Películas de estreno, películas antiguas, películas clásicas, películas bodriosas, películas de todo tipo, comentadas por el arte inefable del General Gato.
11 años de Cine 9009 en línea.
El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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domingo, 13 de abril de 2014
"Philomena" (2013).
-- "Philomena". Inglaterra / Estados Unidos / Francia. Año 2013.
-- Dirección: Stephen Frears.
-- Actuación: Judi Dench, Steve Coogan, Sophie Kennedy Clark, Mare Winningham, Barbara Jefford, Ruth McCabe, Peter Hermann, Sean Mahon, Anna Maxwell Martin, Michelle Fairley, Wunmi Mosaku, Amy McAllister, Charlie Murphy, Cathy Belton, Kate Fleetwood.
-- Guión: Steve Coogan y Jeff Pope, basados en el libro de Martin Sixsmith.
-- Banda Sonora: Alexandre Desplat.
-- "Philomena" en IMDb.
-- "Philomena" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
A comienzos bien comienzos del XXI, un periodista del Partido Laborista pierde su peguita como asesor. Obligado a jubilarse, decide dedicarse a su vocación. ¿Será un buen británico que plantará geranios? ¿O calabacines? ¿O escribirá agudos guiones para series de TV que no verá nadie antes de que los yankis hagan un remake? No, señores. Quiere dedicarse a otro típico deporte de jubilado british: escribir de... ¡¡¡HISTORIA!!! ¿Militar? ¿Las Malvinas? ¿La Segunda Guerra Mundial Mundialosa? Tampoco. Se le ocurre escribir... ¡¡¡HISTORIA DE RUSIA!!! Y como todo el mundo lo mira con car'e pasmao, el tipejo como que empieza a dejarlo de lado. En particular cuando se le aparece una historia que podría devolverlo al mundo del periodismo y tal. Porque resulta que una chica nada más mona (bueno, no tanto como los estándares de Jólivu, hablamos más bien de "vecina corrientita pero igual") le presenta a su madre, que es una señora que está algo pallá (no tanto como para terminar en un manicomio, sólo lo justo y preciso para proporcionar alivio cómico a lo largo de la peli), y que ha dicho con tono de perfecto misterio a su hija: "Hoy cumple 50". (¿Quién cumple 50? ¡Misterio, misterio, sigan viendo la peli para salir de dudas!). Una serie de oportunos flashbacks puestos aposta sobre la narración de la 'iñora al periodista, nos van informando. Resulta que la viejuna, cuando era joven (reemplazo de... ¡¡¡JUDI DENCH, JOER!!! por una Sophie Kennedy Clark no tan mija como en las fotos de alfombra roja... sí, lo busqué, qué pasa con eso), había un gañán que la puso tóa caliente y tal, y salió... bueno, lo que suele salir a los nueve. De manera que a la chica la recluyeron en el convento porque ser madre soltera es un... ¡¡¡DESHONOR!!! ...y en el convento debía pagar el alojamiento con trabajo sin remunerar. Porque si eres una calentorra sucia, lavar ropa es un castigo perfecto para ti, más aún si es ropa de monja. Por la pureza, digo yo. El caso es que el chico se cría con otro chico más (sí, había otra madre de ésas que surgen como hongos... por culpa de los... hongos, eso es...). Y de pronto, ¡sorpresa!, las monjas entregan a los dos niños en adopción. De manera tan caraja, que sin avisarle a las mamis ni nada. Vuelta a... ¡¡¡EL PRESENTE!!! Resulta que ahora el periodista huele que hay una historia, y se hace el remilgao un poco sí un poco no porque, verán, la vejeta igual parece media gagá, pero weno-ya, echémosle pa'lante y a ver qué sale. De manera que van a hablar al monasterio. (En realidad la vieja ya había ido, y las monjas súper dijes y tal, fíjate linda y coteá). En el monasterio, el periodista empieza a preguntar. ¿No se pueden ver los registros? Er, no, se quemaron en el GRAN INCENDIO. Ah, pero hablar con la monja responsable, entonces... No, es que tampoco, es que ya eran viejitas y pararon las chalas. Bueno, ya, pero las que no están todavía en el patio 'e los callaos... Ah, no, es que están enfermitas. Ahí es donde la monja se lleva a la vieja a hablar por separado, y lejos de las miradas del periodista, le muestran un papel en donde dice que ella ha renunciado a todos los derechos para ver, buscar o hacerse exámenes de