11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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viernes, 19 de noviembre de 2010

"Indiana Jones y el Templo de la Perdición" (1984).


-- "Indiana Jones and the Temple of Doom" (título original en inglés), "Indiana Jones y el Templo Maldito" (título en España). Estados Unidos. Año 1984.
-- Dirección: Steven Spielberg.
-- Actuación: Harrison Ford, Kate Capshaw, Jonathan Ke Quan, Amrish Puri, Roshan Seth, Philip Stone, Roy Chiao, David Yip, Ric Young, Chua Kah Joo, Rex Ngui, Philip Tan, Dan Aykroyd, Akio Mitamura, Michael Yama.
-- Guión: Willard Huyck y Gloria Katz, basados en una historia de George Lucas.
-- Banda Sonora: John Williams.

-- "Indiana Jones y el Templo de la Perdición" en IMDb.
-- "Indiana Jones y el Templo de la Perdición" en la Wikipedia en inglés.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Entre unos aires medio espirituosos, nos preparamos para entrar en... ¿un museo? ¿un templo perdido y maldecido por la memoria de los hombres? Bueno, ahí viene una chica, seguro que es la reina ancestral de una civilización maldita que... er... no. Es un número de cabaret. La chica es una cabaretera. Vestida a la poco sexy usanza de 1935, para colmo. Y después de deprimir convenientemente la sed de adrenalina que nos ha llevado a enchufarnos una de Indiana Jones en primer lugar con un numerito musical de ésos, vemos a un grupo de chinos malotes, y ya sabemos que ¡¡¡POR FIN!!! algo se cocina. En particular cuando vemos entrar a un hombre de terno blanco que, adivinamos... ¡Es Indy! ¡Yeah, Indy, vamos, enséñales a los chinos cómo lo hace un buen yanki de pro, y de paso dáles una por mí! El caso es que Indy y los chinos tienen lo que en buen espíritu empresarial se llama una negociación agresiva, que termina con Indiana Jones montado arriba de un avión y escapándose con todo su señor trasero a bordo de un avión a través de China (y con la chica cabaretera, dicho sea de paso, bienvenidos al reino de las buddy movies, pal...). Las cosas se pondrán más interesantes cuando los chinos, que son mucho chino después de todo, se les ocurran hacerle la puñetera, y los dejen varados a bordo del avión, sin combustible y a punto de enrollarse como panqueques contra alguna estribación de los Himalayas. Bueno, Indiana Jones y los pesadotes de sus acompañantes (un crío chino que está destinado a convertirse en el nuevo amiguito de los under-7, además de la cabaretera con el útero hipertrofiado a punta de arranques histéricos) consiguen sobrevivir, sólo para terminar varados en una aldea de la India. Y los atienden con respeto reverente y todo eso, pero... la cosa viene con trampa. Porque ahora Indiana Jones es reclutado para ir a la búsqueda de las míticas piedras Sankara, que garantizarán en buenas manos que la aldea crezca y prospere y ayude a incrementar la superpoblación de la India, mientras que en malas manos podría significar... ¡un nuevo imperio indostánico, la conquista mundial, el exterminio de los hebreos y los cristianos, MUAHAHAHAHÁ...!

