11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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jueves, 22 de septiembre de 2011

"Proyecto Brainstorm" (1983).


-- "Brainstorm". Estados Unidos. Año 1983.
-- Dirección: Douglas Trumbull.
-- Actuación: Christopher Walken, Natalie Wood, Louise Fletcher, Cliff Robertson, Jordan Christopher, Donald Hotton, Alan Fudge, Joe Dorsey, Bill Morey, Jason Lively, Darrell Larson, Lou Walker, Stacey Kuhne-Adams, John Hugh, Ira David Wood III.
-- Guión: Robert Stitzel y Philip Frank Messina, basados en una historia de Bruce Joel Rubin.
-- Banda Sonora: James Horner.

-- "Proyecto Brainstorm" en IMDb.
-- "Proyecto Brainstorm" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Enchúfate el casco, y ya estás mirando por ojos que no son los tuyos. Paladeando gustos que no están en tu boca, oyendo sonidos que no llegan a tus oídos. Se trata de lo último y más chupi de lo chupi, un casco que te permite experimentar sensaciones tal y como si estuvieras ahí. Y no lo llamamos "telepresencia" ni "realidad virtual" tampoco porque la peli es de 1983, y por lo tanto, esos conceptos no pensaban ni en existir para aquellos años. El jefazo jerifalte de los jefes está saltando en una pata, porque hay oportunidad de forrarse de dólares con el aparatito. ¡Imagínense las posibilidades! ¡Podrían inyectarse al cerebro las sensaciones de un corredor de pole position sin haber estado nunca sobre un bólido F1, o saltarse a la montaña rusa desde la seguridad del WC de su casa! (Andando el metraje, la peli se hace cargo de otras aplicaciones un poco más obvias, como por ejemplo porno con una warra que permite justificar una fugaz escena de topless, o acaso alguien creía que Internet lo iban a usar para otra cosa que no fuera descargarse fotos de Samantha Fox en bolas). Pero las cosas nunca salen tan sencillas. En primer lugar, resulta que para el trabajo del diseño final del producto de cara al marketing (¡llame YA y ordene su cascovisor a domicilio! ¡Satisfacción ga-ran-ti-zada!), llaman a la antigua esposa del científico responsable (Natalie Wood, buenorra en su última aparición en pantalla, junto a Christopher Walken), generando cierto ambiente porque la actual pareja del científico es también la corresponsable del proyecto. Aparte, la científica de marras se lleva un choque de los buenos contra los milicos, porque verán, al final el money venía del Pentágono, y la Compañía quiere resultados, por las posibles aplicaciones militares del asunto. Esto origina choques de esto y de esto otro, y las cosas se van a poner más interesantes cuando a la tercera del triángulo, la que no es ni Natalie Wood ni Christopher Walken y por lo tanto es más prescindible, le viene un ataque de los mayúsculos, y graba toda la experiencia en una cinta. Ahora, Christopher Walken (nuevamente libre para liarse con Natalie Wood, y sale ganando con el cambio) y su antigua esposa emprenden la cruzada de sus vidas, para que su invento sirva a la ciencia y no a la destrucción, y además, hacen un descubrimiento crucial que...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Hoy en día, conceptos como "realidad virtual", "realidad aumentada", "telepresencia", "ciberespacio" y similares están perfectamente asimilados en la cultura contemporánea. Pero así como para nuestros papis la TV era todavía una cosa media rara, y la radio para nuestros abuelitos, hubo una época en que tales avances computacionales eran todavía... ¡¡¡EL FUTURO!!! ¡¡¡BUAAAAAÁ, TENGAN MIEDO!!! Piénsenlo. ¿Qué hubieran dicho las gentes de 1983, hace casi treinta años, si ustedes les hubieran dicho que iban a pasar la mitad de su tiempo o más, en una vida virtual que incluye revisar correo sin papel, encontrarse con gente en esa especie de coffee-shop inmaterial que es Facebook, o leer prensa sobre cine sin prensa como lo es este blog Cine 9009? Estamos hablando de un tiempo en que acababa recién de salir el computador personal de las fábricas, en que la información se guardaba ¡¡¡EN CINTAS MAGNETOFÓNICAS!!!, etcétera. Puede decirse que "Proyecto Brainstorm" es la peli pionera sobre el tema, de no ser por un desafortunado accidente: su actriz protagónica, Natalie Wood, había fallecido en 1981 de una manera demasiado lamentable para meter el dedo en la llaga aquí... y sin terminar el rodaje. La peli quedó varada en lo alto de la montaña, y entretanto en lo que a realidad virtual se refiere, tomaron el testigo "TRON" (de 1982), y "Videodrome" de David Cronenberg (también de 1983). A los tumbos, en medio de constantes peleas de Donald Trumbull con los estudios, el rodaje pudo terminarse con grabaciones de archivo y con dobles de cuerpo de Natalie Wood (el resultado es impecable y no se nota, en todo caso), pero la peli llegó tarde. Sin la espectacularidad de "TRON" (que por lo demás también había resultado un fracaso insigne en la taquilla) ni la profundidad filosófica de "Videodrome", esta peli resultó un fiasco en toda regla. Inmerecidamente, por lo demás.

¿POR QUÉ VERLA?