sangre y epitelio con su hijo, blablablá. Después, el periodista se pone suspichosón porque, verán, ¿cómo es que justo los papeles para encontrar a los críos ardieron todos, pero la exención de responsabilidad, ésa sí que se salvó? Mira qué conveniente pa' las monjas, ¿ah? Y la cosa se pone mejor cuando en el bar del pueblo, a alguien se le va la lengua como tres kilómetros, y suelta que el gran incendio en realidad fue una quema de cuadernos y libros en el patio del monasterio. ¡Ah! Y que Jane Russell se había comprado un crío precio contado y sin intereses (sí, la actriz, lo que quizás porque por esos años, esto verídico, la Russell adoptó un crío porque la actriz había quedado infértil por un aborto mal practicado en su lejana juventud. Ah, y las monjas tenían una foto autografiada de la Jane Russell en la pared, figúrense). Sobre la pista del caso, nuestro periodista... ¿va a desenterrar una trama de corrupción y tráfico de niños con la Iglesia Católica de villanos invitados? Bueno, sí. Con Judi Dench dando la tabarra todo el camino, también.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Ya le habíamos perdido la pista acá en Cine 9009 al ínclito Stephen Frears; lo último que habíamos comentado de él era "La reina" y "Chéri", y ya sus años desde eso. En el intertanto ha rodado otras cosas, que acá no hemos comentado porque no hemos visto porque... qué... ¿se creen que esto es un blog de cine, acaso...? ¿Ah? ¿Ah...? Eh... Bueno, sí lo es. Pero no importa. Acá vemos las pelis que nos da la gana, comentamos lo que nos da la gana, y a veces hasta comentamos de cine también. Porque ya estamos afilando los machetes para festinarnos una vez más sobre lo que queda de las ruinas del prestigio de la Iglesia Católica. En fin, el caso es que en medio de la oleada de escándalos que ha azotado a los eclesiásticos, está el tema de cómo curas y monjas se cepillaron a todo lo largo y ancho a la iglesia de Irlanda. Alcanzando su punto álgido en la esclavitud de jóvenes en el asunto de las hermanas de la Magdalena, que dio pie a la peli "Las hermanas de la Magdalena" de 2002 precisamente. En medio de todo eso, se metió culebreando un tipo llamado Martin Sixsmith, que apuntó en su currículum trabajar para comedias de la BBC ("The Thick of It"... y yo que ponía lo de guionista para series de TV como chiste, más arriba. Así me pillo los dedos yo). Y entre medio, trabajar medio como asesor para el gobierno de Tony Blair y medio para los medios de comunicación. Después de lo cual, desgraciado por un e-mail filtrado por los mismos amigos acuchillaspaldas de siempre, acabó... ya lo dije más arriba, vamos. Escribiendo libros sobre Rusia. ¡Ah! Y entre medio esta investigación. La misma que terminó en esta peli. Con sus correspondientes libertades narrativas, por supuesto. La peli fue recibida... ¿con éxito de taquilla? Naturalmente que no, qué creen, que esta no va de supers ni de robots. Pero sí con aclamación crítica. Le dio hasta para postularse a cuatro calvos dorados, aunque por supuesto no sacó ninguno (¿una comedieta simpática sin mayor temática social en donde los villanos son los católicos? Estás de broma). A los que le dio puntada son a los círculos religiosos, que odian con las brasas del infierno a todas las pelis en donde los católicos no son los HÉROES del cuento, porque ellos felices de crucificar a cuanto personaje los pone mal, poniéndose ellos como los crucificados. Pero en fin, la crítica seria sí ha respaldado esta peli. Y nosotros también.