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

¿Una peli en donde un trío de aventureros en la India regida por el Imperio Británico decide introducirse en el templo de una secta de estranguladores que adoran a la diosa Kali, que se suponía exterminada desde el motín cipayo de 1857? Me suena, me suena, me suena, como que me suena, dónde he visto eso... ¡Ah, sí! Se llama "Gunga Din", y no dudo que para los '30s fue un peliculón, pero ahora es la mar de aburrida. Pero parece que a papi Spielberg y a tiíto Lucas esa peli les traía recuerdos de infancia y efluvios sudorosos de las matinés de antaño, así es que se decidieron a rodar su propio "Gunga Din". Total, "Los cazadores del Arca perdida" había sido un taquillazo de órdago, y si con ésa se forraron, ¿por qué no iban a hacer lo mismo con la otra? Bueno, tenían razón. Costó 28 millones, y recaudó más de 300, o sea, decuplicaron la inversión. (Sí, señores, hubo una época no demasiado lejana en que no necesitabas 200 millones de dólares para rodar un blockbuster con músculo). George Lucas no quería a los nazis de malvados otra vez, así es que la rodaron como precuela, mandándose de paso la feroz metida de pata de que en "Los cazadores del Arca perdida" habían presentado a un Indiana Jones ferozmente racionalista y enemigo de lo místico (al principio claro, porque después de ver al Arca del Pueblo Elegido matando filisteos nazis a gusto, cualquiera cambia de opinión y se rinde ante el Unico Y Verdadero Dios), mientras que aquí al terminar la peli (anterior a la otra, recordemos) Indiana Jones ya está convertido a la idea de que hay magia en el mundo, cosas que el hombre no debería saber, poderes con los que no debería jugar, etcétera. El caso es que por ese tiempo Steven Spielberg estaba divorciándose de la buenorra de Amy Irving, mientras que George Lucas estaba más o menos en lo mismo, de manera que estaban muy malhumorados haciendo la peli. Y se nota. Es con lejos, la peli más oscura y siniestra de todas las cuatro rodadas a la fecha de escribir esto. Y además, la chica que aparece, a diferencia de la valerosa y decidida Marion Ravenwood (la gran Karen Allen) de la primera, es una histérica de cuidado que sólo sirve de estorbo y damisela en peligro para el machorro Indiana Jones (bonita manera de sublimar sus rencores divorcísticos, Spielberg y Lucas...). A pesar de todo, la peli tuvo el éxito brutal que detallábamos allí donde importa, o sea, en la boletería del cine, lo que propició que después llegara "Indiana Jones y la última Cruzada". Y después viniera como apéndice "Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal". Sintomáticamente, mientras que ambas repiten elementos de "Los cazadores del Arca perdida" (los villanos nazis en la tercera, villanos rusos que están ahí para llenar el cupo nazi en la cuarta, además de menciones entre personajes), ninguna de las dos hace la menor alusión a "Indiana Jones y el Templo de la Perdición". Por algo será.

¿POR QUÉ VERLA?

