11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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domingo, 6 de enero de 2013

"Lolita" (1962).


-- "Lolita". Estados Unidos. Año 1962.
-- Dirección: Stanley Kubrick.
-- Actuación: James Mason, Shelley Winters, Sue Lyon, Peter Sellers, Gary Cockrell, Jerry Stovin, Diana Decker, Lois Maxwell, Cec Linder, Bill Greene, Shirley Douglas, Marianne Stone, Marion Mathie, James Dyrenforth, Maxine Holden, John Harrison.
-- Guión: Vladimir Nabokov, con aportes sin acreditar de Stanley Kubrick, sobre la novela del primero.
-- Banda Sonora: Nelson Riddle.

-- "Lolita" en IMDb.
-- "Lolita" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Un tipo va manejando por la carretera. Luce desesperado. Porque estamos en una peli dramática. Kubrick's realms. Entra a una casa. Busca a alguien. Lo encuentra. Tienen un diálogo supuestamente informativo, pero que adelanta más bien poco. Finalmente, el tipo que anda buscando al otro tipo termina por enojarse y dispara una pistola. Se supone que el otro tipo muere. Salto cronológico a... El pasado. El prota sobre el cual ahora estamos muy alerta porque sabemos que va a disparar un arma (eso se llama chantaje barato del guión), llega inofensivo como una cucaracha, una cucaracha bien vestida eso sí, a la casa de una pedorra regordeta y simplona y desaliñada de suburbio de mala muerte. El tipo anda buscando arriendo y la pedorra regordeta simplona desaliñada, al verlo tan bien vestido y trajeado, y además que parezque es intelectual el hombre, pues como que anda con ganitas, y trata de encajarle el arriendo por donde sea. El tipo, que por algo es... ¡¡¡INTELECTUAL!!! ...se huele la trampa y trata de zafarse con amabilidad combinada con desesperación, hasta que llega al patio que la 'iñora trata de mostrarle... y ahí aparece. Ella. Sue Ly... er... Lolita. Curvilínea. Indiferente. Con lentecillos de sol. Y lo más importante: con un bikini de escándalo. El intelectual será muy intelectual y estará dedicado a la vida contemplativa y académica y todo eso, pero bueno, sabemos que por debajo de todo hombre dedicado a los quehaceres espirituales hay un ente biológico lovecraftiano ávido de echarle los tentáculos a cualquiera creatura con faldas (y algunos a los creaturos con faldos también, y a veces con exclusividad), de manera que... bueno... bien mirado... el precio del arriendo, ¿viene con cover? De manera que los tres comienzan a hacer un poco de, ya saben, vida familiar... Pero las cosas no siempre salen como el gran y megalómano genio intelectual supone, por su pertinaz tendencia a subestimar el poder de la simplonería humana: la mujer ésa comienza a apretarle la horquilla, y pronto nuestro intelectualoide se ve casado con la ama de casa, todo para estar más cerca de Lolita, y después la señora, que por debajo de lo cretina que es como que algo se huele, se las arregla para despachar lejos a Lolita. Ahora, nuestro héroe tendrá que recurrir a tretas cada vez más desesperadas para gozar de la... er... compañía... sí, eso es... la compañía de Lolita. ¿Lo logrará...? Bueno, ya alguna idea nos dieron cuando nos reventaron el final de la historia al comienzo mismo de ésta. Gracias, Vladimir Nabokov, por privarle al guión la mitad del interés que tenía.