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Bueno, de partida el tema es inusual. Hay varias pelis que han denunciado las tropelías del catolicismo en los últimos años, y ésta es una de ellas. Y en eso de recordarnos cuán fanático puede ser un católico, esta peli es incluso mejor, créanlo, a "El Código da Vinci". Vale, la conspiración no es tan grande (la guagua perdida del culebrón no es tan llamativo como LA GUAGUA PERDIDA DE JESÚS Y MARÍA MAGDALENA, claro), pero a cambio, ésta es REAL (diga lo que diga Dan Brown en contrario). ¿Estamos por tanto frente a una rampante peli anticatólica que te incite a salir a quemarlos en efigie? Señores, aprendamos algo, Stephen Frears es algo más sutil que eso. La verdadera crítica no va por el lado de que los católicos vendan guaguas a cambio de dinero. Total, igual la cosa no es "Erin Brockovich" en donde son cientos de hogares los salvados en una cruzada social liderada con armas de mujer. O más cercano el terreno, el "Amén" de 2002 en donde se hacía una panorámica acerca de los católicos frente a la Solución Final. No, aquí la cosa es más intimista, más "el caso de la semana" y punto, y por lo tanto, la denuncia no va por ese lado. La sutileza está en contraponer dos tipos de catolicismo diferentes. Por un lado el de las monjas: rigoristas, reglamentarias, prepotentes, felices de ser LA VOLUNTAD DE CRISTO EN LA TIERRA y tal. Por el otro: la señora humilde, de fe simple pero firme, y que trata de ser todo lo buena persona que se pueda. Y si ampliamos el círculo al cristianismo en general, tenemos además a Ronald Reagan y los republicanos (¿qué tienen que ver ellos? Vean la peli y sabrán), con su cristianismo pechoño conservador que no por protestante se parece menos al catolicismo de las monjas. La peli tiene el tremendo acierto de no resultar maniquea, con la señora ultrabuenapura con auras semidivinas versus un grupo de monjas de carcajadas diabólicas blablablá. Las monjas pueden ser tercas y tener trancas mentales, pero no se ve que hagan lo que hacen por sadismo, e incluso no tienen más que una opaca conciencia de estar obrando mal al vender a los niños, en un ejercicio al estilo la banalidad del mal que predicaba la Hannah Arendt. La señora por su parte es una mujer simple y de pueblo, pero no simplona ni tonta. Algo cabezota porque tiene la cabeza envenenada por novelas rosa de mierda, pero bueno. Pero no una santa. Ni una pecadora. No más que ustedes o yo, por lo menos. (Bueno, si revolcarse por ahí fuera pecado... digo yo...). Un poco el tercero del vértice es el periodista que es agnóstico tirando pa'ateo, pero lejos de ser el héroe de la función porque es el ENEMIGO DE LA FE CIEGA Y TONTA, y aunque retratado esencialmente como buena persona, también de repente se pasa demasiado de listillo y llega a ser algo insultante en sus convicciones (no demasiado) religiosas. En definitiva, esta no es tanto una peli antirreligiosa o anticatólica como una peli agnóstica. No insiste en que la religión sea mala o negativa, sólo que hay maneras y maneras de vivirla, y ni la gente que la vive de una manera que afirme la vida es especialmente santa, ni la gente que la vive de manera rigorista castradora tienen por qué ser particularmente satánicos. No es una mala moraleja, por lo demás. Salvo que seas católico, porque claro, hoy en día es difícil ser católico practicante cuando después de dos mil años de historia, el manto del apóstol ha llegado a pesar lo que una mortaja funeraria. Pero claro, esta peli no se dirige a los católicos fanáticos, sino al público más racional. (Tampoco se dirige a los ateos ultrafanáticos que te miran feo porque te atreves a decir que QUIZÁS DIOS EXISTE... sino al público más racional, lo ya dicho).
-- ¿La realización? Notable en su simplicidad. Partiendo por un guión que se las arregla para ser bastante contundente en apenas 90 minutos (aprende, Peter Jackson), siguiendo por una Judi Dench genial en su rol de vieja media loca media genial (o un cuarto de cada cosa, mejor dicho), un Steve Coogan que la acompaña muy bien, la siempre agradecida directo-al-hueso dirección de Stephen Frears ("Relaciones peligrosas", "Héroe por accidente", "Alta fidelidad"), una excelente banda sonora de Alexandre Desplat... La peli no alcanza para genialidad ni la pipa en cacho, pero sí que está bien empacada y ejecutada. Sabe ser socarrona cuando corresponde, es intimista sin chantajear emocionalmente al espectador, y lo que más se agradece, no refriega la moralina en la cara (aunque tiene una, y bien clara, por supuesto). Una de las buenas herencias que nos dejó el 2013 cinéfilo, sin lugar a dudas.