-- La mayor parte de los fanáticos tiende a considerar que de la tetralogía de Indiana Jones, y tetralogía por ahora porque vaya uno a saber si después de escribir estas líneas se dejan caer así a santo de nada con una Indiana Jones 5, la peor es "El Reino de la Calavera de Cristal". Pero servidor quien esto escribe tiene una opinión diferente: en su para nada humilde opinión, probablemente "Indiana Jones y el Templo de la Perdición" lo sea. Es una buena peli de aventuras, sí, pero hay cosas que son difíciles de tragar. Por ejemplo, a diferencia de "Los cazadores del Arca perdida", ahora Indiana Jones es ayudado por un niñito, clásica decisión estratégica que busca apelar al público infantil por la vía fácil, poniendo un poochie molón que le salve la papeleta al héroe y recibiendo los rendidos agradecimientos de éste, cumpliendo la fantasía infantil de los niños de mandar sobre el mundo adulto completo, y fastidiando a la audiencia por encima de los siete años de paso. La chica no constituye ninguna adición interesante a la trama, y si consideramos que "Los cazadores del Arca perdida" acontece después, en términos de la cronología interna de la serie (1936, contra 1935 de la en comento), es comprensible por qué ni se menciona a esta condenada histérica que no sabe ser una compañera de héroe como Dios y América mandan (bueno, por algo Kate Kapshaw tuvo una borrosa carrera actoral posterior, repuntando algo sólo en "Lluvia negra"). Por otra parte, y esto es bastante considerando que estamos en una peli de poderes místicos, magia negra y todo eso, hay cosas difíciles de tragar por mucha suspensión de la incredulidad que le echen. Veamos. Se supone que los villanos están en un palacio en mitad de la jungla. Después, Indiana Jones descubre que el verdadero guisado se cuece en las catacumbas, y desciende y desarticula todo el culto. OK con eso. Pero resulta que allá abajo también hay unas excavaciones mineras con rieles y todo (¿minas? ¿debajo de un palacio? ¿y cómo no se siente nada arriba, ni ruidos ni malos olores, nada...?). Y se pone mejor: después, cuando salen, lo hacen en sentido horizontal (no vertical), y acaban en el borde de un desfiladero, sobre cuya existencia previa no nos habían dado ninguna pista (¡en ningún minuto nos hemos movido demasiado lejos del palacio de marras!). ¿Qué tan alto, geográficamente hablando, debe estar montado un palacio para todo eso? No es imposible, claro, pero la probabilidad estadística es menor a la que existan en la realidad las dichosas piedras Sankara. Lo que nos lleva de regreso al otro lastre de esta peli. En "Los cazadores del Arca perdida" e "Indiana Jones y la última Cruzada" se trata de que los malvados nazis no se apoderen de un preciadísimo tesoro de la civilización judeocristiana para conquistar el mundo, mientras que en "Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal" se trata de que unas calaveras de cristal alienígena no caígan en manos soviéticas para conquistar el mundo, mientras que acá... se trata de rescatar unas mugrosas piedras de un mugroso culto hindú para salvar a una mugrosa aldea hindú. Who cares? Vale, la India es una civilización milenaria y todo, pero fuera de sus (imponentes) fronteras, ¿a quién le va o le viene? Claro, el villano en un minuto dice que con las piedras va a conquistar el mundo, pero es que si no decía eso, era para terminar de perderle todo el respeto, por mucha carcajada diabólica que le ponga. Es como "Quantum of Solace" de James Bond, que el malo no crea una plataforma orbital láser para bombardear Londres, ni tienta un pulso electromagnético mundial que nos lleve a la Edad de Piedra, ni engañar a las potencias para desatar una Tercera Guerra Mundial, y en medio de cualquiera de esas y el caos subsiguiente salir de la oscuridad y tomar el mundo, sino hacerse con el suministro de aguas de un paisillo llamado Bolivia (nada personal contra los bolivianos, pero... no es lo mismo Bolivia que Inglaterra, lo siento). Y del racismo inherente a la trama, ya presente por cierto en todas esas pelis del subgénero Imperio Británico en la India de las cuales tanto depreda (en particular "Gunga Din", como dijimos), ya no hablemos: todos los chinos salvo el niño y un secundario que muere a los dos segundos son malvados, y la religión hindú es tenebrosa y malvada, y además los malos... ¡tienen la indecencia de querer independencia y autodeterminación, mientras que los imperialistas británicos que se pasean por la India como Pedro por su casa son bondadosos y civilizados! No me extraña que la India les haya negado permiso de rodar y se hayan tenido que ir con líos y bártulos a Sri Lanka, país que tampoco debe haberse sentido tan confortable con el racismo de la movie, pero que debe estar mucho más necesitado de divisas, que la India a lo menos tiene el ciclo completo del uranio en su propio territorio para financiarse.