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

Los '60s fueron la década de, entre otras cosas, la liberación sexual. Aunque la caldera venía bullendo de antes. No en balde, los '50s habían visto a Marilyn Monroe y Betty Page en una nueva diversión para degeneradillos llamada Playboy, que por supuesto, para que la gente no se sintiera avergonzada de comprarla (avergonzados de sí mismos, claro, que de los demás es otro cuento), venía también con cuentos eruditos y con sesudas entrevistas. En fin. En esa década en donde la gente tenía que ser toda respetable y se moría por ser turbia, un tal Vladimir Nabokov publicó una novela llamada "Lolita", que por su temática (profesor viejo se trajina a una doceañera) causó escándalo, en particular entre los adultos moralistas y responsables que jamás de los jamases fantasearían con trajinarse a una doceañera, y esas preocupadas y adustas madres que jamás de los jamases deplorarían haber pasado de largo los doce años sin que a esa edad se las trajinara un vejete. ¿Y qué se hace cuando una novela causa escándalo? Pues se la rueda, no faltaba más, que la publicidad es la publicidad, aunque sea mala publicidad. Vladimir Nabokov mismo escribió un guión, que después Stanley Kubrick se encargaría de hacer pedazos a punta de segundas y terceras y chorrocentésimas revisiones, se buscó el casting... parte divertida ésta porque querían a Errol Flynn pero tuvo el mal gusto de morirse (el hígado no perdona), Cary Grant dijo que NO porque le disgustó interpretar a un depredador sexual (tuvo tela que cediera en "Charada" al año siguiente, pero haciendo que su coestrella Audrey Hepburn fuera la depredadora y no él), a David Niven se le hizo porque hacía un programa de televisión y tenía miedo que los auspiciadores sacaran bruscamente el cinturón de castidad... Y James Mason, una de las primeras opciones, que había sido descartado por compromisos dramáticos, quedó disponible de nuevo, así es que ¡¡¡ARRIBA DEL BARCO SE HA DICHO!!! Para el papel de Lolita audicionaron como 800 preadolescentes candidatas a zorras, pero el trofeo se lo llevó Sue Lyon en parte debido a que a sus catorce años ya tenía tetas (recuérdese que en ese tiempo el pollo no estaba tan hormonado) y por lo tanto no ofrecía un aspecto tan de porno infantil que enojara a los censores (Sue Lyon por cierto después de comerse a James Mason trató de hacer lo propio con Richard Burton en "La noche de la iguana", para después ir a perderse en subproductos como "Tony Rome" y peor). Lo que salió fue una peli pasada por peróxido con respecto al material original, pero que aún así el público sintió que era un tanto porno (no porque se explicite, claro está, sino por la temática). Y es que ya sabemos que la gente habla mucho de libertad sexual, y que es mi cuerpo y tengo derecho a decidir, pero por alguna razón creen que las jóvenes después de los 12 todavía creen que la cigueña y la abejita sacaron a la guagüita del repollo al final del patio. En fin, la peli terminó transformándose en el primer verdadero clásico de Kubrick ("Espartaco" y las pelis anteriores cuentan menos porque eran de encargo, mientras que ésta la rodó de manera más o menos independiente). Además, fue su última peli ciento por ciento realista y contemporánea en un cuarto de siglo, hasta "Nacido para matar". ¿Habrá alguna conexión...?

¿POR QUÉ VERLA?

-- Con sus defectos y carencias, que los tiene, no se crea que no, ésta es probablemente la primera peli que tiene ese sello que podemos llamar kubrickiano. "Atraco perfecto" o "Espartaco" podrán ser muy buenas pelis, pero todavía hay como una cosa de rodar en términos de cine generalista, mientras que aquí empiezan a dibujarse de manera acusada las constantes temáticas que desarrollará Kubrick durante sus siguientes tres décadas y media de carrera hasta su muerte. Una parte importante del meollo en el cine de Kubrick es la acusada tensión entre un cuidado formal extremo que cae en lo artificioso por un parte, en agudo y marcado contraste con el volcán de pasiones sensuales que late por debajo. Diera la idea de que Stanley Kubrick, conocido por ser un director maniático y perfeccionista, a través de su cine buscara sublimar alguna clase de instinto pasional que considerara vergonzoso desatar, y lo hiciera a través de una puesta en escena depurada en extremo. En "Lolita" esto no es tan visible como en producciones posteriores por su temática más podríamos decir suburbana, mientras que en la ciencia ficción ("Doctor Insólito", "2001: Odisea del espacio", "La naranja mecánica"), la historia ("Barry Lyndon"), el terror ("El resplandor"), el cine bélico ("Nacido para matar") o eso que podría ser el "cine sobre élites" ("Ojos bien cerrados"), el hecho de que esa ambientación esté alejada de nosotros como espectadores hace que la divergencia se manifieste de manera más notoria. Pero eso no quiere decir que en "Lolita" no esté presente. La simple enunciación del argumento da una idea: el profesor Humbert Humbert por detrás de su fachada de decencia y respetabilidad, tiene esos sórdidos impulsos de querer masticarse a Lolita, impulsos que cuando les da rienda suelta, debe mantener celosamente escondidos del resto de la sociedad. Un tema sórdido, sin dudas. Volviendo a la puesta en escena, Kubrick rueda de manera purista y aséptica: a primera vista parece el estilo de esos dramas suburbanos del Hollywood clásico, hasta que descubrimos que Kubrick está explotando abiertamente esos mismos códigos de Hollywood para volverlos en su contra, para hacer una férrea denuncia de la hipocresía social (es demasiado clara la simpatía que Kubrick siente hacia el pobre diablo que es el profesor Humbert). La misma escena en que se nos presenta a Lolita ya es decidora de suyo, y no en balde la fotografía de Sue Lyon tendida sobre el pasto en bikini se ha transformado en uno de los grandes iconos gráficos de la sexualidad del siglo XX: Kubrick hace un marcado contraste entre las formas femeninas y núbiles de Sue Lyon con su bikini, y la estudiada frigidez y desinterés del personaje, sumado a la contención de James Mason tratando de no explotar dentro de sus pantalones, con el parloteo sinsentido de Shelley Winters no hundiendo el estudiado cuadro de devoción hacia la belleza femenina, sino poniéndolo más de relieve usando la vulgaridad del personaje como contrapunto a la belleza de Lyon y al éxtasis casi stendhaliano de Mason.

