-- "Dinner at Eight". Estados Unidos. Año 1933.
-- Dirección: George Cukor.
-- Actuación: Marie Dressler, John Barrymore, Wallace Beery, Jean Harlow, Lionel Barrymore, Lee Tracy, Edmund Lowe, Billie Burke, Madge Evans, Jean Hersholt, Karen Morley, Louise Closser Hale, Phillips Holmes, May Robson, Grant Mitchell.
-- Guión: Frances Marion y Herman J. Mankiewicz, basados en la obra de George S. Kaufman y Edna Ferber, con diálogos adicionales de Donald Ogden Stewart.
-- Banda Sonora: William Axt.
-- "Cena a las ocho" en IMDb.
-- "Cena a las ocho" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Los estiradetes British apellido-esto-o-aquello vienen a América, y una señora socialité decide que les va a organizar una cena. Como se estila en la alta, o sea, de mantel largo, con productos de lo más finolis, y con eso de invitar y confirmar, y si no pueden, que se avisa que no se puede para que el anfitrión (anfitriona, en este caso) tenga tiempo de invitar a otras personas y que la mesa no se vea vacía. Y todo eso, para conversar sobre lo caliente que es el aire caliente, si me entienden. En fin. Resulta que mientras ella organiza su cena, su maridito está yéndose literalmente a pique, porque la empresa naviera que maneja y que ha permanecido en sus manos por generaciones y generaciones y generaciones y todo eso, está siendo objeto de una compra hostil por parte de un accionista misterioso (¡uh, sí, mira qué gran misterio, si a los cinco minutos se adivina quién!). Al mismo tiempo circula un encumbrao new rich, a quien la nueva fortuna no le quita sus zarrapastrosos viejos modales, y que se ha casao con una chica linda que antiguamente tenía uno de esos trabajos que ninguna chica decente confiesa (bueno, eran los '30s...). Ronda también un médico que tiene sus qué por aquí o por allá. Y una actriz medio arruinada porque solía ser linda-bonita-pretty, y ahora de viejona no la cotizan ni por nada. Y un actor también arruinado, porque verán, cuando tenía estampa y estaba gallardo tenía pega, pero ahora que inventaron el chisme infernal ése, el cine sonoro que le llaman, está básicamente acabado. ¿Y ya mencionamos que la hijilla de la anfitriona, que está por casarse con su noviecito, tiene un asuntillo de ésos que involucran actividades sucias entre macho y hembra, pero por fuera de su noviazgo...? El caos está servido (o no, eso es cuestión de perspectiva).
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
El cine 1929-1934 (el llamado "Cine Pre-Code" o cine anterior al Código Hays) presentó algunas características bastante especiales. En 1929 las pelis sufrieron un severo upgrade cuando se inventó el sonoro, y por fin el séptimo arte adquirió carta de naturaleza por sí mismo (que ya no parecía teatro filmado ni pantomima filmada, vamos, dicho sea esto con todo el respeto para clásicos imperecederos como "La quimera del oro" o "El maquinista de la General", entre otros hitos del mudo). Pero resulta que al empezar a escucharse los diálogos, los grupos tizquizmizquis de siempre (ya saben, los grupos "¿¿¿¡¡¡ALGUIEN QUIERE PENSAR EN LOS NIÑOS, POR FAVOR!!!???") pusieron el grito en el cielo, porque ahora en el cine... ¡se escuchaban cosas! ¡Sexo! ¡Drogas! ¡Delitos! Y como ya sabemos que el cine no se trata de entretener ni de impulsar ideas, sino de adoctrinar a toda la gente para que sean buenos cristianitos, no vaya a ser cosa que la gente se degenere y se atreva a pensar por sí misma, dichos grupos (o sea, la minoría vociferante de siempre, con la complicidad de los mamones bienpensantes que en lo interno se oponen y en lo externo no tienen las agallas de pararle pies a los beaturrones de toda la vida), al final acabó levantándose el Código Hays de censura, principal responsable de que el cine hollywoodense de los '30s, '40s, '50s y primeros '60s se vea ñoño y ramplón en la actualidad (cuando no mórbido y sucio, porque si los cineastas querían ponerse dirties, tenían que rebuscárselas, al estilo hitchcockiano, con el consiguiente efecto de suciedad inherente a todo lo que se muestra de manera oblicua...). "Cena a las ocho" es una de las últimas pelis pre-Code que se rodaron. Lo que le da un aura extraña. Porque por un lado, luce sorprendentemente moderna en el tratamiento de distintas temáticas un tanto descarnadas para lo que uno esperaría del cine de los '30s (con "moderno" no queremos decir "explícito", de todas maneras, pero que en el cine de esa época el guión incluyera sexo prematrimonial, aunque no lo mostrara, era algo bastante... naturalista, ehm). Pero por el otro, tiene todos los tics y vicios que hacen al cine antiguo tan difícil de ver (progresión de la acción a paso de caracol, actuaciones y tratamiento teatral de las escenas, etcétera). Sin lugar a dudas una peli especial. Desde el punto de vista histórico, aunque sea.
