingrid Bergman (nueva colaboración entre la Bergman y Fleming, porque ella también actúa en "El hombre y la bestia"). No me cabe duda que el tono épico y grandilocuente de muchas escenas, que tanto hacen por una peli por otra parte bastante deslavada, son responsabilidad del gran Fleming, cuya muerte más o menos temprana en 1949 (tenía 60 años) fue tan irreparable para Hollywood.
- Suele suceder muchas veces que Hollywood, cuando adapta una novela con un sustrato muy rico, suele simplificarla, quedarse con la cáscara (escenas molonas) y botar todo lo que de inteligente puedan tener los subtextos de la propuesta original. Eso es particularmente visible cuando la obra original está furibundamente en pugna con los valores propios del establishment yanketa de pro, como por ejemplo es el caso de Herbert George Wells (Wells era izquierdista fabiano, lo que hoy en día sería un laborista británico, y el establishment debe ser derechista por aquello de los grandes capitales en juego por cada blockbuster, y para confortar las fantasías imperialistas del público yanki promedio amamantado con el Destino Manifiesto y los telepredicadores evangélicos antievolucionistas). Afortunadamente, eso no pasa aquí. No se puede decir que la obra rescate hasta las últimas consecuencias el planteamiento original frontalmente antivictoriano de Robert Louis Stevenson, pero se mete con coraje en varios tópicos que sí son de interés del novelista. En la peli, así como en la novela original, el Dr. Jekyll no es un Frankenstein cegado por su ambición de empujar más allá los límites de la ciencia, sino un victoriano comodón que quiere lo mejor de ambos mundos, de la buena y bonita moral victoriana que asegura la pasta en el bolsillo, y de los inocentes pecadillos de la carne que le dan pimienta a la existencia. Así es como el Dr. Jekyll le da vía libre a Mr. Hyde. En última instancia, y eso la peli lo deja bien en claro (aunque en subtexto, siempre, pero bien remarcado), y aunque se defienda con aquello de que "es por el bien de la ciencia", el Dr. Jekyll no es ningún héroe, y la conducta aberrante de Mr. Hyde es, en última instancia, responsabilidad del propio Jekyll, y no vale la excusa del "lado maligno del buen doctor", porque es el buen doctor quien se ha ido a meter solito y por sus propias patitas en esos experimentos, sabiendo o no pudiendo menos que saber las consecuencias que de ellos se derivarían, y aún bien informado de las consecuencias de sus actos, decide tomar la famosa pócima una segunda vez para seguir cacheteándose con la vida a gusto. Todos los personajes alrededor, cuando empiezan a tomar conciencia de que algo maligno circula por ahí, se escandalizan y horrorizan, claro está, pero lo peor viene después, cuando algunos personajes descubren que su buen vecino el doctor es quien ha desatado el horror, por puro placer personal. Ellos mismos, también victorianos eminentes, podrían ser los siguientes, ¿no?
- No es que me guste la censura ni mucho menos, pero a veces ésta hace bien, porque obliga a los creadores a ser más imaginativos a la hora de eludirla. Muchas pelis antiguas eran más escabrosas y con mucho más morbo que las pelis actuales, en que debido a la posibilidad de mostrar chicas en bikini o lencería, o escenas de sexo, todo es más directo, y por qué no decirlo, más olvidable. Porque las escenas de Mr. Hyde acosando a la pobre proletaria, tienen dosis de crueldad inaudita. Piensen en el tipo de violencia que quieran, y todo eso coincide aquí: ¿violencia de género, hombre contra mujer?, sí; ¿violencia sexual, violador contra víctima?, sí; ¿violencia psicológica, agresor contra agredida?, sí; ¿violencia social, médico de la alta contra proletaria?, sí; ¿violencia moral, persona corrompida contra persona más o menos virtuosa?, también. Por otra parte, me extraña que algunos segmentos de la peli no sean íconos BDSM hoy en día. Y es que esa transformación del Dr. Jekyll en Mr. Hyde, con el buen doctor agarrando a latigazos un par de caballos, y luego mostrando como esos caballos se han transformado en su par de novias... y después las constantes insinuaciones a que la chica proleta tiene heridas en hombros y espalda...
- Con todo esto, a estas alturas del partido estarán preguntándose cuál era el famoso punto débil de la peli al que me refería. Y básicamente son dos. Partamos por las actuaciones. La actriz que sostiene toda la peli es Ingrid Bergman, que ese mismo año era la inolvidable heroína de "Casablanca", y que en "El hombre y la bestia" entrega ya no digamos una de sus mejores actuaciones, sino una de las mejores actuaciones que el cine de Hollywood entero desde su fundación hasta la actualidad ha entregado jamás, con un rango interpretativo que va desde la lascivia y la lujuria más desatados, apenas contenidos por las convenciones sociales, hasta el sufrimiento y la impotencia más exacerbados. La Bergman había sido fichada para el rol de chica angelical primero, pero ella, pizpiretamente, descubrió que el otro rol era más exigente en términos dramáticos, lo exigió y tomó para sí, y se lució en él (su contraparte fue tomada por Lana Turner, quien aparte de su evidente sex-appeal, hace bien poco por salirse de su papel de chica aristócrata fetiche). Por lastimoso contraste, la peor parte es que el propio prota, Spencer Tracy, si bien compone un más que aceptable Dr. Jekyll (no soberbio, pero sí aceptable), cuando tiene que poner cara de malo para desdoblarse en Mr. Hyde simplemente no se la puede, y es que es tan rebuenazo, el hombre, que interpretar a la villanía pura... Hay momentos de humor involuntario en la peli, cuando Ingrid Bergman dice, muy convencida, de que "ése no es un hombre, es un demonio, es diabólico", después de haber visto la esforzada, pero aún así anémica interpretación de Spencer Tracy como Hyde, y uno se pregunta de dónde salió tanto terror... Y dejemos mención especial para Donald Crisp (el suegro), Ian Hunter (el amiguete) y Peter Godfrey (el mayordomo del Dr. Jekyll), que desde sus respectivas estaciones de batalla componen secundarios si no formidables, por lo menos muy sólidos.
- Y un último apartado, para los, ejem, efectos especiales. Estoy seguro de que eran lo mejor y la mejor rechupada del mate que se podía pedir en 1941, pero hoy en día, en plena era digital, el fotomontaje canta clarito. Esto puede ser un plus o un contra, como se quiera mirar. Es un contra, indiscutiblemente, porque anula cualquier sentido de la verosimiltud, por mucha suspensión de la incredulidad que uno trate de aplicar. A favor, podemos decir que aporta un poco de humor involuntario a la peli, y además, precisamente por su carácter defectuoso, posee el encanto de lo naif. Algo es algo, y peor es chupar clavos.