-- Aunque generalmente se suele datar los inicios del cyberpunk cinematográfico con "Blade Runner" de 1982, lo cierto es que esa peli dejaba fuera un importantísimo aspecto del imaginario cableta: la realidad virtual (el cyberpunk se considera fundado oficialmente con la novela "Neuromante" de William Gibson, de 1984, en que sí se aborda extensivamente el tema de la realidad virtual, y de hecho, el prota es un cableta). En paralelo a "Blade Runner", la ya mencionada tríada de pelis fundó en el cine la realidad virtual tal y como la conocemos, cada una desde su ángulo propio. "Proyecto Brainstorm" lo hizo con un tratamiento muy realista y high-tech (bueno, para la época), a diferencia de "TRON" (de corte claramente más fantástico) y "Videodrome", que simplemente no le preocupa la tecnología sino que la usa como pretexto para las obsesiones clásicas del cine cronenberguiano (que por cierto, encajan de maravillas con el Zeitgeist del asunto en ese tiempo). Bueno, lo de high-tech es relativo, claro, si se considera la ida de olla mayúscula que esta peli se manda al final, pero en general el tratamiento es más próximo a lo que se veía en revistas y artículos de divulgación científica estilo Muy Interesante, que a una estética más propiamente cyberpunk. Y esto último puede verse como una virtud o un defecto, a según, porque por un lado le confiere una verosimiltud única, y hasta da cuco y todo a ratos, pero por otro, la hace lucir un poco outdated, casi como si estuviéramos viendo una serie B de los '50s o algo así. Lo dejo a la discreción del público.

-- En el apartado netamente cinematográfico, la peli es lisa y llanamente espectacular. Imagino que las secuencias de pura y simple montaña rusa no deben resultar demasido espectaculares hoy en día, en comparación a su tiempo (en particular en el cine), pero a cambio, las que vienen después, alucinaciones puras y duras en el mejor sentido de la palabra, son sobrecogedoras. Douglas Trumbull apenas dirigió dos pelis (ésta es la segunda, y quedó tan cabreado con los productores de Hollywood que se retiró del cine para siempre), pero fue director de efectos visuales en pelis tan seminales como "2001: Odisea del espacio" (ahí es nada), "Encuentros cercanos del Tercer Tipo", "Viaje a las estrellas: La película" y "Blade Runner", y acá aprovechó de arrojar toda su experiencia a la parrilla. Quizás el arte de hacer efectos visuales utilizado para "Proyecto Brainstorm" esté pasado de moda en lo técnico (ahora todo se resuelve con CGI), pero en términos puramente artísticos, de imaginería visual, sigue siendo tan apabullante como el primer día. Si a eso le sumamos una banda sonora con un James Horner en estado de gracia, el resultado no puede ser sino sobresaliente.

-- Las actuaciones también están bien. La peli se la echan al hombro el trío protagónico, con Christopher Walken más contenido que de costumbre, una Natalie Wood tan radiante como siempre (un cuarto de siglo después de "Rebelde sin causa", y aún así espectacular), y una Louise Fletcher que le confiere dignidad a su personaje a pesar de su patetismo inherente (lástima que después se perdió en subproductos sin mucha enjundia, como que en su currículum figura esa peli de la que ninguno de sus protas quiere acordarse, que es "Seducción de Dos Lunas"). Y tenemos al siempre agradecido Cliff Robertson como secundario. Nada de mal para ponerle guinda al postre. O emoticón al chat.

IDEAL PARA: Ir a la raíz del cine sobre realidad virtual, con una peli de empaque discreto pero cumplidor.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].

domingo, 9 de enero de 2011

"Tron: El legado" (2010).


-- "TRON: Legacy". Estados Unidos. Año 2010.
-- Dirección: Joseph Kosinski.
-- Actuación: Jeff Bridges, Garrett Hedlund, Olivia Wilde, Bruce Boxleitner, James Frain, Beau Garrett, Michael Sheen, Anis Cheurfa, Serinda Swan, Yaya DaCosta, Elizabeth Mathis, Kis Yurij, Conrad Coates, Daft Punk, Ron Selmour.
-- Guión: Edward Kitsis y Adam Horowitz, basados en una historia de los dos primeros y de Brian Klugman y Lee Sternthal, sobre los personajes creados por Steven Lisberger y Bonnie MacBird.
-- Banda Sonora: Daft Punk.

-- "Tron: El legado" en IMDb.
-- "Tron: El legado" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Año 1989. Un papi le cuenta una historia acerca del maravilloso y fantástico mundo de Oz... er... perdón, de Tron, que no está emplazado en algún país de nunca jamás ni está poblado por brujos ni elfos, sino que está en el corazón de algún computador y está poblado por programas y subrutinas. Y cuando el papi está a punto de contarle el secreto chachi a su hijo... ¡sorpresa! ...desaparece, y ya tenemos tensión dramática liada (¿cuál es el secreto, dónde está papi, quién se comió mi queso...?). Veinte años después, en una reunión de una chupi megacorporación que, por cierto, está presidida por un tipejo desagradable y tiene al hijo del villano de la anterior peli en el directorio (dato frik que nadie pescó... ni yo, si no me documentara), sucede una desagrable sorpresa. Porque un crío irrumpe en la central de la chupimpresa y se las arregla para distribuir el código del último ultimísimo sistema operativo por todo Internet. ¿Vándalos de Internet, piratas, enemigos de Angeles González-Sinde, tecnoanarquistas...? Sí, pero también... ¡el hijo del tipo desaparecido veinte años antes y dueño de la empresa! Con bromitas como ésa, vamos a ver cómo diablos se las arregla ENCOM para seguir financieramente en pie y ser la más sólida de las sólidas. En fin, una vez que ha quedado establecido que el jovencito es partidario del free software y desprecia su propio dinero (¿cómo no quererlo así, ah? ¿AH?), un antiguo amiguete que es una especie de pater putativo (el mejor amigo del prota de la entrega anterior, por más señas) va y le dice que ha recibido un mensaje, y por lo tanto es hora de ir movilizando el guión. El chico va entonces y se mete en la antigua galería arcade de papi. En donde todavía tienen la antiquísima máquina TRON. De pronto, por un poco de esto y un poco de aquello, el jovencito va y se mete en la trastienda de la tienda, y descubre un computador tan viejo, que ni para Windows 3.11 le da, imagínenselo, metiendo comandos a puro DOS. Y por meter datos un poco a la bruta nuestro jovencito, que se sentía tan seguro, de pronto se ve desmaterializado y se encuentra en la misma galería arcade, pero de noche, con imaginaría DarkKnight' style... Y aparece una máquina vigilante como las del videojuego. Al chico entonces le cae la chaucha de que... ¡UPS! ...ha pasado al otro lado del espejo, y ahora se encuentra en el universo virtual. Y la pesadilla de su padre acaba de empezar otra vez, como que se titula "legado" la cosa ésta...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