-- La peli es también un formidable estudio sobre el sometimiento y la manipulación: éste es en realidad el tema, más que el morbo calentorro de figurarse cómo Humbert se lo deja en Lolita. Humbert Humbert es un personaje acostumbrado a pasar la mirada por encima de todo el resto de la gente debido al respecto casi chamánico que suscita su condición de profesor universitario. Pero dentro suyo está ese prurito que lo lleva un poco a avergonzarse de sí mismo, y que encuentra salida en el juego de dominación y humillación que emprende hacia Lolita, por quien se llega a arrastrar hasta lo indecible a lo largo del metraje. Al mismo tiempo, Lolita vive sometida a su madre, ignorada y asfixiada a más no poder, y de pronto, al descubrir ella misma el poder de seducción, comienza un juego de gato y ratón con el profesor, a quien utiliza mientras puede, pero a quien irá poco a poco dejando a medida que descubra que la fuerza interior de la depravación de éste es demasiado para que ella pueda controlarla. Y el tercer vértice en el triángulo es por supuesto la madre, que bajo su apariencia de ser mujer de pocas luces, es una mujer manipuladora que sigue el recorrido completo desde lo culpógeno hasta los arranques histéricos para mantener a toda la gente a su alrededor dóciles y en las casillas que en el fondo ella ha decidido de antemano, utilizando todas las armas sicológicas posibles: el halago, el hacerse la tonta en momentos estratégicos, el negarse a escuchar, los ataques de histeria. A lo largo de la peli, los personajes son en un minuto cazadores y en otro presas, y todo ello muchas veces a la vez. Stanley Kubrick se permite un último inteligente juego de manipulación, que remece el escenario completo: aunque la cámara es en apariencia objetiva e imparcial, en realidad se las arregla para llevar la narración por el cauce del profesor (siempre lo seguimos a él, y la narración en off también es suya), por lo que implícitamente nos está sugiriendo que lo que vemos quizás no sea tan real, que la Lolita de verdad no es en realidad la chica que nos presenta la peli (algo de esto hay en la escena final de ella, en donde la vemos drásticamente cambiada, sin que podamos decidir a ciencia cierta si es por sus nuevas circunstancias vitales, o porque el profesor la percibe de manera diferente a cuenta de todo lo que ha sucedido en el intermedio), y que en el fondo hemos sido envueltos por el hechizo de un personaje que, no en balde, es intelectual y se le supone contar una buena historia, un buen cuento de mentirijillas... que podría ser ESTE cuento que nos ha estado contando. Que en definitiva, el profesor (e indirectamente a través suyo, la propia dupleta Nabokov-Kubrick) no sólo ha manipulado a Lolita y a la madre de ella, sino que también a nosotros, los espectadores, para que veamos lo que él quiere que veamos, que sintamos lo que él quiere que sintamos, y que en definitiva tomemos su partido porque él ha narrado las cosas de una manera insidiosa en que los hechos en apariencia fríos y formales, están tergiversados para que empaticemos con él.