IDEAL PARA: Ver una irregular, pero aceptable, versión de la historia de Stevenson (en espíritu, que no en literalidad, claro está).

domingo, 19 de febrero de 2006

"El ciudadano Kane" (1941).


-- "Citizen Kane". Estados Unidos. Año 1941.
-- Dirección: Orson Welles.
-- Actuación: Orson Welles, Joseph Cotten, Agnes Moorehead, Dorothy Comingore, Ruth Warrick, Everett Sloane, George Coulouris, Ray Collins.
-- Guión: Herman J. Mankiewicz y Orson Welles.
-- Banda Sonora: Bernard Herrmann.

-- "El ciudadano Kane" en IMDb.
-- "El ciudadano Kane" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Dentro de su mansión, un anciano expira. Pronuncia una última palabra: "Rosebud". Los buitres de los medios sensacionalistas anuncian la noticia de que Charles Foster Kane, el más poderoso empresario periodístico de Estados Unidos y alrededores, ha fallecido, y se ponen a buscar incansablemente a la famosa Rosebud, ya que encontrar a la amante de Kane sería el golpe periodístico sensacionalista farandulero del siglo. De esta manera van entrevistando pacientemente a diversos personajes que han rodeado a Kane, y que comparten dos cosas en común: una, le tienen una mala leche increíble al hombre que, bien mirado, destruyó las vidas de cada uno para ir ascendiendo por la escala social, y dos, no tienen ni la más peregrina idea de quien demonios es la tal Rosebud (¿una de sus esposas?, ¿una amante?, ¿una bataclana?). Y al final... OK, si usted es cinéfilo de verdad, ya sabe cuál es la clave de la historia, y si no lo es, no lo revelaremos aquí. Véala por usted mismo.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

De la inmensa y abrumadora mayoría de las películas, se puede decir que siguen el espíritu de su época. De unas cuantas se puede decir que son rarezas o frikadas fuera de contexto y de su tiempo. Pero de pocas películas puede decirse que CREARON una época. No es exagerar si se dice que dentro de "Ciudadano Kane" puede encontrarse TODO el siglo XX, y quizás lo que llevamos de XXI. El espíritu de los tiempos es, en este caso, la historia completa del cine resumida en un par de horas. ¿De cuántas películas puede decirse lo mismo?