En 1982, la rompió "TRON", una peli que... er... buenoooooo... "rompió" quizás es exagerado. Rompedora desde el punto de vista visual y todo, sí. La peli que inventó la realidad virtual antes de que la realidad virtual se consagrara en la novela "Neuromante" de William Gibson. Pero que por demasiado adelantada a su tiempo, se llevó un batacazo padre. Pero luego, andando el tiempo, un poco de lo de siempre, que la peli es de culto, que se vende bien en DVD, que el mundo ahora está preparado para el frikismo TO THE EXTREME!!!! HELL YEAH!!!! (¿notan los cuatro signos de exclamación alineados al final de cada oración? YOU GOT IT!!!!). De manera que, ni cortos ni perezosos, o más bien un poco cortos y un poco perezosos, que no en balde pasaron 28 años y entremedio se cayó el Berliner Mauer, los estudios Disney se dedicaron a la tarea de desempolvar su antiguo éxito y traerlo al siglo XXI. Después de todo, los Wachowski se habían forrado lo suyo con "Matrix", peli que se robaba más de algún concepto de "TRON". Y cuando se supo que venía la secuela, bueno... deberían ustedes haber visto la mirada de perplejidad de vuestro seguro servidor el General Gato quien esto escribe. ¿¿¿UNA SECUELA DE "TRON"??? Pero... ¿Qué demonios pretenden contar? Porque el elenco original ya no está para esos trotes, que 20 años no son nada pero 28 sí, y en el intertanto lo que era novedoso en TRON (realidad virtual, imaginería que te c****) ya no lo es, etcétera. Que la peli original está más que bien, vamos, pero agua ha pasado bajo el puente. Y después dijeron que la cosa venía en 3-D, lo que traducido al buen romance significa que la cosa va a ser un churrete de efectos, y van a abaratar costos recortando por cosillas insignificantes tales como el guión, conceptos atrevidos, elenco solvente... Bastet mía... Pero como el dinero manda, siguieron adelante. Y se salieron con la suya. O algo así. Porque "Tron: El legado" ha tenido éxito, con 170 millones de costo se había cobrado 245 a un mes de su estreno... lo que se llama y huele a rotundo fracaso en los estándares de Hollywood, que si la cosa recauda menos de 400 ya puede ir la LAPD buscando cadáveres de ejecutivos suicidas por ahí.

¿POR QUÉ VERLA?

-- ¿Cómo te las arreglas para hacer una secuela de una peli sobre un tema "de avanzada", 28 años después cuando la avanzada ya no es tan avanzada? Fácil. Haces más de lo mismo, un poco upgradeado, y te amparas en que el grueso del público no ha visto la "TRON" original para que no se hagan demasiadas expectativas y salgan contentos con poco del cine. Dicho así, podría suponerse que "Tron: El legado" es una peli mediocre-tirando-a-mala. Y vieras que no. Porque consigue la cuadratura del círculo de sostenerse por sí sola sin necesidad de haber visto la "TRON" original, y además de ser una digna secuela que logra pararse al nivel de la anterior (aunque sus méritos haya que buscarlos en otra parte, todo sea dicho). Aunque una advertencia es preciso aquí: esta peli no es tan interesante por su historia como por el riquísimo sustrato detrás de la misma. El guión, de hecho, es un tanto decepcionante, y no pasa de ser la clásica aventura good-vs-evil de toda la vida, con las consabidas y predecibles vueltas de tuerca impredecibles, empujones a la trama dados por algún personaje que sabe más que el resto de los personajes, y el viejo esquema del tirano opresor y el grupito de libertadores listo a luchar por la libertad, que nunca falla a la hora de rodar una peli (por cierto, el famoso TRON que le da nombre a la peli, aparece casi para decir hola, o poco menos, o como dijo más bastamente el tipo que estaba sentado en la butaca delantera a la mía cuando acabó el chollo: "encima que ni aparece y cuando aparece vale callampa"). Pero al menos los guionistas tratan de tomarse el trabajo en serio y no se lo agarran a cachondeo mortal (algo que lastimó seriamente a "Gremlins 2" hasta el punto que impidió otra secuela, por poner un ejemplo... er... posmo'erno). Hay algunas referencias, cuando no plagios directos, a otras pelis (desde soluciones narrativas extensamente robadas de "Matrix recargado" y "Mátrix: Revolutions" en un curioso efecto de retroalimentación considerando lo que Matrix robó de "TRON", escenarios kubrickianos tomados de "2001: Odisea del espacio" y "La naranja mecánica", ideas y conceptos reminiscentes de "La guerra de las galaxias" así como la "TRON" original también lo era por una cuestión de época, incluso un diálogo robado a ¡"Casablanca"!), pero no tratan de pasarse refregándolo por la cara, sino que lo insertan armónicamente dentro de la historia, y en verdad no se nota la gran cosa. La tan cacareada banda sonora de Daft Punk acompaña bien, aunque tampoco es tan superlativa como la han puesto por las alturas (a ratos es una gozada, pero no alcanza el nivel de frikismo atonal hardCasio del soundtrack de Wendy Carlos para la "TRON" original), y las actuaciones están más que bien, robándose la peli Jeff Bridges en un brillante doble rol. Y por supuesto, toda la puesta en escena, un upgrade 2010 de los conceptos narrativos visuales de la "TRON" original, o cómo hacer los escenarios de la "TRON" original inyectándoles hormonas de crecimiento como a los pollos. Hasta ahí, la cosa podría pasar como una peli de aventuras más, un clon de "Matrix" de una década después. Y sin embargo...