¿POR QUÉ VERLA?
-- No diré que la peli entera es entretenida, que no lo es (de hecho, a ratos es un muermo), pero tiene sus momentos. El problema pareciera ser que no quiere decantarse ni por el lado del drama, ni por el de la comedia, y por lo tanto, acaba por faltarle fuelle en ambas direcciones. Los momentos dramáticos son dramáticos, pero no conmovedores, y los momentos de comedia son divertidos, pero no rompedores, para que nos entendamos. Tampoco ayuda mucho la un tanto deslavada dirección de George Cukor, cineasta del Hollywood clásico que sembró de perlas al cine por cerca de medio siglo (la "Mujercitas" de 1933, "Las mujeres", "La historia de Filadelfia", "La luz que agoniza", "Nacida ayer", "Nace una estrella", "La adorable pecadora" con Marilyn Monroe, "My Fair Lady"...), pero que aquí estaba claramente en proceso de aprendizaje sobre cómo contar eficientemente una historia. Pero esos determinados momentos mantienen a flote el asunto: la pareja de new richs, los dos actores acabados (cada uno por su cuerda)...
-- Los actores. Más allá de que interpretan a sus roles de manera sumamente teatral, algo que de todas maneras era propio del cine de la época, ellos están simplemente geniales. Esta peli posee lo que en años posteriores los yankis vinieron en llamar un "ensemble cast", o sea, reparto coral a cargo de un grupo de estrellas (bueno, casi todas ellas están olvidadas, pero eran estrellas en los '30s). La anfitriona viene interpretada por Billie Burke, con algunos de los momentos más graciosos de la peli a su cargo, con su neurótica búsqueda de la perfección en lo que en definitiva es un puñetero banquete. Dos miembros de la Dinastía Barrymore (sí, la misma a la que pertenece Drew Barrymore) hacen su aparición aquí: John Barrymore (¡bisabuelo de Drew!) como el actor acabado, en un rol brillantemente dramático, y Lionel Barrymore (hermano de John, y por tanto tío bisabuelo de Drew) como el empresario naviero al borde de la quiebra, haciendo su rol con una bonhomía única (tiene que tenerla, para aguantar al espanto de socialité descocada que es su mujer). Marie Dressler, por su parte, en un rol en realidad muy secundario (es la actriz a medio acabar), se roba la peli en cada una de sus apariciones, sin diálogos especialmente graciosos, pero dichos con una convicción única que la hace simpática y, por qué no decirlo, inolvidable. Y la última mención es para la pareja de new richs conformada por Wallace Beery, que consigue aguantar (actoralmente hablando) los embates de su esposa, la brillante Jean Harlow, que aquí contaba con apenas 22 años (y fallecería a los 26, una pérdida irreparable para el cine de la época); ambos actores con sus modales rednecks hacen agudo contraste con lo estiradete del resto, y no sólo cumplen, sino que están soberbios.
-- Finalmente podemos decir que esta peli tiene un cierto valor arqueológico. A pesar de que no se afirma explícitamente, al ser de 1933 y mostrar a un grupo de ricachones en apuros financieros, se transforma en una radiografía de lo que fue la Gran Depresión. Cuando se hacen pelis del Crack de 1929, se suelen contar desde la baja, desde el punto de vista de los obreros desempleados y tratando de conseguir comida en cualquier parte, pero no demasiadas pelis abordan el tema desde la alta, desde los embates que sufrieron los ricos en sus fortunas personales. Hay un toque de melancolía en esta peli, porque el empresario arruinado no sólo está perdiendo su fortuna, sino que con él se va toda una manera de vivir y entender la vida de un millonario, una en que el dinero es sólo un componente de algo que viene integrado también por los buenos modales y lo que podríamos llamar la aristocracia del refinamiento. Esto tiene su espejo en esos dos actores que están acabados, uno por la edad, y el otro por el cine sonoro. Esta peli es así la despedida a una época en que las cosas eran mejores (bueno, esa idea es de hecho discutible, pero ésa es la tesis de la peli, y cabe decir que la plasma muy bien), mientras que los desagradables advenedizos que vienen pegaditos detrás podrán tener todo el dinero del mundo, pero carecen de los buenos modales y la moral decente que dichas fortunas deberían conllevar consigo: ahí están no sólo los nuevos ricos propiamente tales, sino también la hija rebelde del matrimonio anfitrión, que traiciona a su noviecito con un amante sin estar casados (eran los '30s, recordemos, la moral era distinta en ese entonces, y se suponía que no tenías sexo antes de casarte con tu pareja... y sólo con tu pareja). En ese sentido, la peli funciona eficazmente como retrato de una época, desde una óptica conservadora eso sí, y en términos más generales, como una metáfora de esos procesos de decadencia en donde "lo viejo" con sus virtudes y defectos debe dejar paso a "lo nuevo", con toda la carga de inestabilidad e incertidumbre que eso lleva consigo.