IDEAL PARA: Ver una peli de denuncia social que tiene más de una arista acerca de cómo vivir la fe.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [en inglés, subtítulos en español].
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+ Martin Sixsmith,
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2013,
Iglesia Católica
jueves, 25 de diciembre de 2008
"Agnes de Dios" (1985).

-- "Agnes of God". Estados Unidos. Año 1985.
-- Dirección: Norman Jewison.
-- Actuación: Jane Fonda, Anne Bancroft, Meg Tilly, Anne Pitoniak, Winston Rekert, Gratien Gélinas, Guy Hoffman, Gabriel Arcand, Françoise Faucher, Jacques Tourangeau, Janine Fluet, Deborah Grover, Michele George, Samantha Langevin, Jacqueline Blais.
-- Guión: John Pielmeier, basado en su propia obra teatral.
-- Banda Sonora: Georges Delerue.
-- "Agnes de Dios" en IMDb.
-- "Agnes de Dios" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
En un convento católico ocurre el desastre. Aparece una monja enteramente ensangrentada, y con ella, un neonato muerto. El asunto es de la máxima delicadeza, porque no se puede impedir una investigación judicial, pero por otra parte, ¡cómo sufriría la reputación de la Iglesia Católica! (eran los tiempos anteriores a que se hicieran públicas las decenas de denuncias por pedofilia, entendámonos). De manera que envían a una psicóloga a hacer una serie de evaluaciones que, mire usted, ejem, de lo que se trata es que la vea, le haga un par de preguntas y luego declare que está loquita, para que no vaya a juicio, y salvar así la integridad de la Santa Madre Iglesia. Pero como suele ocurrir en estos casos, la psicóloga resulta ser demasiado profesional, y en vez de limitarse a lo que le piden, eso es, un simple informecito que vaya a engrosar algún carpatacio burocrático por ahí, pues bien, se mete a tratar a la chica. A poco andar descubre que la pobre está loca como un millonario con hormigas, y que padece un cuadro psicótico completito desde el alfa hasta el omega, con creencia de que su niño muerto es hijo de Dios mismo incluido. Y para enturbiar más el asunto, resulta que toda la psicopatología, y el infanticidio subsiguiente, tienen que ver con un oscuro pasado de abuso sexual infantil en el cual las monjas parecen saber más de lo que debieran. Luego viene lo de rutina: las monjas se cabrean, el Monseñor trata de cerrar la investigación, etcétera, mientras la heroica psicóloga trata por todos los medios de llegar hasta el fondo de la verdad, por el bien y salvación de la pobrecita hermana Agnes y su alma eterna.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
En los '60s, con clásicos camp como "Barbarella", Jane Fonda se había entronizado como la reina de la contracultura sicodélica pop. Ya en los '80s, algo más madurona, se consiguió hacer un nombre y reputación de actriz seria con filmes de cierta enjundia como "El síndrome de China", "La mañana siguiente" o "Gringo viejo" (eran los años anteriores a su esplanchurrante retorno como suegra de Jennifer López en "Una suegra de cuidado"). Uno de esos filmes "de catego" que protagonizó fue éste. Cómo rayos pasó este filme abiertamente anticatólico al cine, es en verdad un misterio, considerando que aunque el grueso de la industria fílmica de Estados Unidos está controlada por los judíos, éstos se cuidan muy bien de enemistarse con los poderosos grupos de lobby WASP, no por prurito religioso ni tolerancia ecuménica, sino porque éstos mueven suficiente poder para conseguir la censura o el boicot de cualquier filme (o sea, por la pasta, quiridi). Pero el caso es que el filme pasó, se le encomendó el rodaje a un director "no católico", por decirlo suavemente (y es que Norman Jewison era además el productor, ejem), y le dieron el rol principal a Jane Fonda, que venía interpretando esos roles serios, como ya lo dijimos, y la pusieron frente a frente contra la gran Anne Bancroft. El resultado, francamente, no pudo ser mejor.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Es una de Jewison. Sin ser un director de primera categoría, ni un innovador del lenguaje cinematográfico, Norman Jewison ha filmado varios pequeños clásicos del cine, incluyendo "Rollerball" y "El caso Thomas Crown" (las originales, no los remakes con Rebecca Romijn o Pierce Brosnan), "Al calor de la noche", "F.I.S.T." y "Jesucristo Superestrella", entre otras. En "Agnes de Dios" se muestra una vez más como el director sólido y de formación clásica que es, rodando con naturalidad y sin grandes aspavientos una historia que se basa en lo principal, en los personajes y los diálogos, en vez de los golpes de efecto tan propios de los filmmakers de la Generación MTV.