-- Acá empieza lo bueno. En primer lugar, "Tron: El legado" puede ser visto como un enorme comentario acerca de cómo el mundo ha evolucionado en los 28 años desde la entrega original. Hagamos memoria. En el año 1982, la informática estaba aún en pañales, y la idea de un universo virtual que pudiera ser percibido directamente por los sentidos en una realidad aumentada por el usuario, en vez de ser simplemente ofrecida a través de la interfaz de un ordenador, era algo que sonaba a abracadabra horus-pocus. Pero desde ese entonces, la virtualidad ha ido ganando terreno progresivamente. Un ejemplo: hace diez años atrás, este blog Cine 9009 hubiera sido una webpage arduamente programada en código HTML, alojada en un servidor de mala muerte (existía Yahoo! Geocities, pero estaba terriblemente saturado), y casi sin retroalimentación con sus usuarios porque los correos electrónicos era mucho si te ofrecían 5 Mb (ojo, no escribí GIGABYTES sino MEGABYTES) de alojamiento. En esas condiciones, la virtualidad era todavía algo extraño, externo al usuario. Ahora en la actualidad, con la apabullante cantidad de blogs, yutubes, redes sociales, etcétera, que existen en Internet, en cierta medida todos somos cyborgs, ya que parte de nuestra vida, incluso parte de las funciones de nuestro sistema nervioso central están online. En este escenario, y salvando ciertos problemillas físicos pasables en una peli de los '80s (el tema de la desmaterialización, por ejemplo, que debido a la dichosa E=mc2 debería generar una explosión nuclear que barriera a media América... incluyendo el hardware-server en que se aloja la información digitalizada), lo que se ve en "Tron: El legado" no es el futuro sino el presente: el usuario ya está inmerso en la virtualidad quiéraslo o no. De hecho, parte importante de la trama gira en torno a una premisa bastante tecnofóbica, pero no por ello menos real: la invasión de lo real por lo virtual. El plan del villano en ese sentido es bastante descabellado, pero eso no quita su carácter metafórico: la amenaza última es que toda nuestra realidad desaparezca y se convierta en algo virtual, en una especie de... (¿será coincidencia con TRON?) Tlön (o mejor dicho, siguiendo el razonamiento borgiano, en el "Orbis Tertius"). En última instancia, "Tron: El legado" se trata acerca de un mundo en el cual tu perfil de Facebook pasa a ser más real que tú mismo (porque más gente te conoce a través de Facebook que face-to-face) y tu cuenta de Twitter tiene más autoridad para hablar por ti que tu propia boca (porque más y más dispersa gente te lee por Twitter que escuchándote en torno a un café). La peli no quiere casarse con la crítica ni con la aceptación frente a esto, y lo constata como un hecho... salvo por el final. (((¡¡¡SPOILER DEL FINAL, LEÑE, SI NO QUIERES SABER CÓMO TERMINA, SÁLTATE AL SIGUIENTE PÁRRAFO!!!))) Porque después de haber visto máquinas chupis, motos que dejan luces como el caracol una estela de baba (pero a hiperspeed), aviones, y un escenario tan molón como el de Matrix, resulta que lo más maravilloso de la vida es contemplar un p*** amanecer. ¡Y en dos-dí! Ya saben a dónde los voy a enviar a tomar por... (((FIN DEL SPOILER, OF COURSE))).

-- Una nota que estaba más que bien en la "TRON" original, y que por suerte mantienen acá, es la perspectiva filosófico-religiosa. Mientras que al final todo ese baturrillo dizquentelectualoide de "Matrix" al final era puro bluff (¡si el condenado Arquitecto de "Matrix recargado" al final no decía nada!), en "TRON" teníamos un discurso filosófico y religioso coherente. Otra cosa es que te guste, claro, pero de que es coherente, lo es. "Tron: El legado" tiene la gracia de que tiene su propio discurso filosófico y religioso, y además de eso, prosigue de manera un tanto venenosa el discurso de la "TRON" original. Repasemos. Resulta que en "TRON", los programas estaban encerrados en un mundo que consideraban real (pero que, muy a lo caverna de Platón, no lo era porque era virtual, las sombras de los electrones, etcétera), pero esperaban a esa mítica figura más allá del país de Aslan que es el usuario. Acá, el usuario se ha manifestado plenamente y los bichos dentro de la máquina saben que su realidad es sólo una realidad, y no demasiado real que digamos. El Creador se ha manifestado dentro del mundo, y empieza a manejarlo a su antojo para hacerlo perfecto. ¿Y qué sucede? Pues que crea un programa llamado Clu (sigla de "Codified Likeness Utility" o "Utilidad de Agrado Codificado", pero que también puede leerse como "clue" o "pista" en inglés), cuyo trabajo es precisamente ése, buscar la perfección. Y pasa lo que cualquiera que haya leído sobre utopías y totalitarismos y HAL-9000 sabe: que Clu se pasa de la raya y en la persecusión maniática del objetivo para el cual fue creado, decide que todo lo imperfecto debe ser aniquilado y destruido. El resultado final es la paralización social y la esterilidad, y peor aún, el afán de conquistarlo todo porque, bueno, si no conquistas TODO entonces no podrás controlarlo para hacerlo perfecto. Lo que aprende el Creador muy a su pesar es que él no es Dios y que la omnipotencia es un negocio difícil, y que a veces debes ser pacífico y tolerante. En toda doctrina creacionista hay un matiz de fascismo inherente a ella porque la idea es que todo ha sido creado para la perfección de sus fines (como se burlaba Voltaire en "Cándido", que la nariz había sido creada para sostener los lentes). De ahí a la quema de cátaros o la destrucción de programas y formas de vida informáticas novedosas hay sólo un paso. La peli resulta así una gigantesca tragedia griega, en que los protas no pueden ganar porque no existe el bien ideal, al revés de muchas pelis de Hollywood en donde al final se restablece el status quo y todos felices porque eso es la perfección. Y peor aún, resulta un comentario bastante pesado sobre la premisa de "TRON", que era una peli absolutamente mesiánica de principio a fin (TRON es el mesías y el usuario es el dios que creó al mesías... ya me entienden el punto), y que al final terminaba con todo establecido como tenía que estar... sólo para que volvamos al punto de partida otra vez. O de como "Tron: El legado" opera como una profunda desmitificación del fenómeno religioso y del misticismo en general. Aunque no se crea tanto porque es una Disney a fin de cuentas: al final sí existe una salvación. Porque en definitiva, Clu resulta ser Satán (el programa más bello de todos que se rebela contra su Creador, además de que no puede crear, sólo modificar lo que ya existe...), pero es a la vez una parte del Creador... y todo puede resolverse con sacrificio, por supuesto, si a fin de cuentas en Disney piensan en cristiano. Y si a eso le sumamos el final de estampita evangélica, tenemos una peli que se la juega por conceptos filosóficos llevados al extremo, pero tampoco tan al extremo que la gente salga atea del cine, supongo que nos entendemos, ¿no?

