
-- "The Sword in the Stone". Estados Unidos. Año 1963.
-- Dirección: Wolfgang Reitherman.
-- Actuación: Voces de (en el original inglés) Rickie Sorensen, Karl Swenson, Junius Matthews, Sebastian Cabot, Norman Alden, Martha Wentworth, Richard Reitherman, Robert Reitherman, Alan Napier, Ginny Tyler.
-- Guión: Bill Peet, basado en el libro de T.H. White.
-- Banda Sonora: George Bruns.
-- "La espada en la piedra" en IMDb.
-- "La espada en la piedra" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Edad Media. La ultramelosa canción de un bardo nos introduce en ambiente: hay anarquía y caos por todas partes, Inglaterra carece de un rey, y sólo cuando aparezca el elegido que arranque una bella espada clavada en una piedra, entonces habrá una monarquía centralizada, cultura, arte, civilización y orden. Lejos de todo esto, el mago Merlín recibe la esperada visita de Arturo, un muchacho que le cae por accidente (pero Merlín ya sabía de su llegada porque para algo es mago y ve el futuro). Merlín se ofrece, de manera bastante majadera al decir verdad, a darle educación "de verdad" al muchacho, o sea enseñarle Historia, Geografía, Física, Medicina, etcétera, en vez de incentivar sus aspiraciones de convertirse en escudero. Y como Arturo tiene quién le cuide (un señor feudal que, en realidad, lo trata como al siervo de la gleba que en apariencia es), pues bien, ni corto ni perezoso, Merlín se hace el invitado en el castillo. Vienen entonces una serie de peripecias que no tienen nada que ver con la espada en la piedra, en donde vemos a Merlín tratar de meterle a Arturo en la cabeza una serie de conocimientos perfectamente inútiles para una época que se supone es de anarquía, como por ejemplo que la Tierra es redonda y existe un continente llamado América. Al final, viajan a Londres a participar en un torneo, con lo cual, lo poco que quedaba de dignidad de la película se va al garete, porque puede uno legítimamente preguntarse cómo es esto, ya que en la secuencia inicial se nos dice que Inglaterra sufre la más benditas de las anarquías, y en el resto de la película los personajes recuerdan esto más de una vez (a pesar de que nunca vemos escenas de combate, y todo transcurre con una calma pastoril), pero llegada la secuencia del torneo, vemos todo Londres tan quieto como si estuviera vigilado por los bobbies de la Reina Victoria en pleno siglo XIX. Pues bien, a santo de nada, y sin realmente haber hecho nada para merecérselo (derrotar a un villano, haber madurado como personaje, siquiera haber aprendido en dónde está América, ya que tanto Merlín trataba de metérselo en la cabeza), cae en las manos de Arturo la dichosa espada, y por tanto, deviene en rey de toda Inglaterra. Y lo más divertido de todo es que el resto de la parroquia... ¡respeta a este mozalbete imberbe como tal! ¿Y Merlín? Haciendo el payaso en la escena final, vestido con pantalones cortos y camisa tropical, porque venía de las Islas Bermudas (las del Triángulo) en pleno siglo XX. Y fin (por suerte).
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
En la década de 1960, la edad de oro de los Estudios Disney comenzaba a pasar. El discurso duro, ultraconservador y moralista de sus películas estaba bien para la Era Einsehower, las madres del baby boom y en general todos aquellos que hacían causa común contra disolventes sociales como el rock and roll y los filmes de rebeldes sin causa, pero en los '60s, los hippies estaban ganando aceleradamente la partida. Puesto a buscar algún personaje que pudiera ser el emblema del tradicionalismo para los nuevos tiempos, Walt Disney se fijó en ese ardiente defensor de la monarquía, el orden y la religión que fue el Rey Arturo, pero como la versión de Mallory del siglo XV podía ser un tanto pesada, pues bien, recurrió a la saga de novelas de un escritor hindú llamado T. H. White, integrada por "La espada en la piedra", "La reina del aire y las tinieblas", "El caballero malhecho", "Una vela en el viento" y "El libro de Merlín", quizás con la esperanza de que si el primer filme tenía éxito, podrían adaptar las siguientes novelas (cuarenta años después las cosas no cambian mucho, y si no, díganselo a la gente Disney detrás de "El león, la bruja y el ropero"). Irónicamente, este filme de vocación archiconservadora tiene paisajes bien cuidados, pero el estilo de animación de los personajes pareciera inspirado, o plagiado, de los por ese entonces incendiarios y contestatarios dibujos animados de Silvestre y Piolín, porque díganme si el lobo que aparece como secundario gracioso no tiene un parecido de familia con el Coyote que anda tras el Correcaminos. Como la película resultó ser un soberano bodrio en lo fílmico, y un éxito discreto en taquilla, no hubo secuelas (gracias a Dios).
¿POR QUÉ VERLA?
-- El personaje de Arquímedes, el buho sabio y cascarrabias, se roba la película por completo. Y es que frente a la estupidez moralizante utilitarista de Merlín ("debes aprender para ser alguien en la vida, muchacho", cual Benjamin Franklin de la Edad Media) y la ñoñez de un Arturo que sólo aspira a ser escudero, y con razón, los rezongos de Arquímedes son más que justificados. Cuando una película tiene un, y sólo un, personaje carismático, hay problemas. Y conste que sobre Merlín y Arturo existen textos de enorme talla, desde Mallory hasta Steinbock. Aunque no le echemos la culpa al pobre T. H. White. La verdad de las cosas es que ninguna de sus novelas ha caído en las cercanías de la redacción de CINE 9009, así es que no podemos juzgar en comparación al material literario de base, y démosle un voto de confianza, habida cuenta la manera gore en que Disney descuartizó clásicos literarios como "Alicia en el país de las maravillas" o "Pinocho". Pues bien, volviendo a Arquímedes, si algún día discurren hacer un remake de la película, dénle mayor protagonismo.
-- La secuencia de Arturo transformado en ardilla y acosado por una joven ardilla hembra no tiene desperdicio alguno. Es la secuencia más graciosa del filme, y digámoslo de una vez, la única que consigue suscitar una reacción que no sea de franco bostezo. En esta secuencia, el insufrible Merlín pasa a segundo plano y vemos una historia de amor corta y tierna, y de amor imposible más encima, porque después de todo, Arturo es un hombre devenido en ardilla, y la otra chica es ardilla de cuerpo entero, así es que entre especies distintas... (¿qué revoltijo habría quedado con la genética, si se hubieran apareado...? Oh, perdón, verdad que en las películas Disney los personajes se reproducen por partenogénesis).
IDEAL PARA: Echar unos cuantos bostezos mientras personajes gloriosos de la mitología europea como son el viril rey Arturo y el sapiente mago Merlín son eficazmente destripados y nulificados a un ritmo de 24 cuadros por segundo.