11 años de Cine 9009 en línea.

El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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domingo, 5 de agosto de 2007

"Ahora son 13" (2007)


"Ocean's Thirteen". Dirigida por Steven Soderbergh. Protagonizada por George Clooney, Brad Pitt, Matt Damon, Elliot Gould, Bernie Mac, Al Pacino, Don Cheadle, Cassey Affleck, Eddie Jemison, Scott Caan, Shaobo Qin, Carl Reiner, Eddie Izzard, Michael Mantell, Vicent Cassel, Andy García, Ellen Barkin. Estados Unidos. Año 2007.

¿De qué se trata?
A Danny Ocean le pasan un lindo recado. Uno de sus onderos miembros del equipo de trabajo ha caído en una trampa; se le ocurrió invertir su dinero con un afamado sinvergüenza, y el afamado sinvergüenza le rompió el corazón. No, no es que el nenazas haya aprendido algo sobre la fragilidad de los sentimientos, sino que de verdad, cuando se da cuenta de haber sido estafado y haberlo perdido todo, sufre un patato cardíaco y va a dar al hospital. De modo que Ocean congrega otra vez a su banda de very stilish desadaptados, para propinar un nuevo golpe. Esta vez no es por dinero. Es por venganza. Su blanco es Willie Bank, el tramposo que está a punto de inagurar un casino en Las Vegas. El objetivo: hacerle perder la camisa y el resto de vergüenza que le quede de raspado, el día de la apertura. La treta: remecerle el piso. De manera literal. Porque Danny Ocean y los suyos van a molestar a medio mundo para salirse con la suya, desde los ingenieros constructores del Eurotúnel hasta... sí, está de regreso su vieja archinémesis, el perverso (cada vez menos perverso, todo hay que decirlo) Terry Benedict, quien ahora, por una vez en la vida, está en el lado de los buenos...

El espíritu de los tiempos.
Quién te ha visto y quién te ve. Alguna vez, Steven Soderbergh fue el chico maravilla del cine independiente, con ese pequeño clásico indie (sobrevalorado, por cierto) que fue "Sexo, mentiras y video". Pero después de perderse en los meandros del cine de baja recaudación, le dio el palo al gato en el 2000 con "Erin Brockovich" y "Traffic", que lo pusieron en el mapa del cine elefantiásico con el cual insistió con "Solaris". Pero sin lugar a dudas fue "La gran estafa", la película más autopagada de sí misma que ha hecho jamás. Porque reunir al pedazo de elenco que juntó en la ocasión (George Clooney, Brad Pitt, Matt Damon, Julia Roberts, Andy García, etcétera) ya era una empresa ingente, por presupuesto y coordinar los tiempos de rodaje, y además la trama no podía ser más ondera, en ese revisionismo cutresetentero que fue su marca de fábrica. La operación fue un riesgo, pero la película era lista, y fue un éxito. Tanto, que después vino una segunda parte ("La nueva gran estafa"), después de la cual, por los penosos resultados, ya podíamos adivinar que la saga se iba monumentalmente a pique. Pero ¡sorpresa!, Soderbergh insistió con una tercera parte. Ahora se olvidó del delirio europeo de la segunda, y regresó a lo básico, a la esencia, a Las Vegas, y parió un producto que ha mejorado en un sentido... y empeorado en otro. Pero es una película digna de verse. Bastante digna.