-- Por una vez en la vida, el subtítulo de la peli ("legado") no es (sólo) una frase molona para venderla, sino que de verdad dice algo sobre un punto importante de la peli. El concepto del legado es muy fuerte acá: no es sólo que el prota deba aprender algunas cosas para madurar, hacerse hombre, acostarse con la chica, etcétera, sino que además debe aprender a evitar los errores de su padre y a reconciliarse con el pasado. Su padre cometió errores, pero está ahí para enmendarlos, y su hijo debe darle la oportunidad de corregirse para rechazar lo malo y aceptar lo bueno que viene con ese legado. De esta manera, la peli evita el esquema simplista y maniqueo de "¡soy rebelde, a quemar el pasado!" o el otro de "al final mi viejo tiene razón en todo y yo estaba equivocado de principio a fin" (el síndrome "Top Gun"). No es la peli que mejor lo ha tratado (no alcanza el nivel de "El Imperio contraataca", por ejemplo, que también va a lo mismo), pero sí que lo hace de manera digna y eso se agradece.

-- Otra cosa que se agradece, tratándose de lo que en principio es un blockbuster comercial, son las implicancias psicológicas de la trama, más densas que lo habitual en un thriller descerebrado al uso. El prota (bueno, el chico, porque mediando la trama el padre se lo come vivo, y es que Jeff Bridges es mucho Jeff Bridges) vive con el trauma de que su padre lo ha abandonado y por eso se cría joven, rebelde, está en contra del software protegido, etcétera. Cuando llega hasta el mundo informático de TRON, descubre que su padre está vivo. Pero antes que eso debe enfrentarse al villano... que en cierta medida también es su padre, o la faceta oscura de su padre: su empecinamiento en buscar la perfección, su frialdad, sus delirios mesiánicos. En buena medida puede afirmarse, y de hecho la peli lo remarca, que el villano y el padre del prota son en realidad dos facetas de la misma persona: uno se ha quedado con los defectos y el egoísmo que lo han llevado a abandonar a su hijo en primer lugar (inconscientemente, sí, pero aún así), y el otro a través del sufrimiento de la separación y el exilio se ha purificado de esas taras y ha evolucionado hasta un nivel superior. Que ambos personajes (Clu por un lado, el padre por el otro) sean en realidad dos caras de la misma moneda, hace mucho más compleja para el prota la labor de ajustar cuentas con ambos: no se trata de librar una guerra contra un enemigo externo, sino contra las raíces de lo que es la propia personalidad del héroe, lo que lo ha convertido en héroe en primer lugar. La batalla del prota por borrar a Clu adquiere entonces también una connotación psicológica: la de cerrar una brecha en su propia historia personal, la de adquirir control sobre su propio destino por encima de las taras subconscientes que arrastra desde la infancia. También para el padre, luchar contra Clu para defender a su hijo implica recuperar el tiempo perdido provocado por la brecha que él mismo creó, y parte importante de la tragedia es que destruir a Clu significa también en buena medida destruirse a sí mismo: o de cómo expiar los pecados hacia el hijo con un sacrificio personal. Nuevamente, no es algo que el cine blockbuster no haya tratado antes, ni deja de ser vertido en una trama a ratos algo banal, pero siempre se agradece que si me van a vestir la misma historia de siempre con ropa nueva-pero-igual, que esas ropas a lo menos estén bien cosidas y hechas de buena tela.

IDEAL PARA: Ver una muy digna secuela de la peli original, con más ideas de lo que en primer minuto podría parecer.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, subtítulos en español].

jueves, 15 de noviembre de 2007

"TRON" (1982).


-- "TRON". Estados Unidos / Taiwan. Año 1982.
-- Dirección: Steven Lisberger.
-- Actuación: Jeff Bridges, Bruce Boxleitner, David Warner, Cindy Morgan, Barnard Hughes, Dan Shor, Peter Jurasik, Tony Stephano.
-- Guión: Steven Lisberger y Bonnie MacBird.
-- Banda Sonora: Wendy Carlos.