-- La tríada de protas está por todo lo alto. Meg Tilly como la hermana Agnes se roba la película, por supuesto, con una muy cuidada interpretación de media loquita tirando para loquita entera sin remedio (si les suena como a "Jennifer Tilly", es porque ambas actrices son hermanas). Jane Fonda vuelve a demostrar que se la puede con un rol de alturas, creando a partir de un personaje que en el papel no pasa de ser la heroína idealista al uso, una verdadera funcionaria honesta con su trabajo, sin caer en los manierismos superheroicos de, por decirlo, un Denzel Washington por ejemplo. Y Anne Bancroft no es por nada una leyenda del cine, y aquí vuelve a demostrar por qué, creando una hermana rectora de convento tozuda como la vida misma, pero sin caer en los clichés del malo malísimo que trata de conservar su poder escondiendo la verdad, BUAHAHAHAHÁ!!!; incluso podemos comprender (no necesariamente aceptar) la difícil posición en la que se encuentra por su cargo, por su relación con Agnes, y por sus propias convicciones religiosas.
-- Esta película se atreve con un tema muy peliagudo, que por lo mismo, por tocar y herir sensibilidades religiosas, no es muy recurrente en el cine (salvo, quizás, y de manera un tanto más burda, en "El exorcismo de Emily Rose"). Este tema es la llamada "neurosis de conversión", es decir, la clase peculiar de psicosis que se traduce en una psicomatización, en este caso, los estigmas y el "nacimiento virginal". Y lo hace con honestidad y hondura, sin rehuir su carácter de fenómeno perfectamente estudiable por la ciencia (en este caso la psiquiatría), al revés de otros filmes que explotan el temor supersticioso hacia los fenómenos de la neurosis de conversión para asustar con el Coco y cosas así.
-- Tampoco es un filme complaciente con la Iglesia Católica. No se los muestra como los villanos de la película (al revés de la entretenida, pero burda, "Estigma"), ni como un nido de conspiradores tratando de encubrir la verdad (como por ejemplo en "El Código Da Vinci"), sino como una organización con intereses creados que utiliza los canales habituales para maquillar los problemas con mano mora, léase conversaciones de pasillo con funcionarios judiciales y cosas así. O sea, se los muestra como una entidad bien terrenal y asentada, ni la más honesta, ni tampoco particularmente malvada. Una visión realista, que se llama.
-- La trama está particularmente bien resuelta. La premisa y la tensión dramática giran en torno a algo que, a pesar de estar disfrazado de encuesta psiquiátrica, es en realidad una verdadera investigación policial. Sin embargo, el suspenso no sale a partir de un baile de sospechosos, ni hay malos malosos tratando de eliminar a los testigos a punta de pistola, ni nada por el estilo, y bien mirado, ni siquiera hay un misterio demasiado grande, sino que la tensión se resuelve a partir de la peculiar condición psiquiátrica de Agnes, en cuyo interior se encuentran en realidad las respuestas a lo que ocurrió verdaderamente la noche de infanticidio, aunque tamizado por su peculiar psicosis. Dicho en cristiano: es una película policial que consigue tensionar sin utilizar ninguno de los tópicos y clichés clásicos del cine policial. Todo un logro.
IDEAL PARA: Ver una película policial, enterarse de un par de cosas sobre la psicología de los fenómenos paranormales cristianos, y disfrutar con tres grandes actuaciones femeninas como suplemento.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].
-- La psiquiatra y la monja cucú, conversando sobre fumar, sobre obsesiones y sobre de dónde vienen los bebés [en inglés, sin subtítulos].