¿Por qué verla?
- Representa un cambio de enfoque en la saga de las grandes estafas (cuyos títulos en inglés son más lógicos: "Ocean's Eleven", "Ocean's Twelve", "Ocean's Thirteen"; en vez de "La gran estafa", "La nueva gran estafa", "Ahora son 13")... Las dos primeras se habían centrado en la confección de un sorprendente golpe maestro. En cambio, acá todos los lineamientos del golpe están ya prediseñados, casi no hay suspenso por ese lado, y si peca de enredosa a ratos, es más bien por lo embrollado del guión, que le sigue la pista a un forrón de personajes, que a un plan deliberadamente enroscado sobre sí mismo. El enfoque ahora está en ponerle a los maestros estafadores un enemigo de altura, con el cual valga realmente la pena el medir fuerzas, y lo consiguen. Porque Willy Bank es un malo de categoría, e irlo aplastando poco a poco de la manera en que lo hacen es una gozada. Confiar en lo intrincado y sorprendente de una historia siempre es una buena opción, pero confiar en los personajes siempre es una opción aún mejor.
- Al Pacino y Ellen Barkin. Los estafadores de Danny Ocean hacen más o menos lo de siempre, y en realidad no es que sorprendan demasiado, aunque como de costumbre, la dupleta conformada por George Clooney y Brad Pitt sirven sus personajes con bonhomía y sentido del humor (Brad Pitt actúa bien cuando quiere, lástima que por lo regular quiera tan poco), mientras que Matt Damon, el chico penoso/aprendiz de la saga, aquí tiene su oportunidad de oro, y brilla actoralmente hablando en su rol de seductor chulocachas. Son los villanos quienes le ponen sal al asunto. Al Pacino compone un Willie Bank realmente odioso y detestable, y lo hace sin recurrir en exceso a los manierismos actorales que se la han vuelto tan mala costumbre en los últimos años. Y Ellen Barkin, quien se mantiene exquisitamente sabrosa considerando que ya ha pasado con cierta holgura de la cincuentena (y otras con treinta ya están para el desguazadero), hace un gran papel como la perra de presa de Bank, o sea, de "Villano #2".
- Tiene cierto toque de nostalgia ver el viejo tema de "la inteligencia humana vs. la moderna computación". Porque ahora, el mayor problema del grupo es cómo poner fuera de combate a una computadora aparentemente imbatible, que se encarga de controlar la seguridad del hotel/casino de Willie Bank, y que hace prácticamente imposible el conseguir quebrar al casino por medios fraudulentos. Hace tiempo que no hacen estas películas con ese toque de "temor a la tecnología"; ya no podrían hacerlas, por otra parte, plagados como estamos de celulares, MSNs, Internet, etcétera.
- El plan para atacar a Willie Bank es mucho más simple y bruto que los otros. Puede decirse que carece del toque elegante de los planes de las dos anteriores, pero a cambio, ofrece un cierto componente espectacular ausente en las dos entregas anteriores.
- Los amigos de la trivia y del mensaje de subtexto estarán de plácemes. Recordarán que Al Pacino y Ellen Barkin estuvieron juntos en "Prohibida obsesión", un thriller erótico de finales de los '80s con cierta enjundia. O que Al Pacino y Andy García, los dos actores que interpretan a dueños de casino, fueron también padrino y padrino delfín de la familia Corleone en "El Padrino III". Eso, por no hablar de la brutal cantidad de citas y referentes a otras películas, que al grueso público le importan un comino, pero siempre hay quien escudriña demasiado... (ten cuidado con lo que pides, porque puedes obtenerlo, si quieres trivia, harán trivia a propósito para cebarte con ella)...

IDEAL PARA: Quienes quedaron gustando de la primera entrega, y deseen quedarse con un mejor sabor de boca que el dejado por la segunda.

domingo, 18 de junio de 2006

"Dos por el dinero" (2005)


"Two for the money". Dirigida por D. J. Caruso. Protagonizada por Al Pacino, Matthew McConaughey, Rene Russo, Armand Assante, Jeremy Piven, Jaime King. Estados Unidos. Año 2005.