IDEAL PARA: Ver con calma una peli un tanto pesada para los estándares modernos, pero que tiene sus buenos puntos a favor.
VIDEOS.
-- Trailer de la peli [en inglés, sin subtítulos].
Películas de estreno, películas antiguas, películas clásicas, películas bodriosas, películas de todo tipo, comentadas por el arte inefable del General Gato.
11 años de Cine 9009 en línea.
El próximo 19 de febrero de 2017, Cine 9009 cumplirá once años en línea. Sí, jodíos, cuéntenlos, once en total desde su inauguración en el ya lejano 2006. Y para celebrar, estamos embarcados en una minimaratón de posteos. De manera que entre el domingo 12 y el domingo 19 del febrero que ya mencionamos, habrá un posteo nuevo con una peli nueva cada día, en donde aprovecharemos de repasar algunas que vimos en el cine, y que por un motivo u otro no acabaron publicadas en su día. Y a no quejarse de que llegó demasiado tarde, que ya no las podemos ver en el cine y otras cosas. También está el cable, el streaming, los DVDs para los cuatro gatos que todavía los compran, y... er... well... medios menos legales para conseguírselas. Además, si fuera por eso, no habría posteado pelis de cine mudo que se estrenaron hace sus buenos 90 o 100 años atrás. De manera que... disfruten, y saludos para todo el mundo (eeeeeexcepto para ese perejil de allá... sí, tú, a tí te hablo... el de la IP chistosa... te reconozco, eres el imbécil que no apagó el smartphone el otro día en el cine. Cretino. Pero para el resto, saludos).
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jueves, 19 de julio de 2012
"Cena a las ocho" (1933).
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sábado, 19 de agosto de 2006
"King Kong" (1933).

-- "King Kong". Estados Unidos. Año 1933.
-- Dirección: Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack.
-- Actuación: Fay Wray, Robert Armstrong, Bruce Cabot, Frank Reicher, Sam Hardy, Noble Johnson.
-- Guión: James Ashmore Creelman y Ruth Rose, con contribuciones de Leon Gordon, sobre una idea e historia de Merian C. Cooper y Edgar Wallace.
-- Banda Sonora: Max Steiner.
-- "King Kong" en IMDb.
-- "King Kong" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
¿No vieron acaso el "King Kong" de Peter Jackson? Pues es casi lo mismo, pero dura la mitad, y por lo tanto, es el doble de entretenida (o más). Pero para los registros: un cineasta está obsesionado con zarpar cuanto antes hacia una localización en el océano que ni los propios marinos (ni el capitán) conocen. Como esto es película y no se exigen documentos de zarpe ni otras zarajandas, la expedición parte aunque no se sepa el destino. El director en cuestión es famoso por filmar películas en lugares exóticos y salvajes, y ha reclutado a una chica media muerta de hambre para interpretar el papel principal... ¿o no es para eso...? Llevan también granadas de gas, y nadie sabe para qué. Después de un largo periplo, llegan a una isla que, como mandaba el tópico en aquellos años, estaba poblada de nativos incivilizados que a su vez eran restos brutos, atrasados y subdarwinianos de una ignota civilización aborigen extinguida. Dichos nativos le tienen un terror supersticioso, y bien justificado, a un gorila gigante llamado Kong (nota: el nombre del gorila no es "King Kong", sino que en castellano no se tomaron la molestia de traducir lo que sería el verdadero título, "El rey Kong", y por tanto, quedó el título pegado al nombre como apelativo de la criatura). Los nativos se emboban con la actriz principal y la secuestran para ofrecérsela en sacrificio a Kong, pero éste, que muy gorila bruto será, pero también tiene su testosterona, decide no merendársela, y desarrolla una especie de primitiva y bestial pasión animal por ella. Esta obsesión será su perdición, ya que el avispado director decide secuestrar a la criatura y ofrecerla como espectáculo de feria en Broadway. La catástrofe está servida...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
A comienzos de la década de 1930, el cine dio un salto de gigante. Pasó brutalmente del mudo al sonoro, y además, los efectos especiales se pulieron un montón. "King Kong" es el mejor exponente de esta tendencia, ya que sus efectos especiales, si bien bastante envejecidos en la actualidad, eran punteros en aquel tiempo, siendo uno de los primeros filmes que usó el mecanismo de la animación stop-motion. Además, es la primera película (o una de las primeras) que tiene una banda sonora propiamente tal, concebida como un todo orgánico con el resto de la película, y francamente, los arreglos musicales muestran cuán poco ha evolucionado el arte de sonorizar filmes desde esa época hasta ahora, por muchos arreglos computacionales y remasterizaciones que se le metan a las orquestaciones. "King Kong" es en el apartado técnico un clásico, en el histórico un importante jalón fílmico, y en el temático una de las mejores recreaciones del tema de "la bella y la bestia".