-- "TRON" en IMDb.
-- "TRON" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Otro de los agentes de Flynn sigue tratando de internarse por el interior de una red de computadoras. El agente lo intenta y lo intenta, pero al final es detenido. ¡Demonios! Pero el Programa de Control Maestro, la supercomputadora encargada de mantener la seguridad, empieza a ponerse quisqui quisqui, porque cada vez le es más difícil trancar los ataques. Y le envía a su contacto del mundo real, un tal Dillinger, la instrucción de que deben reparar las brechas de seguridad, y para eso van a cortar ciertos accesos al sistema. Con eso dos amiguetes de Flynn, que están trabajando en un láser digitalizacosas, quedan sin entrada. Como los amiguetes son más listos que el hambre, corren a avisarle a Flynn de que algo huele chamuscado en la circuitrería. Porque amiguetes como esos son amiguetes. Aunque ella sea la algo-así-como-novia de Flynn, y el otro tipo sea el ex de la novia de Flynn, y por lo tanto haya su correspondiente cuota de celos y "yo la vi primero" y "pero yo la estoy viendo ahora", y cosas así. El caso es que Flynn revela entonces que sus intentos por quebrar la seguridad del Programa de Control Maestro se basan en que Dillinger le ha robado programas y se ha hecho pulpimillonario con ellos, y dentro del sistema busca las pruebas que le permitan reivindicarse, encontrar su lugar, forrarse de dólares como buen yanketa de pro, etcétera. Los tres deciden entonces realizar una incursión contra la empresa para que trabajan (¿qué te han dicho sobre morder la mano que te alimenta?). Pero el Programa de Control Maestro tiene un arma oculta bajo la manga. Porque el desgraciado apunta el digitalizacosas contra Flynn, y de esa manera lo interna dentro de su propio mundo, para que juegue partidas de gladiadores hasta que se lo carguen. Ahora, la única esperanza de Flynn para sobrevivir y detener al Programa de Control Maestro, es TRON, un sistema de seguridad que puede restaurar el status quo y torcer los siniestros designios de una computadora desbocada y fuera de lugar, que no sabe que los humanos llegamos para quedarnos, carajo, y ustedes a calcular inputs y outputs en mi balance anual para el impuesto a la renta, infiernos.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

En los '70s, las supercomputadoras eran armatostes llenos de circuitos y perillas, que debían alimentarse con, ejem... Sí, sé que para mis lectores más cachorros parecerá algo del cretácico... Se alimentaban con tarjetas perforadas: los agujeros dejaban pasar la luz en cierta secuencia, y eso representaba el uno y el cero binarios. Pero en los '80s vino la revolución, cuando Bill Gat... perdón, Apple, empezó a trabajar en ese boche de las PCs. Al mismo tiempo, los japoneses inventaron el arma definitiva para emprender la conquista del mundo occidental, ¡¡¡MUAHAHAHAHÁ...!!! ¡¡¡MUERE, MUNUDO OCCIDENUTALO!!! Inventaron las máquinas arcades, que eran grito y plata porque costaban una ficha y funcionaban de inmediato, y si te aburrían a otra arcade y listo, no como con los Atari, que debías cargar un juego de una resolución cutre, por 3-10 minutos, con un maldito casette analógico, sólo para que al final te mandara un lindo mensaje de error (sí, yo jugué "Arkanoid" en Atari, y me acuerdo, ¿OK?). El director Steve Lisberger, cuando vio todos estos nuevos cachivaches, se le encendió la idea de ¿qué pasaría si un humano de toda la vida estuviera prisionero en la lógica de un ordenador? Pero nadie se atrevió a financiar una idea tan rara. Lo que estaba de moda en aquellos años era "La Guerra de las Galaxias", y todos los estudios querían forrarse con su propia saga galáctica, y todo eso de los arcades y cosas así, pues, como que no... Finalmente, haciendo corto el cuento, los Estudios Disney se interesaron, quizás por el valor aventúrico de la historia, y lo financiaron. Para realizarla hubo varios dispendios. Los diseños estuvieron a cargo de Moebius himself, los efectos especiales fueron lo más chupi de su tiempo, etcétera. ¿Resultados? No la entendió nadie. El público le dio vuelta la espalda, quizás porque el concepto era demasiado innovador para la época (ya dijimos, en ese tiempo todos querían un refrito de las seriales dominicales cuarenteras, como "La Guerra de las Galaxias" o "Los cazadores del Arca perdida", no algo "veinte minutos en el futuro"). Pasó por la humillación suprema, para la época, de que el videojuego ganara más dinero que la peli. La Academia se negó a darle un Premio Oscar por sus estupendos efectos especiales, porque opinaron que habían hecho trampa, sí señor, al usar computadoras, en vez de las clásicas maquetas de toda la vida. Los Estudios Disney, que habían planeado una secuela, se echaron pronto hacia atrás. Y así, "TRON" ganó un estatus de película maldita. Tanto, que hasta en Los Simpsons se cachondearon de ella: "¿Alguien ha visto Tron?", "No", "No", "No", "No", "No", "Sí... ¡¡¡DIGO... NO!!!" (en el episodio en que Homero Simpson viaja a la terrorífica Tercera Dimensión).

¿POR QUÉ VERLA?

-- Partamos por su valor arqueológico. TRON, del mismo año que "Blade Runner", es junto con ésta la primera película netamente cyberpunk de la Historia; es con "TRON" que aparece derechamente el concepto más caro al cyberpunk, cual es el tema de la realidad virtual, con toda su cohorte de habitantes: cabletas pegados a la red (digitalizado en este caso), hackers, IAs (Inteligencias Artificiales), virus, el malvado superordenador que se va a comer el mundo cibernético... Como pueden ver, William Gibson y su novela "Neuromante" (1984) no inventaron nada en este terreno (en otros sí, pero no en éste). Pero "TRON" es no sólo la primera que plantea todos estos temas con fluidez y de manera redonda, sino que en cierta medida, incluso hasta agotó el tema. La idea de los personajes "del mundo real" enchufados a un ambiente virtual y luchando contra un megaprograma corporativo es algo que después será palmariamente plagiado por "Matrix", pero "TRON" lo hace mejor, porque recurre a la ecuación inversa: "Matrix" es una peli con pretensiones de filosofía que en definitiva termina siendo una simple historia de aventuras de toda la vida, mientras que "TRON" es en apariencia una clásica historia de aventuras que entre líneas deviene justamente en peli filosófica. ¡Incluso hasta aparece en "TRON" la idea de un "mesías de la matriz"...!