¿De qué se trata?
Cuando niño, el pobrecito prota estaba convencido de que si ganaba y ganaba trofeos en el olvidable rubro del deporte, papi se iba a quedar con él. No se quedó, la bebida fue más fuerte. Años después se hizo deportista profesional, hasta que una salvaje lesión lo dejó fuera de las pistas. Se dedicó a trabajar en el negocio de la consejería de apuestas (y es que los yankis de todo hacen negocio), hasta que lo llama un pez gordo ofreciéndole el empleo de su vida por hacer eso mismo, predecir apuestas. Cuando llega, descubre lo que todos más o menos sabemos por esa clase de películas estilo "Wall Street", en donde los arribistas se encuentran con que tienen que vender su alma al diablo para tener dinero, mujeres, etcétera. Bien, nuestro prota decide también que su alma está en venta por un módico precio, y se deja envolver por su nuevo jefe y su labia monumental (¡es Al Pacino, hombre, cómo no va a tener un buen blablá!). Le echa también un vistazo a la señora del jefe, que está madurona, pero aún sexy. Y en particular, le toma el gusto a eso de ser el as, el nuevo, el protegido, y no considera que los dioses son particularmente envidiosos del éxito de los mortales. El resto de la película es bastante predecible, pero aún así no voy a adelantar acontecimientos (además, me pregunto si vale la pena).

El espíritu de los tiempos.
En los '80s estuvieron de moda esas películas de arribistas que llegan a la cima vendiendo el alma al demonio, y después tratando de recobrarlas de vuelta. Se justificaba: era el tiempo de los yuppies, los Chicago Boys, la especulación y el dinero fácil, la época dorada en donde los sicarios de Ronald Reagan gustaban más de la especulación que del trabajo duro y honesto de toda la vida. Esos buenos y viejos tiempos nunca han vuelto, pero ese tipo de cine que contrapone el valor del individuo vs. la maldad de las corporaciones llegó para quedarse (pensamos en "Robots", "En buena compañía", etcétera). Esta película va más o menos por esos rumbos.

¿Por qué verla?
- A pesar de que la premisa de la película está vista a más no poder, el guión no toma el rumbo más obvio. O sea, no se decanta por el contraste maniqueo entre "pobres de toda la vida buenos vs. depredadores económicos malos", ni tampoco se va a meter a las procelosas aguas del triángulo amoroso (no de lleno, al menos). En ese sentido, la película tiene un desarrollo bastante humano y realista (descontado el hecho de que el prota es un prodigio adivinando resultados de partidos, a una escala virtualmente inhumana, pero en fin, esto es cine, después de todo), e intenta irse por el lado de la metáfora sobre que la vida es en general una apuesta (y por cierto, pusimos especial cuidado en decir la palabra "intenta" en vez de "consigue"). Se puede cuestionar qué tan entretenido o qué tanto jugo arroje este enfoque del guión, pero al menos toma algún riesgo en vez de seguir los trillados caminos de la moralina antitrust.
- Las actuaciones. Y es que después de verla, uno hasta cree que Matthew Conaughey, que ha hecho ilustres ridículos actorales en filmes como "Tiempo de matar", "Contacto", "U-571", "Experta en bodas", "El reinado del fuego" o "Cómo perder a un hombre en diez días", tiene en verdad dotes actorales. Al Pacino, por su parte, aunque no está en su mejor forma (hace años que no lo está), se deja de lado algunos tics y mañas propios de la edad (hacer papeles demasiado vociferantes para lucirse y cosas así) y se esfuerza por recrear un jefe que es también un ser humano bastante conflictuado, en las antípodas de su penoso rol como John Milton en "El abogado del diablo". Rene Russo, a pesar de estar vieja, flaca y huesuda en este filme, deja caer algún encanto madurón también. No son actuaciones que cambien la historia de la dramaturgia mundial, ni tampoco salvan por completo la película, pero al menos hacen más atractivo seguir el más bien plano desarrollo de la misma. Mención especial para Armand Assante, que aparece en apenas dos secuencias del filme, pero que en ellas demuestra por qué es Armand Assante, y tú a recolectar gavillas en el campo, hijo mío.

IDEAL PARA: Ver una película de trepas ambiciosos con actuaciones decentes y sin sobredosis de moralina.

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