-- Curiosamente, una de las cosas que más se ha criticado de la peli, es probable que sea lo que salve la papeleta al final del día. Me refiero al tono oscuro de la misma. Porque en "Los cazadores del Arca perdida" teníamos un batallón de malvados nazis que amenazaban un gusto, pero que al final no eran sino la clásica panda de ineptos que con un ejército entero eran incapaces de sobreponerse a un héroe armado de pistolita y a pata. Mientras que acá, los villanos son de verdad siniestros. O sea, los joputas hacen sacrificios humanos, descorazonan a sus víctimas (no en el sentido ñoñogirl del término, sino que de verdad le arrancan el corazón y la dejan viva, los desgraciaos), te hacen beber una sangrita que te convierte en zombie, y además promueven la esclavitud infantil, horda de degenerados. Estos son villanos de verdá, joer, de los que nos gusta ver al final de la peli castigados y muertos de maneras bien gore, por eso, por malos. Una de las peores cosas que le han acontecido al mundo del cine, es la tendencia post-'80s de higienizarlo todo, so pretexto de dirigir las pelis a un público adolescente que no se vayan a pervertir los desgraciados, y con eso los villanos han perdido mucha categoría, porque si el villano no es un jopú integral, entonces no hay demasiados motivos para odiarlo (el gran daño que nos ha hecho el Guasón de Jack Nicholson en el "Batman" de Tim Burton, que nos enseñó que el villano era un pobre ser lastimoso con el que empatizar, o peor aún, el único tipo "auténtico", y no lo que verdaderamente es, o sea, una amenaza a la sociedad, la decencia, la moral, las buenas costumbres y la familia judeocristiana como Yahveh manda).

-- Lo que nadie en su sano juicio discute, es el nervio que tienen dos secuencias específicas de acción. Esta debe ser con mucho la peli menos aventurera de Indiana Jones, lo que tampoco le arroja enteros a favor, pero a cambio tenemos (después de ese improcedente numerito musical que se ve muy chulo y molón y muestra que Spielberg tiene talento tras la cámara, pero que en cuanto a pelis de acción, debe ser el peor comienzo ever) una secuencia con los chinos malosos que corta el aliento, y de la cual se puede decir cualquier cosa, menos que sea predecible lo que va a pasar al minuto siguiente. Y después está la celebérrima secuencia en los carritos mineros al final de la peli, imitada y parodiada después hasta la saciedad (se me ocurre "Viaje al centro de la Tierra" con Brendan Fraser ahora mismito), pero jamás igualada, y ya ni digamos superada. Su continuación en el desfiladero destiñe un poco, pero claro, es que la otra te deja por allá arriba, entonces era difícil mantener el nivel (además, cada vez que hay desfiladero o terraza de edificio, sabes cómo va a acabar el villano). Pero por estas puras dos secuencias, ya vale la pena darse una vueltecita por esta peli.

IDEAL PARA: Ver una de Indiana Jones que a ratos no parecerá mucho Indiana Jones, pero sigue siendo una apreciable peli de acción.

VIDEOS.

-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].

domingo, 31 de mayo de 2009

"El último valle" (1970).


-- "The Last Valley". Inglaterra / Estados Unidos. Año 1970.
-- Dirección: James Clavell.
-- Actuación: Michael Caine, Omar Sharif, Florinda Bolkan, Nigel Davenport, Per Oscarsson, Arthur O'Connell, Madeleine Hinde, Yorgo Voyagis, Miguel Alejandro, Christian Roberts, Brian Blessed, Ian Hogg, Michael Gothard, George Innes.
-- Guión: James Clavell, basado en la novela de J.B. Pick.
-- Banda Sonora: John Barry.

-- "El último valle" en IMDb.
-- "El último valle" en la Wikipedia en inglés.
-- "El último valle" en el Blog dedicado al Cine Bélico e Histórico.

¿DE QUÉ SE TRATA?