Busca otras películas relacionadas:
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1985,
Iglesia Católica,
Monjes,
Neurosis de Conversión
jueves, 8 de junio de 2006
"El Código Da Vinci" (2006).

-- "The Da Vinci Code". Estados Unidos. Año 2006.
-- Dirección: Ron Howard.
-- Actuación: Tom Hanks, Audrey Tautou, Ian McKellen, Jean Reno, Paul Bettany, Alfred Molina, Jürgen Prochnow, Etienne Chicot, Jean-Pierre Marielle.
-- Guión: Akiva Goldsman, basado en la novela de Dan Brown.
-- Banda Sonora: Hans Zimmer.
-- "El Código Da Vinci" en IMDb.
-- "El Código Da Vinci" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Mientras da una conferencia en París, el especialista en simbología Robert Langdon es "invitado" por la policía de París al Museo del Louvre, ya que sus conocimientos sobre esoterismo y abracadabra pueden ayudar en un misterioso crimen: el Conservador del museo ha aparecido muerto y desnudo, tirado en el piso como el hombre de Vitrubio (¡el dibujito ése del cuerpo humano con brazos y piernas extendido, de Leonardo da Vinci, no sean ignorantes, por favor!). Las cosas se complican cuando aparece una pizpireta criptóloga que revela ser la nieta del individuo, y que posee claves importantísimas para llegar hasta un gran secreto escondido: el priorato de Sión, una vieja orden esotérica, ha estado en lucha perenne contra la Iglesia Católica para proteger el Santo Grial, la sangre de Jesús, que no es otra cosa sino su descendencia (sí, Jesús según la película, tuvo descendientes). Y se complican aún más cuando un monje albino sacado de la mejor tradición Bond, James Bond, se pone a perseguir a la parejita (o sea, máquina de matar psicótica, y físicamente freak), porque el Opus Dei está metido hasta el pescuezo en el lío, y busca silenciar a como dé lugar a los sostenedores de tan importante secreto.
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
Se dice que un día en la playa, Dan Brown estaba leyendo un libro de Sidney Sheldon, cuando se fastidió diciendo "¡hasta un imbécil como yo puedo escribir algo mejor!". Y lo escribió. Y se supone que es mejor (claro que para mejores que ambos, Hawthorne, Borges, Lem...). Después de un par de arrebatos literarios parió "El Código Da Vinci", una novela pésimamente hilvanada y aún peor escrita, pero que con el cebo de "aquí encontrarás los secretos que nadie más te ha contado antes", se transformó en superventas mundial. Y es innegable que la novela cayó en terreno abonado: el tema de la religión ha ido cobrando vuelos cada vez mayores, gracias a Su Majestad el Presidente de los Estados Unidos George W. Bush, y a Benedicto XVI, por no hablar de los talibanes. La novela combina una serie de elementos ganadores: trama policíaca (armada con calzador, pero policíaca a fin de cuentas), la Iglesia Católica son los malos (tienen que serlo, si son todos unos pederastas, ¿no?), los "buenos" defienden a una diosa femenina (guiño al auge del movimiento hembrista actual), y hay referencias esotéricas para que el lector se sienta partícipe de un gran secreto y por ende pueda mirar por encima del hombro a su vecino ("Yo leí el Código Da Vinci, y por eso sé más cosas que tú, pobre pagano"). Por supuesto que más tarde o temprano iba a venir una película. Y por supuesto que, para preservar los sacrosantos equilibrios en la boletería de los cines, iba a ser una película harto respetuosa con el material original, por lo que el filme sobre esta pésima novela iba a ser también un pésimo filme. O quizás no tan malo (al menos no aburre en CASI ningún minuto), pero tampoco es una belleza de película. Y es que en definitiva, como mucho mejor plantea "El péndulo de Foucault" de Umberto Eco, sobre el mismo tema, quizás al final todo esto del esoterismo barato sea pura y simple agua de borrajas...
¿POR QUÉ VERLA?
