domingo, 8 de febrero de 2009

"El enemigo público número 1" (1934)


-- "Manhattan Melodrama". Estados Unidos. Año 1934.
-- Dirección: W.S. Van Dyke.
-- Actuación: Clark Gable, William Powell, Myrna Loy, Leo Carrillo, Nat Pendleton, George Sidney, Isabel Jewell, Muriel Evans, Thomas E. Jackson, Isabelle Keith, Frank Conroy, Noel Madison, Jimmy Butler, Mickey Rooney, Shirley Ross.
-- Guión: Joseph L. Mankiewicz y Oliver H.P. Garrett, basados en una historia de Arthur Caesar.
-- Banda Sonora: William Axt (compositor de la música incidental, no acreditado).

-- "El enemigo público número 1" en IMDb.
-- "El enemigo público número 1" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

A ultracomienzos vetustos de siglo. Un lindo barquichuelo de placer viaja por las aguas de Nueva York, y en él, ¿qué encontramos...? ¡¡¡¡¡¡CHACHAAAAAÁN...!!!!!! A un niño bueno y un niño malo. El niño malo es un malvado de temer, con su tiza es enemigo letal de las impolutas planchas de metal del barco, y además, miren qué malvado es... ¡¡¡Se dedica al feo vicio del juego!!! El niño bueno, por su parte, es estudioso y se la pasa empollando libros, y además, como es niño bueno y virtuoso, reprende a su amiguito el niño malo por dedicarse a vagar y perder el tiempo en vez de estudiar para transformarse, ¡algún día! en (LÉASE EN TONO ESTATUARIO): UN HOMBRE DE PROVECHO PARA LA SOCIEDAD. Y sin reírse. Bueno, las pelis eran así. Sucede que estalla un incendio en el barco, y en él desaparecen (bien cocinaditos y en su punto de estofado) los progenitores de los chicos, siendo acogidos por una benevolente figura paternal que, miren ustedes cómo es de p*** la vida con los pequeñuelos, a los cinco minutos de metraje se muere a su vez, de una manera tan trágica como inmerecida, para que nos condolamos aún más de la (nula) suerte de los chicos. Bueno, eso se supone. Pasan los años, y el niñito empollón termina sus estudios, estudia las leyes criminales y el Estado de Nueva York le confiere el título de abogao, pueh oyeh, mientras que el otro se dedica a la vagancia y el juego de cartas y llega a ser... ¿un vagabundo de tocho y mocho? ¡No, pues, que esto no es un drama social! Llega a ser nada menos que el dueño de un Casino (moraleja: si quieren ser alguien en la vida, sean estudiosos hasta sacarle sangre al cerebro, o unos sinvergüenzas de levita y garrote, y ya verán cómo se forran, pero nada de hacer un poco de uno y otro poco de otro, a medias, ¿vale?). El caso es que ahora los chicos son adultos, y el empollosito ha llegado a la oficina del fiscal, y por tanto, debe reprimir el crimen organizado, incluyendo el bello casinito de su amiguete (clandestino, por supuesto). Su amiguete, por otra parte, tiene una chica que le afea siempre su conducta, que cuándo vas a cambiar, que por qué no dejas todo esto, mira que mi madre me dijo que no me casara con un truhán como tú, etcétera. El problema es que por negligencia del chico malo y jugador (el error clásico: no poner un ojo en donde está la chica), ella termina conociendo al chico bueno, que está haciendo carrera política, y bien, la chica decide que los chicos malos son para divertirse pero los chicos buenos para casarse, y se cambia olímpicamente de bando. Y por si las cosas no estaban complicadas, se pondrán más difíciles cuando nuestro buen amiguete el malvado tenga que darle cazuela de plomo a un deudor sinvergüenza, y el fiscal antiguo-amigo-sermoneadormoral tenga que darle caza al asesino sin saber que ¡¡¡EL ASESINO ES SU AMIGO, Y EL ANTIGUO NOVIO DE SU ESPOSA!!! ¿Conseguirán salirse de este melodrama y encontrar la felicidad al final del arcoiris...? (Una pista: el título original en inglés no es "Melodrama en Manhattan" por nada).