¿POR QUÉ VERLA?

-- Después de todo lo dicho, debería ser obvio. Es un clásico absoluto. Es irreemplazable. Es una de las tres películas que deberían salvarse, si es que los extraterrestres nos invadieran y quemaran todo el cine filmado desde 1895 hasta ahora. Siempre que los críticos se dedican al ocioso deporte de hacer el Top Ten de mejores películas, acaba en el primer lugar o lo ronda muy de cerca, y con razón. Lo peor es que el carajo de Welles, cuando la filmó, era un mocoso de 25 años, y para colmo, era su "opera prima", su primera película. Gusano infeliz.

-- Esta película lo tiene todo: una historia de superación personal a lo "Rocky", romance, drama, suspenso, investigación policial, metafísica y reflexión sobre el sentido de la existencia y otras cosas. Es gigante como la vida. Y todo aunado con tal armonía, que crea un espectáculo majestuoso sin que apenas reconozcamos los elementos como disgregados entre sí.

-- Aparte de dirigirla, la protagonizó Orson Welles himself. Todas las otras actuaciones que Welles hizo en su vida, son una vil caricatura de ésta, hechas para ganarse las lentejas, pero aquí está apoteósico, a sus anchas. Por cierto, ¿ya dijimos que este Welles fue el que hizo orinarse a medio Estados Unidos con su famoso radioteatro de la invasión de los marcianos en 1936? Y un dato de trivia: un papel bastante substancioso recayó en Agnes Moorehead, famosa un par de décadas después por ser la suegra pesada de la serie de TV "La hechizada" (aquí luce jovencita, o por lo menos, más que en la TV después)...

-- El hombre creó un nuevo lenguaje cinematográfico. Movió la cámara como nadie. Sus juegos de luces y sombras sentaron escuela. Cada pedazo de la historia está rodado con un enorme tacto. No hablemos del trabajo de edición, pionero para la época, la primera gran revolución fílmica desde que a Griffith se le ocurrió mover la cámara, treinta años antes. Y lo mejor de todo es que lo formal se funde tan bien con el resto de la película, que a primera vista ni se nota el trabajo invertido. Eso es arte.

-- Es la película que acabronó a William Randolph Hearst, el magnate del periodismo de la primera mitad del siglo XX, porque de que Kane se parece a Hearst, se parece (ambos, entre otras cosas, profitaron a lo grande de la guerra de Estados Unidos con Cuba en 1898). Hearst hizo lo imposible por pararla, sin éxito. Es como si hoy en día un cabroncito de 25 años rodara una genialidad fílmica sobre un computín de mierda llamado Willy Tate, y la película se pareciera a la biografía de Bill Gates como un huevo a otro. ¿No se acabronaría lo suyo el Black Windows?

-- ¿Darth Vader? Darth Vader puede ponerse de lustrabotas en la plaza del pueblo y limpiarme los zapatos de domingo. Charles Foster Kane lo deja chico como villano. Su palacio de Xanadú, en donde va a dar a parar sus últimos tristes días, es tantas mil veces más impresionante que la Estrella de la Muerte, y sin necesidad de tener instalado un cañoncito revientaplanetas. Y de que Kane es un joputa de la peor especie, lo es. Y todo para probar que tiene un par.

-- El final de la película es enormemente sencillo, y al mismo tiempo, terriblemente abrumador. Pocos finales de película son tan emotivos como éste. Después de ver la solución del misterio, es que dan ganas de hacer una hoguera con el final de "Blade Runner", y usar el final de "Gladiador" como leña.

IDEAL PARA: Amantes del cine de todo tiempo y lugar.

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