-- Salvo detalles puntuales, lo cierto es que la película es casi ciento por ciento fiel a la novela. Ahora bien, para los puristas esto puede resultar un plus, pero considerando el debilísimo argumento, eso es más que discutible. En la novela teníamos una criptóloga que no resolvía nada, un especialista en símbolos que no explicaba el simbolismo de nada (y cuando debe hacerlo de verdad, recurre a otro especialista con toda la humildad del mundo), y un detective incapaz de llevar adelante una investigación coherente, y, oiga usted, pues esas cosas podrían haberlas mejorado un poquito en la película, ¿no? Es decir, no hacía falta ser tan canónico eonl material original incluso en esos pequeños defectillos, ¿no? Eso, por no hablar de que al final, el baile de sospechosos candidatos a ser el "malo malísimo" llega a dar risa. Digamos que la película contó en el guión con los oficios de Akiva Goldsman, ilustre perpetrador de guiones como "El cliente", "Tiempo de matar", "Batman eternamente", "Batman y Robin", "Perdidos en el espacio", "Una mente brillante" y "Yo, robot". Ya saben a lo que van. Sí, el guionista de las dos Batman de Joel Schumacher adaptó a Dan Brown. Así de terrorífico. Más incluso que el Opus Dei.
-- Es una de Ron Howard. Y por ende, posee todo el "estilo" de una dirigida por Ron Howard: es decir, es una película técnicamente sólida como una casa, pero que carece de cualquier detalle que pudiera ser considerado como mínimamente imaginativo. Su currículum incluye "Splash", "Cocoon", "Willow", "Un horizonte lejano", "Apolo 13" y "Una mente brillante", para que nos entendamos. O sea, "El Código Da Vinci" tiene una buena fotografía, un buen uso de escenarios y un buen elenco, pero ninguna escena verdaderamente memorable... y eso que está tratando con los más sagrados misterios del Cristianismo. Quizás lo mejor esté en el sentido épico y un cierto airecillo bigger than life que le añaden las "escenas para el recuerdo", ya que las aburridas conversaciones intelectuales son sazonadas con imágenes de la Antigua Roma, el Concilio de Nicea (debe ser la primera vez que vemos una escena de este memorable momento histórico en el cine), las Cruzadas, la cacería de los templarios y la quema de brujas en la Edad Media. Lástima que no duren más de un minuto cada una, con suerte. En cuanto a la dirección de actores, brilla por su ausencia. No es que sus roles fueran la gran cantera de material dramático en la novela, pero eso podrían haberlo mejorado un poquitito en el trasvasijado al cine. En ningún minuto Tom Hanks impone el respeto que debería generar un catedrático de reputación internacional, mientras que Audrey Tatou actúa en piloto automático, lejos del encanto desplegado en "Amelie", y en cuanto a Ian McKellen (Gandalf en "El Señor de los Anillos" y Magneto en "X-Men"), hace el payaso más absoluto (involuntariamente) tratando de darle algo de seriedad a un personaje que no la tiene por ninguna parte.
-- El tratamiento del tema de la religión, de veta claramente gnóstica, masónica y demiúrgica, es algo también digno de verse. Lástima que antes, Discovery Channel y Nat Geo hayan saturado la parrilla programática con documentales y "documentales" sobre los mismos temas, a propósito del mismísimo Código Da Vinci (en esa época, en novela todavía)... O sea, aplicando televisionismo inverso, usted puede ver un documental Nat Geo sobre el Código Da Vinci de una hora, y sale lo mismo, pero sin la cara de pasmado de Tom Hanks.
-- Hans Zimmer. Este destacado soundtrackista compone una banda sonora que es indigna de la película a la que soporta (o al revés, mejor dicho: esta película no se merece semejante soundtrack). Usa los clásicos coros de iglesia, sin abusar de ellos, no resulta especialmente estridente, y a ratos pareciera que la película avanza sólo porque la música genera el efecto envolvente sobre la trama que no consiguen ni las alicaídas actuaciones, ni lo aburrido del guión, ni la poco imaginativa fotografía. La recomendación personal del General Gato es que si tienen un dinerillo para gastar en "El Código Da Vinci", no lo inviertan ni en la novela ni en el DVD, sino que le den la oportunidad a la banda sonora, que seguro es mejor inversión (y si quiere leer la novela o ver la película por esnobismo, piense cuánto más snob se verá diciendo "yo tengo el CD").
IDEAL PARA: Hacer vida social ulterior diciendo "yo ví la peli del código ése. Y no era tan buena" (u optativamente, a según los gustos y el público: "Y no era tan mala").
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