¿POR QUÉ VERLA?
-- Consiguió ese casi imposible de crear magia a su alrededor, una magia poderosa y vibrante que consiguió varios remakes y secuelas, ninguno de ellos plenamente logradas (el "King Kong" de 1976, el "King Kong vive" de 1986, o la hiperbólica y sobrevalorada "King Kong" de 2005). Sus efectos especiales serán todo lo chuscos que era la tecnología en 1933, pero era de lo mejorcito en la era predigital, y francamente, el King Kong digital del siglo XXI no ofrece nada mucho más novedoso que el anterior.
-- Es una estupenda encarnación del mito de "la bella y la bestia", algo bien catártico entre el público, porque oiga, el que no tenga algo de bestia y que no haya estado enamorado de alguna bella muy bella, que tire la primera piedra (los gatos nos libramos de sospechas, no tenemos pulgares oponibles para eso).
-- Hay una solapada crítica al "sueño americano". Los viajeros descubren una criatura extraordinaria en un paraíso natural único, ¿y piensan en la ciencia, en el bien de la humanidad, en esas cosas? ¡No! Con mentalidad Rico McPato, se la llevan a Nueva York para explotarla en el negocio del espectáculo. Así es como les va después. Recuérdese que esta película es posterior en cuatro años al crack de 1929, en donde todos los sueños de amas de casa e inmigrantes irlandeses de hacerse ricos especulando en la Bolsa se fueron al suelo, así es que a más de alguien tiene que haberle dolido el mensajito subliminal.
-- Fay Wray es la "chica Kong" original. Y no tiene nada de la ingenuidad que a veces uno asocia con las "chicas buenas" de aquellos años. Lejos de eso, es una pícara de la calle y una superviviente, que sabe aprovechar bien sus encantos femeninos, y por eso tiene un aire de ambigüedad entre la heroína ingenua y la femme fatale, que ninguna otra "chica Kong" (ni Jessica Lange ni Naomi Watts, y eso que ambas son actorazas) ha conseguido emular.
-- Las secuencias de acción son, incluso el día de hoy, bastante sangrientas. Las escenas de travesía son bastante morosas y la película diera la impresión de no querer empezar nunca, pero cuando lo hace, pues bien... No muestra sangre ni nada excesivamente gore, pero hay gente devorada y aplastada, mostrada sin asco alguno. En los enfrentamientos con otras criaturas de la isla, King Kong no es ningún santo: las despeña, les rompe el cráneo, etcétera. Quienes creían que las películas antiguas son más santurronas y muestran menos violencia que hoy, que reconsidere: la cantidad quizás sea menor, y los efectos especiales más paupérrimos, pero la calidad de una muerte por desnucamiento por ruptura de la mandíbula, eso sigue siendo calidad.
-- Curiosamente, una de sus mayores fortalezas es su "espíritu de época", cosas que en esa época eran aceptables, y hoy en día son inadmisibles, y por tanto, generan un efecto de extrañeza. La película es evidentemente racista, y además, King Kong es malvado sin sutilezas, todas cosas que el espectador actual no ve por ninguna parte (puede que sea bueno, puede que sea malo, pero lo cierto es que no se hacen películas así hoy en día).
IDEAL PARA: Cualquier persona (salvo, quizás, niños menores de 7).
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1933,
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"El hombre invisible" (1933).

-- "The invisible man". Estados Unidos. Año 1933.
-- Dirección: James Whale.