-- Las actuaciones son simplemente formidables. James Mason es y ha sido siempre uno de los grandes de la actuación de todos los tiempos, y no esperábamos menos de él como el profesor Humbert Humbert. Shelley Winters por su parte hace el que quizás sea uno de los roles más exigentes de su carrera, como una señora en apariencia bonachona y medio tontorrona, pero que en el fondo es un monstruo de amargura, autocompasión y manipulación. Y Sue Lyon, que como dijimos debuta en esta peli, no se crea que no consigue estar a la altura de los maestros, y de hecho les da la réplica de una manera tan impecable, que viéndola es de lamentar que no haya seguido desarrollándose como actriz en vez de perderse después por alguna parte (un poco como Lolita el personaje, todo sea dicho, vaya uno a saber si hay relación). El gran lunar en todo esto por desgracia es Peter Sellers, actor que ya se había reputado fama de camaleónico gracias a "El rugido del ratón", y que Stanley Kubrick aparentemente quería tener a toda costa en su peli, aún a riesgo de sacrificar todo lo demás, y que hace otro de sus roles múltiples de manera absolutamente desacertada, como si estuviera rodando una especie de farsa de feria popular, y con ello ayuda a romper todo el hechizo que la peli de manera tan laboriosa trata de construir. En la siguiente que ruede Kubrick, "Doctor Insólito", Sellers hará también papeles múltiples (incluyendo al Doctor Insólito mismo, claro), pero tratándose de una comedia negra (más bien una comedia siniestra), estará muchísimo más ajustado en su cometido.

-- Hay también su punto de crítica social en la peli, aunque más o menos obliterado por los otros elementos. No importa qué tanto los cretinos moralistas de manual traten de arruinarle la diversión a los demás, la gente siempre se las ingeniará para pasárselo bien en las tinieblas, y muchos de esos cretinos moralistas son los primeros en pasarse al lado rojo de la fuerza, y de hecho son cretinos moralistas porque le tienen muchas ganas a portarse mal y son tan poca cosa que ni siquiera se atreven, entonces tratan de meter miedo para que nadie más se atreva. La peli es atrevida incluso para los estándares de hoy en día: ¿un profesor universitario metido con una preadolescente? A esta peli se la perdonan porque la rodó Stanley Kubrick, y siempre pueden insistir en otros puntos del asunto para omitir el hecho más crudo y escandaloso: que esta peli es la enésima prueba de que los adolescentes no son unos ángeles asexuados sino que son criaturas llenas de hormonas y ávidos de usarlas. Y que donde hay hormonas hay atracción, y que por lo tanto cerrarle la puerta es la receta segura para meterle más presión a la caldera. Al final del camino están las siliconadas de los reality, las wena naty y las fiestas adolescentes salidas de todo tiesto. Y como esos cretinos no pueden emprenderla con la peli porque la novela de Nabokov se ha ganado respeto entre la intelectualidad académica, y el director de la peli entre la intelectualidad cinéfila, siempre pueden optar por el ninguneo paternalista: "bueno, es una peli, es una obra de arte, hay que tomárselo así, nada de lo que se dice ahí va en serio, ¿eh?". Lo siento, señores aguafiestas de las vidas ajenas que no les pertenecen: esta peli va en serio. Muy en serio. Mucho más que el remake "Lolita" de Adrian Lyne (bueno, ésa era fácil).

IDEAL PARA: Ver una de las pelis definitivas sobre el tema del romance entre edades diversas, y sobre la manipulación sicológica y la guerra de los sexos.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].



-- Secuencia de créditos de la peli [en ing... bueno, subtítulos no hacen falta, creo].



-- Peter Sellers y Shelley Winters [en inglés, sin subtítulos].


domingo, 20 de septiembre de 2009

"La fiesta inolvidable" (1968).


-- "The Party". Estados Unidos. Año 1968.
-- Dirección: Blake Edwards.
-- Actuación: Peter Sellers, Claudine Longet, Natalia Borisova, Jean Carson, Marge Champion, Al Checco, Corinne Cole, Dick Crockett, Frances Davis, Danielle De Metz, Herbert Ellis, Paul Ferrara, Steve Franken, Donald R Frost, Kathe Green, Allen Jung, Sharron Kimberly, Helen Kleeb, James Lanphier, Buddy Lester, Stephen Liss, Gavin MacLeod, Jerry Martin, Fay McKenzie, J. Edward McKinley, Denny Miller, Elianne Nadeau, Tom Quine, Linda Gaye Scott, Timothy Scott, Vin Scully, Ken Wales, Carol Wayne, George Winters.
-- Guión: Blake Edwards, Tom Waldman y Frank Waldman, basados en una historia de Blake Edwards.
-- Banda Sonora: Henry Mancini.