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Durante un tiempo, a comienzos de los '30s, el cine de gángsters y mafis se puso de moda en Hollywood. Esto es el resultado de la confluencia de dos factores. En primer lugar, aunque la Prohibición había sido derogada en 1931, el poder de los sindicatos del crimen había crecido exponencialmente en el intertanto, y en consecuencia, el cine no se iba a hacer oídos sordos de un tema que proporcionaba todo aquello que las audiencias quieren (¿crítica social?, ¿opinión política?, ¿sociología criminalística? ¡No! El morbo de ver a una buena Colt .38 haciendo su trabajo y ver manar la sangre de tipos desplomándose en el piso con el rostro contraído en muecas de inenarrable dolor). En segundo lugar se acababa de inventar el cine sonoro, y con esto los disparos sonaban ahora de lo más chulos (lo mismo que en los tardíos '90s, que el cine fantástico se puso de moda otra vez parcialmente porque con la revolución en materia de CGI ahora sí que los uruk-hai se veían molones). Dentro de la oleada de pelis sobre malvados enemigos de la sociedad, se elaboró este melodrama, cortesía del infatigable productor David O. Selznick, que estuvo detrás de otros hits treinteros y cuarenteros como "Ave del paraíso", "King Kong", "El prisionero de Zenda", "Lo que el viento se llevó", "Rebeca", "Duelo bajo el Sol" y "El tercer hombre". No funcionó demasiado bien en taquilla, y fue recibida con cierta displiscencia, a pesar del golpe propagandístico que significó que el connotado gángster John Dillinger fuera tiroteado después de ver esta peli de gángsters (poético, ¿no?). Pero con los años se ha terminado transformando en un pequeño clásico de esa época y de una manera de entender y concebir el cine, que ahora se nos puede antojar un tanto arcaica, pero es que hombre, un poco de compasión... ¡después de todo, recién estaban inventando el sonoro!

¿POR QUÉ VERLA?

-- Quizás la castellanización del título ("Manhattan Melodrama" significa lo que dice, "Melodrama en Manhattan", y ponerle "El enemigo público número 1" no es hacerle un favor) complica un poco la apreciación de esta peli, ya que el espectador casual podría querer una peli de mafiosos y se encuentra con un triángulo sentimental nada más ñoño (miren que la chica iba a salir de los brazos del criminal para arrojarse justo en los del perseguidor judicial de ese criminal...). Pero pasado este bache, es un drama bastante sólido. Bueno, pasado ese bache y la secuencia inicial en que vemos las desventuras de los chicos, calcadas de esos libros de texto con moralina para niños del XIX, y que después de ver una serie de barbaridades en "Los Simpsons" a costa de ese espíritu ñoñardo, cuesta tomarse en serio (se supone que veías a los chicos sufrir para empatizar con ellos, pero no pude evitar reirme a carcajadas con sus desventuras, de tan venezolanas que eran, si ya estaban listos para el culebrón mexicano, y de suerte que no fueron a dar a un orfanato de monjas, que o si no me matan de la risa y no estoy escribiendo esto ahora). Parte de esta solidez radica en una historia muy bien urdida, que consigue salirse del tópico y crear un sólido drama moral (la chica que se debate entre dos hombres, el mafioso atrapado entre sus turbios negocios y su sentido de la amistad, el fiscal que duda entre la amistad y el deber...). Claro, al final todo se resuelve como corresponde, es decir el malo recibe su castigo y el bueno se queda tan campante porque ha cumplido con la ley y el orden (Estados Unidos, la Patria de Dios, los años '30s, ¿recuerdan?). Pero entre medio hay drama del bueno. Recordemos que Joseph L. Mankiewicz, el coguionista de esta peli, después se sentaría en la máquina de escribir para tipear los guiones de "Eva al desnudo", "Julio César", "La condesa descalza" o "Cleopatra", nada menos.

-- La segunda mitad del mérito de esta peli radica por supuesto en el triángulo protagónico. El mafioso es ¡sorpresa! Sí, el gran Clark Gable, en esa época dando de que hablar con "Sucedió una noche" (su único Oscar en su carrera), y cuando nadie (ni él mismo) sospechaban la inmortalidad que le esperaba a cinco años vuelta por su rol de Rhett Butler en "Lo que el viento se llevó". La mezcla de dureza y de socarronería que a Gable le fluía tan bien, le añade muchos enteros a la peli, dándole un aura romántica pero sin pasarse a su personaje. Por el otro lado, dándole la réplica como el fiscal, tenemos a William Powell, que hace el Titanic de no empequeñecerse frente a Gable y ser un amigo/adversario más que digno. Y la chica en discordia es la gran y única Myrna Loy, reina del cine hollywoodense de los '30s como pocas las ha habido con posterioridad, y que lejos de dejarse tironear para un lado u otro y avasallar por el carisma de sus coprotas masculinos, da a entender bien por qué ambos se la pelean con rudeza. Esta peli hubiera sido la mitad de lo que es, si sus tres protas hubieran sido de menor calado.

IDEAL PARA: Ver una buena peli de gángsters, una buena peli romántica, y un drama sólido como las paredes de la Capilla Sixtina.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].



-- "Blue Moon" cantada en la peli [en inglés, sin subtítulos].

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