Los que conozcan la Historia Universal del Universo únicamente por el material made-in-Hollywood, se sorprenderán grandemente al enterarse de que entre el Imperio Romano y la Era del Vapor pasaron algunas cositas entre medio, que la Edad Media fue algo más que Robin Hood, y la Modernidad algo más que los Tres Mosqueteros. Uno de esos episodios duró nada menos que... ¡¡¡TREINTA AÑOS!!! ...y de manera muy apropiada, por aquello de la mnemotecnia, se lo llamó la Guerra de los Treinta Años, mira tú que iban a esforzarse buscando nombres. Para que nos situemos: la Guerra de los Treinta Años fue una guerra de religión en donde los muy beatos y amantes católicos se masacraron mutuamente con los también muy beatos y amantes protestantes, porque unos creían que Dios era bondad y los otros que Dios era amor (lástima que aún no nacía Nietzsche para enseñarles que Dios ha muerto...). Claro que a veces la guerra tenía su punto de enrevesado: el católico Papa aliado con el católico Cardenal Richelieu (sí, el malo de los Tres Mosqueteros) que a su vez, para destruir a la católica Austria, arrojó sobre ella a los protestantes del Palatinado, de Dinamarca y de Suecia, antes de entrar él mismo en guerra con Austria y con la católica España. Pero en fin, vayamos a la peli, mejor. Todo empieza con un profesor que ronda por puruntuay, que le pide ayuda a los campesinos, pero como éstos se mueren de hambre, y maldita la gracia que les hace una boca más que alimentar, le echan. Dios recompensa su caridad haciendo que un piquete de soldados aparezca y los masacre. El profesor huye y huye, y ¡sorpresa!, descubre un valle que no ha sido tocado aún por la guerra. El problema es que el valle es también descubierto por una banda de mercenarios. La cosa podría acabar en saqueo y rapiña, pero el profesor convence al Capitán (así, con mayúsculas, en ningún minuto se lo identifica por nombre, apellido, o algo distinto a su rango militar) de que en vez de saquearlo, es más productivo instalarse como fuerza militar de ocupación, convencer a los nativos de que defenderán el valle contra amenazas externas iguales a la suya propia, y todo por el módico precio de peinarse los pendejos por todo un invierno a costa de las vituallas de sus recién ganados protegidos (los gatos no somos los únicos que sabemos lamernos bien las bolas una temporadita entera). La idea es buena, pero habrá algunos problemas. Lo relativo a los símbolos de fe, por ejemplo, que en la banda de mercenarios hay católicos y protestantes, y estos últimos están un poco fuera de su agua en una aldea tan ultramontana (en sentido geográfico y también religioso) como la que ahora moran. O lo relativo al, ehm, desfogue carnal. O las ansias del terrateniente del lugar para deshacerse de ellos a la primera de cambio. O el sacerdote amenazando cada dos por tres con las penas del infierno a todos los que no cumplan su reverendo capricho, que por casualidades del destino, misteriosos son los caminos del Señor, también es el capricho divino, miren qué conveniente. Con todos esos mimbres, vamos a ver al final cómo sale tejido el cesto...

EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.

A rebufo del grande espectáculo a la Hollywood, que entre los '50s y los '60s les dio por el the biggest the best y nos atronó con Cides, Benhures, Reyesdereyes y etcétera, el cine británico mantuvo la compostura señorial alejada de la vulgaridad midwest de su revoltosa progenie americana, y produjo un puñado de muy buenas pelis históricas: "El león en invierno", "Ana de los mil días", el "Ricardo III" de 1955, "Un hombre de dos reinos"... Más modestas en presupuesto que sus compañeras estadounidenses, eran también menos estridentes y épicas, más centradas en las ideas y en lo intelectual. ¡A tanto llegó esta moda, que en el otoñal 1970 se permitieron el lujo de hacer una peli ambientada en un escenario tan poco recurrido fílmicamente como es la Guerra de los Treinta Años! Bueno, no es casualidad que esta guerra no sea muy tocada por el cine. Al cine épico le gustan los héroes con los cuales el espectador pueda identificarse (y llenar las arcas, claro, si es negocio a fin de cuentas), y es difícil ver en psychos joputas como Wallenstein, militares interruptus como Gustavo Adolfo II de Suecia (el mismo del Vasa, el coitus interruptus de la arquitectura naval), o maquiavelos como Richelieu, un modelo de heroísmo con el que llenar salas. Pero como existía una novela previa, y muy miserable tiene que ser la novela escrita en el mundo anglosajón (o muy aprensivo su titular de droit d'auteur) que no tenga siquiera su serie B, había camino libre para realizar esta peli. Hecha con espíritu de cine histórico sesentero aunque ya estábamos entrando en la década de 1970. Pero bien hecha. Con toda la pachorra británica para hacer cine que piense. De hecho, luego de verla me quedé pensando en por qué no ha tenido mayor difusión. Hay pelis consideradas clásicas y canónicas del cine histórico que tienen mucha menor enjundia que ésta. Quizás tenga algo que ver su filosofía de "contra blancos y negros", porque ni católicos ni protestantes quedan bien parados. Haciendo memoria, no recuerdo haber visto en TCM Classic pelis que sean demasiado críticas con la religión (todo lo contrario, si es que exhiben "Rey de reyes" hasta fuera de temporada religiosa...).