-- El contenido mesiánico. Quizás enfatizado por un guión a-la-Disney (y es que son tan pechoños, estos neocon...), lo cierto es que Flynn es una especie de borrador del Neo de "Matrix". Veamos: es un hacker, diseña programas para combatir a un programa mayor, es secuestrado en el interior de una red, aparece dentro del ciberespacio como una suerte de mesías que redimirá a los programas cautivos, como "usuario" tiene poderes especiales que los programas en el interior de la matriz no poseen, lucha exitosamente contra el programa que controla todo ese mundo interior, restaura el equilibrio de todas las cosas dejando a un sosías a cargo (TRON), y... ¡¡¡regresa al "mundo real" literalmente ascendiendo hacia los cielos!!! Ya lo ven: antes que Neo, Flynn fue el Cristo Cibernético que redimirá nuestros pecados. ¡¡¡Y esta peli es de 1982!!!

-- La combinación de imaginería visual y efectos especiales es, no digamos particular, sino única. Frente a la estética tech-noir, pero en definitiva retro, de pelis como "Blade Runner", "TRON" plantea una estética limpia, muy de inicios '80s, muy basada en los videojuegos de la época, pero llevada a un grado superlativo. Todo esto se apoya con efectos especiales que incluso hoy en día no destiñen para nada. Y conste que se usaron técnicas de lo más artesanales, para los estándares de lo que después se entenderá por "animación a punta de compu". En la época, los programas de computación sólo permitían el trabajo con imágenes fijas, de manera que las secuencias realmente de animación por computadora (son muchas menos de lo que parecen, apenas unos cuantos minutos) fueron literalmente diseñadas cuadro a cuadro. El aspecto robótico de los personajes dentro del universo de realidad virtual fue hecho con una técnica de toda la vida, cual es filmar en B/N y sobreimprimir por rotoscopía algunos colores por aquí y por allá. El resultado es simplemente soberbio. Salvando el hecho de ciertos detalles inconscientemente reminiscentes de "La guerra de las galaxias" (los infaltables paneles luminosos en la sala de mandos de la nave espacial), lo cierto es que hasta el día de hoy, la estética de "TRON" es una de las más distintivas dentro del cine de ciencia ficción, y no creo haya algún ilustrador de portadas de novelas cyberpunk de los '80s e incluso tempranos '90s que, de alguna manera u otra, no haya sido influido por las visiones plantedas en esta peli.

-- Los actores están más que bien. Jeff Bridges hace el macarra con estilo como de costumbre, y compone un gran Flynn. Bruce Boxleitner tiene una participación bastante deslavada como el amiguete "te robaste a mi chica", pero en su papel paralelo (él también interpreta a TRON) está magnífico. David Warner, ilustre carroñero dentro de la serie B (llegó hasta a actuar en "Naked Souls" con Pamela Anderson, ¿OK?), alcanza aquí el pináculo de su carrera, en su doble (¿triple, deberíamos decir?) papel de Ed Dillinger, de Sark (el programa que busca destruir a TRON y a Flynn), y dándole voz al Programa de Control Maestro. Y Cindy Morgan, qué decir de ella... Bueno, su papel no tiene gran prestancia; como muchas chicas de la época, está para hacer bulto y de distracción visual, pero dentro de esos parámetros, funciona de lo más estupendo (y es que el traje ceñido de Yori le queda con mucha lujuria).

-- Un punto importante de la historia. A diferencia de las pelis de hoy día, en las cuales los villanos son terriblemente estúpidos, o bien más GUARRRRRR que al mazo dando, el Programa de Control Maestro es malo de malvado. Además de extorsionar a su propio creador, no tiene inconveniente en barrer programas a discreción como parte de sus planes. Y los programas en esta peli sienten y sufren... Y créanme, mueren. Y se suponía que era una Disney, y el target objetivo eran los preadolescentes entusiasmados con la moda de los videojuegos. Sí, el malo maloso es para odiarlo con ganas. Ya no las hacen así...

-- La banda sonora es estupenda. A contrapelo de la tendencia que John Williams imponía por la época, de regresar el cine de SciFi a las composiciones orquestadas ("Superman", "La guerra de las galaxias"...), en "TRON" contamos con los servicios de Wendy Carlos, ilustre compositor de soundtracks electrónicos que ya había hecho lo suyo para los soundtracks de "La naranja mecánica" y "El resplandor" de Stanley Kubrick. Y compone una gran banda sonora, muy en consonancia con lo que se supone es un mundo completamente electrónico.

-- Detallitos simpáticos. El bit que anda dando vueltas por ahí, cual ángel de la guarda cibernético. El procedimiento de digitalización. El velero solar. Los distintos juegos de gladiadores. Creatividad pura, en fin.

IDEAL PARA: Ver la madre de las pelis de programas de computación rebelándose contra sus creadores, de inteligencias artificiales y de realidad virtual.

martes, 19 de septiembre de 2006

"Acoso sexual" (1994).