-- "La fiesta inolvidable" en IMDb.
-- "La fiesta inolvidable" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Un grupo de soldados al servicio de Su Majestad Real la Reina de Inglaterra, marchan con algunos cipayos de refuerzo, ignorantes de que otros hombres están apuntándoles con sus fusiles. De pronto los avistan. Y le dan la señal al corneta en lo alto para que toque a degüello. Y el corneta empieza a tocar. ¡Se levantan los guerrilleros y disparan! ¡Y los soldados abajo responden! ¡Balas van y vienen! ¡Y le disparan al corneta! ¡Y el corneta sigue tocando! ¡Le vuelven a disparar! ¡Y sigue tocando! ¡Ahora todos los soldados dejan de dispararse entre sí y le dan al corneta para que cierre el maldito pico de una vez! ¡Pero nuestro heroico corneta, con sus últimos alientos y fuerzas, sigue fiel a su deber! ¡Y sigue tocando a pesar de que todos los tipos en el set le siguen disparando! Porque, en efecto, todo lo anterior es un set. Es una peli. Y el actor hindi que tiene un rol como corneta, acaba de arruinar la toma. Y sigue arruinando otras tomas. Y sigue en lo mismo. Hasta que exaspera al director. Después de una muy grande, que no voy a contar para que la vean ustedes, pero ríanse ustedes del Chavo del Ocho. El director le promete entonces que nunca más volverá a actuar en Hollywood, y llama por teléfono a su productor para que lo incluya en la blacklist. El productor anota el nombre, sin fijarse demasiado bien donde lo hace. El papel en cuestión cae en manos de su secretaria quien, fiel al cumplimiento del deber, hace lo que dice en el papel: enviar las invitaciones pertinentes. Porque la secre piensa que el nombre anotado es una adición de última hora a una lista de invitados a una nada más chula y elegante fiesta de Hollywood (exacto, eso era el condenado documento). El gafe que acaba de arruinar un millonario epic colonialista de Hollywood, ahora irá a una de esas fiestas en que no se supone que algo pueda salir mal. Avisados quedan...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

La comedia es un arte difícil. ¿Lo dudan? Prueben a ponerse cariacontecidos con alguien y hacerlo que se compadezca de sus miserias, y verán que tan difícil no es, pero prueben después (otro día, para que el experimento sea neutro) a hacerlo reir a carcajadas con un buen chiste o con alguna subrutina cómica, y... Verán el punto. Blake Edwards es uno de los más reconocidos directores de comedia de Hollywood. Aunque no siempre haya estado a la altura. Admitámoslo, los mecanismos humorísticos de Blake Edwards muchas veces son más bien básicos, y no pocas veces recurre a la comedia de golpe y porrazos, recurso que ya era parte del manual no digamos en la época de Charles Chaplin o Buster Keaton, sino incluso antes, con los Keystone Cops o poco menos (si no saben quiénes son los Keystones Cops, busquen en Interné y aprendan algo de cine: por más señas, ellos inventaron el gag del pastelazo a la cara, imitado después hasta la saciedad). Y no siempre Blake Edwards ha sabido estar a la altura. Sabemos también que Blake Edwards encontró su filón cuando rodó "La pantera rosa", y ni corto ni perezoso, cuando las arcas andaban un tanto complicadas por pifiarla con alguna otra, vamos filmando secuelas de la Pantera Rosa, a cual más desmadrada que la anterior, si al final daba lo mismo que tuviera sentido o no, el asunto es que Peter Sellers como el Inspector Clouseau le arreglaba la papeleta (la de salarios, y la del cheque de impuestos, claro está). Bueno, todas estas críticas que generalmente dejo caer sobre el correcto, pero a mi gusto sobrevalorado Blake Edwards, acá NO SE APLICAN. Por si acaso. Porque acá si que Blake Edwards está grande como la vida... Y bueno, por qué no decirlo, a Blake Edwards, una vez más, le arregló la papeleta Peter Sellers. Y es que quien sabe, sabe, y el que no, aprende...

¿POR QUÉ VERLA?