¿POR QUÉ VERLA?

-- Esta peli es un más que vigoroso ataque contra la religión organizada. La Guerra de los Treinta Años fue uno de los peores y más vergonzosos episodios de fanatismo religioso que se recuerden. En la época, la Iglesia Católica, tridentina y ultramontana a decir basta en esos años, condenó a arresto domiciliario perpetuo a Galileo Galilei y despidió a todos músicos casados de sus capillas (no es chiste, el único que se salvó fue Palestrina porque era... ¡¡¡PALESTRINA, DEMONIOS!!!). En el campo protestante no lo hacían mejor, quemando iglesias y altares a destajo por su prurito iconoclasta (bueno, tienen razón, a mí eso de que la veneración a las estatuas de la Virgen no es adoración sino "hiperdulía", como rezan los teólogos, me huele a más a pirueta lingüística que a otra cosa). Y ambos lados quemaban brujas con toda felicidad (la madre del astrónomo Johannes Kepler, en esos años, estuvo a punto de carbón para hoguera). La peli aprovecha bien ese contexto, en que nadie puede decir "¡oigan, se están pasando de anticlericales!" porque de verdad las cosas eran así en esos años, para fustigar a la religión como fuente de odio, miseria, fanatismo e ignorancia para el pueblo. Vemos a un sacerdote católico convencido de que tiene poder sobre la vida y la muerte porque Cristo mismo le ha hablado (¿dónde quedó eso de que no hay que ser soberbio por la vida?), y por tensar demasiado la cuerda es que acaba como acaba. Vemos a un padre de familia que está dispuesto a vender a su hija como prostituta para los soldados (¿vender, dije? ¡Regalar, en verdad!) a cambio de una indulgencia plenaria por los pecados de la chica, y como dice él con toda la ingenuidad del mundo: "¿qué padre no querría la salvación eterna para su hija?". Vemos el odio entre católicos y protestantes por cuestiones tan baladíes como un altar puesto más allá o más acá, o una iglesia más o menos plantada en el lugar. El cine en general no es demasiado valiente para denunciar los males de la religión porque los grandes productores temen no el infierno, claro está, sino que los grupos religiosos hagan boicot contra sus productos, y en ese sentido, es encomiable que una peli como ésta aproveche tan a cabalidad el contexto histórico en que se sitúa, para poner certeramente el dedo en la llaga sobre las enormes calamidades que las religiones organizadas, con su sicótica pretensión de poseer la verdad y las llaves de toda posible salvación humana, han desatado en sus peores días contra el mundo.