-- "Disclosure" (título original), "Acoso" (título en España). Estados Unidos. Año 1994.
-- Dirección: Barry Levinson.
-- Actuación: Michael Douglas, Demi Moore, Donald Sutherland, Caroline Goodall, Roma Maffia, Dylan Baker, Stephanie Forsythe, Dennis Miller, Suzie Plakson, Nicholas Sandler, Jacqueline Kim.
-- Guión: Paul Attanasio, basado en la novela de Michael Crichton.
-- Banda Sonora: Ennio Morricone.

-- "Acoso sexual" en IMDb.
-- "Acoso sexual" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Seattle, a finales del Siglo de los Depredadores Económicos. Dos importantísimas empresas de computación se preparan para una megafusión corporativa. En medio de las cuchilladas traperas producto de la próxima reestructuración, queda un cupo libre en los sillones más mullidos del mundo superior de la empresa. Tom Sanders se relame pensando en las maravillas onánicas que podrá hacer subiendo hasta allá, pero sobreviene una mala noticia: sus jefes han designado para el puesto a Meredith Johnson, una perra hipersexuada que se viste mal, y que para colmo tuvo en el pasado con el prota (ahora casado) una relación que parece hecha para una página extensión ".ru". Celebran una reunión de noche, y el tarado va sin sospechar nada, como inocente ovejita (labor en la que Michael Douglas no es el tipo más creíble del universo, digámoslo ya). La chica se le tira encima y trata de ponerse a lamer el helado, y el otro, en vez de cubrirla virilmente, sufre un arranque de beatería y sale corriendo por pies de ahí. Al día siguiente descubre una desagradable sorpresa: ella lo ha denunciado por acoso sexual. El infierno acaba de comenzar, porque cada nuevo orgasmo que Tommy sufra con los reveses del asunto lo pondrá en la pista de una verdad aún mayor, y que en definitiva, nada tiene que ver con el sexo, sino como dicen algunos personajes, con el poder.. (¡chachachacháaaaan...!).

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

A comienzos de los '90s, terminada la tétrica Era Reagan, el cine sufrió un proceso de liberalización sexual sin precedentes. Lo de "liberalización" es relativo, por supuesto, porque esas películas tenían sexo libre a destajo, pero también un marcadísimo mensaje conservador. Pensamos en, por supuesto, "Bajos instintos", "El cuerpo del delito", "Boxing Helena", "Una propuesta indecente", etcétera. "Acoso sexual" alcanzó a sumarse al carro cuando esta explosión empezaba a agonizar. Estaba planificado como un éxito desde el comienzo. No en balde estaba basada en una novela de Michael Crichton, superventas tras las novelas hechas como preludio para filmes como "Jurassic Park" y "Sol naciente", y que después iría bajando de perfil a medida que salieran otras basadas en sus novelas como "Congo", "Twister", "Esfera" y otras incluso peores. Pero algo pasó. No tuvo todo el éxito que debería. Quizás porque, aparte de una escena hot que para colmo funciona como coitus interruptus, la verdad es que no hay sexo. ¿Qué gracia tiene ver una película llamada "Acoso sexual", si no se ve sexo...?

¿POR QUÉ VERLA?

-- Es un retrato, no demasiado fidedigno, pero retrato al fin, de cómo eran las cosas en el mercado de las computadoras a finales de os '90s, cuando esas cosaas eran todavía esotéricas e Internet estaba recién tomándose por asalto al mundo. El escenario de realidad virtual que aparece era toda una novedad para la época, todavía babeando con "El hombre del jardín", aunque suena delicadamente obsoleto hoy en día. Si hicieran un remake de la película, el escenario ciberespacial en que se mueve Sanders, un correctísimo edificio neoclásico, sería reemplazado por un mundo salvaje y primitivo con espadas y brujerías al estilo de Warcraft, seguramente.

-- Es una película hecha con el "sello" de Barry Levinson. Es decir, tiene un buen pulso narrativo, lleva de una escena a otra sin pausas, crea interés en la historia, pero en definitiva, todo se ve plástico y artificial, sin un toque de verdadera inspiración. No olvidemos que Levinson ha dirigido, entre otras, las cintas "El joven Sherlock Holmes", "Good morning, Vietnam", "Rain Man", "Esfera", y (cosa rara) esa joyita que fue "Escándalo en la Casa Blanca". Es esa especie de artesanía genial, esa suerte de trabajo del idiota de la aldea que por puro milagro hace bonitas chucherías para el público de turistas, lo que permite seguir una historia que, en definitiva, tiene pocas patas y aún menos cabeza; la vendieron como una película sobre sexo, y al final, la intriga no tiene nada que ver con eso, girando por completo hasta el punto que la trama del juicio por acoso termina cuando recién llevamos dos tercios de filme (es lo que pasa cuando pones a un judío dirigir una con sexo, podrían haber contratado mejor a Mel Brooks, y así al menos nos hubiéramos reído).

-- El elenco es discreto. Michael Douglas repite plato como el chico vampirizado de "Bajos instintos", Demi Moore hace un papel dotado de cierto morbo andrógino (la perra tiene un cuerpo muy penetrable, pero es agresiva y peleona como un camionero cualquiera, pero con clase). Donald Sutherland hace más o menos su rol de siempre, y eso siempre es de agradecer. Quizás ésta sea una de esas películas en donde la magia invisible proviene no de los protagonistas, tiesos a veces hasta más no poder, sino de los secundarios: Caroline Goodall como la sexualmente reprimida esposa, Roma Maffia como abogada "Hard Copy" style, y Jacqueline Kim en un pequeño, pero caristmático rol como secretaria del prota (esta actriz, como dato de trivia, hizo una brevísima aparición ese mismo año en "Viaje a las Estrellas: La nueva generación", nada menos que como la hija de Sulu).

IDEAL PARA: Ver una película con gancho sexual, que en definitiva tiene muy poco sexo, y de computadoras ultramodernas que hoy en día ya no son muy modernas, que digamos.

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