-- ¿Qué decir de esta peli? La verdad, es poco más que una larga secuencia de gags sobre gags que dura una hora y cuarenta. El argumento es realmente mínimo aquí, y prácticamente no hay historia que contar. ¿Y saben una cosa? Da lo mismo. Blake Edwards tenía en sus manos un esbozo de guión, se lo pasó a Peter Sellers y le dijo: "Mira, Peter, ya que me arreglaste el día con lo de la Pantera Rosa, dime qué hacemos con todo esto, lárgate a improvisar, y estamos todos dados". Peter Sellers, que no en balde es uno de los mejores comediantes de todos los tiempos (si no han visto su delirante triple actuación en "Doctor Insólito", se han perdido de lo mejor y más fino del cine de los '60s), cumplió. Con creces. La peli está rodada en orden secuencial, de manera que cada situación descacharrante viene producida con lo que quedó armado de la secuencia anterior. Esto no le hace bien a la historia, claro, pero le permite a Peter Sellers improvisar a destajo. Su personaje puede que a ratos sea un tanto ofensivo en términos de aquello de los estereotipos sobre minorías raciales (si podemos calificar de "minoría" a los mil millones de habitantes de la India, claro está), un poco como eran los usos en los '60s, todo hay que decirlo, pero Peter Sellers se las arregla para hacérnoslo simpatiquísimo, a pesar de sus constantes idioteces (conseguir que nos guste un personaje idiota, eso es arte). El actor indostánico al que interpreta, cuyo nombre repite constantemente, pero que en verdad no importa porque el personaje no tiene ningún background, es apenas un pretexto para introducir el caos en medio de un elegante y muy bien ordenado evento social. Porque algunos desastres son su responsabilidad, es cierto, pero en otras situaciones apenas aprovecha lo preexistente, e incluso es inocente por completo (el mozo ebrio actúa bien por su cuenta): el prota parece más bien una especie de fuerza de la naturaleza, un gafe que es imán de todas las posibles desgracias habidas y por haber que podrían arruinar la bien compuestita vida burguesa de la soñolienta América burguesa tardíosesentera. Y aquí hay otro punto importante de la peli: la crítica social. Frente a un mundo en completa ebullición (recordemos que la peli es del mismo año que las Revueltas de Mayo del 68, que el Hippismo estaba a tope, y que andamos cerca del Verano del Amor y a un año de Woodstock), la peli retrata a un grupo "de la alta" encerrado en su propia burbuja, que vive como si la adocenadita y bien compuestita Era Eisenhower con su Baby Boom no hubiera terminado casi diez años antes. Hay su punto de rabia en esta peli contra el establishment y su incapacidad crónica para divertirse y tomarse la vida en solfa. El efecto gracioso de la peli es que, frente a cada catástrofe sobreviniente, al principio inofensiva, pero en un crescendo perpetuo hasta hacerse insostenible cualquier rastro de orden, es ver la reacción de los comensales. Casi como un ancestro lejano de las cámaras indiscretas o los reality shows. Se esfuerzan, como los aristócratas de 1789, en fingir que nada sucede, y en mantener la compostura y las formas sociales, hasta que llega un minuto en que las compuertas de la realidad se abren, y el turbulento mundo exterior entra y lo rompe todo, y lo reordena en una vida más caótica y frenética, sí, pero también mucho más alegre y divertida. No es casualidad tampoco que dentro de la fiesta, el prota indostánico y la chica bonita con pretensiones de carrera como cantante en Hollywood sean los dos únicos personajes honestos, y uno de los mejores momentos de la peli es cuando todo el caos se interrumpe, y ellos dos conectan, creándose una especie de mágico mundo aparte dentro del desastre generalizado. Eso, mientras todo el resto vive de fingir, de la apariencia, del aquí-no-ha-pasao-ná, y por qué no decirlo, de unos códigos de conducta tácitamente aceptados en los cuales todos pueden permitirse ser tiburones y aceptarse mutuamente como tales, en tanto no se muestren mutuamente los dientes y se dediquen a compadrear a su gusto. El detalle clave es que los dos protas, justo por ser protas, por tratar de ser auténticos y honestos consigo mismos, terminan por caer en sendas listas negras... cosa que a ellos siquiera les importa, por lo demás (bueno, la aquí muy exquisita Claudine Longet, vamos cotorreando, después tuvo un historial estilo The E! True Hollywood Story que, UFFF...). Las pelis de caos ochentero tipo "La venganza de los nerds" trataron a su modo de recrear un cierto prurito de crítica social, en versión juvenil y anfetaminizada y sin tanto éxito, y las de caos dosmilero estilo "American Pie" ya ni siquiera lo intentan. Peter Sellers simplemente los barre a todos. Con una ayudita de Blake Edwards para orquestar el caos. Y siempre muy bien acompañado por el estupendo y campysesentero soundtrack de Henry Mancini, otro que también le arregló varias veces la papeleta a Blake Edwards (el tema de "La Pantera Rosa"...).

IDEAL PARA: Desmadrarse.

VIDEOS.

-- La gran secuencia inicial [en inglés, sin subtítulos].

-- El zapato blanco que inagura todo el desastre [en inglés, sin subtítulos]. -- Claudine Longet cantando "Nothing to Lose" en la peli [en inglés, sin subtítulos].

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