-- Actuación: Claude Rains, Gloria Stuart, William Harrigan, Henry Travers, Una O'Connor, Forrester Harvey.
-- Guión: R.C. Sherriff, con contribuciones sin acreditar de Preston Sturges y Philip Wylie, basados en la novela de H.G. Wells.
-- Banda Sonora: Heinz Roemheld.
-- "El hombre invisible" en IMDb.
-- "El hombre invisible" en la Wikipedia en inglés.
¿DE QUÉ SE TRATA?
Hace frío en la campiña inglesa, y la nieve cae a chorros. En un pub hay fiesta con pianola y mucha cerveza. De pronto, todo se congela (metafóricamente hablando) cuando entra un hombre al que no se le ve la piel, cubierto como está de vendas a la manera de las momias egipcias, y con lentes oscuros. El hombre pide una habitación, haciendo gala de malos modales, y desatando las habladurías de los parroquianos. Al cabo de una semana, bien molestos porque el inquilino no ha pagado la cuenta, y además porque tiene unos pésimos modales, los dueños de la posada intentan echarle. Entonces, hacen un descubrimiento horroroso: las vendas son para cubrir un trágico accidente, sí, pero un accidente en el cual el hombre en cuestión ha perdido toda visibilidad. El hombre es, para explicarlo más claramente, aunque usted ya lo habrá deducido por el título de la película, un "hombre invisible". Fastidiado porque no le dejan tranquilo (¡y era que no, si no paga lo que debe!), comienza a hacer travesuras, desde volar un sombrero a un inocente transeúnte, hasta golpear gente impunemente. De esa manera, el hombre invisible se transforma en el blanco humano más perseguido de Gran Bretaña. Poco a poco comienza a develarse su identidad: se trata de Griffin, un científico loco que aspira a conquistar el mundo, y que tiene un único talón de aquiles en la devoción que profesa por su amada Flora. La guerra entre el hombre invisible y la sociedad se torna ahora inevitable, y cada bando usará sus mejores armas...
EL ESPÍRITU DE LOS TIEMPOS.
La década de los '30s vieron la eclosión en masa del cine de monstruos. En esa época, como en el caso de Drácula, el tema del hombre invisible era aún materia fresca, toda vez que la novela original de H. G. Wells había sido publicada unos 35 años antes (y el autor, dicho sea de paso, aún estaba vivo). James Whale se había ganado el respeto dentro del género con su inevitable clásico "Frankenstein", y fue contratado para llevar al hombre invisible a la pantalla grande. La opción original era Boris Karloff (el Frankestein de la anterior), pero Whale dijo ni hablar, y se quedó con Claude Rains. El resultado fue un filme meritorio en algunos aspectos, mediocre en otros, y sumando y restando, un clásico menor dentro del cine de terror made in Hollywood.
¿POR QUÉ VERLA?
-- Es una adaptación relativamente respetuosa de la obra original de Wells. Cuando decimos "relativamente respetuosa", queremos decir que sigue la trama en líneas generales, pero en numerosos puntos se desvía de ella, muy en particular para conseguir algo de espectacularidad (hay una escena de descarrilamiento de tren que no estaba en la novela original, para ser más claros). Por desgracia, ni Whales ni Rains entendieron bien (o no quisieron entender, por mandato de los Estudios Universal quizás) el trasfondo filosófico de la novela wellsiana, y se quedaron con la parte más superficial, la del científico loco en guerra contra el mundo, en vez de explorar al hombre invisible como metáfora de la deshumanización que la ciencia provoca en nuestra sociedad, tema al que Herbert George Wells le daba con toda la artillería en buena parte de sus novelas, y que hoy en día, más de cien años después, sigue siendo plenamente actual (quizás más que nunca).
-- Los efectos especiales están bien logrados. Puede parecer algo pueril insistir en esto, después de la magnífica pirotecnia de los FXs en "Memorias de un hombre invisible" de John Carpenter o "El hombre sin sombra" de Paul Verhoeven, pero consideremos que en los '30s, la industria del efecto especial estaba en pañales. La escena en que se quita las vendas se ve bastante verosímil (si exceptuamos un momento en que la propia cabeza del hombre invisible tapa la parte de atrás de la venda y revela así el fotomontaje), hay una aceptable escena en que el hombre invisible fuma, y en general los trucajes lucen bien incluso para los estándares actuales.
IDEAL PARA: Ver entrando en acción al abuelito de los hombres invisibles en el cine.
[Dato de Trivia, de regalo: Flora es interpretada por una joven y atractiva Gloria Stuart, quien 64 años después hará de abuelita corazón en "Titanic"].
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