-- La peli es también un complejo desarrollo de cómo funciona la mecánica del poder. En la aldea, el poder está claramente en manos del terrateniente y el sacerdote. Llega la banda mercenaria, y ésta tiene la opción de arrasar la aldea (pan para hoy, hambre para mañana) o de enseñorearse sobre ella con la fuerza de las armas y la bendición de los poderes establecidos. Escogen la segunda alternativa, y nuestros novi homines empiezan todo un complicado juego de componendas políticas. El terrateniente y el sacerdote, maldita sea si tienen que ceder cuotas de poder a estos brutos recién bajados del caballo, pero qué remedio, así viene la mano y con ella hay que blufear. El juego del poder nunca es simple, siempre hay demasiadas manos codiciando el pastel, y eso en la peli es transparentemente claro. La voz de la razón aquí viene siendo el profesor, pero incluso él es un personaje débil, un tanto timorato, y que por no tener dinero (como el terrateniente), armas (como el Capitán) o influencia moral (como el sacerdote), no puede hacer absolutamente nada por sí mismo. Y el Capitán, el otro gran coprota de la peli, el que a ratos se gana toda nuestra simpatía, en realidad no es exactamente un pan de Dios. De hecho, llegadas las circunstancias puede ser más que un joputa, exactamente igual que todos los demás. Por decirlo con más rudeza: en esta peli no hay buenos. Sólo hay gente que se las compone para subir o mantenerse arriba de la rueda, y gente que es aplastada por ella. Punto. Como en la vida real, miren ustedes.

-- ¿Hace cuánto que no veía una peli con tan buenos diálogos como ésta? Hay pelis que de tarde en tarde saltan con alguna línea ingeniosa, o peor, tratan de crearse una línea ingeniosa y meterla machaconamente para darse un barniz intelectualoide (ahí tienen eso de "la vida es como una caja de chocolates..." en "Forrest Gump"). Pero pocas pelis tienen diálogos completos bien armados como ésta. Todo lo que dicen los personajes es inteligente (inteligentemente escrito, se entiende, que no todos los personajes son listos, en realidad). El guionista y director es James Clavell, que ya había escrito el guión de "La mosca" (la original de la que Cronenberg hizo después un remake, entendámonos), y ya había escrito/dirigido "El gran escape" y "Al maestro con cariño". Poco prolífico, pero contundente. Quizás sea ésta su obra fílmica más densamente intelectual, y en el territorio de los pesos pesados se defiende bastante bien.

-- Las actuaciones son más que estupendas, notables. Michael Caine es el Capitán, y alrededor suyo todo empalidece, haciendo muy empático a un personaje que es sobre el papel un tipo bribón y despreciable. Vogel, el profesor, viene interpretado por Omar Sharif, que actúa muy bien, pero se queda un poco corto frente a la maestría de Caine, además de que contratar a un actor de origen semita para interpretar a un profesor germano es un miscasting absoluto, por mucha caracterización que le echen. El terrateniente es Nigel Davenport, siempre reptiliano y sinuoso, mientras que Per Oscarsson se luce como el fanático sacerdote católico de la comunidad, siempre amenazando con el infierno y el castigo eterno y otras lindezas. Completan las damas, la siempre buenorra Florinda Bolkan como la amante del terrateniente que, nada más ver llegar al Capitán, se deslumbra por el brillo de las armaduras, y Madeleine Hinde como la virginal chica que pasa del simplón galán que la pretende, y se ve seducida por la inteligencia del profesor (aunque no la ayuda mucho que el guión desmejore tanto al profesor, pero en fin...).

-- Mencionemos por último la banda sonora, que abusa un tanto de los coros gregorianos, pero que tiene empuje épico allí donde corresponde, y compone un hermoso y simple tema romántico como contrapunto. El responsable es, quién lo diría (y no lo parece, en realidad), el buen John Barry, famoso por haberle dado soundtrack a y-tantas pelis Bond, desde "El satánico Doctor No" en adelante.

IDEAL PARA: Ver una peli con todas las credenciales para ser un clásico del cine, y relegada injustamente por ignotas razones al más infecto de los ostracismos.

VIDEOS.

-- El Capitán y el profesor hablan sobre Dios y la masacre de Magdeburgo [en inglés, subtítulos en francés].

-- La fe ciega contra la razón [en inglés, subtítulos en francés].

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